Ago 12

MIRA AL LADO, TIENES UNA IGLESIA, Por: Diego Teh.

MIRA AL LADO, TIENES UNA IGLESIA.

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 Colosenses 3:5-17.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 12 de agosto 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 07 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN: Tenemos una iglesia disponible.  No me refiero al edificio donde nos reunimos. Al edificio se le llama templo.  La iglesia son las personas que han sido llamadas por Dios para creer en Jesucristo y consagrar su vida a él para un servicio de por vida.  Cuando alguien dice que va al templo, lo que quiere decir es que va al templo, al edificio.  Pero, cuando decimos que vamos a la iglesia, aunque hay quienes todavía así lo entiendan, podría ser no necesariamente en el templo, sino en cualquier otro lugar donde pudieron haber acordado reunirse.  Por ejemplo, algunas veces nos reunimos en casas previendo que haya espacio para todos los que tengas que acudir.  Nos hemos reunido en locales amplios donde luego es apropiado llevar a cabo una convivencia con mesas para disfrutar juntos un refrigerio.  También hemos tenido la oportunidad de reunirnos en un estadio deportivo.  Aunque estos lugares no son templos, los cristianos que allí se reunieron son la iglesia.  Por otra parte, no se necesita un gran número de personas para conformar una iglesia, pues donde sea que se congreguen dos o más personas creyentes en Jesucristo con el fin de adorar a Dios, ellos son iglesia.  Hoy, los que estamos aquí reunidos, no deberíamos tener ninguna duda de que somos la iglesia de nuestro Señor Jesucristo.  Usted está en la iglesia.  Usted no está como en un club, como en un mercado, o como en su tienda o súper preferido, donde usted no tiene interacción con todos los que allí casualmente se encuentren. Pero, la iglesia no es así, usted tiene que estar plenamente consciente que no está solo, sino que hay otros como usted que necesitan de su ayuda, y que hay otros como usted que le pueden ayudar, y tenemos que estar en permanente interacción con ellos.   Los que están siguiendo los sermones de esta serie, podrán recordar que les he compartido acerca de mirar arriba: a Dios; de mirar atrás: a Cristo en la cruz; y hoy nos corresponde mirar a lado: a los hermanos que nos acompañan en nuestro viaje de fe a la patria celestial, a la iglesia llamada de entre los perdidos y condenados para que en Cristo recibamos salvación, la cual ya hemos recibido.

   El texto bíblico que hoy hemos leído, nos presenta a creyentes en Cristo, debidamente integrados a la iglesia no solo universal sino también local, de Cristo, interactuando con otros creyentes.  Basado en ello, les voy a predicar que el creyente que pertenece a Cristo y por ello a Su iglesia, necesariamente debe ejercer permanentemente interacciones dignas de la vida cristiana con los demás creyentes. / ¿Cuáles son las interacciones dignas de la vida cristiana que permanentemente el creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes? / Siguiendo las palabras de nuestro texto bíblico, les presentaré algunas de estas interacciones, valga la pena aclarar, no ocasionales sino permanentes y dignas de la vida cristiana que el creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes.

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   La primera interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

I.- RESPETARNOS MUTUAMENTE POR NUESTRA UNIÓN CON CRISTO.

   El apóstol Pablo, dando por hecho que se estaba dirigiendo a personas que ya habían renunciado a su vida despiadada resultante de no tomar en cuenta a Dios, y que ahora tras haber creído en el evangelio de Jesucristo, sus vidas estaban siendo transformadas por Dios mismo, les dice que él espera que ellos manifiesten una mejor manera de tratar a todas las personas, comenzando con las que ahora son su nueva familia, los creyentes que son la iglesia.  Les dice: “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. / No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, / y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, / donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” (Colosenses 3:8-11).  Todas las cosas que les dice que tienen que dejar, como la ira, el enojo, la malicia, la blasfemia, las palabras deshonestas, todas ellas tienen qué ver tanto con acciones como también con la manera de hablar al dirigirse a otras personas.

   De manera particular les enfatiza: “No mintáis los unos a los otros” (v. 9), Así lo hacían cuando sus vidas eran ajenas a Dios, pero ahora que son de Cristo, ya no deben hablar así.  Su vocabulario debe ser respetuoso para con todos.  Cuando dice: “los unos a los otros”, en este contexto se refiere al conjunto de creyentes que se reúnen en la iglesia.  La razón de no mentirles, ni agraviarlos con cualquier otro tipo de malas palabras, es que ahora, especialmente para los que están en la iglesia “Cristo es el todo, y en todos” (v. 11).  Cristo, “en todos” los que están en la iglesia, está presente.  Él está unido a nosotros, pero más bien por virtud de nuestra acción de fe en él, todos nosotros estamos unidos a él, y si él está en todos nosotros, entonces nosotros formamos su cuerpo, porque la iglesia es el cuerpo de Cristo, y por eso todos merecen ser respetados primeramente por todos los que formamos parte de ella.  Yo soy responsable de respetar a los demás, a ustedes.  Cada uno es responsable de respetar a todos.  Todos nos respetamos porque estamos unidos Cristo, quien está restaurando en todos nosotros la imagen de Dios que fue puesta en nosotros desde el principio de la creación.  Si antes, no éramos respetuosos, se entiende, porque estamos sin tomar en cuenta a Dios, pero ahora que en su Hijo Jesucristo le tomamos en cuenta, ya estamos siendo restaurados para dejar de ser irrespetuosos.

   Amados hermanos, tenemos una iglesia compuesta de personas a quienes Dios mismo en Cristo nos está restaurando conforme a Su imagen.  No es poca cosa. En nuestro trato o interacción con los demás creyentes como nosotros, hagámoslo lleno de respeto porque todos estamos unidos a Cristo.

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   La segunda interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

II.- TRATARNOS MUTUAMENTE CON EL CARÁCTER DE CRISTO.

   Pero, ahora que dejamos las cosas que nos complacía hacer cuando estábamos sin tomar en cuenta a Dios, ahora que tenemos que dejar que el revestimiento que Dios está haciendo en nosotros sea lo que moldee nuestra mejor manera de ser, ¿qué es lo que tenemos que hacer? ¿con qué vamos a reemplazar el mal carácter que antes nos distinguía?  El apóstol Pablo nos tiene la respuesta cuando dice a los Colosenses: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; / soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. / Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:12-14).  La lista de reemplazos que menciona el apóstol es básica porque eso no es todo, pero baste como ejemplo que nuestra nueva conducta espiritual por pertenecer a Cristo debe ser (1) de entrañable misericordia, (2) de misericordia, (3) de benignidad, (4) de humildad, (5) de paciencia” (v. 12).  Además, añade: (6) soportándoos unos a otros, y (7) perdonándoos unos a otros” (v. 13a).   Pero, la clave más importante de todo es lo que Pablo dice que “es el vínculo perfecto”, y se refiere con ello al (8) amor”, diciendo: “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor” (v. 14).  Pero, todas estas cualidades de carácter son un recordatorio del carácter de Cristo que utilizó y sigue utilizando en su trato con nosotros y con todo aquel que se vincule con él por medio de la fe en su persona y obra.  Por eso, en su expresión san Pablo dice: “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (v. 13b).  En nuestra interacción con los demás debemos tratarnos mutuamente con el carácter de Cristo.

   Especialmente en el versículo13, con respecto a la necesidad de soportar y perdonar a los creyentes que por alguna razón nos llegasen a causar algún agravio, el apóstol Pablo en dos ocasiones enfatiza la frase: “unos a otros”.  Si llegase a ser necesario, hay que soportarse “unos a otros”, hay que perdonarse “unos a otros”.  Estos “unos a otros”, no es una referencia a una relación de cristianos por una parte y de no cristianos por otra parte; sino que se trata de la relación entre un cristiano y los demás cristianos.  En otras palabras, se trata de la relación interna de todos los de la iglesia.  San Pablo es realista.  En los mismos que reconoce “como escogidos de Dios, santos y amados” (v. 12), no descarta que como todavía estamos en proceso de santificación, alguien, y ese podría ser yo, o podría ser usted, o podría ser un tercero, Dios nos libre, podríamos ser causa de ofensa o agravio a algún creyente.  En estos casos, somos responsabilizados a comprender por qué otros actúan equivocadamente o intencionalmente con malicia.  De todas maneras, si quien comete una falta no es un falso disfrazado de cristiano, sino que es un cristiano, ese tiene que ser soportado y perdonado.  Es nuestro hermano.  Esa persona es de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo.  Hay que tratarlo con el carácter de Cristo que se está formando en nosotros.

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  La tercera interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

III.- ENSEÑARNOS MUTUAMENTE CON LA PALABRA DE CRISTO.

   Es verdad que ahora estamos dejando lo que fue nuestra manera de vivir cuando no tomábamos en cuenta a Dios.  También es verdad que ahora que hemos creído en Cristo, su carácter se está formando en nosotros, y por ello podemos tener una mejor interacción con cristianos y no cristianos. Pero, ¿qué tenemos qué hacer para que este proceso de perfeccionamiento siga creciendo en nosotros?  Queremos dejar de hacer intencionalmente todo lo que es incorrecto y pecaminoso que antes hacíamos.  Queremos que el carácter de Cristo se implante en nosotros, y ser semejantes a él en palabra y conducta.  Pero, ¿cómo lograrlo?  Es verdad que Dios está transformando nuestra vida, eliminando nuestra entrega premeditada al pecado, e implantando en nosotros su carácter divino manifestado en su santo Hijo, pero el apóstol Pablo tiene una instrucción más que dice: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. / Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:16-17).  “La palabra de Cristo” es la clave mis amados hermanos.

   Un detalle relevante de esta instrucción apostólica acerca de “la palabra de Cristo”, es que “more en abundancia”.  ¿Es abundancia cuando una iglesia ofrece solamente 45 minutos de clase a la semana, y cuando una iglesia solamente quiere escuchar 20 minutos de predicación?  Creo que ni siquiera se puede decir que la palabra “mora”, porque para que se diga que algo “mora”, es que allí está todo el tiempo, no por temporadas y con vacaciones.  Pero, entre nosotros la palabra Cristo, debe morar.  ¿Qué es lo que cada quien debe hacer en este caso?  La instrucción primeramente dice: “enseñándoos y exhortándoos unos a otros” (v.16).  En nuestra interacción con los demás creyentes deberíamos enseñarnos mutuamente la palabra de Cristo.  Deberíamos mutuamente no tirarnos pedradas o indirectas, sino exhortarnos con la palabra de Cristo para corregirnos mutuamente cuando nos equivocamos o pecamos deliberadamente, para animarnos cuando el ánimo de algún hermano en la fe comienza a desmayar. Vale la pena hablar la palabra de Cristo en nuestras conversaciones unos con otros, que cualquier otra vana conversación.   Obviamente la palabra de Cristo, y toda palabra de Dios en general puede ser enseñada no solamente por hábiles maestros que la enseñan con destreza porque ese el don que han recibido de Dios, sino también a falta del don de la enseñanza también se puede enseñar con el don del canto, como igualmente instruye el apóstol Pablo, al decir: “cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (v. 16).  Pero, igual, sin el don de la enseñanza, y hasta sin el don del canto, también se puede enseñar la palabra de Cristo, con el don de la conversación que todos sin excepción sabemos hacer.  En nuestra interacción con otros creyentes, necesariamente debemos enseñarnos mutuamente la palabra de Cristo.

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   CONCLUSIÓN:    Amados hermanos, si queremos tener una vida centrada en el evangelio, Cristo no puede estar fuera de nuestra vida.  De hecho, él tiene que ser el centro, sino no podríamos ser cristianos, sino nuestro fundamento no será el evangelio de Dios. Una vida centrada en el evangelio implica que al mismo tiempo que pertenecemos a Cristo también pertenecemos a su iglesia que es su cuerpo, a través de la cual interactuamos con otros cristianos que también pertenecen a la iglesia.  En esa interacción, no olvidemos que necesariamente debemos:

I.- RESPETARNOS MUTUAMENTE POR NUESTRA UNIÓN CON CRISTO.

II.- TRATARNOS MUTUAMENTE CON EL CARÁCTER DE CRISTO.

III.- ENSEÑARNOS MUTUAMENTE CON LA PALABRA DE CRISTO.

   En verdad, es un privilegio contar con una iglesia aun si esta iglesia no tuviese un templo donde reunirse.  Lo que más vale es la iglesia porque es el conjunto de personas compradas a precio de la sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Mar 29

CÓMO CORRESPONDER AL CARÁCTER DEL REY, Por: Diego Teh.

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CÓMO CORRESPONDER AL CARÁCTER DEL REY

Lucas 19:38-46.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el día domingo 29 de Marzo del 2015, a las 11:00 horas; en recordatorio de la “entrada triunfal de Jesús en Jerusalén”.

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   INTRODUCCIÓN: El pueblo de Dios siempre ha necesitado de un Rey.  Al principio de su conformación como pueblo de Dios, su Rey único era Dios mismo, hasta que un día su pueblo por rebeldía le dijo a Samuel, un profeta de Dios: “…constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones.  /  Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue (1 Samuel 8:5b,6a).  Al profeta no le gustó la idea y oró a Dios para decirle lo que quiere la gente, y Dios le respondió a su profeta: “Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos” (1 Samuel 8:7).  Lo que hizo el pueblo de Dios en aquel entonces fue desechar el reinado directo o teocrático de Dios; sin embargo, aunque ellos no querían que Dios sea su Rey, Dios siempre quiso ser el Rey de su pueblo.  Una de las razones por las que Jesús se hizo humano fue para darse a conocer como Rey, por eso lo magos que vinieron a Jerusalén en el tiempo del nacimiento de Jesús, vinieron preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?” (Mateo 2:2).  Durante toda su vida aquí en la tierra, específicamente a lo ancho y largo del territorio de los israelitas, Jesús era Dios el Rey que antes fue desechado, y que aún hecho humano, también fue desechado, pues como dice el apóstol Juan acerca de Jesús: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11).   Sin embargo, Jesús aquel dia hoy conocido como Domingo de Ramos, no desistió de manifestarse a su pueblo como el Rey que necesitaban aquellos israelitas y judíos.

   En la historia de aquella “entrada triunfal de Jesús” se puede observar que Jesús estaba siendo el cumplimiento de una profecía dada a conocer poco más de 500 años atrás por medio de un profeta llamado Zacarías.  La profecía decía: “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna” (Zacarías 9:9).  Y precisamente eso fue lo que se cumplió aquel día.  El Rey (se puede decir que el Rey de reyes) estaba entrando a la ciudad de Jerusalén, capital de la provincia de Judea, ciudad que Dios eligió como ciudad santa para manifestar por medio de su presencia en el templo que Él seguía estando con su pueblo.

   En este mensaje, basado en la historia de la “entrada triunfal de Jesús” escrita por San Lucas, en su libro, en el capítulo 19 versículos 28 al 46, entre todas las reflexiones que de ella puedan derivarse, me propongo compartirles que Jesús el Rey del pueblo de Dios revela su carácter y cómo debe ser correspondido por los que pertenecen a su pueblo.

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   Primero, observemos:

I.- LOS ASPECTOS DE SU CARÁCTER.

   El primer aspecto notable de su carácter es:

A.- SU HUMILDAD.

  La historia nos relata que Jesús dio una instrucción sencilla a dos de sus discípulos, de ir por un pollino.  Cuando se lo trajeron, la historia nos relata que los discípulos  “…habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima” (Lucas 19:35).  Esto evidencia la humildad de Jesús, pues los reyes de cualquier parte del imperio romano, cuando eran impuestos o importados de otras regiones y llevados a las ciudades donde establecerían su reinado, nunca llegaban con humildad a la ciudad para ocupar su trono, sino que llegaban acompañados de una compañía de soldados armados de pies a cabeza, con lanzas, espadas, y escudos, y sobre caballos de guerra de las mejores razas que tenían disponibles en aquel entonces.  Pero Jesús, fue la diferencia.  Entra a la ciudad de Jerusalén con toda la humildad que le caracterizaba como Rey de un reino que opera al nivel del corazón de los miembros del pueblo de Dios.  Personalmente, él estaba poniendo en práctica el principio de la humildad que había estado enseñando cuando decía: “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad.  /  Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,  /  y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo;  /  como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:25-28).  Ahora, en un aspecto de su ministerio demostraba públicamente su humildad congruente con sus enseñanzas.

   Amados hermanos, hoy es apropiado aprender de Jesús, y escuchar sus palabras que nos dice: aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29).  Un Rey diferente a los reyes del pasado y del presente que nos invita a vivir con Su carácter tan sublime y especial.  Se trata de un Rey que para lograr sus objetivos, él es el primero en ser el suficiente ejemplo para los súbditos de su reino.

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   El segundo aspecto notable de su carácter es:

B.- SU COMPASIÓN.

  Además de la humildad de Jesús, evidente ante los ojos de no pocas personas que estaban con él en el viaje, y de otras personas que le veían a su paso, también demostró otro aspecto de su carácter igualmente importante que es Su compasión. Vemos su compasión en que se nos dice en la narración que “…cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella”  (Lucas 19:41).  ¿Quién rey siente tanta compasión por su reino que sea capaz de derramar lágrimas por la condición espiritual de las personas?  Él podía darse cuenta que la gente de Jerusalén no podía entender lo que en ese momento significaba su manifestación como Rey.  Sus palabras mientras lloraba fueron: “Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos” (Lucas 19:42).  Mientras Jesús lloraba también lamentó con sentido profético que por rechazar a Dios como Rey ellos en el futuro tengan que pasar las consecuencias trágicas, pues él dijo acerca de aquella ciudad santa: “Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán,  /  y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación” (Lucas 19:43-44).  Rechazar a Jesús implica perderse el disfrutar los beneficios de la gracia de Dios.  Casi 40 años después un general romano llamado Tito destruyó toda esta ciudad, dejando a su paso la muerte como de 600 mil judíos. Fue el resultado de un pueblo que rechazó el reinado de Jesús en sus corazones.

   Una descripción más notable de la compasión de Jesús, es la que San Mateo nos relata en su libro, diciendo de Jesús que: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.  /   Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:35,36).  Pero esa compasión se vuelve bendición en el corazón de las personas solamente cuando dejamos que él haga los cambios necesarios en nuestra vida.

   Amados hermanos, es lamentable para el corazón de Dios y el de su Hijo Jesucristo que una persona o grupo de personas no puedan darse cuenta de lo que Jesús es para la vida espiritual, social, físico, e incluso material.  Es el Rey compasivo que trae paz y salvación a los que aceptan sus enseñanzas y su obra redentora.  En medio de nuestras vivencias, aflicciones, problemas y sufrimientos que nos llegan en la vida, Jesús siente compasión por cada persona, pero espera que nuestra actitud sea no de rechazo sino de un anhelo de que él sea quien gobierne y tome el control de nuestra vida.

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  En segundo lugar, observemos:

II.- ¿CÓMO DEBE SER CORRESPONDIDO?

   La primera manera cómo debe ser correspondido es:

A.- CON OBEDIENCIA.

  Al principio de la historia leemos que Jesús “…envió dos de sus discípulos,  /  diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo” (Lucas 19:29-30).  Pero lo que quiero resaltar es la siguiente instrucción que Jesús le dio a sus dos discípulos: “Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita” (Lucas 19:31).  Cuando Dios actúa como Rey con autoridad, no hay nada que cuestionar.  Simplemente porque Dios así lo quiere, así tiene que ser o hacerse.     Hay que dejar claro que en realidad Dios no tiene necesidad de nada, sino que todo lo creado, todo lo que existe es de Él, aunque el estado nos haya entregado un documento legal que nos otorgue la titularidad por ejemplo de nuestra vivienda, o así obtengamos la factura de nuestros bienes muebles, etc… Esto no hace que algo deje de ser de Dios, por lo que cuando Dios dice que algo necesita, porque es de Él, entonces, lo que está diciendo es que tenemos que poner a su servicio cualquier bien que ha estado bajo nuestra posesión y administración.

   Amados hermanos, si Jesús es el Rey de nuestra vida, es necesario que cada uno tome en cuenta que Dios espera de nosotros, obediencia no a medias sino de manera completa e incondicional, pues nuestras posesiones, Dios las puede requerir para sus gloriosos propósitos como cuando Jesús requirió el pollino de aquellos ciudadanos, para realizar su entrada triunfal a Jerusalén y así manifestarse como el cumplimiento de la profecía que lo identificaba como el Rey mesiánico que Dios había prometido enviar a su pueblo.  Cada quien debemos tener conciencia de que los bienes tanto muebles como inmuebles que poseemos y administramos deben estar al servicio de los propósitos de Dios.  En la actualidad, el gran propósito de Dios es que el evangelio de su Hijo Jesucristo sea proclamado, y todo lo que tenemos debe estar disponible para ser usado para este glorioso propósito.

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B.- CON ALABANZA.

  Mientras Jesús cabalgaba hacia Jerusalén la ciudad santa, San Lucas, primeramente nos dice que “…a su paso tendían sus mantos por el camino” (Lucas 19:36).  San Mateo, igual que San Marcos, nos dicen que “…otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino” (Mateo 21:8; Marcos 11:8).  En la actualidad para acompañar a un personaje importante por lo menos se le consigue un vehículo adecuado, se contrata a una prestigiada compañía para un vehículo móvil de sonido, se revientan cohetes (voladores), le siguen grupos de batucadas, etc…, pero en el caso de la gente que acompañó a Jesús, se deduce de que no tenían para hacer más pomposa la marcha, sino que usaron solamente lo que tenían y lo más que pudieron añadir es cortando ramas del camino.  Quizá es lo único que tenían, por lo que se puede apreciar que Jesús acepta la honra y alabanza cuando es nacido del corazón y es hecho aunque improvisadamente, y aunque no con gastos ni artículos extravagantes.

   Otro detalle importante a observar es que: “Cuando llegaban ya cerca de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto,  /  diciendo: ¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas!” (Lucas 19:37,38).  Lo que aquí se resalta es que fueron específicamente los discípulos quienes se gozaban de este evento mesiánico, y fueron ellos quienes tuvieron la iniciativa de comenzar “a alabar a Dios a grande voces”.   Aunque San Mateo relata que “la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba” (Mateo 21:9), y San Marcos relata que “los que iban delante y los que venían detrás daba voces” (Marcos 11:9), San Lucas es muy preciso no en negar lo que dicen Mateo y Marcos sino en especificar que fueron los discípulos quienes tuvieron la iniciativa de  alabar a Dios, reconociendo que Jesús es “el Rey”, y no cualquier rey, sino “el rey que viene en el nombre del Señor”.  Esto nos enseña que cada verdadero discípulo debe tener la iniciativa de alabar a Dios, antes que cualquier otra persona que no es o no ha querido ser discípulo de Jesús.

  Finalmente es importante también que observemos lo que San Lucas nos dice acerca de un grupo religioso incrédulo de que Jesús sea el Rey y de que merece ser reconocido como tal.  Dice San Lucas: “Entonces algunos de los fariseos de entre la multitud le dijeron: Maestro, reprende a tus discípulos.  /  Él, respondiendo, les dijo: Os digo que si éstos callaran, las piedras clamarían” (Lucas 19:39-40).  Mientras los que son discípulos desean alabar y bendecir a Dios, los que no lo son hace cualquier manifestación para oponerse a que Jesús sea reconocido como Rey enviado de Dios.  Sin embargo, ¿qué más se puede hacer por ellos, si su corazón es duro contra Dios y su Hijo Jesús?  No se puede hacer nada para cambiar a la fuerza el corazón de personas duras contra Dios.  Aunque la verdad del caso es que si los incrédulos llegaran a silenciar a los hijos de Dios, la misma naturaleza manifestaría su alabanza a Dios, pues hasta las piedras clamarían.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, discípulos de Jesús, es un privilegio contar con un Rey enviado de Dios, un rey distinto a los regímenes terrenales, un rey humilde pero poderoso que no por la fuerza sino por la compasión vino para salvarnos principalmente de la tiranía de Satanás, y de la condenación eterna.  Hoy merece toda nuestra obediencia y toda nuestra alabanza, primero porque por su origen es Dios, y segundo porque por su misión ha obtenido para nosotros, beneficios espirituales que no pueden ser obtenidos por medio de ninguna otra religión o persona sino solamente por medio de él.  A él sea la gloria.

Feb 07

PROPÓSITOS DE DIOS CUANDO LA TRAGEDIA NOS ALCANZA, Por: Diego Teh.

propositosdeDioscuandolatragedianosalcanza

PROPÓSITOS DE DIOS CUANDO LA TRAGEDIA NOS ALCANZA

Rut 1.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, el sábado 07 de Febrero 2015, a las 20:00 horas, en el cementerio Xoclán durante el velorio de la hermana Elda Novelo, en presencia de sus hijos/a, nietos, miembros de la cong. “Luz de Vida” de la col. Bojórquez, y demás familiares y amigos/as.

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   INTRODUCCIÓN: Noemí fue una señora que vivió la tragedia de perder a su esposo Elimelec en plena aventura de ganarse la vida en un país extranjero, “los campos de Moab” (v. 1).  No mucho tiempo después en el mismo lugar pasó la amarga experiencia de perder a sus únicos dos hijos seguramente muy queridos por ella, Mahlón y Quelión (vv. 1-5).  No le fue fácil superar la desgracia que le acompañó durante esa etapa de su vida, al grado que cuando regresó a su tierra en Belén de Judá, no quería que le llamaran Noemí, sino Mara, o sea, amargura.   Cuando leí esta historia, me di cuenta que se asemeja a la experiencia que ahora les ha tocado vivir a la familia de ustedes, al haber perdido en un corto tiempo a dos de sus seres queridos.

   Nuestro texto bíblico para el mensaje que les quiero compartir en este momento, basado en la historia de una familia de los esposos Elimelec y Noemí, con sus hijos Mahlon y Quelión, y con sus nueras Rut y Orfa, nos enseña que cuando una persona o familia pasa en su vida momentos de experiencias amargas, dolorosas, e inesperadas, Dios tiene propósitos especiales para estas personas o familias.  /   ¿Qué propósitos especiales tiene Dios en la vida de una persona que como ustedes pasa en su vida momentos de experiencias amargas, dolorosas, e inesperadas?  /  Siguiendo la narración de la historia de lo acontecido a la familia de Elimelec, notemos los siguientes propósitos especiales de Dios.

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   El primer propósito especial de Dios para cuando en nuestra vida personal o familiar pasamos por momentos de experiencias amargas, dolorosas, e inesperadas, es:

I.- FORMARNOS UN CARÁCTER DE MÁS CONFIANZA EN ÉL MISMO.

   Primero, observemos ¿qué fue lo que a Elimelec y su esposa Noemí, les hizo salir de Belén de Judá para ir a “los campos de Moab”?  La respuesta la tenemos en versículo uno: “hubo hambre en la tierra” (la tierra de Judá que incluye la aldea de Belén, donde ellos vivían).  Un acto de desesperación familiar por el pan de cada día los llevó a tomar una decisión que aunque parece una buena iniciativa por el futuro de ellos y de sus hijos, muy pronto Noemí quedaría viuda en el extranjero, muy pronto sufriría la muerte de sus dos únicos hijos Mahlón y Quelión, y quedaría prácticamente en el desamparo familiar, sino fuera por Rut una de sus dos nueras quien abandonó su país para acompañar a Noemí a vivir de regreso en Belén de Judá.  Fue un error familiar lo que los llevó como familia y posteriormente solo a Noemí, a enfrentar tragedia tras tragedia que debió hacerla sufrir profundamente.

   ¿Cómo se puede observar que no era necesario que tiempo atrás se fueran de Belén de Judá a los campos de Moab?   Cuando la falta de esperanza en Dios llega en un corazón humano, las personas tomamos malas decisiones.   Observemos que cuando Noemí regresa viuda y sin hijos a Belén de Judá, Booz un pariente cercano de Elimelec tenía cosecha de cebada.  Es seguro que todos los campesinos de la región ya tenían sus respectivas cosechas, sin que tuviesen que haberse ido de Belén a otras ciudades, regiones o países más productivos.  El hambre no fue permanente sino solamente temporal.   Quizá entonces Noemí se hizo la pregunta: ¿por qué nos fuimos a Moab?  Es evidente que fue una decisión tomada en un momento de falta de esperanza en Dios lo que les hizo ir en busca de abundancia fuera de la tierra donde pudieron haber permanecido como lo hicieron otros muchos.   Cuando ella regresa, pudo darse cuenta que Dios no había abandonado a su pueblo para siempre; realidad que estoy seguro le sirvió para confiar en Dios más que antes, sin tener que huir en busca de un mejor futuro donde Dios no los había puesto.  La experiencia amarga, dolorosa, e inesperada de Noemí, fue una experiencia que le sirvió para formarse en ella una mayor confianza en Dios mismo.

   Amados hermanos, a pesar de tan sensibles fallecimientos que han tenido de sus dos seres queridos, en tiempos tan cercanos, es posible y no difícil que sigan confiando y aún más fuertemente en los planes de Dios para sus vidas.

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   El segundo propósito especial de Dios para cuando en nuestra vida personal o familiar pasamos por momentos de experiencias amargas, dolorosas, e inesperadas, es:

II.- USARNOS PARA ENSEÑAR A OTRAS PERSONAS EL PRIVILEGIO DE VIVIR BAJO LA GRACIA DE DIOS.

   La historia de Noemí es muy interesante y deja ver que a pesar de las decisiones tomadas en el pasado juntamente con su esposo y sus dos hijos, la gracia de Dios no deja de acompañarla.   La evidencia consiste en que ella no se abandonó quedándose a vivir en Moab donde no tenía por qué estar, sino que guiada por los planes de Dios, se propuso regresar a su país, específicamente a su pequeña aldea de Belén.   Como parte de ese proceso de regreso, les dice a sus dos nueras viudas que cada una se regrese a con su familia de donde provenían antes de casarse.  Orfa, una de sus nueras le tomó la palabra inmediatamente; pero Rut, una nuera leal a Noemí decide no regresar con su familia sino quedarse con su suegra, y acompañarla para vivir cerca de ella en Belén de Judá.

   A su regreso en Judá, lo primero que descubre Noemí, es que Dios había estado bendiciendo a Belén con abundancia de cosecha.  Esto es como volver a la gracia de Dios.  Solamente que en esta ocasión, trae consigo a su nuera, quien encuentra en Belén a un hombre llamado Booz con quien se casa, llega a ser propietaria de las cosechas, pero sobre todo se convierte en madre de Obed, abuela de Isaí el padre de David (o sea, se convierte sin saberlo en bisabuela de David) un gran siervo de Dios en la historia de Israel, y de cuya descendencia después de muchas generaciones nace nuestro Salvador y Señor Jesucristo.  La gracia de Dios en Rut puede verse que siendo ella ajena al pueblo de Dios por ser del país de Moab, ella es incluida en la familia mesiánica como miembro del pueblo de Dios, no por Noemí, ni por Booz, ni por las leyes civiles, sino por la gracia de Dios mismo.  Todo esto sucede, desde luego como parte de un plan maravilloso de Dios, pero a su vez, sucede dentro del marco de la experiencia de una mujer que sufre la pérdida trágica de tres de sus seres queridos más cercanos (esposo, e hijos).   En otras palabras, en medio de nuestras tragedias, podemos ser y somos capacitados por Dios, para enseñar a otras personas a conocer y experimentar la gracia de Dios.

   Amados hermanos, hoy en medio del dolor que les ha perseguido, están comenzando a ser una familia que será capacitada y usada por Dios para ser parte de algún plan aunque desconocido para nosotros, pero en el que otras personas serán bendecidas conociendo y experimentando la gracia de Dios.  Muy pronto ustedes serán testigos de las bendiciones que sucederán en su propia familia, y no dudo que también en otras personas que no son parte de la familia que ustedes representan.

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   CONCLUSIÓN: Para concluir esta breve reflexión de la Palabra de Dios, debo recalcar que Dios es un Dios de propósitos especiales, propósitos que tienen que ver con ubicar a las personas bajo la cobertura de su gracia salvadora, y es lo que estará haciendo ahora en la familia de ustedes.   Es en este contexto que el rey David, en una ocasión exclamó “Jehová cumplirá su propósito en mí”. (Salmo 138:8).

   Por otra parte, hoy más que nunca, ustedes estarán sufriendo la ausencia de sus seres queridos, pero eso no significa que Dios no estará con ustedes, sino al contrario se convierte en el momento más adecuado para quedarnos solamente en sus benditas manos.  La fe de David atestigua la realidad que desde la antigüedad experimentaban las personas que se quedan sin seres queridos.  Dijo David en sus palabras de fe y esperanza: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá” (Salmo 27:10).

   Mis amados hermanos, den paso en sus vidas para descubrir los propósitos que Dios tiene para con ustedes.  Muy pronto verán los resultados.  Que Dios los bendiga y ponga en ustedes paz en este momento doloroso de sus vidas.