Sep 02

LA DISCIPLINA DEL TRABAJO, Por: Diego Teh.

LA DISCIPLINA DEL TRABAJO

Colosenses 3:22-25.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 2 de septiembre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 11 de la serie: LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO.

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   INTRODUCCIÓN: Los cristianos, por entender la ética bíblica acerca del trabajo, debemos ser trabajadores ejemplares en donde sea que nos corresponda prestar nuestro servicio.  Sin embargo, hay cristianos que simplemente no quieren trabajar porque no les gusta el trabajo que se les ofrece, porque prefieren esperar uno mejor pagado que quizá nunca les va a llegar porque les falta las aptitudes o competencias para ello.  Simplemente no van a trabajar, aunque se les esté agotando el dinero para enfrentar los gastos de la semana o del día en curso.  Son de estas personas que Salomón las describe como perezosos, diciendo: “Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? / Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; / Así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado” (Proverbios 6:9-11). Aunque no tengan para sobrevivir, prefieren no trabajar, no les da ganas, son desidiosos.  La desidia es la “falta de ganas, de interés o de cuidado al hacer una cosa”.  Pero, por otra parte, también están los que, por diversos motivos personales y circunstanciales, trabajan en exceso sacrificando el tiempo para su familia, recreación, amistades, y hasta para su iglesia tratándose de los que son cristianos.  Intencionalmente doblan turnos, se buscan un segundo empleo, o se llevan trabajo a la casa, etc…  De estos son a los que en el Salmos 127 se les dice: “Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño” (Salmo 127:2).  Tanto la desidia, como el exceso de trabajo son actitudes derivadas por errores de comprensión de una ética sana, bíblica, y cristiana acerca del trabajo.

   En el mensaje de hoy, voy a predicarles que para poder ejercer bien cualquier trabajo, es necesario hacerlo con las actitudes correctas que deben volverse disciplinas prácticas.  / ¿Cuáles son las actitudes correctas que deben volverse disciplinas prácticas para poder ejercer bien cualquier trabajo? /  Usando diversos textos bíblicos, les voy a compartir algunas de tales actitudes correctas.

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   La primera actitud correcta que debe volverse una disciplina práctica, que es necesaria para poder ejercer bien cualquier trabajo, es:

I.- TRABAJA CON TODAS TUS ENERGÍAS.

   Hay dos de los tantos proverbios bíblicos acerca de los perezosos, que dicen: El primero: “Como la puerta gira sobre sus quicios, así el perezoso se vuelve en su cama”.  Y el segundo: “Mete el perezoso su mano en el plato; se cansa de llevarla a su boca” (Proverbios 26:14,15).  El perezoso, es aquel que no le gusta o simplemente no quiere trabajar o hacer algo que requiera esfuerzo, porque considera que solamente es un desgaste de energía, por lo que hasta para moverse en su cama o hamaca lo hace con una lentitud increíble.  Y para comer, solamente el llevar su comida a la boca con o sin cuchara, siente por ello que está haciendo un sobre esfuerzo, y prefiere evitar seguir comiendo. En vez de decir: Ya me llené, dice: Ya me cansé.  Imagínese usted, una persona con esas características, ¿cómo llevará a cabo su trabajo? Igual de lento.  Con falta de energía. Es muy probable que no va a querer trabajar, o lo va a dejar a medias, o en caso de que lo haga, lo hará mal.

  ¿Recuerda usted el caso de un hombre que Jesús relató en su parábola de los talentos, a quien su amo posteriormente le llamó “siervo malo y negligente”? (Mateo 25:26).  ¿Qué hizo este hombre con el talento que le tocó? Nada. No hizo absolutamente nada. Solamente invirtió un poco de sus fuerzas para ir a cavar en algún lugar secreto para esconder la moneda que le dieron, y para volver otro día a cavar de nuevo para sacarla y devolverla a su patrón.  En cambio, los otros que recibieron, incluso hasta más talento, a uno le toco dos, y a otro hasta cinco, los cuales todos los días estuvieron prestos a invertir ese dinero para comprar y vender, y así obtener ganancias y duplicar cada uno de los talentos, para devolverle a su patrón el doble de talentos.  Estos sí usaron sus energías, trabajando lo necesario para beneficio de su patrón, e incluso, aunque la parábola no lo dice, pero lo sugiere, debieron haber trabajado más para tener ellos mismos para llevarle a sus familias.  Esos, sí que querían trabajar, y sin duda que usando sus energías de cada día.  En cambio, aquel “siervo malo y negligente”, que tenía las mismas oportunidades que los otros, prefirió descansar lo más que pueda, pues quizá pensó que finalmente el que sería beneficiado sería más el patrón y no él.

   Amados hermanos, cuando se nos haya encargado llevar a cabo algún trabajo, debe hacerse con toda la energía que uno pueda hacerlo.  Es como una expresión de amor, como el que Dios pide para sí mismo, diciendo Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5). No a medias fuerzas, no sin ganas, sino “con todas tus fuerzas”, con energía, con ganas.  Una razón para trabajar con energía, es para que al final del turno o jornada de trabajo, uno entregue una producción suficiente que vaya de acuerdo con el pago que deseamos o esperamos recibir.  No desperdicies el tiempo de tu trabajo. Trabájalo. Te están pagando.

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   La segunda actitud correcta que debe volverse una disciplina práctica, que es necesaria para poder ejercer bien cualquier trabajo, es:

II.- TRABAJA CON TODO TU ENTUSIASMO.

  El apóstol Pablo, en su epístola a los Colosenses, les escribió: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:23).  Ese todo, sin duda que incluye el trabajo.  Pero, una de las primeras indicaciones que da el apóstol es: “hacedlo de corazón”.  Esto de hacerlo de corazón, implica el hacerlo con entusiasmo.  El trabajar con energía, tiene que ver con las fuerzas físicas, pero el trabajar “de corazón” tiene que ver con la actitud emocional y espiritual, que se traduce en entusiasmo.  Es decir, con ganas evidentes que no proceden realmente de las fuerzas, sino del corazón.

   En cuanto a la manera de hacer toda labor de servicio tomando en cuenta que uno es de la fe en Cristo, el apóstol Pablo escribe a los romanos: “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor;” (Romanos 12:11).  Uno de los detalles de cómo se debe hacer cualquier servicio que prestemos como lo es el trabajo, según el apóstol Pablo, debe ser hecho con la actitud de “fervientes en espíritu”.  Ningún trabajo o servicio que se haga, debería hacerse de manera triste, con ánimo decaído, etc… sino con entusiasmo que procede del interior del corazón.  Esto hace necesario que primeramente uno tenga sano su corazón espiritual, dejando que se Jesucristo el gobernante de tu corazón. Cuando Cristo está en el corazón de una persona, su presencia produce entusiasmo para hacer bien todas las cosas buenas que uno hace.

   Por ejemplo, de los que hacemos trabajo pastoral, dice el apóstol Pablo que con el apoyo de los demás creyentes, debemos hacerlo “con alegría, y no quejándose, porque esto no es provechoso” (Hebreos 13:17); es decir, con entusiasmo.  También a los ancianos de iglesia, el apóstol Pedro dice que su labor de apacentar la grey de Dios, lo deben hacer “con ánimo pronto” (1 Pedro 5:2); es decir, también con entusiasmo.  E igualmente, cualquier otro trabajo que uno realice debe ser hecho con entusiasmo.

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   La tercera actitud correcta que debe volverse una disciplina práctica, que es necesaria para poder ejercer bien cualquier trabajo, es:

III.- TRABAJA COMO PARA CRISTO.

   En la explicación de la actitud anterior, les cité las palabras del apóstol Pablo a los romanos, diciéndoles: En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu”, pero concluye con una instrucción altamente esencial, diciendo: “sirviendo al Señor; (Romanos 12:11).  Todo lo que uno hace debe hacerse primeramente como un servicio al Señor, a Dios, a Jesucristo nuestro Señor y Salvador.  Solamente cuando un trabajo es hecho con esta mentalidad, es que puede hacerse con toda sinceridad para el bien de la persona, empresa, u organización humana que recibe el beneficio de nuestro trabajo.

   Este mismo principio de servicio al Señor, en todo lo que hacemos, especialmente en el área del trabajo, es también enseñado por el mismo apóstol a los Efesios, a quienes dice: “Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; / no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; / sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres” (Efesios 6:5-7).  De estas palabras se enfatiza primero que el trabajo que uno realiza debe ser hecho “como a Cristo / no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo” (vv. 5,6); y luego añade: “sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres” (v. 7).  Cuando uno lo hace con esta mentalidad de que al trabajar es también servir al Señor, uno puede con todo entusiasmo obedecer las instrucciones del patrón, y uno puede saber también que cualquiera que sea el trabajo que esté realizando, justamente el trabajador está “haciendo la voluntad de Dios”.

   Amados hermanos, cuando uno realiza su trabajo con la consciencia de que lo hace “como a Cristo”, uno hace su trabajo de manera muy responsable.  Uno, no le roba tiempo de trabajo al patrón, sino que completamente dedica todas sus horas de trabajo para sacar adelante el bienestar del patrón o su empresa.  Uno, no trabaja solamente cuando el patrón, su representante, o su supervisor comisionado está junto al trabajador viendo que cumpla su trabajo, porque antes que cualquier cosa, el trabajador cristiano está muy consciente de que Cristo el Señor, le está observando.  En otras palabras, para quien sea que estemos trabajando, debemos tener en mente que lo estamos haciendo “como a Cristo”, y entonces así, podemos ser más productivos, responsables, y ejemplares.

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   La cuarta actitud correcta que debe volverse una disciplina práctica, que es necesaria para poder ejercer bien cualquier trabajo, es:

IV.- TRABAJA CON EXCELENCIA.

   Un trabajo hecho por un cristiano debe ser un trabajo excelente, o sea, siempre bien hecho.  La razón por el que el cristiano debe trabajar con excelencia, proviene del carácter excelente de Dios quien creó al ser humano y depositó en él su imagen y semejanza.  Es decir, Dios es el primer trabajador por excelencia.  Tan solo el relato de Génesis 1 que nos describe que Dios hizo en un lapso de seis días todo lo que existe en el universo, especialmente en la tierra, lo convierte en un trabajador por naturaleza.  Luego, cuando Él contempla su obra de creación, Moisés el autor que relata tal contemplación de Dios, dice: Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31a).  En otras palabras, su creación no había sido mezquina, sino excelente.  Su trabajo era y sigue siendo excelente.  Dios como trabajador en todos los sentidos es excelente.

   Luego, por el hecho de que Dios hizo al hombre “a su imagen” (Génesis 1:27), sin duda que puso en él, la virtud o capacidad de hacer todas las cosas con excelencia.  Aunque es verdad también que desde que el primer pecado alcanzó a Eva y a Adán, toda su descendencia que nos incluye a nosotros, quedamos incapaces de ser absolutamente excelentes, porque la imagen de la excelencia de Dios quedó empañada en la humanidad, también es verdad que los que ahora creemos en Cristo, somos restaurados en cuanto a la imagen de Dios, de tal manera que por la obra redentora de Cristo, todos y cada uno de los cristianos somos hechos ahora una “nueva criatura” (cf. 2 Corintios 5:17), como si fuésemos creados de nuevo y se nos haya infundido nuevamente la imagen de la excelencia de Dios.

   Amados hermanos, cualquiera que sea el trabajo que llevamos a cabo, debemos hacerlo con la excelencia de Dios que se refleja en nuestra vida restaurada.  Por eso, el apóstol Pablo a los mismos cristianos Efesios, les dice que ahora: “somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).  En nuestra nueva creación de restauración, fuimos hechos nuevas criaturas, ¿para qué? “para buenas obras”.  Estas “buenas obras”, se logran cuando las hacemos intencionalmente con excelencia en el nombre de Cristo.   Así que, hermanos, somos las personas mejores calificadas para trabajar haciendo absolutamente todo con excelencia.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ninguno de nosotros sea desidioso o desganado para el trabajo.  También ninguno trabaje en exceso por adicción, teniendo que descuidar por el trabajo, otras áreas de nuestra vida que requieren nuestro tiempo, como la familia, la iglesia, y Dios mismo, sobre todo.  Pero, cuando estemos en el trabajo, hagámoslo con estas cuatro actitudes que hoy les he compartido: 1) TRABAJA CON TODA TU ENERGÍA; 2) TRABAJA CON TODO TU ENTUSIASMO; 3) TRABAJA COMO PARA CRISTO; y 4) TRABAJA CON EXCELENCIA.  Todas estas actitudes son necesarias en todos nosotros los que somos cristianos.  En Cristo hemos sido restaurados para hacer nuestro trabajo como Dios lo esperó siempre desde el principio.

   Que Dios nos bendiga a todos en nuestros respectivos trabajos.

Nov 05

PREPARATIVOS PARA UNA VIDA VICTORIOSA, Por: Diego Teh.

PREPARATIVOS PARA UNA VIDA VICTORIOSA

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Daniel 1:1-12.

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el domingo 5 de noviembre 2017, a las 11:00 horas; como primer sermón de la serie: HACIA UNA VIDA VICTORIOSA.

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   INTRODUCCIÓN: Es indiscutible. Dice el apóstol Pablo que en cuanto a nuestra antes segura condenación, ahora que somos creyentes en Jesucristo, aunque lleguen momentos de tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, o espada, “en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).  Jesucristo nos ha hecho victoriosos al asegurar nuestra salvación por toda la eternidad, al darnos entrada a su glorioso cielo, y a su santísima y eterna presencia.  Por eso deberíamos estar siempre agradecidos a Dios tal como el mismo apóstol lo aconsejó a los Corintios, diciéndoles: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 12:57).  Usted es un victorioso en este sentido, aunque usted no ganó ni ganará su victoria sino que ha sido Jesucristo quien lo ganó para usted, y ha sido Dios el Padre quien ha aplicado para usted la victoria de Cristo.

   Pero esta victoria no se da solamente para la salvación eterna, sino también para cuestiones de la vida presente, tal como también el apóstol Pablo dice a los Corintios que en la vida presente “somos transformados de gloria en gloria” (2 Corintios 3:18).  Mientras estemos con vida aquí en esta tierra, los ataques del mal no cesarán en contra nuestra, sin embargo, también nuestra victoria sobre todo mal es segura, pues dice el apóstol Juan: Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4). Sin embargo, toda persona tiene que ser intencional en ser victorioso en cada aspecto y circunstancia de su vida.  La victoria no llega si usted no lo quiere.  La victoria no la alcanza si usted no se prepara para enfrentar cada situación.  Por ejemplo, el autor de los proverbios dice que el perezoso no puede ser victorioso en sus finanzas y en su adquisición de bienes.  Dice de él: Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? / ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? / Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado” (Proverbios 6:9-11).  Este, por su pereza no quiere ser victorioso, o aunque lo quiera no va a poder serlo porque no hace lo necesario para ser victorioso en ese aspecto.

   En el mensaje de este momento, les voy a predicar que toda persona que desea tener una vida victoriosa en su vida cotidiana tiene que hacer los preparativos necesarios para lograrlo. / ¿Qué preparativos son necesarios de hacer para tener una vida cotidiana victoriosa? / La vida de Daniel junto con sus amigos deportados de Judá a Babilonia, nos presenta un panorama general acerca de los preparativos que son necesarios de tomar en cuenta para tener una vida cotidiana victoriosa.

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   El primer preparativo necesario para tener una vida cotidiana victoriosa, es:

I.- ADQUIRIR SABIDURÍA PARA LA EFICIENCIA.

   Sin sabiduría no hay victoria. Habiendo llegado a Babilonia todos los cautivos de Judá, el rey de Babilonia le pidió a uno de sus oficiales llamado Aspenaz, que le consiguiera de los recién llegados a “muchachos”, “idóneos para estar en el palacio del rey”, pero las especificaciones de esta idoneidad consistía en que deberían ya estar con anterioridad “… enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento” (Daniel 1:4a).  La sabiduría es esencial para una persona que desea ser victoriosa, pues una persona con sabiduría siempre piensa bien lo que dice y hace bien todo lo que le toca hacer, y eso le ayuda a ser victorioso una y otra vez.  En cambio, el falto de sabiduría, en todo lo que hace siempre evidencia falta de eficiencia y de excelencia, y por ello no puede ser exitoso o victorioso.  Quizá usted conoce personas que han hecho algún trabajo para usted, pero el trabajo que le entregó, primero fue mal hecho, luego su trabajo costó más de lo que realmente vale.  Estas son personas con falta de sabiduría, que no les importa la excelencia ni la eficiencia.  Nabucodonosor, no escogería muchachos o personas que trabajen para él, que no demuestren tener perfil de sabiduría.

   Según la NVI, el requisito de sabiduría que el rey quería de los muchachos que pondría a su servicio en el palacio, consistía en “que actuaran con sensatez” (Daniel 1:4a, NVI).  El que no actúa con sensatez no es sabio, no tiene sabiduría, no puede ser victorioso en su vida cotidiana porque su misma insensatez o falta de sabiduría es la causa de que sus decisiones y sus acciones no sean las correctas o necesarias.  Siempre va a causar conflictos a otros y así mismo, va a generarse adversarios, no encuentra soluciones apropiadas y funcionales ni siquiera para sí mismo.  Por eso, es importante que toda persona obtenga sabiduría en todo y para todo lo que esté al alcance de nuestra experiencia.  ¿Se acuerda usted lo que Moisés dijo a Dios en su oración consignada en el salmo 90?  Con urgencia le ruega a Dios: “Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría” (Salmo 90:12, NVI).  Una virtud que debemos cultivar desde la niñez hasta la edad adulta, es la sabiduría cuyo resultado será una vida cotidiana victoriosa. Salomón aconsejando a su hijo, le decía: “Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia” (Proverbios 4:5); “Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia” (Proverbios 4:7); y “El corazón del entendido adquiere sabiduría; y el oído de los sabios busca la ciencia” (Proverbios 18:15).

   Pero nosotros no estamos en los tiempos de Moisés de hace 3,500 años, ni de Daniel hace 2,500 años.  Nosotros no estamos buscando trabajo en el palacio de Nabucodonosor.  Estamos en el siglo XXI de la era de Cristo, y somos sus discípulos, quienes en la actualidad tanto hombres como mujeres somos todos llamados por la palabra de Dios a vivir con sabiduría.  A todos los creyentes en general se nos dice por el apóstol Pablo: “andad sabiamente para con los de afuera” (Colosenses 4:5).  A los hombres casados se nos ordena con respecto a nuestra esposa: “vivid con ellas sabiamente” (1 Pedro 3:7).  La sabiduría es una necesidad.  Y para que nadie se quede sin la virtud de la sabiduría, a los que somos de Jesucristo, el apóstol Santiago nos explica la manera práctica y segura de obtenerla: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5).  Así que amados hermanos, no hay pretexto para no vivir cotidianamente de manera victoriosa.  Usted puede prepararse para ser un creyente victorioso, adquiriendo de Dios la sabiduría que es necesaria.

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   El segundo preparativo necesario para tener una vida cotidiana victoriosa, es:

II.- APRENDER LO NECESARIO PARA LA SUPERACIÓN.

   Otro de los detalles que Nabucodonosor quería de los muchachos era que además de estar “enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey”, quería también que su oficial Aspenaz “… les enseñase las letras y la lengua de los caldeos” (Daniel 1:4b).  Lo que observamos de esta lectura es que no hubo ninguna negativa ni de Daniel ni de sus otros tres compañeros: Ananías, Misael y Azarías.  Es más, para que se vayan acostumbrando al idioma caldeo de la nueva cultura donde ellos vivirían quizá hasta el resto de sus vidas, Aspenaz comenzó cambiándoles de nombre a los cuatro muchachos, pues “puso a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego” (Daniel 1:7b). Una observación relevante acerca de estos muchachos, es que ellos no protestaron porque les hayan cambiado de nombre, ni porque les hayan impuesto la responsabilidad de aprender otro idioma y literatura caldea, sino que gustosos asumieron su nuevo aprendizaje.  Pues el desafío de su nueva vida en otra cultura requería conocimientos actualizados para trabajar en el palacio del rey de manera exitosa. Y no había transcurrido mucho tiempo cuando se nos dice que: “A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias” (Daniel 1:17).

   Este conocimiento nuevo que adquirieron, demuestra el interés que ellos tuvieron de ser victoriosos en medio de una cultura que era distinta, y en muchos aspectos hasta opuesta a la fe en Dios y a las costumbres israelitas y judías que ellos tenían. “Dios les dio conocimiento e inteligencia”, pero fueron intencionales en querer aprender algo nuevo porque la circunstancia hacía necesaria para ellos una superación personal, porque si no, no podrían estar en el trabajo que el rey les estaba considerando ofrecer.  Terminarían estos cuatro muchachos, trabajando en otro lugar al nivel de sus conocimientos previos y obsoletos en este contexto, y en este punto no serían muy victoriosos.

   Amados hermanos, si uno desea una vida cotidiana victoriosa en el trabajo, será necesario actualizarse en conocimientos relacionados con el trabajo que usted realiza.  Desde luego que no es la actualización o superación personal que da y garantiza del todo una vida victoriosa en el trabajo, porque también hay que aplicar los valores universales y cristianos; pero el saber actualizado, prepara a una persona para ser mucho más útil, eficiente, y victorioso en el trabajo.  Cada vez que usted tenga la oportunidad de aprender algo nuevo, de tomar un curso de actualización, o de avanzar un grado o nivel académico, no dude usted en aprovecharlo. Todos lo necesitamos.  Y en la preparación bíblica, también debemos preocuparnos en aprender cada día más la dirección de Dios para nuestra vida personal.  La vida victoriosa en el trabajo no depende solamente de la preparación o el profesionalismo, sino que depende de nuestro aprender de Jesucristo quien, habiéndonos dado salvación, también nos enseña cómo vivir los principios del reino de Dios al cual tenemos el privilegio de pertenecer.

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   El tercer preparativo necesario para tener una vida cotidiana victoriosa, es:

III.- PROCURAR LA SANTIDAD PARA LA ESPIRITUALIDAD.

   En todo el proceso preparativo para que Daniel, Ananías, Misael, y Azarías, fueran dignos de trabajar con el rey Nabucodonosor en su palacio, era necesario que se encontraran bien nutridos y saludables.  Dice la narración: “Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; y que los criase tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del rey” (Daniel 1:5), pero lo importante en este punto, es lo siguiente: “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse” (Daniel 1:8).   Pero, ¿saben ustedes por qué la comida del rey Nabucodonosor, podía contaminar a Daniel, a sus amigos, y en realidad a cualquier judío o israelita?  Los judíos basados en Levítico capítulo 11, tenían de parte de Dios una lista de animales que les estaba prohibido comer e incluso tocarlos porque entonces les haría inmundos, y esto es una cuestión de santidad.  El que comía lo prohibido por Dios, estaba menospreciando la santidad que Dios espera en sus hijos.  Nabucodonosor, no siendo del pueblo de Dios ni temeroso de Él, comía todo lo que se le venga en gana; incluso una costumbre de él y su cultura era que sus comidas y la de sus príncipes, ya sean comidas privadas o banquetes públicos, solían primeramente ofrecerlos a sus dioses paganos, y luego las servían en sus mesas; pero Daniel y sus amigos no podían hacer eso. A ellos les importaba la santidad como una de sus victorias cotidianas en su vida espiritual, porque de Levítico 11 sabían que Dios exige santidad diciendo: “… seréis santos, porque yo soy santo” (Levítico 11:44).  Si no se preocupaban por su santidad, no hubieran sido victoriosos sino derrotados en todos los aspectos.

  La santidad no es solamente un estado religioso que se pueda observar en las personas cuando ponen en práctica disciplinas como la oración, la lectura de las Escrituras, el congregarse para adorar a Dios, y otras más, sino que la santidad es estar dispuesto a abstenerse de todo lo prohibido por Dios tanto en público como en privado.  Daniel quería ser victorioso con respecto a su vida de santidad en medio de una cultura que no le preocupaba la santidad, o el agradar a Dios hasta en los detalles como la santidad de la alimentación, la santidad del trabajo, etc…

   Amados hermanos, ese debería ser también el interés de todos nosotros los discípulos de Jesucristo.  El apóstol Pedro nos recuerda que “…como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1:15).  La persona que no vive en santidad, no se puede decir que es una persona que tiene una vida victoriosa, primero porque vive en abierta desobediencia a Dios; segundo, porque intencionalmente se está dejando contaminar el mundo caído; tercero, porque se está dejando controlar por la atracción de lo que es pecaminoso y desagradable a los ojos de Dios; y cuarto, porque cuando no hay santidad se está despreciando la victoria de Cristo que Dios está queriendo aplicar en todos los aspectos de la vida personal del creyente.  ¿Quiere usted ser victorioso en su vida cotidiana espiritual?  No le voy a decir que viva como Daniel, sino viva usted como Jesucristo, quien según el autor de la epístola a los Hebreos: “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).  Sí se puede vivir en santidad y victoria espiritual.

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   El cuarto preparativo necesario para tener una vida cotidiana victoriosa, es:

IV.- ACEPTAR LA INTERVENCIÓN DE DIOS PARA SER VICTORIOSO.

   En este capítulo uno del libro de Daniel, podemos observar también cómo se enfatiza la intervención de Dios para que cada uno de sus hijos alcancen momentos y experiencias victoriosas.   Por ejemplo, cuando Daniel se propuso no querer contaminarse con las comidas del rey, y aunque Daniel le expuso a Aspenaz sus razones para no comerlo, dice la narración: “Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos” (Daniel 1:9).  Fue Dios quien intervino en estas relaciones humanas entre un hijo de Dios y un pagano; siendo no mérito ni de Daniel ni de Aspenaz, ni de Melsar el encargado personal de ellos, sino de Dios.  Quizá Daniel también oró a Dios, pues por el contexto general del libro que lleva su nombre sabemos que era responsable en el deber de la oración, pero después de orar dio paso a la intervención de Dios.

   También con respecto a la necesidad de mejorar sus conocimientos literarios y lingüísticos, tal como lo requería Nabucodonosor, nos dice la narración que: “A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños” (Daniel 1:17).  Aunque ellos tuvieron la voluntad de querer aprender algo nuevo para contextualizarse, no fue por sus grandes capacidades intelectuales que lo lograron, sino por la intervención de Dios quien “les dio conocimiento e inteligencia”.

   Amados hermanos, para ser victoriosos en nuestras vidas cotidianas, es importante y necesario ser intencionales, sin embargo, Dios no debe ser descartado.  No basta con querer superarse, no basta con querer ser sabio en todos los saberes, sino es necesario exponerle a Dios en oración y con toda humildad todas nuestras debilidades.  Él pondrá en nosotros las victorias que necesitamos, y podremos decir como el profeta Joel: “Diga el débil: Fuerte soy” (Joel 3:10); porque finalmente no es nuestro esfuerzo la causa de nuestras victorias cotidianas, sino es Dios mismo quien nos hace victoriosos, pero deje usted que él intervenga en su vida.

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   CONCLUSIÓN: Amado oyente, ¿está usted listo para comenzar a disfrutar la vida victoriosa que procede de Dios?  Lo primero que usted tiene que hacer es aceptar que siendo usted pecador incapaz de ponerse a cuentas con Dios, Jesucristo tomó el lugar de usted para dar su vida con tal de que usted no sea condenado sino salvado de las llamas del infierno eterno.  Es evidente que este amor divino que Jesucristo tuvo por usted, no tiene ningún costo, sino que es totalmente gratuito, pues el precio ya fue pagado al costo máximo de la propia vida de Jesucristo.  Usted debe creer en todos estos hechos y realidades que Jesús hizo por usted, y entonces él le dará usted la victoria contra la muerte eterna, contra la condenación, contra el diablo mismo, contra el infierno, y contra toda oposición que se levante contra usted.  Creyendo usted en Jesucristo, él se hará cargo de que la vida cotidiana de usted se encuentre llena de victorias.  Ame usted la sabiduría no de hombres sino de Dios; supérese usted en los saberes necesarios para el trabajo; y viva usted santamente para Dios; y Dios intervendrá a favor de usted para hacerle victorioso una y otra vez todos los días de su vida.

Jul 10

DEBERES DE UN BUEN SIERVO, Por: Diego Teh.

deberesdeunbuensiervo

DEBERES DE UN BUEN SIERVO

Mateo 25:14-20; Lucas 17:7-10

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Luz de Vida” de la col. Bojórquez de Mérida, Yuc; el día domingo 10 de Julio del 2016, a las 18:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: En la actualidad, especialmente en el medio cristiano usamos la palabra siervo únicamente como una expresión coloquial, cuyo significado muchas veces es desconocido tanto por quien la usa como por quien es referida. Muchos cristianos se refieren al pastor como el siervo de Dios.  También se ha vuelto popular en algunos círculos cristianos referirse a los hermanos y a las hermanas, como siervos y siervas; incluso hay quienes se refieren a los niños como los siervitos y las siervitas.  Algo que no está mal es que a esta palabra se le ha dado un sentido de alta espiritualidad, pues cuando usted escucha que a alguien le llaman siervo, como que se trata de una persona altamente espiritual.  Hay personas que cuando los tratan con el título de siervo de Dios, hasta se enorgullecen pecaminosamente por ello. Pero en la época de Jesús, así como en la época de los apóstoles, un siervo se trataba de un esclavo, no de un hombre espiritual.  Ser siervo era una referencia a una condición social y laboral en el que una persona se ve obligado a trabajar sometiendo toda su voluntad a la de su amo.

   En la época de Jesús y de los apóstoles en toda palestina y en todo el imperio romano había siervos o esclavos en muchas casas de gente adinerada, por lo que Jesús utilizó aquella condición de vida para ilustrar sus enseñanzas acerca del reino de Dios.  Es más Jesús mismo se identificó como siervo cuando dijo que “no vino para ser servido, sino para servir” (cf. Mateo 20:28; Marcos 10:45).  Posteriormente se predicaba de Jesús como el Dios que “se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo” (Filipenses 2:7).  Luego, hasta el apóstol Pablo aun siendo un hombre libre, se describió a los creyentes romanos como “siervo de Jesucristo” (Romanos 1:1), para dar a entender que de manera voluntaria sometía su voluntad a Jesucristo mismo.

   En la parábola de los talentos que hoy hemos leído, Jesús enseña que un buen siervo tiene deberes propios de su condición.  / ¿Cuáles son los deberes de un buen siervo?  / Basado en esta misma parábola en la cual Jesús ilustra la manera cómo una persona que pertenece al reino de Dios debe cumplir sus deberes para con Dios, les compartiré tres deberes de un buen siervo.

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   El primer deber de un buen siervo es:

I.- RENDIR RESULTADOS AL 100% EN LO QUE SE LE ENCOMIENDA.

   La parábola que hemos leído según la lectura en San Mateo 25:14-20 es muy clara y enfática en su narración al decir Jesús que aquellos siervos de cierto patrón terrenal que recibieron cinco y dos talentos respectivamente, al rendir cuentas a su amo de lo que hicieron con tal cantidad de dinero, entregaron otros cinco y dos talentos respectivamente como ganancia. Los talentos en épocas antiguas tenían pesos distintos en cada época y países como en Grecia, en el Ático, en Roma, Egipto, y Babilonia. En tiempos de la parábola de Jesús, un talento era el equivalente a 21.6 kg de plata o a seis mil dracmas[1].  Un dracma era la ganancia de un día de trabajo, así que un talento es la ganancia de seis mil días de trabajo, o sea de dieciséis años y medio de sueldo; o sea que no es poco dinero que recibió el siervo a quien le dejaron un talento.  Cinco talentos era el sueldo como de ochenta años de trabajo, dos talentos era el sueldo de casi treinta y tres años de trabajo.  Los talentos eran mucho dinero.

   Lo relevante aquí es que los siervos que recibieron cinco, y dos talentos respectivamente, rindieron un resultado del cien por ciento, y eso es lo que Jesús elogia, y con ello enseña que los siervos de Dios así debemos ser de productivos con los dones espirituales que se reciben en el reino de los cielos presente ahora aquí en la tierra.  En la actualidad a los creyentes en Jesucristo, Dios no nos da dinero por kilos, sino dones espirituales para servir en el reino de Dios.  Dios espera que los dones que cada quien ha recibido de él, sean utilizados para rendir resultados no escasos sino por lo menos al cien por ciento, pues deberían ser hasta más del cien por ciento, pues en otra enseñanza en la que Jesús habló de llevar fruto, dijo también que como los discípulos como si fueran racimos de uvas deberíamos llevar no pocos sino mucho pero mucho fruto (Cf. Juan 15:8).

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   El segundo deber de un buen siervo es:

II.- SER ALTAMENTE EFECTIVO EN LO QUE HACE.

   Lo que observamos en la parábola es que tanto al siervo que entregó cinco talentos de resultados, como al que entregó dos talentos de resultados, su amo primeramente les dijo: “Bien, buen siervo” (vv. 21, 23).  Esto es un elogio a la alta efectividad que tuvieron en sus respectivas inversiones.  No fueron mediocres.  En cambio el que recibió un talento, dinero de dieciséis años de trabajo, y que solamente devolvió lo que recibió sin ninguna ganancia, según Jesús, el amo en la parábola le llama: “Siervo malo y negligente” (v. 26), y finalmente fue llamado “siervo inútil” (v. 30).  La inefectividad de una persona radica esencialmente en su negligencia, pues simplemente no hace lo que debería hacer, y entonces su resultado siempre será 0 (cero).  Pero un siervo de Dios no debe caracterizarse por ser malo y negligente en sus deberes.  Dios espera que un siervo de Dios, sea buen siervo, lo cual significa que debe ser altamente efectivo en lo que hace, para que sea considerado como un “buen siervo”, pues de lo contrario uno sería considerado como un “siervo malo y negligente” e “inútil”.

   Amados hermanos, nuestro llamamiento de servir a nuestro Señor para la proclamación y extendimiento de su evangelio no debe ser hecho con un ánimo a medias, sino con toda la pasión que el mismo Espíritu de Dios pone en nuestros corazones.  Debemos ser efectivos en cada encomienda que recibimos de Dios.  Dios quiere mirar a sus llamados que se conduzcan como siervos buenos, no quiere descubrir cosas malas, negligencias, e inutilidad en ningún cristiano, en ninguno de sus llamados, y en ninguna iglesia.  Jesucristo mismo a una de las iglesias del Asia menor, a la iglesia de Laodicea, le tuvo que decir por medio del apóstol Juan: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses frío o caliente!” (Apocalipsis 3:15).  No se puede servir a Dios a medias, o con mediocridad, o con tibieza, pues eso no produce resultados favorables ni para la obra de Dios, y ni siquiera para el propio bien del supuesto siervo.  Es necesario hacer las cosas con dedicación, compromiso, etc… para ser eficaces para el reino de Dios.

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   El tercer deber de un buen siervo es:

III.- SER TOTALMENTE FIEL AL SEÑOR QUE SIRVE.

   En la felicitación que el amo da a sus dos siervos buenos, además de decirles “Bien, buen siervo”, también les dice: “y fiel” (vv. 21, 23).  Cada uno de ellos fue fiel a su amo, porque cada quien se dedicó a trabajar no para sí mismo sino para su amo.  En cambio el que recibió un talento, solamente fue y lo enterró, para que se pueda dedicar a otras cosas de su interés personal.  Este hombre no fue fiel como los dos primeros.  Es posible que este siervo malo, negligente, e inútil, fue calificado así porque en vez de servir a su amo, se pudo haber ido a servir a otro amo, aprovechando que el primero estaba ausente.  Eso no se vale, menos cuando uno es siervo o esclavo.  Por eso, el objetivo de Jesús al narrar esta parábola a sus oyentes fue para hacerles conscientes de que para servir a Dios, hay que servirle verdaderamente a Él con fidelidad, no a otro, ni a Él y a otro al mismo tiempo, y ni a uno mismo.

   En las Sagradas Escrituras siempre que alguien o un grupo de personas demuestran indecisión entre servir a Dios o a otros intereses, hay una invitación a decidir por Dios.  Josué, el segundo guía de los israelitas, al ver que el pueblo que guiaba estaba siendo infiel en servir a Dios, sirviendo al mismo tiempo a otros dioses ajenos, les tuvo qué decir: “Escogeos hoy a quien sirváis” (Josué 24:15).  Dios espera fidelidad en ser servido; no se agrada de personas que quieren servirle un rato a él y otro rato a otro dios, objetivo, o interés.  Jesús, en su tiempo enseñó que: Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24).

   Amados hermanos, si alguien se considera siervo de Dios o de Jesucristo, se requiere que su servicio sea totalmente fiel a Dios.  San Pablo en su testimonio a Timoteo, le dice que se siente agradecido con Jesucristo porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio” (1 Timoteo 1:12).  Dios llama a una persona que ha sido perversa, entregada a servir al pecado, para que sea fiel en el ministerio de servir a Cristo.

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  CONCLUSIÓN: Mis amados hermanos, la realidad es que cada uno de nosotros, no solamente quien les sirve como pastor, somos siervos como del antiguo imperio romano, pero que sometemos nuestra voluntad no a hombre alguno sino a Jesucristo nuestro Salvador y Señor.  Por tal motivo tenemos que procurar que nuestro servicio no sea escaso, ni improductivo, sino rendidor lo máximo posible, y si es posible que rebase el cien por ciento de rendimiento.  De la misma manera tenemos que procurar que nuestro servicio no sea mediocre, no mal hecho, sino procurando que sea excelente, pues Dios no se agrada de lo que se hace sin excelencia, pero al contrario recompensa a los buenos siervos.  Y finalmente, tenemos que procurar ser fieles al Dios que por su gracia nos ha salvado de la condenación eterna.  No debemos cambiarlo por nada del mundo, del infierno, ni del cielo mismo.  Tenemos que serle fieles a Él.  Vale la pena serle fiel.

   Leí una historia de finales del siglo XXI, que decía que después de la guerra de Crimea, se celebró un importante acto en Londres en honor de los héroes heridos en la batalla.  La reina de aquel entonces, la reina Victoria se encontraba presente para entregar las medallas.  Algunos soldados aparecían con las mangas vacías, otros con muletas y otros con las frentes vendadas.  Cada uno recibió la misma sonrisa dulce y la misma alta recompensa.  Al final, un soldado terriblemente lisiado le fue presentado a la reina.  Le faltaban los brazos y las piernas.  Había sacrificado más que los demás.  La reina, con lágrimas en los ojos, se adelantó y colocó la medalla en el uniforme.  Luego, inclinándose, le besó en la frente y le dijo con gran emoción: “Bien hecho, buen siervo y fiel”.    Amados hermanos, si los amos terrenales como el de la parábola de Jesús, y si las autoridades de este mundo como la reina Victoria, recompensan a sus siervos por su desempeño, servicio, y fidelidad, ¡cuánto más no lo hará Dios por aquellos que se sometan a servirle a Él como siervos!

   Seamos siervos que rinden resultados a Dios al 100%.  Procuremos ser siervos altamente efectivos. Y seamos fieles al Dios que nos ha salvado de la condenación eterna, a quien hemos aceptado como nuestro Señor.

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[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Talento_(moneda)