Ene 21

TRES PELIGROS QUÉ EVITAR DEL EXCESO DE TRABAJO, Por: Diego Teh.

TRES PELIGROS QUÉ EVITAR DEL EXCESO DE TRABAJO

1 Reyes 20:35-40.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 21 de enero 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

Este bosquejo corresponde al sermón # 01 de la serie: SÚPER OCUPADOS.

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   “Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el otro no quiso herirle. / Él le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá un león. Y cuando se apartó de él, le encontró un león, y le mató. / Luego se encontró con otro hombre, y le dijo: Hiéreme ahora. Y el hombre le dio un golpe, y le hizo una herida. / Y el profeta se fue, y se puso delante del rey en el camino, y se disfrazó, poniéndose una venda sobre los ojos. / Y cuando el rey pasaba, él dio voces al rey, y dijo: Tu siervo salió en medio de la batalla; y he aquí que se me acercó un soldado y me trajo un hombre, diciéndome: Guarda a este hombre, y si llegare a huir, tu vida será por la suya, o pagarás un talento de plata. / Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa, el hombre desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia; tú la has pronunciado” (1 Reyes 20:35-40).

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   INTRODUCCIÓN: No hay necesidad de ilustrar la historia que hemos leído en 1 Reyes 20:35-40.  El punto relevante de aquel drama protagonizado por este profeta desconocido fue demostrarle al rey Acab de Israel, la gravedad de la irresponsabilidad de no hacer por causa de otras prioridades equivocadas lo que Dios ha indicado que debe hacerse. La ilustración dramatizada del profeta consistió en decirle a rey Acab que un soldado le había encargado que cuidara a un hombre pero que se le escapó porque según el versículo 39, el profeta se encontraba “ocupado en una y en otra cosa” (1 Reyes 20:40).  Esto es el verdadero problema de muchas personas, que por estar excesivamente ocupados “en una y en otra cosa”, descuidan sus verdaderas prioridades en el hogar, en el trabajo, e incluso en su responsabilidad a favor de la obra de Dios. De verdad que el estar ocupados “en una y otra cosa”, es altamente peligroso.

   En el mensaje de hoy, les voy a predicar que: El exceso de dedicación al trabajo expone a toda persona a diversos peligros singulares. / ¿Cuáles son los peligros singulares a los que se expone toda persona que se dedica al trabajo excesivo? / En este mensaje quiero explicarles acerca de tres peligros singulares.

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   El primer peligro singular al que se expone toda persona que se dedica con exceso al trabajo, es que:

I.- EL GOZO QUE DA EL ESPÍRITU SANTO LO PUEDES PERDER.

   El apóstol Pablo exhortó a los Filipenses que disfrutaran el ser cristianos, pues les dice: “Regocijaos en el Señor, siempre” (Filipenses 4:4).  La Traducción en Lenguaje Actual, lo expresa más claro diciendo: “¡Vivan con alegría su vida cristiana!” (Filipenses 4:4; TLA). Es por eso que el Espíritu Santo tiene como prioridad el producir en nosotros los creyentes, el fruto del gozo (cf. Gálatas 5:22).  Pero al mismo tiempo que es la voluntad de Dios que disfrutemos la vida llenos de gozo, hay otros factores que se encargan de arruinar el gozo que deberíamos estar sintiendo y disfrutando.  El hacer cosas que por naturaleza son malas y desagradables a Dios, hacen infeliz a cualquier persona.  Pero, otro factor que también encamina a arruinar el gozo que Dios nos provee, es el trabajar en exceso, pues hace que descuidemos tanto las prioridades superiores al trabajo como lo son Dios y la familia.

   Kevin Deyoung, en el segundo capítulo de su libro SÚPER OCUPADOS, dice: La actividad excesiva es como el pecado; mátalo o te matará a ti. La mayoría caemos en un patrón predecible. Comenzamos a saturarnos con uno o dos grandes proyectos.  Después nos sentimos aplastados por el desgaste diario.  Luego nos desesperamos por volver a sentir paz de nuevo y juramos que algo tiene que cambiar. Entonces, dos semanas después, la vida es más llevadera, y se nos olvida nuestro juramento, hasta que el ciclo vuelve a comenzar.  Lo que no entendemos es que durante todo ese tiempo hemos estado sin gozo […]. Y cuando la actividad excesiva te quita el gozo, termina con el gozo de todos.

   El trabajar en exceso, pone en peligro el gozo que uno debería estar disfrutando.

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   El segundo peligro singular al que se expone toda persona que se dedica con exceso al trabajo, es que:

II.- EL EVANGELIO QUE SIEMBRA JESUCRISTO LO AHOGAS.

   Una de las parábolas de Jesús, la del sembrador, relata la realidad que ocurre con una persona que ha recibido en su corazón el evangelio, pero es como si la semilla hubiese caído entre espinos.  Jesús relató que en ese corazón donde están los espinos, ocurrió lo siguiente: “los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto” (Marcos 4:7b).  Luego, ampliando su afirmación explicó: Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, / pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Marcos 4:18,19).  Los afanes, las riquezas, y las codicias de otras cosas, mencionadas por Jesús, son factores que conducen a las personas a trabajar más de lo necesario.

   Pero, ¿qué ocurrió con la semilla de la palabra que fue sembrada en el corazón de la persona que tiene estas prioridades? La respuesta de Jesús, en la parábola fue que: “la ahogaron, y no dio fruto” (v. 7b), y en su explicación repite que esos espinos “entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (v. 19).  Justo, en ese mismo momento que uno decide trabajar un poco más, descuidando otras prioridades, y mucho más cuando uno trabaja en exceso, además de perder el gozo que uno debería disfrutar con plenitud, lo que ha ocurrido es que esos espinos han secuestrado el evangelio que Dios por su gracia ha querido entregar a tu vida.

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   El tercer peligro singular al que se expone toda persona que se dedica con exceso al trabajo, es que:

III.- EL PROBLEMA QUE HAY EN TU CORAZÓN NO SE SOLUCIONA.

   Cuando uno trabaja en exceso, ¿por qué tiene uno que trabajar más tiempo que lo normal? Podrían ser varios los factores que lleven a uno a dedicar más tiempo de lo normal, pero el verdadero problema surge o está en el corazón, por lo que es allí donde hay que comenzar a hacer la corrección correspondiente.  El verdadero problema que está ocurriendo en el corazón de la persona que trabaja en exceso, según la parábola del Sembrador, según Jesús es que: Sólo piensan en las cosas que necesitan, en cómo ganar dinero, y en cómo disfrutar de esta vida” (Marcos 4:19b; TLA[1]). Aparentemente son intereses y deseos legítimos, pero cuando el precio para conseguir estos deseos exige que trabajemos más tiempo de lo normal, el trabajo excesivo revela que el corazón tiene deseos que de legítimos han pasado a ser pecaminosos.  Estos mismos deseos causan que el mismo trabajo por su exceso se convierta también en pecado. La persona que cae en este pecado de trabajar en exceso podría ser vista y considerada por los demás como una persona verdaderamente trabajadora, sin embargo, esto es engañoso porque es verdad que sí trabaja de más, pero el trabajo excesivo adicional al normal no está solucionando el problema que de fondo está en el corazón, sino solamente lo está disfrazando u ocultando bajo la evidencia de una persona pecaminosamente trabajadora en exceso.  Lo que hay qué hacer no es empeorar el pecado que se origina del corazón, sino evitar su propagación para que no se convierta en una conducta pecaminosa.

   Otros factores que hacen que innecesariamente uno trabaje en exceso: 1).- el querer agradar a la persona que nos ha contratado para trabajar; 2).- el anhelar cualquier cosa que solamente trabajando más de lo normal por tiempo excesivo diariamente a largo plazo podríamos conseguirlo; y 3).- el sentirse útil solamente si hay un sobreesfuerzo de trabajo. Y podría haber más causantes.  Por otra parte, hay también quienes además de trabajar excesivamente en sus empleos, también dedican tiempo excesivo de trabajo por la iglesia de Dios, pensando que así son cristianos más fieles y productivos; sin embargo, no es fidelidad ni siempre resulta en productividad, pero a cambio se cae en descuido de la familia, y hasta en descuido de la propia salud y vida personal en general.  Todos estos excesos que aparentan servicio, lealtad, fidelidad, y hasta amor a la obra de Dios, podrían resultar solamente una reacción pecaminosa por los motivos reales originados en el corazón afectado por el poder del pecado.  Es por eso que primeramente tenemos que corregir las causas o motivos que nos están controlando desde la mente o corazón, arrastrándonos a otras conductas que, aunque parezcan buenas como el trabajar en exceso, no es una conducta buena.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ya sabemos que trabajar en exceso es peligroso para los que somos cristianos porque: 1) el gozo que el Espíritu de Dios está creando e incrementando en nuestra vida, puede perderse en cualquier momento; 2) la palabra del evangelio de Jesucristo que él está sembrando en nuestra vida, puede ahogarse y quedar usted sin frutos para Dios; y 3) el problema tan real llamado pecado que hay en el corazón, no se soluciona con trabajar más ni con ganar más.  No vamos a tomar la decisión de no trabajar porque fuimos creados para trabajar; y tampoco vamos a tomar la decisión de trabajar menos de lo necesario, porque eso también traería pobreza y miseria en nuestra vida; sino que lo que tenemos que hacer es trabajar el tiempo normal que requiere el trabajo que realizamos.  Así usted tendrá tiempo para su familia y también para servir a Dios.  Los días de culto congregacional tendrá usted el tiempo necesario para dedicar su adoración en la iglesia.  Es cuestión de administración correcta de nuestro tiempo.  Hay tiempo para trabajar, pero debe haber tiempo para Dios, para la familia, para uno mismo, y para la iglesia.

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[1] Traducción en Lenguaje Actual.

Nov 12

VESTÍOS DEL SEÑOR JESUCRISTO, Por: Diego Teh.

VESTÍOS DEL SEÑOR JESUCRISTO

Romanos 13:12-14.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Luz de Vida” de la col. Bojórquez, de Mérida, Yucatán; el domingo 12 de noviembre 2017, a las 11:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: En la ciudad de Brazzaville, República del Congo, en África, un país donde impera la precariedad, hay una sociedad de personas, llamados “Los Dandis”[1], cuyo único objetivo es vestirse de lo más elegante; la mayoría de ellos son gente pobre, pero su mayor orgullo es vestirse bien. Salen a la calle, luciendo sus mejores trajes exclusivos de marcas como Yves Saint Laurent, Kenzo o Giorgio Armani, sin faltar un par de zapatos Weston.  Todo esto para que la gente los admire al pasar. Muchos no tienen casa, ni auto, pero tienen un guardarropa que les cuesta una fortuna.  El movimiento comenzó cuando los militares congoleños, que lucharon en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, regresaron a su casa en África y trajeron la moda parisina con ellos. Se reunían habitualmente en fiestas que ellos mismos creaban para poder lucir sus modelos, hasta que al final crearon la Sociedad de Ambientadores y Personas Elegantes (SAPE) para recrear el mito de la elegancia francesa.  Los años ochenta fueron devastadores para el Congo tras tres guerras civiles consecutivas. Los sapeurs desaparecieron por completo de la vida social. No eran tiempos de pensar en colores y marcas de ropa.  Pero con la superación de aquella terrible época, a principios de este siglo XXI, los dandis volvieron a aparecer con más fuerza y ganas que nunca bajo el lema “Dejemos las armas y vistámonos elegantemente”. Incluso ha vuelto a ganar visibilidad internacional tras la publicación del libro Gentlemen of Bacongo (Los caballeros de Bacongo) de Daniele Tamagni. En este libro se recogen cientos de fotos y testimonios de los actuales dandis del Congo.  Pero hoy les voy a hablar de otra forma de vestir mucho mejor que la de los dandis del Congo.

   La frase que escogí para predicarles en este momento se encuentra en el versículo 14, que dice: “vestíos del Señor Jesucristo” (Romanos 13:14). En el contexto de esta exhortación, el apóstol Pablo haciendo uso alegórico de que después de la noche obviamente llega el tiempo del amanecer, ilustra que la circunstancia del mundo en el cual vivimos es una de tinieblas a horas avanzadas de la noche, sin embargo para los que somos creyentes en Jesucristo, dice: “La noche está avanzada, y se acerca el día” (Romanos 13:12a).  Este día que se acerca es el día de nuestra esperanza de encontrarnos con Jesús en su eterna y divina presencia celestial.  Sin embargo, como todavía estamos viviendo mas no participando en las densas tinieblas de la noche de este mundo, tenemos que vivir vestidos “como de día” (Romanos 13:13), y eso hace necesario que como creyentes e hijos de Dios nos vistamos “del Señor Jesucristo” (Romanos 13:14).

   En este mensaje les voy a predicar que la exhortación apostólica de vestirse del Señor Jesucristo conlleva responsabilidades que deben asumir todos los que se congregan en una iglesia. / ¿Qué responsabilidades deben asumir todos los que se congregan en una iglesia para así estar vestidos de Jesucristo? / De manera específica, voy a compartirles en este mensaje, tres de estas responsabilidades.

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   La primera responsabilidad que conlleva la exhortación de vestirse del Señor Jesucristo, es:

I.- COMENZAR UNA RELACIÓN DE FE EN JESUCRISTO.

   Vestirse de Cristo en realidad comienza en el momento cuando una persona acepta para su vida personal la obra redentora de Jesucristo.  Aunque el apóstol Pablo enviaba sus epístolas a iglesias que se supone están formadas por creyentes, no descartaba que en su comunión hubiese personas que todavía no habían comenzado una relación de fe con Jesucristo. En su epístola a los Efesios les escribió: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, / y renovaos en el espíritu de vuestra mente, / y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:22-24).

 El viejo hombre al que se refiere el apóstol, sin duda que se refiere a Adán, pero más que a Adán, se refiere a la naturaleza pecaminosa que heredamos de él, lo cual hace inevitable que en todo ser humano brote cualquier manifestación de pecado o desobediencia contra Dios, y nos hace merecedores de la ira de Dios.  Pero el nuevo hombre al cual se refiere indicando que es necesario vestirse de él, se refiere a Jesús, el cual no heredó la naturaleza pecaminosa de Adán, sino que inició su naturaleza humana en la misma perfección con la que Adán fue creado desde el principio de la humanidad.  En otras palabras, Jesús es el nuevo Adán, pero un Adán perfecto.  Cuando uno cree en Jesús, siendo él Dios, se inicia en él una relación de fe en Dios que debe permanecer durante toda la vida del creyente.  Desde ese momento se puede decir que el pecador se ha vestido de Jesucristo, porque las perfecciones de Jesucristo comienzan a aplicarse en la vida del creyente con el propósito de que cada creyente sea restaurado al diseño y propósito de Dios para el cual Adán fue creado.

   Estimado oyente, si es su caso que usted no ha comenzado a tener una fe real y sincera en Jesucristo, usted no está vestido de él, y la verdad usted necesita vestirse de Jesucristo mediante la fe en su persona y obra redentora.  Le invito a que comience usted esa experiencia de tener una nueva vestidura divina y salvadora.

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   La segunda responsabilidad que conlleva la exhortación de vestirse del Señor Jesucristo, es:

II.- ACEPTAR LA GRACIA TOTAL DE JESUCRISTO.

   Uno de los textos bíblicos relacionados con el vestirse de Cristo, está relacionado con la palabra bautismo. El apóstol Pablo, en su epístola a los Gálatas, les dijo: “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:27).  De estas palabras hay dos frases que analizar:

   1).- La frase “bautizados en Cristo”, no se refiere al sacramento de agua que es aplicado al creyente o a sus hijos, por lo que debe tratarse de un bautismo no de agua sino extraordinario.  También cuando dice “que habéis sido bautizados en Cristo”, tampoco indica que se trate de acción alguna que haya sido hecha por un ministro del evangelio, pues es evidente que se trata de una gracia aplicada de manera invisible en una persona; lo cual es una indicación de una obra divina aplicada por la pura y libre gracia al pecador que recibe un vestido nuevo que es Cristo mismo para reemplazar su vestido viejo que es el del pecado.  Este bautismo en Cristo, es un lenguaje figurado que aquí solamente describe la realidad de la comunicación de los beneficios que inmerecidamente recibe el pecador.  Lo que el apóstol les estaba aclarando es que su nueva vida ya no de condenación sino de salvación no depende de alguna obra humana sino totalmente de la gracia divina de Cristo.  Lo único que han tenido que hacer es aceptarla como una gracia inmerecida que Dios les había otorgado.

   2).- La frase “de Cristo estáis revestidos”, también es otra expresión en lenguaje figurado que expresa la realidad de un cambio de condición en la vida de un pecador que ha aceptado para su vida la gracia inmerecida de Cristo.  El lenguaje figurado se toma de una costumbre romana de que los padres de familia cuando sus hijos tenían entre seis o siete años los entregaban en manos de sus esclavos de mucha confianza para que ellos sean sus maestros de una vida moral disciplinada.  Esto llevaría un tiempo como de seis años, como si fuera la educación primaria de nuestro sistema educativo nacional.  Según John Walvoord, y Roy Zuck, en su libro: El comentario del conocimiento de la Biblia, dicen que “estos esclavos eran excesivamente severos con la disciplina y estaban encargados de guardar a los niños de la maldad de la sociedad y darles entrenamiento moral”.  Y luego, Walvoord y Zuck, explican que cuando el niño alcanzaba suficiente madurez, se le daba una bata o toga especial; la cual, era un símbolo de que adquiría todos los derechos en la familia[2].  Es de esta costumbre que el apóstol Pablo ilustra a los Gálatas creyentes, diciéndoles: “de Cristo estáis revestidos”.  Y esto, también es otra manera de expresar que una persona no puede hacer nada por sí mismo para su salvación, pues ha sido Jesucristo quien ha hecho todo a favor del pecador que crea en él.

  Amados hermanos, el contexto en el que el apóstol Pablo habla del revestimiento del creyente, tiene que ver con la Ley de Moisés que para toda persona es una dura sentencia que solamente hace ver que el pecador es alguien que merece la aplicación de la ira de Dios sobre él; sin embargo, Cristo ha librado de los duros efectos condenatorios de la Ley, a todo aquel quien cree en él.  Este es su bautismo o beneficio en Cristo, que dicho alegóricamente a la luz de la costumbre romana de dar un vestido especial al joven que ha sido severamente instruido, el cristiano ha sido revestido de Cristo.  Así que quien ha comenzado una relación de fe en Jesucristo, tiene también que aceptar que nada depende de él, sino que todo depende de Jesucristo.  Quien sigue intentando ganar el favor de Dios, es que no ha entendido que la salvación es gratuita.  Y quien quiere hacer algo de procedencia humana para obtenerla o conservarla está menospreciando la gratuidad de una obra divina que ha sido hecha en su totalidad a favor de quien solamente tiene que creer y aceptar que así funciona la gracia de Dios.  Y en este caso, el apóstol Pablo, según las diversas traducciones en español, coinciden en que dice a los mismos Gálatas: “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (Gálatas 5:4, RV60); “Aquellos de entre ustedes que tratan de ser justificados por la ley han roto con Cristo; han caído de la gracia” (Gálatas 5:4, NVI); “Ustedes, los que quieren ser reconocidos como justos por cumplir la ley, se han apartado de Cristo; han rechazado la generosidad de Dios” (Gálatas 5:4, DHH); “Los que quieren que Dios los acepte por obedecer la ley, rechazan el amor de Dios y dejan de estar unidos a Cristo” (Gálatas 5:4, TLA).  Es claro. Hay que aceptar que la salvación es por gracia total de Jesucristo, en caso contrario deja de haber unión con Cristo, y no hay ninguna vestidura de Cristo para la persona que piense y actúe así.

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   La tercera responsabilidad que conlleva la exhortación de vestirse del Señor Jesucristo, es:

III.- VIVIR NO SIGUIENDO LAS COSTUMBRES DE LAS TINIEBLAS.

   Seguramente usted ha visto las películas inspiradas en los escritos de James Luceno, de la serie: Guerra de las galaxias.  Uno de sus personajes en el episodio III: La venganza de los Sith, (la orden de los Caballeros de Sith), se llama “Dark Vador” o Darth Vader, ¿ha observado usted cómo se viste este personaje? El usa capa, casco y botas, todo negro.  Pero, lo que quiero enfatizar es: ¿sabe usted lo que significa su nombre? “Dark” quiere decir “Oscuro”. La connotación de su nombre, es que él pertenece a las tinieblas, o sea que está con el “lado oscuro”.  En cuanto a “Vador” suena como derivado del lenguaje vikingo, ostentando matices bélicos de “invasor violento aliado con el mal”.  Su personaje es una ilustración del ambiente y conducta que no debe practicar un creyente en Jesucristo.

   En nuestro texto bíblico, el apóstol Pablo dice: “Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. / Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia” (Romanos 13:12b,13). Por supuesto que esto es solamente una breve lista de todo lo que se hace en las tinieblas de pecado.  Las obras de las tinieblas, también son conocidas en la palabra de Dios como obras de la carne, y son tantas como ideas perversas que vengan a la mente del ser humano no regenerado. Son conductas que no corresponden a los hijos de Dios, para que no vivamos en el lado oscuro, sino en la luz de Cristo.

   Amados hermanos, el Señor Jesucristo es el mejor vestido que podemos portar para poder conducirnos apropiadamente en medio de un mundo que vive en la oscuridad de pecado.  Usted está en el mundo, pero usted no es del mundo.  Usted es de un reino y una ciudadanía celestial, por lo que tiene que vivir no conforme a los antivalores de este mundo, sino conforme a los valores del reino de Dios.  Usted no tiene que vivir conforme a la oscuridad de este mundo sin Cristo y sin Dios en su vida.

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   CONCLUSIÓN: El vestirse de una persona, como en la frase “vestíos del Señor Jesucristo”, es para nuestro idioma español una frase no muy entendible, pero para los griegos y en el contexto en el que apóstol Pablo lo escribe a los romanos, ellos entendían que se trataba de imitar a Jesucristo, o sea, ser como él.  Esta es la razón de vestirse de Jesucristo.  Si usted no se ha puesto la vestidura de Cristo, es tiempo de comenzar ahora creyendo en la persona y obra de Jesucristo.  Si usted ya se ha vestido de Jesucristo creyendo en él, ahora tiene usted que vivir aceptando que la salvación no depende de usted sino todo depende totalmente de Cristo, pues solamente así seguirá vestido de él.  Además, ahora usted tiene que vivir no siguiendo las costumbres de las personas que viven sin Cristo en la oscuridad del pecado.  Usted es de la luz.  Viva usted como Cristo Jesús, pues es por eso que Dios le han vestido a usted de la ‘ropa’ salvadora de Jesucristo.

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[1] Los dandis del Congo,

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[2] Walvoord, John F.,  Zuck, Roy B., “El Comentario del Conocimiento de la Biblia” (“The Bible Knowledge Commentary”), Wheaton, Illinois: Scripture Press Publications, Inc. 1983, 1985.

Oct 21

REY MANASÉS: LA REFORMA PERSONAL NO DEBE COMENZAR DEMASIADO TARDE, Por: Diego Teh.

MANASÉS: LA REFORMA PERSONAL NO DEBE COMENZAR DEMASIADO TARDE.

2 Crónicas 33:1-20.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Siervos de Jesús” de Celestún, Yucatán; el domingo 21 de octubre 2017, a las 19:30 horas; como sermón de la serie: REYES REFORMADORES DEL ANTIGUO TESTAMENTO.

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   INTRODUCCIÓN: Hoy utilizaré la historia de un rey descendiente de David, cuyo nombre fue Manasés.  Fue hijo de un gran hombre temeroso de Dios, el rey Ezequías quien fue un gran reformador de la vida religiosa y también política de su reino.  Tras la muerte de Ezequías, su hijo Manasés ocupó el trono del reino de Judá, y observen lo siguiente: “De doce años era Manasés cuando comenzó a reinar, y cincuenta y cinco años reinó en Jerusalén” (2 Crónicas 33:1).  Sumando su edad cuando comenzó a reinar con los años que reinó, el resultado es que este hombre vivió 67 años.  Otros reyes vivieron menos años que él.  La verdad que Manasés tuvo tiempo suficiente para vivir y gobernar.  No todas las personas llegan a esa edad, aunque también es cierto que algunos viven mucho más que 67 años.  Pero, lo que el texto bíblico nos expone es cómo este hombre desperdició muchos años de su vida no tomando en cuenta a Dios, lo cual fue para él a final de cuentas nada provechoso, sino desastroso.  El texto bíblico tiene un mensaje apropiado no solamente para las personas que ya comenzaron la tercera edad de los 65 para arriba, sino que también para todos los menores de 65 años. ¿Tiene usted 50, 40, 30, 20, 15 años o menos?, el mensaje tiene aplicación para usted.

   En el mensaje de este momento les voy a predica que: La reforma personal que todos necesitamos no debe comenzar demasiado tarde. / ¿Por qué la reforma personal que todos necesitamos no debe comenzar demasiado tarde? / En este mensaje basado en la crónica del rey Manasés de Judá, les voy a compartir algunas razones.

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   La primera razón por la que nuestra reforma personal no debe comenzar demasiado tarde en nuestra vida, es porque:

I.- EL QUE NO SE REFORMA PUEDE HACERSE MÁS PERVERSO.

   Con respecto a este rey Manasés dice el cronista: “Pero hizo lo malo ante los ojos de Jehová, conforme a las abominaciones de las naciones que Jehová había echado de delante de los hijos de Israel. / Porque él reedificó los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a los baales, e hizo imágenes de Asera, y adoró a todo el ejército de los cielos, y les rindió culto. / Edificó también altares en la casa de Jehová, de la cual había dicho Jehová: En Jerusalén estará mi nombre perpetuamente. / Edificó asimismo altares a todo el ejército de los cielos en los dos atrios de la casa de Jehová. / Y pasó sus hijos por fuego en el valle del hijo de Hinom; y observaba los tiempos, miraba en agüeros, era dado a adivinaciones, y consultaba a adivinos y encantadores; …” (2 Crónicas 33:2-6b), pero observen cómo termina el versículo 6, que dice de Manasés que: se excedió en hacer lo malo ante los ojos de Jehová, hasta encender su ira” (2 Crónicas 33:6c).  ¿Observó usted que no solamente “hizo lo malo ante los ojos de Jehová” (v. 2), sino que “se excedió en hacer lo malo ante los ojos de Jehová” (v. 6c)?  Mientras más deje uno pasar el tiempo y uno no tome la decisión de reformar su vida personal, uno se expone al efecto de la depravación total que hay en nuestra naturaleza.  Somos capaces de hacer lo más perverso que nadie ni nosotros mismos nos hicimos la idea de estar haciendo tales cosas.

   Amados oyentes, somos como Manasés de la misma naturaleza humana.  Es más fácil para cualquiera de nosotros hacer cosas malas que buenas.  Es igualmente fácil que hagamos peor nuestra vida y la de los demás, porque no decidimos ponerle un alto a nuestra mala conducta.  Quizá usted no ha hecho cosas como las que hizo Manasés, pero no puede usted negar que ha hecho cosas que Dios no estaba esperando de usted, por lo que tenga usted cuidado de no hacerse cada vez más perverso que se diga de usted como de Manasés que éste sí que “se excedió en hacer lo malo”.  La buena noticia es que Jesucristo puede ser el divino reformador para la vida personal de usted porque él “quita el pecado” (cf. Juan 1:29).

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   La segunda razón por la que nuestra reforma personal no debe comenzar demasiado tarde en nuestra vida, es porque:

II.- EL QUE NO SE REFORMA ATRAE PARA SÍ MISMO LA IRA DE DIOS.

   Recuerde usted que Manasés “se excedió en hacer lo malo ante los ojos de Jehová”, pero observe cual fue una consecuencia natural procedente de Dios.  La descripción final del v. 6, dice: “hasta encender su ira”. ¿La ira de quién? La de Dios.  La evidencia se deja ver donde el cronista dice que, en consecuencia: “Jehová trajo contra ellos los generales del ejército del rey de los asirios, los cuales aprisionaron con grillos a Manasés, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia” (2 Crónicas 33:11).  Esto y más puede hacer Dios con todo su soberano derecho contra aquel que hace lo malo ya sea mínimo o en exceso.  Mientras Manasés al paso del tiempo no dejaba sus malas acciones contra Dios, su culto, y su pueblo, él iba acumulando el peso de sus pecados sobre sí mismo y haciendo que otros muchos también acumulen sus pecados.  Y Dios, a pesar de toda su paciencia, misericordia, bondad, gracia, y amor, siendo Dios no puede permitir que su propia criatura a quien hizo para su obediencia siga descarada y cínicamente haciendo lo malo, por lo que inevitablemente su ira tiene que encenderse.  En el caso de la historia que nos ocupa, la ira de Dios no era solamente sobre Manasés sino también sobre todo el pueblo.

  Jesús durante su ministerio habló de la razón principal porque ahora viene la ira de Dios, pero también enseñó la manera de huir de dicha ira divina. A Nicodemo el hombre que buscó en él respuesta para su vida personal, le dijo: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36).  La incredulidad de toda persona hacia la persona y poderes de Jesús resulta en que “la ira de Dios está sobre él”, pues tanto el pecado original que se imputa a todo ser humano, mas los pecados que personalmente uno haya decidido cometer, al no haber sido perdonados, inevitablemente atraen la ira de Dios, cuyo resultado actual podría resultar en una lamentable desgracia, pero para la eternidad será la separación definitiva de la presencia de Dios. Sin embargo, “el que cree en el Hijo tiene vida eterna”, recibe perdón, y la ira de Dios se aparta de él, y a cambio recibe vida eterna.

   Amado oyente, hoy puede usted librarse de la ira de Dios, y vale la pena. Si usted no ha comenzado a trabajar en la reforma de su vida personal, hoy puede usted comenzar a hacerlo creyendo en la persona y obra de Jesucristo, creyendo que él dio su vida tomando el lugar de usted para pagar sus pecados los cuales ofenden a Dios y atraen su ira.  Entonces, eso le librará de la ira de Dios. ¿Está usted dispuesto a comenzar la reforma personal de su vida con este paso?  Esto es lo esencial que usted debe hacer. Cualquier otra cosa que usted haga, no quitará nunca la ira de Dios que está muy cerca de caer sobre usted.

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   La tercera razón por la que nuestra reforma personal no debe comenzar demasiado tarde en nuestra vida, es porque:

III.- EL QUE NO SE REFORMA NO PUEDE SER GUÍA DE OTROS.

   Por un momento supongamos que su excedencia se dio solamente en lugares profanos no consagrados para Dios, sería menos mal.  Pero esto no fue así, sino que decidió también usar la misma casa de Dios, el templo de Jerusalén, para afectar intencionalmente la vida espiritual de los verdaderos fieles a Dios.  Esto sí que es una excedencia.  La crónica dice que: “Además de esto puso una imagen fundida que hizo, en la casa de Dios, de la cual había dicho Dios a David y a Salomón su hijo: En esta casa y en Jerusalén, la cual yo elegí sobre todas las tribus de Israel, pondré mi nombre para siempre; / y nunca más quitaré el pie de Israel de la tierra que yo entregué a vuestros padres, a condición de que guarden y hagan todas las cosas que yo les he mandado, toda la ley, los estatutos y los preceptos, por medio de Moisés” (2 Crónicas 33:7,8).  Pero observen cuál fue el resultado final, que según la crónica dice: “Manasés, pues, hizo extraviarse a Judá y a los moradores de Jerusalén, para hacer más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel” (2 Crónicas 33:9).  Siendo rey de Judá, aunque no era el sumo sacerdote, ni solo sacerdote, ni siquiera levita, tenía la facultad de ser el dirigente espiritual del pueblo de Dios bajo su reino.  Pero, en este caso como sucedió con otros reyes judíos, Manasés hizo todo lo contrario.  En otras palabras, no estaba en condiciones de ser el guía espiritual que su dignidad de rey le confiere. No había comenzado a reformar ni siquiera su propia vida. ¿Cómo lo haría con los demás?  No se puede.

   Amados oyentes, usted y yo no somos reyes con autoridad civil y religiosa sobre toda una nación, pero guiamos a nuestra familia, a nuestros hijos.  Y en nuestra calidad de cristianos guiamos a gente no creyente, e incluso a creyentes.  Pero ¿cómo los vamos a guiar si no dejamos que primero nuestra vida personal sea cambiada y capacitada por la gracia de Dios?  Recuerde usted que Jesús enseñando a los fariseos de su tiempo que querían que otros hagan lo bueno delante de Dios, pero ellos no hacían lo que es bueno, y de paso mal guiaban a quienes les aceptaban como sus guías espirituales.  Jesús les exhortó fuertemente diciéndoles que “recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros” (Mateo 23:15), y limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia” (Mateo 23:25), y “limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio” (Mateo 23:26).  Estas palabras de Jesús nos recuerdan que es con uno mismo que hay que comenzar, y así podremos guiar a nuestros hijos, a toda nuestra familia, a cualquier persona, y hasta a la iglesia de Dios.

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   La cuarta razón por la que nuestra reforma personal no debe comenzar demasiado tarde en nuestra vida, es porque:

IV.- MÁS VALE HACERLO AHORA QUE MÁS TARDE.

   Ya hemos visto que la ira encendida de Dios fue benevolente con Manasés, porque Dios pudo haber sido más drástico con él.  Pero de todas maneras esperó que llegara el momento indeseable cuando los generales del ejército del rey de los asirios, le aprisionaron con grillos, y atado con cadenas lo lleven a Babilonia, pues fue hasta ese momento que dice la crónica acerca de él: “Mas luego que fue puesto en angustias, oró a Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres. / Y habiendo orado a él, fue atendido; pues Dios oyó su oración y lo restauró a Jerusalén, a su reino. Entonces reconoció Manasés que Jehová era Dios” (2 Crónicas 33:12,13).  Fue hasta que se vió en aprietos que consideró hacer algo favorable y espiritual por su propia vida.

   Amado oyente, usted no tiene qué esperar que lleguen las angustias en su vida para que entonces decida buscar a Dios.  No espere cuando los problemas sin siquiera haber tocado la puerta ya se encuentren bien adentrados en su vida, para que entonces usted se acuerde que es necesario orar a Dios.  Desde luego, que si usted pudo buscar a Dios, y orarle en esos momentos, es que todavía no es demasiado tarde, pero en realidad ya es tarde. Usted habrá perdido mucho tiempo de su vida, pues si usted hubiese buscado desde antes a Dios, y si usted le hubiese orado a Dios desde antes, usted se estaría ahorrando las angustias de vida con las que ahora está cargando, y/o las que más adelante podrían llegar a su vida.  Manasés después de tanto tiempo de rechazar a Dios, por fin se dio cuenta que ahora le necesitaba, y entonces se tuvo que humillar grandemente ante Dios.  Afortunadamente si Dios todavía quiere oírle a usted como lo hizo con Manasés, no es demasiado tarde, pero si de repente algo espontáneo acaba con la vida de usted sin haberle podido orar a Dios, entonces déjeme decirle que para usted se está haciendo demasiado tarde desde ahora mismo.  Estimado oyente, vale la pena que usted comience a reformar su vida personal ahora mismo, buscando a Dios, orándole a Él.  Acudiendo a Él por medio de su Hijo Jesucristo quien no solamente le va a escuchar a usted, sino que le va a convertir en la mejor persona que hace falta en su casa, en la escuela o en el trabajo, en la iglesia, y en cualquier lugar del mundo.  Pero reciba a Jesucristo hoy mismo como su salvador personal, y se dará cuenta que su vida será verdaderamente cambiada.

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   La quinta razón por la que nuestra reforma personal no debe comenzar demasiado tarde en nuestra vida, es porque:

V.- EL TIEMPO PERDIDO NO SE RECUPERA.

   En el caso de Manasés, su humillación fue muy buena, apropiada, con buenos resultados, por lo que observen la diferencia de sus últimos hechos con sus primeros hechos.  Comenzó a hacer lo bueno que no había hecho, y a destruir o revertir todo lo malo que había hecho.  Sus reformas los relata así el cronista bíblico: “Después de esto edificó el muro exterior de la ciudad de David, al occidente de Gihón, en el valle, a la entrada de la puerta del Pescado, y amuralló Ofel, y elevó el muro muy alto; y puso capitanes de ejército en todas las ciudades fortificadas de Judá. / Asimismo quitó los dioses ajenos, y el ídolo de la casa de Jehová, y todos los altares que había edificado en el monte de la casa de Jehová y en Jerusalén, y los echó fuera de la ciudad. / Reparó luego el altar de Jehová, y sacrificó sobre él sacrificios de ofrendas de paz y de alabanza; y mandó a Judá que sirviesen a Jehová Dios de Israel” (2 Crónicas 33:14-16).  De verdad, que quería recuperar el tiempo perdido. ¿No así le parece a usted?  Pero observe usted que lo que pudo haberse evitado desde el principio, ahora no era fácil, pues el cronista relata: “Pero el pueblo aún sacrificaba en los lugares altos, aunque lo hacía para Jehová su Dios” (2 Crónicas 33:17).  El tiempo perdido pudo haber sido útil para que la gente no se involucre y arraigue en el pecado que para muchos no es fácil ni posible salir una vez que hayan entrado en su mundo.  Ahora, ¿cómo le iba a hacer para revertir el daño espiritual que le había causado a las personas, y a su propia familia?  De hecho, cuando él muere, su hijo Amón que asume el trono, un muchacho de 22 años que ya tenía un hijo de 6 años, lo primero y lo único que hizo en sus escasos dos años de reinado fue hundir de nuevo al pueblo en la idolatría.  Manasés no pudo recuperar el tiempo perdido, ni revertir lo malo que había hecho.  Por eso Dios, tuvo que poner en el trono al hijo de Amón, el nieto de Manasés cuando solamente tenía 8 años.  Él tendría toda una vida para reformar su propia vida y la del pueblo que gobernaba.

   Amados oyentes, pongan alto al desenfreno que podría alguno de ustedes estar viviendo justo en este momento.  ¡Alerta!  Todo lo que usted desajuste en su propia vida y en la de su familia, u otras personas, no será fácil revertirlo si es que llega a ser posible la reversión.  Es mejor que ahora mismo comience la reforma personal de su vida.  Salomón, probablemente aconsejando a su hijo Roboam, le escribió: Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento” (Eclesiastés 12:1).  Es hoy que usted debe comenzar su reforma personal, en la edad que usted tiene, antes que pasen los años, y su problema se agrave.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, el objetivo de este mensaje fue que ahora que usted tiene oportunidad, comience a dar paso a la gracia de Dios que quiere obsequiarle a usted una mejor vida aquí en la tierra, y una gloriosa vida para cuando usted tenga que dejar este mundo para llegar a la eternidad.  Usted debe tener también en cuenta las palabras de Jesús que le dijo a un hombre que estaba viviendo como muchos de nosotros, no pensando en el tiempo ni en la brevedad de la vida, sino solamente en su trabajo y en la adquisición de más abundancia.  Jesús le dijo a este hombre: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12:20).  Lo que quiero enfatizarle a usted no es la incógnita acerca de quién va a heredar todo lo que ahora es de usted, sino en que quizá usted no alcance vivir ni 30, ni 50, ni 65, ni 80 o 90 años, pues, puede que hoy mismo acabe su vida.  ¿Está usted seguro de su salvación?  Pero, si Dios le permite a usted vivir más tiempo, ¿dejará que Dios reforme la vida personal de usted, para que no se hunda usted y los suyos en los problemas, en las angustias, en el pecado, en la ira de Dios, y en la condenación?  Cristo Jesús le puede ayudar.