Mar 05

EL HÁBITO DE APARTAR TIEMPO PARA ORAR, Por: Diego Teh.

EL HÁBITO DE APARTAR TIEMPO PARA ORAR

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Salmo 55:17; Marcos 1:32-38.

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán; el día domingo 05 de Marzo del 2017, a las 11:00 horas.

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INTRODUCCIÓN: Hoy hemos leído en el salmo 55 un masquil de David.  Un masquil es una poesía que expresa la experiencia de una persona con el fin de enseñar a otra para que esta haga lo correcto.  En este Masquil (poema-enseñanza), David hace una oración pidiendo a Dios la destrucción de sus enemigos traicioneros.  David no está enseñando el odio sino que le está pidiendo a Dios que los quite de su camino porque ellos son un gran peligro.  Tampoco está enseñando venganza, porque él no está vengando nada por su propia mano, sino solamente está encomendando a Dios a sus enemigos, pues si Dios decide vengar las traiciones que ellos hacían a David, eso ya no es decisión de David sino de Dios quien tiene el pleno y legítimo derecho de tomar venganza.  Mientras tanto, la enseñanza que David está exponiendo en este masquil es que según su experiencia, ante todas las circunstancias cotidianas de la vida es necesario desarrollar el hábito de apartar tiempo para orar a Dios.  En su masquil dice: “Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz” (Salmo 55:17).  Ordenando los tiempos que David menciona en este versículo, se puede apartar tiempo por la “mañana”, también “a medio día”, y también por la “tarde”.  En otras ocasiones y en otros salmos comparte que él también dedicaba tiempo para orar por la noches; sin embargo, el hecho de que no lo mencione en este salmo-masquil, no quiere decir que no se debe apartar tiempo para orar a Dios cuando ya haya llegado la noche; sino que su énfasis es que se puede aprovechar diversos momentos del día para orar a Dios aun cuando uno está ocupado.

En este mensaje lo que les voy a predicar es que para desarrollar el hábito de orar a Dios es necesario apartar flexiblemente los momentos apropiados para ello. Cuando hablo de apartar momentos flexiblemente, quiero decir que no puedo establecer que todos los días voy a orar siempre de 6:30am a 7:15am, porque en ese horario solamente puedo orar los sábados y domingos que no tengo que estar pendiente de que mis hijos desayunen ni tengo que llevarlos a esa hora a la escuela; pero de lunes a viernes eso no es posible porque a esa hora ya estoy ocupadísimo.  Entonces la flexibilidad consiste es que de lunes a viernes puedo apartar tiempo para orar más temprano de 6:15am a 6:30am o antes si logro despertar antes, sino brevemente durante el desayuno, o hasta después de las 7:30am antes de dedicarme a mi trabajo del día.  Pero cada quien puede establecer sus momentos flexibles durante el día, que por cierto pueden ser más de un momento, pues como dice David en su masquil: “Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, y él oirá mi voz” (Salmo 55:17).   / Entonces, ¿qué momentos flexibles del día son apropiados para apartar como hábito un tiempo para orar a Dios? / Podría exponer las respuestas a esta pregunta basado en las diversas experiencias de David expuestas en el mismo salmo o en otros textos que describen su pasión por orar a Dios, pero consideré mejor usar algunos textos acerca de la experiencia que tuvo nuestro Salvador y Señor Jesucristo con respecto a los momentos flexibles que él consideró apropiados para su hábito de apartar tiempo para orar a Dios.

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El primer momento flexible y apropiado que debemos establecer como hábito para apartar tiempo para orar a Dios, es:

I.- CUANDO HAS TERMINADO UN TRABAJO O DÍA MUY OCUPADO.

San Lucas hace una importante observación acerca de Jesús, cuando dice de él: “Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba” (Lucas 5:16).  San Lucas no estaba previamente hablando acerca del hábito de oración que tenía Jesús, pero de repente irrumpe diciendo: “Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba”.  Sin embargo, la frase por sí sola es suficiente para indicar que Jesús tenía el hábito de dedicar tiempo a la oración, lo cual se puede apreciar en el tiempo de la conjugación de los dos verbos que se encuentran en la frase “se apartaba”, y “oraba”.  No se encuentra en tiempo pasado simple como cuando se algo por única vez y allí terminó, por ejemplo: se apartó, y oró; sino que se encuentra en tiempo copretérito o imperfecto, indicando que la acción se hacía repetidamente.  No es relevante si oraba en una casa, en el templo, en la sinagoga, o en “lugares desiertos” (como señala Lucas en el v. 16), sino el hecho de que “oraba”.

Pero la clave para descubrir el momento flexible que San Lucas nos presenta en esta descripción acerca del hábito de Jesús con la oración, se encuentra en la palabra “Mas” que se encuentra al inicio de la frase “Mas él…”, palabra que se usa para hacer una comparación de lo que ha ocurrido antes indicando una diferencia con lo que ocurre después.  Los versículos que están antes del v. 16, del 12 al 15, pero es suficiente con el v. 15 para que observemos que conforme su fama se extendía más y más” ¿qué hacía la gente? “y se reunía mucha gente para oírle, y para que les sanase de sus enfermedades” (Lucas 5:15). ¿Y qué hacía Jesús?  Les escuchaba y les sanaba. ¿A cuántos? A “mucha gente”.  ¿Creen ustedes que porque era el Hijo de Dios no se cansaba? Mientras estaba en condición de humano, estuvo sujeto a los mismos efectos que todo ser humano siente en su cuerpo.  Así que en esos días cuando mucha gente le buscaba y él les atendía, se pasaba el día muy ocupado con mucho trabajo, y sin duda que terminaba su día de trabajo también con mucho cansancio.  Y es bajo esa situación física de Jesús, que san Lucas dice que: “Mas él se apartaba a lugares desiertos, y oraba”.

Amados hermanos, el apartar tiempo para orar en el preciso momento cuando uno está dedicado a trabajar resulta a veces difícil o imposible, sin embargo hay una gran necesidad de hacerse el hábito de sacar un tiempo de manera flexible.  No tiene que ser a las 4:00pm, ni a las 6:00pm, pero tiene que hacerse en el momento que usted considere apropiado.  Quizá antes de la cena si no tiene mucha hambre, o no importa si es después de la cena si tiene mucha hambre.  Pero lo mismo puede ser antes o después del desayuno o del almuerzo.  Lo importante no es el lugar, ni el horario, sino el hábito de orar.  Pero déjeme aclarar un detalle. Usted debe orar después de haber terminado sus trabajos del día que sin duda le pudo haber tenido muy ocupado.

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El segundo momento flexible y apropiado que debemos establecer como hábito para apartar tiempo para orar a Dios, es:

II.- CUANDO SABES QUE TU DÍA VA A SER MUY OCUPADO.

Ahora, vamos a analizar otros versículos bíblicos relatados por San Marcos. Un día de reposo habitual para Jesús, había enseñado y sanado en una sinagoga en Capernaum de Galilea (cf. Marcos 1:21-29), luego fue a la casa de Pedro donde sanó a su suegra que estaba con fiebre. Jesús no estaba perdiendo el tiempo durante ese día, pero por fin aquel día llegó a su fin, pero dice San Marcos que: “Cuando llegó la noche, luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; / y toda la ciudad se agolpó a la puerta. / Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían” (Marcos 1:32-34). Si todo esto tuvo que hacer cuando ya había entrado la noche, entonces no sé a qué hora debió haber terminado, pero debió ser ya avanzada la noche. Pero lo que quiero señalarles es que al día siguiente no dice San Marcos que Jesús se levantó ¿a qué hora? “…muy de mañana, siendo aún muy oscuro” (Marcos 1:35).

Ahora, veamos lo que ocurrió más tarde cuando hubo amanecido.  Los versículos 36 al 38 dicen: Y le buscó Simón, y los que con él estaban; /  y hallándole, le dijeron: Todos te buscan. / Él les dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido” (Marcos 1:36-38).  Tan pronto comenzó el día ya le estaban buscando por la gente de Capernaum y hasta por sus apóstoles.  No sé si por necesidad o solo por curiosidad, porque parece ser que Jesús no se quedó más en aquel pueblo, sino que le dijo a Simón: “Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido”.  Jesús ya había planeado su día y sabía que ese nuevo día también iba a estar muy ocupado caminando, predicando, sanando, etc…, igual como ocurrió el día y la noche anterior.  Pero ahora, regresemos al versículo 35 que dice: Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35).  Jesús, a pesar de que el día y la noche anterior fue de mucha ocupación y de mucho cansancio, pero sabiendo que su plan para el día siguiente también sería igual de ocupado y cansado, flexiblemente apartó como era su hábito tiempo para orar antes de comenzar sus arduas ocupaciones del día.

Hace años una mujer llamada Susana Wesley se encontraba completamente dedicada a una tarea especial. ¡Fué madre de 17 hijos! Debemos decir que era una mujer muy organizada. Debía mantener su casa en marcha y cuidar a todos esos hijos. ¿Cómo lograría tener un tiempo para sí misma?, ¿Cómo encontraría un tiempo para hacer sus devociones, orar y hablar con Dios? Te sorprenderá lo que ella hacía. Tomaba su delantal, lo levantaba y se lo arrollaba en su cabeza.  Se ponía en medio de todos sus hijos, orando allí bajo su delantal. Sus hijos ya sabían y decían: “Si mamá tiene su delantal sobre la cabeza es porque está hablando con Dios”. Si una mujer tan ocupada como Susana Wesley encontró la manera y el tiempo para orar[1], usted también puede encontrar la manera de dedicar tiempo para orar a Dios aunque su día esté lleno de ocupaciones.

Amados hermanos, constantemente tenemos idea de cómo serán complicados y llenos de trabajos y otros compromisos cada uno de los días de la semana. Una vez que comencemos nuestros quehaceres del día, nos daremos cuenta de que es difícil sacar tiempo para orar, leer la palabra de Dios, etc…, es por eso que tenemos que fomentar el hábito de apartar el tiempo también en nuestros días más ocupados, si es necesario levantándonos más temprano que lo habitual, aunque nos hayamos acostado a descansar a altas horas de la noche.  Jesús también estuvo en la misma situación de tener poco tiempo para dormir, pero aun así se hizo el hábito de apartar tiempo para orar.  Por supuesto que es flexible el momento, pero si a usted le gusta dormir hasta que ya haya bien amanecido, pues está bien, pero si usted sabe que cuando comience a trabajar no va a tener tiempo para orar, entonces, es mejor que antes de comenzar a trabajar dedique un tiempo para orar.  No tiene que ser una hora, ni media hora, ni quince minutos, tal vez hasta menos de cinco minutos, pero hágase el hábito de apartar tiempo para orar.

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El tercer momento flexible y apropiado que debemos establecer como hábito para apartar tiempo para orar a Dios, es:

III.- CUANDO RECIBES UNA NOTICIA INESPERADA.

Nunca sabe uno si a las 7:00am, o las 8:00pm, o si a cualquier hora del día o de la noche, uno podría recibir una mala noticia que nadie desearía escuchar.  En cualquier momento, la noticia menos esperada podría llegar a nuestros oídos, y entonces comienza en nuestro interior un lamento, o sufrimiento que no sabemos cuánto tiempo estará lastimando nuestro corazón. Jesús mismo, nuestro Salvador, no estuvo excento de estos efectos que traen las malas noticias.  Su naturaleza humana era tan real como la nuestra, de tal manera que hasta “fue tentado en todo según nuestra semejanza” (Hebreos 4:15b).

Cierto día que el rey Herodes el tetrarca, celebrando su cumpleaños, recibió como regalo una danza de parte de su sobrina, hija de su cuñada Herodías, la mujer que hizo que encarcelaran a Juan el Bautista, primo de Jesús. El rey emocionado “prometió con juramento darle todo lo que pidiese” (Mateo 14:7); y esta muchacha mal instruida por su madre, al hacer su petición le dijo al rey: “Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista” (Mateo 14:8b). “Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre” (Mateo 14:11). “Entonces llegaron sus discípulos (los de Juan), y tomaron el cuerpo y lo enterraron” (Mateo 14:12a).  Pero hasta este momento, su primo Jesús no estaba enterado de la situación, por lo que ni asistió al entierro.  Pero los discípulos de Juan “…fueron y dieron las nuevas a Jesús” (Mateo 14:12b).

Lo que ahora quiero que observen, es la reacción de Jesús que Según San Mateo “Oyéndolo Jesús, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado” (Mateo 14:13).  No nos dice que se haya puesto a orar, pero es evidente que esa era su intención, pero como una multitud le siguió, y le abordó, les tuvo que atender con toda compasión, e incluso a más de las cinco mil personas que le siguieron, les proporcionó milagrosamente una deliciosa ración de pescado con pan.  Después de este evento alimentario, dice San Mateo que En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. / Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo” (Mateo 14:22,23).  Lo que no pudo hacer al momento que recibió la mala noticia de la muerte de su primo Juan el Bautista, ahora que ya se desocupó de su arduo y cansado día de trabajo “subió al monte a orar aparte”.  No se le olvido, tampoco descuidó orar, sino como era su hábito separo flexiblemente un tiempo para orar. No pudo dedicarse a orar como al medio día cuando recibió la inesperada noticia, no pudo dedicarse a orar durante la tarde por causa de los que le siguieron y a quienes tuvo que darles de comer, pero “cuando llegó la noche” no se perdió su tiempo habitual de oración, en el que no dudo que haya hablado con su Padre celestial su tristeza con respecto al asesinato que Herodes había cometido hacia Juan.

Amados hermanos, cuando recibimos noticias inesperadas que nos causan dolor en el corazón, en los sentimientos, es como si recibiéramos un aviso de que debemos apartar tiempo para orar para que recibamos la correspondiente fortaleza de Dios.  La próxima vez que usted reciba alguna noticia inesperada, no necesariamente de un crimen o fallecimiento de un ser querido, sino cualquier otra noticia que le cause dolor en el corazón, dedique tiempo para orar lo más pronto posible, que no pase ese día, cuanto antes mejor.  Hágase el hábito de apartar tiempo para orar a Dios, a cualquier hora del día, de la tarde, o de la noche, porque Dios quiere oírle a usted.

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El cuarto momento flexible y apropiado que debemos establecer como hábito para apartar tiempo para orar a Dios, es:

IV.- CUANDO NECESITAS TOMAR UNA DECISIÓN.

Cierto día al principio de su ministerio, Jesús tenía que escoger y llamar a los que serían sus doce discípulos más cercanos.  ¿Qué habrá hecho la noche anterior?  ¿Se habrá dormido más temprano para aprovechar estar bien descansado? Quizá esa era su último día y noche más relajados de su vida, pues ya con sus discípulos escogidos y un ministerio intenso que tenía que desarrollar, pues se necesita estar bien descanso, ¿no?  Pero leamos lo que dice San Lucas acerca de Jesús con respecto a aquel día y la noche previa a la elección de sus discípulos.  Él nos relata que: “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. / Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles” (Lucas 6:12,13).

Escoger a una persona para que sea parte de un equipo de trabajo, la verdad que no es nada fácil.  Imagínese escoger a doce personas, seguro que todavía es más complicado.  En la actualidad las empresas antes de contratar a su personal primero someten a sus prospectos a un examen médico, sicológico, etc… Jesús no tenía que hacer eso, pero lo que sí tenía que hacer es tomar doce decisiones, una decisión por cada hombre que tenía que llamar. ¿Cuál fue su estrategia para afrontar estas decisiones? San Lucas nos dice que “pasó la noche orando a Dios”.  Si la oración que Jesús hizo la noche que fue entregado que solamente fue de un par de horas, fue una oración que al leerlo quedamos impresionados y cautivados con las abundantes afirmaciones, sinceridades, preguntas, compromisos, peticiones, y muchas cosas más que él expresa a su Padre celestial; esta oración del principio de su ministerio que no fue de un par de horas porque “pasó la noche orando a Dios”, debió ser muy interesante, valiosa, amena, consultiva, e intensa, porque tenía que tomar decisiones relevantes, importantes, y cruciales para el futuro de la propagación de su ministerio.

Amados hermanos, quizá usted no tiene que elegir discípulos como Jesús, pero diario o constantemente tiene que tomar decisiones que deben ser consultadas no con la incubadora de empresas, no con la aseguradora, no con el asesor financiero, no con el ministro de culto de la iglesia, sino con Dios.  Una decisión tomada habiendo hecho a un lado a Dios, puede tener malos resultados, a menos que Dios a pesar de nuestros errores quiera por su misericordia darle buen fin a nuestras malas decisiones; por lo que lo mejor es orar a Dios antes de tomar decisiones para que después no nos traigan problemas, o consecuencias desfavorables.  Jesús nos enseña que esto así debe ser.

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El quinto momento flexible y apropiado que debemos establecer como hábito para apartar tiempo para orar a Dios, es:

V.- CUANDO SE TE HACE DIFÍCIL CUMPLIR LA VOLUNTAD DE DIOS.

Alguna vez se ha visto usted desanimado en querer cumplir las voluntad de Dios acerca de algo en particular. Seguramente que le ha pasado más de una vez, por no decir que muchas veces.  Nuestra naturaleza así es. Cuando queremos hacer la voluntad de Dios, interviene nuestra naturaleza para intentar desanimarnos.  Precisamente la ocasión que después de la última cena de pascua de Jesús con sus discípulos, al llevarlos al huerto Getsemaní, aunque era alrededor de la media noche, les dijo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41; Marcos 14:38).  Si se dormían sin orar, en cualquier momento de la noche si eran despertados por los soldados romanos que vendrían para arrestar a Jesús, les ganaría alguna tentación.  De hecho así sucedió con la mayoría de los que se pusieron dormilones antes que ponerse a orar.  No faltó uno que sacó su espada para intentar defender a Jesús; que de lejos seguía a Jesús para que no sepan que era su discípulo; y que más tarde hasta negó que conocía a Jesús.  No faltó quienes prefirieron huir, pues hasta uno de ellos huyó desnudo porque ya se había dispuesto a dormir.  Si se hubieran puesto a orar, hubiesen evitado pasar todas estas dificultades y ridiculeces que experimentaron.

Jesús no solamente dio instrucciones a sus discípulos sino que él mismo a aquellas altas horas de la noche cuando de manera particular en lo más profundo de su alma estaba experimentando una dificultad para obedecer la voluntad de Dios su Padre, de estar listo para ir a la muerte de cruz para pagar por el pecado de los elegidos de Dios.  Mateo nos dice que en cierto momento, Jesús “comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera” (Mateo 26:37c), y le dijo a dos de sus discípulos “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38).  Él no se pone a dormir, sino por lo menos durante un par de horas se pone a orar.  Entre todos los asuntos de su oración, aprovechó decirle a su padre, primero: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26:39).  Estaba tentado a no cumplir la voluntad de Dios.  La frase “si es posible, pase de mí esta copa”, se entiende más claro en otras versiones como la NVI que dice: “si es posible, no me hagas beber este trago amargo”; como la DHH que dice: “si es posible, líbrame de este trago amargo”; como la TLA que dice: “¡cómo deseo que me libres de este sufrimiento!”.  Dar su vida en muerte para pagar la pena por nuestros pecados no era nada fácil.  Estoy seguro que el mismo diablo estaba tentándole a que desista de dar su vida por los pecadores, y Jesús antes que ceder a la tentación mejor dedicó tiempo para orar a su Padre celestial lo que estaba sintiendo y lo que hubiese preferido en ese momento.  Pero en su interior estaba la profunda voluntad de querer hacer la voluntad de Dios, pues le dice: “…pero no sea como yo quiero, sino como tú”.

Lo que es relevante en este detalle es que Jesús, un rato después oró por segunda vez, aunque me parece que ya más fortalecido por Dios, pues no dijo “si es posible, pase de mí esta copa”, sino que dijo: “si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mateo 26:42).  Momentos después de la segunda vez, hubo una tercera vez en la que Jesús hizo la misma oración, pero entiendo que aunque su Padre no le dijo favorecer su idea de ceder a la tentación de dejar a los seres humanos perdidos en condenación para toda la eternidad, estuvo más fortalecido de tal manera que cuando le vinieron a detener hasta que fue crucificado mientras esperó conscientemente el instante de su muerte, nunca más dijo una palabra con la que renuncie a su misión de salvador, redentor, y vicario.  Con eso se puede ver el valor y poder de la oración.  Incluso se aprecia que la oración a Dios funciona, porque a diferencia de que Pedro tuvo que sacar su espada para intentar defender a Jesús, Jesús no tuvo que sacar nada, pues Dios mismo para demostrarles que aquellos soldados romanos no tenía el control de la situación, les hizo retroceder y cayeron a tierra (cf. Juan 18:6), lo cual demuestra que Dios libra de las tentaciones al ser humano que ora, tomando Dios el control de la situación.

Amados hermanos, en aquellos momentos que llega a nuestra vida la tentación de no cumplir la voluntad de Dios, es un aviso a nuestra conciencia espiritual de que nos urge apartar tiempo para orar.  Cuando llega la tentación hay que orar, sino en pocos instantes uno puede ceder a la tentación, así que la oración no puede esperar para el sábado o domingo que usted vaya al culto y pida una oración de intercesión.  No importa si es la media noche, si no es en el templo, si no es la casa, o si usted está en el rancho, la parcela, el ejido, o hasta en la calle.  Ore usted a Dios quien le dará fortaleza para hacer su voluntad, y así no caer en la tentación.  Es más, Él se encargará de eliminar los obstáculos, o en su caso poner los obstáculos que nos servirán para cumplir su voluntad.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en todo este mensaje que les he compartido, el tenor es que para formarnos el hábito de apartar tiempo para orar a Dios, no es necesario que nos atemos o castiguemos a horarios fijos que más de una ocasión nos vamos a dar cuenta que no pudimos cumplirlos a esa hora.  Lo importante no es el horario sino que apartemos en el momento apropiado el tiempo necesario y suficiente para orar.  Las experiencias y circunstancias de cada día como las que les he compartido acerca de Jesús, también nos ocurren a nosotros, pues son como avisos para que apartemos tiempo flexiblemente para orar.  Tenemos que hacerlo porque nos es una gran necesidad.  Dios quiera que usted que no tiene el hábito de orar cuando es necesario, comience a apartar tiempos o momentos flexibles para orar a Dios.   Vale la pena.

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[1] http://www.proyectoana.org/2006/01/tiempo-para-dios.html

Feb 19

SER UN HOMBRE SABIO SE NOTA, Por: Diego Teh.

SER UN HOMBRE SABIO SE NOTA

Eclesiastés 8:1.

 Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en el centro misionero “Getsemaní” del fracc. Paseos de Itzincab, de Umán, Yucatán; el día domingo 19 de Febrero del 2017, a las 19:00 horas.

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INTRODUCCIÓN: Durante los siglos VII y VI antes de Cristo, en Grecia surgieron personajes que destacaron por su sabiduría, a tal grado que ahora se les conoce como Los siete sabios de Grecia, o Los siete sensatos.  Solo para recordar sus nombres, se trata de Tales de Mileto, Bías de Priene, Cleóbulo de Lindos, Periandro de Corinto, Pítaco de Mitilene, Quilón de Esparta, y Solón de Atenas, que hicieron reflexiones importantes sobre la vida humana, el planeta, los fenómenos físicos, los astros, las estaciones, y otros temas relacionados con la aritmética y la geometría.  Quizá en la escuela alguna vez escuchamos sus nombres y un poco acerca de su contribución al saber de la humanidad.  En la segunda década del pasado siglo XX, aquí en nuestro país, aunque quizá solamente uno que otro mexicano sabe algo sobre ellos, también hubo un grupo de personajes mexicanos, que fundaron una sociedad con el fin de propagar la cultura en estudiantes universitarios de la época.  La sociedad se llamó Sociedad de Conferencias y Conciertos, pero debido a que sus fundadores fueron siete, sus compañeros a manera de burla les comenzaron a llamar Los siete sabios de México, también conocidos como Generación de 1915; sin embargo, no sé si le hicieron honor al nombre, pero fueron más conocidos como Los siete sabios de México, que como Sociedad de Conferencias y Conciertos[1].  Pero la Biblia enseña que el ser sabio no es una cuestión de ser griego o ser mexicano, o de otra nacionalidad en particular, sino que es una cualidad que todo ser humano puede y por necesidad debe cultivar, mucho más si es una persona temerosa de Dios.

Nuestro texto para el mensaje de hoy, son palabras de Salomón un hombre que por don de Dios fue un gran sabio de Israel ante propios y extraños de naciones cercanas y lejanas.  Estas sus palabras son palabras de admiración acerca de una persona que es sabia, de quien dice: “¿Quién como el sabio? ¿y quién como el que sabe la declaración de las cosas? La sabiduría del hombre ilumina su rostro, y la tosquedad de su semblante se mudará” (Eclesiastés 8:1).  Basado en estas palabras me propongo predicarles que una persona que es sabia se nota de diversas maneras. / ¿De qué diversas maneras se nota que una persona es sabia? / Según estas palabras de admiración de Salomón, les compartiré tres maneras de cómo se nota que una persona es sabia.

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La primera manera cómo se nota que una persona es sabia, es:

I.- POR LO QUE DICE ANTE LOS DEMÁS.

Las primeras dos preguntas de nuestro texto son interesantes al preguntar: “¿Quién como el sabio? ¿y quién como el que sabe la declaración de las cosas?” (Eclesiastés 8:1). Se hacen más interesantes cuando quien las dice era en su tiempo, el más sabio de todos los sabios, Salomón.  Aunque hay un refrán que dice: ¡Para sabio, Salomón!, el mismo Salomón prefirió admirar más a otros sabios que admirarse y auto proclamarse a sí mismo, tal como lo hace en las palabras de nuestro texto.  En su admiración por los sabios dice que el sabio, “sabe la declaración de las cosas”, o sea, las respuestas que debe dar.  Un sabio, no se trata de una persona que habla solo por querer hablar diciendo cada cosa que solamente se tiene que soportar escucharle porque sus palabras no contribuyen para bien de nadie, pues solamente tiene ganas de hablar y ser oído con palabrerías que solamente reflejan el triste fundamento en el cual está mal edificando su vida y su saber.  Pero el sabio siempre tiene una respuesta para cualquier situación por más difícil y complicada que sea o parezca.  Quizá no sea una persona de mucho hablar pero cuando habla no atemoriza, no amenaza, no presiona, sino que aporta soluciones y buenos consejos.

En el caso de Salomón, aunque tuvo mucha experiencia de sabiduría, Jesús hablando de sí mismo,  dice y con toda razón: y he aquí más que Salomón en este lugar” (Mateo 12:42b), dando entender que para sabio, no Salomón, sino él (Jesús).  Y para evidencia, son suficientes sus propias palabras con las que respondió en muchas ocasiones a los escribas y fariseos, y hasta a los saduceos, todos religiosos de su época; y también por las palabras con las que enseñó a la gente que “se admiraba de su doctrina” (cf. Mateo 7:28; 22:33; Marcos 1.22; 11:18; Lucas 4:32).  Por eso el fundamento de nuestra sabiduría no debe ser un ser humano, ni siquiera Salomón muy sabio en política y gobierno, ni siquiera Los siete sabios de Grecia muy versados en muchas disciplinas físicas, filosóficas, astronómicas, y de ciencias exactas, etc…; ni de Los siete sabios de México, supuestos expertos en cultura.  El fundamento de nuestra sabiduría debe ser Jesucristo, quien es “más que Salomón”.

Amados hermanos, un hombre sabio que habla para dar soluciones y buenos consejos, es una persona que evita hablar con groserías, ofensas, insultos, maldiciones, pues sigue la instrucción apostólica que dice: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:30).  Para ser sabio, hay que aprender qué palabras debemos evitar de nuestro vocabulario, y qué palabras buenas debemos usar que resulten en edificación de quienes nos escuchan.  Cuando hablamos la gente rápidamente se da cuenta si estamos hablando sabiamente o no.  Nunca diga usted cualquier cosa solamente por hablar.  Si escribe en las redes sociales, tenga mucho cuidado con cada palabra que escribe y publica, porque si sus palabras no demuestran sabiduría es porque muy probablemente el fundamento de su saber no es Jesucristo.

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La segunda manera cómo se nota que una persona es sabia, es:

II.- POR LA EXPRESIÓN DE SU ROSTRO.

Después de las dos preguntas que afirman la alta estima del saber responder del sabio, Salomón hace otra afirmación no menos interesante que dice: “La sabiduría del hombre ilumina su rostro” (Eclesiastés 8:1), que la TLA traduce como: “El que es sabio siempre se ve sonriente” (TLA).  Desde luego, que por el hecho de ser sabio no significa que está libre de las aflicciones de la vida, y que en su rostro nunca se reflejarán los efectos de las adversidades; pero lo que es verdad es que en su trato con la gente, no pondrá ‘cara de limón’; pues, cuando su salud física y espiritual se conjuntan con su sano y divino saber, se podrá siempre ver en un sabio una sonrisa de oreja a oreja que no es de sarcasmo, ni de ironía, ni de burla, sino de una auténtica expresión de su alma, que quien mira la sonrisa en su rostro percibe que esta persona tiene sabiduría.  Pero en el rostro del sabio se pueden observar muchas cosas más, por ejemplo, se le puede ver pensando o reflexionando, y otras evidencias propias de una persona sabia que puede verse hasta solo en las facciones de su rostro.

El rostro, es el elemento sustancial que determina la identidad de una persona para diferenciarla de otra, pero además también a través de ello, uno refleja el estado de sus emociones. También el rostro es la parte líder del cuerpo que tiene control de nuestros sentidos, pues cuatro de nuestros cinco sentidos están concentrados prácticamente en el rostro: El oído (oreja), el olfato (nariz), la vista (ojos) y el gusto (boca), y en cuanto al tacto, también dispone de una representación en el rostro, más precisamente en una zona del labio que presenta una destacada sensibilidad.  Es por eso que es común que las redes sociales utilicen caritas para que el usuario comparta el estado de ánimo en el que considera que se encuentra, pues en las caritas o rostros aun en forma de íconos puede uno distinguir un estado emocional; y mucho más en el rostro real de una persona. Sin embargo, tanto en las redes sociales como en persona el estado que refleja la apariencia del rostro no siempre es una realidad absoluta, porque el ser humano es capaz de fingir lo que en realidad no siente, como un payaso que en función de su personaje tiene que reír ante su público como si en la realidad fuese una máquina que produce solo alegría, pues con todo y risas y sonrisas, en su realidad podría estar sufriendo lo que en ese momento no refleja su rostro, aunque momentos después de su show, su rostro regresa a la realidad.

Amados hermanos, ser sabio no se trata de tener el rostro físicamente más agradable o perfecto, pues la sabiduría no es cirugía plástica que corrige defectos físicos, sino que ser sabio es reflejar en parte con nuestro rostro la experiencia que tenemos de estar aprendiendo de Dios.  No importa si físicamente no tenemos el mejor rostro más cotizado del mundo, pues aun el rostro con menos belleza física puede irradiar la belleza de estar interiormente lleno de sabiduría que viene de Dios.  Aunque usted no lo crea o no siempre se dé cuenta de ello, pero una persona que ha procurado estar en comunión con Dios se puede percibir en su rostro.  Moisés el profeta de Dios, en una experiencia que tuvo al estar en el Sinaí en conversación con Dios, al descender de aquel monte, su rostro resplandecía.  Una persona que atesora sabiduría que aprende de Dios, es visible en su rostro, es perceptible en sus palabras y su voz, es evidente en sus acciones.  Hermanos, procuremos que nuestro rostro no refleje necedad, mal genio, apatía, indiferencia, enojo, ira, envidia, venganza, etc…, sino que refleje la sabiduría que usted ha adquirido de Dios

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La tercera manera cómo se nota que una persona es sabia, es:

III.- POR SU PROCEDER CADA VEZ MÁS AMABLE.

La última frase de las palabras de Salomón acerca de la expresión y realidad que manifiesta el rostro de una persona sabia, dice: “y la tosquedad de su semblante se mudará” (Eclesiastés 8:1).  ¿Alguno de ustedes tiene tosco el semblante?  Si intenta tocar su rostro, podría descubrir que usted es una persona sabia, o si quizá no esté tan tosco su rostro, entonces que solamente le falta un poco para ser sabio.  No se crea, la tosquedad a la que se refiere no se trata de consistencia física natural, sino al hábito pecaminoso de estar siempre molesto por cualquier cosa, y de molesto no pasa.  Estoy seguro que todos hemos luchado con esta tosquedad, pero creo que a estas alturas de nuestra vida y relación con Dios, ya no tenemos el rostro tosco. ¿No es así?  Otras traducciones de las mismas palabras de Salomón nos aclaran que lo que la sabiduría causa en el rostro de una persona, es que “hace que […] se ablanden sus facciones” (NVI); o en otras palabras “hace que cambie su duro semblante” (DHH). ¿Ha notado usted ese cambio en su rostro, facciones, o semblante?  Eso ayuda mucho, porque según la TLA “El que es sabio siempre se ve […] amable” (TLA).  Finalmente, la sabiduría obtenida de la experiencia de aprender a vivir en conformidad con la voluntad de Dios, trae transformación hasta en el carácter más desagradable que pueda tener una persona.

Hay un relato en el libro de los Hechos de los Apóstoles en el que San Lucas explica que los apóstoles Pedro y Juan, eran conocidos como “hombres sin letras y del vulgo”, pero había algo extraordinario que se notaba en ellos al hablar de Jesucristo quien hace a penas de un mes y medio a dos meses atrás había muerto, resucitado, y ascendido al cielo.  Los que conocían a estos apóstoles, “se maravillaban”, pero un dato muy relevante que San Lucas nos comparte es que la gente que les escuchaba “reconocían que ellos (Pedro y Juan) habían estado con Jesús” (Hechos 4:13).  El haber antes estado con Jesús, aprendido de él por su palabra y ejemplo, había sido para ellos muy transformador sobre todas las áreas de sus vidas.  El detalle relevante aquí es que su relación con Jesús evidenciaba estoy seguro que no solo en sus palabras sino también en sus rostros, de tal manera que la gente se daba cuenta de todo ello.

Amados hermanos, la estancia de una persona con Dios o su Hijo Jesucristo, siempre trae transformación que no puede quedar oculta, sino que se hace visible en todas las acciones que uno realice.  Y en cuanto al trato que uno da a sus semejantes, que podrían ser personas antes desconocidas, miembros de su propia familia, o hasta cristianos que forman parte de su círculo de hermandad, se nota el cambio en el mismo rostro, pues lo tosco, áspero, o atemorizante se va, y es renovado por un semblante ejemplar de una persona que ahora puede ser considerada sabia.  Todo esto, es por la relación transformadora que uno tiene con Jesucristo.

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La cuarta manera cómo se nota que una persona es sabia, es:

IV.- POR VIVIR SEGÚN DIOS LO ESPERA.

Aunque nuestro texto bíblico no lo dice expresamente pero lo sugiere, no solamente en el rostro se nota si alguien es sabio, sino también en otras áreas prácticas de la vida.  Aquí les comparto brevemente unos ejemplos.

1).- Un sabio no se deja dominar por la pereza, sino que es una persona trabajadora, pues de no ser trabajadora, solo acarreará su propia pobreza, pues otro proverbio dice: Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; / la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, / Prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento. / Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?” (Proverbios 6:6-9); y luego no tiene para comprar su casa o sus muebles, pues dice otro proverbio: Con sabiduría se edificará la casa, y con prudencia se afirmará; / y con ciencia se llenarán las cámaras de todo bien preciado y agradable. / El hombre sabio es fuerte, y de pujante vigor el hombre docto” (Proverbios 24:3-5).

2).-  Un sabio se aparta del mal, pues un proverbio dice: El sabio teme y se aparta del mal” (Proverbios 14:6).

3).- Un sabio administra bien su dinero, no disipándolo como es hábito del insensato, pues un proverbio dice: “Tesoro precioso y aceite hay en la casa del sabio; mas el hombre insensato todo lo disipa” (Proverbios 21:20).

4).- Un sabio es un hombre que trata con honor a su esposa, pues el apóstol Pedro, escribió una instrucción que dice: Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, especialmente a ustedes varones de Dios a quienes dirigí este mensaje, es muy necesario que como hombres cristianos, desarrollemos un carácter sabio que tanta falta hace en esta generación que nos ha tocado vivir.  Somos hijos, somos esposos, somos padres, somos ciudadanos, somos empleados, somos patrones, somos hijos de Dios.  En todas estas áreas de nuestra vida debe reflejarse que estamos adquiriendo sabiduría de Dios.  Debemos orar a Dios como lo hiciera Moisés cuando dijo: Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría” (Salmo 90:12).  No solo debemos vivir por vivir, sino que debemos tener la meta de ser sabios, no como los antiguos sabios de Grecia que vivieron sin temor de Dios, sino como los mejores sabios del mundo.  Aunque usted y yo nunca lleguemos a ser filósofos, ni físicos, ni matemáticos, ni especialistas en otras ciencias, nuestra sabiduría no es humana sino divina que nos es dada por Dios por medio de su hijo Jesucristo quien es nuestra sabiduría (cf. 1 Corintios 1:17, 30; 2:1-7; y 2 Corintios 1:12).

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[1] Leer sobre Los siete sabios de México, en https://es.wikipedia.org/wiki/Los_Siete_Sabios_de_M%C3%A9xico