May 17

EL DÍA DE REPOSO: UNA PRUEBA PARA EL CREYENTE, Por: Diego Teh.

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EL DÍA DE REPOSO: UNA PRUEBA PARA EL CREYENTE

Exodo 16:23-30; 20:8-11; Mateo 22:34-40.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Cristo es el Camino” de la col. Chuminópolis, de Mérida, Yucatán; el día domingo 17 de Mayo del 2015, a las 10:45 horas, como parte de la serie LOS DIEZ MANDAMIENTOS.

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   INTRODUCCIÓN: Dios siempre se ha encargado de poner pruebas a los creyentes.  Por ejemplo, en una ocasión a Abraham, persona a quien Dios llamó para iniciar la formación de una nación que sería su pueblo escogido de entre todas las naciones del mundo, le puso una prueba bastante dura de cumplir, que consistió en pedirle a Abraham que le sacrificará a su único hijo Isaac, un adolescente como de doce años, hijo que Dios mismo le había prometido dar desde hace como 37 años atrás, y que tardaron 25 años en esperar su nacimiento.  Pero, en fin, un hombre obediente a Dios tenía que cumplir con lo que le es requerido, por lo que habiendo preparado el altar con piedras y leña encima, y habiendo levantado las manos con un cuchillo para sacrificar al muchacho, el Ángel de Jehová (o sea, Dios mismo) le impidió a Abraham que consumara el sacrificio.   Dios, entonces, en ese momento le dijo a Abraham: “No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único” (Génesis 22:12).  Fue hasta ese momento que Abraham supo que pasó la prueba de temor a Dios.

   El mensaje de esta ocasión lo fundamentaré en tres pasajes relacionados con el guardar el día de reposo: Exodo 16:23-30, Exodo 20:8-11; y Mateo 22:34-40.  En el primer pasaje tenemos la historia cuando Dios les proporcionó a los Israelitas maná en el desierto de Sin, en cual hubo instrucciones precisas para guardar el día de reposo.  En el segundo pasaje, tenemos el mandamiento que fue dado en el Monte Sinaí en el cual les fue ordenado a los Israelitas “Acuérdate del día de reposo para santificarlo”, mandamiento que junto con los primeros tres están enfocados en lo que el hombre debe obedecer para con Dios.  El contenido de estos primeros cuatro mandamientos, son la norma esencial para que aprendamos a amarle, para que vivamos en santidad delante de Él, y para que le rindamos el culto que solamente Él se merece de manera directa, sincera, y oportuna.  Y en el tercer pasaje que utilizaré tenemos la historia cuando Jesús responde con toda precisión y sabiduría a los fariseos de que los mandamientos en el cual se encuentra el de guardar el día de reposo forman el primer y grande mandamiento que consiste en amar a Dios.

   Basado en estos tres pasajes, no voy a predicar acerca del séptimo día que se observó antes de la resurrección de Jesús, sino que toda aplicación que haré será considerando el primer día de la semana que el cristianismo ha observado después de la resurrección de Jesús; por lo que con esto en mente voy a compartirles que la institución de un día de reposo por parte de Dios, y el guardar tal día por parte del creyente, sirven como una prueba para evidenciar en parte las diversas actitudes del creyente para con Dios.  /  ¿Qué diversas actitudes son puestas a prueba con el guardar o no guardar el día de reposo?  /  En este mensaje les voy a compartir cinco actitudes que son puestas a prueba al guardar o no guardar el día de reposo establecido por Dios.

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   La primera actitud que es puesta a prueba con el guardar o no guardar el día de reposo, es:

I.- SI UNO ESTA DISPUESTO A OBEDECER A DIOS.

   Sobre este asunto, leamos lo que ocurrió afortunadamente no con todos los israelitas sino solamente “con algunos del pueblo”.  En la historia del caso leemos que les fue dicho: “Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo; en él no se hallará.  /  Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron.  /  Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?” (Éxodo 16:26-28).  Al respecto podemos observar dos cosas en este caso: Primero, que “algunos del pueblo”, a pesar del mandato de que el séptimo día no debían salir a recoger maná, simplemente decidieron hacer lo contrario; y segundo, que Dios le expresó su molestia e inconformidad a Moisés por la actitud de estos hombres que no pudieron pasar la prueba de obedecer el mandato de no salir a recoger maná.   Probablemente, eran glotones y su misma glotonería los llevó a la desobediencia.  Probablemente querían hacer negocio para venderles a los que no recogieron para aquel día.  En fin, lo que resalta es que el mandato sirvió para revelar quién sí y quien no estaba dispuesto a obedecer a Dios.

   Amados hermanos, yo creo que aunque en la actualidad el cristianismo ha tenido no el séptimo día, sino el primer día de la semana, el día del Señor para santificarlo, esta misma observación es igual de cierta.  Quienes son capaces de despertar temprano, y destinar este día para alabanza a Dios y actos de misericordia hacia el prójimo, pasan la prueba demostrando que están dispuestos a obedecer a Dios; pero quienes tienen en poca estima el Día del Señor, y con toda premeditación y negligencia no destinan este día para la conmemoración de la resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, poco o nada están demostrando en cuanto su obediencia a Dios.

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   La segunda actitud que es puesta a prueba con el guardar o no guardar el día de reposo, es:

II.- SI UNO ES DISCIPLINADO EN LO PERSONAL Y EN LO FAMILIAR.

   En cuanto a este asunto, observemos que la instrucción que se les dio a los israelitas, fue: “…lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana” (Éxodo 16:23).  En la historia, podemos darnos cuenta que la mayoría de la gente se esforzó en obedecer, pero quienes no lo hicieron, solamente demostraron que no están desarrollando en su vida personal una disciplina necesaria y suficiente para poder ser obedientes a Dios tal como otros si lo pueden hacer.  Y estoy seguro que esta desobediencia de estos “algunos”, no fue solamente algo personal sino que mucho tiene que ver el desorden que tenían sus familias que los llevó a cometer este desorden.  Quizá no fueron responsables en recoger por adelantado lo que necesitarían para comer el día de reposo; o quizá aprovechando que había doble comida el sexto día, se lo comieron todo de una vez; pero cualquiera que haya sido el caso, la falta de disciplina para obedecer a Dios estaba presente con ellos.

   Amados hermanos, es evidente que mucha gente, incluyendo a cristianos, no valoran la importancia de dedicar un día a la semana en compañía de otros creyentes para el aprendizaje de la Palabra de Dios, la adoración a Dios, y el ocuparse en el nombre del Señor para hacer un acto de misericordia hacia el prójimo para promoción de la obra de Dios.  La razón para no hacer todo esto es porque no tienen una vida disciplinada, no haciendo lo que deben hacer durante la semana y lo dejan todo especialmente para hacer en este día que bien puede ser utilizado para el servicio a Dios.  Es más, hay quienes hasta intencionalmente para el día del Señor, programan paseos a la playa, irse al cine o a una feria, visitar solo socialmente a sus amigos y familiares, viajar a alguna excursión, salir de compras, o simplemente quedarse en casa menos mal si trabajando pero a veces solamente por ver una película, un partido de futbol, o un evento especial.  Todo lo anterior, solamente son algunas muestras de indisciplina que tienen algunos creyentes que son un mal ejemplo para sus familias a quienes también arrastran hacia la misma actitud para con Dios y su Iglesia.

   Amados hermanos, la instrucción de Moisés a los israelitas cuando les dijo: “…lo que habéis de cocer, cocedlo hoy, y lo que habéis de cocinar, cocinadlo; y todo lo que os sobrare, guardadlo para mañana”, nos sugiere que deberíamos ser disciplinados en hacer todos nuestros trabajos con anticipación desde el lunes hasta el sábado, o hasta el sábado mismo, o hasta el mismo domingo muy en la mañana, para que no tengamos ningún estorbo para servir al Señor junto con toda nuestra familia que es cristiana en un día que desde la resurrección de Jesús ha sido el día dedicado a Dios para la iglesia cristiana durante 1982 años.

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   La tercera actitud que es puesta a prueba con el guardar o no guardar el día de reposo, es:

III.- SI UNO VERDADERAMENTE CONFÍA EN DIOS.

   Con respecto a este asunto de confiar en Dios, observemos lo que se dice de la mayoría de la gente del pueblo: “Y ellos lo guardaron hasta la mañana, según lo que Moisés había mandado, y no se agusanó, ni hedió.  /   Y dijo Moisés: Comedlo hoy, porque hoy es día de reposo para Jehová; hoy no hallaréis en el campo” (Exodo 16:24,25).  Durante los primeros días del maná y de aquella primera semana que comenzaron a recogerlo, se emocionaron demasiado que algunos recogían demasiado pensando que sería bueno estar seguro de que habrá comida para el día siguiente, pero la historia nos dice que: algunos dejaron de ello para otro día, y crió gusanos, y hedió” (Exodo 16:20), pero cuando el día sexto recogieron doble medida hasta para el séptimo día “según lo que Moisés había mandado, (dice entonces del maná) y no se agusanó, ni hedió” (Exodo 16:24).   Solamente había que confiar en que Dios les daría y hasta por anticipado, la provisión necesaria que ellos dedicaran a la obediencia de guardar un día de reposo para que recordaran y celebraran con toda la familia que Dios es el Creador que lo hizo todo en seis días y reposó en el séptimo; y que el mismo Dios Creador los ha librado de Egipto y les ha dado reposo de su labores de esclavos en Egipto.  Ellos tenían que aprender a confiar en que Dios les tendría lista una provisión para el día siguiente, y que el día que dedicaran para reposar por orden de Dios también no serían desamparados sino que también recibirán el pan de cada día sin tener nada de qué preocuparse.

   Amados hermanos, hoy también tenemos que mejorar nuestra confianza en Dios.  Ninguna persona que dedique su tiempo al servicio de Dios será defraudado quedándose sin el pan de cada día.  Dios trabaja por anticipado para proveernos el pan de cada día, por eso cada día mientras trabajamos durante seis días debemos mantenernos confiando en que él está proveyendo lo necesario hasta para el día que dedicaremos exclusivamente para su servicio.  Así que descansar el primer día de la semana, el domingo, el día del Señor, es una evidencia de cuánto estamos confiando en que Dios es el proveedor para nuestras necesidades durante los siete días de la semana.   Así que cuando no buscamos dedicar este día al Señor, algo está fallando, o no amamos la resurrección de Jesús un primer día de la semana, o estamos cargados de ambición para querer conseguir más de lo que Dios no ha preparado para nosotros, o no estamos confiando verdaderamente en que Dios nos da lo necesario.

La cuarta actitud que es puesta a prueba con el guardar o no guardar el día de reposo, es:

IV.- SI UNO ESTÁ DISPUESTO A DEPONER SU EGOISMO.

  En el texto propio del cuarto mandamiento dice en cuanto a quiénes no deberían hacer cosa alguna ese día: “…no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada,  ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas” (Éxodo 20:10).  Sin embargo, cuando una persona piensa en sí mismo únicamente, es capaz de desobedecer a Dios, y es capaz de someter a su propia familia, a otras personas, y otras cosas que le pueda ser útil para su propio beneficio.  Pero la persona que se acuerda de que Dios le pide ese día para que Él sea servido, y le obedece, esta persona pasa la prueba de someter sus propios intereses para dar paso a hacer ese día totalmente la voluntad de Dios más que los demás día de la semana.

    Amados hermanos, cuando vivíamos sin Cristo era evidente que vivíamos pensando solamente en lo que nos interesa.  Fuera de nosotros no nos interesaba nada más, sino que éramos egoístas.  Pero ahora que hemos venido a los pies de Cristo, como dice el apóstol Pablo a los Gálatas, “ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2:20), entonces, los intereses que debemos tener deben ser los mismos intereses de Cristo, deponiendo lo intereses egoístas que antes acostumbrábamos tener.  El mismo apóstol Pablo, nos cuenta cómo uno deja de centrarse en su propio yo, pues dice a los Filipenses: Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.  /  Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:7,8).   Para quienes en el día del Señor, estábamos acostumbrados a sacar solamente provecho económico, recreativo, social, familiar, etc… ahora que ya somos creyentes, guardar ese día para el Señor va a ser la evidencia de que verdaderamente tenemos disposición de deponer el egoísmo que nos caracterizaba, pues el reposo ordenaba “no hagas en él obra alguna”.  Si ese día tienes que perder alguna ganancia o todo por amor de Cristo, en fin, vale más conocer de Cristo y ganar a Cristo.

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   La quinta actitud que es puesta a prueba con el guardar o no guardar el día de reposo, es:

V.- SI UNO VERDADERAMENTE AMA A DIOS.

  En una ocasión casi al final del ministerio de Jesús, en el día conocido como martes de controversia, los fariseos le preguntaron a Jesús diciéndole: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?” (Mateo 22:36), a lo que el respondió no señalando un mandamiento en particular sino diciendo que el conjunto de los primeros cuatro mandamientos, entre los que se incluye el mandamiento de guardar el día de reposo, que en sus propias palabras se resume en “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu alma, y con toda tu mente.  Este es el primero y grande mandamiento” (Mateo 22:37,38). Así que quien guardaba el día de reposo junto con los demás mandamientos, estaba pasando la prueba de amar a Dios.

   Amados hermanos, razón suficiente tenemos para amar a Dios.  De acuerdo con el apóstol Pablo a los Efesios, nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,  /  en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad”  (Efesios 1:4,5).  Pero, no solamente nos escogió, no solamente nos predestinó, no solamente nos adoptó sino que tuvo el costo de enviar a su Hijo Jesucristo para pagar bajo muerte de cruz la penalidad por nuestros pecados.  Como dice San Juan “él nos amó primero” (1 Juan 4:19), por lo tanto, es muy apropiado que le demostremos que le amamos por medio de nuestro servicio de adoración a él en compañía de otros creyentes, por lo menos el primer día de la semana, pues a Dios hay que amarle todos los 7 días de la semana.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, guardar como pueblo de Dios un día para el Señor, prueba qué tan dispuestos estamos a serle obedientes, prueba que tan disciplinados o indisciplinados estamos con respecto a las cosas de Dios, prueba también hasta cuánto estamos dispuestos a confiar verdaderamente en Dios, prueba que uno está dispuesto a deponer su egoísmo, y prueba que una persona verdaderamente ama a Dios; por lo que les invito a tener en importancia el asistir a los estudios bíblicos dominicales, al aposento alto que celebramos por las mañanas dominicales, y al culto de adoración dominical por la tarde.   ¿Pasaremos las cinco pruebas sencillas que Dios nos ha planteado hoy por medio de su Palabra?  Nadie se pierda el dedicarse al servicio a Dios cada domingo, incluso si tus trabajos terminan el viernes, usa el sábado y domingo para el extendimiento de su evangelio; si tus trabajos terminan el sábado por la tarde, pues comienza desde la noche del sábado.

Oct 05

DESCUBRIENDO LA FIDELIDAD DE DIOS, Por: Diego Teh.

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DESCUBRIENDO LA FIDELIDAD DE DIOS

 Varios textos.

 Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la cong. “Luz de Vida” de la col. Bojórquez, de Mérida Yucatán; el día domingo 05 de Octubre del 2014, a las 11:30 horas.

Originalmente consistió en los puntos I al IV. Los siguientes apuntes contienen divisiones adicionales, del V al VIII.

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   INTRODUCCIÓN: Existe un principio en la ciencia que se llama el principio del péndulo. Funciona así: cuando un objeto es colgado de un punto fijo, llevado hacia un lado y luego soltado, nunca llega al mismo punto de donde se soltó. El péndulo registra oscilaciones cada vez más pequeñas, hasta finalmente detenerse.   Un maestro de ciencias les trataba de mostrar este principio a sus alumnos. Le enseñó con un ejemplo cómo funcionaba el principio, y les aseguró que había sido científicamente comprobado. Preguntó cuántos de sus alumnos creían en el principio del péndulo, y todos levantaron la mano.   Luego, el maestro colocó en medio del cuarto un enorme péndulo colgado del techo. Invitó a cualquier alumno voluntario a pasar, colocar el péndulo frente a su nariz y soltarlo sin moverse. Según el principio del péndulo, el gran peso no podría volver más allá de su punto de origen. Sería imposible que ese peso le pegara en la nariz.   ¿Cuántos estudiantes levantaron la mano para hacer la demostración? ¡Ni uno! Decían que creían en el principio del péndulo, pero a la hora de la hora, su fe no fue tan fuerte, que digamos. ¿Dónde estaba la falla? ¿En el principio del péndulo? No, ese principio nunca ha fallado en toda la historia de la ciencia. Es un principio confiable, tal como la gravedad o la electricidad.   La falla estuvo en el corazón de los estudiantes, que viendo, no quisieron creer y arriesgar sus caras. Dios, como el principio del péndulo, es totalmente confiable y fiel[1].

   A través de toda la Biblia encontramos que la fidelidad de Dios se manifiesta al creyente mediante acciones diversas.  /  ¿Cuáles son las acciones diversas que manifiestan al creyente la fidelidad de Dios?  /  Haciendo un recorrido en casi toda la Biblia, en textos específicos donde se hace mención de que Dios es fiel, iremos descubriendo cuáles son algunas de las acciones de Dios a favor del creyente que indican que Dios es fiel.

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    La primera acción de Dios que indica su fidelidad a favor del creyente, es:

I.- QUE CUMPLE SU PACTO.

   Muchos años después de la salida de los israelitas de Egipto, aunque todavía se encontraban en el desierto, pero a tiempo muy cercano de conquistar la tierra prometida, Moisés a manera de recordatorio se dirige a todo este pueblo diciéndoles, “Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones” Deuteronomio 7:9.  Lo que observamos en estas palabras es que Moisés les enfatiza a los israelitas que el Dios que quiso ser el Dios de ellos es verdaderamente Dios, y lo califica diciéndoles que “Dios es fiel” y lo relaciona con “el pacto y la misericordia”.  ¿Qué pacto, o cuál pacto?  Moisés no solamente les estaba haciendo ver la fidelidad de Dios durante los casi cuarenta años que ya llevaban fuera de Egipto, esperando el momento de poseer la tierra prometida, sino que Moisés les estaba remitiendo la memoria hasta los orígenes del pacto unilateral en el que Dios se comprometió con Abraham, poco más de quinientos años atrás, cuando Dios le prometió dar a su descendencia una tierra que ahora ya estaban por conquistar.   Así que la expresión: “…tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto”, encierra una gran verdad acerca de la fidelidad de Dios que trasciende los años, e incluso los siglos, pues en el caso de ellos, a pesar de sus pecados en el desierto, estaban disfrutando la fidelidad de Dios que comenzó a favor de ellos, desde hace como quinientos años atrás, y se les informó también que esa misma fidelidad de Dios para con ellos, seguiría no por otros quinientos años más, sino “hasta mil generaciones”.

   Los hijos de Dios de la actualidad, seguimos también bajo el mismo pacto que consiste también en formar con nosotros un pueblo que poseerá no privilegios terrenales sino celestiales.   Se trata de un compromiso que comenzó por iniciativa de Dios desde antes de la fundación del mundo, que fue anunciado desde la época de Adán, que fue confirmado una y otra vez durante toda la historia de la humanidad, y que fue conquistado para seguridad nuestra por Jesús el Hijo de Dios.  El día de hoy, después de los miles de años de la fundación del mundo, el compromiso voluntario y eterno de Dios se va cumpliendo en nosotros por medio del llamado que hemos recibido por medio del evangelio que nos acerca al cumplimiento de tal compromiso de Dios.  Esto nos debe hacer entender que Dios es fiel, y que se ve por medio de su acción de cumplir su pacto a favor del creyente.

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   La segunda acción de Dios que indica su fidelidad a favor del creyente, es:

II.- QUE APLICA SU DISCIPLINA.

  Una acción más de la fidelidad de Dios, quizá nos parezca un poco rara, porque se trata de las pruebas y aflicciones con las que nos encontramos en la vida, y que siempre buscamos evitarlas o librarnos de ellas.   En palabras del Salmo 119, leemos que su autor se dirige a Dios diciéndole: “Conozco, oh Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste” Salmos 119:75.  Una de las dos cosas que el salmista reconoce con sus palabras es la incuestionable fidelidad de Dios, pero acerca de esta fidelidad de Dios le dice no como queja sino con gratitud, que: “conforme a tu fidelidad me afligiste”.   Tales palabras explican con toda claridad que los seres humanos, incluyendo a los que ya hemos creído en Jesucristo, para que podamos experimentar las bendiciones de la fidelidad de Dios, en ocasiones tenemos que pasar primeramente por una aflicción que no es originada por accidente alguno sino por la misma soberana mano de la disciplina de Dios como parte de su fidelidad.

   Moisés quien vivió en carne propia junto con los israelitas no pocas sino muchas aflicciones como experiencias necesarias para identificar la fidelidad de Dios, oró a Dios diciéndole: “Alégranos conforme a los días que nos afligiste, y los días que vimos el mal” (Salmo 90:15).   Según Moisés el autor de las aflicciones que vivió en el desierto junto con los israelitas fueron aplicadas no por las circunstancias sino precisamente por Dios mismo, quien finalmente les concedería la alegría de lograr la meta de poseer la tierra prometida, la cual Dios les entregó al final de aquellas aflicciones.

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   La tercera acción de Dios que indica su fidelidad a favor del creyente, es:

III.- QUE OTORGA SU MISERICORDIA.

   El profeta Jeremías, reflexionando tras la reciente cautividad y desolación causada a Jerusalén y toda Judá por el babilonio Nabucodonosor, dentro de todo lo que expresa apropiadamente con lamento, expresó también una gran y buena observación acerca de la fidelidad de Dios, diciendo: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” Lamentaciones 3:22,23.   La cautividad a la que había sido sometida la ciudad de Jerusalén por los babilonios, no fue accidental sino que fue ejecutada directamente por Dios mismo como un castigo por la deliberada desobediencia de todos los judíos, desde sus reyes hasta sus  sacerdotes y todos sus habitantes.   Lo que todo pecador merece por tan solamente un pecado es ser destruido o aniquilado por la justicia de Dios, por lo que los judíos como presupone Jeremías, no por uno sino por muchísimo pecado, debieron ser consumidos por los babilonios; sin embargo, Dios no lo quiso hacer así con ellos, sino que les dejó ver el lado misericordioso y fiel de Él.   Es a esa misericordia de Dios a la que se refiere Jeremías cuando dice: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad”. Debieron ser consumidos, es decir acabados del todo, pero Dios no lo hizo con ellos, ¿por qué? Porque grande es su fidelidad.

   Amados hermanos, de manera similar por causa del pecado, usted y yo deberíamos ser destruidos o castigados por la justicia de Dios, pero Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, / nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, / el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, / para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3:4-7).   Qué maravilloso es saber que Dios no nos dio nuestro merecido, sino que gracias a que Él es fiel, no decayeron sus misericordias, ni fuimos consumidos, sino que fuimos salvados.

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   La cuarta acción de Dios que indica su fidelidad a favor del creyente, es:

IV.- QUE EXTIENDE SU LLAMADO.

   Cuando el apóstol Pablo escribe a los gentiles Corintios que habían creído en el mensaje del evangelio de Jesucristo, les dice que: “Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Corintios 1:9).  Con estas palabras les estaba haciendo primeramente la observación de que “fiel es Dios”, pero luego les indica que gracias a esa divina fidelidad cada uno de ellos fueron “llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo”.   La fidelidad de Dios a la cual se refería el apóstol Pablo era la fidelidad que Dios tuvo desde la eternidad en cuanto a su plan de redimir a los pecadores de su elección, llamándolos en el momento preciso en todos los lugares del mundo y en todas las épocas.   Tanto judíos como gentiles de todo el mundo han sido “llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo”, y ese llamado sigue ocurriendo hasta el día de hoy, no por capricho de los pastores, predicadores, y evangelistas, sino gracias a que “fiel es Dios” quien no deja de cumplir por medios de su Palabra y Espíritu todo lo que Él mismo se propuso desde la eternidad.

   Amados hermanos, en la actualidad usted y yo somos los “llamados (de Dios) a la comunión con su Hijo Jesucristo”, por lo que por el solo hecho de llamarnos por su palabra y Espíritu, tenemos una evidencia de que Él es fiel.   Es evidente que Dios es fiel porque no se olvidó de usted y de mí, pues no nos abandonó para la perdición eterna, lo que tendríamos bien merecido, sino que por medio de su llamamiento muy eficaz nos atrajo hacia su Hijo Jesucristo.  Así, podemos estar bien convencidos de que Dios es fiel, por el solo hecho de habernos llamado a creer, obedecer, y amar a su Hijo Jesucristo nuestro Salvador y Señor.

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   La quinta acción de Dios que indica su fidelidad a favor del creyente, es:

V.- QUE LIBRA AL TENTADO.

   En su primera epístola a los Corintios, Pablo les relata acerca de los pecados de los israelitas de la época de Moisés en el desierto, quienes en su tentación aunque pudieron haber evitado pecar contra Dios quien era fiel con ellos, no se propusieron resistir las tentaciones, sino que fueron vencidos por la tentaciones pecando deliberadamente contra Dios, y eso les trajo grandes consecuencias como la pérdida de miles de vidas humanas.   Todo eso es ejemplo de lo que los creyentes no deben hacer, por lo que Pablo explica a los Corintios “[…] Pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).   Con estas palabras, el apóstol afirma que la fidelidad de Dios funciona en el creyente en Jesucristo en los momentos cuando llegan las tentaciones, haciendo que los creyentes puedan soportar las tentaciones, así como haciendo que puedan encontrar la salida de cada tentación.   Así vemos que la fidelidad de Dios tiene que ver con que Dios hará que aquellos que han emprendido el buen viaje de la vida cristiana, no se desanimen en todo el transcurso del viaje, sino que los capacitará y les proporcionará siempre todas las armas necesarias para vencer las tentaciones, para que puedan llegar victoriosos a la meta del supremo llamamiento de Dios.

   Amados hermanos, “fiel es Dios” cuando somos tentados, por lo que podemos orar a Él para que nos libre de las tentaciones, y lo hará porque Él es fiel en velar por la victoria de sus hijos.   Cuando la tentación llega con toda su intensidad tan atractiva y engañosa, al grado que uno no se da cuenta de que es posible escapar de ella, “fiel es Dios” que estará allí dándonos fuerzas para resistir, y proveyendo la guía necesaria para encontrar la salida.   Aún en aquellos momentos cuando nos encontremos al borde de pecar sea involuntaria o deliberadamente, debido a que “fiel es Dios”, aunque usted no lo vea, allí estará dirigiéndonos fielmente para no ceder a la tentación.

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   La sexta acción de Dios que indica su fidelidad a favor del creyente, es:

VI.- QUE GUARDARÁ DEL MAL AL CREYENTE.

   El apóstol Pablo, preocupado por la difusión del evangelio por todas partes y por la perseverancia de los creyentes especialmente de Tesalónica, entre los motivos de oración que solicita está el que junto con sus colaboradores sean “librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe” (2 Tesalonicenses 2:2).   Los “hombres perversos y malos” a los que se refiere este apóstol son aquellos que se oponían al mensaje del evangelio que predicaban los apóstoles y muchos creyentes de aquel entonces.   Esos “hombres perversos y malos” buscaban también apartar de la fe a quienes habían aceptado el mensaje del evangelio.  Es en ese contexto que el apóstol Pablo les dice a los creyentes de Tesalónica: “Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal” (2 Tesalonicenses 3:3).   La razón por la que el Señor afirma y guarda del mal a los creyentes, les dijo San Pablo que es porque “fiel es el Señor”.

   Amados hermanos, no importa si el mal viene de personas, circunstancias o del mismo diablo, gracias a que “fiel es el Señor”, todo creyente es guardado de todos los males que atentan especialmente contra su fe.   Por supuesto que cuando llegan los males a nuestras vidas tenemos que actuar adecuadamente para enfrentarlos y salir vencedores, pero eso se logra no porque llegamos a ser tan humanamente inteligentes y estratégicos, sino gracias a que Dios es fiel, personalmente Él nos guarda proveyéndonos con su poder las capacidades que necesitamos para soportar y vencer los males correspondientes.

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   La séptima acción de Dios que indica su fidelidad a favor del creyente, es:

VII.- QUE ES FIEL AL INFIEL.

   Cuando el apóstol Pablo le escribe a Timoteo acerca de cuatro beneficios que tienen que ver con los creyentes en Cristo, le dice acerca de cada una de estas verdades: “Palabra fiel es esta:…” (2 Timoteo 2:11), o sea que no hay razón para pensar que no será así.   Y el cuarto de los beneficios, refiriéndose a Jesucristo, lo expresa de la siguiente manera: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel” (2 Timoteo 2:11-13).   Antes que nada, tengo que aclarar que con estas palabras, el apóstol Pablo no está afirmando que si un creyente se vuelve infiel aun así será salvado, sino que está afirmando que aún si no fuéremos creyentes o fieles  no por eso Jesús tirará también la toalla de su plan de salvación, sino que seguirá siendo fiel a su gloriosa misión de salvar a los pecadores elegidos de Dios.    En otras palabras, Jesucristo es fiel no porque nosotros somos fieles, sino que proceda como proceda el ser humano pecador con relación a su gracia, “él permanece fiel” simple y sencillamente porque es propio de él ser siempre fiel.   Es por su fidelidad que al hombre más infiel a quien a elegido para proporcionarle su gracia, lo seguirá amando y regenerando hasta que este se convierta en fiel a Él.   La fidelidad permanente de Dios, hace que los infieles entreguen sus vidas a Jesucristo, y los capacita para mantenerse fieles al Salvador.  Muchas gracias a Dios porque es fiel, pues su fidelidad hizo que nuestra infidelidad sea transformada en fidelidad por medio de Cristo para mantenernos a lado de Él ahora y siempre.

   Amados hermanos,  al respecto de esta fidelidad inmutable de Dios por medio de Cristo, el apóstol Pablo hace una pregunta en su epístola a los Romanos: ¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios?” (Romanos 3:3).  La respuesta es sugerida por la misma pregunta.  La incredulidad, infidelidad, rechazo, etc… de los pecadores nunca será causa para que la fidelidad de Dios se nulifique.  Dios es permanente fiel.   Cuando estábamos sin Cristo, éramos los más incrédulos e infieles, pero gracias a Dios quien permanece fiel, fuimos soportados, tratados con amor, convencidos por la Palabra y Espíritu de Dios, para abandonar nuestra vida pasada y comenzar una nueva vida en Cristo que es calificada por el amor de Dios como fiel.   ¿No descubrimos con esta realidad que Dios ha sido, es fiel, y seguirá siendo fiel con nosotros?

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   La octava acción de Dios que indica su fidelidad a favor del creyente, es:

VIII.- QUE PERDONA AL PECADOR.

   Finalmente les recordaré las palabras tan conocidas del apóstol Juan que citamos con frecuencia para animarnos a confesar a Dios nuestros pecados, y para asegurarnos que somos perdonados por Dios cuando confesamos a Él nuestros pecados.   Se trata de las palabras que dicen que: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).   En estas palabras no se está describiendo propiamente la fidelidad de Jesucristo, aunque se implica, sino que se describe la fidelidad de Dios, la Fuente de Jesucristo.   Junto con el ser “justo” de Dios, el apóstol Juan resalta acerca de Dios que “él es fiel”, específicamente para dos acciones: 1) “para perdonar nuestros pecados”, y 2) para “limpiarnos de toda maldad”.   Estas dos acciones tienen que ver con el perdón y con la santificación, los cuáles recibe todo creyente, gracias a que precisamente Dios es fiel.

   Amados hermanos, si una vez fuimos perdonados para recibir vida eterna por medio de Jesucristo, es gracias a que Dios es fiel.   Si cada vez que confesamos nuestros pecados se nos asegura que somos perdonados, y en consecuencia somos santificados, entonces también es gracias a que Dios es fiel.  ¿Puede usted descubrir hoy una vez más que Dios es fiel porque recibimos del él el perdón de todos nuestros pecados?

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, qué hermoso es saber que cada una de las acciones de Dios a favor de los que somos creyentes, es una revelación de la fidelidad de Dios.   Pero, ¿qué debemos hacer ahora que nos damos cuenta que sus acciones hacia nosotros son la evidencia de su fidelidad?   Lo que debemos hacer son muchas cosas específicas pero en palabras del apóstol expresadas a los Hebreos en la frase me parece que se resume en una sola actitud, la cual es que: “Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, PORQUE FIEL ES EL QUE PROMETIÓ” (Hebreos 10:23).   Si en cada acción de Dios  podemos observar una evidencia de su fidelidad, lo que Dios espera de nosotros es que nos “mantengamos firmes, sin fluctuar…”, o sea, Él espera que seamos fieles en el sentido de no abandonar nunca lo que ahora creemos correctamente acerca de Él, y tengamos siempre nuestra mirada en la esperanza de estar con Él para siempre cuando llegue el momento glorioso designado para nuestro encuentro con Él.

    En fin, descubrimos que Dios es fiel, y el creyente también debe ser fiel a Dios.

[1] Ilustración tomada de http://www.iglesiatriunfante.com/sermon/sermon457.htm

Jul 19

CÓMO RESTAURAR AL EXTRAVIADO DE LA VERDAD; por: Diego Teh.

comorestauraralextraviadodelaverdad

CÓMO RESTAURAR AL EXTRAVIADO DE LA VERDAD

Santiago 5:19,20.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la cong. “Dios está aquí” de la comisaría Lepán, del municipio de Tecoh, Yuc; el día sábado 19 de Julio del 2014, a las 19:00 horas.

(Es una reestructuración de un sermón del L.P. Apolinario Gómez Méndez, con el que fue evaluado en predicación para ordenación.  Usado con permiso.)

 

http://www.diegoteh.com/bosquejos/audiodelossermones/140719comorestauraralextraviadodelaverdad.mp3

   INTRODUCCIÓN: Durante la Segunda Guerra Mundial, un soldado norteamericano que estaba luchando en Nueva Guinea fue dejado por muerto a un lado de la carretera. Pero volvió en sí de su desmayo, y allí quedó esperando la llegada de los soldados japoneses, los cuales, con toda seguridad, lo acabarían. Siendo el joven un creyente, encomendó al Señor su camino y esperó en él.   Poco después vio llegar cuatro soldados japoneses, los cuales, en vez de matarlo, lo sacaron de allí y lo condujeron a otro lado, más cerca de sus compañeros, a la parte opuesta del bosque.   Antes de dejarlo, en un inglés bastante comprensible, le explicaron: -Aquí os halláis casi a salvo. Pronto algunos de los vuestros os auxiliarán.   Adiós… Nosotros somos cristianos, y odiamos la guerra[1].  Es triste cuando (como los soldados norteamericanos de nuestra historia) nosotros abandonamos a algún hermano en la fe sin darnos cuenta de que nos necesita precisamente por la situación grave, real, o peligrosa en la que se encuentra; y mucho más penoso debe resultarnos cuando por el hermano(a) que no hacemos algo, otras personas que no esperábamos que hicieran algo a su favor (como hicieron los soldados japoneses con el soldado norteamericano), lo hacen inmediatamente con un gran afecto extraordinario.   Sin embargo, es muy emotivo cuando un hermano en la fe, uno de los tuyos, se interesa por apoyarte en tus luchas de la vida (como cuando el soldado norteamericano, se enteró de que quienes le auxiliaron eran también cristianos como él aunque soldados de países enemigos en guerra).

    Los evangelios y las epístolas nos advierten que lamentablemente veremos a personas que profesan tener fe en Jesucristo, que están entre nosotros, que participan de los medios de gracia, que ríen, lloran, y viven con nosotros, pero en un momento dado, pierden por su propia decisión la orientación del evangelio y se extravían de la verdad, alejándose al mismo tiempo de su comunión con Dios y de su comunión con la iglesia de Dios.   No me refiero a gente no creyente que se encuentra dentro de la iglesia, sino como dice Santiago, se trata de “alguno de vosotros” (v.19), de alguno que es un cristiano profesante que se aleja de  la verdad del evangelio, de alguno que es un pecador errado de camino.  Específicamente, nuestro texto bíblico nos habla del peligro en el que se encuentra una persona que se ha extraviado de la verdad probablemente creyendo ideas, mentiras, y doctrinas que lo alejan no solamente del compañerismo de los creyentes sino también de la obediencia a Dios aunque siga siendo parte activa en la asistencia de las reuniones de la iglesia.   A través de la epístola de Santiago se plantea una serie de dificultades  que afectaban a los creyentes, de modo que éstas bien pudieron haber sido el motivo por el cual algunos abandonaban la fe en Jesucristo.  El peligro en el que se encuentra tal persona que se extravía de la verdad es que el v. 20 describe su persona como “pecador” por abandonar la vida de santidad, describe su conducta como “error de su camino” por no llevar el camino correcto a la vida eterna, describe su destino como “muerte de un alma” por perder su relación con Dios, y describe su deseo como “pecados” por perder todo interés por los beneficios de la gracia de Dios.   A veces es un miembro de la iglesia que se encuentra en esa condición, a veces es un anciano o diácono, a veces es un pastor, quienes pueden estar en peligro de extravío o ya realmente extraviados de la verdad.

    También nuestro texto nos indica la importancia de que aquellos que se encuentran en calidad de hermanos, se dediquen a rescatar a los que se están extraviando o los que ya están extraviados.   Para ello se mencionan acciones y resultados que indican lo importante que es esta tarea de rescatarlos para restaurarlos ante Dios y ante su iglesia.  Lo que el hermano restaurador hace es que: “le hace volver” (v. 19) porque es necesario que el extraviado se integre nuevamente a la obediencia a Dios y a la comunión de los creyentes; lo que el hermano restaurador hace es que “salvará de muerte” al extraviado (v. 20) porque estar extraviado de la obediencia a Dios es estar camino a la muerte eterna; y finalmente lo que el hermano restaurador hace es que “cubrirá multitud de pecados” (v. 20) porque ha hecho un gran favor a una persona que lo único que ha ido acumulando en su vida durante su extravío es solamente pecados y en grandes cantidades.

    Pero para el objetivo específico de este mensaje, el apóstol Santiago nos enseña que una persona extraviada puede ser restaurada del error de su camino ayudado por otro(s) creyente(s).   /   ¿Cómo puede ser restaurada una persona extraviada del error de su camino?  /  A través de Santiago 5:19,20 encontramos las maneras como cada creyente puede cooperar para ayudar a restaurar a las personas que se extravían de la verdad.

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   La primera manera como cada creyente puede ayudar a restaurar a las personas que se extravían de la verdad, es:

   I.- INTENCIONALMENTE.

   El apóstol Santiago motivando a cada creyente a ayudar al extraviado de la verdad, dice: “y (si) alguno le hace volver” (v. 19), implica que debemos ir intencionalmente en busca del que se extravió.   No será algo que ocurra por casualidad.  Tiene que hacerse intencionalmente.   Cuando alguien se desvía del camino es más fácil juzgarlo, condenarlo, criticarlo, y hasta calumniarlo, pero eso no es lo que Dios espera del hermano del extraviado.   El espera que cada creyente acuda intencionalmente a contactar, platicar, aconsejar al extraviado con la esperanza de que este vuelva al camino correcto.

    Imagina que se te pierde algo que aprecies o valores mucho. Imagina que se extravía tu hijo.  Te sentarías a pensar cómo es que se te extravió.  Dirías, a pues, si se perdió bien merecido se lo tiene por desobedecerme.  ¡NO!!,  estarías usando todos los medios posibles para encontrar a quien tanto amas.  No te vas a quedar pensando y sentado. Irías inmediatamente y con toda intención en su búsqueda.

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   La segunda manera como cada creyente puede ayudar a restaurar a las personas que se extravían de la verdad, es:

   II.- ESFORZADAMENTE.

   El apóstol Santiago motivando a cada creyente a ayudar al extraviado de la verdad, dice: “y (si) alguno le hace volver” (v. 19), implica que no es un trabajo sencillo, pues Santiago mismo al decir “(si) alguno” de entre todos le hace volver, no está garantizado que volverá tras el primer intento y por la primera persona que se atreva ayudarlo a salir de su error.  Queda evidente que no es fácil y requiere de un esfuerzo extraordinario guiado con el poder de Dios para hacer esta labor de hacer volver al extraviado de la verdad.

    Entre las parábolas de Jesús, específicamente en la de las cien ovejas.  El buen pastor cuando ve que solamente le quedan noventa y nueve, no importa si es de noche o si hay mucho calor o frío, o si hay muchos lobos, leones, etc…, con más razón el buen pastor tiene que ir a buscar a la oveja extraviada.   La parábola es una ilustración de Jesús acerca del pecador por quien Jesús el buen pastor vino a este mundo para rescatarnos de nuestra perdición y llevarnos de regreso a su redil.   Sin embargo, la parábola es una exhortación para aquellos que estamos en la verdad, hagamos de nuestra parte el esfuerzo necesario para ir en pos de los extraviados y ayudarlos para que regresen al rebaño de Dios.

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   La tercera manera como cada creyente puede ayudar a restaurar a las personas que se extravían de la verdad, es:

III.-  COMUNITARIAMENTE.

   Cuando el apóstol Santiago dice acerca del extraviado, que “… (si) alguno le hace volver” no está diciendo que es solamente de algunos o de alguno en particular, el deber de hacer algo para rescatar y restaurar al extraviado.   Con estas palabras Santiago les indica y recuerda a sus lectores una de las responsabilidades hacia la persona que se aparta de la verdad que no se trata del esfuerzo de solamente algunos, sino de toda la comunidad de creyentes.   En otras palabras, todos los miembros de la iglesia deben brindar cuidado espiritual al extraviado y traerlo de nuevo.   Hay algo más que debemos notar en el pasaje.  No dice, “si el pastor le hace volver”, o “si el anciano le hace volver” o si el líder le hace volver”.   Notemos que dice: si “alguno”.  ¿Quién es alguno?  Ese alguno es usted.   Este rescate es una misión compartida.  Pastores y ovejas.  Ancianos y miembros de la Iglesia, jóvenes y adultos, no importa si usted tiene un cargo o no dentro la organización administrativa de la iglesia.  Mientras usted sea un creyente usted es uno de los que tienen el deber de hacer volver al extraviado del error de su camino.

    En una reunión de un cuerpo eclesiástico en la que estuve presente, y en la que se trató el caso de un disciplinado, el presidente del cuerpo eclesiástico dirigiéndose a uno de los ancianos que formaba parte de la comisión restauradora le preguntaron:  ¿Cuántas veces han visitado al hermano X desde que fue disciplinado hace poco más de un año?.   Me acuerdo que aquel anciano miraba a los demás miembros de la comisión y ellos le miraban a él, y luego el anciano dijo la siguiente respuesta: “Pues a mí no me dijeron nada”, y responde otro: “A mí tampoco”.    Lo que sucedió entre ellos es que cada uno se quedó esperando que alguien les avisara y así finalmente ninguno de ellos hizo algo por el hermano suspendido para ser orientado.   Esta actitud de esperar que uno sea avisado es una mala mentalidad que existe en la iglesia.  El deber de restaurar al extraviado es un deber de todos.   Algo parecido pasa muchas veces en nuestras iglesias, cuando esperamos que los demás hagan algo, pero el ayudar a los extraviados del camino es un deber de todos.

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   La cuarta manera como cada creyente puede ayudar a restaurar a las personas que se extravían de la verdad, es:

IV.- ESPIRITUALMENTE.

  Santiago, cuando finaliza su exhortación dice: “Sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma y cubrirá multitud de pecados” (Santiago 5:20).   Con estas palabras Santiago nos deja ver que este esfuerzo comunitario tiene objetivos espirituales, primero que “salvará de muerte un alma”, y segundo que “cubrirá multitud de pecados”.  Entonces es evidente que no se trata solamente de entablar con tal persona extraviada una relación amistosa debido a que no se trata un juego sino de algo trascendental.   Estamos tocando el terreno de lo eterno.  “Salvará de muerte un alma” no es cosa de juego, sino que es algo muy serio, pues está en juego la eternidad de las personas.   Cuando Santiago dice también que: “cubrirá multitud de pecados”,   no debe tomarse literalmente como si el hombre fuese capaz de perdonar pecados.   No es el hombre sino es Dios quien tiene la autoridad de perdonar.   La expresión “cubrir” se refiere implícitamente a la acción de Dios al perdonar el pecado. No importa cuán lejos haya llegado, si regresa con arrepentimiento, la sangre de Jesucristo es más grande que cualquier pecado y queda perdonado.   Esta es la esperanza y bendición del evangelio.   Todo lo anterior son las descripciones de que para hacer volver a un pecador de error de su camino, se trata de una labor espiritual que debemos realizar a favor de nuestros hermanos que tienen problemas de espiritualidad.

    Un hermano conocido a quien aprecio mucho, que se esforzaba por ser  un creyente fiel, un día por decisión propia tomó su propio camino y se dedicó a vivir como le plazca y estando fuera de la comunión de la iglesia y fuera de la obediencia a Jesucristo, se enferma de cáncer y padeció todos los efectos que usted se pudiera imaginar: Bajó mucho de peso, la quimioterapia le causó la caída de todo su cabello, etc…  Pero en su dolor, con lágrimas en los ojos y arrepentido, regresa.  Varios pastores, ancianos, hermanos de la iglesia, y yo[2], lo visitamos, oramos por él, le recordamos las promesas de Dios, lo confrontamos con su pecado, manifestó arrepentimiento, y para la gloria de Dios, el hermano se recuperó, y actualmente sirve al Señor.   Sin duda fue un trabajo intencional, esforzado, comunitario, y espiritual que realizamos con este hermano.   Por la gracia de Dios fuimos instrumentos para hacer volver a un pecador del error de su camino.

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   CONCLUSIÓN: Para terminar,  les voy a relatar que hace años, un hombre que viajaba en el Estado de Minnesota se encontró perdido en medio de una terrible tempestad. La nieve caía sin cesar, y el hombre ya no tenía esperanza de salvarse, cuando vio a lo lejos una lucecita en una cabaña de troncos.   Haciendo un esfuerzo pudo llegar hasta la casita y se salvó la vida. Era un hombre de dinero.  Compró la cabaña y edificó en el mismo sitio una hermosa casa.  En lo alto de una torre colocó una luz giratoria, y cada vez que hay tormenta, prende la luz, a fin de que pueda salvar a algún viajero que se encuentre en dificultades.   Eso sí que es gratitud.   Así quiere Dios que procedamos.  Si nos ha rescatado, debemos siempre estar buscando salvar a los demás[3].

   Quizá no podemos recordar todo este sermón, pero quiero concluir recordando que ante esta situación, Dios demanda que debemos procurar de manera intencional, de manera esforzada, de manera comunitaria, y de manera espiritualla restauración del que se ha extraviado del camino de Dios.   No pensemos que la misión o la demanda es imposible.  No nos desanimemos.  Dios puede usarnos poderosamente en el rescate del extraviado.  Tomemos nuestra misión como rescatadores con responsabilidad e intencionalidad.  Pensemos en la gran bendición espiritual que puede llegar a la vida de una persona, una familia, una iglesia, cuando nos arriesgamos a obedecer a Dios y nos ponemos en sus manos para cumplir su propósito en la vida de los que nos rodean.

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[1] Tomada de la ilustración 372 “EN LA TIERRA PAZ”, de un archivo digital anónimo.

[2] Quien relata este caso es el L.P. Apolinario Gómez Méndez.

[3] Moody, Dwight Lyman; Doscientas anécdotas e Ilustraciones; Editorial Portavoz; Grand Rapids, Michigan, USA; Ilustración 144: TRATEMOS DE SALVAR A LOS QUE SE PIERDEN.