Nov 19

ORDENA TU CASA, PORQUE MORIRÁS, Por: Diego Teh.

ORDENA TU CASA, PORQUE MORIRÁS.

2 Reyes 20:1-11 (v. 1).

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la cong. “Cristo es el Camino” de la col. Chuminópolis, de Mérida, Yuc; el dom. 19 de nov. 2017, a las 11:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Hoy hemos leído la historia de un hombre llamado Ezequías que comenzó a reinar a la edad de 25 años (cf. 2 Reyes 18:2), y que reinó durante 29 años (cf. 2 Reyes 18:2).  Según estos datos, ¿a qué edad murió? Correcto, a sus 54 años; pero según nuestra lectura en 2 Reyes 20, estaba a punto de morir por causa de una terrible llaga ordinaria y aparentemente incurable, y Dios le sanó y le concedió 15 años más de vida.  ¿Qué edad tendría entonces cuando comenzó su tiempo de gracia para vivir? De sus 54 años, le restamos los últimos 15 que vivió, entonces tenemos el resultado de que tenía 39 años.  Y si comenzó a reinar a sus 25 años, entonces ¿cuántos años llevaba como rey? Correcto, 14 años.

   En el mismo segundo libro de los reyes, y en el segundo libro de las crónicas, los narradores de su historia nos dicen acerca de Ezequías: “E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre” (2 Reyes 18:3; 2 Crónicas 29:2).   Sin embargo, según nuestra lectura, a sus 39 años de edad, y a sus 14 años de ser rey de Judá, recibe de Dios el siguiente mensaje: “Ordena tu casa, porque morirás” (2 Reyes 20:1). ¿Qué significan estas palabras? ¿No que era un hombre recto? ¿Qué enseñanzas nos aportan estas palabras de Dios?  Pero, para darle una aplicación práctica a nuestra vida, permítame hacerle un par de preguntas: ¿Usted tiene en orden su casa? ¿usted tiene en cuenta que, si bien no está a punto de morir, de todas maneras, algún día la muerte le sorprenderá?  El orden en la casa siempre es una necesidad con respecto a nuestras pertenencias.  Nunca debería haber un tiradero de cosas en nuestra casa, ni nunca deberíamos dejar que la suciedad permanezca, porque es a través del orden y la limpieza que también reflejamos santidad o falta de santidad.  También, el orden en la casa siempre es una necesidad con respecto a los bienes que hemos adquirido.  Es importante que, en previsión de nuestra muerte, acudamos al notario, y dejemos constancia de nuestra voluntad para la distribución de la herencia que dejaremos.  Sin embargo, las palabras de Dios a Ezequías: “Ordena tu casa, porque morirás”, no tiene que ver ni con el ordenamiento de todas nuestras pertenencias, ni con el ordenamiento de nuestros asuntos legales, aunque estas cosas de por sí son necesarias.  Entonces, ¿qué significa: “Ordena tu casa, porque morirás”.?

   En este mensaje les voy a compartir que para el cumplimento de las palabras de Dios: “Ordena tu casa, porque morirás”, es necesario llevar a cabo diversas responsabilidades. / ¿Qué responsabilidades son necesarias de llevar a cabo para cumplir las palabras de Dios: “Ordena tu casa, porque morirás”.?  / En este mensaje, les voy a compartir algunas de las responsabilidades necesarias de llevar a cabo para ordenar la casa.

   La primera responsabilidad necesaria de llevar a cabo para cumplir las palabras de Dios: “Ordena tu casa, porque morirás”, es:

I.- PREPARAR BIEN A ALGUIEN QUE SIGA TUS BUENOS PASOS.

   En el idioma hebreo en el que fue escrito originalmente la palabra que en nuestra traducción tenemos como “ordena”, es: (?????, tsa?va?h cuya traducción tiene el sentido de: constituir, encomendar, o establecer).  Si había algo que había de poner en orden en su casa, no eran sus pertenencias, pues como rey tenía a su servicio un buen número de sirvientes que se ocupaban de poner todo en orden en todas las áreas de su casa.  Sin embargo, había algo que hacía falta de constituir, encomendar, o establecer.   Dios no le estaba reclamando a Ezequías que su vida era un desorden, porque él había sido un rey que a diferencia de otros reyes que le habían precedido, estaba haciendo “lo recto ante los ojos de Jehová” (2 Reyes 18:3; 2 Crónicas 29:2).  Le estaba diciendo a Ezequías que antes de que él muera, encomendara a alguien que responsablemente tomen su función de gobernar bien al pueblo de Judá, como él lo había estado haciendo.

   ¿Pero quién debería ser su heredero al trono?  Por derecho divino, era el primogénito.  Pero el detalle relevante, es que, a sus 39 años de edad, Ezequías no tenía un hijo que le sucediera en el trono, pues el dato que tenemos es que su primer hijo Manasés al comenzar a reinar tenía solamente 12 años (cf. 2 Reyes 21:1), lo cual quiere decir que le nació a Ezequías al tercer año de los 15 años de gracia que Dios le dio.  “Ordena tu casa”, era para él, buscarse una esposa con quien tener por lo menos un hijo, porque a su antepasado David, Dios mandó a decirle por medio de su profeta Natán: “Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Samuel 7:16). Y Ezequías como descendiente de David no podía quedar sin hijo, pues es por eso que Dios le dijo: “Ordena tu casa, porque morirás”, y la razón de añadirle 15 años más de vida, le fue explicado de parte de Dios por el profeta Isaías, diciéndole: “añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo” (2 Reyes 20:6).  El amor de Dios por su pueblo, requería de un hijo de Ezequías, para que siguiera el cumplimiento de la promesa hecha por Dios a David.  Finalmente, así ocurrió. Ezequías tomó por mujer a Hepsiba quien fue la madre de Manasés el sucesor de Ezequías en el trono (cf. 2 Reyes 21:1).  Y tendría Ezequías doce años para instruirle, lo cual tenía que aprovechar al máximo porque su tiempo estaba medido.  Desafortunadamente, a pesar de la instrucción del temor a Dios que Ezequías le debió haber enseñado a Manasés, por mucho tiempo fue un rebelde haciendo lo malo delante de Dios, pero finalmente tras una dura circunstancia que tuvo que enfrentar por fin Manasés reconoció que Jehová era Dios (cf. 2 Crónicas 33:10-13); y entonces comenzó a hacer lo bueno delante de Dios.  En este sentido, para Ezequías, la exhortación “ordena tu casa”, era la instrucción de Dios para que este dejara en su hijo un buen legado.

   Amados hermanos, cada uno de nosotros los padres de familia, tenemos la responsabilidad de ordenar nuestra casa, primeramente, enseñando a nuestros hijos los principios de temor a Dios para que ellos hagan la buena voluntad de Dios; aunque si alguna vez no la hicieren, nosotros ya habremos cumplido nuestro deber. Ya habremos sembrado la buena semilla que germinará en su momento, y luego producirá el fruto del bien.

   La segunda responsabilidad necesaria de llevar a cabo para cumplir las palabras de Dios: “Ordena tu casa, porque morirás”, es:

II.- EDIFICAR LA VIDA ESPIRITUAL DE TU FAMILIA.

   En el original hebreo la palabra “casa” que leímos en español en 2 Reyes 20:1, se utiliza la palabra: (bayit (??????) que en un español más preciso su acepción es: familia o linaje.  La traducción “casa” no es incorrecta, sin embargo, no es precisa para entenderla en nuestro contexto porque la palabra “casa” tiene diversas acepciones tanto en el idioma hebreo como en nuestro idioma español.   La acepción precisa es: familia o linaje.  En el concepto hebreo, familia son todos los que viven bajo el mismo techo de un padre de familia, incluyendo a menudo hasta a los sirvientes o esclavos en el caso de que lo hubiesen.  Es así que la exhortación “ordena tu casa”, no era solamente la exhortación para que Ezequías se buscase una esposa, y que tuviese con ella un hijo que continuara la dinastía de David a quien Dios le prometió un descendiente que en cada generación sería un rey; sino que “ordena tu casa”, era también la exhortación de poner orden la vida espiritual tanto de él como el de todas las personas que estaban al servicio de Ezequías.  En otras palabras, Ezequías tenía que preocuparse no solamente de proveer el salario o la manutención de sus siervos, familiares, y parientes, sino que también tenía que guiarlos hacia el temor de Dios.  No era profeta, ni sacerdote, sino rey, pero aun así tenía que velar por la vida espiritual de los que dependen de él para el trabajo y manutención.  Esto también es lo que sucede en casa en una familia, el padre de familia, aunque no sea un pastor, misionero, predicador, evangelista, o maestro de biblia o religión, tiene el deber de conducir espiritualmente en la fe primeramente a los hijos, pero también a todo aquel que vive bajo nuestro techo.

   Amados hermanos, en la vida cristiana de nuestro tiempo a unos 2,700 años después de Ezequías, siempre tenemos la responsabilidad de procurar que toda nuestra familia sea consagrada a Dios por medio de Jesucristo.  La esposa debe estar procurando que su esposo venga a la fe, pues el apóstol Pedro enseña a las casadas, diciéndoles: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, /  considerando vuestra conducta casta y respetuosa” (1 Pedro 3:1,2).  El hombre casado también debe procurar que su esposa sea creyente, pues el mismo apóstol Pedro enseña a los casados, diciendo: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).  E igualmente los padres deben estar haciendo lo mismo para con sus hijos que no han abrazado la fe cristiana.  Los hijos creyentes cuyos padres no profesan la fe cristiana también deben estar ayudando a sus padres a integrarse a la fe cristiana. Entre hermanos en la familia también deben ayudarse mutuamente para que nadie se pierda la gracia salvadora de Jesucristo.  Esta es una casa o familia que busca ser ordenada con respecto a la eternidad a la que un día todos tenemos que entrar.  Se espera que usted entre por la puerta de la eternidad del cielo, y no por la puerta de la eternidad del infierno.  Para que no entre usted ni su familia por la puerta del infierno, ordene usted su casa en el aspecto espiritual ayudando a todos los integrantes de su familia a que crean y reciban a Jesucristo como el único salvador que puede librar de la condenación eterna no solamente a una persona sino a toda la familia.

   La tercera responsabilidad necesaria de llevar a cabo para cumplir las palabras de Dios: “Ordena tu casa, porque morirás”, es:

III.- PREPARARSE PARA EL MOMENTO DE LA MUERTE.

   Las crónicas bíblicas nos relatan que Ezequías por haber sido un rey recto delante de Dios, fue por ello “prosperado […] en todo lo que hizo” (cf. 2 Crónicas 32:30), pero como suele ocurrir con mucha gente, se le estaba olvidando que algún día iba a morir y que había cosas importantísimas que él debía ordenar para cumplir así el propósito de Dios para su vida.  Es por eso que, de parte de Dios por medio del profeta Isaías, recibió la exhortación “ordena tu casa”, pero con un indicativo relevante acerca del motivo por el cual es necesario estar en orden en casa: “porque morirás”. ¿Quién está listo para morir?  Sin estar esperando que la muerte nos ocurriera pronto o el mismo día de hoy, deberíamos ya estar listos por si acaso nos sorprende tan inesperado día.

   Og (o Agustín Mandino), aunque su perspectiva no es cristiana sino humanista y superacional, en el quinto pergamino de su libro best seller: “El vendedor más grande del mundo”, dice: Viviré este día como si fuese el último de mi existencia. Y si no lo es, caeré de rodillas y daré gracias”[1].  Este escritor, aunque solamente explica lo importante que es aprovechar el hoy sin arrastrar los problemas del ayer tras nosotros, y sin preocuparse de lo que traerá el mañana, tiene razón en que es importante vivir cada día como si fuese el último día de nuestra vida.  Aunque Jesucristo tendría muchas cosas que corregirle a Mandino, porque su perspectiva solamente es filosófica-metafísca[2] y no cristiana, es cierto que para muchos hoy será el último día. ¿Qué tal si hoy es el último día para mí o para usted?

  Jesucristo nuestro Señor, les refirió una parábola a sus discípulos acerca de un hombre que él califica como necio porque no piensa que el último día o momento de su vida podría ser hoy mismo.  La parábola va así: “La heredad de un hombre rico había producido mucho. / Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? / Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; / y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. / Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12:16b-20).  La vida no es solamente para trabajar, ni solamente para acumular cada vez más ganancias, aunque estas se obtengan de manera legítima, pues una vez que uno muere, todo ello quedará en manos de otra persona.  Por supuesto que eso no tiene nada de malo, porque así dejamos un patrimonio útil y beneficioso para quienes nos hereden.  Pero, al mismo tiempo que vivimos y trabajamos hay que prepararse y mantenerse preparados para esperar el momento cuando tengamos que partir al otro mundo de la eternidad.  No se trata de estar temiendo la llegada de nuestra muerte, sino de estar siempre preparados para evadir el infierno ardiente, y asegurarnos de que estamos camino a la casa celestial.

  Amados hermanos, nosotros debemos vivir pendientes de que en cualquier momento puede llegar el fin de nuestra vida.  No debemos estar solamente preparados para trabajar, adquirir más bienes, ser exitoso en todo lo que hacemos, sino que es necesario estar pendientes y preparados para el inesperado momento de nuestra muerte.  La razón principal de prepararse para el momento de la muerte es para evitar ir a la condenación eterna, y en vez de ello, para ir al cielo eterno de Dios.  Y esto solamente es posible si mientras vivimos creemos y perseveramos en la fe en Jesucristo.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, además de un impecable diseño de nuestras casas, a pesar de tener nuestras pertenencias muy en orden en nuestras casas, Dios espera que estemos dejando en nuestros hijos y demás miembros de nuestra familia una huella o legado de nuestra fe y obediencia que les servirá para enfrentar los embates del pecado que amenazarán a la siguiente generación.  Sobre todo, y de una manera muy personal es necesario prepararse por medio de la fe en Jesucristo para acceder no a la infernal eternidad sino a la gloriosa eternidad donde Dios el Padre y su Hijo Jesucristo serán el centro de atención que vale la pena conocer.

   Ojalá usted quiera poner en orden su vida personal, pero también pueda ordenar su casa o familia, para que todos estén en sintonía con la voluntad de Dios.

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[1] http://kikovelezmoro.com/el-vendedor-mas-grande-del-mundo/pergamino5/

[2]  Según el Wikipedia, Og Mandino, “tras el final de la guerra […] se encontró con enormes dificultades para encontrar empleo, por lo que probó suerte como vendedor de seguros pero fracasó. Debido a varios deslizamientos se vuelve alcohólico y termina perdiendo a su familia y trabajo. Pensó varias veces en suicidarse, pero su vida cambió cuando entró en una biblioteca bajo el pretexto de leer cuando sólo quería recibir refugio ya que había mucho frío afuera. Un libro digno de mención, “Actitud Mental Positiva: Un Camino al Éxito” por Napoleon Hill y W. Clement Stone; Empezó a leerlo, y a partir de ese día comenzó a ser instruido con varios libros de autoayuda que le ayudaron a salir de la depresión y el alcoholismo. Con el tiempo se convirtió en un escritor de éxito que logró llegar a la sala de la fama de la National Speakers Association (“National Speakers Association”).  https://es.wikipedia.org/wiki/Og_Mandino

Mar 06

ES MEJOR TOMARLO EN CUENTA AHORA, Por: Diego Teh.

ES MEJOR TOMARLO EN CUENTA AHORA

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Lucas 16:19-31.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en el velorio del hermano Pedro Pablo Poot Basulto, en la funeraria del IMSS, calle 59 # 640 x 80 y 82, col. Centro, de Mérida, Yucatán; el día lunes 06 de Marzo del 2017, a las 17:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Hay cosas en la vida en las que aplica la frase: Más vale tarde que nunca. Muchas cosas las hemos hecho, adquirido, compartido, etc… no en su momento sino mucho tiempo después, pero en fin aunque tarde fue útil, apropiado, etc… valió la pena. Sin embargo, hay cosas en las que no aplica decir: Más vale tarde que nunca, porque hacerlo fuera del tiempo máximo establecido, ya no tiene caso porque no va a tener un resultado favorable para uno mismo. Por ejemplo, las aerolíneas con respecto a los vuelos nacionales recomiendan que uno llegue al aeropuerto con dos horas de anticipación a su vuelo para documentar su equipaje, pero el personal que atiende la documentación de equipaje, muchas veces es el mismo que acude a la sala para dirigir el abordaje. Este personal, en cuanto termine de atender al último que se haya formado en la fila de documentación, se retiran del lugar para trasladarse a la sala de abordaje, por lo general entre 45 y 30 minutos antes del vuelo. Si usted llega 25 minutos antes del vuelo con la intención de documentar su equipaje, tenga usted por seguro que ya no hay nadie que le atienda, y no podrá viajar a menos que usted decida llevar solamente equipaje de mano. Aun 25 minutos antes, ya es demasiado tarde. Ya no aplica: Más vale tarde que nunca. Usted prácticamente ya habrá perdido su vuelo.

En el pasaje bíblico que hoy hemos leído en Lucas 16:19-31 tenemos el caso de un hombre que demasiado tarde aprendió algunas cosas. Digo demasiado tarde, porque ya había muerto cuando lo aprendió, ya se encontraba no con Dios sino donde estaba recibiendo su merecido por no tomar en cuenta realidades que debió tomar en cuenta cuando estaba vivo aquí en la tierra. Por eso en este mensaje les quiero compartir brevemente que hay realidades importantes que todos debemos tomar en cuenta ahora que estamos en vida. / ¿Qué realidades importantes debemos tomar en cuenta ahora que estamos en vida? / El texto bíblico que hemos leído nos describe cinco de estas realidades.

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La primera realidad importante que debemos tomar en cuenta ahora que estamos en vida, es:

I.- QUE LA VIDA CONTROLADA POR EL AMOR AL DINERO NO LLEVA HACIA DIOS.

Jesús en su parábola relata que aquel hombre rico “se vestía de púrpura y de lino fino, y hacía cada día banquete con esplendidez” (Lucas 16:19). No es malo organizar banquetes, como tampoco no es malo que uno sea rico. Lo malo es cuando el dinero que uno tiene sea mucho o aun sea poco, haga que uno se olvide del prójimo y hasta de Dios. El hombre rico de nuestra lectura bíblica estaba siendo controlado por su mucho dinero, al grado que su único afán era hacer banquetes cada día”, luego no crea usted que un banquetito humilde, sino con esplendidez”; banquete que quizá ni usted se puede dar el lujo de hacer así por lo menos dos veces al año. Por otra parte, es evidente que sus banquetes eran para sus más finos allegados, por lo que a la puerta de su sala de fiestas siempre dejó abandonado a un hombre llamado Lázaro quien no tenía dinero ni para acudir al médico para curarse de sus llagas, ni para comprar sus comidas de cada día, pues ansiaba saciarse de las migajas que caían de la mesa del rico” (v. 21); y el rico con todo su dinero, nunca hizo nada por este pobre mendigo.

Pero el rico de la narración, no solamente se olvidó de aquel hombre pobre, sino evidentemente también se olvidó de Dios, pues cuando él rico muere, relata Jesús que no fue con Dios, sino que: en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno” (Lucas 16:23). Abraham en esta narración es un nombre utilizado ilustrativamente para referirse a Dios. El rico no estaba donde Dios está sino solamente le vio de lejos”, pues el rico estaba en tormentos, pero Lázaro el pobre a quien también vio de lejos” estaba con Dios “en su seno”. Es hasta ese momento, ya después de muerto que aprendió que sus vestidos de púrpura y de lino fino, y sus banquetes de cada día con esplendidez, evidencia de que con su dinero todo lo puede, no le sirvió para ser guiado hacia Dios, sino tristemente cada día estaba asegurando su destino eterno lejos de Dios, en el lugar de tormento eterno.

Amados oyentes, que nadie viva como si Dios no existiese. Que nadie viva controlado por sus capacidades económicas, intelectuales, haciendo un lado a Dios de su vida. Finalmente, pero demasiado tarde uno se dará cuenta que necesita a Dios, pero no hay vuelta de hoja. Después de la muerte, nadie puede cambiar el destino al que ha llegado. Es mejor tomarlo en cuenta ahora, que ya lo sabemos, no después de muerto cuando ya no habrá oportunidad de cambio de destino.

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La segunda realidad importante que debemos tomar en cuenta ahora que estamos en vida, es:

II.- QUE EL TORMENTO ETERNO ES UNA REALIDAD PARA LOS QUE VIVEN SIN TOMAR EN CUENTA A DIOS.

Ya he mencionado antes que aquel rico “en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno” (v. 23). “El Hades” en esta narración no es literalmente la sepultura, porque el cuerpo humano que queda en la sepultura no puede ver nada, ni el cielo ni el infierno, ni a Dios ni a ninguna otra persona. El Hades al que se refiere esta palabra es el mismo infierno en el cual perecen de tormento eterno todos aquellos que hacen un lado a Dios de sus vidas. Seguramente alguien se lo dijo alguna vez a este rico, pero no le importó, y ahora allí estaba, pero qué, ya era demasiado tarde pues nunca podrá salir de allí; por eso es mejor tomarlo en cuenta ahora, pues si usted cree en Jesucristo como su único y suficiente salvador, usted ya no irá a este lugar de tormento.

La narración de Jesús nos hace ver que este hombre comenzó a preocuparse porque estaba siendo atormentado no solamente en la conciencia sino con un efecto propio de las llamas del infierno, pues comenzó a rogarle a Abraham (Dios) que enviase a Lázaro por lo menos con la punta de uno de sus dedos mojado con un poco de agua para poder refrescar, aunque sea solamente la punta de su lengua. Lázaro, aquel hombre pobre estaba con Dios, desde luego que tampoco por pobre sino porque en su vida terrenal confió y se aferró en Dios. En cambio, el rico fue hasta después de muerto que se dio cuenta que es verdad que, si uno no toma en cuenta a Dios en esta vida, es también verdad que es una realidad esto del tormento eterno, o el infierno ardiente de la eternidad.

Amados oyentes, en la actualidad se está propagando la mentira de que no existe tal lugar. Varias denominaciones que se ostentan como cristianas o bíblicas están enseñando esta mentira, argumentando que si Dios es amor no puede permitir que las almas de las personas se vayan a dicho lugar. Pero estimados oyentes, no se dejen engañar, pues tras la muerte es muy seguro que, si uno no acepta a Jesucristo como su salvador, uno se encontrará precisamente en el mismo lugar de tormento donde hasta el día de hoy se encuentra aquel rico. Es mejor tomarlo en cuenta ahora, no más tarde., ni después de muerto físicamente porque ya no tendrá caso.

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La tercera realidad importante que debemos tomar en cuenta ahora que estamos en vida, es:

III.- QUE SOLAMENTE HAY ESPERANZA DE SALVACIÓN AHORA MISMO, PUES DESPUÉS DE LA MUERTE NO HABRÁ.

Cuando aquel rico, rogó a Dios que le enviara a Lázaro con un poco de agua en su dedo para mojar, aunque sea la punta de su lengua, Dios le respondió: “…Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también mates; pero ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. / Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que ios que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá” (Lucas 16:24-26).  En otras palabras, ya después de muerto y habiendo una persona llegado a su destino, ese será su destino eterno, del cual no habrá salida o intercambio alguno. Entendió usted, el que ya está con Dios, no pueden pasar al lugar de tormento. ¡Qué buena noticia para nosotros! El que está en el lugar de tormento, tampoco puede pasar el cielo. ¡Qué triste! Esto lo entendió el rico, pero tristemente ya estaba en su triste destino eterno. Debió haber recordado que tuvo la oportunidad de haber evitado ir allí, pero no hizo nada al respecto.

Amados oyentes, hoy es tiempo de esperanza para usted, pues si usted llega al lugar de tormento, y usted se da cuenta de que es una realidad no agradable, aunque usted pida ayuda, Dios le va a decir que: “una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que ios que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá” (v. 26). Entonces ya no habrá esperanza, pues la única esperanza que usted tiene es ahora. Le recuerdo a usted que solo creyendo en Jesucristo se puede evitar ahora mismo ir al tormento.

   Es solo a través de la fe en Jesucristo que uno puede llegar al cielo con Dios. Es mejor tomarlo en cuenta ahora, y decirle a Jesús: Señor y Salvador Jesús, sálvame de la condenación eterna, regálame el privilegio de ir a morar en tu cielo eterno donde no hay sufrimiento alguno, donde todo es gozo y paz. Creo que no lo merezco, pero lo necesito, y reconozco que solo tú me lo puedes conceder. Estimado oyente, solo Jesucristo libra del tormento eterno.

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   La cuarta realidad importante que debemos tomar en cuenta ahora que estamos en vida, es:

IV.- QUE PARA IR CON DIOS SE NECESITA ARREPENTIMIENTO DE TODO PECADO.

   Estando aquel hombre rico, sufriendo el tormento correspondiente al lugar donde se encontraba, le vino una preocupación que en verdad vale la pena, pero no hasta entonces sino desde ahora mismo. Él se acordó de su familia, especialmente de cinco de sus seres queridos que le sobreviven, quizá también por su mismo padre, por lo que le dice a Abraham (recuerde que es una referencia ilustrada de Dios): “Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, / porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento” (Lucas 16:27, 28). Ahora estaba preocupado para “que no vengan ellos también a este lugar de tormento”. Cuando le insiste a Dios que envíe a Lázaro o a alguien para que les testifique, el rico pensaba que “si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán” (v. 30). Pero cuando este hombre rico estaba en la tierra, nunca pensó en la necesidad de arrepentimiento de sus hermanos, y ni siquiera de su propio arrepentimiento, pero muy tarde aprendió que el arrepentimiento es necesario desde que uno todavía está con vida aquí en la tierra.

Amados oyentes, qué bueno es que tomemos en cuenta desde ahora que vale la pena vivir con arrepentimiento. Millones de personas que han preferido vivir con arrepentimiento antes que, con libertinaje, han descubierto como Lázaro el hombre pobre que al dejar la tierra y entrar a la eternidad, se encontraron con Dios y su cielo lleno de perfecciones. Usted no debe despreciar la palabra arrepentimiento para con Dios. Arrepentimiento es dejar el mal camino que uno lleva, darle la espalda y caminar rumbo a Dios. El evangelio de Jesucristo nos instruye una y otra vez a vivir esta experiencia diciendo: “Arrepentios” (cf. Mateo 4:17; Hechos 2:38; 3:19).

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La quinta realidad importante que debemos tomar en cuenta ahora que estamos en vida, es:

V.- QUE SE DEBE HACER CASO A LA PALABRA REVELADA POR DIOS A TRAVÉS DE SUS SIERVOS.

En respuesta a la petición que el hombre rico le hizo a Dios de que envíe a Lázaro “para que les testifique” a sus cinco hermanos; Dios le dice: “A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos” (Lucas 16:29). Pero es evidente que aquel hombre rico, aunque estaba aprendiendo demasiado tarde muchas cosas nuevas allá en el infierno, también es evidente que seguía aferrado a sus propias convicciones equivocadas, pues, aunque ya le habían explicado que nadie puede salir de ningún lugar eterno para ir a hacer este servicio de testificar a los terrenales mortales; el rico insistió: “No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. / Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Lucas 16:29-31).

¿Qué significa “óiganlos”, “a Moisés y a los profetas”, si Moisés había muerto hace como mil quinientos años atrás, y el último de los profetas como cuatrocientos años atrás? ¿Cómo les van a oír si ya no viven? Entre los israelitas se usaba el nombre de Moisés y el de los profetas, para referirse a los escritos que cada uno había dejado como testimonio de lo que Dios les reveló. Sus escritos eran la palabra de Dios que se debe obedecer. Entonces esta instrucción de Dios al rico de oír a Moisés y a los profetas significa que para que una persona y hasta toda una familia se conduzca hacia Dios, tiene que oír, o sea, hacer caso a la palabra escrita de Dios.

Amados oyentes, también a nosotros nos ha llegado hasta el día de hoy, los escritos de Moisés y los profetas, en el libro que conocemos como Santa Biblia. Es más hoy tenemos también hasta palabras de Jesús registradas en los evangelios, tenemos también las enseñanzas de los apóstoles en la mayor parte del Nuevo Testamento de la Biblia. Todo esto es la palabra de Dios que debe ser oída y obedecida, que nos enseña que por medio de la fe en Jesucristo una persona puede llegar con Dios y evitar ir al lugar del tormento eterno.

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   CONCLUSIÓN: Estimados oyentes, hoy hemos venido a expresar nuestra solidaridad humana, y a fortalecer la fe y esperanza de nuestra fe cristiana, a los familiares que le sobreviven a don Pedro Pablo Poot Basulto quien en vida tomó en cuenta a Dios y a Jesucristo como su único y suficiente Salvador. Pero, es apropiado que todos los que aquí estamos presentes reflexionemos si estamos dirigiendo nuestra vida a la eternidad con Dios por medio de la fe en Jesucristo, o si solamente estamos viviendo como si Dios no existiese, dirigiendo nuestra vida al mismo tormento eterno que tuvo el hombre rico. Si uno vive sin Jesucristo, y sin arrepentimiento para vida, uno no podrá entrar al glorioso cielo eterno de Dios. Todos necesitamos a Jesucristo como nuestro único y suficiente salvador. Usted también necesita a Jesucristo.

Le ruego de todo corazón que usted se interese por aprender más acerca de cada una de estas cinco realidades importantes que les he compartido en este momento, pues es mejor tomarlo en cuenta ahora, que darse cuenta demasiado tarde.

Dios dé consuelo a la familia Poot Pat, y todos sus familiares; pero que Dios dé salvación a quien busque salvación en Jesucristo.