Ene 04

ACTITUDES QUE IMPIDEN COMPROMETERSE CON DIOS, Por: Diego Teh.

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ACTITUDES QUE IMPIDEN COMPROMETERSE CON DIOS

Nehemías 9:38; Lucas 9:57-62

 Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el día domingo 04 de Enero del 2015, a las 11:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN:   Hacer compromiso ha sido desde siempre una de las responsabilidades humanas en todos los aspectos de la vida como lo es con el cónyuge, con los hijos, la familia, la comunidad, la iglesia, el trabajo, las leyes, etc…, y el compromiso para con Dios es también una de las responsabilidades muy propias de aquellos que comprenden la abundante gracia de Dios en sus vidas.  En el libro de Nehemías tenemos las palabras de un grupo de personas a quienes Nehemías les hizo ver la necesidad de poner en orden su vida en relación para con Dios, y una vez considerado el reto que les fue propuesto, le respondieron lo siguiente a Nehemías: “A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes” (Nehemías 9:38 RV60).  En las organizaciones como el Esfuerzo Cristiano, y las sociedades femeniles, desde que fueron fundadas, cuando alguien se integraba en ellas como miembro activo, firmaba de puño y letra el voto correspondiente de su compromiso con los principios a los que se comprometía.   Eso fue lo que hicieron los judíos en la época de Nehemías, quienes al hacer una promesa, la escribieron y luego la firmaron representativamente, con el objetivo de tener un documento legal que los motivara a cumplir responsablemente.  Me gusta mucho como la versión Traducción al Lenguaje Actual, con más claridad traduce el texto mencionado, pues dice al respecto: “Por todo esto que nos ha pasado, nosotros los israelitas nos comprometemos firmemente a obedecer a nuestro Dios. Este compromiso lo ponemos por escrito, sellado y firmado por nuestros jefes, los sacerdotes y sus ayudantes” (TLA).  Esto nos deja claro que una responsabilidad del ser humano, y con más razón, de uno que se declara y considera creyente en Dios, es estar comprometido con toda firmeza a obedecer a Dios, sea que haya un documento legalmente firmado, o aun si no hubiera una firma de por medio.

    En nuestro texto bíblico de San Lucas 9:57-62, encontramos a tres personajes que no aceptaron comprometerse con Jesús para ser sus discípulos con una misión que les sería encomendado.  Sus casos representan las actitudes actuales de los que en la iglesia local de nuestro Señor Jesucristo, aun siendo creyentes que han recibido la misericordia de Dios en sus vidas, no se comprometen con Dios a ser parte de la misión del cuerpo de Cristo.  /  ¿Cuáles son estas actitudes actuales que se representan en los tres personajes de esta historia, y que impiden a los creyentes aceptar comprometerse a servir con Dios?  /  Observemos a través del texto bíblico de Lucas 9:57-62, cada una de estas tres actitudes que impiden a los creyentes el aceptar comprometerse con Dios para cumplir con su obra.

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   La primera actitud que impide a los creyentes aceptar comprometerse con Dios, es:

I.- LA FALTA DE DISPOSICIÓN PARA SACRIFICAR LAS COMODIDADES.

   En el caso del primer personaje, leemos que: “Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas.  /  Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; más el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza” (vv. 57,58).  Primero observamos que este personaje no había sido invitado o llamado para unirse al grupo de discípulos de Jesús, sino que él solito tuvo la iniciativa de acercarse a Jesús, y decirle: “Señor, te seguiré adondequiera que vayas”.  Inmediatamente Jesús descubrió que esta persona aparentemente tan valiente y dispuesta a ser un discípulo de Jesús, solamente estaba hablando emocionalmente sin considerar las verdaderas implicaciones de unirse al grupo de discípulos de Jesús.  Ser discípulo de Jesús, implicaba salir de casa, alejarse de la familia por temporadas, viajar a pie grandes distancias todos los días con el Maestro a otras ciudades y aldeas de aquella época, comer donde y a la hora que haya posibilidad de hacerlo, y dormir igualmente sin garantía de que habrá un departamento digno y cómodo para tener un descanso reconfortante.  Además, cada día estaría lleno de ocupaciones; desde las primeras horas de la mañana habría que dedicar unas cuantas horas a la oración acompañado de un sagrado ayuno, luego habría que escuchar la clase del Maestro, luego habría que contactar a personas o multitudes para predicarles acerca del reino de Dios, luego habría que continuar el viaje a menos que decidieran quedarse más tiempo en un lugar, y cuando llegaba la noche había que dedicarse a la oración en lugares apartados y silenciosos, y por fin llegaba la hora de descanso.

    Este primer personaje de la historia pensó que seguir a Jesús sería cosa ligera y relax por lo que intenta inscribirse al grupo, pero Jesús inmediatamente le explica que: yo, el Hijo del hombre, no tengo ni siquiera un sitio donde descansar” (TLA, v. 58).  Una persona que emocionalmente se interesa por un proyecto, lo primero que piensa es lo fácil, cómodo y provechoso que será para él pertenecer a dicho proyecto, pero cuando se da cuenta que tendrá que enfrentar dificultades, problemas, carencias, trabajo, esfuerzo, dedicación, y compromiso, entonces mejor no le entra al proyecto; por eso Jesús puso en sobre aviso a esta persona, para que en caso de que este tomara la decisión de comprometerse a ser discípulo de Jesús, lo haga sabiendo de antemano todas las implicaciones de este compromiso.   No lo dice literalmente el texto, pero de este supuesto interesado en ser discípulo, no se nos dice que haya aceptado el reto de verdaderamente comprometerse con Jesús para seguirle adondequiera que él vaya.  Solamente estaba emocionado cuando ofreció seguirle adondequiera, porque luego de haber escuchado que tendría que sacrificar las comodidades de estar fuera casa por mucho tiempo, que comería en horas distintas a su costumbre, de dormir sin la cama tan cómoda que poseía, etc… le sucedió lo mismo que al joven rico quien luego de escuchar las instrucciones de Jesús, se dio la media vuelta y se fue muy triste, y tampoco quiso seguir y obedecer a Jesús.

    Amados hermanos, el habernos unido a la iglesia local, solamente ha sido el primer paso que da evidencia de que hemos aceptado acercarnos a Dios por medio de Jesucristo, no significa que con nuestra unión a la iglesia local ya estemos verdadera y totalmente comprometidos con Dios, aunque lo deberíamos estar.  Las iglesias locales son lugares bastante cómodos para mirar pasar los meses y los años, desde la sola perspectiva de excelentes adoradores.  Ser adoradores es apenas un paso de compromiso, del cual partimos para seguir creciendo en compromiso en otras áreas; pero no tengamos la actitud de acostumbrarnos a lo cómodo sin dar un paso más para aumentar nuestro nivel de compromiso para con Dios en otras áreas de trabajo para su obra.

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    La segunda actitud que impide a los creyentes aceptar comprometerse con Dios, es:

II.- LA FALTA DE PRIORIDAD POR EL REINO DE DIOS.

   El segundo personaje de nuestra historia, sí recibió una invitación directa de Jesús, pues san Lucas relata el diálogo de la siguiente manera: “Y dijo (Jesús) a otro: Sígueme. Él (el invitado) le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre.  /  Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios” (vv. 59,60).  Es evidente que a esta persona no se le había muerto su padre, y ese día no tenía que acudir a sepultar a su padre.  Probablemente su padre era una persona de edad avanzada o que padecía alguna enfermedad que no le daba mucha esperanza de tiempo de vida, situación que este hijo sentimentalista aprovechó para expresarle su gratitud a Jesús por haberlo invitado a ser su discípulo, y le intenta explicar que por el momento no puede seguirlo, por una causa moralmente justa de hacerse cargo de su señor padre.  Pero, de la misma manera con respecto al primer personaje, Jesús se da cuenta que este hombre también solamente está presentando una excusa para posponer el tiempo de su discipulado, por lo que Jesús le responde “…deja que los muertos entierren a sus muertos”.  Esta expresión de Jesús no son palabras que prohíben cumplir con el sagrado deber de dar una personal y digna sepultura a nuestros seres queridos.  En el contexto cuando Jesús pronunció estas palabras fue para apelar a la conciencia de aquel hombre que solamente estaba poniendo un pretexto para no aceptar la invitación de Jesús, pues en realidad no tenía tal necesidad de ocuparse de su padre.

   También es conveniente que observemos que las últimas palabras de Jesús para este segundo personaje de la historia, fueron: “…y tú ve, y anuncia el reino de Dios”.   Con estas palabras Jesús le estaba dejando a este segundo personaje que no debería posponer la invitación de Jesús porque había algo mucho más importante que debería hacer que enfrascarse solamente en su sentimentalismo hacia su padre.   Debería estar comprometido con anunciar el reino de Dios.   El no querer hacerlo significaba que su prioridad real no era ni siquiera su familia, y mucho menos el reino de Dios.  Se trataba de una persona que descaradamente amaba la mentira, que no le gustaba las responsabilidades, y que su actitud solamente demostraba su negligencia en cuanto a su deber para con Dios.

    Amados hermanos, los creyentes de hoy que formamos parte de esta iglesia local, dentro de todos los deberes que tenemos que cumplir todos los días en la casa, en la escuela, en el trabajo, etc… debemos tener como prioridad en todo momento “el reino de Dios”, pues también nosotros somos llamados a anunciar este glorioso reino de Dios.  No tengamos otras prioridades que no sean el reino de Dios, sino al contrario, pues en cualquier otro quehacer al que nos dediquemos podemos tener como prioridad el reino de Dios por medio de nuestra conducta y de nuestro testimonio, dando a conocer que por la gracia de Dios estamos recibiendo los beneficios de este reino de Dios que ya está presente no solamente en este mundo sino especialmente también en nuestros corazones.

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   La tercera actitud que impide a los creyentes aceptar comprometerse con Dios, es:

III.- LA FALTA DE CONVICCIÓN ACERCA DEL REINO DE DIOS.

   Nuestro tercer personaje tampoco recibió directamente de Jesús la invitación de seguirle como discípulo, pues san Lucas nos narra que “Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa.  /  Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (vv. 61,62).  También en este caso vemos a otro personaje que no quería compromiso alguno con Dios.  Su respuesta también nos revela que su prioridad principal era su familia.  Estaba demostrando una falta de  comprensión de lo que es y significa el reino de Dios para los seres humanos, por lo que en consecuencia le estaría importando cualquier otra cosa, menos el reino de Dios, pues no está convencido de su importancia.

    Nuevamente Jesús también detecta que este hombre tenía un gran problema que no solamente era el supuesto amor fraternal por su familia, sino que aún entendiendo de que se trataba el ser discípulo de Jesús, quería dar marcha atrás, y que probablemente eso hizo, pues no se nos dice en toda la historia de los evangelios que haya sido uno de los discípulos de Jesús, ni siquiera de los setenta que fueron enviados a predicar a diversas comunidades.  Cuando Jesús le dijo que “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” le estaba dejando claro que para estar verdaderamente comprometido con Dios, primeramente tenía que estar convencido de la importancia del reino de Dios, pues sin estar realmente convencido de su importancia, no aceptaría ni siquiera ser discípulo de Jesús, y menos aceptar ser parte del reino de Dios, y mucho menos ir a anunciar dicho reino.

    Amados hermanos, cada uno de nosotros que hemos conocido el glorioso mensaje del evangelio de Cristo, hemos sido por la gracia de Dios colocados en el reino de Dios.  Debemos explorarlo, y no debemos dar marcha atrás, porque fuera del reino de Dios no hay nada ni nadie que pueda darnos salvación.  La persona que se convence de que el reino de Dios es lo mejor que ha podido conocer y experimentar en esta vida, entonces se compromete a mantenerse en ese reino y a darlo a conocer a otros.

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    CONCLUSIÓN: Amados hermanos, para concluir quiero extender la invitación a todos los presentes para que cada uno auto reflexionemos acerca de si estamos o no comprometidos de manera personal con Dios no solamente con adorarle (que es también muy importante), sino también en cuanto a servirle de otras maneras después de nuestras adoraciones.   Y si hallamos que el compromiso que tenemos es incompleto, poco, o nulo, entonces, añado la invitación a que cada uno corrija de su vida el emocionalismo, el sentimentalismo, y el retrocedismo que son algunos de los factores que producen en nosotros actitudes que impiden aceptar o asumir el compromiso que deberíamos tener para con Dios e incluso para con la iglesia local que sirve a Dios mismo.  Que ninguno de nosotros sea como esos tres personajes que se negaron a aceptar ser discípulos para ser enviados a anunciar el reino de Dios.

    Pero, es probable que hoy usted se dé cuenta que una gran cantidad de los presentes no quiera corregir su actitud ante Dios y su iglesia, pero tomando las palabras de Jesús al segundo personaje, le pido a usted que NO siga el ejemplo y las actitudes de los demás, sino que tome personalmente para usted el mandato: “…y tú ve, y anuncia el reino de Dios”.

Nov 15

ACTITUDES INCORRECTAS DE LOS QUE SOLO OYEN A JESÚS, Por: Diego Teh.

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ACTITUDES INCORRECTAS DE LOS QUE SOLO OYEN A JESÚS.

Lucas 18:18-30

 

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “Getsemaní” de Puerto Aventuras, Mpio de Solidaridad, Q, Roo; el día sábado 15 de Noviembre del 2014, a las 18:00 horas, durante una minigira del coro de varones “Ebenezer” de la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yuc.

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   INTRODUCCIÓN: Un miembro fiel en asistencia dominical en la iglesia escucha un total de 52 predicaciones matutinas, y 52 predicaciones vespertinas, y si pertenece a una iglesia que también tiene culto los sábados, se agrega a su oído otras 52 predicaciones, escuchando así un total de 156 predicaciones, los cuáles demandaron un arduo trabajo de oración y preparación homilética del pastor o predicadores que tomaron el púlpito durante el año.  Además de todo lo anterior, un miembro fiel participa en otros 52 estudios bíblicos por lo general dominicales y por la mañana, llegando así a un total de 208 entre predicaciones y enseñanzas bíblicas que recibe anualmente.  Suficiente para que ocurran en este miembro de iglesia por lo menos 200 cambios anualmente en su vida.   Multiplíquelo usted por la cantidad de años que una persona ha pasado integrado a la iglesia.   Si lleva cinco años, deben haber en esta persona hasta mil cambios espirituales; y si lleva diez años, pues debe haber en él dos mil cambios espirituales; y mientras más años de escuchar las predicaciones y enseñanzas, pues más cambios se esperan en esta persona.   Desafortunadamente, en muchas personas, a pesar de llevar años de adoctrinamiento en la iglesia, no se ven los cambios esperado en su vida.

   En la historia bíblica que nos ocupa en esta ocasión, Lucas 18:18-30, se nos habla de una persona joven y adinerada que hizo a Jesús una pregunta, la cual le respondieron oportuna y claramente, y en la respuesta que le ofrecieron le indicaron lo que debía hacer, pero simplemente decidió no hacer lo que le indicaron.   La historia de aquel joven adinerado quien simplemente no quiso obedecer la instrucción que le haría beneficiario de la herencia de la vida eterna, nos enseña cuáles son las actitudes incorrectas de una persona que solamente oye las enseñanzas de Jesús.  /  ¿Cuáles son las actitudes incorrectas de una persona que solamente oye las enseñanzas de Jesús?  /  En este mensaje con fundamento en la historia del del joven rico que dialogó con Jesús, les compartiré cuáles son algunas de las actitudes incorrectas de una persona que solamente le gusta oír desde una hasta más de mil enseñanzas cristianas en su vida.

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   La primera actitud incorrecta de una persona que solamente le gusta oír enseñanzas de Jesús, es:

I.- QUERER SOLAMENTE SABER PERO NO QUERER OBEDECER.

   Una cosa me llama mucho la atención de este personaje, y no es el hecho de que es descrito como “un hombre principal” (v. 18), sino que me llama la atención el hecho de que demostraba interés de aprender las enseñanzas acerca de la obediencia a Dios y el respeto al prójimo, por lo que al acudir a Jesús, se nos dice que este hombre “preguntó” (v. 18).  El tema de su pregunta fue muy interesante y valía mucho la pena hacer esta pregunta, que fue “¿qué haré para heredar la vida eterna?” (v.18).  Antes de recibir respuesta, Jesús le dijo lo siguiente: “Los mandamientos sabes” (v. 20).   Jesús había observado en él una persona que no era tan descuidada en el aspecto de aprender las leyes como los diez mandamientos, pues le reconoce su capacidad intelectual diciéndole: “sabes”.   Y esta persona, sobre su saber seguía preguntando para saber más.  Y Jesús no le negó la respuesta a su pregunta sino que le dijo que sus esfuerzos de obedecer los diez mandamientos no eran suficientes sino que algo le faltaba, pero cuando le dijeron que cosa le faltaba, al oírlo, “se puso muy triste”, se dio la media vuelta, y “se fue” (Mateo 19:22), no interesándose en hacer lo que le dijeron que debe hacer para heredar la vida eterna, sino que en vez de seguir a Jesús “se fue”, abandonándole, sin la mínima intención de obedecer la enseñanza que le fue dada en aquel momento.   Este es el tipo de personas que si de tomar un estudio bíblico, o de escuchar una predicación, o de leer un devocional se trata, están tan interesadas con tal de solamente alimentar su conocimiento.  Saber es muy bueno, sin tener absolutamente nada de malo.   Pero lo malo surge, cuando ese conocimiento se queda solamente almacenado en la memoria, y no hay decisión de hacerse un verdadero y buen discípulo de Jesús.

   En el año 1887, en la iglesia donde predicaba el pastor Dwigth Lewis Moody, un joven decidió consagrar su vida al servicio de Dios, y como estaba convencido de su decisión mencionó palabras que sirvieron de inspiración para el ministro de música de aquella iglesia congregacional, así como del pastor presbiteriano de otra iglesia, quienes como resultado escribieron el himno: PARA ANDAR CON JESÚS, cuyo coro dice: “Obedecer y confiar en Jesús, es la regla marcada para andar con Jesús”.   Las palabras de aquel joven que consagró su vida a Dios, fueron: “En realidad no sé cómo le voy a hacer, pero yo voy a confiar y a obedecer a Dios”.   Esto fue lo que no pudo decidir aquel joven rico que abordó a Jesús.

    Amados hermanos, cada uno de nosotros hemos y seguimos acumulado conocimiento abundante acerca de la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, pero lo que Jesús más espera es no que sepamos más sino que obedezcamos más.

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    La segunda actitud incorrecta de una persona que solamente le gusta oír enseñanzas de Jesús, es:

II.- HACER SOLAMENTE LO QUE LE PARECE MÁS FÁCIL.

  Cuando este joven se dio cuenta de que Jesús si valoró su conocimiento sobre los mandamientos de Dios, presumió diciéndole a Jesús “Todo esto he guardado desde mi juventud” (v. 21).  Pero cuando Jesús le dijo que hay algo que le faltaba hacer, me imagino que pensó que si se trataba de algo sencillo, lo haría con todo gusto.   Pero cuando le dijeron qué era lo que tenía que hacer, dice San Lucas que el joven “oyendo esto, se puso muy triste” (v. 23).  La razón de su tristeza fue porque Jesús le estaba pidiendo algo que no le era fácil hacer.  Tenía que vender todo lo que tenía y darlo a los pobres, y luego seguir a Jesús como discípulo.  Era más fácil decir: “Nunca he cometido adulterio”, “nunca he matado a alguien”, “nunca he hurtado los bienes de otros”, “nunca he dicho falso testimonio contra alguien”, y “nunca he faltado en honra a mi padre y a mi madre”, que deshacerse de todo aquello que había conseguido no sé si por trabajo o por herencia.    Este es el tipo de personas que solamente obedecen lo que les es fácil de obedecer y que pueden presumir que lo obedecen, pero cuando alguna obediencia requiere de algún sacrificio o renuncia de algo del que hay que desprenderse, mejor dejan a Dios a un lado, dándole la espalda como lo hizo el joven rico hacia Jesús.

   ¿Qué sucede cuando las personas hacemos solamente las cosas fáciles, y no nos esforzamos por hacer las cosas que nos parecen más difíciles?  Lo que sucede es que simplemente no aprendemos, y no progresamos en nuestro aprendizaje práctico.  Aunque teóricamente puede que sepamos o entendemos cómo se hace, pero si no lo hacemos, quedamos solamente con información en la memoria, pero no se ven los resultados de nuestro conocimiento por medio de las cosas que hacemos.  Me ha tocado ver a algunas personas que se han interesado en aprender a tocar la guitarra, porque de alguna manera les gusta ver y oír la ejecución de ese instrumento, y quisieran personalmente tocarlo, incluso con la mentalidad de usar su habilidad para dedicar las alabanzas a nuestro Dios, pero cuando los interesados ven difícil la pulsación de las cejillas, o cuando sienten que les duele las yemas de los dedos por la presión que hacen sobre las cuerdas, algunos abandonan su interés por aprender a tocar la guitarra.   Todo eso, porque no quisieron avanzar hacia una etapa ciertamente un poco difícil en el aprendizaje, pero que finalmente los hará excelentes ejecutores de la guitarra.

   Amados hermanos, en cuanto a la obediencia que debemos prestar a las enseñanzas de Jesús que escuchamos durante nuestra vida, no debemos asumir la actitud de hacer solamente lo que nos parece fácil o solamente lo que nos conviene, sino aunque obedecer algo nos parezca o sea algo difícil, debemos hacerlo porque eso corrige las vanidades de nuestra vida y nos conduce por medio de Jesús a los caminos de obediencia a Dios.

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    La tercera actitud incorrecta de una persona que solamente le gusta oír enseñanzas de Jesús, es:

III.- DEJAR QUE LO TERRENAL LE IMPIDA BUSCAR EL REINO.

   Analizando la historia de este joven rico que alegremente abordó a Jesús, observamos que luego de escuchar la recomendación de Jesús, de que vendiera todo y que lo diera a los pobres, San Lucas nos dice que la razón de la profunda tristeza del joven fue “porque era muy rico”  (v. 23).   No cabía en su mente la idea de deshacerse de todo, porque no sería poco lo que perdería sino todo lo que poseía.  Pero, yo creo que Jesús no está en contra del tener riquezas, pues él mismo lo da a quien él quiere, pero cuando una persona se aferra a lo que tiene y se olvida de Dios, es cuando Jesús pide que uno se deshaga de aquel impedimento.  Cuando Jesús se dio cuenta de la tristeza de aquel joven, aprovechó decirles a la gente que le rodeaba durante aquel viaje que hacían, que ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!  /   Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.  /  Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?” (vv. 24b-26).   Con estas palabras, Jesús está dejando lo suficientemente claro que no hay salvación para la persona que prefiera estar aferrada a sus riquezas como a cualquier otra atracción, sin querer por causa de ello entrar en el reino de Dios.   Este es el tipo de personas que en este momento ponen un sinfín de pretextos o realidades terrenales para no querer nada con Dios y así se les hace difícil entrar en el reino de Dios.

   En un sermón del famoso predicador Spurgeon, leí que un padre de familia cuyo hijo se iba a la universidad, le encargó a su hijo que para lograr exitósamente su carrera, lo más conveniente es que se dedicara totalmente a sus estudios, evitando incluso que se dedicara ni en lo más mínimo en asuntos de la religión cristiana.   Pero poco tiempo después el joven se convirtió al cristianismo, y su padre muy enojado con él le dijo: ¿No te encargué que te dedicaras solamente a tus estudios, y si te interesa la religión, espera hasta que termines tus estudios?  El joven que ya estaba muy interesado en saber y vivir las enseñanzas de Jesús, le respondió a su padre: “Papá, tengo muy pendiente tus recomendaciones, pero Jesús me dice que lo que debo hacer es: `Buscad primeramente el reino de Dios…’ (Mateo 6:33) y creo que él tiene mucha razón”.

   Amados hermanos, Dios ha puesto a nuestro alcance su glorioso reino al cual nos convida por medio de su Hijo Jesucristo a entrar en él.   No debemos dejar que los intereses por las cosas terrenales como el trabajo o los bienes que le hicieron difícil al joven rico entrar al reino de Dios, ni debemos dejar que los estudios y los consejos inadecuados como los del padre del joven del relato de Spurgeon, nos impidan acercarnos, entrar, y permanecer dentro del reino de Dios.

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   La cuarta actitud incorrecta de una persona que solamente le gusta oír enseñanzas de Jesús, es:

IV.- NO ESTAR DISPUESTO A SER UN DISCÍPULO DE JESÚS.

   La razón por la que Jesús le explicó a aquel joven qué era lo que le faltaba hacer, era para que él pudiera hacerse discípulo de Jesús, porque le dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme (v. 22).   Sin embargo, es evidente que no quería hacerse discípulo de Jesús, porque no se interesó en seguir a Jesús, pues no solamente “se puso muy triste”, sino que según Mateo “se fue triste” (Mateo 19:22), y luego que se fue, nunca se nos vuelve a decir en los relatos de los evangelios que haya regresado para seguir a Jesús, y ni siquiera regresó tan siquiera para platicar sobre otro asunto con Jesús.  En otras palabras, lo que el joven estaba expresando con su acción de irse triste, es: ¡Gracias Jesús, si esto enseñas, yo no puedo seguirte como tu discípulo, porque no me conviene!

   Afortunadamente, tenemos ejemplos de que se puede ser rico, y al mismo tiempo se puede obedecer las enseñanzas de Jesús y ser asimismo su discípulo.   Luego que Jesús y el joven rico se separaron en el viaje que hacían, Jesús entró a la ciudad de Jericó donde en el centro de la ciudad fue abordado por otro rico llamado Zaqueo, quien como aquel joven es probable que se había acostumbrado a vivir atado a sus riquezas, por lo que tras oír las enseñanzas de Jesús, decidió responder a Jesús: “Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado” (Lucas 19:10).  Esta actitud es la de una persona que quiere seguir las enseñanzas de Jesús.  Lo que aprende lo obedece.

   Amados hermanos, Jesús espera no que solamente seamos oyente de sus enseñanzas, doctrinas, y predicaciones registradas en las Sagradas Escrituras, sino que espera que con una actitud de obediencia seamos sus discípulos, pues no se puede ser discípulo si no hay voluntad de seguir obedientemente sus enseñanzas.

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    CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ha sido para mí un privilegio compartirles en esta ocasión la bendita palabra de nuestro Señor Jesucristo, y quiero dejarles muy claro que aunque la palabra de Dios mora en abundancia entre ustedes, y tienen la oportunidad de escucharla una y otra vez de labios del pastor de esta iglesia así como de todos los que predican entre ustedes, NO se trata de solamente escuchar un número record de predicaciones y enseñanzas sin obedecerlas por causa de las cosas que cautivan el interés personal, sino que se trata de oír las enseñanzas de Jesús pero con una disposición de obedecerle, ya que sus palabras no son perecederas sino que son palabras de vida eterna.   La obediencia es una de las características que Dios espera de todos y cada uno de sus hijos.  En una ocasión, luego de una desobediencia cometida por el rey Saúl, el profeta Samuel le dice al rey que “…Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios…” (1 Samuel 15:22), y esta verdad no deja de ser cierta cuatro mil años después de Samuel, sino que hasta el día de hoy, no solamente debemos llenarnos de conocimiento del evangelio, sino que hay que obedecer aunque sea difícil para nuestra experiencia el hacer lo que Dios espera de nosotros.  Debemos ocuparnos en buscar el reino de Dios sin aferrarnos a las cosas terrenales que traen utilidades temporales a nuestras vidas.  Y finalmente, debemos estar decididos a ser verdaderos discípulos de Jesús.

Oct 12

CUANDO JESÚS DICE: ¡VEN!, Por: Diego Teh.

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CUANDO JESÚS DICE: ¡VEN!

Varios textos.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la cong. “Luz de Vida” de la col. Bojórquez, de Mérida Yuc; el dom/12/Oct/2014, a las 18:00 hrs.

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   INTRODUCCIÓN: Durante el año que hice mi servicio militar nacional obligatorio en la base número ocho de la fuerza aérea mexicana, me tocó ver en una ocasión que un comandante le exigió a un compañero que fuese al casino para traerle un refresco embotellado y unas frituras, por lo que mi compañero aceptó la orden pues seguramente se trataba de una lección de obediencia y disciplina, pero le dijo al comandante: –¿Me da usted el dinero para comprarlo?  –Usted vaya y tráigame lo que le pedí  —le dijo el comandante.   Pero, comandante, –yo no tengo dinero para pagarlo.  El comandante le insistió a mi compañero que se lo trajera pero inmediatamente ingeniándose cómo conseguirlo así tenga que pedir dinero prestado, o como pudiera hacerlo.   Nadie le ofreció dinero a mi compañero, y tampoco se acercó a alguno de los compañeros a pedirnos dinero prestado, por lo que le respondió desafiantemente al comandante que no irá a conseguir lo que le pide porque no tiene posibilidad de conseguirlo.  El joven se hizo a un lado del comandante con la intención de integrarse a nuestro pelotón, pero el comandante ordenó a un sargento segundo que le diera como castigo a su desobediencia, cinco tablazos en los glúteos.   Eso generó tanto en mí como en los demás compañeros una actitud de temor hacia este comandante.  Cada vez que él nos llamaba para darnos alguna orden, no nos era agradable su llamado.

   En el mensaje de este momento, voy a compartirles una serie de versículos bíblicos en los que escucharemos personalmente a Jesús expresar palabras de invitación a personas en distintos lugares y ocasiones, a quienes les dijo: “venid”, “vengan”, o “ven”.   En cada una de esas expresiones de Jesús aprenderemos que Jesús llama a las personas a venir a él, por razones agradables.   /  ¿Cuáles son las razones agradables por las que Jesús invita a las personas a venir a él?   /   Sigamos con atención cada una de las ocasiones cuando Jesús utilizó la expresión “venid”, “vengan”, o “ven”, e iremos descubriendo cuáles son las razones agradables por las que Jesús hacía esta invitación.

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   La primera razón agradable por la que Jesús invita a las personas a venir a él, es:

I.- PARA DESCANSAR EL ALMA CANSADA DE LOS PECADORES.

   Jesús estaba lamentando la actitud de rechazo hacia él, de parte de los habitantes de tres ciudades del pueblo escogido de Dios: Corazín, Betsaida, y Capernaum, ciudades donde él estuvo predicando y haciendo milagros con tal que la gente se arrepintiera y se convirtiera de sus pecados a Dios.   Él les dice a las dos primeras ciudades, que si él hubiera hecho los mismo milagros pero en Tiro y Sidón, otras dos ciudades que pertenecían a otro país que no pertenecía al pueblo elegido de Dios, la gente de allí se hubieran arrepentido.  A la ciudad de Capernaum le dice que si en la ya desaparecida Sodoma de hace 2000 años atrás, se hubiera hecho los milagros que él hacía con los de Capernaum, los de Sodoma se hubieran arrepentido, y permanecerían hasta la época de Jesús, dos mil años después.   Lo que Jesús estaba señalando es que aquellos que eran ajenos al pueblo de la promesa de Dios (Tiro y Sidón), y aquellos que fueron mortalmente castigados en la antigüedad (Sodoma), aunque eran pecadores entregados a sus perversidades no hubieran sido tan cerrados a ser receptivos al evangelio, como lo estaban siendo aquellos a quienes Dios eligió para que su Hijo Jesucristo les trajera las buenas nuevas de salvación.   Esperando Jesús que sus oyentes de las ciudades donde él continuó predicando, procedan al arrepentimiento y no rechacen la gracia del evangelio, les hacía la siguiente invitación: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.  […] y hallaréis descanso para vuestras almas”  (Mateo 11:28,29).   Aquellos que como Corazín, Betsaida, y Capernaum rechazan las buenas nuevas de Dios, sus almas estarán en constantes aflicciones las cuales solamente les producirán dudas, temores, depresiones, dolor, tristeza, y lo que es peor de todo condenación eterna.   Pero, aquellos que se dan cuenta que su vida, su alma, y sus pecados, le están causando cansancio como el que se siente cuando uno ha trabajado incansablemente todo el día, o que le están causando cansancio como el que se siente cuando has estado llevando una carga pesada durante mucho tiempo; estos, podrán disfrutar un glorioso descanso procedente de Dios mismo por medio de su hijo Jesucristo.   Obviamente, se trata de “descanso para vuestras almas”.

   Amados oyentes, cuando Jesús dice “ven” o “venid” como en este caso, él quiere dar descanso al alma de los pecadores.  Muchos de nosotros hemos experimentado ese glorioso descanso que transforma primeramente la condición espiritual de la vida humana, y posteriormente transforma la vida familiar, la vida social, la vida económica, etc…  Nuestra vida es capacitada para vivir con tranquilidad, con paz, con gozo, con alegría, porque en verdad hay descanso real que no se puede encontrar en ningún medio ni remedio que no sea Jesucristo.   En este momento le extiendo a usted en nombre de Jesucristo, la invitación de que usted acuda por el descanso que usted necesita para su alma que ha estado sufriente y tan necesitada de Dios.

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   La segunda razón agradable por la que Jesús invita a las personas a venir a él, es:

II.- PARA SATISFACER LA SED ESPIRITUAL DE LOS ARREPENTIDOS.

   Durante la semana de la fiesta anual de los tabernáculos, Jesús, estando en Jerusalén fue objeto de murmuraciones entre la gente que estaba dividida en opiniones acerca de él.  Unos pensaban que Jesús es el Cristo, otros que era un profeta, y otros que no era nada.  Sin embargo, tanto los más letrados religiosos como los menos religiosos como los simples alguaciles podían darse cuenta que “¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!” (cf. Juan 7:45,46).  Fue entonces, en el marco de tal fiesta y de tales murmuraciones que Jesús se dirige a las multitudes para invitarles con las siguientes palabras: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba.  /  El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37,38).   En el mismo contexto inmediato de estas palabras, según Juan, Jesús se refería al Espíritu Santo que aunque no se había manifestado como ocurrió en el día de la fiesta del Pentecostés, estaría realizando sus operaciones de regeneración y satisfacción espiritual en la vida de las personas que creyeran en Jesucristo.

   Estas palabras de invitación de Jesús de venir a él para beber, nos recuerda sus palabras similares cuando a la mujer samaritana le dijo en una ocasión: mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.  /  La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla” (Juan 4:14,15).  Cuando una persona reconoce que anda en malos pasos delante de Dios, reconoce al mismo tiempo que tiene una gran necesidad espiritual.   Cuando la mujer samaritana se dio cuenta de su error y pecado, aceptó el ofrecimiento de Jesús, diciéndole: “dame esa agua”.  Esa agua es el evangelio que debe ser aceptado y creído por el ser humano.

   Amados oyentes, cuando Jesús dice “ven” o “venga a mí” como en el caso de esta invitación, él quiere satisfacer la sed espiritual del pecador, trayéndole entera y total satisfacción a su vida con el efecto del santo evangelio, satisfacción que no se puede encontrar en ninguna otra experiencia que se tenga en la vida.   A usted, que quizá ha llevado una vida llena de infelicidades, que nada de lo que usted ha probado le ha satisfecho, sino al contrario cada vez usted se da cuenta que se encuentra sumido en la depresión, en el engaño, en la traición, en el abanadono, etc…Jesús le dice “venga a mí y beba” el agua de vida que cambiará totalmente su vida en el presente como para la vida eterna.

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   La tercera razón agradable por la que Jesús invita a las personas a venir a él, es:

III.- PARA GENERAR LA CONSAGRACIÓN TOTAL DE LOS DISCÍPULOS.

   En una ocasión que Jesús platicó con un joven rico que estaba interesado en saber si había algo más que debía hacer para tener la vida eterna debido a que él era muy cuidadoso en obedecer los mandamientos de Dios.   San Marcos nos relata que Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz” (Marcos 10:21).   Aquí encontramos a Jesús diciéndole al joven rico que hasta después de desprenderse de sus riquezas a favor de quienes más lo necesitan (“los pobres”) entonces “ven, y sígueme”.   La verdad en este caso es clara.  No se trata de que los ricos deben dejar de ser ricos para poder seguir como discípulos a Jesús, ni se trata de que para recibir la vida eterna hay que dejar de ser rico.  Jesús mismo aclaró que Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Marcos 10:25).   Para algunas personas, su dinero se vuelve motivo para no querer servir a Dios ni desear la vida eterna, pero para otras eso no es problema pues consagran todo lo que tienen para servirle.   En el caso de este joven, estoy seguro que Jesús pudo detectar que él se encontraba atado a sus riquezas de tal manera que eso le sería impedimento primero para ser discípulo de Jesús, y segundo, para realmente interesarse por la vida eterna.  Por eso, primero tenía que trabajar con esos impedimentos en su vida, y luego volver a Jesús, quien lo invita con un “ven, y sígueme”.   Este venir del joven sería para seguirle como discípulo consagrado de manera total como discípulo.

   Amados oyentes, cuando Jesús dice “ven” como en el caso de esta invitación, él quiere que todo aquel que acepte ser su discípulo, lo sea no de manera parcial, no de manera temporal, ni de manera limitada, sino totalmente consagrado.   Es lo que él está esperando de usted que ha querido ser su discípulo.  Por eso explicó a sus discípulos que vale la pena ser un discípulo consagrado, que deja todo por causa de Jesús y su evangelio, pues a su discípulo Pedro, le dijo así: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio,  /  que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna” (Marcos 10:29,30).   Amados discípulos de Jesús, ¡Vale la pena ser discípulo consagrado totalmente a Jesús!  Esa es la razón por la que Jesús nos invitó, diciendo: “ven, y sígueme”.

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   La cuarta razón agradable por la que Jesús invita a las personas a venir a él, es:

 IV.- PARA RECUPERAR LAS FUERZAS AGOTADAS DE LOS FIELES.

   Durante el ministerio de Jesús, sus discípulos no solamente se la pasaron escuchando sermones o conferencias, sino que fueron enviados a ciudades y aldeas para anunciar el reino de Dios.  Luego de su regreso traían informe de su labor, así como de la receptividad o rechazo de la gente a quienes les hablaban del reino de Dios.   En ocasiones estuvieron grandemente ocupados sin tiempo siquiera para comer o descansar.   En la ocasión que nos ocupará ahora, después de una ardua ocupación en hechos y enseñanzas, los discípulos regresan a Jesús para informarle, pero se encontraban evidentemente fatigados de tanta labor.   San Marcos nos relata que “Él (Jesús) les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco.  Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer (Marcos 6:31).   Jesús, estaba consciente de las limitaciones de las fuerzas de sus discípulos que cuando en esta ocasión los encontró cansados, los llamó y llevó al justo y merecido descanso, pero les indicó en aquella ocasión que descansarían solamente “un poco”.   Estoy seguro que Jesús sabía la magnitud de la siguiente ocupación que sus discípulos tendrían para atender a más de cinco mil personas a quienes les proporcionarían la alimentación de aquella reunión masiva de los que acudirían a escuchar sus enseñanzas, por lo que era imperante tomar “un poco” de descanso para recobrar fuerzas, pues lo que sigue requerirá un gran trabajo.

   Cuando los hijos de Dios se encuentran cansados tanto física como emocional o espiritualmente, Dios se preocupa de ellos para fortalecerlos y prepararlos de nuevo para activarlos al servicio efectivo en nombre de Dios.  En una ocasión Elías, un gran profeta de Dios, “…se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres.  /  Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come.  / Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse.  /  Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta.  /  Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios” (1 Reyes 19:4-8).   En ocasiones anteriores Dios lo había fortalecido físicamente ordenando que unos cuervos le trajeran pan y carne por la mañana y por la tarde (1 Reyes 17:1-7), y en otra ocasión enviándolo con una viuda para que milagrosamente con un puñado de harina y un poco de aceite, le sustente durante mucho tiempo (1 Reyes 17:8-16).   Dios se preocupa por el descanso y por la alimentación de sus hijos, y les provee el tiempo y los recursos necesarios para que sus fuerzas se recuperen, y sigan adelante en sus deberes para con Dios y el prójimo.

   Pero, me llama más la atención la acción de Jesús quien después de aquella atareada ocasión de enseñar y luego de dar de comer a las más de cinco mil personas, al final del día “En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud.  /  Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar” (Marcos 6:45,46).  Qué interesante manera y medio para fortalecerse espiritualmente, no con una suculenta cena porque ha llegado la noche, ni con toda una noche de dormir cómodamente, sino con “orar”.  Esto también es el ejemplo de Jesús, que cuando dice “venid” está invitando a considerar la oración como un medio para fortalecerse en el servicio a Dios.

   Amados hermanos, cuando Jesús dice “ven” o “venid” como en el caso de esta invitación a los discípulos ocupados en trabajar incansablemente para el reino de Dios, él quiere fortalecer sus fuerzas por estar fielmente dedicados al cumplimiento del deber para con Dios.  Si usted ha tenido un día o una semana de arduo trabajo para el reino de Dios, recobre fuerzas orando a Dios, porque a partir de mañana o quizá desde hoy mismo, Dios ya tiene nuevas tareas para usted, y solamente tendrá fuerzas para realizarlas si ha dedicado tiempo para orar.

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   La quinta razón agradable por la que Jesús invita a las personas a venir a él, es:

V.- PARA DEMOSTRAR LA RESURRECCIÓN REAL DE ÉL MISMO.

   Ahora, recordemos las ocasiones cuando Jesús se mostró a sus discípulos después de haber resucitado.   Según Juan, en la tercera de las apariciones, la que hizo junto al mar de Tiberias, donde Pedro, Tomas, Natanael, Juan y Jacobo, otros dos habían pasado la noche sin pescar nada.   Cerca del amanecer sin que ellos le reconocieran se presenta para preguntarles si tenían algo de comer, por lo que la respuesta fue ¡No!   La razón es obvia pues toda la noche no habían pescado nada.   Jesús les ordenó que tiraran la red al lado derecho de la barca, –aunque no sabían si era él– y en seguida pescaron 153 peces que trajeron inmediatamente a la orilla, pero pronto, Juan descubrió que era Jesús y se lo dijo a los demás.    Cuando ellos salieron a la orilla, se sorprendieron al ver que Jesús ya estaba asando un pez y tenía pan listo para comer, por lo que “Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? Sabiendo que era el Señor” (Juan 21:12).   En esta invitación de Jesús, con las palabras imperativas “venid, comed”, Jesús estaba demostrando que no quedó atrapado por el imperio de la muerte sino que está totalmente vivo de nuevo, y estaba dándoles evidencias de que él es.   Poderosamente les acercó 153 peces, providencialmente ya tenía un pez asándose antes de que ellos trajeran sus peces en la orilla.   Él era el poderoso Jesucristo que anduvo con ellos como su maestro durante poco más de tres años.  La invitación a comer, debió recordarles a estos siete discípulos junto al mar de Tiberias, la cena de pascua que recientemente habían tenido con él, solamente que ahora era el desayuno del Cristo resucitado para demostrarles que él vive.

   Amados hermanos, cuando Jesús dice “ven” o “venid” como en aquella ocasión junto al mar de Tiberias a siete de sus discípulos, tiene como finalidad darse a conocer como aquel que murió pero que resucitó.   Jesús invita a usted a que acuda a él y conozca la realidad y poder de su resurrección.   El apóstol Pablo testificó a los Filipenses que él consideraba muy importante experimentar el poder de Cristo resucitado, por quien estaba dispuesto a perder cualquier cosa terrenal con tal de conocerle personalmente, pues les dijo: Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, /  y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe;  /   a fin de conocerle, y el poder de su resurrección,…” (Filipenses 3:8-10b).  Todos aquellos que han aceptado la invitación de Jesús de conocerle y experimentar en sus vidas su poder como resucitado, no se arrepienten sino que se gozan por la transformación que les genera, y la esperanza que les asegura.  Usted debe venir a Jesús, y su vida recibirá el poder de su resurrección.

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   La sexta razón agradable por la que Jesús invita a las personas a venir a él, es:

VI.- PARA ENTREGAR EL REINO ETERNO A LOS BENDITOS.

   La última invitación de Jesús que se escuchará es la dirá el día del juicio de las naciones, y solamente la dirigirá a aquellos que hicieron caso a sus invitaciones anteriores durante esta era de la gracia.   Será para los que ese día estén a su derecha, no a su izquierda; serán para los que también son identificados como ovejas, no para los que son descritos como cabritos.   Será para aquellos que tras haber acudido a Jesús, se comprometieron a servir en su nombre a los hambrientos, sedientos, forasteros, desnudos, enfermos, encarcelados, etc.   Jesús, hablando de sí mismo describió el momento de la siguiente manera: “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre (aquí está la invitación), heredad el reino (aquí está el sublime beneficio de este último llamamiento) preparado para vosotros desde la fundación del mundo (aquí está la gracia soberana de Dios inmerecidamente a nuestro favor) (Mateo 25:34).   Es la invitación derivada de la predestinación de los elegidos, para que los elegidos, también llamados benditos, reciban el reino preparado para vivir por los siglos de los siglos junto a la sublime presencia de Dios y su Hijo Jesucristo nuestro Salvador y Señor.

   Amados oyentes y hermanos, cada uno de nosotros estará frente a Jesús en aquel gran día, pero solamente aquellos que buscaron en él el descanso de sus almas, solo aquellos que satisficieron en él sus necesidades espirituales, solamente aquellos que dejando todo se consagraron a él como sus discípulos, solamente aquellos que recurrieron a él para fortalecer sus vidas cuando desfallecían, y solamente aquellos que dependieron del poder de su resurrección, serán los privilegiados en escuchar este último “venid” que les hará entrar en pleno goce de todo lo preparado por Dios para ellos.   Así que si hoy usted puede tomar la decisión de acudir a los llamados de Jesús cuando dice: “ven”, usted con seguridad será invitado a entrar al reino celestial en el gran día del juicio, de lo contrario usted está en peligro de escuchar las palabras: “Apartaos de mí, malditos,…” (Mateo 25:41), palabras muy lamentables que podría escuchar un ser humano porque se pasó la vida negándose a aceptar las invitaciones de Jesús.

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   CONCLUSIÓN: Estimado oyente, para concluir con este mensaje, deseo de todo corazón que usted pueda escuchar con los oídos de su corazón, que más allá de las palabras de mi predicación, Jesús es quien en este momento por su Palabra y Espíritu le está diciendo “ven” a usted.  Venga a él, con un corazón arrepentido.  Venga a él, porque usted necesita la salvación que solamente él puede dar.   Escuche usted la letra del himno “Pecador, ven al dulce Jesús”, reflexione, y dese cuenta de cuánta necesidad tiene de venir a Cristo, y entonces venga usted a él.   “Pecador, ven al dulce Jesús, y feliz para siempre serás, que si tú le quisieres tener, al divino Señor hallarás.   Ven a él, ven a él, que te espera tu buen Salvador; ven a él, ven a él, que te espera tu buen Salvador.   Si cual hijo que necio pecó, vas buscando a sus pies compasión, tierno padre en Jesús hallarás, y tendrás en sus brazos perdón.  Ven a él, ven a él, que te espera tu buen Salvador; ven a él, ven a él, que te espera tu buen Salvador.  Si enfermo te sientes morir, él será tu doctor celestial; y hallarás en su sangre también, medicina que cure tu mal.  Ven a él, ven a él, que te espera tu buen Salvador; ven a él, ven a él, que te espera tu buen Salvador.   Ovejuela que huyó del redil, ¡he aquí tu benigno Señor! y en los hombros llevada serás de tan dulce y amante Pastor.  Ven a él, ven a él, que te espera tu buen Salvador; ven a él, ven a él, que te espera tu buen Salvador[1].

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[1] Himnario Evangélico Presbiteriano Solo a Dios la Gloria; Publicaciones El Faro; Abril 2002; México; Himno # 584 Pecador, ven al dulce Jesús.