Abr 29

JESÚS SE ENCUENTRA CON NIÑOS DEL REINO DE DIOS, Por: Diego Teh.

JESÚS SE ENCUENTRA CON NIÑOS DEL REINO DE DIOS.

Jueces 2:10;

Marcos 9:42; 10:13-16.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Siervos de Jesús” de Celestún, Yucatán; el día sábado 29 de abril del 2017, a las 19:30 horas; con motivo del día del niño que sería al día siguiente.

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   INTRODUCCIÓN: Hay suficiente registro en los evangelios acerca de la atención que Jesús brindó a los niños. Por ejemplo, intervino para resucitar a la hija de un señor llamado Jaira, una niña de tan solo 12 años (cf. Marcos 5:22,23, 35-42); a una mujer griega de nacionalidad sirofenicia, le sanó a su hija que estaba poseída por un demonio, no se dice si en realidad era una niña, pero quizá por su incapacidad espiritual de valerse por sí misma todavía dependía de su madre como una niña (cf. Marcos 7:25-30); a un padre de familia que trajo a Jesús a su hijo que tenía un espíritu mudo y sordo que “dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando” (Marcos 9:18a). Aunque la biblia dice que se trata de un muchacho, todavía es dependiente de su padre como un niño (Marcos 9:17-27). En la entrada de una ciudad llamada Naín resucitó al hijo único de una viuda, de quien se dice que era un joven, pero ambos dependían del uno al otra como madre e hijo (Lucas 7:11-15). En la ocasión cuando Jesús decidió hacer un milagro para alimentar a más de cinco mil personas, no habiendo ni un poco de comida disponible, “Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: / Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?” (Juan 6:8,9). Aunque Juan dice que es un muchacho, la interpretación correcta es que en realidad se trata de un niño ya grandecito, sin embargo, no deja de ser niño. Jesús recibió de este niño los escasos cinco panes y dos peces que usó para bendecir y alimentar a tanta gente. En fin, su acercamiento, aceptación, contacto, e interacción con los niños fue muy notorio en su ministerio.

Nuestro texto de este momento comienza diciendo que a Jesús “le presentaban niños para que los tocase” (Marcos 10:13), pero les hago la aclaración de que no se trata de la presentación que los israelitas hacían de sus hijos porque eso se hacía en el templo de Jerusalén junto con el ofrecimiento de un sacrificio, rito por el cual hasta Jesús fue presentado por sus padres (Lucas 2:22-24); tampoco consiste en la práctica popular de presentación de niños que en la actualidad se hace en algunas denominaciones evangélicas cuando los padres llevan a su recién nacido al templo para que el pastor ore por él y sus padres, aunque me parece que es una práctica muy cercana a lo que Jesús hacía al recibir, tocar, abrazar, y bendecir a los niños.

Acerca de esta presentación y acercamiento de los niños a Jesús, que San Marcos relata en su versión del evangelio, he titulado esta predicación como: JESÚS SE ENCUENTRA CON NIÑOS DEL REINO DE DIOS, y analizando la actitud de Jesús hacia los niños tengo como objetivo predicarles que un adulto tiene responsabilidades con respecto al reino de Dios y los niños. / ¿Qué responsabilidades tiene un adulto con respecto al reino de Dios y los niños? / En este mensaje voy a predicarles tres de tales responsabilidades.

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La primera responsabilidad que un adulto debe tener con respecto al reino de Dios y los niños, es:

I.- PROCURAR QUE LOS NIÑOS TENGAN FE EN JESÚS PARA ENTRAR AL REINO DE DIOS.

Comenzaré el desarrollo de este mensaje, observando que en una ocasión en la que Jesús seguramente se encontraba rodeado de niños, dijo a sus mimos discípulos: “Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar” (Marcos 9:42). Con estas palabras Jesús describe que el niño sin duda que, auxiliado por Dios mismo, puede tener la capacidad de creer en verdades y realidades divinas y espirituales, pues Jesús hace referencia de ellos diciendo que son “pequeñitos que creen en mí”. Así que más que la voluntad de sus padres de presentarlos a Jesús, eran los mismos niños que manifestaban deseo de acercarse a Jesús y ser bendecidos por él. Pero, acercarse físicamente a él en ese entonces, al mismo tiempo que llenos de fe en su persona y obra, lo que resultaba para ellos es que por su fe en Jesús también tenían entrada al reino de Dios. ¡Qué buena noticia para los niños! Los niños pueden creer en Jesús, con una fe verdaderamente real que conforme ellos vayan creciendo puede ir aumentando en ellos a una fe fuerte y madura.

Cuando leemos que a Jesús “le presentaban niños para que los tocase” (Marcos 10:13), suponemos que eran sus padres o por lo menos sus hermanos mayores quienes se los presentaban, interesados en que sus hijos o hermanos pequeños crean en Jesús y mantengan su fe en él. Creo que no presentaban a los niños a Jesús por alguna superstición, sino porque anhelaban para sus niños una bendición especial que no proviniera de un simple humano sino de Jesús a quien la gente en ese entonces ya comenzaba a reconocerle como verdadero Hijo de Dios, pues Jesús no les daba un simple toque como haciéndoles un ‘piojito’ de cariño en la cabeza, o solo un par de palmadas en el hombro o en la espalda, sino que “tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía” (Marcos 10:16). ¡Qué bendita iniciativa de Jesús para los niños! En la actualidad somos los padres de familia y la iglesia de Jesús la que debe procurar que los pequeños crean en Jesús, se acerquen a él, y bendecirlos en el nombre de Jesús.

Amados hermanos, como aquellos que presentaban sus hijos a Jesús debemos hacer lo mismo con los nuestros, o con nuestros hermanos menores todavía en niñez. ¿Cómo? Si ellos demuestran interés alguno por acudir con fe a Jesús, debemos tomar en cuenta que no es por simple curiosidad sino porque Dios les está capacitando para garantizar su entrada al reino de Dios, por lo que entonces debemos apoyarlos a que se mantengan llenos de fe en Jesús. E incluso si observamos que los niños de nuestra familia ni por curiosidad quieren saber sobre Jesús y sobre Dios en general, con más razón debemos procurar que ellos crean en Jesús, proveyéndoles las circunstancias adecuadas para ello, como leyéndoles la palabra de Dios, llevándoles a los cultos y clases bíblicas de la iglesia, etc… Es nuestra responsabilidad como adultos creyentes procurar que a ningún niño sea o no de nuestra familia le falte la fe en Jesús para que ellos no pierdan la bendición de entrar al reino de Dios.

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La segunda responsabilidad que un adulto debe tener con respecto al reino de Dios y los niños, es:

II.- NO BLOQUEAR EL REINO DE DIOS A LOS NIÑOS POR NINGÚN MOTIVO.

Ahora retrocediendo un poco en el texto observamos que cuando los adultos presentaban a sus hijos a Jesús, “los discípulos reprendían a los que los presentaban” (Marcos 10:13b). Llama la atención en esta situación de que no fueron ni los fariseos ni los saduceos ni los escribas quienes hicieron las reprensiones a los padres de los niños, sino los mismos discípulos de Jesús. Tal reprensión tenía la finalidad de que los dejaran de presentar, pero eso significa que los niños estaban siendo impedidos de acercarse no solamente a la persona de Jesús sino de poder acercarse y entrar al reino de Dios. Las causas por la que se propusieron impedir que los niños fuesen acercados a Jesús son diversas: 1).- En aquellos tiempos un niño era considerado como impuro, que si es tocado por un rabí o maestro de la religión, él también quedaba impuro, y por lo tanto no apto para seguir desempeñando su función a menos que se sometiera a rituales que le purificarían de nuevo. Y los discípulos estaban influenciados con el pensamiento popular de la época, y considerando que su Maestro era incluso superior a los rabinos de la época, pensaron que con más razón su Maestro Jesús no debería ser hecho impuro por causa de los niños. Los discípulos creyeron que deberían ser guardaespaldas de su Maestro Jesús protegiendo su santidad. 2).- Los discípulos teniendo una expectativa terrenal del reino de Dios “pensaban que el reino de Dios se manifestaría inmediatamente” (Lucas 19:11), por lo que quizá pensaron que por eso Jesús no tendría tiempo para dedicarse a tratar con niños, pues eso retrasaría la constitución del reino que ellos en su confusión y mala interpretación esperaban ver. 3).- Además no teniendo los discípulos un claro entendimiento de la manera como ya se había manifestado el reino de Dios, pudieron haber pensado ¿qué aportarían los niños para el reino de Dios, si tenían que tomar armas para rebelarse en contra del imperio romano?, lo cual no sería necesario porque el reino de Dios funciona por medio de corazones humanos mas no por medio de armas, tronos e imperios terrenales. 4).- También pudieron haber tomado en consideración que los niños por naturaleza son inquietos, lloran, gritan, corren, etc… y podían perjudicar a los adultos que quisieran escuchar a Jesús en aquel momento; y lo peor es que 5).- pensaron equivocadamente que el reino de Dios es solo para los que han llegado a ser adultos. Por supuesto que pudieron haber tenido otras razones para reprender a los padres que presentaban a sus niños a Jesús, y así impedir que los niños lleguen a Jesús y los pueda tocar, abrazar, y bendecir, pero San Marcos dice que: “Viéndolo Jesús, se indignó, y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios” (Marcos 10:14).

La gente se dio cuenta que Jesús tomaba en cuenta a los niños, y tanto padres como niños le llegaron a tener mucho afecto a Jesús, por lo que el día de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, especialmente cuando Jesús purificó el templo de Jerusalén, estuvieron allí con él “muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David!, (pero los principales sacerdotes y escribas) se indignaron, / y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús (citándoles el Salmo 8) les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman perfeccionaste la alabanza?” (Mateo 21:15b, 16). Los padres de los niños y los mismos niños conocían la teología de Jesús en cuanto a los niños y el reino de Dios. Sabían que él enseñaba que de los niños “es el reino de Dios” (Marcos 10:14c), por lo que si el reino de Dios es también para ellos, ninguna persona debe por sus propias credenciales bloquear el reino de Dios a los niños, ni con palabras, ni con acciones, aunque sea líder de una denominación o secta, mucho menos si uno es verdaderamente discípulo de Jesús

Amados hermanos, en vista de que el reino de Dios también es para los niños, cada adulto y con más razón si somos padres tenemos la responsabilidad de ayudar a los niños que crean en Jesús y puedan así entrar al reino de Dios. Jesús no espera que un religioso, o que un verdadero discípulo suyo, o que un padre de familia seamos causa de bloquear el reino de Dios a los niños. Especialmente somos responsables de guiar a los niños a que conozcan de Jesús y crean en él. Jesús indignado de la actitud de quienes no se preocupan por la fe de los niños, sino que al contrario hasta los conducen intencionalmente al error, dice que: “Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar” (Marcos 9:42). Un niño es valioso a los ojos de Jesús, e insiste en que ni un religioso, ni un discípulo, y ningún padre de familia debe causar tropiezo a un niño que demuestra interés por Jesús y las cosas de Dios; y si no demuestra interés, es necesario aportar nuestro esfuerzo para que le conozca y crea en él. Si un adulto no hace esto por el bien de un niño, según Jesús tal persona ni siquiera debería estar con vida. Hermano, asuma usted su responsabilidad comenzando con sus propios hijos. No les bloquee el reino de Dios.

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La tercera responsabilidad que un adulto debe tener con respecto al reino de Dios y los niños, es:

III.- RECIBIR EL REINO DE DIOS CON LA SENCILLEZ QUE UN NIÑO LO RECIBE.

Los mismos discípulos de Jesús quienes sin duda tenían fe en Dios, y que reconocían que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios, sabían que ya formaban parte del reino de Dios; sin embargo, tenían actitudes que no estaban siendo las apropiadas por causa de un mal entendimiento acerca de la naturaleza de este reino. San Marcos relata que un día que los discípulos de Jesús caminaron solos sin Jesús hacia Capernaum de Galilea, “en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor” (Marcos 9:34b). Los mismos discípulos equivocados en cuanto al reino de Dios solamente pensaban en categorías, rangos, puestos, y autoridad. Pensaban que el reino de Dios era una cuestión política. Pero cuando Jesús se reunió con ellos en una casa en Capernaum, sabiendo él la discusión que habían tenido en el camino, les enseño que “Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos” (Marcos 9:35). Y luego, para ilustrarles su enseñanza, Jesús “…tomó a un niño, y lo puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dijo: / El que reciba en mi nombre a un niño como este, me recibe a mí; y el que a mí me recibe, no me recibe a misino al que me envió” (Marcos 9:36-37). Lo que menos pasaba por la cabeza de los discípulos de Jesús era la importancia del servicio a los demás, por lo que Jesús trabajó con ellos enseñándoles que antes que ser mayor tienen que servir incluso a los niños. Esto evidencia que al mismo tiempo que seguían como discípulos a Jesús, tenían ideas preconcebidas y equivocadas acerca de lo que deberían hacer y de lo que esperaban como beneficio.

Pero los niños que se acercaban a Jesús quienes se sentían aceptados y bienvenidos en el reino de Dios no lo hacían pensando en ser las autoridades en el reino de Dios. Aunque quizá tampoco entendían todas las implicaciones del reino de Dios, pero no cuestionaban ni dudaban lo que escuchaban de Jesús acerca del reino de Dios. Ellos creían cada palabra de Jesús de todo corazón, sin cuestionarla porque afortunadamente sus mentes no habían sido influenciadas por el pensamiento familiar, social, y religioso, y así no tenían ideas equivocadas preconcebidas que choquen con las enseñanzas del evangelio de Dios que Jesús les compartía. Había en los niños una sencillez, fe, humildad, y pequeñez que mucho hacía falta no solo en los fariseos de aquel tiempo, sino en los mismos discípulos de Jesús que ya llevaban tiempo entrenándose con él. Por eso Jesús les dice a sus mismos discípulos que: “el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él” (Marcos 10:15).

Amados hermanos, es necesario recuperar la sencillez, la humildad, la fe, y la sinceridad propios de un niño. Es verdad que ahora siendo jóvenes o adultos ya no hablamos, pensamos, y juzgamos como niños (cf. 1 Corintios 13:11), pero ante las verdades de Dios debemos recibirlas como un niño feliz de aprender algo nuevo porque si uno antepone la duda, la rebeldía, el rechazo, y la controversia a una verdad del evangelio de Jesús, ¿cómo esperaremos entrar al reino de Dios?

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ser un niño es una etapa que a muchos de nosotros nos gustaría repetir, pero solamente una vez en la vida se pasa por esa maravillosa edad. Muchas felicidades desde hoy a todos los niños que están presentes en este culto. Mañana que será el día del niño, disfrútenlo al máximo con sus familias, pero no se olviden de que Jesús les toma en cuenta para que sean parte del reino de Dios. Muchas felicidades a todos los niños de esta amada congregación. Ustedes que son sus padres, hermanos, tíos, etc… ayúdenlos a creer en Jesús. Háblenles de él para que comiencen a tener fe en él o para que su fe en Jesús crezca. Recuerden que es solamente por Jesús que un adulto, así como un niño, podemos entrar al reino de Dios. El reino de Dios no es solamente una cuestión de adultos sino también para los niños. Por ningún motivo sea usted la causa humana de que un niño o incluso su propio hijo o hermano infantil no crea en Jesús. Ser tropiezo o estorbo para la fe de un niño, sin la cual el niño pierde el privilegio de entrar al reino de Dios que tiene una trascendencia eterna, es un agravio terrible que Jesús considera que la persona que lo haga es indigna de tener el privilegio de estar con vida. Recuerden siempre que de los niños “es el reino de Dios” (Marcos 10:14c).

Abr 09

JESÚS SE ENCUENTRA CON UN HOMBRE RELIGIOSO, Por: Diego Teh.

JESÚS SE ENCUENTRA CON UN HOMBRE RELIGIOSO.

Juan 3:1-15;

Santiago 1:26-27.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el día domingo 09 de Abril del 2017, a las 11:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Los seres humanos por naturaleza, porque fuimos creados con la imagen y semejanza de Dios que ahora se encuentra empañada por los efectos del pecado, inconscientemente queremos acercarnos a Dios, pero no podemos hacerlo correctamente por nosotros mismos. Incorrectamente la humanidad queriendo acercarse a Dios, se ha creado en la mente ideas de cómo es Dios, y las ha representado con imágenes de otras personas, objetos, y hasta animales a los que ha llamado “dios”. A otras personas ni siquiera les importa escoger algún dios de la multitud de los falsos dioses que solamente son producto de la mente y creatividad humana, pues simplemente les atrae la organización humana de los que siguen a determinado falso dios, de tal manera que lo único que les satisface es saber que pertenecen a una organización más no porque prefieran a cierto falso dios. Hay quienes equivocadamente creen que encuentran a Dios en alguna representación física que resulta ser un falso dios, y hay quienes creen que encuentran a Dios en una organización por sus doctrinas y actividades, pero están tan lejos del verdadero Dios. Y esto no solamente ocurre a personas que se encuentran en religiones consideradas como del paganismo, sino incluso ocurrió en personas dentro del mismo judaísmo del antiguo pueblo de Dios, y aun en las actuales denominaciones del mismo cristianismo.

En nuestra historia bíblica tenemos a un hombre llamado Nicodemo que se unió a una organización religiosa llamada fariseísmo. No representaban a Dios con ningún objeto, persona, o animal.  En ese sentido estaban bien, pues no pretendían imponer su imaginación de cómo es Dios. Nicodemo se había hecho miembro de dicha organización, y había incluso llegado a ser “un principal entre los judíos” (v. 1), y a quien Jesús mismo le reconoce como “maestro de Israel” (v. 10); pero aun perteneciendo al fariseísmo, aun siendo un principal, y aun siendo un maestro en este caso de la misma palabra del Dios verdadero, se hace evidente que pretendía buscar a Dios en aquella organización farisea, pero sin tener una relación espiritual con Dios. En su historia hay muchas evidencias de su deficiente espiritualidad. Primero se ve su deficiencia espiritual en las dos preguntas que él hace a Jesús con respecto al nacer de nuevo: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” (v. 4). Segundo se ve su deficiencia espiritual en la pregunta que Jesús le hace cuando le dice: “¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?” (v. 10). Tercero se ve su deficiencia espiritual cuando Jesús le dice: “Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (v. 12). Nicodemo solamente había sido religioso satisfecho por pertenecerá una organización, mas su espiritualidad no era la correcta.

Así que en el encuentro que tuvo Jesús con este hombre religioso llamado Nicodemo, aprendemos que el ser solamente religioso sin tener una relación espiritual con Dios es causa de muchas deficiencias espirituales. / ¿Qué deficiencias espirituales pueden darse en una persona religiosa que no tiene una relación espiritual con Dios? / A través de este mensaje, les voy a compartir algunas deficiencias espirituales que son consecuencias de ser solamente un religioso sin relación espiritual con Dios.

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La primera deficiencia espiritual de una persona religiosa que no tiene una relación espiritual con Dios, es que:

I.- SOLAMENTE PERTENECE A UNA RELIGIÓN, PERO NO AL REINO DE DIOS.

El relato de Juan en el capítulo 3 acerca de Nicodemo dice que: “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos” (v. 1). Lo primero que resalta es su pertenencia a la organización religiosa “de los fariseos”. Quizá eso no hubiese estado mal si la espiritualidad de Nicodemo fuese correcta, pero como Jesús percibe que Nicodemo tenía una deficiencia espiritual, le tuvo que decir “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (v. 3). El énfasis para Nicodemo era que, aun siendo fariseo, si no había nacido espiritualmente de nuevo “no puede ver el reino de Dios”. Nicodemo queda sorprendido de su misma deficiencia y le externa a Jesús sus dudas, diciéndole: “¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer?” (v. 4), pero la respuesta de Jesús siguió siendo la misma, e insistentemente le vuelve a aclarar que “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios” (v. 5). La religión o denominación cristiana a la que uno decida pertenecer no significa que por ello uno ya pertenece al reino de Dios, pues siempre hará falta la espiritualidad del nuevo nacimiento.

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La segunda deficiencia espiritual de una persona religiosa que no tiene una relación espiritual con Dios, es que:

II.- SOLAMENTE ESCALA PUESTOS RELEVANTES ANTE LA GENTE, PERO ESO NO LE LLEVA ANTE DIOS.

En el mismo primer versículo en el que San Juan nos dice que “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo” añade un detalle que indica cómo la religión había hecho de Nicodemo, ¿un qué?: “un principal entre los judíos” (v. 1). Toda organización religiosa tiene procedimientos para iniciarse como miembro, así como llegar a ser un oficial u alto directivo. En su tiempo el fariseísmo no fue la excepción, pues a Nicodemo le había dado prestigio no solo en el interior del fariseísmo en el cual había llegado a ser “maestro” (v. 10), sino también en la comunidad civil en el que era apreciado como “un principal”. Pero, ¿de qué sirve ser reconocido como un principal si su puesto y prestigio no le relacionaban con Dios? Dios no quiere ver en las personas, cuánto son reconocidas, homenajeadas, y aceptadas por la sociedad en la que vive, sino lo que Dios quiere ver en cada persona es cómo uno se acerca verdaderamente a Él para agradarle a Él antes que a la gente.

Para agradar a Dios, el autor de la epístola a los Hebreos nos dice: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). De nada sirve que uno sea galardonado por los hombres si uno no puede contar con el galardón de Dios. De nada sirve tener una religión si uno no busca agradar a Dios sino solo a los hombres.

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La tercera deficiencia espiritual de una persona religiosa que no tiene una relación espiritual con Dios, es que:

III.- SOLAMENTE ACUMULA CONOCIMIENTOS, PERO NO LOS EXPERIMENTA.

Ya hemos estado observando que Nicodemo no era solamente principal entre la comunidad judía, sino en el mismo interior de su religión “de los fariseos”, era un “maestro”.  Obviamente, un maestro que toma en serio su función docente, no es uno que espontáneamente busca que decir a sus discípulos o alumnos, sino que es una persona que se prepara no solamente con la cabeza o el cerebro sino también con el corazón. Así como es responsable de organizar sus conocimientos, es responsable de enseñar con amor y paciencia. Pero cuando se trata de enseñar la palabra de Dios, no es solamente usar el cerebro como la biblioteca de conocimientos que se adquieren para compartir, no solamente consiste en usar el corazón para enseñar con amor y paciencia; sino que se necesita una preparación espiritual que requiere una comunicación directa con el autor de dicha palabra por medio de la oración, lo cual se puede dudar de una persona que no ha nacido de nuevo porque ni siquiera sabe qué es nacer de nuevo. También no solamente se necesita orar al Autor de la palabra revelada, sino que cada enseñanza debe ser llevada a la práctica de tal manera que los discípulos entiendan con facilidad que lo que les es enseñado sí funciona, pero qué práctica se puede esperar de una persona que no ha nacido de nuevo porque ni siquiera sabe que es nacer de nuevo.

La pregunta que Jesús le hace a Nicodemo, revela la deficiencia espiritual de Nicodemo. Jesús le pregunta: “¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?” (v. 10). De acuerdo a diversos textos del Antiguo Testamento acerca de tres promesas esenciales del Pacto: La reunión de Israel, la transformación espiritual del pueblo de Dios, y el reinado del Mesías sobre Israel y todo el Mundo; los fariseos creían que las primeras dos promesas ya se estaban cumpliendo, aunque solamente en parte. Entendían el nuevo nacimiento como la transformación espiritual del pueblo de Dios, mas no como una transformación personal sino comunitaria, y que solamente faltaba el cumplimiento de la tercera promesa que tiene que ver con el reinado del Mesías, así que nadie ni mucho menos un fariseo pensaba en la necesidad de nacer de nuevo[1]. Así que la pregunta de Jesús a Nicodemo: “¿…no sabes esto?”, dejaba en evidencia su deficiencia espiritual como maestro de Israel entre los fariseos, conocimiento y práctica que debería ser el primero en saberlo y experimentarlo. La religión no es solamente para mirar si los demás están en la voluntad de Dios, sino para que uno mismo viva en la voluntad de Dios, pues si esto no se cumple, vana es la religión y el religioso que solo promueve y acumula conocimiento sin experimentar la voluntad de Dios.

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La cuarta deficiencia espiritual de una persona religiosa que no tiene una relación espiritual con Dios, es que:

IV.- SOLAMENTE ESCUDRIÑA LA VERDAD, PERO NO TIENE INTENCIÓN DE CREERLA.

En realidad, Nicodemo tenía amplio conocimiento no de una sino de muchas verdades de Dios. En realidad, no era un total ignorante del nuevo nacimiento, sino solamente interpretaba y entendía a medias y a conveniencia tal requisito de Dios. Después de explicarle cómo funciona el nuevo nacimiento, Jesús le hace una observación importante, diciéndole: “Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (v. 12). Estas palabras de Jesús dejan bien claro el estado espiritual deficiente en el que se puede llegar a encontrar a una persona que solamente se escuda en la religión. Es una persona que se conforma con lo que sabe a medias, sin ocuparse en aprender una verdad completa, pero por cierto lo que sabe es porque por conveniencia le ha interesado saberlo y aprenderlo. Jesús califica a tal persona igual que un incrédulo porque si se le ha enseñado una verdad en un lenguaje claro y sencillo, y simplemente no quiere creerlo, ¿qué otro recurso se podrá utilizar con esta persona? Hasta Jesús le dice a Nicodemo: “¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?”. La clave de una vida espiritual apropiada que no queda estancada en solo religión vana es creer las verdades de Dios.

Cuando Jesús le dice a Nicodemo: “…no creéis, ¿cómo creeréis…?”, incluía a todos sus correligionarios fariseos que seguían más la tradición de su religión que lo que es verdad de Dios. En el caso de Nicodemo, por más que Jesús le estaba explicando la verdad, simplemente no podía entenderlo y creerlo. Su pregunta: “¿Cómo puede hacerse esto?” (v. 9), dirigida a Jesús revela no su interés de entender y creer la verdad sino el grado de su incredulidad. De nada sirve que alguien busque saber y aprender más de lo que ya sabe, sino tiene ni la mínima intención de creer la santa y bendita palabra de Dios. La religión del mucho saber y no estar dispuesto a creerlo y experimentarlo es solamente una deficiencia espiritual que debe ser superada y corregida con la fe en que toda revelación de Dios es la verdad que lleva a la relación espiritual con Dios ahora y para la eternidad.

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La quinta deficiencia espiritual de una persona religiosa que no tiene una relación espiritual con Dios, es que:

V.- SOLAMENTE ESTÁ EN EL NÚMERO DE UNA MEMBRESÍA, PERO POR NO SER CREYENTE SIGUE PERDIDO ETERNAMENTE.

En la explicación final que Jesús hace acerca de sí mismo, le dice a Nicodemo que: “…como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, / para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (w. 14,15). Con esto, Jesús estaba anunciando que él tenía una razón esencial para la cual vino a este mundo, y lo ilustró con un acontecimiento que se dio como 1500 años atrás en los días del profeta Moisés cuando en el desierto donde transitaban los israelitas hacia la tierra prometida, surgieron por orden de Dios un sinfín de serpientes descritas en la biblia como “serpientes ardientes” (Números 21:6) que mordían a las personas e irremediablemente morían. Pero Dios para evitar la mortandad le ordenó a Moisés “Hazte una serpiente ardiente, y ponía sobre una asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. / Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre una asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía” (Número 21:8,9).

Jesús, anticipando que él sería colgado no en una asta sino en una cruz para morir por el pago de los pecados de sus elegidos, le dice a Nicodemo que: “así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, /para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Con estas palabras, Jesús le estaba diciendo a Nicodemo que a pesar de ser un fariseo de religión se encontraba perdido en condenación por toda la eternidad igual que todos sus correligionarios. También le estaba dejando bien claro que la vida eterna no puede ser hallada en la religión como el fariseísmo, sino solo en Jesús, por su muerte y por sus méritos delante de Dios. La religión por lo general solamente ofrece como en una iglesia local, una membresía que de ninguna manera saca personas de la perdición eterna, ni da vida eterna a nadie; lo cual Jesús sí puede hacer.

CONCLUSIÓN: Amados oyentes, para concluir quiero hacerles un llamado a cinco cosas:

1.- Valorar la importancia de pertenecer al reino de Dios que vale mucho más que solo gloriarte en saber que eres presbiteriano, bautista, metodista, Pentecostés, católico romano, o de cualquier otra denominación, aunque sea de corte realmente cristiano. Vale más pertenecer al reino de Dios que ostentar un nombre que solo identifica una inclinación religiosa.

2.- No usar la religión cristiana solamente como un medio o trampolín para obtener cualquier beneficio como la fama, el dinero, el poder, u otro interés; porque el único beneficio que vale la pena encontrar en la religión cristiana es una relación espiritual con Dios por medio de Jesucristo, pues solo así se alcanza salvación y vida eterna.

    3.- No dedique usted tiempo solamente para saber por saber, sino procure que el conocimiento de cada verdad sea una experiencia real en su vida. No sea usted de las personas que solo practican lo que les conviene a sus intereses, sino practique usted para gloria de Dios todo lo que aprende de su palabra.

    4.- No sea usted un religioso incrédulo, sino que cada conocimiento que la palabra de Dios le ilumine, recíbala con una fe verdadera porque es solamente con fe que las promesas de Dios se convierten en bendiciones efectivas.

    5.- Más que ser miembro de una iglesia local, cerciórese que el personaje central de su vida sea Jesucristo. Ser miembro de una iglesia local es importante pero no para encontrar salvación sino para lo que ya han encontrado salvación en Jesucristo. Cerciórese también de que nadie esté robando en usted la centralidad que solo Jesucristo debe ocupar en su vida. Si algún ministro o líder de la iglesia está ocupando en lugar de obediencia que solo Jesucristo merece, ¡cuidado! Jesucristo fue el único que fue levantado en la cruz por usted, no un ser humano semejante a usted.

Dios bendiga a usted y a su palabra. Conviértase en una persona relacionada con Dios por medio de Jesucristo, y no solamente relacionado con la lista de una religión.

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[1] Leer: https://enduringword.com/comentario/iuan-3/ Parte A.2.

Mar 05

UNA FAMILIA QUE BUSCA EL REINO DE DIOS, Por: Diego Teh.

UNA FAMILIA QUE BUSCA EL REINO DE DIOS

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Mateo 6:33.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Ebenezer” de la col. San José Tecoh, de Mérida, Yucatán; el día domingo 05 de Marzo del 2017, a las 18:00 horas; con motivo del Día de la Familia, en México.

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   INTRODUCCIÓN: En el año 2005, hace doce años, a petición de organizaciones empresariales y de la sociedad civil, nuestro entonces presidente de la república don Vicente Fox, emitió por decreto que anualmente el primer domingo de cada mes de marzo se celebre en nuestro país el Día de la Familia.  El objetivo fue que además de fomentar la relación de todos los integrantes de la familia, cada familia debería crear iniciativas para el desarrollo integral de cada uno de sus integrantes.  Muy buena idea lo cual no contradice la palabra de Dios, sino más bien la honra, pues la palabra de Dios también procura la mejora de nuestra relación familiar, y el apoyarnos unos a otros para un sano desarrollo individual.

   El texto bíblico que he escogido para este mensaje dirigido a la familia, es una enseñanza de Jesús, dada a los que oyeron su célebre Sermón del Monte, en el que dijo que a pesar de las necesidades cotidianas y básicas de sobrevivencia: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33a); pero como por lo general, excepto algunos casos, no somos personas solitarias sino que siempre vivimos en familia, es apropiado entender que no solo en lo personal sino como familia debemos buscar el reino de Dios.  Por eso, este día he tenido la iniciativa de compartirles con fundamento en la palabra de Dios que toda familia cristiana que busca el reino de Dios se distingue por características particulares que se puede observar en ella. / ¿Qué características particulares se puede observar en una familia cristiana que busca el reino de Dios? / En este mensaje les voy a compartir a través de diversas historias y personajes bíblicos, algunas de tales características.

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   La primera característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

I.- VIVE UNA ESPIRITUALIDAD TANTO INTERIOR COMO EXTERIOR.

   Aunque la historia de Lot está en el libro del Génesis, me gusta mucho una descripción que el apóstol Pedro da acerca de la intervención de Dios para librar a este personaje; pero al mismo tiempo describe la espiritualidad que este hombre mantuvo entre la gente perversa de las ciudades de Sodoma y Gomorra.  Al respecto de la espiritualidad de Lot, el texto dice que siempre se encontraba: “…abrumado por la nefanda conducta de los malvados / (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos)” (2 Pedro 2:7b,8).  Pero no hay grande ganancia en que uno se sienta “abrumado”, ni le era de mucho provecho porque “afligía cada día su alma”.  El provecho era real y bueno, pero solamente para él.  Se ve que fue un hombre de fe real y evidentemente firme en Dios, pero su esposa y sus hijas no tenían la misma madurez espiritual que él, lo cual las llevó a una tragedia general en muchos aspectos de sus vidas.  Pero eso fue en parte problema de Lot quien desde el principio no se preocupó por la espiritualidad de su familia.

   El problema de Lot, fue que solo quería vivir una espiritualidad interior en su alma, pero no quería vivir una espiritualidad exterior que es práctica.  Una espiritualidad como la de Lot es incompleta.  Lot vivía su espiritualidad solamente en su alma, pero en las cuestiones prácticas fue muy descuidado.  Cuando se tuvo que separar de su tío Abraham, Lot escogió lo que le pareció y realmente era la mejor tierra que le garantizaba un buen futuro económico para su oficio pastoril, pero no le importó que eso significaba un acercamiento a las ciudades de Sodoma y Gomorra cuya vida era de pecado, inmoralidad, perversión, homosexualidad, y más depravaciones, por lo que Dios ya les tenía en la mira para destruirlas y exterminarlas de la faz de la tierra.  Fue por su ideal de prosperidad que llevó a su familia hasta aquellos lugares.

   Cuando Dios por misericordia hacia Lot y su familia les quiso salvar de la destrucción que traería a estas dos ciudades, Dios le pidió a Lot que saliera de aquellos lugares y que se llevara a toda su familia, entonces Lot debió darse cuenta que su decisión de haber ido a vivir entre aquellas gentes, fue el error de su vida.  Sus hijas ya estaban comprometidas para matrimoniarse, así que Lot habló con sus yernos para explicarles lo que Dios les estaba orientando para hacer como familia, pero sus yernos no le hicieron caso, sino que lo consideraron loco.  Muy pronto sus hijas sufrieron el dolor de perder a sus prometidos, que sin duda amaban con todo su corazón, pero al ver que fue Dios quien les quitó a sus prometidos, debieron haber tenido algún resentimiento contra Dios.  Eso no hubiera pasado si Lot no hubiese llevado a sus hijas a aquellos lugares profanos.

   Cuando por fin se dio la misericordia de ser salvados de la destrucción, en el camino de huida, a pesar de que recibieron la instrucción de no mirar hacia atrás para no ver la destrucción de aquellas ciudades, la esposa de Lot, desobedeció la instrucción y volteó a mirar, y en consecuencia quedó hecha una estatua de sal.  La razón por la que esta mujer volteó para mirar, debe ser no solamente por curiosidad sino porque le estaba doliendo profundamente perder algo a la que estaba arraigada su vida cotidiana.  Como dijera Jesús, donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).  Su tesoro no estaba en la misma fe de su esposo; su tesoro no estaba en el reino de Dios; su tesoro no era Dios, al grado que le importó poco el desobedecer su instrucción.  Lot no debió llevar a su esposa a aquellos lugares.

   Posteriormente, las hijas decidieron cometer incesto con su propio padre.  Su argumento fue “Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra” (Génesis 19:31).  Por supuesto que en Sodoma y Gomorra no quedó varón para ellas, pero en el resto del mundo habían más varones.  Por ese mismo tiempo, Abraham quien no quiso comprometer a su hijo Isaac con las egipcias, ni con las cananeas, y mujeres de otras decenas de ciudades donde él había conocido sin duda que a muchas mujeres hermosas, exploró la opción de enviar hasta Ur en Mesopotamia para que trajesen de allí una esposa de entre su propia parentela para su hijo; y funcionó el plan.  Las hijas de Lot, pudieron establecerse a vivir en otras ciudades, y seguro que no faltaría hombre que las tome como esposa.  Por otra parte, no es verdad que Lot fuese tan viejo como ellas dijeron, pues su tío Abraham, para esa fecha era muchos años más grande que Lot, y todavía ni le nacía su primer hijo, y luego tuvo más hijos no solo con Agar, sino con Sara, y también con su concubina Cetura (Cf. Génesis 25:1,2; 1 Crónicas 1:28,32).  Lot, seguramente pudo haberse buscado una nueva esposa con quien tener descendencia varón; pero sus hijas estaban arrastrando la influencia de la cultura pecaminosa e inmoral de Sodoma y Gomorra, donde su padre quiso que ellas crecieran.  Esto no tenía que pasar si Lot hubiese pensado que su familia esté fundamentada en la fe interior y en la fe práctica.

   Amados hermanos, tomando en cuenta que cada uno de nosotros somos parte de una familia, debemos no solo de manera personal sino también como familia estar en búsqueda del reino de Dios.  Si se llegar a dar la necesidad que usted tenga que cambiar de trabajo, analice cómo este cambio contribuye a que su familia busque el reino de Dios.  Si el trabajo al que aspira no contribuye a este fin, mejor búsquese uno más apropiado.  Pida a Dios sabiduría para tomar la decisión correcta.  Cuando usted tome la decisión de cambiar de domicilio no lo haga a la ligera, analice también si esto contribuye a que su familia busque el reino de Dios; porque si no, entonces busque una vivienda más apropiada.  En la mala experiencia de Lot podemos darnos cuenta de cuán lamentable es buscar otros objetivos sin buscar primeramente el reino de Dios.  No se conforme usted como Lot quien en lo personal solo se sentía “…abrumado por la nefanda conducta de los malvados”, pero vivía entre ellos arriesgando la espiritualidad de su familia.  No sea usted como Lot quien aunque sinceramente “afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos” (2 Pedro 2:7b,8), pero allí estaba envenenando el alma de su esposa y de sus hijas.  Lo mejor, fue no haberse establecido con ellas en Sodoma y Gomorra, a donde fue llevado por el producto de su mirada tan humana y su corazón tan ambicioso.  Una familia que busca el reino de Dios debe ser congruente en su vida espiritual que se desarrolla en su alma o corazón, pero también en la vida espiritual que se desarrolla en las decisiones que se toman para las cosas prácticas de la vida que edifican o pueden destruir a nuestra propia familia.

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   La segunda característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

II.- AMA EL CULTO A DIOS ANTES QUE OTRA ACTIVIDAD.

  La familia de la cual voy a hablarles en este apartado del mensaje es la de José y María, los padres terrenales de Jesús nuestro Salvador y Señor.  Lo primero que quiero indicarles es que San Lucas hablando más de Jesús que de sus padres, aprovecha relatar que: “Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua” (Luca 2:41).  Este dato es relevante, porque la pascua era en realidad un culto prescrito en la ley de Moisés (más bien de Dios) que duraba siete días, en el que se aprovechaba dar gracias a Dios porque un día sus antepasados los israelitas fueron libertados de la esclavitud a la que fueron sometidos por los gobernantes egipcios.  Aunque para este tiempo José y María vivían en Nazaret de Galilea, desde unos ocho años atrás desde que regresaron de Egipto, entonces, por lo menos los últimos 7 u 8 años no descuidaron ir al culto o fiesta de la pascua.  Lo que esto significa es que esta familia evidentemente amaba el culto a Dios antes que cualquier otra actividad.  En la actualidad hay una carretera que lleva de Nazaret a Jerusalén con un tramo de 150 km, que en auto se estima se puede recorrer en menos de dos horas, y a pie pero sin descanso en 31 horas, pero a pie con descansos podría llevar hasta 4 días-jornada de camino. Solo se necesita amor para ir a siete días de culto para decidir caminar toda esa distancia.

  Sin embargo, otro dato todavía más relevante que en realidad involucra a la familia es lo que San Lucas dice más acerca de Jesús que de sus padres, pero aludiendo a sus padres dice que “cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta” (Lucas 2:42).  Era un asunto de la ley de Moisés que los niños menores de doce años no tenían que ir al templo de Jerusalén, sino hasta que tuviesen doce años de edad, por lo que es entendible este énfasis de San Lucas acerca de la visita de Jesús al templo de Jerusalén “cuando tuvo doce años”.  Pero lo relevante aquí es que no dejaron a Jesús a hacer quizá aunque pequeños trabajos en la carpintería de la familia.  Ni siquiera José mandó a María y a Jesús mientras él se quedaba a trabajar.  Ni María les pidió que José y Jesús fueran solos aprovechando que ahora José tendría un acompañante durante el viaje.  La misma María que había viajado embarazada a punto de dar a luz, con tal de obedecer el edicto de Augusto César de empadronarse cada quien en su lugar de nacimiento; ahora, seguramente consideró como cada año que ella debía obedecer a Dios por muchas más razones.  En fin, vemos a José, María, y Jesús, como una familia que ama más el culto a Dios que cualquier otra actividad.

   Amados hermanos, hoy no tenemos que viajar a 150 km de distancia para ir al culto, pues a unas cuantas cuadras, o unas cuantas colonias de distancia tenemos el templo más cercano de nuestra preferencia a donde podemos ir al culto. ¡qué bendición!  Hoy también no tenemos por qué quedarnos en casa y enviar a los demás de nuestra familia al culto.  Hoy no debemos enviar a la familia al culto y nosotros salir a pasear con los amigos o con las amigas, ir al cine, al futbol o béisbol, etc… Hoy no debemos ni siquiera dejar a nuestros hijos pequeños o adolescentes en casa porque amen más dormir que adorar a Dios.  Aunque la iglesia no provee espacios para dormir, provee espacios de enseñanza y adoración muy importantes para que sean aprovechados por toda la familia.  Jóvenes, no deberían poner como excusa de que tienen mucha tarea con tal de evitar acudir al culto, para luego que sus padres salgan de casa para ir al culto, ustedes no se dedican a hacer la tarea sino a dormir, jugar, pasear, o hacer otra cosa, menos la tarea.  Adultos, jóvenes, y niños, recuerden que una familia que busca el reino de Dios es una familia que ama el culto a Dios antes que cualquier otra actividad.

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   La tercera característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

III.- ABRE LAS PUERTAS DE SU CASA PARA COMPARTIR EL EVANGELIO.

  Primero quiera hablarles de una familia conformada por un matrimonio.  Se trata de Priscila y Aquila. Lo primero que sabemos de ellos es que eran buenos conocedores del evangelio de Jesucristo, que en la ciudad de Éfeso se encontraron a un buen predicador llamado Apolos que tenía un escaso conocimiento acerca de Jesucristo, pues lo único que sabía de Jesucristo estaba limitado a lo que Juan el Bautista predicaba cuando Jesús fue bautizado por él.  Ahora, predicar a Jesucristo, implicaba mucho más, como la razón de su muerte en la cruz; el significado de su resurrección; su poder para perdonar pecados, y sanar enfermos, etc…  Priscila y Aquila, conocedores de estas cosas, orientaron con mucho amor a este Apolos, quien tomo nota de cada detalla para mejorar sus predicaciones con respecto a Jesús.   Priscila y Aquila, amaban las buenas noticias del poder redentor de Jesucristo.  Pero por alguna razón, muy pronto ya no estaban en Éfeso, sino que se fueron a vivir en Roma, a unos 2,000 kilómetros de Éfeso, pues cuando poco tiempo después el apóstol Pablo escribió su epístola a los Romanos, les dice: “Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, / que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles. / Saludad también a la iglesia de su casa” (Romanos 16:3,5a).  En este saludo, también sobresale la valentía de esta pareja por defender la fe y al mismo apóstol Pablo; pero lo que quiero enfatizar es que el saludo que va expresamente para ellos, es especificado “también a la iglesia de su casa”. ¿La iglesia en su casa? Sí, porque amaban el evangelio de Jesucristo y a Jesucristo mismo, y estuvieron de acuerdo en utilizar su casa para enseñar de Jesucristo.  Esto es parte de los que también voluntariamente puede hacer una familia que busca el reino de Dios, pues para vivir la fe en Jesucristo el Rey del reino de Dios, uno no busca más intereses que los intereses del mismo reino de Dios.

  En el mismo libro de los Hechos de los apóstoles tenemos también la historia de un hombre que vivía en la ciudad de Cesarea de Judea[1], que se llamaba Cornelio, que era un Centurión romano, y que era conocido como “piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre” (Hechos 10:2).  Por instrucciones de un ángel, Cornelio por medio de dos de sus criados y uno de sus soldados de confianza mandó traer a su casa al apóstol Pedro quien se encontraba en Jope a unos 51 kilómetros al sur de Cesarea, justo en la misma costa del mediterráneo.  Pero lo relevante del caso es que cuando el apóstol Pedro llega a Cesarea a casa de Cornelio, dice San Lucas que “Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos” (Hechos 10:24b).  ¡Qué buen hombre temeroso de Dios, pero no solo sino juntamente con su familia, cuya casa estaba dispuesta para recibir a parientes y amigos más íntimos!  La razón de haberlos juntado en su casa, según Cornelio mismo le dice al apóstol Pedro es: “todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado” (Hechos 10:33b).  Esta es una familia que ama el reino de Dios, utilizando su propia casa para que parientes y amigos conozcan dicho reino y a su Rey y Salvador Jesucristo.

  Como tercero de esta lista de personas que abrieron las puertas de su casa para compartir el evangelio tenemos a doña Lidia cuya historia la tenemos también en el libro de los Hechos de los Apóstoles.  Era una mujer comerciante vendedora de púrpura, proveniente de Tiatira pero ya establecida con casa en Filipos, que previamente tenía temor de Dios y le adoraba, pero cuando en Filipos escuchó una predicación del apóstol Pablo, y aprendió acerca de Jesús, cree en él y se bautiza juntamente con otros miembros de su familia, dice San Lucas junto con el apóstol Pablo y Silas, que: “nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos” (Hechos 16:15).  Esos mismos días Pablo y Silas fueron encarcelados, pero muy pronto fueron liberados por la mano poderosa de Dios, y dice también San Lucas que: “saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron” (Hechos 16:40).  Esta mujer y su familia fueron hospitalarios con los siervos de Dios porque sus intereses principales no era ni siquiera el comercio, sino el buscar primeramente el reino de Dios.  Esto también se puede practicar el día de hoy, recibiendo en nuestras casas a los predicadores que llegan de visita a nuestras iglesias y tienen que quedarse por varios días.  Incluso si no se quedan por varios días, parte de la hospitalidad en la casa es llevarlos a compartir con ellos por lo menos una de nuestras comidas con las que Dios nos bendice en nuestros hogares.  Esta mujer, Lidia y su familia, porque entendieron lo que significa buscar el reino de Dios, abrieron las puertas de su casa para convertirla en una casa donde se podían reunir “los hermanos” en la fe que estaban creyendo en Jesucristo en aquellos tiempos.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en la actualidad como discípulos de las enseñanzas de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, también debemos hacer caso a su instrucción: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33).  Buscar el reino de Dios también es un asunto de la familia.  Es la mejor iniciativa que podemos tener todos los que conformamos nuestra familia.  Nadie haga como Lot, o como su esposa, o como sus hijas, cada quien buscando sus propios intereses.  Más tarde estaríamos listos para cosechar los tristes resultados de no buscar a tiempo primeramente el reino de Dios. / En esta búsqueda del reino de Dios, es importante valorar la importancia del culto para ser adoradores de Dios, pues Jesús mismo dijo que Dios el Padre está buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad (Juan 4:23,24). /  Finalmente, no olvidemos que nuestra verdadera morada es el cielo de Dios que Él tiene preparado para los que somos creyentes.  Nuestra vivienda de la actualidad es solamente una concesión de Dios para que nos resguardemos mientras estamos aquí en la tierra, pues al final de nuestra vida allí quedará, y ya no nos servirá más para nada.  Mientras tanto, debemos ponerlo al servicio de los intereses del reino de Dios que es acercar el evangelio de salvación a los corazones de nuestros familiares, amigos, y demás conocidos.  Dios nos ayude a buscar primeramente siempre su reino.

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[1] Esta Cesarea estaba situada a 96 kilómetros al Noroeste de Jerusalén la capital de Judea.  Sin embargo, Cesarea era conocida como la capital romana de Judea.  Fue edificada por Herodes el Grande entre el 25 y el 13 a.C. Su nombre fue puesto por Herodes en honor al emperador Augusto César, el emperador en turno cuando la edificó.  En ella vivió Felipe el evangelista, Cornelio el Centurión, y también allí estuvo preso durante dos años el apóstol Pablo en lo que comparecía ante Felix, Festo, y Agripa. También era conocida como “la pequeña Roma”.  Leer más en: http://edc.evidenciasdelcristianismo.com/?page_id=491