Mar 05

EL HÁBITO DE APARTAR TIEMPO PARA ORAR, Por: Diego Teh.

EL HÁBITO DE APARTAR TIEMPO PARA ORAR

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Salmo 55:17; Marcos 1:32-38.

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán; el día domingo 05 de Marzo del 2017, a las 11:00 horas.

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INTRODUCCIÓN: Hoy hemos leído en el salmo 55 un masquil de David.  Un masquil es una poesía que expresa la experiencia de una persona con el fin de enseñar a otra para que esta haga lo correcto.  En este Masquil (poema-enseñanza), David hace una oración pidiendo a Dios la destrucción de sus enemigos traicioneros.  David no está enseñando el odio sino que le está pidiendo a Dios que los quite de su camino porque ellos son un gran peligro.  Tampoco está enseñando venganza, porque él no está vengando nada por su propia mano, sino solamente está encomendando a Dios a sus enemigos, pues si Dios decide vengar las traiciones que ellos hacían a David, eso ya no es decisión de David sino de Dios quien tiene el pleno y legítimo derecho de tomar venganza.  Mientras tanto, la enseñanza que David está exponiendo en este masquil es que según su experiencia, ante todas las circunstancias cotidianas de la vida es necesario desarrollar el hábito de apartar tiempo para orar a Dios.  En su masquil dice: “Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz” (Salmo 55:17).  Ordenando los tiempos que David menciona en este versículo, se puede apartar tiempo por la “mañana”, también “a medio día”, y también por la “tarde”.  En otras ocasiones y en otros salmos comparte que él también dedicaba tiempo para orar por la noches; sin embargo, el hecho de que no lo mencione en este salmo-masquil, no quiere decir que no se debe apartar tiempo para orar a Dios cuando ya haya llegado la noche; sino que su énfasis es que se puede aprovechar diversos momentos del día para orar a Dios aun cuando uno está ocupado.

En este mensaje lo que les voy a predicar es que para desarrollar el hábito de orar a Dios es necesario apartar flexiblemente los momentos apropiados para ello. Cuando hablo de apartar momentos flexiblemente, quiero decir que no puedo establecer que todos los días voy a orar siempre de 6:30am a 7:15am, porque en ese horario solamente puedo orar los sábados y domingos que no tengo que estar pendiente de que mis hijos desayunen ni tengo que llevarlos a esa hora a la escuela; pero de lunes a viernes eso no es posible porque a esa hora ya estoy ocupadísimo.  Entonces la flexibilidad consiste es que de lunes a viernes puedo apartar tiempo para orar más temprano de 6:15am a 6:30am o antes si logro despertar antes, sino brevemente durante el desayuno, o hasta después de las 7:30am antes de dedicarme a mi trabajo del día.  Pero cada quien puede establecer sus momentos flexibles durante el día, que por cierto pueden ser más de un momento, pues como dice David en su masquil: “Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz” (Salmo 55:17).   / Entonces, ¿qué momentos flexibles del día son apropiados para apartar como hábito un tiempo para orar a Dios? / Podría exponer las respuestas a esta pregunta basado en las diversas experiencias de David expuestas en el mismo salmo o en otros textos que describen su pasión por orar a Dios, pero consideré mejor usar algunos textos acerca de la experiencia que tuvo nuestro Salvador y Señor Jesucristo con respecto a los momentos flexibles que él consideró apropiados para su hábito de apartar tiempo para orar a Dios.

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El primer momento flexible y apropiado que debemos establecer como hábito para apartar tiempo para orar a Dios, es:

I.- CUANDO HAS TERMINADO UN TRABAJO O DÍA MUY OCUPADO.

San Lucas hace una importante observación acerca de Jesús, cuando dice de él: “Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba” (Lucas 5:16).  San Lucas no estaba previamente hablando acerca del hábito de oración que tenía Jesús, pero de repente irrumpe diciendo: “Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba”.  Sin embargo, la frase por sí sola es suficiente para indicar que Jesús tenía el hábito de dedicar tiempo a la oración, lo cual se puede apreciar en el tiempo de la conjugación de los dos verbos que se encuentran en la frase “se apartaba”, y “oraba”.  No se encuentra en tiempo pasado simple como cuando se algo por única vez y allí terminó, por ejemplo: se apartó, y oró; sino que se encuentra en tiempo copretérito o imperfecto, indicando que la acción se hacía repetidamente.  No es relevante si oraba en una casa, en el templo, en la sinagoga, o en “lugares desiertos” (como señala Lucas en el v. 16), sino el hecho de que “oraba”.

Pero la clave para descubrir el momento flexible que San Lucas nos presenta en esta descripción acerca del hábito de Jesús con la oración, se encuentra en la palabra “Mas” que se encuentra al inicio de la frase “Mas él…”, palabra que se usa para hacer una comparación de lo que ha ocurrido antes indicando una diferencia con lo que ocurre después.  Los versículos que están antes del v. 16, del 12 al 15, pero es suficiente con el v. 15 para que observemos que conforme su fama se extendía más y más” ¿qué hacía la gente? “y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades” (Lucas 5:15). ¿Y qué hacía Jesús?  Les escuchaba y les sanaba. ¿A cuántos? A “mucha gente”.  ¿Creen ustedes que porque era el Hijo de Dios no se cansaba? Mientras estaba en condición de humano, estuvo sujeto a los mismos efectos que todo ser humano siente en su cuerpo.  Así que en esos días cuando mucha gente le buscaba y él les atendía, se pasaba el día muy ocupado con mucho trabajo, y sin duda que terminaba su día de trabajo también con mucho cansancio.  Y es bajo esa situación física de Jesús, que san Lucas dice que: “Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba”.

Amados hermanos, el apartar tiempo para orar en el preciso momento cuando uno está dedicado a trabajar resulta a veces difícil o imposible, sin embargo hay una gran necesidad de hacerse el hábito de sacar un tiempo de manera flexible.  No tiene que ser a las 4:00pm, ni a las 6:00pm, pero tiene que hacerse en el momento que usted considere apropiado.  Quizá antes de la cena si no tiene mucha hambre, o no importa si es después de la cena si tiene mucha hambre.  Pero lo mismo puede ser antes o después del desayuno o del almuerzo.  Lo importante no es el lugar, ni el horario, sino el hábito de orar.  Pero déjeme aclarar un detalle. Usted debe orar después de haber terminado sus trabajos del día que sin duda le pudo haber tenido muy ocupado.

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El segundo momento flexible y apropiado que debemos establecer como hábito para apartar tiempo para orar a Dios, es:

II.- CUANDO SABES QUE TU DÍA VA A SER MUY OCUPADO.

Ahora, vamos a analizar otros versículos bíblicos relatados por San Marcos. Un día de reposo habitual para Jesús, había enseñado y sanado en una sinagoga en Capernaum de Galilea (cf. Marcos 1:21-29), luego fue a la casa de Pedro donde sanó a su suegra que estaba con fiebre. Jesús no estaba perdiendo el tiempo durante ese día, pero por fin aquel día llegó a su fin, pero dice San Marcos que: “Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; / y toda la ciudad se agolpó a la puerta. / Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían” (Marcos 1:32-34). Si todo esto tuvo que hacer cuando ya había entrado la noche, entonces no sé a qué hora debió haber terminado, pero debió ser ya avanzada la noche. Pero lo que quiero señalarles es que al día siguiente no dice San Marcos que Jesús se levantó ¿a qué hora? “…muy de mañana, siendo aún muy oscuro” (Marcos 1:35).

Ahora, veamos lo que ocurrió más tarde cuando hubo amanecido.  Los versículos 36 al 38 dicen: Y le buscó Simón, y los que con él estaban; /  y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. / Él les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido” (Marcos 1:36-38).  Tan pronto comenzó el día ya le estaban buscando por la gente de Capernaum y hasta por sus apóstoles.  No sé si por necesidad o solo por curiosidad, porque parece ser que Jesús no se quedó más en aquel pueblo, sino que le dijo a Simón: “Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido”.  Jesús ya había planeado su día y sabía que ese nuevo día también iba a estar muy ocupado caminando, predicando, sanando, etc…, igual como ocurrió el día y la noche anterior.  Pero ahora, regresemos al versículo 35 que dice: Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35).  Jesús, a pesar de que el día y la noche anterior fue de mucha ocupación y de mucho cansancio, pero sabiendo que su plan para el día siguiente también sería igual de ocupado y cansado, flexiblemente apartó como era su hábito tiempo para orar antes de comenzar sus arduas ocupaciones del día.

Hace años una mujer llamada Susana Wesley se encontraba completamente dedicada a una tarea especial. ¡Fué madre de 17 hijos! Debemos decir que era una mujer muy organizada. Debía mantener su casa en marcha y cuidar a todos esos hijos. ¿Cómo lograría tener un tiempo para sí misma?, ¿Cómo encontraría un tiempo para hacer sus devociones, orar y hablar con Dios? Te sorprenderá lo que ella hacía. Tomaba su delantal, lo levantaba y se lo arrollaba en su cabeza.  Se ponía en medio de todos sus hijos, orando allí bajo su delantal. Sus hijos ya sabían y decían: “Si mamá tiene su delantal sobre la cabeza es porque está hablando con Dios”. Si una mujer tan ocupada como Susana Wesley encontró la manera y el tiempo para orar[1], usted también puede encontrar la manera de dedicar tiempo para orar a Dios aunque su día esté lleno de ocupaciones.

Amados hermanos, constantemente tenemos idea de cómo serán complicados y llenos de trabajos y otros compromisos cada uno de los días de la semana. Una vez que comencemos nuestros quehaceres del día, nos daremos cuenta de que es difícil sacar tiempo para orar, leer la palabra de Dios, etc…, es por eso que tenemos que fomentar el hábito de apartar el tiempo también en nuestros días más ocupados, si es necesario levantándonos más temprano que lo habitual, aunque nos hayamos acostado a descansar a altas horas de la noche.  Jesús también estuvo en la misma situación de tener poco tiempo para dormir, pero aun así se hizo el hábito de apartar tiempo para orar.  Por supuesto que es flexible el momento, pero si a usted le gusta dormir hasta que ya haya bien amanecido, pues está bien, pero si usted sabe que cuando comience a trabajar no va a tener tiempo para orar, entonces, es mejor que antes de comenzar a trabajar dedique un tiempo para orar.  No tiene que ser una hora, ni media hora, ni quince minutos, tal vez hasta menos de cinco minutos, pero hágase el hábito de apartar tiempo para orar.

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El tercer momento flexible y apropiado que debemos establecer como hábito para apartar tiempo para orar a Dios, es:

III.- CUANDO RECIBES UNA NOTICIA INESPERADA.

Nunca sabe uno si a las 7:00am, o las 8:00pm, o si a cualquier hora del día o de la noche, uno podría recibir una mala noticia que nadie desearía escuchar.  En cualquier momento, la noticia menos esperada podría llegar a nuestros oídos, y entonces comienza en nuestro interior un lamento, o sufrimiento que no sabemos cuánto tiempo estará lastimando nuestro corazón. Jesús mismo, nuestro Salvador, no estuvo excento de estos efectos que traen las malas noticias.  Su naturaleza humana era tan real como la nuestra, de tal manera que hasta “fue tentado en todo según nuestra semejanza” (Hebreos 4:15b).

Cierto día que el rey Herodes el tetrarca, celebrando su cumpleaños, recibió como regalo una danza de parte de su sobrina, hija de su cuñada Herodías, la mujer que hizo que encarcelaran a Juan el Bautista, primo de Jesús. El rey emocionado “prometió con juramento darle todo lo que pidiese” (Mateo 14:7); y esta muchacha mal instruida por su madre, al hacer su petición le dijo al rey: “Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista” (Mateo 14:8b). “Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre” (Mateo 14:11). “Entonces llegaron sus discípulos (los de Juan), y tomaron el cuerpo y lo enterraron” (Mateo 14:12a).  Pero hasta este momento, su primo Jesús no estaba enterado de la situación, por lo que ni asistió al entierro.  Pero los discípulos de Juan “…fueron y dieron las nuevas a Jesús” (Mateo 14:12b).

Lo que ahora quiero que observen, es la reacción de Jesús que Según San Mateo “Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado” (Mateo 14:13).  No nos dice que se haya puesto a orar, pero es evidente que esa era su intención, pero como una multitud le siguió, y le abordó, les tuvo que atender con toda compasión, e incluso a más de las cinco mil personas que le siguieron, les proporcionó milagrosamente una deliciosa ración de pescado con pan.  Después de este evento alimentario, dice San Mateo que En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. / Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mateo 14:22,23).  Lo que no pudo hacer al momento que recibió la mala noticia de la muerte de su primo Juan el Bautista, ahora que ya se desocupó de su arduo y cansado día de trabajo “subió al monte a orar aparte”.  No se le olvido, tampoco descuidó orar, sino como era su hábito separo flexiblemente un tiempo para orar. No pudo dedicarse a orar como al medio día cuando recibió la inesperada noticia, no pudo dedicarse a orar durante la tarde por causa de los que le siguieron y a quienes tuvo que darles de comer, pero “cuando llegó la noche” no se perdió su tiempo habitual de oración, en el que no dudo que haya hablado con su Padre celestial su tristeza con respecto al asesinato que Herodes había cometido hacia Juan.

Amados hermanos, cuando recibimos noticias inesperadas que nos causan dolor en el corazón, en los sentimientos, es como si recibiéramos un aviso de que debemos apartar tiempo para orar para que recibamos la correspondiente fortaleza de Dios.  La próxima vez que usted reciba alguna noticia inesperada, no necesariamente de un crimen o fallecimiento de un ser querido, sino cualquier otra noticia que le cause dolor en el corazón, dedique tiempo para orar lo más pronto posible, que no pase ese día, cuanto antes mejor.  Hágase el hábito de apartar tiempo para orar a Dios, a cualquier hora del día, de la tarde, o de la noche, porque Dios quiere oírle a usted.

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El cuarto momento flexible y apropiado que debemos establecer como hábito para apartar tiempo para orar a Dios, es:

IV.- CUANDO NECESITAS TOMAR UNA DECISIÓN.

Cierto día al principio de su ministerio, Jesús tenía que escoger y llamar a los que serían sus doce discípulos más cercanos.  ¿Qué habrá hecho la noche anterior?  ¿Se habrá dormido más temprano para aprovechar estar bien descansado? Quizá esa era su último día y noche más relajados de su vida, pues ya con sus discípulos escogidos y un ministerio intenso que tenía que desarrollar, pues se necesita estar bien descanso, ¿no?  Pero leamos lo que dice San Lucas acerca de Jesús con respecto a aquel día y la noche previa a la elección de sus discípulos.  Él nos relata que: “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. / Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles” (Lucas 6:12,13).

Escoger a una persona para que sea parte de un equipo de trabajo, la verdad que no es nada fácil.  Imagínese escoger a doce personas, seguro que todavía es más complicado.  En la actualidad las empresas antes de contratar a su personal primero someten a sus prospectos a un examen médico, sicológico, etc… Jesús no tenía que hacer eso, pero lo que sí tenía que hacer es tomar doce decisiones, una decisión por cada hombre que tenía que llamar. ¿Cuál fue su estrategia para afrontar estas decisiones? San Lucas nos dice que “pasó la noche orando a Dios”.  Si la oración que Jesús hizo la noche que fue entregado que solamente fue de un par de horas, fue una oración que al leerlo quedamos impresionados y cautivados con las abundantes afirmaciones, sinceridades, preguntas, compromisos, peticiones, y muchas cosas más que él expresa a su Padre celestial; esta oración del principio de su ministerio que no fue de un par de horas porque “pasó la noche orando a Dios”, debió ser muy interesante, valiosa, amena, consultiva, e intensa, porque tenía que tomar decisiones relevantes, importantes, y cruciales para el futuro de la propagación de su ministerio.

Amados hermanos, quizá usted no tiene que elegir discípulos como Jesús, pero diario o constantemente tiene que tomar decisiones que deben ser consultadas no con la incubadora de empresas, no con la aseguradora, no con el asesor financiero, no con el ministro de culto de la iglesia, sino con Dios.  Una decisión tomada habiendo hecho a un lado a Dios, puede tener malos resultados, a menos que Dios a pesar de nuestros errores quiera por su misericordia darle buen fin a nuestras malas decisiones; por lo que lo mejor es orar a Dios antes de tomar decisiones para que después no nos traigan problemas, o consecuencias desfavorables.  Jesús nos enseña que esto así debe ser.

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El quinto momento flexible y apropiado que debemos establecer como hábito para apartar tiempo para orar a Dios, es:

V.- CUANDO SE TE HACE DIFÍCIL CUMPLIR LA VOLUNTAD DE DIOS.

Alguna vez se ha visto usted desanimado en querer cumplir las voluntad de Dios acerca de algo en particular. Seguramente que le ha pasado más de una vez, por no decir que muchas veces.  Nuestra naturaleza así es. Cuando queremos hacer la voluntad de Dios, interviene nuestra naturaleza para intentar desanimarnos.  Precisamente la ocasión que después de la última cena de pascua de Jesús con sus discípulos, al llevarlos al huerto Getsemaní, aunque era alrededor de la media noche, les dijo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41; Marcos 14:38).  Si se dormían sin orar, en cualquier momento de la noche si eran despertados por los soldados romanos que vendrían para arrestar a Jesús, les ganaría alguna tentación.  De hecho así sucedió con la mayoría de los que se pusieron dormilones antes que ponerse a orar.  No faltó uno que sacó su espada para intentar defender a Jesús; que de lejos seguía a Jesús para que no sepan que era su discípulo; y que más tarde hasta negó que conocía a Jesús.  No faltó quienes prefirieron huir, pues hasta uno de ellos huyó desnudo porque ya se había dispuesto a dormir.  Si se hubieran puesto a orar, hubiesen evitado pasar todas estas dificultades y ridiculeces que experimentaron.

Jesús no solamente dio instrucciones a sus discípulos sino que él mismo a aquellas altas horas de la noche cuando de manera particular en lo más profundo de su alma estaba experimentando una dificultad para obedecer la voluntad de Dios su Padre, de estar listo para ir a la muerte de cruz para pagar por el pecado de los elegidos de Dios.  Mateo nos dice que en cierto momento, Jesús “comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera” (Mateo 26:37c), y le dijo a dos de sus discípulos “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38).  Él no se pone a dormir, sino por lo menos durante un par de horas se pone a orar.  Entre todos los asuntos de su oración, aprovechó decirle a su padre, primero: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39).  Estaba tentado a no cumplir la voluntad de Dios.  La frase “si es posible, pase de mí esta copa”, se entiende más claro en otras versiones como la NVI que dice: “si es posible, no me hagas beber este trago amargo”; como la DHH que dice: “si es posible, líbrame de este trago amargo”; como la TLA que dice: “¡cómo deseo que me libres de este sufrimiento!”.  Dar su vida en muerte para pagar la pena por nuestros pecados no era nada fácil.  Estoy seguro que el mismo diablo estaba tentándole a que desista de dar su vida por los pecadores, y Jesús antes que ceder a la tentación mejor dedicó tiempo para orar a su Padre celestial lo que estaba sintiendo y lo que hubiese preferido en ese momento.  Pero en su interior estaba la profunda voluntad de querer hacer la voluntad de Dios, pues le dice: “…pero no sea como yo quiero, sino como tú”.

Lo que es relevante en este detalle es que Jesús, un rato después oró por segunda vez, aunque me parece que ya más fortalecido por Dios, pues no dijo “si es posible, pase de mí esta copa”, sino que dijo: “si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mateo 26:42).  Momentos después de la segunda vez, hubo una tercera vez en la que Jesús hizo la misma oración, pero entiendo que aunque su Padre no le dijo favorecer su idea de ceder a la tentación de dejar a los seres humanos perdidos en condenación para toda la eternidad, estuvo más fortalecido de tal manera que cuando le vinieron a detener hasta que fue crucificado mientras esperó conscientemente el instante de su muerte, nunca más dijo una palabra con la que renuncie a su misión de salvador, redentor, y vicario.  Con eso se puede ver el valor y poder de la oración.  Incluso se aprecia que la oración a Dios funciona, porque a diferencia de que Pedro tuvo que sacar su espada para intentar defender a Jesús, Jesús no tuvo que sacar nada, pues Dios mismo para demostrarles que aquellos soldados romanos no tenía el control de la situación, les hizo retroceder y cayeron a tierra (cf. Juan 18:6), lo cual demuestra que Dios libra de las tentaciones al ser humano que ora, tomando Dios el control de la situación.

Amados hermanos, en aquellos momentos que llega a nuestra vida la tentación de no cumplir la voluntad de Dios, es un aviso a nuestra conciencia espiritual de que nos urge apartar tiempo para orar.  Cuando llega la tentación hay que orar, sino en pocos instantes uno puede ceder a la tentación, así que la oración no puede esperar para el sábado o domingo que usted vaya al culto y pida una oración de intercesión.  No importa si es la media noche, si no es en el templo, si no es la casa, o si usted está en el rancho, la parcela, el ejido, o hasta en la calle.  Ore usted a Dios quien le dará fortaleza para hacer su voluntad, y así no caer en la tentación.  Es más, Él se encargará de eliminar los obstáculos, o en su caso poner los obstáculos que nos servirán para cumplir su voluntad.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en todo este mensaje que les he compartido, el tenor es que para formarnos el hábito de apartar tiempo para orar a Dios, no es necesario que nos atemos o castiguemos a horarios fijos que más de una ocasión nos vamos a dar cuenta que no pudimos cumplirlos a esa hora.  Lo importante no es el horario sino que apartemos en el momento apropiado el tiempo necesario y suficiente para orar.  Las experiencias y circunstancias de cada día como las que les he compartido acerca de Jesús, también nos ocurren a nosotros, pues son como avisos para que apartemos tiempo flexiblemente para orar.  Tenemos que hacerlo porque nos es una gran necesidad.  Dios quiera que usted que no tiene el hábito de orar cuando es necesario, comience a apartar tiempos o momentos flexibles para orar a Dios.   Vale la pena.

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[1] http://www.proyectoana.org/2006/01/tiempo-para-dios.html