Mar 16

BENDICIONES DE DIOS PARA LA FAMILIA QUE LE AMA, Por: Diego Teh.

 BENDICIONES DE DIOS PARA LA FAMILIA QUE LE AMA.

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2 Samuel 6:1-11;  Mateo 19:27-30.

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Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el sábado 16 de marzo 2019, a las 19:00 horas, en el culto de enlace matrimonial de Luis Estrella M, e Isabel Duarte I, en Telchac Pueblo, Yucatán.

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   INTRODUCCIÓN: A finales del siglo XIX y principios del siglo XX (hace 145 años aproximadamente), un sociólogo llamado Richard L. Dugdale, hizo una serie de estudios familiares, en los Estados Unidos.  Sus estudios se llevaron a cabo entre 1874 hasta 1877 año de la publicación de los resultados.  Dos de los resultados más relevantes de su estudio que involucró muchas familias, fueron los de Max Jukes[1], y los de Jonatán Edwards, ambos residentes en la entonces ciudad de Nueva York,  EUA.  Max Jukes, nació en el 1700, y el resultado de la investigación, fue que de sus 1,026 descendientes (en 174 años): 300 murieron prematuros; 100 fueron encarcelados por un promedio de 13 años; 190 se hicieron prostitutas; 100 fueron borrachos; sus gastos al estado sumaron hasta 6 millones de dólares.  La singular causa de su desgraciada vida familiar, se debió a que, a pesar de haber sido enseñado con fundamentos cristianos por sus padres cristianos, Max negó el cristianismo; y su mujer igualmente no cristiana, llevó una vida conocida de mala reputación.  Un reporte adicional de Elisha Harris, una médico y ex presidente de la Asociación Americana de Salud Pública de aquella época, dice que: Margaret, era la “madre de los delincuentes” y describió a sus hijos como “una raza de delincuentes, indigentes y rameras”.

   Jonatán Edwards, nació en 1703 (3 años después de Max Jukes). Tanto él como su esposa, fueron creyentes en Jesucristo. Amaban a Dios.  Él vivió en continuo contacto con las cosas de Dios. Llegó a ser pastor. Se casó con una mujer con los mismos ideales cristianos. A pesar de su apretada agenda escribiendo, enseñando, y pastoreando en su iglesia, tenía el hábito de pasar una hora entera con sus hijos al día. Él también llevó a sus hijos a la Iglesia cada domingo. De sus 729 descendientes: 300 fueron pastores; 65 fueron maestros al nivel universitario; 13 fueron presidentes de universidades; 3 fueron miembros del congreso de los EE. UU; y 1 llegó a ser vicepresidente de los EE. UU; y el estado nunca gastó ni un solo centavo de dólar por ellos.

   La diferencia en ambas familias es que la familia de Max rechazó a Dios y a su Hijo el Salvador Jesucristo; pero la familia de Jonatán, tomó en cuenta a Dios en su vida, y amaron a Dios con todo su corazón, con toda su alma, y con todas sus fuerzas (cf. Deuteronomio 6:5; Mateo 22:37).  Este es el objetivo del mensaje de este momento, no solamente para Luis e Isabel, sino para todos los que nos encontramos aquí presentes: Que nuestras respectivas familias amemos a Dios y por amor le sirvamos sobre todas las cosas.  El resultado será primeramente que nuestras vidas personales serán grandemente bendecidas por Dios, luego para los que ya somos casados también seremos grandemente bendecidos, luego nuestros hijos en su crecimiento, en su salud, en su educación, en su fe, en su profesión, en su servicio, en su carácter.  Vale la pena Luis e Isabel, amar a Dios, pues finalmente se convierte en una tremenda bendición.  Creo que aquí hay suficientes personas que pueden dar fe de la experiencia de cómo han sido y son bendecidos por Dios.

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EL BENEFICIO DE LA PRESENCIA DE DIOS.

   La historia bíblica que leímos, acerca del intento de traslado de un mueble sagrado entre los israelitas, conocido como “el arca de Dios” o “el arca de Jehová” (vv. 2, 3, 4, 6, 7, 9, 10, 11, 12).  No lo confundan con el arca de Noé.  El llamado “arca de Dios” o “de Jehová”, era un mueble de madera cubierto con oro, que se colocaba en el lugar santísimo del Tabernáculo o Templo de los israelitas, por medio del cual Dios quiso manifestar a su pueblo escogido, que estaba presente con ellos.  Pero, una peculiar característica de aquella arca es que nadie debía tocarla, porque caería fulminado de muerte, pues era el mueble de la manifestación de la presencia santa y gloriosa de Dios.  Para que no se tuviese que tocar, incluso cuando tuviese que ser trasladado, el arca fue construido por diseño e instrucción de Dios con dos argollas en cada uno de sus dos lados más largos, en el que se introducirían largas maderas cuyas puntas lejanas de sus límites, y serían cargadas en hombros de hombres previamente santificados para ello.

   Pero, después de varios siglos de uso, el arca, un día fue robado del Tabernáculo por una invasión de extranjeros filisteos.  Quizá al robarlo, aunque no eran hombres de Dios, no se atrevieron a tocar el arca, pues ya sabían cómo funcionaba el manejo ritual del arca, sino se hubiesen muerto instantáneamente sus captores y transportadores. Debieron haberlo llevado a sus ciudades con el cuidado de usar las varas en las argollas para no tocarlo.  Robaron el arca pensando que el Dios vivo y verdadero de los israelitas, los protegería exclusivamente a ellos, y así siempre dominarían a los israelitas.  Sin embargo, ciudad a donde ellos llevaban el arca, al introducirla en sus respectivos templos, obviamente de sus dioses falsos, sus dioses caían deshechos por la presencia del arca, que representaba a Dios mismo.  Dios no podía convivir con los ídolos de los idólatras, ni bendeciría a los captores, pues por la misma presencia del arca comenzaron a tener tumores y mortandad, porque sus corazones y vidas no estaban preparados para convivir con la presencia de Dios (1 Samuel 4-7).  Es más no se debería mirar en su interior, pues el día que los filisteos devolvieron el arca a los israelitas en un poblado llamado Bet-semes, dice la historia bíblica acerca de estos israelitas que Dios hizo morir a los hombres de Bet-semes, porque habían mirado dentro del arca de Jehová; hizo morir del pueblo a cincuenta mil setenta hombres” (1 Samuel 6:19).

   Cuando los israelitas recuperaron el arca, ya no la regresaron al tabernáculo, sino que estuvo durante los primeros 20 años en casa de un tal Aminadab (1 Samuel 7:1-2). No se dice en los relatos bíblicos dónde estuvo por lo menos durante los siguientes 40 años, pero parece ser que fue regresado a casa de Abinadab, mientras Saúl era el primer rey de los israelitas, pues cuando David se propone llevar el arca a Jerusalén, el arca sale de casa de Abinadab (2 Samuel 6:3).  No sé nos dice qué bendiciones debió haber recibido este hombre y su familia al tener el arca de la presencia y santidad de Dios en su propia casa.  Pero, ahora que algo falló en el traslado del arca costándole la vida a una persona que tocó el arca por querer rescatarla de una caída, por el error de llevarlo no según las leyes de Dios al respecto, porque no debía llevarse en carretas arrastradas por bueyes; David, arrepentido de aquella mala decisión decidió no seguir con el traslado.  Los versículos 10 y 11 de nuestra lectura, dice del arca: “y la hizo llevar David a casa de Obed-edom geteo. / Y estuvo el arca de Jehová en casa de Obed-edom geteo tres meses; y bendijo Jehová a Obed-edom y a toda su casa” (2 Samuel 610b,11).  Noten muy bien que por causa del arca en casa de este hombre y su familia “bendijo Jehová a Obed-edom y a toda su casa” (v. 11).  Hay bendición para la persona y para la familia que ama a Dios.

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APLICACIONES:

   Estos versículos de nuestra lectura nos enseñan que la presencia de Dios funciona y bendice no solamente en el templo, sino también en la familia, aunque en realidad más en la vida personal de quienes aman a Dios y su presencia.  Fueron tres meses que el arca estuvo en casa de Obed-edom, y Dios bendijo a ese hombre “y a toda su casa” (v. 11).  El reporte que posteriormente recibió el rey David fue que: “Jehová ha bendecido la casa de Obed-edom y todo lo que tiene, a causa del arca de Dios” (v. 12).  Cuando dice: “a causa del arca de Dios”, es más bien, una manera de decir: “a causa de la presencia de Dios”.  Es esa presencia que hace falta en la vida de muchas personas que no viven con hogares llenos de bendiciones de Dios.  Sus hogares y sus descendientes se vuelven como el de Max Jukes, porque no dejan que la presencia de Dios esté primeramente en sus corazones, para que luego reine en sus hogares, y luego bendiga a sus hijos, nietos, bisnietos, y más descendientes.

   Una aplicación para ustedes, Luis e Isabel, al haber tomado la decisión de unir sus vidas en santo matrimonio, es que la presencia del Dios a quien ustedes dos aman les va a bendecir como matrimonio, mucho más que como les ha bendecido en sus vidas personales. El profeta Malaquías, en una ocasión explicó a un grupo de judíos cómo Dios bendice el matrimonio donde la presencia de Dios es bienvenida.  Les recordó, con respecto a la unidad del matrimonio: “¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios (Malaquías 2:15).  Un matrimonio que cuenta con la presencia de Dios en su vida porque ama a Dios y su presencia, sencillamente será evidente a la vista de todos que es una familia bendecida cuya “descendencia” (o sea, sus hijos principalmente), son y viven “para Dios”.  Esto es hermoso, pero no ocurre con quienes no aman a Dios, o quienes piensan que le aman, pero no buscan su presencia para sus vidas y hogar.  Tres meses en el hogar de Obed-edom, le trajo bendiciones, pero hasta solamente un momento de la presencia de Dios en la vida de una persona, es de gran bendición.  ¿Se imaginan ustedes dos si esa presencia de Dios la aman durante toda la vida?  El resultado va a ser extraordinario.  No se van a arrepentir.  Igualmente, para todos los que estamos en esta ceremonia nupcial.

   En el caso de Obed-edom, dice la biblia que tuvo 8 hijos como resultado de la bendición de haber aceptado y amado la presencia de Dios primero por 3 meses, que luego, aunque el arca ya no estaba en su casa, no dejó de amar al Dios que el mueble simbolizaba y representaba.  La historia bíblica después de mencionar sus nombres: … Semaías el primogénito, Jozabad el segundo, Joa el tercero, el cuarto Sacar, el quinto Natanael, / el sexto Amiel, el séptimo Isacar, el octavo Peultai” (dice con precisión:) “porque Dios había bendecido a Obed-edom” (1 Crónicas 26:4-5).  Los hijos de por sí son una bendición, pero cuando los hijos son obedientes, serviciales, etc… los padres sentimos mucho más la grandeza de las bendiciones de Dios.

   Luego dice de los hijos de Semaías, que: … fueron señores sobre la casa de sus padres; porque eran varones valerosos y esforzados. / Los hijos de Semaías: Otni, Rafael, Obed, Elzabad, y sus hermanos, hombres esforzados; asimismo Eliú y Samaquías.” (1 Crónicas 26:6, 7).  Las características de estos hijos de Semaías, y nietos de Obed-edom, fueron también bendiciones especiales de Dios.

   Luego a manera de resumen habla de sus otros siete hijos, y de sus nietos diciendo: “Todos éstos de los hijos de Obed-edom; ellos con sus hijos y sus hermanos, hombres robustos y fuertes para el servicio; sesenta y dos, de Obed-edom” (1 Crónicas 26:8).  Las características de sus hijos, no solamente en lo físico sino en su carácter amable y servicial, fueron también las bendiciones que Dios le dio por lo menos a 62 de sus descendientes.

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   CONCLUSIÓN:   Amados oyentes, por todo esto que hemos tomado de la palabra de Dios, ¿No les parece que vale la pena amar a Dios?

   Si alguno de los presentes, con toda honestidad, al analizar su familia, o su matrimonio, se da cuenta que está en el borde de lo peor, afortunadamente su problema tiene solución.  Si usted quiere que su vida cambie favorablemente, usted tiene que tomar la decisión de abrir su corazón para recibir la bendita presencia de Dios, invocándole por medio de su Hijo Jesucristo. En la actualidad ya no es el arca que representa a Dios, es su Hijo Jesucristo. Él es quien trae las bendiciones de Dios a nuestras vidas, matrimonio, familia, hijos, etc… Solamente dígale usted a Jesucristo: Señor Jesús ven a mi vida, a mi matrimonio, a mi familia, te necesito, te necesitamos, bendice nuestras vidas. Amén.

   Y para finalizar.  Luis e Isabel, que la presencia del único Dios vivo y verdadero a quien ustedes aman, y que le tienen en sus corazones por medio de Jesucristo, él sea para ustedes la fuente de todas las bendiciones que ustedes como matrimonio necesitarán a partir de este momento.  Que Dios les bendiga.

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[1] https://en.wikipedia.org/wiki/Jukes_family (en inglés)