Dic 31

¿TE CONOCE JESÚS?, Por: Diego Teh.

¿TE CONOCE JESÚS?

Mateo 7:15-23; 25:1-12; Lucas 13:22-28.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Unidad en Cristo” de la col. Morelos Oriente, de Mérida, Yucatán; el domingo 31 de diciembre 2017, a las 18:00 horas.

   INTRODUCCIÓN: ¿Qué recuerda usted haber hecho para Dios durante este año que ha transcurrido? Tomando en cuenta a usted que es cristiano, ¿tuvo la oportunidad de compartir el nombre de Jesús por lo menos a 3 o 4 personas? Tomando en cuenta que usted es parte de esta iglesia. ¿colaboró en algún trabajo de limpieza, albañilería, plomería, electricidad, etc…? Tomando en cuenta que usted ha querido crecer espiritualmente, ¿hizo oraciones a favor de personas que tenían alguna necesidad espiritual o material? ¿invocó algunas veces a Dios en sus oraciones, desesperaciones y adoraciones? Tomando en cuenta que Dios le ha bendecido cada día, ¿ayudó a algún pobre, a algún enfermo, a algún huérfano, a alguna viuda? ¿dio limosnas a los que para sobrevivir no tienen otra opción que depender de la caridad de quienes tenemos pan para cada día? o ¿qué otra cosa que no mencioné, considera que usted hizo pensando que fue para la gloria de Dios? Probablemente usted ha hecho no solamente lo mínimo, sino que ha hecho bastante de todas estas cosas, y de otras que no mencioné.  Sin embargo, a pesar de todo lo que usted ha hecho, ¿cree y está seguro de que Jesús le conoce?, porque hay un montón de personas que hacen estas cosas y muchas más, pero Jesús no las conoce.  No es que no conozca sus nombres, sino que no los conoce como suyos.

   En una ocasión, Jesús les explicó a sus doce discípulos que: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. / Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? / Y entonces les declararé: Nunca os conocí; …” (Mateo 7:21-23a).  Amados oyentes, Jesús no conoce a una persona solo porque se congrega en una iglesia como la nuestra o en otra de su preferencia donde hoy usted no pudo ir.  Jesús no conoce a una persona porque esta buscó donde adorarle durante la pasada semana santa, o en este adviento reciente, o durante esta navidad, o porque haya hecho algo en su nombre, aunque sea durante los últimos 20 años.  Por eso, usted tiene que cerciorarse que él le conoce a usted.

   Basado en los diversos textos bíblicos: Mateo 7:15-23; 25:1-12; y Lucas 13:22-28, que hoy hemos leído, les voy a predicar que Jesús tiene sus propios criterios para dar por conocida a una persona. / ¿Cuáles son los criterios de Jesús para dar por conocida a una persona? / Hoy me propongo compartirles algunos criterios de Jesús con los que usted podrá darse cuenta si él le conoce a usted.

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   El primer criterio de Jesús para dar por conocida a una persona, es:

I.- QUE LA PERSONA DEBE DAR FRUTOS BUENOS DE SU RELACIÓN CON DIOS.

   Cuando Jesús previene a sus oyentes, acerca de la gente que con falsedad está infiltrada entre los que verdaderamente buscan y sirven a Dios, primeramente les describió como: “… vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15), y seguidamente explicó que: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:16a).  Jesús los conoce, pero como lobos rapaces, porque los frutos de sus acciones son siempre y mayormente maldad, son siempre y mayormente pecado, por lo tanto, no son los apropiados para que él los conozca como sus discípulos.  Es a estas personas que Jesús les dirá: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:23b).

   En las iglesias están escondidas muchas, pero muchas personas que aparentemente son ovejas de Dios, pero no lo son sino solamente son lobos vestidos de ovejas que, en vez de dar frutos buenos, siguen dando frutos malos. Mientras sus frutos sigan siendo malos, Jesús les va a decirles a ellos que no les conoce.  En la iglesia, siempre que una persona que llega, y tiene un encuentro real con Dios, Jesús le hace una nueva persona que procurará cada día dar frutos buenos que corresponden al haberse encontrado con Dios.  Pero, si luego de haber estado en una iglesia local, sus frutos siguen siendo malos, tal persona realmente no se encontró con Dios; y cuando llegue el día que tal persona se encuentre ante la presencia eterna de Jesús, lo único que escuchará de él es: No te conozco.

  • Jesús, pero si el 31 de diciembre del 2017 que fue un domingo, estuve en la iglesia “Unidad en Cristo” de la colonia Morelos Oriente, ¿esa también es tu iglesia, verdad?, porque dijeron que allí estabas, por lo que debes conocerme.
  • Señor, tengo que admitir que llegué tarde, pero ese día hasta me tocó hacer una lectura delante de todos. ¿No te acuerdas?
  • Aunque, la verdad nunca me gustó hacerme muy notorio, y ese día estaba sentado hasta atrás en la última fila, pero allí estaba, y creo que te debiste dar cuenta.
  • La verdad sí me salí antes de que finalice el culto, porque tenía amistades que me estaban esperando y también tenía que convivir con ellos; pero de que estuve en el culto, sí estuve. ¿Sabes?, diría Jesús: Es cierto, sí te vi, pero no te conozco.
  • Señor, ellos sí me conocen, pregúntales de mí. Ellos me pasaban lista en las reuniones congregacionales a las que también me gustaba ir. – Estarás en la lista de ellos, pero aun así, no te conozco.
  • Jesús, me llamo Manuel. Sí, tu nombre lo sé, pero no te conozco como mi discípulo.  No veo los frutos buenos que deberías tener. Lo único que he visto de ti son frutos malos.

    Estimado oyente, esto es lo que no queremos que le pase a usted.  Acérquese a Dios, por medio del nombre de su Hijo Jesucristo, siempre lleno de arrepentimiento, siempre con una confesión de sus pecados, siempre dispuesto a vivir congruentemente haciendo no lo malo sino haciendo lo que es bueno y agradable para Dios y aun para los que nos ven, porque es solamente a estas personas que Jesús conoce, a las demás no las conoce.  No ser conocido por Jesús, es tener las puertas de la eternidad cerradas para siempre.  Para que eso no le pase a usted, hágase discípulo, creyente, y siervo de Jesús decidido a vivir solo para él dando frutos buenos de su relación espiritual con Dios, de lo contrario, usted seguirá siendo un desconocido para él, y un perdido para la eternidad.

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   El segundo criterio de Jesús para dar por conocida a una persona, es:

II.- QUE LA PERSONA DEBE NO SOLO DECIR SINO TAMBIÉN HACER LA VOLUNTAD DE DIOS.

   Jesús, alertando a sus oyentes acerca de lo que sucede con los que son falsos que aparentan ser de Dios pero no lo son, les dice: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21).  Observen esto: Si alguien que sabe invocar a Jesús, o aun directamente a Dios, diciéndole Señor, Señor, y aun con eso según Jesús, tal persona no” […] “entrará en el reino de los cielos”, debe haber una razón muy fuerte para ello.  Explicando esto, Jesús hace dos observaciones clarísimas: Primero, cuando les indica que: “No todo el que me dice: …, y segundo, cuando les puntualiza: “sino el que hace …”.  Dice y hace, son las palabras claves de esta explicación.  Los que no pueden entrar a su reino son los que solo saben decir cualquier cosa que parezca piadosa o aunque quizá ni lo sea, pero en la realidad estas personas no hacen la voluntad de Dios.  Personas así, son las que no son conocidas por Jesús.  El que solo dice y no hace la voluntad de Dios, realmente no es discípulo de Jesucristo, porque el discípulo después de aprender, dice y hace la voluntad de Dios.

   Si ustedes se dan cuenta, Jesús afirma que habrá personas que se quejarán con él reclamando lo que consideran su derecho, argumentando que hicieron cosas en su nombre pero antes que acciones solamente usaron palabras que supieron decir porque ya era parte de su vocabulario religioso. Según Jesús, “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” (Mateo 7:22).  Este argumento genera por lo menos tres preguntas que vale la pena analizar.

  • ¿Cómo habrán profetizado? Profetizar es sinónimo de predicar denunciando el pecado que hacen las personas. Así que predicar o profetizar no es una gran acción sino solo palabras que uno dice, que después el que lo dice debería vivirlo, pero si luego de decirlo no lo vive, entonces no es un verdadero discípulo de Jesús, que por eso Jesús no le conoce. Saber decir, predicar o profetizar, no es evidencia de ser conocido por Jesús.  Así que quienes predicamos la palabra de Dios tenemos que recordar que quien predica no solamente debe saber decir la verdad sino también vivirla.
  • ¿Cómo habrán echado fuera demonios? Echar fuera demonios consistía en decir palabras de reprensión a los demonios que salieran de la persona que estaba poseída. Realmente no había mucha acción, sino eran más palabras que acción, porque quien finalmente expulsaba a los demonios es el poder del nombre de Jesús, no el poder de la persona que dijo las palabras adecuadas.  Por si acaso, el exorcista debió haber ayunado y hecho antes o al momento, alguna oración.
  • ¿Cómo habrán hecho milagros en su nombre? Realmente tampoco implicaba acciones de esfuerzo humano, sino solamente usaban palabras que se dicen, como: En el nombre de Jesús, sé sano. En el nombre de Jesús, ponte de pie.

     Amados oyentes, Jesús ha aclarado que las palabras que uno dice, aunque tuvieran un sentido religioso, cristiano, o bíblico, no tienen valor para garantizar que por ello uno sea conocido como su discípulo.  Ninguno se confíe que ha quedado bien con Dios solamente porque sabe decir algunas o muchas palabras esenciales de la vida cristiana, porque solo decirlas sin acompañarlas de acciones congruentes y espirituales que reflejen obediencia a Dios o servicio al prójimo, no es lo que Dios espera.  Y en las iglesias, hay muchas personas con una labia extraordinaria, porque saben decir las verdades de una manera muy bonita, pero solo saben decirlas, mas después de decirlas a sus vecinos, amistades, y familiares, no hacen la voluntad de Dios. ¿Cómo van a ser conocidos por Jesús si solo saben decir y no hacer la voluntad de Dios?, pues caen en la misma categoría de los que Jesús mismo describió como “falsos” (Mateo 7:15ss).

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   El tercer criterio de Jesús para dar por conocida a una persona, es:

III.- QUE LA PERSONA DEBE ACERCARSE A ÉL EN EL TIEMPO OPORTUNO.

   En esta vida todo tiene un principio y todo tiene un fin. La oportunidad de ser conocido por Jesús es ahora que usted está vivo.  Es ahora que no ha llegado el momento de que Jesucristo vuelva a esta tierra por los que entonces estén vivos y sirviéndole con fervor.  Es ahora que no ha llegado el día del juicio final donde verificarás si te quedas en su reino o te vas al reino de las tinieblas y condenación eterna.  Observe usted en el versículo 22 y en el versículo 23 el tiempo en el que se corroborará si Jesús conoce o no conoce a los que lleguen a su puerta eterna.  Él dijo: “Muchos me dirán en aquel día” (Mateo 7:22), y luego dijo: “Y entonces les declararé…” (Mateo 7:23). ¿Qué bueno que será en aquel día y no ahora?  Esto no cierra la puerta a usted en este momento.  Esto deja ofrecida una oportunidad para que usted se acerque a Jesús para ser conocido.  Ahora es el tiempo oportuno para que usted se acerque a Jesús. La oportunidad no está cerrada para usted.

   En la ocasión que Jesús narró por medio de una parábola, la de las diez vírgenes, en las que 5 de ellas se prepararon con su lámpara para acudir a la sala de fiestas, dijo Jesús que: “…las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. / Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! / Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco” (Mateo 25:10-12).  Notaron ¿en qué momento les dijeron que no las conocía?  Después que se cerró la puerta.  En otra ocasión cuando Jesús animó a sus oyentes que esforzaran a entrar en la puerta de salvación, les hizo una breve comparación diciéndoles: “Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois” (Lucas 13:25).  Notaron ¿en qué momento les dijeron que no sabía de dónde eran?  Hasta después que fue cerrada la puerta.

   Estimados oyentes, si entre los presentes hay alguno que no está seguro de haber dado el paso de acercarse a Jesús para la salvación, hoy todavía es el tiempo oportuno para acercarse.  No se confunda usted.  Acercarse a un templo como este no significa automáticamente que usted se ha acercado a Jesús.  Estar en un culto como el que estamos ofreciendo a Dios, no significa que usted se ha acercado a Jesús. Usted tiene que invocar a Jesús, diciéndole: Señor Jesús, vengo a ti arrepentido de mis pecados. Sé que por ello no me conocías, ni podría yo entrar a tu reino celestial, por eso acepto que tú me salves de la condenación que merezco, y me des la oportunidad de entrar a tu reino que no merezco. Muchas gracias por darme esta oportunidad ahora antes de que llegue el día cuando ya no hubiese manera de ser aceptado en tu reino celestial. Amén.

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   CONCLUSIÓN:  Amados oyentes, gracias a Dios, hoy tenemos la dicha y el privilegio de haber llegado a este día final del año, y en unas cinco horas iniciaremos un año nuevo.  ¿Qué caso tiene que usted se emocione por el año nuevo, que usted haga una gran y espléndida fiesta a partir de esta media noche, y durante el día de mañana, si Jesús no le conoce como su discípulo?  No deje pasar más esta noche, no espere la próxima semana si acaso vive para entregar su vida a la fe y servicio de Jesús, para que usted sea su conocido.  Que su decisión de entregar su vida a Jesucristo esta noche, sea la mejor decisión que usted haya hecho este año 2017.  No espere usted ni siquiera mañana porque no puede saber si vivirá para entonces aprovechar la oportunidad de ser conocido por Jesús, porque si hoy deja pasar esta oportunidad, queda en riesgo y peligro de escuchar que usted no tiene parte en el reino de los cielos.  Conozco muchas personas que en años pasados después de haber compartido momentos emotivos en noche buena y en fin de año, en menos de un par de horas ya estaban en un hospital o en un ataúd rumbo a la funeraria.  No tenemos asegurada ni la salud ni la vida para mañana.  No se exponga usted al peligro, porque entonces en la eternidad usted estará desesperado diciendo: Jesús, ¿No te acuerdas que estuve en varias ocasiones en la iglesia “El Divino Salvador”, y en la congregación “Unidad en Cristo”, en cultos, en convivios, y hasta en reuniones congregacionales?  Ellos sí me conocen, te lo pueden confirmar.  Es más, yo en otras ocasiones fui a otras iglesias presbiterianas, la Bautista, a la de las Asambleas de Dios, a la del Nazareno, a la Metodista, a la Luterana, etc… Supe que estabas allí. ¿Eran también tus iglesias, no?  Amado oyente, todo esto es necesario pero no sirvió para que Jesús le conozca.

   Voy a concluir, recordándoles estas tres cosas: 1.- Que Jesús conoce como suyos solo a las personas que dan buenos frutos de su relación con Dios.  2.- Que Jesús conoce como suyos solo a las personas que no solo dicen, sino que también hacen la voluntad de Dios. Y 3.- Que Jesús conoce como suyos solo a las personas que se acercan a él en el tiempo oportuno que es ahora.

   Mis amados, Dios bendiga a todos.  Que este año que comenzará en unos minutos más, sea otro año de prosperidad para usted y su familia no solamente de cosas materiales, sino que también su alma prospere con las dádivas de Dios.

Abr 09

JESÚS SE ENCUENTRA CON UN HOMBRE RELIGIOSO, Por: Diego Teh.

JESÚS SE ENCUENTRA CON UN HOMBRE RELIGIOSO.

Juan 3:1-15;

Santiago 1:26-27.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el día domingo 09 de Abril del 2017, a las 11:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Los seres humanos por naturaleza, porque fuimos creados con la imagen y semejanza de Dios que ahora se encuentra empañada por los efectos del pecado, inconscientemente queremos acercarnos a Dios, pero no podemos hacerlo correctamente por nosotros mismos. Incorrectamente la humanidad queriendo acercarse a Dios, se ha creado en la mente ideas de cómo es Dios, y las ha representado con imágenes de otras personas, objetos, y hasta animales a los que ha llamado “dios”. A otras personas ni siquiera les importa escoger algún dios de la multitud de los falsos dioses que solamente son producto de la mente y creatividad humana, pues simplemente les atrae la organización humana de los que siguen a determinado falso dios, de tal manera que lo único que les satisface es saber que pertenecen a una organización más no porque prefieran a cierto falso dios. Hay quienes equivocadamente creen que encuentran a Dios en alguna representación física que resulta ser un falso dios, y hay quienes creen que encuentran a Dios en una organización por sus doctrinas y actividades, pero están tan lejos del verdadero Dios. Y esto no solamente ocurre a personas que se encuentran en religiones consideradas como del paganismo, sino incluso ocurrió en personas dentro del mismo judaísmo del antiguo pueblo de Dios, y aun en las actuales denominaciones del mismo cristianismo.

En nuestra historia bíblica tenemos a un hombre llamado Nicodemo que se unió a una organización religiosa llamada fariseísmo. No representaban a Dios con ningún objeto, persona, o animal.  En ese sentido estaban bien, pues no pretendían imponer su imaginación de cómo es Dios. Nicodemo se había hecho miembro de dicha organización, y había incluso llegado a ser “un principal entre los judíos” (v. 1), y a quien Jesús mismo le reconoce como “maestro de Israel” (v. 10); pero aun perteneciendo al fariseísmo, aun siendo un principal, y aun siendo un maestro en este caso de la misma palabra del Dios verdadero, se hace evidente que pretendía buscar a Dios en aquella organización farisea, pero sin tener una relación espiritual con Dios. En su historia hay muchas evidencias de su deficiente espiritualidad. Primero se ve su deficiencia espiritual en las dos preguntas que él hace a Jesús con respecto al nacer de nuevo: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” (v. 4). Segundo se ve su deficiencia espiritual en la pregunta que Jesús le hace cuando le dice: “¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?” (v. 10). Tercero se ve su deficiencia espiritual cuando Jesús le dice: “Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (v. 12). Nicodemo solamente había sido religioso satisfecho por pertenecerá una organización, mas su espiritualidad no era la correcta.

Así que en el encuentro que tuvo Jesús con este hombre religioso llamado Nicodemo, aprendemos que el ser solamente religioso sin tener una relación espiritual con Dios es causa de muchas deficiencias espirituales. / ¿Qué deficiencias espirituales pueden darse en una persona religiosa que no tiene una relación espiritual con Dios? / A través de este mensaje, les voy a compartir algunas deficiencias espirituales que son consecuencias de ser solamente un religioso sin relación espiritual con Dios.

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La primera deficiencia espiritual de una persona religiosa que no tiene una relación espiritual con Dios, es que:

I.- SOLAMENTE PERTENECE A UNA RELIGIÓN, PERO NO AL REINO DE DIOS.

El relato de Juan en el capítulo 3 acerca de Nicodemo dice que: “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos” (v. 1). Lo primero que resalta es su pertenencia a la organización religiosa “de los fariseos”. Quizá eso no hubiese estado mal si la espiritualidad de Nicodemo fuese correcta, pero como Jesús percibe que Nicodemo tenía una deficiencia espiritual, le tuvo que decir “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (v. 3). El énfasis para Nicodemo era que, aun siendo fariseo, si no había nacido espiritualmente de nuevo “no puede ver el reino de Dios”. Nicodemo queda sorprendido de su misma deficiencia y le externa a Jesús sus dudas, diciéndole: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” (v. 4), pero la respuesta de Jesús siguió siendo la misma, e insistentemente le vuelve a aclarar que “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (v. 5). La religión o denominación cristiana a la que uno decida pertenecer no significa que por ello uno ya pertenece al reino de Dios, pues siempre hará falta la espiritualidad del nuevo nacimiento.

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La segunda deficiencia espiritual de una persona religiosa que no tiene una relación espiritual con Dios, es que:

II.- SOLAMENTE ESCALA PUESTOS RELEVANTES ANTE LA GENTE, PERO ESO NO LE LLEVA ANTE DIOS.

En el mismo primer versículo en el que San Juan nos dice que “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo” añade un detalle que indica cómo la religión había hecho de Nicodemo, ¿un qué?: “un principal entre los judíos” (v. 1). Toda organización religiosa tiene procedimientos para iniciarse como miembro, así como llegar a ser un oficial u alto directivo. En su tiempo el fariseísmo no fue la excepción, pues a Nicodemo le había dado prestigio no solo en el interior del fariseísmo en el cual había llegado a ser “maestro” (v. 10), sino también en la comunidad civil en el que era apreciado como “un principal”. Pero, ¿de qué sirve ser reconocido como un principal si su puesto y prestigio no le relacionaban con Dios? Dios no quiere ver en las personas, cuánto son reconocidas, homenajeadas, y aceptadas por la sociedad en la que vive, sino lo que Dios quiere ver en cada persona es cómo uno se acerca verdaderamente a Él para agradarle a Él antes que a la gente.

Para agradar a Dios, el autor de la epístola a los Hebreos nos dice: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). De nada sirve que uno sea galardonado por los hombres si uno no puede contar con el galardón de Dios. De nada sirve tener una religión si uno no busca agradar a Dios sino solo a los hombres.

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La tercera deficiencia espiritual de una persona religiosa que no tiene una relación espiritual con Dios, es que:

III.- SOLAMENTE ACUMULA CONOCIMIENTOS, PERO NO LOS EXPERIMENTA.

Ya hemos estado observando que Nicodemo no era solamente principal entre la comunidad judía, sino en el mismo interior de su religión “de los fariseos”, era un “maestro”.  Obviamente, un maestro que toma en serio su función docente, no es uno que espontáneamente busca que decir a sus discípulos o alumnos, sino que es una persona que se prepara no solamente con la cabeza o el cerebro sino también con el corazón. Así como es responsable de organizar sus conocimientos, es responsable de enseñar con amor y paciencia. Pero cuando se trata de enseñar la palabra de Dios, no es solamente usar el cerebro como la biblioteca de conocimientos que se adquieren para compartir, no solamente consiste en usar el corazón para enseñar con amor y paciencia; sino que se necesita una preparación espiritual que requiere una comunicación directa con el autor de dicha palabra por medio de la oración, lo cual se puede dudar de una persona que no ha nacido de nuevo porque ni siquiera sabe qué es nacer de nuevo. También no solamente se necesita orar al Autor de la palabra revelada, sino que cada enseñanza debe ser llevada a la práctica de tal manera que los discípulos entiendan con facilidad que lo que les es enseñado sí funciona, pero qué práctica se puede esperar de una persona que no ha nacido de nuevo porque ni siquiera sabe que es nacer de nuevo.

La pregunta que Jesús le hace a Nicodemo, revela la deficiencia espiritual de Nicodemo. Jesús le pregunta: “¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?” (v. 10). De acuerdo a diversos textos del Antiguo Testamento acerca de tres promesas esenciales del Pacto: La reunión de Israel, la transformación espiritual del pueblo de Dios, y el reinado del Mesías sobre Israel y todo el Mundo; los fariseos creían que las primeras dos promesas ya se estaban cumpliendo, aunque solamente en parte. Entendían el nuevo nacimiento como la transformación espiritual del pueblo de Dios, mas no como una transformación personal sino comunitaria, y que solamente faltaba el cumplimiento de la tercera promesa que tiene que ver con el reinado del Mesías, así que nadie ni mucho menos un fariseo pensaba en la necesidad de nacer de nuevo[1]. Así que la pregunta de Jesús a Nicodemo: “¿…no sabes esto?”, dejaba en evidencia su deficiencia espiritual como maestro de Israel entre los fariseos, conocimiento y práctica que debería ser el primero en saberlo y experimentarlo. La religión no es solamente para mirar si los demás están en la voluntad de Dios, sino para que uno mismo viva en la voluntad de Dios, pues si esto no se cumple, vana es la religión y el religioso que solo promueve y acumula conocimiento sin experimentar la voluntad de Dios.

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La cuarta deficiencia espiritual de una persona religiosa que no tiene una relación espiritual con Dios, es que:

IV.- SOLAMENTE ESCUDRIÑA LA VERDAD, PERO NO TIENE INTENCIÓN DE CREERLA.

En realidad, Nicodemo tenía amplio conocimiento no de una sino de muchas verdades de Dios. En realidad, no era un total ignorante del nuevo nacimiento, sino solamente interpretaba y entendía a medias y a conveniencia tal requisito de Dios. Después de explicarle cómo funciona el nuevo nacimiento, Jesús le hace una observación importante, diciéndole: “Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (v. 12). Estas palabras de Jesús dejan bien claro el estado espiritual deficiente en el que se puede llegar a encontrar a una persona que solamente se escuda en la religión. Es una persona que se conforma con lo que sabe a medias, sin ocuparse en aprender una verdad completa, pero por cierto lo que sabe es porque por conveniencia le ha interesado saberlo y aprenderlo. Jesús califica a tal persona igual que un incrédulo porque si se le ha enseñado una verdad en un lenguaje claro y sencillo, y simplemente no quiere creerlo, ¿qué otro recurso se podrá utilizar con esta persona? Hasta Jesús le dice a Nicodemo: “¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?”. La clave de una vida espiritual apropiada que no queda estancada en solo religión vana es creer las verdades de Dios.

Cuando Jesús le dice a Nicodemo: “…no creéis, ¿cómo creeréis…?”, incluía a todos sus correligionarios fariseos que seguían más la tradición de su religión que lo que es verdad de Dios. En el caso de Nicodemo, por más que Jesús le estaba explicando la verdad, simplemente no podía entenderlo y creerlo. Su pregunta: “¿Cómo puede hacerse esto?” (v. 9), dirigida a Jesús revela no su interés de entender y creer la verdad sino el grado de su incredulidad. De nada sirve que alguien busque saber y aprender más de lo que ya sabe, sino tiene ni la mínima intención de creer la santa y bendita palabra de Dios. La religión del mucho saber y no estar dispuesto a creerlo y experimentarlo es solamente una deficiencia espiritual que debe ser superada y corregida con la fe en que toda revelación de Dios es la verdad que lleva a la relación espiritual con Dios ahora y para la eternidad.

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La quinta deficiencia espiritual de una persona religiosa que no tiene una relación espiritual con Dios, es que:

V.- SOLAMENTE ESTÁ EN EL NÚMERO DE UNA MEMBRESÍA, PERO POR NO SER CREYENTE SIGUE PERDIDO ETERNAMENTE.

En la explicación final que Jesús hace acerca de sí mismo, le dice a Nicodemo que: “…como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, / para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (w. 14,15). Con esto, Jesús estaba anunciando que él tenía una razón esencial para la cual vino a este mundo, y lo ilustró con un acontecimiento que se dio como 1500 años atrás en los días del profeta Moisés cuando en el desierto donde transitaban los israelitas hacia la tierra prometida, surgieron por orden de Dios un sinfín de serpientes descritas en la biblia como “serpientes ardientes” (Números 21:6) que mordían a las personas e irremediablemente morían. Pero Dios para evitar la mortandad le ordenó a Moisés “Hazte una serpiente ardiente, y ponía sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. / Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía” (Número 21:8,9).

Jesús, anticipando que él sería colgado no en una asta sino en una cruz para morir por el pago de los pecados de sus elegidos, le dice a Nicodemo que: “así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, /para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Con estas palabras, Jesús le estaba diciendo a Nicodemo que a pesar de ser un fariseo de religión se encontraba perdido en condenación por toda la eternidad igual que todos sus correligionarios. También le estaba dejando bien claro que la vida eterna no puede ser hallada en la religión como el fariseísmo, sino solo en Jesús, por su muerte y por sus méritos delante de Dios. La religión por lo general solamente ofrece como en una iglesia local, una membresía que de ninguna manera saca personas de la perdición eterna, ni da vida eterna a nadie; lo cual Jesús sí puede hacer.

CONCLUSIÓN: Amados oyentes, para concluir quiero hacerles un llamado a cinco cosas:

1.- Valorar la importancia de pertenecer al reino de Dios que vale mucho más que solo gloriarte en saber que eres presbiteriano, bautista, metodista, Pentecostés, católico romano, o de cualquier otra denominación, aunque sea de corte realmente cristiano. Vale más pertenecer al reino de Dios que ostentar un nombre que solo identifica una inclinación religiosa.

2.- No usar la religión cristiana solamente como un medio o trampolín para obtener cualquier beneficio como la fama, el dinero, el poder, u otro interés; porque el único beneficio que vale la pena encontrar en la religión cristiana es una relación espiritual con Dios por medio de Jesucristo, pues solo así se alcanza salvación y vida eterna.

    3.- No dedique usted tiempo solamente para saber por saber, sino procure que el conocimiento de cada verdad sea una experiencia real en su vida. No sea usted de las personas que solo practican lo que les conviene a sus intereses, sino practique usted para gloria de Dios todo lo que aprende de su palabra.

    4.- No sea usted un religioso incrédulo, sino que cada conocimiento que la palabra de Dios le ilumine, recíbala con una fe verdadera porque es solamente con fe que las promesas de Dios se convierten en bendiciones efectivas.

    5.- Más que ser miembro de una iglesia local, cerciórese que el personaje central de su vida sea Jesucristo. Ser miembro de una iglesia local es importante pero no para encontrar salvación sino para lo que ya han encontrado salvación en Jesucristo. Cerciórese también de que nadie esté robando en usted la centralidad que solo Jesucristo debe ocupar en su vida. Si algún ministro o líder de la iglesia está ocupando en lugar de obediencia que solo Jesucristo merece, ¡cuidado! Jesucristo fue el único que fue levantado en la cruz por usted, no un ser humano semejante a usted.

Dios bendiga a usted y a su palabra. Conviértase en una persona relacionada con Dios por medio de Jesucristo, y no solamente relacionado con la lista de una religión.

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[1] Leer: https://enduringword.com/comentario/iuan-3/ Parte A.2.

Jul 13

YO SOY MAESTRO, Por: Diego Teh.

YoSoyMaestro

YO SOY MAESTRO

Juan 13:2-17 (v. 13).

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en el centro misionero “________________________”, de San Agustín (Salvador Alvarado), Tekax, Yucatán; (AÑO 2012), un viernes a las 18:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Hice un estudio por medio de una concordancia bíblica, y encontré algunas ocasiones en las que se registra que los discípulos llamaron: “Maestro” a Jesús.  1.- Cuando dos de los discípulos de Juan el Bautista que escucharon que Juan dijera que Jesús es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo, fueron a Jesús y le dijeron: “Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras?” (Juan 1:38); luego estos dos se hicieron discípulos de Jesús.  2.- Cuando Jesús en una ocasión le ordena a Simón Pedro que se adentrara más al mar y echara sus redes para pescar, Simón le respondió: “Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red” (Lucas 5:5).  3.- Cuando entre una multitud una mujer toca a Jesús y ella sana de su enfermedad, habiendo Jesús sentido que salió de él algún poder, preguntó quién le había tocado, entonces su discípulo Simón Pedro le respondió: “Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?” (Lucas 8:45).  4.- Cuando los discípulos que viajaban con Jesús en una barca de Galilea al otro lado del mar, y vieron que mientras se desataba una tormenta Jesús estaba durmiendo y que la barca comenzaba a inundarse, le dijeron: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?” (Marcos 4:38); es más, según Lucas, dos veces seguidas le llamaron “Maestro, Maestro” (cf. Lucas 8:24) como insistentes o desesperados.  5.- El apóstol Pedro en la ocasión de la transfiguración de Jesús, le dijo: “Maestro, bueno es para nosotros que estemos aquí; y hagamos tres enramadas, una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías” (Marcos 9:5).  6.- Cuando los discípulos de Jesús vieron que una persona echaba fuera demonios y que no era parte de los discípulos de Jesús, Juan le dijo a Jesús: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía” (Marcos 9:38).   7.- Cuando a los discípulos Jacobo y Juan, un día les entró la ambición por el poder, le dijeron a Jesús: Maestro, querríamos que nos hagas lo que pidiéremos” (Marcos 10:35).   8.- Cuando los discípulos de Jesús recibieron la noticia de que Jesús él y ellos regresarían a Judea para ver a Lázaro que se encontraba enfermo, le dijeron: “Rabí, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y otra vez vas allá?” (Juan 11:8).  9.- Al día siguiente que Jesús maldijo una higuera que no tenía frutos, los discípulos se dieron cuenta que la higuera se había secado, entonces Pedro le dijo a Jesús: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado” (Marcos 11:21).   10.- Y la misma noche de la cena cuando Judas escuchó a Jesús decir que alguien le entregaría, Judas hipócritamente, le dijo a Jesús: “¿Soy yo, Maestro?” (Mateo 26:25), incluso cuando le entregó, acercándose a él le dijo: “¡Salve, Maestro! Y le besó” (Mateo 26:49); y Marcos dice que Judas, incluso le llamó dos veces maestro en ese momento, diciéndole: “Maestro, Maestro.  Y le besó” (cf. Marcos 14:45).   Por supuesto que no fueron las únicas ocasiones que los mismos discípulos le llamaron “Maestro” aunque solo se registran estas ocasiones.

   Pero lo que hoy voy a presentarles es que aquella noche de la última cena de Pascua de Jesús con sus discípulos, durante el episodio cuando él lavó los pies de cada uno de sus discípulos, aprovechando que ellos siempre llamaban “Maestro” a Jesús, él les dijo a sus discípulos: Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy.  / Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros” (Juan 13:13,14).  Jesús aprovecha decirles que efectivamente él es “el Maestro” (con “M” mayúscula); y luego les argumenta que él como “el Maestro”, les había lavado los pies para dejarles una importante enseñanza que no solo consiste en ser capaces de hacer lo mismo, sino que entendieran las motivaciones ejemplares que hay detrás del acto propio de lavar los pies.

   Como Maestro, nos dice San Marcos que Con muchas parábolas como estas les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír. /  Y sin parábolas no les hablaba; aunque a sus discípulos en particular les declaraba todo” (Marcos 4:33,34).  Según Mateo y Lucas, también aprovechaba enseñar mostrando como ejemplo las flores, las aves que tenían a la vista él y quienes le escuchaban (Mateo 6:26,28ss; Lucas 12:24,27ss).  Marcos también nos relata que era muy dinámico en su enseñanzas espirituales, que incluso aprovechó en una ocasión la presencia de un niño entre los adultos para enseñar el respeto, la aceptación, y el servicio hacia un niño en nombre de Jesús (cf. Marcos 9:36,37).  Enseñaba estando en un monte (Mateo 5), estando en una sinagoga o templo (cf. Marcos 1:21ss) e incluso mientras caminaba con sus discípulos (cf. Marcos 8:27), con la gente del camino (cf. Marcos 10:17); y enseñaba de otras muchas maneras; pero ¿qué le hacía ser no el maestro (con “m” minúscula), sino el Maestro (con “M” mayúscula)?  El lavamiento de pies que hizo aquella noche de la última cena tiene mucho que decirnos de él como “el Maestro”.

   No pretendo en este mensaje explicar el significado o múltiples significados del lavamiento de los pies, sino solamente voy a enfatizar las razones de Jesús al identificarse como “el Maestro”, lo cual afirma a sus discípulos cuando les dice: “lo soy” (al final del v. 13), y cuando les dice: “yo […] el Maestro” (al principio del v. 14).  /  ¿Por qué dijo Jesús que él es “el Maestro”?  /  En este mensaje les compartiré algunas de las razones por las que Jesús se identificó como “el Maestro” diciendo “lo soy”, y diciendo: “yo […] el Maestro”.

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   La primera razón por la que Jesús se identificó como “el Maestro” diciendo “lo soy”, y diciendo: “yo […] el Maestro”, es:

I.- POR SU SUPERIORIDAD CON RESPECTO A LOS MAESTROS DE LA RELIGIÓN.

   Hablar de Jesús como “el Maestro” no es lo mismo que hablar de un buen o del mejor maestro religioso.  Desde el inicio de su ministerio se pudo observar en él esta diferencia, pues no comenzó su carrera de Maestro con falta de preparación como suele suceder con un principiante del oficio de la enseñanza.  En una de sus primeras enseñanzas entre los Galileos de Capernaum, nos relata San Marcos que “se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Marcos 1:22).  Había algo extraordinario en él que le hacía no ser igual que los escribas.  No era el simple maestro (con “m” minúscula) sino era el Maestro (con “M” mayúscula).  Esta distinción entre los escribas y Jesús, se mantuvo durante todo su ministerio.

   Pero otro día casi al final de su ministerio, aquel día que llamamos martes de controversias cuando los escribas hostigaban teológicamente a Jesús para intentar forzarle que expresara alguna mala interpretación de la ley de Moisés para que con sus propias palabras le juzgaran, estos escribas resultaron nuevamente inferiores a la supremacía de las enseñanzas de Jesús.  Aprovechando la presencia de la gente que era testigo de las hostigaciones teológicas de los escribas, Jesús les enseñó la diferencia entre la sana doctrina y la de aquellos escribas que intencionalmente promovían falsas doctrinas.  Acerca de este día de controversias que los escribas le presentaron a Jesús, en vez de perjudicarle, le favorecieron, pues San Marcos escribió al respecto: “Y gran multitud del pueblo le oía de buena gana” (Mateo 12:37).  Se necesita de un maestro con calidad educativa para que la gente le oiga de buena gana.  Sin duda que Jesús fue “el Maestro” de maestros que cumplía esta cualidad.

   Amados hermanos, el hecho de que no solamente a los escribas sino a todos los fariseos, saduceos, e intérpretes de la ley, les corrigió sus malas interpretaciones acerca de la ley y profecías de Dios, y en todos los casos tanto la gente como sus líderes tuvieron que reconocer avergonzados que ellos estaban mal en su interpretación de las Sagradas Escrituras, eso nos garantiza que las enseñanzas de Jesús ya sea que hayan sido por interpretación de las Escrituras, o por alguna nueva revelación de Dios que hubo entregado, son enseñanzas confiables para nuestra instrucción como hijos de Dios y de su reino.  Esto nos debe hacer desconfiar de toda interpretación humana, y motivarnos a escudriñar las enseñanzas de Jesús, porque no hay duda que él fue y es “el Maestro” de maestros en cuyas enseñanzas podemos confiar para nuestra edificación espiritual.

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   La segunda razón por la que Jesús se identificó como “el Maestro” diciendo “lo soy”, y diciendo: “yo […] el Maestro”, es:

II.- POR SU EJEMPLO DE HUMILDAD.

   Me llama mucho la atención que el apóstol Juan explica que aquella noche de la última cena, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba,  /  se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.  /  Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido” (Juan 13:3-5).  Lo que primeramente me llama la atención no es su humildad al ponerse a lavar los pies de sus discípulos, sino el hecho de que a pesar de que sabía que “el Padre le había dado todas las cosas en las manos”, aun así se comportó con humildad.  En esos momentos finales de su ministerio, su Padre celestial le había estado confiriendo autoridad que nunca antes había recibido en su niñez, adolescencia, y juventud, ni en los primeros años de su ministerio.  Su autoridad no la llevó a cometer abusos, sino a ser humilde en sus acciones que son ejemplo para los que solemos caer en el orgullo y la vanagloria.

   Lo que es común para una persona que cada vez recibe una mayor autoridad, es hacerse de personas a quienes les delegue estratégicamente trabajos que demandan fuerzas, y el que está en autoridad se queda únicamente con la responsabilidad administrativa haciendo uso de su autoridad.   Pero no fue así con Jesús, quien cuanto más autoridad recibía, más humilde se daba a conocer, pues de hecho su humildad se comienza a ver cuando “siendo en forma de Dios (es decir, la suprema autoridad), no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,  /  sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;  /  y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo” (Filipenses 2:6-8a).  Este sí es “el Maestro” humilde dispuesto a mancharse las manos con nosotros los pecadores no importando qué tan alto u honorífico sea su título.

  Amados hermanos, Jesús nos invita a centrar nuestra atención en él para aprender de su humildad.  Antes de la última cena, en otra ocasión había enseñado aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29).  Eso lo que Jesús dijo a sus discípulos durante aquella cena cuando en otras palabras les dijo: Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis” (Juan 13:17).

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   La tercera razón por la que Jesús se identificó como “el Maestro” diciendo “lo soy”, y diciendo: “yo […] el Maestro”, es:

III.- POR SU EJEMPLO DE SERVICIO.

   Un detalle importante en este relato es que Jesús no contrató a un sirviente, aunque pudo haberlo hecho.  En aquel tiempo, que es muy distinto a nuestro tiempo, las personas se transportaban mayormente a pie y en caminos polvosos, así que era natural y de buenos modales que cuando alguien recibe a un visitante a su casa, por lo menos le tenía que ofrecer agua no solo para beber sino para lavarse los pies, para que se desempolvaran y estuviesen frescos.  Si la persona era genuinamente hospitalaria, esta persona daba un paso más de no solamente dar agua al visitante sino personalmente lavarle los pies a su visitante.

   En el caso de Jesús, él había hecho trato con una persona para que le facilitara una casa para cenar en Jerusalén, el dueño de la casa no estaba obligada a ir a ofrecer agua y a lavar los pies de nadie.  Jesús, era el anfitrión de aquella cena, entonces él además de conseguir la casa, debió prever que por lo menos hubiese agua y otros enseres, los cuales si los hubieron.  Él pudo haber comisionado a uno de sus discípulos para que hiciera el servicio de lavamiento de los pies, o pudo haberle dicho a cada quien que se lavara sus propios pies, o incluso pudo haber contratado a alguien que les fuera a lavar los pies, pues finalmente era “el Maestro” y los otros era discípulos honorables.   Pero Jesús no decidió por ninguna de esas opciones, sino que durante la cena, nos relata el apóstol Juan que Jesús se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.  /  Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido” (Juan 13:4-5).  Esto es lo que llamamos servicio.  Cuando una persona, teniendo la facultad de evitar hacer algo, decide hacerlo para beneficio de otra persona.  Y tiene mucho más relevancia si la persona que lo hace es una persona que está en posición de instruir a otras personas.  El ejemplo de servicio es determinante para enseñar.  Esto hacía que Jesús sea no un simple maestro común como los demás, sino “el Maestro”.

   Amados hermanos, cada uno de nosotros tenemos que aprender a servir como lo hiciera nuestro Maestro Jesús.  No importa si uno tiene alguna autoridad, título, cargo importante en tu trabajo, en el gobierno, en la iglesia, etc…  Como discípulos de Jesús somos desafiados a servir, lo cual es muy gratificante.  Por eso Jesús dijo: bienaventurados (o felices) seréis si las hiciereis” (Juan 13:17).

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   La cuarta razón por la que Jesús se identificó como “el Maestro” diciendo “lo soy”, y diciendo: “yo […] el Maestro”, es:

IV.- POR SU EJEMPLO DE INICIATIVA.

   Lo que es evidente en aquel aposento donde Jesús y los discípulos celebraban la cena de Pascua, es que a nadie le interesó la hospitalidad y el servicio.  Nadie se preocupó de que todos estuviesen con los pies sucios.  Es más, probablemente alguno de ellos como Pedro, quizá ni se había bañado ese día, pues en cierto momento cuando Jesús estaba lavando los pies de ellos, en su turno le dice a Jesús no sé si en broma o en serio que Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza” (Juan 13:9).  Aunque sucio, no se había preocupado en bañarse a altas horas de la noche.  ¿Qué decir los demás que todavía estaban con los pies sucios del polvo de las calles y caminos donde anduvieron durante el día?  Estoy seguro que más de uno de ellos estaba esperando que alguien viniera a ofrecerles lavarles los pies; quizá el mismo dueño de la casa, o una persona enviada por el dueño de la casa, o por lo menos uno que hubiese sido contratado por Jesús.  No se imaginaban lo que iba a ocurrir aquella noche como una gran lección para todos.  Jesús planeó muy bien aquella lección.  Quizá les encargó a los dos discípulos que se hicieron cargo de ubicar la casa, que no faltara para aquella noche, suficiente agua, un lebrillo, y por lo menos una toalla; elementos que según la narración de San Juan estaban disponibles en el aposento de la cena.  El acto aleccionador consistió en que se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó.  /  Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido” (Juan 13:4,5).  No hubo sirviente de casa, ni esclavo, ni algún anfitrión que les proveyera el servicio de lavado de pies.  Fue nada menos que “el Maestro” quien se levantó a hacerlo.

   Debió ser algo sorprendente, novedoso, ejemplar que quien haya querido hacerlo sea “el Maestro”, no un discípulo, no un esclavo, no un anfitrión, ni un sirviente.  Por un momento Pedro quiso hacerse el héroe del costumbrismo, diciéndole a Jesús: “No me lavarás los pies jamás” (Juan 13:8), pero su razón era únicamente porque Jesús estaba haciendo algo culturalmente no acostumbrado.  Sin embargo, Jesús tenía una gran lección para ellos, pues les dice: “…si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros” (Juan 13:14).  Jesús quería enseñarles que aprendieran a servir aun cuando tal servicio pareciera humillante, pero para que Jesús les enseñara a hacerlo, él primero tuvo que ser ejemplo para ellos.  Esto es ser un buen maestro, y Jesús en su caso estaba dando evidencia de ser no solamente “el Maestro” porque así le decían sino porque en realidad lo era.  Un buen maestro para esperar en sus alumnos el resultado deseado, tiene que ser primeramente el ejemplo necesario.

   Amados hermanos, en nuestro alrededor, en la casa, en nuestro centro de trabajo, en la iglesia, por no decir que en todo lugar, hay necesidad de mejorar muchas cosas, pero todos esperamos que lo haga el jefe, que lo haga el gerente, que lo haga el supervisor, que lo haga el otro compañero, pero el ejemplo de Jesús es que si usted quiere ver algún cambio, comience con usted mismo.  Atrévase a hacer lo que otros no están haciendo o no quieren hacer.  Pronto o tarde usted verá el resultado favorable.  Alguien podría unirse a la iniciativa de usted.

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   CONCLUSIÓN: Los cristianos no tenemos un falso maestro de nuestra fe y práctica, sino que tenemos como Maestro al mismísimo Hijo de Dios, quien enseñó a sus discípulos con Su palabra, pero también con el ejemplo.  Como él, también nosotros somos llamados a ser ejemplo para los demás.  Recuerden que Pablo dijo en una ocasión: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11:1).  Cristo es el ejemplo que debemos seguir todos.

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Ver la nota adicional.

   NOTA: OTRAS OCASIONES CUANDO JESÚS FUE LLAMADO MAESTRO, PERO NO POR SUS DISCÍPULOS.

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   EN MATEO.

  1. En una ocasión un grupo de escribas y fariseos le dicen a Jesús: “Maestro, deseamos ver de ti señal” (Mateo 12:38).
  2. Aquel joven a quien Jesús le dijo que vendiera todo lo que tiene, que la repartiera a los pobres, y entonces así le podía seguir; cuando este se acercó a Jesús, le dijo: “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?” (Mateo 19:16); y cuando le dicen la primera parte de lo que tiene qué hacer, su respuesta también fue: “Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud” (Marcos 10:20).
  3. Otro, fue un escriba de quien no sabemos qué decisión tomó al respecto de seguir a Jesús, pero este escriba le dijo a Jesús: “Maestro, te seguiré adondequiera que vayas” (Mateo 20:19).
  4. Los saduceos que un día vinieron a Jesús para hacerle una pregunta acerca de la resurrección que ellos no creían, pero primero le llamaron: “Maestro…” (Mateo 22:24).

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   EN MARCOS (No repito lo que ha sido antes mencionado por Mateo).

  1. Mientras un principal de la sinagoga acudió a Jesús junto al mar para pedirle que sanase a su hija que él no sabía que ya había muerto; en ese momento bien uno de sus criados y le dice tanto de su hija como acerca de Jesús: “Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro?” (Marcos 5:35).
  2. Un padre de familia, un día viene primero a los discípulos de Jesús que no pudieron sacar a un demonio de su hijo, que cuando acude a Jesús, primero le dice: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, /  el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando…” (Marcos 9:17,18).
  3. Aquel ciego Bartimeo a quien Jesús le preguntó qué quería que hicieran por él, en su respuesta a Jesús le dijo: “Maestro, que recobre la vista” (Marcos 10:51).
  4. Entre los fariseos y herodianos que hostigaban a Jesús con sus preguntas tentadoras, al acercarse a Jesús le dijeron: “Maestro, sabemos que eres hombre veraz, y que no te cuidas de nadie” (Marcos 12:14).
  5. Los saduceos por su parte en otra ocasión, se acercan a Jesús diciéndole: “Maestro, Moisés nos escribióque si el hermano de alguno muriere y dejare esposa, pero no dejare hijos, que su hermano se case con ella, y levante descendencia a su hermano” (Marcos 12:19); Lucas dice que luego de la respuesta de Jesús, los escribas le dijeron: “Maestro, bien has dicho” (Lucas 20:39).
  6. Cuando Jesús responde la pregunta de un escriba acerca de cuál sería el gran mandamiento, el escriba sabiamente se dirige a Jesús diciéndole: “Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él” (Marcos 12:32).

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   EN LUCAS (No repito lo que ha sido antes mencionado por Mateo y Marcos).

  1. Cuando un fariseo llamado Simón, recibió a Jesús en su casa no muy hospitalariamente, y en su casa una mujer no de buen testimonio moral vino a Jesús para ungirle con un perfume, Simón se indignó, según él, por tratarse de una pecadora. Antes de que Jesús le corrigiera su modo de pensar, Jesús le dijo que tenía algo que decirle, y este Simón de los fariseos le dijo a Jesús: “Dí, Maestro” (Lucas 7:40).
  2. Cuando Jesús recriminó la lamentable actitud de los fariseos y escribas, un intérprete de la ley le dice a Jesús: “Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas a nosotros” (Lucas 11:45).
  3. Un día una persona avara se acerca a Jesús y le dice: “Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia” (Lucas 12:13).
  4. Aquel grupo de diez leprosos que desearon que Jesús les sanara, de lejos le comenzaron a gritar: “¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!” (Lucas 17:13).
  5. Los fariseos que estaban entre la multitud que acompañó intencional o sin querer a Jesús en su entrada triunfal, le dijeron: “Maestro, reprende a tus discípulos” (Lucas 18:39).
  6. Cuando Jesús predice la destrucción del templo de Jerusalén, diciendo que llegará el día cuando no tenga más piedra sobre piedra, la gente preguntándole le dijo: “Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?” (Lucas 21:7).

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   EN JUAN (No repito lo que ha sido antes mencionado por Mateo, Marcos, y Lucas).

  1. Nicodemo, aquel hombre que de noche buscó a Jesús, le dijo: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro” (Juan 3:2), aunque le consideró como un “maestro” con “m” minúscula, igualándolo con cualquier maestro.
  2. Los escribas y fariseos que presentaron a una mujer adúltera delante de Jesús para ver si le sentenciaba a muerte, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio” (Juan 8:4).
  3. Cuando Marta la hermana de Lázaro y María, mandó a llamar a su hermana María para decirle que Jesús había venido a ver a Lázaro aunque este ya había muerto, le dijo acerca de Jesús: “El Maestro está aquí y te llama” (Juan 11:28).
  4. Cuando María Magdalena se encontraba llorando, y Jesús habiendo resucitado se acerca a ella, y la llama por su nombre, ella sorprendida le responde a Jesús: “¡Raboni!” (Juan 20:16).

   Nota: No incluí todas las veces que Jesús es llamado Rabí.