Jun 14

YO SOY EL PAN DE VIDA, Por: Diego Teh.

YoSoyelPandeVida

YO SOY EL PAN DE VIDA

Juan 6:35-59.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Luz de Vida” de la col. Bojórquez, Mérida, Yucatán; el día domingo 14 de Junio del 2015, a las 18:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Comer no tiene nada de malo, siempre y cuando uno coma a la medida, ¿verdad? pues si no, ya se verán los resultados en el cuerpo de uno.  Comer es una necesidad del organismo de nuestro cuerpo, pero no solo vivimos para comer sin trabajar (como los sánganos), sino que debemos trabajar primero para ganar lo que vamos a comer.  Sin embargo, tampoco vivimos solamente para trabajar y comer, pues hay otra necesidad humana no del cuerpo sino del alma que también es necesario que nos ocupemos de proveerle la satisfacción espiritual que necesita.  Después de un evento extraordinario cerca de Tiberias Galilea, en el que Jesús alimentó a más de cinco mil personas con tan solamente cinco panes de cebada y dos pececillos que un muchacho le trajo y los multiplicó (Cf. Juan 6:15),  al día siguiente, cuando Jesús se había ido por mar a Caperanaum Galilea, un grupo de estos cinco mil, abordaron unas barcas, y viajaron por la costa de Galilea desde Tiberias hasta Capernaum, donde encontraron a Jesús.  Pero prestemos más atención no acerca de la ruta del viaje, ni de su acierto al hallar a Jesús, sino acerca de su razón equivocada para ir en busca de Jesús.  Nos dice San Juan que este grupo de personas: “…hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?  /  Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.  /  Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre” (Juan 6:25-27).   Jesús descubrió que ellos solamente estaban buscando a Jesús no porque les importara las evidencias de que Jesús es Hijo de Dios, ni porque les interesara aprender para vivir las enseñanza del evangelio de Jesús, sino que le estuvieron buscando para ver si él se hacía responsable de darles otras veces.  Querían comer sin trabajar, quizá querían ahorrar su dinero, o quizá en realidad no tenía dinero para comprar de comer, pero lo que menos paso por sus mentes era que deberían trabajar, sino lo único que pasó por sus estómagos es la señal de comer por hambre.  Jesús no les negó lo importante que es comer, ni lo importante que es trabajar para comer, pero los amonestó a trabajar “no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará;…” (v. 27).  Fue en este contexto que Jesús les afirmó a ellos y a los judíos que se encontraban en aquellos territorios, que: YO SOY EL PAN DE VIDA; EL QUE A MI VIENE, NUNCA TENDRÁ HAMBRE; Y EL QUE EN MI CREE, NO TENDRA SED JAMÁS” (Juan 6:35, 48).

   Después de esta breve descripción del contexto cuando Jesús dijo “Yo soy el pan de vida”, les quiero compartir que en su afirmación se encuentran incluidas otras verdades de mucha importancia para los seres humanos.  /  ¿Qué verdades de mucha importancia para los seres humanos se encuentran incluidas en la afirmación de Jesús cuando dijo: “Yo soy el pan de vida”?  /  Haciendo una sencilla observación a todo el texto bíblico que el apóstol Juan relata con respecto a estas palabras de Jesús, les compartiré cinco verdades de mucha importancia.

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   La primera verdad de mucha importancia para los seres humanos que se encuentra incluida en la afirmación de Jesús cuando dijo: “Yo soy el pan de vida”, es que:

I.- EL SER HUMANO NECESITA TAMBIÉN ALIMENTO ESPIRITUAL.

   En las palabras de Jesús a aquellos interesados en que él les diera comida gratis, les dice: “…me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.  /  Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece;…” (Juan 6:26,27).  Qué error cuando una persona acude a una iglesia o ministerio cristiano para recibir un apoyo médico, dental, estético, o en despensa, solamente porque se querían ahorrar unos pesos, pero en su corazón no hay ningún interés por creer y aceptar el santo evangelio de Jesús que es lo mejor.  Eso era lo que estaba haciendo aquel grupo de galileos y judíos en Capernaum.   Lo importante del caso, que también es una instrucción apropiada para nosotros es que Jesús les dijo: “Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece;…”.  Estas palabras de Jesús, indican con toda claridad que preocuparse por el pan de cada día no es malo en sí, pero eso solamente satisface al cuerpo; pero como los seres humanos también tenemos un alma que también necesita ser alimentado adecuadamente, es necesario trabajar por “la comida que a vida eterna permanece”, comida que no está disponible en el supermercado, ni en las tiendas de autoservicio, ni en los mejores restaurantes, sino solamente en Jesús, quien dijo a ellos de sí mismo “Yo soy el pan de vida”.  En otras palabras, además de las ricas comidas que nos gusta comer, toda persona debe “comer a Jesús” el pan de vida.  No se trata del sacramento de la santa cena que todavía no había sido instituido por Jesús, sino que se trata de creer que Jesús es enviado de Dios para la salvación de los pecadores que se arrepienten (Cf. Juan 6:28,29).

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   La segunda verdad de mucha importancia para los seres humanos que se encuentra incluida en la afirmación de Jesús cuando dijo: “Yo soy el pan de vida”, es que:

II.- NADA MATERIAL PUEDE SUSTITUIR EL ALIMENTO ESPIRITUAL.

   Como a aquellas personas se les hacía difícil creer en que Jesús es enviado de Dios, “Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?” (Juan 6:30).   Luego, le argumentaron que ellos creían haber comido del pan del vida o pan del cielo, pues le dicen a Jesús: “Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer” (Juan 6:31).  Ellos pensaron que el maná (un alimento físico) que sus antepasados comieron hace como 1500 años atrás en el desierto, era suficiente, y que les seguía haciendo efecto hasta a ellos.  Pero, primero, aunque aquella comida fue conocida como pan de cielo, finalmente era un alimento material que solo alimentaba al cuerpo, y no necesariamente al alma; segundo, eso había sido la experiencia de sus antepasados de hace como mil quinientos años atrás, quienes recibieron una provisión para sobrevivir en el desierto; y tercero, lo que Jesús les estaba diciendo a estas personas, se trataba de un alimento divino apropiado para el alma, y que debería ser experimentado de manera personal, no a nombre de un antepasado.    La explicación que Jesús les dio acerca de la diferencia entre el maná de 1500 años atrás, y el pan de vida que él afirmó ser, es esta: “… De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.  /  Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo” (Juan 6:32-33).  Hay la tendencia de que el ser humano confunda las cosas materiales como si estas fueran los medios de salvación; por ejemplo, hay personas que piensan que van asegurando su salvación porque hacen todo lo posible de no perderse el sacramento de la cena del Señor, cada vez que es ministrada; pero esto, no viene del cielo como el maná no era el verdadero pan del cielo, aunque sean símbolos de Jesucristo el verdadero pan del cielo.   Cuando Jesús le dijo que: “el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo” se estaba refiriendo a él mismo, por lo que inmediatamente, para que no haya alguna duda, les dijo sin rodeos: “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:35), el pan espiritual y divino que no puede ser sustituido con nada que sea material, pues es totalmente único, dado que nada material puede dar vida al alma como Dios si lo puede dar.

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   La tercera verdad de mucha importancia para los seres humanos que se encuentra incluida en la afirmación de Jesús cuando dijo: “Yo soy el pan de vida”, es que:

III.- OFRECE SATISFACCIÓN ETERNA PARA EL ALMA.

  Justo en el mismo momento que “Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida;…”, hubo una explicación muy importante de parte de él, que deja bien clara la naturaleza y el efecto de “comer”, o sea, de creer en Jesús como el Hijo de Dios.  Al respecto Jesús les dijo: “el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Juan 6:35).  En esta explicación de Jesús, aunque Jesús introduce por equivalencia la realidad de que también él es agua y se sobreentiende que es agua de vida; en ambos casos, ya sea por “comer” de él como pan de vida, o por “beber” de él como agua de vida (entiéndase comer y beber como creer en él), habrá una satisfacción total y eterna no para el cuerpo sino para el alma de la persona que tome esa decisión.  La satisfacción anunciada por Jesús es que tal persona “nunca tendrá hambre” y “no tendrá sed jamás”, esto solamente para la persona que crea que él es enviado de Dios, por lo que entonces acepta que él es el verdadero pan de vida descendido del cielo.

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   La cuarta verdad de mucha importancia para los seres humanos que se encuentra incluida en la afirmación de Jesús cuando dijo: “Yo soy el pan de vida”, es que:

IV.- NO EVITA LA MUERTE FISICA, SINO LA ESPIRITUAL.

   Para que estas personas no sigan confundidas ni sigan argumentando con vagos razonamientos, Jesús les vuelve a repetir la misma afirmación  “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:48), pero inmediatamente les explica que “Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.  /  Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera” (Juan 6:49-50).  Con estas palabras Jesús les está dejando claro que las personas, a pesar de comer los mejores alimentos, por más nutritivos que estos sean, la muerte física no se puede evitar; e igualmente aunque una persona crea en Jesús como el Hijo de Dios enviado del cielo como el pan de vida, también a pesar de esto, la muerte física tampoco podrá ser evitado.  Cuando Jesús dice que él “es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera”, está diciendo que lo que no morirá en una persona que crea en Jesús, es el alma.  Debido a que en realidad, el alma de por sí no muere, entonces, ¿qué es lo que Jesús está diciendo con estas palabras?   Para entenderlo, tenemos que recordar que la muerte no es el fin de la existencia de un ser humano, sino que es la separación que el alma hace del cuerpo en el que antes estaba; así que muerte, en el contexto que Jesús está explicando, es la muerte espiritual que consiste en que el alma de una persona queda separada no solamente del cuerpo en el que antes estuvo sino que esta queda separada también de Dios.   Cuando en la biblia se habla de muerte eterna, esto es lo que se quiere decir: que el alma humana queda eternamente separada de Dios.  Pero cuando Jesús dice que él “es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera”, está diciendo que si alguien cree en él, tal persona no quedará separada de Dios, sino que tendrá vida eterna, o sea unión con Dios.  Así que Jesús, no nos evita la muerte física, sino que nos evita la muerte eterna (la separación eterna en relación con Dios), la peor muerte que nos pudiera ocurrir.

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   La quinta verdad de mucha importancia para los seres humanos que se encuentra incluida en la afirmación de Jesús cuando dijo: “Yo soy el pan de vida”, es que:

V.- ES UN SÍMBOLO DE SU SACRIFICIO QUE DA VIDA AL PECADOR.

   Lo que finalmente quiero que observemos en el texto que estamos analizando es la explicación que Jesús da de sí mismo como pan de vida.  La lectura es amplia, pero vale la pena analizarla.  Siguiendo con su explicación, Jesús les dijo a aquellos interesados en solamente comer gratis que: “… y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo” (Juan 6:51c).    Desde el comienzo de esta explicación, ya les dejó claro que cuando él les hablaba de pan de vida, les estaba hablando de su carne o cuerpo, que como ya sabemos fue crucificado, no tanto porque Pilato consintió su crucifixión, sino porque Jesús quiso dar su propia vida por el mundo.   Aquellas personas no entendían lo que Jesús decía figuradamente ni a pesar de las explicaciones que les hacía, por lo que el apóstol Juan nos dice que: “Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?” Juan 6:52).   Jesús sigue haciéndoles a estas personas todas las aclaraciones necesarias, diciéndoles al mismo tiempo que sus afirmaciones, de verdad que eran ciertas.   Juan nos dice que: “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.  /  54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.  /  55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.  /  56 El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.  /  57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.  /  58 Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente” (Juan 6:53-58).  Toda esta explicación de Jesús, y toda la simbología que utiliza en las expresiones “comer” y “beber”, solo significan el acto de creer, y alimentarse espiritualmente de la única fuente divina que vivifica no solo para el presente sino para la eternidad.  Así, entendemos que cuando Jesús dijo “Yo soy el pan de vida”, estaba afirmando que él estaría dando su vida para que el pecador pueda vivir con Dios en la eternidad, pues, de lo contrario el pecador se quedaría sin vida eterna.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, todo el contexto de esta declaración de Jesús, nos ofrece un claro recordatorio que a pesar de la mucha ocupación que pudiera demandarnos el trabajo que realizamos todos los días para que nuestra familia y nosotros mismos tengamos el pan de cada día en nuestras mesas; es importantísimo y necesario que también miremos la necesidad que nuestro ser entero tiene de ser alimentado adecuadamente, no con alimentos espirituales chatarras que el mundo ofrece basado en placeres y vanidades, sino del alimento único y especial que proviene de Dios, el cual figuradamente es llamado “Pan de Vida”, pero literalmente se llama Jesucristo, el Hijo de Dios.  Trabajar es un deber importante porque es un medio legítimo para obtener el pan de cada día, pero es necesario que cada persona esté consciente que no solo el cuerpo necesita alimento, sino también el alma necesita alimentarse de Dios por medio de Jesucristo, por lo que además de trabajar y de comer, hay que buscar el verdadero alimento divino espiritual que alimenta el alma.   Es necesario renunciar a todas las cosas que están siendo los alimentos espirituales de nuestra alma, y estar dispuesto a alimentarse únicamente de Jesucristo, el verdadero pan del cielo que alimenta al alma para darle vida tanto para el presente, pero con extensión para el futuro para una comunión permanente con Dios.  Comer el Pan de Vida, no es ir ni participar en el culto de la iglesia, no es comulgar con el sacramento de la santa cena, no es hacerse miembro de la congregación o iglesia, no es ser muy bueno y generoso con los demás, no es decirle hermano a otros creyentes, etc…, sino creer en Jesús como el salvador personal de nuestras vidas.  Si alguno que me escucha en esta ocasión no ha creído salvadoramente en Jesús, mucho cuidado, está perdido para siempre.  Lo invito a que crea que él murió por usted, y acepte la vida eterna que él le está regalando.

Jun 14

YO SOY LA PUERTA DE LAS OVEJAS, Por: Diego Teh.

YoSoylaPuertadelasovejas

YO SOY LA PUERTA DE LAS OVEJAS

Salmo 118:19,20; Juan 10:1-10.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Getsemaní” del fracc. Paseos de Itzincab, Umán, Yucatán; el día domingo 14 de Junio del 2015, a las 11:30 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Para entender el “Yo soy” de Jesús que nos corresponde escuchar en este mensaje, es necesario que tomemos en cuenta no solamente el principio del capítulo 10 sino también todo el capítulo anterior (el 9), en el que tenemos la historia de un ciego de nacimiento a quien Jesús sanó de su ceguera.  Luego, los fariseos sometieron al ciego a un amplio y malintencionado interrogatorio en el que finalmente “le expulsaron” (Juan 9:34) de la sinagoga por argumentar acerca de Jesús quien le había sanado, que “Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer” (Juan 9:33).   Al respecto, Jesús no se quedó con la manos cruzadas sino que cuando se enteró de que este hombre fue expulsado, le buscó y al hallarlo se identificó a él como el Hijo de Dios, y le explicó sobre la ceguera espiritual que tenían aquellos fariseos que le expulsaron (Cf. Juan 9:35-39).  Así, los fariseos fueron confrontados por Jesús acerca de la razón de la ceguera espiritual que ellos tenían, precisamente por causa de amar más el pecado que a Dios (Cf. Juan 9:40,41).  Fue entonces ante aquella expulsión injustificada que aquellos fariseos hicieron a un hombre que tenía temor de Dios en su vida, que Jesús expresó que aunque ellos expulsaran de la sinagoga o aún del mismo templo a una persona que desea acercarse a Dios, “Yo soy la puerta de las ovejas” (Juan 10:7,9a).  En San Juan capítulo 10 donde tenemos esta declaración de Jesús, desde el principio del capítulo se enfatiza más la descripción de Jesús como pastor haciendo un claro contraste con aquellos que no son pastores espirituales de las ovejas del redil de Dios; pero en cuanto a Jesús como “puerta de las ovejas” ni Juan ni Jesús mismo abundan en describirlo, pero si hay en el relato elementos que nos ayudarán a entender este concepto con el que Jesús se auto identifica como “la puerta”.

   Con respecto al concepto de puerta que Jesús utiliza describiendo no el claro (espacio abierto) de una puerta, sino que su persona es la puerta, William Barclay, dice que: “A menudo, aldeas tienen un rebaño grande que pertenece a la comunidad, mantenido por una fuerte entrada. En la región interior, sin embargo, los rebaños son mucho menos grandiosos. En vez de una entrada bien hecha, solo tienen una abertura. En ese caso, el pastor hace su cama en esa abertura – tapa la entrada con su cuerpo – protege al rebaño con su vida. “En el sentido más literal, el pastor era la puerta; no había otro acceso al rebaño excepto por él” (Barclay, 67).[1]  Esa es la figura que Jesús utilizó al auto llamarse “puerta”, tomando como referencia a la persona que literalmente servía de puerta en el redil de las ovejas.  Con ello, Jesús estaba dando a entender a los fariseos que ellos no eran la puerta que daba entrada a las personas al reino de Dios y que por lo tanto no eran nada para expulsar a una persona como lo habían hecho con la persona que Jesús había sanado de su ceguera de nacimiento.

   En este mensaje quiero compartirles algunos significados de lo que Jesús afirmó cuando dijo “Yo soy la puerta de las ovejas”.  / ¿Qué quiso decir Jesús con esta afirmación?  /  Usando la misma alegoría que Jesús utilizó para reprender a los fariseos, y dar esperanza al ciego expulsado, les voy a explicar algunos de los significados incluidos en la afirmación de que Jesús es “la puerta de las ovejas”.

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   El primer significado incluido en la afirmación de Jesús cuando dijo “Yo soy la puerta de las ovejas”, es:

I.- QUE ÉL ES LA ENTRADA AL REINO DE DIOS, NO LAS ASOCIACIONES RELIGIOSAS.

   Los fariseos eran religiosos que se consideraban que fuera de ellos no había mejores hijos de Dios, pero, por lo mismo que era solamente presunción y no siempre una realidad en su manera de vivir la fe en Dios, menospreciaban a cualquier persona que no se sometía a las doctrinas de su secta farisea; así que a la persona que no hacía lo que ellos querían y decían, simplemente no le recibían en su grupo o simplemente le expulsaban.  Adicionalmente, creían que si una persona no pertenecía a ellos, entonces tal persona estaba fuera del reino de Dios.  Es por eso que Jesús les aclara que: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo;…” (Juan 10:9); o sea, que les quede claro que no eran ellos como fariseos los que determinaban si una persona podía entrar y pertenecer al reino de Dios, sino que era potestad de Dios mismo, y en este caso es Jesús el “Yo soy” divino que se constituye en “la puerta” para dar entrada a una persona al reino de Dios.   Los fariseos, como siempre sucede con las sectas, pueden regular la entrada de las personas a sus templos y/o a sus mismos sistemas doctrinales y prácticos, pero no pueden nunca regular y determinar si una persona puede o no entrar al reino de Dios.

  Las asociaciones religiosas siempre buscan conseguir un feligrés más para su movimiento, y como los fariseos pueden también tomar la decisión de expulsar de su grupo, aunque sea injustamente, a una persona que no convenga a sus intereses, tal como lo hicieron expulsando injustamente a aquel hombre por solamente dar el testimonio verdadero de que Jesús había sido quien lo sanó de su ceguera de nacimiento.  Pero en el caso de Jesús, a la persona a quien le da entrada para salvación no le expulsa ni le retira su salvación, sino que de manera absoluta y eterna le conserva salvo de la condenación eterna; beneficio que no podían otorgar las dos grandes sectas del judaísmo: el fariseísmo, y el saduceísmo.  En la actualidad, tampoco pueden otorgar salvación, los cientos de asociaciones religiosas que existen, aunque se encuentren legalmente inscritos en el padrón de asociaciones religiosas de la Secretaría de Gobernación de nuestro país; aunque tengan una presencia internacional, y aunque sean gobernados desde países extranjeros.  Solamente Jesús es la puerta de las ovejas (entiéndase como personas) para salvación eterna.

   Amados hermanos, las palabras de Jesús cuando dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo;…”, es una concientización para que ninguna persona busque entrar al reino de Dios por medio de una membresía de iglesia, de coro, de sociedades, de directiva, de consistorio, de diáconos; ni por medio de tener un oficio eclesiástico: pastor, anciano, o diácono; pues esos privilegios y responsabilidades solamente lo deben ocupar los que ya han sido salvados por Cristo, y que por lo tanto ya han entrado al reino de Dios, por lo que tales cosas no son los que dan la entrada al reino de Dios.  Cuando Jesús dice “el que por mí entrare”, está indicando que la entrada es solamente por medio de él, por lo que nada ni nadie puede servir como entrada al reino de Dios.  Si alguien no ha entrado al reino de Dios por medio de Jesucristo “la puerta”, aunque este haya entrado a una iglesia local por “la puerta” de la membresía, de los privilegios, de los oficios, etc… tal persona, a pesar de eso tal persona no tiene salvación ni parte en el reino de Dios, a menos que, o hasta que entre por medio de Cristo “la puerta” correcta.

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   El segundo significado incluido en la afirmación de Jesús cuando dijo “Yo soy la puerta de las ovejas”, es:

II.- QUE ÉL DA ENTRADA A LOS VERDADEROS PASTORES, NO LAS ASOCIACIONES RELIGIOSAS.

   Es importante observar que en esta alegoría usada por Jesús cuando él se identifica como puerta, no está afirmando que él es pastor sino solamente la puerta, dando a entender que el cargo de Divino Pastor lo tiene Dios el Padre.  En esta afirmación, Jesús es solamente “la puerta”.  Y lo primero que observamos que Jesús relató a los fariseos en su alegoría fue que “El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador.  /  Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.  /  A éste abre el portero,…” (Juan10:1-3a).  Con estas palabras, Jesús estaba haciéndoles ver a los fariseos que ellos no entraron por la puerta sino como los ladrones de ovejas saltaron las cercas y entraron no para pastorear a las ovejas sino para robarlas, por lo que no les importaba si le causaban algún daño a alguna oveja.   Es por eso que no les importaba la vida espiritual de aquel ex ciego sanado por Jesús, sino que en primera instancia no tuvieron mejor decisión que expulsarlo, actitud que revelaba que no eran dignos pastores del rebaño de Dios.  Estaban en el liderazgo pastoral de los pecadores, no como auténticos pastores sino como falsos pastores que causaban más daño espiritual a las personas en vez de edificarlas en lafe; por eso en otra ocasión, Jesús les dijo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros” (Mateo 23:15).  Un verdadero pastor, que ha entrado por la puerta divina que es Jesucristo, no expulsa con sus palabras ni con sus actitudes a los que tienen la necesidad de acercarse a Dios, tal como los fariseos lo hicieron en contra del hombre temeroso de Dios que fue sanado de su ceguera de nacimiento.

   Amados hermanos, todos aquellos que hemos pasado verdaderamente a formar parte de la iglesia universal de Dios habiendo entrado solamente por Jesús, “la puerta de las ovejas”, somos al mismo tiempo constituidos en pastores que cuidamos a nuestros hermanos las demás ovejas del Señor, en vez de causarles agravios que los alejen de la comunión del rebaño de Dios.   Especialmente, también es un deber muy propio de aquellos que estamos siendo oficialmente pastores, maestros, ancianos, y diáconos de la iglesia; es a los que tenemos esta función pastoral u obispal que se nos dice por el apóstol Pablo: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28).  Pero, como en el relato así como en la realidad, siempre ha habido ladrones de ovejas humanas o falsos y aparentes pastores que se auto constituyen como pastores, que se introducen al rebaño para convencer a las personas a que les sigan para sus objetivos personales que no son los objetivos del rebaño (la iglesia) de Dios.  A estas personas, que evidentemente no han experimentado la gracia de la salvación de Dios, Jesús los invita a que primeramente entren por la única puerta de salvación que es Jesús mismo; entonces, si Jesús les concede el privilegio de constituirlos en verdaderos pastores, no tienen porque auto nombrarse pastores, ni fingir que son pastores, sino que siendo auténticos pastores servirán a las ovejas de Dios atendiendo sus necesidades espirituales, en vez de solamente estar sacando provecho de las ovejas (los creyentes).

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   El tercer significado incluido en la afirmación de Jesús cuando dijo “Yo soy la puerta de las ovejas”, es:

III.- QUE ÉL ES LA SALVACIÓN DE LAS PERSONAS, NO LAS ASOCIACIONES RELIGIOSAS.

   Con respecto a esto, Jesús afirmó “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo;…” (Juan 10:9ab).  En estas palabras Jesús no está hablando ni de los verdaderos pastores de ganado ovino que entran correctamente al redil, ni está hablando del mismo ganado ovino que para estar a salvo del ladrón y de los lobos tenían que entrar al redil a través de la puerta, sino que está hablando acerca de las personas que tienen la necesidad de ser salvadas de la condenación eterna, pues cuando dice: “el que por mí entrare”, se refiere a humanos.   La condición para ser salvado de la condenación eterna, es entrar por la puerta divina la cual da acceso al rebaño de la salvación divina y eterna; pues, el resultado de entrar por medio de Jesús, la puerta divina, es que tal persona, dijo Jesús mismo que: “será salvo”.   En el caso de las ovejas, cuando se extraviaban y no regresaban al redil entrando por aquella puerta del redil, las pobrecitas no estarían a salvo, sino que quedaban a merced del frío, de los lobos y hasta de los ladrones, por lo que solamente si al anochecer entraban por la puerta del redil, entonces estaban totalmente salvas durante la noche.  De la misma manera, una persona que no entra por la puerta divina para salvación, queda también a merced del diablo, de la condenación eterna, y de la misma ira de Dios sobre ella; pero cuando una persona entra por medio de Jesucristo “la puerta”, al redil de Dios (el reino de Dios), tal persona como en el caso de las ovejas, queda también a salvo de todo.

   Amados oyentes, que ninguno de los que hoy están escuchando esta predicación, ande buscando una entrada hacia Dios que no sea Jesucristo.  Si usted entra por una puerta que no es Jesucristo, usted no encontrará a Dios detrás de aquella puerta, sino quizá solamente encuentre religión, satisfacción personal, red de amistades, y hasta contactos para negocios, per su vida seguirá sin salvación, a pesar de que usted sea una persona que obedientemente haga todo lo que la asociación y sus líderes le instruyan hacer.

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CONCLUSIÓN: Amados oyentes, leí acerca de una tierra en guerra, donde había un rey que causaba espanto. Siempre que hacía prisioneros, no los mataba, los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros de un lado y una inmensa puerta de hierro del otro, sobre la cual se veían grabadas figuras de calaveras cubiertas de sangre. En esta sala el rey les hacía formar un círculo y les decía entonces… “Ustedes pueden elegir entre morir atravesados por las flechas de mis arqueros o pasar por esa puerta misteriosa”.  Todos elegían ser muertos por los arqueros. Al terminar la guerra, un soldado que por mucho tiempo sirvió al rey se dirigió al soberano y le dijo: –“Señor, ¿puedo hacerle una pregunta?” Y le responde el rey: –“Dime soldado”.  –“¿Qué había detrás de la horrorosa puerta?”.  –“Ve y mira tú mismo”, respondió el rey.  El soldado entonces, abrió temerosamente la puerta y, a medida que lo hacía, rayos de sol entraron y aclararon el ambiente… y, finalmente, descubrió sorprendido que la puerta se abrió sobre un camino que conducía a la libertad.   El soldado admirado sólo miro a su rey que le decía: –“Yo daba a ellos la elección, pero preferían morir que arriesgarse a abrir esta puerta”.[2]   En el caso de usted, ¿escogerá entrar por la puerta que es Jesús para encontrar ‘tras la puerta’ el cielo eterno de la salvación?, o ¿decidirá no entrar por la puerta (por Jesús) quedándose justo frente y cerca de la puerta, esperando únicamente el momento para que usted enfrente la realidad de la condenación eterna donde todo será un eterno sufrimiento, lejos de la gloria de Dios?

   Mis amados oyentes, el cielo no está cerrado para aquellos que pueden creer en Jesucristo.  Afortunadamente, el cielo de Dios tiene una puerta que se llama Jesús, en la que todo pecador que se arrepiente de sus pecados, al tener entrada a través de esa puerta, comienza desde aquí en la tierra a disfrutar de una comunión inmerecida con Dios, y dicha comunión permanecerá en para siempre en su máxima expresión gloriosa.  Si alguno de los presentes no ha tenido la experiencia de entrar por esta puerta divina, su vida presente estará siempre insípida por la falta de una relación y comunión personal con Dios, por lo que aunque sea miembro de la iglesia local, aunque sea un oficial, aunque sea un directivo, aunque sea parte de un ministerio, aunque tenga antigüedad, y aunque tenga alguna influencia como líder de algún movimiento, nunca tendrá ni un solo beneficio de la salvación divina.  Si alguno de los presentes no ha tenido la experiencia de entrar por esta puerta divina, su vida para la eternidad, inevitable será el mismísimo lugar de tormento eterno que se relata en las Sagradas Escrituras.

   En el nombre del Señor Jesucristo, quien se proclama como “la puerta de las ovejas”, invito a cada  persona presente en este culto a que analice si ha entrado o no al rebaño de Dios por medio de Jesucristo; y a la persona quien con toda honestidad reconozca que solamente ha usado los privilegios de esta u otra iglesia local, sin haber encontrado en Jesús la puerta al cielo de Dios, le ruego que ahora mismo le diga a Jesús en oración: “Señor Jesús, reconozco que tú eres la única puerta de las ovejas, me arrepiento de mis pecados, te pido me concedas la entrada al cielo de tu gloria eterna, te recibo como mi único y suficiente salvador”. Amén.

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[1] Barclay, William, The Daily Study Bible, “The Gospel of John,” Vol. 2 (Edinburgh: The Saint Andrew Press, 1955).

[2] Ilustración tomada en: http://www.renuevodeplenitud.com/la-puerta.html

Jun 07

YO SOY LA LUZ DEL MUNDO, Por: Diego Teh.

YoSoylaLuzdelMundo

YO SOY LA LUZ DEL MUNDO

Juan 8:12-20.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Ebenezer” de la col. San José Tecoh, Mérida, Yucatán; el día domingo 07 de Junio del 2015, a las 18:30 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Tenían que ser los fariseos.  El evangelio según San Juan en su capítulo ocho comienza con la historia de que un día ellos (los fariseos), sorprendieron a una mujer siendo sexualmente infiel a su marido, la trajeron a Jesús diciéndole que según la ley de Moisés (más bien, la ley de Dios) debería ser apedreada hasta que muera.  Tú, pues, ¿qué dices?” (Juan 8:5) le preguntaron a Jesús.  Luego de cierta escritura que Jesús hizo con su dedo en la tierra, y que fue suficiente para que los fariseos se sientan acusados en sus conciencias, Jesús les añadió “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella” (Juan 8:7).  Y nos relata el apóstol Juan que: “acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio” (Juan 8:9).  Luego que aquella mujer adúltera se dio cuenta que ante la sabia amonestación de Jesús a los fariseos, ninguno le condenó; adicionalmente Jesús le dijo a ella: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:11).   Evidentemente en este acontecimiento hubo un contraste de actitudes entre los fariseos y Jesús.  Mientras los fariseos pensaban en la muerte de una mujer sorprendida en pecado, Jesús pensaba en el perdón y en la santificación de la mujer perdonada.   Esto mismo llevó a Jesús a que en una nueva oportunidad abordara a los fariseos en el templo ante quienes dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12); palabras que confrontaron las malas actitudes de ellos.   En el mensaje de este momento, hablaré específicamente acerca de esta importante declaración de Jesús.

   Algo interesante a observar es que cuan Jesús hizo esta declaración de que él era la luz del mundo, se encontraba en el templo, en el lugar de las ofrendas (Cf. Juan 8:20).   Otro detalle importante es que eran los días de una fiesta que duraba ocho días y que se llamaba la fiesta de los Tabernáculos (Cf. Juan 7), fiesta en la cual todas las tardes después del sacrificio por los pecados, se efectuaba una ceremonia llamada ceremonia de la iluminación, en la que se encendía dos candelabros que se encontraban en los atrios del templo, y cuya luz se dice que podía ser vista en cualquier parte de la ciudad de Jerusalén.  Es muy probable que Jesús utilizó simbólicamente la característica de aquella luz que podía ser vista en toda la ciudad para que él mismo revelara tanto a los líderes fariseos como a los que escuchaban sus enseñanzas, que él era la Luz no solamente de la ciudad sino del mundo.   Aquellos que directamente le oyeron, debieron entender con toda claridad lo que él les quiso decir con esta metáfora.  En la actualidad los judíos siempre realizan esta festividad que ya tiene más de 2100 años de practicarse.  Ahora la practican ya no solo en Jerusalén, sino en varias ciudades del mundo donde ellos hayan formado una comunidad.  La ceremonia consiste en encender 9 velas durante ocho días (el primer día, dos velas, la vela piloto, y la que corresponde al primer día).  Es el recordatorio de la reconsagración del templo de Jerusalén por Judas Macabeo luego de purificar el templo de Dios que había sido profanado por el griego Antíoco Epífanes, quien instaló una estatua de Zeus en el templo de Dios, y sacrificó un cerdo en el altar donde solamente se deberían sacrificar ovejas y bueyes.  Desde el día de aquella reconsagración, se dice que milagrosamente, habiendo aceite solamente para mantener encendida una vela durante una noche, al encender la vela del candelero del templo, esta tardó encendida durante ocho días con el aceite que debería agotarse en una noche.  De allí los judíos comenzaron a celebrar la fiesta de los Tabernáculos durante ocho días, encendiendo 9 velas de un candelero cuya luz podía ser vista por toda la ciudad.  En el relato bíblico, Jesús se encontraba en aquella fiesta, y justamente junto a aquel candelero luminoso, cuando él se identifica como “Yo soy la luz del mundo”, obviamente estaba también marcando claramente que él era mucho mejor que aquellas velas de manufacturación humana, pues él se estaba dando a conocer como la luz divina que la humanidad necesita.   Cuando Jesús dice “Yo soy” está señalando el carácter divino de la verdadera luz.  Él es la luz en sí mismo.  Él no recibe la luz de nadie y de nada.  Él es la fuente de la luz, Él es el origen y es Él quien la reparte.

   En este mensaje quiero compartirles lo que Jesús estaba queriendo que entendiesen los fariseos que quisieron matar a aquella mujer adúltera, cuando él les dijo: “Yo soy la luz del mundo”; declaración que en la actualidad nos corresponde a nosotros entender.   /  ¿Qué es lo que debe entenderse de la declaración de Jesús cuando dijo: “Yo soy la luz del mundo”?  /  A través del pasaje bíblico que leímos al principio del mensaje, encontraremos las enseñanzas contenidas en esta afirmación de Jesús.

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   La primera enseñanza contenida en la afirmación de Jesús cuando dijo “Yo soy la luz del mundo”, es que:

I.- EL MUNDO SIN JESÚS, SE ENCUENTRA EN TINIEBLAS ESPIRITUALES.

   En la expresión de Jesús “Yo soy la luz del mundo” (Juan 8:12), cuando se refirió al mundo, no se estaba refiriendo al planeta tierra, pues el planeta cuenta desde la creación con un sol que la ilumine de día y con una luna que por las noches también la refleje.  Jesús, estaba diciendo que a pesar de aquellas grandes lumbreras de la creación, la vida personal, espiritual, y social de la humanidad se encontraba en tinieblas de pecado.  Aunque como ya he mencionado en la introducción de este mensaje, a pesar de la realidad y la simbología de la luz del candelabro que iluminaba el templo (y más allá del templo) de Dios al que acudían los judíos, ellos, especialmente los fariseos cuyas actitudes no eran de amor verdadero ni a Dios ni a sus semejantes, se encontraban en tinieblas espirituales.  Se podía decir de ellos, lo que Job dijo al respecto de los perversos que: “De día tropiezan con tinieblas, y a mediodía andan a tientas como de noche” (Job 5:14).  Si aquella mujer adúltera estaba viviendo mal, ellos como fariseos, también.  Pero no solo ellos estuvieron en tinieblas sino que toda la humanidad en general cuando le da la espalda a Dios rechazando a Jesús, se puede decir que se encuentra en un estado de tinieblas.  Por eso fue necesario que Jesús “la luz del mundo” viniese personalmente a este mundo.

   En un plano geográfico mucho mayor al contexto de la religión de los fariseos de la época de Jesús, hay un relato histórico profético en el Antiguo Testamento que corresponde a los habitantes de la provincia palestina de Galilea donde vivieron las tribus israelitas de Zabulón y Neftalí, cuya descripción es que han estado viviendo en tinieblas no de la ausencia del sol, sino de pecado y aflicción.  700 años antes de Jesús, el profeta Isaías dijo de ellos lo siguiente: “Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles.  /  El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos” (Isaías 9:1,2).  El contexto de estas palabras que describen a los habitantes de Galilea, es que los habitantes originales habían sido llevados cautivos a otros diversos lugares lejanos a Galilea donde quiso llevarlos el imperio Asirio que los conquisto.  La gente a la que se estaba refiriendo Isaías eran gentes que también fueron cautivadas de otras partes del imperio, y traídas para establecerse a vivir en Galilea, un territorio propio del pueblo escogido de Dios.  Sin embargo, los extranjeros que fueron traídos, eran de naciones y familias a las que Dios no había escogido para ser su pueblo especial, por lo que de nada espiritual les serviría vivir en territorio sagrado.  Por otra parte, como esta gente traída a Galilea, a las que el imperio Asirio les impuso un estilo de vida para adaptarse a la cultura de los asirios, estos vivían no de acuerdo a la voluntad del Dios de los israelitas sino de acuerdo a los libertinajes de las deidades y religiones asirias, además de las costumbres que estos extranjeros trajeron de sus propias tierras.  Es por eso que acertadamente Isaías los describe como gente viviendo en tinieblas, pero profetiza para ellos que “no habrá siempre oscuridad”, y en términos proféticos los describe como “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos”.   En otras palabras, se trata de una descripción de que los gentiles, o sea los que no eran el pueblo de Dios, estaban en tinieblas, pero proféticamente Isaías prefigurando la venida y ministerio de Jesús, asegura que “luz resplandeció sobre ellos”.  Por otra parte, es también interesante observar que el apóstol Juan comienza su epístola, describiendo a Jesús como el Verbo que eternamente coexistía en Dios, que todo fue hecho por Jesús, que la vida estaba en Jesús, y que la vida (Jesús) era la luz de los hombres (Cf. Juan 1:1-3).  Pero, trasladando la escena de Jesús como luz ya no en el plano de la eternidad, ni solo durante el tiempo de la creación, ni solamente entre los inicios de la humanidad, sino en el plano del tiempo cuando Jesús vino a este mundo; San Juan afirma que entonces “La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella” (Juan 1:5).

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   La segunda enseñanza contenida en la afirmación de Jesús cuando dijo “Yo soy la luz del mundo”, es que:

II.- EL DISCÍPULO DE JESÚS, SE LIBRA DE LAS TINIEBLAS ESPIRITUALES.

   El mundo como planeta es tan grande que ¿quién pudiera interesarse en el bienestar espiritual de una persona?  Sin embargo, Jesús particulariza el efecto de su luminosidad espiritual para aquel que acepte la invitación de ser su discípulo, pues para esta persona dice Jesús que: “el que me sigue, no andará en tinieblas,” (Juan 8:12).  Esto aclara que si bien a muchas personas de entre todo el mundo no les interesa salir de las tinieblas en las que se encuentra su vida, ni modo, es su vida; pero para el que por la gracia de Dios se da cuenta de que vivir en tinieblas espirituales es un mal para su vida presente y que es un mal peor para su vida con respecto a la eternidad, si esta persona se convierte en discípulo de Jesús, por fin se puede librar de las tinieblas espirituales, pues es eso que dijo Jesús cuando afirmó que: “el que me sigue, no andará en tinieblas,…”.

   Amados hermanos, en el Antiguo Testamento, como por ejemplo, en el Salmo 27 leemos que David dice acerca de Dios que “Jehová es mi luz”, pero en la actualidad, el Jesús que en el Nuevo Testamento anunció de sí mismo que “Yo soy la luz del mundo”, es el mismo Jehová conocido en la antigüedad como la luz de los hombres temerosos de Dios.  SI alguien quiere no estar en las tinieblas espirituales de este mundo, puede encontrar en Dios por medio de Jesús la luz para su propia vida.   Jesús es la luz divina que domina todas las tinieblas espirituales que pudiesen existir en la vida de los seres humanos, por eso desde el día que creímos en Jesús, nos asegura la Palabra de Dios escrita por el apóstol Pablo, que Dios “…nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,” (Colosenses 1:12,13).  Por eso Jesús dijo: “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas”  (Juan 12:46).  Si alguno que me escucha todavía permanece en las tinieblas espirituales de perdición eterna, lo invito a que crea que Jesús es quien le va a sacar de las tinieblas para colocarle en un mejor lugar llamado reino de Dios en el que para cada momento de la vida se cuenta con la luz divina que ilumina suficientemente nuestro andar.  Eso sí, es necesario estar dispuesto a ser un discípulo de Jesús que quiera seguirle y caminar junto con él todos los días de su vida.

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   La tercera enseñanza contenida en la afirmación de Jesús cuando dijo “Yo soy la luz del mundo”, es que:

III.- LA LUZ DE JESÚS, CONCEDE LA VIDA ETERNA.

   Permítanme relatarles primero, un caso que demuestra la importancia de la luz, y cómo es que la luz puede significar VIDA cuando una persona se encuentra en las tinieblas que le puede causar MUERTE.  Dos jóvenes salieron de su pueblo para bañarse en el charco de un río un día de verano […].  Al nadar por debajo del agua descubrieron un estrecho pasillo. Decididos a investigar cogieron aire y entraron en el pasillo hasta encontrarse en una cueva subterránea. En la cueva descansaron en unas rocas y cogieron aire. Pero al buscar la salida, por debajo del agua, no la encontraron. Seguían buscando cada vez más desesperados, y así pasaron las horas. En el pueblo llegó la noche y sus padres y amigos empezaron a preocuparse y salieron en su búsqueda, pero sin éxito. Los chicos en la cueva empezaron a desesperarse; no podían encontrar la salida por mucho que la buscasen. Calculaban que ya era de noche afuera. Al amanecer el día después, el sol empezó a levantarse. Salió por detrás del horizonte y empezó a dar en las aguas del río. Dentro de la cueva, los chicos percibieron los rayos del sol que en estos momentos llegaron a pasar por el estrecho pasillo. Lanzándose al agua, se dirigieron hacía la luz que les señalaba el pasillo subacuático que les llevaría afuera y a la vida.  En esta historia verídica la oscuridad significaba la muerte y la luz llevó a la vida[1].

   Centrando nuestra atención en el final del versículo doce, leemos que después de que Jesús declara “Yo soy la luz del mundo”, afirma y enfatiza también que “el que me sigue, […no andará en tinieblas, y además, ¿qué?] tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).   Pero por desgracia hay personas que rechazan la Luz de Cristo sin ni siquiera probarla, por lo que ¿cómo tendrán la luz de la vida?  Los fariseos, por ejemplo, rechazaron esta luz de vida cuando le dijeron a Jesús: “Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero” (Juan 8:13).  No se molestaron en comprobar si la declaración de Jesús “Yo soy la luz del mundo” era cierta o no, simplemente no la aceptaron porque se les ocurrió aplicarle a Jesús un concepto legal de que quien no tiene por lo menos otros dos testigos que verifiquen sus palabras, no podía creerse su testimonio.  Ni siquiera se molestaron en preguntarle ¿cómo puedes demostrar que eso que dices es cierto?, sino que nada más se limitaron a decirle: ”tu testimonio no es verdadero”.  ¿Cómo la luz de Dios les iluminaría para vida espiritual a aquellos fariseos que rechazaban a Jesús como la verdadera luz de Dios no solo para el mundo sino para cada persona en particular?

   Amados hermanos, dejemos el caso de los fariseos que fueron la historia de hace como dos mil años.  Hoy es a nosotros que nos es ofrecida abiertamente la luz de la vida.  Es a cada uno de nosotros que Jesús dice: “…el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.  El que vive en tinieblas espirituales es un muerto espiritual que solo vive físicamente por lo que para salir de ese estado en el que se encuentra necesita “la luz de la vida” que solamente puede conseguirla por medio de Jesucristo.  Que ninguno de los que aquí nos encontramos tenga la actitud de no creer que Jesús es la luz del mundo por que el resultado sería espiritualmente fatal, tal como Jesús mismo les explicó a los fariseos cuando les dijo: “…si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis” (Juan 8:24).  ¿Qué prefiere usted? ¿La muerte eterna espiritual causada por los pecados que pesan sobre quienes rechazan el ofrecimiento espiritual de Jesús, o la vida eterna espiritual resultante de creer que Jesús es la luz del mundo cuya luz para una persona funciona como la luz de la vida?

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos:

(1) Jesús no solamente se dio a conocer a los fariseos y a los judíos que él era “la luz del mundo” sino que para que no quede duda acerca de esta su Divina virtud, en aquellos mismos días devolvió la vista a un hombre que por su ceguera de nacimiento nunca había visto la luz del día, del sol, y de las lámparas y velas; pero lo mejor de todo es que Jesús iluminó el corazón de muchos oyentes de sus revelaciones, pues el apóstol Juan nos relata de Jesús que en aquella ocasión que se reveló como “la luz del mundo”, “hablando él estas cosas, muchos creyeron en él” (Juan 8:30), logrando así que estos que creyeron conocieran la luz de Dios en sus mentes y corazones.

 (2) Jesús es “la luz del mundo” para la vida personal, así que usted y yo no tenemos como aquellos religiosos fariseos por qué permanecer en tinieblas.  Ninguno de nosotros piense que por pertenecer a una denominación cristiana o religiosa con un sistema de doctrinas ya sean históricas o contemporáneas, o ya sean ortodoxas, reformadas, o contemporáneas; pues solamente Jesús es quien puede verdaderamente iluminar la vida y el camino para andar en los caminos de la voluntad de Dios, y conducirnos a la salvación de nuestras almas.

(3) Cuando el apóstol Pablo se dirige hacia los creyentes de la ciudad de Tesalónica les confirma que por haber creído en Jesús “…todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas” (1 Tesalonicenses 1:5).  Y esta es la misma realidad para los creyentes de esta amada congregación, al haber aceptado la verdad de que Jesús es la luz divina del mundo.  Gracias a Dios que no nos dejó abandonados en las tinieblas sino que nos trajo la luz de la vida, por lo que debemos amar andar en su luz, y no dar el paso para andar de nuevo en las tinieblas de pecado y muerte eterna.

(4) Finalmente el apóstol Pedro, nos hace un recordatorio cuando dice: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable;” (1 Pedro 2:9).  Es claro que ahora que por la gracia de Dios hemos salido de las tinieblas espirituales en las que antes vivíamos, pero ahora que vivimos en la luz admirable de Dios, tenemos el deber de anunciar que Jesús tiene virtudes especiales y salvadoras, totalmente poderosas para rescatar al más vil de los pecadores para darle un cambio espiritual ahora mismo así como una garantía de vida en la eternidad.  Cada uno de nosotros conocemos personas que deben saber de esta gloriosa noticia para que también puedan salir de las tinieblas espirituales en las que se encuentran.

[1] http://www.iglesiadeciudadreal.es/es/mensajes-biblicos/188-cristo-la-luz-del-mundo