Sep 16

UN ANIVERSARIO TRISTE, Por: Diego Teh.

UN ANIVERSARIO TRISTE

1 Corintios 3:1-9; 1 Tesalonicenses 1:2,3.

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Bosquejo predicado por el Pbro. Diego Teh, en la congregación “Siervos de Jesús”, de Celestún, Yucatán, el domingo 16 de septiembre 2018, a las 19:30 horas, con motivo de su ¿XVIII? aniversario como congregación, y ¿XXXVII? desde sus inicios.

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   INTRODUCCIÓN: El 13 de abril 2013, el presidente de la iglesia adventista mundial, Ted N. C. Wilson, en la ciudad de Michigan, E.U.A, donde 150 años atrás en 1863, se organizó oficialmente la iglesia adventista, predicó un sermón ante una gran multitud de delegados de dicha iglesia la cual ese año contaba con unos 17 millones de feligreses, a quienes les dijo: “Este es un aniversario muy triste”.  Según un comunicador de su propia denominación, lo que él estaba proponiendo es: Basta de aniversarios[1].  No pretendo transmitirles el sermón de Ted Wilson, que por cierto no conozco ni sé si existe el texto completo, pero aquella frase: “Este es un aniversario muy triste”, aunque su denominación había crecido tanto desde sus inicios en 1863, debió haber tenido razones ciertas y bien fundamentadas para afirmar tal declaración.  Pero, esto de los aniversarios tristes, no solamente fue y es una realidad de los adventistas, sino creo que también otras confesiones cristianas también tienen aniversarios tristes.  Estoy seguro que también la iglesia presbiteriana en sus centros misioneros, en sus congregaciones, en sus iglesias, en sus presbiterios y demás cuerpos eclesiásticos también tenemos aniversarios tristes.  Pero, no pensemos más allá ahora, pensemos en nosotros.  ¿Qué piensa usted acerca de nuestro aniversario de hoy aquí en nuestra histórica congregación? Digo histórica porque no inició ni siquiera hace cinco años, porque solo como congregación ya llevamos 18 años, y desde sus inicios ya han pasado más de 35 años.  Por eso, precisamente, ¿no será también uno de esos aniversarios tristes?  Este momento de acción de gracias, sin duda que los adornos, el ornato, la música, el culto, la comida, las visitas, los cantos selectos que se han entonado y se entonarán, son factores de alegría, pero aun así podría ser un aniversario triste. Para diagnosticar nuestro aniversario, decidí predicarles hoy este mensaje al que le puse por título: UN ANIVERSARIO TRISTE.  No me vayan a mal entender.  No es que la iglesia esté triste, pues la iglesia disfruta en el fondo del alma de cada uno de nosotros, la alegría que procede del mismísimo corazón de Dios.  Lo que podría estar triste es el aniversario, aclaro, no la iglesia.  Lo que estoy diciendo es que una iglesia aun alegre por Cristo y en Cristo por su obra que está realizando en nuestros corazones, podría al mismo tiempo tener un aniversario realmente triste porque los que pertenecemos a esta iglesia no estamos haciendo lo que deberíamos estar haciendo en la proclamación del evangelio del reino de Dios.

   En el mensaje de este momento, les voy a predicar que hay ocasiones que las celebraciones de aniversario que hacen las iglesias son verdaderamente aniversarios tristes. / ¿Cuáles son las ocasiones cuando las celebraciones de aniversario que hacen las iglesias son verdaderamente aniversarios tristes? / Permítanme compartirles algunas de estas ocasiones en las que las celebraciones de aniversario que hacen las iglesias son verdaderamente tristes.  Aclaro, quizá no sea verdad entre nosotros, sino solamente en otras iglesias.  Pero, mejor escuchemos con actitud de reflexión para ver si no hay uno o más indicadores que diagnostiquen nuestro aniversario como triste.

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   La primera ocasión cuando una celebración de aniversario que hacen las iglesias es un verdadero aniversario triste, es:

I.- CUANDO RECORDAMOS A PERSONAS QUE INICIARON LA OBRA, PERO NOSOTROS NO COLABORAMOS TRABAJANDO EN LA OBRA.

   En un artículo titulado: Tendencias y Énfasis de la Iglesia Evangélica, escrito por el pastor de la iglesia presbiteriana “Shalom”, de Mérida, en el que hace una observación que me parece correcta, dice: “Es común escuchar de congregaciones o misiones que celebran su aniversario número 15 o 20 como congregación y hacen una gran fiesta.  Lamentablemente, no pueden ver la tristeza que deberían tener por no haber llegado a ser constituidos como Iglesia en tantos años.  Nuestra tendencia es celebrar el pasado y no ver hacia al futuro”[2].  La verdad, muchas veces nos emocionamos por la antigüedad, sin evaluar si hay retroceso, estancamiento, o avance.  Entonces, ¿qué celebramos?  La reseña histórica lo dice todo, solo celebramos el pasado recordando fechas y personas a quienes sentimentalmente apreciamos mucho.  Si por lo menos celebráramos el presente, lo que haríamos hoy es recibir nuevos miembros, o reseñar cuáles fueron realmente los logros alcanzado durante este último año, es informar a cuántos hemos alcanzado con el evangelio de Cristo.  Los nombres que escuchamos en las reseñas, se han vuelto solo historia que ni siquiera nos beneficia mucho escucharla, porque a final de cuenta si algo verdaderamente debe ser la fuente de nuestra motivación no es una reseña sino el poder de la palabra de Dios.

   Escuchar la historia nos alegra, pero lo que debería entristecernos es que muchos de nosotros, ojalá si me equivoco, y que sea solamente pocos de nosotros, es que no estamos apoyando apropiadamente la extensión del evangelio, ni tenemos el mismo fervor con el que ellos iniciaron la obra en este lugar.  Es más, si alguno de ellos todavía vive, es probable que abandonaron la fe, o no tienen el ánimo pronto que tuvieron en su momento.  Ya no son ni siquiera ejemplo para nosotros.  En su epístola a los Corintios, el apóstol Pablo, explica que cada uno tiene una manera particular de apoyar la obra de Dios.  Considerando que él había iniciado entre los Corintios la proclamación del evangelio, y que otro siervo de Dios había pastoreado a los creyentes que se convirtieron tras la proclamación de Pablo, les explicó diciendo: “Yo planté, Apolos regó…” (1 Corintios 3:6), y no importando quién lo haya hecho, si Pablo, o Apolos, u otros, debido a que cada quien solo aporta una parte del trabajo, les explica también que: nosotros somos colaboradores de Dios” (1 Corintios 3:9).  Por eso, así como los hermanos que iniciaron la obra de Dios aquí en este lugar hace muchos años, no fueron más indispensables que nosotros, sino que ellos en su momento hicieron su parte, pero ahora nos toca a nosotros hacer nuestra parte. No podemos celebrar el éxito de ellos en el pasado, si nosotros no hacemos lo que ahora nos corresponde.  Esto es lo que hace que un aniversario sea triste.

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   La segunda ocasión cuando una celebración de aniversario que hacen las iglesias es un verdadero aniversario triste, es:

II.- CUANDO RECIBIMOS A MUCHOS INVITADOS, PERO NO SON EL RESULTADO DE NUESTRO TRABAJO.

   Es verdad que estamos compartiendo nuestra alegría de que la gracia de Cristo nos ha conservado en la fe y en la salvación hasta el día de hoy y que siempre lo hará hasta el día que nos lleve con él.  Los invitados son gozosos testigos de nuestra gratitud.  Todo esto también nos llena de profunda alegría válida y real.  Pero lo que nos debe dar tristeza es que, terminando el culto de acción de gracias, ya no los veremos con frecuencia o quizá hasta el próximo año, porque ellos no son el resultado de nuestro trabajo que desempeñamos en este lugar.   No es malo invitar a otros creyentes, incluso hasta a los que han comenzado a simpatizar con el evangelio y hasta con nuestra iglesia, pero lo que debe resaltar en un aniversario es la evidencia del resultado del trabajo realizado en los últimos 365 días del año.  Hoy dentro de la alegría de una fiesta de aniversario, deberíamos sentirnos también tristes porque al concluir un año más de trabajo, no hay muestras suficientes de logros alcanzados.  Entonces, ¿qué celebramos? ¿No es solamente los logros del pasado? ¿No deberíamos entregarle al Señor, logros o resultados en esta celebración?  Desde luego, no está mal celebrar un aniversario, cuando hay trabajo llevado a cabo con resultados evidentes actuales para testificar a nuestros visitantes.

   Cuando el apóstol Pablo exhortó a los Corintios para que estén firmes y constantes, les dijo: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).  El apóstol Pablo les encomienda a los Corintios, que sigan “creciendo en la obra del Señor”, lo cual es un reconocimiento de que aquella iglesia, a pesar de los pecados y divisiones que algunos de ellos practicaban, la mayoría de ellos estaban ocupados “en la obra del Señor”, y sus obras hechas con unidad estaban dando resultados evidentes.  Cuando san Pablo les dice que su “trabajo en el Señor no es en vano”, era porque los resultados se podían ver en el aumento de creyentes que se unían a la iglesia, y en la transformación de vida que estaba ocurriendo en la vida de quienes lo único que antes sabían hacer era pecar, pero ahora estaban glorificando a Dios.  No se emocionaban solamente por recordar el fervor con el cual se inició con ellos la obra de Dios, sino que al estar unidos colaborando con Dios, los resultados no se tenían qué rebuscar, pues eran evidentes.  Es también a esta obra con resultados a la que se refirió Jesús cuando al comparar a los discípulos con los pámpanos de una uva en el cual aparecen no pocos, sino muchísimo frutos, les dijo: mi Padre es el labrador. / Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Juan 1:1b, 2); y luego les dijo enfáticamente: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Juan 15:8).  ¿No es este “mucho fruto” que Dios estará esperando hoy de nosotros, para que entonces Él sea “glorificado”? ¿No será que nuestro aniversario no le está glorificando?  Uff, eso sería lo triste.

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   La tercera ocasión cuando una celebración de aniversario que hacen las iglesias es un verdadero aniversario triste, es:

III.- CUANDO SOLO CELEBRAMOS EL PASADO O AUN EL PRESENTE, PERO NO PLANEAMOS PARA EL FUTURO.

    El pastor Wilbur Madera, en el mismo artículo que les mencioné al principio, explica con certeza, y tiene razón, que: “el futuro no es tema de discusión en muchas iglesias; sobre todo el futuro a largo plazo.  La reflexión y planeación de muchas Iglesias sólo llega hasta el futuro inmediato: la próxima semana, el próximo mes, y en el mejor de los casos, el próximo año. Muy pocas iglesias tienen una estrategia bien definida para afrontar el futuro y avanzar el reino de Dios”.   Por ejemplo, hoy es una alegría para esta iglesia recordar la historia de nuestros inicios en este lugar, y por ello aprendemos acerca de la importancia de trabajar en la obra de Dios con fe, entusiasmo, amor, y fervor como lo hicieron los que iniciaron esta obra.  Es una alegría para esta iglesia presentar el día de hoy resultados, aunque pocos o mínimos, corroborando que nuestro trabajo “no es en vano” (cf. 1 Corintios 15:58), porque ha bendecido vidas humanas en esta bella comunidad.

  Pero, después de hoy, ¿hacia dónde vamos? ¿qué nos proponemos lograr?  Usted ¿estará dispuesto a hacer su parte para alcanzar metas para los siguientes años si Dios nos concede vida y el honor de continuar su ministerio aquí en este lugar?  Sería una tristeza que todo termine hoy en este aniversario, y el fervor y la alegría que ahora tenemos en esta celebración, se acabe con el último Amén que se diga en este culto, o todo el fervor de este momento se acabe cuando usted ponga un pie hacia la calle para regresar a casa.  El proverbio que en la RV60 dice: Sin profecía el pueblo se desenfrena” (Proverbios 29:18), la NVI lo traduce con un énfasis igual de correcto, pero más preciso, diciendo: Donde no hay visión, el pueblo se extravía” (Proverbios 29:18; NVI).  La visión es necesaria para toda iglesia, sino sus resultados serán una iglesia desenfrenada y extraviada de su misión.  Hará cualquier otra cosa, y un sinfín de actividades, pero no hará lo que verdaderamente debe estar haciendo.  Por eso, lo importante en un aniversario, es tener visión para el futuro, pero si después de este culto, no hay una visión a seguir y alcanzar, entonces el próximo año, sin duda que tendremos un aniversario triste.

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   La cuarta ocasión cuando una celebración de aniversario que hacen las iglesias es un verdadero aniversario triste, es:

IV.- CUANDO EL ANIVERSARIO NOS PARECE RELEVANTE, HABIENDO DESCUIDADO LA ADORACIÓN BASTANTES DÍAS DEL SEÑOR.

   Se supone que nos unimos a la iglesia, entre otros deberes, para reunirnos a los cultos de adoración, especialmente el día del Señor, o sea, el domingo, el primer día de la semana.  ¿No es el día en el que se recuerda la resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo?  Pero, si los domingos ordinarios en los que no tenemos una festividad especial, usted no llega al culto, ni estuvo llevando el evangelio ni sirviendo en nombre de Cristo en algún lugar o alguna persona, entonces dejó de ser importante y relevante para usted el día del Señor instituido para reconocer su resurrección después de haber dado su vida para nuestra salvación.  Pero, como hoy es el aniversario de esta iglesia, y usted se enteró, entonces vino al culto, pero no sé si lo hará fielmente durante los siguientes 52 domingos del año.  ¿No le parece que muchos le dimos tanta relevancia a este culto de acción de gracias por ser de aniversario, pero antes muchas veces hemos menospreciado otros muchos días de adoración también de gran relevancia para nuestra vida y para la vida de esta iglesia, en los cuáles usted no se presentó?  Esto es lo triste de un aniversario. Ojalá si de hoy en adelante, usted va a mejorar su asistencia a la adoración.

   Todos los creyentes nos ponemos felices cuando alguien que no había estado en cultos anteriores, por fin ha venido a un culto.  Hoy no es la excepción.  A todos por igual se nos ha dicho hoy que somos bienvenidos a este culto y a esta iglesia.  Pero, no seamos ocasionales, sino seamos constantes en la adoración.  Jesús fue muy claro en este punto cuando platicó con la mujer samaritana junto a un pozo en las afueras de la ciudad de Sicar.  Una de las verdades que él resaltó cuando le dijo a la samaritana que: el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:24), es que Dios está buscando adoradores.  Una de las razones principales para la cual Dios nos llamó a la fe en su Hijo Jesucristo, es para que seamos sus adoradores verdaderos.  Es verdad que esto lo podemos hacer todos los días en cualquier lugar, incluyendo también que le podemos adorar hasta en nuestros hogares, sin embargo, el día del Señor, es día de adorar juntos como iglesia.  Pero, ¿dónde estuvo usted todos los más de 26 domingos del año (medio año) en los que no se presentó a adorar a Dios aquí con nosotros?  Esto es lo que hace triste un aniversario, porque si es aniversario sí lo queremos, pero si son otros cultos sabatinos o dominicales de adoración, no lo queremos.  ¿No es contradictorio, y allí está lo triste?

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   CONCLUSIÓN:  Amados hermanos, no ha sido mi intención rechazar el aniversario que hoy estamos celebrando.  También hay motivos legítimos de acción de gracias que debemos resaltar en este momento. Por ejemplo, Dios ha sido fiel con esta su iglesia desde sus inicios hasta el día de hoy.  Dios salvó y llevó a su gloria eterna a todos los verdaderos creyentes que militaron en esta iglesia.  Dios ha sido quien ha conservado en la fe desde el más antiguo creyente desde hace más de 35 años como a los que llevan menos tiempo en la fe.  Sin embargo, al rendir gracias a Dios, también debemos rendir a Él los frutos de nuestra labor.  Nos alegra y regocija la obra que Dios está haciendo en nosotros, y con nosotros; pero es triste cuando no hacemos y cuando dejamos de hacer la obra de Dios que nos ha sido encomendada.  Si Dios nos permite el siguiente aniversario, en 2019, que se el aniversario que vale la pena.   Dios bendiga a todos los presentes.

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[1] https://news.adventist.org/es/todas-las-noticias/noticias/go/2013-04-14/basta-de-aniversarios-dice-wilson-en-el-sermon-del-concilio-de-primavera/

[2] https://descubriendolaverdad.wordpress.com/2013/10/22/tendencias-y-enfasis-de-la-iglesia-evangelica/