Feb 04

LA DISCIPLINA DE LA PUREZA, Por: Diego Teh.

LA DISCIPLINA DE LA PUREZA

2 Samuel 11:1-27.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 4 de febrero 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

Este bosquejo corresponde al sermón # 02 de la serie: LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO. Puede dividirse para dos o tres predicaciones.

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   INTRODUCCIÓN: El sermón de este momento fue preparado especialmente para varones, sin embargo, cada enseñanza también tiene aplicación para mujeres. Así que cada quien aplíquelo a su vida personal.  Este mensaje tiene que ver con la pureza que especialmente los varones cristianos deben tener.  Comenzaré presentándoles una estadística. Una revista cristiana en los Estados Unidos que se llama Christianity Today (Cristianismo hoy), hizo una encuesta entre mil de sus suscriptores en el que descubrió que el 23% dijo que había tenido relaciones sexuales extramaritales y el 45% indicó que habían hecho algo que ellos consideraban sexualmente impropio. Es decir, unos de cada cuatro hombres cristianos eran infieles y casi la mitad de ellos se han comportado indecorosamente. Pero esta encuesta fue hecha solo a líderes cristianos que son los suscriptores comunes de la revista. La cifra debe ser mayor si se toma en cuenta a los que no son líderes de iglesia.  Por otra parte, aunque esta cifra es de los Estados Unidos, y de hace varios años, no es tan diferente entre nosotros, pues mientras seamos pecadores, la infidelidad e impureza sexual es una tentación que alcanza a líderes cristianos y pero también a creyentes en general.  Por eso, es importante para nosotros especialmente los varones de esta iglesia/congregación que nos ocupemos en los cuidados necesarios para mantenernos en la pureza necesaria y digna de un hijo de Dios.

   Por eso, en este mensaje basado en la Sagrada Escritura, voy a predicarles que un hijo de Dios pone en práctica todos los recursos necesarios para mantenerse en pureza. / ¿Cuáles son los recursos necesarios que un hijo de Dios debe poner en práctica para mantenerse en pureza? / En este mensaje les compartiré una lista de tales recursos.

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   El primer recurso necesario que un hijo de Dios debe poner en práctica para mantenerse en pureza, es:

I.- RENDIR CUENTAS A ALGUIEN ACERCA DE SU VIDA MORAL.

   Es importante observar que David no tomó en cuenta el consejo de los hombres que “le dijeron: Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo” (cf. 2 Samuel 11:3). En ese momento, él ya estaba en tentación, pero no tomó en cuenta la información de aquellos hombres.  Tampoco buscó el consejo de nadie, porque evidentemente no quería mantenerse en pureza.  Una persona cristiana que prefiere ser puro antes que impuro, se hace de responsable de buscar consejo y rendir cuentas[1] de manera sincera a otra persona que le pueda orientar con la palabra de Dios para mantener su alma fiel a Dios.

   En el caso de David, que estaba rodeado de muchas personas, por no tener él a una persona de su digna confianza para rendirle cuentas, no tuvo a alguien que le dijera: –David, ¿Por qué te quedas aquí, tu lugar es con tu ejército en el campo de batalla?  No tuvo quien le dijera: –David, porque duermes de día cuando deberías estar trabajando en lugar de pereceando en tu cama.  No tuvo quien le dijera: –David, no se supone que debas estar mirando a una mujer bañándose, eso es algo inmundo, impuro y estas pecando contra Dios. Ni siquiera tendrías que interesarte por quien es ella. No tuvo quien le dijera: –David no iremos a traerla, no participaremos de tu pecado. Lo que estas a punto de cometer David, es pecado de adulterio. Estas traicionando primero a Dios y luego a uno de tus mejores hombres.   No tuvo quien le dijera: –David saca a esa mujer de allí, ella no es tu esposa. Es adulterio lo que estás cometiendo. Nadie tocó a su puerta para evitar que cometiera ese gran pecado. Nadie hizo nada, nadie dijo nada. Fueron amigos pasivos, pero en parte porque él no tenía entre ellos personas a quién rendirle cuentas.  Se sentía con toda libertad de hacer lo que quisiera.

   Amados hermanos, todos necesitamos a alguien para buscar consejo y rendirle cuentas especialmente con las tentaciones que uno enfrenta en la vida.  Pero, qué mejor si es su cónyuge la persona a quien usted le pueda exponer sus tentaciones inmorales y rendirle cuentas de sus decisiones que va a tomar o que haya tomado con respecto a esas situaciones incómodas de tentación. Si optamos por personas ajenas al cónyuge, estas personas que debemos escoger deben ser cristianas, pues son las más preparadas para orientarnos con la palabra de Dios.  El apóstol Pablo, comparando la iglesia con el cuerpo dijo que: “Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros” (1 Corintios 12:24,25). Eso es lo que otros cristianos maduros y con buena fe están dispuestos a hacer por usted.  Sin embargo, buscar consejo y rendir cuentas no es suficiente, pero es un elemento que ayudará bastante a cualquiera de nosotros.

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   El segundo recurso necesario que un hijo de Dios debe poner en práctica para mantenerse en pureza, es:

II.- ORAR ESPECÍFICAMENTE POR LA PUREZA PERSONAL.

   Primero, les voy a relatar que dos hombres estaban pescando en un arroyo cuando se dieron cuenta que el puente cercano se estaba derrumbando poco a poco. Cada vez que un auto pasaba sobre él una pieza del puente caía al agua y el puente entero temblaba se debilitaba peligrosamente. Finalmente, después que un gran camión paso sobre él, la parte del medio del puente se derrumbó tras él, justo en la mitad. Si un auto entraba de nuevo al puente le sería imposible ver el lugar del derrumbe. Los dos pescadores se percataron del peligro y sabían que si un auto entraba al puente por cualquiera de los dos extremos no iba a poder ver el peligro sino hasta que fuera demasiado tarde, el puente entero colapsaría y el auto se precipitaría al río. Era una situación con riesgo de muerte o heridas serias. Uno de los pescadores le dijo a su amigo: – ¡Tenemos que hacer algo! ¿Qué seria aquella cosa que un cristiano haría? – pregunto el otro. (Creo que lo mejor que ellos deberían hacer, es avisar a los que están conduciendo rumbo al puente, o poner algunas barreras para impedir el paso; sin embargo no fue esta la gran idea que tuvo el pescador a quien le pidieron su opinión).  El pescador que tenía que responder hizo silencio por un momento y luego de pensarlo respondió: – ¿Construir un hospital?[2] ¿Se dio cuenta usted cómo es que este hombre pensó en una solución que quizá ni siquiera estaría a su alcance, pero para después del desastre, y no para prevenir el desastre?  Eso precisamente le sucedió a David, y le puede suceder a cualquiera de nosotros. En vez de actuar para prevenirse, espero actuar después para ser corregido.

   Algo del cuál no tengo que explicarles porque es grandemente sabido por todos nosotros, es que David para esa ocasión sabía orar y muy bien, pues él oraba a Dios desde que era un muchachito. No pocas, sino muchísimas experiencias de su vida las había enfrentado siempre y primeramente con oración. Y aún después de muchas experiencias buenas o malas, volvía a orar a Dios aunque ya había orado antes por lo mismo.  Pero cuando le llegó esta tentación de la que estamos hablando, no se previno orándole a Dios, sino que completamente olvidó o simplemente no quiso orar.  La verdad del caso es que tuvo tiempo para hacerlo, en vez de llamar a sus diligencieros, durante el tiempo que los diligencieros averiguaban quien era aquella mujer que él había visto, en lo que le traen el informe, en lo que van por ella, en lo que la traen y la llevan a su habitación.  Pero, no; se le olvidó orar, o simplemente no quiso orar.  No se previno exponiendo a Dios su situación del momento que bien sabía que no estaba en lo correcto.  La única oración que tenemos de él en el que consta su arrepentimiento es su oración consignada en el Salmo 51, cuando viéndose y sintiéndose un hombre impuro le dijo a Dios: “Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve” (Salmo 51:7).  Pero mejor le hubiera sido haber orado antes para buscar el poder de Dios para vencer la tentación que orado después para buscar el perdón, aunque para entonces ya estaba arrepentido; pues la pureza es mejor que el arrepentimiento y la confesión.  El pecado ya estaba consumado, aunque en realidad pudo haber sido evitado.

   Amados hermanos, además de poder orar personalmente a Dios pidiéndole poder para vencer las tentaciones que llegan a nuestra vida, también podemos pedirle al pastor, a otros hermanos, y mejor si a nuestro cónyuge que oren por nosotros. Y en reciprocidad deberíamos orar también por ellos o por otros, aunque no nos lo hayan pedido. Hombres y mujeres tenemos que prepararnos con el recurso de la oración para mantenernos en pureza solamente para nuestro cónyuge.

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   El tercer recurso necesario que un hijo de Dios debe poner en práctica para mantenerse en pureza, es:

III.- MEMORIZAR TEXTOS BÍBLICOS ACERCA DE LA PUREZA.

   En la vida, especialmente los que procuramos vivir para la gloria de Dios, siempre nos vamos a encontrar interceptados por una y otra tentación.  El autor del Salmo 119 supo oportunamente uno de los recursos con el cual hacer frente a tales tentaciones.  Por ejemplo, en la pregunta que hace diciendo: “¿Con qué limpiará el joven su camino?”, leemos que responde diciendo: “Con guardar tu palabra” (Salmo 119:9). “Guardar”, además de significar disposición de obedecer, también se refiere al atesorar el conocimiento de la palabra de Dios en la memoria, lo cual seguramente va a ser recordado justo cuando uno está siendo tentado. Inmediatamente el mismo salmista le dice a Dios: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Salmo 119:11).  Esto de guardar los dichos de Dios en el corazón, significa el intenso amor que una persona puede tener por la palabra de Dios, memorizándola con mucho amor.  Es entonces, que cuando surge la tentación, la palabra de Dios surge de la memoria a la conciencia, y actúa librando al pecador del poder de la tentación.  Recuerde usted que también cuando Satanás tentó a Jesús en las tres ocasiones al principio de su ministerio, en las tres ocasiones Jesús haciendo uso de la palabra de su Padre Celestial que estaba en su memoria, se las recitó al diablo mismo a quien no le quedó más remedio que huir de la escena.  Por supuesto que solo memorizar no es garantía para no pecar, pero proporciona un recurso auxiliar.  Es necesario, además de la memorización, tener conciencia de querer el bien y no el mal, y querer hacer la voluntad de Dios, antes que un placer pecaminoso.  Esto le faltó a David, quien no se puso a recordar su conocimiento de la palabra de Dios, sino que su mente fue ocupada por sus deseos impuros.

   Amados hermanos, con respecto al tema de mantenernos en la pureza de la que estamos hablando, sería muy bueno que todo hombre memorice la siguiente orientación apostólica que dice: “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; / que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; / no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; / que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. / Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. / Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo” (1 Tesalonicenses 4:3-8).  Sería bueno también memorizar Job 31:1 que dice: “Hice pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?”.  Otros textos muy útiles para memorizar, podría ser: Proverbios 6:27; Marcos 9:42; Efesios 5:3-7; y 2 Timoteo 2:22.  Por supuesto que solo memorizarlos no es suficiente, pues es necesario querer vivirlo, así que en el momento de la tentación hay que sacarlo de la memoria ya sea para pronunciarlas, o para vivirlas de todo corazón.  Quizá esto fue lo que le faltó a David, pero usted puede ser mejor que David en cuanto a la pureza.

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   El cuarto recurso necesario que un hijo de Dios debe poner en práctica para mantenerse en pureza, es:

IV.- EVITAR INTENCIONALMENTE LOS PENSAMIENTOS IMPUROS.

  Esto fue lo que tampoco hizo David. Supongamos que al mirar desde el terrado de su vivienda en el palacio le haya sido inevitable mirar a Betsabé quien por descuido o por intención se estaba bañando en un lugar donde era visible desde aquel punto; sin embargo, David si ya la vio, pues allí terminó el asunto, pues no tenía que mandar a preguntar quién era aquella mujer, ni tenía por qué mandar a traérsela; sin embargo, tras haberla mirado, sus pensamientos se convirtieron en los más impuros que él nunca debió haber tenido.  Esto nos recuerda que en la mirada hay peligro. A partir de la mirada, los pensamientos se pueden convertir en pecado, en comienzos de impureza cuando la mirada es mal direccionada.  Recuerden que prácticamente así comenzó el primer pecado en el mundo.  En el Génesis leemos que Moisés dice acerca de Eva: “Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella” (Génesis 3:9).  Todo comenzó por una mirada que no era necesaria y que fue mal direccionada.

   Job, en su experiencia nos cuenta la decisión que tomó con respecto al cuidado que debería tener con su mirada hacia una mujer que no era su esposa, o si era una muchacha.  Él dice: “Hice pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?” (Job 31:1).  Cómo entender más fácilmente esto que dijo Job.  La versión La Biblia al Día, traduce sus palabras diciendo: “Este compromiso establecí con mis ojos: No mirar lujuriosamente a ninguna mujer”.  Job entendió que controlando sus ojos, controlaría también sus pensamientos, y en consecuencia también su reacciones, y decisiones. La mirada puede ser el origen de tu lujuria e impureza, que luego se seguirá extendiendo al pensamiento y a los demás sentidos. Kent Hughes, autor del libro Las disciplinas de un hombre piadoso, comentando acerca de la auto prevención de Job, dice que: El compromiso de Job prohibía una segunda mirada.  Eso significa tratar a las mujeres con dignidad, mirándolas con respeto. Si la forma de vestir o el comportamiento de una mujer es perturbador, mírela a los ojos, no en ningún otro lugar; ¡y aléjese lo más rápidamente que pueda! Tiene razón.  Pero, en el caso de David, aunque sus diligencieros informantes le dijeron que aquella mujer era casada, pues le dicen: “Aquella es Betsabé hija de Eliam, mujer de Urías heteo” (2 Samuel 11:3b); sus pensamientos siguieron depravándose más hasta el grado de que no le importó deshonrar el sagrado matrimonio de aquella mujer y del tal Urías que además era un leal soldado al servicio de David y del reino.

   Amados hermanos, debemos tener cuidado con los pensamientos que llegamos a tener por consecuencia de todo lo que miramos, especialmente cuando miramos la belleza física de una mujer.  Amados varones, si la mirada de usted le despierta lujuria en sus pensamientos y reacciones, debería usted inmediatamente redireccionar la mirada a otro lugar, pues mientras usted más centre la atención en el cuerpo de una mujer, sus pensamientos se convertirán en lujuriosos e impuros.  Usted puede evitarlo intencionalmente.

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   El quinto recurso necesario que un hijo de Dios debe poner en práctica para mantenerse en pureza, es:

V.- RECORDAR QUE EL PECADO ES UNA REALIDAD INESPERADA.

   Quizá alguno de ustedes ha conocido a algún hombre que criticaba severamente a personas que habían caído en pecado de adulterio, y que decía que él no haría semejante cosa porque ahora es cristiano y porque su cuerpo ya es templo del Espíritu Santo.  Tal persona tendría razón si ha entregado su vida a Cristo. Pero, usted ha sido testigo de que años después aquello que él tanto criticaba pasó a ser el pecado que afectó su vida personal, su familia, su fe, y su propio testimonio.  La verdad del asunto es que nadie es súper poderoso ante ningún pecado. El mismo apóstol Pablo, explicando su experiencia que no es distinta a la nuestra dijo a los romanos: “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. […] Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago” (Romanos 7:15,19). Ser cristiano no libra a nadie de ser tentado ni de caer en tentación; pero siendo cristiano es que uno cuenta con todos los recursos espirituales, doctrinales, y prácticos para no caer en este tipo de tentaciones.

   En cuanto a David, Dios le consideró desde su adolescencia, como una persona conforme a Su corazón (cf. Hechos 13:22).  Ese fue uno de los motivos por el cual Dios le quiso hacer rey de Israel.  Sin embargo, a pesar de que su corazón estaba muy apegado a Dios más que la de otro israelita, la lujuria y la impureza le alcanzaron en aquel momento de su vida.  Todo fue inesperado. No despertó ese día pensando en que ese sería el día en que tendría que conocer a una mujer con la cual mancharía su pureza delante de Dios.  Todo se dio bajo las circunstancias que él ni siquiera estaba esperando.  Y su naturaleza humana estaba más lista para pecar que para mantenerse puro.

  Por eso, amados hermanos, recordemos siempre que somos pecadores vulnerables en cualquier momento, por lo cual debemos estar preparados para enfrentar las tentaciones que vienen y vendrán a la vida intentando empañar la fidelidad que se debe vivir con el cónyuge, para tener respeto hacia la dignidad de otras personas, para tener buen testimonio especialmente a la gente que no está tomando en cuenta a Dios en su vida, y para estar dispuestos a manteneros sin mancha de impureza delante de Dios.  Nosotros debemos ser para todos, el ejemplo, de que, aun siendo pecadores, habiendo creído en Jesucristo, se puede vivir para agradar a Dios en todo.

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   El sexto recurso necesario que un hijo de Dios debe poner en práctica para mantenerse en pureza, es:

VI.- TENER TEMOR A DIOS.

   En la biblia tenemos la historia de aquel joven llamado José que fue tentado por una mujer casada, la esposa de Potifar.  Cuando José tuvo que explicarle a aquella señora sus motivos para no acceder a sus ofrecimientos, él le dijo: “No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?” (Génesis 39:9).  Su buena decisión, no solamente era por respeto a la dignidad de aquella mujer, ni solamente por respeto a Potifar el esposo de ella, sino esencialmente era porque él tenía temor a Dios, lo cual podemos darnos cuenta en la pregunta que él le hace a ella, cuando le dice: “¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?”.  Así este apóstol nos deja bien claro que sobre todas las cosas, el temor a Dios es un gran y efectivo recurso que puede ayudar a cualquiera de nosotros a conservarnos en la pureza que Dios espera de nosotros.

   Eso es lo que el apóstol Pablo, aconsejó a Timoteo cuando le dijo: “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor, y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Timoteo 2:22). Usted y yo somos de los que invocamos a Dios.  Ahora, lo hacemos con “corazón limpio” porque hemos sido limpiados por la preciosa sangre de Jesucristo; por lo tanto, tengamos temor a Dios para mantener nuestra vida limpia delante de su presencia, como es digno de un pecador que ha sido salvado de la condenación eterna.

   Amados hermanos, es importante sobre todas las cosas que una persona sea temerosa de Dios, pues quien no teme a Dios hace y deshace de su vida como le pegue la gana; pero quien teme a Dios, sabe ponerle un alto a las tentaciones de todo tipo, incluyendo las que atentan contra la pureza personal.

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   CONCLUSIÓN: Para concluir, amados hermanos, hay otros recursos que podríamos poner en práctica con el fin de mantenernos en pureza, pero por ahora tomen en cuenta lo que hoy les he compartido.  Para mantenernos en pureza, es necesario echar mano de diversos recursos que al mismo tiempo son disciplinas que debemos cultivar en nuestra vida: 1).- El rendir cuentas a alguien, preferentemente que sea tu cónyuge, o una persona cristiana con madurez; 2).- la oración a Dios no para confesar y pedir perdón, sino para pedir poder preventivo; 3).- la memorización de la Palabra de Dios; 4).- el evitar intencionalmente los pensamientos impuros que surgen por causa de una mirada mal direccionada; 5).- recordar que aun siendo cristianos siempre somos pecadores vulnerables por lo cual debemos tener más cuidado de nuestra pureza y vida moral, y 6).- debemos tenerle temor a Dios.  Seamos intencionalmente puros. Sea la pureza nuestra disciplina constante en la vida.

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[1] Recomiendo la lectura del artículo: Rendir cuentas, una muestra de madurez cristiana; por Rafael Charpentier; disponible en: https://icmccarvajal.wordpress.com/2009/12/07/rendir-cuentas-una-muestra-de-madurez-cristiana/

[2] Ilustración tomada en: https://icmccarvajal.wordpress.com/2009/12/07/rendir-cuentas-una-muestra-de-madurez-cristiana/