Ene 06

EL DESAFÍO DE ASUMIR LOS COMPROMISOS DEL LLAMADO DE DIOS, Por: Diego Teh.

EL DESAFÍO DE ASUMIR LOS COMPROMISOS DEL LLAMADO DE DIOS.

Isaías 6:1-13; 1 Corintios 1:1-9.

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Elaborado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, para el domingo 6 de enero 2019, a las 11:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

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Este sermón corresponde al número 1 de la serie: DESAFÍOS PARA LA IGLESIA, basado en la Primera epístola de San Pablo a los Corintios.

   INTRODUCCIÓN: Muchos verdaderos creyentes en Jesucristo, creímos en él sin saber cuál es la totalidad de los compromisos que debemos asumir por ser creyentes.  Cuando se nos invitó a creer en Cristo, es raro y extraordinario si a alguno de los presentes se nos dijo que tendríamos al mismo tiempo que aceptar compromisos propios de la naturaleza del llamamiento de Dios y de la salvación que recibimos.  Pero, no está mal que no nos lo hayan dicho antes de creer, pues eso quizá hubiese sido determinante para muchos de nosotros para no creer en Jesús como nuestro único suficiente Señor y Salvador.  Sin embargo, poco a poco, después de haber creído en él, hemos sido enseñados por los que han sido nuestros pastores, por los maestros de la iglesia, y por otros hermanos, que tenemos que asumir compromisos.  Poco a poco hemos aceptado esos compromisos que en realidad no son pesados de cumplir, pues son nada menos que la evidencia de que estamos verdaderamente agradecidos por el gran valor eterno de nuestra salvación.  Hoy me propongo hacerles un recordatorio de los compromisos que debemos asumir por la realidad de habernos Dios llamado a la salvación eterna. Para hoy, el desafío de la palabra de Dios es que cada uno de los que reconozcan que no han crecido en compromiso con Dios después de haber creído en Jesús, comiencen a asumir con sentido de responsabilidad, todos los compromisos adjuntos que conlleva el haber sido llamado para ser salvo.  El llamamiento a la salvación implica compromisos con Dios.

   Lo que específicamente hoy voy a predicarles es lo siguiente, que: Aceptar el llamado de la salvación en Jesucristo, implica también el desafío de aceptar otros COMPROMISOS con Jesucristo. / ¿Cuáles son estos COMPROMISOS con Jesucristo, que implica el haber aceptado el llamado de la salvación, los cuales estamos desafiados a aceptar como parte integral de nuestro llamado? / Nuestro texto bíblico de 1 Corintios 1:1-9, especialmente en los versículos 1,2,9, nos presentan una serie de COMPROMISOS con Jesucristo que una persona ya salvada por Cristo es desafiada a aceptar.

   El primer compromiso que implica haber aceptado el llamado de Dios para la salvación, y que somos desafiados a aceptar de manera integral, es:

I.- EL SER ENVIADO DE JESUCRISTO.

  San Pablo al saludar en su carta a los Corintios, se presenta diciendo de sí mismo que él es: “llamado a ser apóstol de Jesucristo” (1 Corintios 1:1). ¿Qué es un “apóstol”?  Aunque se trata de una dignidad del evangelio, la palabra “apóstol” simplemente significa: “enviado”.   Lo que realmente está diciendo al afirmar que él es “apóstol de Jesucristo”, es que él es “enviado de Jesucristo”.  Ser enviado no es lo mismo que ir por cuenta propia.  Hacer lo que uno hace por haber sido enviado a hacerlo, no es lo mismo que hacer lo que uno quiere porque a uno le conviene.  Ser “enviado de Jesucristo”, es un gran privilegio, pero lo que quiero que observemos en esta primera frase del versículo 1, es que Pablo entendía que él es “LLAMADO a ser ‘enviado’ (apóstol) de Jesucristo”.  Este envío que hace Jesucristo, en realidad no es un envío determinado que solamente hace a algunas personas castigadas o privilegiadas entre todos los que son seguidores de Jesucristo.  En realidad, todos los que creemos en Jesús y que hemos sido salvados por él, no solamente fuimos llamados para ser salvos, sino también para ser enviados a realizar alguna tarea específica a favor de la propagación o proclamación del evangelio.  La convicción del apóstol Pablo es que tal envío es parte integral del “LLAMADO” de Dios.  El que piensa que solamente fue llamado para ser salvado, nunca va a aceptar ser enviado por Jesucristo para llevar el mensaje a otras personas ni lejanas ni cercanas.

   Amados hermanos, cuando Jesús dio la gran comisión que dice: “id, y haced discípulos, … bautizándoles, … enseñándoles, …” (Mat. 28:19,20), es un envío, fue convertir a sus discípulos en apóstoles.  El día de hoy, la iglesia en su totalidad es la enviada a los perdidos.  Cada creyente es “enviado”, y tenemos que admitir que ese es también el llamado que Dios nos ha hecho, el ser enviados a anunciar las buenas noticias de salvación para pecadores que no pueden encontrar salvación en ninguna parte, pero que si acuden a Cristo encontrarán en él la salvación.  No nos interesa que nos llamen apóstoles, menos en este tiempo que es mal usada esta palabra para utilizar una dignidad que abusa de autoridad a quienes les siguen y obedecen.  Isaías el profeta, según Isaías 6, después de haber tenido el privilegio de tener una visión de Dios sentado en su trono celestial, de quien escuchó: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?”, él mismo nos relata que su respuesta fue: “Heme aquí, envíame a mí” (Isaías 6:8). Así debe ser nuestra respuesta con Dios. Es suficiente que aceptemos que Dios nos llamó para enviarnos a los perdidos.  Este es el primer compromiso al que somos desafiados a aceptar y cumplir.

   El segundo compromiso que implica haber aceptado el llamado de Dios para la salvación, y que somos desafiados a aceptar de manera integral, es:

II.- EL ACEPTAR LA VOLUNTAD DE DIOS.

   Hay cosas que Dios nos ha delegado que decidamos con nuestra propia voluntad, pero hay cosas que él quiere que hagamos simplemente porque es su voluntad, y nadie tiene el derecho de rehusarse a realizarlo bajo ninguna excusa por más convincente que parezca.  Es el caso cuando Dios envía personas a una misión específica o especial.  Simplemente se tiene que aceptar hacer la voluntad de Dios.  Por ejemplo, cuando Dios llamó a Moisés para enviarlo a Faraón en Egipto, este para no ir presentó a Dios sus excusas diciéndole: ¿Quién soy yo?, ¿Qué les diré si me preguntan quién eres?, no me creerán, nunca he sido hombre de fácil palabra, y por último tuvo que decir la realidad: NO quería, y le dijo a Dios: “¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar” (Éxodo 3:11,13; 4:1,10,13).  Finalmente, tuvo que ir porque esa era la voluntad de Dios para él.  Otro caso ampliamente conocido es el del profeta Jonás, quien fue enviado por Dios a Nínive, pero decidió ir a Tarsis.  En el mar rumbo a Tarsis, Dios generó las circunstancias para que el mando de la nave lo arrojara al mar en el que fue tragado por un gran pez que luego le devolvió en una playa.  Entonces, Jonás tuvo que ir a Nínive, porque esa era la voluntad de Dios para él.

   En el caso del envío que recibió el apóstol Pablo tuvo que reconocer, según leemos en el versículo 1 que fue no por capricho propio, sino “por la voluntad de Dios, …” (1 Corintios 1:1).   Amados hermanos, el llamado de Dios para ser enviados a diferentes lugares bajo la ministración de dones diferentes, es “por voluntad de Dios”.  Es muy probable que algunos o muchos de los que se encuentran hoy escuchando este mensaje, sean de los enviados por Dios a alguna misión de Dios, a la cual no quieren ir. Cuando no vamos a donde estamos siendo enviados, desafiamos la voluntad de Dios, cuando lo que debe ocurrir es todo lo contrario.  Nosotros somos los que debemos aceptar el desafío de someter nuestras decisiones y compromisos a “la voluntad de Dios”.

 

   El tercer compromiso que implica haber aceptado el llamado de Dios para la salvación, y que somos desafiados a aceptar de manera integral, es:

III.- EL VIVIR LA SANTIDAD OBTENIDA EN CRISTO JESÚS.

   Siguiendo la explicación que tiene que ver con el llamado de Dios, el apóstol hace una conexión con el tema de la santidad al dirigirse a estos Corintios, como: “a los santificados en Cristo Jesús” (1 Corintios 1:2b).  Esto es lo que realmente ocurre con una persona que cree en Jesús, y que le recibe como su único y suficiente Señor y Salvador.  Es santificado en Cristo Jesús.   Pero, con esta santificación inicial, allí no acaba todo, pues inmediatamente les dice de manera objetiva que estos que han sido inicialmente santificados, son también: “llamados a ser santos…” (1 Corintios 1:2c).  Otra vez vuelvo a recordarles que a los que Dios quiere salvar les llama no solamente para salvarles, sino que también para ser enviarles a proclamar el evangelio, para que acepten toda voluntad de él, y para que vivan la santidad obtenida de él mismo.  Esta santidad a la que los cristianos somos “llamados a ser santos”, no es una santidad que nace del esfuerzo propio, sino que desde el momento de creer y ser inicialmente santificados en Cristo Jesús, se recibe la capacidad para seguir viviendo en santidad; es por eso que siendo “santificados”, somos “Llamados a ser santos.

   Amados hermanos, este llamado “a ser santos”, indica que nadie es hecho suficientemente perfecto de la noche a la mañana, e incluso no siquiera durante toda la vida, pero cada día que pasa, cada experiencia nuestra con Dios, nos santifica un poco más, es decir, nos hace aborrecer más el pecado, teniendo que huir de sus garras una y otra vez.  Finalmente, después de esta vida, al ser introducidos a la eternidad en el cielo de la gloria de Dios, entonces nuestra santificación será suficiente y perfectamente gloriosa para siempre.  Mientras tanto, somos desafiados a tomar el compromiso de vivir la santidad que hemos recibido en Cristo Jesús.  Isaías primeramente fue santificado para ser capaz de ser enviado a la comisión que Dios le dio.  Isaías mismo cuando nos narra la santificación que recibió en su visión, dice: “voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; / y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. / Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí” (Isaías 6:6-8).  Es así como al ser llamado fue santificado para seguir viviendo la santidad al mismo tiempo que es enviado a una misión especial de llevar los mensajes de Dios. Fuimos salvados para vivir en santidad.

 

   El cuarto compromiso que implica haber aceptado el llamado de Dios para la salvación, y que somos desafiados a aceptar de manera integral, es:

IV.- EL TENER A JESUCRISTO COMO SEÑOR.

   Cuando el apóstol Pablo le dice a los Corintios que la aceptación del llamado de Dios consiste en aceptar ser enviados por Jesucristo, aceptar la voluntad de Dios, y de ser santos, les explica también que no es un asunto que solamente les estaba requiriendo a ellos, sino que aplica lo mismo “con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. Pero en su explicación, añade algo importante que tiene que ver con Jesús y los creyentes de todas partes, y al respecto dice que Jesús es: “Señor de ellos y nuestro” (1 Corintios 1:2d). Este es el compromiso que somos desafiados a realizar.  Aceptar que Jesús sea no solamente nuestro salvador, sino también nuestro “Señor”.  Este es también otro aspecto del llamado de Dios al que debemos someternos desde que creímos en Jesús.

   Amados hermanos, cuando una persona tiene a Jesús no solamente como su salvador sino también como su Señor, este creyente toma más conciencia de que sus actos y decisiones no deben ser por motivaciones que no sean las de Jesucristo.  Tener a Jesús como “Señor”, implica dejar que él sea quien tome el control de la vida personal, vida que por naturaleza, aunque uno sea verdadero creyente, tiende a meterse y caer en tentaciones en las cuales no debería estar metido ni caído.  Pero cuando uno deja que Jesucristo sea su “Señor”, al tomar él el control de nuestra vida, resulta para el creyente una vida más feliz y victoriosa sobre el pecado mismo y sus poderes.  ¿Ha aceptado usted que Jesús sea también el Señor de su vida, además de que él es su salvador?  Ojalá que usted haya antes aceptado el desafío de que él sea su “Señor”, sino usted puede comenzar ahora mismo.

 

   El quinto compromiso que implica haber aceptado el llamado de Dios para la salvación, y que somos desafiados a aceptar de manera integral, es:

V.- EL ESTAR EN COMUNIÓN CON JESUCRISTO.

   Ahora pasamos del versículo 2 al versículo 9, del texto bíblico donde el apóstol Pablo vuelve a mencionar la palabra “llamados”, diciéndoles a los Corintios: “fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Corintios 1:9).  Este es un aspecto más del llamado de Dios a todos los que creen (o creemos) en Jesucristo como nuestro Señor y Salvador.   El apóstol Pablo estaba instruyendo a los Corintios para que entiendan que no solamente fueron “llamados” para ser salvados de la condenación eterna por Jesucristo, sino también para estar en comunión con Jesucristo. ¿Qué es tener o estar en “comunión con… Jesucristo”?

   Tener o estar en “comunión con… Jesucristo”, implica que nuestra fe en Jesús no debe ser algo únicamente temporal sino permanente, tal como él mismo se los explicó a sus discípulos cuando les dijo: “… el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).  El que por un momento deja de tener fe en Jesucristo, desde ese momento se separa de Jesús, y pierde su comunión con él.  Así que estar en comunión con Jesús, significa permanecer en fe en Jesús, pues no hay otro medio, sino Jesús es el único “camino” (Juan 14:6), para que alguien que no ha, o aun alguien que ha creído en él, pueda acceder a Dios.

   Tener o estar en “comunión con… Jesucristo”, también no es solamente permanecer con fe en Jesús como en el momento inicial cuando creímos en él, sino también implica alejarse de cualquier pecado que por naturaleza aleja al pecador de Dios.  Otro apóstol, el apóstol Juan, lo explica diciendo: “nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. / […]. / Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad” (1 Juan 1:3b, 6).

   Esto es estar en “comunión con… Jesucristo, como uno de los deberes y compromisos al que también fuimos llamados.

   CONCLUSIÓN:    Amados hermanos, estos han sido los diversos aspectos que implica el llamado de Dios que recibimos desde el momento que aceptamos ser salvados por Jesucristo. La palabra de Dios nos desafía, anima, motiva, enseña que por haber sido salvados también debemos implementar en nuestra relación con Jesucristo: 1) El compromiso de proclamar su evangelio a otras personas y lugares a quienes y a donde él nos envía; 2) el compromiso de hacer su voluntad como una prioridad antes que hacer lo que nosotros queramos; 3) el compromiso de vivir en santidad porque hemos sido capacitados para ello siendo inicialmente “santificados en Cristo Jesús”; 4) el compromiso de someter nuestra vida al señorío de Cristo; y 5) el compromiso de estar en “comunión con… Jesucristo” permaneciendo unidos en fe en él. Hoy, usted es desafiado a considerar que creer para salvación, no era todo de lo que había que hacer, sino que eso solamente fue el inicio del llamamiento de Dios, pues ahora hay que crecer en compromiso. Dios conceda a cada uno de nosotros seguir creciendo día a día en compromiso con Dios y su Hijo Jesucristo, en el llamado que iniciamos cuando creímos en Cristo.