Ago 26

LOS DISCÍPULOS DEBEN MULTIPLICARSE, Por: Diego Teh.

LOS DISCÍPULOS DEBEN MULTIPLICARSE

Génesis 35:10,11; Marcos 16:14-18.

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Predicado por el Pbro. Diego Teh, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán; el domingo 26 de agosto 2018, a las 11:00 horas.

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Corresponde al sermón # 7 de la serie: Llamados a hacer discípulos.

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   INTRODUCCIÓN: Cuando Dios inicia una obra o un proyecto, Dios por lo general lo hace con una visión de grandioso crecimiento.  Dios no piensa en términos de sumar de uno en uno, sino que Dios piensa en aumentar rápidamente a números mayores que bien pueda llamarse un crecimiento no por suma sino por multiplicación.  Cuando Dios creó al ser humano, hombre y mujer, les dio desde el principio, la capacidad de poder reproducirse. El plan original de Dios, sorprendentemente para nuestra cultura actual, no fue una encomienda de reproducción controlada y limitada, sino que después de recibir la bendición de Dios, recibieron el mandato: “Fructificad y multiplicaos” (Génesis 1:28a).  Después de que Dios tuvo que raer de la faz de la tierra la vida de casi todo ser viviente, preservando de su diluvio solamente a ocho personas, a Noé y a su esposa, y a sus tres hijos Sem, Cam, y Jafet, con sus respectivas esposas; Dios les bendijo, y para la propagación de la vida humana, les ordenó lo mismo: “Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra” (Génesis 9:1). La orden no significaba que Eva, o que la esposa y las nueras de Noé estaban configuradas para procrear gemelos, trillizos, quintillizos, sextillizos, o más cada vez; sino que el mandato era una expresión del anhelo de Dios de que su creación, específicamente la tierra no fuese un planeta vacío, sino como dice el profeta Isaías acerca de Dios y la tierra, que: “no la creó en vano, para que fuese habitada la creó” (Isaías 45:18); y el proceso tenía que darse por multiplicación.

   Cuando Dios llamó a Abraham para comenzar a crear a su pueblo amado, el Israel del Antiguo Testamento, Él le dijo a Abraham: “Y haré de ti una nación grande” (Génesis 12:2).  Dios pensó en grande, y después de tres generaciones, las de Abraham, Isaac, y Jacob, según la historia del Éxodo, aunque de Jacob nieto de Abraham se conoce de manera más distinguida doce de sus hijos, en realidad: “Todas las personas que le nacieron a Jacob fueron setenta” (Éxodo 1:5a). En algún momento, Dios le dijo a Jacob: “Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos” (Génesis 35:11). La orden también fue: “crece y multiplícate”. Y en los siguientes 430 años, dice la historia que: “los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra” (Génesis 1:7), la tierra de Egipto donde efectivamente su crecimiento se dio por multiplicación, tal como lo expresa este versículo 7 que claramente dice que “se multiplicaron”. Entonces cuando llegó el día que Dios los sacó de Egipto, la cuenta de ellos según Moisés, era “como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños” (Éxodo 12:37), y desde luego que sin contar a las mujeres, lo cual haría que el número se duplique o triplique.  Quizá eran como dos millones en ese momento, sin contar las generaciones que debieron haber vivido y muerto durante los 430 años anteriores.  Dios usó su sistema de multiplicación para hacerlos crecer en número.

   Pero, la multiplicación aplicada a los proyectos y planes de Dios, no es un sistema que aplique solamente a la procreación humana, o a la formación de su antiguo pueblo de Israel, sino también al tema del ser y hacer discípulos que ahora es lo que nos interesa profundizar a los que asistimos a esta amada iglesia El Divino Salvador.  Jesús nuestro Señor y Salvador, comenzó a hacer discípulos, perpetuando esta práctica por medio de sus primeros discípulos y apóstoles, y en la actualidad por medio de su iglesia que sigue haciendo discípulos para él, los cuáles deben aumentar al ritmo de multiplicación.  Por eso el tema de esta mañana se ha titulado: LOS DISCÍPULOS DEBEN MULTIPLICARSE.  El concepto de este título lo tomamos del texto bíblico de la historia de los Hechos de los Apóstoles, donde con respecto al avance inicial de la predicación del evangelio y la integración de nuevos discípulos, leemos que ocurrió lo siguiente en la primera iglesia en Jerusalén: “Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén… (Hechos 6:7).  Recuerden que tan solo en una primera ocasión más de 3,000 personas se convirtieron en discípulos, y en otra cercana ocasión más de 5,000 personas se convirtieron en discípulos.  Por eso el énfasis de la historia es que “el número de los discípulos se multiplicaba grandemente”.

   De manera específica, lo que hoy les voy a predicar es que el crecimiento y avance de una iglesia de Jesucristo aquí en la tierra debe ocurrir por medio de la multiplicación de discípulos. / ¿Cómo puede ocurrir la multiplicación de discípulos para el crecimiento de una iglesia de Jesucristo aquí en la tierra? / Me propongo compartirles brevemente cómo puede darse esta multiplicación de discípulos tan solo para el crecimiento de esta iglesia.

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   La primera manera de cómo puede darse esta multiplicación de discípulos para el avance de una iglesia de Jesucristo aquí en la tierra, es:

I.- CON UNA MENTALIDAD DE EXPANSIÓN.

   Mucho se dice que los cristianos o discípulos de la actualidad, tenemos la tendencia a programar todas nuestras actividades, en su mayoría para llevar a cabo siempre en nuestros templos, en nuestros departamentos educativos, en nuestros campamentos, generalmente enfocados solamente a nuestra propia edificación espiritual lo cual tampoco es incorrecto sino altamente provechoso para la vida personal.  Pero, esta buena iniciativa hace que nos limitemos a un solo lugar emocionados y satisfechos con una asistencia actual de 400 personas en una iglesia con 132 años de haber iniciado su bendita función de ser luz desde el centro de esta ciudad de Mérida; sin embargo, contamos con el potencial que Dios mismo nos ha dado de expandir su obra alcanzando nuevos discípulos.

   Jesús nuestro Señor y Salvador, transformó la mentalidad de sus primeros discípulos cuando les dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos” pero no les puso límites, sino que les amplió su área de expansión, diciéndoles que harían discípulos no solo en una colonia o fraccionamiento de la gran ciudad de Jerusalén, sino que los envió desde entonces, ¿a dónde? “a todas las naciones” (Mateo 28:19).  Esto debió ser para ellos una idea muy fuerte.  La mayoría de ellos eran procedentes de pequeñas poblaciones de la costa del mar de galilea, dedicados a la pesca.  Jesús los había llevado a un discipulado que les hizo recorrer toda palestina de norte a sur en muchas ocasiones; pero ahora, les estaba enviando más allá del territorio que habían explorado hasta ese momento.  Ahora, tenían que ir “a todas las naciones”, y así lo hicieron en lo sucesivo saliendo de Jerusalén donde se estableció la primera iglesia, luego a toda Judea, luego a Samaria, y luego toda palestina, luego por todo el imperio romano, y luego hasta lugares más lejanos de Asia, de Africa, etc…   En siglos posteriores, otras generaciones alcanzaron Europa, en los últimos siglos fue traído a nuestras América.  Todavía de manera más reciente, hace todavía 145 años, fue traído a nuestra patria el evangelio que sigue haciendo discípulos para Jesucristo.  Jesús ha estado inculcando una mentalidad de expansión.  Siempre hay un lugar más a dónde ir a hacer discípulos.

  Nosotros amados hermanos, nos hemos limitado aquí, pero tenemos que cambiar nuestra mentalidad.  Nuestros dirigentes y representantes en el H. Consistorio de esta iglesia han reflexionado acerca de esta mentalidad de expansión que debemos tener con fundamento en la gran comisión que Jesucristo nos ha entregado.  Se ha redactado nuestra actual declaración de visión lo cual dice que queremos: “Ser una iglesia en constante crecimiento y expansión, con miembros comprometidos, que ejerza influencia en nuestro entorno”.  Pero, amados hermanos, para ser una iglesia con discípulos que estemos multiplicándonos, es necesario cambiar nuestra mentalidad, estando convencidos que la gran comisión que Jesús nos encomendó requiere de una mentalidad de expansión.  Nuestra ciudad ha crecido en decenas de colonias, y nosotros ¿a dónde nos hemos expandido?

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   La segunda manera de cómo puede darse esta multiplicación de discípulos para el avance de una iglesia de Jesucristo aquí en la tierra, es:

II.- COMPARTIENDO EL EVANGELIO.

   Hacer discípulos no se hace solamente con saludar y sonreírle a una persona.  Esto lo hacen hasta personas sin conocimiento de Dios, y es agradable.  Hacer discípulos tampoco es tener una conversación amistosa de temas relevantes de la vida cotidiana.  Hacer discípulos consiste en comunicar el evangelio a las personas. Es lo que hoy hemos leído en la versión de la gran comisión según San Marcos, que dice: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).  Es con el evangelio que se hace discípulos, no con acompañarle al cine, no con invitarle a una comida, no con llevarlo a una fiesta.

   Amados hermanos, hagan la prueba.  Quiénes no han tenido la oportunidad de compartir el evangelio, la verdad de que Cristo murió por los pecadores para librar de la condenación eterna a los que creen en él.  Cuando una persona crea esta verdad, se está comenzando a formar como un buen y auténtico discípulo de Jesucristo.  Pero, para compartir el evangelio, se requiere conocer su contenido. Leer y estudiar la biblia es una manera de aprender bien el evangelio.  Integrarse a un estudio bíblico de la iglesia es otra manera de ocuparse en conocer bien el evangelio para poder compartirlo y hacer más y nuevos discípulos.

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   Y por último, la tercera manera de cómo puede darse esta multiplicación de discípulos para el avance de una iglesia de Jesucristo aquí en la tierra, es:

III.- ACERCÁNDONOS A LAS PERSONAS.

   El mandato de Jesús en la gran comisión según la versión que nos da san Marcos, al decir: Id por todo el mundo y predicad el evangelio”, añade con énfasis el complemento del mandato, diciendo y particularizándolo “a toda criatura” (Marcos 16:15).  Esto es una indicación en primer lugar que no se debe omitir a nadie en la labor de hacer discípulos.  Luego, es también una indicación de que los discípulos no surgen de la nada, sino del trabajo de los que ya somos discípulos.  Tercero, que se hace necesaria una interacción continua, no solamente con los que son nuevos, sino hasta con los que ya llevamos años en la fe.  Es por eso que la iglesia siempre tiene provisto pastores, maestros, consejeros, organizaciones que nos ayudan a crecer y multiplicarnos como discípulos de Jesús.

   Aunque también es verdad que Dios ha levantado y levanta discípulos que no fueron guiados al principio por algún discípulo, solamente son excepciones.  Lo normal es que es necesario que seamos nosotros quienes tengamos la iniciativa de ir y acercarnos a las personas.  Por ejemplo, esta semana tuvimos el privilegio de trabajar con niños en el parque del fraccionamiento ACIM II, pero mientras las mamás de los niños estaban esperando a sus hijos, nosotros aprovechamos acercarnos intencional y objetivamente para ofrecerles o intentar ofrecer el evangelio de Cristo.  Por lo menos, hubieron 6 personas que se mostraron receptivas al evangelio, a quienes el día de ayer visitamos inmediatamente.  De dos a cuatro de ellos hay posibilidad evidente de que se integren a la célula de estudios de ese lugar.  Pero fue necesario el acercamiento a ellos.  También hubo el día viernes, dos familias que no querían acercarse para nada al lugar donde estábamos.  Lo que hicimos fue que nosotros nos acercamos a ellos, y poco a poco se acercaron, se interesaron por lo que estábamos haciendo, y hasta permitieron que sus hijos se integren a la clase.  Cuando se retiraron ya se veían más cordiales con nosotros.  Pero, eso requirió acercamiento con ellos.

   Amados hermanos, en nuestro trabajo de hacer discípulos se requiere acercamiento con las personas.  No oirán el evangelio sino vamos a decírselos.  No vendrán a nuestras reuniones sino les acompañamos.  Nuestro mismo Señor y Salvador Jesucristo, cabeza de todos los discípulos, es el primero en acompañarnos de manera espiritual en nuestro caminar como discípulos.  Aunque físicamente no le vemos, él está con nosotros.  Él dijo a sus discípulos: “… he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).  Pero, también nosotros tenemos que acercarnos y acompañar a las personas para formarlas como discípulos de Jesucristo.  Usted y yo tenemos que invertir y pasar tiempo con ellas en nuestra labor de hacer y multiplicar discípulos para él.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, vamos a dar el primer paso.  De ahora en adelante, háblele de Cristo a cuantas personas pueda.  NO hay número limitado para ello.  Cuando usted vuelva a partir de la próxima semana, traiga a algún invitado suyo al culto o al estudio bíblico.  Si usted necesita ayuda de algún oficial de la iglesia para que le hable o posteriormente visite a su invitado, acérquese con nosotros.  Nos podemos apoyar mutuamente.  Tenemos que hacer discípulos por multiplicación.  Dios bendiga este mensaje de su palabra.

Ago 26

NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIO, Por: Diego Teh.

NO ME AVERGUENZO DEL EVANGELIO

Romanos 1:16-19.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 26 de agosto 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este sermón es el # 8 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

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   INTRODUCCIÓN: Lamentablemente hay muchas personas que han confesado públicamente que ya son cristianas porque creen y manifiestan haber entregado su vida a Jesucristo, y eso está bien.  No dudan en decir que creen en el evangelio, pero la realidad es que muchos, pero muchos, aunque no son capaces de reconocerlo, pero lo saben, se avergüenzan del evangelio, aunque son capaces de recitar como muletilla las palabras del apóstol Pablo que escribió a los romanos diciendo: “… no me avergüenzo del evangelio” (Romanos 1:16). Por ejemplo, muchos se avergüenzan del evangelio, considerándolo algo anticuado que no encaja con la vida moderna y por lo tanto creen que debe ser actualizado, y crean doctrinas extrañas para el verdadero evangelio, presentando así un falso evangelio por vergüenza al verdadero evangelio.  El verdadero evangelio contenido en las mismas Escrituras, no debe ser cambiado ni añadiéndole ni quitándole nada.  Otros, aunque no lo digan, pero hacen evidente su avergonzamiento cuando no quieren comunicar las verdades del evangelio por temor a que el evangelio ofenda a los amigos, familiares, compañeros, o conocidos, pues los mismos que dicen profesar la fe cristiana se avergüenzan del evangelio claro, directo, y penetrante para el corazón de todo pecador.  También hay quienes, aunque dicen no avergonzarse del evangelio, pero creen que no es para ellos el tener que compartir el evangelio, lo cual no es por falta de conocimiento de ese evangelio, sino simplemente porque tienen vergüenza de compartirlo.  Hay cristianos, y creo que no pocos, sino muchos, que en realidad sí se avergüenzan del evangelio.  Espero que usted no sea uno de ellos.

   El apóstol Pablo, no era un hombre desinformado. Se reconocía “hebreo de hebreos” (Filipenses 3:5), y según él mismo: “en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres” (Gálatas 1:14).  En cuanto a su conocimiento sobre religión, especialmente sobre el Dios verdadero revelado desde el pasado a sus antepasados, no era un ignorante o novato, sino que él mismo se describe que: conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, viví fariseo” (Hechos 26:5).  Así, que no era un mediocre pensador y analítico, sino un excelente pensador que sin duda supera la filosofía humanista de todos los tiempos.  Así que, debió haber tenido razones suficientes para no avergonzarse del evangelio de Jesucristo.

   El apóstol Pablo, después de afirmar: “… no me avergüenzo del evangelio”, inmediatamente afirma su razón que, analizándolo minuciosamente, contiene implícitamente más de una razón, al decir: “porque es poder de Dios para salvación”.  La frase continúa con diversos complementos, pero en este mensaje me limitaré a exponer esta primera parte que presenta su razón.  De ello, voy a predicarles que, según el apóstol Pablo, hay razones específicas por las cuáles un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio. / ¿Cuáles son las razones específicas por las cuáles un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio? / Permítanme presentarles algunas razones específicas en este mensaje.

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   La primera razón específica por la cual un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio, es:

I.- PORQUE EL EVANGELIO ES UNA VERDAD PODEROSA.

   La primera razón que el apóstol expresa tener para no avergonzarse del evangelio es: “porque es poder…” (Romanos 1:16).  Si él encontraba en el evangelio una manifestación de “poder”, entonces no era una debilucha idea que surgió en la mente de algún falso o mediocre pensador, aunque tampoco surgió de solamente un brillante pensador humano que intentaba competir con las diversas propuestas de inmortalidad o acerca del ser, de los más destacados filósofos griegos del pasado.  Para mucha gente de Roma no les cabía en sus mentes que podría haber un mejor poder más allá del poder militar que ellos conocían y que había hecho que su ciudad se convirtiera en un ‘poderoso’ imperio, pero lo cierto es que el evangelio es el mejor poder que ellos debían conocer.   La idea de un evangelio poderoso, venía a ser para ellos una idea algo rara.  Por otra parte, la filosofía griega todavía conocida por muchos en aquellos tiempos, era considerada como la mayor sabiduría humana conocida.  Así que saber de la existencia de un evangelio no conocido, ni expuesto, ni analizado por reconocidos filósofos, podría ser considerado como una débil e insostenible idea de segunda que no vale la pena. Pero, para el apóstol Pablo era nada menos que palabras de “poder”, y quiso que los cristianos de roma lo entendieran así.

   Amados hermanos, si el evangelio es “poder”, ¿por qué habría que avergonzarse habiendo creído en él?  No puede ser.  Si nos avergonzáramos del evangelio de “poder”, ¿en dónde encontraremos un mejor evangelio que pueda fortalecer nuestras debilidades, y que pueda acabar con nuestros pecados?  Ni siquiera el poder militar más grande del mundo.  Los gobiernos, los filósofos, y las instituciones humanas no tienen este poder.  Quien no ha experimentado el “poder” de este evangelio del cual se refiere el apóstol Pablo, debe dar el paso de investigarlo bien en la biblia misma, y apropiárselo para su propia vida.  Usted va a sentir y experimentar los mejores resultados no disponibles en ninguna oficina, consultorio, pero sí por medio de una relación de fe con su autor.  Al conocer usted su verdadera potencia para su propia vida, entonces, se va a dar cuenta que vale la pena, y no hay por qué avergonzarse de ello.

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   La segunda razón específica por la cual un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio, es:

II.- PORQUE EL EVANGELIO ES DE ORIGEN DIVINO.

   Cuando el apóstol dice que el evangelio “es poder”, añade, para clarificar toda duda que es “de Dios” (Romanos 1:16).   El evangelio que propiamente significa: Las buenas nuevas. Tales buenas nuevas o evangelio tuvo su origen en Dios desde miles de años atrás antes de Cristo, desde que el primer ser humano pecó.  Fue Dios mismo quien al comunicar su sentencia para la serpiente tentadora por haber hecho pecar a Eva y a Adán, le dijo: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15).  A pesar de la mala decisión de nuestros primeros padres, y a pesar de las muchísimas malas consecuencias que enfrentarían por ello, Dios estaba comunicando que para beneficio eterno de sus descendientes que sin duda nos incluye a nosotros, habría una victoria humana que le dará un golpe mortal en la cabeza al mismo diablo tentador, quien no podrá derrotar eternamente al ser humano.  Nada menos que Jesús el Hijo de Dios vino a nacer como ser humano para vencer primeramente al pecado, y luego también a la muerte, ambas cosas causadas al ser humano por el diablo mismo cuando se personificó en una serpiente.  Nada podría librar a ni un solo ser humano del poder del pecado y de la muerte sino solo Dios, por lo que tuvo que ser Dios quien planeó y ejecutó el plan de salvación para el ser humano.  Jesús, Hijo de Dios, estaba entonces dando cumplimiento a aquella buena noticia también conocida ahora como el ‘proto evangelio’ procedente de la misma boca de Dios.  El apóstol Pablo, estaba reconociendo que las enseñanzas, la vida santísima, y hasta la muerte y resurrección de Jesucristo, eran nada menos que voluntad, obra, y “poder de Dios” para beneficio y solución de los problemas espirituales causados por el tentador a los seres humanos.

   Amados hermanos, ¿por qué avergonzarse del evangelio, la mejor buena noticia, que procede nada menos que de la persona, boca y obra de Dios para combatir con el problema actual del pecado que nos asedia durante toda la vida?  Lo que debería avergonzarnos es cuando hacemos más pecado que el maligno sembró en nuestra debilitada naturaleza humana.  Dios nos ha informado de su solución, y nos ha instruido acerca de cómo disponer de su poder para librarnos del mal.  Eso no debe avergonzarnos.  Por eso, sin ninguna vergüenza debemos hacérselo saber a otras personas.

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   La tercera razón específica por la cual un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio, es:

III.- PORQUE EL EVANGELIO BENEFICIA CON SALVACIÓN.

   Luego que el apóstol afirma que el evangelio es “poder de Dios”, añade una frase corta pero importante en el que afirma que ese evangelio poder de Dios, es: “para salvación” (Romanos 1:16).  ¿Salvación? ¿De qué?  La salvación a la que se refiere se trata de salvación de una condenación eterna a la que por causa del pecado están condenados todos los seres humanos, condenación de la que no existe en ninguna parte del vasto universo quien pueda salvar ni siquiera a una sola persona para que no vaya a tal condenación.  El apóstol Pablo en su misma grandiosa epístola a los Romanos, les explica que “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).  Esta destitución de la gloria de Dios, es la justa sentencia emitida por Dios mismo para cada pecador.  Y si es Dios quien la estableció, ¿quién es superior a Él para que la derogue, o absuelva a quien Él ha condenado?  Nadie es superior.   Es por eso que la salvación solamente podría proceder de Dios, aunque entendiéndolo bien, Él por su propia naturaleza justa y santa no estaba obligado a cancelar la condenación de nadie, pero decidió de pura gracia asegurar la cancelación de condenación de “todo aquel que cree” en su evangelio.   Sí, su evangelio es salvación.  El hecho de que, por creer en su evangelio, nos garantice salvación de la condenación, ¿no eso hace que su evangelio sea algo verdaderamente poderoso?

   Amados hermanos, ¿no es tan grandísima la salvación que nos ha sido comunicado por Dios mediante su evangelio, y obtenido al costo de la muerte de su propio Hijo Jesucristo para nuestro bien eterno? ¿Si Dios mismo canceló nuestra condenación eterna, y nos salvó por Jesucristo su Hijo, y nos lo comunicó por su buena notica, su evangelio, ¿por qué nos avergonzaríamos de su evangelio?  No hay motivo, pues es el máximo bien para nuestra vida y existencia.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, no seamos nosotros.  No sea usted parte de la estadística de los que se avergüenzan del evangelio, cambiando la verdad del evangelio por las abundantes propuestas de doctrinas que se dicen llamar ‘evangelio’, pero que nada más son innovaciones humanas con el intento de querer hacer atractivo el verdadero evangelio, pero en su intento la reemplazan por falsos evangelios.  Que nadie sea parte de las estadísticas de los que por vergüenza no comparten el verdadero evangelio ni siquiera a su propia familia, amigos, compañeros de trabajo y conocidos. Si usted ha tenido vergüenza quizá sea porque no ha conocido bien ese evangelio.  Quizá usted necesita tomar más en serio estudiar la biblia tanto de manera personal como en la Escuela de Formación Cristiana de esta iglesia.  No se avergüence del evangelio:

I.- PORQUE EL EVANGELIO ES UNA VERDAD PODEROSA;

II.- PORQUE EL EVANGELIO ES DE ORIGEN DIVINO; y

III.- PORQUE EL EVANGELIO BENEFICIA CON SALVACIÓN.

Ago 19

LOS DISCÍPULOS HACEN MÁS DISCÍPULOS, Por: Diego Teh.

LOS DISCÍPULOS HACEN MÁS DISCÍPULOS

Mateo 28:19; 2 Timoteo 2:2.

Predicado por el Pbro. Diego Teh, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán; el domingo 19 de agosto 2018, a las 11:00 horas.

Corresponde al sermón # 5 de la serie: Llamados a hacer discípulos.

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   INTRODUCCIÓN: ¿Cuántos discípulos de Jesús están presentes en la reunión de esta iglesia justo en este momento? Siéntase en libertad de darlo a saber con un amén, o levantando la mano. Un discípulo en su definición más sencilla se trata de una persona que sigue a un Maestro, pero en el caso del cristianismo es una persona que sigue a Jesús viviendo sus enseñanzas.  Es una persona que tienen una relación de fe en Jesucristo como su Señor y Salvador, y que comparte su fe con otras personas con el fin de que estas también acepten que Jesús sea su Señor y Salvador.  Es uno que dedica tiempo con Dios para aprender con Él y de Él; es uno que vive la doctrina que aprende de la santa palabra de Dios; pero también es uno que siempre está interesado en hacer otro discípulo.  ¿Hay algún discípulo así en este recinto? ¿Amén?  No lo dudo.  Esta iglesia debe estar compuesta por discípulos que hacen discípulos, de otra manera seríamos una iglesia que no estaría cumpliendo la gran encomienda de Jesucristo.  Nuestro Señor y Salvador Jesucristo ordenó: “Por tanto, id, y haced discípulos…” (Mateo 28:19).

   Lamento decirles que no todas las personas que llegan a una iglesia son por ello automáticamente discípulos de Jesucristo.  Algunos solamente son consumidores de servicios, porque llegan intentando conseguir el bautismo de sus infantes, porque quieren conseguir los servicios religiosos que la iglesia imparte a los que no solamente son miembros de una iglesia, sino antes que miembros son primeramente verdaderos discípulos de Cristo.  Algunos comienzan a llegar a una iglesia solamente porque quieren celebrar una ceremonia de quince años, o solo para contraer matrimonio, o para ver si les bautizan a sus hijos.  En ese período son capaces de inscribirse en la clase de Catecúmenos, de hacerse miembros de la iglesia, pero sin realmente ser discípulos de Jesús, pues, aunque hayan conocido el evangelio, aunque lo hayan entendido, no están dispuestos a vivirlo, sino solamente quieren conseguir un privilegio.  Es más, algunos, cuando son orientados, se enojan y optan por ir en busca de una iglesia que les conceda lo que desean, pero que no les requiera ni hacerse miembros, ni mucho menos ser discípulos de nuestro Señor Jesucristo.  Hay también personas que se han hecho miembros de iglesia, pero todavía sin ser discípulos, aunque los maestros, pastores, y consejeros de iglesia, hayan hecho de su parte el orientarlos a tomar la decisión de ser discípulos.  También hay miembros que son discipulados, pero aun con el paso del tiempo, no dan muestra de convertirse en discípulos.  La buena noticia es que también hay discípulos reales, pero la mala noticia que hay es que también hay discípulos reales que no hacen nada para que otros sean discípulos; sin embargo, nuestro Señor y Salvador Jesucristo ordenó a los que son discípulos: “Por tanto, id, y haced discípulos…” (Mateo 28:19).  La realidad es que somos discípulos que debemos estar haciendo más discípulos.

   En el mensaje de este momento, lo que voy a predicar es que los cristianos somos discípulos de Jesucristo que de diversas maneras hacemos nuevos discípulos para Jesucristo. / ¿Cuáles son las maneras en las que los discípulos de Jesucristo, hacemos nuevos discípulos para Jesucristo? / Usando diversos textos bíblicos, les voy a compartir algunas de las maneras en las que hacemos nuevos discípulos para Jesucristo.

   La primera manera cómo un discípulo de Jesucristo hace más discípulos para Jesucristo, es:

I.- YENDO EN BUSCA DE PERSONAS PARA TRAERLAS A JESÚS.

   Con respecto a esto les voy a presentar o recordar dos casos muy prácticos para entender.  El primer caso se trata de uno de los primeros candidatos para ser discípulos de Jesús. Su nombre ni siquiera es tan renombrado ni en los evangelios, ni en las epístolas, ni en la historia de los inicios de la iglesia, pero se trata del hermano del apóstol Pedro.  Su nombre es Andrés. ¿Sabe usted quién es el apóstol Andrés? Pues el caso que les presento en este punto del mensaje consiste en lo que hizo después de ser privilegiado en conocer primero a Jesús.  San Juan que nos presenta este caso, dice: “Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. / Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). / Y le trajo a Jesús” (Juan 1:40-42a).  Lo que Andrés hizo fue en busca de su hermano Pedro para traerle a Jesús. Pedro, habiéndose interesado por seguir a Jesús, decidió seguirle, y así se convirtió en uno de los dos apóstoles que fueron más prominentes en la historia de los inicios de la iglesia cristiana.  Pero, todo comenzó cuando un discípulo (Andrés), trajo a su hermano ni siquiera primero al templo, ni a la sinagoga sino directamente a Jesús.

   Amados hermanos, todos los que somos discípulos de Jesús en la actualidad somos comisionados a traer personas a Jesús para que estas sean nuevos discípulos.  Quizá más de uno no se sienta un gran discipulador, quizá más de uno no ha hecho jamás esta encomienda de Jesús, pero un buen comienzo para usted podría ser simplemente decir a otras personas: Estoy experimentando los beneficios de conocer a la persona y obra de Jesús, el Hijo de Dios. Te invito a que me acompañes a la iglesia El Divino Salvador, donde se enseña de él. Sencillamente, así usted estará dando el paso de traer a alguien más allá de solamente a la iglesia.  Usted estará trayendo a alguien directamente a Jesús, y así usted estará haciendo un nuevo discípulo para Jesucristo.

   La segunda manera cómo un discípulo de Jesucristo hace más discípulos para Jesucristo, es:

II.- HABLANDO A PERSONAS ACERCA DE JESÚS.

   Sin duda que Andrés habló de Jesús, pero todavía era sus primeras horas de haber conocido personalmente a Jesús.  Ni siquiera se había formado oficialmente como un discípulo, pero a su hermano Pedro le dijo unas cuantas palabras acerca de Jesús. Sin embargo, el apóstol Juan no relata la historia de otra persona, una mujer que ni siquiera pasaba por su mente ser una discípula de Jesús. Se trata de la distinguida mujer samaritana que tuvo el privilegio de conocer personalmente a Jesús mientras sacaba agua del pozo a la que acudía regularmente. Tampoco se trataba de una mujer que había recibido conferencias, sermones, estudios, cursos, acerca de mesianismo o cristología, sino que después de su primera charla con Jesús, una conversación que debió tardar cuando mucho alrededor de una hora, dice su historia que: la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: / Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo? / Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él” (Juan 4:28-30).  Todo lo que ella hizo fue hablar de Jesús.  Es evidente que tenía alguna duda acerca de la aplicación de la profecía acerca del Mesías, pero quedó impactada de haber sido confrontada por Jesús acerca de sus propios problemas y pecados que ella no negó, sino que reconoció. Al hablarle a la gente de Jesús, ella estaba haciendo su esfuerzo de hacer discípulos para Jesús.  El final del versículo 30 dice acerca de la gente de Sicar, que “… salieron de la ciudad, y vinieron a él”.  Pero, lo mejor de todo, fue que no solamente “vinieron a él”, sino que después de escuchar personalmente a Jesús, dice la primera parte del versículo 39: “Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, …” (Juan 4:39).  Este fue el resultado haber hablado a otras personas acerca de Jesús.

   Amados hermanos, es altamente probable que una de las razones por la que no es tan frecuente que veamos a personas convertidas en nuevos discípulos de Jesucristo, es porque no les hablamos acerca de la persona y especialmente de la obra redentora de Jesús. Tanto en los evangelios, como en la historia de los hechos de los Apóstoles, como en las epístolas sean de Pablo, de Pedro, de Santiago, o de Juan, podemos observar que cuando se habla de Jesús, siempre habrá personas que iniciarán su experiencia de ser nuevos discípulos de Jesús.  Amados hermanos, cumplamos la gran encomienda de Jesús que ordenó: “Por tanto, id, y haced discípulos…” (Mateo 28:19). Esta es la tarea que también a nosotros nos corresponde.

   La tercera manera cómo un discípulo de Jesucristo hace más discípulos para Jesucristo, es:

III.- ENCARGANDO A DISCÍPULOS QUE DISCIPULEN A OTROS.

   El discípulo nunca debe ser una persona inactiva en su función de hacer nuevos discípulos; pero no se trata de hacer discípulos para uno mismo, sino para Jesucristo.  Es evidente que la gran mayoría de los miembros de esta iglesia demuestran que sí son discípulos de Jesucristo.  Nuestro Señor, hará evidente en su momento si alguno no es realmente discípulo.  Pero, a todos aquellos que son verdaderos discípulos, hoy les recuerdo con la palabra de Dios, que es nuestro deber hacer más y nuevos discípulos para la gloria de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y cuando hemos contribuido a formar a un nuevo discípulo, entonces debemos encargarle que haga lo mismo, que haga a un nuevo discípulo.  Uno de los casos contenidos en la historia de los Hechos de los Apóstoles, es el caso del apóstol Pablo discipulando a Timoteo llevándole consigo en su viaje misionero, haciéndole discípulo hasta que este llegó a ser pastor hacedor de discípulos.  Cuando Timoteo ya era un discípulo bien formado, Pablo le encargó que él hiciese lo mismo con otros.  Las palabras de su encargo fueron: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2).  Ser discípulo es una potencia que Dios siembra en nuestra experiencia para compartir y multiplicar el ministerio que Jesús estableció para su iglesia.  Los que son discípulos tienen que hacer más y nuevos discípulos.

  Hay una publicación que circula en el internet, cuyo mensaje y reflexión es muy apropiado para el tema de la diferencia entre un miembro y un discípulo.  Ya hay varias versiones al respecto.  Hoy escogí una de sus versiones que es algo extensa, pero que considero apropiado leérselas en este momento.  Dice: “El miembro suele esperar panes y peces; el discípulo es un pescador. / El miembro lucha por crecer, el discípulo lucha por reproducirse. / El miembro se gana; el discípulo se hace. / El miembro quiere que le sirvan; El discípulo se atreve a servir. / El miembro le gusta ser halagado; el discípulo halaga con su servicio y su sacrificio. / El miembro entrega parte de sus ganancias; el discípulo entrega su vida. / El miembro puede caer en rutina; el discípulo está en constante actividad. / El miembro espera que se le asigne tarea; el discípulo es solícito en tomar responsabilidad. / El miembro murmura y reclama; el discípulo se niega a sí mismo y obedece. / El miembro es condicionado por las circunstancias; el discípulo aprovecha las circunstancias para ejercitar su fe. / El miembro reclama que le visiten. El discípulo visita. / El miembro vale para sumar. El discípulo vale para multiplicar. / Los miembros son trastornados por el mundo. Los discípulos trastornan el mundo. / Los miembros suelen ser fuertes como soldados en trincheras. Los discípulos son soldados invasores. / El miembro hace hábito. El discípulo rompe moldes. / El miembro sueña con la iglesia ideal. El discípulo logra la iglesia real. / El miembro predica el evangelio. El discípulo hace más discípulos. / El miembro espera un avivamiento. El discípulo es parte del avivamiento. / El miembro espera una almohada. El discípulo toma la cruz que Jesús ordenó llevar[1]. / El miembro dice ojalá! El discípulo dice Heme aquí!. / El miembro es valioso. El discípulo es indispensable[2].  A la luz de esta reflexión, usted en qué nivel considera que se encuentra: ¿Es usted un discípulo, o solamente un miembro, o quizá ni discípulo ni miembro?  La falta de discípulos hace complicado que haya a quienes encargarles que hagan a otros discípulos.  Es por eso que cuando en las iglesias se planea hacer discipulado, nadie quiere, nadie acepta, nadie puede, nadie sabe.  En esta iglesia todos debemos aspirar a ser y a hacer más discípulos que solo ser y hacer miembros no discípulos.

   Amados hermanos, la gran mayoría de los que asistimos a esta iglesia, no somos nuevos discípulos como Andrés y la mujer Samaritana.  Somos discípulos de años de discipulado, y aunque fuésemos nuevos tenemos que hacer discípulos. La gran mayoría de nosotros ya debemos estar listos para hacer discípulos. Es el plan de Dios para todos sus discípulos.  Si usted todavía no se siente entrenado para hacer discípulos, le animo a que dedique más tiempo a la devoción personal con Dios, y al aprendizaje en la Escuela de Formación Cristiana de esta amada iglesia.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, si cada uno hiciera por lo menos a un discípulo durante un año, si ahora somos 400 discípulos, el próximo año deberíamos ser 800 discípulos del Señor Jesucristo que nos congregamos en este lugar.  Y si hacemos cinco discípulos durante cinco años, en 2023 seríamos 2,000.  Esto deberíamos ser en la actualidad, pero muchos discípulos no hicieron ni 4, ni 3, ni 2, y ni siquiera 1 solo discípulo en los 5 años anteriores, entonces por eso solamente somos los que ahora llegamos aquí a los cultos.  Y si en los siguientes cinco años somos menos de 400, es porque la gran mayoría no cumplió el gran mandamiento de hacer discípulos.  Es más, si el próximo año no superamos considerablemente el número actual de discípulos, entonces no dudo en decir que somos los miembros que estamos fallando en ser discípulos y en hacer discípulos.  Simplemente recordemos, que Jesús nos envía al decirnos: “Por tanto, id, y haced discípulos…” (Mateo 28:19).

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[1] Las dos frases de este punto fue modificado por mí.

[2] https://verdadyluzhoy.blogspot.com/2008/04/eres-miembro-o-discipulo.html