Jun 16

RETRATOS DE UN PADRE CRISTIANO, Por: Diego Teh.

RETRATOS DE UN PADRE CRISTIANO

Juan 4:46-53.

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Sermón elaborado por el Pbro. Diego Teh, para predicar el sábado 16 o domingo 17 de junio 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida,  por motivo del día del Padre.

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   INTRODUCCIÓN: Hace más de 109 años no se celebraba el Día del Padre. Nuestros abuelos y bisabuelos de aquellos años no recibieron los apapachos que el día de hoy damos a nuestros padres y recibimos o recibiremos de nuestros hijos. Aunque el día de las madres no es tan antigua que digamos.  Su origen contemporáneo data del 1865 (hace 153 años).  En los años 1873 a 1883, solo diez años se implementó en Boston Massachusets, en los EEUU, pero pronto decayó el interés.  Fue hasta 1907 cuando una joven Ana Jarvis (fundadora del Día de la Madre), para celebrar el segundo año del fallecimiento de su madre, que hizo un evento masivo que llamó el Día de la Madre, y pronto se fue propagando la celebración en todo EEUU, adoptando más interés por las madres con vida.  En México se comenzó a celebrar en 1911, pero de manera más oficial en 1922 por influencia de un movimiento feminista que se dio en aquellos tiempos, nada menos que aquí en Yucatán[1].  Entonces, el Día del Padre surge a solo dos años de haber surgido el Día de la Madre.  “El día para celebrar a los padres fue propuesto por primera vez en 1909 por Sonora Dodd de Spokane, Washington, EEUU. La idea vino a la señora Dodd en el Día de la Madre. Ella estaba en la iglesia escuchando un sermón acerca de los sacrificios que hacen las madres por sus hijos, cuando se dio cuenta de que había sido su padre viudo quien había hecho el tipo de sacrificios que el pastor estaba describiendo. Un veterano de la Guerra Civil, William Smart, crió a sus seis hijos por sí solo en una granja después de que su esposa murió dando a luz a su sexto hijo. El alcalde de Spokane escogió el 19 de junio de 1910, para la celebración, ya que en el mes de junio fue el nacimiento de William Smart. Los periódicos de todo el país cubrieron el evento, y el interés creció, pero no fue sino hasta 1924 que el Presidente de EEUU Calvin Coolidge recomendó que los Estados, si lo deseaban, observaran un Día del Padre, en parte, “para impresionar a los padres a la plenitud de sus obligaciones”. En 1966, el Presidente de EEUU Lyndon Johnson estableció el tercer domingo de junio como día nacional para celebrar a los padres. Y en 1972, sesenta y dos años después de que Sonora Dodd lo propuso, el Presidente de EEUU Richard Nixon firmó la ley haciendo permanente el Día del Padre. Casi todos los países también han adoptado un día especial para celebrar el Día del Padre”[2].

   Hoy también los cristianos celebramos el Día del Padre. Algunos tuvimos o todavía tenemos el privilegio de tener padres cristianos, otros ni lo tuvimos, ni lo tenemos, aunque si todavía vive ojalá haya posibilidad de que llegue a ser cristiano.  Aunque sobre todas las cosas lo que a estas alturas más y también importaría es que si usted que está aquí, sea el padre cristiano que debería ser. En nuestra lectura bíblica de hoy, aunque San Juan no dice el nombre del hombre de quien hemos leído, quien además de ser un oficial del rey (v. 46), también es un padre (v. 53) con un hijo que estaba enfermo de una fiebre que estaría a punto de quitarle la vida (vv. 46,47).

   Como observamos que este padre acudió a Cristo con fe de que él sanaría a su hijo, aunque para ese entonces no se conocía la palabra cristiano, puedo estar seguro de que manifestó la fe que es propia de un cristiano.  Por eso, quiero enfatizar hoy lo que puede hacer un padre cristiano por sus hijos. Y específicamente voy a predicarles que un padre cristiano debe estar dispuesto a hacer con fe en Jesús todo lo necesario para el bien de sus hijos. / ¿Qué cosas necesarias con fe en Jesús debe estar dispuesto a hacer un padre cristiano para el bien de sus hijos? Nuestra historia bíblica nos presenta algunas de las cosas que un padre cristiano debe estar dispuesto a hacer.

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   Lo primero que un padre cristiano debe estar dispuesto a hacer por el bien de sus hijos, es:

I.- LLEVAR A JESÚS A SUS HIJOS.

    San Juan nos relata primero que este padre cuando supo que Jesús estaba en Caná de Galilea, el salió de su pueblo de Capernaum siempre de Galilea, y fue en busca de Jesús, y cuando le encontró: “le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir” (v. 47b). Esto de que “le rogó que desciende”, es solamente una manera de decir: “Por favor, vamos a mi casa”.  Pero, Jesús, primero le exhortó duramente incluyéndole dentro de la actitud generalizada de la gente que vivía en aquella población de Capernaum.  Le dijo: “Si no viereis señales y prodigios, no creeréis” (Juan 4:48), en otras palabras: “Ustedes nunca van a creer si no ven señales y prodigios” (NVI). Obviamente, Jesús quería que le quede claro a este hombre que primero es creer y luego ver señales y prodigios, no primero poner como condición el ver las señales, y luego si estaba de acuerdo, entonces podía creer.  El hombre como todo un buen padre, preocupado y desesperado por lo menos de la salud y vida de su hijo, dice San Juan que “El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera”. (v. 49).  En la insistencia de este padre de familia, estoy infiriendo que lo que él quería era llevar a Jesús a su casa para el bien de su hijo.

   Cuando Jesús visitó a personas en sus casas, hubo grandes beneficios espirituales, así como físicos en la vida de esta gente alcanzada por la gracia divina.  Por ejemplo, cuando Jesús fue a casa de la suegra de Pedro, ella fue sanada de una fiebre, pero espiritualmente hubo un cambio en su corazón, de tal cambio que ella decidió servir a Jesús.  Cuando visitó a Zaqueo en su casa, él abandonó el trabajo que le había dado riquezas según la ley que injustamente despojaba a la gente cobrándoles altos impuestos para beneficio del imperio, por eso espiritualmente Jesús anunció a los presentes que “Hoy ha venido la salvación a esta casa…”.  Así que valió la pena que Jesús fuera a la casa de ellos, así como de este oficial del rey que quiso llevar a Jesús a su casa para el bien de su hijo enfermo.

   Amados padres de familia, ¿tiene usted el interés de llevar a Jesús a casa para bendecir la vida de sus hijos?  Quizá es más fácil llevar la despensa de la semana, quincena o del mes cuando usted recibe su sueldo, pero, y a Jesús ¿cómo lo lleva a casa?  Lo que usted debería hacer es hablarles de Jesús, orientarles a que centren su vida y decisiones en torno a Jesús.  Quizá más de uno de nosotros no tuvo un padre que hiciera esto con nosotros, que nos trajera a Jesús a nuestra vida, que nos hablara de él.  Doy gracias a Dios que mi padre sí lo hizo, y siempre se sintió satisfecho de haberlo hecho.  Lo que ahora de todas maneras nos corresponde a nosotros, es hablarles a nuestros hijos acerca de Jesús, aunque quizá más de uno de nosotros todavía tenga la necesidad de ser el hijo quien hable de Jesús a su padre.  Pero, recuerden, el primer retrato de un padre cristiano es aquel que se preocupa por llevar a Jesús a sus hijos en casa.

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   Lo segundo que un padre cristiano debe estar dispuesto a hacer por el bien de sus hijos, es:

II.- TENER UN FE PERSEVERANTE.

   San Juan nos relata que este padre de familia “cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él” (v. 47a). Jesús recientemente había comenzado a llevar a cabo su ministerio, todavía eran las primeras semanas, y había predicado tanto en Caná como en Capernaum, pero la gente no creía sino lo único que querían ver primero era señales y prodigios que prueben que él es lo que dice ser.  Probablemente este hombre en algún momento pensó como los demás: Primero ver para creer. Pero, hay indicios de que dentro de la influencia de la presión social de la gente.  Por eso Jesús en algún momento le dijo: “Ustedes nunca van a creer si no ven señales y prodigios” (Juan 4:48; NVI).  Si alguna vez, este padre fue uno de estos, ahora ya nunca más pensaría en ver para creer, sino en creer para ver.  Pues Jesús, solía enseñar como se lo recordó a Marta, una de sus amigas “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” (Juan 11:40).  Primero creer para luego ver.

   Es muy probable que este hombre estaba luchando con su fe.  Su ¿fe en el milagro en sí, o su fe en Jesús?  Pero, lo que es notorio en este hombre, según lo describe San Juan, es que cuando Jesús le dijo: Mira, no voy a ir ahora a Capernaum, pero: “Ve, tu hijo vive” (v. 50a), no dudó, sino que creyó en Jesús. Dice la historia del caso: “Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue” (v. 50b).  Su fe inicial, ahora ha crecido al creer nuevamente la palabra de Jesús de que aquel hijo moribundo ahora estaba plenamente saludable. Al regresar, sin duda que su hijo debió estar muy feliz de que su padre se hubiese interesado por la salud que le hacía falta; pero sin duda que este padre compartió con su hijo y con el resto de su familia, la manera cómo Jesús dijo a distancia, sin un toque, sino solamente con decir que su hijo vivía.  Sin duda que este padre compartió a los suyos cómo él se retiró de la presencia de Jesús lleno de fe en lo que Jesús había dicho con respecto al hijo de este hombre.

   Amados hermanos, esto es lo que nuestros hijos deberían ver en nosotros, que nuestra fe en Dios y en su Hijo Jesucristo es creciente y perseverante.  Quizá tampoco tuvimos un padre así, pero lo que ahora importa es que nosotros deberíamos ser ejemplo de fe real, creciente, y perseverante en Dios.  Aunque la fe no se transmite en automático, sino que junto con la enseñanza de la palabra de Dios puede producirse también en el corazón de nuestros hijos, tal como ocurrió según San Pablo en la vida de Timoteo, que en este caso por la fe ejemplar de su madre y de su abuela, él desarrolló una fe no fingida (cf. 2 Timoteo 1:5).  Por eso, tomen en cuenta que un segundo retrato de un padre cristiano, que un hijo querrá recodar, es la fe creciente y perseverante de su padre.

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   Lo tercero que un padre cristiano debe estar dispuesto a hacer por el bien de sus hijos, es:

III.- ESFORZARSE EN HACER TODO LO POSIBLE.

   Me refiero a esos detalles cuando hay que hacer o dejar de hacer algo, con tal de conseguir algo más valioso.  Dentro de la narración de lo que ocurrió después de que este padre de familia viajó o caminó de Caná a Capernaum, leemos que: “Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. / Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. / El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive” (Juan 4:51:53).  Al parecer, este padre llegó de vuelta a su casa, hasta el día siguiente, porque cuando él llega le dicen que “Ayer a las siete le dejó la fiebre”.  Este hombre dejó su trabajo por lo menos dos días, un día para ir a Caná, y otro día para regresar a Capernaum.  También tuvo que caminar una distancia que si no hubiese algún motivo que valga la pena, no hubiese tenido que caminarlo.  No dijo: Ah, está muy lejos ir hasta Caná. Si Jesús viene aquí a Capernaum voy a hablar con él. ¿Quién lo haría por el hijo enfermo? Quizá alguien de buen corazón pudiese ofrecerse a hacerlo, pero es mucho más valioso cuando quien lo hace no es un extraño sino el propio padre de familia.

   En la vida hay muchas cosas posibles que podemos hacer por nuestros hijos, pero como requieren un poco de esfuerzo más de lo que estamos acostumbrados, finalmente por irresponsabilidad, por negligencia, pereza, etc… no hacemos un poco más para beneficio de nuestros hijos.  Este padre de familia, simplemente hizo cosas que son posibles con un poco más de esfuerzo que lo acostumbrado, para ir en busca de Jesús para el bien de su hijo.  Pero, lo que quiero que observen es que un buen padre con tal de conseguir o procurar el bienestar de sus hijos, es capaz de no medir ni el tiempo ni la distancia en la que tenga que salir para conseguir la solución de los problemas que llegan a la vida de sus hijos.  Este padre, tuvo que caminar quizá cerca de 24 horas, y quizá hasta a altas horas de la noche o antes del amanecer, pero tenía que hacerlo.  Si no lo hubiese hecho, lo más probable es que su hijo se hubiese muerto, pero un buen padre es capaz de esforzarse por hacer lo que es posible como caminar todo un día, como dejar de trabajar un día si eso beneficia a los hijos.  Cuando los hijos observan estas cosas, sin duda que sabrán que tuvieron un padre que los sacó adelante con mucho esfuerzo, y quizá hasta con mucho sacrificio.

   Amados hermanos padres de familia, quizá no todos tuvimos un padre que siempre se haya esforzado en hacer todo aquello que era posible.  Quizá por eso usted tuvo muchas limitaciones como el no haber podido ir a la escuela, el no tener una profesión, el no haber tenido una casa propia, etc… sin embargo, lo que ahora importa es que usted está en pie, firme en la vida.  Lo que ahora importa es que ahora usted tiene hijos que esperan que su padre haga el esfuerzo de hacer las cosas posibles para que ellos puedan salir adelante.  Cuánto mejor si usted acude primero a Jesús, y luego les habla de Jesús. Otro retrato que los hijos querrán recordar de su padre, es todo el esfuerzo que hizo para que ellos salgan adelante en todos los aspectos de la vida.

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   Lo cuarto que un padre cristiano debe estar dispuesto a hacer por el bien de sus hijos, es:

IV.- QUE ELLOS TAMBIÉN SE HAGAN CREYENTES.

   Es muy agradable como termina la historia que comenzó con la enfermedad grave de un hijo, y que siguió con la responsabilidad de un buen padre.  La historia relatada por San Juan, concluye diciendo: “y creyó él con toda su casa” (v. 53b).  Una vez más observamos que este hombre fue bendecido con una fe que iba creciendo experiencia tras experiencia, pero lo más relevante es que finalmente creyeron en Jesús “toda su casa”, sin duda que incluyendo a aquel hijo enfermo que seguramente nunca había pasado en su cabeza la idea de creer en Jesús.  Así podemos ver que todo esfuerzo que se haga a favor del beneficio de un hijo, el resultado podría ser sorprendente, porque podría beneficiar la expresión de la fe de los hijos en Jesús.

   En el caso de este hijo gravemente enfermo, que en ningún momento había pasado en su cabeza el hacerse creyente de Jesús, pero que en consecuencia del favor hecho por su padre de haber ido en busca de Jesús rogando salud para él, concluyó en el grato resultado de hacerse creyente en Jesús, relevantemente junto con su madre, y quizá otros miembros de su familia se hicieron creyentes en Jesús.  Cualquier otro esfuerzo de conseguirles cosas materiales, podría no ser malo, pero sería insuficiente si no nos esforzamos en hacer todo lo posible para que los hijos crean en la obra redentora de Jesús.

   Amados hermanos, no habría mejor recuerdo que un padre cristiano podría dejar a sus hijos que el retrato mental de un padre que hizo todo lo posible porque sus hijos creyeran en Jesús.  Algunos de nosotros, no tuvimos un padre así, pero lo que ahora importa es que nosotros debemos serlo para con nuestros hijos. Si nuestros hijos no creen en Jesús, estamos lejos de cumplir nuestra más grande responsabilidad como padres cristianos.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos padres o hijos: Un padre es alguien digno de recordar, valorar, y honrar.  No importa cómo haya sido el de usted, pero a pesar de ello, Dios nos dice a todos: “Honra a tu padre” (Exodo 20:12; Efesios 6:2).  Desde luego que no hay que esperar el día establecido por un decreto nacional. Y si no hubiese un día del padre, ¿cómo honraría usted a su padre?  Un padre debe ser honrado por todos sus hijos, pero un padre mucho más si es cristiano, aunque no sea honrado, de por sí, debe hacer todo bien a favor de sus hijos y de su familia.

   Hoy, damos gracias a Dios por que en esta iglesia se abre un espacio para enseñar la importancia de honrar a nuestros padres, y para recordarnos a los padres que debemos centrar en Jesús toda nuestra vida, la de nuestra familia, y la de nuestros hijos.

   Feliz Día del Padre a todos los que están en este bendito privilegio de representar los intereses de Dios en la familia.

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[1] https://es.wikipedia.org/wiki/D%C3%ADa_de_la_Madre

[2] https://comuniondegracia.org/la-historia-del-dia-del-padre/

May 26

CADA HIJO ES DISTINTO, Por: Diego Teh.

CADA HIJO ES DISTINTO

Lucas 15:11-32.

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Consejo y reflexión presentado por el Pbro. Diego Teh, el sábado 26 de mayo 2018, a las 20:00 horas, por motivo de Acción de Gracias por avances en el tratamiento de la enfermedad de un niño.

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   Quienes hemos tenido el privilegio de criar a más de un hijo, a dos o tres o más, muy pronto desde sus tempranas edades descubrimos que cada uno de ellos es diferente al hijo o a los hijos anteriores en muchos aspectos.  En la educación formativa que les damos, siempre tenemos que hacerlo a la medida de las necesidades de cada uno, por ejemplo, si hay necesidad de regañar al mayor, le regañamos, pero esto no significa que el menor también tenga que ser regañado.  Ser padre y/o madre nunca es fácil.  Ni siquiera hay escuelas dónde aprender a ser padres, y si las hubiera, difícilmente tendrían la información precisa que necesitaremos en cada situación y circunstancia; pero gracias a Dios quien a los padres y madres siempre nos asiste con su sabiduría, y hacemos con esfuerzo y diligencia todo lo que es necesario para educar a cada uno de nuestros hijos.

   Hoy hemos leído en el santo evangelio, una parábola de Jesús con respecto de un padre con dos hijos.  El hijo menor, más conocido como El Hijo Pródigo, con falta de respeto exigió a su padre su herencia, aunque su padre no tenía señales de estar cercana su muerte.  Su padre siendo justo, le dio su herencia, pero también le dio a su hijo mayor lo que también a él le correspondería como herencia.  Según las leyes y costumbres de la época, en casos donde había dos hijos, el menor debería recibir una tercera parte de los bienes del padre, y el mayor debería recibir las dos terceras partes restantes, o sea el doble que lo que recibe el menor.  Luego, sucede que en poco tiempo el menor malgastó todo lo que le habían dado y regresó arrepentido a su padre quien sin reproche alguno le dio por lo menos las cosas básicas que él necesitaba en aquel momento: ropa nueva y limpia, zapatos nuevos, y hasta un anillo especial que lo identificaba como una persona de autoridad, y le hizo una fiesta especial ordenando que por él se matara al becerro gordo para que haya carne en abundancia para todos los invitados.   El hijo mayor al regreso de su día de trabajo, al enterarse de lo que estaba ocurriendo, armó su show de enojo contra su padre, no queriendo entrar a la fiesta, y haciéndose víctima diciéndole a su padre que a él no le daba ni siquiera un corderito para hacer fiesta con sus amigos, lo cual según el contexto de la historia era mentira de este hijo mayor, pues en realidad había recibido el doble que su hermano menor.  La historia nos presenta cómo el padre con todo amor y sabiduría le habló para disipar su enojo y confusiones, haciéndole todas las aclaraciones necesarias (cf. Lucas 15:11-32).  Cada hijo es distinto, y cada uno debe ser tratado de manera particular.

   Esta semana, leí la historia bíblica de otro padre, nada menos que del famoso rey David.  La historia está protagonizada por dos de sus muchos hijos, uno llamado Adonías[1], y el otro Salomón.  David ya era de edad avanzada, por lo que Adonías quiso hacerse rey ilegítimamente para reemplazar a su padre.  Entonces, Adonías hizo una fiesta, invitó a algunos amigos a su vez amigos prominentes del rey, descartando a otros más honestos, y los convenció a que lo declararan rey.  Mientras tanto Salomón quien sería el heredero legítimo[2], no se preocupaba de nada.  Betsabé, madre de Salomón, al enterarse de lo que estaba ocurriendo, y orientado por el profeta Natán, habló con el rey David a quien le explicó qué estaba sucediendo, y el rey y padre de estos muchachos, actuó de manera especial y personalizada según cada uno lo necesitaba.  David ordenó legítimamente que a su hijo Salomón lo constituyeran rey por sus oficiales, desconociendo a Adonías.  Cuando Adonías se enteró de la decisión de su padre, le dio miedo, y se fue primero al templo a escudarse agarrándose en los cuernos del altar, pidiendo que le avisen a Salomón que le perdonen y que por favor no le maten, porque eso merecía su atrevimiento.  Cuando Adonías se presenta ante ahora el rey Salomón, Salomón probablemente molesto, pero misericordiosamente le dice: Vete a tu casa (cf. 1 Reyes 1).  Estas decisiones, mucho tienen que ver con el amor y la educación personalizada de un padre, e incluso de una madre como Betsabé.

   Hoy, hermana Elda y familia, Pablito es una bendición de Dios que requiere de una atención especial y responsable.  Se hace difícil cuando no se sabe cómo comprender su condición, pero cuando uno descubre que Dios ya ha puesto en usted, los valores y virtudes necesarias para ayudarle, entonces la tarea se hace menos difícil.  Damos gracias a Dios que, en medio de esta situación, usted hermana Elda, ha puesto su amor, tiempo necesario, recursos económicos, y dedicación personal para que su Pablito supere su condición.  Lo esencial que él necesita es respeto, comprensión, y una familia que le haga sentirse feliz.  Nos unimos a su felicidad, y damos gracias a Dios por la buena noticia que se tiene de que las terapias que Pablito ha recibido, están siendo favorables y eficaces para él.  Rogamos a Dios que cada día siga mejorando.  Que las terapias profesionales, que el cariño de la familia, y el efecto especialísimo y principal de la gracia divina le auxilien siempre.

   Ahora, lo importante es que usted, con el apoyo de toda su familia, y con el apoyo de la gente de Cristo, Pablito no se pierda la oportunidad de escuchar una y otra vez el evangelio de Jesucristo que hace verdaderamente feliz desde el fondo del corazón a todo ser humano.  Pablito, debe saber acerca de la gracia y la experiencia de la salvación eterna, que es lo que más vale la pena en la vida.  Recordemos las palabras del apóstol Pedro, de que fuera del nombre de Jesucristo, no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres en el que se puede ser salvo (cf. Hechos 4:12).  Pablito tiene que escuchar de Cristo constantemente.  Hermana Elda, usted es la primera persona responsable de hablarle a Pablito de nuestro Señor y Salvador.

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[1] Adonías, era el cuarto hijo de David, que Haguit le dio a luz en Hebrón (2 Samuel 3:4,5).

[2] Salomón no era el primer hijo de David, pero David por derecho eligió a él como su sucesor.

May 20

ACTÚA BIEN CUANDO TUS HIJOS QUIERAN GOBERNARTE, Por: Diego Teh.

ACTÚA BIEN CUANDO TUS HIJOS QUIERAN GOBERNARTE

Deuteronomio 3:23-27.

Lucas 15:11-32.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 20 de mayo 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 05 de la serie: SÚPER OCUPADOS.

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   INTRODUCCIÓN: Alejandra Stamateas, una escritora cristiana, con la intención de ayudar especialmente a mamás para que eduquen hijos que sean felices, ha escrito un libro titulado: “Mis hijos me vuelven loca”. ¿Alguna vez usted como madre, o usted como padre se ha sentido así?  No es mi intención recomendar el libro de Stamateas, sino solamente recordar esta frase popular que muchas madres en algún momento de su vida han expresado: “Mis hijos me vuelven loca”, sin descartar que también hay papás que también han sentido que sus hijos los está volviendo locos, y no saben qué hacer ante las reacciones inesperadas, e inapropiadas de sus hijos.    Una madre en busca de consejo comentó lo siguiente: Tengo una confesión que quiero hacerles: Mis dos hijos me están volviendo loca. A veces me parece que voy a explotar. Me vienen unas ganas de gritar muy fuerte o salir corriendo por las calles gritando: “¡No puedo más!”. Hasta me parece que mis vecinos piensan que estoy loca… y si eso piensan no creo que estén tan errados”[1].  Y eso conlleva a la pregunta: ¿Será que estoy siendo un mal padre o una mala madre en la educación de mis hijos?  Es que ya no puedo con ellos.  Una de las situaciones que se da en la vida familiar, y que trae dolor de cabeza a veces momentáneamente, pero a veces permanentemente, es que hay hijos que tienden a ser o se vuelven controladores de sus padres, y ocurre hasta en las mejores familias como las de los cristianos.  Hay muchas maneras cómo los hijos controlan a papá y mamá, y lo hacen tan sutilmente que muchos padres no se percatan sino demasiado tarde que los tenían bajo control.   Cuando se da esta situación, muchos padres y madres no saben qué hacer.  Kevin Deyoung, cristiano, autor del libro Súper Ocupados, llama a esta situación: Una cruel kindergarquía, es decir, los hijos fuera de orden gobiernan a sus padres quienes sufren por ello, sin saber que hacer al respecto.

   Una columnista argentina, escribió en La Nación, un diario argentino, que “el mal que afecta a las mujeres profesionales americanas ya bien entrado el siglo XXI no es el sexismo, sino algo que los grupos feministas que lo denuncian como algo igualmente peligroso, le llaman el “niñismo” (childism) o la “kindergarquía” (kindergarchy)”[2]. Esto no pasa solo en ciudades de Estados Unidos de América, ni solamente en Argentina, sino en quizá toda familia que exista sobre la faz de la tierra, y que afecta no solamente a madres sino también a padres, que aun antes de que sus hijos nazcan estos ya les están controlando, cuando estos todavía son bebés ya tienen el control de los padres, cuando son preescolares o escolares primarios ya tienen más control sobre sus padres quienes pasiva o conscientemente se dejan controlar, y qué decir de los adolescentes y jóvenes que con sutileza, artimañas, y hasta amenazas tienen a sus padres bajo moderado o absoluto control. ¿Qué hacer si usted se encuentra en esta situación familiar?

   Por eso, en este mensaje voy a predicarles que ante la actitud de los hijos que buscan gobernar a sus padres, los padres deben de procurar actuar con las mejores actitudes para el bien de sus hijos. / ¿Cuáles son las mejores actitudes con las que los padres deben procurar actuar ante la actitud de hijos que buscan gobernar a sus padres? / En este mensaje, basado en varios pasajes bíblicos, les voy a compartir algunas de estas actitudes.

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   La primera actitud con la que los padres deben actuar ante los hijos que buscan gobernar a sus padres, es:

I.- ACTUAR CON JUSTICIA CUANDO ALGUNO QUIERE TOMAR VENTAJA SOBRE SUS HERMANOS.

   En este punto les hablaré de un padre que Jesús presentó en sus parábolas como el padre de dos hijos que toda la vida quisieron controlarle. El caso de este padre va así: “Un hombre tenía dos hijos; / y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes” (Lucas 15:11,12).  ¿Dónde está el control de los hijos? Según la costumbre judía había dos formas de recibir una herencia; la primera era a través de un testamento después de la muerte del padre; y la segunda era por donación en vida, aunque en esta modalidad no se podían hacer uso de los bienes hasta que el padre muriera. Hacer uso de la herencia con el padre en vida era una gran afrenta al padre, pues lo tomaba por muerto o poco importante. Así pues, este hijo cometió una gran falta de respeto hacía su padre; pero lo curioso es que el padre accedió a su petición y pareció no darle importancia “…y les repartió sus bienes” (v. 12). Este joven hijo también abandonó a su padre, violando todas las reglas culturales y religiosas de su tiempo. Tampoco le importó despilfarrar lo que a su padre debió costarle mucho trabajo y sufrimiento (v. 13)[3].  Pero, no solo el menor hizo su exigencia pensando solamente en él mismo, sino que, de alguna manera, y todavía más sutil, el hermano mayor también estaba interesado antes de tiempo de obtener para él.  El menor estaba abogando que le tuvieran preferencia a él.

   Por el objetivo original de Jesús no se relatan todas las reacciones del hijo mayor, sin embargo, son obvias. Cuando su hermano menor pide su herencia, el padre de ellos no le dio solamente al menor, sino que claramente el texto dice en plural incluyendo al mayor, que “les repartió sus bienes”.  El hijo mayor, no consideró que por su parte él también estaría menospreciando a su padre en vida.  Si no lo dijo, seguramente que pensó: Si mi padre le da sus bienes a mi hermano menor, entonces que también me de lo que a mí me corresponde.  La descripción de Jesús, de que aquel padre “les repartió sus bienes”, a ambos, quizá es porque el mayor también pidió que le dieran su parte.  No se menciona así en la parábola porque su objetivo es resaltar la manera perdida como vivió el hijo menor, lo cual posteriormente causó compasión a su padre.  En caso de que el hijo mayor no haya también exigido su parte, ni pensado egoístamente que él también merecía que le dieran su parte, entonces, lo que vemos es a un padre justo que, si le va a dar a uno, también le dará al otro.  Sin embargo, en una sana reacción el mayor debió decirle a su padre que ese no era el momento de recibir lo que su padre le ofrecía, y no debió por ningún motivo aceptarlo, pues era una actitud de deshonor hacia un padre el tomar de él los bienes estando en vida, aunque no hay duda que lo dio con amor, aunque motivado por la exigencia del menor quien de manera más evidente quería controlar a su padre.  Pero, lo que quiero que observen es que el padre de ellos actuó con justicia, a la vez que con misericordia.

   Amados hermanos, ser padres justos, es una buena decisión cuando los hijos quieren gobernar a sus padres para ser favorecidos en lo personal, no tomando en cuenta que en la familia hay otros hermanos quienes también deben ser tratados con la misma justicia.  La parábola en sí es una representación del amor de Dios tan justo y misericordioso a la vez, que ilustra que así como hay personas que perdidamente van tras lo que es malo, igualmente no hay ser humano bueno aunque así lo parezca (como lo parecía el hermano mayor), pero Dios en la vida cotidiana “hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:35). Así debe actuar con bien y con justicia un padre para con sus hijos, tanto con el más rebelde como con el que parece más noble, pues en el corazón de cada quien está la misma naturaleza de un corazón donde el pecado siempre está a punto de dar una sorpresa desagradable.

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   La segunda actitud con la que los padres deben actuar ante los hijos que buscan gobernar a sus padres, es:

II.- ACTUAR CON FIRMEZA EN LAS DECISIONES A PESAR DE LA INSISTENCIA DE LOS HIJOS.

   Hay una historia bíblica en la que Moisés aquel libertador de los israelitas, un gran caudillo sin duda, que como buen hijo de Dios le sirvió durante los últimos 40 años de su vida.  Después de haber desobedecido una instrucción muy especial y precisa de Dios, de hablarle a una roca en el desierto para que de ella brotara agua para que los israelitas en su viaje se abastecieran de agua, Moisés en vez de hablar a la roca, lo que hizo fue golpear la roca dos veces (cf. Números 20:8-12). El resultado esperado de tener agua surgió inmediatamente, pero el resultado de obediencia no ocurrió, sino todo lo contrario.  Por ello, Dios le dijo a Moisés que no le permitiría entrar en la tierra prometida, que otro sería el que los metería en Canaán. Y así sucedió porque Dios fue firme en hacer que así ocurra, una vez que hubo dicho que tal cosa así ha de ser.  Pero leamos el testimonio del mismo Moisés que cuenta cómo Dios fue firme y no vacilante en su decisión.  Moisés, no quiso chantajear a Dios, pero hizo su lucha para ver si le daban chance de conocer presencialmente aquella tierra tan anhelada por todos los israelitas.  Moisés cuenta su experiencia así: “Y oré a Jehová en aquel tiempo, diciendo: / Señor Jehová, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza, y tu mano poderosa; porque ¿qué dios hay en el cielo ni en la tierra que haga obras y proezas como las tuyas? / Pase yo, te ruego, y vea aquella tierra buena que está más allá del Jordán, aquel buen monte, y el Líbano. / Pero Jehová se había enojado contra mí a causa de vosotros, por lo cual no me escuchó; y me dijo Jehová: Basta, no me hables más de este asunto. / Sube a la cumbre del Pisga y alza tus ojos al oeste, y al norte, y al sur, y al este, y mira con tus propios ojos; porque no pasarás el Jordán” (Deuteronomio 3:23-27).  Cuando Dios dijo que no, es que no, y no hay un posible sí.  Dios le tuvo que decir a Moisés: “Basta, no me hables más de este asunto”. Así funciona con Dios un no, aunque también cuando dice que sí, es que es un sí, ya sea total o condicional.

   En la experiencia de otro hijo de Dios, el apóstol Pablo, quien estando enfermo le insistió a Dios que le sanara, aunque esto es una gran necesidad humana, Dios le habló con firmeza diciéndole que no.  El mismo Pablo nos lo relata así: “tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. / Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12:8,9).  Y Pablo, no murió por causa de esa enfermedad, pero murió sin haber sido sanado de esa enfermedad, pero con esa enfermedad aprendió a ser humilde y aceptar durante todo el resto de su vida que la gracia de Dios sea la que le haga fuerte en todo.  Cuando Dios dice no, con firmeza seguirá siendo un no, pero nadie se va a morir por ese no, al contrario, resultará en algo mejor.  Lo mismo ocurre cuando un padre con sabia firmeza dice un no y lo cumple, su hijo no perecerá por ello, sino que más adelante se verán los mejores resultados de un hijo feliz y satisfecho.

   Amados hermanos, la firmeza paternal en la educación y en el trato de los hijos es necesaria cuando un hijo quiere salirse con la suya, cuando quiere que sus padres cumplan sus caprichos.  Los padres tienen que actuar con firmeza, y el hijo aprenderá que él no tiene el control, si no lo aprende, de todas maneras, sabrá que su padre decidió lo que es correcto, aunque él no haya estado de acuerdo con su padre.  La firmeza combate el control que los hijos con sutileza y silenciosamente muchas veces planean aplicarles a sus padres.

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   La tercera actitud con la que los padres deben actuar ante los hijos que buscan gobernar a sus padres, es:

III.- ACTUAR CON AMOR RESTAURADOR A PESAR DE SUS EQUIVOCACIONES.

   En el caso del hijo pródigo, el hermano menor, es más fácil observar cómo el padre le trató con profundo amor a pesar de haberle fallado como hijo. El hijo menor, en su vivir perdidamente por mucho tiempo, recapacitó y regresó arrepentido a casa, por lo que su padre un día a lo lejos vio a una persona que venía seguramente todo mal vestido, greñudo, sucio, maloliente, etc… pero el padre conoce a su hijo y con toda seguridad, cuenta Jesús que “lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó” (Lucas 15:20).  A pesar de la conducta impropia de su hijo no le había descalificado como algún padre alguna vez ha hecho por algún hijo que le falló en algo.  Suficiente ha aprendido el hijo con los golpes que su vivir perdidamente le había dado, y ahora regresa arrepentido.  El padre no tiene ahora nada que reprocharle, sino lo único que ahora tiene qué hacer por él es amarle con un amor no consentidor sino restaurador.  De hecho, el haberle dado una parte de sus bienes no fue por consentirle, porque como padre tampoco estaba de acuerdo con su proceder, sino que con todo amor quería que su hijo aprendiera buenos valores por su propia experiencia lo que no había querido aprender por la educación y los consejos.  Ahora, que regresa todo derrotado por la vida sin Dios, como buen padre le expresa su amor restaurador. Su hijo a aprendido que el querer tener el control de su padre para que él le cumpla sus caprichos, no fue nada sabio.   El amor restaurador del padre hace que les ordene a los trabajadores de su hacienda: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. / Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; / porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado” (Lucas 15:22-24a,b).

   Ahora, observen como el hijo mayor aparentemente bueno, llega y hace su berrinche, y ahora él es quien quiere chantajear y controlar a su padre.  La fiesta por el hijo menor que era dado por muerto, pero que ahora estaba de nuevo en casa, estaba en pleno fervor y alegría, cuando de repente el hijo mayor que vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; / y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. / Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. / Entonces se enojó, y no quería entrar” (Lucas 15:25b-28a).  Si no era pródigo, pero era enojón y controlador.  Su papá se da cuenta, y Jesús cuenta que: “Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. / Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. / Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo” (Lucas 15:28b-30).  En realidad, este hermano mayor salió peor que el menor. La costumbre entre los hebreos, en casos de padres con dos hijos que reparten sus bienes en herencia a sus hijos, al menor le corresponde solamente una tercera parte de todo, o sea el 33%, y al mayor las otras dos terceras partes restantes, o sea el 66%.  Así que cuando su padre les repartió sus bienes, a este hijo mayor debió haberle tocado la mayor parte.  Su padre había sido justo en este sentido, pero ahora él no lo veía así. Le dice a su padre: “Nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos” (v. 29b).

   Ahora, también este hijo mayor necesita ser tratado con amor al mismo tiempo que ser restaurado en sus pensamientos.  Observen nada más el amor y la sabiduría con la que su padre le habla para tratar con su injustificado enojo.  Le dice: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. / Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, …” (Lucas 15:31,32a).  El haber estado con su padre no era poca cosa sino un gran privilegio que el menor había perdido por su propia decisión equivocada, por eso como padre le dice a su hijo mayor: “Hijo, tú siempre estás conmigo”.  El mayor debía estar satisfecho por estar con su padre, un privilegio bastante importante.  Y todavía, a pesar de que tiempo atrás su padre también le había dado a él una buena parte de sus bienes, su padre con mucho amor le dice y le recuerda en esta ocasión: “Hijo […] todas mis cosas son tuyas”. Ahora, bien si no había usado de este privilegio, quizá fue porque había en él cierto respeto por su padre, pero ahora tira en la basura todo su anterior respeto, y reclama lo que realmente no estaba ni en su tiempo ni derecho de recibir, aunque previamente ya había recibido una gran parte. Se ve que solamente quería controlar a su padre aprovechando su expresión amorosa, para sacarle más beneficio a su padre.

   Amados hermanos, qué difícil puede llegar a ser el guiar bien a más de un hijo, y en ocasiones hasta cuando solamente es un hijo nada más, y cuando el carácter que desarrollan es querer tenernos a los padres bajo control de ellos.  Hay que amarlos igual; hay que ser justos, misericordiosos y con gracia con todos a la vez; hay que ser restauradores las veces que sus actitudes no sean las apropiadas.  Son los hijos que Dios nos ha dado, que en sus errores, pecados, desaciertos, equivocaciones, etc… nosotros los padres somos los responsables de educarlos con la enseñanza de Dios y con un amor restaurador.

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   CONCLUSIÓN: Hermanos, a pesar del tenor no literal sino parabólico del caso del padre de estos dos hijos: el pródigo y el enojón, Jesús, implícitamente nos enseña cómo tratar a los hijos sobre todo cuando ellos se quieren imponer como si ellos fueran nuestra autoridad, y no nosotros la autoridad de ellos.  Junto con esta parábola de Jesús, y los testimonios de Moisés y de Pablo, hemos aprendido cómo actuar bien cuando nuestros hijos quieran que hagamos la voluntad de ellos.  Hay que actuar bien con justicia misericordiosamente al mismo tiempo; hay que actuar bien con firmeza cuando estamos seguros de que hemos decidido lo mejor para ellos; y hay que actuar bien con amor restaurador cuando y a pesar de que tomen decisiones equivocadas.

   Quiero aprovechar añadir que también es bueno orar por el mejoramiento de nuestros hijos en todos los aspectos de sus vidas.  Una mujer que cuenta la experiencia que tuvo con su madre una mujer cristiana, relata que “cuando era niña veía que su mamá, varias veces al día, entraba a su dormitorio y cerraba la puerta por un momento. Cuando mi amiga se hizo grande y se casó y tuvo hijos, cierto día preguntó a su mamá “Mamá, ¿cómo hiciste para criarnos a todos nosotros, atender a papá, hacer todas las cosas y mantenerte siempre tan serena?” La mamá le respondió: “Hija, cada vez que me sentía muy cansada o tenía algún problema, me encerraba unos minutitos en el dormitorio y oraba pidiéndole fuerzas y control a Dios. El Señor siempre me respondía, y me ayudó, y hoy le doy gracias a él porque pude criarlos a todos ustedes de una manera sana.  La hija le dijo: “Ahora entiendo mamá porque te encerrabas en tu cuarto por un momento quizás yo deba hacer lo mismo”[4].

   Dios quiera que todos los padres tengamos la sabiduría necesaria para guiar a nuestros hijos con oración, justicia, firmeza, y amor.  Cualquier indicio de que ellos quieran que hagamos su voluntad, es una alerta de que estamos en peligro de ceder nuestra autoridad de padres, por lo que hay que tomar el lugar de autoridad que nos corresponde aplicar con los hijos.

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[1] Mujeres de Esperanza; Mi hijos me vuelven loca; https://www.proyectoana.org/2006/01/mis-hijos-me-vuelven-loca.html

[2] Libedinsky, Juana; https://www.lanacion.com.ar/1462534-la-nueva-maternidad-que-desafia-al-feminismo

[3] Un padre tonto; http://www.bibliacristiana.com/sermones/Un_padre_tonto.html

[4] https://www.proyectoana.org/2006/01/mis-hijos-me-vuelven-loca.html