Sep 28

HERMANOS, ORAD POR NOSOTROS, Por: Diego Teh.

HERMANOS, ORAD POR NOSOTROS

.

2 Tesalonicenses 3:1-2.

.

Predicado por el Pbro. Diego Teh, el viernes 28 de septiembre 2018, a las 21:00 horas, en la reunión conjunta de oración del ministerio de oración y el ministerio de congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

.

.

.

   INTRODUCCIÓN: Entre las últimas palabras de su primera epístola a los Tesalonicenses, el apóstol Pablo como si fuese un clamor a gritos, dice: “Hermanos, orad por nosotros” (1 Tesalonicenses 5:25).  Tiempo después cuando el apóstol les escribe a los Tesalonicenses una segunda epístola, les volvió a hacer la misma petición: “Hermanos, orad por nosotros” (2 Tesalonicenses 3:1), que ya hemos leído hace un momento. Pablo, junto con su equipo misionero, habían entendido lo importante que es orar unos por otros, y él en lo personal así lo hacía.  Casi todas las introducciones de sus epístolas comienzan con una indicación de que por lo menos él, oraba por sus destinatarios.  A veces oraba por otros no estando solo, sino acompañado de otros como es el caso de sus epístolas a los Tesalonicenses, que en sus introducciones, no dice en singular: “Doy gracias”, sino que en el caso de su primera epístola, en plural dice: “Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros” (1 Tesalonicenses 1:2), y en el caso de su segunda epístola, dice también en plural: “asimismo oramos siempre por vosotros” (2 Tesalonicenses 1:11).  Eso es también lo que el ministerio de oración de esta iglesia hace “por nosotros” para beneficio de la obra de Dios, y para el respaldo y efectividad de “nosotros” por quienes hoy se hace oración.  El apóstol Pablo, sabía que orar por otros vale la pena, porque beneficia, y por eso no podía descuidar el pedir que otros oraran por él.

   Lo que les voy a predicar basado en estas palabras del apóstol Pablo, es que la oración que hacemos por otros o que otros hacen por nosotros, tiene efecto sobre las circunstancias de todo ministerio cristiano. / ¿Sobre qué circunstancias de todo ministerio cristiano tiene efecto la oración que hacemos por otros o que otros hacen por nosotros? / Siguiendo las palabras del apóstol Pablo a los tesalonicenses, les voy a predicar acerca de DOS de estas circunstancias.

   La primera circunstancia de todo ministerio cristiano sobre la cual tiene efecto la oración que hacemos por otros o que otros hacen por nosotros, es:

I.- CUANDO LA OBRA DE DIOS ESTÁ ESTANCADA, o AUN EN AVANCE.

   Una de las primeras razones con la que el apóstol justifica su petición a los hermanos de Tesalónica es “para que la palabra del Señor corra y sea glorificada” (2 Tesalonicenses 3:1).  Creo que en ese momento el apóstol Pablo no estaba lamentando el estancamiento de alguna de las obras que había iniciado.  Es más, los tesalonicenses también estaban por su propia iniciativa divulgando la palabra a otras ciudades y regiones (cf. 1 Tesalonicenses 1:8), y se estaba dando una gran explosión de avivamiento con el evangelio.  En términos generales, tanto Pablo, su equipo, y las nuevas iglesias que estaban dedicadas a divulgar su nueva fe, estaban contentos en ver cómo el evangelio se estaba expandiendo cada vez a nuevos lugares.  Esto es lo que hacía feliz y apasionado al apóstol Pablo cuando al pedir oración, inmediatamente dice que su motivación era “para que la palabra del Señor corra y sea glorificada”, o sea, para que la obra que, aunque no estaba estancada sino avanzando, aun así, siga avanzando más.  Esta era su buena motivación para pedir oración.

   Amados hermanos, en nuestra experiencia local como iglesia tenemos en este momento ambas experiencias. Tenemos lugares donde la obra del evangelio está estancada, pero tenemos también un lugar donde está avanzando.  Donde está estancado se tiene que destrabar con la oración por esta obra. ¿Recuerdan qué fue lo que hizo Nehemías estando en Susa, Persía (ahora de Irán), cuando se enteró que hacía mucho tiempo que nadie hacía nada para reconstruir los muros y puertas de los muros de la ciudad de Jerusalén? Lo que hizo fue orar a Dios para exponerle la situación, y desde entonces Dios comenzó a mover su cielo, mar y tierra para destrabar y recuperar el tiempo perdido.

   Donde la obra de Dios está avanzando, no por ello no se necesita oración, sino que igualmente también se necesita oración desde luego para un mayor avance, pues el mismo apóstol Pablo en su ministerio floreciente y siempre progresivo, a pesar de todos los logros que iban conquistando durante su ministerio, pide oración argumentando “para que la palabra del Señor corra y sea glorificada”.  La oración sirve para este fin.  Dios conceda después de esta reunión de oración, más avance en todos los lugares donde esta iglesia somos responsables de llevar a cabo la obra de Dios.

   La segunda circunstancia de todo ministerio cristiano sobre la cual tiene efecto la oración que hacemos por otros o que otros hacen por nosotros, es:

II.- CUANDO LA OBRA DE DIOS ES OBSTACULIZADA POR PERSONAS.

   La segunda razón con la que justifica Pablo, la petición de oración por él y su equipo de trabajo es: “… para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe” (2 Tesalonicenses 3:2). Cómo nos gustaría eliminar a estos hombres perversos y malos, que se infiltran en la obra de Dios solamente para estorbar a los hermanos, y en consecuencia para obstaculizar la obra que se debe realizar, pero no tenemos que hacerlo a menos que hayamos antes orado por ellos para que la misericordia de Dios les asista.  Cuando Jesús ilustró con la presencia de la cizaña dentro del cultivo del trigo, lo que se debe hacer con las personas perjudiciales, explicó que los siervos del dueño del trigal preguntaron: “¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?” (Mateo 13:28), pero el dueño les dijo:No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. / Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero” (Mateo 13:29,30).  Es por eso, que nosotros también no podemos hacer nada en contra de los que a veces o permanentemente estorban la obra de Dios.  Llegan a haber de estas personas.

   Pero, nuestra manera de desarmarlos de sus perversidades y maldades es orando nosotros mismos, y que otros nos ayuden a orar “por nosotros”, para que estos no nos dañen a nosotros ni a otros.  Es por eso que la segunda razón con la que justifica Pablo, la petición de oración por él y su equipo de trabajo es: “… para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe” (2 Tesalonicenses 3:2).   ¿Saben cómo le hacían los hermanos de las comunidades donde a partir de esta iglesia se les llevó el evangelio, cuando los líderes eran hasta apedreados?  Ellos nunca respondieron con agresión, sino solamente oraban y oraban a Dios.  Poco a poco los que no eran de la fe, se fueron calmando.  ¿Se acuerdan qué hicieron los primeros creyentes en Jerusalén cuando Juan y Jacobo fueron encarcelados y amenazados con mayores consecuencias si seguían predicando a Jesús resucitado?  Hicieron lo mismo, oraron, y por ello recibieron poder del Espíritu Santo, y siguieron trabajando en la obra de Dios de hablar del evangelio.

   Amados hermanos, si oramos, o si alguien ora por los que trabajan en la expansión del evangelio, el final es que será Dios quien librará de estas personas, a sus siervos, iglesias y congregaciones.  Debemos pedir primeramente la misericordia de Dios para estas personas para que entiendan el evangelio.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, hay más circunstancias que surgen en nuestro trabajo en la obra de Dios.  Por todas esas circunstancias tenemos la responsabilidad de orar a Dios para que Él sea quien produzca los efectos necesarios para que Su obra se desarrolle sanamente.  Hoy ha sido y será una bendición el habernos reunido a orar tanto por otros como “por nosotros”.  Nuestras oraciones no quedarán sin efecto favorable, porque Dios no desampara su propia obra redentora; por eso encargamos a este ministerio de oración, que OREN POR NOSOTROS.  Los pastores pedimos OREN POR NOSOTROS.  Los demás ministerios de la iglesia nos piden a todos: OREN POR NOSOTROS.  Los hermanos de esta iglesia con grito de auxilio nos piden a todos: OREN POR NOSOTROS.

   Amados hermanos, no será una pérdida de tiempo reunirnos una y otra vez para orar por otros y “por nosotros”.  Dios, en su momento hará como le dijo a Jeremías: “yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces” (Jeremías 33:3).

   Dios bendiga nuestros ministerios.

Sep 16

UN ANIVERSARIO TRISTE, Por: Diego Teh.

UN ANIVERSARIO TRISTE

1 Corintios 3:1-9; 1 Tesalonicenses 1:2,3.

.

Bosquejo predicado por el Pbro. Diego Teh, en la congregación “Siervos de Jesús”, de Celestún, Yucatán, el domingo 16 de septiembre 2018, a las 19:30 horas, con motivo de su ¿XVIII? aniversario como congregación, y ¿XXXVII? desde sus inicios.

.

   INTRODUCCIÓN: El 13 de abril 2013, el presidente de la iglesia adventista mundial, Ted N. C. Wilson, en la ciudad de Michigan, E.U.A, donde 150 años atrás en 1863, se organizó oficialmente la iglesia adventista, predicó un sermón ante una gran multitud de delegados de dicha iglesia la cual ese año contaba con unos 17 millones de feligreses, a quienes les dijo: “Este es un aniversario muy triste”.  Según un comunicador de su propia denominación, lo que él estaba proponiendo es: Basta de aniversarios[1].  No pretendo transmitirles el sermón de Ted Wilson, que por cierto no conozco ni sé si existe el texto completo, pero aquella frase: “Este es un aniversario muy triste”, aunque su denominación había crecido tanto desde sus inicios en 1863, debió haber tenido razones ciertas y bien fundamentadas para afirmar tal declaración.  Pero, esto de los aniversarios tristes, no solamente fue y es una realidad de los adventistas, sino creo que también otras confesiones cristianas también tienen aniversarios tristes.  Estoy seguro que también la iglesia presbiteriana en sus centros misioneros, en sus congregaciones, en sus iglesias, en sus presbiterios y demás cuerpos eclesiásticos también tenemos aniversarios tristes.  Pero, no pensemos más allá ahora, pensemos en nosotros.  ¿Qué piensa usted acerca de nuestro aniversario de hoy aquí en nuestra histórica congregación? Digo histórica porque no inició ni siquiera hace cinco años, porque solo como congregación ya llevamos 18 años, y desde sus inicios ya han pasado más de 35 años.  Por eso, precisamente, ¿no será también uno de esos aniversarios tristes?  Este momento de acción de gracias, sin duda que los adornos, el ornato, la música, el culto, la comida, las visitas, los cantos selectos que se han entonado y se entonarán, son factores de alegría, pero aun así podría ser un aniversario triste. Para diagnosticar nuestro aniversario, decidí predicarles hoy este mensaje al que le puse por título: UN ANIVERSARIO TRISTE.  No me vayan a mal entender.  No es que la iglesia esté triste, pues la iglesia disfruta en el fondo del alma de cada uno de nosotros, la alegría que procede del mismísimo corazón de Dios.  Lo que podría estar triste es el aniversario, aclaro, no la iglesia.  Lo que estoy diciendo es que una iglesia aun alegre por Cristo y en Cristo por su obra que está realizando en nuestros corazones, podría al mismo tiempo tener un aniversario realmente triste porque los que pertenecemos a esta iglesia no estamos haciendo lo que deberíamos estar haciendo en la proclamación del evangelio del reino de Dios.

   En el mensaje de este momento, les voy a predicar que hay ocasiones que las celebraciones de aniversario que hacen las iglesias son verdaderamente aniversarios tristes. / ¿Cuáles son las ocasiones cuando las celebraciones de aniversario que hacen las iglesias son verdaderamente aniversarios tristes? / Permítanme compartirles algunas de estas ocasiones en las que las celebraciones de aniversario que hacen las iglesias son verdaderamente tristes.  Aclaro, quizá no sea verdad entre nosotros, sino solamente en otras iglesias.  Pero, mejor escuchemos con actitud de reflexión para ver si no hay uno o más indicadores que diagnostiquen nuestro aniversario como triste.

.

   La primera ocasión cuando una celebración de aniversario que hacen las iglesias es un verdadero aniversario triste, es:

I.- CUANDO RECORDAMOS A PERSONAS QUE INICIARON LA OBRA, PERO NOSOTROS NO COLABORAMOS TRABAJANDO EN LA OBRA.

   En un artículo titulado: Tendencias y Énfasis de la Iglesia Evangélica, escrito por el pastor de la iglesia presbiteriana “Shalom”, de Mérida, en el que hace una observación que me parece correcta, dice: “Es común escuchar de congregaciones o misiones que celebran su aniversario número 15 o 20 como congregación y hacen una gran fiesta.  Lamentablemente, no pueden ver la tristeza que deberían tener por no haber llegado a ser constituidos como Iglesia en tantos años.  Nuestra tendencia es celebrar el pasado y no ver hacia al futuro”[2].  La verdad, muchas veces nos emocionamos por la antigüedad, sin evaluar si hay retroceso, estancamiento, o avance.  Entonces, ¿qué celebramos?  La reseña histórica lo dice todo, solo celebramos el pasado recordando fechas y personas a quienes sentimentalmente apreciamos mucho.  Si por lo menos celebráramos el presente, lo que haríamos hoy es recibir nuevos miembros, o reseñar cuáles fueron realmente los logros alcanzado durante este último año, es informar a cuántos hemos alcanzado con el evangelio de Cristo.  Los nombres que escuchamos en las reseñas, se han vuelto solo historia que ni siquiera nos beneficia mucho escucharla, porque a final de cuenta si algo verdaderamente debe ser la fuente de nuestra motivación no es una reseña sino el poder de la palabra de Dios.

   Escuchar la historia nos alegra, pero lo que debería entristecernos es que muchos de nosotros, ojalá si me equivoco, y que sea solamente pocos de nosotros, es que no estamos apoyando apropiadamente la extensión del evangelio, ni tenemos el mismo fervor con el que ellos iniciaron la obra en este lugar.  Es más, si alguno de ellos todavía vive, es probable que abandonaron la fe, o no tienen el ánimo pronto que tuvieron en su momento.  Ya no son ni siquiera ejemplo para nosotros.  En su epístola a los Corintios, el apóstol Pablo, explica que cada uno tiene una manera particular de apoyar la obra de Dios.  Considerando que él había iniciado entre los Corintios la proclamación del evangelio, y que otro siervo de Dios había pastoreado a los creyentes que se convirtieron tras la proclamación de Pablo, les explicó diciendo: “Yo planté, Apolos regó…” (1 Corintios 3:6), y no importando quién lo haya hecho, si Pablo, o Apolos, u otros, debido a que cada quien solo aporta una parte del trabajo, les explica también que: nosotros somos colaboradores de Dios” (1 Corintios 3:9).  Por eso, así como los hermanos que iniciaron la obra de Dios aquí en este lugar hace muchos años, no fueron más indispensables que nosotros, sino que ellos en su momento hicieron su parte, pero ahora nos toca a nosotros hacer nuestra parte. No podemos celebrar el éxito de ellos en el pasado, si nosotros no hacemos lo que ahora nos corresponde.  Esto es lo que hace que un aniversario sea triste.

.

   La segunda ocasión cuando una celebración de aniversario que hacen las iglesias es un verdadero aniversario triste, es:

II.- CUANDO RECIBIMOS A MUCHOS INVITADOS, PERO NO SON EL RESULTADO DE NUESTRO TRABAJO.

   Es verdad que estamos compartiendo nuestra alegría de que la gracia de Cristo nos ha conservado en la fe y en la salvación hasta el día de hoy y que siempre lo hará hasta el día que nos lleve con él.  Los invitados son gozosos testigos de nuestra gratitud.  Todo esto también nos llena de profunda alegría válida y real.  Pero lo que nos debe dar tristeza es que, terminando el culto de acción de gracias, ya no los veremos con frecuencia o quizá hasta el próximo año, porque ellos no son el resultado de nuestro trabajo que desempeñamos en este lugar.   No es malo invitar a otros creyentes, incluso hasta a los que han comenzado a simpatizar con el evangelio y hasta con nuestra iglesia, pero lo que debe resaltar en un aniversario es la evidencia del resultado del trabajo realizado en los últimos 365 días del año.  Hoy dentro de la alegría de una fiesta de aniversario, deberíamos sentirnos también tristes porque al concluir un año más de trabajo, no hay muestras suficientes de logros alcanzados.  Entonces, ¿qué celebramos? ¿No es solamente los logros del pasado? ¿No deberíamos entregarle al Señor, logros o resultados en esta celebración?  Desde luego, no está mal celebrar un aniversario, cuando hay trabajo llevado a cabo con resultados evidentes actuales para testificar a nuestros visitantes.

   Cuando el apóstol Pablo exhortó a los Corintios para que estén firmes y constantes, les dijo: “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).  El apóstol Pablo les encomienda a los Corintios, que sigan “creciendo en la obra del Señor”, lo cual es un reconocimiento de que aquella iglesia, a pesar de los pecados y divisiones que algunos de ellos practicaban, la mayoría de ellos estaban ocupados “en la obra del Señor”, y sus obras hechas con unidad estaban dando resultados evidentes.  Cuando san Pablo les dice que su “trabajo en el Señor no es en vano”, era porque los resultados se podían ver en el aumento de creyentes que se unían a la iglesia, y en la transformación de vida que estaba ocurriendo en la vida de quienes lo único que antes sabían hacer era pecar, pero ahora estaban glorificando a Dios.  No se emocionaban solamente por recordar el fervor con el cual se inició con ellos la obra de Dios, sino que al estar unidos colaborando con Dios, los resultados no se tenían qué rebuscar, pues eran evidentes.  Es también a esta obra con resultados a la que se refirió Jesús cuando al comparar a los discípulos con los pámpanos de una uva en el cual aparecen no pocos, sino muchísimo frutos, les dijo: mi Padre es el labrador. / Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto” (Juan 1:1b, 2); y luego les dijo enfáticamente: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Juan 15:8).  ¿No es este “mucho fruto” que Dios estará esperando hoy de nosotros, para que entonces Él sea “glorificado”? ¿No será que nuestro aniversario no le está glorificando?  Uff, eso sería lo triste.

.

   La tercera ocasión cuando una celebración de aniversario que hacen las iglesias es un verdadero aniversario triste, es:

III.- CUANDO SOLO CELEBRAMOS EL PASADO O AUN EL PRESENTE, PERO NO PLANEAMOS PARA EL FUTURO.

    El pastor Wilbur Madera, en el mismo artículo que les mencioné al principio, explica con certeza, y tiene razón, que: “el futuro no es tema de discusión en muchas iglesias; sobre todo el futuro a largo plazo.  La reflexión y planeación de muchas Iglesias sólo llega hasta el futuro inmediato: la próxima semana, el próximo mes, y en el mejor de los casos, el próximo año. Muy pocas iglesias tienen una estrategia bien definida para afrontar el futuro y avanzar el reino de Dios”.   Por ejemplo, hoy es una alegría para esta iglesia recordar la historia de nuestros inicios en este lugar, y por ello aprendemos acerca de la importancia de trabajar en la obra de Dios con fe, entusiasmo, amor, y fervor como lo hicieron los que iniciaron esta obra.  Es una alegría para esta iglesia presentar el día de hoy resultados, aunque pocos o mínimos, corroborando que nuestro trabajo “no es en vano” (cf. 1 Corintios 15:58), porque ha bendecido vidas humanas en esta bella comunidad.

  Pero, después de hoy, ¿hacia dónde vamos? ¿qué nos proponemos lograr?  Usted ¿estará dispuesto a hacer su parte para alcanzar metas para los siguientes años si Dios nos concede vida y el honor de continuar su ministerio aquí en este lugar?  Sería una tristeza que todo termine hoy en este aniversario, y el fervor y la alegría que ahora tenemos en esta celebración, se acabe con el último Amén que se diga en este culto, o todo el fervor de este momento se acabe cuando usted ponga un pie hacia la calle para regresar a casa.  El proverbio que en la RV60 dice: Sin profecía el pueblo se desenfrena” (Proverbios 29:18), la NVI lo traduce con un énfasis igual de correcto, pero más preciso, diciendo: Donde no hay visión, el pueblo se extravía” (Proverbios 29:18; NVI).  La visión es necesaria para toda iglesia, sino sus resultados serán una iglesia desenfrenada y extraviada de su misión.  Hará cualquier otra cosa, y un sinfín de actividades, pero no hará lo que verdaderamente debe estar haciendo.  Por eso, lo importante en un aniversario, es tener visión para el futuro, pero si después de este culto, no hay una visión a seguir y alcanzar, entonces el próximo año, sin duda que tendremos un aniversario triste.

.

   La cuarta ocasión cuando una celebración de aniversario que hacen las iglesias es un verdadero aniversario triste, es:

IV.- CUANDO EL ANIVERSARIO NOS PARECE RELEVANTE, HABIENDO DESCUIDADO LA ADORACIÓN BASTANTES DÍAS DEL SEÑOR.

   Se supone que nos unimos a la iglesia, entre otros deberes, para reunirnos a los cultos de adoración, especialmente el día del Señor, o sea, el domingo, el primer día de la semana.  ¿No es el día en el que se recuerda la resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo?  Pero, si los domingos ordinarios en los que no tenemos una festividad especial, usted no llega al culto, ni estuvo llevando el evangelio ni sirviendo en nombre de Cristo en algún lugar o alguna persona, entonces dejó de ser importante y relevante para usted el día del Señor instituido para reconocer su resurrección después de haber dado su vida para nuestra salvación.  Pero, como hoy es el aniversario de esta iglesia, y usted se enteró, entonces vino al culto, pero no sé si lo hará fielmente durante los siguientes 52 domingos del año.  ¿No le parece que muchos le dimos tanta relevancia a este culto de acción de gracias por ser de aniversario, pero antes muchas veces hemos menospreciado otros muchos días de adoración también de gran relevancia para nuestra vida y para la vida de esta iglesia, en los cuáles usted no se presentó?  Esto es lo triste de un aniversario. Ojalá si de hoy en adelante, usted va a mejorar su asistencia a la adoración.

   Todos los creyentes nos ponemos felices cuando alguien que no había estado en cultos anteriores, por fin ha venido a un culto.  Hoy no es la excepción.  A todos por igual se nos ha dicho hoy que somos bienvenidos a este culto y a esta iglesia.  Pero, no seamos ocasionales, sino seamos constantes en la adoración.  Jesús fue muy claro en este punto cuando platicó con la mujer samaritana junto a un pozo en las afueras de la ciudad de Sicar.  Una de las verdades que él resaltó cuando le dijo a la samaritana que: el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:24), es que Dios está buscando adoradores.  Una de las razones principales para la cual Dios nos llamó a la fe en su Hijo Jesucristo, es para que seamos sus adoradores verdaderos.  Es verdad que esto lo podemos hacer todos los días en cualquier lugar, incluyendo también que le podemos adorar hasta en nuestros hogares, sin embargo, el día del Señor, es día de adorar juntos como iglesia.  Pero, ¿dónde estuvo usted todos los más de 26 domingos del año (medio año) en los que no se presentó a adorar a Dios aquí con nosotros?  Esto es lo que hace triste un aniversario, porque si es aniversario sí lo queremos, pero si son otros cultos sabatinos o dominicales de adoración, no lo queremos.  ¿No es contradictorio, y allí está lo triste?

.

   CONCLUSIÓN:  Amados hermanos, no ha sido mi intención rechazar el aniversario que hoy estamos celebrando.  También hay motivos legítimos de acción de gracias que debemos resaltar en este momento. Por ejemplo, Dios ha sido fiel con esta su iglesia desde sus inicios hasta el día de hoy.  Dios salvó y llevó a su gloria eterna a todos los verdaderos creyentes que militaron en esta iglesia.  Dios ha sido quien ha conservado en la fe desde el más antiguo creyente desde hace más de 35 años como a los que llevan menos tiempo en la fe.  Sin embargo, al rendir gracias a Dios, también debemos rendir a Él los frutos de nuestra labor.  Nos alegra y regocija la obra que Dios está haciendo en nosotros, y con nosotros; pero es triste cuando no hacemos y cuando dejamos de hacer la obra de Dios que nos ha sido encomendada.  Si Dios nos permite el siguiente aniversario, en 2019, que se el aniversario que vale la pena.   Dios bendiga a todos los presentes.

========================================

[1] https://news.adventist.org/es/todas-las-noticias/noticias/go/2013-04-14/basta-de-aniversarios-dice-wilson-en-el-sermon-del-concilio-de-primavera/

[2] https://descubriendolaverdad.wordpress.com/2013/10/22/tendencias-y-enfasis-de-la-iglesia-evangelica/

Oct 08

REY JOÁS: REFORMA PERSONAL EN LA ADMINISTRACIÓN DE LOS BIENES PARA LA OBRA DE DIOS, Por: Diego Teh.

JOÁS: REFORMA PERSONAL EN LA ADMINISTRACIÓN DE LOS BIENES PARA LA OBRA DE DIOS.

(Sermón para toda la iglesia)

.

2 Crónicas 24:1-12.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Ebenezer” de la col. San José Tecoh, de Mérida, Yucatán; el domingo 8 de octubre 2017, a las 18:30 horas; como sermón de la serie: REYES REFORMADORES DEL ANTIGUO TESTAMENTO.

.

.

   INTRODUCCIÓN: El apóstol Pablo en su primera epístola a los Corintios, les dice: “téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. / Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (1 Corintios 4:1,2).  Recalca que los cristianos somos “administradores de los misterios de Dios”, y que todos los administradores debemos ser fieles.  Por su parte el apóstol Pedro dice también en su primera epístola que: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pedro 4:10).  La palabra clave que utilizan estos dos apóstoles es que los cristianos somos ADMINISTRADORES, según Pablo: DE LOS MISTERIOS DE DIOS; y según Pedro, DE LA MULTIFORME GRACIA DE DIOS.  Sin embargo, la iglesia en general, pero también los creyentes en particular no solamente tenemos la responsabilidad de administrar los MISTERIOS DE DIOS, y LA GRACIA DE DIOS, sino que al mismo tiempo tenemos también que administrar desde dinero y hasta bienes materiales pequeños o grandes que han llegado a nuestras manos pero que deben ser destinados a la obra de Dios.

   En la antigüedad en el tiempo de los reyes, en la casa de Dios, no solamente se administraban los misterios y la misma gracia de Dios, sino también se administraban los dineros y bienes materiales que se destinaban propiamente para la obra de Dios.  Tanto los reyes desde su trono y palacio, como los sumos sacerdotes en la casa de Dios, eran los responsables de administrar los dineros y bienes a favor de todo el ministerio de la casa de Dios, pero no siempre se hizo así, pues por ejemplo en el tiempo de la reina Atalía, ella y su familia desviaron los recursos de la casa de Dios para otros fines que a ellos les convenía.  Sin embargo, Dios siempre pone a las personas idóneas que promoverán los cambios necesarios que favorezcan su obra aquí en la tierra. Así fue como Dios providencialmente, en lugar de Atalía, puso a un niño de tan solo siete años para que reinará sobre todo Judá.  Este rey, cuando ya era todo un adulto, llevó a cabo reformas importantes con respecto a la administración de los bienes destinados para la obra de Dios. La historia de la obra reformadora de Joás, nos presenta un panorama general acerca no solamente cómo toda una iglesia debe administrar las ofrendas y lo bienes materiales que recibe o posee; sino también nos enseña cómo ser de manera personal buenos y fieles administradores de los dineros y bienes materiales que nosotros adquirimos mediante nuestro trabajo.

   Aclaro que este mensaje que es escuchado, posteriormente leído y compartido no solamente en esta congregación sino en las otras congregaciones hermanas, no tiene la finalidad de desacreditar a ningún directivo, tesorero, ministerios de recursos, sino que tiene la finalidad de hacer saber que de preferencia antes de que surja un desorden siempre se puede evitar, implementando oportunamente una reforma apropiada primeramente en nuestra manera de administrar lo que tenemos pero que no es nuestro sino que debe ser usado para la obra de Dios.

   En este mensaje voy a predicarles que todo creyente debe reformar su manera personal de administrar los dineros y bienes que adquiere y que deben pertenecer a la obra de Dios. / ¿Cómo debe todo creyente reformar su manera personal de administrar los dineros y bienes que adquiere y que deben pertenecer a la obra de Dios? / Basado en la historia de las reformas que el rey Joás hizo para con la casa de Dios, les voy a compartir en este mensaje, algunas maneras de cómo todo creyente debe reformar su manera personal de administrar los dineros y bienes que adquiere y que deben pertenecer a la obra de Dios.

.

   La primera manera de cómo todo creyente debe reformar su manera personal de administrar los dineros y bienes que adquiere y que deben pertenecer a la obra de Dios, es:

I.- NO MALGASTANDO TU DINERO, SINO OFRENDANDO UNA PARTE PARA LA OBRA DE DIOS.

   Uno de los detalles que se da a conocer en la crónica de las reformas del rey Joás, fue lo que hizo la malvada reina Atalía durante su corto tiempo de reinado espurio. Dice el v. 7: “Porque la impía Atalía y sus hijos habían destruido la casa de Dios, y además habían gastado en los ídolos todas las cosas consagradas de la casa de Jehová” (2 Crónicas 24:7).  El problema más escandaloso en esta historia es el que Atalía y sus hijos mal gastaron todos los dineros y utensilios que correspondían a la casa de Dios, usándolo para los templos de los ídolos que ella mandó a construir. El texto nos presenta a Atalía y a sus hijos como responsables de haber mal gastado “cosas consagradas de la casa de Jehová”, y a su vez no conforme con ello, dice la crónica que también “habían destruido la casa de Dios”.  ¡Qué reina malvada junto con sus hijos!, por cierto, no era legítima reina sino una usurpadora.

   Amados hermanos, lo anterior fue error de Atalía, pero qué tal cuando nosotros somos los que con sentido egoísta no contribuimos para la causa de Dios, y en vez de ofrecer nuestra ofrenda, también mal gastamos en cosas no provechosas ni para nosotros ni para otros lo que deberíamos ofrecer para la obra de Dios.  Los responsables de invertir para la obra de Dios somos cada uno de nosotros quienes por la gracia de Dios recibimos, aunque de vez en cuando algún sueldo, gratificación, o beneficiencia pública.  Lo que usted debe ofrecer como ofrenda para la obra de Dios, no debe quedarse con ello para mal gastarlo en fines ajenos a Dios.

.

   La segunda manera de cómo todo creyente debe reformar su manera personal de administrar los dineros y bienes que adquiere y que deben pertenecer a la obra de Dios, es:

II.- OFRENDANDO OPORTUNAMENTE PARA LA OBRA DE DIOS.

   La mala reina Atalía que causó muchos males a la casa de Dios, había muerto desde hace 23 años.  Para este tiempo, Joás no era el niño que comenzó a reinar a tan solo siete años de edad, sino que ya tenía 30 años.  Desde sus siete años en adelante su consejero para tomar decisiones había sido el sumo sacerdote Joiada (cf. 2 Reyes 12:2). Poco a poco Joás fue tomando la responsabilidad de la toma de decisiones, y aunque Joiada había sido un buen consejero para él, e incluso aunque Joiada había sido un reformador en la casa de Dios, sin embargo, había responsabilidades bajo sus facultades que él mismo había descuidado durante 23 años. En el segundo libro de los reyes leemos: Pero en el año veintitrés del rey Joás aún no habían reparado los sacerdotes las grietas del templo” (2 Reyes 12:6). El responsable de la casa de Dios que era el sumo sacerdote Joiada, no había hecho lo suficiente para restaurar el funcionamiento óptimo de la casa de Dios; por lo que el rey Joás tendría que hablar con él.  La crónica dice: “Por lo cual el rey llamó al sumo sacerdote Joiada y le dijo: ¿Por qué no has procurado que los levitas traigan de Judá y de Jerusalén la ofrenda que Moisés siervo de Jehová impuso a la congregación de Israel para el tabernáculo del testimonio?” (2 Crónicas 24:6).  La pregunta que el rey le hizo al sumo sacerdote revela el atraso o la tardanza en animar al pueblo a traer la ofrenda que ya debió haberse traído desde hace mucho tiempo.  Era un reclamo de tardanza cuando le dice: “¿Por qué no has procurado?”

   Amados hermanos, esto nos enseña que no deberíamos quedarnos ni con el diezmo que corresponde todo para la obra de Dios, ni con la ofrenda que muchas veces tenemos posibilidad de entregar de manera voluntaria cuando nos damos cuenta de las grandes necesidades que siempre surgen en la obra de Dios.  Si usted se queda esta semana, o este mes con lo que usted bien tiene posibilidad de entregar como ofrenda para la obra, usted se va a mal acostumbrar a no darlo durante seis meses, luego durante un año, y así durante toda su vida, no contribuyendo ni lo suficiente, ni lo necesario para la obra de Dios.  Por esta razón, no posponga para más adelante su intención de dar su ofrenda para la obra de Dios. Debe ser ahora que se necesita.

.

   La tercera manera de cómo todo creyente debe reformar su manera personal de administrar los dineros y bienes que adquiere y que deben pertenecer a la obra de Dios, es:

III.- OFRENDANDO PARA LA OBRA DE DIOS, A PESAR DE QUE ANTES HAYA SIDO MAL ADMINISTRADO NUESTRAS APORTACIONES.

   Ya hemos leído que: “…la impía Atalía y sus hijos habían destruido la casa de Dios, y además habían gastado en los ídolos todas las cosas consagradas de la casa de Jehová” (2 Crónicas 24:7), pero a pesar de ello, el rey Joás no duda en instruir al sumo sacerdote Joiada de que es necesario “…que los levitas traigan de Judá y de Jerusalén la ofrenda que Moisés siervo de Jehová impuso a la congregación de Israel para el tabernáculo del testimonio?” (2 Crónicas 24:6).  Seguidamente dice la crónica que “Mandó, pues, el rey que hiciesen un arca, la cual pusieron fuera, a la puerta de la casa de Jehová; / e hicieron pregonar en Judá y en Jerusalén, que trajesen a Jehová la ofrenda que Moisés siervo de Dios había impuesto a Israel en el desierto. / Y todos los jefes y todo el pueblo se gozaron, y trajeron ofrendas, y las echaron en el arca hasta llenarla” (2 Crónicas 24:8-10).  No cuestionaron si se va a volver a repetir la historia de que alguien va a desviar los fondos, sino que “se gozaron, y trajeron ofrendas, y las echaron en el arca hasta llenarla” (v. 10).

   Amados hermanos, la lección en este punto es que, aunque alguien haya mal administrado lo que corresponde a una obra de Dios, el pueblo de Dios aun en estos casos despreciables y desagradables, tiene la responsabilidad de proveer nuevamente para restaurar o reformar lo que se había destruido o desaparecido.

.

   La cuarta manera de cómo todo creyente debe reformar su manera personal de administrar los dineros y bienes que adquiere y que deben pertenecer a la obra de Dios, es:

IV.- SIENDO EL PRIMERO EN OFRENDAR, ESPECIALMENTE SI UNO ES LÍDER EN LA OBRA DE DIOS.

   Quiero que observen un buen detalle mencionado al principio del versículo 10, que nos relata que “todos los jefes y todo el pueblo se gozaron, y trajeron ofrendas” (2 Crónicas 24:10).  Además de indicarnos la unanimidad que se tuvo para ofrendar, se resalta que los primeros en dar fueron “todos los jefes”.  Ninguno se quedó sin dar lo que podía dar para que se pudiese solucionar las deficiencias que había en la casa de Dios en Jerusalén.

   En cierto proyecto que se trabajó en una iglesia cuyo nombre no voy a mencionar, se detectó que la mayoría de sus miembros habían aportado donativos para llevar a cabo el proyecto que sus representantes habían diseñado.  Fue sorprendente saber que quienes no habían aportado cuando ya se estaba cerrando el proyecto, eran precisamente los mismos líderes que diseñaron y aprobaron el proyecto.  ¿Cree usted que así deberíamos conducirnos los que lideramos esta amada congregación?

   Amados hermanos, todo creyente tiene la responsabilidad de aportar no solo su ofrenda y sus diezmos para la obra de Dios, sino también su tiempo, sus dones, su fuerza, etc…, sin embargo, todos los creyentes que se encuentran en el llamado de Dios para ejercer el liderazgo y gobierno de la iglesia, somos los primeros responsables de dar el ejemplo con nuestras aportaciones cuando se convoca al pueblo de Dios para apoyar un proyecto; pero si usted no es llamado a ser un líder de la iglesia, de todas maneras es un deber bíblico y cristiano el ser ejemplo para los demás de que aportamos dinero, tiempo, fuerza, dones, etc… para la obra de Dios.

.

   La quinta manera de cómo todo creyente debe reformar su manera personal de administrar los dineros y bienes que adquiere y que deben pertenecer a la obra de Dios, es:

V.- TENIENDO LA PALABRA DE DIOS COMO FUNDAMENTO DE NUESTRAS DECISIONES.

   En la pregunta-reclamo que Joás le hace al sumo sacerdote Joiada, diciéndole: ¿Por qué no has procurado que los levitas traigan de Judá y de Jerusalén la ofrenda que Moisés siervo de Jehová impuso a la congregación de Israel para el tabernáculo del testimonio? (2 Crónicas 24:6b), es claro que Joás no estaba pensando en una imposición de su propia autoridad como rey, sino que estaba pensando que, si había que reformar la condición de la casa de Dios y del funcionamiento de todo su ministerio sacerdotal, el fundamento incluso para pedir una contribución a la gente de Dios es la autoridad de la misma palabra de Dios.  Por eso le dice a Joiada que había un fundamento que él ya debió haber tomado en cuenta y le aclara que se trata de “la ofrenda que Moisés siervo de Jehová impuso a la congregación de Israel para el tabernáculo del testimonio”.  Aunque aparentemente Moisés la “impuso”, es más bien imposición de Dios.  Pero, lo que Joás apelaba ante Joiada, consistía en que, si algo está escrito en la palabra revelada de Dios, eso es lo que se debe hacer.

   Con respecto a la decisión tomada por el rey Joás, dice la crónica: “Mandó, pues, el rey que hiciesen un arca, la cual pusieron fuera, a la puerta de la casa de Jehová; / e hicieron pregonar en Judá y en Jerusalén, que trajesen a Jehová la ofrenda que Moisés siervo de Dios había impuesto a Israel en el desierto” (2 Crónicas 24:8,9).  Esta crónica añade un detalle interesante a la ley de la ofrenda, al decir que se trata de lo que “Moisés siervo de Dios había sido impuesto a Israel en el desierto” (v. 9b).  El detalle que quiero señalar es que la ley fue dada “a Israel en el desierto”.  Esto quiere decir que la ley fue dada en el transcurso de los 40 años posteriores cuando sus antepasado fueron liberados de los egipcios; es decir alrededor de los años 1513 a.C[1]. al 1473 a.C., pero que seguía vigente durante el reinado de Joás rey de Judá entre los años 836 a.C. al 797 a.C; un promedio de 700 años después de haber sido impuesta por Moisés.  Esto quiere decir que aunque las circunstancias, costumbres, y hasta pecados cambien o aumenten, la palabra de Dios sin importar la antigüedad que haya sido dicha, tiene poder para reformar tanto la vida personal como la vida religiosa no solamente de líderes religiosos sino hasta de toda una nación.

.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, lo que he querido compartirles en este mensaje ha sido que:

   1) de lo que recibimos de Dios como nuestras ganancias por nuestro trabajo no debemos gastarlo para nuestro propio beneficio, sino que debemos entregarlo para la obra de Dios.

   2) nuestras aportaciones debemos ofrecerlas tan pronto tengamos ganancias de nuestro trabajo en nuestras manos, no debemos posponer su entrega para otra ocasión, porque usted corre el riesgo de finalmente usarlo para otros fines.

   3) si usted es un líder, usted debe ser el primero en dar el ejemplo a toda la iglesia.

   4) toda decisión que tengamos que tomar ya sea como personas o como iglesia, no debe ser según nuestra propia opinión sino según la palabra de Dios que en todos los casos debe ser el fundamento de nuestras decisiones.  Recordemos que uno de los postulados de la reforma del siglo XVI fue volver a la palabra de Dios como fundamento de la fe y de la práctica, y en la actualidad siempre se hace necesario que cada creyente y toda iglesia vuelva a la palabra de Dios como fundamento; y

   Finalmente recordemos que somos administradores de los misterios de Dios, y de la multiforme gracia de Dios.  Como cristianos debemos administrar lo que no es nuestro ni para nosotros sino para la obra de Dios para el extendimiento del reino de Cristo nuestro Salvador y Señor, aquí en la tierra.

———————————————————

[1] https://atlasdelabiblia.wordpress.com/salida-de-egipto-2/