Sep 23

CÓMO SER UN EVANGELIZADOR, Por: Diego Teh.

CÓMO SER UN EVANGELIZADOR

Juan 1:40-46.

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Elaborado por el Pbro. Diego Teh, para ser predicado el domingo 23 de septiembre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

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Este sermón es el # 9 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

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   INTRODUCCIÓN: Nuestro texto bíblico de hoy, nos presenta a dos pares de personas que llegaron a ser discípulos de Jesús, y posteriormente sus apóstoles.  Se trata de Andrés y Simón, dos hermanos; y de Felipe y Natanael[1], dos amigos.  Ambos pares tienen similitudes como el que uno de ellos sirvió de medio para llevar al otro a conocer a Jesús, y a enrolarse a su grupo de discípulos. La historia del llamamiento del apóstol Simón también conocido como Pedro, está estrechamente relacionado con el llamamiento del apóstol Andrés.  El llamamiento del apóstol Natanael, está estrechamente relacionado con el llamamiento del apóstol Felipe.  El llamamiento de ambos pares está consignado por el apóstol Juan en Juan 1:40-51, texto que usaré parcial y selectivamente en este mensaje.  De manera específica, centraré la atención tanto en los versículos 41 y 42, que de Andrés con respecto a Simón, dicen: “Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). / Y le trajo a Jesús” (Juan 1:41,42a); así como en los versículos 45 y 46, que de Felipe con respecto a Natanael dicen: “Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. / Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve” (Juan 1:45,46).  Esencialmente de estos versículos y de su contexto, les presentaré el mensaje de este momento que he titulado: CÓMO SER UN EVANGELIZADOR.  Todos debemos ser evangelizadores, pero cómo podemos serlo.  Esto es lo que me propongo compartirles en esta predicación.

   De manera específica el mensaje consistirá en explicarles que hay consideraciones esenciales que cada creyente debe tomar en cuenta para ser un evangelizador. / ¿Cuáles son las consideraciones esenciales que cada creyente debe tomar en cuenta para ser un evangelizador? / A continuación les presentaré tres de estas consideraciones esenciales.

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   La primera consideración esencial que cada creyente debe tomar en cuenta para ser un evangelizador, es:

I.- COMENZAR SOLO CON UNA PERSONA.

   Usted no tiene que comenzar en un parque proclamando el evangelio ante la gente que está de paso, o a los pocos que estén cerca sentados, o a los pocos que se detengan a escucharle.  Usted debe comenzar de preferencia en particular con una sola persona. Andrés, tan pronto tuvo el privilegio de conocer a Jesús, y el lugar donde él estaba hospedado, nos relata San Juan que inmediatamente “Este halló primero a su hermano Simón” (Juan 1:41).  Andrés no se fue a reunir a una multitud, sino que comenzó con una sola persona.  Además, es interesante que haya sido su propio “hermano Simón”, y no otra persona de las tantas que debió haber visto en el camino.  En el caso de nuestro texto bíblico, igual, dice que: “Felipe halló a Natanael” (Juan 1:45a). Felipe también no se preocupó por reunir a una multitud, e incluso, igual, ni siquiera a cuanta gente debió haber visto en el camino, sino que fue específicamente en busca de Natanael.  También, el caso, es igual de interesante, pues, aunque no era su hermano, como en el caso de Andrés con Simón, pero era su amigo, con el que seguramente crecieron juntos en la misma población.  El caso, es que también comenzó con una persona.

   Amados hermanos, quizá más de uno de los que estamos aquí presentes, piensa que no tiene el don de ser evangelista de aquellos a quienes Dios mismo les ha dado el don de hablar el evangelio ante multitudes de personas, pero a todos, Dios nos ha dado el don de poder evangelizar de manera personal a un familiar, a un amigo, a un compañero de trabajo, a un vecino, y a toda oportunidad en la que haya un oyente, o dos, o tres, que en realidad no son tantos.  Es así como uno puede ser un evangelizador, comenzando con una persona.   Usted en muchas ocasiones tiene la oportunidad en la calle, en la tienda, en el trabajo, en la escuela, etc… de encontrarse con personas con las que platican de uno a uno.  Haga el esfuerzo de comenzar así con una sola persona.

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   La segunda consideración esencial que cada creyente debe tomar en cuenta para ser un evangelizador, es:

II.- HABLAR CENTRALMENTE DE JESÚS.

   Ser un evangelizador como lo sugiere esta misma palabra “evangelizador”, tiene que ver con el evangelio.  Y hablar del evangelio es esencialmente hablar centralmente de Jesús.  Con respecto a esto de hablar centralmente de Jesús, lo que podemos observar de Andrés es que “le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo)” (Juan 1:41).  El interés de Andrés no fue de contarle a su hermano de qué preciosa era la casa que él había visto donde Jesús estaba hospedado, sino concretamente fue hablarle centralmente de Jesús diciéndole con toda seguridad que él y otras personas entre ellos Felipe y otros más: “Hemos hallado al Mesías”.  Lo que también podemos observar del apóstol Felipe con respecto a esto de hablar centralmente de Jesús, es que él por su parte, cuando le tocó ir a buscar a su amigo Natanael, cuando le hubo hallado dice San Juan que Felipe le dijo a Natanael: “Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.” (Juan 1:45b).  Es evidente que la centralidad de la conversación que Felipe inició con su amigo Natanael, fue el hablar de Jesús.  Cualquier otra conversación que no fuera hablarle de Jesús, no hubiese tenido sentido de haberle ido a buscar, ni cumpliría el propósito de compartirle a Natanael tan importante y divino descubrimiento.

   Amados hermanos, en nuestra necesidad de ser evangelizadores, tenemos que poner en práctica el hablar de Jesús en nuestras conversaciones, de lo contrario nunca seremos evangelizadores.  Ese el problema que muchos de nosotros hemos tenido, el no hablar de Jesús.  ¿Cómo es posible que si somos cristianos, que si creemos en Jesús, que si conocemos el evangelio de Jesús, no podemos entonces hablar de él?  ¿No será acaso que en realidad no conocemos ni hemos realmente experimentado el conocer a Jesús y su evangelio?  Para ser un evangelizador, es esencial que antes que hablar cualquier otro tema de conversación, hay que hablar de Jesús.  Es a esto que el apóstol Pablo se refirió cuando les escribió a los Corintios diciéndoles: “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. / Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Corintios 2:1,2).

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   La tercera consideración esencial que cada creyente debe tomar en cuenta para ser un evangelizador, es:

III.- APRENDER A RESPONDER PREGUNTAS.

    No parece que Simón haya tenido alguna duda cuando su hermano Andrés le dijo que él y otros habían hallado al Mesías.  Lo único que san Juan nos relata es que Andrés: “… le trajo a Jesús” (Juan 1:42).  Por lo menos en aquel primer momento, Simón no hizo preguntas, no manifestó dudas, etc…, pero en el caso de Natanael, no fue así.  Cuando escuchó que su amigo Felipe le diga: “Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret” (Juan 1:45), inmediatamente Natanael reaccionó con una pregunta que implicaba una duda, pues, “Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Juan 1:46).  Felipe, tenía que dar una respuesta.  San Juan nos dice que: Le dijo Felipe: Ven y ve” (Juan 1:46).  Esa fue la sabia respuesta de Felipe, sin embargo, en otros casos tenemos que dar una respuesta más amplia, más que solo “Ven y ve”.  Pero, lo que es claro aquí en este punto es que es necesario estar preparado para responder.  A veces serán preguntas fáciles que hasta el que tiene menos experiencia las podría responder, pero otras serán preguntas difíciles que hasta el más experto evangelista no podrá responderlas con rapidez y fluidez.

   Amados hermanos, la gente siempre va a hacer preguntas, y merecen recibir una respuesta que no sean clichés, que no sean superficiales, ni ilógicas, ni contradictorias, sino bíblicas, profundas, claras, y congruentes.  Esto hace necesario que nosotros los creyentes y evangelizadores, nos dediquemos con toda responsabilidad a aprender las enseñanzas del evangelio del reino de Dios, las doctrinas de la gracia que emanan de este evangelio, las cuáles tienen las respuestas para cualquier pregunta fácil o difícil que nos hagan las personas. Por eso, es importante que aprovechemos los estudios bíblicos en sábado o domingo, aunque sea una vez por semana que es cuando por lo general hay más tiempo para asistir a una clase.  Pero hasta donde sea posible, debemos cultivar otros momentos personales entre semana, ya sea estudiando personalmente o con alguien más, en nuestra casa o en algún otro lugar apropiado.  Debemos aprender bien las doctrinas de la gracia del evangelio, para saber responder hasta a los que contradicen el evangelio.  Esto también es algo esencial que debemos hacer para que cada uno de nosotros sea un evangelizador.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, todos somos llamados y enviados a proclamar el reino de Dios, el evangelio de Jesucristo; es decir, todos debemos ser evangelizadores, porque para eso también fuimos llamados.  En este mensaje solamente les he compartido tres de las consideraciones esenciales que, si usted nunca ha tenido la experiencia de ser un evangelizador, usted podrá comenzar a serlo, si las toma en cuenta.  1) Usted debe comenzar no con multitudes, y ni siquiera en un púlpito de iglesia, sino comenzando con una sola persona a la vez, que podría ser de su propia familia como lo hiciera Andrés, o a un amigo como lo hiciera Felipe.  2) A la persona a quien usted intencionalmente acudirá, el tema de conversación que deberá entablar con él o ella, deberá estar centrado en Jesús, pues cualquier otra conversación que no sea hablar de Jesús, no es lo que hace una persona que evangeliza.  3) Usted no siempre tiene o sabe todas las respuestas para las preguntas que la gente hace cuando se les presenta el evangelio, y hasta donde sea posible, usted no siempre estará esperando y acudiendo a otras personas para que respondan las preguntas de las personas a quien usted evangeliza.  Usted debe con toda responsabilidad dedicar tiempo para estudiar las enseñanzas de la gracia del evangelio.

   Amados hermanos, somos una iglesia de evangelizadores.

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[1]    Natanael, es la misma persona que en los evangelios es mencionado como Bartolomé, nombre procedente del arameo bar-Tôlmay, “hijo de Tôlmay”, que en griego sería ???????????? (Bartolomeos), cuyo significado es: “Hijo de Ptolomeo”. Como en los escritos de San Mateo (10:3), San Marcos (3:18), y San Lucas (6:14), después de mencionar a Felipe, se menciona junto a él, a Natanael, y siendo Juan el único que menciona el nombre Natanael junto al de Felipe, y no habiendo un discípulo número 13 llamado por Jesús, entonces, el Natanael mencionado por Juan se trata del mismo Bartolomé.

Dic 03

LEYES PARA FORMAR PARTE DEL REINO DE LOS CIELOS, Por: Diego Teh.

LEYES PARA FORMAR PARTE DEL REINO DE LOS CIELOS

Mateo 3:1-12.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la Congregación “Ebenezer” de la col. San José Tecoh, de Mérida, Yucatán; el domingo 03 de diciembre 2017, a las 18:30 horas; como tema del segundo domingo de Adviento.

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   INTRODUCCIÓN: No era la celebración de los días de adviento tal como ahora lo celebramos durante cuatro domingos antes de Navidad, a veces 21 o a veces 28 días, según nuestro calendario litúrgico cristiano.  Pero todos los israelitas desde tiempos del rey David, especialmente desde que desaparecieron los dos reinos que llegaron a constituir los israelitas (el reino de Israel o del Norte desapareció como reino desde 721 a.C; y el reino de Judá o del Sur desapareció como reino desde 606 a.C.); todo el pueblo de Dios estaba esperando la restauración del reino, esperando al Mesías divino que Dios enviaría a todo el pueblo descendiente de Jacob/Israel.  Podemos decir que también ellos estaban en su adviento del nuevo reino.

   En el contexto de nuestro pasaje bíblico, el Mesías prometido ya había nacido hacía 30 años, pero mucha gente no lo sabía.  Unos seis meses antes del nacimiento del Mesías, también nació un niño que fue llamado Juan, quien posteriormente por el oficio religioso que desempeñó fue conocido como Juan el Bautista.  Cuando este Juan tenía pocos meses después de haber cumplido 30 años, Dios lo llamó para ser profeta tanto para los judíos como para los demás israelitas.  Su mensaje estaba centrado en la relevancia del reino que los judíos y demás israelitas piadosos anhelaban tener.  En su mensaje, Juan se los proclamaba diciendo: “…El reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2).

   Hoy les predicaré acerca de este episodio de la historia bíblica, estando litúrgicamente en nuestro adviento esperando recordar no la fecha sino la realidad del nacimiento del mismo Mesías que trajo el reino de los cielos a este mundo.

   Basado en la parte del relato que hemos leído, Mateo 3:1-12, les voy a predicar que, el reino de los cielos es para toda persona que obedece las leyes divinas de este reino. / ¿Cuáles son las leyes divinas del reino de los cielos que toda persona que quiera formar parte de este reino debe obedecer? / En este mensaje les voy a compartir algunas de estas leyes divinas que toda persona debe obedecer para ser parte de este reino.

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   La primera ley divina que toda persona debe obedecer para formar parte del reino de los cielos, es:

I.- EL ARREPENTIMIENTO FUNDAMENTAL.

   En primer lugar, observemos que la primera palabra que debió haber salido de la boca del profeta y bautizante Juan, fue: Arrepentíos”, al mismo tiempo que aclara que la necesidad de este arrepentimiento es: “porque el reino de los cielos se ha acercado. / Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas” (Mateo 3:2-3).  También cuando dice: “Preparad el camino del Señor”, está enfatizando que toda persona debe prepararse para recibir al Señor del reino de los cielos, a Jesucristo.  Esta preparación es el arrepentimiento que prepara el corazón humano como camino para que el reino de los cielos sea establecido en el corazón de un pecador.

   Lamentablemente mucha gente, se prepara para recibir la navidad solamente como una ocasión social, olvidando al Señor de este reino de los cielos. Mucha gente se prepara, pero con dinero para poder darse algunos lujos y placeres convirtiendo esta divina ocasión, solamente en ocasión de fiestas, olvidando la necesidad e importancia de vivir con arrepentimiento.

   El arrepentimiento no fue establecido ni por Juan el Bautista, ni por institución o persona alguna sino por Dios desde los comienzos de la humanidad.  En toda la historia de los israelitas tanto en su tiempo de esclavitud en Egipto, como durante su peregrinaje en el desierto, así como en el tiempo de gobierno por medio de jueces y luego en su etapa de reino unido y aun dividido en dos, una y otra vez les fue requerido por Dios que procedan al arrepentimiento cuando descartaban a Dios de su agenda de vida.  Con la llegada de Jesús se sigue llamando a las personas al arrepentimiento como lo hizo Juan el Bautista a las multitudes.  Jesús mismo tuvo como énfasis en su ministerio la predicación del arrepentimiento (cf. Mateo 4:17).

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   La segunda ley divina que toda persona debe obedecer para formar parte del reino de los cielos, es:

II.- EL BAUTISMO TESTIMONIAL.

   Mateo al describir la respuesta de la gente al llamado de arrepentimiento que proclamaba Juan el Bautista, relata: Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, / y eran bautizados por él en el Jordán” (Mateo 3:5-6a). Desde luego que cuando en una persona hay verdadero arrepentimiento, es su privilegio recibir el bautismo, pero nadie debe recibirlo sino hay en él un arrepentimiento confesado y evidente. Nadie que esté verdaderamente arrepentido debe quedar sin ser bautizado.  Toda persona arrepentida de su pecado debe recibir el bautismo. No aceptar el bautismo significa no estar verdaderamente arrepentido, pues si lo hubiera no habría objeción alguna para no aceptarlo.

   El bautismo, desde el comienzo de su práctica siempre fue como hasta el día de hoy, el símbolo cristiano del lavamiento espiritual que el Espíritu Santo de Dios realiza en la vida de una persona que verdaderamente está arrepentida de haber vivido o de estar viviendo inclinado a hacer lo que es malo.   El bautismo, desde los comienzos de su práctica, como hasta el día de hoy, ha sido también un acto público para comunicarle a la gente que uno ha abandonado y está abandonando cada día los ofrecimientos mundanos pecaminosos para entonces iniciar un caminar bajo las leyes del reino de Dios.  Es por eso que si uno está verdaderamente arrepentido no debe menospreciarlo sino recibirlo por lo que significa y por lo que testifica.

   Y para aclarar: El bautismo tampoco fue invención de Juan el Bautista, ni de la religión de los judíos, sino que fue establecido por Dios mismo por medio de Juan el Bautista, e instituido formalmente por Jesucristo como sacramento público con el cual una persona arrepentida da a conocer a todo mundo, que el Espíritu Santo de Dios está lavando, regenerado, y restaurando su vida por estar de acuerdo en renunciar su entrega al pecado.

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   La tercera ley divina que toda persona debe obedecer para formar parte del reino de los cielos, es:

III.- LA CONFESIÓN DE PECADOS.

   Después de la descripción que dice: Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, / y eran bautizados por él en el Jordán” (Mateo 3:5-6a); Mateo añade que la gente además de recibir el bautismo de Juan, venían a bautizarse “confesando sus pecados” (Mateo 3:6b).  Esto es claro; Mateo no está diciendo que primero se bautizaban y luego confesaban sus pecados. Una persona que no está demostrando arrepentimiento, y que en consecuencia no confiesa sus pecados a Dios, no debe ser bautizada, y ni siquiera lo debe solicitar, a menos que primeramente se haya arrepentido de sus pecados.   La confesión de los pecados de aquellas gentes de Jerusalén, Judá, y demás localidades, no la presentaban a Juan el Bautista, sino a Dios.  En la actualidad la confesión de pecados también no tiene que ser presentada ni al pastor ni a otro oficial de una iglesia, sino directamente a Dios.

   Ser bautizado, o incluso tomar la santa cena, o recibir beneficios de una iglesia local, mientras en uno no haya arrepentimiento, y mientras no haya confesión de los pecados a Dios, las cosas externas o privilegios que uno reciba, a pesar de que sean legítimos comunicadores de los beneficios de la gracia de Dios, no van a hacer el efecto santificador que un miembro del reino de los cielos aquí en la tierra debe estar experimentando.

   Y otra vez recalco: La confesión de pecados no fue innovación de líderes religiosos del cristianismo, sino también de Dios mismo.  Es por eso que usted no tiene que confesarle sus pecados a persona alguna sino solo a Dios por la mediación del nombre de Jesucristo, por el cual y por quien uno recibe eficazmente el perdón de pecados.  Por eso, es necesario que una persona que pertenece o desea pertenecer al reino de los cielos, reconozca permanentemente su condición de pecador, y que no dominicalmente sino diariamente sea responsable en confesar sus voluntarios e inevitables y a veces involuntarios pecados. Nadie comete pecado una sola vez por semana, y no siquiera uno por día, sino inevitablemente pecamos en cada pensamiento, en cada palabra, y en cada acción, y necesitamos identificar cuál fue el pecado cometido, y confesarlo a Dios inmediata y oportunamente.

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   La cuarta ley divina que toda persona debe obedecer para formar parte del reino de los cielos, es:

IV.- LA EVIDENCIA CON FRUTOS.

   Cuando Juan el Bautista observa que mucha gente estaba viniendo al río Jordán para recibir el bautismo, al mismo tiempo se da cuenta que muchos de ellos como también es evidente en la actualidad no había en ellos arrepentimiento, sino solamente buscaban ser vistos por la gente como si fueran personas verdaderamente piadosas, que en la realidad no lo eran.  Juan, a estas personas les exhorta diciéndoles: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, / y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras” (Mateo 3:8,9).  Muchos de aquellos estaban confiados en su estatus familiar por haber nacido en una familia cuyos ancestros fueron verdaderos piadosos y temerosos de Dios, a quienes Dios les tenía dicho que Él sería el Dios de sus descendientes.  Estos descendientes pensaban que por la fe de sus ancestros, y que por la misma promesa de Dios, automáticamente ellos ya tenían asegurada su aceptación por parte de Dios, aunque estos llevaran una vida impía sin arrepentimiento alguno.  Es entonces que Juan les dice: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento”.   Dios siempre quiere ver los frutos de una vida arrepentida.

   Jesús, a una de las iglesias mencionadas en el Apocalipsis que había fallado en su vida piadosa, recibe de Dios la instrucción: “…arrepiéntete, y haz las primeras obras” (Apocalipsis 2:5a).  Esto quiere decir que si en verdad hay arrepentimiento en los que se reúnen en determinada iglesia local, tal arrepentimiento debe evidenciarse en las obras, acciones, y conductas, de cada creyente en particular.

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   La quinta ley divina que toda persona debe obedecer para formar parte del reino de los cielos, es:

V.- LA CENTRALIDAD DE JESÚS.

   Juan el Bautista, a pesar de haber tenido un ministerio exitoso que nunca más ni antes ni después tuvo algún siervo de Dios, no se exaltó a sí mismo, sino que en sus mensajes públicos tenía que hacer una pertinente aclaración.  Él decía a la gente que ministraba: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11).  Siempre centralizó su proclamación no en él mismo, ni el fariseísmo o saduceísmo como se fuera proselitista de alguna secta o religión, sino en la persona según él decía, de “el que viene tras mí”, refiriéndose nada menos a uno mayor que profeta, a uno mayor que simple humano, a Jesús el mismo Hijo de Dios.

   En el reino de los cielos, el más importante no es ni un ser humano, ni el conjunto de personas que somos los hijos del reino, sino Jesús el Hijo de Dios, el Rey de Reyes.  El reino de Dios ya está presente en esta tierra mediante la obra de Jesús aplicada por su Espíritu Santo en el corazón de los seres humanos que vivimos con arrepentimiento día a día; por lo que es aquí en la tierra misma que debemos tener a Jesús como el centro de toda nuestra experiencia diaria y cotidiana. Jesús no solamente es y será el centro de atención en la eternidad, sino que también ahora y aquí en la tierra, en la casa, en la iglesia, en el trabajo, en la familia, en lo público y aún en lo secreto, el personaje central de toda nuestra experiencia, debe ser Jesús.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, la navidad nos recuerda la llegada de Jesucristo el Rey del Reino de los cielos, quien en su nacimiento y en toda su obra redentora nos trajo dicho reino a la tierra, o más bien trajo su reino a los corazones que se arrepienten, y que evidencian estar verdaderamente arrepentidos. Que estos días de adviento, mientras esperas el día y la temporada de la navidad, y aún después de estas temporadas litúrgicas del calendario cristiano, vive con arrepentimiento de los pecados que has cometido y estás cometiendo, y que no te hacen nada feliz.  Centra tu vida en Jesús porque solamente en él puedes formar parte del reino de los cielos, y porque solamente por él y en él puedes permanecer en este reino eterno.  No dejes de practicar la confesión diaria de tus pecados para recibir el perdón de Dios y así vivir santificado todos los días.  Demuestra con tu vida y acciones que de verdad estás arrepentido de pecar, porque ahora tu deseo no es el mundo y sus maldades, sino el reino de los cielos.