Jun 16

RETRATOS DE UN PADRE CRISTIANO, Por: Diego Teh.

RETRATOS DE UN PADRE CRISTIANO

Juan 4:46-53.

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Sermón elaborado por el Pbro. Diego Teh, para predicar el sábado 16 o domingo 17 de junio 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida,  por motivo del día del Padre.

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   INTRODUCCIÓN: Hace más de 109 años no se celebraba el Día del Padre. Nuestros abuelos y bisabuelos de aquellos años no recibieron los apapachos que el día de hoy damos a nuestros padres y recibimos o recibiremos de nuestros hijos. Aunque el día de las madres no es tan antigua que digamos.  Su origen contemporáneo data del 1865 (hace 153 años).  En los años 1873 a 1883, solo diez años se implementó en Boston Massachusets, en los EEUU, pero pronto decayó el interés.  Fue hasta 1907 cuando una joven Ana Jarvis (fundadora del Día de la Madre), para celebrar el segundo año del fallecimiento de su madre, que hizo un evento masivo que llamó el Día de la Madre, y pronto se fue propagando la celebración en todo EEUU, adoptando más interés por las madres con vida.  En México se comenzó a celebrar en 1911, pero de manera más oficial en 1922 por influencia de un movimiento feminista que se dio en aquellos tiempos, nada menos que aquí en Yucatán[1].  Entonces, el Día del Padre surge a solo dos años de haber surgido el Día de la Madre.  “El día para celebrar a los padres fue propuesto por primera vez en 1909 por Sonora Dodd de Spokane, Washington, EEUU. La idea vino a la señora Dodd en el Día de la Madre. Ella estaba en la iglesia escuchando un sermón acerca de los sacrificios que hacen las madres por sus hijos, cuando se dio cuenta de que había sido su padre viudo quien había hecho el tipo de sacrificios que el pastor estaba describiendo. Un veterano de la Guerra Civil, William Smart, crió a sus seis hijos por sí solo en una granja después de que su esposa murió dando a luz a su sexto hijo. El alcalde de Spokane escogió el 19 de junio de 1910, para la celebración, ya que en el mes de junio fue el nacimiento de William Smart. Los periódicos de todo el país cubrieron el evento, y el interés creció, pero no fue sino hasta 1924 que el Presidente de EEUU Calvin Coolidge recomendó que los Estados, si lo deseaban, observaran un Día del Padre, en parte, “para impresionar a los padres a la plenitud de sus obligaciones”. En 1966, el Presidente de EEUU Lyndon Johnson estableció el tercer domingo de junio como día nacional para celebrar a los padres. Y en 1972, sesenta y dos años después de que Sonora Dodd lo propuso, el Presidente de EEUU Richard Nixon firmó la ley haciendo permanente el Día del Padre. Casi todos los países también han adoptado un día especial para celebrar el Día del Padre”[2].

   Hoy también los cristianos celebramos el Día del Padre. Algunos tuvimos o todavía tenemos el privilegio de tener padres cristianos, otros ni lo tuvimos, ni lo tenemos, aunque si todavía vive ojalá haya posibilidad de que llegue a ser cristiano.  Aunque sobre todas las cosas lo que a estas alturas más y también importaría es que si usted que está aquí, sea el padre cristiano que debería ser. En nuestra lectura bíblica de hoy, aunque San Juan no dice el nombre del hombre de quien hemos leído, quien además de ser un oficial del rey (v. 46), también es un padre (v. 53) con un hijo que estaba enfermo de una fiebre que estaría a punto de quitarle la vida (vv. 46,47).

   Como observamos que este padre acudió a Cristo con fe de que él sanaría a su hijo, aunque para ese entonces no se conocía la palabra cristiano, puedo estar seguro de que manifestó la fe que es propia de un cristiano.  Por eso, quiero enfatizar hoy lo que puede hacer un padre cristiano por sus hijos. Y específicamente voy a predicarles que un padre cristiano debe estar dispuesto a hacer con fe en Jesús todo lo necesario para el bien de sus hijos. / ¿Qué cosas necesarias con fe en Jesús debe estar dispuesto a hacer un padre cristiano para el bien de sus hijos? Nuestra historia bíblica nos presenta algunas de las cosas que un padre cristiano debe estar dispuesto a hacer.

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   Lo primero que un padre cristiano debe estar dispuesto a hacer por el bien de sus hijos, es:

I.- LLEVAR A JESÚS A SUS HIJOS.

    San Juan nos relata primero que este padre cuando supo que Jesús estaba en Caná de Galilea, el salió de su pueblo de Capernaum siempre de Galilea, y fue en busca de Jesús, y cuando le encontró: “le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir” (v. 47b). Esto de que “le rogó que desciende”, es solamente una manera de decir: “Por favor, vamos a mi casa”.  Pero, Jesús, primero le exhortó duramente incluyéndole dentro de la actitud generalizada de la gente que vivía en aquella población de Capernaum.  Le dijo: “Si no viereis señales y prodigios, no creeréis” (Juan 4:48), en otras palabras: “Ustedes nunca van a creer si no ven señales y prodigios” (NVI). Obviamente, Jesús quería que le quede claro a este hombre que primero es creer y luego ver señales y prodigios, no primero poner como condición el ver las señales, y luego si estaba de acuerdo, entonces podía creer.  El hombre como todo un buen padre, preocupado y desesperado por lo menos de la salud y vida de su hijo, dice San Juan que “El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera”. (v. 49).  En la insistencia de este padre de familia, estoy infiriendo que lo que él quería era llevar a Jesús a su casa para el bien de su hijo.

   Cuando Jesús visitó a personas en sus casas, hubo grandes beneficios espirituales, así como físicos en la vida de esta gente alcanzada por la gracia divina.  Por ejemplo, cuando Jesús fue a casa de la suegra de Pedro, ella fue sanada de una fiebre, pero espiritualmente hubo un cambio en su corazón, de tal cambio que ella decidió servir a Jesús.  Cuando visitó a Zaqueo en su casa, él abandonó el trabajo que le había dado riquezas según la ley que injustamente despojaba a la gente cobrándoles altos impuestos para beneficio del imperio, por eso espiritualmente Jesús anunció a los presentes que “Hoy ha venido la salvación a esta casa…”.  Así que valió la pena que Jesús fuera a la casa de ellos, así como de este oficial del rey que quiso llevar a Jesús a su casa para el bien de su hijo enfermo.

   Amados padres de familia, ¿tiene usted el interés de llevar a Jesús a casa para bendecir la vida de sus hijos?  Quizá es más fácil llevar la despensa de la semana, quincena o del mes cuando usted recibe su sueldo, pero, y a Jesús ¿cómo lo lleva a casa?  Lo que usted debería hacer es hablarles de Jesús, orientarles a que centren su vida y decisiones en torno a Jesús.  Quizá más de uno de nosotros no tuvo un padre que hiciera esto con nosotros, que nos trajera a Jesús a nuestra vida, que nos hablara de él.  Doy gracias a Dios que mi padre sí lo hizo, y siempre se sintió satisfecho de haberlo hecho.  Lo que ahora de todas maneras nos corresponde a nosotros, es hablarles a nuestros hijos acerca de Jesús, aunque quizá más de uno de nosotros todavía tenga la necesidad de ser el hijo quien hable de Jesús a su padre.  Pero, recuerden, el primer retrato de un padre cristiano es aquel que se preocupa por llevar a Jesús a sus hijos en casa.

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   Lo segundo que un padre cristiano debe estar dispuesto a hacer por el bien de sus hijos, es:

II.- TENER UN FE PERSEVERANTE.

   San Juan nos relata que este padre de familia “cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él” (v. 47a). Jesús recientemente había comenzado a llevar a cabo su ministerio, todavía eran las primeras semanas, y había predicado tanto en Caná como en Capernaum, pero la gente no creía sino lo único que querían ver primero era señales y prodigios que prueben que él es lo que dice ser.  Probablemente este hombre en algún momento pensó como los demás: Primero ver para creer. Pero, hay indicios de que dentro de la influencia de la presión social de la gente.  Por eso Jesús en algún momento le dijo: “Ustedes nunca van a creer si no ven señales y prodigios” (Juan 4:48; NVI).  Si alguna vez, este padre fue uno de estos, ahora ya nunca más pensaría en ver para creer, sino en creer para ver.  Pues Jesús, solía enseñar como se lo recordó a Marta, una de sus amigas “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” (Juan 11:40).  Primero creer para luego ver.

   Es muy probable que este hombre estaba luchando con su fe.  Su ¿fe en el milagro en sí, o su fe en Jesús?  Pero, lo que es notorio en este hombre, según lo describe San Juan, es que cuando Jesús le dijo: Mira, no voy a ir ahora a Capernaum, pero: “Ve, tu hijo vive” (v. 50a), no dudó, sino que creyó en Jesús. Dice la historia del caso: “Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue” (v. 50b).  Su fe inicial, ahora ha crecido al creer nuevamente la palabra de Jesús de que aquel hijo moribundo ahora estaba plenamente saludable. Al regresar, sin duda que su hijo debió estar muy feliz de que su padre se hubiese interesado por la salud que le hacía falta; pero sin duda que este padre compartió con su hijo y con el resto de su familia, la manera cómo Jesús dijo a distancia, sin un toque, sino solamente con decir que su hijo vivía.  Sin duda que este padre compartió a los suyos cómo él se retiró de la presencia de Jesús lleno de fe en lo que Jesús había dicho con respecto al hijo de este hombre.

   Amados hermanos, esto es lo que nuestros hijos deberían ver en nosotros, que nuestra fe en Dios y en su Hijo Jesucristo es creciente y perseverante.  Quizá tampoco tuvimos un padre así, pero lo que ahora importa es que nosotros deberíamos ser ejemplo de fe real, creciente, y perseverante en Dios.  Aunque la fe no se transmite en automático, sino que junto con la enseñanza de la palabra de Dios puede producirse también en el corazón de nuestros hijos, tal como ocurrió según San Pablo en la vida de Timoteo, que en este caso por la fe ejemplar de su madre y de su abuela, él desarrolló una fe no fingida (cf. 2 Timoteo 1:5).  Por eso, tomen en cuenta que un segundo retrato de un padre cristiano, que un hijo querrá recodar, es la fe creciente y perseverante de su padre.

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   Lo tercero que un padre cristiano debe estar dispuesto a hacer por el bien de sus hijos, es:

III.- ESFORZARSE EN HACER TODO LO POSIBLE.

   Me refiero a esos detalles cuando hay que hacer o dejar de hacer algo, con tal de conseguir algo más valioso.  Dentro de la narración de lo que ocurrió después de que este padre de familia viajó o caminó de Caná a Capernaum, leemos que: “Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. / Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. / El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive” (Juan 4:51:53).  Al parecer, este padre llegó de vuelta a su casa, hasta el día siguiente, porque cuando él llega le dicen que “Ayer a las siete le dejó la fiebre”.  Este hombre dejó su trabajo por lo menos dos días, un día para ir a Caná, y otro día para regresar a Capernaum.  También tuvo que caminar una distancia que si no hubiese algún motivo que valga la pena, no hubiese tenido que caminarlo.  No dijo: Ah, está muy lejos ir hasta Caná. Si Jesús viene aquí a Capernaum voy a hablar con él. ¿Quién lo haría por el hijo enfermo? Quizá alguien de buen corazón pudiese ofrecerse a hacerlo, pero es mucho más valioso cuando quien lo hace no es un extraño sino el propio padre de familia.

   En la vida hay muchas cosas posibles que podemos hacer por nuestros hijos, pero como requieren un poco de esfuerzo más de lo que estamos acostumbrados, finalmente por irresponsabilidad, por negligencia, pereza, etc… no hacemos un poco más para beneficio de nuestros hijos.  Este padre de familia, simplemente hizo cosas que son posibles con un poco más de esfuerzo que lo acostumbrado, para ir en busca de Jesús para el bien de su hijo.  Pero, lo que quiero que observen es que un buen padre con tal de conseguir o procurar el bienestar de sus hijos, es capaz de no medir ni el tiempo ni la distancia en la que tenga que salir para conseguir la solución de los problemas que llegan a la vida de sus hijos.  Este padre, tuvo que caminar quizá cerca de 24 horas, y quizá hasta a altas horas de la noche o antes del amanecer, pero tenía que hacerlo.  Si no lo hubiese hecho, lo más probable es que su hijo se hubiese muerto, pero un buen padre es capaz de esforzarse por hacer lo que es posible como caminar todo un día, como dejar de trabajar un día si eso beneficia a los hijos.  Cuando los hijos observan estas cosas, sin duda que sabrán que tuvieron un padre que los sacó adelante con mucho esfuerzo, y quizá hasta con mucho sacrificio.

   Amados hermanos padres de familia, quizá no todos tuvimos un padre que siempre se haya esforzado en hacer todo aquello que era posible.  Quizá por eso usted tuvo muchas limitaciones como el no haber podido ir a la escuela, el no tener una profesión, el no haber tenido una casa propia, etc… sin embargo, lo que ahora importa es que usted está en pie, firme en la vida.  Lo que ahora importa es que ahora usted tiene hijos que esperan que su padre haga el esfuerzo de hacer las cosas posibles para que ellos puedan salir adelante.  Cuánto mejor si usted acude primero a Jesús, y luego les habla de Jesús. Otro retrato que los hijos querrán recordar de su padre, es todo el esfuerzo que hizo para que ellos salgan adelante en todos los aspectos de la vida.

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   Lo cuarto que un padre cristiano debe estar dispuesto a hacer por el bien de sus hijos, es:

IV.- QUE ELLOS TAMBIÉN SE HAGAN CREYENTES.

   Es muy agradable como termina la historia que comenzó con la enfermedad grave de un hijo, y que siguió con la responsabilidad de un buen padre.  La historia relatada por San Juan, concluye diciendo: “y creyó él con toda su casa” (v. 53b).  Una vez más observamos que este hombre fue bendecido con una fe que iba creciendo experiencia tras experiencia, pero lo más relevante es que finalmente creyeron en Jesús “toda su casa”, sin duda que incluyendo a aquel hijo enfermo que seguramente nunca había pasado en su cabeza la idea de creer en Jesús.  Así podemos ver que todo esfuerzo que se haga a favor del beneficio de un hijo, el resultado podría ser sorprendente, porque podría beneficiar la expresión de la fe de los hijos en Jesús.

   En el caso de este hijo gravemente enfermo, que en ningún momento había pasado en su cabeza el hacerse creyente de Jesús, pero que en consecuencia del favor hecho por su padre de haber ido en busca de Jesús rogando salud para él, concluyó en el grato resultado de hacerse creyente en Jesús, relevantemente junto con su madre, y quizá otros miembros de su familia se hicieron creyentes en Jesús.  Cualquier otro esfuerzo de conseguirles cosas materiales, podría no ser malo, pero sería insuficiente si no nos esforzamos en hacer todo lo posible para que los hijos crean en la obra redentora de Jesús.

   Amados hermanos, no habría mejor recuerdo que un padre cristiano podría dejar a sus hijos que el retrato mental de un padre que hizo todo lo posible porque sus hijos creyeran en Jesús.  Algunos de nosotros, no tuvimos un padre así, pero lo que ahora importa es que nosotros debemos serlo para con nuestros hijos. Si nuestros hijos no creen en Jesús, estamos lejos de cumplir nuestra más grande responsabilidad como padres cristianos.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos padres o hijos: Un padre es alguien digno de recordar, valorar, y honrar.  No importa cómo haya sido el de usted, pero a pesar de ello, Dios nos dice a todos: “Honra a tu padre” (Exodo 20:12; Efesios 6:2).  Desde luego que no hay que esperar el día establecido por un decreto nacional. Y si no hubiese un día del padre, ¿cómo honraría usted a su padre?  Un padre debe ser honrado por todos sus hijos, pero un padre mucho más si es cristiano, aunque no sea honrado, de por sí, debe hacer todo bien a favor de sus hijos y de su familia.

   Hoy, damos gracias a Dios por que en esta iglesia se abre un espacio para enseñar la importancia de honrar a nuestros padres, y para recordarnos a los padres que debemos centrar en Jesús toda nuestra vida, la de nuestra familia, y la de nuestros hijos.

   Feliz Día del Padre a todos los que están en este bendito privilegio de representar los intereses de Dios en la familia.

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[1] https://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_de_la_Madre

[2] https://comuniondegracia.org/la-historia-del-dia-del-padre/

Jun 10

MIRA ARRIBA: A DIOS, Por: Diego Teh.

MIRA ARRIBA: A DIOS

 Hechos 20:17-21.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 10 de junio 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

Este bosquejo corresponde al sermón # 05 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN: El título del mensaje de este momento es: MIRA ARRIBA: A DIOS. Lo tomé del libro: Una vida centrada en el evangelio, de Steve Timmis, y Tim Chester.  Recoge la expresión del apóstol Pablo cuando les dice a los Colosenses: “…buscad las cosas de arriba, […] poned la mira en las cosas de arriba” (Colosenses 3:1,2).  Y entre esas cosas de arriba no solamente están las que un día allí llegaremos a conocer, sino también están aquellas que son de arriba, pero se nos ha dado a conocer y poner en práctica aquí en la tierra, aunque obviamente no son de la tierra.  En nuestro texto bíblico, San Lucas relata el mensaje y testimonio que el apóstol Pablo les compartió a los ancianos de la iglesia de Efeso (o sea, al Consistorio de la iglesia de Éfeso), en el cual, aunque no menciona la frase “las cosas de arriba”, les habla de las “cosas de arriba” que en este mensaje no llamare cosas (porque en nuestro lenguaje, “cosas” es una palabra muy general y a veces abstracta), sino que las llamaré espiritualidades, que sirven para evaluar si una persona realmente está centrada en el evangelio o en otras “cosas”.

   Por eso, la lección que les compartiré en este mensaje será que: Todo creyente en Jesucristo, para centrar su vida en el evangelio debe ser un practicante de las espiritualidades esenciales de la vida cristiana. / ¿Cuáles son las espiritualidades esenciales de la vida cristiana que todo creyente en Jesucristo debe practicar para centrar su vida en el evangelio? / En nuestro texto bíblico en el que el apóstol Pablo instruye a los ancianos de la iglesia de Éfeso, les recuerda tres de estas espiritualidades esenciales de la vida cristiana que él mismo vivió y enseñó a ellos, y que todo cristiano debe practicar para entonces centrar su vida en el evangelio.

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   La primera espiritualidad esencial para centrar la vida en el evangelio, es:

I.- EL ARREPENTIMIENTO PARA CON DIOS.

   Siguiendo las palabras del versículo 21 en las que el apóstol Pablo indica a los ancianos de la iglesia de Efeso, que: “testificando a judíos y a gentiles”, afirma que el enfoque de lo que él testificaba fue “acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21).  En este momento les hablaré acerca del “arrepentimiento para con Dios” como la primera espiritualidad que el apóstol predicó no solamente a los incrédulos de la ciudad, sino también a los mismos que ya siendo creyentes se reunían con la iglesia.  El arrepentimiento no es solamente un acto inicial para abandonar la vida totalmente alejada de Dios, sino también un proceso de todos los días para ponerse a buenas cuentas con Dios debido al poder del pecado que aun sin nuestra intencionalidad y voluntad nos hace pecar contra Dios.  Entonces, necesitamos vivir todos los días con arrepentimiento.

   La Confesión de Fe de Westminster, define el arrepentimiento de la siguiente manera: “Al arrepentirse, un pecador se aflige por sus pecados y los odia, movido no sólo por la vista y el sentimiento del peligro, sino también por lo inmundo y odioso de ellos que son contrarios a la santa naturaleza y a la justa ley de Dios. Y al comprender la misericordia de Dios en Cristo para los que están arrepentidos, se aflige y odia sus pecados, de manera que se vuelve de todos ellos hacia Dios”.  (Párrafo II). En otras palabras, es volver a Dios todos los días.  Pero, permítame hacerle algunas preguntas, usted cuando se arrepiente ¿por qué se arrepiente? ¿Por miedo a las consecuencias de su pecado? Si usted se arrepiente por ello, déjeme decirle que no es una buena razón, y de hecho no sirve de nada arrepentirse por miedo a las consecuencias que vendrían o podrían venir.  Usted se debe arrepentir porque reconoce “lo inmundo y odioso que son (sus pecados) a la santa naturaleza y a la justa ley de Dios”.  Pero, además, usted se debe arrepentir por “comprender la misericordia de Dios en Cristo”.  Si su arrepentimiento no está centrado en la comprensión de “la misericordia de Dios en Cristo”, su presunto arrepentimiento podría no servir para recibir el perdón que por cierto no se obtiene directamente por el arrepentimiento sino por la gracia de Dios.

   También dice la Confesión, en cuanto al arrepentimiento, que “Los hombres no deben quedar satisfechos con un arrepentimiento general de sus pecados, sino que es el deber de todo hombre procurar arrepentirse específicamente de sus pecados específicos” (Párrafo IV).  Cuando usted se arrepiente ¿cómo confiesa a Dios sus pecados?  Usted no debe decir solamente: Señor, Perdona mis pecados.  Dios espera que usted le diga a Él cuál es el pecado específico del cual usted está arrepentido.  Dios no perdona solamente porque alguien le diga: Señor, perdona mis pecados.  Cada quien debe decirle a Dios, Señor, Perdóname por haber ofendido a mi compañero de trabajo diciéndole que es un menso.  Perdóname porque no fui responsable en reunirme con tu iglesia para adorarte.  Perdóname porque reconozco que fui injusto con el hermano…  Perdóname porque cuando estoy en la iglesia juzgo a las hermanas por su manera de ser.  Y así, cada pecado debe ser confesado de manera específica.

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   La segunda espiritualidad esencial para centrar la vida en el evangelio, es:

II.- LA FE EN NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

   El apóstol Pablo, después de afirmar que el enfoque de lo que él testificaba fue “acerca del arrepentimiento para con Dios”, dice también “y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21).  “La fe en nuestro Señor Jesucristo”, es la espiritualidad necesaria para poder estar verdaderamente centrado en el evangelio.  Sin fe no hay justificación, ni paz con Dios (Romanos 5:1).  Sin la fe no hay entrada a la gracia de Dios (cf. Romanos 5:2).  Sin fe no hay salvación (Efesios 2:8).  Sin fe no se puede agradar a Dios, ni puede haber ningún acercamiento a Dios (Hebreos 11:6).

   En cuanto a la fe, la Confesión de Fe de Westminster, explica que: “La gracia de la fe, por la cual se capacita a los elegidos para creer para la salvación de sus almas, es la obra del Espíritu de Cristo en sus corazones, y es hecha ordinariamente por el ministerio de la palabra; también por la cual, y por la administración de los sacramentos y por la oración, se aumenta y se fortalece” (Párrafo I).  Hay un primer acto de fe con la cual uno inicia la experiencia de la salvación y la vida cristiana, lo que la Confesión describe como “creer para la salvación de sus almas”; acto que usted llevó a cabo el momento en el que usted dijo que cree en Jesucristo.  ¿Recuerda usted ese momento tan especial?  Pero esta fe no debe quedarse en un solo y primer acto, sino que debe convertirse en una experiencia cotidiana, no de todas las semanas o domingos, sino que debe ser la experiencia de todos los días.

   Esta fe capacitante, según la Confesión “es hecha ordinariamente por el ministerio de la palabra”.  La Confesión le da la razón al apóstol Pablo quien explicó a los Romanos que “…la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). O sea, que la fe surge cuando la palabra de Dios es leída o escuchada; entonces ¿cada cuándo crece la fe de usted, o sea cada cuando lee o escucha la lectura de la palabra de Dios? Si es hasta el domingo, entonces, usted no está centrado en el evangelio.  La vida centrada en el evangelio no es un asunto semanal sino de todos los días.  Usted necesita fe no cada semana sino todos los días; y solamente la palabra de Dios es la que genera la fe en el corazón humano.

   La Confesión, hablando de la fe, dice: “por la administración de los sacramentos y por la oración, se aumenta y se fortalece”.  La palabra de Dios la genera, pero los sacramentos y la oración, sirve para su aumento y fortalecimiento. Primero, les voy a decir lo siguiente en cuanto a la oración.  Si la oración es fortalecedora de la fe en nuestro Señor Jesucristo, entonces el cristiano no debe esperar solamente los momentos de oración del próximo culto dominical para orar, porque eso estaría indicando que no quiere más fe.  ¿Usted cada cuándo ora a Dios?  Recuerde usted que la oración que tampoco es un asunto semanal, sino algo que se puede hacer en cualquier lugar y todos los días de manera personal.

  Ahora, tomando en cuenta que la Confesión, en cuanto a la fe, explica que con “la administración de los sacramentos […] se aumenta y se fortalece”.  Esto es igual de cierto, tanto con el bautismo como con la santa cena.  Pero, ambos sacramentos no son de impartición ni diaria, ni semanal.  El bautismo es una sola vez en la vida.  Y el de la Santa Cena, generalmente se ministra una vez por mes, y en raras ocasiones con más frecuencia.  Pero, por lo mismo, que no es algo que se imparte semanalmente, entonces hay que aprovechar la oportunidad de recibirlo para que surta el efecto de fortalecer la fe, porque ello representa al mismo Cristo. No es de esperarse que usted descuide recibir la santa cena cada vez que se imparte.  No es de esperarse que sabiendo usted que se impartirá el sacramento, decida usted ni siquiera presentarse a la adoración.

   Usted necesita centrar su vida en el evangelio, desarrollando una fe diaria en nuestro Señor, mediante la lectura diaria de la palabra de Dios, la práctica diaria de la oración, y si no ha sido bautizado debe solicitar su bautismo, y si ya es bautizado debe aprovechar el beneficio de la santa cena todas las veces que sea ministrada.

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   La tercera espiritualidad esencial para centrar la vida en el evangelio, es:

III.- EL SERVICIO AL SEÑOR.

   El apóstol Pablo que ya había pasado por la experiencia del arrepentimiento y de la fe, ya había avanzado un paso más.  Dentro de su testimonio personal, les dice a los ancianos de Éfeso que su comportamiento entre ellos, fue: “sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos” (Hechos 20:19).  No necesariamente en todos los casos el servicio al Señor tendrá que ser “con muchas lágrimas, y pruebas” por causa de “asechanzas”. Sin intención de asustar, a veces puede llevar a un cristiano al martirio; pero tampoco les puedo decir que siempre será lo más sencillo de este mundo, porque podría venir no del mismo servicio sino de maldades externas, alguna adversidad en contra de los que servimos a Dios.  Pero, lo que quiero enfatizarles en este momento es la espiritualidad del servicio al Señor como una evidencia de tener la vida centrada en el evangelio.

  Servir al Señor es el paso que sigue al arrepentimiento de nuestros pecados, y es lo que sigue a la fe que se está desarrollando en nuestros corazones.  En su epístola a los Tesalonicenses, el apóstol Pablo les felicita por lo que se dice de ellos en otros lugares como Macedonia y Acaya, que según el mismo Pablo: “ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Tesalonicenses 1:9).  El motivo de su conversión fue “para servir al Dios vivo y verdadero”.  Esa debe ser la espiritualidad de toda persona, o más bien, de todo cristiano que busca llevar una vida centrada en el evangelio.  No quedo sin

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ¿cómo considera cada uno de ustedes su propia vida? ¿En qué está centrada? ¿En Cristo y su evangelio, o en otros intereses que no tienen nada qué ver con Dios? Es probable que más de uno de los que aquí estamos presentes su vida está gobernada por principios no cristianos y que, por lo tanto, aunque hoy usted se encuentre en una reunión cristiana no por eso esté usted centrado en el evangelio.  Si usted es una de estas personas, ¡Qué bueno si el día de hoy usted comenzará a centrarse en el evangelio!

   Cuando por causa del pecado propagado en todo nuestro ser, usted peca, realmente ¿se arrepiente de sus pecados, o solamente siente remordimiento por ello, o solamente tiene miedo de enfrentar sus probables o seguras consecuencias?  Es mejor que usted confiese específicamente sus pecados a Dios y que pida perdón por ellos.  Usted no tiene que andar buscando perdón o dirección para su vida en otras fuentes.  Dios tiene a su Hijo Jesucristo como el medio para el perdón de todo pecado cometido por el ser humano.

   ¿Le gustaría a usted mejorar en cuanto a su fe?  Lea la palabra de Dios todos los días.  Ore a Dios todos los días.  Reciba el sacramento de la Cena del Señor todas las veces que esta sea ofrecida.  Una fe real y fuerte puede llegar a la vida de cada cristiano si no descuida estas disciplinas importantes.

   ¿Cómo califica usted su propio servicio que hace al Señor, y en el nombre del Señor?  ¿Del 1 al 10, se pondría un 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, etc…?  Si usted se ha convertido a Dios, sin duda que es porque hay arrepentimiento para con Dios y fe en el Señor Jesucristo en usted; entonces, solo le falta dedicarse a servir a Dios.

Jun 03

LA DISCIPLINA DE LA MENTE, Por: Diego Teh.

LA DISCIPLINA DE LA MENTE

Filipenses 4:8.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 3 de junio 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 05 de la serie: LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO.

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   INTRODUCCIÓN: En el libro de los Proverbios leemos el consejo de un padre que le dice a sus hijos: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23; RV60). “¿Guarda tu corazón?”, ¿Qué querrá realmente decir con ello? ¿Se referirá al corazón físico que palpita bombeando sangre a todas partes del cuerpo?  Definitivamente que no.  La versión Dios Habla Hoy dice sobre el mismo texto: “Cuida tu mente más que nada en el mundo” (DHH); e igualmente la Traducción al Lenguaje Actual, dice: “Y sobre todas las cosas, cuida tu mente” (TLA).  Así que, en este caso, se trata de cuidar la mente.  ¿Cuidarla? ¿Para qué?  El mismo texto dice: “…porque de él mana la vida”.  Lo que está diciendo, dicho en palabras más sencillas, es que se debe cuidar la mente de no introducir o generar en ella cosas perjudiciales porque estas se van a convertir en conductas de vida.

   En Proverbios 23, al aconsejar el peligro que conlleva convivir en exceso con personas avaras, que solo se interesan especialmente por el dinero y toda clase de bienes que consigue hasta ilegítimamente, dice el proverbio de tal persona: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7).  El Antiguo Testamento usa el término corazón para describir el lugar tanto donde se piensa, como donde se originan las acciones humanas según lo que piense dicho corazón.  En otros textos de las mismas Sagradas Escrituras, también se atribuye a la mente como el lugar donde se generan los pensamientos que configuran la manera de proceder de una persona.  El ladrón no puede serlo, sino a alimentado en su mente el pensamiento de robar.  El hombre o la mujer infiel, o la persona que adultera, la persona que miente, la que hace cualquier otro tipo de acciones inapropiadas, lo tuvieron que pensar antes de cometer su pecado.  Pero también las acciones buenas que hacemos o decimos, pasan por el mismo proceso en la mente, pensando lo que es bueno, y entonces, en vez de acciones malas, podrá tal persona llevar a cabo acciones buenas.

   En este contexto de que el pensamiento ocurre en la mente de toda persona, el apóstol Pablo exhorta a los cristianos de Filipos a tomar el control de sus pensamientos, escribiéndoles lo siguiente: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).  Basado en estas palabras del apóstol, voy a predicarles que para tener una mente disciplinada al buen pensamiento es necesario tomar en cuenta consideraciones determinantes. / ¿Cuáles son las consideraciones determinantes que son necesarias de tomar en cuenta para tener una mente disciplinada al buen pensamiento? / Derivado de las implicaciones que encierra las palabras del apóstol en este versículo, les voy a compartir algunas consideraciones determinantes para tener una mente disciplinada en el buen pensar.

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   La primera consideración determinante para tener una mente disciplinada en el buen pensar, es que:

I.- SE REQUIERE TIEMPO DIARIO PARA DISCIPLINAR EL PENSAMIENTO.

   En qué pasatiempo dedicará la gente más tiempo todos los días. Un estudio llevado a cabo en 2017 por el IFT (Instituto Federal de Telecomunicaciones), acerca del tiempo que ven la televisión los niños mexicanos de 7 a 12 años, observa que comparado con los 195 días efectivos de clase que sería unas 1,062 horas en total (5.4 horas al día), los niños durante todo el año de 365 días pasan más tiempo frente al televisor, un total de 1,636 horas (4.5 horas diarias), siendo así un 53.9 % más que el tiempo dedicado al estudio[1]. 536 horas más que las horas dedicadas a la escuela. ¿Qué influencia hará la televisión en la mente de esos niños?  Y es que este estudio no incluyó el tiempo que pasan usando el celular para videojuegos, ver videos, y comunicarse en las redes sociales. ¿Estarán estos niños desarrollando correctamente el tipo de pensamiento que el apóstol Pablo dice que debemos desarrollar los cristianos?  Lo peor es que muchos adultos (afortunadamente, no todos) también pasan tiempos exagerados frente a la televisión.  El problema real consiste no en el tiempo que se invierte en mirar la televisión, sino los mensajes que la mente, el cerebro recibe, en las escenas que mira, en las palabras que escucha. ¿Le interesará a los productores de la televisión que usted piense “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre…”?  Seguro de que no.  Usted solamente está exponiendo su mente a todo lo contrario.

   Kent Hughes, en el libro Las Disciplinas de un Hombre Piadoso, relata que Charles Colson, un político que entre 1969 y 1973 fue asesor del presidente Nixon de Estados Unidos.  Colson murió hace 6 años a sus 81 años.  En una ocasión tuvo la oportunidad de influir en el presidente de la CBS (Columbia Broadcasting System), una cadena de televisión comercial en Estados Unidos. Le expresó que en los Estados Unidos según una encuesta reciente hecha por Gallup, había en esos tiempos 50 millones de cristianos que no veían con agrado los programas que se transmitían en su cadena de televisión.  Según Colson, si la CBS quería buenas ganancias, los cristianos serían un buen mercado de consumidores. El dueño de CBS le hizo la observación de que se había transmitido programas que los 50 millones de cristianos debieron haberse interesado en ver, pero según un caso fue que tras haber transmitido una buena película cristiana, solamente el 12 por ciento de toda la población estadounidense la vio, mientras otro 47 por ciento vieron la programaciones de la NBC (National Broadcasting Company) también de televisión comercial.  Y durante aquella semana, la película cristiana transmitida por la CBS, ocupó el lugar número 57.  Por lo que el ejecutivo de la CBS le preguntó a Colson, ¿dónde están sus 50 millones de cristianos, señor Colson?  Simplemente sus ojos y sus mentes estaban en los programas de televisión no benéficos para disciplinar la mente con buenos pensamientos.  Kent Hughes, piensa que si solamente la mitad hubiese visto la película de la CBS, ocupaba el primer lugar.  Pero, esto indica que los mismos cristianos estaban mirando otros canales de televisión con programación no cristiana que sin duda influye en su sistema de pensamientos. Los mismos cristianos exponemos nuestra mente y pensamientos a los pensamientos que no convienen, cuando deberíamos disciplinarnos en pensar que: “todo lo falso, todo lo deshonesto, todo lo injusto, todo lo impuro, todo lo aborrecible, todo lo del mal nombre; si hay algo pecaminoso o indigno de alabanza, en eso no penséis”.

   Amados hermanos, las 4 horas que usted o sus hijos, o toda su familia, podría estar dedicando para mirar televisión, está afectando negativamente su manera de pensar, porque la televisión no tiene el objetivo de hacer de usted un cristiano, sino alejarle del cristianismo.  Así que ese tiempo desperdiciado, inviértalo en cultivar buenos pensamientos.

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   La segunda consideración determinante para tener una mente disciplinada en el buen pensar, es que:

II.- SE REQUIERE LEER LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

   Una lectura reflexiva del Salmo 19 así como del 119, nos ayudará a descubrir el beneficio que la palabra de Dios puede traer a nuestra mente, a nuestra manera de pensar. Solamente preste usted atención a este fragmento: La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; el testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. / Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. / El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; los juicios de Jehová son verdad, todos justos” (Salmo 19:7-9).  El hacer sabio al sencillo, el alumbrar los ojos, y el ser todos justos, son aportaciones que la palabra de Dios puede hacer en la vida y pensamientos de quienes la leen, memorizan, estudian, meditan, u obedecen.  Una mente disciplinada en el buen pensar, tiene que recurrir al conocimiento de las Sagradas Escrituras.  Ella es la fuente de los buenos pensamientos que Dios espera de cada hijo suyo.

   Timoteo, un joven pastor discipulado por el apóstol Pablo, recibió un consejo de este apóstol quien le escribió en una carta: “…desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 3:15).  Esta sabiduría, implica que ocurre en la mente del lector de la palabra, un cambio no negativo sino divino, regenerativo, en la manera de pensar.  Estos pensamientos configurados nada menos que por la palabra de Dios, primero producen la fe necesaria para confiar en Dios, en su ofrecimiento de salvación, y para creer en su Hijo Cristo Jesús la fuente de la salvación (Cf. Romanos 10:17).

   Pero, eso sí, amados hermanos, es necesario leer la palabra de Dios para que uno sea capaz de pensar bien.  Esto es lo que el apóstol Pablo le pidió a los romanos cuando les escribió: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

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   La tercera consideración determinante para tener una mente disciplinada en el buen pensar, es que:

III.- SE REQUIERE LEER ESCRITOS CRISTIANOS EDIFICANTES.

   Recuerda usted lo que le sucedió a nuestro presidente de la república don Enrique, el 3 de diciembre 2011, entonces candidato a la presidencia.  Llegó a Guadalajara, Jalisco, para presentar su propio libro México, la Gran Esperanza.  Nunca se imaginó que un reportero español le preguntaría cuáles serían tres libros que le hayan marcado la vida.  Usted podrá recordar que no le fue fácil decir los títulos de los libros, confundió a Enrique Krause con Carlos Fuentes como autor del libro La Silla del Águila.  Luego, dijo que le había gustado “ese de los caudillos” refiriéndose a Siglo de Caudillos, este sí de Krause. No recordaba que Alfredo Acle Tomasini, era el autor de la novela La Inoportuna Muerte del Presidente que supuestamente estaba leyendo en ese tiempo.  Ah, también mencionó que la Biblia le había marcado la vida aunque dijo no haberla leída toda.

   Si a usted le preguntaran, qué libros cristianos ha leído usted que le hayan marcado la vida, ¿qué libros enlistaría?  Si usted no recuerda con precisión los títulos, o los autores correspondientes, no importa mucho, lo importante es que usted haya leído, aunque sea en parte, algún libro. Pero, probablemente haya entre nosotros, personas que no hayan leído ni un solo libro cristiano que le ayudara a entender algún tema en especial.  Eso sí que es grave.  La lectura de buenos libros debe ser un hábito en la vida de toda persona, mucho más de uno que es cristiano.  Los libros sirven para ayudar a nuestro conocimiento, al mismo tiempo que configuran nuestra manera de pensar. Obviamente no hacen siempre con efectividad lo que la palabra de Dios si hace, por lo que hay que leerlo con el filtro de la palabra de Dios. Sin embargo, quien lee libros aumenta sus buenos pensamientos con respecto a todo lo que lee.  Si se trata de un lector cristiano que primero ha leído la Biblia, entonces es capaz de detectar lo que no es digno de pensar, y uno lo puede desechar para que no perjudique nuestros buenos pensamientos.

   Amados hermanos, no hay un mandato divino de leer libros ajenos a la palabra de Dios, pero tratándose de libros cristianos escritos para ayudarnos a entender verdades de Dios, no hay nada de malo en leer tales libros, sino al contrario hacemos bastante bien para edificar nuestros buenos pensamientos.  También tengo que aclarar que el cristiano que tiene como fundamento la palabra de Dios, podría leer hasta libros no cristianos, pero teniendo como fundamento y filtro su conocimiento de la palabra de Dios, va a desechar “todo lo falso, todo lo deshonesto, todo lo injusto, todo lo impuro, todo lo aborrecible, todo lo del mal nombre; (todo lo) pecaminoso o indigno de alabanza…”.   Propóngase usted a leer además de la Biblia, de preferencia otros buenos libros cristianos. Si usted quiere que le recomiende algún libro, siéntase en confianza de preguntarme por el libro que usted debería leer.

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   La cuarta consideración determinante para tener una mente disciplinada en el buen pensar, es que:

IV.- SE REQUIERE QUERER PENSAR COMO CRISTO.

   Kent Hughes, en el capítulo LA DISCIPLINA DE LA MENTE, en su libro LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO, observa un dato relevante en cuanto al cerebro humano, que cada una de las 12 mil a 14 mil millones de células nerviosas, “tiene millares de ramificaciones, de modo que cada neurona puede estar conectada a diez mil otras neuronas vecinas, cada una de las cuales está constantemente intercambiando información”.  Y dice además: “Estas doce a catorce mil millones de células cerebrales, con todas su conexiones, convierten a la mente humana en una computadora incomparable”.  Y luego explica que un solo cerebro, hermanos, es mucho más complejo pero efectivo que todo un millar de centrales telefónicas de toda una ciudad grande, y que todas las estaciones de radio y televisión de todo el mundo, puestas todas juntas.  Al cerebro humano no se le escapa nada, pero a pesar de toda esta su potencialidad, especialmente a todos los cristianos Dios nos ha dado lo que el apóstol Pablo describe a los Corintios diciéndoles: “Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16c).  Y eso, hace que seamos capaces de disciplinar nuestra mente pensando lo que el mismo apóstol dice a los Filipenses: “…todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre”.  La Traducción al Lenguaje Actual, con respecto a la afirmación: “Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”, conectando la frase con el contexto anterior con respecto a la función del Espíritu de Dios, dice: “Pero nosotros tenemos el Espíritu de Dios, y por eso pensamos como Cristo” (1 Corintios 2:16; TLA).

   El cerebro por sí solo, o la mente por sí sola, estando corrompida por el pecado, no es capaz de producir buenos pensamientos. No es capaz de conducir a una persona a pensar solamente en lo que es bueno.  El mismo cerebro o mente humana inclina a todas las personas sin excepción a pensar más fácilmente en lo negativo y pecaminoso que en lo digno, santo, y bueno que debe alimentar nuestros pensamientos.  Por eso, se hace necesaria la intervención del Espíritu de Dios para corregir ese problema que todos los humanos tenemos y que daña nuestra manera de pensar con respecto a todo.  Nos hace pensar que lo bueno es malo, y que lo malo es bueno.  Pero, el Espíritu de Dios en nuestro corazón, o mente, o cerebro, instala la mente de Cristo, como la memoria RAM de una computadora que intercambia toda información que se procesa en ella.  Con la mente de Cristo, podemos desarrollar una manera buena de pensar, y eso conducirá a que nuestras acciones no sean pecaminosas sino del agrado de Dios, no porque surjan de nuestros pensamientos, sino porque surgen de la mente de Cristo que el Espíritu de Dios instala en nuestra mente.

   Amados hermanos, no tenemos pretexto de no disciplinar nuestra mente para pensar lo que es bueno, y desarrollar en nosotros los buenos hábitos cristianos.  En caso contrario, si eso no ocurre en nosotros, podríamos estar rehusándonos a dejar que el Espíritu de Dios haga sus respectivas funciones en nuestro corazón, mente, cerebro, alma, espíritu, etc… a fin de ser como Cristo.  Dios ha querido dotarnos de su calidad de pensamientos.  No dejemos que la carnalidad no haga pensar más en lo pecaminoso que en lo divino y santo.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ¿cómo le va a hacer usted con respecto a las cosas que san Pablo dice: “en esto pensad”.  ¿Qué plan hará usted para pensar en “…todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre”.  ¿Qué plan tiene usted para desechar de su mente o para no darle entrada en sus pensamientos a “todo lo falso, todo lo deshonesto, todo lo injusto, todo lo impuro, todo lo aborrecible, todo lo del mal nombre; (todo lo) pecaminoso o indigno de alabanza…”.  Le recomiendo lo que el salmista David decidió cuando luchó con sus pensamientos.  Él dijo: En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa. / No pondré delante de mis ojos cosa injusta” (Salmo 101:2b, 3a).  No pierda su tiempo con la TV u otras adicciones que no contribuyan a mejoras sus buenos pensamientos.  Lea la palabra de Dios todos los días.  Lea también buenos libros y serios en sus exposiciones de la verdad.  Deje que el Espíritu de Dios le haga pensar como Cristo.  Tome usted la decisión de disciplinar su mente en cultivar buenos pensamientos, pues según sus pensamientos así serán todas sus acciones.  Si piensa mal, actuará siempre mal; si piensa bien, actuará siempre bien.

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[1] http://www.elfinanciero.com.mx/empresas/ninos-mexicanos-destinan-54-mas-horas-a-ver-tele-que-a-la-escuela