Mar 04

YO SOY EL QUE SOY, Por: Diego Teh.

Éxodo 3:14 – Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.

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YO SOY EL QUE SOY

Exodo 3:8-14.

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el domingo 04 de marzo 2018, a las 11:00 horas.

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(Los signos de interrogación que aparecen con frecuencia en este escrito, sustituyen las fuentes hebreas que no pueden ser mostradas por este sistema de publicaciones).

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   INTRODUCCIÓN: Cuando Dios llamó a Moisés para ser el caudillo de los israelitas, se dio una larga conversación entre Moisés y Dios. Parte de esta conversación en el que Dios inicia el diálogo, dice: “Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. / Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? / Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte. / Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? / Y respondió Dios a Moisés: (????????? ??????? ????????? = ehyeh asher ehyeh) YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: (????????? = ehyeh) YO SOY me envió a vosotros” (Éxodo 3:10-14).  Wao, reverentemente tengo que expresar: Qué nombre más raro.  Desde Adán hasta Moisés, Dios nunca se había dado a conocer con ese nombre, ni siquiera con aquellos que fueron muy cercanos a Él como Enoc, Noé, y Abraham. La mayoría le conoció como Elohim, otros pocos como Yahveh, pero YO SOY EL QUE SOY, fue algo nuevo.  ¿Qué debió significar para Moisés?  Seguramente que, en su momento, en su contexto, y en su idioma, ni siquiera Moisés entendió inmediatamente él significado y las implicaciones de este Nombre sagrado, aunque nunca hizo ni una sola pregunta al respecto. Pero, ¿sabrían los egipcios qué identidad representaría este Nombre?, pues este no era ni el Dios, ni el Nombre de ninguno de sus muchos dioses.  Sería solamente un nombre extraño que sonaría en sus oídos.  Era el Dios no conocido en ninguna cultura, ni siquiera por los de su propio pueblo.  El primero en escuchar este sagrado Nombre fue Moisés.  Bueno, pero Moisés tenía que decirle especialmente al Faraón, a su corte, y a su pueblo egipcio, pero también a los israelitas, que (ehyeh asher ehyeh) YO SOY EL QUE SOY es el nombre del Dios que estaba enviando a Moisés.  Fue hace unos 3,500 años que el Dios único y verdadero se identificó así ante Moisés, su profeta y caudillo. Cuándo usted escucha este Nombre, en medio de nuestra cultura en el que nadie se llama así y ni siquiera con una frase similar, sino que todos tenemos por lo menos un nombre propio, con apellido paterno y materno, ¿entiende usted qué significa este Nombre?

   En el mensaje de este momento basado en nuestra lectura bíblica de esta mañana, voy a explicarles que (????????? ??????? ????????? = ehyeh asher ehyeh) YO SOY EL QUE SOY es el Nombre de Dios que indica diversas realidades de su propia naturaleza. / ¿Cuáles son las realidades acerca de la naturaleza de Dios que son indicadas en el nombre YO SOY EL QUE SOY? / En este mensaje les voy a compartir algunas de tales realidades.

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   La primera realidad que indica el nombre (????????? ??????? ????????? = ehyeh asher ehyeh, = YO SOY EL QUE SOY), acerca de la propia naturaleza de Dios, es que Él:

I.- ES EL DIOS DE LA EXISTENCIA QUE EXISTE POR SÍ MISMO.

   La Septuaginta, una versión griega de los escritos del Antiguo Testamento hebreo, que fueron traducidos por órdenes de Ptolomeo II Filadelfo rey griego de Egipto entre los años 284-246 a. C., traduce la frase Ehyeh asher ehyeh YO SOY EL QUE SOY como ego eimi ho on, que en español se traduce como “Yo soy El SER” o “Yo soy el auto existente”.  Correctamente se traduce como YO SOY EL SER, indicando que Él es el origen, la fuente de todo cuanto existe.  Al mismo tiempo indica que él auto existe sin que su existencia dependa de algo ajeno a Él.  Así que quien se estaba comunicando con Moisés, era nada menos que Dios el Creador, que no fue un Dios creado como algunas religiones presentan a sus dioses; sino el Dios que existe por sí mismo y de quien al mismo tiempo depende la existencia de todo.   Un contemporáneo de Jesús, llamado Filón de Alejandría, también conocido como Filón el Judío, un destacado filósofo e historiador, que vivió entre el año 15 antes del nacimiento de Jesús y que murió en el año 45, unos 15 años después de Jesús, quien fue un prolífico escritor con más de 50 escritos, escribió un comentario en latín titulado De vita Moysis, (Vida de Moisés) en dos libros, en el cual presenta una obra biográfica sobre Moisés como legislador, predicador y profeta[1], en el cual cita repetidas veces el griego de la Septuaginta para referirse al nombre hebreo de Dios YO SOY EL QUE SOY, usando YO SOY EL SER, explicando que es a Él a quien pertenece la existencia[2].

   El Egipto a donde Moisés tenía que ir a libertar a los israelitas era un país gobernado por faraones. Durante toda su historia desde Narmer su primer faraón desde el 3050 a.C[3]. Egipto fue gobernado por XXX dinastías de faraones, siendo Nectanebo II el último de sus faraones nativos quien los gobernó durante los años 359 a 343 a. C[4].  Después fueron gobernados por quienes adoptaron el nombramiento de faraones que más bien eran extranjeros mayormente griegos. Su último faraón fue una mujer que se llamó Cleopatra VII quien gobernó entre los años 51 al 30 a.C[5].  Pero en cuanto a los faraones propiamente egipcios de todos los tiempos, incluyendo a los faraones de la época de Moisés, eran considerados por su pueblo como casi dioses, personas humanas semi divinas, que evidentemente solo por el título que les es conferido se ostentan como dioses que en la realidad no lo son, aunque su autoridad sea imponente e incluso prepotente.  Las primeras dinastías representaban a Horus, a partir de la V dinastía representaban también a Ra, y hasta que morían eran supuestamente fusionados con Osiris y entonces se convertían en dioses inmortales.  Dios quería hacerles saber a estos faraones egipcios, especialmente al Faraón en turno, que ellos no son nada más que seres humanos que no podían alcanzar ni siquiera ser semi dioses, porque el único quien es verdadero Dios, es el YO SOY EL QUE SOY, el Dios que existe por sí mismo que no nació de un egipcio, ni de algún humano de otra nacionalidad, sino que todo lo contrario Él es la fuente de la existencia de quien incluso el mismo faraón en turno dependía.  Así que solamente el Nombre de Dios era un mensaje para el Faraón de que él no podía ser más que el real y verdadero YO SOY.

   Ahora, permítame explicarle que Jesús es el YO SOY EL QUE SOY, quien según el apóstol Pablo, existe no como ser creado sino como representación visible del Dios que es invisible.  Dice Pablo acerca de él: “El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. / Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él (Colosenses 1:15,16).  Simple y sencillamente YO SOY EL QUE SOY se hizo visible en Jesús.  Así que Jesús es la existencia, y por ser él la existencia, “todo fue creado por medio de él”.  Todo depende de él.

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   La segunda realidad que indica el nombre (????????? ??????? ????????? = ehyeh asher ehyeh, = YO SOY EL QUE SOY), acerca de la propia naturaleza de Dios, es que Él:

II.- ES EL DIOS INMUTABLE QUE CUMPLE SUS PROMESAS.

   Unos 400 años antes, José el patriarca hijo de Jacob que fue maltratado por sus hermanos, siendo gobernador de Egipto, como viceregente de Egipto, contribuyó para que su padre y sus mismos hermanos, vinieran desde las tierras de Canaán y del Neguev a establecerse en la ciudad de Gosén de los egipcios.  El Faraón de aquellos tiempos fue bondadoso con toda la familia de José, quien al conocer a sus hermanos le dijo a José: “La tierra de Egipto delante de ti está; en lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; habiten en la tierra de Gosén; y si entiendes que hay entre ellos hombres capaces, ponlos por mayorales del ganado mío” (Génesis 47:6).  En otro momento, conoció a Jacob el padre de José, y por orden del Faraón José hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y les dio posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramesés, como mandó Faraón. / Y alimentaba José a su padre y a sus hermanos, y a toda la casa de su padre, con pan, según el número de los hijos” (Génesis 47:11,12).  La historia enfatiza que “Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera” (Génesis 47:27).  Todo fue una maravillosa bienvenida en los tiempos de este Faraón.

   Pero al iniciar la narración del segundo libro de la Biblia, el Éxodo, una de las primeras realidades que leemos que ocurrió unos 400 años después de José, es que: “Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José; y dijo a su pueblo: / He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros. / Ahora, pues, seamos sabios para con él, para que no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, él también se una a nuestros enemigos y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra. / Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés. / Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían, de manera que los egipcios temían a los hijos de Israel. / Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza, / y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor” (Éxodo 1:8-14).  Así observamos el carácter y política cambiante de los Faraones, semi dioses, candidatos a ser dioses, obviamente falsos.

   Pero, en este contexto de acontecimientos, el Dios verdadero se identifica como YO SOY EL QUE SOY, para hacerle saber tanto al Faraón junto con sus egipcios, como a los mismos israelitas, que Él no es olvidadizo, como lo habían sido los Farones.  Él ahora estaba revelando su Nombre para que el mundo sepa que el verdadero Dios cumple lo que promete, pues este YO SOY EL QUE SOY, fue quien como 500 años atrás le prometió a Abraham que le daría una tierra que no le dijo dónde, pero quedaba prometido, y no cambiaría de opinión como lo hacen los faraones.  Siempre estuvo listo para cumplir su promesa, pero los israelitas no habían nunca estados listos para recibir la promesa, pero ahora llegó el momento. Su abundante descendencia, su miserable condición de esclavos, y la gracia de de este Dios, hacían el momento oportuno.  YO SOY EL QUE SOY, tenía que sacarlos del Egipto, y del poder faraónico que los había esclavizado.  YO SOY EL QUE SOY, es el Dios que cumple su promesa.  Estaba conduciendo el peregrinar de Abraham, de Isaac, de Jacob, y ahora de la multitud de sus descendientes hacia la tierra prometida.  Tenerle como Dios es la garantía de que siempre cumplirá su palabra.

   Ahora, permítame explicarle que Jesús es el YO SOY EL QUE SOY, porque primeramente su ser es inmutable.  Es por eso que el autor de la epístola a los hebreos, al enfatizar la eternidad de Jesús, dice: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8), enfatiza consecuentemente que “es el mismo”, pues no es cambiante ni en naturaleza, ni en su ser.  Pero, aprovechando este atributo, él cumplió y sigue cumpliendo la promesa del Padre de redimir del pecado a los pecadores.  Al respecto de esta fidelidad de cumplir las promesas del Padre, dice el mismo apóstol que escribió a los hebreos: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, / en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; / el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, / hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos” (Hebreos 1:2-4).  Es claro que Jesús es el inmutable que no cambió ni cambia nunca de opinión, y por eso ganó y hace efectiva la redención de quienes creen en él.

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   La tercera realidad que indica el nombre (????????? ??????? ????????? = ehyeh asher ehyeh, = YO SOY EL QUE SOY), acerca de la propia naturaleza de Dios, es que Él:

III.- ES EL DIOS ETERNO PRESENTE EN TODOS LOS TIEMPOS.

   Victor P. Hamilton, un teológo y exégeta prominente, sugiere algunas traducciones legítimas de (????????? ??????? ????????? = ehyeh asher ehyeh, = YO SOY EL QUE SOY).  Todas sus sugerencias, visto de cualquier modo indican una expresión de eternidad.  El Dios verdadero solamente quería comunicar que Él si es eterno, porque realmente lo es.  Las traducciones sugeridas son: (1) Yo soy el que soy; (2) Yo soy el que yo era; (3) Yo soy el que seré; (4) Yo era quien soy; (5) Yo era quien yo era; (6) Yo era quien seré; (7) Voy a ser quien soy; (8) Seré quién yo era; (9) Yo seré quien yo seré[6]. Así que este Nombre revelado a Moisés por primera vez en la historia de la humanidad, indicaba la naturaleza eterna del Dios verdadero.  Luego de que Dios se identifica como YO SOY EL QUE SOY, inmediatamente le dijo a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos” (Éxodo 3:15), con ello Dios estaba indicando por lo menos que Él existía hace 450 años en los tiempos de Jacob, hace 500 años en los tiempos de Isaac, y hasta hace 550 años en los tiempos de Abraham, tiempo que ningún ser humano de esos tiempos podía vivir.  Pero, YO SOY EL QUE SOY, es mucho más que el ser humano más longevo de la historia humana, pues ni siquiera Matusalén se aproxima a Él con todos sus 969 años que vivió; pues la declaración de Dios indica eternidad, más allá de lo que los números pueden expresar.  Pero, esta afirmación de Dios era un mensaje que debería conocer el Faraón.

   Comparando a YO SOY EL QUE SOY con los faraones egipcios, es notorio que los Faraones no eran más que humanos sujetos al error, al pecado, y a la mortalidad.  No pueden ser verdaderos dioses, ni siquiera semi dioses, mucho menos llegarían a ser deidades eternas.  Es más, su imperio y reinado como cualquier cosa terrenal por más que hubo tardado varios miles de años, por fin llegó a su fin.  Desde Narmer (3050 a.C) hasta el fin de Nectanebo II (343 a.C) fueron 2,707 años de duración. No fueron eternos los faraones.  Aun sumando a los faraones griegos o helenísticos como también se les conoce, hasta el fin de Cleopatra VII en el 30 a.C., solamente sumarían 3,020 años en total. Eso no es gran cosa al lado de Dios que se presentó a Moisés encomendándole que le comunicara al Faraón que Él es YO SOY EL QUE SOY.  El Faraón no era nada más que un simple mortal que no vivía mucho tiempo, cuando mucho entre 20 a 70 años, casi nada comparado con la eternidad de YO SOY.

   Ahora, déjeme explicarle que Jesús es el YO SOY EL QUE SOY, es el Dios eterno que en el Apocalipsis se describe como “el Alfa y la Omega, principio y fin”, y que también dice de sí mismo: “Yo soy […] el que es y que era y que ha de venir” (Apocalipsis 1:8).  Él es el eterno. No hay duda de ello. Por eso, dijo a los apóstoles hace casi dos mil años: “he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20b).

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, es importante profundizar en el conocimiento acerca de Jesús quien, sin ser distinto a Dios el Padre, es el (????????? ??????? ????????? = ehyeh asher ehyeh, = YO SOY EL QUE SOY) Dios de toda la eternidad, de todos los tiempos, por tanto él mismo es el YO SOY EL QUE SOY en la actualidad.  Debemos interesarnos en conocer más de lo infinito que representa tan solo su Nombre, pero también lo que representa su persona y su obra. Durante todo este mes, en todos los cultos dominicales tanto por las mañanas como por las tardes, así como durante toda la semana santa, se estará predicando en esta iglesia todas las declaraciones personales de Jesús en los que él siempre proclamó ser YO SOY EL QUE SOY.  Está usted invitado a organizar su tiempo y su agenda de compromisos, para no perderse cada uno de estos temas importantes centrados en Jesucristo, que edificarán nuestra fe en él como el Dios del cual procede y depende todo cuanto existe, incluyendo nuestra dependencia en él para nuestra salvación; que edificarán nuestra confianza en él como el Dios que no desiste de sus compromisos y propósitos redentores para con el ser humano, sino que por nosotros lo soportó todo y nos sigue soportando; que edificarán nuestra esperanza en él como el Dios que desde la eternidad está pendiente de todo lo que ocurre en el tiempo “todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). Tengamos más interés de conocer el significado y las aplicaciones de cada una de las declaraciones “YO SOY…”, de Jesús. Dios bendiga el interés de usted por conocer más de Jesús.

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[1] Filón de Alejandría. https://es.wikipedia.org/wiki/Fil%C3%B3n_de_Alejandr%C3%ADa

[2] YO SOY EL QUE SOY. https://es.wikipedia.org/wiki/Yo_Soy_el_que_Soy (Sección de Judaísmo intertestamentario).

[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Fara%C3%B3n

[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Nectanebo_II

[5] https://es.wikipedia.org/wiki/Fara%C3%B3n

[6] Hamilton, Victor P. (2011). «If God Knows Your Name, Do You Need to Know His? (3:13-22)»Exodus: An Exegetical Commentary. Baker Books. p. 64.

Dic 31

¿TE CONOCE JESÚS?, Por: Diego Teh.

¿TE CONOCE JESÚS?

Mateo 7:15-23; 25:1-12; Lucas 13:22-28.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Unidad en Cristo” de la col. Morelos Oriente, de Mérida, Yucatán; el domingo 31 de diciembre 2017, a las 18:00 horas.

   INTRODUCCIÓN: ¿Qué recuerda usted haber hecho para Dios durante este año que ha transcurrido? Tomando en cuenta a usted que es cristiano, ¿tuvo la oportunidad de compartir el nombre de Jesús por lo menos a 3 o 4 personas? Tomando en cuenta que usted es parte de esta iglesia. ¿colaboró en algún trabajo de limpieza, albañilería, plomería, electricidad, etc…? Tomando en cuenta que usted ha querido crecer espiritualmente, ¿hizo oraciones a favor de personas que tenían alguna necesidad espiritual o material? ¿invocó algunas veces a Dios en sus oraciones, desesperaciones y adoraciones? Tomando en cuenta que Dios le ha bendecido cada día, ¿ayudó a algún pobre, a algún enfermo, a algún huérfano, a alguna viuda? ¿dio limosnas a los que para sobrevivir no tienen otra opción que depender de la caridad de quienes tenemos pan para cada día? o ¿qué otra cosa que no mencioné, considera que usted hizo pensando que fue para la gloria de Dios? Probablemente usted ha hecho no solamente lo mínimo, sino que ha hecho bastante de todas estas cosas, y de otras que no mencioné.  Sin embargo, a pesar de todo lo que usted ha hecho, ¿cree y está seguro de que Jesús le conoce?, porque hay un montón de personas que hacen estas cosas y muchas más, pero Jesús no las conoce.  No es que no conozca sus nombres, sino que no los conoce como suyos.

   En una ocasión, Jesús les explicó a sus doce discípulos que: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. / Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? / Y entonces les declararé: Nunca os conocí; …” (Mateo 7:21-23a).  Amados oyentes, Jesús no conoce a una persona solo porque se congrega en una iglesia como la nuestra o en otra de su preferencia donde hoy usted no pudo ir.  Jesús no conoce a una persona porque esta buscó donde adorarle durante la pasada semana santa, o en este adviento reciente, o durante esta navidad, o porque haya hecho algo en su nombre, aunque sea durante los últimos 20 años.  Por eso, usted tiene que cerciorarse que él le conoce a usted.

   Basado en los diversos textos bíblicos: Mateo 7:15-23; 25:1-12; y Lucas 13:22-28, que hoy hemos leído, les voy a predicar que Jesús tiene sus propios criterios para dar por conocida a una persona. / ¿Cuáles son los criterios de Jesús para dar por conocida a una persona? / Hoy me propongo compartirles algunos criterios de Jesús con los que usted podrá darse cuenta si él le conoce a usted.

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   El primer criterio de Jesús para dar por conocida a una persona, es:

I.- QUE LA PERSONA DEBE DAR FRUTOS BUENOS DE SU RELACIÓN CON DIOS.

   Cuando Jesús previene a sus oyentes, acerca de la gente que con falsedad está infiltrada entre los que verdaderamente buscan y sirven a Dios, primeramente les describió como: “… vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15), y seguidamente explicó que: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16a).  Jesús los conoce, pero como lobos rapaces, porque los frutos de sus acciones son siempre y mayormente maldad, son siempre y mayormente pecado, por lo tanto, no son los apropiados para que él los conozca como sus discípulos.  Es a estas personas que Jesús les dirá: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:23b).

   En las iglesias están escondidas muchas, pero muchas personas que aparentemente son ovejas de Dios, pero no lo son sino solamente son lobos vestidos de ovejas que, en vez de dar frutos buenos, siguen dando frutos malos. Mientras sus frutos sigan siendo malos, Jesús les va a decirles a ellos que no les conoce.  En la iglesia, siempre que una persona que llega, y tiene un encuentro real con Dios, Jesús le hace una nueva persona que procurará cada día dar frutos buenos que corresponden al haberse encontrado con Dios.  Pero, si luego de haber estado en una iglesia local, sus frutos siguen siendo malos, tal persona realmente no se encontró con Dios; y cuando llegue el día que tal persona se encuentre ante la presencia eterna de Jesús, lo único que escuchará de él es: No te conozco.

  • Jesús, pero si el 31 de diciembre del 2017 que fue un domingo, estuve en la iglesia “Unidad en Cristo” de la colonia Morelos Oriente, ¿esa también es tu iglesia, verdad?, porque dijeron que allí estabas, por lo que debes conocerme.
  • Señor, tengo que admitir que llegué tarde, pero ese día hasta me tocó hacer una lectura delante de todos. ¿No te acuerdas?
  • Aunque, la verdad nunca me gustó hacerme muy notorio, y ese día estaba sentado hasta atrás en la última fila, pero allí estaba, y creo que te debiste dar cuenta.
  • La verdad sí me salí antes de que finalice el culto, porque tenía amistades que me estaban esperando y también tenía que convivir con ellos; pero de que estuve en el culto, sí estuve. ¿Sabes?, diría Jesús: Es cierto, sí te vi, pero no te conozco.
  • Señor, ellos sí me conocen, pregúntales de mí. Ellos me pasaban lista en las reuniones congregacionales a las que también me gustaba ir. – Estarás en la lista de ellos, pero aun así, no te conozco.
  • Jesús, me llamo Manuel. Sí, tu nombre lo sé, pero no te conozco como mi discípulo.  No veo los frutos buenos que deberías tener. Lo único que he visto de ti son frutos malos.

    Estimado oyente, esto es lo que no queremos que le pase a usted.  Acérquese a Dios, por medio del nombre de su Hijo Jesucristo, siempre lleno de arrepentimiento, siempre con una confesión de sus pecados, siempre dispuesto a vivir congruentemente haciendo no lo malo sino haciendo lo que es bueno y agradable para Dios y aun para los que nos ven, porque es solamente a estas personas que Jesús conoce, a las demás no las conoce.  No ser conocido por Jesús, es tener las puertas de la eternidad cerradas para siempre.  Para que eso no le pase a usted, hágase discípulo, creyente, y siervo de Jesús decidido a vivir solo para él dando frutos buenos de su relación espiritual con Dios, de lo contrario, usted seguirá siendo un desconocido para él, y un perdido para la eternidad.

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   El segundo criterio de Jesús para dar por conocida a una persona, es:

II.- QUE LA PERSONA DEBE NO SOLO DECIR SINO TAMBIÉN HACER LA VOLUNTAD DE DIOS.

   Jesús, alertando a sus oyentes acerca de lo que sucede con los que son falsos que aparentan ser de Dios pero no lo son, les dice: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21).  Observen esto: Si alguien que sabe invocar a Jesús, o aun directamente a Dios, diciéndole Señor, Señor, y aun con eso según Jesús, tal persona no” […] “entrará en el reino de los cielos”, debe haber una razón muy fuerte para ello.  Explicando esto, Jesús hace dos observaciones clarísimas: Primero, cuando les indica que: “No todo el que me dice: …, y segundo, cuando les puntualiza: “sino el que hace …”.  Dice y hace, son las palabras claves de esta explicación.  Los que no pueden entrar a su reino son los que solo saben decir cualquier cosa que parezca piadosa o aunque quizá ni lo sea, pero en la realidad estas personas no hacen la voluntad de Dios.  Personas así, son las que no son conocidas por Jesús.  El que solo dice y no hace la voluntad de Dios, realmente no es discípulo de Jesucristo, porque el discípulo después de aprender, dice y hace la voluntad de Dios.

   Si ustedes se dan cuenta, Jesús afirma que habrá personas que se quejarán con él reclamando lo que consideran su derecho, argumentando que hicieron cosas en su nombre pero antes que acciones solamente usaron palabras que supieron decir porque ya era parte de su vocabulario religioso. Según Jesús, “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” (Mateo 7:22).  Este argumento genera por lo menos tres preguntas que vale la pena analizar.

  • ¿Cómo habrán profetizado? Profetizar es sinónimo de predicar denunciando el pecado que hacen las personas. Así que predicar o profetizar no es una gran acción sino solo palabras que uno dice, que después el que lo dice debería vivirlo, pero si luego de decirlo no lo vive, entonces no es un verdadero discípulo de Jesús, que por eso Jesús no le conoce. Saber decir, predicar o profetizar, no es evidencia de ser conocido por Jesús.  Así que quienes predicamos la palabra de Dios tenemos que recordar que quien predica no solamente debe saber decir la verdad sino también vivirla.
  • ¿Cómo habrán echado fuera demonios? Echar fuera demonios consistía en decir palabras de reprensión a los demonios que salieran de la persona que estaba poseída. Realmente no había mucha acción, sino eran más palabras que acción, porque quien finalmente expulsaba a los demonios es el poder del nombre de Jesús, no el poder de la persona que dijo las palabras adecuadas.  Por si acaso, el exorcista debió haber ayunado y hecho antes o al momento, alguna oración.
  • ¿Cómo habrán hecho milagros en su nombre? Realmente tampoco implicaba acciones de esfuerzo humano, sino solamente usaban palabras que se dicen, como: En el nombre de Jesús, sé sano. En el nombre de Jesús, ponte de pie.

     Amados oyentes, Jesús ha aclarado que las palabras que uno dice, aunque tuvieran un sentido religioso, cristiano, o bíblico, no tienen valor para garantizar que por ello uno sea conocido como su discípulo.  Ninguno se confíe que ha quedado bien con Dios solamente porque sabe decir algunas o muchas palabras esenciales de la vida cristiana, porque solo decirlas sin acompañarlas de acciones congruentes y espirituales que reflejen obediencia a Dios o servicio al prójimo, no es lo que Dios espera.  Y en las iglesias, hay muchas personas con una labia extraordinaria, porque saben decir las verdades de una manera muy bonita, pero solo saben decirlas, mas después de decirlas a sus vecinos, amistades, y familiares, no hacen la voluntad de Dios. ¿Cómo van a ser conocidos por Jesús si solo saben decir y no hacer la voluntad de Dios?, pues caen en la misma categoría de los que Jesús mismo describió como “falsos” (Mateo 7:15ss).

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   El tercer criterio de Jesús para dar por conocida a una persona, es:

III.- QUE LA PERSONA DEBE ACERCARSE A ÉL EN EL TIEMPO OPORTUNO.

   En esta vida todo tiene un principio y todo tiene un fin. La oportunidad de ser conocido por Jesús es ahora que usted está vivo.  Es ahora que no ha llegado el momento de que Jesucristo vuelva a esta tierra por los que entonces estén vivos y sirviéndole con fervor.  Es ahora que no ha llegado el día del juicio final donde verificarás si te quedas en su reino o te vas al reino de las tinieblas y condenación eterna.  Observe usted en el versículo 22 y en el versículo 23 el tiempo en el que se corroborará si Jesús conoce o no conoce a los que lleguen a su puerta eterna.  Él dijo: “Muchos me dirán en aquel día” (Mateo 7:22), y luego dijo: “Y entonces les declararé…” (Mateo 7:23). ¿Qué bueno que será en aquel día y no ahora?  Esto no cierra la puerta a usted en este momento.  Esto deja ofrecida una oportunidad para que usted se acerque a Jesús para ser conocido.  Ahora es el tiempo oportuno para que usted se acerque a Jesús. La oportunidad no está cerrada para usted.

   En la ocasión que Jesús narró por medio de una parábola, la de las diez vírgenes, en las que 5 de ellas se prepararon con su lámpara para acudir a la sala de fiestas, dijo Jesús que: “…las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. / Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! / Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco” (Mateo 25:10-12).  Notaron ¿en qué momento les dijeron que no las conocía?  Después que se cerró la puerta.  En otra ocasión cuando Jesús animó a sus oyentes que esforzaran a entrar en la puerta de salvación, les hizo una breve comparación diciéndoles: “Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois” (Lucas 13:25).  Notaron ¿en qué momento les dijeron que no sabía de dónde eran?  Hasta después que fue cerrada la puerta.

   Estimados oyentes, si entre los presentes hay alguno que no está seguro de haber dado el paso de acercarse a Jesús para la salvación, hoy todavía es el tiempo oportuno para acercarse.  No se confunda usted.  Acercarse a un templo como este no significa automáticamente que usted se ha acercado a Jesús.  Estar en un culto como el que estamos ofreciendo a Dios, no significa que usted se ha acercado a Jesús. Usted tiene que invocar a Jesús, diciéndole: Señor Jesús, vengo a ti arrepentido de mis pecados. Sé que por ello no me conocías, ni podría yo entrar a tu reino celestial, por eso acepto que tú me salves de la condenación que merezco, y me des la oportunidad de entrar a tu reino que no merezco. Muchas gracias por darme esta oportunidad ahora antes de que llegue el día cuando ya no hubiese manera de ser aceptado en tu reino celestial. Amén.

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   CONCLUSIÓN:  Amados oyentes, gracias a Dios, hoy tenemos la dicha y el privilegio de haber llegado a este día final del año, y en unas cinco horas iniciaremos un año nuevo.  ¿Qué caso tiene que usted se emocione por el año nuevo, que usted haga una gran y espléndida fiesta a partir de esta media noche, y durante el día de mañana, si Jesús no le conoce como su discípulo?  No deje pasar más esta noche, no espere la próxima semana si acaso vive para entregar su vida a la fe y servicio de Jesús, para que usted sea su conocido.  Que su decisión de entregar su vida a Jesucristo esta noche, sea la mejor decisión que usted haya hecho este año 2017.  No espere usted ni siquiera mañana porque no puede saber si vivirá para entonces aprovechar la oportunidad de ser conocido por Jesús, porque si hoy deja pasar esta oportunidad, queda en riesgo y peligro de escuchar que usted no tiene parte en el reino de los cielos.  Conozco muchas personas que en años pasados después de haber compartido momentos emotivos en noche buena y en fin de año, en menos de un par de horas ya estaban en un hospital o en un ataúd rumbo a la funeraria.  No tenemos asegurada ni la salud ni la vida para mañana.  No se exponga usted al peligro, porque entonces en la eternidad usted estará desesperado diciendo: Jesús, ¿No te acuerdas que estuve en varias ocasiones en la iglesia “El Divino Salvador”, y en la congregación “Unidad en Cristo”, en cultos, en convivios, y hasta en reuniones congregacionales?  Ellos sí me conocen, te lo pueden confirmar.  Es más, yo en otras ocasiones fui a otras iglesias presbiterianas, la Bautista, a la de las Asambleas de Dios, a la del Nazareno, a la Metodista, a la Luterana, etc… Supe que estabas allí. ¿Eran también tus iglesias, no?  Amado oyente, todo esto es necesario pero no sirvió para que Jesús le conozca.

   Voy a concluir, recordándoles estas tres cosas: 1.- Que Jesús conoce como suyos solo a las personas que dan buenos frutos de su relación con Dios.  2.- Que Jesús conoce como suyos solo a las personas que no solo dicen, sino que también hacen la voluntad de Dios. Y 3.- Que Jesús conoce como suyos solo a las personas que se acercan a él en el tiempo oportuno que es ahora.

   Mis amados, Dios bendiga a todos.  Que este año que comenzará en unos minutos más, sea otro año de prosperidad para usted y su familia no solamente de cosas materiales, sino que también su alma prospere con las dádivas de Dios.

Feb 05

LLAMADOS A SER SANTOS, Por: Diego Teh.

LLAMADOS A SER SANTOS

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Levítico 20:1-7; 1 Corintios 1:1-3.

 

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador”, de Mérida, Yucatán; el día domingo 05 de Febrero del 2017, a las 11:00 horas.

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INTRODUCCIÓN: Son muy interesantes las palabras de salutación con las que el apóstol Pablo dirige su primera epístola a los Corintios.  Primero, se dirige a ellos según el capítulo uno versículo dos, como “a la iglesia de Dios que está en Corinto”, pero inmediatamente además de llamarles “iglesia”, se dirige a ellos diciéndoles: a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos”.  Son estas dos pequeñas frases compuestas que voy a enfatizar en esta predicación, específicamente las que dicen: “santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos,…”.   De hecho el título mismo de esta predicación, son las mismas palabras del texto, las que dicen: LLAMADOS A SER SANTOS.  Este llamamiento a ser santos queda muy claro que NO era un llamamiento exclusivo para aquellos Corintios, sino que en las siguientes palabras del texto entendemos que se aplica: “con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro:” (1 Corintios 1:2).  Entonces, dondequiera que haya personas que invocan el nombre de Jesucristo, allí están y ellos son los llamados a ser santos.  Y esto nos incluye también a nosotros que habiendo invocado a Jesucristo para nuestra salvación, le seguimos invocando para adoración. En la actualidad, nosotros somos los: LLAMADOS A SER SANTOS.

Hoy les voy a predicar que el llamado a ser santos consiste en asumir dentro del proceso de santificación, diversas responsabilidades centradas “en Cristo Jesús”. / ¿Qué responsabilidades centradas “en Cristo Jesús” se deben asumir dentro del proceso de santificación, en el llamado a ser santos? / En este mensaje, basado en 1 Corintios 1:2, les voy a compartir algunas de las responsabilidades centradas “en Cristo Jesús” que se deben asumir dentro del proceso de santificación para cumplir el llamado a ser santos.

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La primera responsabilidad que se debe asumir dentro del proceso de santificación, para cumplir el llamado a ser santos, es:

I.- CONTINUAR EN LA SANTIFICACIÓN QUE DIOS COMENZÓ DESDE LA ETERNIDAD.

Las palabras del apóstol Pablo a los Corintios con respecto al tema de la santidad, comienza diciendo: “santificados en Cristo Jesús” (1 Corintios 1:2), lo cual indica que la santidad del creyente en Jesucristo comenzó en algún momento pasado, pues todos los creyentes ya fueron santificados.  Esta santificación puede rastrearse en diversos momentos del pasado. Lo explicaré desde lo más cercano hasta lo más lejano, y será la parte más extensa de esta predicación.  Comenzaré explicando que cuando una persona acepta que Jesucristo sea su salvador, porque a partir de ese momento Jesucristo y el Espíritu Santo comienzan a morar en la vida del creyente, y puede decirse que “en Cristo Jesús” ha sido santificado, porque en ese momento se hace efectiva en su experiencia humana y personal, la aplicación de la santificación.

Pero, la santificación, todavía tiene un trasfondo todavía más antiguo, que siempre tiene relación “en Cristo Jesús”, pues se para que un ser humano elegido pueda recibirlo para su vida, fue necesario que “Cristo Jesús” en el año 34 d.C. (el año no importa, pues solo quiero que ubiquemos en el tiempo que fue mucho antes de que creamos en Jesús) cuando fue crucificado, desangrado, y muerto, para pagar nuestras culpas, obtuvo para nuestro favor la santificación que nos identifica como los elegidos de Dios.  San Juan nos confirma que es la sangre de Jesús la que “nos limpia (o sea, que nos santifica) de todo pecado” (Cf. 1 Juan 1:7).  La muerte de Jesús fue satisfactoria ante Dios para obtener este beneficio para los elegidos.  La Confesión de fe de Westminster que explica esta cuestión dice al respecto que: “Aquellos que son llamados eficazmente y regenerados, teniendo creados un nuevo corazón y un nuevo espíritu en ellos, son además santificados real y personalmente por medio de la virtud de la muerte y la resurrección de Cristo,… (Cf. 1 Corintios 6:11; Hechos 20:32; Filipenses 3:10; Romanos 6:5,6)[1].

La santificación todavía puede remontarse a un tiempo más lejano, aunque más propiamente ocurre antes del tiempo, es decir, desde la eternidad antes de la fundación de todo el universo, de la tierra, y del mismo ser humano, cuando previendo Dios que todos los seres humanos serían pecadores, eligió por misericordia a quienes él quiso salvar.  Este acto de elegir de entre toda la humanidad a quienes Dios quiso salvar, es también un acto de santificación, porque santificación significa separación, porque fue desde entonces que Dios separó (o sea, santificó) a quienes eficazmente se propuso salvar, y se puede decir que desde la eternidad los creyentes somos “santificados en Cristo Jesús”, porque cuando Pablo dice a los Efesios que Dios nos escogió en él antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4), eso de que nos escogió se refiere a que separó, o santificó; y cuando dice que nos escogió en él, significa que nos santificó “en Cristo Jesús”.  A los Tesalonicenses el mismo apóstol Pablo, en su segunda epístola que junto con Silvano y Timoteo les remite, les dice: “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad” (2 Tesalonicenses 2:13).  Les aclara que el escogimiento que se dio “desde el principio”, más bien, desde la eternidad, incluyó la santificación que se ha hecho realidad en sus vidas en el presente por aplicación que el Espíritu Santo hace ahora; pero desde aquella eternidad “Cristo Jesús” que ya existía, estuvo involucrado.  Igualmente cuando el apóstol Pedro escribe a los expatriados de Israel, les dice que fueron: “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo” (1 Pedro 1:2), pues desde aquella elección eterna, estuvo prevista la muerte de Jesús para ser obtenida la santificación a favor de los pecadores elegidos, y estuvo prevista la obra aplicadora del Espíritu Santo.

Así que no hay duda de que los creyentes somos “santificados en Cristo Jesús” desde el acto de la elección divina desde la eternidad; que posteriormente fue obtenida, ratificada, y obtenida eficazmente en y por la muerte Jesucristo; y que cuando creímos y aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador y Señor, fue hecha efectiva la santificación en nuestra experiencia.  Por eso, les afirmé al principio que cuando San Pablo dice que somos “santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos”, es verdad que se da como hecho de que por su elección ya somos “santificados” porque su elección es una garantía divina total, pero nos corresponde continuar viviendo este proceso que Dios comenzó en nosotros “en Cristo Jesús” desde la eternidad.

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La segunda responsabilidad que se debe asumir dentro del proceso de santificación, para cumplir el llamado a ser santos, es:

II.- PERMANECER UNIDO A CRISTO JESÚS PARA NO INTERRUMPIR LA SANTIFICACIÓN.

Cuando San Pablo les dice a los Corintios de que ellos son “llamados a ser santos”, inmediatamente les dice que no es un llamado que solamente ellos tenían que vivir, sino les explica que este llamado se extiende con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo”.  Lo que es muy claro y enfático en esta explicación del apóstol es que el llamado a ser santo, es una responsabilidad de los que invocan el nombre de Jesucristo.  La clave aquí es que esta responsabilidad no es de los que por un tiempo invocaron o invocaban el nombre, ni de los que en el futuro invocarán el nombre, sino de los que en el presente invocan el nombre de Jesucristo. Es decir, que desde que el momento que por primera vez invocaron el nombre de Jesucristo para su salvación, ahora permanecen invocando el nombre de Jesucristo para adoración; lo cual indica que están viviendo de manera permanente unidos a Jesucristo, quien es la clave y centralidad de la santificación.  Aunque esto no significa que la santificación se limita a experiencias litúrgicas que se dan en los cultos de las iglesias locales, sino que implica también la experiencia de no meterse intencionalmente en situaciones pecaminosas.

Esta continuación de “ser santos” que nos corresponde, se trata de vivir la responsabilidad de permanecer en la santificación que Dios mismo ya creó en nosotros, y que Jesús ya ganó y aseguro para nosotros.  Hay un texto que voy mencionar, pero que no voy a tratarlo a detalle en este mensaje porque tiene suficiente contenido para un estudio o mensaje independiente que requiere un profundo análisis contextual para entender porque el apóstol Pablo se refiere así a la salvación de una mujer, lo cual no es el tema de esta mi predicación, pero prestemos atención acerca de lo que dice con respecto a la permanencia en la santificación.  San Pablo le explica a Timoteo que la mujer se salvará engendrando hijos, SI PERMANECIERE en fe, amor, y SANTIFICACIÓN, con modestia” (1 Timoteo 2:15).  Lo que nos interesa observar aquí es que la salvación se concreta cuando se permanece en la santificación, obviamente como ya vimos antes, tiene su origen, fundamento, garantía, y efectividad, en “Cristo Jesús”.  Entonces, el llamado a ser santos, requiere que uno permanezca unido a Jesucristo, quien es central desde la eternidad hasta la fecha en todo el proceso.

Amados hermanos, no permanecer en Cristo, es igual a no permanecer en la santificación que Dios está operando en nuestras vidas, es rechazar y ofender la gracia de Dios de haber tenido la iniciativa de favorecernos inmerecidamente con su plan de salvación.  Jesús mismo habló de esta permanencia en él, y dijo que Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí” (Juan 15:4b); por lo que cuando no se permanece en él, no hay fruto o evidencia de santidad, porque no permaneciendo unido a Jesús no se puede ser santo.  En el momento justo que usted se desconecte de su unión con Cristo por querer hacer algo que no concuerda con la voluntad de Dios, uno comienza a declinar y perder santidad operativa, y uno comienza a darse cuenta que está retrocediendo, o que no avanza en espiritualidad.  Uno comienza a darse cuenta que nada que tiene que ver con Dios le llena ni le satisface.  Esta reacción espiritual de una persona es solamente una alerta de que uno no está cuidando su santificación y de que uno se ha desconectado y no está unido a Cristo.  Si usted se ha visto en esta situación, procure recuperar su unión y permanencia en Cristo, y entonces usted estará cultivando frutos notables de santidad, que se reflejarán en el gozo que usted tendrá por vivir conforme a la voluntad de Dios. Así que por el llamado a ser santos, es importante y absolutamente necesario permanecer en Cristo.

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La tercera responsabilidad que se debe asumir dentro del proceso de santificación, para cumplir el llamado a ser santos, es:

III.- VIVIR BAJO EL SEÑORÍO DE CRISTO JESÚS QUE TIENE UN FIN SANTIFICADOR.

El mismo apóstol Pablo, tomando en cuenta al hermano Sóstenes su socio remitente de esta primera epístola que envía a los Corintios, al referirse al Jesucristo que se invoca en cualquier lugar y que no hay duda que también ambos invocaban, le llama “nuestro Señor Jesucristo”.  Pero además de llamarle “nuestro Señor Jesucristo”, inmediatamente enfatiza la extensión y amplitud del señorío de Jesucristo más allá de los Corintios, diciendo que él es “Señor de ellos (de todos los que en cualquier invocan a Jesucristo), y nuestro: (tanto de los Corintios como de Pablo y Sóstenes) (1 Corintios 1:2; cf. 1:1).  El énfasis en toda la segunda parte del versículo dos es que Jesús es Señor de todos los creyentes, y que es por él y por su señorío que todos los que creemos en él, somos “llamados a ser santos”.   Ser santos no es un mero acto litúrgico devocional, como cantar un salmo, leer la biblia, y hasta orar, sino que va más allá hasta la conducta que hace evidente que uno no solamente es litúrgico, sino que uno se somete voluntariamente al señorío de Jesucristo.  Tal persona vive lo que aprende de la biblia cuando escucha predicaciones, estudios bíblicos, lee literatura devocional que ayuda a la reflexión, o cuando lee directa y personalmente la biblia.  No solo va a los cultos de la iglesia, no solamente, canta, ora, diezma, ofrenda, y hasta predica, sino que vive lo que Dios demanda del cristiano.  Eso es someterse al señorío de Jesucristo.  NO es solamente llamarle ¡Señor, Señor!, pues no se trata de hacer mayores cosas espirituales o de tener un vocabulario teológico cristiano como para obtener más santificación, sino más bien se trata de cuidar que la santificación iniciada por Dios y aplicada a nuestra vida al precio de la sangre de Cristo Jesús, no sea interrumpida por el pecado.   La santificación no se sustituye por tanto cantar, predicar, u orar, sino se conserva por medio del apartarse del pecado que suele querer dominar la carnalidad humana.

Someterse al señorío de Cristo tiene que ver con todas las áreas de nuestra vida, pero a manera de ejemplos mencionaré un par de estas áreas.  Por ejemplo, el apóstol Pablo les dice a los creyentes de Tesalónica: “pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; / que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; / no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios;” (1 Tesalonicenses 4:3-5).  Lo que es necesario que haga una persona que tiene desviaciones de tipo sexual, es claro en la instrucción.  Tiene que apartarse de esa conducta para que pueda mantenerse en la voluntad de Dios acerca de la santificación, y si es casado eso le ayudará a permanecer en buena relación matrimonial.  Otra área según Pablo a los mismos de Tesalónica, es “que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. / Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación (1 Tesalonicenses 4:6,7).    La persona que ya habiendo creído en Jesús tiene el mal hábito de mentir descaradamente a sus semejantes y hasta a sus mismos hermanos en la fe, tal persona no está permaneciendo en santificación y debe inmediata y necesariamente abandonar tal pecado, porque eso solamente le hace inmundo y no le conserva en la santificación, aunque externamente se le vea muy fiel en los cultos cristianos, y otras actividades espiritualmente edificantes.

Por eso, amados hermanos, es necesario que analicemos nuestra vida para ver si en realidad hemos tomado la decisión de apartarnos de los pecados que antes de creer en “nuestro Señor Jesucristo”, eran nuestro más preferido atractivo; pues ahora que Jesucristo es “nuestro Señor”, ya no debe ser atractivo para nosotros, sino que nuestra decisión al respecto de tales pecados debe ser el apartarnos inmediata y voluntariamente de ellos.  Nuestro llamamiento a ser santo, progresa cuando verdaderamente aceptamos que Jesucristo sea “nuestro Señor”, y solo progresa cuando estamos dispuestos a mantenernos en la voluntad y señorío de Jesucristo de apartarnos de toda clase de pecado.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, voy a concluir con la aclaración de que la santificación no es resultado de nuestra obra humana, sino que en realidad es totalmente obra de Dios.  El Catecismo menor de Westminster, respondiendo a la pregunta treinta y cinco, acerca de ¿qué es la santificación?, dice correctamente que La santificación es aquella obra de la libre gracia de Dios por la cual somos completamente restablecidos a la imagen de Dios, y puestos en capacidad de morir más y más al pecado y de vivir píamente”[2].  La santificación es Dios capacitando a usted para que muera más y más al pecado, y para que viva más piadosamente.  Por eso, el apóstol Pablo en su epístola a los gentiles, declara que está persuadido de una cosa: “…que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6b).  Es Dios quien desde la eternidad comenzó con todo el plan del proceso de nuestra santificación, y es Él mismo quien la va a terminar.  Usted solamente tiene que evitar dar un paso más hacia el pecado.

Amados hermanos, recordemos que somos: Llamados a ser santos. Dios lo comenzó en Cristo Jesús, nosotros permanecemos en Cristo Jesús, nosotros sometemos nuestra vida al señorío de Cristo Jesús, y Dios terminará de santificarnos.  Que Dios bendiga a su iglesia.

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[1] http://www.iglesiareformada.com/Confesion_Westminster.html, capítulo 13, acerca de la santificación, párrafo 1, inciso 1.

[2] http://www.iglesiareformada.com/Catecismo_Menor_Westminster.html, pregunta 35 y su respuesta.