Ago 12

MIRA AL LADO, TIENES UNA IGLESIA, Por: Diego Teh.

MIRA AL LADO, TIENES UNA IGLESIA.

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 Colosenses 3:5-17.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 12 de agosto 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 07 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN: Tenemos una iglesia disponible.  No me refiero al edificio donde nos reunimos. Al edificio se le llama templo.  La iglesia son las personas que han sido llamadas por Dios para creer en Jesucristo y consagrar su vida a él para un servicio de por vida.  Cuando alguien dice que va al templo, lo que quiere decir es que va al templo, al edificio.  Pero, cuando decimos que vamos a la iglesia, aunque hay quienes todavía así lo entiendan, podría ser no necesariamente en el templo, sino en cualquier otro lugar donde pudieron haber acordado reunirse.  Por ejemplo, algunas veces nos reunimos en casas previendo que haya espacio para todos los que tengas que acudir.  Nos hemos reunido en locales amplios donde luego es apropiado llevar a cabo una convivencia con mesas para disfrutar juntos un refrigerio.  También hemos tenido la oportunidad de reunirnos en un estadio deportivo.  Aunque estos lugares no son templos, los cristianos que allí se reunieron son la iglesia.  Por otra parte, no se necesita un gran número de personas para conformar una iglesia, pues donde sea que se congreguen dos o más personas creyentes en Jesucristo con el fin de adorar a Dios, ellos son iglesia.  Hoy, los que estamos aquí reunidos, no deberíamos tener ninguna duda de que somos la iglesia de nuestro Señor Jesucristo.  Usted está en la iglesia.  Usted no está como en un club, como en un mercado, o como en su tienda o súper preferido, donde usted no tiene interacción con todos los que allí casualmente se encuentren. Pero, la iglesia no es así, usted tiene que estar plenamente consciente que no está solo, sino que hay otros como usted que necesitan de su ayuda, y que hay otros como usted que le pueden ayudar, y tenemos que estar en permanente interacción con ellos.   Los que están siguiendo los sermones de esta serie, podrán recordar que les he compartido acerca de mirar arriba: a Dios; de mirar atrás: a Cristo en la cruz; y hoy nos corresponde mirar a lado: a los hermanos que nos acompañan en nuestro viaje de fe a la patria celestial, a la iglesia llamada de entre los perdidos y condenados para que en Cristo recibamos salvación, la cual ya hemos recibido.

   El texto bíblico que hoy hemos leído, nos presenta a creyentes en Cristo, debidamente integrados a la iglesia no solo universal sino también local, de Cristo, interactuando con otros creyentes.  Basado en ello, les voy a predicar que el creyente que pertenece a Cristo y por ello a Su iglesia, necesariamente debe ejercer permanentemente interacciones dignas de la vida cristiana con los demás creyentes. / ¿Cuáles son las interacciones dignas de la vida cristiana que permanentemente el creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes? / Siguiendo las palabras de nuestro texto bíblico, les presentaré algunas de estas interacciones, valga la pena aclarar, no ocasionales sino permanentes y dignas de la vida cristiana que el creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes.

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   La primera interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

I.- RESPETARNOS MUTUAMENTE POR NUESTRA UNIÓN CON CRISTO.

   El apóstol Pablo, dando por hecho que se estaba dirigiendo a personas que ya habían renunciado a su vida despiadada resultante de no tomar en cuenta a Dios, y que ahora tras haber creído en el evangelio de Jesucristo, sus vidas estaban siendo transformadas por Dios mismo, les dice que él espera que ellos manifiesten una mejor manera de tratar a todas las personas, comenzando con las que ahora son su nueva familia, los creyentes que son la iglesia.  Les dice: “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. / No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, / y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, / donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” (Colosenses 3:8-11).  Todas las cosas que les dice que tienen que dejar, como la ira, el enojo, la malicia, la blasfemia, las palabras deshonestas, todas ellas tienen qué ver tanto con acciones como también con la manera de hablar al dirigirse a otras personas.

   De manera particular les enfatiza: “No mintáis los unos a los otros” (v. 9), Así lo hacían cuando sus vidas eran ajenas a Dios, pero ahora que son de Cristo, ya no deben hablar así.  Su vocabulario debe ser respetuoso para con todos.  Cuando dice: “los unos a los otros”, en este contexto se refiere al conjunto de creyentes que se reúnen en la iglesia.  La razón de no mentirles, ni agraviarlos con cualquier otro tipo de malas palabras, es que ahora, especialmente para los que están en la iglesia “Cristo es el todo, y en todos” (v. 11).  Cristo, “en todos” los que están en la iglesia, está presente.  Él está unido a nosotros, pero más bien por virtud de nuestra acción de fe en él, todos nosotros estamos unidos a él, y si él está en todos nosotros, entonces nosotros formamos su cuerpo, porque la iglesia es el cuerpo de Cristo, y por eso todos merecen ser respetados primeramente por todos los que formamos parte de ella.  Yo soy responsable de respetar a los demás, a ustedes.  Cada uno es responsable de respetar a todos.  Todos nos respetamos porque estamos unidos Cristo, quien está restaurando en todos nosotros la imagen de Dios que fue puesta en nosotros desde el principio de la creación.  Si antes, no éramos respetuosos, se entiende, porque estamos sin tomar en cuenta a Dios, pero ahora que en su Hijo Jesucristo le tomamos en cuenta, ya estamos siendo restaurados para dejar de ser irrespetuosos.

   Amados hermanos, tenemos una iglesia compuesta de personas a quienes Dios mismo en Cristo nos está restaurando conforme a Su imagen.  No es poca cosa. En nuestro trato o interacción con los demás creyentes como nosotros, hagámoslo lleno de respeto porque todos estamos unidos a Cristo.

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   La segunda interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

II.- TRATARNOS MUTUAMENTE CON EL CARÁCTER DE CRISTO.

   Pero, ahora que dejamos las cosas que nos complacía hacer cuando estábamos sin tomar en cuenta a Dios, ahora que tenemos que dejar que el revestimiento que Dios está haciendo en nosotros sea lo que moldee nuestra mejor manera de ser, ¿qué es lo que tenemos que hacer? ¿con qué vamos a reemplazar el mal carácter que antes nos distinguía?  El apóstol Pablo nos tiene la respuesta cuando dice a los Colosenses: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; / soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. / Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:12-14).  La lista de reemplazos que menciona el apóstol es básica porque eso no es todo, pero baste como ejemplo que nuestra nueva conducta espiritual por pertenecer a Cristo debe ser (1) de entrañable misericordia, (2) de misericordia, (3) de benignidad, (4) de humildad, (5) de paciencia” (v. 12).  Además, añade: (6) soportándoos unos a otros, y (7) perdonándoos unos a otros” (v. 13a).   Pero, la clave más importante de todo es lo que Pablo dice que “es el vínculo perfecto”, y se refiere con ello al (8) amor”, diciendo: “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor” (v. 14).  Pero, todas estas cualidades de carácter son un recordatorio del carácter de Cristo que utilizó y sigue utilizando en su trato con nosotros y con todo aquel que se vincule con él por medio de la fe en su persona y obra.  Por eso, en su expresión san Pablo dice: “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (v. 13b).  En nuestra interacción con los demás debemos tratarnos mutuamente con el carácter de Cristo.

   Especialmente en el versículo13, con respecto a la necesidad de soportar y perdonar a los creyentes que por alguna razón nos llegasen a causar algún agravio, el apóstol Pablo en dos ocasiones enfatiza la frase: “unos a otros”.  Si llegase a ser necesario, hay que soportarse “unos a otros”, hay que perdonarse “unos a otros”.  Estos “unos a otros”, no es una referencia a una relación de cristianos por una parte y de no cristianos por otra parte; sino que se trata de la relación entre un cristiano y los demás cristianos.  En otras palabras, se trata de la relación interna de todos los de la iglesia.  San Pablo es realista.  En los mismos que reconoce “como escogidos de Dios, santos y amados” (v. 12), no descarta que como todavía estamos en proceso de santificación, alguien, y ese podría ser yo, o podría ser usted, o podría ser un tercero, Dios nos libre, podríamos ser causa de ofensa o agravio a algún creyente.  En estos casos, somos responsabilizados a comprender por qué otros actúan equivocadamente o intencionalmente con malicia.  De todas maneras, si quien comete una falta no es un falso disfrazado de cristiano, sino que es un cristiano, ese tiene que ser soportado y perdonado.  Es nuestro hermano.  Esa persona es de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo.  Hay que tratarlo con el carácter de Cristo que se está formando en nosotros.

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  La tercera interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

III.- ENSEÑARNOS MUTUAMENTE CON LA PALABRA DE CRISTO.

   Es verdad que ahora estamos dejando lo que fue nuestra manera de vivir cuando no tomábamos en cuenta a Dios.  También es verdad que ahora que hemos creído en Cristo, su carácter se está formando en nosotros, y por ello podemos tener una mejor interacción con cristianos y no cristianos. Pero, ¿qué tenemos qué hacer para que este proceso de perfeccionamiento siga creciendo en nosotros?  Queremos dejar de hacer intencionalmente todo lo que es incorrecto y pecaminoso que antes hacíamos.  Queremos que el carácter de Cristo se implante en nosotros, y ser semejantes a él en palabra y conducta.  Pero, ¿cómo lograrlo?  Es verdad que Dios está transformando nuestra vida, eliminando nuestra entrega premeditada al pecado, e implantando en nosotros su carácter divino manifestado en su santo Hijo, pero el apóstol Pablo tiene una instrucción más que dice: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. / Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:16-17).  “La palabra de Cristo” es la clave mis amados hermanos.

   Un detalle relevante de esta instrucción apostólica acerca de “la palabra de Cristo”, es que “more en abundancia”.  ¿Es abundancia cuando una iglesia ofrece solamente 45 minutos de clase a la semana, y cuando una iglesia solamente quiere escuchar 20 minutos de predicación?  Creo que ni siquiera se puede decir que la palabra “mora”, porque para que se diga que algo “mora”, es que allí está todo el tiempo, no por temporadas y con vacaciones.  Pero, entre nosotros la palabra Cristo, debe morar.  ¿Qué es lo que cada quien debe hacer en este caso?  La instrucción primeramente dice: “enseñándoos y exhortándoos unos a otros” (v.16).  En nuestra interacción con los demás creyentes deberíamos enseñarnos mutuamente la palabra de Cristo.  Deberíamos mutuamente no tirarnos pedradas o indirectas, sino exhortarnos con la palabra de Cristo para corregirnos mutuamente cuando nos equivocamos o pecamos deliberadamente, para animarnos cuando el ánimo de algún hermano en la fe comienza a desmayar. Vale la pena hablar la palabra de Cristo en nuestras conversaciones unos con otros, que cualquier otra vana conversación.   Obviamente la palabra de Cristo, y toda palabra de Dios en general puede ser enseñada no solamente por hábiles maestros que la enseñan con destreza porque ese el don que han recibido de Dios, sino también a falta del don de la enseñanza también se puede enseñar con el don del canto, como igualmente instruye el apóstol Pablo, al decir: “cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (v. 16).  Pero, igual, sin el don de la enseñanza, y hasta sin el don del canto, también se puede enseñar la palabra de Cristo, con el don de la conversación que todos sin excepción sabemos hacer.  En nuestra interacción con otros creyentes, necesariamente debemos enseñarnos mutuamente la palabra de Cristo.

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   CONCLUSIÓN:    Amados hermanos, si queremos tener una vida centrada en el evangelio, Cristo no puede estar fuera de nuestra vida.  De hecho, él tiene que ser el centro, sino no podríamos ser cristianos, sino nuestro fundamento no será el evangelio de Dios. Una vida centrada en el evangelio implica que al mismo tiempo que pertenecemos a Cristo también pertenecemos a su iglesia que es su cuerpo, a través de la cual interactuamos con otros cristianos que también pertenecen a la iglesia.  En esa interacción, no olvidemos que necesariamente debemos:

I.- RESPETARNOS MUTUAMENTE POR NUESTRA UNIÓN CON CRISTO.

II.- TRATARNOS MUTUAMENTE CON EL CARÁCTER DE CRISTO.

III.- ENSEÑARNOS MUTUAMENTE CON LA PALABRA DE CRISTO.

   En verdad, es un privilegio contar con una iglesia aun si esta iglesia no tuviese un templo donde reunirse.  Lo que más vale es la iglesia porque es el conjunto de personas compradas a precio de la sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Abr 29

RAZONES PARA NO SER PADRES PASIVOS EN PREDICARLES A LOS HIJOS, Por: Diego Teh.

RAZONES PARA NO SER PADRES PASIVOS EN PREDICARLES A LOS HIJOS

1 Samuel 2:12-24.

2 Timoteo 1:5.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 29 de abril 2018, a las 11:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

 

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   INTRODUCCIÓN: El Sumo Sacerdote Elí fue padre de dos varones que tenían por derecho divino el privilegio de ser sacerdotes en Israel. La historia de sus vidas y ministerios que se nos relata en los primeros capítulos del primer libro de Samuel, es de vidas indignas de estar en el ministerio que ocupaban y desempeñaban.  Sin duda que era su propia irresponsabilidad que no se le puede atribuir a nadie más, sin embargo, el relato deja ver detalles de que sus conductas eran consecuencias de la pasividad con la que su padre los educó insuficientemente. El día que Dios llamó a Samuel, un joven que creció bajo la tutela del mismo Elí, como si fuera el tercer hijo de la familia, lo primerito que Dios le dijo a Samuel fue: “He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos. / Aquel día yo cumpliré contra Elí todas las cosas que he dicho sobre su casa, desde el principio hasta el fin. / Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado” (1 Samuel 3:11-13). La observación de Dios en cuanto a Elí con relación a sus dos hijos, es que “él no los ha estorbado” (1 Samuel 3:13; RV60); la NVI dice: “no los refrenó” (1 Samuel 3:13; NVI); la DHH dice: “no los ha reprendido” (1 Samuel 3:13; DHH); y la TLA dice: “no hizo nada para corregirlos” (1 Samuel 3:13; TLA).  Esto es lo que hace que un padre de familia sea pasivo en la educación de sus hijos; y en la actualidad hay muchos padres llenos de fe, dedicados al servicio a Dios tanto como oficiales de iglesia o solamente como laicos, que son pasivos como Elí, y que solamente están observando la decadencia espiritual de sus hijos sin predicarles el evangelio que les puede restaurar.

   Por eso en esta exposición les voy a predicar que: Los padres que sirven a Dios de todo corazón, no deben ser pasivos en predicarles a sus propios hijos. / ¿Por qué los padres que sirven a Dios de todo corazón no deben ser pasivos en predicarles a sus propios hijos? / En este mensaje les voy a hablar de varias razones por las que ningún padre debe ser pasivo en predicarles a sus propios hijos.

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   La primera razón por la que ningún padre debe ser pasivo en predicarles a sus propios hijos, es:

I.- PORQUE LOS HIJOS SE PUEDEN INCLINAR A LA IMPIEDAD.

    La primera descripción de la vida de los hijos de Elí, según Samuel, es que: “Los hijos de Elí eran hombres impíos” (1 Samuel 2:12a), a pesar de que su padre era el más encumbrado representante de todos los ministros del pueblo de Dios. Sobre él no había un líder superior, pues él era el líder de cientos de sacerdotes en todo el país.  Su impiedad fue evidente de muchísimas maneras.  Por ejemplo, cuando sus hijos llegaron a ser sacerdotes, teniendo ellos el privilegio de recibir de los que ofrecían sus sacrificios, toda la carne que podía engancharse en un garfio especial diseñado para separar su parte, ellos antes de tener el consentimiento de los que presentaban sus sacrificios, les quitaban a la fuerza más de la carne permitida, y antes del momento que en el ritual podían tomar lo autorizado por Dios. Samuel nos explica que: “Era, pues, muy grande delante de Jehová el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de Jehová” (1 Samuel 2:17).  Esto solamente era parte de la impiedad de los hijos de Elí.  Otro aspecto de su impiedad era que: “dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión” (1 Samuel 2:22b); es decir, eran adictos y pervertidos en fornicación.

   Lo peor de todo ello es que es que “él no los ha estorbado” (1 Samuel 3:13; RV60); “no los refrenó” (1 Samuel 3:13; NVI); “no los ha reprendido” (1 Samuel 3:13; DHH); y “no hizo nada para corregirlos” (1 Samuel 3:13; TLA).  Fue pasivo en predicarles a sus dos hijos, pero eso sí era el sumo sacerdote que en el ejercicio de sus funciones, tuvo el valor de reprender a una pobre mujer llamada Ana, solo porque mientras ella oraba en el Tabernáculo, a él le pareció que ella estaba ebria; pero no le importó que sus propios hijos se estaban inclinando hacia todo tipo de impiedad.  Esto es lo que a veces pasa no a todos, pero sí a una gran cantidad de padres de familia que en vez de ocuparnos de nuestros hijos queremos corregir a los hijos de otros o a otras personas, mientras somos pasivos con nuestros propios hijos.  No debe de ser así amados hermanos.

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   La segunda razón por la que ningún padre debe ser pasivo en predicarles a sus propios hijos, es:

II.- PORQUE LOS HIJOS CRECEN SIN CONOCIMIENTO DE DIOS.

    La segunda descripción de la vida de los hijos de Elí, además de que “eran hombres impíos” (1 Samuel 2:12a), según Samuel: “no tenían conocimiento de Jehová” (1 Samuel 2:12b).  Y lo grave del asunto es que en el contexto de la historia sus dos hijos, ya eran unos hombres mayores de 30 años, porque ya estaban ejerciendo el sacerdocio el cual no se podía ejercer antes de los 30 años.  Qué lamentable es que teniendo el privilegio más que derecho de ser sacerdotes del pueblo de Dios que necesita orientación acerca de la voluntad de Dios, estos ministros hijos del sumo sacerdote Elí “no tenían conocimiento de Jehová”.

   ¿Qué pasó en su niñez, adolescencia y juventud temprana, que no hayan conocido a Jehová el Dios de Israel, el mismo Dios nuestro en la actualidad?  Es evidente que el señor sumo sacerdote mientras estaba ocupado en su ministerio, o sagrado trabajo, no dedicó tiempo para enseñar o predicarles a sus propios hijos que estaban creciendo sin el conocimiento de quién es Dios y cómo se le debe temer y servir.  Es verdad que crecieron junto a él, y tanto en su adolescencia como en su juventud debieron haber ayudado en algo en el servicio sagrado, pero evidentemente fue solamente un servicio rutinario como hacer cualquier otra cosa que se hace hasta de manera inconsciente, sin el conocimiento esencial y divino que necesitaban.

   Todo esto les ocurrió a sus hijos, según Dios, porque “él no los ha estorbado” (1 Samuel 3:13; RV60); “no los refrenó” (1 Samuel 3:13; NVI); “no los ha reprendido” (1 Samuel 3:13; DHH); y “no hizo nada para corregirlos” (1 Samuel 3:13; TLA).  Fue pasivo en predicarles.  Esto nos enseña que aun siendo los servidores más notables de la iglesia, es sumamente necesario el dedicar tiempo para instruir a nuestros hijos en el camino de la fe. Pero, aun si somos de los que no están comprometidos ni involucrados en el servicio a Dios, tenemos que predicarles a nuestros hijos todo lo que deben saber con respecto a Dios y con respecto a los deberes que él con todo derecho nos impone tanto a padres como a hijos.

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   La tercera razón por la que ningún padre debe ser pasivo en predicarles a sus propios hijos, es:

III.- PORQUE LOS HIJOS MENOSPRECIARÁN EL CULTO A DIOS.

   Basta con leer 1 Samuel 2:13-17 para darnos cuenta cómo estos dos “falsos sacerdotes” de Israel, actuaban irreverentemente con respecto del culto a Dios.  Voy a leerles el texto bíblico al respecto para entender su problema de irreverencia hacia Dios y hacia el culto que los verdaderos fieles ofrecían de todo corazón a Dios según las prescripciones del antiguo sistema sacerdotal de Israel.  El texto bíblico dice: “Cada vez que alguien ofrecía un sacrificio, los hijos de Elí enviaban a un sirviente con un tenedor grande de tres dientes. Mientras la carne del animal sacrificado aún se cocía, / el sirviente metía el tenedor en la olla y exigía que todo lo que sacara con el tenedor fuera entregado a los hijos de Elí. Así trataban a todos los israelitas que llegaban a Silo para adorar. / Algunas veces el sirviente llegaba aun antes de que la grasa del animal fuera quemada sobre el altar. Exigía carne cruda antes de que hubiera sido cocida, para poder asarla. / Si el hombre que ofrecía el sacrificio respondía: «Toma toda la que quieras, pero solo después de quemarse la grasa», el sirviente insistía: «No, dámela ahora o la tomaré por la fuerza». / Así que el pecado de estos jóvenes era muy serio ante los ojos del Señor, porque trataban las ofrendas del Señor con desprecio” (1 Samuel 2:13-17; TLA).  La RV60 traduce esto de tratar con desprecio las ofrendas del Señor, diciendo que: “menospreciaban las ofrendas de Jehová” (1 Samuel 2:17; RV60).  Este menosprecio era la evidencia de su irreverencia primero para con Dios, pero luego también para con su culto.

   Pero también esto ocurrió con los hijos de Elí, según Dios, porque “él (Elí) no los ha estorbado” (1 Samuel 3:13; RV60); “no los refrenó” (1 Samuel 3:13; NVI); “no los ha reprendido” (1 Samuel 3:13; DHH); y “no hizo nada para corregirlos” (1 Samuel 3:13; TLA).  Fue pasivo en predicarles.  Pero, en este caso, la irresponsabilidad de este padre fue doble porque no solo fallaba como padre, sino también como sumo sacerdote, porque las irregularidades que sus hijos cometían en el ejercicio del sacerdocio, también él tenía la autoridad para exhortarles e incluso hasta deponerles de sus funciones por profanos e irreverentes, pero no lo hizo.  Esto, nos enseña que nosotros también no debemos ser consentidores con las profanidades que nuestros hijos pretendan hacer, fingiendo ser cristianos cuando sus vidas evidencian lo contrario. Tenemos que predicarles el evangelio aunque ya sean mayores de edad, pero mejor hacerlo desde que son pequeños.

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   La cuarta razón por la que ningún padre debe ser pasivo en predicarles a sus propios hijos, es:

IV.- PORQUE LOS HIJOS ARRASTRARÁN A OTROS A PECAR.

   Es muy vergonzosa la perversión de estos dos hijos impíos de Elí. Su perversidad sexual había involucrado seguramente que a la fuerza a mujeres devotas a Dios quienes, con sentido de servicio y consagración a Dios, servían como guardias del tabernáculo.  Dice el texto bíblico según nuestra versión RV60 “Pero Elí era muy viejo; y oía de todo lo que sus hijos hacían con todo Israel, y cómo dormían con las mujeres que velaban a la puerta del tabernáculo de reunión” (1 Samuel 2:22). ¿Qué es eso? No son actitudes dignas de un siervo de Dios constituido para ejercer el sacerdocio en Israel. Supongamos que don Elí no les haya dicho por lo menos una vez en la vida que deberían ser santos en el aspecto sexual de sus vidas, es imposible que no sepan que su proceder no era el correcto.  Lo peor era que siendo ministros de la ley de Dios, no solamente ellos pecaban por su propia voluntad, sino que de paso arrastraban al pecado a otras personas que, si bien no lo hacían deliberadamente, finalmente caían en una falta que Dios uno siglos atrás castigó con la muerte a más de 14,000 mil personas que practicaban el pecado de fornicación, lo mismo que estos hijos de Elí estaban cometiendo con las mujeres de la guardia del tabernáculo.

   Otra vez, la triste realidad de aquella situación, aunque la decisión era propia de sus hijos, mucho tiene que ver con Elí como padre de familia, porque “él no los ha estorbado” (1 Samuel 3:13; RV60); “no los refrenó” (1 Samuel 3:13; NVI); “no los ha reprendido” (1 Samuel 3:13; DHH); y “no hizo nada para corregirlos” (1 Samuel 3:13; TLA).  Fue pasivo en predicarles la sana espiritualidad de por lo menos la ley moral de Dios, así como los requisitos de la ley ceremonial de Dios.  Dios nos libre de tener hijos impíos que a su vez también sean culpables de involucrar a otros hacia la abierta desobediencia a Dios; pero sería mejor que no seamos pasivos en predicarles el evangelio a nuestros hijos e hijas desde su infancia, durante su niñez, adolescencia, y aun en su edad adulta, antes que gente impía les guíe a la inmoralidad como ocurrió con los hijos de Elí.  Ahora es el tiempo de predicarle a nuestros hijos, sean pequeños o sean mayores de edad.

 

   La quinta razón por la que ningún padre debe ser pasivo en predicarles a sus propios hijos, es:

V.- PORQUE LOS HIJOS NO TENDRÁN RESPETO A SUS PADRES.

   A continuación, lean o escuchen lo que le sucedió a este anciano padre, o más bien observen la irrespetuosa manera cómo ellos trataron a su señor padre.  Específicamente, cuando se enteró del inmoral proceder de sus hijos, Elí, según Samuel les dijo: “… ¿Por qué hacéis cosas semejantes? Porque yo oigo de todo este pueblo vuestros malos procederes. / No, hijos míos, porque no es buena fama la que yo oigo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová. / Si pecare el hombre contra el hombre, los jueces le juzgarán; mas si alguno pecare contra Jehová, ¿quién rogará por él?” (1 Samuel 2:23-25b).  Realmente ya era demasiado tarde cuando los quiso corregir, porque ya se sentían mayores de edad; por lo que de nada le sirvió a Elí su esfuerzo de amonestarles.  En la siguiente frase del versículo 25 observen cuál fue la reacción de estos irrespetuosos hijos.  Samuel, dice de ellos: “Pero ellos no oyeron la voz de su padre” (1 Samuel 2:25c).  A estas alturas de la edad adulta de Ofni y Fineés, debieron haber sido maduros para escuchar a su propio padre, al mismo tiempo que él mismo era también su autoridad en el tabernáculo porque él era el sumo sacerdote en turno.  Ambos debieron oír la amonestación de su padre, sin embargo, como no le tenían respeto a su padre, terminaron no haciéndole caso.

   Todo esto, no tiene otro motivo más que el que Dios dice de Elí, de que “él no los ha estorbado” (1 Samuel 3:13; RV60); “no los refrenó” (1 Samuel 3:13; NVI); “no los ha reprendido” (1 Samuel 3:13; DHH); y “no hizo nada para corregirlos” (1 Samuel 3:13; TLA).  Fue pasivo en predicarles a sus hijos cuando eran unos jóvenes, o cuando eran todavía adolescentes, o peor si no lo hizo desde que eran niños.  Es verdad que hay hijos que, a pesar de haber sido bien enseñados y educados, se convertirán en rebeldes; pero, este no fue el caso de los hijos de Elí, según Dios mismo, pues la realidad es que él como padre no ejerció sobre ellos su liderazgo paternal.  Muchas veces, el no establecer desde la niñez de los hijos, las bases de una buena educación en el temor de Dios, es el motivo por el que los hijos crecen con rebeldía, desobediencia, e ignorando los consejos.

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   La sexta razón por la que ningún padre debe ser pasivo en predicarles a sus propios hijos, es:

VI.- PORQUE DIOS LOS JUZGARÁ POR SU IMPIEDAD.

   El texto bíblico, además de decir de Ofni y Fineés: “Pero ellos no oyeron la voz de su padre”, Samuel el autor de la historia de ellos, explica que por la gravedad de sus faltas de las cuales no estaban dispuestos a arrepentirse, Dios no los perdonaría “porque Jehová había resuelto hacerlos morir” (1 Samuel 2:25b). Era tanta la impiedad de ellos, que nunca demostraron arrepentimiento por sus pecados, a tal grado que Dios mismo decidió no obligarlos ni por la fuerza ni por su Espíritu para transformarlos.  Al contrario, Samuel nos dice que “Jehová había resuelto hacerlos morir”, tal como castigó en el pasado por no demostrar arrepentimiento, no a dos sino a más de 14,000 personas en una sola ocasión.

   ¿Qué triste es cómo padre saber que Dios juzgará, sentenciará, y ejecutará a un hijo nuestro?  Dios envió a un profeta (no a Samuel) a decirle a Elí: “Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco. / He aquí, vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que no haya anciano en tu casa. / Verás tu casa humillada, mientras Dios colma de bienes a Israel; y en ningún tiempo habrá anciano en tu casa. / El varón de los tuyos que yo no corte de mi altar, será para consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor; y todos los nacidos en tu casa morirán en la edad viril. / Y te será por señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Finees: ambos morirán en un día” (1 Samuel 2:30-34).  Y por fin llegó el día, un día bastante doloroso y trágico para él mismo.  Siendo él ya bastante anciano, de 98 años (cf. 1 Samuel 3:15), que debería estar disfrutando su retiro del santo ministerio, su corazón estaba sufriendo por causa de sus hijos; y además, el día que recibió la mala noticia de la muerte de sus dos hijos, por el mismo impacto de la noticia junto con la captura por los filisteos, del arca del pacto de Dios que ellos custodiaban, Elí “… cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y murió” (1 Samuel 3:18b).

   Una de las causas de haber llegado este triste y mortal momento para los dos hijos impíos, así como el momento de la muerte accidentada de Elí, fue porque “él no los ha estorbado” (1 Samuel 3:13; RV60); “no los refrenó” (1 Samuel 3:13; NVI); “no los ha reprendido” (1 Samuel 3:13; DHH); y “no hizo nada para corregirlos” (1 Samuel 3:13; TLA).  Fue pasivo en predicarles a sus hijos de que “la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23), una verdad que debía ser bien conocida por Elí como sumo sacerdote.

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   La séptima razón por la que ningún padre debe ser pasivo en predicarles a sus propios hijos, es:

VII.- PORQUE LOS HIJOS NO DESARROLLARÁN FE EN DIOS.

  Ahora, qué hermoso es cuando el apóstol Pablo se dirige a un joven llamado Timoteo, diciéndole que puede observarle: “la fe no fingida que hay en ti” (2 Timoteo 1:5a).  Este no era un hombre impío como los hijos de Elí. Pero, es interesante observar que Pablo le comenta a Timoteo que esa fe que Timoteo tiene “habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también” (2 Timoteo 1:5b, c, d).  La fe no pasa en automático de los abuelos a los nietos, ni de los padres a los hijos, por lo que para Timoteo su fe en Dios no fue automático ni heredado, ni de la abuela Loida ni de su mamá Eunice.  La abuela Loida se ve que hizo un buen trabajo de predicarle a su hija Eunice las verdades de las Sagradas Escrituras, aunque su hija Eunice tuvo sus propias rebeldías, al casarse con un hombre con el que no debió haberse casado, por ser un griego que no tenía nada de temor de Dios.  Sin embargo, Eunice fue esforzada, diligente, en enseñarle a su hijo Timoteo las Sagradas Escrituras y las mismas verdades que ella debió haber escuchado de su madre Loida.

   De alguna manera, Pablo se enteró de esta educación que Eunice le dio a su hijo Timoteo, pues cuando Pablo tuvo que escribirle una segunda carta a Timoteo, le recuerda: “… persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; / y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. / Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarg:uir, para corregir, para instruir en justicia, / a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:14-17).  Desde niño fue educado con las Sagradas Escrituras por una madre piadosa; y por haber oído una y otra vez, la palabra de Dios, en Timoteo había nacido una fe real y verdadera en Dios.  Esto fue lo que le hizo falta a Ofni y Fineés por parte de su padre.  Esto fue lo que Elí no hizo con sus hijos.  Esto es lo que muchos padres de familia descuidamos para con nuestros hijos, al no enseñarles la palabra de Dios, por lo que nuestros hijos crecen sin fe o con mucha falta de fe.

   La fe en Dios surge en el corazón de cada persona, desde luego que por la gracia y por don de Dios (cf. Efesios 2:8), pero en lo práctico la fe surge en las personas mediante el oír la palabra de Dios (cf. Romanos 10:17), palabra que se transmite por medio del hablarles o leerles la palabra de Dios.  Cuando los padres comparten por lectura o explicación esa palabra de Dios a sus hijos, también se puede esperar que ellos desarrollen una fe real en Dios que evitará que ellos sean impíos y los transformará en personas piadosas llenas de fe, y dedicadas rectamente al servicio de Dios.  Prediquemos a nuestros hijos la palabra de Dios, el evangelio de toda las Escrituras, para que nuestros hijos sean personas de fe, que nos traigan alegría y satisfacción de haber sido instrumentos de Dios para guiarlos a la gloriosa salvación por medio de Cristo.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, evitemos ser padres pasivos que no hablemos la palabra de Dios a nuestros hijos. La palabra de Dios, será el medio de gracia que Dios usará para que 1).- no se inclinen a la impiedad; 2).- tengan el conocimiento correcto y necesario acerca de Dios; 3).- no menosprecien a Dios y su culto; 4).- no arrastren a otros al pecado, sino más bien que lleven a otras personas a los pies de Cristo; 5).- no sean hijos irrespetuosos ni con sus padres ni con su esposa e hijos, aunque por la ley civil sepan que ya son mayores de edad; 6).- no sean juzgados, sentenciados, y ejecutados por la recta y santísima justicia de Dios; y 7) no desarrollen incredulidad, sino fe, la fe salvadora por medio de Jesucristo.

   Que Dios nos dé a todos los que somos padres, no solamente la gracia de predicarles a otros el santo evangelio de su hijo Jesucristo, sino que también nos de la gracia de no ser pasivos para predicarles primero a nuestros propios hijos.

Jul 24

CÓMO HABLAR SIEMPRE CON RESPETO, Por: Diego Teh.

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CÓMO HABLAR SIEMPRE CON RESPETO

2 Reyes 2:23,24; Efesios 4:25-32.

   Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Cristo es el Camino” de la col. Chuminópolis, de Mérida, Yuc; el día domingo 24 de Julio del 2016, a las 9:30 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Nuestra primera lectura nos habla del irrespeto que un grupo de muchachos tuvo hacia un profeta de Dios, a un hombre mayor que ellos, cuyo problema era la calvicie.  Aprovechando la situación los muchachos se burlaron de él, diciéndole: “¡Calvo, sube!  ¡calvo, sube!” (2 Reyes 2:23c).  El texto bíblico presenta el caso como una falta de respeto.  El hecho de que la maldición que este profeta se atrevió a proferir en nombre de Dios, se haya cumplido en contra de 42 de aquellos muchachos montoneros que le habían tratado con falta de respeto, nos indica que Dios no se agrada de las acciones irrespetuosas de todas las personas.  Especialmente los cristianos no debemos ser parte de esa infra cultura pecaminosa del irrespeto, sino que somos las principales personas que debemos demostrar el respeto hacia los demás.  Estoy seguro que algunos se confunden en pensar que la cortesía es sinónima de respeto por el solo hecho de saber decir: “buenos días/tardes/noches”, o decir “con permiso”, “pase usted caballero/señora/señorita”.  Respeto, va mucho más allá de formulismo de palabras.  Tiene mucho que ver cómo tratamos a los miembros de nuestra familia, a nuestros maestros, a los compañeros de trabajo, aun a los desconocidos o transeúntes, a los de edad avanzada, a los discapacitados, etc…

   El Nuevo Testamento contiene muchas indicaciones de cómo practicar el respeto hacia los demás.  En esta ocasión he seleccionado Efesios 4:25-32 de cuyo texto les predicaré que el apóstol Pablo nos enseña que debemos hablar con respeto cuando nos comunicamos con los demás. / ¿Cuáles son algunas de las maneras de hablar con respeto cuando nos comunicamos con los demás?  Basado en este pasaje bíblico y otros textos que usaré de apoyo, les compartiré algunas de tales maneras.

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   La primera manera de cómo hablar con respeto cuando nos comunicamos con los demás, es:

I.- HABLA SIEMPRE CON LA VERDAD.

   Lo primero que leemos en el texto de este mensaje, en palabras del apóstol Pablo dirigidas a personas que su vida sin Cristo habían llevado una vida irrespetuosa con su prójimo, es: “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros” (Efesios 4:25).   La persona que por medio de Jesucristo se ha integrado a la membresía del cuerpo de Cristo es responsable de desechar sus prácticas pecaminosas del pasado, como lo es la mentira.  A cambio, lo que se le ordena practicar es: “hablad verdad cada uno con su prójimo”.  El sentido de la orden es no solamente hablar toda verdad con respecto a cualquier asunto que no tenga que ver con la persona que habla y con la persona con quien habla, sino tiene que ver con el trato de hablar con toda verdad con cualquier persona incluyendo a otras personas que también pertenecen a la membresía de la fe en Cristo.

   Cuando el texto apostólico dice que la razón de hablar con “verdad cada uno con su prójimo” es “porque somos miembros los unos de los otros”, enfatiza que la comunión con otros cristianos tiene como finalidad, en parte, fortalecer toda conducta digna de la fe cristiana.  Los demás creyentes de los que nos rodeamos no están para que los mintamos y tras mentirlo saquemos maliciosamente algún provecho de ellos.  Los demás creyentes están para que con ellos practiquemos y perfeccionemos el hacer todo bien, como es el caso de hablar con verdad y solo la verdad.

   Amados hermanos, se puede decir que practicamos el respeto en nuestra comunicación con los demás cuando evitamos ser mentirosos y hablamos con verdad y solo la verdad con las personas con quienes interactuamos cada día, comenzando con los miembros de nuestra propia familia, luego con las personas de las que nos rodeamos en el trabajo, con los hermanos en la fe que vemos entre una o más veces por semana, etc…

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   La segunda manera de cómo hablar con respeto cuando nos comunicamos con los demás, es:

II.- HABLA LO QUE ES EDIFICANTE.

   Otra instrucción que el apóstol Pablo comparte a los Efesios es: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29).  Quizá la mayoría de las faltas de respeto hacia los demás se da no por acciones sino por palabras.  Mucho tiene que ver el respeto con nuestra manera de hablar, más bien por la decencia de nuestro vocabulario.  Las palabras corrompidas a las que se refiere el apóstol Pablo es cualquier palabra que lleva el fin de ofender, lo cual puede ser una palabra obscena, un insulto a la dignidad humana, una grosería, etc…  Pero la instrucción aquí es clara para no caer en ser irrespetuoso. El hablar de alguien que es cristiano, dice el apóstol que debe ser “la que sea buena para la necesaria edificación”, y luego añade también que se debe hablar con palabras buenas “a fin de dar gracia a los oyentes”.  Esta instrucción no solamente indica que cuando nos comunicamos con los demás debemos ser en términos agradables, sino también que la persona con la que interactuamos en la comunicación reciba de nuestra parte una experiencia de edificación, especialmente por la experiencia de nuestra fe y conducta cristiana.

   Amados hermanos, he tenido el desagrado de escuchar afortunadamente no a tan gran número de creyentes, pero si a bastantes que en su manera de hablar con otros cristianos lo hacen con palabras de doble sentido, de groserías que no son dignas de nuestra fe y conducta.  Si hablan así, digamos que entre cristianos, cómo hablarían entre personas que no son de la fe.  También he tenido el desagrado decepcionante de escuchar de gente que profesa la fe cristiana, conversaciones con gente a las que les deberían compartir el testimonio de la vida cristiana con palabras y conductas, pero las conversaciones han sido de un tono nada edificante, nada agradable, sino conversaciones realmente corrompidas.  Hermanos, es necesario que si alguien de los que hoy hemos escuchado estas palabras apostólicas tiene esta mala costumbre de hablar corrompidamente, comience a considerar hablar lo que es edificante para los demás.  Esto también es tratar con respeto a los demás.  Un respeto que edifica a los que nos escuchan.

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   La tercera manera de cómo hablar con respeto cuando nos comunicamos con los demás, es:

III.- HABLA SIN EXALTACIÓN DE ÁNIMO.

   El apóstol Pablo siguiendo en el interés de orientar a los nuevos creyentes de Éfeso para que su nueva relación tanto con sus nuevos hermanos en la fe, como con cualquier otra persona con la que se relacionen, sea de respeto; les escribe: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia” (Efesios 4:31).  Todas estas reacciones pueden considerarse como resultados de una exaltación de ánimo.  Aunque este texto enlista varias maneras de exaltarse el ánimo con las cuales se manifiesta falta de respeto hacia alguien, no voy a hablar de ellas una por una.  Solamente voy a enfocarme en la que aquí se menciona como en el versículo 31 como “gritería”.  Una de las reacciones que debemos evitar los cristianos es la gritería.  El apóstol Pablo en este mismo capítulo 4 de su epístola a los Efesios, les había dicho entre varias cosas: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia” (Efesios 4:5).  Cuando en ambos textos, el del versículo 5 como el del versículo 31, dice: “Quítense de vosotros”, además de sugerir que parece que ahora que ellos estaban en la fe y el compañerismo cristiano, todavía se trataban unos a otros con exaltación de ánimo, lo cual tiene que evitar a toda costa.  Pero la instrucción “Quítense de vosotros”, también lleva una connotación de que cada quien en lo personal tiene que evitar caer en reacciones de mal carácter que le lleven a faltarle el respeto a los demás.

   A continuación voy a ilustrar el distanciamiento del corazón que se da en dos personas que se gritan el uno al otro.  Aunque utilizaré el nombre de un personaje de otra religión ajena al cristianismo que profesamos, no por eso significa que voy a promover su religión, ni tampoco significa que voy a minimizar el cristianismo.   Un día Meher Baba (gurú indio que declaró ser el avatar[1], Dios en forma humana[2]) preguntó a sus mandalíes (discípulos) lo siguiente: ¿Por qué la gente se grita cuando están enojados? Los hombres pensaron unos momentos:   – Porque perdemos la calma, dijo uno.   – Por eso gritamos, dijo otro.   Pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?, preguntó Baba. ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?    Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía a Baba. Finalmente él explicó: Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho.    Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse.    Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.    Luego Baba preguntó:   ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.     Baba continuó:   Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aún más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuando están cerca dos personas que se aman.    Luego Baba dijo: Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso[3].

   Amados hermanos, en la familia tampoco estamos libres de la posibilidad de esta reacción de la gritería, más bien de toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia” (Efesios 4:31). Es posible que alguna vez reaccionemos así.  Por eso es necesario trabajar esta cuestión comenzando con nosotros mismos para que nosotros no seamos culpables de exaltación ni en el hogar, ni con los hermanos con quienes nos reunimos, pues con todos debemos demostrar el respeto.

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   La cuarta manera de cómo hablar con respeto cuando nos comunicamos con los demás, es:

IV.- HABLA CON EXPRESIÓN CRISTIANA.

   Al final del texto bíblico que estoy exponiendo, leemos que el apóstol Pablo les indica a los Efesios que como alternativa de toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia” (Efesios 4:31), lo que deberían practicar los que son cristianos, se los dice de la siguiente manera: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32).  Resalta la benignidad, la misericordia, y el perdón, como elementos que una persona necesita para practicar el respeto hacia los demás.  Además, el apóstol Pablo aprovecha explicar a los Efesios que ese fue el carácter de Dios con ellos, y que ahora como cristianos su deber entre otras cosas es tratar a los demás “como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. La clave de esta última frase es “Como Dios…. en Cristo”.  Esto quiere decir que tanto en nuestras acciones como nuestras palabras deben ser con una expresión cristiana.

   Amados hermanos, ¡Qué hermosa decisión si usted en vez de devolver una ofensa, agresión, injuria, etc… mejor decide perdonar o hasta de expresarle personalmente perdón al ofensor!  ¡Qué bueno si esa decisión de ser benigno o bueno, misericordioso, y perdonador lo hacemos acordándonos de que Dios nos ha tratado favorablemente, por los méritos solamente de su propio Hijo Jesucristo!  Tratar a los demás con respeto, sabiendo que lo podemos hacer “en Cristo”, implica que si es necesario tenemos que bendecir a las personas que nos faltan el respeto, en vez de devolverles mal por mal.  Una expresión cristiana en nuestro trato hacia los demás toma en cuenta el compartirles el amor de Dios y la gracia de Cristo que ya está funcionando en nuestras vidas.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, recordemos que respetar a nuestros semejantes es un deber básico e importante primero por el hecho de ser humanos portadores de la imagen y semejanza de Dios (cf. Génesis 1:26, 27).  Respetar al prójimo equivale a tenerle respeto también a Dios.  Luego debemos ser respetuosos porque aquellos que pasamos a formar parte del pueblo de Dios tenemos también la responsabilidad de vivir los mandamientos morales y espirituales que Dios mismo estableció en los últimos seis de los Diez Mandamientos (cf. Éxodo 20:12-17).  Sin embargo, esencialmente los cristianos debemos ser respetuosos porque tenemos el ejemplo de Cristo nuestro benigno, misericordioso, y perdonador Salvador y Señor, de quien el apóstol Pedro escribió diciendo: “Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; / el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; / quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; / quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia;…” (1 Pedro 2:21b-24a).  En otras palabras, fue respetuoso con los demás a pesar de cómo fue tratado.  Eso nos responsabiliza a nosotros “para que vivamos a la justicia”, y al respeto.

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[1] En el marco del hinduismo, un avatar es la encarnación terrestre de un dios, en particular Visnú.   La palabra también se utiliza para referirse a encarnaciones de Dios o a maestros muy influyentes de otras religiones apartes del hinduismo, especialmente a los adherentes a tradiciones dhármicas cuando tratan de explicar a personajes como Cristo.   Explicación consultada en: http://es.wikipedia.org/wiki/Avatar

[2] Nota de google en: https://www.google.com/search?hl=es&q=Meher+Baba&btnG=BUSCAR

[3] Ilustración tomada de: http://www.webselah.com/-por-que-la-gente-grita