Jun 03

LA DISCIPLINA DE LA MENTE, Por: Diego Teh.

LA DISCIPLINA DE LA MENTE

Filipenses 4:8.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 3 de junio 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 05 de la serie: LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO.

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   INTRODUCCIÓN: En el libro de los Proverbios leemos el consejo de un padre que le dice a sus hijos: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23; RV60). “¿Guarda tu corazón?”, ¿Qué querrá realmente decir con ello? ¿Se referirá al corazón físico que palpita bombeando sangre a todas partes del cuerpo?  Definitivamente que no.  La versión Dios Habla Hoy dice sobre el mismo texto: “Cuida tu mente más que nada en el mundo” (DHH); e igualmente la Traducción al Lenguaje Actual, dice: “Y sobre todas las cosas, cuida tu mente” (TLA).  Así que, en este caso, se trata de cuidar la mente.  ¿Cuidarla? ¿Para qué?  El mismo texto dice: “…porque de él mana la vida”.  Lo que está diciendo, dicho en palabras más sencillas, es que se debe cuidar la mente de no introducir o generar en ella cosas perjudiciales porque estas se van a convertir en conductas de vida.

   En Proverbios 23, al aconsejar el peligro que conlleva convivir en exceso con personas avaras, que solo se interesan especialmente por el dinero y toda clase de bienes que consigue hasta ilegítimamente, dice el proverbio de tal persona: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7).  El Antiguo Testamento usa el término corazón para describir el lugar tanto donde se piensa, como donde se originan las acciones humanas según lo que piense dicho corazón.  En otros textos de las mismas Sagradas Escrituras, también se atribuye a la mente como el lugar donde se generan los pensamientos que configuran la manera de proceder de una persona.  El ladrón no puede serlo, sino a alimentado en su mente el pensamiento de robar.  El hombre o la mujer infiel, o la persona que adultera, la persona que miente, la que hace cualquier otro tipo de acciones inapropiadas, lo tuvieron que pensar antes de cometer su pecado.  Pero también las acciones buenas que hacemos o decimos, pasan por el mismo proceso en la mente, pensando lo que es bueno, y entonces, en vez de acciones malas, podrá tal persona llevar a cabo acciones buenas.

   En este contexto de que el pensamiento ocurre en la mente de toda persona, el apóstol Pablo exhorta a los cristianos de Filipos a tomar el control de sus pensamientos, escribiéndoles lo siguiente: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).  Basado en estas palabras del apóstol, voy a predicarles que para tener una mente disciplinada al buen pensamiento es necesario tomar en cuenta consideraciones determinantes. / ¿Cuáles son las consideraciones determinantes que son necesarias de tomar en cuenta para tener una mente disciplinada al buen pensamiento? / Derivado de las implicaciones que encierra las palabras del apóstol en este versículo, les voy a compartir algunas consideraciones determinantes para tener una mente disciplinada en el buen pensar.

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   La primera consideración determinante para tener una mente disciplinada en el buen pensar, es que:

I.- SE REQUIERE TIEMPO DIARIO PARA DISCIPLINAR EL PENSAMIENTO.

   En qué pasatiempo dedicará la gente más tiempo todos los días. Un estudio llevado a cabo en 2017 por el IFT (Instituto Federal de Telecomunicaciones), acerca del tiempo que ven la televisión los niños mexicanos de 7 a 12 años, observa que comparado con los 195 días efectivos de clase que sería unas 1,062 horas en total (5.4 horas al día), los niños durante todo el año de 365 días pasan más tiempo frente al televisor, un total de 1,636 horas (4.5 horas diarias), siendo así un 53.9 % más que el tiempo dedicado al estudio[1]. 536 horas más que las horas dedicadas a la escuela. ¿Qué influencia hará la televisión en la mente de esos niños?  Y es que este estudio no incluyó el tiempo que pasan usando el celular para videojuegos, ver videos, y comunicarse en las redes sociales. ¿Estarán estos niños desarrollando correctamente el tipo de pensamiento que el apóstol Pablo dice que debemos desarrollar los cristianos?  Lo peor es que muchos adultos (afortunadamente, no todos) también pasan tiempos exagerados frente a la televisión.  El problema real consiste no en el tiempo que se invierte en mirar la televisión, sino los mensajes que la mente, el cerebro recibe, en las escenas que mira, en las palabras que escucha. ¿Le interesará a los productores de la televisión que usted piense “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre…”?  Seguro de que no.  Usted solamente está exponiendo su mente a todo lo contrario.

   Kent Hughes, en el libro Las Disciplinas de un Hombre Piadoso, relata que Charles Colson, un político que entre 1969 y 1973 fue asesor del presidente Nixon de Estados Unidos.  Colson murió hace 6 años a sus 81 años.  En una ocasión tuvo la oportunidad de influir en el presidente de la CBS (Columbia Broadcasting System), una cadena de televisión comercial en Estados Unidos. Le expresó que en los Estados Unidos según una encuesta reciente hecha por Gallup, había en esos tiempos 50 millones de cristianos que no veían con agrado los programas que se transmitían en su cadena de televisión.  Según Colson, si la CBS quería buenas ganancias, los cristianos serían un buen mercado de consumidores. El dueño de CBS le hizo la observación de que se había transmitido programas que los 50 millones de cristianos debieron haberse interesado en ver, pero según un caso fue que tras haber transmitido una buena película cristiana, solamente el 12 por ciento de toda la población estadounidense la vio, mientras otro 47 por ciento vieron la programaciones de la NBC (National Broadcasting Company) también de televisión comercial.  Y durante aquella semana, la película cristiana transmitida por la CBS, ocupó el lugar número 57.  Por lo que el ejecutivo de la CBS le preguntó a Colson, ¿dónde están sus 50 millones de cristianos, señor Colson?  Simplemente sus ojos y sus mentes estaban en los programas de televisión no benéficos para disciplinar la mente con buenos pensamientos.  Kent Hughes, piensa que si solamente la mitad hubiese visto la película de la CBS, ocupaba el primer lugar.  Pero, esto indica que los mismos cristianos estaban mirando otros canales de televisión con programación no cristiana que sin duda influye en su sistema de pensamientos. Los mismos cristianos exponemos nuestra mente y pensamientos a los pensamientos que no convienen, cuando deberíamos disciplinarnos en pensar que: “todo lo falso, todo lo deshonesto, todo lo injusto, todo lo impuro, todo lo aborrecible, todo lo del mal nombre; si hay algo pecaminoso o indigno de alabanza, en eso no penséis”.

   Amados hermanos, las 4 horas que usted o sus hijos, o toda su familia, podría estar dedicando para mirar televisión, está afectando negativamente su manera de pensar, porque la televisión no tiene el objetivo de hacer de usted un cristiano, sino alejarle del cristianismo.  Así que ese tiempo desperdiciado, inviértalo en cultivar buenos pensamientos.

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   La segunda consideración determinante para tener una mente disciplinada en el buen pensar, es que:

II.- SE REQUIERE LEER LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

   Una lectura reflexiva del Salmo 19 así como del 119, nos ayudará a descubrir el beneficio que la palabra de Dios puede traer a nuestra mente, a nuestra manera de pensar. Solamente preste usted atención a este fragmento: La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. / Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. / El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos” (Salmo 19:7-9).  El hacer sabio al sencillo, el alumbrar los ojos, y el ser todos justos, son aportaciones que la palabra de Dios puede hacer en la vida y pensamientos de quienes la leen, memorizan, estudian, meditan, u obedecen.  Una mente disciplinada en el buen pensar, tiene que recurrir al conocimiento de las Sagradas Escrituras.  Ella es la fuente de los buenos pensamientos que Dios espera de cada hijo suyo.

   Timoteo, un joven pastor discipulado por el apóstol Pablo, recibió un consejo de este apóstol quien le escribió en una carta: “…desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15).  Esta sabiduría, implica que ocurre en la mente del lector de la palabra, un cambio no negativo sino divino, regenerativo, en la manera de pensar.  Estos pensamientos configurados nada menos que por la palabra de Dios, primero producen la fe necesaria para confiar en Dios, en su ofrecimiento de salvación, y para creer en su Hijo Cristo Jesús la fuente de la salvación (Cf. Romanos 10:17).

   Pero, eso sí, amados hermanos, es necesario leer la palabra de Dios para que uno sea capaz de pensar bien.  Esto es lo que el apóstol Pablo le pidió a los romanos cuando les escribió: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

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   La tercera consideración determinante para tener una mente disciplinada en el buen pensar, es que:

III.- SE REQUIERE LEER ESCRITOS CRISTIANOS EDIFICANTES.

   Recuerda usted lo que le sucedió a nuestro presidente de la república don Enrique, el 3 de diciembre 2011, entonces candidato a la presidencia.  Llegó a Guadalajara, Jalisco, para presentar su propio libro México, la Gran Esperanza.  Nunca se imaginó que un reportero español le preguntaría cuáles serían tres libros que le hayan marcado la vida.  Usted podrá recordar que no le fue fácil decir los títulos de los libros, confundió a Enrique Krause con Carlos Fuentes como autor del libro La Silla del Águila.  Luego, dijo que le había gustado “ese de los caudillos” refiriéndose a Siglo de Caudillos, este sí de Krause. No recordaba que Alfredo Acle Tomasini, era el autor de la novela La Inoportuna Muerte del Presidente que supuestamente estaba leyendo en ese tiempo.  Ah, también mencionó que la Biblia le había marcado la vida aunque dijo no haberla leída toda.

   Si a usted le preguntaran, qué libros cristianos ha leído usted que le hayan marcado la vida, ¿qué libros enlistaría?  Si usted no recuerda con precisión los títulos, o los autores correspondientes, no importa mucho, lo importante es que usted haya leído, aunque sea en parte, algún libro. Pero, probablemente haya entre nosotros, personas que no hayan leído ni un solo libro cristiano que le ayudara a entender algún tema en especial.  Eso sí que es grave.  La lectura de buenos libros debe ser un hábito en la vida de toda persona, mucho más de uno que es cristiano.  Los libros sirven para ayudar a nuestro conocimiento, al mismo tiempo que configuran nuestra manera de pensar. Obviamente no hacen siempre con efectividad lo que la palabra de Dios si hace, por lo que hay que leerlo con el filtro de la palabra de Dios. Sin embargo, quien lee libros aumenta sus buenos pensamientos con respecto a todo lo que lee.  Si se trata de un lector cristiano que primero ha leído la Biblia, entonces es capaz de detectar lo que no es digno de pensar, y uno lo puede desechar para que no perjudique nuestros buenos pensamientos.

   Amados hermanos, no hay un mandato divino de leer libros ajenos a la palabra de Dios, pero tratándose de libros cristianos escritos para ayudarnos a entender verdades de Dios, no hay nada de malo en leer tales libros, sino al contrario hacemos bastante bien para edificar nuestros buenos pensamientos.  También tengo que aclarar que el cristiano que tiene como fundamento la palabra de Dios, podría leer hasta libros no cristianos, pero teniendo como fundamento y filtro su conocimiento de la palabra de Dios, va a desechar “todo lo falso, todo lo deshonesto, todo lo injusto, todo lo impuro, todo lo aborrecible, todo lo del mal nombre; (todo lo) pecaminoso o indigno de alabanza…”.   Propóngase usted a leer además de la Biblia, de preferencia otros buenos libros cristianos. Si usted quiere que le recomiende algún libro, siéntase en confianza de preguntarme por el libro que usted debería leer.

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   La cuarta consideración determinante para tener una mente disciplinada en el buen pensar, es que:

IV.- SE REQUIERE QUERER PENSAR COMO CRISTO.

   Kent Hughes, en el capítulo LA DISCIPLINA DE LA MENTE, en su libro LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO, observa un dato relevante en cuanto al cerebro humano, que cada una de las 12 mil a 14 mil millones de células nerviosas, “tiene millares de ramificaciones, de modo que cada neurona puede estar conectada a diez mil otras neuronas vecinas, cada una de las cuales está constantemente intercambiando información”.  Y dice además: “Estas doce a catorce mil millones de células cerebrales, con todas su conexiones, convierten a la mente humana en una computadora incomparable”.  Y luego explica que un solo cerebro, hermanos, es mucho más complejo pero efectivo que todo un millar de centrales telefónicas de toda una ciudad grande, y que todas las estaciones de radio y televisión de todo el mundo, puestas todas juntas.  Al cerebro humano no se le escapa nada, pero a pesar de toda esta su potencialidad, especialmente a todos los cristianos Dios nos ha dado lo que el apóstol Pablo describe a los Corintios diciéndoles: “Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16c).  Y eso, hace que seamos capaces de disciplinar nuestra mente pensando lo que el mismo apóstol dice a los Filipenses: “…todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre”.  La Traducción al Lenguaje Actual, con respecto a la afirmación: “Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”, conectando la frase con el contexto anterior con respecto a la función del Espíritu de Dios, dice: “Pero nosotros tenemos el Espíritu de Dios, y por eso pensamos como Cristo” (1 Corintios 2:16; TLA).

   El cerebro por sí solo, o la mente por sí sola, estando corrompida por el pecado, no es capaz de producir buenos pensamientos. No es capaz de conducir a una persona a pensar solamente en lo que es bueno.  El mismo cerebro o mente humana inclina a todas las personas sin excepción a pensar más fácilmente en lo negativo y pecaminoso que en lo digno, santo, y bueno que debe alimentar nuestros pensamientos.  Por eso, se hace necesaria la intervención del Espíritu de Dios para corregir ese problema que todos los humanos tenemos y que daña nuestra manera de pensar con respecto a todo.  Nos hace pensar que lo bueno es malo, y que lo malo es bueno.  Pero, el Espíritu de Dios en nuestro corazón, o mente, o cerebro, instala la mente de Cristo, como la memoria RAM de una computadora que intercambia toda información que se procesa en ella.  Con la mente de Cristo, podemos desarrollar una manera buena de pensar, y eso conducirá a que nuestras acciones no sean pecaminosas sino del agrado de Dios, no porque surjan de nuestros pensamientos, sino porque surgen de la mente de Cristo que el Espíritu de Dios instala en nuestra mente.

   Amados hermanos, no tenemos pretexto de no disciplinar nuestra mente para pensar lo que es bueno, y desarrollar en nosotros los buenos hábitos cristianos.  En caso contrario, si eso no ocurre en nosotros, podríamos estar rehusándonos a dejar que el Espíritu de Dios haga sus respectivas funciones en nuestro corazón, mente, cerebro, alma, espíritu, etc… a fin de ser como Cristo.  Dios ha querido dotarnos de su calidad de pensamientos.  No dejemos que la carnalidad no haga pensar más en lo pecaminoso que en lo divino y santo.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ¿cómo le va a hacer usted con respecto a las cosas que san Pablo dice: “en esto pensad”.  ¿Qué plan hará usted para pensar en “…todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre”.  ¿Qué plan tiene usted para desechar de su mente o para no darle entrada en sus pensamientos a “todo lo falso, todo lo deshonesto, todo lo injusto, todo lo impuro, todo lo aborrecible, todo lo del mal nombre; (todo lo) pecaminoso o indigno de alabanza…”.  Le recomiendo lo que el salmista David decidió cuando luchó con sus pensamientos.  Él dijo: En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa. / No pondré delante de mis ojos cosa injusta” (Salmo 101:2b, 3a).  No pierda su tiempo con la TV u otras adicciones que no contribuyan a mejoras sus buenos pensamientos.  Lea la palabra de Dios todos los días.  Lea también buenos libros y serios en sus exposiciones de la verdad.  Deje que el Espíritu de Dios le haga pensar como Cristo.  Tome usted la decisión de disciplinar su mente en cultivar buenos pensamientos, pues según sus pensamientos así serán todas sus acciones.  Si piensa mal, actuará siempre mal; si piensa bien, actuará siempre bien.

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[1] http://www.elfinanciero.com.mx/empresas/ninos-mexicanos-destinan-54-mas-horas-a-ver-tele-que-a-la-escuela