Mar 05

UNA FAMILIA QUE BUSCA EL REINO DE DIOS, Por: Diego Teh.

UNA FAMILIA QUE BUSCA EL REINO DE DIOS

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Mateo 6:33.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Ebenezer” de la col. San José Tecoh, de Mérida, Yucatán; el día domingo 05 de Marzo del 2017, a las 18:00 horas; con motivo del Día de la Familia, en México.

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   INTRODUCCIÓN: En el año 2005, hace doce años, a petición de organizaciones empresariales y de la sociedad civil, nuestro entonces presidente de la república don Vicente Fox, emitió por decreto que anualmente el primer domingo de cada mes de marzo se celebre en nuestro país el Día de la Familia.  El objetivo fue que además de fomentar la relación de todos los integrantes de la familia, cada familia debería crear iniciativas para el desarrollo integral de cada uno de sus integrantes.  Muy buena idea lo cual no contradice la palabra de Dios, sino más bien la honra, pues la palabra de Dios también procura la mejora de nuestra relación familiar, y el apoyarnos unos a otros para un sano desarrollo individual.

   El texto bíblico que he escogido para este mensaje dirigido a la familia, es una enseñanza de Jesús, dada a los que oyeron su célebre Sermón del Monte, en el que dijo que a pesar de las necesidades cotidianas y básicas de sobrevivencia: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33a); pero como por lo general, excepto algunos casos, no somos personas solitarias sino que siempre vivimos en familia, es apropiado entender que no solo en lo personal sino como familia debemos buscar el reino de Dios.  Por eso, este día he tenido la iniciativa de compartirles con fundamento en la palabra de Dios que toda familia cristiana que busca el reino de Dios se distingue por características particulares que se puede observar en ella. / ¿Qué características particulares se puede observar en una familia cristiana que busca el reino de Dios? / En este mensaje les voy a compartir a través de diversas historias y personajes bíblicos, algunas de tales características.

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   La primera característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

I.- VIVE UNA ESPIRITUALIDAD TANTO INTERIOR COMO EXTERIOR.

   Aunque la historia de Lot está en el libro del Génesis, me gusta mucho una descripción que el apóstol Pedro da acerca de la intervención de Dios para librar a este personaje; pero al mismo tiempo describe la espiritualidad que este hombre mantuvo entre la gente perversa de las ciudades de Sodoma y Gomorra.  Al respecto de la espiritualidad de Lot, el texto dice que siempre se encontraba: “…abrumado por la nefanda conducta de los malvados / (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos)” (2 Pedro 2:7b,8).  Pero no hay grande ganancia en que uno se sienta “abrumado”, ni le era de mucho provecho porque “afligía cada día su alma”.  El provecho era real y bueno, pero solamente para él.  Se ve que fue un hombre de fe real y evidentemente firme en Dios, pero su esposa y sus hijas no tenían la misma madurez espiritual que él, lo cual las llevó a una tragedia general en muchos aspectos de sus vidas.  Pero eso fue en parte problema de Lot quien desde el principio no se preocupó por la espiritualidad de su familia.

   El problema de Lot, fue que solo quería vivir una espiritualidad interior en su alma, pero no quería vivir una espiritualidad exterior que es práctica.  Una espiritualidad como la de Lot es incompleta.  Lot vivía su espiritualidad solamente en su alma, pero en las cuestiones prácticas fue muy descuidado.  Cuando se tuvo que separar de su tío Abraham, Lot escogió lo que le pareció y realmente era la mejor tierra que le garantizaba un buen futuro económico para su oficio pastoril, pero no le importó que eso significaba un acercamiento a las ciudades de Sodoma y Gomorra cuya vida era de pecado, inmoralidad, perversión, homosexualidad, y más depravaciones, por lo que Dios ya les tenía en la mira para destruirlas y exterminarlas de la faz de la tierra.  Fue por su ideal de prosperidad que llevó a su familia hasta aquellos lugares.

   Cuando Dios por misericordia hacia Lot y su familia les quiso salvar de la destrucción que traería a estas dos ciudades, Dios le pidió a Lot que saliera de aquellos lugares y que se llevara a toda su familia, entonces Lot debió darse cuenta que su decisión de haber ido a vivir entre aquellas gentes, fue el error de su vida.  Sus hijas ya estaban comprometidas para matrimoniarse, así que Lot habló con sus yernos para explicarles lo que Dios les estaba orientando para hacer como familia, pero sus yernos no le hicieron caso, sino que lo consideraron loco.  Muy pronto sus hijas sufrieron el dolor de perder a sus prometidos, que sin duda amaban con todo su corazón, pero al ver que fue Dios quien les quitó a sus prometidos, debieron haber tenido algún resentimiento contra Dios.  Eso no hubiera pasado si Lot no hubiese llevado a sus hijas a aquellos lugares profanos.

   Cuando por fin se dio la misericordia de ser salvados de la destrucción, en el camino de huida, a pesar de que recibieron la instrucción de no mirar hacia atrás para no ver la destrucción de aquellas ciudades, la esposa de Lot, desobedeció la instrucción y volteó a mirar, y en consecuencia quedó hecha una estatua de sal.  La razón por la que esta mujer volteó para mirar, debe ser no solamente por curiosidad sino porque le estaba doliendo profundamente perder algo a la que estaba arraigada su vida cotidiana.  Como dijera Jesús, donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).  Su tesoro no estaba en la misma fe de su esposo; su tesoro no estaba en el reino de Dios; su tesoro no era Dios, al grado que le importó poco el desobedecer su instrucción.  Lot no debió llevar a su esposa a aquellos lugares.

   Posteriormente, las hijas decidieron cometer incesto con su propio padre.  Su argumento fue “Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra” (Génesis 19:31).  Por supuesto que en Sodoma y Gomorra no quedó varón para ellas, pero en el resto del mundo habían más varones.  Por ese mismo tiempo, Abraham quien no quiso comprometer a su hijo Isaac con las egipcias, ni con las cananeas, y mujeres de otras decenas de ciudades donde él había conocido sin duda que a muchas mujeres hermosas, exploró la opción de enviar hasta Ur en Mesopotamia para que trajesen de allí una esposa de entre su propia parentela para su hijo; y funcionó el plan.  Las hijas de Lot, pudieron establecerse a vivir en otras ciudades, y seguro que no faltaría hombre que las tome como esposa.  Por otra parte, no es verdad que Lot fuese tan viejo como ellas dijeron, pues su tío Abraham, para esa fecha era muchos años más grande que Lot, y todavía ni le nacía su primer hijo, y luego tuvo más hijos no solo con Agar, sino con Sara, y también con su concubina Cetura (Cf. Génesis 25:1,2; 1 Crónicas 1:28,32).  Lot, seguramente pudo haberse buscado una nueva esposa con quien tener descendencia varón; pero sus hijas estaban arrastrando la influencia de la cultura pecaminosa e inmoral de Sodoma y Gomorra, donde su padre quiso que ellas crecieran.  Esto no tenía que pasar si Lot hubiese pensado que su familia esté fundamentada en la fe interior y en la fe práctica.

   Amados hermanos, tomando en cuenta que cada uno de nosotros somos parte de una familia, debemos no solo de manera personal sino también como familia estar en búsqueda del reino de Dios.  Si se llegar a dar la necesidad que usted tenga que cambiar de trabajo, analice cómo este cambio contribuye a que su familia busque el reino de Dios.  Si el trabajo al que aspira no contribuye a este fin, mejor búsquese uno más apropiado.  Pida a Dios sabiduría para tomar la decisión correcta.  Cuando usted tome la decisión de cambiar de domicilio no lo haga a la ligera, analice también si esto contribuye a que su familia busque el reino de Dios; porque si no, entonces busque una vivienda más apropiada.  En la mala experiencia de Lot podemos darnos cuenta de cuán lamentable es buscar otros objetivos sin buscar primeramente el reino de Dios.  No se conforme usted como Lot quien en lo personal solo se sentía “…abrumado por la nefanda conducta de los malvados”, pero vivía entre ellos arriesgando la espiritualidad de su familia.  No sea usted como Lot quien aunque sinceramente “afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos” (2 Pedro 2:7b,8), pero allí estaba envenenando el alma de su esposa y de sus hijas.  Lo mejor, fue no haberse establecido con ellas en Sodoma y Gomorra, a donde fue llevado por el producto de su mirada tan humana y su corazón tan ambicioso.  Una familia que busca el reino de Dios debe ser congruente en su vida espiritual que se desarrolla en su alma o corazón, pero también en la vida espiritual que se desarrolla en las decisiones que se toman para las cosas prácticas de la vida que edifican o pueden destruir a nuestra propia familia.

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   La segunda característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

II.- AMA EL CULTO A DIOS ANTES QUE OTRA ACTIVIDAD.

  La familia de la cual voy a hablarles en este apartado del mensaje es la de José y María, los padres terrenales de Jesús nuestro Salvador y Señor.  Lo primero que quiero indicarles es que San Lucas hablando más de Jesús que de sus padres, aprovecha relatar que: “Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua” (Luca 2:41).  Este dato es relevante, porque la pascua era en realidad un culto prescrito en la ley de Moisés (más bien de Dios) que duraba siete días, en el que se aprovechaba dar gracias a Dios porque un día sus antepasados los israelitas fueron libertados de la esclavitud a la que fueron sometidos por los gobernantes egipcios.  Aunque para este tiempo José y María vivían en Nazaret de Galilea, desde unos ocho años atrás desde que regresaron de Egipto, entonces, por lo menos los últimos 7 u 8 años no descuidaron ir al culto o fiesta de la pascua.  Lo que esto significa es que esta familia evidentemente amaba el culto a Dios antes que cualquier otra actividad.  En la actualidad hay una carretera que lleva de Nazaret a Jerusalén con un tramo de 150 km, que en auto se estima se puede recorrer en menos de dos horas, y a pie pero sin descanso en 31 horas, pero a pie con descansos podría llevar hasta 4 días-jornada de camino. Solo se necesita amor para ir a siete días de culto para decidir caminar toda esa distancia.

  Sin embargo, otro dato todavía más relevante que en realidad involucra a la familia es lo que San Lucas dice más acerca de Jesús que de sus padres, pero aludiendo a sus padres dice que “cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta” (Lucas 2:42).  Era un asunto de la ley de Moisés que los niños menores de doce años no tenían que ir al templo de Jerusalén, sino hasta que tuviesen doce años de edad, por lo que es entendible este énfasis de San Lucas acerca de la visita de Jesús al templo de Jerusalén “cuando tuvo doce años”.  Pero lo relevante aquí es que no dejaron a Jesús a hacer quizá aunque pequeños trabajos en la carpintería de la familia.  Ni siquiera José mandó a María y a Jesús mientras él se quedaba a trabajar.  Ni María les pidió que José y Jesús fueran solos aprovechando que ahora José tendría un acompañante durante el viaje.  La misma María que había viajado embarazada a punto de dar a luz, con tal de obedecer el edicto de Augusto César de empadronarse cada quien en su lugar de nacimiento; ahora, seguramente consideró como cada año que ella debía obedecer a Dios por muchas más razones.  En fin, vemos a José, María, y Jesús, como una familia que ama más el culto a Dios que cualquier otra actividad.

   Amados hermanos, hoy no tenemos que viajar a 150 km de distancia para ir al culto, pues a unas cuantas cuadras, o unas cuantas colonias de distancia tenemos el templo más cercano de nuestra preferencia a donde podemos ir al culto. ¡qué bendición!  Hoy también no tenemos por qué quedarnos en casa y enviar a los demás de nuestra familia al culto.  Hoy no debemos enviar a la familia al culto y nosotros salir a pasear con los amigos o con las amigas, ir al cine, al futbol o béisbol, etc… Hoy no debemos ni siquiera dejar a nuestros hijos pequeños o adolescentes en casa porque amen más dormir que adorar a Dios.  Aunque la iglesia no provee espacios para dormir, provee espacios de enseñanza y adoración muy importantes para que sean aprovechados por toda la familia.  Jóvenes, no deberían poner como excusa de que tienen mucha tarea con tal de evitar acudir al culto, para luego que sus padres salgan de casa para ir al culto, ustedes no se dedican a hacer la tarea sino a dormir, jugar, pasear, o hacer otra cosa, menos la tarea.  Adultos, jóvenes, y niños, recuerden que una familia que busca el reino de Dios es una familia que ama el culto a Dios antes que cualquier otra actividad.

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   La tercera característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

III.- ABRE LAS PUERTAS DE SU CASA PARA COMPARTIR EL EVANGELIO.

  Primero quiera hablarles de una familia conformada por un matrimonio.  Se trata de Priscila y Aquila. Lo primero que sabemos de ellos es que eran buenos conocedores del evangelio de Jesucristo, que en la ciudad de Éfeso se encontraron a un buen predicador llamado Apolos que tenía un escaso conocimiento acerca de Jesucristo, pues lo único que sabía de Jesucristo estaba limitado a lo que Juan el Bautista predicaba cuando Jesús fue bautizado por él.  Ahora, predicar a Jesucristo, implicaba mucho más, como la razón de su muerte en la cruz; el significado de su resurrección; su poder para perdonar pecados, y sanar enfermos, etc…  Priscila y Aquila, conocedores de estas cosas, orientaron con mucho amor a este Apolos, quien tomo nota de cada detalla para mejorar sus predicaciones con respecto a Jesús.   Priscila y Aquila, amaban las buenas noticias del poder redentor de Jesucristo.  Pero por alguna razón, muy pronto ya no estaban en Éfeso, sino que se fueron a vivir en Roma, a unos 2,000 kilómetros de Éfeso, pues cuando poco tiempo después el apóstol Pablo escribió su epístola a los Romanos, les dice: “Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, / que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles. / Saludad también a la iglesia de su casa” (Romanos 16:3,5a).  En este saludo, también sobresale la valentía de esta pareja por defender la fe y al mismo apóstol Pablo; pero lo que quiero enfatizar es que el saludo que va expresamente para ellos, es especificado “también a la iglesia de su casa”. ¿La iglesia en su casa? Sí, porque amaban el evangelio de Jesucristo y a Jesucristo mismo, y estuvieron de acuerdo en utilizar su casa para enseñar de Jesucristo.  Esto es parte de los que también voluntariamente puede hacer una familia que busca el reino de Dios, pues para vivir la fe en Jesucristo el Rey del reino de Dios, uno no busca más intereses que los intereses del mismo reino de Dios.

  En el mismo libro de los Hechos de los apóstoles tenemos también la historia de un hombre que vivía en la ciudad de Cesarea de Judea[1], que se llamaba Cornelio, que era un Centurión romano, y que era conocido como “piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre” (Hechos 10:2).  Por instrucciones de un ángel, Cornelio por medio de dos de sus criados y uno de sus soldados de confianza mandó traer a su casa al apóstol Pedro quien se encontraba en Jope a unos 51 kilómetros al sur de Cesarea, justo en la misma costa del mediterráneo.  Pero lo relevante del caso es que cuando el apóstol Pedro llega a Cesarea a casa de Cornelio, dice San Lucas que “Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos” (Hechos 10:24b).  ¡Qué buen hombre temeroso de Dios, pero no solo sino juntamente con su familia, cuya casa estaba dispuesta para recibir a parientes y amigos más íntimos!  La razón de haberlos juntado en su casa, según Cornelio mismo le dice al apóstol Pedro es: “todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado” (Hechos 10:33b).  Esta es una familia que ama el reino de Dios, utilizando su propia casa para que parientes y amigos conozcan dicho reino y a su Rey y Salvador Jesucristo.

  Como tercero de esta lista de personas que abrieron las puertas de su casa para compartir el evangelio tenemos a doña Lidia cuya historia la tenemos también en el libro de los Hechos de los Apóstoles.  Era una mujer comerciante vendedora de púrpura, proveniente de Tiatira pero ya establecida con casa en Filipos, que previamente tenía temor de Dios y le adoraba, pero cuando en Filipos escuchó una predicación del apóstol Pablo, y aprendió acerca de Jesús, cree en él y se bautiza juntamente con otros miembros de su familia, dice San Lucas junto con el apóstol Pablo y Silas, que: “nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos” (Hechos 16:15).  Esos mismos días Pablo y Silas fueron encarcelados, pero muy pronto fueron liberados por la mano poderosa de Dios, y dice también San Lucas que: “saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron” (Hechos 16:40).  Esta mujer y su familia fueron hospitalarios con los siervos de Dios porque sus intereses principales no era ni siquiera el comercio, sino el buscar primeramente el reino de Dios.  Esto también se puede practicar el día de hoy, recibiendo en nuestras casas a los predicadores que llegan de visita a nuestras iglesias y tienen que quedarse por varios días.  Incluso si no se quedan por varios días, parte de la hospitalidad en la casa es llevarlos a compartir con ellos por lo menos una de nuestras comidas con las que Dios nos bendice en nuestros hogares.  Esta mujer, Lidia y su familia, porque entendieron lo que significa buscar el reino de Dios, abrieron las puertas de su casa para convertirla en una casa donde se podían reunir “los hermanos” en la fe que estaban creyendo en Jesucristo en aquellos tiempos.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en la actualidad como discípulos de las enseñanzas de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, también debemos hacer caso a su instrucción: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33).  Buscar el reino de Dios también es un asunto de la familia.  Es la mejor iniciativa que podemos tener todos los que conformamos nuestra familia.  Nadie haga como Lot, o como su esposa, o como sus hijas, cada quien buscando sus propios intereses.  Más tarde estaríamos listos para cosechar los tristes resultados de no buscar a tiempo primeramente el reino de Dios. / En esta búsqueda del reino de Dios, es importante valorar la importancia del culto para ser adoradores de Dios, pues Jesús mismo dijo que Dios el Padre está buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad (Juan 4:23,24). /  Finalmente, no olvidemos que nuestra verdadera morada es el cielo de Dios que Él tiene preparado para los que somos creyentes.  Nuestra vivienda de la actualidad es solamente una concesión de Dios para que nos resguardemos mientras estamos aquí en la tierra, pues al final de nuestra vida allí quedará, y ya no nos servirá más para nada.  Mientras tanto, debemos ponerlo al servicio de los intereses del reino de Dios que es acercar el evangelio de salvación a los corazones de nuestros familiares, amigos, y demás conocidos.  Dios nos ayude a buscar primeramente siempre su reino.

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[1] Esta Cesarea estaba situada a 96 kilómetros al Noroeste de Jerusalén la capital de Judea.  Sin embargo, Cesarea era conocida como la capital romana de Judea.  Fue edificada por Herodes el Grande entre el 25 y el 13 a.C. Su nombre fue puesto por Herodes en honor al emperador Augusto César, el emperador en turno cuando la edificó.  En ella vivió Felipe el evangelista, Cornelio el Centurión, y también allí estuvo preso durante dos años el apóstol Pablo en lo que comparecía ante Felix, Festo, y Agripa. También era conocida como “la pequeña Roma”.  Leer más en: http://edc.evidenciasdelcristianismo.com/?page_id=491

Ene 08

SE NECESITAN HOMBRES PARA EL MINISTERIO, Por: Diego Teh.

SE NECESITAN HOMBRES PARA EL MINISTERIO

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Varios textos.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Luz de Vida” de la col. Bojórquez, de Mérida, Yucatán; el día domingo 08 de Enero del 2017, a las 18:00 horas.

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INTRODUCCIÓN: Durante mi infancia observé en muchas ocasiones a personas que con sentido de devoción pero por tradición, doctrina, o ignorancia religiosa, solían reunirse en casas a realizar novenas de rezo, pero siempre llamó mi atención que casi siempre eran solamente mujeres.  Solamente en algunas ocasiones veía a un varón entre ellas, que tomaba el liderazgo o la presentación del rezo al santo patrono que correspondía.  Siempre me cuestionaba, ¿por qué solo mujeres?  Pero, no vayamos tan lejos.  En nuestras iglesias y congregaciones, ¿quiénes son las que tienen una mayor presencia y hasta un mayor servicio? ¿Los hombres o las mujeres?  Sin duda que hay mínimas excepciones, pero en la gran mayoría son las mujeres que están verdaderamente comprometidas con el ministerio cristiano.  Esto no está mal, pero, y los hombres que deben estar, ¿dónde están?  Además, tenemos el fenómeno de que los pocos hombres que forman parte de la membresía y de los simpatizantes de las iglesias y congregaciones, no tienen suficiente compromiso e involucramiento en los ministerios que los hombres de la iglesia deberían estar ejerciendo.  Solamente un mínimo de varones está comprometido con el ministerio cristiano.  Por ejemplo, estimado varón que hoy ha venido a esta congregación, ¿está usted comprometido en el ministerio cristiano, especialmente con algún ministerio que aquí debe ser liderado por varones?

En el mensaje de hoy, lo que les quiero específicamente predicar es que se necesitan hombres cristianos para los diversos ministerios que debería implementarse y funcionar en las iglesias locales. / ¿Para qué ministerios se necesitan hombres en las iglesias locales? / Me propongo compartirles de manera breve, algunos de los ministerios que requieren de la responsabilidad no exclusiva pero sí principalmente de los hombres cristianos.

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Un ministerio que necesita hombres, es:

I.- EL MINISTERIO DE LA ADORACIÓN.

Desde que tengo uso de razón siempre he observado que las acciones de gracias por cumplir quince años de edad, es solamente una práctica realizada por las señoritas, aunque no voy a negar que he visto también algunos casos donde varoncitos también han estado de acuerdo con sus padres en ofrecer a Dios una gratitud pública a esa edad; sin embargo, son casos mínimos que quizá será solo un varón de cada quinientas señoritas.  No está mal que lo hagan las señoritas, pero sí está mal que no lo hagan los varones quinceañeros, porque los varones sin importar nuestra edad somos los principales responsables de acercarnos a Dios en adoración.

Nuestro libro de Disciplina de la iglesia, en su artículo 118, tocante a la celebración de cultos por XV años y otros aniversarios, al final de este artículo, dice: “…no es costumbre en nuestra iglesia celebrar estos cultos de XV años en relación con adolescentes varones.  Esto será decisión de las familias”.  Creo que en este punto, esto de no hacer estas celebraciones solamente porque no se tiene costumbre, es un error de nuestra teología pastoral.  No es que sea un requisito obligatorio que se haga una acción de gracias a los quince años de un varón o de una señorita, sino que el varón sea de quince, doce, o menos años de edad, debe saber que es principalmente su deber y responsabilidad como hombre presentarse en adoración delante de Dios.  Los varones crecemos con esta mentalidad.  Hay quienes luchan con tomar esta responsabilidad; pero según la biblia el ministerio de la adoración, no es una asunto propio para mujeres, sino más bien le presenta como principalmente propio de hombres, por lo que hasta hoy requiere de hombres de cualquier edad, menor o mayor de quince años, pero comprometidos a presentarse delante de Dios en adoración, y que ayuden a otros hombres y mujeres que se acerquen a Dios.

Cuando leemos en el libro del Génesis, sobre la vida de los patriarcas, una y otra vez leemos como en el caso de Abraham, que cerca de Betel, “edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová” (Génesis 12:7).  Lo mismo hizo Abraham después de la separación que pactaron entre él y su sobrino Lot, pues dice la historia que Abraham “vino y moro en el encinar de Mamre, que está en Hebrón, y edificó allí altar a Jehová” (Génesis 13:18).  Lo mismo hizo cuando solamente para probarle, Dios le pidió que le sacrificara a su hijo Isaac, pues también con respecto a este caso, dice la historia que “cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña” (Génesis 22:9).  Como estos, hay más casos de los patriarcas de Israel, y de otros períodos de la historia de Israel, y hasta del tiempo apostólico, donde esta responsabilidad de preparar la adoración, era una responsabilidad del varón que tenía que conducir a su familia a la adoración, no la esposa, ni la madre, ni las hermanas lo harían a favor de ningún hombre.  En los casos de Abraham, nunca su esposa tuvo que preocuparse por la preparación de algún altar.

Amados hermanos, en nuestras iglesias y congregaciones hacen falta varones que dirijan los cultos, que prediquen la palabra, que preparen y sirvan los elementos de la santa cena.  En los hogares hacen falta varones que estén dispuestos a liderar el devocional en el que tengan que explicar la palabra de Dios a su familia, etc…y así hay muchas otras cosas que los hombres han dejado de hacer, pero que tiene que ser retomado.  Un hombre no puede renunciar sus deberes ni para con su familia, ni para con Dios.

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Otro ministerio que necesita hombres, es:

II.- EL MINISTERIO DE SERVICIO.

Al servir, sin duda que hay servicios que requieren poca fuerza, y hay servicios que requieren mucha fuerza, así como hay servicios que demandan la intervención de muchas personas y otros servicios que demanda la intervención de solamente unas cuántas personas.  En la historia de la distribución del servicio de transportación de los muebles y accesorios del tabernáculo que Dios encomendó al profeta Moisés que construyera, leemos que Moisés al recibir diversos donativos de los príncipes de Israel, en su momento oportuno proveyó los siguientes recursos a diversos grupos de varones (no de mujeres) quienes tenían que realizar ministerios específicos de servicio.  La distribución de dichos recursos fue así: “Dos carros y cuatro bueyes dio a los hijos de Gersón, conforme a su ministerio, / y a los hijos de Merari dio cuatro carros y ocho bueyes, conforme a su ministerio bajo la mano de Itamar hijo del sacerdote Aarón. / Pero a los hijos de Coat no les dio, porque llevaban sobre sí en los hombros el servicio del santuario” (Números 7:7-9).  El hecho de que sus ministerios requieran de carretas y bueyes para el transporte, es clarísimo para entender que este ministerio de servicio no era para mujeres sino para varones porque requiere del uso de la fuerza propia de un hombre; por eso leemos que se comisionó a los hijos de Gersón, y de Merari.  El hecho de que un ministerio requería llevar cargas que requieren de la fuerza de un hombre porque literalmente lo llevarían “en los hombros” hasta distancias no cercanas; hace claro que no es un servicio que deba ser realizado por mujeres, pues por eso leemos que se comisionó a los hijos de Coat.

Hay ministerios de servicio que necesariamente tienen que ser hechos por el hombre, mucho más cuando se trata de fuerza. La mujer, fue creada con una anatomía externa, con organismos internos, con emociones y con sentimientos totalmente diferentes a las del varón, lo cual la hace un ser humano muy especial para funciones muy especiales que también no puede hacer un hombre.  Ella no está diseñada para levantar cosas pesadas, tal como los hombres sí lo podemos hacer, porque hemos sido diseñados también de manera especial para funciones que requieren nuestra fuerza e incluso nuestra rudeza.  Y en el ministerio muchas veces se requiere realizar servicios que requieren nuestra fuerza física.

Amados hermanos, no descuiden el ser los hombres para el ministerio que Dios necesita en este lugar.  Recuerden que la palabra que Dios dio a Moisés para los israelitas, fue: “amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5), y que Jesús ratificó este mandamiento cuando dijo: “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas.  Este es el principal mandamiento” (Marcos 12:30).  No todo es solamente convicción que opera en el corazón o en el alma, sino muchas veces es necesario que intervenga el uso de nuestra fuerza. Y ¿quién fue diseñado con el don de la fuerza, sino el hombre?  Esta congregación necesita las manos y fuerza de los varones para muchos quehaceres de servicio que son propios de nuestro género masculino, servicios que no se están haciendo aquí entre nosotros por la falta de varones como usted.

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Un ministerio más que necesita de hombres, es:

III.- EL MINISTERIO DE LA PREDICACIÓN.

En este momento no me propongo explicar algo acerca de la naturaleza, primacía, y urgencia de la predicación, sino me enfocaré a indicarles que es un ministerio y una función que en realidad aunque no es totalmente exclusiva del hombre, es una de las principales funciones del hombre cristiano.  Cuando el apóstol Pablo le dice a los varones de la iglesia de Corinto: “vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice” (1 Corintios 14:34), lo que les estaba diciendo es que quienes en la congregación deben entonces hablar son los esposos de ellas, o sea, los hombres de la iglesia.  Hablar en este contexto se refiere a la proclamación o predicación de la palabra que uno recibe de Dios.  El apóstol Pablo dijo estas palabras para poner orden en el momento de la predicación que en aquellos tiempos se podía hacer de manera espontánea mediante el don de hablar en lenguas, o mediante la revelación de algún entendimiento de la palabra de Dios que se puede compartir en el mismo momento.  Nadie debía tomar la palabra mientras otro estaba hablando.  Pero, cuando dice que en la congregación las mujeres deben callar, no significa que no haya momento alguno en el que puedan hacer uso de su voz para cantar, orar, platicar con otros, etc…, sino lo que les estaba recordando es que ellas no deben abrir la boca para predicar porque no es su función en la iglesia, pues la predicación le corresponde a los hombres.

Amados hermanos, el ministerio de la predicación que le corresponde a los hombres cristianos, es precisamente un ministerio no desarrollado por los hombres de esta como de otras congregaciones.  No es correcto que habiendo hombres cristianos en una congregación, sus encargados de coordinar el rol de predicadores, tengan que solicitar predicadores a la iglesia en la que están jurisdiccionados, contactando predicadores de otras iglesias o hasta de otras denominaciones.  También no es correcto que, cuando el que sabe predicar no lo hace; o cuando se ha ofrecido la enseñanza de cómo predicar la palabra de Dios, los hombres no asisten a las clases para aprenderlo, aunque es entendible que no todos son llamados a ser predicadores.  Pero, hermanos, este año, los hombres de esta congregación cristiana tienen que tomar esta responsabilidad de la predicación de la palabra de Dios.

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Un ministerio más que necesita de hombres, es:

IV.- EL MINISTERIO DE GOBERNAR.

Este pasado fin de año 2016, que tuve el privilegio de presidir cinco reuniones congregacionales para elección de directivos, resultando que en una congregación quedaron electos para los cuatro cargos directivos, cuatro hermanas, todas hermanas, ni un solo hombre.  Hubieron hombres presentes, pero cuando fueron propuestos para cada uno de los cargos que se eligieron, una y otra vez, uno de ellos que fue propuesto varias veces, cada vez dijo que no aceptaba.  Pero lo que más me llamó la atención es que hubo un hombre de buen testimonio que al ser propuesto, no dudó en responder que sí aceptaba, pero al llevarse a cabo la votación, tanto los otros hombres, como las mujeres que hacían mayoría en aquella reunión, no votaron por este hermano que no es de mal testimonio.  Caso curioso es que solamente tuvo un voto, pues solo votó por él quien le propuso, sin que haya votado por él la persona que secundó la propuesta. ¡Qué hermanas, que no tomaron en cuenta que es el varón cristiano que tiene la función de gobernar en la iglesia!

Cuando leemos “que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (1 Corintios 11:3), eso significa que en el hogar el gobierno que comienza con Dios, continúa por medio de Cristo, se extiende luego al varón casado.  De la misma manera que cuando leemos que “Cristo es  cabeza de la iglesia” (Efesios 5:23), y cuando analizamos que los oficiales de la iglesia que fueron electos en los tiempos apostólicos siempre fueron ancianos (no ancianas), pastores (no pastoras), y diáconos (no diaconisas, excepto un caso extraordinario), es decir: todos varones.  Y cuando lo comparamos con los oficios del antiguo testamento, en los cuales vemos que Dios instituyó sacerdotes (no sacerdotisas), llamó profetas (no profetisas, excepto muy pocos casos extraordinarios), e instaló reyes (no reinas) para su pueblo Israel; nos damos cuenta también que todos son varones.  Entonces, nos queda claro que es voluntad de Dios que los varones tengan a su cargo el gobierno de su pueblo.

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CONCLUSIÓN: No cabe duda amados varones, que Dios también tiene funciones ministeriales para las mujeres cristianas.  Tu esposa, tu hija, tu madre que es cristiana pueden realizar funciones ministeriales.  Pero amados hombres cristianos, el ministerio en la iglesia de Dios, ya sea en una comunidad pequeña como nuestra congregación, o en una comunidad cristiana con mucha membresía, nosotros los varones tenemos también responsabilidades que en muchos casos hemos dejado que las mujeres cristianas las hagan por nosotros.  No es que no tengan el conocimiento, la habilidad, o la experiencia para hacerlo, porque muchas de ellas lo tienen; sino el problema es que les dejamos a ellas para que hagan lo que nosotros deberíamos hacer, mientras nosotros los varones solamente asistimos de vez en cuando a los cultos, estudios, y fiestas de la iglesia; o lo que es peor hay quienes solamente se quedan en la comodidad de sus casas mientras su familia está ocupada en el servicio de Dios; o en otras ocasiones preferimos irnos a paseos y convivencias con nuestros amigos; o en otros casos igual de inadecuados, simplemente hay quienes en lo absoluto no tienen ningún interés por asumir una responsabilidad en el ministerio cristiano.  Que el mensaje de hoy quede claro a cada uno de los varones que vinieron a este culto.  No se les olvide.  Se necesitan hombres cristianos para los ministerios cristianos.