Mar 05

UNA FAMILIA QUE BUSCA EL REINO DE DIOS, Por: Diego Teh.

UNA FAMILIA QUE BUSCA EL REINO DE DIOS

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Mateo 6:33.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Ebenezer” de la col. San José Tecoh, de Mérida, Yucatán; el día domingo 05 de Marzo del 2017, a las 18:00 horas; con motivo del Día de la Familia, en México.

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   INTRODUCCIÓN: En el año 2005, hace doce años, a petición de organizaciones empresariales y de la sociedad civil, nuestro entonces presidente de la república don Vicente Fox, emitió por decreto que anualmente el primer domingo de cada mes de marzo se celebre en nuestro país el Día de la Familia.  El objetivo fue que además de fomentar la relación de todos los integrantes de la familia, cada familia debería crear iniciativas para el desarrollo integral de cada uno de sus integrantes.  Muy buena idea lo cual no contradice la palabra de Dios, sino más bien la honra, pues la palabra de Dios también procura la mejora de nuestra relación familiar, y el apoyarnos unos a otros para un sano desarrollo individual.

   El texto bíblico que he escogido para este mensaje dirigido a la familia, es una enseñanza de Jesús, dada a los que oyeron su célebre Sermón del Monte, en el que dijo que a pesar de las necesidades cotidianas y básicas de sobrevivencia: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33a); pero como por lo general, excepto algunos casos, no somos personas solitarias sino que siempre vivimos en familia, es apropiado entender que no solo en lo personal sino como familia debemos buscar el reino de Dios.  Por eso, este día he tenido la iniciativa de compartirles con fundamento en la palabra de Dios que toda familia cristiana que busca el reino de Dios se distingue por características particulares que se puede observar en ella. / ¿Qué características particulares se puede observar en una familia cristiana que busca el reino de Dios? / En este mensaje les voy a compartir a través de diversas historias y personajes bíblicos, algunas de tales características.

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   La primera característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

I.- VIVE UNA ESPIRITUALIDAD TANTO INTERIOR COMO EXTERIOR.

   Aunque la historia de Lot está en el libro del Génesis, me gusta mucho una descripción que el apóstol Pedro da acerca de la intervención de Dios para librar a este personaje; pero al mismo tiempo describe la espiritualidad que este hombre mantuvo entre la gente perversa de las ciudades de Sodoma y Gomorra.  Al respecto de la espiritualidad de Lot, el texto dice que siempre se encontraba: “…abrumado por la nefanda conducta de los malvados / (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos)” (2 Pedro 2:7b,8).  Pero no hay grande ganancia en que uno se sienta “abrumado”, ni le era de mucho provecho porque “afligía cada día su alma”.  El provecho era real y bueno, pero solamente para él.  Se ve que fue un hombre de fe real y evidentemente firme en Dios, pero su esposa y sus hijas no tenían la misma madurez espiritual que él, lo cual las llevó a una tragedia general en muchos aspectos de sus vidas.  Pero eso fue en parte problema de Lot quien desde el principio no se preocupó por la espiritualidad de su familia.

   El problema de Lot, fue que solo quería vivir una espiritualidad interior en su alma, pero no quería vivir una espiritualidad exterior que es práctica.  Una espiritualidad como la de Lot es incompleta.  Lot vivía su espiritualidad solamente en su alma, pero en las cuestiones prácticas fue muy descuidado.  Cuando se tuvo que separar de su tío Abraham, Lot escogió lo que le pareció y realmente era la mejor tierra que le garantizaba un buen futuro económico para su oficio pastoril, pero no le importó que eso significaba un acercamiento a las ciudades de Sodoma y Gomorra cuya vida era de pecado, inmoralidad, perversión, homosexualidad, y más depravaciones, por lo que Dios ya les tenía en la mira para destruirlas y exterminarlas de la faz de la tierra.  Fue por su ideal de prosperidad que llevó a su familia hasta aquellos lugares.

   Cuando Dios por misericordia hacia Lot y su familia les quiso salvar de la destrucción que traería a estas dos ciudades, Dios le pidió a Lot que saliera de aquellos lugares y que se llevara a toda su familia, entonces Lot debió darse cuenta que su decisión de haber ido a vivir entre aquellas gentes, fue el error de su vida.  Sus hijas ya estaban comprometidas para matrimoniarse, así que Lot habló con sus yernos para explicarles lo que Dios les estaba orientando para hacer como familia, pero sus yernos no le hicieron caso, sino que lo consideraron loco.  Muy pronto sus hijas sufrieron el dolor de perder a sus prometidos, que sin duda amaban con todo su corazón, pero al ver que fue Dios quien les quitó a sus prometidos, debieron haber tenido algún resentimiento contra Dios.  Eso no hubiera pasado si Lot no hubiese llevado a sus hijas a aquellos lugares profanos.

   Cuando por fin se dio la misericordia de ser salvados de la destrucción, en el camino de huida, a pesar de que recibieron la instrucción de no mirar hacia atrás para no ver la destrucción de aquellas ciudades, la esposa de Lot, desobedeció la instrucción y volteó a mirar, y en consecuencia quedó hecha una estatua de sal.  La razón por la que esta mujer volteó para mirar, debe ser no solamente por curiosidad sino porque le estaba doliendo profundamente perder algo a la que estaba arraigada su vida cotidiana.  Como dijera Jesús, donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).  Su tesoro no estaba en la misma fe de su esposo; su tesoro no estaba en el reino de Dios; su tesoro no era Dios, al grado que le importó poco el desobedecer su instrucción.  Lot no debió llevar a su esposa a aquellos lugares.

   Posteriormente, las hijas decidieron cometer incesto con su propio padre.  Su argumento fue “Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra” (Génesis 19:31).  Por supuesto que en Sodoma y Gomorra no quedó varón para ellas, pero en el resto del mundo habían más varones.  Por ese mismo tiempo, Abraham quien no quiso comprometer a su hijo Isaac con las egipcias, ni con las cananeas, y mujeres de otras decenas de ciudades donde él había conocido sin duda que a muchas mujeres hermosas, exploró la opción de enviar hasta Ur en Mesopotamia para que trajesen de allí una esposa de entre su propia parentela para su hijo; y funcionó el plan.  Las hijas de Lot, pudieron establecerse a vivir en otras ciudades, y seguro que no faltaría hombre que las tome como esposa.  Por otra parte, no es verdad que Lot fuese tan viejo como ellas dijeron, pues su tío Abraham, para esa fecha era muchos años más grande que Lot, y todavía ni le nacía su primer hijo, y luego tuvo más hijos no solo con Agar, sino con Sara, y también con su concubina Cetura (Cf. Génesis 25:1,2; 1 Crónicas 1:28,32).  Lot, seguramente pudo haberse buscado una nueva esposa con quien tener descendencia varón; pero sus hijas estaban arrastrando la influencia de la cultura pecaminosa e inmoral de Sodoma y Gomorra, donde su padre quiso que ellas crecieran.  Esto no tenía que pasar si Lot hubiese pensado que su familia esté fundamentada en la fe interior y en la fe práctica.

   Amados hermanos, tomando en cuenta que cada uno de nosotros somos parte de una familia, debemos no solo de manera personal sino también como familia estar en búsqueda del reino de Dios.  Si se llegar a dar la necesidad que usted tenga que cambiar de trabajo, analice cómo este cambio contribuye a que su familia busque el reino de Dios.  Si el trabajo al que aspira no contribuye a este fin, mejor búsquese uno más apropiado.  Pida a Dios sabiduría para tomar la decisión correcta.  Cuando usted tome la decisión de cambiar de domicilio no lo haga a la ligera, analice también si esto contribuye a que su familia busque el reino de Dios; porque si no, entonces busque una vivienda más apropiada.  En la mala experiencia de Lot podemos darnos cuenta de cuán lamentable es buscar otros objetivos sin buscar primeramente el reino de Dios.  No se conforme usted como Lot quien en lo personal solo se sentía “…abrumado por la nefanda conducta de los malvados”, pero vivía entre ellos arriesgando la espiritualidad de su familia.  No sea usted como Lot quien aunque sinceramente “afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos” (2 Pedro 2:7b,8), pero allí estaba envenenando el alma de su esposa y de sus hijas.  Lo mejor, fue no haberse establecido con ellas en Sodoma y Gomorra, a donde fue llevado por el producto de su mirada tan humana y su corazón tan ambicioso.  Una familia que busca el reino de Dios debe ser congruente en su vida espiritual que se desarrolla en su alma o corazón, pero también en la vida espiritual que se desarrolla en las decisiones que se toman para las cosas prácticas de la vida que edifican o pueden destruir a nuestra propia familia.

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   La segunda característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

II.- AMA EL CULTO A DIOS ANTES QUE OTRA ACTIVIDAD.

  La familia de la cual voy a hablarles en este apartado del mensaje es la de José y María, los padres terrenales de Jesús nuestro Salvador y Señor.  Lo primero que quiero indicarles es que San Lucas hablando más de Jesús que de sus padres, aprovecha relatar que: “Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua” (Luca 2:41).  Este dato es relevante, porque la pascua era en realidad un culto prescrito en la ley de Moisés (más bien de Dios) que duraba siete días, en el que se aprovechaba dar gracias a Dios porque un día sus antepasados los israelitas fueron libertados de la esclavitud a la que fueron sometidos por los gobernantes egipcios.  Aunque para este tiempo José y María vivían en Nazaret de Galilea, desde unos ocho años atrás desde que regresaron de Egipto, entonces, por lo menos los últimos 7 u 8 años no descuidaron ir al culto o fiesta de la pascua.  Lo que esto significa es que esta familia evidentemente amaba el culto a Dios antes que cualquier otra actividad.  En la actualidad hay una carretera que lleva de Nazaret a Jerusalén con un tramo de 150 km, que en auto se estima se puede recorrer en menos de dos horas, y a pie pero sin descanso en 31 horas, pero a pie con descansos podría llevar hasta 4 días-jornada de camino. Solo se necesita amor para ir a siete días de culto para decidir caminar toda esa distancia.

  Sin embargo, otro dato todavía más relevante que en realidad involucra a la familia es lo que San Lucas dice más acerca de Jesús que de sus padres, pero aludiendo a sus padres dice que “cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta” (Lucas 2:42).  Era un asunto de la ley de Moisés que los niños menores de doce años no tenían que ir al templo de Jerusalén, sino hasta que tuviesen doce años de edad, por lo que es entendible este énfasis de San Lucas acerca de la visita de Jesús al templo de Jerusalén “cuando tuvo doce años”.  Pero lo relevante aquí es que no dejaron a Jesús a hacer quizá aunque pequeños trabajos en la carpintería de la familia.  Ni siquiera José mandó a María y a Jesús mientras él se quedaba a trabajar.  Ni María les pidió que José y Jesús fueran solos aprovechando que ahora José tendría un acompañante durante el viaje.  La misma María que había viajado embarazada a punto de dar a luz, con tal de obedecer el edicto de Augusto César de empadronarse cada quien en su lugar de nacimiento; ahora, seguramente consideró como cada año que ella debía obedecer a Dios por muchas más razones.  En fin, vemos a José, María, y Jesús, como una familia que ama más el culto a Dios que cualquier otra actividad.

   Amados hermanos, hoy no tenemos que viajar a 150 km de distancia para ir al culto, pues a unas cuantas cuadras, o unas cuantas colonias de distancia tenemos el templo más cercano de nuestra preferencia a donde podemos ir al culto. ¡qué bendición!  Hoy también no tenemos por qué quedarnos en casa y enviar a los demás de nuestra familia al culto.  Hoy no debemos enviar a la familia al culto y nosotros salir a pasear con los amigos o con las amigas, ir al cine, al futbol o béisbol, etc… Hoy no debemos ni siquiera dejar a nuestros hijos pequeños o adolescentes en casa porque amen más dormir que adorar a Dios.  Aunque la iglesia no provee espacios para dormir, provee espacios de enseñanza y adoración muy importantes para que sean aprovechados por toda la familia.  Jóvenes, no deberían poner como excusa de que tienen mucha tarea con tal de evitar acudir al culto, para luego que sus padres salgan de casa para ir al culto, ustedes no se dedican a hacer la tarea sino a dormir, jugar, pasear, o hacer otra cosa, menos la tarea.  Adultos, jóvenes, y niños, recuerden que una familia que busca el reino de Dios es una familia que ama el culto a Dios antes que cualquier otra actividad.

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   La tercera característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

III.- ABRE LAS PUERTAS DE SU CASA PARA COMPARTIR EL EVANGELIO.

  Primero quiera hablarles de una familia conformada por un matrimonio.  Se trata de Priscila y Aquila. Lo primero que sabemos de ellos es que eran buenos conocedores del evangelio de Jesucristo, que en la ciudad de Éfeso se encontraron a un buen predicador llamado Apolos que tenía un escaso conocimiento acerca de Jesucristo, pues lo único que sabía de Jesucristo estaba limitado a lo que Juan el Bautista predicaba cuando Jesús fue bautizado por él.  Ahora, predicar a Jesucristo, implicaba mucho más, como la razón de su muerte en la cruz; el significado de su resurrección; su poder para perdonar pecados, y sanar enfermos, etc…  Priscila y Aquila, conocedores de estas cosas, orientaron con mucho amor a este Apolos, quien tomo nota de cada detalla para mejorar sus predicaciones con respecto a Jesús.   Priscila y Aquila, amaban las buenas noticias del poder redentor de Jesucristo.  Pero por alguna razón, muy pronto ya no estaban en Éfeso, sino que se fueron a vivir en Roma, a unos 2,000 kilómetros de Éfeso, pues cuando poco tiempo después el apóstol Pablo escribió su epístola a los Romanos, les dice: “Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, / que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles. / Saludad también a la iglesia de su casa” (Romanos 16:3,5a).  En este saludo, también sobresale la valentía de esta pareja por defender la fe y al mismo apóstol Pablo; pero lo que quiero enfatizar es que el saludo que va expresamente para ellos, es especificado “también a la iglesia de su casa”. ¿La iglesia en su casa? Sí, porque amaban el evangelio de Jesucristo y a Jesucristo mismo, y estuvieron de acuerdo en utilizar su casa para enseñar de Jesucristo.  Esto es parte de los que también voluntariamente puede hacer una familia que busca el reino de Dios, pues para vivir la fe en Jesucristo el Rey del reino de Dios, uno no busca más intereses que los intereses del mismo reino de Dios.

  En el mismo libro de los Hechos de los apóstoles tenemos también la historia de un hombre que vivía en la ciudad de Cesarea de Judea[1], que se llamaba Cornelio, que era un Centurión romano, y que era conocido como “piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre” (Hechos 10:2).  Por instrucciones de un ángel, Cornelio por medio de dos de sus criados y uno de sus soldados de confianza mandó traer a su casa al apóstol Pedro quien se encontraba en Jope a unos 51 kilómetros al sur de Cesarea, justo en la misma costa del mediterráneo.  Pero lo relevante del caso es que cuando el apóstol Pedro llega a Cesarea a casa de Cornelio, dice San Lucas que “Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos” (Hechos 10:24b).  ¡Qué buen hombre temeroso de Dios, pero no solo sino juntamente con su familia, cuya casa estaba dispuesta para recibir a parientes y amigos más íntimos!  La razón de haberlos juntado en su casa, según Cornelio mismo le dice al apóstol Pedro es: “todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado” (Hechos 10:33b).  Esta es una familia que ama el reino de Dios, utilizando su propia casa para que parientes y amigos conozcan dicho reino y a su Rey y Salvador Jesucristo.

  Como tercero de esta lista de personas que abrieron las puertas de su casa para compartir el evangelio tenemos a doña Lidia cuya historia la tenemos también en el libro de los Hechos de los Apóstoles.  Era una mujer comerciante vendedora de púrpura, proveniente de Tiatira pero ya establecida con casa en Filipos, que previamente tenía temor de Dios y le adoraba, pero cuando en Filipos escuchó una predicación del apóstol Pablo, y aprendió acerca de Jesús, cree en él y se bautiza juntamente con otros miembros de su familia, dice San Lucas junto con el apóstol Pablo y Silas, que: “nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos” (Hechos 16:15).  Esos mismos días Pablo y Silas fueron encarcelados, pero muy pronto fueron liberados por la mano poderosa de Dios, y dice también San Lucas que: “saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron” (Hechos 16:40).  Esta mujer y su familia fueron hospitalarios con los siervos de Dios porque sus intereses principales no era ni siquiera el comercio, sino el buscar primeramente el reino de Dios.  Esto también se puede practicar el día de hoy, recibiendo en nuestras casas a los predicadores que llegan de visita a nuestras iglesias y tienen que quedarse por varios días.  Incluso si no se quedan por varios días, parte de la hospitalidad en la casa es llevarlos a compartir con ellos por lo menos una de nuestras comidas con las que Dios nos bendice en nuestros hogares.  Esta mujer, Lidia y su familia, porque entendieron lo que significa buscar el reino de Dios, abrieron las puertas de su casa para convertirla en una casa donde se podían reunir “los hermanos” en la fe que estaban creyendo en Jesucristo en aquellos tiempos.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en la actualidad como discípulos de las enseñanzas de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, también debemos hacer caso a su instrucción: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33).  Buscar el reino de Dios también es un asunto de la familia.  Es la mejor iniciativa que podemos tener todos los que conformamos nuestra familia.  Nadie haga como Lot, o como su esposa, o como sus hijas, cada quien buscando sus propios intereses.  Más tarde estaríamos listos para cosechar los tristes resultados de no buscar a tiempo primeramente el reino de Dios. / En esta búsqueda del reino de Dios, es importante valorar la importancia del culto para ser adoradores de Dios, pues Jesús mismo dijo que Dios el Padre está buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad (Juan 4:23,24). /  Finalmente, no olvidemos que nuestra verdadera morada es el cielo de Dios que Él tiene preparado para los que somos creyentes.  Nuestra vivienda de la actualidad es solamente una concesión de Dios para que nos resguardemos mientras estamos aquí en la tierra, pues al final de nuestra vida allí quedará, y ya no nos servirá más para nada.  Mientras tanto, debemos ponerlo al servicio de los intereses del reino de Dios que es acercar el evangelio de salvación a los corazones de nuestros familiares, amigos, y demás conocidos.  Dios nos ayude a buscar primeramente siempre su reino.

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[1] Esta Cesarea estaba situada a 96 kilómetros al Noroeste de Jerusalén la capital de Judea.  Sin embargo, Cesarea era conocida como la capital romana de Judea.  Fue edificada por Herodes el Grande entre el 25 y el 13 a.C. Su nombre fue puesto por Herodes en honor al emperador Augusto César, el emperador en turno cuando la edificó.  En ella vivió Felipe el evangelista, Cornelio el Centurión, y también allí estuvo preso durante dos años el apóstol Pablo en lo que comparecía ante Felix, Festo, y Agripa. También era conocida como “la pequeña Roma”.  Leer más en: http://edc.evidenciasdelcristianismo.com/?page_id=491

May 15

YO EDIFICO, Por: Diego Teh.

yoedifico

YO EDIFICO

Romanos 15:2.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Roca de la Eternidad” de la col. Díaz Ordaz, de Mérida, Yucatán; el día domingo 15 de Mayo del 2016, a las 18:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Todos somos edificadores. Como dijo Jesús edificamos nuestra vida personal como uno que prudentemente construye su casa cimentándolo sobre la laja o como un insensato que construye su casa solamente asentándolo sobre la arena (cf. Mateo 7:24-27).  Afortunadamente los que por la gracia de Dios hemos venido a la fe en Jesucristo somos los que estamos correctamente edificando nuestra propia vida.  Pero nuestra función edificadora no se limita a la vida personal.  Edificamos a la familia, edificamos a nuestros hijos, pero en la iglesia también somos edificadores de los demás.  El apóstol Pablo cuando escribe a los Corintios les dice que “yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica.  /  Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.  /  Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca,  /  la obra de cada uno se hará manifiesta…” (1 Corintios 3:10b-13a).  Esto establece la naturaleza de nuestra labor edificadora, el fundamento tiene que ser Jesucristo, y las piezas de la sobre edificación que edifica el “edificio de Dios” (1 Corintios 3:9) también tiene que ser de Jesucristo mismo.

   En este mensaje usaré como texto bíblico las palabras del apóstol Pablo a los romanos que dicen: “Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno para edificación” (Romanos 15:2), y con ello compartirles que el deber de edificar a otros incluye diversos aspectos.  /  ¿Qué diversos aspectos incluye el edificar a otros?  /  Estas palabras del apóstol Pablo nos enseña tres aspectos de lo que incluye edificar a otros.

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   El primer aspecto que incluye edificar a otros, es que:

I.- INCLUYE A CADA UNO DE NOSOTROS.

   Lo primero que observaremos en el versículo 2, es que la instrucción del apóstol Pablo a los romanos comienza diciéndoles “cada uno de nosotros”.  Esto no es nada menos que la explicación de que no se trata de un deber de algunos de nosotros, sino que claramente indica que es de “cada uno de nosotros”.  Quizá hay cosas que no podemos hacer, pero en aquellas cosas que Dios nos ha dado algún don espiritual específico, aunque ello parezca como insignificante aportación, podemos ser de grande bendición para otros.  Por otra parte, esta instrucción del apóstol indica que no se admite en la iglesia miembros solamente espectadores, sino creyentes que habiendo primero buscado la edificación de sus propias vidas, estén al mismo tiempo comprometidos con la edificación de los demás.

   En su epístola a los Corintios, el mismo apóstol Pablo, hablándoles de la edificación que se puede dar a los demás cuando se reúnen para el culto, les escribió a ellos: Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación” (1 Corintios 14:26).  Otra vez el apóstol indica que lo que se hace en las reuniones de la iglesia es “para edificación”, pero también insiste en que no es responsabilidad de solo alguno de nosotros, sino que afirma que en la reuniones “cada uno de vosotros” tiene salmo, doctrina, lengua, revelación, interpretación… etc.  No pretendo explicar en este mensaje la vigencia de estos dones mencionados por el apóstol, sino solamente enfatizar que somos constituidos por Dios para edificar a los demás creyentes.

   Amados hermanos, en la iglesia debemos contribuir en la edificación, principalmente para que todos tengamos un mismo sentir que favorezca la unidad de la iglesia para realizar su misión en este lugar.  También para que todos podamos glorificar a Dios de una forma más excelente cada vez.  El apóstol Pablo continua diciendo en los versículos 5 y 6: “Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús,  /  para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 15:5,6).  Estos fines de la unidad de la iglesia y la glorificación a Dios siempre nos hace falta, por lo que debemos “cada uno de nosotros” contribuir a favor de los demás para que juntos mejoremos en estas cosas.

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   El segundo aspecto que incluye edificar a otros, es que:

II.- INCLUYE EDIFICAR HASTA A NO CREYENTES.

   Ahora lo segundo que observaremos en nuestro texto bíblico es que luego de decir “cada uno de nosotros”, añade: “agrade a su prójimo”.  SI usted pensaba que solamente hay que edificar a los demás que ya son parte de la iglesia, el apóstol Pablo nos dice que la labor se extiende más allá hasta con aquellos que no son de la iglesia.  No somos edificadores solamente de los que son miembros de la iglesia, sino de todo aquel que sea nuestro prójimo; en otras palabras, somos edificadores de toda persona sin importar si tiene fe o no en nuestra mismo Salvador y Señor Jesucristo o si lo tiene en otros objetos, personas, o religiones, o no.  Tenemos la responsabilidad de edificar al prójimo que ni siquiera está en Jesucristo el buen cimiento o fundamento sobre el cual se debe edificar toda vida.  Esto nos debe despertar la conciencia acerca de la magnitud del trabajo de edificación que cada uno de nosotros debemos realizar, y debe eliminar en “cada uno de nosotros” el conformismo de ser solamente espectadores de lo que otros está haciendo.  Todos tenemos que comenzar ayudando al prójimo para colocarle primero sobre el fundamento que es Jesucristo.  Allí es donde comienza nuestra tarea de edificación con el prójimo que no encontramos en la iglesia.

   En esta tarea de edificar al prójimo, el apóstol Pablo lo indica diciendo: “cada uno de vosotros agrade a su prójimo”.  A simple vista parece ser que se trata de agradar a las personas solamente para no tener problemas con ellos, y que eso significa que estamos a merced de ellos para que nos juzguen por si acaso nos equivocamos en algo.  Pero el contexto de este mandato está en las últimas dos palabras del mismo versículo las cuales definen que el motivo de agradar al prójimo es “para edificación”, en este caso, de ellos.  Cada una de nuestras acciones que son vistas y palabras que son oídas debería ser agradables para los demás de tal manera que sea edificante para el prójimo.  Nuestras acciones y palabras deben ser el resultado de lo que el evangelio de nuestra fe está haciendo en nosotros, capacitándonos a vivir conforme a los valores de Dios que otros todavía no se atreven a practicarlo porque les parece raro, imposible, o hasta vergonzoso.  Tenemos que edificar a todo prójimo demostrándole con nuestra forma de vivir que vivir bajo las leyes del reino de Dios es de mucho beneficio para la vida personal y familiar, por lo que vale la pena estar en la fe cristiana.

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   El tercer aspecto que incluye edificar a otros, es que:

III.- INCLUYE HACER LO QUE ES BUENO.

   Una tercera observación a nuestro texto es que luego de decir que cada uno debe agradar a su prójimo, dice “en lo que es bueno para edificación”.   El objetivo de edificar a otros es procurar el bien espiritual tanto de nuestro hermano en la fe como el de que no es nuestro hermano en la fe.  Nuestras palabras y acciones con las personas que convivimos en cualquier lugar comenzando en casa, luego en la escuela, el trabajo, etc… deben ser para que ellos sean edificados.  Si un hermano en la fe no está viviendo bien para Dios es necesario demostrarle con nuestro ejemplo cómo se puede vivir santamente delante de Dios.  Si un no creyente no está interesado en buscar a Dios, entonces con más razón tenemos incluso que hablarle del evangelio para que primero se arrepienta, luego tenemos que darle seguimiento para discipularle en las orientaciones del evangelio.  En cualquiera de los casos, ante creyentes o no creyentes, nuestro deber incluye hacer y decir lo que es bueno.

   En esto de hacer lo que es bueno, tiene que comenzar desde una decisión arraigada en el corazón.  En su epístola a los Filipenses, el apóstol Pablo les exhorta a pensar en lo que es bueno.  Les dice: hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).  Si los pensamientos de una persona están ajustadas en todo lo que es bueno, en consecuencia un creyente podrá agradar a su prójimo en los que es bueno.

   En su epístola a los romanos, Pablo les dice a aquellos creyentes: Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano.  […]  /  Porque el que en esto sirve a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres.  /  Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación (Romanos 14:13,18,19).  Estamos orientados a no hacer tropezar a otros, sino a edificarlos haciendo lo que es bueno.  Esto es una manera de servir a Cristo, de agradar a Dios y desde luego que a otros creyentes, al prójimo, y termina siendo edificante.  Esto es lo que perseguimos, pues “cada uno de nosotros” somos edificadores no solo de nuestra vida personal, sino también la de nuestra familia, la de nuestros compañeros de trabajo, la de otros creyentes de la iglesia, y hasta la de nuestros vecinos.

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   CONCLUSIÓN: Mis amados hermanos, a manera de repaso, recordemos las tres cosas que incluye el deber de edificar a otros: Primero, incluye a cada uno de nosotros no cayendo en la pasividad de ser solamente espectadores, sino dedicados al crecimiento espiritual de los demás hermanos en la fe con quienes convivimos.  Segundo, incluye también la responsabilidad de edificar incluso a aquellos que no son de la iglesia local, e incluso de los que no son cristianos, ayudándoles primero a colocarse en Jesucristo el fundamento apropiado.  Y tercero, incluye hacer lo que es bueno como testimonio de la madurez de nuestros pensamientos, acciones, y decisiones, que demuestran lo útil de nuestra fe.