Mar 05

UNA FAMILIA QUE BUSCA EL REINO DE DIOS, Por: Diego Teh.

UNA FAMILIA QUE BUSCA EL REINO DE DIOS

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Mateo 6:33.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Ebenezer” de la col. San José Tecoh, de Mérida, Yucatán; el día domingo 05 de Marzo del 2017, a las 18:00 horas; con motivo del Día de la Familia, en México.

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   INTRODUCCIÓN: En el año 2005, hace doce años, a petición de organizaciones empresariales y de la sociedad civil, nuestro entonces presidente de la república don Vicente Fox, emitió por decreto que anualmente el primer domingo de cada mes de marzo se celebre en nuestro país el Día de la Familia.  El objetivo fue que además de fomentar la relación de todos los integrantes de la familia, cada familia debería crear iniciativas para el desarrollo integral de cada uno de sus integrantes.  Muy buena idea lo cual no contradice la palabra de Dios, sino más bien la honra, pues la palabra de Dios también procura la mejora de nuestra relación familiar, y el apoyarnos unos a otros para un sano desarrollo individual.

   El texto bíblico que he escogido para este mensaje dirigido a la familia, es una enseñanza de Jesús, dada a los que oyeron su célebre Sermón del Monte, en el que dijo que a pesar de las necesidades cotidianas y básicas de sobrevivencia: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33a); pero como por lo general, excepto algunos casos, no somos personas solitarias sino que siempre vivimos en familia, es apropiado entender que no solo en lo personal sino como familia debemos buscar el reino de Dios.  Por eso, este día he tenido la iniciativa de compartirles con fundamento en la palabra de Dios que toda familia cristiana que busca el reino de Dios se distingue por características particulares que se puede observar en ella. / ¿Qué características particulares se puede observar en una familia cristiana que busca el reino de Dios? / En este mensaje les voy a compartir a través de diversas historias y personajes bíblicos, algunas de tales características.

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   La primera característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

I.- VIVE UNA ESPIRITUALIDAD TANTO INTERIOR COMO EXTERIOR.

   Aunque la historia de Lot está en el libro del Génesis, me gusta mucho una descripción que el apóstol Pedro da acerca de la intervención de Dios para librar a este personaje; pero al mismo tiempo describe la espiritualidad que este hombre mantuvo entre la gente perversa de las ciudades de Sodoma y Gomorra.  Al respecto de la espiritualidad de Lot, el texto dice que siempre se encontraba: “…abrumado por la nefanda conducta de los malvados / (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos)” (2 Pedro 2:7b,8).  Pero no hay grande ganancia en que uno se sienta “abrumado”, ni le era de mucho provecho porque “afligía cada día su alma”.  El provecho era real y bueno, pero solamente para él.  Se ve que fue un hombre de fe real y evidentemente firme en Dios, pero su esposa y sus hijas no tenían la misma madurez espiritual que él, lo cual las llevó a una tragedia general en muchos aspectos de sus vidas.  Pero eso fue en parte problema de Lot quien desde el principio no se preocupó por la espiritualidad de su familia.

   El problema de Lot, fue que solo quería vivir una espiritualidad interior en su alma, pero no quería vivir una espiritualidad exterior que es práctica.  Una espiritualidad como la de Lot es incompleta.  Lot vivía su espiritualidad solamente en su alma, pero en las cuestiones prácticas fue muy descuidado.  Cuando se tuvo que separar de su tío Abraham, Lot escogió lo que le pareció y realmente era la mejor tierra que le garantizaba un buen futuro económico para su oficio pastoril, pero no le importó que eso significaba un acercamiento a las ciudades de Sodoma y Gomorra cuya vida era de pecado, inmoralidad, perversión, homosexualidad, y más depravaciones, por lo que Dios ya les tenía en la mira para destruirlas y exterminarlas de la faz de la tierra.  Fue por su ideal de prosperidad que llevó a su familia hasta aquellos lugares.

   Cuando Dios por misericordia hacia Lot y su familia les quiso salvar de la destrucción que traería a estas dos ciudades, Dios le pidió a Lot que saliera de aquellos lugares y que se llevara a toda su familia, entonces Lot debió darse cuenta que su decisión de haber ido a vivir entre aquellas gentes, fue el error de su vida.  Sus hijas ya estaban comprometidas para matrimoniarse, así que Lot habló con sus yernos para explicarles lo que Dios les estaba orientando para hacer como familia, pero sus yernos no le hicieron caso, sino que lo consideraron loco.  Muy pronto sus hijas sufrieron el dolor de perder a sus prometidos, que sin duda amaban con todo su corazón, pero al ver que fue Dios quien les quitó a sus prometidos, debieron haber tenido algún resentimiento contra Dios.  Eso no hubiera pasado si Lot no hubiese llevado a sus hijas a aquellos lugares profanos.

   Cuando por fin se dio la misericordia de ser salvados de la destrucción, en el camino de huida, a pesar de que recibieron la instrucción de no mirar hacia atrás para no ver la destrucción de aquellas ciudades, la esposa de Lot, desobedeció la instrucción y volteó a mirar, y en consecuencia quedó hecha una estatua de sal.  La razón por la que esta mujer volteó para mirar, debe ser no solamente por curiosidad sino porque le estaba doliendo profundamente perder algo a la que estaba arraigada su vida cotidiana.  Como dijera Jesús, donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).  Su tesoro no estaba en la misma fe de su esposo; su tesoro no estaba en el reino de Dios; su tesoro no era Dios, al grado que le importó poco el desobedecer su instrucción.  Lot no debió llevar a su esposa a aquellos lugares.

   Posteriormente, las hijas decidieron cometer incesto con su propio padre.  Su argumento fue “Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra” (Génesis 19:31).  Por supuesto que en Sodoma y Gomorra no quedó varón para ellas, pero en el resto del mundo habían más varones.  Por ese mismo tiempo, Abraham quien no quiso comprometer a su hijo Isaac con las egipcias, ni con las cananeas, y mujeres de otras decenas de ciudades donde él había conocido sin duda que a muchas mujeres hermosas, exploró la opción de enviar hasta Ur en Mesopotamia para que trajesen de allí una esposa de entre su propia parentela para su hijo; y funcionó el plan.  Las hijas de Lot, pudieron establecerse a vivir en otras ciudades, y seguro que no faltaría hombre que las tome como esposa.  Por otra parte, no es verdad que Lot fuese tan viejo como ellas dijeron, pues su tío Abraham, para esa fecha era muchos años más grande que Lot, y todavía ni le nacía su primer hijo, y luego tuvo más hijos no solo con Agar, sino con Sara, y también con su concubina Cetura (Cf. Génesis 25:1,2; 1 Crónicas 1:28,32).  Lot, seguramente pudo haberse buscado una nueva esposa con quien tener descendencia varón; pero sus hijas estaban arrastrando la influencia de la cultura pecaminosa e inmoral de Sodoma y Gomorra, donde su padre quiso que ellas crecieran.  Esto no tenía que pasar si Lot hubiese pensado que su familia esté fundamentada en la fe interior y en la fe práctica.

   Amados hermanos, tomando en cuenta que cada uno de nosotros somos parte de una familia, debemos no solo de manera personal sino también como familia estar en búsqueda del reino de Dios.  Si se llegar a dar la necesidad que usted tenga que cambiar de trabajo, analice cómo este cambio contribuye a que su familia busque el reino de Dios.  Si el trabajo al que aspira no contribuye a este fin, mejor búsquese uno más apropiado.  Pida a Dios sabiduría para tomar la decisión correcta.  Cuando usted tome la decisión de cambiar de domicilio no lo haga a la ligera, analice también si esto contribuye a que su familia busque el reino de Dios; porque si no, entonces busque una vivienda más apropiada.  En la mala experiencia de Lot podemos darnos cuenta de cuán lamentable es buscar otros objetivos sin buscar primeramente el reino de Dios.  No se conforme usted como Lot quien en lo personal solo se sentía “…abrumado por la nefanda conducta de los malvados”, pero vivía entre ellos arriesgando la espiritualidad de su familia.  No sea usted como Lot quien aunque sinceramente “afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos” (2 Pedro 2:7b,8), pero allí estaba envenenando el alma de su esposa y de sus hijas.  Lo mejor, fue no haberse establecido con ellas en Sodoma y Gomorra, a donde fue llevado por el producto de su mirada tan humana y su corazón tan ambicioso.  Una familia que busca el reino de Dios debe ser congruente en su vida espiritual que se desarrolla en su alma o corazón, pero también en la vida espiritual que se desarrolla en las decisiones que se toman para las cosas prácticas de la vida que edifican o pueden destruir a nuestra propia familia.

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   La segunda característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

II.- AMA EL CULTO A DIOS ANTES QUE OTRA ACTIVIDAD.

  La familia de la cual voy a hablarles en este apartado del mensaje es la de José y María, los padres terrenales de Jesús nuestro Salvador y Señor.  Lo primero que quiero indicarles es que San Lucas hablando más de Jesús que de sus padres, aprovecha relatar que: “Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua” (Luca 2:41).  Este dato es relevante, porque la pascua era en realidad un culto prescrito en la ley de Moisés (más bien de Dios) que duraba siete días, en el que se aprovechaba dar gracias a Dios porque un día sus antepasados los israelitas fueron libertados de la esclavitud a la que fueron sometidos por los gobernantes egipcios.  Aunque para este tiempo José y María vivían en Nazaret de Galilea, desde unos ocho años atrás desde que regresaron de Egipto, entonces, por lo menos los últimos 7 u 8 años no descuidaron ir al culto o fiesta de la pascua.  Lo que esto significa es que esta familia evidentemente amaba el culto a Dios antes que cualquier otra actividad.  En la actualidad hay una carretera que lleva de Nazaret a Jerusalén con un tramo de 150 km, que en auto se estima se puede recorrer en menos de dos horas, y a pie pero sin descanso en 31 horas, pero a pie con descansos podría llevar hasta 4 días-jornada de camino. Solo se necesita amor para ir a siete días de culto para decidir caminar toda esa distancia.

  Sin embargo, otro dato todavía más relevante que en realidad involucra a la familia es lo que San Lucas dice más acerca de Jesús que de sus padres, pero aludiendo a sus padres dice que “cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta” (Lucas 2:42).  Era un asunto de la ley de Moisés que los niños menores de doce años no tenían que ir al templo de Jerusalén, sino hasta que tuviesen doce años de edad, por lo que es entendible este énfasis de San Lucas acerca de la visita de Jesús al templo de Jerusalén “cuando tuvo doce años”.  Pero lo relevante aquí es que no dejaron a Jesús a hacer quizá aunque pequeños trabajos en la carpintería de la familia.  Ni siquiera José mandó a María y a Jesús mientras él se quedaba a trabajar.  Ni María les pidió que José y Jesús fueran solos aprovechando que ahora José tendría un acompañante durante el viaje.  La misma María que había viajado embarazada a punto de dar a luz, con tal de obedecer el edicto de Augusto César de empadronarse cada quien en su lugar de nacimiento; ahora, seguramente consideró como cada año que ella debía obedecer a Dios por muchas más razones.  En fin, vemos a José, María, y Jesús, como una familia que ama más el culto a Dios que cualquier otra actividad.

   Amados hermanos, hoy no tenemos que viajar a 150 km de distancia para ir al culto, pues a unas cuantas cuadras, o unas cuantas colonias de distancia tenemos el templo más cercano de nuestra preferencia a donde podemos ir al culto. ¡qué bendición!  Hoy también no tenemos por qué quedarnos en casa y enviar a los demás de nuestra familia al culto.  Hoy no debemos enviar a la familia al culto y nosotros salir a pasear con los amigos o con las amigas, ir al cine, al futbol o béisbol, etc… Hoy no debemos ni siquiera dejar a nuestros hijos pequeños o adolescentes en casa porque amen más dormir que adorar a Dios.  Aunque la iglesia no provee espacios para dormir, provee espacios de enseñanza y adoración muy importantes para que sean aprovechados por toda la familia.  Jóvenes, no deberían poner como excusa de que tienen mucha tarea con tal de evitar acudir al culto, para luego que sus padres salgan de casa para ir al culto, ustedes no se dedican a hacer la tarea sino a dormir, jugar, pasear, o hacer otra cosa, menos la tarea.  Adultos, jóvenes, y niños, recuerden que una familia que busca el reino de Dios es una familia que ama el culto a Dios antes que cualquier otra actividad.

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   La tercera característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

III.- ABRE LAS PUERTAS DE SU CASA PARA COMPARTIR EL EVANGELIO.

  Primero quiera hablarles de una familia conformada por un matrimonio.  Se trata de Priscila y Aquila. Lo primero que sabemos de ellos es que eran buenos conocedores del evangelio de Jesucristo, que en la ciudad de Éfeso se encontraron a un buen predicador llamado Apolos que tenía un escaso conocimiento acerca de Jesucristo, pues lo único que sabía de Jesucristo estaba limitado a lo que Juan el Bautista predicaba cuando Jesús fue bautizado por él.  Ahora, predicar a Jesucristo, implicaba mucho más, como la razón de su muerte en la cruz; el significado de su resurrección; su poder para perdonar pecados, y sanar enfermos, etc…  Priscila y Aquila, conocedores de estas cosas, orientaron con mucho amor a este Apolos, quien tomo nota de cada detalla para mejorar sus predicaciones con respecto a Jesús.   Priscila y Aquila, amaban las buenas noticias del poder redentor de Jesucristo.  Pero por alguna razón, muy pronto ya no estaban en Éfeso, sino que se fueron a vivir en Roma, a unos 2,000 kilómetros de Éfeso, pues cuando poco tiempo después el apóstol Pablo escribió su epístola a los Romanos, les dice: “Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, / que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles. / Saludad también a la iglesia de su casa” (Romanos 16:3,5a).  En este saludo, también sobresale la valentía de esta pareja por defender la fe y al mismo apóstol Pablo; pero lo que quiero enfatizar es que el saludo que va expresamente para ellos, es especificado “también a la iglesia de su casa”. ¿La iglesia en su casa? Sí, porque amaban el evangelio de Jesucristo y a Jesucristo mismo, y estuvieron de acuerdo en utilizar su casa para enseñar de Jesucristo.  Esto es parte de los que también voluntariamente puede hacer una familia que busca el reino de Dios, pues para vivir la fe en Jesucristo el Rey del reino de Dios, uno no busca más intereses que los intereses del mismo reino de Dios.

  En el mismo libro de los Hechos de los apóstoles tenemos también la historia de un hombre que vivía en la ciudad de Cesarea de Judea[1], que se llamaba Cornelio, que era un Centurión romano, y que era conocido como “piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre” (Hechos 10:2).  Por instrucciones de un ángel, Cornelio por medio de dos de sus criados y uno de sus soldados de confianza mandó traer a su casa al apóstol Pedro quien se encontraba en Jope a unos 51 kilómetros al sur de Cesarea, justo en la misma costa del mediterráneo.  Pero lo relevante del caso es que cuando el apóstol Pedro llega a Cesarea a casa de Cornelio, dice San Lucas que “Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos” (Hechos 10:24b).  ¡Qué buen hombre temeroso de Dios, pero no solo sino juntamente con su familia, cuya casa estaba dispuesta para recibir a parientes y amigos más íntimos!  La razón de haberlos juntado en su casa, según Cornelio mismo le dice al apóstol Pedro es: “todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado” (Hechos 10:33b).  Esta es una familia que ama el reino de Dios, utilizando su propia casa para que parientes y amigos conozcan dicho reino y a su Rey y Salvador Jesucristo.

  Como tercero de esta lista de personas que abrieron las puertas de su casa para compartir el evangelio tenemos a doña Lidia cuya historia la tenemos también en el libro de los Hechos de los Apóstoles.  Era una mujer comerciante vendedora de púrpura, proveniente de Tiatira pero ya establecida con casa en Filipos, que previamente tenía temor de Dios y le adoraba, pero cuando en Filipos escuchó una predicación del apóstol Pablo, y aprendió acerca de Jesús, cree en él y se bautiza juntamente con otros miembros de su familia, dice San Lucas junto con el apóstol Pablo y Silas, que: “nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos” (Hechos 16:15).  Esos mismos días Pablo y Silas fueron encarcelados, pero muy pronto fueron liberados por la mano poderosa de Dios, y dice también San Lucas que: “saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron” (Hechos 16:40).  Esta mujer y su familia fueron hospitalarios con los siervos de Dios porque sus intereses principales no era ni siquiera el comercio, sino el buscar primeramente el reino de Dios.  Esto también se puede practicar el día de hoy, recibiendo en nuestras casas a los predicadores que llegan de visita a nuestras iglesias y tienen que quedarse por varios días.  Incluso si no se quedan por varios días, parte de la hospitalidad en la casa es llevarlos a compartir con ellos por lo menos una de nuestras comidas con las que Dios nos bendice en nuestros hogares.  Esta mujer, Lidia y su familia, porque entendieron lo que significa buscar el reino de Dios, abrieron las puertas de su casa para convertirla en una casa donde se podían reunir “los hermanos” en la fe que estaban creyendo en Jesucristo en aquellos tiempos.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en la actualidad como discípulos de las enseñanzas de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, también debemos hacer caso a su instrucción: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33).  Buscar el reino de Dios también es un asunto de la familia.  Es la mejor iniciativa que podemos tener todos los que conformamos nuestra familia.  Nadie haga como Lot, o como su esposa, o como sus hijas, cada quien buscando sus propios intereses.  Más tarde estaríamos listos para cosechar los tristes resultados de no buscar a tiempo primeramente el reino de Dios. / En esta búsqueda del reino de Dios, es importante valorar la importancia del culto para ser adoradores de Dios, pues Jesús mismo dijo que Dios el Padre está buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad (Juan 4:23,24). /  Finalmente, no olvidemos que nuestra verdadera morada es el cielo de Dios que Él tiene preparado para los que somos creyentes.  Nuestra vivienda de la actualidad es solamente una concesión de Dios para que nos resguardemos mientras estamos aquí en la tierra, pues al final de nuestra vida allí quedará, y ya no nos servirá más para nada.  Mientras tanto, debemos ponerlo al servicio de los intereses del reino de Dios que es acercar el evangelio de salvación a los corazones de nuestros familiares, amigos, y demás conocidos.  Dios nos ayude a buscar primeramente siempre su reino.

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[1] Esta Cesarea estaba situada a 96 kilómetros al Noroeste de Jerusalén la capital de Judea.  Sin embargo, Cesarea era conocida como la capital romana de Judea.  Fue edificada por Herodes el Grande entre el 25 y el 13 a.C. Su nombre fue puesto por Herodes en honor al emperador Augusto César, el emperador en turno cuando la edificó.  En ella vivió Felipe el evangelista, Cornelio el Centurión, y también allí estuvo preso durante dos años el apóstol Pablo en lo que comparecía ante Felix, Festo, y Agripa. También era conocida como “la pequeña Roma”.  Leer más en: http://edc.evidenciasdelcristianismo.com/?page_id=491

Oct 01

Y EL SEÑOR AÑADÍA, Por: Diego Teh.

Y EL SEÑOR AÑADÍA…

Hechos 2:46-47.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Dios está aquí” de Lepán, Tecoh, Yucatán; el día sábado 1 de Octubre del 2016, a las 19:00 horas; con motivo de la recepción de las hermanas Justina y Mayté, como miembros en plena comunión.

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INTRODUCCIÓN: Dios estableció una ley universal que consiste en que todo lo que tiene vida tiene que crecer, y estoy seguro que Dios se goza en dar y ver el crecimiento de todo lo que vive por su providencia.  También los que somos padres nos sentimos muy gozosos cuando nos damos cuenta cómo nuestros hijos van creciendo de estatura desde su nacimiento, y cuando van progresando en todos los aspectos de su vida personal.  Cuando vemos que otros niños están creciendo físicamente más que los nuestros, comenzamos a preocuparnos e interesarnos en llevarlos al médico para ver si le pueden dar alguna vitamina que les ayude a crecer.  No quisiéramos verlos enanos sino con una estatura que sea como la nuestra o de preferencia más grandes que nosotros. ¿No es así?  Entre Dios y su iglesia sucede lo mismo, pues nos dice San Pablo que Dios da el crecimiento de su iglesia (cf. 1 Corintios 3:7), seguramente porque la quiere ver crecer.  San Lucas al describir el crecimiento que tuvo la iglesia en Jerusalén, dice: Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47).  Es de estas palabras que determiné presentarles el mensaje de esta ocasión, bajo el título escritural “Y EL SEÑOR AÑADÍA…”.

Quisiera hacer una exposición solamente del versículo 47, pero no podemos ignorar que el versículo 46 tiene una estrecha relación con el 47 al explicar primeramente cómo era la vida de aquellos que eran añadidos a la iglesia por el Señor. Al leer el versículo 46 nos damos cuenta que dice: “Y perseveraban unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo” (Hechos 2:46).  Precisamente estas palabras nos describen para qué Dios los añadía a la iglesia.

Por eso, en este mensaje voy a predicarles que Dios tiene motivos para añadir a una persona a la iglesia local. / ¿Qué motivos tiene Dios para añadir a una persona a la iglesia local? / Observando algunas palabras o frases de estos versículos, o infiriendo sus implicaciones, les compartiré algunos de los motivos de Dios para añadir personas a su iglesia.

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El primer motivo que Dios tiene para añadir a una persona a la iglesia local, es:

I.- PARA TENER COMPAÑERISMO CON OTROS CREYENTES.

El versículo 46 comienza describiendo la vida interesante de aquellos creyentes de Jerusalén, diciendo: “Y perserveraban unánimes” (Hechos 2:46).  Lo primero que resalta en esta expresión es que todos estaban de acuerdo en mantenerse no solamente unidos en aceptar las verdades del evangelio de Jesucristo, sino en estar aunque no de manera permanente pero sí frecuentemente reunidos.  Esto implica que la reunión de dos o más personas creyentes en Jesucristo tiene su importancia en la práctica de la fe cristiana.  Estos creyentes se dieron cuenta de lo importante que era mantenerse en una estrecha relación por el hecho de profesar la misma fe.

Esta práctica es evidente desde cuando Jesús fue crucificado, pues los apóstoles no se dispersaron sino que el mismo día e incluso una semana después Jesús los encuentra reunidos en el aposento donde en días pasados habían celebrado la última cena de pascua.  Luego, en la ocasión cuando vieron a Jesús ascender hacia el cielo, los apóstoles volvieron a Jerusalén, y junto con otras mujeres que creían en Jesús, comenzaron a reunirse en un aposento en el que de manera perseverante comenzaron a reunirse para diversas prácticas edificantes de la fe (cf. Hechos 1:12-14).

Amados hermanos, a cada uno de ustedes, pero de manera especial a los que hoy serán admitidos a la membresía de esta iglesia, quiero creer que es Dios quien les ha añadido o está añadiendo a su santa iglesia, en especial a esta comunidad de personas que por la gracia de Dios mismo han sido salvadas de la condenación eterna por Jesucristo. Dios les ha llamado a vivir la fe en el evangelio no de manera solitaria sino de manera unida con otros creyentes.  Esta es la comunidad que en caso de que alguien tenga dificultades en su vida cristiana, siempre estará dispuesta a apoyarles para levantarse de nuevo.  Aquí también se cumple lo que dice la Escritura que “mejores son dos que uno” (Eclesiastés 4:9).

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El segundo motivo que Dios tiene para añadir a una persona a la iglesia local, es:

II.- PARA DEDICAR TIEMPO EN LA NUEVA FE.

Al describir la frecuencia con la que aquellos creyentes perseveraban en unanimidad, san Lucas nos dice que era: “…cada día” (Hechos 2:46).  No era cada primer día de la semana.  El evangelio siempre tiene mucho que enseñar al ser humano, y también tiene requisitos para todos los días.  Aunque para los cristianos el primer día de la semana, o el domingo, tiene un especial significado para la fe debido a que ese fue el día de la resurrección de Cristo, lo cual es el día que representa la esperanza de glorificación que también nosotros aguardamos, no por eso es el único día en el cual debemos ocuparnos en la práctica de la fe.  Cada día debemos ser diligentes en ocuparnos en mantenernos, desde luego que primeramente en devoción con Dios, pero también en el compañerismo con otros creyentes a quienes podemos apoyar en el desarrollo de su vida cristiana, pero que también pueden ser muy útiles para contribuir a nuestra propia edificación.

Amados hermanos, que quede claro que ningún creyente es llamado para vivir una fe que se activa cada año, cada semestre, cada mes, e incluso solo cada sábado o domingo, sino que Dios extiende su gracia para vivirla “cada día”, que Dios añade personas a su iglesia para que vivan en la fe “cada día”.

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El tercer motivo que Dios tiene para añadir a una persona a la iglesia local, es:

III.- PARA APROVECHAR LA UTILIDAD DEL TEMPLO.

Desde que leemos los evangelios escuchamos a Jesús enseñar a través de su conversación con una mujer samaritana que: “la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre” (Juan 4:21).  El monte que Jesús menciona es el monte Gerizim en al cual los samaritanos creían que se debe adorar a Dios, pero los Judíos sabían por medio de las Escrituras que Jerusalén era el lugar correcto.  Sin embargo, Jesús aun siendo judío no quiso favorecer a sus paisanos sino que les habló con verdad que ni uno ni otro es el lugar esperado por Dios.  Su aclaración es muy aleccionadora para nosotros, pues Jesús le dijo a aquella samaritana: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23).  Por supuesto que no es el lugar, sino la actitud espiritual con la que uno pretende acercarse a Dios.

Por eso es que en Hechos 2, aunque había finalizado el objetivo ceremonial del templo desde que Jesús fue recibido por Dios como el sacrificio perfecto que se dio a sí mismo para satisfacer la demanda de Dios en contra del pecador, y que Dios lo había indicado con el rompimiento extraordinario del velo del lugar santísimo del templo de Jerusalén; el templo de Jerusalén no fue desechado para reunión de quienes creían en Jesús y su evangelio, pues en el segundo capítulo de los Hechos de los apóstoles leemos que aquellos primeros cristianos se acercaban tanto a los hermanos como principalmente a Dios “en el templo” (Hechos 2:46).  Eso quiere decir que el templo tiene una utilidad muy práctica y apropiada para cultivar la práctica de nuestra fe.  El templo de Jerusalén siguió siendo un lugar de reunión de los creyentes de Jerusalén, pero también frecuentemente desde el tiempo de Jesús también leemos de él reuniéndose en las sinagogas de las comunidades y otras ciudades; y luego sus seguidores no desecharon reunirse como cristianos en las sinagogas (que eran un lugar de reuniones y enseñanza de las Escrituras).  Es por eso que también podemos reunirnos en las casas de los hermanos, en el parque u otro lugar público si contamos con los permisos correspondientes de las autoridades.  Pero reunirse “en el templo” (Hechos 2:46) es muy apropiado para nuestra fe.

Amados hermanos, Dios nos ha unido, aunque no al templo, sino a Jesucristo primeramente y a su iglesia universal, ahora también somos parte de la iglesia local, en la cual contamos con un templo de reunión en la que hemos estado de acuerdo en reunirnos de manera regular y sistemática. Tengamos cuidado de no caer en la irresponsabilidad que el apóstol a los Hebreos amonestó desde su época cuando les dijo: “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre” (Hebreos 10:25).  Aprovechemos la bendición que hoy gozamos de tener un templo que ha sido construido desde hace unos años, en el cual podemos reunirnos para adorar a Dios y para estudiar su santa palabra.

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El cuarto motivo que Dios tiene para añadir a una persona a la iglesia local, es:

IV.- PARA RECORDAR LA GRACIA DE CRISTO.

Como parte de la descripción de la reunión de aquellos primeros cristianos de Jerusalén, se nos dice que una manera de representar vivamente su fe en Jesucristo, era: “…partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios,…” (Hechos 2:46).  El partimiento del pan, el comer juntos con alegría, la sencillez de corazón, la alabanza a Dios, no era solamente un pretexto de convivencia social, no era solamente para satisfacer el hambre que nos persigue casi cada seis horas, sino eran para ellos ocasiones para reflexionar en las palabras de Jesús quien cuando instituyó el sacramento de la santa cena dijo: “Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí” (Lucas 22:19).  Cada reunión, cada comida, era ocasión para recordar la gracia de Cristo.

Amados hermanos, cada vez que nos reunimos, aun cuando no se ministre el sacramento de la santa cena, es para conmemorar la gracia de Cristo.  Cada elemento del culto evoca la gracia de Cristo.  En especial la palabra de Dios si es bien predicada debe guiarnos a recordar la gracia de Cristo por nosotros los pecadores, e invitarnos a tomar acciones de tal manera que entremos o no mantengamos en dicha gracia divina.  Hermanos, no menosprecien el valor del culto.  No descuiden la importancia y valor de los sacramentos, o sea: No se olviden de Cristo la cabeza de la iglesia, de Cristo el Salvador de cada uno de nosotros.  Incluso cada vez que coman en su casa o en cualquier lugar, traigan a su memoria el gratísimo recuerdo de Cristo dando su vida para el pago de nuestros pecados, lo cual nos asegura la salvación por medio de él.

 

El quinto motivo que Dios tiene para añadir a una persona a la iglesia local, es:

V.- PARA PRACTICAR LA EVANGELIZACIÓN.

Y finalizando el versículo 46, San Lucas nos describe el resultado que tenía para la misma iglesia que los creyentes cumplan en su vida los motivos de Dios.  El resultado final era que cada día iban “teniendo favor con todo el pueblo” (Hechos 2:46).  Tener el favor del pueblo no significa que los hermanos contaban con apoyos económicos del gobierno, sino que los dsicípulos eran vistos como gente confiable que creía y practicaba una fe verdadera, práctica, funcional, y que valía la pena experimentar; y como consecuencia, aquellos que se consideraban incrédulos terminaban creyendo en Jesús, y se unían a la iglesia.  En otras palabras, su testimonio de vida como creyentes se traduce en efecto evangelístico lo cual invitaba a los incrédulos a la conversión al cristianismo.

Amados hermanos, el compañerismo, y la centralidad de Cristo en la vida cotidiana, son elementos que contribuyen y preparan a un creyente así como a toda una iglesia para estar listos para evangelizar efectivamente a la gente que nos rodea.  Cada uno de los que aquí nos reunimos, y cada uno de los que hoy serán admitidos como miembros, vivan de tal manera que la gente sin fe en Cristo que les ve en este pequeño pueblo, se den cuenta que es bueno vivir con fe en Cristo y anhelen aceptar al Cristo que ustedes hoy públicamente profesan creer.  Ser parte de la iglesia local, pero más porque somos de Jesucristo, nos hace responsables de presentar a Jesucristo a los perdidos que necesitan salvación eterna con sentido de urgencia.  Hemos sido unidos por Dios a esta su iglesia local para dedicarnos entre otras cosas a la evangelización.

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El sexto motivo que Dios tiene para añadir a una persona a la iglesia local, es:

VI.- PARA QUE LOS SALVOS SEAN IDENTIFICADOS.

Pero como tampoco me limitaré en el versículo 46 sino que tomaré en cuenta el versículo 47, veamos el motivo de Dios que también allí nos presenta San Lucas cuando dice: “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:47).  La iglesia no solamente somos un grupo de personas que administran bien su tiempo y saben sacar tiempo para reunirse a cantar, a orar, y a estudiar la palabra de Dios, sino que somos la comunidad de las personas que hemos sido salvadas de la condenación por Jesucristo. La iglesia entre cualquier otra asociación humana, debe distinguirse por la transformación que llega a las vidas de quienes la integran.  Son los salvos, y debe notarse.  La gente debe saberlo.  La gente lo ve.

Cuando una persona no es creyente en Jesucristo, difícilmente acudirá a una iglesia, y si va, no tendrá interés de unirse formalmente a ella, porque piensa que van a aumentar sus responsabilidades; pero cuando una persona primeramente ha creído en Jesucristo como su único y suficiente Salvador y Señor, muy pronto se dará cuenta que además de ser incluido en la iglesia universal e invisible, es necesario que también uno se una a una iglesia local, porque es en ella donde Dios integra a los que son salvos.  Pero, ¡mucho ojo!, la iglesia local no es el lugar en el que se cuelan por iniciativa propia aquellos que solo buscan ocultar su pecaminosidad y dar la impresión de que son personas espirituales.  Tiene que ser el toque que Dios pone en el corazón y la voluntad del creyente para que sienta amor por unirse a una iglesia local.  San Lucas dice que “el Señor añadía cada día a la iglesia”.  No la gente por sí sola se añade.  Si alguien se añade por sí solo, tal persona no es salva, y no va a demostrar un buen testimonio ni delante de Dios porque no puede, ni delante de la gente porque no ha buscado primeramente a Jesucristo quien transforma nuestra vida de tal manera que otros observan que hay un poder extraordinario que está cambiando nuestras vidas.  Pero cuando nos unimos a la iglesia local, porque ya somos creyentes en Jesucristo, todos van a darse cuenta que nuestra vida cambia, porque cada día somos santificados por la gracia de Dios.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, demos gracias a Dios porque nos ha añadido a su gloriosa iglesia universal pero también a su iglesia local.  Vivamos los motivos de Dios para que en nuestra vida personal, en la de nuestra familia, y en la misma iglesia local se observe que somos hijos salvos de Dios, de tal manera que esta congregación a la cual pertenecemos siga cumpliendo su función de crecimiento y de propagación.