Oct 18

PROPÓSITOS DE LA BREVEDAD DE LA VIDA, Por: Diego Teh.

PROPÓSITOS DE LA BREVEDAD DE LA VIDA

 Job 14:14-17.

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Predicado por el Pbro. Diego Teh, el jueves 18 de octubre 2018, en el velorio de la hermana María Elia Tzuc (Madre de Miguel Ángel Pech Tzuc); en la funeraria “Luz del Cielo”, de Mérida, Yucatán, a las 21:30 horas.

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   INTRODUCCIÓN:  Amados hermanos, tiene razón Job cuando en su discurso que ahora hemos leído, dice que todo ser humano es “corto de días” (Job 14:1b). Sus palabras las estaba dirigiendo a Dios, por lo que sus palabras eran una gran reflexión que mucha gente no hace, porque no se imaginan que vale la pena detenerse a reflexionar en los propósitos de que el tiempo de nuestra vida sea corta.  Creo que la mayoría de los que estamos aquí en este momento ya hemos vivido más de la mitad de lo que viviremos, por lo que el día para que Dios también nos llame a su presencia eterna, igualmente ya está más cerca para nosotros. Nuestro último cumpleaños más feliz que hemos tenido solamente fue el aviso de que el día se está acercando más.  No era nada nuevo lo que Job está diciendo de que todo ser humano es “corto de días”, pues él y mucha gente de su tiempo lo sabía; es más, nosotros también lo sabemos, pero el detalle es que parece que no lo sabemos porque olvidamos tener presente la realidad de que nuestra vida obligatoriamente será breve.  Pero, vale la pena que se nos recuerde, porque no siempre pensamos en la brevedad de la vida que nos puede sorprender al final. Ojalá que más de uno de nosotros tenga el privilegio de vivir más de cien años, pero siempre ¿qué son cien años?  Aun cien años es tiempo corto para nuestra naturaleza que fue creada realmente para vivir, y no para morir, pero por causa del pecado, la sentencia divina desde el principio del pecado fue que la muerte inevitablemente llegará a todos.  Hoy le ha tocado a nuestra hermana María Elia, pero la próxima persona cuya vida breve llegue a su fin, podría ser usted o incluso yo mismo.  Por eso vale la pena que hoy, aprovechando este momento reflexionemos en los propósitos de la brevedad de la vida humana.

   Para este objetivo voy a limitarme a usar solamente los versículos 14 al 17 de nuestra lectura bíblica de Job 14. Basado en ellos, les voy a predicar que la brevedad de la vida humana tiene propósitos que evidencian que necesitamos a Dios. / ¿Cuáles son los propósitos de la brevedad de la vida que evidencian que necesitamos a Dios? / Usando las palabras de Job dirigidas a Dios, permítanme compartirles algunos de estos propósitos.

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   El primer propósito de la brevedad de la vida que evidencia que necesitamos a Dios, es:

I.- QUE ACUDAMOS AL LLAMADO ETERNO DE DIOS.

   Desde la segunda parte del v. 14 Job comienza una frase con la que a Dios le dice: “… Todos los días de mi edad esperaré, hasta que venga mi liberación” (Job 14b, c) a lo cual inmediatamente añade: “Entonces llamarás, y yo te responderé; tendrás afecto a la hechura de tus manos” (Job 14b – 15).  ¿“Entonces llamaras”? ¿A qué llamado se refiere Job, que ocurrirá como él dijo con respecto a sí mismo, después de “todos los días de mi edad”?  Pues no se trata de un llamamiento como cuando Dios llamó a Abraham, a quien por nombre le dijo: Abram (Génesis 22:1,11), o como llamó a Moisés diciéndole: Moisés, Moisés (Génesis 3:4), o como cuando llamó al niño Samuel diciéndole repetidamente: Samuel, Samuel (1 Samuel 3:10).

   Este llamamiento que menciona Job se refiere al acto de finalizar la vida para presentarse inmediatamente ante la presencia eterna de Dios no en el templo, ni en otro lugar de esta tierra, sino en la eternidad celestial.  Ser llamado por Dios a su presencia eterna y celestial es la mejor experiencia que todo ser humano debería estar esperando.  Inevitablemente todos vamos a ser llamados delante de él, pero desgraciadamente no todos podrán quedar con él sino solamente los que son creyentes en Jesucristo.  Sin embargo, Dios quiere llamarle a usted para estar con Él, y no para ir al lugar de perdición eterna.

   Amados hermanos presentes, familiares de nuestra hermana María Elia, este día con fundamento en la palabra de Dios, podemos estar seguros que, por la fe y perseverancia en la fe en Jesucristo, nuestra hermana María Elia Tzuc, fue llamada por Dios para quedarse en su cielo nada menos que con Cristo quien ha sido su Señor y Salvador.  Es a esto que también el apóstol Pablo se refirió cuando a los Filipenses les dijo:estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Filipenses 1:23).  Ella, ya fue llamada para estar desde hoy con Cristo.  Ella ha cumplido uno de los propósitos de la brevedad de la vida. Nosotros igual, esperemos el turno del llamado de Dios a nuestro favor para ir con él, lo cual sin duda “es muchísimo mejor”, pero recuerden no por una emoción temporal, sino con perseverancia en la fe y servicio a Dios.

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   El segundo propósito de la brevedad de la vida que evidencia que necesitamos a Dios, es:

II.- QUE RECIBAMOS LA LIBERACIÓN ETERNA DE DIOS.

   En la misma segunda mitad del versículo 14, lo primero que Job dijo, fue: “Todos los días de mi edad esperaré”, ¿hasta qué? Explica Job: “hasta que venga mi liberación” (Job 14:14b, c).  ¿Hasta qué venga mi liberación? ¿Qué liberación?  ¿Se estará refiriendo a que piensa que es un castigo estar encerrado en el cuerpo que él tenía?  No, estar en un cuerpo humano no es un castigo.  El problema del cuál necesitamos ser liberados está en nosotros, pero no está esencialmente en nuestro cuerpo sino en nuestro espíritu que ha afectado incluso a nuestro cuerpo.  Es el pecado que causa estragos en el espíritu de toda persona, y sus efectos se refleja incluso en estragos físicos.  Constantemente nos vemos enfermos, y no es mentira sino verdad que Dios interviene para darnos salud de nuevo, pero pronto volvemos a la misma condición, no porque Dios no sea eficaz ni excelso, sino porque el pecado una y otra vez está afectando cualquier área de nuestro cuerpo, y en realidad de todos los aspectos de nuestra vida.

   Por fin, lo que ahora Dios se lleva primero con Él para solucionar el problema esencial que todos tenemos no es el cuerpo sino el espíritu.  Entonces, nuestro espíritu es totalmente sanado de la presencia y de las consecuencias del pecado, y es liberado de todo poder del pecado.  Esa liberación no la dan los neo pentecostales que se proclaman liberadores.  Es solamente la gracia propia y directa de Dios, la que en el presente libera nuestro espíritu de muchas cosas dañinas, pero será hasta el fin de nuestra breve vida que nos hará totalmente libres de toda influencia perversa de la maldad.

   Amados hermanos, nuestra hermana María Elia, ha sido liberada de las pobrezas y miserias de esta vida.  Ella ya no llora, sonríe.  Ella ya no morirá, porque ya está en la perfección de la vida.  Ella ya no pedirá más auxilio, porque en los cielos no se conoce qué es el clamor.  Ella ya no se quejará de dolor alguno, haya no hay dolor.  Ella no sufrirá por falta de alimentos ni las ricas bebidas que les gustó mucho aquí, porque allá ni siquiera hay necesidad de comer ni beber nada.  Todo es perfecto.  Es lo que ella esperó desde el día que creyó en nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  Hoy ya es una realidad para ella.

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   El tercer propósito de la brevedad de la vida que evidencia que necesitamos a Dios, es:

III.- QUE ACEPTEMOS EL PERDÓN ETERNO DE DIOS.

 Una buena observación que Job hace en su discurso que le dirige a Dios con respecto la acción que Dios estaba haciendo con él, aunque en realidad Dios lo hace con todas las personas, es la siguiente: “Pero ahora me cuentas los pasos, y no das tregua a mi pecado (Job 14:16). ¿Qué es esto que dice Job? Lo que dice es que ahora Dios ha estado vigilante con él, pero Dios ya no tomaba en cuenta su pecado, porque se las ha perdonado.  Y cuando Dios perdona no las echa en cara de nuevo.  Uno queda eternamente perdonado. El perdón es uno de los tantos beneficios que un hijo de Dios debe comenzar a gozar de Él desde ahora durante la brevedad de nuestra vida, y entonces lo gozaremos también de Él para siempre. El pecado hace que seamos personas infelices, pero cuando buscamos su perdón, entonces su perdón se hace efectivo en nosotros, y nos hace verdaderamente felices a pesar de que nuestra vida es breve.  Eso quiere Dios que disfrutemos durante nuestra vida breve, y entonces lo seguiremos gozando aun después de que nuestro cuerpo quede encomendado en el suelo o bóveda de un cementerio.

   Job dice a Dios: “Tienes sellada en saco mi prevaricación, y tienes cosida mi iniquidad” (Job 14:16,17).  ¿Qué está diciendo Job con estas palabras con palabras no muy comunes en nuestro lenguaje como “prevaricación” e “iniquidad”? Con ambas palabras se está refiriendo a la horripilencia, gravedad, y exceso de pecado que una persona comete, pero que Dios perdona a quien le pide el perdón correspondiente.  La Nueva Versión internacional la traduce más claramente diciendo: “En saco sellado guardarás mis transgresiones, y perdonarás del todo mi pecado” (NVI).  No es momento de analizar el significado de estas palabras, pero es bueno centrar la atención en las frases que dicen: “Tienes sellada en saco”, y “tienes sellada mi iniquidad”.  Lo que Job dice en estas palabras figuradas es que cuando Dios perdona, los pecados son no solamente por el resto de la brevedad de nuestra vida, sino aún para la continuación de nuestra vida con Dios en su eternidad.

   Amados hermanos, nuestra hermana María Elia, aceptó en Jesucristo el perdón eterno de Dios.  Aquel perdón que recibió hace tantos años fue real y eterno.  Las veces que fue perdonada por Dios cuando ella confesaba a Dios sus pecados, fueron perdones reales y eternos. Desde entonces hasta ahora, Dios selló en sacos herméticamente cosidos, todos los pecados de nuestra hermana.  Tales sacos de pecados fueron arrojados en las profundidades de los océanos.  De allí ya no la perseguirán. Ella ha entrado al cielo de Dios donde no entra el pecado.  Ella está allí perdonada de todos sus pecados, eternamente y para siempre.

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   El cuarto propósito de la brevedad de la vida que evidencia que necesitamos a Dios, es:

IV.- QUE ESPEREMOS DE DIOS LA RESURRECCIÓN ETERNA.

   Ahora, voy a retroceder al principio del versículo 14. Lo dejé para de último por la naturaleza de esta ocasión, y por el énfasis que quiere dejar en sus mentes y corazones.  Job, en su discurso hace una buena respuesta digna de ser respondida sin rodeos, sino con toda claridad: “Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir? (Job 14:14a). ¿Quién puede responder a tan buena pregunta?  Jesús el Hijo de Dios, puede responderla.  De hecho, ya la respondió.  La respuesta que Jesús dio a una mujer llamada Marta cuyo hermano había muerto días antes fue: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25).  Nuestro Señor y Salvador, no solamente hizo esta afirmación, sino que por lo menos en cuatro ocasiones hizo que personas antes muertas vuelvan a vivir.  Además, él mismo volvió a vivir, porque si él es la resurrección hubiese sido mentira si él no hubiese vuelto a la vida después de su muerte por crucifixión.  Como él es la resurrección, cuando él regrese a esta tierra regresará por los que murieron creyendo en él, y por los vivos que creen en él y le profesan activamente.

   En cuanto a los que estén vivos, transformará sus cuerpos en cuerpos perfectos. En cuanto a los que hayan muerto, los resucitará, y a partir de ese momento, la biblia en el Apocalipsis dice que las personas “ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno” (Apocalipsis 7:16).  Más adelante, el apóstol Juan en el mismo Apocalipsis nos dice que: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4).  Es verdad hermanos, habrá resurrección.

    Amados hermanos, y familiares de nuestra hermana María Elia, “las primeras cosas pasaron” para ella.   Muchas de esas cosas fueron malas experiencias para ella, sobre todo las que le pasaron en estas últimas semanas de su vida. Sus últimas experiencias ni ella ni nadie se las imaginó, pero ahora no sufrirá más, y cuando Cristo en la resurrección una el espíritu de ella al cuerpo de ella que Dios resucitará, todo lo que dice el Apocalipsis serán las nuevas cosas que ellas disfrutará cuerpo y alma, aunque ahora aun estando sin cuerpo, ya disfruta mucho de todo ello.  Ahora que ella está nada menos que con Jesucristo el resucitador, finalmente él la resucitará también.  Ella volverá a la vida cuerpo y alma como la conocimos, pero con una perfección absoluta nunca antes vista por ningún ser humano aquí en la tierra.  Eso lo hace solamente nuestro Señor y Salvador.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, vivimos para glorificar a Dios y gozar de él para siempre.  Mientras tanto esperemos su llamado, habiendo primeramente creído en Jesús.  Creamos en Jesús como nuestro Señor y Salvador para que seamos liberados de todo pecado y de todo miserable problema de esta vida.  Creamos en Cristo porque solamente en él hay perdón de pecados para siempre.  Y creamos en Cristo porque solamente él podrá resucitarnos como solución a nuestra muerte cuando llegue su momento.

   Nuestra hermana María Elia creyó en Cristo.  Ella ha sido llamada ahora por Dios para estar no en la condenación sino con Cristo su salvador.  Ella es libre de toda condena, pecado, y problemas.  Ella está disfrutando de perdón eterno; privilegio que le ha concedido entrar al cielo eterno de Dios.  Ella, cuando Cristo vuelva al final de los tiempos, volverá a la vida completa cuerpo y alma.

   Dios bendiga a nuestro hermano don Hilario Pech su viudo, y a cada uno de sus ocho hijos e hijas, yernos y nueras, nietos y bisnietos, y hasta a sus tataranietos. Dios sane el corazón de cada uno de ustedes, que Él les de consuelo, paz, amor, gozo y todo lo que necesiten en la vida para superar la ausencia de su ser querido.  Les encargo que sigan los pasos de fe que ella tuvo en Cristo durante toda su breve vida.  Dios bendiga con toda gracia a todos ustedes.

Oct 14

LAS DECISIONES CENTRADAS EN EL EVANGELIO, Por: Diego Teh.

LAS DECISIONES CENTRADAS EN EL EVANGELIO

Filipenses 1:27-30.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 14 de octubre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 10 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

   INTRODUCCIÓN:  En una de las batallas dirigidas por el gran conquistador griego Alejandro Magno habló con un soldado suyo que tenía el mismo nombre Alejandro. Pero este soldado no era precisamente conocido por su valentía, sino que era conocido por su cobardía. Desde el inicio de las batallas, en vez de ir al frente de la batalla, solía inmediatamente buscar algún lugar dónde resguardarse mientras sus compañeros enfrentaban las batallas en las que siempre salían triunfantes. Así que el gran conquistador le dijo a este soldado cobarde: “O cambias de actitud, o cambias de nombre”. “Si te llamas Alejandro, compórtate como un Alejandro: haz honor a mi nombre”.  Es algo similar lo que hoy les quiero compartir en este mensaje.  Si usted ha creído en el evangelio, entonces viva el evangelio.  Pero, para vivir el evangelio que usted cree, tome usted la decisión de vivir el evangelio.

Josué el hombre que después de Moisés lideró la última etapa de avance de los israelitas, y quien también lideró la toma de posesión de la tierra prometida, es un buen ejemplo acerca de cómo tomar buenas decisiones.  Este Josué, en algún momento de su vida, confrontó a los israelitas que vacilaban entre servir a Dios y a los dioses falsos, pues frecuentemente se inclinaban a servir a los dioses egipcios, o a los dioses que conocieron durante los años que estuvieron y pasaron en muchos lugares mientras se dirigían hacia la tierra prometida.  Entre sus confrontaciones les dijo: “Escogeos hoy a quien sirváis, pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).  Pero, su secreto que le hizo fácil tomar esta buena decisión, es porque vivía el consejo que Dios mismo le dio desde el día que recibió de Él cuando le comisionó a guiar a los israelitas.  Me refiero, al consejo: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).  Tener presente la palabra de Dios en la vida, y estar dispuesto a obedecerla, es el secreto y la fuente para tomar buenas decisiones.  Siglos después de Josué, sin desechar Dios su palabra dada desde aquel entonces, por medio de su santo Hijo Jesucristo nos reveló las palabras necesarias para conocer el camino a la salvación eterna, y para tener una excelentísima regla de práctica o conducta que debemos acatar. Estas palabras son conocidas como “El Evangelio”.

Por eso en este mensaje, con el objetivo que también nosotros vivamos el evangelio que creemos, la propuesta que les traigo es que: Todas las decisiones centradas en el evangelio, deben estar basadas en los principios fundamentales del evangelio. / ¿cuáles son los principios fundamentales del evangelio en los cuales deben basarse todas las decisiones centradas en el evangelio? / Basado en nuestro texto bíblico, de Filipenses 1:27-30, podemos encontrar la enseñanza de algunos de los principios fundamentales.

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El primer principio fundamental del evangelio, en el cual debe basarse toda decisión centrada en el evangelio, es:

I.- LA LEALTAD AL EVANGELIO EN TODO LO QUE HACEMOS.

   La iglesia de Filipos fue una de las iglesias hacia quienes el apóstol Pablo les tuvo un gran afecto fraternal. Después de decirles que en caso de que no haya en su vida alguna situación que lo llevase a “estar con Cristo” allá en la eternidad, al quedarse él aquí en la tierra estaba dispuesto lo más que pueda a quedarse a trabajar con ellos.  La única condición que les anticipó fue: Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, …” (Filipenses 1:27a).       La palabra que el apóstol usa “comportar” es una palabra que literalmente se debe de traducir como “comportarse como ciudadanos”.  La versión Nueva Traducción Viviente, dice de manera más clara: “deben vivir como ciudadanos del cielo, comportándose de un modo digno de la Buena Noticia acerca de Cristo” (Filipenses 1:27a; NTV).  En otras palabras, así como los romanos se sentían orgullosos de su ciudadanía, ellos también deberían de estar orgullosos que por Cristo, ahora son “ciudadanos del cielo”. El mismo apóstol Pablo les recalcó acerca de esta realidad, enseñándoles o quizá recordándoles lo siguiente: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20).  Por todo esto, si ellos verdaderamente habían creído en el evangelio, entonces no deberían comportarse como ellos quieran, sino “como es digno del evangelio de Cristo”. Esto es lo que podemos llamar lealtad.  Vivir como lo requiere el evangelio que cambia la vida presente, así como el destino eterno de la condenación a la salvación eterna.

Amados hermanos, es incongruente solamente creer y aceptar la gracia del evangelio, y no corresponderle viviendo una conducta que haga evidente que uno verdaderamente ha sido alcanzado por los beneficios presentes y eternos de la gracia de dicho evangelio.  Si el evangelio es el beneficio máximo con el que Dios ha alcanzado nuestra vida para transformarla no solamente en el presente, sino que también garantiza nuestra eternidad sin los alcances del castigo eterno, entonces para tenerle lealtad al evangelio, para todo lo que decidamos hacer, debemos cerciorarnos que honramos el evangelio.  Pero, si no somos leales al evangelio, lo único que la gente verá en nuestras acciones o conducta son cosas que ponen en evidencia que no somos verdaderamente creyentes, pues el que es verdaderamente creyente siempre tendrá lealtad al evangelio que ha cambiado su vida.  Por eso, cuando tomemos la decisión de hacer cualquier cosa en la vida, debemos hacernos la pregunta: ¿Mi decisión y acción, demuestran que soy leal al evangelio? ¿Lo que voy a decidir, o lo que ya decidí, es “digno del evangelio” que ahora profeso?

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El segundo principio fundamental del evangelio, en el cual debe basarse toda decisión centrada en el evangelio, es:

II.- EL VALOR A FAVOR DEL EVANGELIO QUE PROFESAMOS.

Obviamente, cuando Pablo les escribe su epístola a los Filipenses, él no se encontraba con ello, por eso les dice: para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio, / y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios” (Filipenses 1:27b, 28).  Una de las cosas que él les enfatiza que espera ver en ellos, después de la unanimidad es que “en nada sean intimidados por los que se oponen”.  Para lograr este objetivo que es requerido más que por Pablo, es por requerimiento del mismo evangelio, se necesita demostrar valor para dar a conocer en la vida propia los resultados redentores del evangelio desde que uno creyó en él; esto a pesar de que la gente se oponga a las verdades del mismo evangelio. Los que se oponen al evangelio, son los que no quieren escuchar las verdades del evangelio, y suelen rechazar escuchar el evangelio que uno les quiere comunicar, y hasta si está en sus manos hacerlo prohíben que sea predicado, y algunos hasta amenazan y persiguen a quienes lo predican y practican.  Entonces, se necesita valor para ser el discípulo de Cristo que él espera que de cada persona que acepte el evangelio.  No se espera cobardía, sino valor para no ocultar que uno pertenece a Cristo.

En una situación similar ocurrido en los comienzos de la iglesia en la ciudad de Jerusalén, cuando los primeros creyentes fueron objeto de amenazas por tan solo creer en Cristo, y más por predicarlo, lo que hicieron fue orar a Dios pidiéndole: “concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra” (Hechos 4:29b; RV60). Según la Nueva Traducción Viviente, lo que literalmente dijeron fue: “danos a nosotros, tus siervos, mucho valor al predicar tu palabra” (Hechos 4:29b).   Valor fue la petición de ellos.  Hay creyentes, que por temor de dar a conocer que ahora son de Cristo y su evangelio, viven su fe a escondidas, llenos de temor, no siempre dispuestos a proclamar su fe en Cristo.  Les falta valor.  Todo lo que deciden hacer, es con temor a que no se sepa sin cristianos.  Si hacen una fiesta, a escondidas de los hermanos hacen sus bailes sensuales, beben sus cervezas y otras bebidas embriagantes, no teniendo valor para que dignamente y con valor le digan un NO, a quienes les empujan a hacerlo.  Sin embargo, aun en medio de una situación de adversidad u oposición ya sea al mismo evangelio, o a quienes lo profesan, el apóstol Pablo dice que hay que actuar con valor.

Amados hermanos, hoy siempre hay oposición al evangelio, por eso, hasta en las mismas iglesias, más de un cristiano en la actualidad, y hasta oficiales de iglesias de nuestro Señor Jesucristo, han optado por no predicar en contra del pecado en todas sus manifestaciones, pues eso hace que la gente piense que uno es solamente un fanático del evangelio que según ellos solamente sirve para condenar a las personas, pues no pueden ver en el mismo mensaje la comunicación de la gracia de Dios que al mismo tiempo se les ofrece.  Hace falta valor a favor del evangelio.  Ahora, cuando usted toma alguna decisión de hace cualquier cosa en su vida cotidiana, ya sea personal, familiar, laboral, etc… ¿su decisión demuestra que usted tiene valor de demostrar que usted es un verdadero profesante del evangelio?  Sus decisiones no deben estar al margen del evangelio.

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El tercer principio fundamental del evangelio, en el cual debe basarse toda decisión centrada en el evangelio, es:

III.- LA NECESIDAD DE UNA ENTREGA TOTAL AL EVANGELIO.

   Otro de los principios de conducta y decisión, además de la lealtad y el valor que el apóstol Pablo les requirió a los Filipenses, es la entrega total al evangelio.   Y se los dijo con las siguientes palabras: Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él, / teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís que hay en mí” (Filipenses 1:29,30).  No era solamente un capricho del apóstol cuando les dice que espera que ellos padezcan “teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís que hay en mí” (v.30), sino que como les dijo antes: “a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él” (v. 29). El creer en Cristo, no necesariamente, pero podría darse el caso que por causas obviamente no propias, pero sí por causa del evangelio, a pesar de sus agradables beneficios, un creyente padezca rechazo, burlas, desprecios, agresiones, castigos, etc…  Y entonces, se espera que el verdadero creyente entienda que vivir el evangelio no es solamente una cuestión de “sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él”, obviamente no como requisito principal sino solamente si se llega a dar el caso.

Cristo y su evangelio, requieren una entrega total, si es necesario hasta el grado de dar la vida por el evangelio, porque como dijera Jesús que en estos casos: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.” (Marcos 8:35; cf. Mateo 10:39; 16:25; Lucas 19:24).  El evangelio no es la causa de las adversidades que trae la vida, pero el evangelio no las elimina ahora, sino hasta el final de todo.  Mientras tanto se espera que nos entreguemos e él de manera total, sin reserva alguna.  El apóstol Pedro, considerando que el evangelio no nos exenta de dificultades en la vida, escribió en su primera epístola universal: Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1 Pedro 5.10).  Las circunstancias de la vida, hace necesario que nuestra entrega al evangelio no sea parcial sino total.

Amados hermanos, en esta vida nada garantiza que no enfrentaremos adversidades de todo tipo que van desde problemas de salud, hasta problemas quizá familiares, sociales, e incluso espirituales, etc…, pero al fin todo cambiará.  Lo que ahora padecemos o nos tocará padecer, aunque nos parezca mucho tiempo, realmente es “poco tiempo” comparado con una eternidad de una absoluta perfecta vida a la que Dios nos está guiando.  Por eso, cuando usted tome cualquier decisión en la vida, hágase usted la pregunta: ¿La decisión que ahora voy a tomar, implica que con ella estoy dispuesto a una entrega total al evangelio si ello me lo requiere, o solamente estoy decidiendo lo que a mí me conviene?

Amados hermanos, las adversidades de la vida, incluso las que nos han de llegar como consecuencia no propia sino externa por creer en el evangelio, no deben ser un motivo para negar o abandonar nuestra experiencia de fe y salvación con el evangelio, más bien debe ser motivo para que con más razón nos entreguemos totalmente a vivir centrados en el evangelio.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, voy a concluir este mensaje trayendo a nuestra memoria algunos ejemplos, aunque mucho antes de Cristo, sin embargo, también tienen que ver con el vivir bajo las normas y dirección de la palabra de Dios dada a personas de la antigüedad.  Estos ejemplos nos indican que tomar una mala decisión no centrada en la palabra de Dios, o no centrada en el evangelio, como aplica ahora para nosotros, puede llevar a cualquier persona hacia una consecuencia inesperada.  Por ejemplo:

1).- Sansón tomó la mala decisión de casarse con Dalila una mujer filistea, prohibido en ese entonces por la ley de Dios.  Por más que sus padres le aconsejaron que ella no era apropiada para él siendo él un hombre de Dios, Sansón decidió casarse con ella. La consecuencia fue que Sansón pronto perdió su libertad, sus ojos, y finalmente perdió hasta la vida no por causa de Dios sino por causa de su propio error.

2).- Roboam, hijo del rey Salomón, a sus 41 años de edad, tuvo el privilegio de heredar el trono de Israel. Tenía a su disposición un grupo de sabios consejeros quienes no dudaron en orientarle bien para que él tomara la mejor decisión para el bien de su reino.  Sin embargo, él también tenía a los amigos de su juventud, hombres sin buenos fundamentos morales ni siquiera para sus propias vidas, quienes le mal aconsejaron.  Roboam, más les hizo caso a estos amigos inmaduros que a sus sabios consejeros. Su decisión fue mala y adversa a lo que beneficiaría su reino, y por ello terminó perdiendo su reino (cf. 2 Crónicas 10:1-19). Su decisión fue una de las causas que contribuyó a la división definitiva del reino de Israel en reino del norte, y reino del sur.

Igualmente, en el Nuevo Testamento, tenemos por ejemplo el caso de los esposos Ananías y Safira, quienes tomaron la mala decisión de quedarse con parte de un dinero que ya habían prometido entregar para el beneficio de la obra de Dios.  Eso fue nada menos que una descarada mentira a Dios.  La consecuencia para ellos fue una muerte instantánea, muerte que Dios mismo ejecutó para ejemplo a los que piensen que a Dios se le puede mentir cuando uno quiera (cf. Hechos 5:1-11).

Por eso, para la gloria de Dios es necesario tomar buenas decisiones fundamentadas en la voluntad no propia, ni de los amigos, sino en la voluntad revelada de Dios, o sea en el evangelio.  Todos los días, según un dato que encontré en la introducción del sermón de un pastor, dice que: “Las estadísticas muestran que en promedio cada día una persona puede tomar 1.500 a 2.000 decisiones, desde decisiones sencillas como lavarnos las manos, lavarnos los dientes, escoger el color de zapatos, saber que ruta voy a tomar en mi transporte, decidir qué voy a preparar hoy de desayuno, almuerzo o cena, qué película quiero ver en el cine, a qué hora me voy a levantar, etc… hasta decisiones trascendentales como saber qué carrera quiero estudiar, con quién me voy a casar, dónde voy a vivir, cuántos hijos voy a tener, cómo me voy a ganar la vida, entre muchas otras[1].  En otra fuente leí que solamente para las comidas del día tomamos, por lo menos unas 250 decisiones[2].  Pero ya sea que nuestras decisiones sean sencillas, o sean trascendentales, siendo nosotros creyentes del evangelio, debemos cerciorarnos que cada decisión va a contribuir a que seamos leales al evangelio, a que tengamos valor a favor del evangelio, y a que nos entreguemos totalmente al evangelio.

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[1] https://sermons.faithlife.com/sermons/168653-la-toma-de-decisiones-en-la-vida-del-creyente

[2] http://sugarnobaby.com/cada-dia-tomas-mas-de-250-decisiones-relacionadas-con-la-comida/

Oct 07

LA DISCIPLINA DE INTEGRARSE A LA IGLESIA, Por: Diego Teh.

LA DISCIPLINA DE INTEGRARSE A LA IGLESIA

Hebreos 12:18-24.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 7 de octubre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 12 de la serie: LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO.

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   INTRODUCCIÓN: Para el entendimiento del mensaje de este momento es indispensable recordar, y para quien nunca ha sabido este detalle acerca de la iglesia, es que existe la iglesia invisible y la iglesia visible.  La iglesia invisible está conformada por aquellos creyentes en Jesucristo que ya se nos adelantaron en la gloria celestial y que ya no los vemos, por eso les llamamos iglesia invisible, también conocidos como iglesia triunfante; y la iglesia visible, es la que está conformada por creyentes en Jesucristo que todavía están presentes aquí en la tierra, a quienes vemos en persona, y por eso les llamamos iglesia visible, también conocidos como iglesia militante.  Sin embargo, no son dos iglesias sino una sola que comienza aquí en la tierra como iglesia visible, y continúa en los cielos como iglesia invisible. La iglesia no solamente es una, santa, y apostólica sino también es eterna.

   También tengo que hacer la observación que actualmente, aunque quizá así ha sido en otras épocas, hay un marcado mal entendimiento acerca de la importancia de tener una relación personal con Jesucristo como experiencia suficiente para la salvación, sin embargo, eso no excluye la importancia de pertenecer a la iglesia visible de Jesucristo para hacer efectiva tal experiencia suficiente de salvación, pues nadie que diga creer y se excluya de la iglesia visible es verdaderamente salvo, porque la iglesia es Cristo mismo, en la dimensión de su cuerpo, también encabezado por él mismo.  El que cree en Cristo es considerado por él como parte de su iglesia no importando en qué lugar del mundo se encuentre, y espera de este creyente que sienta que pertenece a esta iglesia universal, pero si tal persona que al parecer es creyente se excluye de la iglesia, con tal actitud está rechazando a Cristo mismo cuyo cuerpo es la iglesia, y entonces es muy probable que tal persona ni siquiera sea verdadero creyente, pues creyente a su manera no es aceptable para el Dios que creó a la iglesia para que se incorporen sus creyentes.

   En este mensaje, es mi interés animar a todas aquellas personas que, en su propia manera de entender, piensan que son verdaderos cristianos, pero no quieren nada con la iglesia en su etapa visible y militante, pero como incongruencia piensan que serán de la iglesia invisible o triunfante, pero nadie, excepto los que crean en Cristo encontrándose en estado de moribundos, y otros imposibilitados físicos, podrán ser de la iglesia invisible, celestial, triunfante y eterna si primeramente no ha formado parte de la iglesia visible o militante.  Ser parte de la iglesia no solamente en lo celestial sino también en lo terrenal y presente, es la evidencia de pertenecer a Cristo, pues el que no pertenece a Cristo no estará en la iglesia invisible y celestial; y el que pertenece a Cristo querrá con todo amor, decisión, y responsabilidad integrarse voluntariamente a la iglesia visible de su área de residencia.

   Con todos estos antecedentes, hoy les voy a predicar que hay grandiosas y sublimes bendiciones que solamente se experimentan en la iglesia visible, las cuales deben motivarnos a desear pertenecer a la iglesia visible. / ¿Cuáles son las grandiosas y sublimes bendiciones que solamente se experimentan en la iglesia visible, las cuales deben motivarnos a desear pertenecer a la iglesia visible? / Basado en nuestro texto bíblico de Hebreos 12:18-24, les voy a exponer cada una de las siete grandiosas y sublimes bendiciones que se encuentran enlistados por el redactor de estas palabras apostólicas.

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   La primera grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

I.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LA CIUDAD DE DIOS.

   Esta primera bendición es ampliamente explicada en el texto bíblico, por la vía de la comparación, comparando la experiencia humanamente no tan agradable para los israelitas desde su propia perspectiva, al haberse encontrado con Dios a los pies del monte Sinaí donde les fue dado los conocidísimos Diez Mandamientos.  La comparación, va así: “Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, / al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, / porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; / y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando; / sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …” (Hebreos 12:18-22a).  Esto último que enfatiza “sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …”, es una fuerte ilustración acerca de lo que implica pertenecer a la iglesia visible de Dios aquí en la tierra.  Pareciera que, en verdad el apóstol estuviese describiendo nada menos que el mismo cielo, sin embargo, lo que está describiendo es la misma iglesia visible de aquí en la tierra, dando a entender que no se trata de un acercamiento como cuando alguien iba a la ciudad terrenal de Jerusalén donde Dios por muchos siglos manifestó estar presente en medio de todo su pueblo el país de Israel, sino que se trata de un acercamiento “a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …”.  Claramente, aunque lo califica como “la celestial”, no dice que se trata literalmente de estar en cielo, sino también claramente indica que estar en la iglesia terrenal y visible, se trata de un acercamiento, pues dice: “os habéis acercado”.  Desde capítulos anteriores el apóstol autor de este texto está hablando de la pertenencia a la iglesia visible.  Así se puede apreciar desde el primer versículo de este capítulo 12, aunque de manera especial también es muy notorio en los versículos 12 al 17 que está hablando de la iglesia en conexión con Jesucristo quien debe ser el centro de nuestra atención. No está hablando de Cristo sin conexión con la iglesia.

   Amado creyente en Jesucristo que no sabía u olvida el valor y la importancia de ser parte de la iglesia visible de Jesucristo, que no sabía que el integrarse a la iglesia visible de Dios aquí en la tierra es un acercamiento al mismo cielo, lugar que es descrito por el apóstol en lenguaje figurado como la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …”.   Es un lugar que sin duda usted anhela conocer, pero ¿cómo se acercará usted a Dios, a su cielo, y a su iglesia celestial por ahora invisible, si ahora aun cuando dice creer en Jesucristo (y de verdad no dudo de ello), no es de su interés pertenecer ni siquiera a la iglesia visible de Jesucristo aquí en la tierra?  Quizá usted me va a responder, pues por medio de Jesucristo.  Sí, eso es verdad, pero la iglesia es el cuerpo de Jesucristo, es parte de Jesucristo mismo, es Jesucristo mismo presente en la vida de sus creyentes.  Si usted no está en la iglesia, es igual que decir que usted no está en Cristo, porque los que están en Cristo no menosprecian la iglesia visible porque universalmente pertenecen a ella, y localmente de manera voluntaria se unen a ella porque entienden que pertenecen a ella.

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   La segunda grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

II.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LOS ÁNGELES.

   Siguiendo la conexión con la frase: “os habéis acercado”, el apóstol que escribió a los hebreos añade un segundo objetivo de acercamiento, diciendo que es (véanlo a partir de la segunda mitad del versículo 22) “a la compañía de muchos millares de ángeles” (Hebreos 12:22b). ¿Tantos ángeles habrá en el cielo?  Cuando el profeta Daniel tuvo una visión acerca de Dios, le identificó como un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. / Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él” (Daniel 7:9,10).  Estos seres que le servían no eran humanos, sino ángeles, y su cantidad es descrita primero por “millares de millares” pero no pocos sino muchos “millares de millares”, y luego es descrita su cantidad por “millones de millones”.  El apóstol a los hebreos usa los mismos términos para referirse a la presencia de estos aquí en la tierra cuando junto con Dios intervienen en algún evento trascendente.  ¿Qué tan importante será que nos acerquemos a ellos?  Ellos hacen lo mismo que nosotros deberíamos estar haciendo.  En la visión de Daniel, él descubrió que todos aquellos “millones de millones”, que “asistían delante de” Dios, “le servían”.  Ese es su distintivo perfecto, que nosotros todavía no alcanzamos aquí en la tierra, ni en la iglesia, y menos fuera del cobijo de la iglesia.  Conocerlo a ellos, será unirnos a ellos quienes también son nuestros celestiales consiervos en el servicio a Dios.

   Hay diversos relatos bíblicos que nos indican cómo ellos sirven a Dios, y nos ha sido dado a conocer para saber que un día seremos como ellos, excelentes siervos junto con ellos. El mismo apóstol a los hebreos en una pregunta a la vez afirmativa dice con respecto a los ángeles: son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación” (Hebreos 1:14).  O sea, que nos ayudan a nosotros los cristianos, y por ello vale la pena encontrarnos con ellos para conocerles bien allá en los cielos.

   En las palabras con las que Moisés bendijo a los israelitas en una ocasión cercana a los días de su muerte, él no usó la bendición Aarónica o sacerdotal que ya se usaba en ese tiempo, porque a él no le correspondía usar tales palabras de bendición, sino que usó una bendición propia con un estilo poético, en el que se incluye información que nos conviene saber acerca de los ángeles. En las primeras palabras de esta larguísima bendición, primero se refiere a la ocasión cuando Dios vino al monte Sinaí a entregarle a Moisés los Diez Mandamientos, y dice acerca de Dios: “Y vino de entre diez millares de santos, con la ley de fuego a su mano derecha” (Deuteronomio 33:2).  Lo primero que se resalta en esta descripción es que Dios no tiene solamente dos o tres de ellos, sino millares, pero tampoco son solamente dos, o tres, o cuatro, o cinco millares, pues solamente en esta descripción Moisés nos habla de “diez millares” de ellos.  Lo segundo que se resalta en la descripción de Moisés es que estos ángeles son considerados “santos”, el estado integral al que nosotros también aspiramos.  Observen también cómo estos ángeles no están ajenos a los eventos terrenales en los que Dios toma participación de manera directa. Han estado interesados por el bien del ser humano, pero no siempre son perceptibles al ojo humano a menos que ellos se hagan visibles tomando alguna forma generalmente con apariencia humana.

   Cuando el rey y salmista David expresa un cántico en el que resalta que el Dios que se manifestó en el Sinaí, sigue a los israelitas donde sea que se encuentre el tabernáculo o por lo menos el Arca del Pacto que David tuvo el honor de rescatar y transportar a la ciudad de Jerusalén, él dijo: “Los carros de Dios se cuentan por veintenas de millares de millares; el Señor viene del Sinaí a su santuario” (Salmo 68:17).  No eran literalmente “carros” o carretas, y aunque fuesen literalmente “carros” no son carros sin piloto que se conducían solos, y tampoco eran conducidos por seres humanos sino por ángeles.  En el Sinaí vinieron al parecer solo unos “diez millares” de ángeles (cf. Deuteronomio 33:2), pero en esta procesión de traslado del Arca del Pacto, que David presidió unos 500 años después de haberse creado el Arca de Pacto que originalmente estuvo en el tabernáculo, estuvieron nada menos que al parecer varios grupos de “veintenas de millares de millares”, quizá una centena o algún millón de ellos.  Debe ser para ellos un honor acompañar a Dios, e incluso venir a la tierra a servirnos por instrucciones de Dios.

   Amados creyentes en Cristo el Salvador y creador de la iglesia, ahora que pertenecemos a la iglesia de Dios, nos estamos acercando a ellos.  Es verdad, ellos no serán lo más relevante que conoceremos allá en los cielos, sino Dios y su Santo Hijo Jesucristo, pero ellos serán parte de nuestra nueva confraternidad de santos con los que serviremos a Dios por la eternidad.  No solamente nosotros estamos enfocados en Dios, sino “millones de millones” de ángeles también están enfocados en Dios. ¿Esto no te motiva también a enfocarte en servir a Dios en su iglesia visible, sabiendo que es solamente por medio de su iglesia que uno se acerca a Dios, a los cielos, y a los santos ángeles?

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   La tercera grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a la iglesia visible, es:

III.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LOS QUE YA ESTÁN EN LOS CIELOS.

   Ahora, pasando al versículo 23 el apóstol nos sigue sorprendiendo de que nos hemos acercado, ¿a quiénes?  a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos” (Hebreos 12:23a). Esta descripción expresada por el apóstol es una referencia nada menos a los creyentes en Jesucristo que antes pertenecieron a la iglesia visible, y que ahora están “en los cielos”.  Son una “congregación”, que sin duda sin los problemas terrenales que tienen las congregaciones de creyentes en las iglesias aquí en la tierra. Son llamados “primogénitos”, lo cual no quiere decir que solo son los primeros hijos de cada matrimonio, sino es una referencia de que ellos son los primeros que tuvieron el privilegio de entrar a los cielos, antes del gran día del regreso de Jesucristo cuando no quedará ni uno solo aquí en la tierra que habiendo creído no vaya a entrar en los cielos.  Ya están allí “en los cielos”, mientras en la iglesia visible, por medio de Cristo, nos estamos acercando a ellos.  El día de nuestro encuentro y reunión con ellos cada vez está más cercano, lo cual puede darse ya sea con nuestra muerte o con la venida de Cristo; lo que ocurra primero.  Cualquiera de estos dos eventos que ocurra primero, garantiza nuestro encuentro con “la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos”.  Ellos son nuestros hermanos que nos precedieron en entrar al cielo de Dios.  Primero estuvieron en la iglesia visible de aquí en la tierra, y luego pasaron a la iglesia invisible.  Pasaron por el mismo proceso en el que todo aquel que es creyente en Jesucristo debe de pasar.  Nosotros estamos en ese proceso, y también estamos yendo hacia ellos.  Son nuestros hermanos.  Ellos nos están esperando allí.  Entre ellos incluso tendremos el privilegio de ver y tener junto a nosotros a nuestros seres queridos que como nosotros fueron fieles creyentes en Cristo.

   Amados creyentes en Jesús el Hijo de Dios, es solamente estando en la iglesia visible de Jesucristo que nos acercamos a ellos con los creyentes que están en la iglesia invisible en la eternidad, pues estando fuera de la iglesia visible nadie se acerca a estos hermanos que se han ido primero a los cielos.  Quizá usted ahora no está tan emocionado de encontrarlos de nuevo a ellos, porque cuando usted conoció a quizá a muchos o quizá solo a algunos de ellos aquí en la tierra los conoció como pecadores que no satisficieron los ideales de carácter que usted esperaba ver en ellos, pero habiendo ellos también creído en Cristo, ahora ya están en los cielos, por lo que encontrarlos en los cielos será una de las experiencias grandemente agradables que tendremos por toda la eternidad.  Por eso, vale la pena y es necesario pertenecer ahora a la iglesia visible aquí en la tierra, pues solo perteneciendo a la iglesia, que es el cuerpo de Cristo, nos acercamos a ellos.  Obviamente, ellos no son lo más importante que encontraremos, pero ellos serán parte de los grandiosos y sublimes beneficios que disfrutaremos los que no menospreciamos la utilidad de la iglesia que Dios diseñó para la función de preservarnos en la fe.

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   La cuarta grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

IV.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A DIOS “EL JUEZ DE TODOS”.

   Ahora observemos la segunda parte del versículo 23, que siempre se conecta con la frase “os habéis acercado” que se mencionó desde el versículo 22.  Su sentido completo realmente es: “os habéis acercado […] a Dios el Juez de todos” (Hebreos 12:22a, 23b).  Por la naturaleza del desarrollo de este mensaje, no voy a tratar acerca del derecho de Dios de ser “Juez de todos”, sino solamente al énfasis de que cada vez nos estamos acercando “a Dios”.  Es verdad que Cristo es quien nos acerca a Dios por la virtud de su sacrificio que fue perfecto y aceptado por Dios como suficiente.  Es a esto que se refiere el apóstol Pedro cuando dice de Cristo, que: “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (2 Pedro 3:18a).

   Pero, también es verdad que siendo Cristo el que nos lleva a Dios, creó su propia iglesia en la cual desea que todos estemos integrados, “para llevarnos a Dios”.  Es toda la iglesia que es llevada a Dios.  Es verdad que los que mueren antes que Cristo vuelva, estos, se van de manera individual a presentarse delante de la eterna presencia de Dios, pero el día que Jesús volverá, no volverá solamente por un grupito de su iglesia, sino que vendrá por todos.  Cristo vendrá por las personas que pertenecen a su iglesia, para entonces llevarnos definitivamente a la presencia eterna de Dios.  Es por eso, que cuando llegue el momento del regreso de Cristo, explica el apóstol Pablo que: Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:17).  Estos: “nosotros los que vivimos”, se refiere a los que están integrados a la iglesia por ser de Cristo, no a los que están fuera de ella, porque no se puede ser de Cristo y estar fuera de la única iglesia, pues no hay dos iglesias, ni autorización para ser un cristiano sin iglesia.

   Amados creyentes en nuestro Señor y Salvador Jesucristo, es por medio de Cristo y perteneciendo a su iglesia visible que una persona se dirige a Dios.  En la iglesia, siempre en Cristo, nos acercamos a Dios.  ¿No es esto también una motivación para integrarse a la iglesia visible? pues dice el apóstol Pablo a los Efesios que todo lo que Cristo ha estado haciendo por su iglesia visible aquí en la tierra es “a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:27).  ¿A quién va a presentar Cristo a sí mismo para que sea una iglesia gloriosa?  A la iglesia actual que todavía no es gloriosa, pero es a la iglesia, no a personas individuales que nunca se integraron a la iglesia.

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   La quinta grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

V.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LA IGLESIA TRIUNFANTE.

   Ya les he estado hablando acerca de la iglesia triunfante prácticamente desde el comienzo de este mensaje, y aunque no lo enfaticé cuando les expliqué acerca de la bendición de estarnos acercando con “la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos”, o sea, los que se nos adelantaron, ellos ya son la iglesia triunfante, para empezar porque ya están “en los cielos”.  Pero, hay algo más por el cual son triunfantes, y es porque el apóstol dice de ellos que son: … los espíritus de los justos hechos perfectos” (Hebreos 12:23c).  Estos llamados “espíritus de los justos”, son los mismos a quienes antes ha descrito antes como “primogénitos”, pero en esta descripción dice que estos “espíritus de los justos” son “hechos perfectos”.  Estos es lo que esencialmente les hace triunfantes, y es hacia ellos de quienes dice también que “os habéis acercado” (Hebreos 12:22a).

   Aunque la iglesia visible y militante, por haber creído en Cristo, estamos siendo restaurados a la imagen de Cristo para ser como Cristo, dice también el apóstol Pablo acerca de los que creemos en Cristo, que Dios “a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29).  Esta realidad está ocurriendo en nosotros poco a poco a cada día, pero mientras estemos aquí en la tierra, y aunque estemos en la parte visible de la iglesia, no recibimos una perfección absoluta.  Eso ocurre solamente cuando una persona que es creyente en Jesucristo llega a los cielos de la eternidad.  Es allí que se hace absoluta su perfección, y se integra a la iglesia triunfante y perfecta.  Es a esta perfección que se refiere el apóstol Juan en la revelación que recibió de su visión del cielo cuando de los creyentes que ya están allí dice: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4).  Esto es, nada menos que la perfección ideal que tanto nos hace falta aquí en la tierra.  Ellos ya lo tienen, ahora nosotros la iglesia visible, y solo la iglesia visible, también vamos para allá, igualmente para ser “hechos perfectos”.  Nadie que no pertenezca a la iglesia visible irá para allá para ser “hecho perfecto”.

   Amados creyentes en Cristo, por afirmación de estas palabras del apóstol a los hebreos, así como del apóstol Pablo, nosotros los creyentes actuales nos hemos acercado y nos seguimos acercando al beneficio de ser “hechos perfectos” en la iglesia triunfante que está en los cielos.  Pero, este beneficio es solamente para quienes ya pertenecen a la iglesia visible y militante aquí en la tierra. ¿No es esto una motivación para ser un creyente interesado en integrarse a la iglesia visible, del cual esta iglesia donde usted escucha este mensaje, es parte del sector visible de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo?  Si alguien ha estado pensando que ser cristiano es solamente creer en Cristo, y vivir su fe separado de la iglesia, está en un error.  El que cree en Cristo, también se une a la iglesia visible.

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   La sexta grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

VI.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A JESÚS EL MEDIADOR.

    Es tan real que Jesús el Mediador está con nosotros y en nosotros.  Está en y con toda la iglesia, pero también está en el corazón de cada creyente que forma parte de su iglesia; sin embargo, Jesús para nuestra plena percepción acerca de él, solamente será en la eternidad allá en los cielos.  Es por eso que el apóstol a los hebreos, igual nos indica que “os habéis acercado […], a Jesús el Mediador del nuevo pacto” (Hebreos 12:22a, 24a).

   En esta tierra, aunque estamos en la iglesia, lo único que está ocurriendo es que la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, hace que la presencia de Jesús, así como del mismo Padre celestial esté en y con nosotros.  Cada una de las personas divinas, Padre, Hijo, y Espíritu Santo son un solo Dios, y no pueden ser divididas por nada, sino no serían un solo Dios, serían dos o hasta tres Dioses, pero la realidad es que juntas sus tres personas, son un solo Dios.  Esto explica que por haber creído en Cristo, el Espíritu Santo comenzó a morar en nuestra vida, y por lo tanto siendo parte de un Dios indivisible, Jesús también está en nuestra vida, el Padre también está en nuestra vida.  Es tan real, pero estamos limitados a no percibir toda su naturaleza.  Esta percepción absoluta, solamente será posible cuando termine nuestra función aquí en la iglesia visible, y pasemos a la iglesia invisible y triunfante en los cielos.  Mientras tanto, nos estamos acercando a Jesús el Mediador.

   Amados creyentes en Jesucristo, vuelvo a repetir la misma pregunta: ¿No es esto una motivación para que anhelemos pertenecer a la iglesia actual y visible de Jesucristo, en el cual juntos nos vamos acercando a la completa percepción sensible y visual de la persona y ser de Jesús el Mediador, quien también dio su vida por nosotros, y al mismo tiempo nos salvó?

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   La séptima grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

VII.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS AL PERDÓN EN CRISTO.

   Como último detalle a observar en el texto bíblico que estamos analizando, es que el apóstol a los hebreos afirma a los creyentes que: “os habéis acercado […], a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:24b). ¿Qué querrá decir estas palabras que comparan la sangre de Jesucristo, con la sangre de Abel derramada por haber sido asesinado aquí en la tierra por su hermano Caín?  El apóstol dice que la sangre de Jesús “habla mejor”. ¿Qué es esto de que la sangre habla, y que tanto la de Abel como la de Jesús hablan?  Cuando Caín hubo matado a su hermano Abel, Dios habló a Caín y le dijo: “La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Génesis 4:10).  Esta voz o este clamar (o clamor) al que Dios se refiere, y que Dios la adjudica a la sangre de Abel, es la necesidad natural de justicia por alguien que ha sido víctima de haberle sido quitada la vida por otra persona con premeditación, alevosía, y ventaja que no tenía el derecho de hacerlo.  Eso es lo que hablaba delante de Dios la sangre de Abel.

  Pero, la sangre de Jesús derramada, que el apóstol describe también como “rociada”, cuando dice que “habla mejor”, es porque Jesús no está reclamando justicia a su favor, sino está pidiendo a su Padre celestial que los que creamos en él, recibamos el perdón de nuestros pecados, la santificación de nuestra vida, la limpieza de toda mancha de pecado que nos afecta para mal en nuestra vida.  Es esto que afirma el apóstol Juan en su primera epístola universal cuando con respecto a Dios el Padre y su Hijo, dice: “y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7b).  Esto, se hace una realidad cuando confesamos nuestros pecados, pero lo tenemos qué confesar todos los días, y cuántas veces sea necesario y posible, porque una y otra vez vamos a necesitar en nuestra vida los efectos perdonadores de la sangre de Cristo.  La sangre de Cristo, “habla mejor” para rogar con garantía nuestro perdón.  Este perdón cotidiano que necesitamos se da al mismo tiempo que estamos unidos a la iglesia.  No es la iglesia la que perdona, sino Cristo, pero Cristo perdona a los mismos que por él se han integrado a la iglesia.  Así que la iglesia visible es el mejor lugar a donde podemos acudir en busca y procuración del perdón de Dios por la sangre de su Hijo Jesucristo que “habla mejor”.   Aquí en la iglesia nos hemos acercado […], a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:24b).

   Amado creyente en Jesucristo, fuera de la comunión de la iglesia visible y militante de Jesucristo, no hay perdón de pecados.  Usted no encontrará perdón de pecados en el estadio deportivo cuando evade pertenecer a la iglesia, porque todo el personal y asistentes del estadio no son el cuerpo de Cristo, no lo encontrará en los clubes de altruismo en el que usted quiera canalizar toda su notable bondad, pues los clubes no son el cuerpo de Cristo.  Solamente en la iglesia, uno se acerca a “la sangre” que otorga el perdón de Dios.  Y usted necesita del perdón de Dios una y otra vez.

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   CONCLUSIÓN: Amado hermano, creyente en Jesucristo, voy a concluir, invitándole a que se una formalmente a esta amada iglesia de Cristo, pero ya, ahora, no lo piense más.  Que el día de hoy sea el comienzo de una integración formal de usted a la iglesia visible de Cristo.  Asista fielmente, y tan pronto haya oportunidad de integrarse a la clase de membresía o catecúmenos de la iglesia, intégrese también a esa clase.  La iglesia no fue un invento de los misioneros que llegaron a nuestro país hace 146 años en 1872.  No fue invento del misionero Maxwell Phillips que llegó a Yucatán en 1886 hace 132 años a establecer la primera iglesia evangélica y presbiteriana de esta ciudad de Mérida y de toda la Península de Yucatán.  La iglesia fue creada por Dios, establecida por su Hijo Jesucristo para que por su propio Hijo seamos conducidos a todos los beneficios presentes y venideros que Dios de su pura gracia decidió darnos para gozar de Él para siempre

   Dios quiera que, a partir de ahora, usted ame pertenecer a la iglesia visible de Cristo. ¿Nos estaremos viendo aquí de manera regular, constante, y perseverante en esta iglesia local de la iglesia visible y militante, que a la vez pertenece a la iglesia universal?  Usted tiene tantos incentivos para integrarse a la santa iglesia de Cristo Jesús.