Ene 21

TRES PELIGROS QUÉ EVITAR DEL EXCESO DE TRABAJO, Por: Diego Teh.

TRES PELIGROS QUÉ EVITAR DEL EXCESO DE TRABAJO

1 Reyes 20:35-40.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 21 de enero 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

Este bosquejo corresponde al sermón # 01 de la serie: SÚPER OCUPADOS.

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   “Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el otro no quiso herirle. / Él le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá un león. Y cuando se apartó de él, le encontró un león, y le mató. / Luego se encontró con otro hombre, y le dijo: Hiéreme ahora. Y el hombre le dio un golpe, y le hizo una herida. / Y el profeta se fue, y se puso delante del rey en el camino, y se disfrazó, poniéndose una venda sobre los ojos. / Y cuando el rey pasaba, él dio voces al rey, y dijo: Tu siervo salió en medio de la batalla; y he aquí que se me acercó un soldado y me trajo un hombre, diciéndome: Guarda a este hombre, y si llegare a huir, tu vida será por la suya, o pagarás un talento de plata. / Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa, el hombre desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia; tú la has pronunciado” (1 Reyes 20:35-40).

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   INTRODUCCIÓN: No hay necesidad de ilustrar la historia que hemos leído en 1 Reyes 20:35-40.  El punto relevante de aquel drama protagonizado por este profeta desconocido fue demostrarle al rey Acab de Israel, la gravedad de la irresponsabilidad de no hacer por causa de otras prioridades equivocadas lo que Dios ha indicado que debe hacerse. La ilustración dramatizada del profeta consistió en decirle a rey Acab que un soldado le había encargado que cuidara a un hombre pero que se le escapó porque según el versículo 39, el profeta se encontraba “ocupado en una y en otra cosa” (1 Reyes 20:40).  Esto es el verdadero problema de muchas personas, que por estar excesivamente ocupados “en una y en otra cosa”, descuidan sus verdaderas prioridades en el hogar, en el trabajo, e incluso en su responsabilidad a favor de la obra de Dios. De verdad que el estar ocupados “en una y otra cosa”, es altamente peligroso.

   En el mensaje de hoy, les voy a predicar que: El exceso de dedicación al trabajo expone a toda persona a diversos peligros singulares. / ¿Cuáles son los peligros singulares a los que se expone toda persona que se dedica al trabajo excesivo? / En este mensaje quiero explicarles acerca de tres peligros singulares.

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   El primer peligro singular al que se expone toda persona que se dedica con exceso al trabajo, es que:

I.- EL GOZO QUE DA EL ESPÍRITU SANTO LO PUEDES PERDER.

   El apóstol Pablo exhortó a los Filipenses que disfrutaran el ser cristianos, pues les dice: “Regocijaos en el Señor, siempre” (Filipenses 4:4).  La Traducción en Lenguaje Actual, lo expresa más claro diciendo: “¡Vivan con alegría su vida cristiana!” (Filipenses 4:4; TLA). Es por eso que el Espíritu Santo tiene como prioridad el producir en nosotros los creyentes, el fruto del gozo (cf. Gálatas 5:22).  Pero al mismo tiempo que es la voluntad de Dios que disfrutemos la vida llenos de gozo, hay otros factores que se encargan de arruinar el gozo que deberíamos estar sintiendo y disfrutando.  El hacer cosas que por naturaleza son malas y desagradables a Dios, hacen infeliz a cualquier persona.  Pero, otro factor que también encamina a arruinar el gozo que Dios nos provee, es el trabajar en exceso, pues hace que descuidemos tanto las prioridades superiores al trabajo como lo son Dios y la familia.

   Kevin Deyoung, en el segundo capítulo de su libro SÚPER OCUPADOS, dice: La actividad excesiva es como el pecado; mátalo o te matará a ti. La mayoría caemos en un patrón predecible. Comenzamos a saturarnos con uno o dos grandes proyectos.  Después nos sentimos aplastados por el desgaste diario.  Luego nos desesperamos por volver a sentir paz de nuevo y juramos que algo tiene que cambiar. Entonces, dos semanas después, la vida es más llevadera, y se nos olvida nuestro juramento, hasta que el ciclo vuelve a comenzar.  Lo que no entendemos es que durante todo ese tiempo hemos estado sin gozo […]. Y cuando la actividad excesiva te quita el gozo, termina con el gozo de todos.

   El trabajar en exceso, pone en peligro el gozo que uno debería estar disfrutando.

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   El segundo peligro singular al que se expone toda persona que se dedica con exceso al trabajo, es que:

II.- EL EVANGELIO QUE SIEMBRA JESUCRISTO LO AHOGAS.

   Una de las parábolas de Jesús, la del sembrador, relata la realidad que ocurre con una persona que ha recibido en su corazón el evangelio, pero es como si la semilla hubiese caído entre espinos.  Jesús relató que en ese corazón donde están los espinos, ocurrió lo siguiente: “los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto” (Marcos 4:7b).  Luego, ampliando su afirmación explicó: Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, / pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Marcos 4:18,19).  Los afanes, las riquezas, y las codicias de otras cosas, mencionadas por Jesús, son factores que conducen a las personas a trabajar más de lo necesario.

   Pero, ¿qué ocurrió con la semilla de la palabra que fue sembrada en el corazón de la persona que tiene estas prioridades? La respuesta de Jesús, en la parábola fue que: “la ahogaron, y no dio fruto” (v. 7b), y en su explicación repite que esos espinos “entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (v. 19).  Justo, en ese mismo momento que uno decide trabajar un poco más, descuidando otras prioridades, y mucho más cuando uno trabaja en exceso, además de perder el gozo que uno debería disfrutar con plenitud, lo que ha ocurrido es que esos espinos han secuestrado el evangelio que Dios por su gracia ha querido entregar a tu vida.

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   El tercer peligro singular al que se expone toda persona que se dedica con exceso al trabajo, es que:

III.- EL PROBLEMA QUE HAY EN TU CORAZÓN NO SE SOLUCIONA.

   Cuando uno trabaja en exceso, ¿por qué tiene uno que trabajar más tiempo que lo normal? Podrían ser varios los factores que lleven a uno a dedicar más tiempo de lo normal, pero el verdadero problema surge o está en el corazón, por lo que es allí donde hay que comenzar a hacer la corrección correspondiente.  El verdadero problema que está ocurriendo en el corazón de la persona que trabaja en exceso, según la parábola del Sembrador, según Jesús es que: Sólo piensan en las cosas que necesitan, en cómo ganar dinero, y en cómo disfrutar de esta vida” (Marcos 4:19b; TLA[1]). Aparentemente son intereses y deseos legítimos, pero cuando el precio para conseguir estos deseos exige que trabajemos más tiempo de lo normal, el trabajo excesivo revela que el corazón tiene deseos que de legítimos han pasado a ser pecaminosos.  Estos mismos deseos causan que el mismo trabajo por su exceso se convierta también en pecado. La persona que cae en este pecado de trabajar en exceso podría ser vista y considerada por los demás como una persona verdaderamente trabajadora, sin embargo, esto es engañoso porque es verdad que sí trabaja de más, pero el trabajo excesivo adicional al normal no está solucionando el problema que de fondo está en el corazón, sino solamente lo está disfrazando u ocultando bajo la evidencia de una persona pecaminosamente trabajadora en exceso.  Lo que hay qué hacer no es empeorar el pecado que se origina del corazón, sino evitar su propagación para que no se convierta en una conducta pecaminosa.

   Otros factores que hacen que innecesariamente uno trabaje en exceso: 1).- el querer agradar a la persona que nos ha contratado para trabajar; 2).- el anhelar cualquier cosa que solamente trabajando más de lo normal por tiempo excesivo diariamente a largo plazo podríamos conseguirlo; y 3).- el sentirse útil solamente si hay un sobreesfuerzo de trabajo. Y podría haber más causantes.  Por otra parte, hay también quienes además de trabajar excesivamente en sus empleos, también dedican tiempo excesivo de trabajo por la iglesia de Dios, pensando que así son cristianos más fieles y productivos; sin embargo, no es fidelidad ni siempre resulta en productividad, pero a cambio se cae en descuido de la familia, y hasta en descuido de la propia salud y vida personal en general.  Todos estos excesos que aparentan servicio, lealtad, fidelidad, y hasta amor a la obra de Dios, podrían resultar solamente una reacción pecaminosa por los motivos reales originados en el corazón afectado por el poder del pecado.  Es por eso que primeramente tenemos que corregir las causas o motivos que nos están controlando desde la mente o corazón, arrastrándonos a otras conductas que, aunque parezcan buenas como el trabajar en exceso, no es una conducta buena.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ya sabemos que trabajar en exceso es peligroso para los que somos cristianos porque: 1) el gozo que el Espíritu de Dios está creando e incrementando en nuestra vida, puede perderse en cualquier momento; 2) la palabra del evangelio de Jesucristo que él está sembrando en nuestra vida, puede ahogarse y quedar usted sin frutos para Dios; y 3) el problema tan real llamado pecado que hay en el corazón, no se soluciona con trabajar más ni con ganar más.  No vamos a tomar la decisión de no trabajar porque fuimos creados para trabajar; y tampoco vamos a tomar la decisión de trabajar menos de lo necesario, porque eso también traería pobreza y miseria en nuestra vida; sino que lo que tenemos que hacer es trabajar el tiempo normal que requiere el trabajo que realizamos.  Así usted tendrá tiempo para su familia y también para servir a Dios.  Los días de culto congregacional tendrá usted el tiempo necesario para dedicar su adoración en la iglesia.  Es cuestión de administración correcta de nuestro tiempo.  Hay tiempo para trabajar, pero debe haber tiempo para Dios, para la familia, para uno mismo, y para la iglesia.

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[1] Traducción en Lenguaje Actual.

Ago 19

LA SOLUCIÓN VIENE DE DIOS, Por: Diego Teh.

LA SOLUCIÓN VIENE DE DIOS

Génesis 2:18, 21-24; 1 Juan 4:7-21.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, Mérida, Yucatán; el día sábado 19 de agosto 2017, a las 10:00 horas, en la boda religiosa del A.I. Enrique Córdova Arias, y Claudia Priscila Trejo.

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   INTRODUCCIÓN: Cuando Dios estaba creando todo lo que existe, siempre estuvo muy atento de que con toda su sabiduría y poder todo le saliera perfecto.  No tenía que preocuparse de que algo le saliera imperfecto, pues su divina perfección, garantizaba que todo debería salir bien.  Finalmente, nada hubo en toda su creación que fuese imperfecto, ni en la complejidad de todo el universo, ni en la fórmula hombre y mujer; así que, al concluir su creación, nos dice el autor del Génesis que: “vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31).  La creación fue toda una obra excelente de Dios, impecable en todos los sentidos.  Fue una creación digna de un Creador que verdaderamente era Dios.  No es de extrañarse que, con respecto a la creación de cada elemento del universo, Dios fue detalladamente atento en la perfección de cada uno de sus elementos.  Y como era de esperarse, Dios también fue detalladamente atento en hacer perfecto a sus dos creaciones preferidas: El hombre y la mujer.

   En la historia bíblica del libro del Génesis, antes de que Dios viera que todo era bueno, hay algo en particular que se resalta durante el proceso de la creación de la primera pareja humana; que Dios con toda sabiduría y poder preparó anticipadamente todo tipo de soluciones para la expresión afectiva hacia la pareja humana, soluciones de las cuales en este mensaje solamente voy a exponer una de ellas.  En la primera epístola del apóstol Juan, en sus propias palabras, este apóstol hace una importante indicación de otra solución importante con la que originalmente Dios, aunque no lo dicen los relatos del Génesis, también dotó al ser humano, pero que por causa del pecado, no es fácil para ningún ser humano el hacer uso de tal solución.  Pero los que conocen a Dios están en condiciones de equiparse con ese don y compartirlo con todos, incluyendo al cónyuge.  Así, podemos hablar de por lo menos dos soluciones previstas por Dios para las necesidades afectivas de la pareja humana.  / Entonces, ¿cuáles son las soluciones que Dios con toda sabiduría y poder preparó anticipadamente para todas las necesidades afectivas de la pareja humana? / En este mensaje, voy a compartirles solamente dos soluciones.

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   La primera solución que Dios con toda sabiduría y poder preparó para la pareja humana es, la:

I.- SOLUCIÓN PARA LA SOLEDAD: EL COMPAÑERISMO.

   No tengo información más reciente, pero un estudio realizado hace unos diez años atrás acerca de la soledad, arrojó el siguiente resultado que creo no tiene mucha varianza en su estadística para la realidad de la actualidad.  Aunque no fue hecho entre mexicano sino estadounidenses, creo que siempre tiene mucha identificación con la realidad de nuestro medio.  El estudio arrojó que: “Los Americanos tienen un tercio menos de amistades y amigos cercanos de los que tenían hace solamente dos décadas”, y añade que es: “una señal de que la gente vive vidas más solitarias, más alejadas que en el pasado”[1].  De manera particular, la juventud es la que llega a tener más sentimientos de soledad.  Sociólogos de la década pasada, analizaron que “En 1985 la persona promedio tenía tres amigos, pero ahora el número ha “bajado en dos, y ¡uno de cada cuatro no tenía amigos cercanos para nada!”.  Quizá la cifra para nosotros no sea igual, sin embargo, podemos observar que mucha gente de las cuales no estamos totalmente excluidos, pasan por momentos, etapas, o hasta toda una vida de soledad.

   Nunca fue la voluntad de Dios que los seres humanos vivamos en soledad, por eso Dios nunca quiso crear solamente al hombre sin una compañera que fuese su ayuda idónea. Dios, de por sí tenía planeado hacer una compañera para Adán. Cualquier otro ser viviente que Dios estaba creando aquel sexto día de la creación lo haría a cada uno con su pareja; y el ser humano no sería la excepción, pues también tendría su respectiva pareja.  En el proceso de la creación del hombre y la mujer, el autor del Génesis detalla que Dios primero creó al hombre, y que al concluirlo Dios observó que: “No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18a).  Esto no significa que Dios no había tenido el poder y la sabiduría para hacer un ser completo con pareja propia, sino más bien es que antes de concluir la creación de la primera pareja humana, Dios muy previsoriamente quiso evitar la soledad para Adán y para toda su descendencia.  Dios consideró que la soledad que un hombre y una mujer pudiese sentir, no se soluciona ni con la presencia de alguna mascota, pues Adán a pesar de que estaba rodeado de un sinfín de animales que Dios estaba creando, y que trajo cerca de Adán, en realidad sin el compañerismo de una mujer de su misma especie, él se sentiría solo.  Su soledad solamente sería combatida teniendo con él a la ayuda idónea que Dios hizo para él, la mujer de su vida.  Por eso Dios sin dejarlo para otro día, antes de finalizar el mismo día de la creación del hombre, dice el autor del Génesis que Dios “hizo una mujer, y la trajo al hombre” (Génesis 2:22b).

   Amados hermanos Enrique y Priscila, y todos los presentes: Dios fue muy sabio al crear al ser humano. No solamente el hombre no es bueno que esté solo, sino también no es bueno que la mujer esté sola.  Hombre y mujer son la respuesta y solución de Dios ante un mundo de personas que viven en soledad.  Lamentablemente hay parejas de marido y mujer que viviendo juntos es como si vivieran en soledad pues sus corazones están alejados del uno al otro.  Ustedes no deben ser parte de estas lamentables estadísticas.  Ustedes que son creyentes en Jesucristo, valoren el privilegio que Dios les ha dado de unir sus vidas en santo matrimonio, no vivan distanciados en sus sentimientos y afectos, sino vivan como dice el apóstol Pablo con respecto a la unidad y armonía propias de la vida cristiana: “sean de un mismo sentir en el Señor” (Filipenses 4:2); “sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa” (Filipenses 3:16b).  El matrimonio fue diseñado por Dios no para sentirse solo(a), sino para combatir las amenazas de la soledad.  Nunca hagan de sus vivencias y experiencias momentos que les hagan sentirse solos y alejados del uno al otro.  Más bien, permanezcan como lo han estado hasta ahora viviendo en compañerismo, compartiendo tanto las experiencias felices como las experiencias tristes que estarán enfrentando durante toda la vida.

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   La segunda solución que Dios con toda sabiduría y poder preparó para la pareja humana es, la:

II.- SOLUCIÓN PARA AMAR: EL AMOR DE DIOS.

   Lo que primero voy a recordarles es que al momento de crear al ser humano dice el texto bíblico que “creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó” (Génesis 1:27).  En esa imagen, tanto el varón como la mujer, fueron dotados con la capacidad perfecta de amar.  Dios no creó a un hombre que con falta de amor se capaz de destruir la vida y felicidad de la mujer que le daría; y tampoco creó Dios a una mujer con falta de amor para destruir la vida y felicidad del hombre a quien la entregaría para que fuese su marido.  El amor fue uno de los atributos de Dios que Él mismo transmitió a la perfección tanto al hombre como a la mujer, como el sello supremo para el matrimonio y toda relación humana.  Después de la creación, dice la biblia que entró el pecado en la vida tanto del hombre como de la mujer, y eso echó a perder toda relación humana.  Es por eso que ahora somos capaces de causar todo tipo de males aun a nuestra propia familia, a nuestros padres, hermanos, parientes, y hasta a nuestro cónyuge.  Necesitamos ayuda de Dios para que no caigamos en tal depravación pecaminosa.

   La segunda lectura que hemos hecho en este culto (1 Juan 4:7-21), contiene versículos que describen el amor como un atributo muy esencial y especial del Dios que Dios transmitió tanto al hombre como a la mujer desde que creó a nuestros primeros padres.  El apóstol San Juan describe en sus propias palabras, no solamente el origen, sino también cómo funciona este amor en el ser humano pecador.  Por gracia, Dios, a los que somos pecadores también nos dio la solución perfecta para poder expresar amor a todos, pero de manera especial a nuestro propio cónyuge.  San Juan, primero nos recuerda acerca de Dios que por causa de nuestros pecados: él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10); y luego nos exhorta diciendo: “Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros” (1 Juan 4:11).  Desde luego que esta capacidad de amar puede ser llevado en la práctica al ámbito del matrimonio.  Gracias al amor de Dios que nos fue dado no solo desde la creación sino por medio de Jesús en quien hemos recuperado nuestra capacidad de amar, podemos los seres humanos amarnos unos a otros, y también amar al cónyuge con quien hemos decidido llevar toda una vida de matrimonio.

   Amados hermanos Enrique y Priscila, y todos los presentes: Cuando por causa del pecado que persigue hasta a los que ahora son creyentes en Jesucristo, se encuentren en la tendencia de hacer lo que es malo en contra su cónyuge, recuerden que el amor de Dios que ha sido derramado (cf. Romanos 5:5) en ustedes y en todos los que somos creyentes, es más poderoso que el pecado con tal de que cada uno de ustedes puedan amarse el uno al otro.  Ya no tienen pretexto ni excusa.  Dios les ha hecho capaces de amarse el uno al otro.

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   CONCLUSIÓN: Para concluir, amados hermanos Enrique y Priscila, recuerden que el matrimonio solamente es una sombra o ilustración del amor de Dios hacia el ser humano.  Solo representa la realidad de que Dios quiere estar presente por medio de Jesucristo en la vida de cada persona, incluyendo la de ustedes.  Dejen que Jesús ocupe siempre el primer lugar en sus vidas.  Jesús les ayudará a entregarse en compañerismo y amor el uno para el otro.  El matrimonio es la institución de Dios en la que se debe reproducir el carácter de Cristo quien por amor dio su tiempo, y hasta su propia vida por la iglesia (todos los creyentes en él).  El matrimonio requiere precisamente que cada quien haga todo lo que esté a su alcance no para beneficiarse a sí mismo sino para beneficiar al cónyuge.  Para ello, es importante que Jesucristo habite en el corazón de cada uno de ustedes.  Solamente si Jesucristo toma el control de sus vidas directamente desde sus corazones, entonces podrán sostener su amor el uno para el otro durante toda la vida, pues cuando Jesucristo mora en el corazón de una persona, habrá respeto por el cónyuge, habrá comprensión, habrá perdón si llega a ser necesario.  No habrá ofensas, griterías, ni insultos.  Ese es el matrimonio que Dios bendice, y jamás se sentirán en soledad, porque vivir la experiencia del santo matrimonio es una solución prevista por Dios, mas nunca es un problema.

   Enrique y Priscila, Dios les bendiga durante toda su vida.

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[1] (USA Today, 23 de Junio del 2006, p. A1).  Dato tomado en: http://www.rlhymersjr.com/Online_Sermons_Spanish/2007/093007AM_LonelinessOfCain.html