Oct 07

LA DISCIPLINA DE INTEGRARSE A LA IGLESIA, Por: Diego Teh.

LA DISCIPLINA DE INTEGRARSE A LA IGLESIA

Hebreos 12:18-24.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 7 de octubre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 12 de la serie: LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO.

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   INTRODUCCIÓN: Para el entendimiento del mensaje de este momento es indispensable recordar, y para quien nunca ha sabido este detalle acerca de la iglesia, es que existe la iglesia invisible y la iglesia visible.  La iglesia invisible está conformada por aquellos creyentes en Jesucristo que ya se nos adelantaron en la gloria celestial y que ya no los vemos, por eso les llamamos iglesia invisible, también conocidos como iglesia triunfante; y la iglesia visible, es la que está conformada por creyentes en Jesucristo que todavía están presentes aquí en la tierra, a quienes vemos en persona, y por eso les llamamos iglesia visible, también conocidos como iglesia militante.  Sin embargo, no son dos iglesias sino una sola que comienza aquí en la tierra como iglesia visible, y continúa en los cielos como iglesia invisible. La iglesia no solamente es una, santa, y apostólica sino también es eterna.

   También tengo que hacer la observación que actualmente, aunque quizá así ha sido en otras épocas, hay un marcado mal entendimiento acerca de la importancia de tener una relación personal con Jesucristo como experiencia suficiente para la salvación, sin embargo, eso no excluye la importancia de pertenecer a la iglesia visible de Jesucristo para hacer efectiva tal experiencia suficiente de salvación, pues nadie que diga creer y se excluya de la iglesia visible es verdaderamente salvo, porque la iglesia es Cristo mismo, en la dimensión de su cuerpo, también encabezado por él mismo.  El que cree en Cristo es considerado por él como parte de su iglesia no importando en qué lugar del mundo se encuentre, y espera de este creyente que sienta que pertenece a esta iglesia universal, pero si tal persona que al parecer es creyente se excluye de la iglesia, con tal actitud está rechazando a Cristo mismo cuyo cuerpo es la iglesia, y entonces es muy probable que tal persona ni siquiera sea verdadero creyente, pues creyente a su manera no es aceptable para el Dios que creó a la iglesia para que se incorporen sus creyentes.

   En este mensaje, es mi interés animar a todas aquellas personas que, en su propia manera de entender, piensan que son verdaderos cristianos, pero no quieren nada con la iglesia en su etapa visible y militante, pero como incongruencia piensan que serán de la iglesia invisible o triunfante, pero nadie, excepto los que crean en Cristo encontrándose en estado de moribundos, y otros imposibilitados físicos, podrán ser de la iglesia invisible, celestial, triunfante y eterna si primeramente no ha formado parte de la iglesia visible o militante.  Ser parte de la iglesia no solamente en lo celestial sino también en lo terrenal y presente, es la evidencia de pertenecer a Cristo, pues el que no pertenece a Cristo no estará en la iglesia invisible y celestial; y el que pertenece a Cristo querrá con todo amor, decisión, y responsabilidad integrarse voluntariamente a la iglesia visible de su área de residencia.

   Con todos estos antecedentes, hoy les voy a predicar que hay grandiosas y sublimes bendiciones que solamente se experimentan en la iglesia visible, las cuales deben motivarnos a desear pertenecer a la iglesia visible. / ¿Cuáles son las grandiosas y sublimes bendiciones que solamente se experimentan en la iglesia visible, las cuales deben motivarnos a desear pertenecer a la iglesia visible? / Basado en nuestro texto bíblico de Hebreos 12:18-24, les voy a exponer cada una de las siete grandiosas y sublimes bendiciones que se encuentran enlistados por el redactor de estas palabras apostólicas.

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   La primera grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

I.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LA CIUDAD DE DIOS.

   Esta primera bendición es ampliamente explicada en el texto bíblico, por la vía de la comparación, comparando la experiencia humanamente no tan agradable para los israelitas desde su propia perspectiva, al haberse encontrado con Dios a los pies del monte Sinaí donde les fue dado los conocidísimos Diez Mandamientos.  La comparación, va así: “Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, / al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, / porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; / y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando; / sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …” (Hebreos 12:18-22a).  Esto último que enfatiza “sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …”, es una fuerte ilustración acerca de lo que implica pertenecer a la iglesia visible de Dios aquí en la tierra.  Pareciera que, en verdad el apóstol estuviese describiendo nada menos que el mismo cielo, sin embargo, lo que está describiendo es la misma iglesia visible de aquí en la tierra, dando a entender que no se trata de un acercamiento como cuando alguien iba a la ciudad terrenal de Jerusalén donde Dios por muchos siglos manifestó estar presente en medio de todo su pueblo el país de Israel, sino que se trata de un acercamiento “a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …”.  Claramente, aunque lo califica como “la celestial”, no dice que se trata literalmente de estar en cielo, sino también claramente indica que estar en la iglesia terrenal y visible, se trata de un acercamiento, pues dice: “os habéis acercado”.  Desde capítulos anteriores el apóstol autor de este texto está hablando de la pertenencia a la iglesia visible.  Así se puede apreciar desde el primer versículo de este capítulo 12, aunque de manera especial también es muy notorio en los versículos 12 al 17 que está hablando de la iglesia en conexión con Jesucristo quien debe ser el centro de nuestra atención. No está hablando de Cristo sin conexión con la iglesia.

   Amado creyente en Jesucristo que no sabía u olvida el valor y la importancia de ser parte de la iglesia visible de Jesucristo, que no sabía que el integrarse a la iglesia visible de Dios aquí en la tierra es un acercamiento al mismo cielo, lugar que es descrito por el apóstol en lenguaje figurado como la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …”.   Es un lugar que sin duda usted anhela conocer, pero ¿cómo se acercará usted a Dios, a su cielo, y a su iglesia celestial por ahora invisible, si ahora aun cuando dice creer en Jesucristo (y de verdad no dudo de ello), no es de su interés pertenecer ni siquiera a la iglesia visible de Jesucristo aquí en la tierra?  Quizá usted me va a responder, pues por medio de Jesucristo.  Sí, eso es verdad, pero la iglesia es el cuerpo de Jesucristo, es parte de Jesucristo mismo, es Jesucristo mismo presente en la vida de sus creyentes.  Si usted no está en la iglesia, es igual que decir que usted no está en Cristo, porque los que están en Cristo no menosprecian la iglesia visible porque universalmente pertenecen a ella, y localmente de manera voluntaria se unen a ella porque entienden que pertenecen a ella.

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   La segunda grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

II.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LOS ÁNGELES.

   Siguiendo la conexión con la frase: “os habéis acercado”, el apóstol que escribió a los hebreos añade un segundo objetivo de acercamiento, diciendo que es (véanlo a partir de la segunda mitad del versículo 22) “a la compañía de muchos millares de ángeles” (Hebreos 12:22b). ¿Tantos ángeles habrá en el cielo?  Cuando el profeta Daniel tuvo una visión acerca de Dios, le identificó como un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. / Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él” (Daniel 7:9,10).  Estos seres que le servían no eran humanos, sino ángeles, y su cantidad es descrita primero por “millares de millares” pero no pocos sino muchos “millares de millares”, y luego es descrita su cantidad por “millones de millones”.  El apóstol a los hebreos usa los mismos términos para referirse a la presencia de estos aquí en la tierra cuando junto con Dios intervienen en algún evento trascendente.  ¿Qué tan importante será que nos acerquemos a ellos?  Ellos hacen lo mismo que nosotros deberíamos estar haciendo.  En la visión de Daniel, él descubrió que todos aquellos “millones de millones”, que “asistían delante de” Dios, “le servían”.  Ese es su distintivo perfecto, que nosotros todavía no alcanzamos aquí en la tierra, ni en la iglesia, y menos fuera del cobijo de la iglesia.  Conocerlo a ellos, será unirnos a ellos quienes también son nuestros celestiales consiervos en el servicio a Dios.

   Hay diversos relatos bíblicos que nos indican cómo ellos sirven a Dios, y nos ha sido dado a conocer para saber que un día seremos como ellos, excelentes siervos junto con ellos. El mismo apóstol a los hebreos en una pregunta a la vez afirmativa dice con respecto a los ángeles: son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación” (Hebreos 1:14).  O sea, que nos ayudan a nosotros los cristianos, y por ello vale la pena encontrarnos con ellos para conocerles bien allá en los cielos.

   En las palabras con las que Moisés bendijo a los israelitas en una ocasión cercana a los días de su muerte, él no usó la bendición Aarónica o sacerdotal que ya se usaba en ese tiempo, porque a él no le correspondía usar tales palabras de bendición, sino que usó una bendición propia con un estilo poético, en el que se incluye información que nos conviene saber acerca de los ángeles. En las primeras palabras de esta larguísima bendición, primero se refiere a la ocasión cuando Dios vino al monte Sinaí a entregarle a Moisés los Diez Mandamientos, y dice acerca de Dios: “Y vino de entre diez millares de santos, con la ley de fuego a su mano derecha” (Deuteronomio 33:2).  Lo primero que se resalta en esta descripción es que Dios no tiene solamente dos o tres de ellos, sino millares, pero tampoco son solamente dos, o tres, o cuatro, o cinco millares, pues solamente en esta descripción Moisés nos habla de “diez millares” de ellos.  Lo segundo que se resalta en la descripción de Moisés es que estos ángeles son considerados “santos”, el estado integral al que nosotros también aspiramos.  Observen también cómo estos ángeles no están ajenos a los eventos terrenales en los que Dios toma participación de manera directa. Han estado interesados por el bien del ser humano, pero no siempre son perceptibles al ojo humano a menos que ellos se hagan visibles tomando alguna forma generalmente con apariencia humana.

   Cuando el rey y salmista David expresa un cántico en el que resalta que el Dios que se manifestó en el Sinaí, sigue a los israelitas donde sea que se encuentre el tabernáculo o por lo menos el Arca del Pacto que David tuvo el honor de rescatar y transportar a la ciudad de Jerusalén, él dijo: “Los carros de Dios se cuentan por veintenas de millares de millares; el Señor viene del Sinaí a su santuario” (Salmo 68:17).  No eran literalmente “carros” o carretas, y aunque fuesen literalmente “carros” no son carros sin piloto que se conducían solos, y tampoco eran conducidos por seres humanos sino por ángeles.  En el Sinaí vinieron al parecer solo unos “diez millares” de ángeles (cf. Deuteronomio 33:2), pero en esta procesión de traslado del Arca del Pacto, que David presidió unos 500 años después de haberse creado el Arca de Pacto que originalmente estuvo en el tabernáculo, estuvieron nada menos que al parecer varios grupos de “veintenas de millares de millares”, quizá una centena o algún millón de ellos.  Debe ser para ellos un honor acompañar a Dios, e incluso venir a la tierra a servirnos por instrucciones de Dios.

   Amados creyentes en Cristo el Salvador y creador de la iglesia, ahora que pertenecemos a la iglesia de Dios, nos estamos acercando a ellos.  Es verdad, ellos no serán lo más relevante que conoceremos allá en los cielos, sino Dios y su Santo Hijo Jesucristo, pero ellos serán parte de nuestra nueva confraternidad de santos con los que serviremos a Dios por la eternidad.  No solamente nosotros estamos enfocados en Dios, sino “millones de millones” de ángeles también están enfocados en Dios. ¿Esto no te motiva también a enfocarte en servir a Dios en su iglesia visible, sabiendo que es solamente por medio de su iglesia que uno se acerca a Dios, a los cielos, y a los santos ángeles?

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   La tercera grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a la iglesia visible, es:

III.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LOS QUE YA ESTÁN EN LOS CIELOS.

   Ahora, pasando al versículo 23 el apóstol nos sigue sorprendiendo de que nos hemos acercado, ¿a quiénes?  a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos” (Hebreos 12:23a). Esta descripción expresada por el apóstol es una referencia nada menos a los creyentes en Jesucristo que antes pertenecieron a la iglesia visible, y que ahora están “en los cielos”.  Son una “congregación”, que sin duda sin los problemas terrenales que tienen las congregaciones de creyentes en las iglesias aquí en la tierra. Son llamados “primogénitos”, lo cual no quiere decir que solo son los primeros hijos de cada matrimonio, sino es una referencia de que ellos son los primeros que tuvieron el privilegio de entrar a los cielos, antes del gran día del regreso de Jesucristo cuando no quedará ni uno solo aquí en la tierra que habiendo creído no vaya a entrar en los cielos.  Ya están allí “en los cielos”, mientras en la iglesia visible, por medio de Cristo, nos estamos acercando a ellos.  El día de nuestro encuentro y reunión con ellos cada vez está más cercano, lo cual puede darse ya sea con nuestra muerte o con la venida de Cristo; lo que ocurra primero.  Cualquiera de estos dos eventos que ocurra primero, garantiza nuestro encuentro con “la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos”.  Ellos son nuestros hermanos que nos precedieron en entrar al cielo de Dios.  Primero estuvieron en la iglesia visible de aquí en la tierra, y luego pasaron a la iglesia invisible.  Pasaron por el mismo proceso en el que todo aquel que es creyente en Jesucristo debe de pasar.  Nosotros estamos en ese proceso, y también estamos yendo hacia ellos.  Son nuestros hermanos.  Ellos nos están esperando allí.  Entre ellos incluso tendremos el privilegio de ver y tener junto a nosotros a nuestros seres queridos que como nosotros fueron fieles creyentes en Cristo.

   Amados creyentes en Jesús el Hijo de Dios, es solamente estando en la iglesia visible de Jesucristo que nos acercamos a ellos con los creyentes que están en la iglesia invisible en la eternidad, pues estando fuera de la iglesia visible nadie se acerca a estos hermanos que se han ido primero a los cielos.  Quizá usted ahora no está tan emocionado de encontrarlos de nuevo a ellos, porque cuando usted conoció a quizá a muchos o quizá solo a algunos de ellos aquí en la tierra los conoció como pecadores que no satisficieron los ideales de carácter que usted esperaba ver en ellos, pero habiendo ellos también creído en Cristo, ahora ya están en los cielos, por lo que encontrarlos en los cielos será una de las experiencias grandemente agradables que tendremos por toda la eternidad.  Por eso, vale la pena y es necesario pertenecer ahora a la iglesia visible aquí en la tierra, pues solo perteneciendo a la iglesia, que es el cuerpo de Cristo, nos acercamos a ellos.  Obviamente, ellos no son lo más importante que encontraremos, pero ellos serán parte de los grandiosos y sublimes beneficios que disfrutaremos los que no menospreciamos la utilidad de la iglesia que Dios diseñó para la función de preservarnos en la fe.

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   La cuarta grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

IV.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A DIOS “EL JUEZ DE TODOS”.

   Ahora observemos la segunda parte del versículo 23, que siempre se conecta con la frase “os habéis acercado” que se mencionó desde el versículo 22.  Su sentido completo realmente es: “os habéis acercado […] a Dios el Juez de todos” (Hebreos 12:22a, 23b).  Por la naturaleza del desarrollo de este mensaje, no voy a tratar acerca del derecho de Dios de ser “Juez de todos”, sino solamente al énfasis de que cada vez nos estamos acercando “a Dios”.  Es verdad que Cristo es quien nos acerca a Dios por la virtud de su sacrificio que fue perfecto y aceptado por Dios como suficiente.  Es a esto que se refiere el apóstol Pedro cuando dice de Cristo, que: “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (2 Pedro 3:18a).

   Pero, también es verdad que siendo Cristo el que nos lleva a Dios, creó su propia iglesia en la cual desea que todos estemos integrados, “para llevarnos a Dios”.  Es toda la iglesia que es llevada a Dios.  Es verdad que los que mueren antes que Cristo vuelva, estos, se van de manera individual a presentarse delante de la eterna presencia de Dios, pero el día que Jesús volverá, no volverá solamente por un grupito de su iglesia, sino que vendrá por todos.  Cristo vendrá por las personas que pertenecen a su iglesia, para entonces llevarnos definitivamente a la presencia eterna de Dios.  Es por eso, que cuando llegue el momento del regreso de Cristo, explica el apóstol Pablo que: Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:17).  Estos: “nosotros los que vivimos”, se refiere a los que están integrados a la iglesia por ser de Cristo, no a los que están fuera de ella, porque no se puede ser de Cristo y estar fuera de la única iglesia, pues no hay dos iglesias, ni autorización para ser un cristiano sin iglesia.

   Amados creyentes en nuestro Señor y Salvador Jesucristo, es por medio de Cristo y perteneciendo a su iglesia visible que una persona se dirige a Dios.  En la iglesia, siempre en Cristo, nos acercamos a Dios.  ¿No es esto también una motivación para integrarse a la iglesia visible? pues dice el apóstol Pablo a los Efesios que todo lo que Cristo ha estado haciendo por su iglesia visible aquí en la tierra es “a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:27).  ¿A quién va a presentar Cristo a sí mismo para que sea una iglesia gloriosa?  A la iglesia actual que todavía no es gloriosa, pero es a la iglesia, no a personas individuales que nunca se integraron a la iglesia.

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   La quinta grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

V.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LA IGLESIA TRIUNFANTE.

   Ya les he estado hablando acerca de la iglesia triunfante prácticamente desde el comienzo de este mensaje, y aunque no lo enfaticé cuando les expliqué acerca de la bendición de estarnos acercando con “la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos”, o sea, los que se nos adelantaron, ellos ya son la iglesia triunfante, para empezar porque ya están “en los cielos”.  Pero, hay algo más por el cual son triunfantes, y es porque el apóstol dice de ellos que son: … los espíritus de los justos hechos perfectos” (Hebreos 12:23c).  Estos llamados “espíritus de los justos”, son los mismos a quienes antes ha descrito antes como “primogénitos”, pero en esta descripción dice que estos “espíritus de los justos” son “hechos perfectos”.  Estos es lo que esencialmente les hace triunfantes, y es hacia ellos de quienes dice también que “os habéis acercado” (Hebreos 12:22a).

   Aunque la iglesia visible y militante, por haber creído en Cristo, estamos siendo restaurados a la imagen de Cristo para ser como Cristo, dice también el apóstol Pablo acerca de los que creemos en Cristo, que Dios “a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29).  Esta realidad está ocurriendo en nosotros poco a poco a cada día, pero mientras estemos aquí en la tierra, y aunque estemos en la parte visible de la iglesia, no recibimos una perfección absoluta.  Eso ocurre solamente cuando una persona que es creyente en Jesucristo llega a los cielos de la eternidad.  Es allí que se hace absoluta su perfección, y se integra a la iglesia triunfante y perfecta.  Es a esta perfección que se refiere el apóstol Juan en la revelación que recibió de su visión del cielo cuando de los creyentes que ya están allí dice: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4).  Esto es, nada menos que la perfección ideal que tanto nos hace falta aquí en la tierra.  Ellos ya lo tienen, ahora nosotros la iglesia visible, y solo la iglesia visible, también vamos para allá, igualmente para ser “hechos perfectos”.  Nadie que no pertenezca a la iglesia visible irá para allá para ser “hecho perfecto”.

   Amados creyentes en Cristo, por afirmación de estas palabras del apóstol a los hebreos, así como del apóstol Pablo, nosotros los creyentes actuales nos hemos acercado y nos seguimos acercando al beneficio de ser “hechos perfectos” en la iglesia triunfante que está en los cielos.  Pero, este beneficio es solamente para quienes ya pertenecen a la iglesia visible y militante aquí en la tierra. ¿No es esto una motivación para ser un creyente interesado en integrarse a la iglesia visible, del cual esta iglesia donde usted escucha este mensaje, es parte del sector visible de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo?  Si alguien ha estado pensando que ser cristiano es solamente creer en Cristo, y vivir su fe separado de la iglesia, está en un error.  El que cree en Cristo, también se une a la iglesia visible.

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   La sexta grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

VI.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A JESÚS EL MEDIADOR.

    Es tan real que Jesús el Mediador está con nosotros y en nosotros.  Está en y con toda la iglesia, pero también está en el corazón de cada creyente que forma parte de su iglesia; sin embargo, Jesús para nuestra plena percepción acerca de él, solamente será en la eternidad allá en los cielos.  Es por eso que el apóstol a los hebreos, igual nos indica que “os habéis acercado […], a Jesús el Mediador del nuevo pacto” (Hebreos 12:22a, 24a).

   En esta tierra, aunque estamos en la iglesia, lo único que está ocurriendo es que la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, hace que la presencia de Jesús, así como del mismo Padre celestial esté en y con nosotros.  Cada una de las personas divinas, Padre, Hijo, y Espíritu Santo son un solo Dios, y no pueden ser divididas por nada, sino no serían un solo Dios, serían dos o hasta tres Dioses, pero la realidad es que juntas sus tres personas, son un solo Dios.  Esto explica que por haber creído en Cristo, el Espíritu Santo comenzó a morar en nuestra vida, y por lo tanto siendo parte de un Dios indivisible, Jesús también está en nuestra vida, el Padre también está en nuestra vida.  Es tan real, pero estamos limitados a no percibir toda su naturaleza.  Esta percepción absoluta, solamente será posible cuando termine nuestra función aquí en la iglesia visible, y pasemos a la iglesia invisible y triunfante en los cielos.  Mientras tanto, nos estamos acercando a Jesús el Mediador.

   Amados creyentes en Jesucristo, vuelvo a repetir la misma pregunta: ¿No es esto una motivación para que anhelemos pertenecer a la iglesia actual y visible de Jesucristo, en el cual juntos nos vamos acercando a la completa percepción sensible y visual de la persona y ser de Jesús el Mediador, quien también dio su vida por nosotros, y al mismo tiempo nos salvó?

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   La séptima grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

VII.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS AL PERDÓN EN CRISTO.

   Como último detalle a observar en el texto bíblico que estamos analizando, es que el apóstol a los hebreos afirma a los creyentes que: “os habéis acercado […], a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:24b). ¿Qué querrá decir estas palabras que comparan la sangre de Jesucristo, con la sangre de Abel derramada por haber sido asesinado aquí en la tierra por su hermano Caín?  El apóstol dice que la sangre de Jesús “habla mejor”. ¿Qué es esto de que la sangre habla, y que tanto la de Abel como la de Jesús hablan?  Cuando Caín hubo matado a su hermano Abel, Dios habló a Caín y le dijo: “La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Génesis 4:10).  Esta voz o este clamar (o clamor) al que Dios se refiere, y que Dios la adjudica a la sangre de Abel, es la necesidad natural de justicia por alguien que ha sido víctima de haberle sido quitada la vida por otra persona con premeditación, alevosía, y ventaja que no tenía el derecho de hacerlo.  Eso es lo que hablaba delante de Dios la sangre de Abel.

  Pero, la sangre de Jesús derramada, que el apóstol describe también como “rociada”, cuando dice que “habla mejor”, es porque Jesús no está reclamando justicia a su favor, sino está pidiendo a su Padre celestial que los que creamos en él, recibamos el perdón de nuestros pecados, la santificación de nuestra vida, la limpieza de toda mancha de pecado que nos afecta para mal en nuestra vida.  Es esto que afirma el apóstol Juan en su primera epístola universal cuando con respecto a Dios el Padre y su Hijo, dice: “y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7b).  Esto, se hace una realidad cuando confesamos nuestros pecados, pero lo tenemos qué confesar todos los días, y cuántas veces sea necesario y posible, porque una y otra vez vamos a necesitar en nuestra vida los efectos perdonadores de la sangre de Cristo.  La sangre de Cristo, “habla mejor” para rogar con garantía nuestro perdón.  Este perdón cotidiano que necesitamos se da al mismo tiempo que estamos unidos a la iglesia.  No es la iglesia la que perdona, sino Cristo, pero Cristo perdona a los mismos que por él se han integrado a la iglesia.  Así que la iglesia visible es el mejor lugar a donde podemos acudir en busca y procuración del perdón de Dios por la sangre de su Hijo Jesucristo que “habla mejor”.   Aquí en la iglesia nos hemos acercado […], a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:24b).

   Amado creyente en Jesucristo, fuera de la comunión de la iglesia visible y militante de Jesucristo, no hay perdón de pecados.  Usted no encontrará perdón de pecados en el estadio deportivo cuando evade pertenecer a la iglesia, porque todo el personal y asistentes del estadio no son el cuerpo de Cristo, no lo encontrará en los clubes de altruismo en el que usted quiera canalizar toda su notable bondad, pues los clubes no son el cuerpo de Cristo.  Solamente en la iglesia, uno se acerca a “la sangre” que otorga el perdón de Dios.  Y usted necesita del perdón de Dios una y otra vez.

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   CONCLUSIÓN: Amado hermano, creyente en Jesucristo, voy a concluir, invitándole a que se una formalmente a esta amada iglesia de Cristo, pero ya, ahora, no lo piense más.  Que el día de hoy sea el comienzo de una integración formal de usted a la iglesia visible de Cristo.  Asista fielmente, y tan pronto haya oportunidad de integrarse a la clase de membresía o catecúmenos de la iglesia, intégrese también a esa clase.  La iglesia no fue un invento de los misioneros que llegaron a nuestro país hace 146 años en 1872.  No fue invento del misionero Maxwell Phillips que llegó a Yucatán en 1886 hace 132 años a establecer la primera iglesia evangélica y presbiteriana de esta ciudad de Mérida y de toda la Península de Yucatán.  La iglesia fue creada por Dios, establecida por su Hijo Jesucristo para que por su propio Hijo seamos conducidos a todos los beneficios presentes y venideros que Dios de su pura gracia decidió darnos para gozar de Él para siempre

   Dios quiera que, a partir de ahora, usted ame pertenecer a la iglesia visible de Cristo. ¿Nos estaremos viendo aquí de manera regular, constante, y perseverante en esta iglesia local de la iglesia visible y militante, que a la vez pertenece a la iglesia universal?  Usted tiene tantos incentivos para integrarse a la santa iglesia de Cristo Jesús.

Feb 11

¿CON QUIÉN ES TU COMPROMISO?, Por: Diego Teh.

¿CON QUIÉN ES TU COMPROMISO?

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Ezequiel 10:1-5; Hebreos 10:22-25.

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el domingo 11 de febrero 2018, a las 11:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Los comerciantes saben que los clientes no podemos hacer a la ligera, compromiso de compra cuando nos ofrecen sus productos. Siempre que ellos ofrecen sus productos, muy amablemente nos dicen: Pase usted, pregunte usted, sin compromiso.  Por nuestra parte, nos sentimos cómodos, si ellos no nos insisten en comprar algo que implique aceptar compromisos en el que tengamos que responsabilizarnos de pagos, aunque sean pagos chiquitos.  Pero, en la vida no todo es “sin compromiso”; especialmente para quienes somos cristianos, pues hay conductas, decisiones, y deberes que nos corresponden, que debemos hacer con sentido de compromiso. Los cristianos tenemos Dios, tenemos familia, tenemos iglesia, tenemos trabajo, tenemos amigos, hacemos negocios, etc…, y no debemos en ningún caso, ser irresponsables por no tener sentido de compromiso en todas nuestras relaciones.  Aunque es importante asumir con sentido de compromiso todos nuestros deberes, en todas nuestras relaciones, de manera específica en este mensaje solamente voy a enfatizar la importancia de estar comprometidos en cumplir los deberes espirituales de la vida cristiana. pero aquí tenemos que aclarar ¿con quién hemos hecho compromiso, o con quien tenemos que hacer compromiso para cumplir los deberes espirituales de la vida cristiana? ¿Con el pastor, con los oficiales de la iglesia, con los responsables de los ministerios, con los directivos de las organizaciones, con algún familiar o pariente suyo?  ¿Con Quién?

   Definitivamente, nuestro compromiso para cumplir los deberes espirituales de la vida cristiana, realmente y primeramente es y debe ser con Dios.  Por eso hoy les predicaré que los deberes espirituales de todo cristiano deben ser llevados a cabo con todo sentido de compromiso con Dios.  / ¿Cuáles son los deberes espirituales de todo cristiano que deben ser llevados a cabo con todo sentido de compromiso con Dios? / Específicamente les voy a compartir algunos de esos deberes espirituales, y paso a paso iré enfatizando ¿con quién es tu compromiso?

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   El primer deber espiritual que todo cristiano debe llevar a cabo con todo sentido de compromiso con Dios, es:

I.- ACERCARNOS A ÉL CONTINUAMENTE.

   No se trata de una persona humana. Se trata de Dios, la Persona Divina Suprema. Desde que Dios creó al ser humano, Él le hizo responsable de vivir bajo sus órdenes, de las cuales falló en uno de ellos que le convirtió en un pecador en incapacidad de aceptar compromisos con Dios. Por supuesto, que siguió trabajando como labrador de la tierra, así como pastoreando ganados, y haciendo otros tipos de trabajo que Dios también esperaba que el hombre hiciera; sin embargo, la historia de la reacción tanto de Eva como de Adán después de haberse convertido en infractores de la ley de Dios, no fue la de invocar a Dios y decirle: Dios, ¿qué quieres que haga ahora? ¿cómo puedo solucionar mi error? Sino, todo lo contrario, cuando “oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto” (Génesis 3:8), y cuando Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? / Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí” (Génesis 3:9,10). Desde entonces, el ser humano se convirtió en un incapaz de mantenerse comprometido con Dios. Le es más fácil huir de la responsabilidad y de todo compromiso. Le es más fácil intentar esconderse de la presencia del Dios que todo lo ve y todo lo sabe, que acercarse a él con todo sentido de compromiso para hacer su voluntad.

   Por otra parte, Dios, siendo Él santo, y Eva y Adán pecadores, nos dice el relato bíblico: “Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. / Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida” (Génesis 3:22,24).  Más que “guardar el camino del árbol de la vida”, Dios no podía permitir que pecadores que no han expiado su culpa permanezcan donde él había querido manifestar y localizar su presencia, un digno y glorioso jardín especial de su propia creación: El huerto del Edén. Con el paso del tiempo, Dios estableció sacerdotes para su pueblo escogido para que, por su mediación, los pecadores pudiesen acercarse a Dios; pero llegó el tiempo cuando Dios también abolió el sacerdocio del templo que se ejercía en el Tabernáculo y posteriormente en el templo de Jerusalén entre los israelitas. Pero, para la época que el autor apostólico escribió A los Hebreos, ya no había bloqueo, ya no había sacerdocio que mediara, sino que el pecador ya se puede acercar a Dios por medio de Cristo.  Por eso, nuestro texto bíblico ahora exhorta a los creyentes diciendo: “acerquémonos” (Hebreos 10:22a). Este acercamiento es a Dios

   Amados hermanos, ahora, Dios ya no tiene querubines, ni espada encendida ondeante que impida nuestro acercamiento a Él como les impidió a Eva y a Adán que se acercaran a su presencia localizada en el Edén; ahora, Dios nos da la oportunidad de acercarnos a él sin rituales de sacrificios costosos y complicados, y sin mediación de sacerdotes humanos como les impuso a los israelitas.  Ahora, tenemos el privilegio de acercarnos a Él gratuitamente solo por medio de Cristo con sinceridad, con fe, con pureza, y con santidad.  Este acercamiento a Dios debe ser para nosotros no una opción de ocasiones sino debe ser un compromiso fiel y constante porque se trata de la aceptación de su gracia de darnos acceso a su presencia. En el culto nos acercamos a Dios, porque el culto más que liturgia, más que participaciones humanas en su dirección, es la presencia divina de Cristo acercando y presentando al pecador delante de Dios.  Por eso, ahora, nosotros tenemos la necesidad y al mismo tiempo compromiso de acercarnos a Dios una y otra vez todas las veces que sean posibles no solo en alguna festividad del calendario litúrgico, ni solamente una vez al mes, sino por lo menos (repito: por lo menos) una vez a la semana en el día del Señor.  La exhortación: “acerquémonos”, debe animarnos a no ser descuidados, ni eventuales, ni irregulares, sino comprometidos en acudir al culto divino que Jesucristo siempre preside para acercarnos a Dios, y que en esta iglesia se lleva a cabo los domingos a las 11:00am, y a las 6:00pm.  ¿Con quién es tu compromiso?  La respuesta debe ser: CON DIOS PARA ACERCARNOS A ÉL CONTINUAMENTE.  Nuestro compromiso no es con el ministro de música, no es con el pastor, no es con los responsables de los más de diez ministerios que ahora tiene la iglesia, tampoco es con alguno de los numerosos oficiales de la iglesia, sino CON DIOS.

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   El segundo deber espiritual que todo cristiano debe llevar a cabo con todo sentido de compromiso con Dios, es:

II.- TENER SOLAMENTE A JESUCRISTO COMO MEDIADOR.

   No podemos pasar por alto que el texto bíblico antes de indicarnos que debemos estar comprometidos a acercarnos a Dios, pues dice que: “teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, / acerquémonos…” (Hebreos 10:21,22a).     Cuando el texto habla de “un gran sacerdote” (Hebreos 10:21), no se refiere a ningún sacerdote terrenal sobre templo terrenal alguno, que por cierto los últimos se llamaron Anás y Caifás.  Para la fecha que el apóstol escribe, ellos ya ni existían.  El apóstol, se estaba refiriendo a Jesucristo, el único y eficaz mediador que abre la puerta de un lugar más excelente que el Edén, la puerta del mismo cielo de Dios.  Es solamente por Jesús que usted puede entrar a “la casa de Dios” que, en el contexto de esta mención, no se refiere al templo de Jerusalén, ni se refería ningún templo terrenal como este donde nos encontramos, sino que ser refiere figuradamente al cielo donde ahora usted no es rechazado como pecador sino aceptado por la elección de Dios y por la mediación solamente de Cristo.

   Esto debe orientar a los que andan como chapulines de iglesia en iglesia buscando la verdad o buscando la iglesia o al ministro que les haga sentirse emocionados con la fe, pues ninguno de estos son propiamente los mediadores entre Dios y el hombre sino solamente Jesucristo de quien el apóstol Pablo dice claramente: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, / el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo” (1 Timoteo 2:5,6).  Ni la iglesia puede constituirse en mediadora ni inventarse otro medio de acceso a Dios, ni los pastores y demás oficiales de una iglesia local o de toda una denominación pueden constituirse en medios para acercarse a Dios.  Es por eso que en el mismo culto divino ni siquiera los directores del orden del culto son los que real y verdaderamente presiden el ofrecimiento del culto, pues cuando ellos hacen o delegan la oración de ofrecimiento del culto, concluyen diciendo a Dios que este culto te lo ofrecemos en el nombre de tu Hijo Jesucristo, porque el único y verdadero director y mediador nuestro para entregar nuestro culto a Dios el Padre, es Jesucristo.

   Amados hermanos, ahora, respondamos la pregunta: ¿Con quién es tu compromiso?  La respuesta debe ser: CON DIOS PARA TENER SOLAMENTE A JESUCRISTO COMO MEDIADOR.

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   El tercer deber espiritual que todo cristiano debe llevar a cabo con todo sentido de compromiso con Dios, es:

III.- NUESTRO PROPIO CRECIMIENTO ESPIRITUAL.

   Ya hemos considerado que el acercarnos a Dios debe ser solamente por la mediación de Jesucristo.  Pero, nuestro texto después de exhortar acerca del compromiso de acercarse a Dios, recalca una serie de requisitos acerca de cómo debe darse este acercamiento, y al respecto dice que debe ser: “con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura” (Hebreos 10:22).  Cada uno de estos requisitos, son cuestiones que se puede decir que a nadie más le interesa que usted los cubra, sino solamente usted.  Por lo que, si usted o una persona no se siente comprometida con Dios para cumplir con estos requisitos personales de acercamiento a Dios, usted no hará nada al respecto, y entonces realmente no podrá acercarse a Dios.  Podrá usted venir a la iglesia, podrá usted venir al culto, y podrá usted hacer otras cosas religiosas, pero usted no se habrá acercado a Dios. Usted antes que con persona alguna debe estar comprometido con Dios para crecer en la gracia. El que se acerca a Dios debe hacerlo tomando en cuenta las instrucciones que leemos en el versículo veintidós después de la exhortación: “acerquémonos” que son indicadores de crecimiento espiritual en la vida de todo creyente.  Hay mucho que decir acerca de cada uno de estos indicadores, pero seré breve en cada uno.

      Lo primero que leemos es “con corazón sincero”.  Este es el corazón de aquel que no finge estar o querer comprometerse con Dios, sino que se compromete con Dios, y le cumple. El corazón sincero, no es como el corazón de Ananías y Safira que con sus labios hicieron un compromiso, pero su corazón no era sincero, sino lleno de engaño.  Quisieron engañar a los apóstoles y a otros creyentes, pero a quien estaban queriendo imposiblemente engañar es a Dios mismo.  Usted debe tener un corazón sincero para con Dios.

   Luego leemos que se debe uno acercar a Dios “en plena certidumbre de fe”, es según palabras del apóstol Santiago: “no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Santiago 1:6).  Medio creyendo, y medio dudando, no garantiza acercamiento a Dios. Lo único que garantiza es que tal persona sigue y está en riesgo de ser arrastrada de una parte a otra por la incredulidad y el pecado mismo.

   Luego se nos dice que este acercamiento a Dios debe darse: purificados los corazones de mala conciencia”.  Esta instrucción se refiere a la firme decisión de no pecar voluntaria y deliberadamente, y en el caso de los pecados involuntariamente cometidos debe reconocerse que son graves e inmediatamente se debe pedir ser perdonados de ello. Por eso, desde el momento que nuestra conciencia reconozca que hemos pecado, y cuando nuestra conciencia reconozca que estamos acercándonos a Dios, lo primero que debemos hacer es pedir perdón a Dios.  Por eso debemos aprovechar los momentos de confesión de pecados que se incluyen entre los primeros elementos del culto, aunque siempre es bueno confesarse ante Dios de manera personal mucho antes del culto e incluso desde que llegamos al templo.

   Y por últimos leemos que debemos tener: lavados los cuerpos con agua pura”, no se refiere de ninguna manera al bautismo.  La frase alude a la santidad, al aseo personal, y a la frescura del cuerpo con que los sacerdotes de Israel deberían presentarse delante de Dios para representar a los pecadores arrepentidos.  Se tenían que presentar delante de Dios recién bañaditos y vestidos con ropas blancas. Era una norma de santidad. La razón era que una de las consecuencias del pecado fue la determinación divina: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra” (Génesis 3:19a). Pero, el sacerdote bañadito ministrando sin el sudor, simbolizaba que su oficio es la muestra de que Dios en verdad está restaurando al pecador hacia la santidad y perfección, y que Dios ha quitado la maldición del pecado. Desde luego que acudir al culto bien aseados es importante, pero nuestra limpieza espiritual debemos buscarlo en la persona de Jesucristo.

   Por estos deberes que debemos cumplir, hagamos nuevamente la pregunta: ¿Con quién es tu compromiso?  La respuesta debe ser: CON DIOS PARA NUESTRO PROPIO CRECIMIENTO ESPIRITUAL.

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   El cuarto deber espiritual que todo cristiano debe llevar a cabo con todo sentido de compromiso con Dios, es:

IV.- ESTAR FIRME EN LA PROFESIÓN DE NUESTRA ESPERANZA.

  Ahora leemos que el apóstol exhorta: Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (Hebreos 10:23). La exhortación es clara.  Se trata de mantenerse “firme, sin fluctuar”, es decir, sin abandonar en ningún momento “la profesión de nuestra esperanza”.  ¿A qué se refiere esta expresión: “la profesión de nuestra esperanza”?  La “profesión” en este caso significa: la ocupación a la que uno debe estar dedicado.  El cristiano debe estar ocupado en su esperanza.  Esta esperanza, en realidad ya ha comenzado a ser una realidad en nuestras vidas porque Dios ya nos ha perdonado para toda la eternidad, porque Dios ya nos ha salvado de la condenación eterna, porque Dios ya nos ha dado vida eterna desde ahora, y por muchas cosas más ya es totalmente real. Pero todavía un pequeño porcentaje, pero de grandísimo valor.  Falta el regreso de Jesucristo para que los vivos sean transformados en seres con cuerpos glorificados, para que los muertos sean resucitados incorruptibles, para que todos los creyentes de todos los tiempos seamos trasladados cuerpo y alma, pero en estado totalmente glorificado, para que todos los creyentes pasemos a la plenitud de las bendiciones eternas que son incomparables con respecto a las que ahora disfrutamos en esta temporalidad terrenal.

   Sin embargo, acerca de estar ocupados en “la profesión de nuestra esperanza”, hay personas que se toman vacaciones por semanas, por meses, y hasta por años.  Muchos son sostenidos por la gracia de Dios, y a pesar de sus alejamientos y desocupaciones permanecen en la esperanza, pero otros en sus preferidas “vacaciones” de “la profesión de nuestra esperanza” que evidentemente no habían bien abrazado para su vida, quedan siempre lejos de toda esperanza; y lamentablemente, tales personas no recibirán las plenitudes eternas de nuestra esperanza. Esto les ocurre porque no estaban bien comprometidos con Dios.

   Por esta firmeza en “la profesión de nuestra esperanza”, hagamos nuevamente la pregunta: ¿Con quién es tu compromiso?  La respuesta debe ser: CON DIOS PARA ESTAR EN FIRME EN LA PROFESIÓN DE NUESTRA ESPERANZA.

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   El quinto deber espiritual que todo cristiano debe llevar a cabo con todo sentido de compromiso con Dios, es:

V.- AYUDAR EN LA EDIFICACIÓN ESPIRITUAL DE OTROS.

   Una exhortación final que vamos a considerar en este mensaje es la que dice: Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; / no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:24,25).  Tiene que ver con las ocupaciones o “profesión de nuestra esperanza”.  Específicamente tiene que ver con algunos de los deberes que se tienen que llevar a cabo dentro del compañerismo cristiano al que hemos sido integrados por Dios.  Además de haber sido integrados en su iglesia universal, hemos sido integrados a esta iglesia El Divino Salvador, una pequeña porción de su iglesia, en el que mutuamente tenemos responsabilidades unos con otros.

   Uno de los deberes que el apóstol exhorta a llevar a cabo es el “estimularnos al amor”.  Es lo que Jesús encargó a sus discípulos cuando les dijo: Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Juan 15:12). El pecado siempre hace que este amor necesario en nuestra vida personal y en la vida de la iglesia en general disminuya, aunque Dios siempre derrama su amor para que disfrutemos y compartamos (Romanos 5:5), y la aumenta.  En determinados momentos unos son más llenos de amor que otros, y los que están más llenos de amor tienen la responsabilidad de animar a los demás a mejorar su trato y relaciones con los demás.

   Otro de los deberes que se exhorta a llevar a cabo es el “estimularnos […] a las buenas obras”.   Estas buenas obras, son aquellas que por gratitud y por valorar el don de la salvación que Dios ha depositado en nuestras vidas, hacemos obras de servicio a favor de otros en el nombre de Cristo para que estos se den cuenta de la gracia de Dios, y también vengan al arrepentimiento y entrega de sus vidas a Dios.

   Pero, la exhortación que circunda estos deberes es la que dice: “no dejando de congregarnos”.  Congregarse, amados hermanos, no es una simple reunión social, tiene su valor espiritual que vale la pena tener presente en nuestra consciencia.  No debe dejarse de hacer como bien comenta el apóstol: “como algunos tienen por costumbre”.  Por supuesto, que alguna ocasión, alguna fuerza mayor será la que impida que uno se congregue, pero no debe ser por causa de alguna mala costumbre, porque los congregantes perdemos recibir pero también dar edificación a nuestros hermanos. Es seguro que reciben edificación de otros, sin embargo, usted y cada uno de nosotros tenemos algo particular y especial que nadie puede dar por nosotros sino solamente nosotros.  Es por eso que en el amor del Señor, le animamos a asumir el compromiso de no dejar de congregarse sino es por alguna fuerza mayor justificable a los ojos de Dios.  Usted necesita cumplir el deber de animar a otros a mejorar su amor y sus buenas obras.  Una razón especial para ello es porque el día de la venida de nuestro salvador “se acerca” (v. 25).

   Para este deber de ayudar a la edificación de otros creyentes hagamos nuevamente la pregunta: ¿Con quién es tu compromiso?  La respuesta debe ser: CON DIOS PARA AYUDAR EN LA EDIFICACIÓN ESPIRITUAL DE OTROS.

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   CONCLUSIÓN: Para concluir, amados hermanos, les recuerdo y enfatizo que todos nuestros deberes espirituales los debemos llevar a cabo con todo sentido de compromiso con Dios.  Tenemos que evitar que la pereza, negligencia, irresponsabilidad, etc… nos haga faltar a nuestros compromisos con Dios.  Tenemos que evitar que personas sin temor de Dios sean la causa de tropiezo para que no cumplamos nuestros compromisos con Dios.  También tenemos que evitar esforzarnos por cumplir un deber espiritual solamente para quedar bien con algún ser humano, pues llevar a cabo nuestros deberes espirituales no es por compromiso con seres humanos, sino con Dios.

   ¿Con quién es tu compromiso?  Recuérdelo una y otra vez. Nuestro compromiso es con Dios.