Ago 26

EL PRECIO DE SER DISCÍPULO, Por: Diego Teh.

EL PRECIO DE SER DISCÍPULO

Mateo 10:34-39.

.

Predicado por el Pbro. Diego Teh, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán; el domingo 26 de agosto 2018, a las 18:00 horas.

.

Corresponde al sermón # 8 de la serie: Llamados a hacer discípulos.

.

   INTRODUCCIÓN: Ser discípulo de Jesús tiene su precio, aunque no se trata de dinero.  En una ocasión él dijo: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26).  Los que cuentan con la aprobación de su familia, y los que no tienen miedo a morir por ser discípulos de Jesús, no lo verán difícil, pero deberán estar dispuestos.  En la misma ocasión Jesús dijo también: ““Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:27).  El ser discípulo de Jesús en aquellos momentos que él dijo estas palabras, corrían el riesgo de no ser entendidos por las autoridades religiosas y civiles, que corrían el riesgo de ser considerados como sediciosos, insurrectos, y por ello ser condenados a crucifixión como le hicieron a Jesús haciéndole por un momento cargar su cruz teniendo que ser ayudado por el benévolo Simón de Cirene.  Lo mismo podría pasarle al que quería ser su discípulo.  Momentos después con el mismo tenor, Jesús les dijo a los mismos oyentes: “… cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:33). Los que no tengan intereses personales que choquen con los requisitos de Jesús no tendrán problemas para aborrecer su propia vida.  Los que no tengan muchas posesiones no tendrán problemas si tienen que renunciar a lo poco que poseen, pero quienes lo tengan y no sepan administrarlo bien según las reglas del reino de Dios, tendrán problemas para poder ser discípulos.   Ese era el precio circunstancial que cada quien según su caso tenía que considerar si estaba dispuesto a pagar en el proceso de ser discípulo.  Y aquel precio circunstancial sigue vigente hasta el día de hoy.  Ser discípulo no es una decisión emocional pasajera o temporal, sino una decisión espiritual madura que tiene que ser sostenida de por vida.

  En nuestro texto para este mensaje basado en Mateo 10:34-39, también tenemos otras circunstancias que Jesús enfatiza que podrían ser el precio de ser su discípulo.   Los discípulos por primera vez estaban siendo comisionados para ir a distintos destinos a predicar el evangelio del reino de los cielos, que les estaba siendo enseñado por Jesús su Maestro, y muy pronto estarían enfrentando situaciones o circunstancias que quizá nunca se imaginaron enfrentar, y que pondría a prueba la veracidad de su discipulado.  Por eso, en el mensaje de hoy, voy a predicarles que un verdadero discípulo, podría pagar el precio circunstancial de su discipulado con experiencias involuntarias, indeseables, e inesperadas.  Es un precio circunstancial porque no es que Dios las esté cobrando, sino las condiciones que pueden ser desde personales hasta sociales o familiares que tengan atrapada a una persona, hacen que se vuelva un precio del ser discípulo.  Son experiencias involuntarias porque no es que uno las desee o quiera experimentar, sino que fuerzas externas a uno mismo hacen que indeseable e inesperadamente lleguen a ser nuestra experiencia. / Entonces, ¿cuáles podrían ser las experiencias involuntarias, indeseables, e inesperadas que una persona podría pagar como precio circunstancial de ser un verdadero discípulo?  / Basado en el texto bíblico de Mateo 10:34-39, les voy a compartir algunas de estas experiencias que Jesús explicó a sus doce discípulos justo cuando por primera vez los envió a predicar el evangelio del reino de los cielos.

.

   La primera experiencia involuntaria, indeseable, e inesperada que una persona podría pagar como precio circunstancial de ser un verdadero discípulo de Jesús, podría ser:

I.- EL SER RECHAZADO POR EL EVANGELIO QUE PROCLAMA.

   Según San Mateo, Jesús dijo: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada” (Mateo 10:34).  ¿A qué se estará refiriendo Jesús con la palabra espada? No se trata de una espada filosa de acero, la cual Jesús nunca usó durante toda su vida, ni jamás capacitó a alguien para que la usara.  Sin duda que fue una metáfora que él uso para referirse a la palabra de Dios que él había venido a revelar o en su caso reinterpretar mejor que como lo hacían los religiosos de su tiempo.  La palabra de Dios, desde que comenzó a revelarse a la humanidad, aun a los mismos de Israel su antiguo pueblo especial, nunca fue siempre palabras que halaguen a las personas, sino palabras que les confronte con su rebeldía y pecado, lo cual muchas veces rechazaban porque les incomodaba.  Aunque en el fondo, el mensaje de Jesús era realmente de paz para la vida espiritual, la gente no así lo recibiría.  Y el discípulo de Jesús que sabe que el evangelio que proclama es la palabra de Dios que transforma la vida de los que la oyen, la reciben y la ponen en acción, se sentirá de alguna manera dolido por el rechazo que la gente hace de la palabra de Dios.

   Amados hermanos, en nuestra comisión de ir y hacer discípulos, que de alguna manera no es nada difícil porque cuando uno va a hacer esa labor, automáticamente uno es auxiliado e investido por la gracia y el poder del Espíritu Santo para llevar a cabo de manera eficaz dicha labor, sin embargo, la gente que reacciona hostil hacia el evangelio, probablemente de paso despreciará incluso a quienes en nombre de Cristo vamos a llevarle el evangelio de la paz.  Es el evangelio de la paz, porque reconcilia al ser humano con Dios por medio de Cristo.  Pero, cuando la gente rechaza esa paz de Dios, incluso el discipulador se siente herido, despreciado, etc…  Es con respecto a esto que Jesús alerta a sus discípulos, de que en su labor de llevar el evangelio, podrían ser rechazados por la gente.  A usted mismo, le podrían cerrar la puerta, le podrían ofender por su fe.  Pero, no se desanime, es el precio de nuestro discipulado.  Tenemos que hacerlo.  En realidad, a quien desprecian no es a usted, sino a Jesucristo mismo.

.

   La segunda experiencia involuntaria, indeseable, e inesperada que una persona podría pagar como precio circunstancial de ser un verdadero discípulo de Jesús, podría ser:

II.- EL SER DESPRECIADO POR LOS PROPIOS FAMILIARES.

   Siguiendo Jesús con su explicación del mismo tenor de que él no trajo paz sino espada, añadió también: “… Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; / y los enemigos del hombre serán los de su casa” (Mateo 10:35-36).  Obviamente eran situaciones y reacciones que ellos iban a observar de la gente a quienes les estarían anunciando el evangelio del reino de Dios.  Quizá alguno de los primeros doce escogidos de Jesús para ser sus discípulos pasó por esta situación de parte de su propio padre o madre, de su propia esposa, o hasta de sus suegros, o quizá hasta de sus propios hijos o alguno de ellos.  Por causa de hacerse discípulo de Jesús, esta pudo haber sido una experiencia involuntaria, indeseable, e inesperada de alguno de ellos, pues las biografías que tenemos en los evangelios, solamente son de algunos de ellos, y las que hay no son realmente biografías completas.  Pero, en su ministerio de hacer discípulos, ellos serían testigos de que tales reacciones serían frecuentes cuando personas que acepten el evangelio de Jesús, sean por ello, menospreciadas por sus propias familias.

   Amados hermanos, en nuestra experiencia personal, si alguna vez no contamos con el apoyo de algún familiar que comprenda el por qué aceptamos ser discípulo de Jesús, es probable que sí entendemos que no es nada fácil, porque se trata de nuestra propia familia; pero como decidimos que queremos ser firmes en nuestra decisión de seguir a Cristo, entonces, una y otra vez cuando nos recuerden su desacuerdo nos sentiremos lastimados y heridos por sus palabras, pero sin duda que la gracia de Dios fortalecerá nuestra capacidad de soportar todo desprecio y menosprecio de parte de ellos.  El problema real no la tendríamos nosotros los creyentes, sino ellos que para empezar no están de acuerdo con Dios, y que luego no encuentran que la vida cristiana tenga sentido para ellos porque les incomoda dejar de vivir sin Cristo y sin Dios en sus corazones.  Prefieren vivir alejados de Dios para hacer y deshacer de su vida como ellos quieran, y de paso perjudicar al que deberían considerar como su ser querido.  No se sorprenda usted estimado hermano o hermana, si alguna vez usted tiene que enfrentar una circunstancia de este tipo.  Será el precio circunstancial que uno tiene que pagar por ser discípulo de Jesús, discipulado que más vale la pena que cualquier otra cosa de esta vida terrenal.  Jesús tenía razón que cuando uno acepta y se compromete a ser discípulo de Jesús, en algunos casos (porque no así les acontece a todos): “los enemigos del hombre serán los de su casa”.

.

   La tercera experiencia involuntaria, indeseable, e inesperada que una persona podría pagar como precio circunstancial de ser un verdadero discípulo de Jesús, podría ser:

III.- EL RECLAMO DE MÁS AMOR A LA FAMILIA EN VEZ DE AMAR A JESÚS.

    Durante la instrucción de Jesús a sus discípulos que estaban a punto de salir para su primera misión de hacer discípulos, también les dijo: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” (Mateo 10:37).  Quizá los doce que estaban escuchando estas palabras, ya entendían en experiencia propia que el discipulado con Jesús es altamente radical, y es tal cual como tenían que predicar el evangelio del reino de Dios, con la misma radicalidad de no amar más ni a papá ni a mamá, pero tenían que saber que el evangelio de Jesucristo no tiene descuentos para nadie en particular.  Jesús, siempre sería el personaje que debería recibir más amor aun sobre la familia misma, lo cual no quiere decir que tenemos que descuidar a la familia.  Jesús es clarísimo al decir: “El que ama a padre o madre más que a mí”, y luego es igual de clarísimo cuando lo aplica con el mismo sentido, pero en esta ocasión enfocado a los hijos diciendo: “el que ama a hijo o hija más que a mí”, y en ambos casos concluye enfatizando: “no es digno de mí”.  Si incluye a los padres, y a los hijos, sin duda que no excluye al cónyuge de uno mismo.  Es totalmente clarísimo que Jesús está indicando que el amor que un verdadero discípulo debe tener hacia Jesús no debe ser menor que el amor que uno tiene aún para con su propia familia, sino que dicho amor para él tiene que ser mayor.

   Amados hermanos, si un día nuestros padres, o nuestro cónyuge, o nuestros hijos, por amar más a Jesús como se lo merece, nos reclaman que ellos quieren que ya no seamos discípulos de Jesús para que ellos sean el centro de nuestra vida y afecto, entonces ha llegado el momento de pagar el precio circunstancial.  Sufriremos en el fondo de nuestra alma, tal incomprensión.  Pero, como cristianos no podemos dejar de amar al máximo sobre todas las cosas a Cristo Jesús.  Desde luego que no nos sentiremos cómodos con sus exigencias, porque ya hemos entendido la importancia de amar a Jesucristo más que a ellos mismos, y eso no es injusto.  No es nuestra culpa si ellos no quieren nada redentor con Jesucristo. Pero, todo el furor de sus vidas contrarias a la nuestra en sus maneras de ver la vida y la fe en Dios, se volcarán sobre nosotros para intentar debilitar nuestra fe y obediencia a Jesucristo y su evangelio.  Pero, como discípulos fieles y verdaderos, eso nunca ocurrirá.  Quizá tenemos que esforzarnos a demostrarles más amor, más tiempo, y más de otras cosas, pero nunca más que el amor que debemos expresar a Jesucristo.  Dios, bajo esas circunstancias nos capacitará para ser más atentos con la familia.  Él aprovechará la circunstancia para hacernos mejores hijos, mejores cónyuges, y mejores padres, con el objetivo de hacer más fácil y probable que nuestra propia familia termine también entregando su vida a Jesucristo.  Pero, si ellos nunca llegasen a rendir sus vidas a Jesucristo, entonces, Dios nos habrá capacitado para amarles también a ellos, sin duda como también se lo merecen.  Ser discípulo, no siempre será fácil, pero siempre seremos capacitados para ser fieles y verdaderos, y responsables con nuestra familia.

.

   OBSERVACIÓN ADICIONAL: Nuestro texto bíblico en palabras de Jesús, añade otros precios que conlleva el ser discípulo de él.  Por ejemplo, el versículo 38 habla de precio de tomar la cruz, y el versículo 39 habla del perder la vida por causa de Jesús; pero acerca de esto ya lo he predicado en otra ocasión, por lo que hoy solamente les hablaré de estas tres experiencias que podrían ser el precio circunstancial que más de alguno de nosotros nos veremos en necesidad de pagar con nuestra experiencia.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ser discípulos de Jesús, es un gran privilegio que reclama una gran responsabilidad, el nunca dejar de serlo bajo ninguna circunstancia.  Ese es el alto precio a pagar, no con dinero, sino con la experiencia. Si usted llega a ser rechazado por proclamar el evangelio de Jesucristo, no deje de ser por ello un discípulo fiel de Jesucristo.  Si su propia familia le desprecia por ser discípulo de Jesucristo, no deje usted por ello, el discípulo que Dios le ha llamado a ser.   Si alguien de su familia le exige abandonar su discipulado en Jesús, para centrar toda su atención en su familia, no por ello deje usted de ser discípulo.  Sea usted fiel a Jesús, y él hará lo que corresponde para hacerle libre de semejantes circunstancias, condiciones, y amenazas.

   Que Dios nos ayude a ser discípulos de su Hijo, y si tenemos que pagar el precio circunstancial por ser su discípulo, que él nos haga capaces de pagar el precio.

Abr 22

LA EVANGELIZACIÓN ES UNA TAREA URGENTE, Por: Diego Teh.

LA EVANGELIZACIÓN ES UNA TAREA URGENTE

Juan 4:7-15, 27-42.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 22 de abril 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

.

Este bosquejo corresponde al sermón # 03 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

.

   INTRODUCCIÓN: Todos sabemos cuándo estamos frente a una urgencia. En nuestra vida cotidiana, sabemos cómo resolver las urgencias. Por ejemplo, si usted compra comida y sabe que la cocina cierra a las 2:00 pm, pero alguna vez estando usted concentrado en su trabajo, de repente se da cuenta que ya son la 1:50 pm, y solamente le quedan 10 minutos para llegar a comprar la comida si acaso no se gastó el menú del día.  Entonces, usted toma la decisión de suspender lo que está haciendo, y sale de prisa para intentar llegar a comprar su comida antes de que cierren.  Quizá también alguna vez, se nos ha enfermado algún familiar que evidentemente su vida está en peligro, por lo que, en ese caso, sabemos que inmediatamente tenemos que llevarlo al servicio médico, o llamar una ambulancia para que le traslade al servicio de urgencias del hospital más cercano.  Sabemos responder a las urgencias.  En la Biblia, especialmente en los evangelios, se nos dice, y observamos y analizamos, que hay una realidad llamada pecado, que tiene en seguridad de condenación eterna a todos los seres humanos que no se arrepienten de pecar y que no creen en el evangelio de Jesús.  Sin embargo, Dios ha previsto que quienes se arrepientan y crean en el evangelio, se salvan de tal condenación eterna.  En esta cuestión de la condenación y existiendo el medio para salvarse de ello, surge la urgencia de ayudar a las personas a salvarse de la condenación. ¿Cómo? Solamente mediante la predicación del evangelio de Jesús.

   En nuestra historia bíblica, encontramos a Jesús llevando su evangelio a una mujer que no encontraba sentido a su existencia, y que al igual que todo ser humano también estaba en peligro de la condenación eterna.  Pues, por destino divino, Jesús la encuentra junto a un pozo en la salida/entrada del pueblo, y le presenta la gracia de su evangelio diciéndole: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva” (Juan 4:10).  Y de esto habló con ella durante largo tiempo.  Eso, generó en sus discípulos una preocupación del por qué Jesús no dejaba de platicar con ella, para reunirse a comer con sus discípulos quienes desde poco después del medio día ya habían comprado el almuerzo, y ahora ya era demasiado tarde, y sus discípulos con hambre por esperarle a él mientras platica con ella.  En cuanto él se desocupó por un rato, tuvo una conversación con sus discípulos para aclararles que hay cosas espirituales altamente urgentes como el comunicar el evangelio a la gente que está al borde de perderse la única oportunidad de salvación de la condenación eterna.

   Por eso, voy a predicarles en este momento que: La conversación de Jesús primero con la samaritana, y luego con los discípulos de él, mientras la mujer samaritana fue a avisar a sus vecinos que ella había encontrado al Mesías, contiene elementos que indican que la evangelización es una tarea urgente. / ¿Cuáles son los elementos en las conversaciones de Jesús con la samaritana, y con los discípulos de él, que indican que la evangelización es una tarea urgente? / Observemos atentamente la narración de estas conversaciones y descubramos dichos elementos.

.

   El primer elemento en la conversación de Jesús con la samaritana que indica que la evangelización es una tarea urgente, es:

I.- SU OFRECIMIENTO DEL AGUA VIVA HASTA SER ACEPTADO.

   Como sabemos por la narración, Jesús por haber caminado varios kilómetros, y por causa del calor del sol en pleno medio día, realmente tenía sed de agua H2O, por lo que aprovechó sin pretexto pedírsela a aquella mujer de Sicar que estaba sacando agua del pozo.  Sin embargo, él era portador de un agua con una formula distinta al H2O, que él describe como “el don de Dios” y como “agua viva” (Juan 4:10).  Al respecto de esta agua y de él mismo, le dice a aquella mujer: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva” (Juan 4:10).  Después de este ofrecimiento de Jesús, la samaritana tuvo una serie de dudas que le planteó a Jesús diciéndole: “Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? /  ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?” (Juan 4:11,12).  Esta conversación en la que Jesús le dio sus respuestas indicándole que tiene beneficio “para vida eterna” (Juan 4:14), debió haberles llevado mucho tiempo, pero finalmente aquella mujer, aceptó el ofrecimiento de Jesús, diciéndole: “Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla” (Juan 4:14).

   Lo que podemos observar en este acercamiento de Jesús a esta mujer que no le había ido nada bien en la vida, especialmente en el amor o en el matrimonio, es que Jesús le ofreció el mensaje de solución no solamente para una mejor vida familiar, lo cual tanto lo necesitaba aquella pobre mujer, sino principalmente también “para vida eterna” (cf. Juan 4:14).  Ella no tenía manera de tener vida eterna, porque no había creído y aceptado para su vida el evangelio de Dios que Jesús le estaba dando a conocer y experimentar.  Lo que ella seguramente sí sabía es que todo ser humano que es pecador, y ella está en esta categoría, es que lo único que le era seguro, además de toda la miserable historia de su vida, era la “muerte eterna” también conocida en la Biblia como “condenación eterna”.  Pero, Jesús, predicándole o anunciándole su evangelio, le ofreció, explicó, y esperó que ella tomara la mejor decisión que nunca antes en su vida había tenido la oportunidad de decidir.  Jesús le argumentó lo necesario, y le insistió acerca del poder de su “agua viva”, hasta que ella pidió el “agua viva”, que libra de la muerte eterna y a cambio da “vida eterna” (cf. Juan 4:14).

   Como aquella samaritana, así es la condición de la mayoría de los seres humanos, pues solamente es una mínima parte de la humanidad la que ha pedido o aceptado el “agua viva” […] “para vida eterna” (Juan 4:10, 14).  Como se puede deducir, la mayoría de las personas están viviendo bajo el miserable poder del pecado, y solamente están esperando el momento de enfrentar inevitablemente la condenación eterna.  Jesús consideró que ofrecer el evangelio vivo “para vida eterna”, no solamente a la samaritana, sino a toda persona y multitud a quien tuvo la oportunidad de hablarle, era una tarea urgente que, de no hacerlo el día en turno, mañana o al rato, es probable que tal persona ya esté en el lugar de la condenación eterna sin posibilidad de retorno o cambio de destino “para vida eterna”.  Lo mismo de aquellos tiempos de Jesús, sigue siendo cierto en la actualidad, que la gente que desconoce y no ha aceptado el evangelio de Dios está siempre a unos instantes de entrar a la dimensión eterna de la condenación, a menos que acepten el evangelio de Dios para sus vidas.

.

   El segundo elemento en la conversación de Jesús con sus discípulos que indica que la evangelización es una tarea urgente, es:

II.- SU RESPUESTA DE PREFERIR EVANGELIZAR ANTES QUE COMER.

   Fue al medio día calurosísimo cuando Jesús y sus discípulos llegaron en la entrada/salida de la pequeña ciudad de Sicar de Samaria.  Jesús se quedó a descansar junto al pozo que allí se encontraba, y sus discípulos fueron a comprar comida.  Me imagino que no fue nada rápido conseguir la comida, y el tiempo iba transcurriendo.  Mientras los discípulos fueron a algún lugar de la ciudad a comprar la comida, Jesús entabló una sublime conversación con la samaritana de la que ya les he hablado en el punto anterior.  También ya les he mencionado que ella quedó inicialmente impresionada por el ofrecimiento de Jesús, de un “agua viva” distinta al H2O que ella conocía.  También les he mencionado que las dudas que ella le planteó a Jesús, y las preguntas que ella le hizo, propiciaron una larga conversación, que desenlazaría con aceptar ella para su vida, el beneficio eterno, así como los beneficios actuales de dicha “agua viva”.

   Aquella larga conversación, hizo que el tiempo transcurriera, y los discípulos de Jesús regresaron de su compra con la comida seguramente todavía calientita para comer en grupo.  Pero, aquella tarde, que sin duda ya era bastante tarde, la comida pasó de calientita a tibia, y de tibia a fría, antes de ser comida, pues San Juan relata primero de Jesús que En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?” (Juan 4:27), pero momentos después “los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come” (Juan 4:31).  Pero, lo que más sorprende es la respuesta que Jesús les da a sus discípulos: “Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis” (Juan 4:32), afirmación que inmediatamente les aclaró diciéndoles: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34).  Por supuesto que esa misma tarde Jesús no iba a acabar la obra que su Padre celestial le había encomendado. Mucho menos, si solamente estaba evangelizando a una sola mujer; sin embargo, lo que Jesús estaba resaltando es que había una urgencia de entregar su evangelio en el corazón de las personas tan necesitadas de la mejor buena noticia divina que jamás hayan escuchado y experimentado.  En este caso, inicialmente se trataba de una sola mujer que necesitaba el evangelio de Dios en su corazón y experiencia, por lo que para Jesús hablarle a ella, aunque sea sola ella, en aquel momento al parecer más apropiado para comer que para evangelizar, era más urgente evangelizarla que comer la rica y calientita comida disponible para él y sus discípulos.

  Finalmente, por la gente que vino de la ciudad de Sicar hasta el pozo en la entrada de la ciudad, y que Jesús tuvo que hablarles a todas ellos, seguramente que se fue la tarde, y Jesús ni siquiera pudo comer aquella tarde.  Esto habla de la prioridad que Jesús tenía de evangelizar siempre con sentido de urgencia, prefiriendo primero evangelizar haciendo así la voluntad de su Padre celestial, que sentarse a disfrutar un sabroso plato de comida, mientras junto a él hay personas que tienen profundas necesidades espirituales y que están sin “vida eterna” yendo directo a la condenación eterna sin otra opción.  En muchas ocasiones de nuestra responsabilidad de anunciar el mismo evangelio que Jesús anunciaba, tenemos que aplicar este principio: Primero evangelizar, y después comer o pasear.

.

   El tercer elemento en la conversación de Jesús con sus discípulos que indica que la evangelización es una tarea urgente, es:

III.- SU EXPLICACIÓN QUE LOS CAMPOS YA ESTÁN BLANCOS PARA LA SIEGA.

   Mientras Jesús conversaba con sus discípulos acerca de la urgencia de evangelizar prefiriendo evangelizar antes que comer, la samaritana que había ido de regreso a la ciudad, regresaba ahora con una gran cantidad de personas que se podían ver desde lejos, desde el pozo donde Jesús y sus discípulos se encontraban. Mientras ellos veían a la gente venir de la ciudad hacia ellos, Jesús les dice: ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:35).  Aquí Jesús, literalmente se estaba refiriendo a la cosecha del trigo que en verdad todavía no era la temporada sino hasta dentro de cuatro meses cuando las espigas de los trigales ya listos para ser cosechados se distinguían por su color blanco, que daban una preciosa vista panorámica saturada de blancura en todos los campos donde el trigo ya estaba listo para cosecharse.

   Pero, en esa misma expresión, Jesús, refiriéndose a la multitud de personas que él y sus discípulos podían mirar a lo lejos viniendo hacia ellos, y a quienes Jesús en un momento más les ofrecería su evangelio, veía en ellos a personas que al igual que la samaritana tenían grandes y profundas necesidades espirituales, que les harían receptivos a su evangelio, y que estas personas no esperarían cuatro ni menos meses para creer en el evangelio de Jesús, porque les urge una solución para su vida cotidiana y para la eternidad.  Ese era el momento de la cosecha de almas para el evangelio del reino de Dios.  Es a esta situación de necesidad espiritual de aquellas gentes que les hizo venir a escuchar a Jesús, necesidad que Jesús identifica como “los campos […] blancos (o sea, listos en ese momento) para la siega”.  Son las gentes que no pueden esperar más tiempo porque anhelan con urgencia la mejor solución para sus vidas. Los mismos discípulos de Jesús fueron testigos de que “muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él” (Juan 4:39), y “los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. / Y creyeron muchos más por la palabra de él” (Juan 4:40, 41).  Tenía razón Jesús, que era urgente hablarles del evangelio a todas aquellas personas.

   Así entonces, con la explicación de “los campos […] blancos para la siega”, Jesús estaba recalcándoles a sus discípulos que aunque hay un sinfín de personas con un corazón duro, incrédulo, y arisco al evangelio, también hay muchas personas a quienes con urgencia hay que hablarles del evangelio, o sea, de la buena noticia de que Dios tiene una solución eficaz para sus vidas en la actualidad y para la eternidad, porque estas personas responderán con fe sincera y real al evangelio divino, y así tendrán un cambio sublime en sus vidas.

.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en nuestro entorno también hay urgencia de anunciar el evangelio a la abundante cantidad de personas que tienen una profunda necesidad espiritual que solo el evangelio que conocemos puede solucionarles. Mucha, pero mucha gente está yendo camino a la condenación eterna, sin saber todavía que el evangelio, “el don de Dios”, el “agua viva” (Juan 4:10), les puede orientar a creer en Jesús para que su destino no sea la condenación eterna sino la “vida eterna” (cf. Juan 4:14). Por eso concluyo, enfatizando que: LA EVANGELIZACIÓN ES UNA TAREA URGENTE, pues por eso Jesús ofrecía su “agua viva”; por eso Jesús cuando era necesario, prefería evangelizar y dejar la comida u otras cosas para un rato después; y por eso Jesús, explicó que hay mucha gente lista para creer como cuando el trigo está listo para cosechar, a quienes con urgencia hay que presentarles el evangelio como Jesús lo hizo con aquellos sicaritas de Samaria.  Evangelicemos con sentido de urgencia.

Abr 08

LLAMADOS A PREDICAR EN NUESTRO ENTORNO, Por: Diego Teh.

LLAMADOS A PREDICAR EN NUESTRO ENTORNO.

Mateo 28:19-20; Hechos 1:1-8; 18:1,11.

.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el domingo, 08 de abril 2018, a las 18:00 horas.

.

   INTRODUCCIÓN: En la predicación: LLAMADOS CON UN PROPÓSITO: ¡PREDICAR!, hice todo lo posible de dejar claro que predicar es un don especial pero no es un don especial que solamente es dado a unos cuántos creyentes escogidos, sino que es un don y responsabilidad por medio de mandamiento que Dios da a todos los que han creído y aceptado ser discípulos de Jesús. Todos los creyentes, somos predicadores del evangelio, o sea que todos podemos anunciar o proclamar el evangelio.  Si entendemos qué es anunciar o proclamar, ¿verdad?  En tiempos de los griegos y de los romanos, había oficiales encargados de anunciar o proclamar la voluntad de las autoridades civiles.  Eran los heraldos, que cuando llegaban a una ciudad o aldea, convocaban a todos los habitantes, y cuando estos se reunían, los heraldos les anunciaban o proclamaban a viva voz lo que les fue enviado a decir.  Eso era predicar.  Aquellos heraldos eran predicadores, aunque no del evangelio, pues predicar era simplemente anunciar al aire libre.  Esto mismo es lo que los discípulos tendrían que hacer, y así lo hicieron.

   En la misma predicación, también expliqué, que predicar, en su sentido original tal como Jesús mandó a los discípulos cuando les dijo: “Id por todo el mundo y predicad…” (Marcos 16:15), no significa que fueron enviados a conseguir púlpitos vacantes en las sinagogas o en el templo de Jerusalén, sino que fueron enviados para ir de aldea en aldea, de ciudad en ciudad a reunir personas en cualquier sitio para anunciarles que ahora había una buena noticia, el evangelio de Jesús.  Esto es lo que también nosotros debemos hacer: Anunciar el evangelio.  Pero, ¿dónde? ¿aquí detrás de este púlpito, frente a los que somos creyentes?

   En esta predicación, me enfocaré en especificar ¿dónde nos toca predicar el evangelio? Usando tres textos bíblicos: 1).- el de la Gran comisión según San Mateo, en Mateo 28:19,20; 2).- el de la Gran Comisión según San Lucas, en Hechos 1:1-8; y 3).- el del caso según San Lucas, de los inicios de la iglesia en Corinto, en Hechos 18:1-11; voy a explicarles dónde ahora nos corresponde predicar el evangelio.  De manera específica hoy les expondré que: la predicación del evangelio, según las indicaciones de Jesús debe hacerse primeramente en nuestro entorno. / ¿Cuáles son las indicaciones de Jesús de que la predicación del evangelio debe hacerse primeramente en nuestro entorno? / En esta predicación, les compartiré tres indicaciones de Jesús que dejan bien claro que la predicación de su evangelio debe hacerse primeramente en nuestro entorno.

.

   La primera indicación de Jesús de que la predicación del evangelio debe hacerse primeramente en nuestro entorno es:

I.- LA INDICACIÓN DE IR “A TODAS LAS NACIONES”.

   En la versión de San Marcos, la gran comisión consiste en “Id, por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).  San Mateo en su versión comienza diciendo que Jesús en su gran comisión dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos”.  En estas dos versiones no hay ninguna contradicción.  Esto de hacer discípulos obviamente tiene que hacerse habiendo primeramente predicado el evangelio.  Pero, Jesús, en la versión de Mateo, inmediatamente complementa su comisión enfatizando que este ir a hacer discípulos que requiere de predicación y predicadores, deberá ser: “a todas las naciones” (Mateo 28:19).

   ¿Dónde están todas esas naciones a las que Jesús se refiere en su gran comisión?  En el idioma griego, la frase utilizada por Jesús es “????? ?? ????” (Panta ta ethne), lo cual, aunque usted no sea un experto en ese idioma usted puede distinguir la mención de “ethne” de donde proviene la palabra “etnia”, por lo que, en su comisión Jesús no estaba hablando de ir primeramente a todos los países del mundo. Sí, hay que ir a todas las etnias, pero las etnias están entre nosotros, sin que tengamos que pensar que no tenemos recursos para ir al extranjero.  Una etnia, es un “conjunto de personas que pertenece a una misma raza y, generalmente, a una misma comunidad lingüística y cultural”. Así, nos damos cuenta que “las naciones” a las que Jesús se refirió, aunque es verdad que también están en países extranjeros, y hasta en todos los continentes, sin embargo, lo evidente es que estas naciones (etnias) están en esta misma ciudad donde vivimos.

   Estimado hermano, solamente piense en la multitud de personas que en nuestra ciudad y sus colonias hablan la lengua maya y que casi nadie va a predicarles, piensa en la cantidad de choles, tzeltales, tojolabales, zapotecos, y de otras etnias que están en las mismas colonias donde cada uno de nosotros vivimos.  Aunque hay personas a quienes Dios llama para consagrar su vida para ir a otros estados, a otras ciudades de la república y a otros países del mundo para predicar el evangelio, la prioridad para la gran mayoría de nosotros es predicar aquí en el centro, en las colonias y en las comisarías de esta ciudad donde vivimos.  Aquí entre nosotros están “las naciones”, las “ethne” a quienes Jesús nos envía.  No solamente uno debe predicar detrás del púlpito cada semana, sino que todos debemos predicar más allá de este templo.

.

   La segunda indicación de Jesús de que la predicación del evangelio debe hacerse primeramente en nuestro entorno es:

II.- LA INDICACIÓN DE INICIAR “EN JERUSALÉN”.

   En la versión de la gran comisión que San Lucas presenta en su historia de los Hechos de los Apóstoles, nos dice que cuando Jesús estaba a punto de ascender a los cielos a su Padre celestial, les dijo: me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).  No les mandó a comenzar primero en “naciones” extranjeras, ni siquiera en otro de los estados o provincias vecinas de todo Israel, sino “en Jerusalén”, la ciudad más cercana en la que se encontraban en aquellos momentos donde Jesús ascendió a los cielos; la ciudad donde ocurrieron la crucifixión y resurrección de Jesús, los eventos cruciales de la redención.  No podían comenzar en Galilea, Iturea, Decápolis, o Perea, y ni siquiera en Samaria, su anunció o proclamación del evangelio de Jesús en modalidad de testimonio por aquellos discípulos que fueron testigos no solo de la muerte de Jesús sino también de su resurrección.  Tenían que comenzar “en Jerusalén”.  Ese era el entorno inmediato que se tenía que cubrir con el evangelio.

  Obviamente, tenían que avanzar más allá de Jerusalén, pero lo harían primero en las demás ciudades y aldeas de la misma provincia o estado, porque después de que les fue dicho que comenzaran en Jerusalén, les fue dicho que siguieran “en toda Judea”.  No podían después de la ciudad de Jerusalén, saltarse las demás ciudades y aldeas de Judea, para irse directo a Galilea, Iturea, Decápolis, o Perea, y ni siquiera a Samaria que era la provincia contigua.  El evangelio, debería primeramente saturar el entorno de la ciudad de Jerusalén, antes de dar el paso de ir a lugares más lejanos.  Y si había de salir de la provincia no era para ir directo a otras naciones extranjeras sino en la provincia siguiente: “en Samaria”, que también tenía sus propias ciudades y aldeas, que también tenían que ser saturadas con el evangelio. Luego, había que ir a las otras provincias que, aunque no son nombradas en el texto bíblico, se sobre entiende que Jesús les estaba indicando la estrategia de avance progresivo.  Después de Samaria, podían ir a las provincias de Perea al suroeste, Decápolis al oeste, Galilea al norte, e Iturea al noroeste.  Pero no fueron enviados primero al extranjero, ni al sur de Judá donde estaba Idumea, ni al norte de Galilea donde estaba Fenicia, ni al norte de Iturea donde estaba Golán; pues solo hasta después de saturar con el evangelio, el entorno a donde se iban esparciendo, entonces ser irían “hasta lo último de la tierra”, conquistando todas las ciudades y naciones extranjeras que están en la ruta.

   Amados hermanos, esta instrucción de Jesús nos indica la necesidad e importancia de predicar el evangelio para hacer discípulos, primeramente, en nuestro entorno.  Es aquí donde Dios ha querido que vivamos, que ahora tenemos que anunciar el evangelio de Jesús.

.

   La tercera indicación de Jesús de que la predicación del evangelio debe hacerse primeramente en nuestro entorno es:

III.- LA INDICACIÓN DE PERMANCER “EN ESTA CIUDAD”.

   Ahora, pasamos a observar la historia que san Lucas nos narra en la ocasión cuando fue fundada y establecida la iglesia de Corinto.  El apóstol Pablo llega a esta ciudad, y dice la historia que: “…discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos” (Hechos 18:4), y que: “estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo. / Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles” (Hechos 18:5,6).  El apóstol no veía esperanza de que el evangelio fuese aceptado en aquella ciudad, por lo que hizo planes de irse. Mientras llegaba el tiempo de irse, al parecer se hospedó en la casa de un hombre llamado Justo que vivía al lado de la Sinagoga. En ese tiempo, uno de los líderes de la Sinagoga, que se llamaba Crispo, “el principal de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa; y muchos de los corintios, oyendo, creían y eran bautizados” (Hechos 18:8).  Esto suele suceder.  Cuando parece que nadie creerá, de repente cree el primero, luego el segundo, luego otros, y luego más, y entonces surge una explosión de conversiones.  Pero, quizá el apóstol Pablo pensó: solo por una familia no me voy a quedar, ya les dije que me voy, y me voy.

   Pero, una noche mientras el apóstol Pablo se mantenía en su decisión de irse de la ciudad de Corinto, dice la historia: “Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles; / porque yo estoy contigo, y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal …”, pero vean ustedes cómo termina la indicación del Señor Jesús al apóstol: “… porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad” (Hechos 18:9, 10).  Y luego la historia dice de Pablo: “Y se detuvo allí un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios” (Hechos 18:11).  Aun cuando parece que en cierto lugar no hay esperanza de resultados en conversiones hacia la predicación del evangelio, Jesús indica que el paso a seguir no es ir tan pronto a otro lugar, sino hay que permanecer en el lugar donde uno ha sido enviado y puesto por Dios para vivir y predicar, porque es en ese entorno donde Jesús tiene pueblo escogido que va a convertirse a él.  En este caso, el Señor Jesús, no quiso que Pablo se fuera a otro lugar, por lo menos, no en los siguientes año y medio, sino que fue Jesús mismo quien quiso e hizo que el apóstol se quede a predicar donde él había llegado a vivir.

   Amados hermanos, en nuestro entorno, Jesús nuestro Señor y Salvador siempre tiene pueblo que ha de creer y servirle.  A nosotros nos corresponde ir a predicarles su evangelio, por ahora, no en otro continente, no en otro país, no en otro estado, no en otra ciudad, sino aquí en nuestro entorno; en nuestro centro histórico, y en nuestras colonias.  Esos son los lugares donde nosotros debemos ir a predicar el evangelio para entonces hacer más discípulos, porque sin temor a equivocarme, Jesús tiene, al igual que lo tuvo en Corinto: “mucho pueblo en esta ciudad”.

.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, todas las instrucciones de Jesús apuntan que debemos predicar el evangelio primeramente en nuestro entorno.  Su indicación de ir “a todas las naciones” (Mateo 28:19); su indicación de ser testigos “en Jerusalén, toda Judea, Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8); y su indicación a Pablo en Corinto cuando le dijo: “… porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad” (Hechos 18:9, 10); son claros indicadores que antes de pensar en ir tan lejos, aquí mismo es donde tenemos que predicar el evangelio.  Somos llamados a predicar no solamente a nosotros mismos solamente en nuestros templos, sino tenemos que ir a reunir personas en todas las colonias de nuestra ciudad, en las comisarías, en otros pueblos, etc… para anunciarles que hay una buena noticia: “Que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (Cf. 1 Timoteo 1:15).