Mar 05

UNA FAMILIA QUE BUSCA EL REINO DE DIOS, Por: Diego Teh.

UNA FAMILIA QUE BUSCA EL REINO DE DIOS

,

Mateo 6:33.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Ebenezer” de la col. San José Tecoh, de Mérida, Yucatán; el día domingo 05 de Marzo del 2017, a las 18:00 horas; con motivo del Día de la Familia, en México.

.

.

   INTRODUCCIÓN: En el año 2005, hace doce años, a petición de organizaciones empresariales y de la sociedad civil, nuestro entonces presidente de la república don Vicente Fox, emitió por decreto que anualmente el primer domingo de cada mes de marzo se celebre en nuestro país el Día de la Familia.  El objetivo fue que además de fomentar la relación de todos los integrantes de la familia, cada familia debería crear iniciativas para el desarrollo integral de cada uno de sus integrantes.  Muy buena idea lo cual no contradice la palabra de Dios, sino más bien la honra, pues la palabra de Dios también procura la mejora de nuestra relación familiar, y el apoyarnos unos a otros para un sano desarrollo individual.

   El texto bíblico que he escogido para este mensaje dirigido a la familia, es una enseñanza de Jesús, dada a los que oyeron su célebre Sermón del Monte, en el que dijo que a pesar de las necesidades cotidianas y básicas de sobrevivencia: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33a); pero como por lo general, excepto algunos casos, no somos personas solitarias sino que siempre vivimos en familia, es apropiado entender que no solo en lo personal sino como familia debemos buscar el reino de Dios.  Por eso, este día he tenido la iniciativa de compartirles con fundamento en la palabra de Dios que toda familia cristiana que busca el reino de Dios se distingue por características particulares que se puede observar en ella. / ¿Qué características particulares se puede observar en una familia cristiana que busca el reino de Dios? / En este mensaje les voy a compartir a través de diversas historias y personajes bíblicos, algunas de tales características.

,

   La primera característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

I.- VIVE UNA ESPIRITUALIDAD TANTO INTERIOR COMO EXTERIOR.

   Aunque la historia de Lot está en el libro del Génesis, me gusta mucho una descripción que el apóstol Pedro da acerca de la intervención de Dios para librar a este personaje; pero al mismo tiempo describe la espiritualidad que este hombre mantuvo entre la gente perversa de las ciudades de Sodoma y Gomorra.  Al respecto de la espiritualidad de Lot, el texto dice que siempre se encontraba: “…abrumado por la nefanda conducta de los malvados / (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos)” (2 Pedro 2:7b,8).  Pero no hay grande ganancia en que uno se sienta “abrumado”, ni le era de mucho provecho porque “afligía cada día su alma”.  El provecho era real y bueno, pero solamente para él.  Se ve que fue un hombre de fe real y evidentemente firme en Dios, pero su esposa y sus hijas no tenían la misma madurez espiritual que él, lo cual las llevó a una tragedia general en muchos aspectos de sus vidas.  Pero eso fue en parte problema de Lot quien desde el principio no se preocupó por la espiritualidad de su familia.

   El problema de Lot, fue que solo quería vivir una espiritualidad interior en su alma, pero no quería vivir una espiritualidad exterior que es práctica.  Una espiritualidad como la de Lot es incompleta.  Lot vivía su espiritualidad solamente en su alma, pero en las cuestiones prácticas fue muy descuidado.  Cuando se tuvo que separar de su tío Abraham, Lot escogió lo que le pareció y realmente era la mejor tierra que le garantizaba un buen futuro económico para su oficio pastoril, pero no le importó que eso significaba un acercamiento a las ciudades de Sodoma y Gomorra cuya vida era de pecado, inmoralidad, perversión, homosexualidad, y más depravaciones, por lo que Dios ya les tenía en la mira para destruirlas y exterminarlas de la faz de la tierra.  Fue por su ideal de prosperidad que llevó a su familia hasta aquellos lugares.

   Cuando Dios por misericordia hacia Lot y su familia les quiso salvar de la destrucción que traería a estas dos ciudades, Dios le pidió a Lot que saliera de aquellos lugares y que se llevara a toda su familia, entonces Lot debió darse cuenta que su decisión de haber ido a vivir entre aquellas gentes, fue el error de su vida.  Sus hijas ya estaban comprometidas para matrimoniarse, así que Lot habló con sus yernos para explicarles lo que Dios les estaba orientando para hacer como familia, pero sus yernos no le hicieron caso, sino que lo consideraron loco.  Muy pronto sus hijas sufrieron el dolor de perder a sus prometidos, que sin duda amaban con todo su corazón, pero al ver que fue Dios quien les quitó a sus prometidos, debieron haber tenido algún resentimiento contra Dios.  Eso no hubiera pasado si Lot no hubiese llevado a sus hijas a aquellos lugares profanos.

   Cuando por fin se dio la misericordia de ser salvados de la destrucción, en el camino de huida, a pesar de que recibieron la instrucción de no mirar hacia atrás para no ver la destrucción de aquellas ciudades, la esposa de Lot, desobedeció la instrucción y volteó a mirar, y en consecuencia quedó hecha una estatua de sal.  La razón por la que esta mujer volteó para mirar, debe ser no solamente por curiosidad sino porque le estaba doliendo profundamente perder algo a la que estaba arraigada su vida cotidiana.  Como dijera Jesús, donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).  Su tesoro no estaba en la misma fe de su esposo; su tesoro no estaba en el reino de Dios; su tesoro no era Dios, al grado que le importó poco el desobedecer su instrucción.  Lot no debió llevar a su esposa a aquellos lugares.

   Posteriormente, las hijas decidieron cometer incesto con su propio padre.  Su argumento fue “Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra” (Génesis 19:31).  Por supuesto que en Sodoma y Gomorra no quedó varón para ellas, pero en el resto del mundo habían más varones.  Por ese mismo tiempo, Abraham quien no quiso comprometer a su hijo Isaac con las egipcias, ni con las cananeas, y mujeres de otras decenas de ciudades donde él había conocido sin duda que a muchas mujeres hermosas, exploró la opción de enviar hasta Ur en Mesopotamia para que trajesen de allí una esposa de entre su propia parentela para su hijo; y funcionó el plan.  Las hijas de Lot, pudieron establecerse a vivir en otras ciudades, y seguro que no faltaría hombre que las tome como esposa.  Por otra parte, no es verdad que Lot fuese tan viejo como ellas dijeron, pues su tío Abraham, para esa fecha era muchos años más grande que Lot, y todavía ni le nacía su primer hijo, y luego tuvo más hijos no solo con Agar, sino con Sara, y también con su concubina Cetura (Cf. Génesis 25:1,2; 1 Crónicas 1:28,32).  Lot, seguramente pudo haberse buscado una nueva esposa con quien tener descendencia varón; pero sus hijas estaban arrastrando la influencia de la cultura pecaminosa e inmoral de Sodoma y Gomorra, donde su padre quiso que ellas crecieran.  Esto no tenía que pasar si Lot hubiese pensado que su familia esté fundamentada en la fe interior y en la fe práctica.

   Amados hermanos, tomando en cuenta que cada uno de nosotros somos parte de una familia, debemos no solo de manera personal sino también como familia estar en búsqueda del reino de Dios.  Si se llegar a dar la necesidad que usted tenga que cambiar de trabajo, analice cómo este cambio contribuye a que su familia busque el reino de Dios.  Si el trabajo al que aspira no contribuye a este fin, mejor búsquese uno más apropiado.  Pida a Dios sabiduría para tomar la decisión correcta.  Cuando usted tome la decisión de cambiar de domicilio no lo haga a la ligera, analice también si esto contribuye a que su familia busque el reino de Dios; porque si no, entonces busque una vivienda más apropiada.  En la mala experiencia de Lot podemos darnos cuenta de cuán lamentable es buscar otros objetivos sin buscar primeramente el reino de Dios.  No se conforme usted como Lot quien en lo personal solo se sentía “…abrumado por la nefanda conducta de los malvados”, pero vivía entre ellos arriesgando la espiritualidad de su familia.  No sea usted como Lot quien aunque sinceramente “afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos” (2 Pedro 2:7b,8), pero allí estaba envenenando el alma de su esposa y de sus hijas.  Lo mejor, fue no haberse establecido con ellas en Sodoma y Gomorra, a donde fue llevado por el producto de su mirada tan humana y su corazón tan ambicioso.  Una familia que busca el reino de Dios debe ser congruente en su vida espiritual que se desarrolla en su alma o corazón, pero también en la vida espiritual que se desarrolla en las decisiones que se toman para las cosas prácticas de la vida que edifican o pueden destruir a nuestra propia familia.

.

   La segunda característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

II.- AMA EL CULTO A DIOS ANTES QUE OTRA ACTIVIDAD.

  La familia de la cual voy a hablarles en este apartado del mensaje es la de José y María, los padres terrenales de Jesús nuestro Salvador y Señor.  Lo primero que quiero indicarles es que San Lucas hablando más de Jesús que de sus padres, aprovecha relatar que: “Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua” (Luca 2:41).  Este dato es relevante, porque la pascua era en realidad un culto prescrito en la ley de Moisés (más bien de Dios) que duraba siete días, en el que se aprovechaba dar gracias a Dios porque un día sus antepasados los israelitas fueron libertados de la esclavitud a la que fueron sometidos por los gobernantes egipcios.  Aunque para este tiempo José y María vivían en Nazaret de Galilea, desde unos ocho años atrás desde que regresaron de Egipto, entonces, por lo menos los últimos 7 u 8 años no descuidaron ir al culto o fiesta de la pascua.  Lo que esto significa es que esta familia evidentemente amaba el culto a Dios antes que cualquier otra actividad.  En la actualidad hay una carretera que lleva de Nazaret a Jerusalén con un tramo de 150 km, que en auto se estima se puede recorrer en menos de dos horas, y a pie pero sin descanso en 31 horas, pero a pie con descansos podría llevar hasta 4 días-jornada de camino. Solo se necesita amor para ir a siete días de culto para decidir caminar toda esa distancia.

  Sin embargo, otro dato todavía más relevante que en realidad involucra a la familia es lo que San Lucas dice más acerca de Jesús que de sus padres, pero aludiendo a sus padres dice que “cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta” (Lucas 2:42).  Era un asunto de la ley de Moisés que los niños menores de doce años no tenían que ir al templo de Jerusalén, sino hasta que tuviesen doce años de edad, por lo que es entendible este énfasis de San Lucas acerca de la visita de Jesús al templo de Jerusalén “cuando tuvo doce años”.  Pero lo relevante aquí es que no dejaron a Jesús a hacer quizá aunque pequeños trabajos en la carpintería de la familia.  Ni siquiera José mandó a María y a Jesús mientras él se quedaba a trabajar.  Ni María les pidió que José y Jesús fueran solos aprovechando que ahora José tendría un acompañante durante el viaje.  La misma María que había viajado embarazada a punto de dar a luz, con tal de obedecer el edicto de Augusto César de empadronarse cada quien en su lugar de nacimiento; ahora, seguramente consideró como cada año que ella debía obedecer a Dios por muchas más razones.  En fin, vemos a José, María, y Jesús, como una familia que ama más el culto a Dios que cualquier otra actividad.

   Amados hermanos, hoy no tenemos que viajar a 150 km de distancia para ir al culto, pues a unas cuantas cuadras, o unas cuantas colonias de distancia tenemos el templo más cercano de nuestra preferencia a donde podemos ir al culto. ¡qué bendición!  Hoy también no tenemos por qué quedarnos en casa y enviar a los demás de nuestra familia al culto.  Hoy no debemos enviar a la familia al culto y nosotros salir a pasear con los amigos o con las amigas, ir al cine, al futbol o béisbol, etc… Hoy no debemos ni siquiera dejar a nuestros hijos pequeños o adolescentes en casa porque amen más dormir que adorar a Dios.  Aunque la iglesia no provee espacios para dormir, provee espacios de enseñanza y adoración muy importantes para que sean aprovechados por toda la familia.  Jóvenes, no deberían poner como excusa de que tienen mucha tarea con tal de evitar acudir al culto, para luego que sus padres salgan de casa para ir al culto, ustedes no se dedican a hacer la tarea sino a dormir, jugar, pasear, o hacer otra cosa, menos la tarea.  Adultos, jóvenes, y niños, recuerden que una familia que busca el reino de Dios es una familia que ama el culto a Dios antes que cualquier otra actividad.

.

   La tercera característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

III.- ABRE LAS PUERTAS DE SU CASA PARA COMPARTIR EL EVANGELIO.

  Primero quiera hablarles de una familia conformada por un matrimonio.  Se trata de Priscila y Aquila. Lo primero que sabemos de ellos es que eran buenos conocedores del evangelio de Jesucristo, que en la ciudad de Éfeso se encontraron a un buen predicador llamado Apolos que tenía un escaso conocimiento acerca de Jesucristo, pues lo único que sabía de Jesucristo estaba limitado a lo que Juan el Bautista predicaba cuando Jesús fue bautizado por él.  Ahora, predicar a Jesucristo, implicaba mucho más, como la razón de su muerte en la cruz; el significado de su resurrección; su poder para perdonar pecados, y sanar enfermos, etc…  Priscila y Aquila, conocedores de estas cosas, orientaron con mucho amor a este Apolos, quien tomo nota de cada detalla para mejorar sus predicaciones con respecto a Jesús.   Priscila y Aquila, amaban las buenas noticias del poder redentor de Jesucristo.  Pero por alguna razón, muy pronto ya no estaban en Éfeso, sino que se fueron a vivir en Roma, a unos 2,000 kilómetros de Éfeso, pues cuando poco tiempo después el apóstol Pablo escribió su epístola a los Romanos, les dice: “Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, / que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles. / Saludad también a la iglesia de su casa” (Romanos 16:3,5a).  En este saludo, también sobresale la valentía de esta pareja por defender la fe y al mismo apóstol Pablo; pero lo que quiero enfatizar es que el saludo que va expresamente para ellos, es especificado “también a la iglesia de su casa”. ¿La iglesia en su casa? Sí, porque amaban el evangelio de Jesucristo y a Jesucristo mismo, y estuvieron de acuerdo en utilizar su casa para enseñar de Jesucristo.  Esto es parte de los que también voluntariamente puede hacer una familia que busca el reino de Dios, pues para vivir la fe en Jesucristo el Rey del reino de Dios, uno no busca más intereses que los intereses del mismo reino de Dios.

  En el mismo libro de los Hechos de los apóstoles tenemos también la historia de un hombre que vivía en la ciudad de Cesarea de Judea[1], que se llamaba Cornelio, que era un Centurión romano, y que era conocido como “piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre” (Hechos 10:2).  Por instrucciones de un ángel, Cornelio por medio de dos de sus criados y uno de sus soldados de confianza mandó traer a su casa al apóstol Pedro quien se encontraba en Jope a unos 51 kilómetros al sur de Cesarea, justo en la misma costa del mediterráneo.  Pero lo relevante del caso es que cuando el apóstol Pedro llega a Cesarea a casa de Cornelio, dice San Lucas que “Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos” (Hechos 10:24b).  ¡Qué buen hombre temeroso de Dios, pero no solo sino juntamente con su familia, cuya casa estaba dispuesta para recibir a parientes y amigos más íntimos!  La razón de haberlos juntado en su casa, según Cornelio mismo le dice al apóstol Pedro es: “todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado” (Hechos 10:33b).  Esta es una familia que ama el reino de Dios, utilizando su propia casa para que parientes y amigos conozcan dicho reino y a su Rey y Salvador Jesucristo.

  Como tercero de esta lista de personas que abrieron las puertas de su casa para compartir el evangelio tenemos a doña Lidia cuya historia la tenemos también en el libro de los Hechos de los Apóstoles.  Era una mujer comerciante vendedora de púrpura, proveniente de Tiatira pero ya establecida con casa en Filipos, que previamente tenía temor de Dios y le adoraba, pero cuando en Filipos escuchó una predicación del apóstol Pablo, y aprendió acerca de Jesús, cree en él y se bautiza juntamente con otros miembros de su familia, dice San Lucas junto con el apóstol Pablo y Silas, que: “nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos” (Hechos 16:15).  Esos mismos días Pablo y Silas fueron encarcelados, pero muy pronto fueron liberados por la mano poderosa de Dios, y dice también San Lucas que: “saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron” (Hechos 16:40).  Esta mujer y su familia fueron hospitalarios con los siervos de Dios porque sus intereses principales no era ni siquiera el comercio, sino el buscar primeramente el reino de Dios.  Esto también se puede practicar el día de hoy, recibiendo en nuestras casas a los predicadores que llegan de visita a nuestras iglesias y tienen que quedarse por varios días.  Incluso si no se quedan por varios días, parte de la hospitalidad en la casa es llevarlos a compartir con ellos por lo menos una de nuestras comidas con las que Dios nos bendice en nuestros hogares.  Esta mujer, Lidia y su familia, porque entendieron lo que significa buscar el reino de Dios, abrieron las puertas de su casa para convertirla en una casa donde se podían reunir “los hermanos” en la fe que estaban creyendo en Jesucristo en aquellos tiempos.

.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en la actualidad como discípulos de las enseñanzas de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, también debemos hacer caso a su instrucción: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33).  Buscar el reino de Dios también es un asunto de la familia.  Es la mejor iniciativa que podemos tener todos los que conformamos nuestra familia.  Nadie haga como Lot, o como su esposa, o como sus hijas, cada quien buscando sus propios intereses.  Más tarde estaríamos listos para cosechar los tristes resultados de no buscar a tiempo primeramente el reino de Dios. / En esta búsqueda del reino de Dios, es importante valorar la importancia del culto para ser adoradores de Dios, pues Jesús mismo dijo que Dios el Padre está buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad (Juan 4:23,24). /  Finalmente, no olvidemos que nuestra verdadera morada es el cielo de Dios que Él tiene preparado para los que somos creyentes.  Nuestra vivienda de la actualidad es solamente una concesión de Dios para que nos resguardemos mientras estamos aquí en la tierra, pues al final de nuestra vida allí quedará, y ya no nos servirá más para nada.  Mientras tanto, debemos ponerlo al servicio de los intereses del reino de Dios que es acercar el evangelio de salvación a los corazones de nuestros familiares, amigos, y demás conocidos.  Dios nos ayude a buscar primeramente siempre su reino.

——————————————

[1] Esta Cesarea estaba situada a 96 kilómetros al Noroeste de Jerusalén la capital de Judea.  Sin embargo, Cesarea era conocida como la capital romana de Judea.  Fue edificada por Herodes el Grande entre el 25 y el 13 a.C. Su nombre fue puesto por Herodes en honor al emperador Augusto César, el emperador en turno cuando la edificó.  En ella vivió Felipe el evangelista, Cornelio el Centurión, y también allí estuvo preso durante dos años el apóstol Pablo en lo que comparecía ante Felix, Festo, y Agripa. También era conocida como “la pequeña Roma”.  Leer más en: http://edc.evidenciasdelcristianismo.com/?page_id=491

Jul 11

YO SOY DE ARRIBA, Por: Diego Teh.

YoSoydearriba

YO SOY DE ARRIBA

Juan 8:21-23.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “Ebenezer”, de Yaxhachén, mpio de Oxkutzcab, Yucatán; (AÑO 2012), un sábado a las 19:00 horas.

.

.

   INTRODUCCIÓN: En una ocasión Jesús enseñando a un grupo de judíos, les dijo: Yo me voy, y me buscaréis, pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir” (Juan 8:21).  No era una amenaza de Jesús al anunciar su regreso al cielo mismo de donde antes vino.  Fue más bien una confrontación para que aquellos judíos se arrepintieran de sus pecados, para que entonces sí puedan ir al cielo a donde Jesús anunciaba que pronto regresaría.  Pues sin arrepentimiento de los pecados de aquellos judíos, Jesús tenía razón al decirles que por ello no podrían ir a donde él iba.  Sin embargo, estas palabras de Jesús, no fueron bien entendidas por aquellos judíos amantes del pecado, más bien ni les interesaba ni el cielo, ni Jesús, ni el arrepentimiento.  San Juan nos relata que luego del anuncio de Jesús: Decían entonces los judíos: ¿Acaso se matará a sí mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podéis venir?” (Juan 8:22).  Para ellos, seguramente qué mejor si se suicidaba, pues no les era muy agradable con sus amonestaciones contra el pecado.  Luego, Jesús les hace una afirmación, de la cual he escogido una parte para enfatizar en este mensaje.  Jesús les dijo: “Vosotros sois de abajo. YO SOY DE ARRIBA; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo” (Juan 8:23).  La afirmación de Jesús: “YO SOY DE ARRIBA” es la expresión que usaré para el desarrollo de este mensaje.  Pero antes, observemos un par de detalles en este panorama que nos relata el apóstol Juan con respecto a estas palabras de Jesús a aquellos judíos.  Primero, el contraste que Jesús dice acerca de aquellos judíos cuando les afirma que ellos son “de abajo” o de “este mundo” mientras él es “de arriba”.  Segundo, el hecho de que cuando les anuncia que él se irá, a ellos no les dice que también se irán con él, sino que a ellos les dice: “pero en vuestro pecado moriréis; a donde yo voy, vosotros no podéis venir”.  Esto, debería haberles dejado claro que si hay algo que hace que una persona, sea “de abajo” o “de este mundo” es el mismo pecado al cual uno mismo se entrega.  Pero, ¿por qué Jesús dijo ser de arriba?

   Para objetivo de este mensaje, voy a presentarles que Jesús tenía muchas razones para afirmar: “Yo soy de arriba”.  /  ¿Cuáles son las razones por las que Jesús afirmó: “Yo soy de arriba”?  /  Por medio de este mensaje, les voy a compartir algunas razones por las que Jesús dijo “Yo soy de arriba”.

.

   La primera razón por la que Jesús dijo: “Yo soy de arriba”, es:

I.- PORQUE ES DIOS MANIFESTADO EN CARNE.

   El apóstol Pablo en su primera epístola a Timoteo, explicándole acerca de la piedad, lo primero que le explica dentro de una serie de seis elementos del misterio de la piedad, es que: “Dios fue manifestado en carne” (1 Timoteo 3:16).  Su manifestación “en carne”, es la realidad de que Jesús siendo Dios tomó la decisión de ser no la carne de cualquier ser vivo sino la de un ser humano que pasó por el proceso de gestación, nacimiento, niñez, adolescencia, juventud, y edad adulta.  Pero Jesús antes que humano, primeramente es totalmente Dios, y luego también totalmente humano sin dejar de ser Dios.  Por eso, cuando dijo: “Yo soy de arriba”, lo que con ello estaba indicando, es que aunque es humano, en realidad es Dios, quien se considera habita arriba y no en otra dirección.  Es a esto mismo que el apóstol Pablo les dijo a los Filipenses acerca de Jesús, que: siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,  /  sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres (Filipenses 2:6,7).  Claro que es de arriba, pues es Dios quien voluntariamente se hizo semejante a los hombres.

.

   La segunda razón por la que Jesús dijo: “Yo soy de arriba”, es:

II.- PORQUE NO ADOPTÓ EL SISTEMA MORAL DE ESTE MUNDO.

   Junto con su afirmación a los judíos cuando les dijo: “Yo soy de arriba”, hizo otra afirmación aclaratoria y complementaria diciendo “…yo no soy de este mundo” (Juan 8:23b).  Obviamente, todo aquel que nace en este mundo pertenece geográficamente a este mundo, pero en la biblia la palabra mundo no siempre significa geográficamente el planeta tierra, sino que mundo significa en sentido bíblico y teológico el sistema de vida en el cual los seres humanos hacen un lado a Dios, diseñando su propia manera de vivir para ser felices, aun cuando vivan en abierta desobediencia a la voluntad revelada de Dios.   Pero Jesús no era parte de ese sistema moral (o inmoral) de vida.   En esa ocasión que a los judíos les dijo: “yo no soy de este mundo”; y la noche anterior a su crucifixión cuando a su propio Padre celestial al encomendarle a sus discípulos, le dijo lo mismo acerca de ellos que: “no son del mundo”, (pero insistió en decirle a su Padre “como tampoco yo soy del mundo (Juan 17:14,16), lo que en ambos contextos estaba afirmando es que Jesús aunque se había formado en medio de la cultura humana, no estaba siguiendo los patrones de la cultura humana, sino la formación que la misma palabra de Dios proporciona para que una persona no viva según ideas propiamente humanas sino en valores procedentes de la voluntad revelada de Dios.  Eso hacía que Jesús no sea moralmente de este mundo, sino perteneciente al sistema de arriba que pertenece a la voluntad de Dios que ha sido revelada para los seres humanos.

  En cuanto a los fariseos, precisamente a pesar de su religiosidad, Jesús les dice: “en vuestro pecado moriréis” (Juan 8:21).  Eso es lo que ocurre en toda persona que vive bajo el sistema moral de este mundo, e incluso bajo solamente el abrigo ritual de la religión aunque esta se llama cristiana.  Pero cuando Jesús afirma que es “de arriba”, estaba diciendo que él aunque estaba en este mundo no vino para vivir conforme a la moral ni pecaminosa de este mundo, ni de una moral religiosa, sino que vino para vivir los valores divinos, celestiales, y sublimes que pudieren existir.  Es por eso que Pilato tuvo que decir de Jesús: “Ningún delito digno de muerte he hallado en él” (Lucas 23:22).  Es por eso que el ladrón arrepentido también crucificado junto a Jesús dijo acerca de Jesús a su otro compañero ladrón: “mas éste ningún mal hizo” (Lucas 23:41).  Es por eso que el centurión que comandó y escoltó la crucifixión de Jesús finalmente dijo: “Verdaderamente este hombre era justo” (Lucas 23:47).  Y es por eso que también el apóstol Pedro, en su primera epístola a los creyentes dispersos por todo el mundo les escribió acerca de Jesús que: “no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca” (1 Pedro 2:22).  Esta santidad de Jesús no propia del mundo sino de los valores de Dios, son las que hicieron afirmar a Jesús “Yo soy de arriba”.

.

   La tercera razón por la que Jesús dijo: “Yo soy de arriba”, es:

III.- PORQUE VINO A TRAER EL REINO DE LOS CIELOS.

   Si era “de arriba”, entonces, ¿qué hacía acá abajo?  San Mateo registra 32 veces a Jesús predicando algo acerca del reino de los cielos.  Se puede decir entonces que vino acá abajo para traernos desde arriba un reino que es distinto a los reinos que este mundo ha podido tener durante toda su historia.  El reino que Jesús predicó, siendo de los cielos, se puede decir que es el reino “de arriba”; y siendo él el Rey de dicho reino, entonces es entendible que él haya venido de arriba, por eso casi al final de su ministerio decía: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Juan 18:36).  Jesús, el Rey del reino que no es de aquí sino de los cielos, vino a nuestro planeta para traernos el evangelio de aquel reino de los cielos que se encuentra no aquí en este mundo sino allá arriba.  Por eso Jesús dijo que viene y que es “de arriba”.

.

   La cuarta razón por la que Jesús dijo: “Yo soy de arriba”, es:

IV.- PORQUE EN TODO ES TOTALMENTE SUPERIOR.

   El apóstol Juan nos relata un evento que ocurrió cuando Juan el Bautista, recientemente había bautizado a Jesús.  Los judíos vinieron a los discípulos de Juan a quejarse entre varias cosas, que Jesús estaba bautizando también.  Juan el Bautista fue muy claro al decirles: No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo.  /  Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él.  […]  Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe (Juan 3:27,28, 30).  Y luego les añadió lo siguiente con respecto a Jesús: El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos” (Juan 3:31). Juan tenía claro la superioridad de Jesús, a él se refería cuando dijo: “El que de arriba viene, es sobre todos”, y cuando dijo: “el que viene del cielo, es sobre todos”.  Con estas palabras afirmaba que Jesús habiendo venido “de arriba”, o “del cielo”, “es sobre todos”.  Entonces, es lo mismo que Jesús afirmaba al decir que él es de arriba.

   Cuando San Pablo habla de Jesús como la imagen visible del Dios invisible, y lo relaciona con la iglesia, dice que Jesús “…es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, el que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses 1:18).  Ser preeminente es ser siempre principal en todo, por lo que cuando Jesús dijo “Yo soy de arriba”, estaba diciendo que en todo él es totalmente superior incluso sobre su iglesia que estaba estableciendo.  Con una simple hojeada a la epístola a los Hebreos, mirando los subtítulos que han sido agregados para identificar el tenor de los párrafos, podemos ver que Jesús es superior a los ángeles (Hebreos 1:5ss), que es superior a Moisés (Hebreos 3:1ss), que es superior al sacerdocio, que es superior a todo.  Eso es lo que quiso decir cuando afirmó “Yo soy de arriba”.

.

   La quinta razón por la que Jesús dijo: “Yo soy de arriba”, es:

V.- PORQUE SU PRESENCIA EN LA TIERRA SERÍA TEMPORAL.

   Desde un principio Jesús nunca tuvo la intención de quedarse a vivir en esta tierra conforme al ciclo natural de la vida hasta que le llegue la muerte por vejez o por alguna enfermedad mortal.  Cuando anunció “yo soy de arriba”, estaba afirmando que su estancia aquí en la tierra sería temporal, menor al tiempo normal u ordinario de vida.  El plan de Dios no solamente por su antiguo pueblo Israel, sino también por su iglesia que ha estado formando a través de los siglos, tuvo su origen no en el tiempo, sino en la eternidad.  Dios a través del profeta Jeremías le dijo a los israelitas que “con amor eterno te he amado” (Jeremías 31:3), y en cuanto a la iglesia dice el apóstol Pablo que Dios “nos bendijo […] en los lugares celestiales en Cristo, […] nos escogió en él […] para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (cf. Efesios 1:3-5).  Si el afecto de su voluntad comenzó en los lugares celestiales que obviamente no están aquí sino en la eternidad, y luego Cristo vino a este mundo, entonces no vino para quedarse aquí todo el tiempo, sino solo el tiempo suficiente para hacer lo necesario para conducirnos hacia los lugares celestiales de la eternidad.  Desde que anunció a los judíos que se iba, y por la realidad de su ascensión no por muerte sino por trasposición extraordinaria se confirma que solo tuvo la intención de estar aquí en esta tierra de manera temporal.  La razón principal para no quedarse es porque él no es de este mundo sino que es “de arriba”.

   Lo que tenemos que considerar en este aspecto de la temporalidad de Jesús, es que siendo Dios cuya esencia no pertenece al tiempo sino a lo eterno, no tiene razón alguna para que él como Dios se sujete al tiempo.  Si es que tuvo que nacer como humano, fue solamente para que se identificara como uno de nosotros, porque si no fuera de entre nosotros no hubiese podido pagar con su vida nuestras culpas; pues si alguien tenía que pagar nuestros pecados tenía que ser un humano, con solo uno en representación de todos.  Si hubiese aparecido de la nada, entonces no sería propiamente un humano, y si lo llegase a ser no sería de nuestra generación humana.  Si es que vivió más de 30 años, es para cumplir la misma ley Divina que tenía establecido que la edad mínima para entrar al ministerio no sería antes de los 30 años. Su ministerio total lo terminaría en 3 años y medio.  Por supuesto que lo pudo haber realizado desde sus 20 años o desde antes, pero como no vino para infringir ninguna ley de Dios, sino para cumplirla, por eso tuvo que esperar los 30 años de edad para iniciar su ministerio, y terminarla en un plazo relativamente corto.  Si lo hubiese comenzado mucho más tarde de los 30 años, a los 35 o 40 o más, solamente hubiese demostrado que no tendría interés genuino por nuestra pronta y oportuna salvación.  Pero comenzó en el momento justamente apropiado, y terminó con lo que necesariamente tenía que hacer; ya después de ello, no había necesidad alguna de permanecer más tiempo aquí en la tierra, sino que era necesario que regresar al cielo, porque en realidad él no es de la tierra, sino “de arriba”.

.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, hay más razones por las que Jesús dijo: “Yo soy de arriba”, pero basten las razones anteriores para reconocer y aceptar la naturaleza Divina de Jesús, que nos trajo el mismísimo cielo a nuestra vida con el mensaje de arrepentimiento, salvación y vida eterna del reino de los cielos.  Que el Jesús no inventado por imaginación humana, sino al Jesús de la biblia que es el verdadero y único Hijo eterno de Dios, reconozcamos que si él “es sobre todos” y “cabeza” de su iglesia”, sometamos nuestra vida a su soberano gobierno, cuya finalidad no es someternos con tiranía terrenal, sino conducirnos al mismo reino eterno de los cielos de donde él vino.

   Él es de arriba porque es Dios manifestado en carne, porque no adoptó el sistema moral de este mundo, porque vino a traernos el mensaje del reino de los cielos, porque en todo es totalmente superior, y porque su presencia en la tierra solo sería temporal, pues ahora nos dice el apóstol Pablo que desde que Jesús resucitó, está “sentado a la diestra de Dios”, y por lo mismo nos exhorta con las siguientes palabras: “buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Colosenses 3:1).  Busquemos las cosas “de arriba”, al Jesús “de arriba”.