Jul 22

QUIERO QUE MI IGLESIA CREZCA, Por: Diego Teh.

QUIERO QUE MI IGLESIA CREZCA

2 Corintios 5:11-20.

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Predicado por el Pbro. Diego Teh, el domingo 22 de julio 2018, en la congregación “Cristo es el Camino”, de la col. Chuminópolis, de Mérida, Yucatán.

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Este sermón es el # 6 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

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   INTRODUCCIÓN: Todos queremos que nuestra iglesia salga de su estancamiento de crecimiento, que crezca y se multiplique en nuevas misiones que también lleguen a ser iglesias. ¿No es así? Pero, no todos contribuyen con su testimonio, trabajo evangelístico y de discipulado, y aportaciones para que la iglesia crezca. ¿No es así también?  Es verdad que el crecimiento de la iglesia lo produce Dios y no ningún ser humano, pero esta verdad consiste en que Dios es quien produce la conversión desde el corazón de las personas para que estas sean verdaderamente cristianas, y así las prepara para unirse a su iglesia.  Sin embargo, se necesita que los cristianos vayamos a anunciar el evangelio a esas personas a quienes Dios mismo se encargará de darles la fe y ayudarles a creer en su Hijo Jesucristo.  Una iglesia cuyos miembros llevan a cabo su labor tal como Dios manda, es una iglesia que crece pronto, y que siempre seguirá creciendo, pero una iglesia cuyos miembros no demuestran interés ni siquiera en su propia preparación y crecimiento en el conocimiento de Jesucristo; y ni siquiera en su edificación espiritual, ¿qué se ha de esperar de una iglesia con esa actitud de irresponsabilidad de sus integrantes?  ¿Cuáles han de ser las experiencias de los cristianos que tienen iglesias crecientes?

  En este mensaje voy a predicarles que para que una iglesia crezca hay experiencias que necesariamente debe vivir cada cristiano que la representa.  / ¿Cuáles son las experiencias que necesariamente debe vivir cada cristiano, para crezca la iglesia que representa? / Basado en nuestro texto bíblico de 2 Corintios 5:11-20, les compartiré algunas de estas experiencias.

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   La primera experiencia que debe vivir cada cristiano para que crezca la iglesia que representa, es:

I.- EL TEMOR DEL SEÑOR.

   El apóstol Pablo, explicando cómo es que él y su equipo misionero habían sido exitosos en su labor de predicar a Cristo, y en consecuencia establecer nuevas y muchas iglesias en muchas ciudades del entonces imperio romano, les dice a los Corintios que su secreto es el siguiente: “Conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres; pero a Dios le es manifiesto lo que somos; y espero que también lo sea a vuestras conciencias” (2 Corintios 5:11). ¿Qué es lo que antes de dedicarse a persuadir a los hombres con el evangelio, dice Pablo que tenían él y todos los que trabajaban junto con él? ¿Qué es lo que dice él que conocían? La respuesta es bien clara en las palabras de este versículo: “el temor del Señor”; y en consecuencia ese “temor del Señor” que había en ellos, les impulsaba a dedicarse a persuadir a los hombres para que crean en el evangelio de Jesucristo.  Así lo hacían, y como resultado pudieron ver el surgimiento y crecimiento constante de muchas iglesias en muchas ciudades del imperio romano.

   Amados hermanos, la expresión “el temor del Señor”, es una referencia a la entrega total de Cristo el Señor a su misión de dar la vida por nosotros los pecadores necesitados de salvación, pues de otro modo seguiríamos en condenación.  Las veces que Jesús fue tentado a abandonar su misión, fue por su temor reverente y obediente a su Padre celestial, lo que le llevó a la perseverancia para lograr y obtener nuestra salvación. Su temor a Dios su Padre, le hizo perseverar en su misión.  Cuando más estuvo tentado, Jesucristo le dijo a su Padre celestial con toda decisión: “Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mateo 26:42).  Cuando Pablo dice que “conociendo, pues, el temor del Señor, persuadimos a los hombres”, lo que está diciendo es que, si Cristo no renunció su misión por nosotros, también nosotros tenemos que proclamar su evangelio sin renunciar este deber que también nos fue dado en la gran comisión.  El pensamiento que debería embargar nuestras mentes es: Si Cristo dio su vida por mí, o por nosotros, entonces, yo y cada uno de nosotros estamos en deuda con él; y lo menos que podemos hacer, es llevarles el mensaje de salvación que entrega el evangelio, porque lo haremos con la mentalidad de Cristo de que estamos haciendo la voluntad de Dios.  Si este temor del Señor fuese nuestro impulso para llevar el evangelio a otros, sin duda que muy pronto veremos el despegue y crecimiento de nuestra amada iglesia.

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   La segunda experiencia que debe vivir cada cristiano para que crezca la iglesia que representa, es:

II.- EL AMOR DE CRISTO.

   Luego de explicar que “el temor del Señor” es su primera experiencia que los impulsaba a predicar el evangelio de Cristo, y establecer iglesias, añade que hay algo adicional que él y su equipo también experimentaban.  Él dice a los Corintios: “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron” (2 Corintios 5:14).  Se sentían constreñidos por el amor de Cristo, y eso les impulsaba a predicar el mismo amor de Cristo, lo cual hacía que la gente entregara sus vidas a Cristo, y se unían a alguna de las iglesias que ellos estaban estableciendo.  Ser constreñido por el amor de Cristo, significa que al saber por la palabra de Dios cómo funciona este amor primero en la experiencia personal, uno siente inevitablemente un impulso de hacer saber acerca de este amor a otras personas.  Así es como Pablo y su equipo, iniciaron y vieron crecer no una sino muchas iglesias en tan poco tiempo.

   Amados hermanos, cuando el amor de Cristo ya es una realidad en la vida de una persona, automáticamente uno se va a sentir impulsado a compartir su experiencia con otras personas.  Pero, si uno no ha conocido o valorado ese amor divino, es entonces cuando uno no siente el impulso y necesidad de compartir el mensaje del amor de Dios, porque o no lo tiene, o no lo valora; y entonces, ¿cómo contribuirá tal persona a que su iglesia crezca?   Sin embargo, quien ha conocido ese amor, y lo valora, se da cuenta que ello es un bien importantísimo no solo para su propia vida, sino que lo puede ser también para otros, y entonces se siente divinamente impulsado para hablar a otros de ese amor.  Y sin duda que habrá personas que necesitando de ese amor de Cristo, se apropiarán de ello, y se unirán a una iglesia. Por lo general la mayoría de las personas que creen en el amor de Cristo, se unen a la iglesia de la persona o personas que le hablaron de ese amor, y así es como usted verá el crecimiento de su iglesia.  Hágalo, y verá.  Estoy seguro que usted es constreñido por el amor de Cristo, solamente le hace falta valorar ese amor que usted ha recibido.

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   La tercera experiencia que debe vivir cada cristiano para que crezca la iglesia que representa, es:

III.- EL VIVIR PARA CRISTO.

  Extendiendo Pablo su reflexión acerca del amor de Cristo, indica que por ese amor Cristo murió por todos, y entonces inmediatamente señala también lo que se espera de aquellos por quienes Cristo murió. Dice él que Cristo murió: “… para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:15).  Pablo, explica bien claro que lo esperado por Dios para todos los que creen que Cristo murió por ellos, que entonces “ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos”. Es decir, todo aquel que decide hacerse discípulo de Jesucristo, ya no debe trazar su proyecto de vida para sus propios intereses, descartando a quien dio su vida por él.  O sea, que uno debe vivir para Cristo.  Y eso, es lo que Pablo mismo estaba haciendo.  Estaba viviendo para Cristo. Entonces, al vivir para Cristo, como lo hacen todos los que viven para Cristo, se interesaba en enfocar sus esfuerzos, para que otras personas se hicieran discípulos de Jesucristo.  Es así como el apóstol Pablo, y todos los discípulos que integraron su equipo misionero, viviendo no para sí sino para Cristo, vieron surgir y crecer por todas partes, no solamente una sino muchas iglesias.

   Amados hermanos, es evidente que un gran porcentaje de los creyentes que se congregan en las iglesias, incluyendo la nuestra, aquí, no se duda de que verdaderamente hayan creído que Jesucristo, pero en realidad no están viviendo por Cristo.  Espero que usted no sea uno de ellos.  Y si lo es, pues ya sabe usted que no solamente tiene que creer en Jesús, ni debe vivir no solo para los propios y legítimos intereses de usted, sino que también tiene que vivir para Cristo quien para sacarle de la condenación eterna murió por usted para darle no solamente salvación sino también vida eterna.  ¿No amerita todo lo que hizo por usted y por todos nosotros, que cada quien, pero todos a la vez, realmente vivamos para él, haciendo lo que nos ha comisionado hacer?  Cuando cada quien hagamos eso en esta iglesia, entonces se podrá ver los resultados de una iglesia que por voluntad de Dios surgió para crecer, y no para quedar estancada por más de 30 o 40 años. El crecimiento será notable.  Pero, por ahora, hace falta que usted, yo, y todos los que nos congregamos en este lugar, tomemos la decisión de realmente vivir para Cristo, pues solo así podremos hacer nuestra tarea y ver los resultados que tanto hemos anhelado, de tener una iglesia creciente.

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   La cuarta experiencia que debe vivir cada cristiano para que crezca la iglesia que representa, es:

IV.- EL PREDICAR A/DE CRISTO.

   Cuando el apóstol Pablo explicó a los Corintios acerca del conocimiento del temor del Señor que él y su equipo misionero tenía, agregó que por ello: “persuadimos a los hombres” (cf. 2 Corintios 5:11).  Y después de explicar acerca de la experiencia de ser impulsados por el amor de Cristo, y acerca de la necesidad e importancia de vivir para Cristo porque él fue quien murió por todos, añade también lo siguiente al final del versículo 18 diciendo que Cristo: “nos dio el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5:18).  Y al final de versículo 19 vuelve a recalcar que “… nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (2 Corintios 5:18,19).  Todas estas frases son una indicación que para que la obra de Cristo se extienda, se propague, y en consecuencia para que una iglesia crezca, se requiere de persuadir, y reconciliar a las personas con Dios por medio de la palabra.  Es el equivalente de lo que en otras palabras diríamos que se trata de predicar a Cristo, o predicar de Cristo.

   Amados hermanos, una de las razones por las que una iglesia se estanca y no crece es porque deja de predicar el evangelio fuera de las cuatro paredes de su templo.  Es verdad que no dejan de predicar el evangelio, pero solamente desde el púlpito a los mismos creyentes que allí se congregan.  Solamente las iglesias que dan el paso de llevar el evangelio a la gente que están fuera de los templos, son las iglesias que crecen, porque es allá donde se persuaden a las personas para que acepten a Jesucristo como su señor y salvador.  Es allá donde se enseña a las personas a reconciliarse con Dios para recibir la salvación eterna.  Es solamente que yendo a donde la gente está, que podremos alcanzar personas que podrán venir, o más bien añadidas a esta iglesia; y así tendríamos una iglesia creciente.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, todos necesitamos experimentar: 1) el temor del Señor; 2) el constreñimiento del amor de Cristo; 3) el vivir para Cristo en gratitud por haber él muerto por nosotros para nuestra salvación; y 4) predicar a Cristo, y de Cristo a la gente que nunca por sí solos van a dar el paso de venir a escuchar de Cristo en este lugar.   Si cada uno de nosotros puede decir con toda honestidad y sinceridad: QUIERO QUE MI IGLESIA CREZCA, entonces, busquemos descubrir cada una de estas cuatro experiencias que hoy hemos encontrado en la enseñanza apostólica de Pablo a los Corintios.

Mar 18

DEJA DE HACER LO QUE DIOS NO ESPERA QUE HAGAS, Por: Diego Teh.

DEJA DE HACER LO QUE DIOS NO ESPERA QUE HAGAS

Varios textos.

.Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 18 de marzo 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 03 de la serie: SÚPER OCUPADOS.

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   INTRODUCCIÓN: Todos los que tenemos un empleo invertimos un promedio de 10 o más horas diarias fuera de casa. Y estando en casa, muchos duermen menos de cuatro horas por la noche antes de levantarse de nuevo para ir al trabajo al día siguiente. Los más relajados aprovechan dormir hasta seis horas.  Muy pocos aprovecharán dormir hasta ocho horas diarias.  Después del tiempo de trabajo de cada día en el empleo y antes de dormir, tenemos familia, tenemos parientes, tenemos iglesia, tenemos amigos, por quienes también dedicamos algún tiempo todos los días.  En ese lapso de tiempo hacemos algunas, y a vece muchas cosas. La verdad es que algunas sí valen la pena hacerlas, otras no valen la pena hacerlas. Solamente perdemos el tiempo sin provecho que valga la pena para otras personas o por lo menos para uno mismo. En el mensaje de hoy, no hablaré acerca del exceso de tiempo dedicado a trabajar en el empleo, profesión, u oficio, y que por ello caemos en la irresponsabilidad de dedicar el tiempo necesario a nuestra devoción con Dios, a nuestra familia, a la iglesia y su misión, etc… Hoy abordaremos otro aspecto en el cual muchas personas incluyendo a cristianos, desgastan sus vidas, su tiempo, y otros recursos, en actividades que no deberían estar haciendo porque desenfocan la vida de lo que verdaderamente vale la pena hacer.  A menudo, a estas personas, si alguien le pide que se involucre en un buen proyecto, siempre te van a responder: No puedo, porque tengo un compromiso ese día, esa hora; tengo algo qué hacer; etc…  Si ese fuera el caso de usted, ¿cree usted que las cosas que está haciendo son las cosas que Dios espera que usted haga, o son cosas que Dios no está esperando que usted haga?

   En el mensaje de este momento, basado en diversos textos de la palabra de Dios, voy a predicarles que para obtener mejores resultados en las cosas que hacemos, es necesario establecer criterios esenciales para dejar de hacer lo que Dios no espera que hagamos, y así hacer solamente lo que es realmente importante. / ¿Qué criterios esenciales se deben establecer para dejar de hacer lo que Dios no espera que hagamos, y así hacer solamente lo que es realmente importante, y entonces obtener mejores resultados? / En el desarrollo de este mensaje les voy a compartir algunos criterios esenciales que usted debe tomar en cuenta para que no haga cosas que Dios no espera que usted haga, sino solamente las que él espera que usted haga, y entonces se vean los resultados concretos.

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   El primer criterio esencial para no hacer lo que Dios no espera que hagamos, sino solamente lo importante que debemos hacer, para tener mejores resultados, es:

I.- TODO LO QUE HAGAS HAZLO POR MEDIO DE METAS.

   El apóstol Pablo en su epístola a los Corintios, les escribe lo siguiente: “Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire” (1 Corintios 9:26).  Es decir, en una carrera oficial ¿qué es lo que el corredor espera? Sin duda que llegar a la meta. Entonces, aunque se sienta cansado, no se va a detener bajo una sombra a descansar mientras los demás le rebasan rumbo hacia la meta. No se va a sentar ni recostar en algún lugar cómodo que él encuentre en el camino; sino que siempre va a pensar y hacer todo lo posible para llegar hasta la meta, y obtener el premio.  Los que compiten en el boxeo, no buscan solamente golpear el aire sino a su oponente para derrotarlo. En la vida cristiana, es igual, como dice el apóstol: “corro, no corro como a la ventura, […] peleo, no como quien golpea el aire”.   En otras palabras, la vida cristiana exitosa, implica establecerse metas bien definidas.

   Usted debe saber qué es lo que desea lograr, y se va a enfocar solamente en ello.  Cualquier otra cosa que aparezca como una oportunidad, o aún como una urgencia que no sea médica, pero que no contribuye a lograr la meta establecida, usted tiene que descartarlo, usted no tiene qué hacerlo, porque solamente va a ser una pérdida de tiempo. No es que Dios no quiera que usted haga eso, sino que para lograr la meta que está usted persiguiendo, Dios no espera que usted haga lo que no contribuye a alcanzar su meta.

   Jesús mismo sabía cuál era su meta en esta vida. Durante su ministerio, por ejemplo, en casa de Zaqueo dijo acerca de él mismo, que: “el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).  Esa fue siempre su misión. Así lo anunciaron los ángeles a un grupo de pastores apenas había él nacido, cuando dijeron de él: “os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor” (Lucas 2:11). Durante su ministerio, cuando tenía que viajar a otros lugares, dice los evangelios acerca de él, que: “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, …” (Mateo 9:35a,b,c). No iba con otras metas que no sea buscar y salvar personas.  Cuando oraba, esa era su objetivo.  Cuando platicaba de persona a persona, como lo hizo con la Samaritana, con el joven rico, con Zaqueo, era con ese fin.  Cuando hablaba a las multitudes, cuando hablaba a religiosos, cuando trataba con extranjeros, cuando hablaba con políticos y gobernantes, su meta era buscar y salvar perdidos.  Incluso cuando murió fue solamente para hacer efectiva su meta de buscar y salvar lo que se había perdido.

   Amados hermanos, si establecemos metas apegadas a la voluntad de Dios, tendremos una buena guía para no salirnos de la meta.  Si su meta es glorificar a Dios y servir en su obra, usted no perderá su tiempo en cosas que no contribuyen a ese fin, usted trabajará en su empleo o negocio propio, pero no tendrá problema para suspender su trabajo a determinada hora o en determinado día como el día del Señor para hacer lo que a Dios le glorifica y así usted pueda servir en su obra.  Usted no estará dejando de asistir a su iglesia precisamente el día del Señor.  Usted no estará yendo a la playa, al estadio, e incluso juntándose con familiares y amigos dos o tres domingos al mes en horario de adoración.  Todo esto es importante, pero tiene su tiempo.  En el día del Señor, está fuera de la meta, está corriendo “como a la ventura”, sin meta. Sus resultados, usted mismo se dará cuenta, manifiesta irresponsabilidad, su crecimiento espiritual es bajo e incluso nulo, sus frutos de ministerio para el Señor no se ven. Si usted no tiene metas apegadas a la voluntad de Dios, usted se encontrará haciendo miles de cosas, aunque estas cosas no sean malas sino buenas, pero no son las que Dios está esperando que usted haga.

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   El segundo criterio esencial para no hacer lo que Dios no espera que hagamos, sino solamente lo importante que debemos hacer, para tener mejores resultados, es:

II.- TU PRIORIDAD SIEMPRE DEBE SER TU VIDA ESPIRITUAL.

   Nadie espera que con los brazos cruzados nos lleguen las cosas que nos gustaría obtener, ¿verdad?  Pero no se debe abusar ni siquiera del tiempo de trabajo para conseguirlo.  Dice muy ciertamente, el autor del salmo 127: Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores” (Salmo 127:2a).  La verdad, es por demás, si en afán de conseguir lo que desordenadamente uno quiere conseguir, uno descuida su propia vida espiritual.   Jesús, así lo explicó.  Durante la predicación de su memorable sermón del monte, él hizo a sus oyentes la observación de que muchas veces las personas tendemos a preocuparnos y hasta a ocuparnos demasiado por las cosas que necesitamos o queremos en la vida.  Sin embargo, aunque se trata de cosas lícitas, obviamente hay que trabajar por ellas para conseguirlas.  Pero, en medio de los afanes que nos presenta la vida cotidiana, Jesús enseñó: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).  Buscar a Dios y su reino, es el gran secreto para no estar ocupados en hacer cosas que Dios no espera que estemos haciendo, especialmente en los tiempos que de tiempo completo y propiamente sin ninguna otra cosa qué hacer, deberíamos estar ocupados en nuestra vida espiritual.

   Es interesante observar que Jesús dice que esta búsqueda de Dios y su reino debe hacerse “primeramente”, antes de cualquier otra cosa material que lícita y legítimamente querramos obtener.  Esta es la prioridad de la vida. Quienes “primeramente” buscan a Dios, su reino, y su justicia, después de ello, todas las cosas que necesitan, dice Jesús: “serán añadidas”. No es al revés como muchas veces lo establecemos haciendo nuestro propio orden, poniendo que primeramente queremos las cosas que necesitamos y queremos, y entonces luego, y solo luego, ponemos a Dios en la lista.  Pero, si el corazón se nos llena de ambición y avaricia, otra vez decimos: Quiero más cosas primero, y hasta que yo consiga esto, esto, y esto, entonces, luego lo que tiene que ver con Dios.  Esta es la manera de pensar de muchos que no han entendido bien el evangelio de Jesucristo, o que aun habiéndolo entendido no quieren vivir lo que es una verdadera prioridad. Pero, para nosotros los discípulos de Jesús, la prioridad de la vida, debe ser nuestra vida espiritual, buscando primeramente a Dios, su reino, y su justicia.

   Amados hermanos, si tenemos este criterio esencial bien establecido, de tener como prioridad nuestra vida espiritual, no nos hallará Dios ocupados en cosas que Él no espera que hagamos; sino estaremos haciendo siempre lo que es más importante que él quiere y espera que hagamos; y finalmente los resultados buenos y abundantes serán evidentes.  Por eso cada uno de nosotros debemos buscar “primeramente el reino de Dios y su justicia”.

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   El tercer criterio esencial para no hacer lo que Dios no espera que hagamos, sino solamente lo importante que debemos hacer, para tener mejores resultados, es:

III.- APROVECHA BIEN EL TIEMPO DE CADA DÍA.

   En una exhortación que el apóstol Pablo hizo a los Efesios, instruyéndoles que en este mundo donde abunda la maldad, sean diligentes en andar como es correcto, siendo sabios en sus decisiones; y para ello, les especifica que debe ser: aprovechando bien el tiempo” (Efesios 5:16). ¿Cuánto tiempo desperdicia usted para lo que es verdadera y realmente provechoso? Solo recuerde ¿Cuánto tiempo se pasa usted durmiendo durante el día?  Para empezar quizá se levanta a avanzadas horas de la mañana, luego después de la comida, opta por una siesta que se prolonga en un gran tiempo de dormir.  Esto no es correcto, ni apropiado para una persona cristiana.  Además, cada día, ¿cuánto tiempo dedica al televisor, en programas recreativos, con mala filosofía, y que no tiene nada edificativo, sino una pésima moral?  Hay quienes ocupan más de cuatro horas diarias en ver televisión.  Dios no espera que usted haga esto cada día, ni siquiera de vez en cuando. ¿Cree usted que esto es aprovechar bien el tiempo, en el sentido que lo dijo el apóstol Pablo?  Desde luego que Dios espera que usted trabaje el tiempo necesario cada día, y no está en desacuerdo que usted trabaje tiempos extra cuando las circunstancias lo requieren.

   Pienso en un día de Jesús durante su ministerio.  Escogí partes de la narración de San Marcos.  Por ejemplo, para aprovechar bien el tiempo de cierto día, dice San Marcos que Jesús: Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35). Cuando usted se dé cuenta que durante el día no tiene tiempo para orar, entonces eso quiere decir que para aprovechar bien el tiempo, quizá usted tiene que madrugar o simplemente dormir unos minutos más de su hora normal de dormirse por la noche, o quizá tiene que dormir menos su siesta, o quizá debe disminuir el tiempo de sus paseos o de ver la televisión, o el Youtube.  Aquel día de Jesús, habiendo amanecido bien, para aprovechar bien el tiempo, Jesús les dijo a sus discípulos: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido. / Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios” (Marcos 1:38,39).  Bueno, para aprovechar bien el tiempo del día ¿sacaría usted por lo menos un poco de tiempo para ir y compartir el santo evangelio a alguien? ¿o de qué manera aprovecharía bien el tiempo después de su tiempo ordinario de trabajo?

   Pero, en otro día de Jesús, el día que le tocó alimentar a más de cinco mil personas, dice San Marcos, que después: “En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. / Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar” (Marcos 6:45,46). Jesús ya les había predicado, ahora, les da de comer, pero al final se va a otro lado, y cuando llega sin duda que ya era de noche, pero nuevamente, leemos que: “se fue al monte a orar”. No importa si ya es de noche, la prioridad de Jesús no era el dormir sin haber orado, sino orar antes que cualquier otra actividad.

   Así que amados hermanos, cuando hay genuino interés de aprovechar bien el tiempo, si es necesario madrugar, los cristianos lo hacemos.  Si es necesario posponer el descanso, lo hacemos.  Si es necesario dormir un poco más noche, también lo hacemos.  Sin embargo, no se trata de hacer más para parecernos a un súper héroe, o para que otros vean que nosotros si hacemos más, y que hasta hacemos lo que otros no quieren hacer.  Tampoco se trata de hacernos voluntariamente víctimas de estar siempre y extremadamente ocupados.  Solamente hacemos lo que está en nuestra meta de vida, a nuestra meta del año, del mes, de la semana, o del día, pero de acuerdo a la voluntad de Dios.  No nos levantaremos más temprano, ni tampoco nos dormiremos más noche solamente porque vamos a hacer cosas que no son parte de nuestra meta.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, a menudo usted se ha dado cuenta que ya no tiene tiempo para muchas cosas que usted realmente debería hacer.  Eso suele suceder porque usted estuvo haciendo muchas cosas o quizá una sola cosa, pero por mucho tiempo, cosa o cosas que usted no debió haber hecho.  Eso le sacó del camino de la meta.  Eso le robó el tiempo para lo más importante de la meta.  Usted tiene que dejar de hacer cosas que Dios no espera que usted haga.  El año solamente tiene 365 días los cuales no son suficientes para hacerlo todo. Solamente son el tiempo necesario para hacer lo que es importante que Dios espera que usted haga, para poder ver el buen resultado.  Haga un análisis de sus actividades por lo menos de casa semana o hasta solamente del fin de semana, para descubrir qué son las cosas que están fuera de meta y que le han impedido a usted desarrollar una vida realmente cristiana durante la semana, y hasta el fin de semana.

  Por ello, para no desperdiciar el tiempo, ni las fuerzas en actividades que no están de acuerdo a nuestra meta como cristianos, es necesario establecer criterios esenciales para dejar de hacer lo que Dios no espera que hagamos, y así hacer solamente lo que es realmente importante: I.- TODO LO QUE HAGAS HAZLO POR MEDIO DE METAS; II.- TU PRIORIDAD SIEMPRE DEBE SER TU VIDA ESPIRITUAL; y III.- APROVECHA BIEN EL TIEMPO DE CADA DÍA.  Así, usted se encontrará haciendo siempre lo que Dios espera que usted haga.

Nov 19

ORDENA TU CASA, PORQUE MORIRÁS, Por: Diego Teh.

ORDENA TU CASA, PORQUE MORIRÁS.

2 Reyes 20:1-11 (v. 1).

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la cong. “Cristo es el Camino” de la col. Chuminópolis, de Mérida, Yuc; el dom. 19 de nov. 2017, a las 11:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Hoy hemos leído la historia de un hombre llamado Ezequías que comenzó a reinar a la edad de 25 años (cf. 2 Reyes 18:2), y que reinó durante 29 años (cf. 2 Reyes 18:2).  Según estos datos, ¿a qué edad murió? Correcto, a sus 54 años; pero según nuestra lectura en 2 Reyes 20, estaba a punto de morir por causa de una terrible llaga ordinaria y aparentemente incurable, y Dios le sanó y le concedió 15 años más de vida.  ¿Qué edad tendría entonces cuando comenzó su tiempo de gracia para vivir? De sus 54 años, le restamos los últimos 15 que vivió, entonces tenemos el resultado de que tenía 39 años.  Y si comenzó a reinar a sus 25 años, entonces ¿cuántos años llevaba como rey? Correcto, 14 años.

   En el mismo segundo libro de los reyes, y en el segundo libro de las crónicas, los narradores de su historia nos dicen acerca de Ezequías: “E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre” (2 Reyes 18:3; 2 Crónicas 29:2).   Sin embargo, según nuestra lectura, a sus 39 años de edad, y a sus 14 años de ser rey de Judá, recibe de Dios el siguiente mensaje: “Ordena tu casa, porque morirás” (2 Reyes 20:1). ¿Qué significan estas palabras? ¿No que era un hombre recto? ¿Qué enseñanzas nos aportan estas palabras de Dios?  Pero, para darle una aplicación práctica a nuestra vida, permítame hacerle un par de preguntas: ¿Usted tiene en orden su casa? ¿usted tiene en cuenta que, si bien no está a punto de morir, de todas maneras, algún día la muerte le sorprenderá?  El orden en la casa siempre es una necesidad con respecto a nuestras pertenencias.  Nunca debería haber un tiradero de cosas en nuestra casa, ni nunca deberíamos dejar que la suciedad permanezca, porque es a través del orden y la limpieza que también reflejamos santidad o falta de santidad.  También, el orden en la casa siempre es una necesidad con respecto a los bienes que hemos adquirido.  Es importante que, en previsión de nuestra muerte, acudamos al notario, y dejemos constancia de nuestra voluntad para la distribución de la herencia que dejaremos.  Sin embargo, las palabras de Dios a Ezequías: “Ordena tu casa, porque morirás”, no tiene que ver ni con el ordenamiento de todas nuestras pertenencias, ni con el ordenamiento de nuestros asuntos legales, aunque estas cosas de por sí son necesarias.  Entonces, ¿qué significa: “Ordena tu casa, porque morirás”.?

   En este mensaje les voy a compartir que para el cumplimento de las palabras de Dios: “Ordena tu casa, porque morirás”, es necesario llevar a cabo diversas responsabilidades. / ¿Qué responsabilidades son necesarias de llevar a cabo para cumplir las palabras de Dios: “Ordena tu casa, porque morirás”.?  / En este mensaje, les voy a compartir algunas de las responsabilidades necesarias de llevar a cabo para ordenar la casa.

   La primera responsabilidad necesaria de llevar a cabo para cumplir las palabras de Dios: “Ordena tu casa, porque morirás”, es:

I.- PREPARAR BIEN A ALGUIEN QUE SIGA TUS BUENOS PASOS.

   En el idioma hebreo en el que fue escrito originalmente la palabra que en nuestra traducción tenemos como “ordena”, es: (?????, tsa?va?h cuya traducción tiene el sentido de: constituir, encomendar, o establecer).  Si había algo que había de poner en orden en su casa, no eran sus pertenencias, pues como rey tenía a su servicio un buen número de sirvientes que se ocupaban de poner todo en orden en todas las áreas de su casa.  Sin embargo, había algo que hacía falta de constituir, encomendar, o establecer.   Dios no le estaba reclamando a Ezequías que su vida era un desorden, porque él había sido un rey que a diferencia de otros reyes que le habían precedido, estaba haciendo “lo recto ante los ojos de Jehová” (2 Reyes 18:3; 2 Crónicas 29:2).  Le estaba diciendo a Ezequías que antes de que él muera, encomendara a alguien que responsablemente tomen su función de gobernar bien al pueblo de Judá, como él lo había estado haciendo.

   ¿Pero quién debería ser su heredero al trono?  Por derecho divino, era el primogénito.  Pero el detalle relevante, es que, a sus 39 años de edad, Ezequías no tenía un hijo que le sucediera en el trono, pues el dato que tenemos es que su primer hijo Manasés al comenzar a reinar tenía solamente 12 años (cf. 2 Reyes 21:1), lo cual quiere decir que le nació a Ezequías al tercer año de los 15 años de gracia que Dios le dio.  “Ordena tu casa”, era para él, buscarse una esposa con quien tener por lo menos un hijo, porque a su antepasado David, Dios mandó a decirle por medio de su profeta Natán: “Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente” (2 Samuel 7:16). Y Ezequías como descendiente de David no podía quedar sin hijo, pues es por eso que Dios le dijo: “Ordena tu casa, porque morirás”, y la razón de añadirle 15 años más de vida, le fue explicado de parte de Dios por el profeta Isaías, diciéndole: “añadiré a tus días quince años, y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y ampararé esta ciudad por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo” (2 Reyes 20:6).  El amor de Dios por su pueblo, requería de un hijo de Ezequías, para que siguiera el cumplimiento de la promesa hecha por Dios a David.  Finalmente, así ocurrió. Ezequías tomó por mujer a Hepsiba quien fue la madre de Manasés el sucesor de Ezequías en el trono (cf. 2 Reyes 21:1).  Y tendría Ezequías doce años para instruirle, lo cual tenía que aprovechar al máximo porque su tiempo estaba medido.  Desafortunadamente, a pesar de la instrucción del temor a Dios que Ezequías le debió haber enseñado a Manasés, por mucho tiempo fue un rebelde haciendo lo malo delante de Dios, pero finalmente tras una dura circunstancia que tuvo que enfrentar por fin Manasés reconoció que Jehová era Dios (cf. 2 Crónicas 33:10-13); y entonces comenzó a hacer lo bueno delante de Dios.  En este sentido, para Ezequías, la exhortación “ordena tu casa”, era la instrucción de Dios para que este dejara en su hijo un buen legado.

   Amados hermanos, cada uno de nosotros los padres de familia, tenemos la responsabilidad de ordenar nuestra casa, primeramente, enseñando a nuestros hijos los principios de temor a Dios para que ellos hagan la buena voluntad de Dios; aunque si alguna vez no la hicieren, nosotros ya habremos cumplido nuestro deber. Ya habremos sembrado la buena semilla que germinará en su momento, y luego producirá el fruto del bien.

   La segunda responsabilidad necesaria de llevar a cabo para cumplir las palabras de Dios: “Ordena tu casa, porque morirás”, es:

II.- EDIFICAR LA VIDA ESPIRITUAL DE TU FAMILIA.

   En el original hebreo la palabra “casa” que leímos en español en 2 Reyes 20:1, se utiliza la palabra: (bayit (??????) que en un español más preciso su acepción es: familia o linaje.  La traducción “casa” no es incorrecta, sin embargo, no es precisa para entenderla en nuestro contexto porque la palabra “casa” tiene diversas acepciones tanto en el idioma hebreo como en nuestro idioma español.   La acepción precisa es: familia o linaje.  En el concepto hebreo, familia son todos los que viven bajo el mismo techo de un padre de familia, incluyendo a menudo hasta a los sirvientes o esclavos en el caso de que lo hubiesen.  Es así que la exhortación “ordena tu casa”, no era solamente la exhortación para que Ezequías se buscase una esposa, y que tuviese con ella un hijo que continuara la dinastía de David a quien Dios le prometió un descendiente que en cada generación sería un rey; sino que “ordena tu casa”, era también la exhortación de poner orden la vida espiritual tanto de él como el de todas las personas que estaban al servicio de Ezequías.  En otras palabras, Ezequías tenía que preocuparse no solamente de proveer el salario o la manutención de sus siervos, familiares, y parientes, sino que también tenía que guiarlos hacia el temor de Dios.  No era profeta, ni sacerdote, sino rey, pero aun así tenía que velar por la vida espiritual de los que dependen de él para el trabajo y manutención.  Esto también es lo que sucede en casa en una familia, el padre de familia, aunque no sea un pastor, misionero, predicador, evangelista, o maestro de biblia o religión, tiene el deber de conducir espiritualmente en la fe primeramente a los hijos, pero también a todo aquel que vive bajo nuestro techo.

   Amados hermanos, en la vida cristiana de nuestro tiempo a unos 2,700 años después de Ezequías, siempre tenemos la responsabilidad de procurar que toda nuestra familia sea consagrada a Dios por medio de Jesucristo.  La esposa debe estar procurando que su esposo venga a la fe, pues el apóstol Pedro enseña a las casadas, diciéndoles: “Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, /  considerando vuestra conducta casta y respetuosa” (1 Pedro 3:1,2).  El hombre casado también debe procurar que su esposa sea creyente, pues el mismo apóstol Pedro enseña a los casados, diciendo: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).  E igualmente los padres deben estar haciendo lo mismo para con sus hijos que no han abrazado la fe cristiana.  Los hijos creyentes cuyos padres no profesan la fe cristiana también deben estar ayudando a sus padres a integrarse a la fe cristiana. Entre hermanos en la familia también deben ayudarse mutuamente para que nadie se pierda la gracia salvadora de Jesucristo.  Esta es una casa o familia que busca ser ordenada con respecto a la eternidad a la que un día todos tenemos que entrar.  Se espera que usted entre por la puerta de la eternidad del cielo, y no por la puerta de la eternidad del infierno.  Para que no entre usted ni su familia por la puerta del infierno, ordene usted su casa en el aspecto espiritual ayudando a todos los integrantes de su familia a que crean y reciban a Jesucristo como el único salvador que puede librar de la condenación eterna no solamente a una persona sino a toda la familia.

   La tercera responsabilidad necesaria de llevar a cabo para cumplir las palabras de Dios: “Ordena tu casa, porque morirás”, es:

III.- PREPARARSE PARA EL MOMENTO DE LA MUERTE.

   Las crónicas bíblicas nos relatan que Ezequías por haber sido un rey recto delante de Dios, fue por ello “prosperado […] en todo lo que hizo” (cf. 2 Crónicas 32:30), pero como suele ocurrir con mucha gente, se le estaba olvidando que algún día iba a morir y que había cosas importantísimas que él debía ordenar para cumplir así el propósito de Dios para su vida.  Es por eso que, de parte de Dios por medio del profeta Isaías, recibió la exhortación “ordena tu casa”, pero con un indicativo relevante acerca del motivo por el cual es necesario estar en orden en casa: “porque morirás”. ¿Quién está listo para morir?  Sin estar esperando que la muerte nos ocurriera pronto o el mismo día de hoy, deberíamos ya estar listos por si acaso nos sorprende tan inesperado día.

   Og (o Agustín Mandino), aunque su perspectiva no es cristiana sino humanista y superacional, en el quinto pergamino de su libro best seller: “El vendedor más grande del mundo”, dice: Viviré este día como si fuese el último de mi existencia. Y si no lo es, caeré de rodillas y daré gracias”[1].  Este escritor, aunque solamente explica lo importante que es aprovechar el hoy sin arrastrar los problemas del ayer tras nosotros, y sin preocuparse de lo que traerá el mañana, tiene razón en que es importante vivir cada día como si fuese el último día de nuestra vida.  Aunque Jesucristo tendría muchas cosas que corregirle a Mandino, porque su perspectiva solamente es filosófica-metafísca[2] y no cristiana, es cierto que para muchos hoy será el último día. ¿Qué tal si hoy es el último día para mí o para usted?

  Jesucristo nuestro Señor, les refirió una parábola a sus discípulos acerca de un hombre que él califica como necio porque no piensa que el último día o momento de su vida podría ser hoy mismo.  La parábola va así: “La heredad de un hombre rico había producido mucho. / Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? / Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; / y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. / Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12:16b-20).  La vida no es solamente para trabajar, ni solamente para acumular cada vez más ganancias, aunque estas se obtengan de manera legítima, pues una vez que uno muere, todo ello quedará en manos de otra persona.  Por supuesto que eso no tiene nada de malo, porque así dejamos un patrimonio útil y beneficioso para quienes nos hereden.  Pero, al mismo tiempo que vivimos y trabajamos hay que prepararse y mantenerse preparados para esperar el momento cuando tengamos que partir al otro mundo de la eternidad.  No se trata de estar temiendo la llegada de nuestra muerte, sino de estar siempre preparados para evadir el infierno ardiente, y asegurarnos de que estamos camino a la casa celestial.

  Amados hermanos, nosotros debemos vivir pendientes de que en cualquier momento puede llegar el fin de nuestra vida.  No debemos estar solamente preparados para trabajar, adquirir más bienes, ser exitoso en todo lo que hacemos, sino que es necesario estar pendientes y preparados para el inesperado momento de nuestra muerte.  La razón principal de prepararse para el momento de la muerte es para evitar ir a la condenación eterna, y en vez de ello, para ir al cielo eterno de Dios.  Y esto solamente es posible si mientras vivimos creemos y perseveramos en la fe en Jesucristo.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, además de un impecable diseño de nuestras casas, a pesar de tener nuestras pertenencias muy en orden en nuestras casas, Dios espera que estemos dejando en nuestros hijos y demás miembros de nuestra familia una huella o legado de nuestra fe y obediencia que les servirá para enfrentar los embates del pecado que amenazarán a la siguiente generación.  Sobre todo, y de una manera muy personal es necesario prepararse por medio de la fe en Jesucristo para acceder no a la infernal eternidad sino a la gloriosa eternidad donde Dios el Padre y su Hijo Jesucristo serán el centro de atención que vale la pena conocer.

   Ojalá usted quiera poner en orden su vida personal, pero también pueda ordenar su casa o familia, para que todos estén en sintonía con la voluntad de Dios.

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[1] http://kikovelezmoro.com/el-vendedor-mas-grande-del-mundo/pergamino5/

[2]  Según el Wikipedia, Og Mandino, “tras el final de la guerra […] se encontró con enormes dificultades para encontrar empleo, por lo que probó suerte como vendedor de seguros pero fracasó. Debido a varios deslizamientos se vuelve alcohólico y termina perdiendo a su familia y trabajo. Pensó varias veces en suicidarse, pero su vida cambió cuando entró en una biblioteca bajo el pretexto de leer cuando sólo quería recibir refugio ya que había mucho frío afuera. Un libro digno de mención, “Actitud Mental Positiva: Un Camino al Éxito” por Napoleon Hill y W. Clement Stone; Empezó a leerlo, y a partir de ese día comenzó a ser instruido con varios libros de autoayuda que le ayudaron a salir de la depresión y el alcoholismo. Con el tiempo se convirtió en un escritor de éxito que logró llegar a la sala de la fama de la National Speakers Association (“National Speakers Association”).  https://es.wikipedia.org/wiki/Og_Mandino