Jul 15

QUÉ IMPIDE SER UN VERDADERO ADORADOR, Por: Diego Teh.

QUÉ IMPIDE SER UN VERDADERO ADORADOR

Varios textos.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 15 de julio 2018, a las 18:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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   INTRODUCCIÓN: Según nuestro Señor y Salvador Jesucristo, Dios el padre está buscando “verdaderos adoradores” (cf. Juan 4:23,24).  No somos tan abundantes en el mundo ¿verdad?  No somos tan abundantes, al grado que Jesús utiliza un recurso de lenguaje figurado afirmando que Dios “busca” adoradores, cuando la realidad es que nada puede escapar a su conocimiento de tal manera que no pueda saber dónde está una persona determinada.  La indicación de que Dios “busca” adoradores, es para que entendamos la realidad de que es escasa la cantidad de personas que toman la decisión de ser adoradores de Dios.  La iglesia formada por los creyentes en Jesucristo somos los que debemos ser los “verdaderos adoradores” que Dios busca; sin embargo, en la iglesia también hacen acto de presencia personas que ni siquiera son verdaderos creyentes.  Estos no pueden ofrecer una verdadera adoración, simplemente porque ni siquiera son creyentes. Pero, aun entre los que son verdaderos creyentes, y que tienen el privilegio de ser considerados por Dios como “verdaderos adoradores”, se dan momentos en los que uno cae en circunstancias e impedimentos para ser un verdadero adorador.  Por eso, el título que escogimos para este mensaje es: ¿QUÉ IMPIDE SER UN VERDADERO ADORADOR?

   El mensaje de este momento, tiene la finalidad de que cada quien auto analicemos la veracidad y calidad de nuestra adoración.  Por ello, voy a predicarles que hay una gran cantidad de situaciones espirituales que impiden a una persona ser un verdadero adorador. / ¿Cuáles podrían ser esas situaciones espirituales que impiden a una persona ser un verdadero adorador? / Usando varios versículos de la Biblia, hoy solamente voy a compartirles tres de estas situaciones espirituales.

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   La primera situación espiritual que impide ser un verdadero adorador, es:

I.- EL AMOR AL PECADO.

   Al pronunciar y escribir el salmo 66, en el que David insiste en invitar a toda persona que adore a Dios, expresando él palabras de alabanza por los hechos poderosos de Dios, llega a un momento cuando poniéndose él como ejemplo de cómo Dios no le haría caso a una persona que quiere adorarle, dice David: A él clamé con mi boca, y fue exaltado con mi lengua. / Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. / Mas ciertamente me escuchó Dios; atendió a la voz de mi súplica” (Salmo 66:17-19).  Por supuesto que uno podría estar intentando adorar a Dios, hacer toda la liturgia correspondiente para expresar una linda adoración, uno podría orar o cantarle a Dios como dice David: A él clamé con mi boca, y fue exaltado con mi lengua” (v. 17).  Pero aquí está el punto relevante que debo resaltar en este momento.  David dice: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (v. 18).

   El que mira a la iniquidad, más bien se trata de una persona que está entregada a amar algún pecado, o hasta muchos pecados a la vez, y por ese amor que les tiene, también está entregado a ellos.   Es a esta persona a quien Dios no le escuchará porque desde su corazón realmente no demuestra interés por Dios sino por el pecado.  Su intento de adoración solamente lo hace para que la gente piense que él es una persona entregada a Dios cuando no lo es.  No es que Dios no acepte la adoración de un pecador, pues todos somos pecadores, sino lo que Dios no acepta es que un pecador no haga ni el más mínimo esfuerzo de darle la espalda al pecado comenzando con entregar su vida a Jesucristo, y luego entregándose a la verdadera adoración.

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   La segunda situación espiritual que impide ser un verdadero adorador, es:

II.- LA FALTA DE ARREPENTIMIENTO.

   Hay una historia en el libro de los Hechos de los Apóstoles acerca de un hombre llamado Simón, que quiso comprar con dinero los dones de Dios con los cuales los apóstoles eran medios usados por Dios para impartir el Espíritu Santo a los creyentes.  Dice la historia que: “Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, / diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. / Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. / No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. / Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón;” (Hechos 8:18-22).  Aunque esta historia no trata justamente acerca de la adoración, sin embargo, contiene un detalle que tiene qué ver con el dinero cuando se usa como parte de la adoración, como cuando se da el diezmo o la ofrenda.  En este caso, lo que quiero señalar es el malentendido y muchas veces mal hábito, de creer que uno está bien con Dios por haber dado el diezmo y la ofrenda, aunque la persona lleve una vida de más amor al pecado que a Dios mismo, sin estar arrepentido de ello.  En el caso del Simón de esta historia, es evidente que el apóstol Pedro le estaba diciendo que no podía agradar a Dios si primeramente él no se arrepentía, a pesar de que estaba dispuesto a entregar dinero con la esperanza de alcanzar una gracia de Dios, que por cierto nunca están en venta.  Lo que él necesitaba, al igual que un verdadero adorador es el arrepentimiento, porque de alguna manera todos le fallamos a Dios en algún momento de nuestra vida.

  El arrepentimiento no consiste solamente en presentarse en los momentos de adoración del pueblo de Dios y participar de una oración de confesión de pecados.  Por supuesto que una real y sincera confesión de pecados es parte de los pasos necesarios para ponerse a cuentas con Dios, sin embargo, el arrepentimiento necesario va más allá de una oración de confesión.  El arrepentimiento consiste en la disposición y decisión de querer no volver a cometer el mismo pecado en el que uno ha tropezado antes.  Y en caso de que esto ocurra, uno debe sentir un profundo dolor y aborrecimiento del pecado cometido que vergonzosamente probablemente no haga daño a terceras personas, pero ofende la santidad de Dios.

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   La tercera situación espiritual que impide ser un verdadero adorador, es:

III.- EL ENOJO CONTRA EL PRÓJIMO.

   Desde el primer sermón que nuestro Señor predicó en la ocasión que habló acerca de las bienaventuranzas, también explicó a la gente la importancia de adorar no guardando rencor, ni enojo contra ninguna persona.   Jesús, a la gran multitud reunida para escucharle, les dijo: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, / deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23,24).  Jesús es claro en esta instrucción.  No está diciendo que, si uno se tuvo la culpa de generar algún problema con alguien, es por eso que hay que ir con la otra persona.  Jesús está diciendo que, si uno es el agraviado, y por eso uno se siente lastimado con palabras o acciones de otra persona, y por eso el corazón de uno no se siente bien, entonces, uno antes de adorar debería de hacer todo lo posible de reconciliarse con la persona ofensora, sino uno no está en buenas condiciones de ser un adorador, porque hay algo en su corazón que impide que su adoración sea aceptada.

   Peor, cuando uno es culpable hasta de falta de respeto a su propio cónyuge, pues el apóstol Pedro en su primera epístola universal escribió para la cristiandad: Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).  En realidad, no solamente tiene estorbo una oración que no llegará con Dios cuando un hombre no tiene respeto a su propia esposa, sino también cuando una esposa no le tiene el debido respeto a su esposo; pero también es lo mismo hacia cualquier persona.  Pero, el estorbo al que se refiere el apóstol Pedro, no solo aplica con respecto a una oración, sino igual que a un canto ofrecido a Dios, y hasta una ofrenda, e igual que a todo un culto entero.

   Retomando la enseñanza de Jesús de no presentar la ofrenda que el israelita llevaba vivo o en especie, sin antes reconciliarse con quien le haya agraviado; adorar no es solamente depositar dinero en un ofrendero, no es solamente traer las primicias y ponerlas en una canasta.  Adorar, se trata de presentarse ante Dios con un corazón libre de odios, rencores, envidias, pleitos, habiendo hecho lo necesario para solucionar toda mala relación con el prójimo.  No es posible dar a Dios una adoración cuando no hay una buena relación ni siquiera con el prójimo. El apóstol Juan explica esta realidad diciendo: Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Juan 4:20).  ¿Cómo puede uno ser adorador de Dios, si no está uno bien con alguna persona?

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, Dios nos halló en este mundo, estando perdidos para la condenación eterna, pero nos “escogió […] / para alabanza de la gloria de su gracia” (Efesios 1:4-6).  No halló, llamó, salvó, y convirtió en sus “verdaderos adoradores”.  Ninguno de nosotros deje que el amor al pecado sea un impedimento para ser un verdadero adorador de Dios.  Ninguno de nosotros viva con falta de arrepentimiento sabiendo que ha pecado contra Dios, antes bien, acerquemos en confesión a Dios para ser perdonados (cf. 1 Juan 1:9), para que la falta de arrepentimiento no sea un impedimento de ofrecer a Dios nuestra vida misma como una ofrenda de verdadero adorador.  Ninguno de nosotros se enrede en una mala relación con nadie, ya sea un compañero de trabajo, un vecino, un simple conocido, y hasta con la propia familia, para que el enojo, odio, rencor, etc… no sea impedimento para que usted sea un verdadero adorador.  Sigamos siendo verdaderos adoradores.