Ene 27

FALTAN OBREROS DE DIOS; Por: Diego Teh.

senecesitanobrerosFALTAN OBREROS DE DIOS

Mateo 9:35-38.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la Cong. “Cristo es el Camino” de la Col. Chuminópolis, de Mérida, Yuc; el domingo 26 de Enero 2014; 10:30 hrs.

 

 

 INTRODUCCIÓN:   Una sociedad de los Estados Unidos dedicada a realizar encuestas sobre temas de interés general, publicó HACE UNOS AÑOS una estadística sobre la religión cristiana organizada con los siguientes datos interesantes[1]:

– El 5% de los miembros de las listas de las congregaciones, no existen.

– Al 10% de ellos no se les puede encontrar en ninguna parte.

– El 20% no ora nunca.

– El 25% nunca lee la Biblia.

– El 30% no asiste nunca a la congregación.

– El 40% no envía ni entrega ofrendas de ninguna clase.

– El 50% nunca recibe estudios bíblicos, ni ningún tipo de enseñanza que les pueda hacer crecer o madurar.

– El 60% no asiste nunca a las reuniones dominicales si estas se realizan por la tarde o por la noche.

– El 70% no da ayuda económicamente a ninguna institución (ni a la propia) relacionada con las misiones.

– El 75% nunca se dedica a actividad alguna de la Iglesia.

– El 90% no celebra ningún tipo de culto o reunión con su propia familia.

– “El 95% nunca ha sido capaz de acercar a alguien a Cristo”.[2]

    James Kennedy, autor del libro “Evangelismo Explosivo” nos recuerda esta última estadística de que en Norteamérica un 95% de los cristianos nunca han ayudado a alguien para acudir a Cristo, es decir solamente 5 de cada 100 hacen esfuerzos por guiar a otros a confiar en Cristo para su salvación.  En nuestro país, o quizá aquí en esta misma congregación cristiana, quizá igualmente no andamos con un porcentaje ideal de hermanos que guían a otros a rendir sus vidas a Cristo.

   Las palabras de nuestro Señor Jesús en el texto de este mensaje hacen un señalamiento de que el campo de trabajo en la obra de Dios: “A la verdad la mies es mucha”.  Esta observación de Jesús sigue siendo cierta y real hasta el día de hoy.  ¿Se pueden dar cuenta ustedes de qué maneras la mies es mucha?.

   Pero lo que especialmente quiero enfatizar en este mensaje es sobre la cantidad de obreros disponibles en la época de Jesús y que el día de hoy sigue siendo la misma cantidad ante la actual población y problemas sociales y espirituales nuestros y de la gente que vive en nuestro derredor.  Jesús dijo “mas los obreros pocos” . De sus palabras he tomado la idea del título de este mensaje: FALTAN OBREROS DE DIOS.   Apliquemos una estimación.  ¿Somos o tenemos suficientes obreros de Dios activos en nuestros deberes? De 65 miembros, ¿cuántos están haciendo trabajo de evangelización, discipulado, o de testimonio?.  Espero que más de 3 (el 5%), más de 6 (el 10%), más de 13 (el 20%), aunque es probable que no sea así.  Quizá es evidente que hace falta obreros de Dios.

    Dentro de nuestro pasaje bíblico, en la narración por San Mateo y en palabras de Jesús mismo, se nos plantea cómo darnos cuenta de la mucha falta de obreros en la mies de Dios. // ¿Cómo podemos darnos cuenta de que faltan obreros? // Podemos darnos cuenta a través de una atenta observación acerca de diversas realidades en la mies de Dios.

La primera realidad en la mies de Dios:

I.- SE VE EN LAS NECESIDADES DE LAS CONGREGACIONES.

   Lo primero que San Mateo nos relata en nuestro pasaje bíblico es que: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos” (v. 35a).   Las sinagogas eran un lugar de culto en el judaísmo de la época de Jesús habiendo un aproximado de 400 de ellas en toda Palestina.  Es algo similar como los templos usados actualmente en el cristianismo. Se utilizaba también para la lectura y enseñanza de la ley de Dios[3].

   En los evangelios se nos relata la visita de Jesús en sinagogas de distintas ciudades en los que se encuentra con actitudes indignas de gente temerosa de Dios, se encuentra con ideas raras no reveladas en la ley de Dios que se enseñaba a la gente que en vez de ayudarlo a convertirse en un verdadero hijo de Dios, lo convertían en “dos veces más hijo del infierno” que ellos (Mateo 23:15).   Lo que Jesús aprovechó en aquellas ocasiones que tuvo la oportunidad de estar en aquellas sinagogas fue ENSEÑAR. Dice el v. 35 que estuvo “enseñando en las sinagogas”.

   No solamente en aquel tiempo, sino también actualmente en las iglesias y congregaciones a las que pertenecemos podemos observar esta gran necesidad de excelentes maestros que enseñen la sana doctrina.    Quiero dejarle muy claro a usted que hacen falta obreros de Dios en nuestras congregaciones, solamente como ejemplo, para enseñar la palabra de Dios.  Sin embargo, hay otras muchas necesidades en las que usted puede participar como obrero para visitar, predicar, evangelizar, discipular, testificar, dirigir, aconsejar, y muchas vacantes más como para pastores, ancianos, diáconos, etc…, y quiero invitarlo a que usted acepte el llamado de Dios y tome su lugar, en este caso, para apoyar el ministerio de este lugar donde usted se reúne con otros hermanos en Cristo.  Usted mismo sabe cuánta necesidad de servicio hace falta aquí mismo.  Usted sabe que solamente un obrero de Dios puede hacerlo.  Usted es ese obrero de Dios que hace falta activarse aquí mismo.

La segunda realidad en la mies de Dios:

II.- SE VE EN NUESTRA AUSENCIA EN MUCHOS MUNICIPIOS.

   Otro detalle de la misión de Jesús es que a su paso por aquellas ciudades y aldeas iba “… predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (v. 35b).  Aquí se nos indica que como el mejor obrero de Dios su trabajo lo realizaba no solamente entre las paredes de una sinagoga, como Jesús no haría su trabajo hoy solamente dentro de las paredes de un templo.  El mismo v. 35 no indica que el evangelio y sus obras de misericordia las realizaba “en el pueblo”.  Eso dice el final del v. 35.   Mientras la gente se encerraba en sus sinagogas, Jesús estaba ”en el pueblo” donde está la gente que tal vez jamás se le ocurriría ir a un culto o una enseñanza bíblica.

   Amado hermano, en nuestro contexto quiero mencionar a manera de ejemplo cómo nuestro estado que tiene 106 municipios, después de 141 años de presencia de la iglesia presbiteriana en nuestro país, solamente tenemos presencia en 69 municipios. Hay 37 municipios donde “brilla nuestra ausencia”, sin mencionar a la multitud de comisarías, haciendas, y colonias en nuestras pequeñas y grandes ciudades.  Hace casi 50 años que establecimos una iglesia en el municipio # 69.  ¿Puede usted darse cuenta en esta observación de cuánta necesidad hay de más obreros en la mies de Dios, para ir “en el pueblo”?

   Aprovecho la oportunidad para invitarlo a usted mismo por medio de este mensaje a aceptar el llamado de Dios para ser el obrero de Dios que hace falta para llevar el evangelio a tantos lugares.  Sin embargo, estoy consciente de que usted vive en esta ciudad donde hay tantas colonias sin una iglesia.  Usted también puede ser obrero aquí mismo.  En nuestro libro de gobierno como iglesia tenemos la indicación que cuando un miembro de la iglesia se traslade a vivir en una zona donde no hay una iglesia, es su deber encaminar todo para iniciar una nueva con el apoyo de la iglesia más cercana.  Sin embargo, creo que por no tener la comprensión de que somos o debemos ser obreros de Dios, preferimos atravesar tres, cuatro o hasta cinco colonias o más para llegar donde hay un templo donde podamos reunirnos.  Hermanos, hay que ser obreros de Dios para abrir nuevas iglesias en donde no hay.

La tercera realidad en la mies de Dios:

III.- SE VE EN TANTA GENTE SIN ALGUIEN QUE LOS LLEVE A DIOS.

   San Mateo nos dice de Jesús que “… al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (v. 36).   El ser humano necesita como las ovejas a un pastor, es decir alguien que las apaciente, que se haga cargo de darles toda la provisión necesaria.   Este tipo de pastor de ovejas que se menciona en el v. 36 no necesariamente se trata del oficio eclesiástico de pastor.  Simplemente es una figura que representa que los seres humanos como ovejas necesitamos el apoyo, la orientación y guía de otra persona para que salgamos de nuestro desamparo, de nuestra dispersión lejos de Dios.  Esta figura de pastor representa a un obrero de Dios que se hace cargo de guiar a otras personas a Dios por medio de Cristo para su salvación.

   Pero, no solamente en la época de Jesús había multitudes que necesitaban que alguien las ayude a acudir a Dios.   Igualmente el día de hoy existe en las ciudades, y aún todavía en los municipios, y hasta en las comisarías suburbanas y rurales, gente por montones que nadie está preocupado por ayudarlos a conocer salvadoramente a Dios y a su Hijo Jesucristo. ¿Se da cuenta usted de la gran falta de obreros de Dios para llevar a otros a los pies de Cristo?   Ante esta gran necesidad le invito a usted a sumarse como obrero de Dios para llevar a otros el evangelio de Cristo para salvación.

La cuarta realidad en la mies de Dios:

IV.- SE VE EN EL ESFUERZO INSUFICIENTE SOLAMENTE DE ALGUNOS.

   Según San Mateo, las palabras de Jesús que describieron la realidad del desabasto de obreros en su época, fueron: “… A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos” (v. 37).   Jesús hace un contraste para notar la desproporción entre la magnitud de la mies y la cantidad de obreros.  La mies es mucha, los obreros pocos.  Afortunadamente Jesús reconoce quién es y quién no es obrero de Dios, y aunque en realidad sí los hay, pero la otra realidad es que son pocos.

   Con estas palabras Jesús quiere enfatizar que la labor de “predicar el evangelio del reino”, solamente es realizado por algunos, mientras que otra gran pero triste realidad es que otros solamente están de espectadores sin hacer realmente un mínimo esfuerzo.  Aunque forman parte del equipo de la iglesia, dejan que el esfuerzo de un pequeño grupo se haga cargo de la gran cantidad de responsabilidades a tomar en cuenta.  El resultado es que el esfuerzo de estos pocos siempre va a ser insuficiente.

   Hermano(a), si usted se encuentra en esa clasificación lo invito en el amor de Cristo a unirse al grupo de obreros de Dios que aman al Señor y a su obra.  Pase usted a formar parte de aquellos que desean servir en la obra del Señor.

   EXPLICAR QUÉ VACANTES HAY EN LA IGLESIA AHORA MISMO.

 

   CONCLUSIÓN:  Después de haber explicado estas cuatro realidades ¿qué decisión tomará usted?  Imagínese usted que en este momento Jesús le está pidiendo a usted que sea su obrero.   Medite usted en la letra de este himno:

1.- Cristo está buscando obreros hoy que quieran ir con él;
¿Quién dirá: “Señor, contigo voy, yo quiero serte fiel”?

Coro
¡Oh! Señor, es mucha la labor, y obreros faltan ya;
Danos luz, ardiente fe, valor, y obreros siempre habrá.

2.- Cristo quiere mensajeros hoy que anuncien su verdad;
¿Quién dirá: “Señor, yo listo estoy, haré tu voluntad”?

3.- Hay lugar si quieres trabajar, de Cristo en la labor;
Puedes de su gloria al mundo hablar, de su bondad y amor.

   Ahora, imagínese usted que su reacción va a ser como la de aquel joven llamado Saulo de Tarso.  Atrévase a decirle a Jesús: Señor, ¿qué quieres que yo haga? (Hechos 9:6).  Yo quiero ser tu obrero. Dígaselo con las palabras del antiguo himno: “Yo quiero trabajar para el Señor”.  Repita conmigo las siguientes palabras:

1.- Yo quiero trabajar para el Señor, confiando en Su Palabra y en su amor,
quiero yo cantar y orar y ocupado siempre estar en la obra del Señor.

Coro
Trabajar y orar en la obra, en la obra del Señor,
sí mi anhelo es orar y ocupado siempre estar en la obra del Señor.

2.- Yo quiero cada día trabajar y esclavos del pecado libertar
conducirlos a Jesús, nuestro guía nuestra luz en la obra del Señor.

3.- Yo quiero ser obrero de valor confiando en el poder del Salvador,
el que quiera trabajar hallará también lugar en la obra del Señor.


[1] (Datos de “Crusade Contact”, La cruzada para Cristo.   Anécdota 1308 , “Enciclopedias de Anécdotas e Ilustraciones”  Editorial Clíe / Vol. II. Andrés Elgueta Vidal)

[2] Para un mayor análisis de estas cifras, visitar: http://preparadelcamino.wordpress.com/2009/01/26/una-cruda-realidad-estadisticas-cristianas/

[3] http://es.wikipedia.org/wiki/Sinagoga

Ene 20

NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIO, Por: Diego Teh.

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NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIO

Isaías 11:1-10; Romanos 1:8-17.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la Cong. “Getsemaní” del Fracc. Itzincab, de. Mérida, Yuc; el domingo 19 de Enero 2014; 10:00 hrs.

 

  INTRODUCCIÓN:  El avergonzarse es un fenómeno problemático que se da entre los seres humanos en todos los ámbitos de su relación:

a) Se da en la familias: Laura Bozo el 22 de Octubre del 2012, presentó un programa que llamó “Me sacrifiqué por mi familia y ahora se avergüenzan de mi” en el que una jovencita le decía a su madre: “Me das vergüenza, ¿no lo entiendes?  Yo soy otra clase, para mí ya estás muerta, para mí ya no existes.  Entiéndelo por favor”.  Eso le partía el corazón a la desdichada madre.[1]

b) Se da entre gente culta: Recientemente Stephen King, escritor novelista, durante una entrevista con el diario español ‘El País’, el pasado 16 de Diciembre 2013, dijo que no viaja a Francia o Alemania “porque son civilizados, y yo siento vergüenza de ser estadounidense. Amo a mi país, pero está lleno de basura”.  Esto lo dijo con referencia al uso de armas y violencia que se da en los E.U.A.[2]

c)  No será necesario decir que muchas veces se da entre novios, esposos, padres a hijos, y en un sinfín más de relaciones humanas, e incluso de religiosos evangélicos hacia la misma fe que al parecer profesan.

En cuanto a Dios a favor de nosotros los que creemos en su Hijo Jesucristo, dice el autor de la epístola a los Hebreos que “Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos (o sea, de nosotros)” (Hebreos 11:16).   Acerca de nuestro mismo Señor Jesucristo dice también: “Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos” (Hebreos 2:11).   Dios no se avergüenza de ser el Dios de usted, si usted quiere que él sea.   Jesucristo no se avergüenza de que usted sea su hermano menor.

En nuestro texto, el apóstol Pablo nos habla de su experiencia acerca de una buena actitud de no avergonzarse del evangelio, correspondiendo así al afecto de Dios, la cuál es un buen ejemplo de cómo los creyentes en Jesucristo debemos comportarnos con relación al glorioso evangelio que nos ha traído salvación de la condenación que inevitablemente debería ser nuestro merecido.  El nos comparte con sus propias palabras “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:16,17).

Con fundamento en esas palabras apostólicas en este mensaje quiero exponerles las razones por las que un hijo de Dios no debe avergonzarse, como Pablo, del evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  // ¿Qué razones podemos encontrar en nuestro texto bíblico, para no avergonzarnos del evangelio?   //  A continuación presentaré varias razones.

 

La primera razón para no avergonzarse del evangelio es:

I.- PORQUE ES SALVACIÓN POR EL PODER DE DIOS.

La condición del ser humano como infractor de la ley de Dios nos hace merecedores de la ira de Dios, del castigo eterno, de la condenación, de la muerte eterna, de las llamas del mismo infierno, etc…  Sin embargo hubo un plan de Dios que consiste en salvar incondicionalmente a quien él quiere por medio de su Hijo Jesucristo.  El mensaje de ese plan de Dios, su anuncio por profetas y apóstoles, su ejecución por Jesús mismo, es llamado evangelio.   El apóstol Pablo declara que ese evangelio “es poder de Dios para salvación”.  En otras palabras ningún ser humano puede salvarse por otro medio que no sea por el mismo evangelio, que no sea por el poder de Dios.   Nada de este mundo puede salvar al ser humano de su merecido: La condenación.

En estos momentos usted puede darse cuenta que no pudo usted salvarse de la condenación por medio del pastor, ni por medio de la iglesia de alguna denominación, pues por más prestigiada que sean no son poderosas para el fin de dar salvación.  Con razón el apóstol Pedro fue claro cuando dijo que “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).   ¿No es esto una buenísima razón para no avergonzarse?.  El evangelio es poder de Dios para salvación que no se puede encontrar en ninguna otra fuente.  Si alguien se avergonzara del evangelio ¿dónde o en qué o quién encontrará salvación de la muerte eterna?

La segunda razón para no avergonzarse del evangelio es:

II.- PORQUE ES JUSTIFICACIÓN POR LA JUSTICIA DE DIOS.

El apóstol Pablo nos dice que “en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe”.     El ser humano solamente conoce la justica condenatoria gracias a la ley de Dios que le hace ver lo que merece desde la más mínima desobediencia a Dios.  Pero el evangelio tratándose de una buena noticia nos habla de la otra cara de la justicia de Dios que ningún culpable debería ser beneficiado con ella.  Se trata de una justicia que no era conocida por eso tuvo que ser revelada en el evangelio.   Se trata de la justicia justificadora de Dios.  Es aquella justicia que declara JUSTIFICADO EN CRISTO o EN EL EVANGELIO al ser humano culpable de pecado y condenación.

Amado hermano, ¿qué hizo usted para librarse de sus culpas de pecado?  La realidad es que nada.  Si usted me dice que ha creído en Cristo y por eso ha sido librado de sus culpas de pecado, en realidad no es así.  El que hizo algo para que usted sea librado de pecado es Jesucristo.  Lo que usted hizo fue solamente creer que él lo hizo por usted.  Lo que usted hizo es aceptar lo que Jesucristo ganó para usted.  Ganó el privilegio de que usted no recibiera la justicia condenatoria de Dios, sino su justicia justificadora en el que usted, por la pura gracia de Dios es declarado justo solamente por fe y para fe.   ¿Hay razón para sentir vergüenza por ese evangelio que “siendo aún pecadores” nos declara justificados?  (Cf. Romanos 5:1 “Justificados, pues por la fe, tenemos paz para con Dios…”).

 

La tercera razón para no avergonzarse del evangelio es:

III.- PORQUE ES VIDA POR LA PROVISIÓN DE DIOS..

La justicia de Dios revelada en el evangelio hace justo aún al más vil de los injustos.  Y ahora que usted es declarado justo ¿qué más pasa?  San Pablo explica: “Mas el justo por la fe vivirá”.  El resultado final es “VIVIRÁ”.   Sin el evangelio en la vida del ser humano aunque carnalmente posea movimiento y fuerza es espiritualmente muerto que necesita la vida proveniente de Dios.  Y eso es lo que precisamente proporciona el evangelio.  Primero justifica y como resultado se obtiene “VIDA”.  Vida en este sentido se trata de la restauración del justificado para tener comunión con Dios.  ¡Qué resultado más vivificante!

Estimado hermano, ¿Sabe usted cuál sería la verdadera condición de su vida si el evangelio no estuviera obrando en su vida?  A los Efesios les dijo el apóstol Pablo …estabais muertos en vuestros delitos y pecados,  en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,  entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.   Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,  aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo…” (Efesios 2:1-5).  La pregunta apropiada en este punto es: ¿Hay razón para avergonzarse del evangelio que ha traído a usted vida de parte de Dios?

 

La cuarta razón para no avergonzarse del evangelio es:

IV.- PORQUE ES GRATUITO POR REGALO DE DIOS.

Una de las verdades principales que se enfatiza en tres ocaciones en estos versículos es la gratuidad del evangelio.  Primero referente a la salvación dice: “todo aquel que cree” (se trata de creer, no dice todo aquel que compra, paga, o gana).  Segundo y con relación a la justicia dice que es: “por fe y para fe” (se trata de comenzar pero también continuar creciendo en esta libre gracia de creerle a Dios sin que el ser humano tenga que hacer mérito alguno para ser justificado).  Tercero acerca de la vida dice “por la fe vivirá” (aquí se declara que la vida espiritual que proviene de Dios no tiene costo alguno para el ser humano).  En ningún caso el evangelio de Dios funciona con dinero.  Siempre funciona solamenente con la fe.  Por eso Pablo mismo como predicador del evangelio decía: “¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio”.   El evangelio fue gratis para Pablo y para usted.  Lo recibimos gratis y lo predicamos gratis.

Aquí vale la pena reflexionar: Primero, ¿Dónde se puede conseguir fuera de Dios, salvación gratuita? En ningún lugar.  La salvación solo viene de Dios.  Segundo, ¿Quién puede verdaderamente hacer justo a un pecador sin cobrar ni un solo centavo? Nadie realmente sino solo Dios.   Tercero, ¿Quién puede dar vida espiritual para el muerto en su pecado de manera regalada?  Nadie sino solo Dios.

Por tan grandes beneficios de parte de Dios que usted ha recibido ¿Debería usted estar avergonzado del evangelio que sin tocar sus recursos económicos, ha beneficiado su ser en la vida presente y para el futuro?  Yo creo que no.

CONCLUSIÓN:   Mi estimado hermano, con la mira en nuestra común misión y visión de proclamar el evangelio, le invito a no avergonzarse del evangelio de Jesucristo, y lo animo a dar testimonio a otros de lo que el evangelio está haciendo en su vida.   Con el evangelio haga usted más discípulos para nuestro Salvador

 

Ene 12

¡AY DE MI SI NO ANUNCIARE EL EVANGELIO!, Por: Diego Teh.

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¡AY DE MÍ SI NO ANUNCIARE EL EVANGELIO!

Salmo 126:1-6; 1 Corintios 9:16-23.

 Predicado por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la Cong. “Dios está aquí” de la Hda. Lepán, mpio. de Tecoh, Yuc; el sábado 11 de Enero 2014; 19:00 hrs.

 

 

INTRODUCCIÓN:   Recientemente hice una búsqueda rápida de cuántos “!Ay, ….” contiene la Biblia, y encontré un total de 109 ocasiones.   Dos de ellos (solamente para recordar) son:

1) la ocasión cuando el profeta Isaías miró al Señor sentado sobre un trono alto y sublime.  El dijo: “!Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos” (Is. 6:5).  El sabía que mirar la gloria de Dios era motivo para que él como pecador cayese muerto, por eso gritó “!¡Ay de mí! que soy muerto”, pero por la misericordia de Dios Isaías no murió sino que fue santificado para una misión.   En este caso, el “ay” fue por la probabilidad de muerte por ver la gloria de Dios.

2) la ocasión cuando Jesús al evidenciar la hipocresía de los antiguos fariseos, les dijo en repetidas ocasiones: “Ay, de vosotros fariseos hipócritas…”.   Con esas palabras Jesús les estaba advirtiendo que por la mala actitud de aquellos fariseos pronto estarían recibiendo las justas consecuencias de todos sus malos procederes.

Pero el “ay” al que se refiere el apóstol Pablo es un “ay” especial al que quiero llamarle un “ay hipotético”.  Es decir un “ay que no puede suceder”, porque el hijo de Dios salvado de sus pecados por la persona y obra de Jesucristo no puede ser juzgado para condenación por ninguna otra irresponsabilidad.  El “ay” es solamente para las personas sin Cristo en su vida como Salvador.  El apóstol Pablo dijo: “¡Ay de mí si no anunciare el Evangelio!” pero no estaba diciendo que estaba en riesgo el perder su salvación por no haber anunciado a alguien el evangelio, pues si así fuera ¿dónde quedaríamos nosotros?.   Entonces, ¿qué significa ese “ay”?.  Para descubrir su significado tenemos que conocer por lo menos un poco la manera de pensar del apóstol Pablo.   A través de esta predicación trataré de explicar lo que pudo significar para el apóstol dicha expresión y lo que debe significar también para nosotros si pensáramos adecuadamente como él.

PROPOSICIÓN:  Considero que este “ay” en el contexto que fue pronunciado por el apóstol Pablo expresa diversos pensamientos firmes en la mente y convicción de una persona que sabe que su misión es anunciar el evangelio.  // F.I. ¿Que diversos pensamientos expresa esa afirmación apostólica?   //   O.T.    Expondré enseguida los diversos pensamientos firmes que esa afirmación expresa.

 

En primer lugar:

I.- EXPRESA EL PENSAMIENTO DE UNA PERSONA CUYAS PALABRAS TIENEN UN BUEN CONTENIDO: EL EVANGELIO.   (v. 16)

Muchos creyentes tenemos y probablemente usted también el problema de no hablar el evangelio.  Basta con recordar nuestras últimas conversaciones, incluso si se trata de conversaciones con otros creyentes.  Obviamente hay tiempo para conversar acerca de negocios, acerca de experiencias personales, acerca de una buena síntesis de las películas que gustamos, acerca de compartir los problemas que tenemos; sin embargo, puede ser notable que aún en un largo período de días, semanas o quizá hasta meses, el evangelio no fue nunca para usted el tema de la conversación.   ¿De qué manera estaría usted contribuyendo al anuncio del evangelio, tan necesario para alcanzar a otros para Cristo que puedan unirse a la congregación de creyentes a la que perteneces?

ILUSTRACIÓN: Espontánea.

El apóstol Pablo tenía como primordial en sus conversaciones privadas o públicas “anunciar el Evangelio” que si lo dejara de hacer él consideraba que sería una falta de gratitud a quien lo había salvado de la condenación eterna.   El decía “¡Ay de mí!”.    Desde que él decidió servir a Jesucristo nunca más dejaría de hablar de él y su mensaje.  Hacerlo era como regresar a su vida pasada en la cuál era merecedor de la ira de Dios.    El había vivido con los Corintios hace un tiempo atrás, y les había demostrado su vivo fervor por saber y hablar de Cristo y su evanegelio.   En su primera epístola les recuerda que “me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Corintios 2:2).  Para hablar del evangelio primeramente debemos alimentarnos del conocimiento de él, y en consecuencia será natural hablar del evangelio.

Estimado hermano comprométase que entre sus conversaciones con los hermanos no dejará de tomar en cuenta el contenido del evangelio, y especialmente cuando tenga usted la oportunidad de hablar con los que todavía están sin Cristo hábleles del evangelio salvador.   No sea usted ajeno en hablar del evangelio como cuando usted era perdido sin Cristo, como cuando usted en algún momento de esta vida y en la eternidad no le quedaba de otra que decir solamente “ay”.  Ahora no tendrá usted más ayes, por eso siéntase gozoso de anunciar a Cristo para que esta iglesia reciba más creyentes salvados por Jesucristo.

 

En segundo lugar:

II.- EXPRESA EL PENSAMIENTO DE UNA PERSONA CUYO DESEO ES EVITAR UN GRAN PROBLEMA: EL GLORIARSE.  (v. 16)

¿Qué agradable es escuchar y ver a un hijo de Dios decir “Pues si anuncio el evangelio, no tengo porque gloriarme” (9:16a)?, y cuando dice:  “¡Ay de mí si no anunciare el Evangelio!” está diciendo al mismo tiempo que no es un descuidado que tenga de qué lamentarse.  Especialmente no se lamentaba que haya cometido el error de creerse el importante, pues sabía que lo que predicaba no era producto humano sino “EVANGELIO” cuyo origen es divino y no humano.

Desafortunadamente hay personas que por el servicio que ofrecen en nombre de Dios o de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, les gana el sentimiento pecaminoso de considerar que los resultados del ministerio que desempeñan es gracias porque es un buen músico, cantante, predicador, visitador, evangelizador, etc…  Me ha tocado conocer iglesias que por la gracia de Dios tienen la bendición de contar con dos grupos musicales, más de 15 predicadores, donde por una mala administración de la multiforme gracia de Dios, se menosprecian unos a otros considerándose alguno mejores que otros pensando que gracias a ellos la iglesia va avanzando hacia sus metas.

El apóstol Pablo nos enseña la importancia de evitar “el gloriarse” porque debemos reconocer que en nuestra labor de anunciar el evangelio no son nuestras capacidades las que producen los resultados.  No es porque lo hace el seminarista, el pastor, el anciano, el diácono, o el hermano más apto.  En la realidad muchas veces resultan más productivos los que tienen solamente humildes conocimientos y experiencias.  En esos casos lo que obra es el poder del Espíritu Santo sobre ellos, no el poder de sus propias vidas humanas.  Fue lo que sucedió en la experiencia de los apóstoles como Pedro y Juan (Cf. Hechos 4:13), cuando la gente que los conocía sabían que lo único que habían hecho toda su vida era pescar en el mar, que su vocabulario no era el de los más estudiados, sin embargo con el poder del Espíritu Santo en ellos, Pedro ganó para Cristo a más de 8,000 personas.

¿De qué va usted a gloriarse, si el que actúa sobre todos no es poder humano sino el de Dios?  Deje usted que Dios se gloríe de Su poder.  El si tiene derecho.  “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2:3).

No deje usted de anunciar el evangelio de Dios con estas santas actitudes del corazón.

 

En tercer lugar:

III.- EXPRESA EL PENSAMIENTO DE UNA PERSONA QUE PROCURA SER VOLUNTARIAMENTE RESPONSABLE: LA IMPUESTA NECESIDAD.   (v. 16)

ILUSTRACIÓN: Recientemente tuve la oportunidad de escuchar a una madre pidiéndole cierto favor a su hija, y esta respondió: “Y yo, ¿por qué”.   Todavía un poco peor, me han contado de cierto oficial de iglesia que cuando le toca realizar determinada comisión, dice lo mismo: “Y yo, ¿por qué”.   Una actitud de este tipo no expresa voluntariedad y menos responsabilidad.

Al apóstol Pablo nadie lo obligó. Ni el mismo Jesús quien salió poderosa y gloriosamente a su encuentro.  Fue Pablo mismo quien voluntariamente le dijo a Jesús: “Señor, ¿Qué quieres que yo haga?” (Hechos 9:6).   A estas alturas de su vida después de aproximadamente 30 años de estar anunciando el evangelio, dice que “me es impuesta necesidad”.   Nadie se lo impuso sino su propia voluntad.   Tan voluntario era que no estaba esperanzado en un pago de quincena, sino siempre se decía: “Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aún yo mismo me gastaré del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más sea amado menos” (2 Corintios 12:15).    Una persona que piensa así lo vamos a ver siempre voluntario y responsable.

ILUSTRACIÓN: Trabajando en una empresa me ha tocado la ocasión de ver personas que no producen al día lo que se espera de ellas.  Recuerdo muy bien que algunos compañeros solían trabajar muy poco, pero cuando se dan cuenta de que está viniendo el encargado del grupo o el supervisor, entonces demuestran un poco más de rendimiento.  Este tipo de personas no pueden ser responsables voluntariamente, sino hasta que se les esté supervisando.

Estimado hermano, quiero animarlo a que no espere usted que venga el pastor, el seminarista, el licenciado en teología, el anciano, el ministro de misiones, etc… para que usted demuestre que está usted haciendo algo.  No espere que la directiva o alguien le recuerde sus deberes y entonces demuestre que está haciendo algo para la gloria del Señor.   Sea usted siempre y totalmente voluntario en todos sus deberes para con Dios, especialmente en el anuncio del santo evangelio de nuestra gloriosa fe.  En el v. 17 Pablo aclara que su servicio en la comisión que Jesús le había dado, todo es cuestión de voluntad.  Dice: “Si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido ecomendada”, sin embargo sus palabras “me es impuesta necesidad” indican que su propia voluntad hacia el llamado y comisión de Jesús lo hacían trabajar incansablemente en anunciar el evangelio.  Nunca lo hizo por mala voluntad.

 

En cuarto lugar:

IV.- EXPRESA EL PENSAMIENTO DE UNA PERSONA QUE SIENTE SATISFACCION POR EL LLAMADO DE DIOS: (v. 18).

El apóstol Pablo hace una pregunta que luego él mismo responde: “¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio” (v, 18).

Lo que podemos observar de sus palabras es que su satisfacción no es el disfrutar sus derechos en el evangelio.  Su satisfacción primordial no era la ganancia que obtiene mes tras mes, ni lo que recibía después de estar dos o tres años estableciendo una iglesia en una ciudad.  Su satisfacción ni siquiera era el orgullo de ser el plantador de iglesia más sobresaliente de aquella primera generación de apóstoles.  Su satisfacción o galardón como él lo llama, es presentar “gratuitamente el evangelio de Cristo”.   En otras palabras estaba satisfecho con el llamado que Dios le había hecho y por la comisión que había recibido de El. No fue un oportunista del evangelio.

Cuando dice:  “¡Ay de mí si no anunciare el Evangelio!” está confirmando que está dispuesto a cumplir la comisión de Cristo no para sentirse el importante, ni para sacar abusivamente provecho económico de ello, sino que si no lo hace siente que está cometiendo una traición a su compromiso que voluntariamente aceptó del Señor desde aquella ocasión cuando le dijo: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?”.   Seguía decidido a seguir siendo obediente al Señor.

ILUSTRACIÓN: Espontánea.

Estimado hermano, ¿Sigue usted con el mismo entusiasmo de ser obediente al Señor en anunciar el evangelio que una vez a le alcanzó, le salvó, y que ahora le sigue transformando?  Si usted conoce el efecto que el evangelio generó en la vida de usted, entonces tiene suficientes motivos para procurar anunciarlo a otros.  No vea como una carga sino como un privilegio que llena de satisfacción hacerlo, el invertir horas de nuestro tiempo para hacer este importante trabajo.

 

En quinto lugar:

V.- EXPRESA EL PENSAMIENTO DE UNA PERSONA QUE ENTIENDE LO MISERABLE QUE ES VIVIR SIN CRISTO.  (vv. 19-22).

Pablo más que nadie podía entender lo miserable que es vivir sin Cristo, por eso el demuestra abiertamente una gran preocupación por los judíos (v. 20), por lo que están sin ley (v. 21), por los débiles (v. 22).  El nos dice que lo hacía “para ganar a mayor número” (v. 19), “para ganar a los que están sujetos a la ley” (v. 20), “para ganar a los que están sin ley” (v. 21), y “para que de todos modos salve a algunos” (v. 22).   Podemos mirar así al apóstol Pablo, no preocupado sino ocupado en rescatar imparcialmente a las personas de su condenación eterna a la gloriosa salvación en Cristo.  Tal como conocemos los trágico que es vivir sin Cristo, Pablo más que nadie lo sabía, y vivía siempre trabajando para ganar a uno más, para salvar a uno más.

ILUSTRACIÓN: He tenido la experiencia de apoyar en una iglesia local donde cada fin de semana durante todo el tiempo que estuve allí, una persona siempre me buscaba para llevarme a visitar sea para consuelo, para motivación, para evangelización o para exhortación, siempre solamente a sus familiares.   Me llegué a dar cuenta de la situación.  Si no era un pariente, no le interesaba.  Prefería encomendarle  a otras personas que vayan donde no eran sus parientes. //  En nuestro texto bíblico vemos a Pablo quién trabajaba con “judíos que están con ley” y “con gentiles que están sin ley” demostrando con ello que su labor no era parcial.   El veía a todos los seres humanos con la misma necesidad de Cristo en sus vidas.  Especialmente no dejaba descuidados a los que demostraban debilidad en la fe.

Hermano(a) en este mensaje le invito a mirar en las personas su gran necesidad de Cristo, tal como él mismo las miraba. Dice Mateo acerca de Jesús que “al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36).   Recuerde usted que éramos como ellos.   No retroceda.  No deje de anunciarles el evangelio.   Tenemos que ayudarlos a salir de sus ayes.

 

Finalmente:

CONCLUSIÓN:   Amado hermano, recuerde usted que como congregación del Señor tenemos metas de trabajo y crecimiento que nos hemos propuesto, y que se está trabajando en ello para alcanzarlas.  Le animo en el amor del Señor que adopte esta cristiana manera de pensar para fortalecer su compromiso voluntario de “hacer discípulos” para nuestro Señor y Salvador Jesucristo.