Feb 11

¿CON QUIÉN ES TU COMPROMISO?, Por: Diego Teh.

¿CON QUIÉN ES TU COMPROMISO?

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Ezequiel 10:1-5; Hebreos 10:22-25.

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el domingo 11 de febrero 2018, a las 11:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Los comerciantes saben que los clientes no podemos hacer a la ligera, compromiso de compra cuando nos ofrecen sus productos. Siempre que ellos ofrecen sus productos, muy amablemente nos dicen: Pase usted, pregunte usted, sin compromiso.  Por nuestra parte, nos sentimos cómodos, si ellos no nos insisten en comprar algo que implique aceptar compromisos en el que tengamos que responsabilizarnos de pagos, aunque sean pagos chiquitos.  Pero, en la vida no todo es “sin compromiso”; especialmente para quienes somos cristianos, pues hay conductas, decisiones, y deberes que nos corresponden, que debemos hacer con sentido de compromiso. Los cristianos tenemos Dios, tenemos familia, tenemos iglesia, tenemos trabajo, tenemos amigos, hacemos negocios, etc…, y no debemos en ningún caso, ser irresponsables por no tener sentido de compromiso en todas nuestras relaciones.  Aunque es importante asumir con sentido de compromiso todos nuestros deberes, en todas nuestras relaciones, de manera específica en este mensaje solamente voy a enfatizar la importancia de estar comprometidos en cumplir los deberes espirituales de la vida cristiana. pero aquí tenemos que aclarar ¿con quién hemos hecho compromiso, o con quien tenemos que hacer compromiso para cumplir los deberes espirituales de la vida cristiana? ¿Con el pastor, con los oficiales de la iglesia, con los responsables de los ministerios, con los directivos de las organizaciones, con algún familiar o pariente suyo?  ¿Con Quién?

   Definitivamente, nuestro compromiso para cumplir los deberes espirituales de la vida cristiana, realmente y primeramente es y debe ser con Dios.  Por eso hoy les predicaré que los deberes espirituales de todo cristiano deben ser llevados a cabo con todo sentido de compromiso con Dios.  / ¿Cuáles son los deberes espirituales de todo cristiano que deben ser llevados a cabo con todo sentido de compromiso con Dios? / Específicamente les voy a compartir algunos de esos deberes espirituales, y paso a paso iré enfatizando ¿con quién es tu compromiso?

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   El primer deber espiritual que todo cristiano debe llevar a cabo con todo sentido de compromiso con Dios, es:

I.- ACERCARNOS A ÉL CONTINUAMENTE.

   No se trata de una persona humana. Se trata de Dios, la Persona Divina Suprema. Desde que Dios creó al ser humano, Él le hizo responsable de vivir bajo sus órdenes, de las cuales falló en uno de ellos que le convirtió en un pecador en incapacidad de aceptar compromisos con Dios. Por supuesto, que siguió trabajando como labrador de la tierra, así como pastoreando ganados, y haciendo otros tipos de trabajo que Dios también esperaba que el hombre hiciera; sin embargo, la historia de la reacción tanto de Eva como de Adán después de haberse convertido en infractores de la ley de Dios, no fue la de invocar a Dios y decirle: Dios, ¿qué quieres que haga ahora? ¿cómo puedo solucionar mi error? Sino, todo lo contrario, cuando “oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto” (Génesis 3:8), y cuando Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? / Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí” (Génesis 3:9,10). Desde entonces, el ser humano se convirtió en un incapaz de mantenerse comprometido con Dios. Le es más fácil huir de la responsabilidad y de todo compromiso. Le es más fácil intentar esconderse de la presencia del Dios que todo lo ve y todo lo sabe, que acercarse a él con todo sentido de compromiso para hacer su voluntad.

   Por otra parte, Dios, siendo Él santo, y Eva y Adán pecadores, nos dice el relato bíblico: “Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. / Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida” (Génesis 3:22,24).  Más que “guardar el camino del árbol de la vida”, Dios no podía permitir que pecadores que no han expiado su culpa permanezcan donde él había querido manifestar y localizar su presencia, un digno y glorioso jardín especial de su propia creación: El huerto del Edén. Con el paso del tiempo, Dios estableció sacerdotes para su pueblo escogido para que, por su mediación, los pecadores pudiesen acercarse a Dios; pero llegó el tiempo cuando Dios también abolió el sacerdocio del templo que se ejercía en el Tabernáculo y posteriormente en el templo de Jerusalén entre los israelitas. Pero, para la época que el autor apostólico escribió A los Hebreos, ya no había bloqueo, ya no había sacerdocio que mediara, sino que el pecador ya se puede acercar a Dios por medio de Cristo.  Por eso, nuestro texto bíblico ahora exhorta a los creyentes diciendo: “acerquémonos” (Hebreos 10:22a). Este acercamiento es a Dios

   Amados hermanos, ahora, Dios ya no tiene querubines, ni espada encendida ondeante que impida nuestro acercamiento a Él como les impidió a Eva y a Adán que se acercaran a su presencia localizada en el Edén; ahora, Dios nos da la oportunidad de acercarnos a él sin rituales de sacrificios costosos y complicados, y sin mediación de sacerdotes humanos como les impuso a los israelitas.  Ahora, tenemos el privilegio de acercarnos a Él gratuitamente solo por medio de Cristo con sinceridad, con fe, con pureza, y con santidad.  Este acercamiento a Dios debe ser para nosotros no una opción de ocasiones sino debe ser un compromiso fiel y constante porque se trata de la aceptación de su gracia de darnos acceso a su presencia. En el culto nos acercamos a Dios, porque el culto más que liturgia, más que participaciones humanas en su dirección, es la presencia divina de Cristo acercando y presentando al pecador delante de Dios.  Por eso, ahora, nosotros tenemos la necesidad y al mismo tiempo compromiso de acercarnos a Dios una y otra vez todas las veces que sean posibles no solo en alguna festividad del calendario litúrgico, ni solamente una vez al mes, sino por lo menos (repito: por lo menos) una vez a la semana en el día del Señor.  La exhortación: “acerquémonos”, debe animarnos a no ser descuidados, ni eventuales, ni irregulares, sino comprometidos en acudir al culto divino que Jesucristo siempre preside para acercarnos a Dios, y que en esta iglesia se lleva a cabo los domingos a las 11:00am, y a las 6:00pm.  ¿Con quién es tu compromiso?  La respuesta debe ser: CON DIOS PARA ACERCARNOS A ÉL CONTINUAMENTE.  Nuestro compromiso no es con el ministro de música, no es con el pastor, no es con los responsables de los más de diez ministerios que ahora tiene la iglesia, tampoco es con alguno de los numerosos oficiales de la iglesia, sino CON DIOS.

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   El segundo deber espiritual que todo cristiano debe llevar a cabo con todo sentido de compromiso con Dios, es:

II.- TENER SOLAMENTE A JESUCRISTO COMO MEDIADOR.

   No podemos pasar por alto que el texto bíblico antes de indicarnos que debemos estar comprometidos a acercarnos a Dios, pues dice que: “teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, / acerquémonos…” (Hebreos 10:21,22a).     Cuando el texto habla de “un gran sacerdote” (Hebreos 10:21), no se refiere a ningún sacerdote terrenal sobre templo terrenal alguno, que por cierto los últimos se llamaron Anás y Caifás.  Para la fecha que el apóstol escribe, ellos ya ni existían.  El apóstol, se estaba refiriendo a Jesucristo, el único y eficaz mediador que abre la puerta de un lugar más excelente que el Edén, la puerta del mismo cielo de Dios.  Es solamente por Jesús que usted puede entrar a “la casa de Dios” que, en el contexto de esta mención, no se refiere al templo de Jerusalén, ni se refería ningún templo terrenal como este donde nos encontramos, sino que ser refiere figuradamente al cielo donde ahora usted no es rechazado como pecador sino aceptado por la elección de Dios y por la mediación solamente de Cristo.

   Esto debe orientar a los que andan como chapulines de iglesia en iglesia buscando la verdad o buscando la iglesia o al ministro que les haga sentirse emocionados con la fe, pues ninguno de estos son propiamente los mediadores entre Dios y el hombre sino solamente Jesucristo de quien el apóstol Pablo dice claramente: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, / el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo” (1 Timoteo 2:5,6).  Ni la iglesia puede constituirse en mediadora ni inventarse otro medio de acceso a Dios, ni los pastores y demás oficiales de una iglesia local o de toda una denominación pueden constituirse en medios para acercarse a Dios.  Es por eso que en el mismo culto divino ni siquiera los directores del orden del culto son los que real y verdaderamente presiden el ofrecimiento del culto, pues cuando ellos hacen o delegan la oración de ofrecimiento del culto, concluyen diciendo a Dios que este culto te lo ofrecemos en el nombre de tu Hijo Jesucristo, porque el único y verdadero director y mediador nuestro para entregar nuestro culto a Dios el Padre, es Jesucristo.

   Amados hermanos, ahora, respondamos la pregunta: ¿Con quién es tu compromiso?  La respuesta debe ser: CON DIOS PARA TENER SOLAMENTE A JESUCRISTO COMO MEDIADOR.

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   El tercer deber espiritual que todo cristiano debe llevar a cabo con todo sentido de compromiso con Dios, es:

III.- NUESTRO PROPIO CRECIMIENTO ESPIRITUAL.

   Ya hemos considerado que el acercarnos a Dios debe ser solamente por la mediación de Jesucristo.  Pero, nuestro texto después de exhortar acerca del compromiso de acercarse a Dios, recalca una serie de requisitos acerca de cómo debe darse este acercamiento, y al respecto dice que debe ser: “con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura” (Hebreos 10:22).  Cada uno de estos requisitos, son cuestiones que se puede decir que a nadie más le interesa que usted los cubra, sino solamente usted.  Por lo que, si usted o una persona no se siente comprometida con Dios para cumplir con estos requisitos personales de acercamiento a Dios, usted no hará nada al respecto, y entonces realmente no podrá acercarse a Dios.  Podrá usted venir a la iglesia, podrá usted venir al culto, y podrá usted hacer otras cosas religiosas, pero usted no se habrá acercado a Dios. Usted antes que con persona alguna debe estar comprometido con Dios para crecer en la gracia. El que se acerca a Dios debe hacerlo tomando en cuenta las instrucciones que leemos en el versículo veintidós después de la exhortación: “acerquémonos” que son indicadores de crecimiento espiritual en la vida de todo creyente.  Hay mucho que decir acerca de cada uno de estos indicadores, pero seré breve en cada uno.

      Lo primero que leemos es “con corazón sincero”.  Este es el corazón de aquel que no finge estar o querer comprometerse con Dios, sino que se compromete con Dios, y le cumple. El corazón sincero, no es como el corazón de Ananías y Safira que con sus labios hicieron un compromiso, pero su corazón no era sincero, sino lleno de engaño.  Quisieron engañar a los apóstoles y a otros creyentes, pero a quien estaban queriendo imposiblemente engañar es a Dios mismo.  Usted debe tener un corazón sincero para con Dios.

   Luego leemos que se debe uno acercar a Dios “en plena certidumbre de fe”, es según palabras del apóstol Santiago: “no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra” (Santiago 1:6).  Medio creyendo, y medio dudando, no garantiza acercamiento a Dios. Lo único que garantiza es que tal persona sigue y está en riesgo de ser arrastrada de una parte a otra por la incredulidad y el pecado mismo.

   Luego se nos dice que este acercamiento a Dios debe darse: purificados los corazones de mala conciencia”.  Esta instrucción se refiere a la firme decisión de no pecar voluntaria y deliberadamente, y en el caso de los pecados involuntariamente cometidos debe reconocerse que son graves e inmediatamente se debe pedir ser perdonados de ello. Por eso, desde el momento que nuestra conciencia reconozca que hemos pecado, y cuando nuestra conciencia reconozca que estamos acercándonos a Dios, lo primero que debemos hacer es pedir perdón a Dios.  Por eso debemos aprovechar los momentos de confesión de pecados que se incluyen entre los primeros elementos del culto, aunque siempre es bueno confesarse ante Dios de manera personal mucho antes del culto e incluso desde que llegamos al templo.

   Y por últimos leemos que debemos tener: lavados los cuerpos con agua pura”, no se refiere de ninguna manera al bautismo.  La frase alude a la santidad, al aseo personal, y a la frescura del cuerpo con que los sacerdotes de Israel deberían presentarse delante de Dios para representar a los pecadores arrepentidos.  Se tenían que presentar delante de Dios recién bañaditos y vestidos con ropas blancas. Era una norma de santidad. La razón era que una de las consecuencias del pecado fue la determinación divina: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra” (Génesis 3:19a). Pero, el sacerdote bañadito ministrando sin el sudor, simbolizaba que su oficio es la muestra de que Dios en verdad está restaurando al pecador hacia la santidad y perfección, y que Dios ha quitado la maldición del pecado. Desde luego que acudir al culto bien aseados es importante, pero nuestra limpieza espiritual debemos buscarlo en la persona de Jesucristo.

   Por estos deberes que debemos cumplir, hagamos nuevamente la pregunta: ¿Con quién es tu compromiso?  La respuesta debe ser: CON DIOS PARA NUESTRO PROPIO CRECIMIENTO ESPIRITUAL.

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   El cuarto deber espiritual que todo cristiano debe llevar a cabo con todo sentido de compromiso con Dios, es:

IV.- ESTAR FIRME EN LA PROFESIÓN DE NUESTRA ESPERANZA.

  Ahora leemos que el apóstol exhorta: Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió” (Hebreos 10:23). La exhortación es clara.  Se trata de mantenerse “firme, sin fluctuar”, es decir, sin abandonar en ningún momento “la profesión de nuestra esperanza”.  ¿A qué se refiere esta expresión: “la profesión de nuestra esperanza”?  La “profesión” en este caso significa: la ocupación a la que uno debe estar dedicado.  El cristiano debe estar ocupado en su esperanza.  Esta esperanza, en realidad ya ha comenzado a ser una realidad en nuestras vidas porque Dios ya nos ha perdonado para toda la eternidad, porque Dios ya nos ha salvado de la condenación eterna, porque Dios ya nos ha dado vida eterna desde ahora, y por muchas cosas más ya es totalmente real. Pero todavía un pequeño porcentaje, pero de grandísimo valor.  Falta el regreso de Jesucristo para que los vivos sean transformados en seres con cuerpos glorificados, para que los muertos sean resucitados incorruptibles, para que todos los creyentes de todos los tiempos seamos trasladados cuerpo y alma, pero en estado totalmente glorificado, para que todos los creyentes pasemos a la plenitud de las bendiciones eternas que son incomparables con respecto a las que ahora disfrutamos en esta temporalidad terrenal.

   Sin embargo, acerca de estar ocupados en “la profesión de nuestra esperanza”, hay personas que se toman vacaciones por semanas, por meses, y hasta por años.  Muchos son sostenidos por la gracia de Dios, y a pesar de sus alejamientos y desocupaciones permanecen en la esperanza, pero otros en sus preferidas “vacaciones” de “la profesión de nuestra esperanza” que evidentemente no habían bien abrazado para su vida, quedan siempre lejos de toda esperanza; y lamentablemente, tales personas no recibirán las plenitudes eternas de nuestra esperanza. Esto les ocurre porque no estaban bien comprometidos con Dios.

   Por esta firmeza en “la profesión de nuestra esperanza”, hagamos nuevamente la pregunta: ¿Con quién es tu compromiso?  La respuesta debe ser: CON DIOS PARA ESTAR EN FIRME EN LA PROFESIÓN DE NUESTRA ESPERANZA.

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   El quinto deber espiritual que todo cristiano debe llevar a cabo con todo sentido de compromiso con Dios, es:

V.- AYUDAR EN LA EDIFICACIÓN ESPIRITUAL DE OTROS.

   Una exhortación final que vamos a considerar en este mensaje es la que dice: Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; / no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10:24,25).  Tiene que ver con las ocupaciones o “profesión de nuestra esperanza”.  Específicamente tiene que ver con algunos de los deberes que se tienen que llevar a cabo dentro del compañerismo cristiano al que hemos sido integrados por Dios.  Además de haber sido integrados en su iglesia universal, hemos sido integrados a esta iglesia El Divino Salvador, una pequeña porción de su iglesia, en el que mutuamente tenemos responsabilidades unos con otros.

   Uno de los deberes que el apóstol exhorta a llevar a cabo es el “estimularnos al amor”.  Es lo que Jesús encargó a sus discípulos cuando les dijo: Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Juan 15:12). El pecado siempre hace que este amor necesario en nuestra vida personal y en la vida de la iglesia en general disminuya, aunque Dios siempre derrama su amor para que disfrutemos y compartamos (Romanos 5:5), y la aumenta.  En determinados momentos unos son más llenos de amor que otros, y los que están más llenos de amor tienen la responsabilidad de animar a los demás a mejorar su trato y relaciones con los demás.

   Otro de los deberes que se exhorta a llevar a cabo es el “estimularnos […] a las buenas obras”.   Estas buenas obras, son aquellas que por gratitud y por valorar el don de la salvación que Dios ha depositado en nuestras vidas, hacemos obras de servicio a favor de otros en el nombre de Cristo para que estos se den cuenta de la gracia de Dios, y también vengan al arrepentimiento y entrega de sus vidas a Dios.

   Pero, la exhortación que circunda estos deberes es la que dice: “no dejando de congregarnos”.  Congregarse, amados hermanos, no es una simple reunión social, tiene su valor espiritual que vale la pena tener presente en nuestra consciencia.  No debe dejarse de hacer como bien comenta el apóstol: “como algunos tienen por costumbre”.  Por supuesto, que alguna ocasión, alguna fuerza mayor será la que impida que uno se congregue, pero no debe ser por causa de alguna mala costumbre, porque los congregantes perdemos recibir pero también dar edificación a nuestros hermanos. Es seguro que reciben edificación de otros, sin embargo, usted y cada uno de nosotros tenemos algo particular y especial que nadie puede dar por nosotros sino solamente nosotros.  Es por eso que en el amor del Señor, le animamos a asumir el compromiso de no dejar de congregarse sino es por alguna fuerza mayor justificable a los ojos de Dios.  Usted necesita cumplir el deber de animar a otros a mejorar su amor y sus buenas obras.  Una razón especial para ello es porque el día de la venida de nuestro salvador “se acerca” (v. 25).

   Para este deber de ayudar a la edificación de otros creyentes hagamos nuevamente la pregunta: ¿Con quién es tu compromiso?  La respuesta debe ser: CON DIOS PARA AYUDAR EN LA EDIFICACIÓN ESPIRITUAL DE OTROS.

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   CONCLUSIÓN: Para concluir, amados hermanos, les recuerdo y enfatizo que todos nuestros deberes espirituales los debemos llevar a cabo con todo sentido de compromiso con Dios.  Tenemos que evitar que la pereza, negligencia, irresponsabilidad, etc… nos haga faltar a nuestros compromisos con Dios.  Tenemos que evitar que personas sin temor de Dios sean la causa de tropiezo para que no cumplamos nuestros compromisos con Dios.  También tenemos que evitar esforzarnos por cumplir un deber espiritual solamente para quedar bien con algún ser humano, pues llevar a cabo nuestros deberes espirituales no es por compromiso con seres humanos, sino con Dios.

   ¿Con quién es tu compromiso?  Recuérdelo una y otra vez. Nuestro compromiso es con Dios.