Jun 24

SOY DEUDOR, Por: Diego Teh.

SOY DEUDOR

Romanos 1:14,15.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 24 de junio 2018, a las 18:00 horas, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 05 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

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   INTRODUCCIÓN: Muchas veces nos nace la corazonada de invitar a los amigos a un cafecito, o por lo menos a un embotellado o a unas frituras, o hasta un desayuno o una cena.  A usted, ¿le gusta invitar, o le gusta que le inviten?  Pienso que ambas cosas no son malas, sin embargo, como Pablo enseñó a los ancianos de la iglesia de Éfeso: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35). Ojalá podamos desarrollar siempre esta mentalidad de dar antes que recibir.  En cuestiones de amistad, a veces los mismos amigos cuando uno por alguna razón imprevista o de fuerza mayor uno no pudo reunirse con ellos, incluyen a uno obligatoria pero amistosamente en su lista para que nos toque invitarles algo; entonces, voluntaria y amistosamente les decimos: Ya les (te) debo una, la próxima yo invito.  Cuando está en nuestras posibilidades podemos reconocernos deudores.

   De igual manera, el apóstol Pablo con respecto al beneficio que había recibido del evangelio, sentía que no era poca cosa sino una abundante riqueza espiritual que él había recibido de Jesucristo, y por ello como lo debió haber sentido por los no creyentes y hasta por los creyentes de otras ciudades, les dijo a los romanos pero no exclusivo para ellos, que: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. / Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma” (Romanos 1:14,15).

   De estas palabras de San Pablo, me propongo a predicarles hoy que el creyente del evangelio se reconoce como una persona que tiene una deuda. / ¿Qué deuda reconoce tener el creyente del evangelio? / Basado en la experiencia del apóstol Pablo, voy a presentarles en este mensaje, tres consideraciones con respecto a esta deuda.

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   La primera consideración con respecto a la deuda que reconoce tener el creyente del evangelio, es:

I.- DEUDA CON JESÚS PRIMERAMENTE POR SU AMOR.

   Habiendo visitado Jesús a un fariseo llamado Simón que no era nada hospitalario cuando recibe personas en su casa, ni era nada servicial ni atencioso, Jesús le contó una de sus parábolas, y luego le hizo una pregunta.  La parábola fue esta: “Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; / y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? / Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado” (Lucas 7:41-43).  Cuando una persona se da cuenta que Dios le ha compartido alguna misericordia, la persona responde con alegría, gratitud, y amor hacia Dios; y además es capaz de compartir con otros su alegría y hasta el mismo beneficio recibido.  La razón por la que Jesús le dijo esta parábola a Simón el fariseo, fue porque una mujer de mala reputación en toda la ciudad, entró a casa de Simón, ella llorando regaba con sus lágrimas los pies de Jesús, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con un perfume especial que ella había traído. Fue entonces cuando Simón dijo de Jesús: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora” (Lucas 7:39b).  Luego de la aplicación de la parábola, Jesús entonces le explicó a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. / No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. / No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. / Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (Lucas 7:44b-47).

   El apóstol Pablo, que antes había llevado una vida religiosa sin el espíritu de la verdad en él, sin duda que tras su encuentro con Jesús y tras ser confrontado por él, tras ser perdonado y comisionado por Jesús para una tarea mucho mejor que la que él antes hacía persiguiendo a los creyentes, se dio cuenta que había sido perdonado no de poco pecado, sino de muchísimo pecado. Y no hay duda que por toda esa bendición que recibió de Jesús le hizo sentirse en deuda primeramente con Jesús; pero como incluso había sido perseguidor de los creyentes, se sintió todavía más deudor con ellos.  Esa era su razón para decir: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor” (Romanos 1:14).

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   La segunda consideración con respecto a la deuda que reconoce tener el creyente del evangelio, es:

II.- DEUDA CON TODOS POR TENER EL EVANGELIO QUE ELLOS NO TIENEN.

   Por haber conocido y aceptado para su vida el evangelio del reino de Dios, el apóstol Pablo, les dice a los romanos que: A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor” (Romanos 1:14).  Esta expresión era la manera como se dividía la clasificación de la humanidad desde tiempos de la influencia del imperio griego.  Era una manera de decir: “A todos, o con todos”. Siendo, los griegos la cultura donde surgieron los más prominentes filósofos de la antigüedad, ellos se consideraban como la cultura más educada que había sobre toda la tierra, la cultura de los sabios.  Fuera de ellos, cualquier otra cultura con lenguaje diferente los consideraban como no sabios, como los bárbaros.  Pero, el conjunto tanto de griegos como de no griegos, o dicho de otra manera: tanto de sabios como no sabios, era una manera de referirse a todo la humanidad.  La NVI traduce este versículo tomando en cuenta estos antecedentes, y dice: Estoy en deuda con todos, sean cultos o incultos, instruidos o ignorantes” (Romanos 1:14; NVI).  La Biblia de las Américas también es más expresiva al traducir que Pablo dijo que tiene obligación: “tanto para con los griegos como para con los bárbaros, para con los sabios como para con los ignorantes” (Romanos 1:14; LBLA).  La razón de sentirse deudor o con obligación por todos, es porque él ya había recibido y aceptado para su vida el evangelio de Jesucristo que le había convertido en una nueva criatura y salvada para la eternidad; entonces, tenía que compartir aquella buena noticia con todos cuanto él pudiese.

   Alfredo Lerín, autor de varios libros de ilustraciones para predicaciones, relata que: “Cierto pastor dijo que en su congregación había un hombre muy rico; que si éste hubiera sido pobre él le habría hablado acerca de la salvación de su alma; pero que él como pastor creía que sería presuntuoso hablarle de eso a dicho rico. Un día uno de los miembros le preguntó al hombre rico: —Señor X, ¿ha aceptado usted al Salvador? Este hombre, conmovido, y con lágrima en los ojos, respondió: —Agradezco a usted que me haya hecho esta pregunta. Durante mucho tiempo he estado muy preocupado por esto, y siempre pensé que el ministro algún día me hablaría de este importante asunto. ¡Oh, cuánto he deseado que me hable de mi Salvador! Si me hubiera hablado, ¡yo podría haber tenido tranquilidad!  Sigamos el ejemplo del Señor, quien a ricos y a pobres les anunció las buenas de salvación; imitemos al apóstol Pablo, quien dijo: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio…”[1].  Antes que escoger, a quién hablarles del evangelio, más bien debemos estar dispuestos a hablarles a todos sin excepción.

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   La tercera consideración con respecto a la deuda que reconoce tener el creyente del evangelio, es:

III.- DEUDA QUE MOTIVA A ANUNCIAR CON PRONTITUD EL EVANGELIO.

   Después de decir: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor” (Romanos 1:14), el apóstol Pablo añadió: “Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio…” (Romanos 1:15).  Lo relevante a observar aquí en estas palabras es la decisión de responder con prontitud a la responsabilidad para ponerse a cuenta con la reconocida deuda.  Cuando Pablo dice “pronto” estaba diciendo: “estoy tan ansioso de anunciarles el evangelio también a ustedes” (DHH).  Obviamente no todo lo que queremos hacer pronto, se logra hacer pronto.  En ocasiones surgen contratiempos ajenos a nuestra voluntad.  Pablo había tenido ese problema.  Les dice a los romanos. “muchas veces me he propuesto ir a vosotros (pero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás gentiles” (Romanos 1:13).

   Pero, cuando uno se propone hacer algo pronto, aunque surjan contratiempos, aunque no se pueda en el primer intento, o aun en otros intentos, uno no pierde las ganas, la visión de hacerlo.  Eso es lo que estaba ocurriendo con Pablo.  Pero, ahora, su proyecto de fortalecer la fe de los creyentes en Roma, estaba más cerca que antes, por lo que no duda en decirles que “pronto” estará con ellos.  Pero, ese pronto, tiene más que ver no con la proximidad de una fecha, sino con el estar ansioso de ir, pero no solo de ir, sino de hablarles más del evangelio que ellos ya habían comenzado a conocer.  Cuando alguien se siente así de deudor por el gran amor que Dios le ha tenido, tal persona, más bien tal cristiano, va a querer hacer PRONTO todo lo que esté a su alcance hacer para la obra de Dios, y para su prójimo.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en la vida todo aquello que hayamos recibido de Dios que nos pone en ventaja en comparación con otras personas que han sido menos favorecidas, nos hace deudores a favor de ellos.  Si Dios nos concede tener la alacena surtida para nuestros alimentos de cada día, somos deudores con los que menos tienen, y más con los que ni siquiera tienen nada para comer.  Si Dios nos permite tener una profesión para desempeñar, aunque es lícito que por medio de ello recibamos nuestros ingresos para vivir, también somos deudores de quienes no tienen los conocimientos ni destrezas para solucionar sus problemas con lo que nosotros sí sabemos y podemos hacer, y tenemos la obligación de servirles a la medida de su alcance.

   Pero, también cuando en cuestiones de fe y realidad en el evangelio de Jesucristo somos beneficiados con la gracia de Dios dándonos si merecerlo: el perdón, la justificación, la adopción, la salvación, la santificación, la vida eterna, la paz, el amor, la misericordia, y otras muchas cosas más, eso nos hace deudores de gratitud para con Dios, pero también nos hace deudores para quienes todavía no han recibido estos beneficios de la gracia divina, y por lo tanto tenemos que asumir la responsabilidad de invitarles a que crean en el evangelio de Jesucristo para que comiencen a disfrutar sus divinas bendiciones.  Somos deudores realmente ante toda persona.  Incluso somos deudores ante otros creyentes cuando tenemos algún don, conocimiento, o testimonio que podemos compartirles para que ellos se edifiquen más.  Por ejemplo, cuando San Pablo escribe a los romanos, no eran romanos incrédulos, sino que les escribió a los que eran creyentes, pero, aunque ya eran creyentes, San Pablo reconocía que era deudor a ellos porque, aun así, él tenía que anunciarles el evangelio.

   Cada uno de nosotros reconozcamos tener esa deuda con Jesucristo el autor del evangelio del reino de Dios, reconozcamos tener esa deuda con los que no tienen en sus vidas el evangelio que nosotros ya tenemos, y que nuestra deuda nos motive a anunciar este poderoso evangelio de Dios que por medio de Cristo transforma a los pecadores en personas que viven bendecidas por Dios durante toda la vida.

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[1] Lerín, Alfredo; 500 Ilustraciones; Mundo Hispano.  Ilustración # 151 RICO DESCUIDADO POR SU PASTOR.

May 27

EL EVANGELIO ES PODER DE DIOS, Por: Diego Teh.

EL EVANGELIO ES PODER DE DIOS

2 Corintios 5:17-21.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 27 de mayo 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 04 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

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   INTRODUCCIÓN: Hay una imagen con diversas variantes que hace unos años está circulando en el internet, y es muy cierto porque dice que LA BIBLIA MATA. Como hablar de matar o ser matado no sería una experiencia agradable para nadie, entonces nos da la impresión de que lo que está diciendo el mensaje de aquella imagen es igualmente desagradable; pero la realidad es que no, pues inmediatamente dice que: Mata la tristeza, la ignorancia, la ansiedad, el miedo, la angustia, el desespero, la soledad, y principalmente la falta de amor.  Eso es lo que dice la imagen en cuestión, sin embargo, mata muchas cosas malas que no necesitamos en nuestra vida.  Entonces, sí que la palabra de Dios es verdaderamente poderosa.  Por eso el título del mensaje de este momento es: EL EVANGELIO ES PODER.  Y ya lo decía el apóstol Pablo a los romanos a quienes les escribió: “…no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; …” (Romanos 1:16a).  El evangelio es poder de Dios.  Y eso es lo que me propongo explicarles en este mensaje.

   En nuestra lectura bíblica, que es parte de una carta enviada por el apóstol Pablo a los Corintios, podemos descubrir que el evangelio es poder de Dios para generar en el ser humano las cosas nuevas que combaten el poder del pecado en el ser humano. / ¿Cuáles son “las cosas nuevas” que el evangelio como poder de Dios puede generar en el ser humano, y así combatir en él el poder del pecado? / Siguiendo las palabras del apóstol Pablo, les presentaré una lista de tres cosas nuevas.

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   La primera cosa nueva que el evangelio como poder de Dios puede generar en el ser humano, y combatir en él el poder del pecado, es:

I.- UNA NUEVA CRIATURA.

   El apóstol Pablo, hace una afirmación bastante cierta e importante al decir: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Estar en Cristo es el resultado de haber aceptado el poderoso evangelio.  El poder de este evangelio en el corazón humano, a la vez que es destructor de las cosas viejas, también es constructor de cosas nuevas.  Con las cosas viejas, el apóstol Pablo se refiere a todo pecado que una persona haya arrastrado durante toda su vida, incluyendo el pecado original transmitido a toda persona por generación ordinaria.  Todo eso queda solamente como una experiencia de cosas viejas que aun siendo cosas que Dios pudiera usar en nuestra contra para sentenciarnos a condenación, ahora que uno ha aceptado la buena noticia del evangelio de Dios, todo ello queda cancelado. Por otra parte, esas cosas viejas solamente han sido como semillas que habiendo germinado hacen de la vida de toda persona, una vida desordenada consigo mismo, desordenada para con los demás, pero sobre todo desordenada para con Dios.

   Pero, cuando uno da paso en su vida al poderoso evangelio de Dios, comienza una transformación de adentro hacia afuera, del corazón hacia las actitudes y acciones que uno realiza.  Usted se comienza a dar cuenta que un cambio está comenzando a ocurrir y que seguirá ocurriendo todo el tiempo que uno viva.  Es a este proceso que San Pablo llama “nueva criatura”.  El evangelio tiene el poder de hacer una “nueva criatura” a un pecador que no parece tener esperanza no solo para la eternidad sino también para el presente.  Las personas que viven sin saber para que viven, las personas que se sienten infelices y que nada les satisface en la vida, y que siempre sienten un vacío espiritual en sus vidas, necesitan experimentar que el poder del evangelio de Dios puede transformar su vida desdichada, miserable, infeliz, y desastrosa, a una “nueva criatura” cuya vida ya tendrá consciencia de su propósito de vivir, que será feliz según la perspectiva de Dios, y que esta nueva vida la disfrutará a plenitud.  Ser una “nueva criatura” es lo mismo que estar en Cristo, pareciéndose más a Cristo.

   Amados oyentes, si alguno entre los presentes ha estado viviendo sin tomar en cuenta a Dios en su vida, y por lo tanto ha acumulado sobre usted una gran cantidad de cosas viejas que están destruyendo su felicidad, que está destruyendo su relación familiar, que aparentemente está viviendo sin sentido alguno.  Le invito a creer y recibir el evangelio de Jesucristo, que consiste en creer que Jesús es el único que puede transformar su vida, porque él murió para pagar todos los pecados de usted, y porque él venció la muerte al resucitar por sí solo, venciendo al mismo tiempo el poder del pecado que destruye al ser humano.  Si usted cree en esta buena noticia, usted será convertido por el poder del evangelio, en una “nueva criatura”. ¿Hay alguno entre los presentes que me está escuchando que necesita esta experiencia en su vida?  Lo animo a que ahora mismo allí donde usted se encuentra, le diga a Dios que usted acepta su santo y poderoso evangelio.

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   La segunda cosa nueva que el evangelio como poder de Dios puede generar en el ser humano, y combatir en él el poder del pecado, es:

II.- UNA NUEVA RELACIÓN.

   Hablando de todo este proceso de hacer cosas nuevas en la vida de una persona que ha abierto su corazón al poder del evangelio, el apóstol Pablo sigue explicando: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; / que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (2 Corintios 5:18,19).  Como dije antes: Estar en Cristo es el resultado de haber aceptado el evangelio, y que ser una “nueva criatura” es lo mismo que estar en Cristo, pareciéndose más a Cristo.  Pero, en estas palabras de San Pablo, que presupone que hay una condición de enemistad entre el ser humano y Dios, siendo el ser humano el culpable de esta enemistad, Dios comienza a realizar algo nuevo que queda descrito en la explicación: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, …” (v. 18).  La causa de la enemistad que existe entre el ser humano y Dios, es el pecado cometido desde la primera pareja humana.

   Dios siendo santo no puede tolerar que el pecado, y en consecuencia también los pecadores puedan estar delante de su presencia, por lo que a Eva y a Adán los sacó del Edén en donde Dios localizaba la manifestación de su presencia. En consecuencia, Dios tenía un plan alterno de llevarse a los seres humanos a su gloria celestial, pero habiendo ellos pecado, dice también el apóstol Pablo que los seres humanos “por cuanto todos pecaron, fueron destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Dios no los podría tener frente a Él ni en pintura por pecadores, a menos que fuesen santificados por alguien que pagase la pena de sus culpas.  Fue entonces que Cristo al dar su vida que luego fue gloriosamente resucitada, ocurrió lo que San Pablo describe diciendo que “nos reconcilió consigo mismo por Cristo” (v. 18).   Algo importante de tomar en cuenta es que esta reconciliación no es ni fue iniciativa de los pecadores para quedar bien con Dios, sino que es iniciativa de Dios mismo, de quien Pablo dice que “Dios, quien nos reconcilió consigo mismo”, añadiendo la explicación de que esta reconciliación es “por Cristo”.  Es por esta obra afirmada por San Pablo diciendo que Dios “nos reconcilió”, que se sobre entiende de que entonces se finaliza nuestro estado de enemistad con Él, y comienza una nueva relación de reconciliados con Él.  En el estado o relación de enemistad uno no puede ni podría acercarse a Dios, pero por el nuevo estado o nueva relación de reconciliación por Cristo, ahora nos podemos acercar a Dios.

   Amados hermanos, por esta obra de Cristo de reconciliarnos con Dios ahora nosotros disfrutamos de una posible y segura nueva relación con Dios.  Por eso la palabra de Dios también nos invita y exhorta diciendo: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, / por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, / y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, / acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura” (Hebreos 10:19-22).  Acerquémonos, es la invitación y exhortación para todos nosotros.  Ya ni los pecados cometidos por usted podrían ser un impedimento, pues si usted se los confiesa a Dios, y le pide perdón por ellos, inmediatamente usted será reconciliado con Dios. Por eso, todo este cambio de relación de enemistad a reconciliación que se puede dar entre el pecador y Dios, es por el efecto de aceptar el poderoso evangelio de Jesucristo.  Ahora, permítanme preguntar: ¿Hay alguien entre los presentes que todavía está viviendo en la condición de enemistad con Dios, pero que ahora sabiendo que Jesucristo es quien reconcilia con Dios, ahora quiere aceptar esta bendita buena noticia?

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   La tercera cosa nueva que el evangelio como poder de Dios puede generar en el ser humano, y combatir en él el poder del pecado, es:

III.- UNA NUEVA JUSTICIA.

   En sus palabras escritas a los Corintios, San Pablo les afirma que: Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21). En esta afirmación hay una preciosa verdad y buena noticia con respecto a otra de las cosas nuevas que Dios crea en los que aceptan su poderoso evangelio transformador.  De esto que Pablo dijo: ¿Quién es el “que no conoció pecado”?  Se refiere nada menos que a Jesús.  Pero, ¿qué significa eso de que “por nosotros lo hizo pecado”?  Significa que aun siendo él sin pecado, al tomar nuestro lugar para pagar toda la multitud de nuestras culpas humanas, él fue considerado como si fuera un pecador sin realmente serlo.  Pero, el objetivo de Dios en todo este plan de hacer a su Hijo como un pecador que en realidad nunca fue pecador, fue “para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios”, y es muy importante el énfasis del apóstol cuando describiendo la fuente de esta justicia dice: “en él”, refiriéndose a Cristo.

   Esta cosa nueva de ser “hechos justicia”, presupone algo que es igual de verdaderamente real, que aunque fuimos creados con la virtud de la justicia, es decir que nuestras acciones podrían ser vistas siempre con agrado por Dios, el hecho de haber pecado nuestros primeros padres, desde entonces cualquier cosa que todo ser humano haga por más que ponga en ello todas sus buenas intenciones y su máxima excelencia posible, jamás podrá ser visto por Dios como algo agradable, sino que siempre será detestable para Él.   Pero cuando dice que Cristo fue hecho pecado, es decir que fue considerado como el pecador que pagó nuestras culpas, lo hizo “para que fuésemos hechos justicia de Dios”, significa que es Cristo quien hace esta cosa nueva en el pecador.  Nadie puede ser agradable a Dios sino es por Cristo.  Así lo había expresado antes el mismo apóstol a los mismos corintios diciéndoles que: para Dios somos grato olor de Cristo” (2 Corintios 2:15); es decir, que no podemos ser gratos por nosotros mismos, sino solamente por medio de Cristo.  La razón por la que necesitamos a Cristo, es porque nuestras justicias, suma de todas nuestras buenas y obedientes acciones no nos sirven ni como la mínima justicia necesaria para agradar a Dios, pues según explica el profeta Isaías: “todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” (Isaías 64:6). Es por eso que aun la gente antigua como la de la época del profeta Daniel cuando oraban a Dios, decían: “no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias” (Daniel 9:18).

   Amados oyentes, las justicias humanas son insuficientes, por lo que necesitamos en nosotros la imputación de la justicia de Cristo.  Esa es la cosa nueva que ocurre en la persona que acepta el poderoso evangelio de Cristo.  Cuando Pablo dice que la muerte de Cristo, cuando Cristo fue hecho pecado, fue para que “fuésemos hechos justicia de Dios en él” (en Cristo), (2 Corintios 5:21).  Si Cristo es la justicia de usted, entonces usted agradará a Dios, pero si usted insiste en intentar agradar a Dios por su propia decisión e imaginación de que usted es tan bueno que no hace mal a nadie, y por eso usted es hasta mejor que los que tratan de aceptar a Cristo como su propia justicia, entonces, usted debe saber que absolutamente usted no es agradable para Dios. ¿Habrá entre los presentes alguien que se siente bueno o tan bueno que asegura que no hace mal a nadie, o porque hace muchas cosas que son apreciadas como buenas, y que por todo ello, y solo por ello, piensa que ha ganado, merecido, o recibido el agrado de Dios?  A usted le invito a que no confíe más en sus propias justicias.  Acepte usted la buena noticia de que Cristo con su muerte y victoria sobre la muerte, asegura la justicia de todos aquellos que creen y reciben su poderoso evangelio.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, nadie olvide que el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; …” (Romanos 1:16a). Sin el poder de Dios por medio de su evangelio en usted, usted no puede tener salvación.  Sin que usted crea en el evangelio de Dios, usted nunca podrá tener salvación eterna, sino finalmente solo conocerá la condenación eterna.  Sin embargo, todo aquel que creer en el evangelio, conocerá el poder de Dios para salvación.  A esa persona que puede ser usted, le convertirá en una “nueva criatura”, le establecerá una nueva relación de “reconciliación” con Dios; y le imputará a usted la justicia de Cristo para que usted sea visto por Dios como una persona agradable a quien dará otros muchos beneficios más.

   En este momento le invito a usted que reciba para su vida el evangelio poderoso de Dios.

Abr 22

LA EVANGELIZACIÓN ES UNA TAREA URGENTE, Por: Diego Teh.

LA EVANGELIZACIÓN ES UNA TAREA URGENTE

Juan 4:7-15, 27-42.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 22 de abril 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 03 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

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   INTRODUCCIÓN: Todos sabemos cuándo estamos frente a una urgencia. En nuestra vida cotidiana, sabemos cómo resolver las urgencias. Por ejemplo, si usted compra comida y sabe que la cocina cierra a las 2:00 pm, pero alguna vez estando usted concentrado en su trabajo, de repente se da cuenta que ya son la 1:50 pm, y solamente le quedan 10 minutos para llegar a comprar la comida si acaso no se gastó el menú del día.  Entonces, usted toma la decisión de suspender lo que está haciendo, y sale de prisa para intentar llegar a comprar su comida antes de que cierren.  Quizá también alguna vez, se nos ha enfermado algún familiar que evidentemente su vida está en peligro, por lo que, en ese caso, sabemos que inmediatamente tenemos que llevarlo al servicio médico, o llamar una ambulancia para que le traslade al servicio de urgencias del hospital más cercano.  Sabemos responder a las urgencias.  En la Biblia, especialmente en los evangelios, se nos dice, y observamos y analizamos, que hay una realidad llamada pecado, que tiene en seguridad de condenación eterna a todos los seres humanos que no se arrepienten de pecar y que no creen en el evangelio de Jesús.  Sin embargo, Dios ha previsto que quienes se arrepientan y crean en el evangelio, se salvan de tal condenación eterna.  En esta cuestión de la condenación y existiendo el medio para salvarse de ello, surge la urgencia de ayudar a las personas a salvarse de la condenación. ¿Cómo? Solamente mediante la predicación del evangelio de Jesús.

   En nuestra historia bíblica, encontramos a Jesús llevando su evangelio a una mujer que no encontraba sentido a su existencia, y que al igual que todo ser humano también estaba en peligro de la condenación eterna.  Pues, por destino divino, Jesús la encuentra junto a un pozo en la salida/entrada del pueblo, y le presenta la gracia de su evangelio diciéndole: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva” (Juan 4:10).  Y de esto habló con ella durante largo tiempo.  Eso, generó en sus discípulos una preocupación del por qué Jesús no dejaba de platicar con ella, para reunirse a comer con sus discípulos quienes desde poco después del medio día ya habían comprado el almuerzo, y ahora ya era demasiado tarde, y sus discípulos con hambre por esperarle a él mientras platica con ella.  En cuanto él se desocupó por un rato, tuvo una conversación con sus discípulos para aclararles que hay cosas espirituales altamente urgentes como el comunicar el evangelio a la gente que está al borde de perderse la única oportunidad de salvación de la condenación eterna.

   Por eso, voy a predicarles en este momento que: La conversación de Jesús primero con la samaritana, y luego con los discípulos de él, mientras la mujer samaritana fue a avisar a sus vecinos que ella había encontrado al Mesías, contiene elementos que indican que la evangelización es una tarea urgente. / ¿Cuáles son los elementos en las conversaciones de Jesús con la samaritana, y con los discípulos de él, que indican que la evangelización es una tarea urgente? / Observemos atentamente la narración de estas conversaciones y descubramos dichos elementos.

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   El primer elemento en la conversación de Jesús con la samaritana que indica que la evangelización es una tarea urgente, es:

I.- SU OFRECIMIENTO DEL AGUA VIVA HASTA SER ACEPTADO.

   Como sabemos por la narración, Jesús por haber caminado varios kilómetros, y por causa del calor del sol en pleno medio día, realmente tenía sed de agua H2O, por lo que aprovechó sin pretexto pedírsela a aquella mujer de Sicar que estaba sacando agua del pozo.  Sin embargo, él era portador de un agua con una formula distinta al H2O, que él describe como “el don de Dios” y como “agua viva” (Juan 4:10).  Al respecto de esta agua y de él mismo, le dice a aquella mujer: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva” (Juan 4:10).  Después de este ofrecimiento de Jesús, la samaritana tuvo una serie de dudas que le planteó a Jesús diciéndole: “Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? /  ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?” (Juan 4:11,12).  Esta conversación en la que Jesús le dio sus respuestas indicándole que tiene beneficio “para vida eterna” (Juan 4:14), debió haberles llevado mucho tiempo, pero finalmente aquella mujer, aceptó el ofrecimiento de Jesús, diciéndole: “Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla” (Juan 4:14).

   Lo que podemos observar en este acercamiento de Jesús a esta mujer que no le había ido nada bien en la vida, especialmente en el amor o en el matrimonio, es que Jesús le ofreció el mensaje de solución no solamente para una mejor vida familiar, lo cual tanto lo necesitaba aquella pobre mujer, sino principalmente también “para vida eterna” (cf. Juan 4:14).  Ella no tenía manera de tener vida eterna, porque no había creído y aceptado para su vida el evangelio de Dios que Jesús le estaba dando a conocer y experimentar.  Lo que ella seguramente sí sabía es que todo ser humano que es pecador, y ella está en esta categoría, es que lo único que le era seguro, además de toda la miserable historia de su vida, era la “muerte eterna” también conocida en la Biblia como “condenación eterna”.  Pero, Jesús, predicándole o anunciándole su evangelio, le ofreció, explicó, y esperó que ella tomara la mejor decisión que nunca antes en su vida había tenido la oportunidad de decidir.  Jesús le argumentó lo necesario, y le insistió acerca del poder de su “agua viva”, hasta que ella pidió el “agua viva”, que libra de la muerte eterna y a cambio da “vida eterna” (cf. Juan 4:14).

   Como aquella samaritana, así es la condición de la mayoría de los seres humanos, pues solamente es una mínima parte de la humanidad la que ha pedido o aceptado el “agua viva” […] “para vida eterna” (Juan 4:10, 14).  Como se puede deducir, la mayoría de las personas están viviendo bajo el miserable poder del pecado, y solamente están esperando el momento de enfrentar inevitablemente la condenación eterna.  Jesús consideró que ofrecer el evangelio vivo “para vida eterna”, no solamente a la samaritana, sino a toda persona y multitud a quien tuvo la oportunidad de hablarle, era una tarea urgente que, de no hacerlo el día en turno, mañana o al rato, es probable que tal persona ya esté en el lugar de la condenación eterna sin posibilidad de retorno o cambio de destino “para vida eterna”.  Lo mismo de aquellos tiempos de Jesús, sigue siendo cierto en la actualidad, que la gente que desconoce y no ha aceptado el evangelio de Dios está siempre a unos instantes de entrar a la dimensión eterna de la condenación, a menos que acepten el evangelio de Dios para sus vidas.

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   El segundo elemento en la conversación de Jesús con sus discípulos que indica que la evangelización es una tarea urgente, es:

II.- SU RESPUESTA DE PREFERIR EVANGELIZAR ANTES QUE COMER.

   Fue al medio día calurosísimo cuando Jesús y sus discípulos llegaron en la entrada/salida de la pequeña ciudad de Sicar de Samaria.  Jesús se quedó a descansar junto al pozo que allí se encontraba, y sus discípulos fueron a comprar comida.  Me imagino que no fue nada rápido conseguir la comida, y el tiempo iba transcurriendo.  Mientras los discípulos fueron a algún lugar de la ciudad a comprar la comida, Jesús entabló una sublime conversación con la samaritana de la que ya les he hablado en el punto anterior.  También ya les he mencionado que ella quedó inicialmente impresionada por el ofrecimiento de Jesús, de un “agua viva” distinta al H2O que ella conocía.  También les he mencionado que las dudas que ella le planteó a Jesús, y las preguntas que ella le hizo, propiciaron una larga conversación, que desenlazaría con aceptar ella para su vida, el beneficio eterno, así como los beneficios actuales de dicha “agua viva”.

   Aquella larga conversación, hizo que el tiempo transcurriera, y los discípulos de Jesús regresaron de su compra con la comida seguramente todavía calientita para comer en grupo.  Pero, aquella tarde, que sin duda ya era bastante tarde, la comida pasó de calientita a tibia, y de tibia a fría, antes de ser comida, pues San Juan relata primero de Jesús que En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?” (Juan 4:27), pero momentos después “los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come” (Juan 4:31).  Pero, lo que más sorprende es la respuesta que Jesús les da a sus discípulos: “Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis” (Juan 4:32), afirmación que inmediatamente les aclaró diciéndoles: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34).  Por supuesto que esa misma tarde Jesús no iba a acabar la obra que su Padre celestial le había encomendado. Mucho menos, si solamente estaba evangelizando a una sola mujer; sin embargo, lo que Jesús estaba resaltando es que había una urgencia de entregar su evangelio en el corazón de las personas tan necesitadas de la mejor buena noticia divina que jamás hayan escuchado y experimentado.  En este caso, inicialmente se trataba de una sola mujer que necesitaba el evangelio de Dios en su corazón y experiencia, por lo que para Jesús hablarle a ella, aunque sea sola ella, en aquel momento al parecer más apropiado para comer que para evangelizar, era más urgente evangelizarla que comer la rica y calientita comida disponible para él y sus discípulos.

  Finalmente, por la gente que vino de la ciudad de Sicar hasta el pozo en la entrada de la ciudad, y que Jesús tuvo que hablarles a todas ellos, seguramente que se fue la tarde, y Jesús ni siquiera pudo comer aquella tarde.  Esto habla de la prioridad que Jesús tenía de evangelizar siempre con sentido de urgencia, prefiriendo primero evangelizar haciendo así la voluntad de su Padre celestial, que sentarse a disfrutar un sabroso plato de comida, mientras junto a él hay personas que tienen profundas necesidades espirituales y que están sin “vida eterna” yendo directo a la condenación eterna sin otra opción.  En muchas ocasiones de nuestra responsabilidad de anunciar el mismo evangelio que Jesús anunciaba, tenemos que aplicar este principio: Primero evangelizar, y después comer o pasear.

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   El tercer elemento en la conversación de Jesús con sus discípulos que indica que la evangelización es una tarea urgente, es:

III.- SU EXPLICACIÓN QUE LOS CAMPOS YA ESTÁN BLANCOS PARA LA SIEGA.

   Mientras Jesús conversaba con sus discípulos acerca de la urgencia de evangelizar prefiriendo evangelizar antes que comer, la samaritana que había ido de regreso a la ciudad, regresaba ahora con una gran cantidad de personas que se podían ver desde lejos, desde el pozo donde Jesús y sus discípulos se encontraban. Mientras ellos veían a la gente venir de la ciudad hacia ellos, Jesús les dice: ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:35).  Aquí Jesús, literalmente se estaba refiriendo a la cosecha del trigo que en verdad todavía no era la temporada sino hasta dentro de cuatro meses cuando las espigas de los trigales ya listos para ser cosechados se distinguían por su color blanco, que daban una preciosa vista panorámica saturada de blancura en todos los campos donde el trigo ya estaba listo para cosecharse.

   Pero, en esa misma expresión, Jesús, refiriéndose a la multitud de personas que él y sus discípulos podían mirar a lo lejos viniendo hacia ellos, y a quienes Jesús en un momento más les ofrecería su evangelio, veía en ellos a personas que al igual que la samaritana tenían grandes y profundas necesidades espirituales, que les harían receptivos a su evangelio, y que estas personas no esperarían cuatro ni menos meses para creer en el evangelio de Jesús, porque les urge una solución para su vida cotidiana y para la eternidad.  Ese era el momento de la cosecha de almas para el evangelio del reino de Dios.  Es a esta situación de necesidad espiritual de aquellas gentes que les hizo venir a escuchar a Jesús, necesidad que Jesús identifica como “los campos […] blancos (o sea, listos en ese momento) para la siega”.  Son las gentes que no pueden esperar más tiempo porque anhelan con urgencia la mejor solución para sus vidas. Los mismos discípulos de Jesús fueron testigos de que “muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él” (Juan 4:39), y “los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días. / Y creyeron muchos más por la palabra de él” (Juan 4:40, 41).  Tenía razón Jesús, que era urgente hablarles del evangelio a todas aquellas personas.

   Así entonces, con la explicación de “los campos […] blancos para la siega”, Jesús estaba recalcándoles a sus discípulos que aunque hay un sinfín de personas con un corazón duro, incrédulo, y arisco al evangelio, también hay muchas personas a quienes con urgencia hay que hablarles del evangelio, o sea, de la buena noticia de que Dios tiene una solución eficaz para sus vidas en la actualidad y para la eternidad, porque estas personas responderán con fe sincera y real al evangelio divino, y así tendrán un cambio sublime en sus vidas.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en nuestro entorno también hay urgencia de anunciar el evangelio a la abundante cantidad de personas que tienen una profunda necesidad espiritual que solo el evangelio que conocemos puede solucionarles. Mucha, pero mucha gente está yendo camino a la condenación eterna, sin saber todavía que el evangelio, “el don de Dios”, el “agua viva” (Juan 4:10), les puede orientar a creer en Jesús para que su destino no sea la condenación eterna sino la “vida eterna” (cf. Juan 4:14). Por eso concluyo, enfatizando que: LA EVANGELIZACIÓN ES UNA TAREA URGENTE, pues por eso Jesús ofrecía su “agua viva”; por eso Jesús cuando era necesario, prefería evangelizar y dejar la comida u otras cosas para un rato después; y por eso Jesús, explicó que hay mucha gente lista para creer como cuando el trigo está listo para cosechar, a quienes con urgencia hay que presentarles el evangelio como Jesús lo hizo con aquellos sicaritas de Samaria.  Evangelicemos con sentido de urgencia.