Sep 23

CÓMO SER UN EVANGELIZADOR, Por: Diego Teh.

CÓMO SER UN EVANGELIZADOR

Juan 1:40-46.

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Elaborado por el Pbro. Diego Teh, para ser predicado el domingo 23 de septiembre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

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Este sermón es el # 9 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

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   INTRODUCCIÓN: Nuestro texto bíblico de hoy, nos presenta a dos pares de personas que llegaron a ser discípulos de Jesús, y posteriormente sus apóstoles.  Se trata de Andrés y Simón, dos hermanos; y de Felipe y Natanael[1], dos amigos.  Ambos pares tienen similitudes como el que uno de ellos sirvió de medio para llevar al otro a conocer a Jesús, y a enrolarse a su grupo de discípulos. La historia del llamamiento del apóstol Simón también conocido como Pedro, está estrechamente relacionado con el llamamiento del apóstol Andrés.  El llamamiento del apóstol Natanael, está estrechamente relacionado con el llamamiento del apóstol Felipe.  El llamamiento de ambos pares está consignado por el apóstol Juan en Juan 1:40-51, texto que usaré parcial y selectivamente en este mensaje.  De manera específica, centraré la atención tanto en los versículos 41 y 42, que de Andrés con respecto a Simón, dicen: “Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). / Y le trajo a Jesús” (Juan 1:41,42a); así como en los versículos 45 y 46, que de Felipe con respecto a Natanael dicen: “Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. / Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve” (Juan 1:45,46).  Esencialmente de estos versículos y de su contexto, les presentaré el mensaje de este momento que he titulado: CÓMO SER UN EVANGELIZADOR.  Todos debemos ser evangelizadores, pero cómo podemos serlo.  Esto es lo que me propongo compartirles en esta predicación.

   De manera específica el mensaje consistirá en explicarles que hay consideraciones esenciales que cada creyente debe tomar en cuenta para ser un evangelizador. / ¿Cuáles son las consideraciones esenciales que cada creyente debe tomar en cuenta para ser un evangelizador? / A continuación les presentaré tres de estas consideraciones esenciales.

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   La primera consideración esencial que cada creyente debe tomar en cuenta para ser un evangelizador, es:

I.- COMENZAR SOLO CON UNA PERSONA.

   Usted no tiene que comenzar en un parque proclamando el evangelio ante la gente que está de paso, o a los pocos que estén cerca sentados, o a los pocos que se detengan a escucharle.  Usted debe comenzar de preferencia en particular con una sola persona. Andrés, tan pronto tuvo el privilegio de conocer a Jesús, y el lugar donde él estaba hospedado, nos relata San Juan que inmediatamente “Este halló primero a su hermano Simón” (Juan 1:41).  Andrés no se fue a reunir a una multitud, sino que comenzó con una sola persona.  Además, es interesante que haya sido su propio “hermano Simón”, y no otra persona de las tantas que debió haber visto en el camino.  En el caso de nuestro texto bíblico, igual, dice que: “Felipe halló a Natanael” (Juan 1:45a). Felipe también no se preocupó por reunir a una multitud, e incluso, igual, ni siquiera a cuanta gente debió haber visto en el camino, sino que fue específicamente en busca de Natanael.  También, el caso, es igual de interesante, pues, aunque no era su hermano, como en el caso de Andrés con Simón, pero era su amigo, con el que seguramente crecieron juntos en la misma población.  El caso, es que también comenzó con una persona.

   Amados hermanos, quizá más de uno de los que estamos aquí presentes, piensa que no tiene el don de ser evangelista de aquellos a quienes Dios mismo les ha dado el don de hablar el evangelio ante multitudes de personas, pero a todos, Dios nos ha dado el don de poder evangelizar de manera personal a un familiar, a un amigo, a un compañero de trabajo, a un vecino, y a toda oportunidad en la que haya un oyente, o dos, o tres, que en realidad no son tantos.  Es así como uno puede ser un evangelizador, comenzando con una persona.   Usted en muchas ocasiones tiene la oportunidad en la calle, en la tienda, en el trabajo, en la escuela, etc… de encontrarse con personas con las que platican de uno a uno.  Haga el esfuerzo de comenzar así con una sola persona.

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   La segunda consideración esencial que cada creyente debe tomar en cuenta para ser un evangelizador, es:

II.- HABLAR CENTRALMENTE DE JESÚS.

   Ser un evangelizador como lo sugiere esta misma palabra “evangelizador”, tiene que ver con el evangelio.  Y hablar del evangelio es esencialmente hablar centralmente de Jesús.  Con respecto a esto de hablar centralmente de Jesús, lo que podemos observar de Andrés es que “le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo)” (Juan 1:41).  El interés de Andrés no fue de contarle a su hermano de qué preciosa era la casa que él había visto donde Jesús estaba hospedado, sino concretamente fue hablarle centralmente de Jesús diciéndole con toda seguridad que él y otras personas entre ellos Felipe y otros más: “Hemos hallado al Mesías”.  Lo que también podemos observar del apóstol Felipe con respecto a esto de hablar centralmente de Jesús, es que él por su parte, cuando le tocó ir a buscar a su amigo Natanael, cuando le hubo hallado dice San Juan que Felipe le dijo a Natanael: “Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.” (Juan 1:45b).  Es evidente que la centralidad de la conversación que Felipe inició con su amigo Natanael, fue el hablar de Jesús.  Cualquier otra conversación que no fuera hablarle de Jesús, no hubiese tenido sentido de haberle ido a buscar, ni cumpliría el propósito de compartirle a Natanael tan importante y divino descubrimiento.

   Amados hermanos, en nuestra necesidad de ser evangelizadores, tenemos que poner en práctica el hablar de Jesús en nuestras conversaciones, de lo contrario nunca seremos evangelizadores.  Ese el problema que muchos de nosotros hemos tenido, el no hablar de Jesús.  ¿Cómo es posible que si somos cristianos, que si creemos en Jesús, que si conocemos el evangelio de Jesús, no podemos entonces hablar de él?  ¿No será acaso que en realidad no conocemos ni hemos realmente experimentado el conocer a Jesús y su evangelio?  Para ser un evangelizador, es esencial que antes que hablar cualquier otro tema de conversación, hay que hablar de Jesús.  Es a esto que el apóstol Pablo se refirió cuando les escribió a los Corintios diciéndoles: “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. / Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Corintios 2:1,2).

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   La tercera consideración esencial que cada creyente debe tomar en cuenta para ser un evangelizador, es:

III.- APRENDER A RESPONDER PREGUNTAS.

    No parece que Simón haya tenido alguna duda cuando su hermano Andrés le dijo que él y otros habían hallado al Mesías.  Lo único que san Juan nos relata es que Andrés: “… le trajo a Jesús” (Juan 1:42).  Por lo menos en aquel primer momento, Simón no hizo preguntas, no manifestó dudas, etc…, pero en el caso de Natanael, no fue así.  Cuando escuchó que su amigo Felipe le diga: “Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret” (Juan 1:45), inmediatamente Natanael reaccionó con una pregunta que implicaba una duda, pues, “Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Juan 1:46).  Felipe, tenía que dar una respuesta.  San Juan nos dice que: Le dijo Felipe: Ven y ve” (Juan 1:46).  Esa fue la sabia respuesta de Felipe, sin embargo, en otros casos tenemos que dar una respuesta más amplia, más que solo “Ven y ve”.  Pero, lo que es claro aquí en este punto es que es necesario estar preparado para responder.  A veces serán preguntas fáciles que hasta el que tiene menos experiencia las podría responder, pero otras serán preguntas difíciles que hasta el más experto evangelista no podrá responderlas con rapidez y fluidez.

   Amados hermanos, la gente siempre va a hacer preguntas, y merecen recibir una respuesta que no sean clichés, que no sean superficiales, ni ilógicas, ni contradictorias, sino bíblicas, profundas, claras, y congruentes.  Esto hace necesario que nosotros los creyentes y evangelizadores, nos dediquemos con toda responsabilidad a aprender las enseñanzas del evangelio del reino de Dios, las doctrinas de la gracia que emanan de este evangelio, las cuáles tienen las respuestas para cualquier pregunta fácil o difícil que nos hagan las personas. Por eso, es importante que aprovechemos los estudios bíblicos en sábado o domingo, aunque sea una vez por semana que es cuando por lo general hay más tiempo para asistir a una clase.  Pero hasta donde sea posible, debemos cultivar otros momentos personales entre semana, ya sea estudiando personalmente o con alguien más, en nuestra casa o en algún otro lugar apropiado.  Debemos aprender bien las doctrinas de la gracia del evangelio, para saber responder hasta a los que contradicen el evangelio.  Esto también es algo esencial que debemos hacer para que cada uno de nosotros sea un evangelizador.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, todos somos llamados y enviados a proclamar el reino de Dios, el evangelio de Jesucristo; es decir, todos debemos ser evangelizadores, porque para eso también fuimos llamados.  En este mensaje solamente les he compartido tres de las consideraciones esenciales que, si usted nunca ha tenido la experiencia de ser un evangelizador, usted podrá comenzar a serlo, si las toma en cuenta.  1) Usted debe comenzar no con multitudes, y ni siquiera en un púlpito de iglesia, sino comenzando con una sola persona a la vez, que podría ser de su propia familia como lo hiciera Andrés, o a un amigo como lo hiciera Felipe.  2) A la persona a quien usted intencionalmente acudirá, el tema de conversación que deberá entablar con él o ella, deberá estar centrado en Jesús, pues cualquier otra conversación que no sea hablar de Jesús, no es lo que hace una persona que evangeliza.  3) Usted no siempre tiene o sabe todas las respuestas para las preguntas que la gente hace cuando se les presenta el evangelio, y hasta donde sea posible, usted no siempre estará esperando y acudiendo a otras personas para que respondan las preguntas de las personas a quien usted evangeliza.  Usted debe con toda responsabilidad dedicar tiempo para estudiar las enseñanzas de la gracia del evangelio.

   Amados hermanos, somos una iglesia de evangelizadores.

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[1]    Natanael, es la misma persona que en los evangelios es mencionado como Bartolomé, nombre procedente del arameo bar-Tôlmay, “hijo de Tôlmay”, que en griego sería ???????????? (Bartolomeos), cuyo significado es: “Hijo de Ptolomeo”. Como en los escritos de San Mateo (10:3), San Marcos (3:18), y San Lucas (6:14), después de mencionar a Felipe, se menciona junto a él, a Natanael, y siendo Juan el único que menciona el nombre Natanael junto al de Felipe, y no habiendo un discípulo número 13 llamado por Jesús, entonces, el Natanael mencionado por Juan se trata del mismo Bartolomé.

Sep 09

MIRA ADELANTE, A LA ETERNIDAD (I), Por: Diego Teh.

MIRA ADELANTE, A LA ETERNIDAD, (I)

 Hebreos 11:8-10, 23-27; 12:1-3.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 09 de septiembre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 08 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN:  Hebreos capítulo 11 es un capítulo bastante hermoso que tiene que ver con la vida de personas que se mantuvieron fieles en el servicio a Dios que en su momento les correspondió.  Muchos de ellos perdieron la vida, incluso antes de ver el fruto de sus esfuerzos, pero según el apóstol, “Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; / proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (Hebreos 11:39,40).  Pero, algo es cierto, todos ellos tenían su esperanza en los valores de la eternidad.

   En el mensaje de este momento, utilizaré los resúmenes muy enfáticos que hace el apóstol que escribió la epístola a los hebreos, con respecto a la vida de dos personajes de la antigüedad: De Abraham como del 2000 a. C, de Moisés como del 1500 a. C, y de Jesús el Hijo de Dios; de quienes describe cómo ellos aunque nos precedieron hace como 4000, 3500, y 2000 años respectivamente, en sus respectivos tiempos, ellos, aunque realmente no fueron los únicos, miraron hacia la eternidad aun estando en la misma dimensión actual del tiempo en el cual nosotros también estamos.  El lenguaje retórico con el que se describe sus respectivas maneras de haber mirado hacia la eternidad, se expresan así: Con respecto de Abraham dice que: “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10); y con respecto de Moisés dice primero que: “rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, / escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado” (Hebreos 11:24,25), y luego dice de él que su razón para rehusarse de sus privilegios terrenales fue: “teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios” (Hebreos 11:26a), y también dice que él: “tenía puesta la mirada en el galardón” (Hebreos 11:26b), y finalmente dice de él que: “se sostuvo como viendo al Invisible” (Hebreos 11:27).  Y con respecto a Jesús, dice de él que: “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2b).

   En la predicación de este momento, voy a compartirles la siguiente verdad: Una persona que verdaderamente teme a Dios se interesa grandemente por los valores sumamente preciosos de la eternidad. / ¿Cuáles son los valores sumamente preciosos de la eternidad por los cuales se interesa una persona que verdaderamente teme a Dios? / Basado en la narración del apóstol que escribe a los hebreos, con respecto a los intereses de Abraham, Moisés, y de Jesús nuestro Señor y Salvador, voy a describirles algunos de estos valores sumamente preciosos.

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   El primer valor sumamente precioso de la eternidad por el cual se interesa grandemente una persona que verdaderamente teme a Dios, es:

I.- DIOS MISMO.

   No hay mayor valor supremo ni en la tierra ni en el cielo que sea mayor que Dios.  Tanto Abraham, como Moisés, así como Jesús el mismo Hijo de Dios, su mayor interés o anhelo siempre fue Dios.  En cuanto a Abraham, aunque “esperaba la ciudad que tiene fundamentos”, no esperaba cualquier ciudad sino específicamente la que “cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10). No la que fundó el español don Pedro Menéndez de Avilés, durante la segunda mitad del siglo XVI, hoy la ciudad más antigua de EEUU: San Agustín, Florida[1].  Ni la que fundó el español Felipe de Neve Padilla y que ahora es la segunda ciudad más importante de Estados Unidos: Los Ángeles, California[2].  Ni Guanajuato, que fundó Antonio de Mendoza; ni Zacatecas, que fue fundada por Juan de Tolosa, Baltasar Treviño de Bañuelos, Cristóbal de Oñate y Diego de Ibarra; ni San Cristóbal de las Casas, Chiapas, fundada por Diego de Mazariegos; ni Puebla de Zaragoza, que fue fundada por Fray Julían Garcés y el oidor Juan Salmerón; ni Veracruz, que fue fundada por Hernán Cortés; ni Santiago de Querétaro, que fue fundada por Conín o Fernando de Tapia, un indígena otomí; ni nuestra ciudad de Mérida, fundada por Francisco de Montejo el Mozo.  Abraham, esperaba la de “Dios”, pero sin duda que primeramente a Dios mismo.  Ese es el valor supremo más importante que debe interesar a toda persona que dice temer a Dios.

   Moisés por su parte, dice el apóstol que escribió a los hebreos, que: “se sostuvo como viendo al Invisible” (Hebreos 11:27).  Es por eso que 1500 años antes de Cristo, tuvo “por mayores riquezas el vituperio de Cristo” (Hebreos 11:26a).  Pero, como para el tiempo de Moisés, Cristo no estaba aquí en la tierra, entonces tuvo que haberle mirado o esperado en él, mientras todavía estaba en la eternidad.  Así que podemos decir que Moisés estaba mirando hacia la eternidad, nada menos que a primeramente a Dios.   Nuestro Señor Jesús por su parte, estando aquí en la tierra tuvo oportunidades de ser entronado como rey en algún lugar de Palestina, pero para él aquella oportunidad era solamente terrenal, pues como a él le interesaba lo eternal y celestial, prefirió rechazar tal oportunidad o tentación para él, enfocándose a lo que finalmente obtuvo que según nuestro texto bíblico: “se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2). No le interesó sentarse junto a un César de Roma, ni junto a un Herodes en Palestina, ni junto a un gobernante prestigiado funcionario romano, sino que deseaba estar nada menos que con Dios. Eso es interesarse por Dios como valor supremo de la eternidad.

   Amados hermanos, se espera que nosotros también, temerosos del mismo Dios de Abraham, y Moisés, también tengamos como valor supremo al Dios de la eternidad, demostrando interés siempre de llegar a su presencia eterna y celestial.

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   El segundo valor sumamente precioso de la eternidad por el cual se interesa grandemente una persona que verdaderamente teme a Dios, es:

II.- CRISTO MISMO.

   Todos los que miran hacia adelante, hacia la eternidad, si en el fondo de sus corazones anhelan a Dios, entonces, no pueden omitir, descartar, o hacer a un lado a su Hijo Jesucristo.  Para comenzar, debe quedarnos claro que Jesús el Cristo, el Hijo de Dios, aunque es una persona divina distinta en persona a la persona del Padre, no es distinto a Dios en naturaleza o esencia.  Es el mismo Dios de donde se origina su manifestación al haber venido a nacer, vivir, hacer su ministerio, morir, y hasta resucitar aquí en la tierra.  No podemos dividir la esencia o naturaleza de Dios el Padre, con la de Jesús, como si fuesen dos Dioses distintos.  Cuando Moisés 1500 años antes de Cristo, miraba desde ese entonces a Dios, tuvo al mismo tiempo: “por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios” (Hebreos 11:26).  Eso no quiere decir que Moisés solo esperaba que Cristo apareciera en la tierra para venir a sufrir o ser vituperado, sino que desde entonces, al esperar en el Dios de la eternidad, esperaba también a Cristo quien todavía se encontraba eternamente con el Padre y con el Espíritu Santo.

   Pero, a Cristo no hay que mirarlo solamente en la eternidad, sino también en la dimensión del tiempo.  Moisés también tuvo un entendimiento claro de la razón por la que Cristo vendría a esta tierra.  En el lenguaje del apóstol a los hebreos, Moisés entendió que Jesús vendría para ser vituperado.  Vituperio, significa: Censura o desaprobación que una persona hace con mucha dureza contra algo o alguien.  Eso fue lo que los religiosos, políticos, y autoridades del tiempo de su nacimiento y ministerio hicieron en contra de él.  No fue aprobada su naturaleza divina, no fue tan creído su evangelio del reino de los cielos, no fueron aceptados como divinos sino como del demonio sus sanidades, y hasta su muerte burlonamente fue exhibida como la muerte del rey de los judíos.  Solamente fue su Padre celestial, Dios, quien aprobó la vida de su Hijo Jesucristo, de quien nunca dudó en decir: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17; 17:5).  Por eso le resucitó como evidencia de su aprobación, para vergüenza de quienes durante su vida y ministerio le desaprobaron.

   Amados hermanos, el vituperio, sufrimiento, o pasión de Cristo, es el valor eterno todavía accesible aquí en el presente, valor que debemos como Moisés valorar.  La muerte de Cristo garantizó el pago de nuestros pecados que, si creemos en él se hace efectivo en nosotros el perdón de Dios.   Por eso, vale la pena interesarnos ahora en el valor del Cristo eterno que nos ofrece perdón y vida eterna.

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   El tercer valor sumamente precioso de la eternidad por el cual se interesa grandemente una persona que verdaderamente teme a Dios, es:

III.- EL GALARDÓN.

   Una de las afirmaciones que enfatiza el apóstol a los hebreos acerca de Moisés, pero que implícitamente también lo dice tanto de Abraham como de Jesús, es que: “tenía puesta la mirada en el galardón” (Hebreos 11:26b). ¿Qué galardón? ¿A qué le llama galardón? Según un diccionario que no lo define de manera cristiana, pero que sí aporta la definición más popular, es que: Galardón es un premio, generalmente honorífico, que se concede a alguien por sus méritos o por haber prestado determinados servicios.  Si es honorífico, entonces no es que sea meritorio, entonces se trata de algo que por privilegio se le da a una persona a pesar de que no lo ha ganado por derecho.  Eso mismo, ocurre con una persona que recibe un galardón de las manos de Dios.  Es algo no merecido, pero que es legítimo desearlo, y perseverar en obtenerlo por gracia.

   La descripción que nos da el apóstol en su epístola acerca de Abraham, es que este: “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10).  Este hombre, siempre fue un peregrino que en sus viajes nunca conoció alguna ciudad que fuese eterna, inconmovible.  Aunque no fue testigo de terremotos, deslaves, y otros fenómenos naturales, es probable que conoció cambios y destrucción de ciudades que antes fueron de renombre, pero que en sus tiempos ya no eran más que historia.  De hecho el territorio de dónde es originario, había sido cuna de las primeras ciudades que ya ni existían para su época.  ¿Cómo no desaría Abraham, “la ciudad que tiene fundamentos”?  Esta expresión es solamente una manera de referirse al galardón de poder entrar a las moradas celestiales que Dios ofrece por medio de la fe en Cristo a quienes creen que él dio su vida para salvación eterna de los pecadores.  La mera cancelación de la condenación eterna de los que creen en Jesús, es un galardón.  La entrada al cielo, la ciudad celestial, es otro galardón, que ha sido anhelado desde más de 40 siglos no solo por Abraham, sino por todos los que temen a Dios.  ¿No desea usted también este galardón celestial?

   Amados hermanos, y como supremo ejemplo, tenemos también el de Jesucristo, de quien el mismo apóstol dice de él que: “se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2).  ¿Cómo después de haber estado aquí en la tierra, se pudo haber sentado en semejante lugar que no se encuentra en la tierra sino el cielo que no está dentro de nuestra atmósfera temporal sino en la eternidad?   Solamente pudo, porque no perdió de vista el volver a la eternidad.  Su “gozo puesto delante de él” fue el encontrarse de nuevo en la eternidad con su Padre celestial.  Eso le hizo enfrentar sin queja alguna, la cruz y el oprobio.  Y el resultado, fue que también recibió el galardón de sentarse “a la diestra del trono de Dios”.   Siguiendo su ejemplo, no perdamos el ánimo de seguir adelante mirando el galardón que nos espera.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ninguno de los que hoy escuchamos esta palabra de Dios, ninguno de los que hemos creído en el evangelio demos marcha atrás, porque como dijo Jesús: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62).  Que todos miremos y vayamos en poso de los valores eternos sumamente preciosos: Dios el supremo valor precioso, su Hijo Cristo no menos valioso y precioso, y el galardón destinado para todos los que temen a Dios de corazón.  Esto tampoco es poca cosa, es sumamente valioso, si alguien no lo entiende así, compárelo nada más con el entorno del infierno que antes merecíamos.  Todos estos valores son sumamente preciosos.   Que Dios, su Hijo Cristo, y su galardón, sean las metas presentes de nuestra vida en pos de la eternidad.

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[1] https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-04-01/el-fundador-de-la-ciudad-mas-antigua-de-estados-unidos_1358932/

[2] https://www.abc.es/archivo/20140908/abci-felipe-neve-fundador-angeles-201409041946.html

Ago 12

MIRA AL LADO, TIENES UNA IGLESIA, Por: Diego Teh.

MIRA AL LADO, TIENES UNA IGLESIA.

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 Colosenses 3:5-17.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 12 de agosto 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 07 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN: Tenemos una iglesia disponible.  No me refiero al edificio donde nos reunimos. Al edificio se le llama templo.  La iglesia son las personas que han sido llamadas por Dios para creer en Jesucristo y consagrar su vida a él para un servicio de por vida.  Cuando alguien dice que va al templo, lo que quiere decir es que va al templo, al edificio.  Pero, cuando decimos que vamos a la iglesia, aunque hay quienes todavía así lo entiendan, podría ser no necesariamente en el templo, sino en cualquier otro lugar donde pudieron haber acordado reunirse.  Por ejemplo, algunas veces nos reunimos en casas previendo que haya espacio para todos los que tengas que acudir.  Nos hemos reunido en locales amplios donde luego es apropiado llevar a cabo una convivencia con mesas para disfrutar juntos un refrigerio.  También hemos tenido la oportunidad de reunirnos en un estadio deportivo.  Aunque estos lugares no son templos, los cristianos que allí se reunieron son la iglesia.  Por otra parte, no se necesita un gran número de personas para conformar una iglesia, pues donde sea que se congreguen dos o más personas creyentes en Jesucristo con el fin de adorar a Dios, ellos son iglesia.  Hoy, los que estamos aquí reunidos, no deberíamos tener ninguna duda de que somos la iglesia de nuestro Señor Jesucristo.  Usted está en la iglesia.  Usted no está como en un club, como en un mercado, o como en su tienda o súper preferido, donde usted no tiene interacción con todos los que allí casualmente se encuentren. Pero, la iglesia no es así, usted tiene que estar plenamente consciente que no está solo, sino que hay otros como usted que necesitan de su ayuda, y que hay otros como usted que le pueden ayudar, y tenemos que estar en permanente interacción con ellos.   Los que están siguiendo los sermones de esta serie, podrán recordar que les he compartido acerca de mirar arriba: a Dios; de mirar atrás: a Cristo en la cruz; y hoy nos corresponde mirar a lado: a los hermanos que nos acompañan en nuestro viaje de fe a la patria celestial, a la iglesia llamada de entre los perdidos y condenados para que en Cristo recibamos salvación, la cual ya hemos recibido.

   El texto bíblico que hoy hemos leído, nos presenta a creyentes en Cristo, debidamente integrados a la iglesia no solo universal sino también local, de Cristo, interactuando con otros creyentes.  Basado en ello, les voy a predicar que el creyente que pertenece a Cristo y por ello a Su iglesia, necesariamente debe ejercer permanentemente interacciones dignas de la vida cristiana con los demás creyentes. / ¿Cuáles son las interacciones dignas de la vida cristiana que permanentemente el creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes? / Siguiendo las palabras de nuestro texto bíblico, les presentaré algunas de estas interacciones, valga la pena aclarar, no ocasionales sino permanentes y dignas de la vida cristiana que el creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes.

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   La primera interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

I.- RESPETARNOS MUTUAMENTE POR NUESTRA UNIÓN CON CRISTO.

   El apóstol Pablo, dando por hecho que se estaba dirigiendo a personas que ya habían renunciado a su vida despiadada resultante de no tomar en cuenta a Dios, y que ahora tras haber creído en el evangelio de Jesucristo, sus vidas estaban siendo transformadas por Dios mismo, les dice que él espera que ellos manifiesten una mejor manera de tratar a todas las personas, comenzando con las que ahora son su nueva familia, los creyentes que son la iglesia.  Les dice: “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. / No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, / y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, / donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” (Colosenses 3:8-11).  Todas las cosas que les dice que tienen que dejar, como la ira, el enojo, la malicia, la blasfemia, las palabras deshonestas, todas ellas tienen qué ver tanto con acciones como también con la manera de hablar al dirigirse a otras personas.

   De manera particular les enfatiza: “No mintáis los unos a los otros” (v. 9), Así lo hacían cuando sus vidas eran ajenas a Dios, pero ahora que son de Cristo, ya no deben hablar así.  Su vocabulario debe ser respetuoso para con todos.  Cuando dice: “los unos a los otros”, en este contexto se refiere al conjunto de creyentes que se reúnen en la iglesia.  La razón de no mentirles, ni agraviarlos con cualquier otro tipo de malas palabras, es que ahora, especialmente para los que están en la iglesia “Cristo es el todo, y en todos” (v. 11).  Cristo, “en todos” los que están en la iglesia, está presente.  Él está unido a nosotros, pero más bien por virtud de nuestra acción de fe en él, todos nosotros estamos unidos a él, y si él está en todos nosotros, entonces nosotros formamos su cuerpo, porque la iglesia es el cuerpo de Cristo, y por eso todos merecen ser respetados primeramente por todos los que formamos parte de ella.  Yo soy responsable de respetar a los demás, a ustedes.  Cada uno es responsable de respetar a todos.  Todos nos respetamos porque estamos unidos Cristo, quien está restaurando en todos nosotros la imagen de Dios que fue puesta en nosotros desde el principio de la creación.  Si antes, no éramos respetuosos, se entiende, porque estamos sin tomar en cuenta a Dios, pero ahora que en su Hijo Jesucristo le tomamos en cuenta, ya estamos siendo restaurados para dejar de ser irrespetuosos.

   Amados hermanos, tenemos una iglesia compuesta de personas a quienes Dios mismo en Cristo nos está restaurando conforme a Su imagen.  No es poca cosa. En nuestro trato o interacción con los demás creyentes como nosotros, hagámoslo lleno de respeto porque todos estamos unidos a Cristo.

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   La segunda interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

II.- TRATARNOS MUTUAMENTE CON EL CARÁCTER DE CRISTO.

   Pero, ahora que dejamos las cosas que nos complacía hacer cuando estábamos sin tomar en cuenta a Dios, ahora que tenemos que dejar que el revestimiento que Dios está haciendo en nosotros sea lo que moldee nuestra mejor manera de ser, ¿qué es lo que tenemos que hacer? ¿con qué vamos a reemplazar el mal carácter que antes nos distinguía?  El apóstol Pablo nos tiene la respuesta cuando dice a los Colosenses: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; / soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. / Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:12-14).  La lista de reemplazos que menciona el apóstol es básica porque eso no es todo, pero baste como ejemplo que nuestra nueva conducta espiritual por pertenecer a Cristo debe ser (1) de entrañable misericordia, (2) de misericordia, (3) de benignidad, (4) de humildad, (5) de paciencia” (v. 12).  Además, añade: (6) soportándoos unos a otros, y (7) perdonándoos unos a otros” (v. 13a).   Pero, la clave más importante de todo es lo que Pablo dice que “es el vínculo perfecto”, y se refiere con ello al (8) amor”, diciendo: “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor” (v. 14).  Pero, todas estas cualidades de carácter son un recordatorio del carácter de Cristo que utilizó y sigue utilizando en su trato con nosotros y con todo aquel que se vincule con él por medio de la fe en su persona y obra.  Por eso, en su expresión san Pablo dice: “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (v. 13b).  En nuestra interacción con los demás debemos tratarnos mutuamente con el carácter de Cristo.

   Especialmente en el versículo13, con respecto a la necesidad de soportar y perdonar a los creyentes que por alguna razón nos llegasen a causar algún agravio, el apóstol Pablo en dos ocasiones enfatiza la frase: “unos a otros”.  Si llegase a ser necesario, hay que soportarse “unos a otros”, hay que perdonarse “unos a otros”.  Estos “unos a otros”, no es una referencia a una relación de cristianos por una parte y de no cristianos por otra parte; sino que se trata de la relación entre un cristiano y los demás cristianos.  En otras palabras, se trata de la relación interna de todos los de la iglesia.  San Pablo es realista.  En los mismos que reconoce “como escogidos de Dios, santos y amados” (v. 12), no descarta que como todavía estamos en proceso de santificación, alguien, y ese podría ser yo, o podría ser usted, o podría ser un tercero, Dios nos libre, podríamos ser causa de ofensa o agravio a algún creyente.  En estos casos, somos responsabilizados a comprender por qué otros actúan equivocadamente o intencionalmente con malicia.  De todas maneras, si quien comete una falta no es un falso disfrazado de cristiano, sino que es un cristiano, ese tiene que ser soportado y perdonado.  Es nuestro hermano.  Esa persona es de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo.  Hay que tratarlo con el carácter de Cristo que se está formando en nosotros.

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  La tercera interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

III.- ENSEÑARNOS MUTUAMENTE CON LA PALABRA DE CRISTO.

   Es verdad que ahora estamos dejando lo que fue nuestra manera de vivir cuando no tomábamos en cuenta a Dios.  También es verdad que ahora que hemos creído en Cristo, su carácter se está formando en nosotros, y por ello podemos tener una mejor interacción con cristianos y no cristianos. Pero, ¿qué tenemos qué hacer para que este proceso de perfeccionamiento siga creciendo en nosotros?  Queremos dejar de hacer intencionalmente todo lo que es incorrecto y pecaminoso que antes hacíamos.  Queremos que el carácter de Cristo se implante en nosotros, y ser semejantes a él en palabra y conducta.  Pero, ¿cómo lograrlo?  Es verdad que Dios está transformando nuestra vida, eliminando nuestra entrega premeditada al pecado, e implantando en nosotros su carácter divino manifestado en su santo Hijo, pero el apóstol Pablo tiene una instrucción más que dice: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. / Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:16-17).  “La palabra de Cristo” es la clave mis amados hermanos.

   Un detalle relevante de esta instrucción apostólica acerca de “la palabra de Cristo”, es que “more en abundancia”.  ¿Es abundancia cuando una iglesia ofrece solamente 45 minutos de clase a la semana, y cuando una iglesia solamente quiere escuchar 20 minutos de predicación?  Creo que ni siquiera se puede decir que la palabra “mora”, porque para que se diga que algo “mora”, es que allí está todo el tiempo, no por temporadas y con vacaciones.  Pero, entre nosotros la palabra Cristo, debe morar.  ¿Qué es lo que cada quien debe hacer en este caso?  La instrucción primeramente dice: “enseñándoos y exhortándoos unos a otros” (v.16).  En nuestra interacción con los demás creyentes deberíamos enseñarnos mutuamente la palabra de Cristo.  Deberíamos mutuamente no tirarnos pedradas o indirectas, sino exhortarnos con la palabra de Cristo para corregirnos mutuamente cuando nos equivocamos o pecamos deliberadamente, para animarnos cuando el ánimo de algún hermano en la fe comienza a desmayar. Vale la pena hablar la palabra de Cristo en nuestras conversaciones unos con otros, que cualquier otra vana conversación.   Obviamente la palabra de Cristo, y toda palabra de Dios en general puede ser enseñada no solamente por hábiles maestros que la enseñan con destreza porque ese el don que han recibido de Dios, sino también a falta del don de la enseñanza también se puede enseñar con el don del canto, como igualmente instruye el apóstol Pablo, al decir: “cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (v. 16).  Pero, igual, sin el don de la enseñanza, y hasta sin el don del canto, también se puede enseñar la palabra de Cristo, con el don de la conversación que todos sin excepción sabemos hacer.  En nuestra interacción con otros creyentes, necesariamente debemos enseñarnos mutuamente la palabra de Cristo.

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   CONCLUSIÓN:    Amados hermanos, si queremos tener una vida centrada en el evangelio, Cristo no puede estar fuera de nuestra vida.  De hecho, él tiene que ser el centro, sino no podríamos ser cristianos, sino nuestro fundamento no será el evangelio de Dios. Una vida centrada en el evangelio implica que al mismo tiempo que pertenecemos a Cristo también pertenecemos a su iglesia que es su cuerpo, a través de la cual interactuamos con otros cristianos que también pertenecen a la iglesia.  En esa interacción, no olvidemos que necesariamente debemos:

I.- RESPETARNOS MUTUAMENTE POR NUESTRA UNIÓN CON CRISTO.

II.- TRATARNOS MUTUAMENTE CON EL CARÁCTER DE CRISTO.

III.- ENSEÑARNOS MUTUAMENTE CON LA PALABRA DE CRISTO.

   En verdad, es un privilegio contar con una iglesia aun si esta iglesia no tuviese un templo donde reunirse.  Lo que más vale es la iglesia porque es el conjunto de personas compradas a precio de la sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.