Jul 01

LA DISCIPLINA DE LA INTEGRIDAD, Por: Diego Teh.

LA DISCIPLINA DE LA INTEGRIDAD

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Salmo 26:1-12.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 1 de julio 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 09 de la serie: LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO.

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   INTRODUCCIÓN: ¿Qué se quiere comunicar cuando utilizamos la palabra “íntegro”, cuando, por ejemplo, decimos: A María le presté 500 pesos, y el fin de semana me lo devolvió “íntegro”? ¿Cuál es el significado de “integro” en esa expresión? Significa que María lo devolvió “completo”, que lo devolvió “todo”.  ¿Qué idea se quiere transmitir cuando, por ejemplo, decimos: Este piano está “íntegro” como cuando era nuevo? ¿Cuál es el significado de “íntegro” en esta expresión? Significa que el piano está “intacto”, y “conservado”.  En el versículo 1 y en el versículo 11 del Salmo 26, David su autor testifica de una característica que lo ha distinguido en su andar, o sea en su conducta.  Él le llama “integridad”. ¿Qué es eso de “integridad”? Y ¿qué se quiere decir cuando alguien expresa: Los cristianos somos personas que nos conducimos con “integridad”? ¿Cuál es el significado de “integridad” en esta expresión? Igualmente, tiene que ver con una persona con calidad de “íntegro”, que tiene una entereza moral. Es una manera de describir a una persona intachable, que no le falta nada para ser congruente con lo que es, con lo que dice, y con lo que hace.    Kent Hughes, autor del libro Las Disciplinas de un Hombre Piadoso, en el capítulo correspondiente a La Disciplina de la Integridad, después de analizar la falta de integridad de Ananías y Safira (cf. Hechos 5), afirma y con toda razón: “La integridad es una de las mayores necesidades de la iglesia moderna”. Y luego, interpretando al apóstol Pablo cuando dice: “Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en Aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15), dice Hughes: “la integridad es indispensable para el crecimiento de la iglesia”.

   Considerando que verdaderamente la integridad hace mucha falta entre los que conformamos la iglesia de Jesucristo, y que ello contribuye al crecimiento de la iglesia, hoy basado en diferentes versículos de la palabra de Dios, voy a predicarles que “la integridad es una necesidad en todas las áreas de la vida de un hijo de Dios”. / ¿Cuáles son las áreas de la vida de un hijo de Dios, en las cuales la integridad es una necesidad? / En el mensaje de este momento, les voy a compartir algunas de estas áreas de la vida de un hijo de Dios en las cuales la integridad es una necesidad.

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   La primera área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

I.- EN LA VIDA DEL HOGAR.

   David, el autor del Salmo 101, dice: “En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa” (Salmo 101:2b), pero lo dice como resultado de una experiencia previa con Dios, pues antes dirigiéndose a Dios, le dijo: Entenderé el camino de la perfección cuando vengas a mi” (Salmo 101:2a). Realmente se necesita que Dios haya venido a la vida de una persona para que entonces uno pueda ser íntegro.  Esta integridad, sin duda debe comenzar en casa.  No hay personas que conozcan mejor nuestra integridad que los que viven en nuestra propia casa: El cónyuge, los hijos, y otros parientes cercanos.  Cuando hay integridad en una persona, en la casa todo marcha bien con todos.  Cuando hay integridad en un hogar, esto se refleja en todas partes como en el trabajo y hasta en la iglesia. Cuando no hay integridad, especialmente en los padres de familia, ni siquiera a largo plazo sino a corto plazo, solamente estarán conduciendo a su misma familia, a sus propios hijos a una vida infeliz, porque según el mal ejemplo que han visto de sus padres, así se conducirán también ellos.

   Con respecto al resultado de la vida de un padre íntegro, y por qué no, también de una madre íntegra, dice un proverbio: Camina en su integridad el justo; sus hijos son dichosos después de él” (Proverbios 20:7).   La NVI clarifica esto mismo, diciendo: Justo es quien lleva una vida sin tacha; ¡dichosos los hijos que sigan su ejemplo!” (Proverbios 20:7; NVI). Vale la pena, que la integridad sea practicada en el hogar.  A largo plazo los hijos serán felices, dichosos, porque tuvieron a tiempo el ejemplo apropiado de cómo conducirse en la vida.  ¿No quiere usted ésta bendición para sus hijos y familia?

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   La segunda área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

II.- EN EL SERVICIO A DIOS.

   Después de que los israelitas habían sido instalados en sus respectivos territorios por tribu en la tierra prometida, Josué observó que vacilaban entre servir a Dios y al mismo tiempo servir a dioses ajenos que sus antepasados sirvieron en Egipto, o de los que conocieron en el camino hacia la tierra prometida, y los que ahora habían conocido de los nativos de la tierra prometida.  Eso es falta de integridad, pues si a Dios se quiere servir, tiene que ser de manera completa, no a medias, solo a Él.  Es lo que Jesús le dijo al mismo diablo cuando le tentó: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mateo 4:10).  Servir, no es solamente el acto de adorar durante un culto sino toda acción que uno realiza debe ser en obediencia a la voluntad de Dios.

   Para combatir la división de servicio que los israelitas tenían para con Dios al mismo tiempo que para los falsos dioses, Josué les exhortó que procedieran con integridad.  Les dijo lo siguiente: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. / Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:14,15).  Dios requiere que sea servido con integridad, no a medias, pues solo Él es Dios vivo y verdadero (cf. Jeremías 10:10).  ¿Es así con integridad que usted está sirviendo a Dios?

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   La tercera área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

III.- EN LA RESPONSABILIDAD DE ADORAR.

   Entre el Salmo 41, David, dirigiéndose a Dios le dice: “En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado y me has hecho estar delante de ti para siempre” (Salmo 41:12). ¿Qué es lo que David está comunicando con esta interesantísima declaración?  Nada menos que la verdad, que cuando una persona temerosa de Dios está haciendo de su parte el vivir con integridad en todos los aspectos de su vida, a esa persona, Dios le sustenta, pues David dice: “en mi integridad me has sustentado”, pero no se refiere al pan de cada día como sustento, sino al sustento espiritual de enfrentar la vida con toda responsabilidad y victoria.  Pero, lo que quiero enfatizar en este punto es que David también como resultado de su propia integridad, le dice a Dios: “me has hecho estar delante de ti para siempre”.  Dios, aunque siente misericordia por las personas que no tienen integridad, Él no se agrada de ellos, pues, aunque todos los días vengan a Dios con multitud de sacrificios, antes que ello lo que Dios espera de una persona que busque estar delante de él en adoración es la integridad.

  Por ejemplo, las personas que abusan pensando que si pecan no es problema porque Dios les perdonará, de ellos Dios dice: “¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? [… / …] me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. / Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; …” (Isaías 1:11-15a).  Aunque estas palabras fueron dichas por Dios mucho tiempo después de David, de todas maneras, siempre era verdad aun en tiempos anteriores a David. David mismo había entendido esta situación, pues el mismo en su arrepentimiento de un pecado inmoral que había cometido, en su oración de arrepentimiento le dijo a Dios: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. / Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:16,17).  Aunque los sacrificios sangrientos eran vigentes en su tiempo, el mismo enfatiza en otro de sus salmos que uno de los requisitos para presentarse delante de Dios es la integridad antes que cualquier ceremonia externa, pues en el soliloquio del Salmo 15, dice: “Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? / El que anda en integridad…” (Salmo 15:1,2a). Tabernáculo y monte santo, en este salmo, evocando las ocasiones cuando Dios manifestó su presencia en tales lugares, es usado como lenguaje figurado para expresar que Dios no espera que nadie se atreva a acercarse a Él si no está previamente preparado para ello con una vida íntegra basada en la santificación. ¿Considera usted que está llevando una vida de integridad para que usted pueda presentarse a conciencia delante de Dios santísimo para adorarle?

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   La cuarta área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

IV.- EN EL ALEJAMIENTO DEL PECADO.

   Todo hijo de Dios se preocupa por el pecado, y hace todo lo que está de su parte para alejarse y huir de ello.  Fue una verdad para los que vivieron en la antigüedad antes de Cristo, así como para nosotros los cristianos de la actualidad.  David en su tiempo, y no deja por ello ser verdad en la actualidad, él hizo una oración a Dios en el cual le dice a Dios: “Guarda mi alma, y líbrame; no sea yo avergonzado, porque en ti confié. / Integridad y rectitud me guarden, porque en ti he esperado” (Salmo 25:20,21).  Este guardar el alma que David le ruega a Dios es el anhelo de no verse envuelto en pecado alguno, pidiéndole a Dios que sea librado aun de posibles ocasiones de pecar contra Él.  Eso sería desde la directa intervención de Dios.

   Sin embargo, en la responsabilidad personal de no dejarse atraer, caer, y arrastrar por el pecado, David hace una afirmación interesante al decir: “Integridad y rectitud me guarden, …”.   Para no caer en los lazos de las tentaciones, además de que Dios hace lo que le corresponde para que tengamos el camino despejado de males, nuestra responsabilidad es tener “integridad” para no caminar hacia donde están la tentación y el pecado disponibles.  Es necesario que contemos con la virtud moral de la “integridad”, pues ello mismo sirve para ser guardado del peligro constante de pecar.  ¿Procura usted tener integridad para guardarse de las tentaciones y del pecado mismo?  Si alguien no busca ser íntegro, entonces voluntariamente quiere pecar, pero el que busca ser íntegro, voluntariamente desea alejarse de pecar.  Cuando sienta que el pecado y la tentación le está atrayendo o le quiere arrastrar hacia lo indebido, invoque en oración la gracia y el poder de Dios, para que Dios le auxilie a mantenerse en integridad.

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   La quinta área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

V.- EN LA BÚSQUEDA DEL ÉXITO.

   Según un proverbio bíblico: La integridad de los rectos los encaminará;
pero destruirá a los pecadores la perversidad de ellos”
(Proverbios 11:3).  Observe usted los contrastes mencionados en este proverbio.  El contraste “de los rectos” es “los pecadores”. El contraste en la calidad moral de cada uno es, el de los rectos “la integridad”, el de los pecadores “la perversidad”.  El contraste con respecto al final que a cada uno les espera su respectiva calidad moral es, el de los pecadores es que su perversidad los ¿qué?, los “destruirá”, y el de los rectos es que su integridad “los encaminará”.  Muchas veces las personas, instituciones, organizaciones, empresas, etc… no prosperan precisamente por la falta de integridad.  La misma falta de ello los comienza a destruir, y si no lo detectan y comprenden a tiempo que ese es su mal, y si no se corrigen, muy pronto quedarán arruinados, destruidos sin poder continuar sus proyectos.  En cambio, cuando hay integridad, el proverbista afirma que la integridad misma “los encaminará”.; o sea, que los llevará al éxito, al triunfo, a salir adelante.

   Les voy a recordar que en 1982 se dio el caso en Chicago EUA, de que todo un lote de Tylenol producido por la compañía Johnson & Johnson, fue adulterado con cianuro por algún empleado con conocimientos científicos, causando la muerte de siete personas.  Como consecuencia la empresa perdió la confianza de sus consumidores, además que perdió muchísimos millones de dólares.  Sin embargo, la empresa tenía entre sus valores el servir a la comunidad con honestidad e integridad.  Entre sus valores estaba la “integridad”.  Por causa de aquellos incidentes, el presidente de la compañía ordenó que se retire de las farmacias, consultorios, hogares, la venta y consumo de todo el Tylenol de su marca que habían antes distribuido, aunque quizá no toda la producción estaba envenenada con el cianuro.  Eso significaría la pérdida de unos cien millones de dólares, no poco dinero. Al ser interrogado el presidente de la compañía por los reporteros, acerca de cómo fue que tomó esta gran decisión, su respuesta fue: “Practiqué lo que acordamos hace tiempo en la declaración de nuestra misión, siempre es fácil hacer lo correcto cuando uno sabe cuál es su posición[1].   La compañía recuperó la confianza de los consumidores, hoy 32 años después es una compañía próspera, exitosa.  De mucho le sirvió la integridad.

   ¿Usted está practicando la integridad para salir adelante en las dificultades para encontrar éxito en la vida, o lo hace por medio de trampas tal como lo hacen los que no son cristianos?

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   La sexta área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

VI.- EN LOS NEGOCIOS COMERCIALES.

   En el libro de los proverbios leemos que “El peso falso es abominación a Jehová; mas la pesa cabal le agrada” (Proverbios 11:1).  En otro proverbio similar, también leemos que dice: “Pesa falsa y medida falsa, ambas cosas son abominación a Jehová” (Proverbios 20:10).

   En nuestros negocios con las personas a quienes servimos con nuestras ventas, productos, trabajo, etc…, o a quienes nos hacen trabajamos, o les compramos sus productos requiere de nosotros los hijos de Dios, la práctica de la integridad.  Si algo usted vende por kilos, y usted le descuenta 50 gramos en la báscula y entrega solamente 950 gramos o menos o aún más pero no completa los 1000 gramos del kilo, usted no está siendo íntegro; usted está cayendo en la anomalía del peso falso; peor si usted le ha colocado un calce a la báscula para que muestre que está completo lo que usted está pesando, pero de manera oculta usted le está robando a su cliente.  Eso es falta de una evidente integridad, del cual por lo general la gente se da cuenta.  También hay falta de integridad cuando usted vende algo más allá de su precio máximo al público.  Si la gente lo compra o se lo paga a usted será porque no tiene otra opción cercana o en ese momento.  Inmediatamente las ganancias de usted se disparan o dispararán notablemente.  Usted se estará enriqueciendo, sin embargo, al costo de una indigna falta de integridad, lo cual no es correcto ni agradable a la vista de Dios.

   Amados hermanos, ninguno de nosotros debe hacerle chafa, trampa de peso o de precio, absolutamente a nadie.  A Dios le es abominación.  Le es despreciable la actitud de quien hace eso con su prójimo.  ¿Es usted “íntegro” cuando hace negocios con sus clientes, y hasta con sus empleados?  Si usted es un vendedor de cualquiera que sea el producto, ¿lo vende como corresponde a su justo precio, o lo vende a precio exagerado?  El integro vende al justo precio, no a precio exagerado.  Si usted es patrón, ¿paga a sus empleados lo que corresponde a sus aptitudes, producción, conocimientos, y experiencia, o les paga poco quedándose usted con lo que legítimamente le corresponde a su empleado por haber trabajado arduamente para entregarle a usted la tarea o producción que le fue requerida?

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    La séptima área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

VII.- EN LA EVANGELIZACIÓN.

   Tan pronto estaba surgiendo la primera iglesia de Jesucristo en Jerusalén, hubo necesidad de administrar bien los recursos humanos y hasta económicos de aquella naciente iglesia.  La iglesia estaba creciendo, pero crecería mucho más. La iglesia también tenía que administrar un porcentaje de sus recursos para apoyar a las viudas no solamente de los hebreos a quienes se les estaba dando prioridad, sino también de los griegos que por primera vez en la historia ellas estaban siendo parte del gran pueblo de Dios.  Por lo que al elegir a los primeros diáconos que se harían cargo de esta administración, no solamente se pensó en la necesidad de 7 diáconos, sino que uno de los requisitos para elegirlos fue que deberían ser personas primeramente “de buen testimonio” (Hechos 6:3).  Deberían ser “de buen testimonio”, porque tanto los que ya formaban parte de la naciente iglesia, así como los que estaban fuera de la iglesia estarían observando si aquella iglesia en formación era verdaderamente diferente a cualquier asociación que ellos ya conocían y que no era nada transformador. La gente de aquellos tiempos, como hasta el día de hoy, siempre analiza si hay algo diferente en una iglesia en particular que valga la pena para creer en su Cristo.  Pero, si al evangelizar predican del amor de Dios, el amor fraternal, pero si después en su misma iglesia no viven lo que predican, entonces, no tienen integridad entre lo que predican y lo que realmente viven, por lo que una iglesia así no interesaría a nadie.

   En su libro Las Disciplinas del Hombre Piadoso, Kent Hughes, observa con certeza que: “La inevitable necesidad de integridad de la iglesia está vinculada directamente con las necesidades de nuestro mundo perdido, ya que el mundo anhela ser libre de engaño.  Sin duda, el mundo practica y promueve el engaño; pero en lo más profundo muchas personas ansían verse libres de la falsedad.  Un considerable número de personas fuera de las cuatro paredes de la iglesia abrazarían ansiosamente la fe de los creyentes que sean los modelos de probidad e integridad que ellos buscan.  […]  Un espíritu íntegro es un poderoso instrumento de evangelización.  He conocido a personas que por haber visto esta cualidad en alguna iglesia o creyente, se sintieron irresistiblemente atraídas por Cristo.  La integridad será para algunas personas la refrescante bebida tentadora en medio del secularizado desierto de la falsedad”.

   Amados hermanos, recuerden que todos estamos haciendo labor de evangelización para alcanzar a otros para la bendita y gloriosa salvación de sus almas, por lo que se requiere que cada uno de nosotros sea “de buen testimonio”.  Que lo que hacemos concuerde con lo que creemos y predicamos.  O sea, que seamos íntegros entre nuestra fe y nuestra práctica.  Eso contribuirá a que nuestros esfuerzos evangélisticos sean valorados y apreciados por la gente. Así no faltarán personas que crean en el santo evangelio de Jesucristo, y entreguen sus vidas a él.

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   La octava área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

VIII.- EN EL HABLAR SIEMPRE LA VERDAD.

   Hablar diciendo siempre las cosas tal como son, es hablar con verdad, y hablar con verdad es parte de la integridad de una persona.  Pero hablar diciendo mentiras, diciendo las cosas como no ocurrieron o como no son realmente, es una evidencia de falta de integridad.  Un creyente en Jesucristo no debe hablar con mentira.  El apóstol Pablo, en su epístola a los Efesios, instruyéndoles acerca de una serie de conductas no convenientes para la integridad, y acerca de las conductas que cultivar, les dice: “… desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros” (Efesios 4:25).  Cuando mentimos al prójimo en general, y hasta a nuestros hermanos en la fe, en ese momento evidenciamos nuestra falta de integridad.  El apóstol Pablo orientó a los Efesios, de que el mal de mentir, no es algo que tenga que dominar a un creyente, porque al decir que puede ser desechada su práctica, entonces es superable para aquellos que tienen el mal hábito intencional de mentir.  Usted puede ser siempre íntegro hablando siempre la verdad.

   Les comparto que: “en un pueblo, el rey convoco a todos los jóvenes y les dijo: “Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros, al cabo de 6 meses deberán traerme en una maceta la planta que haya crecido, y la planta más bella ganara la mano de mi hija”.  Así se hizo, pero había un joven que planto su semilla y esta no germinaba; mientras tanto, todos los demás jóvenes del reino no paraban de hablar y mostrar sus hermosas plantas. Llegaron los seis meses y el joven ni siquiera quería ir al palacio, pero su madre insistía en que debía ir pues era un participante. Avergonzado, desfilo de último hacia el palacio, con su maceta vacía…  Los otros jóvenes se burlaban de él. Llegó el rey, y todos hicieron su respectiva reverencia mientras él se paseaba entre todas las macetas admirando las plantas. Finalizada la inspección llamó a su hija, y llamó de entre todos al joven que llevo su maceta vacía. El rey dijo entonces: “Este es el nuevo heredero del trono y se casara con mi hija, pues a todos ustedes se les dio una semilla infértil, y todos trataron de engañarme sembrando otras plantas; pero este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta vacía, siendo sincero, honesto, real y valiente, cualidades que un futuro rey debe tener y que mi hija merece”. Definitivamente la integridad es un tesoro…[2]

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   CONCLUSIÓN:    Amados hermanos, ser íntegro es una perfección moral y espiritual que mucha falta hace en la vida de muchos creyentes.  No porque sean falsos creyentes.  Son creyentes verdaderos, pero no se han ocupado en profundizar su obediencia a Dios, y entonces no les preocupa cómo viven. Se contentan con saber que por haber creído en Jesucristo, ya son considerados cristianos.  Sí es cierto, pero es un cristiano inicial, que tiene que ir creciendo en la gracia, desechando todo residuo de impiedad que haya venido arrastrando durante toda su vida antes de creer en Jesucristo.  Ahora tiene que integrar a su vida los valores y virtudes propios del mismo evangelio, para que pueda ser un cristiano íntegro, completo, congruente, y de buen testimonio donde sea que este se encuentre.   Es lo que Jesús espera cuando dijo: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48). Dios espera de cada uno de nosotros, la integridad en: 1) el hogar; 2) el servicio a Dios; 3) la responsabilidad de adorar; 4) el alejamiento del pecado; 5) la búsqueda del éxito; 6) los negocios comerciales; 7) la evangelización; y 8) el hablar siempre la verdad.

   Dios nos ayude a todos a ser cristianos de integridad.

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[1] https://www.aguilascfc.org/2014/06/bosquejo-la-importancia-de-la-integridad.htm

[2] http://www.estudiosysermones.com/2013/12/el-valor-de-la-integridad.html

Jun 17

LA DISCIPLINA DE LA ADORACIÓN, Por: Diego Teh.

LA DISCIPLINA DE LA ADORACIÓN

Juan 4:20-24.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 17 de junio 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 08 de la serie: LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO.

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   INTRODUCCIÓN: Dos hermanos(as) conversando a la salida del culto: Hermano(a), ¿Cómo le pareció el culto de hoy? ¿Verdad que estuvo muy bonito? Me gustaron mucho las alabanzas de hoy que fueron de esas movidas que ya tiene rato que no se cantaban.  Mientras tanto otros dos hermanos ya camino a su casa están platicando que: A mí no me gustó mucho el culto de hoy porque no proyectaron la letra de los cantos ni la lectura bíblica.  El otro hermano, dice: Yo siento que si no hay música, está muy pobre la adoración, así no me gusta el culto.  Mientras tanto una hermana mucho más atrevida el lunes busca al pastor para quejarse de que salió del culto igual o peor que como vino porque los cantos le parecieron aburridos y no la hicieron sentirse bien después de todo. Es así como estas personas, muchas veces, se enfocan solamente en el gusto que les puede causar cada culto para sí mismas, y se sienten defraudadas por no recibir lo que sus sentidos esperaban.  Pero, ¿es esto que se debe buscar en la adoración? El culto ¿tiene como objetivo el estar enfocado en satisfacer los sentidos de los adoradores? La verdad es que no.  El adorador no debería preguntarse ¿de qué me sirve este culto? El culto debe estar enfocado en Dios no en el adorador.  Si hay algo que cada adorador debe evaluar es: ¿Qué le estoy dando hoy a Dios?  A veces los adoradores no estamos disciplinados en ser verdaderamente adoradores, es verdad que lo intentamos, pero debemos mejorar en nuestro conocimiento y experiencia de la adoración centrada en Dios.

   Nuestro texto bíblico para este mensaje, en palabras de nuestro Señor Jesucristo, dice: “…los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. / Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:23,24).  Por lo que, basado en estas palabras de Jesús, voy a exponerles en esta predicación que Jesús recalca los indicadores de que la adoración de los creyentes debe estar centrada en Dios. / ¿Cuáles son los indicadores que Jesús recalca de que la adoración de los creyentes debe estar centrada en Dios? / Permítanme compartirle acerca de estos indicadores.

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   El primer indicador que Jesús recalca acerca de que la adoración de los creyentes debe estar centrada en Dios, es que:

I.- DIOS ESPERA UNA ADORACIÓN DESDE EL CORAZÓN PARA ÉL.

   Una de las primeras afirmaciones de Jesús en nuestro texto bíblico es que: “…los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu” (Juan 4:23a). ¿Qué esto de adorar “al Padre en espíritu”?  Es importante tener claro que, en este caso no se refiere al auxilio del Espíritu Santo, tal como ocurre cuando se ora a Dios como dice el apóstol Pablo que: “…el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).  El “espíritu” al cual Jesús se refiere se trata del espíritu humano, nuestro ser interior, y lo menciona como requisito de la adoración centrada en Dios, en contraste con una falsa adoración que pudiese salir como decimos coloquialmente “de dientes para afuera”; como cuando Jesús mismo citando al profeta Isaías a un grupo de sus oyentes a quienes primero calificó de hipócritas, y luego dijo de ellos: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. / Pues en vano me honran, …” (Marcos 7:6b, 7a; cf. Isaías 29:13).  Es probable que cantaban, oraban, y alguno de ellos predicaba, pero solamente “de labios”, pues su “espíritu” o “su corazón” no estaba con Jesús, ni con Dios su Padre.

   Una adoración que no es “en espíritu”, es la que hace una persona que no está convencida de que Dios merece adoración; y si canta u ora, solamente lo hace porque se está indicando que es momento de cantar u orar; pero cuando es una adoración “en espíritu”, la persona está con el corazón ardiente de deseo de cantarle y hablarle a Dios con todas las ganas del mundo como si le estuviese mirando justamente cara a cara.  Si alguna vez alguien hizo cualquier cosa por usted para traerle o llevarle a la adoración, y usted no se sentía a gusto ni podía voluntariamente adorar a Dios, hoy le estoy animando que decida adorar a Dios de manera voluntaria, desde la profundidad de su alma, corazón, o espíritu, pues es así como Dios espera su adoración.

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   El segundo indicador que Jesús recalca acerca de que la adoración de los creyentes debe estar centrada en Dios, es que:

II.- DIOS ESPERA UNA ADORACIÓN BASADA EN LA VERDAD.

   Siguiendo las palabras de nuestro texto bíblico, observamos que después de que Jesús afirma que: “…los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu”, añade inmediatamente: “y en verdad”. (Juan 4:23a); dejando claro que “…los verdaderos adoradores adorarán al Padre […] en verdad”.    ¿Qué esto de adorar “en verdad”?  Desde luego que es el no adorar falsamente al Dios que es Verdadero Dios, lo que entonces responsabiliza a cada creyente a crecer más en el conocimiento de toda verdad bíblica acerca de Dios.  Hay que aprender, hay que conocer, hay que saber cómo Él desea ser adorado. No se puede adorar “en verdad”, si se ignora quién es Él y cómo desea ser adorado.

   En la ocasión de la conversación entre Jesús y Nicodemo, Jesús le dijo a este: “De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; …” (Juan 3:11). Por su parte, San Juan el apóstol, para enfatizar que conoció a Jesús, anduvo con Jesús, y que escuchó enseñanzas de Jesús, dice en su primera epístola a sus lectores que: “lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos” (1 Juan 1:3).  Todas las personas, en nuestro buen estado mental y cognitivo, etc… hablamos como dice Jesús de “lo que sabemos” o conocemos; hablamos como dice Juan, de “lo que hemos visto y oído”. No podemos hablar de lo que nos es desconocido, a menos que decidamos ser mentirosos. En otras palabras, una persona dice o hace conforme a sus conocimientos o experiencias.  Lo mismo ocurre cuando de adorar a Dios se trata.  Uno adora a Dios conforme a lo que uno conoce o sabe, y cree de Él, y acerca de cómo debe adorarle.  A menudo los adoradores por falta de conocimiento de la verdad o también por rebeldía hacemos cosas que no deberíamos hacer durante la adoración, e incluso hay personas que inventan sus propias maneras de adorar a Dios, lo cual resulta nada menos que una idolatría.  La Confesión de Fe de Westminster, específicamente lo concerniente a la adoración a Dios, dice: “debe ser temido, amado, alabado, invocado, creído, y servido, con toda el alma con todo el corazón y con todas las fuerzas. Pero el modo aceptable de adorar al verdadero Dios es instituido por El mismo, y está tan limitado por su propia voluntad revelada, que no se debe adorar a Dios conforme a las imaginaciones e invenciones de los hombres o a las sugerencias de Satanás, bajo ninguna representación visible o en ningún otro modo no prescrito en las Santas Escrituras” (CFW, Capítulo 21, párrafo I).

   Amados hermanos, en el caso del deber de adorar a Dios “en verdad” como Jesús lo indica, implica la responsabilidad de conocer más lo que Dios dice de sí mismo en su palabra con respecto a su naturaleza, a sus atributos, etc… mientras más conozcamos de Él, más le amaremos, y más estaremos preparados para adorarle como Él se lo merece.  No se puede centrar la adoración a Dios si uno no conoce ni sabe bien de Dios y cómo ser adorado según su voluntad.  Una lectura de la palabra de Dios aporta el conocimiento de su naturaleza, atributos, y cómo adorarle; y la misma palabra de Dios despierta en el corazón del ser humano el deseo de expresarle adoración que Él se merece, y como Él lo merece.

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   El tercer indicador que Jesús recalca acerca de que la adoración de los creyentes debe estar centrada en Dios, es que:

III.- DIOS TIENE COMO PRIORIDAD BUSCAR ADORADORES.

   Después de que Jesús describió que “…los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; …”, añadió una importantísima aclaración que indica la prioridad de Dios, cuando dijo: “porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren” (Juan 4:23b).  Es sorprendente saber que lo que Dios busca de las personas es “que le adoren”.  Dios, para beneficio de los seres humanos, es un buscador, primero para salvarnos, como Jesús en casa de Zaqueo dijo de sí mismo que: “el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).  Pero, el fin de Dios de buscarnos no es solamente para salvarnos, sino para adorarle.

   Ya desde tiempos antiguos, Dios había dejado bien claro que él desea que su pueblo le adore.  Cuando sacó a los Israelitas de Egipto, el mensaje que Dios recurrentemente enviaba decirle al Faraón fue: “Deja ir a mi pueblo, para que me sirva” (Éxodo 7:16; 8:1, 20; 9:1, 13; 10:3). “Sirva” en este contexto es lo mismo que “adore”.

  También en las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento, se resalta la relevancia y prioridad de la adoración para el pueblo de Dios (en aquellos tiempos, el pueblo de Israel) que había sido liberado de la esclavitud de mano de los egipcios. Por ejemplo, en el libro del Éxodo, hay 25 capítulos dedicados al relato de la construcción del Tabernáculo, lugar de la adoración que los israelitas darían a Dios. El libro de Levítico tiene 27 capítulos en total que bien pudiese llamarse como Libro de Liturgia, por su reglamentación y descripción de diversos procedimientos y modelos de adoración. Y qué decir del libro de los Salmos que es el himnario más colosal con 150 salmos, el mayor himnario que una religión de la antigüedad haya tenido.  Todo esto indica la prioridad que el pueblo de Dios debería tener hacia la adoración a Dios.

   La razón por la que Jesús manda hacia todas las naciones a sus apóstoles, y en consecuencia a nosotros, a su iglesia de todos los tiempos, para hacer discípulos, es para que finalmente los nuevos discípulos se conviertan en los adoradores que el Padre está buscando.  Aunque conocemos este mandato como La Gran Comisión, hacer discípulos no se convierte en una realidad completa si tal persona en discipulado no se convierte en adorador.  Así nos damos cuenta de que la prioridad de Dios es hacernos adoradores de Él.  Cuando nosotros cumplimos el deber de la evangelización, estamos haciendo el comienzo del objetivo máximo que es la adoración que Dios espera de nosotros aquí en la tierra.  Hay que guiar a las personas a la adoración, y nosotros mismos tenemos que mejorar nuestra responsabilidad de centrar nuestra adoración en Él.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, para enfatizar que entonces nuestra adoración si es para Dios debe estar centrada en Él y solamente en Él, no esperando que lo más importante de la adoración sea la satisfacción de nuestros sentidos, que si no se logra, entonces nos cause una gran preocupación.  Más bien, deberíamos preocuparnos que Dios se sienta glorificado con nuestra adoración.  Es verdad que Dios no depende de nuestra adoración para sentirse bien, pues Él siendo Dios, es la esencia y fuente de toda satisfacción.  Sin embargo, debemos ser intencionales en darle a Él en nuestra adoración lo máximo y excelente que le podamos ofrecer de nuestras propias vidas regeneradas por la obra del Espíritu Santo y de Jesucristo.

   La adoración centrada en Dios aquí en la tierra, es solamente una reproducción que ocurre en los cielos, y es necesaria porque más adelante nos tocará llevar a cabo esta función adoradora en la presencia celestial y eterna de Dios.  Allí, según una visión del apóstol Juan la adoración se centra en Dios a quien sus adoradores le decían: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder” (Apocalipsis 4:11).  En otro momento escuchó también la orientación de que: “El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza”. […] (e inmediatamente alguien recalcó con las mismas palabras) “Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 5:12,13).  Y en otro momento vuelve a escuchar que: “La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén” (Apocalipsis 7:12).  Entonces, el culto o la adoración, debe estar centrado en lo que se ofrece a Dios, más no en lo que un adorador espera, desea, o quisiera recibir. El culto es nuestro para Dios, no de Dios para nosotros, ni de otros adoradores para nosotros.  Esto es verdad tanto en la adoración celestial como en la adoración de la iglesia aquí en la tierra.

  Sin embargo, Dios por su gracia también va a bendecir al adorador quien lleno de necesidades se acerca a Él, pero esto será una realidad solamente como resultado de haberle adorado verdaderamente, pues Dios es el objetivo del culto, no nosotros.  El recibir sus bendiciones, ya sea durante el culto o aun después del culto, solamente es una expresión de su gracia que ni siquiera somos dignos de recibir, pero que a pesar de ello, en el momento que a su gracia le plazca, nos lo va a dar. Pero, si usted no sintió la satisfacción de estar en adoración delante de la presencia de Dios, entonces, hay algo que usted debe analizar. Analice si usted verdaderamente adora a Dios durante la adoración; analice también si usted ya es una persona verdaderamente cristiana, pues no ser cristiano es una causa por la que el “espíritu” o ser interior no tiene nada para ofrecerle a Dios, y todo lo que sale de uno, sale solamente de los labios mas no del corazón.  Si a usted le falta conocer más de Dios, de su naturaleza, de sus atributos, y de sus obras, propóngase conocerlo por medio de su palabra, y así usted le amaría y le adoraría más, y pensaría en darle más antes que solo esperar recibir más de Él.

   Dispóngase a ser un adorador centrado en Dios.

Jun 16

LA DISCIPLINA DE LA ORACIÓN, Por: Diego Teh.

LA DISCIPLINA DE LA ORACIÓN

Efesios 6:18.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del sábado 16 de junio 2018, a las 19:00 horas, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 07 de la serie: LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO.

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   INTRODUCCIÓN: Orar, no es una práctica de muchos.  ¿Usted se considera una persona de oración? ¿Sí? ¿Cuáles son sus medidas para considerar que sí?  ¿NO? ¿cuál será la razón por la que usted no ora con la frecuencia que se debería orar? Creo que el problema principal por el que mucha gente no ora, o no ora lo suficiente o necesario, es porque no hacen de la oración una disciplina de su vida.  A muchos solamente se les acuerda orar cuando llega a su vida algún problema por el cual hayan sido sacudidos y negativamente impactados; pero después de que pasan el momento difícil, se olvidan del valor, importancia, y poder de la oración.  Muchos, también, no encuentran en la oración nada que les haga sentir lo importante que es, y les anime a hacerlo más veces que unas pocas veces.  Muchos desconocen o no han experimentado jamás en sus vidas el poder de la oración, precisamente porque son de poca o escasa oración.  Precisamente, porque no tienen la disciplina de practicar la oración.

   En el mensaje de este momento, basado en las palabras del apóstol Pablo a los Efesios, cuando les dice: orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:18), voy a predicarles que hay cinco elementos acerca de la oración con los cuales se puede experimentar el poder de la oración. / ¿Cuáles son estos elementos con los que se puede experimentar el poder de la oración? / En este mensaje voy a compartirles acerca de cada uno de estos cinco elementos.

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   El primer elemento de la oración con el cual se puede experimentar el poder de la oración, es:

I.- ORAR EN EL ESPÍRITU.

   Lo primero que voy a indicar del versículo 18 es el complemento de la frase que en cuanto a la oración dice: orando en todo tiempo con toda oración y súplica”.  El complemento al que me refiero es la pequeña frase esencial que inmediatamente, dice: “en el Espíritu” (Efesios 6:18).  ¿Qué es esto de orar en el Espíritu?  Primero que nada, no consiste en algo que nosotros generemos ni de nuestro corazón ni de nuestros labios al hablar las palabras de nuestra oración.  Más bien, se trata de seguir un impulso de decirle algo a Dios.  En ese impulso, viene a la mente justamente las palabras que hay qué decir, y uno las dice.  Generalmente, una oración no es cosa que planeamos con varios días de anticipación, ni escribimos notas para mirar al momento y así acordarnos de qué palabras planeamos usar.  Una oración, normalmente es espontánea, por lo que no habíamos tenido la oportunidad de pensar palabra por palabra lo que vamos a decir; es más, muchas veces, ni siquiera estamos ordenando nuestras palabras en el justo momento de estar orando; pues decimos lo que instantáneamente cruza en nuestro pensamiento.  Es entonces, que justo en ese momento, el Espíritu Santo de Dios está actuando tanto en la mente como en los labios de cada persona que orar; y está dando las palabras necesarias para decirle a Dios.  Usted no sabía que pedir, y cómo decírselo a Dios, pero hubo un poder que le impulso a decir en su oración, justamente aquellas palabras que son necesarias de decírselas a Dios. ¿Cómo ocurre esto?

   El apóstol Pablo, explica a los romanos este fenómeno divino de la siguiente manera: “…el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. / Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos” (Romanos 8:26,27).  Esto es orar en el Espíritu; dejar que el Espíritu de Dios ponga en la mente y aun en los labios las palabras que hay que decir.  En ese momento, uno siente que las palabras salen porque salen, y uno tiene el anhelo emocionante de hablar con Dios.  Es el mismo Espíritu de Dios que está haciendo esta función en nuestra mente, corazón, y palabras.  El apóstol Judas, por su parte, explicando cómo conservarse en el amor de Dios, dice que lo que hay que hacer, es: Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, / conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna” (Judas 20,21).  Es orando en el Espíritu Santo que uno se conserva en el amor de Dios.  En otras palabras, uno se conserva en el amor de Dios, no por nuestra habilidad de pensamiento, ni por astucia, sino por obra misma del Espíritu de Dios impulsándonos a desear permanecer en Cristo, y a orarle a Dios que nos preserve en su amor.

   Amados hermanos, en toda oración contamos con la intervención intercesora del Espíritu Santo. Sigamos la guía que el Espíritu Santo de Dios pone en nuestro corazón para decirle a Dios nuestras oraciones.  No digamos lo que humanamente podríamos pensar que es la voluntad de Dios, sino lo que el Espíritu quiere que pidamos con efectividad y apego a la voluntad de Dios.

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   El segundo elemento de la oración con el cual se puede experimentar el poder de la oración, es:

II.- ORAR SIN CESAR.

   Lo segundo que voy a indicar, siempre del versículo 18 es justamente el comienzo de la frase que ya he señalado, la que dice: orando en todo tiempo” (Efesios 6:18).  ¿Es esto posible? ¿No es muy demandante de tiempo?  Esto es lo que popularmente también llamamos orar sin cesar.  Orar sin cesar, es la obediencia a la instrucción apostólica de Pablo a los Tesalonicenses cuando les dijo: “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5:17).  Sin embargo, aun antes de Pablo, los que aceptaron ser discípulos de Jesús, aun cuando físicamente él ya no estaba para enseñarles y dirigirles, ya oraban sin cesar.  En la historia de los Hechos de los Apóstoles, leemos que: “Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego…” (Hechos 1:14).  Esto de perseverar, es la indicación de una práctica incesante de orar.  Orar sin cesar, no significa que uno se la va a pasar los 86,399 segundos de las 24 horas del día haciendo oración. Más bien lo que quiere decir es que hay que ser frecuente e intencionalmente dispuesto a orar en cualquier momento que surja algún motivo para orarle a Dios; ya sea, por la necesidad de una confesión, una gratitud, una petición, etc…

   Kent Hughes, en su libro Las Disciplinas de un Hombre Piadoso, relata que un hombre que dedicó muchos años de su vida a la oración sin cesar, comparte su experiencia en el que resalta que orar se puede hacer realmente en cualquier momento, incluso cuando uno está tan ocupado en el trabajo.  Él dice: “El tiempo de trabajo no es obstáculo para que esté orando; y en medio del ruido y alboroto de mi cocina, mientras varias personas están al mismo tiempo pidiendo diferentes cosas, estoy en comunión con Dios con una tranquilidad tan grande como si estuviera de rodillas”.  Cuando hay disciplina en el orar sin cesar, la postura no es lo relevante, sino la actitud de querer orar.  Cuando las circunstancias no facilitan cierta postura física para acompañar la oración, no está mal adoptar la mejor postura posible en ese momento.  Lo importante es llevar a cabo el orar sin cesar.

   Amados hermanos, aprovechemos bajo cualquier circunstancia la oportunidad de orar otra vez a Dios.

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   El tercer elemento de la oración que sirve para experimentar el poder de la oración, es:

III.- ORAR POR TODO.

   Lo que ahora quiero indicarles siempre del versículo 18 es la frase que también he señalado desde el principio, la que dice que se debe orar: “con toda oración y súplica” (Efesios 6:18).  ¿Qué será esto de “orando” […] con toda oración y súplica”? Hay que aclararlo, porque parece algo redundante. Las mismas palabras, pero en la versión Dios Habla Hoy, las encuentro más claras todavía, al decir: “rueguen y pidan a Dios siempre”.  Esto de rogar y pedir a Dios “siempre”, implica el tener “siempre” a mano por lo menos, pero incluso muchas veces y a cada rato motivos abundantes para orar por diversos y muchos casos relacionados con nuestra vida.

  Cuando el apóstol Pablo instruyó por carta a los Filipenses acerca de la oración, les dijo: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” (Filipenses 4:6).  Pareciera que lo que está diciendo esta traducción es que debe haber “peticiones […] en toda oración”, lo cual no hay problema si toda oración incluyera alguna o varias peticiones.  Pero, la versión Dios Habla Hoy, lo traduce a mi parecer más fielmente al original, diciendo: “No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también” (Filipenses 4:6; DHH).  Eso de “preséntenlo todo a Dios en oración”, es un indicativo de que lo que hay que presentar a Dios en oración es “todo”, lo cual podría surgir en cualquier ocasión, evento, asunto relacionado con nuestra vida, lo cual no va a ser solamente uno por día sino muchas cosas que harán el todo por lo cual se debe orar a Dios.

   Orar por todo, puede ser para resistir la tentación cuando estamos frente o aun antes de una posible tentación; puede ser para pedir sabiduría ante la necesidad de tomar una decisión, o aunque no haya una que tomar inmediatamente, pues de todas maneras, la sabiduría siempre será necesaria; puede ser para recibir poder de Dios, ante la realidad de que hay cosas que debemos hacer pero no podemos por falta de poder, mucho más cuando se trata de hacer algo a favor de la obra redentora y salvadora de Dios por nuestros semejantes; puede ser para el dominio propio, porque a menudo nos damos cuenta que no tenemos el control necesario sobre nuestro carácter, nuestras palabras, y acciones; puede ser para pedir por alguien, como un familiar, una amigo, pues siempre habrá alguien por quien orar cada día; puede ser para la confesión de nuestras faltas, que sin duda diariamente siempre tendremos algo que confesar; puede ser para pedir por nuestro crecimiento espiritual, pues una y otra vez siempre aparecen en nuestra vida situaciones que intentan frenar nuestro crecimiento en la gracia.  Y así habrá muchos motivos cada día, que debemos tomar en cuenta TODOS esos motivos y presentarlos a Dios en oración.

   Amados hermanos, orar POR TODO, requiere que estemos atentos a cada experiencia de la vida, lo cual requiere de mucha disciplina.  Mucha gente piensa que es suficiente con haber orado de gratitud por haber despertado, o por haber dispuesto del desayuno, almuerzo, y cena de cada día.  Pero, no es suficiente.  Siempre habrá más motivos diarios por los cuales orar.  Es POR TODO.  Orar por todo no requiere de acumular los motivos de oración para el día de oración de la semana que hay en el templo o en algún hogar.  La verdad es que se nos van a olvidar. Orar por todo, es orar por cada motivo que se presente, de preferencia justamente en el momento que hemos detectado el caso.  Cada día siempre tenemos y tendremos una gran cantidad de oportunidades para orar por todo. Seamos atentos espiritualmente para poder orar por todo.

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   El cuarto elemento de la oración con el cual se puede experimentar el poder de la oración, es:

IV.- ORAR CON PERSEVERANCIA.

   Ahora, siempre siguiendo las palabras de Efesios 6:18, observamos que la manera de llevar a cabo la oración esperada por Dios, es: velando en ello con toda perseverancia” (Efesios 6:18). La indicación es clara, se trata de que Dios espera que oremos con perseverancia.  Es decir, si es necesario orar más de una ocasión por lo mismo, lo haremos hasta obtener respuesta favorable de Dios.  Y si a pesar de haber orado, el problema venció en ese caso, es porque Dios ha respondido que NO, sin embargo, siempre es necesario orar de manera perseverante.

   Voy a mencionarles dos historias bíblicas, una del Antiguo Testamento, y otra del Nuevo Testamento, historias que recalcan la importancia de perseverar.  En Éxodo 17:8-13 se nos describe lo que sucedió con Moisés durante una guerra de los amalecitas contra los israelitas.  Sucedió que durante la batalla observaron que cuando Moisés levantaba las manos, los israelitas derrotaban a los amalecitas, pero ¿cuánto tiempo podría una persona tener las manos levantadas?  Haga usted la prueba y tendrá la respuesta. Entonces, cuando Moisés se cansaba y bajaba las manos, los amalecitas derrotaban a los israelitas.  Lo que Aarón y Hur decidieron hacer para que Moisés aguante más tiempo con las manos levantadas, fue sentarlo y como les levantan las manos a los que han vencido en algún deporte, Aarón le sostuvo una mano arriba, y Hur la otra mano.  Entonces, los israelitas ganaron la batalla.  Esto ilustra lo importante que es perseverar en la única solución disponible.  Como dice el refrán popular: El que persevera alcanza.

   El otro caso es el de una viuda que Jesús en su parábola utilizó para enseñar a la gente “sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar” (Lucas 8:1), o sea, de orar con perseverancia.  La parábola dice: “También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, / diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. / Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. / Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, / sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia” (Lucas 18:1-5).  Hasta Jesús explicó que orar no es cualquier simple arranque emocional de hacerlo una vez y allí acabó, sino que se trata de “la necesidad de orar siempre” (Lucas 8:1).

   Amados hermanos, no se contenten con haber orado una vez al día, o una vez por un determinado problema.  Aunque les parezca fastidioso volver a orar por segunda vez o hasta por centésima vez por lo mismo, hay que hacerlo.  A veces Dios espera nuestra perseverancia, aunque a veces responde a la primera, a la segunda, o tercera… pero perseverar en la oración es importante.

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   El quinto elemento de la oración con el cual se puede experimentar el poder de la oración, es:

V.- ORAR POR LOS CREYENTES.

   Para terminar de explorar las palabras de Efesios 6:18, observamos que después de decir que se debe orar “con toda perseverancia y súplica”, concluye indicando que tal o tales oraciones deben ser hechas también “por todos los santos” (Efesios 6:18).  Ups, no se vaya a confundir alguno de los presentes. “Los santos” a los que se refiere este versículo y otros más en los escritos del apóstol Pablo, viene a ser un sinónimo de “creyentes”, solo que con el calificativo “santos”, el apóstol describe y enfatiza no el aspecto de la fe de los creyentes, sino el aspecto de la obra que Dios está haciendo de santificar a los creyentes alejándolos de la influencia del pecado.  Sin embargo, ellos necesitan no solamente de la práctica de la oración personal que sin duda también trae efectos a sus vidas, sino que también necesitan de la oración de otros creyentes.  Es decir, aunque yo oro a Dios, ustedes deben orar por mí; aunque usted ore a Dios, todos deberíamos orar por usted, o por lo menos un grupo de creyentes deberían orar por usted; el hermano y la hermana que amamos tanto (o aunque luchas por amarles tanto) aunque oran, también usted, los demás, y yo, debemos orar por ellos.

   Pablo y sus compañeros misioneros pidieron a los Tesalonicenses: orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros, / y para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe” (2 Tesalonicenses 3:1,2).   Pero, también en la mayoría de sus escritos, como es el caso en su epístola a los Efesios, acostumbraba decirles a sus lectores: “Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, / no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones” (Efesios 1:15,16).  A los Filipenses les escribió: “Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de vosotros, / siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros” (Filipenses 1:3,4). A los Colosenses escribió: “Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios” (Colosenses 1:3a).  Esto es solamente una muestra de la importancia de orar por los demás creyentes, aunque estén lejos de donde uno está.  Aunque no tengan una cercanía geográfica con nosotros.  Por eso podemos orar por cualquier motivo de oración de algún creyente que se nos haga saber que tiene alguna necesidad espiritual, física, o material.

   Amados hermanos, mucho más deberíamos orar por los hermanos que están cerca de nosotros, como los que se reúnen en esta misma congregación donde hoy estamos reunidos.  Entre otros deberes como el de reconciliarse, perdonarse, etc… el apóstol Santiago instruyó a sus primeros destinatarios: “orad unos por otros” (Santiago 5:16).  Haga oración por los hermanos de esta iglesia/congregación. Si no sabe cómo se llama alguno, aproveche la ocasión para saber su nombre, saludarlo, hacer amistad con otros, y decirles que usted va a orar por ellos.

 

    CONCLUSIÓN: Orar en el Espíritu necesita ser disciplinado en no rechazar la guía del mismo Espíritu Santo quien genera el deseo de orar, e incluso las palabras que uno debería decir a Dios, pero si no hay disciplina en este aspecto, lo que va a suceder es que uno hará oración que es impulsada por la naturaleza del corazón y por más que uno ore, tal oración no subirá al trono de Dios.  Orar sin cesar, orar por todo, orar con perseverancia, y orar por otros creyentes, son elementos con los cuales se puede experimentar el poder de la oración; pero no puede uno experimentar el poder de la oración, si uno no está disciplinado en la práctica de la oración.

   Dios quiera que usted pueda hacer de la oración un hábito o disciplina de su vida, y no solamente orar alguna vez por un par de minutos, una vez por semana.  Una vida disciplinada en la oración, ora incesantemente.

   Recuerde usted el encargo que Jesús dio a sus discípulos, cuando les dijo: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26:41; Marcos 14:38).