Oct 07

LA DISCIPLINA DE INTEGRARSE A LA IGLESIA, Por: Diego Teh.

LA DISCIPLINA DE INTEGRARSE A LA IGLESIA

Hebreos 12:18-24.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 7 de octubre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 12 de la serie: LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO.

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   INTRODUCCIÓN: Para el entendimiento del mensaje de este momento es indispensable recordar, y para quien nunca ha sabido este detalle acerca de la iglesia, es que existe la iglesia invisible y la iglesia visible.  La iglesia invisible está conformada por aquellos creyentes en Jesucristo que ya se nos adelantaron en la gloria celestial y que ya no los vemos, por eso les llamamos iglesia invisible, también conocidos como iglesia triunfante; y la iglesia visible, es la que está conformada por creyentes en Jesucristo que todavía están presentes aquí en la tierra, a quienes vemos en persona, y por eso les llamamos iglesia visible, también conocidos como iglesia militante.  Sin embargo, no son dos iglesias sino una sola que comienza aquí en la tierra como iglesia visible, y continúa en los cielos como iglesia invisible. La iglesia no solamente es una, santa, y apostólica sino también es eterna.

   También tengo que hacer la observación que actualmente, aunque quizá así ha sido en otras épocas, hay un marcado mal entendimiento acerca de la importancia de tener una relación personal con Jesucristo como experiencia suficiente para la salvación, sin embargo, eso no excluye la importancia de pertenecer a la iglesia visible de Jesucristo para hacer efectiva tal experiencia suficiente de salvación, pues nadie que diga creer y se excluya de la iglesia visible es verdaderamente salvo, porque la iglesia es Cristo mismo, en la dimensión de su cuerpo, también encabezado por él mismo.  El que cree en Cristo es considerado por él como parte de su iglesia no importando en qué lugar del mundo se encuentre, y espera de este creyente que sienta que pertenece a esta iglesia universal, pero si tal persona que al parecer es creyente se excluye de la iglesia, con tal actitud está rechazando a Cristo mismo cuyo cuerpo es la iglesia, y entonces es muy probable que tal persona ni siquiera sea verdadero creyente, pues creyente a su manera no es aceptable para el Dios que creó a la iglesia para que se incorporen sus creyentes.

   En este mensaje, es mi interés animar a todas aquellas personas que, en su propia manera de entender, piensan que son verdaderos cristianos, pero no quieren nada con la iglesia en su etapa visible y militante, pero como incongruencia piensan que serán de la iglesia invisible o triunfante, pero nadie, excepto los que crean en Cristo encontrándose en estado de moribundos, y otros imposibilitados físicos, podrán ser de la iglesia invisible, celestial, triunfante y eterna si primeramente no ha formado parte de la iglesia visible o militante.  Ser parte de la iglesia no solamente en lo celestial sino también en lo terrenal y presente, es la evidencia de pertenecer a Cristo, pues el que no pertenece a Cristo no estará en la iglesia invisible y celestial; y el que pertenece a Cristo querrá con todo amor, decisión, y responsabilidad integrarse voluntariamente a la iglesia visible de su área de residencia.

   Con todos estos antecedentes, hoy les voy a predicar que hay grandiosas y sublimes bendiciones que solamente se experimentan en la iglesia visible, las cuales deben motivarnos a desear pertenecer a la iglesia visible. / ¿Cuáles son las grandiosas y sublimes bendiciones que solamente se experimentan en la iglesia visible, las cuales deben motivarnos a desear pertenecer a la iglesia visible? / Basado en nuestro texto bíblico de Hebreos 12:18-24, les voy a exponer cada una de las siete grandiosas y sublimes bendiciones que se encuentran enlistados por el redactor de estas palabras apostólicas.

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   La primera grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

I.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LA CIUDAD DE DIOS.

   Esta primera bendición es ampliamente explicada en el texto bíblico, por la vía de la comparación, comparando la experiencia humanamente no tan agradable para los israelitas desde su propia perspectiva, al haberse encontrado con Dios a los pies del monte Sinaí donde les fue dado los conocidísimos Diez Mandamientos.  La comparación, va así: “Porque no os habéis acercado al monte que se podía palpar, y que ardía en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas y a la tempestad, / al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los que la oyeron rogaron que no se les hablase más, / porque no podían soportar lo que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, será apedreada, o pasada con dardo; / y tan terrible era lo que se veía, que Moisés dijo: Estoy espantado y temblando; / sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …” (Hebreos 12:18-22a).  Esto último que enfatiza “sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …”, es una fuerte ilustración acerca de lo que implica pertenecer a la iglesia visible de Dios aquí en la tierra.  Pareciera que, en verdad el apóstol estuviese describiendo nada menos que el mismo cielo, sin embargo, lo que está describiendo es la misma iglesia visible de aquí en la tierra, dando a entender que no se trata de un acercamiento como cuando alguien iba a la ciudad terrenal de Jerusalén donde Dios por muchos siglos manifestó estar presente en medio de todo su pueblo el país de Israel, sino que se trata de un acercamiento “a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …”.  Claramente, aunque lo califica como “la celestial”, no dice que se trata literalmente de estar en cielo, sino también claramente indica que estar en la iglesia terrenal y visible, se trata de un acercamiento, pues dice: “os habéis acercado”.  Desde capítulos anteriores el apóstol autor de este texto está hablando de la pertenencia a la iglesia visible.  Así se puede apreciar desde el primer versículo de este capítulo 12, aunque de manera especial también es muy notorio en los versículos 12 al 17 que está hablando de la iglesia en conexión con Jesucristo quien debe ser el centro de nuestra atención. No está hablando de Cristo sin conexión con la iglesia.

   Amado creyente en Jesucristo que no sabía u olvida el valor y la importancia de ser parte de la iglesia visible de Jesucristo, que no sabía que el integrarse a la iglesia visible de Dios aquí en la tierra es un acercamiento al mismo cielo, lugar que es descrito por el apóstol en lenguaje figurado como la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, …”.   Es un lugar que sin duda usted anhela conocer, pero ¿cómo se acercará usted a Dios, a su cielo, y a su iglesia celestial por ahora invisible, si ahora aun cuando dice creer en Jesucristo (y de verdad no dudo de ello), no es de su interés pertenecer ni siquiera a la iglesia visible de Jesucristo aquí en la tierra?  Quizá usted me va a responder, pues por medio de Jesucristo.  Sí, eso es verdad, pero la iglesia es el cuerpo de Jesucristo, es parte de Jesucristo mismo, es Jesucristo mismo presente en la vida de sus creyentes.  Si usted no está en la iglesia, es igual que decir que usted no está en Cristo, porque los que están en Cristo no menosprecian la iglesia visible porque universalmente pertenecen a ella, y localmente de manera voluntaria se unen a ella porque entienden que pertenecen a ella.

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   La segunda grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

II.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LOS ÁNGELES.

   Siguiendo la conexión con la frase: “os habéis acercado”, el apóstol que escribió a los hebreos añade un segundo objetivo de acercamiento, diciendo que es (véanlo a partir de la segunda mitad del versículo 22) “a la compañía de muchos millares de ángeles” (Hebreos 12:22b). ¿Tantos ángeles habrá en el cielo?  Cuando el profeta Daniel tuvo una visión acerca de Dios, le identificó como un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. / Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él” (Daniel 7:9,10).  Estos seres que le servían no eran humanos, sino ángeles, y su cantidad es descrita primero por “millares de millares” pero no pocos sino muchos “millares de millares”, y luego es descrita su cantidad por “millones de millones”.  El apóstol a los hebreos usa los mismos términos para referirse a la presencia de estos aquí en la tierra cuando junto con Dios intervienen en algún evento trascendente.  ¿Qué tan importante será que nos acerquemos a ellos?  Ellos hacen lo mismo que nosotros deberíamos estar haciendo.  En la visión de Daniel, él descubrió que todos aquellos “millones de millones”, que “asistían delante de” Dios, “le servían”.  Ese es su distintivo perfecto, que nosotros todavía no alcanzamos aquí en la tierra, ni en la iglesia, y menos fuera del cobijo de la iglesia.  Conocerlo a ellos, será unirnos a ellos quienes también son nuestros celestiales consiervos en el servicio a Dios.

   Hay diversos relatos bíblicos que nos indican cómo ellos sirven a Dios, y nos ha sido dado a conocer para saber que un día seremos como ellos, excelentes siervos junto con ellos. El mismo apóstol a los hebreos en una pregunta a la vez afirmativa dice con respecto a los ángeles: son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación” (Hebreos 1:14).  O sea, que nos ayudan a nosotros los cristianos, y por ello vale la pena encontrarnos con ellos para conocerles bien allá en los cielos.

   En las palabras con las que Moisés bendijo a los israelitas en una ocasión cercana a los días de su muerte, él no usó la bendición Aarónica o sacerdotal que ya se usaba en ese tiempo, porque a él no le correspondía usar tales palabras de bendición, sino que usó una bendición propia con un estilo poético, en el que se incluye información que nos conviene saber acerca de los ángeles. En las primeras palabras de esta larguísima bendición, primero se refiere a la ocasión cuando Dios vino al monte Sinaí a entregarle a Moisés los Diez Mandamientos, y dice acerca de Dios: “Y vino de entre diez millares de santos, con la ley de fuego a su mano derecha” (Deuteronomio 33:2).  Lo primero que se resalta en esta descripción es que Dios no tiene solamente dos o tres de ellos, sino millares, pero tampoco son solamente dos, o tres, o cuatro, o cinco millares, pues solamente en esta descripción Moisés nos habla de “diez millares” de ellos.  Lo segundo que se resalta en la descripción de Moisés es que estos ángeles son considerados “santos”, el estado integral al que nosotros también aspiramos.  Observen también cómo estos ángeles no están ajenos a los eventos terrenales en los que Dios toma participación de manera directa. Han estado interesados por el bien del ser humano, pero no siempre son perceptibles al ojo humano a menos que ellos se hagan visibles tomando alguna forma generalmente con apariencia humana.

   Cuando el rey y salmista David expresa un cántico en el que resalta que el Dios que se manifestó en el Sinaí, sigue a los israelitas donde sea que se encuentre el tabernáculo o por lo menos el Arca del Pacto que David tuvo el honor de rescatar y transportar a la ciudad de Jerusalén, él dijo: “Los carros de Dios se cuentan por veintenas de millares de millares; el Señor viene del Sinaí a su santuario” (Salmo 68:17).  No eran literalmente “carros” o carretas, y aunque fuesen literalmente “carros” no son carros sin piloto que se conducían solos, y tampoco eran conducidos por seres humanos sino por ángeles.  En el Sinaí vinieron al parecer solo unos “diez millares” de ángeles (cf. Deuteronomio 33:2), pero en esta procesión de traslado del Arca del Pacto, que David presidió unos 500 años después de haberse creado el Arca de Pacto que originalmente estuvo en el tabernáculo, estuvieron nada menos que al parecer varios grupos de “veintenas de millares de millares”, quizá una centena o algún millón de ellos.  Debe ser para ellos un honor acompañar a Dios, e incluso venir a la tierra a servirnos por instrucciones de Dios.

   Amados creyentes en Cristo el Salvador y creador de la iglesia, ahora que pertenecemos a la iglesia de Dios, nos estamos acercando a ellos.  Es verdad, ellos no serán lo más relevante que conoceremos allá en los cielos, sino Dios y su Santo Hijo Jesucristo, pero ellos serán parte de nuestra nueva confraternidad de santos con los que serviremos a Dios por la eternidad.  No solamente nosotros estamos enfocados en Dios, sino “millones de millones” de ángeles también están enfocados en Dios. ¿Esto no te motiva también a enfocarte en servir a Dios en su iglesia visible, sabiendo que es solamente por medio de su iglesia que uno se acerca a Dios, a los cielos, y a los santos ángeles?

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   La tercera grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a la iglesia visible, es:

III.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LOS QUE YA ESTÁN EN LOS CIELOS.

   Ahora, pasando al versículo 23 el apóstol nos sigue sorprendiendo de que nos hemos acercado, ¿a quiénes?  a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos” (Hebreos 12:23a). Esta descripción expresada por el apóstol es una referencia nada menos a los creyentes en Jesucristo que antes pertenecieron a la iglesia visible, y que ahora están “en los cielos”.  Son una “congregación”, que sin duda sin los problemas terrenales que tienen las congregaciones de creyentes en las iglesias aquí en la tierra. Son llamados “primogénitos”, lo cual no quiere decir que solo son los primeros hijos de cada matrimonio, sino es una referencia de que ellos son los primeros que tuvieron el privilegio de entrar a los cielos, antes del gran día del regreso de Jesucristo cuando no quedará ni uno solo aquí en la tierra que habiendo creído no vaya a entrar en los cielos.  Ya están allí “en los cielos”, mientras en la iglesia visible, por medio de Cristo, nos estamos acercando a ellos.  El día de nuestro encuentro y reunión con ellos cada vez está más cercano, lo cual puede darse ya sea con nuestra muerte o con la venida de Cristo; lo que ocurra primero.  Cualquiera de estos dos eventos que ocurra primero, garantiza nuestro encuentro con “la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos”.  Ellos son nuestros hermanos que nos precedieron en entrar al cielo de Dios.  Primero estuvieron en la iglesia visible de aquí en la tierra, y luego pasaron a la iglesia invisible.  Pasaron por el mismo proceso en el que todo aquel que es creyente en Jesucristo debe de pasar.  Nosotros estamos en ese proceso, y también estamos yendo hacia ellos.  Son nuestros hermanos.  Ellos nos están esperando allí.  Entre ellos incluso tendremos el privilegio de ver y tener junto a nosotros a nuestros seres queridos que como nosotros fueron fieles creyentes en Cristo.

   Amados creyentes en Jesús el Hijo de Dios, es solamente estando en la iglesia visible de Jesucristo que nos acercamos a ellos con los creyentes que están en la iglesia invisible en la eternidad, pues estando fuera de la iglesia visible nadie se acerca a estos hermanos que se han ido primero a los cielos.  Quizá usted ahora no está tan emocionado de encontrarlos de nuevo a ellos, porque cuando usted conoció a quizá a muchos o quizá solo a algunos de ellos aquí en la tierra los conoció como pecadores que no satisficieron los ideales de carácter que usted esperaba ver en ellos, pero habiendo ellos también creído en Cristo, ahora ya están en los cielos, por lo que encontrarlos en los cielos será una de las experiencias grandemente agradables que tendremos por toda la eternidad.  Por eso, vale la pena y es necesario pertenecer ahora a la iglesia visible aquí en la tierra, pues solo perteneciendo a la iglesia, que es el cuerpo de Cristo, nos acercamos a ellos.  Obviamente, ellos no son lo más importante que encontraremos, pero ellos serán parte de los grandiosos y sublimes beneficios que disfrutaremos los que no menospreciamos la utilidad de la iglesia que Dios diseñó para la función de preservarnos en la fe.

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   La cuarta grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

IV.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A DIOS “EL JUEZ DE TODOS”.

   Ahora observemos la segunda parte del versículo 23, que siempre se conecta con la frase “os habéis acercado” que se mencionó desde el versículo 22.  Su sentido completo realmente es: “os habéis acercado […] a Dios el Juez de todos” (Hebreos 12:22a, 23b).  Por la naturaleza del desarrollo de este mensaje, no voy a tratar acerca del derecho de Dios de ser “Juez de todos”, sino solamente al énfasis de que cada vez nos estamos acercando “a Dios”.  Es verdad que Cristo es quien nos acerca a Dios por la virtud de su sacrificio que fue perfecto y aceptado por Dios como suficiente.  Es a esto que se refiere el apóstol Pedro cuando dice de Cristo, que: “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (2 Pedro 3:18a).

   Pero, también es verdad que siendo Cristo el que nos lleva a Dios, creó su propia iglesia en la cual desea que todos estemos integrados, “para llevarnos a Dios”.  Es toda la iglesia que es llevada a Dios.  Es verdad que los que mueren antes que Cristo vuelva, estos, se van de manera individual a presentarse delante de la eterna presencia de Dios, pero el día que Jesús volverá, no volverá solamente por un grupito de su iglesia, sino que vendrá por todos.  Cristo vendrá por las personas que pertenecen a su iglesia, para entonces llevarnos definitivamente a la presencia eterna de Dios.  Es por eso, que cuando llegue el momento del regreso de Cristo, explica el apóstol Pablo que: Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4:17).  Estos: “nosotros los que vivimos”, se refiere a los que están integrados a la iglesia por ser de Cristo, no a los que están fuera de ella, porque no se puede ser de Cristo y estar fuera de la única iglesia, pues no hay dos iglesias, ni autorización para ser un cristiano sin iglesia.

   Amados creyentes en nuestro Señor y Salvador Jesucristo, es por medio de Cristo y perteneciendo a su iglesia visible que una persona se dirige a Dios.  En la iglesia, siempre en Cristo, nos acercamos a Dios.  ¿No es esto también una motivación para integrarse a la iglesia visible? pues dice el apóstol Pablo a los Efesios que todo lo que Cristo ha estado haciendo por su iglesia visible aquí en la tierra es “a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5:27).  ¿A quién va a presentar Cristo a sí mismo para que sea una iglesia gloriosa?  A la iglesia actual que todavía no es gloriosa, pero es a la iglesia, no a personas individuales que nunca se integraron a la iglesia.

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   La quinta grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

V.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A LA IGLESIA TRIUNFANTE.

   Ya les he estado hablando acerca de la iglesia triunfante prácticamente desde el comienzo de este mensaje, y aunque no lo enfaticé cuando les expliqué acerca de la bendición de estarnos acercando con “la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos”, o sea, los que se nos adelantaron, ellos ya son la iglesia triunfante, para empezar porque ya están “en los cielos”.  Pero, hay algo más por el cual son triunfantes, y es porque el apóstol dice de ellos que son: … los espíritus de los justos hechos perfectos” (Hebreos 12:23c).  Estos llamados “espíritus de los justos”, son los mismos a quienes antes ha descrito antes como “primogénitos”, pero en esta descripción dice que estos “espíritus de los justos” son “hechos perfectos”.  Estos es lo que esencialmente les hace triunfantes, y es hacia ellos de quienes dice también que “os habéis acercado” (Hebreos 12:22a).

   Aunque la iglesia visible y militante, por haber creído en Cristo, estamos siendo restaurados a la imagen de Cristo para ser como Cristo, dice también el apóstol Pablo acerca de los que creemos en Cristo, que Dios “a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29).  Esta realidad está ocurriendo en nosotros poco a poco a cada día, pero mientras estemos aquí en la tierra, y aunque estemos en la parte visible de la iglesia, no recibimos una perfección absoluta.  Eso ocurre solamente cuando una persona que es creyente en Jesucristo llega a los cielos de la eternidad.  Es allí que se hace absoluta su perfección, y se integra a la iglesia triunfante y perfecta.  Es a esta perfección que se refiere el apóstol Juan en la revelación que recibió de su visión del cielo cuando de los creyentes que ya están allí dice: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:4).  Esto es, nada menos que la perfección ideal que tanto nos hace falta aquí en la tierra.  Ellos ya lo tienen, ahora nosotros la iglesia visible, y solo la iglesia visible, también vamos para allá, igualmente para ser “hechos perfectos”.  Nadie que no pertenezca a la iglesia visible irá para allá para ser “hecho perfecto”.

   Amados creyentes en Cristo, por afirmación de estas palabras del apóstol a los hebreos, así como del apóstol Pablo, nosotros los creyentes actuales nos hemos acercado y nos seguimos acercando al beneficio de ser “hechos perfectos” en la iglesia triunfante que está en los cielos.  Pero, este beneficio es solamente para quienes ya pertenecen a la iglesia visible y militante aquí en la tierra. ¿No es esto una motivación para ser un creyente interesado en integrarse a la iglesia visible, del cual esta iglesia donde usted escucha este mensaje, es parte del sector visible de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo?  Si alguien ha estado pensando que ser cristiano es solamente creer en Cristo, y vivir su fe separado de la iglesia, está en un error.  El que cree en Cristo, también se une a la iglesia visible.

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   La sexta grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

VI.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS A JESÚS EL MEDIADOR.

    Es tan real que Jesús el Mediador está con nosotros y en nosotros.  Está en y con toda la iglesia, pero también está en el corazón de cada creyente que forma parte de su iglesia; sin embargo, Jesús para nuestra plena percepción acerca de él, solamente será en la eternidad allá en los cielos.  Es por eso que el apóstol a los hebreos, igual nos indica que “os habéis acercado […], a Jesús el Mediador del nuevo pacto” (Hebreos 12:22a, 24a).

   En esta tierra, aunque estamos en la iglesia, lo único que está ocurriendo es que la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, hace que la presencia de Jesús, así como del mismo Padre celestial esté en y con nosotros.  Cada una de las personas divinas, Padre, Hijo, y Espíritu Santo son un solo Dios, y no pueden ser divididas por nada, sino no serían un solo Dios, serían dos o hasta tres Dioses, pero la realidad es que juntas sus tres personas, son un solo Dios.  Esto explica que por haber creído en Cristo, el Espíritu Santo comenzó a morar en nuestra vida, y por lo tanto siendo parte de un Dios indivisible, Jesús también está en nuestra vida, el Padre también está en nuestra vida.  Es tan real, pero estamos limitados a no percibir toda su naturaleza.  Esta percepción absoluta, solamente será posible cuando termine nuestra función aquí en la iglesia visible, y pasemos a la iglesia invisible y triunfante en los cielos.  Mientras tanto, nos estamos acercando a Jesús el Mediador.

   Amados creyentes en Jesucristo, vuelvo a repetir la misma pregunta: ¿No es esto una motivación para que anhelemos pertenecer a la iglesia actual y visible de Jesucristo, en el cual juntos nos vamos acercando a la completa percepción sensible y visual de la persona y ser de Jesús el Mediador, quien también dio su vida por nosotros, y al mismo tiempo nos salvó?

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   La séptima grandiosa y sublime bendición que solamente se experimenta en la iglesia visible, y que debe motivarnos a desear pertenecer a ella, es que:

VII.- EN LA IGLESIA NOS ACERCAMOS AL PERDÓN EN CRISTO.

   Como último detalle a observar en el texto bíblico que estamos analizando, es que el apóstol a los hebreos afirma a los creyentes que: “os habéis acercado […], a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:24b). ¿Qué querrá decir estas palabras que comparan la sangre de Jesucristo, con la sangre de Abel derramada por haber sido asesinado aquí en la tierra por su hermano Caín?  El apóstol dice que la sangre de Jesús “habla mejor”. ¿Qué es esto de que la sangre habla, y que tanto la de Abel como la de Jesús hablan?  Cuando Caín hubo matado a su hermano Abel, Dios habló a Caín y le dijo: “La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Génesis 4:10).  Esta voz o este clamar (o clamor) al que Dios se refiere, y que Dios la adjudica a la sangre de Abel, es la necesidad natural de justicia por alguien que ha sido víctima de haberle sido quitada la vida por otra persona con premeditación, alevosía, y ventaja que no tenía el derecho de hacerlo.  Eso es lo que hablaba delante de Dios la sangre de Abel.

  Pero, la sangre de Jesús derramada, que el apóstol describe también como “rociada”, cuando dice que “habla mejor”, es porque Jesús no está reclamando justicia a su favor, sino está pidiendo a su Padre celestial que los que creamos en él, recibamos el perdón de nuestros pecados, la santificación de nuestra vida, la limpieza de toda mancha de pecado que nos afecta para mal en nuestra vida.  Es esto que afirma el apóstol Juan en su primera epístola universal cuando con respecto a Dios el Padre y su Hijo, dice: “y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (1 Juan 1:7b).  Esto, se hace una realidad cuando confesamos nuestros pecados, pero lo tenemos qué confesar todos los días, y cuántas veces sea necesario y posible, porque una y otra vez vamos a necesitar en nuestra vida los efectos perdonadores de la sangre de Cristo.  La sangre de Cristo, “habla mejor” para rogar con garantía nuestro perdón.  Este perdón cotidiano que necesitamos se da al mismo tiempo que estamos unidos a la iglesia.  No es la iglesia la que perdona, sino Cristo, pero Cristo perdona a los mismos que por él se han integrado a la iglesia.  Así que la iglesia visible es el mejor lugar a donde podemos acudir en busca y procuración del perdón de Dios por la sangre de su Hijo Jesucristo que “habla mejor”.   Aquí en la iglesia nos hemos acercado […], a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (Hebreos 12:24b).

   Amado creyente en Jesucristo, fuera de la comunión de la iglesia visible y militante de Jesucristo, no hay perdón de pecados.  Usted no encontrará perdón de pecados en el estadio deportivo cuando evade pertenecer a la iglesia, porque todo el personal y asistentes del estadio no son el cuerpo de Cristo, no lo encontrará en los clubes de altruismo en el que usted quiera canalizar toda su notable bondad, pues los clubes no son el cuerpo de Cristo.  Solamente en la iglesia, uno se acerca a “la sangre” que otorga el perdón de Dios.  Y usted necesita del perdón de Dios una y otra vez.

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   CONCLUSIÓN: Amado hermano, creyente en Jesucristo, voy a concluir, invitándole a que se una formalmente a esta amada iglesia de Cristo, pero ya, ahora, no lo piense más.  Que el día de hoy sea el comienzo de una integración formal de usted a la iglesia visible de Cristo.  Asista fielmente, y tan pronto haya oportunidad de integrarse a la clase de membresía o catecúmenos de la iglesia, intégrese también a esa clase.  La iglesia no fue un invento de los misioneros que llegaron a nuestro país hace 146 años en 1872.  No fue invento del misionero Maxwell Phillips que llegó a Yucatán en 1886 hace 132 años a establecer la primera iglesia evangélica y presbiteriana de esta ciudad de Mérida y de toda la Península de Yucatán.  La iglesia fue creada por Dios, establecida por su Hijo Jesucristo para que por su propio Hijo seamos conducidos a todos los beneficios presentes y venideros que Dios de su pura gracia decidió darnos para gozar de Él para siempre

   Dios quiera que, a partir de ahora, usted ame pertenecer a la iglesia visible de Cristo. ¿Nos estaremos viendo aquí de manera regular, constante, y perseverante en esta iglesia local de la iglesia visible y militante, que a la vez pertenece a la iglesia universal?  Usted tiene tantos incentivos para integrarse a la santa iglesia de Cristo Jesús.

Sep 23

CASA DE DIOS ENTRE ÁRBOLES DE ALMENDRO, Por: Diego Teh.

CASA DE DIOS ENTRE ÁRBOLES DE ALMENDRO

Génesis 28:10-19.

.Predicado por el Pbro. Diego Teh, el domingo 23 de septiembre 2018, a las 11:00 horas, en la dedicación de un tinglado construido en el frente de la casa de la hermana Ester de la Cruz García, en el Fracc. ACIM II, de Umán, Yuc; para seguir dando clases bíblica a niños y adultos, y haciendo cultos, y ofreciendo diversos servicios sociales.

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   INTRODUCCIÓN: Allá en la tierra prometida de Canaán, en Samaria una de las provincias de Canaán, desde antes de los tiempos de Abraham hasta los tiempos de Isaac y de Jacob, hubo una ciudad que se llamó Luz.  Su nombre no se refería a la “forma de energía que ilumina las cosas, las hace visibles y se propaga mediante partículas llamadas fotones”, sino al nombre con el que se conocía al árbol de almendro.  Aquella ciudad se llamaba así por la abundancia de almendros en su territorio.  Aquel árbol tenía una característica que la distinguía durante la primavera.  Es de los primeros árboles en florecer durante la primavera por lo que lo conocen popularmente como el ¨apresurado¨[1].  Sus flores, son blancas o débilmente rosadas que aparecen desde el mes de enero[2], dos meses antes que comience la primavera en Marzo.  La verdad son árboles muy bellos.  Es especialmente por esa belleza de sus flores que se le llegó a conocer como Luz, y en consecuencia sus frutos también eran conocidos igualmente como Luz, porque procedían del árbol de Luz o almendro.  Después de muchos siglos de existencia de esta ciudad llamada Luz, o sea almendro, ocurrió en aquel lugar, un hecho extraordinario propiciado por Dios en la experiencia de Jacob nieto de Abraham, hecho que le motivó a cambiarle el nombre de la ciudad de Luz, por el nombre: Bet-el, en idioma hebreo; o sea: “casa de Dios”. Ya hemos leído su fascinante historia.  Me imagino que Jacob tuvo que compartir con los nativos de aquella ciudad, su experiencia de haber soñado a Dios presente en aquel lugar, y no debió serle muy fácil convencerlos para que se cambie el nombre.

   Hoy, nos hemos reunido para la dedicación de este lugar que no es propiamente un templo, pero que lo hemos usado y lo usaremos como un lugar para reunirnos a adorar a Dios.  Este es un lugar que, sin duda alguna, igualmente podemos llamarle “casa de Dios”.  ¿Qué aprendemos de la historia bíblica que hoy hemos leído, en el que Dios se manifiesta a Jacob, y por ello él reconoce que la pequeña ciudad llamada Luz, “No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo” (Génesis 28:17)?

   Para descubrir algunas de las enseñanzas de aquel suceso extraordinario, les voy a predicar que las manifestaciones de la presencia de Dios indican diversos aspectos de la voluntad de Dios. / ¿Cuáles son los diversos aspectos de la voluntad de Dios que se indican en las manifestaciones de la presencia de Dios? / Basado en la historia de la manifestación de la presencia de Dios a Jacob, les compartiré los siguientes aspectos de su voluntad.

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   El primer aspecto de la voluntad de Dios al manifestar su presencia, es:

I.- QUE DIOS NO TIENE PROBLEMA PARA MANIFESTARSE EN UN LUGAR HUMILDE.

   Solamente recuerden cómo Jesús escogió nacer en un establo, en un pesebre, en una pequeña aldea llamada Belén.  ¿Cómo es posible que un terreno lleno de árboles de almendro sea la casa de Dios, y sea un lugar donde Dios está presente?  Es cierto que Dios merece lugares esplendorosos y excelentes, pero no tiene ningún problema para manifestar su presencia en lugares humildes como este bendito lugar donde nos seguiremos reuniendo.  Según el contexto de nuestra historia bíblica, Jacob, haciendo un largo viaje a las tierras de donde era originario su abuelo Abraham, pasó en aquella pequeña ciudad de almendros, llamada Luz o almendro.  Dice la historia que ya era demasiado tarde, “ya el sol se había puesto” (Génesis 28:11) cuando él llegó allí.  Jacob no rentó una casa o un hotel, sino que armó su casa de campaña, probablemente en la periferia de aquella ciudad, en donde estando cansado se durmió muy pronto, y tuvo un sueño extraordinario.

   En su sueño, vio: una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. / Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia” (Génesis 28:12,13).   Dios no esperó que Jacob llegara a una lujosa y prestigiosa ciudad para que entonces se le manifestara a él.  Dios no tiene problemas para manifestarse en lugares humildes.  Es por eso, que Jesús no escogió nacer ni en Roma, ni en Grecia, y ni siquiera en Jerusalén la capital del territorio de su pueblo escogido, sino en la aldea de Belén, una de las más pequeñas aldeas de toda la provincia y quizá de todo el país.

   Amados hermanos, esto quiere decir que podemos encontrarnos con Dios no solamente en un edificio arquitectónicamente diseñado como templo, y consagrado ceremonialmente para ese fin, sino que aún debajo de un árbol, o donde antes hubiese árboles.  Quizá los primeros dueños de este predio podrán recordar que justo en esta terraza y tinglado recién construido para reunirnos a adorar a Dios, lo único que antes había eran árboles que fueron talados para construir primero la vivienda, y ahora este tinglado que usaremos para adorar a Dios.  Igualmente podemos decir como Jacob, que aquí es Bet-el, o sea casa de Dios. ¡Qué extraordinario es saber que Dios está aquí, y por eso esta este lugar también, aunque está prácticamente al aire libre es “casa de Dios”!, aunque ojalá si un día podamos conseguir suficiente espacio para construir propiamente un templo en estos terrenos que están a solo 30 metros de aquí, por ahora saturados de arbustos mayormente de waxín (Leucaena leucocephala), que también es conocido como  peladera, liliaque, huaje o guaje.  Es de este nombre guaje, que se deriva la palabra guaxín, waxín, o huaxín como le conocemos aquí en Yucatán[3].  Dios no tendría ningún problema por ello.  Él es majestuoso y glorioso, pero también es grandemente sencillo y humilde.

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   El segundo aspecto de la voluntad de Dios al manifestar su presencia, es:

II.- QUE SEA CONOCIDO POR SU PUEBLO, PERO TAMBIÉN POR LOS QUE NO LO SON.

   Después de que Jacob despertó de su sueño, sus palabras fueron: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía” (Génesis 28:16).  ¿Cómo va a ser que Jacob no lo sabía?  Su abuelo estuvo viviendo allí, por lo menos en dos ocasiones en las que erigió un altar dedicado a Dios (Génesis 12:8; 13:3).  Isaac el papá de Jacob todavía no había nacido, pero es probable que Abraham le haya contado a Isaac su experiencia en Betel (aunque Moisés dice que era Betel, en aquel tiempo de Abraham el lugar todavía se llamaba Luz).  Dios se había aparecido a Abraham en un lugar cercano llamado Siquem, y “edificó allí un altar a Jehová” (Génesis 12:7), pero cuando él se traslada a Betel (o sea, Luz), Abraham también “edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová” (Génesis 12:8).  Debió haber ocurrido a Abraham alguna manifestación de Dios a él allá en Betel (Luz) para que también allí edificase otro altar como el que edificó en Siquem.

   Pero, resulta que Jacob, no sabía que Dios se había manifestado allí.  O su abuelo, o su padre nunca se lo contaron, o a él no le interesaba nada acerca de Dios.  El caso, es que cuando a Jacob se le aparece Dios mediante un sueño, él dice: “Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía” (Génesis 28:16).  Por eso, su historia dice de él: “Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo” (Génesis 28:17).  Ahora que ya supo que Dios estaba allí no dudó en reconocer que entonces el lugar era por ello “casa de Dios”, y “puerta del cielo”.  Dios se estaba manifestando directa y personalmente a él, para que él tuviese una experiencia de primera mano con Dios. Y apenas amaneció, Jacob: “llamó el nombre de aquel lugar Bet-el, aunque Luz era el nombre de la ciudad primero” (Génesis 28:19)[4].  Como dije antes, él conoció por experiencia propia la presencia de Dios, y luego la debió haber hecho saber a otros, a los habitantes de Luz, para proponerles cambiar el nombre de Luz a Betel.

   Amados hermanos, igualmente Dios se ha manifestado a nosotros por medio de su Hijo Jesucristo en quien hemos creído y ha estado transformando nuestra vida mientras seguimos con vida, y nos hemos dado cuenta que vale la pena haberle conocido por medio de su palabra.  Por lo mismo, ya que conocemos a Dios en nuestra experiencia espiritual, es también nuestro deber hacer saber a la gente que vive aquí en nuestro vecindario, que Dios está aquí, y que desea ser conocido, y aceptado por cada persona; y que la “casa de Dios” está aquí disponible para que ellos también vengan a encontrarse con Dios.  ¡Qué extraordinario es que Dios está aquí, y usted ya lo sabe, y que este lugar, igual es “casa de Dios”!   Muchos como Jacob y como los habitantes de Luz, no lo saben, por eso cada uno de nosotros es responsable de hacérselo saber a la gente.  Después de tener el conocimiento de Dios, el siguiente paso que nos corresponde es hablarle de Dios a otras personas para que sepan de Él. Su voluntad es que Él sea conocido.

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   El tercer aspecto de la voluntad de Dios al manifestar su presencia, es:

III.- QUE SEA ADORADO POR TODA PERSONA QUE YA TIENE CONOCIMIENTO DE ÉL.

   Dios no solo espera que Él sea conocido, sino que también sea adorado.  ÉL no quiere que nadie solamente sepa de Él y no le responda con adoración. Según nuestra historia bíblica, después que Jacob despertó de su extraordinario sueño, nos relata Moisés: “Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella” (Génesis 28:18). Lo que Jacob hizo fue una antigua ceremonia de adoración conocida y practicada en ese entonces como libación, que consistía en derramar aceite o incluso agua directamente sobre la tierra o sobre algún objeto específico como una piedra como si se estuviese consagrando un lugar o altar que se dedica para adorar y reconocer que Dios manifestó estar presente en aquel lugar.

   Como parte de la adoración que Jacob le rindió a Dios a quien ya conocía, Moisés nos relata lo siguiente: “E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, / y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios” (Génesis 28:20,21). Es más, en su adoración, se comprometió a ser un diezmador de toda la prosperidad que él reciba de Dios.  Sus palabras de adoración a Dios en este aspecto, fueron: “Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti” (Génesis 28:22).

   Amados hermanos, conocer a Dios mediante la fe en Jesucristo, y experimentar en nuestra vida las obras de su gracia que aplica en la vida de quienes creemos en su Hijo Jesucristo, debe despertar en nosotros y en todo creyente, un vivo deseo de adorarle.  Él está trabajando redentoramente en nuestras vidas, en las de ustedes que viven en este fraccionamiento.  Es por eso, que hemos decidido como Jacob, dedicar propiamente esta “casa de Dios”, aunque en forma de tinglado, para reunirnos al estudio de la palabra de Dios, y para adorarle.  Al mismo tiempo, aquí será para todos nosotros, incluyendo a ustedes que viven en este fraccionamiento, nuestra base de operaciones conjuntas para alcanzar a otras personas para Cristo y para la gloria de Dios.  Las personas alcanzadas con el evangelio, no son para nuestro beneficio, sino que serán para la gloria de Dios.  Dios espera ser adorado no solo por nosotros, sino por toda la gente que vive aquí, pero nosotros tenemos que ir a presentarles primeramente el evangelio de Jesucristo.  Mientras tanto, nosotros no olvidemos que Dios estará siempre esperando que nos reunamos para darle a él la adoración que se merece por estar pendiente de nuestras vidas.

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   El cuarto aspecto de la voluntad de Dios al manifestar su presencia, es:

IV.- QUE EL PROPÓSITO DE MANIFESTAR SU PRESENCIA ES PARA TRANSFORMAR LA VIDA HUMANA.

   Un detalle tomado del contexto de la vida de Jacob, es que su propio nombre era como una profecía de su comportamiento.  Jacob, significa engañador, usurpador, etc…, y en realidad esa había sido su conducta durante toda su vida.  Recientemente a su experiencia en Luz (luego Betel), Jacob había cometido una falta grave en contra de su hermano Esaú.  Isaac, ya avanzado de edad, y sin capacidad visual, había previsto bendecir a sus dos hijos, comenzando con Esaú, pero Jacob, dando pecaminoso honor a su nombre de usurpador, le robó la bendición que le correspondía a su hermano.  El padre de ellos, había enviado a Esaú a cazar en el campo, y que cuando regrese le preparara un guisado de su preferencia.  Pero, Jacob con la complicidad de su madre, para confundir a su papá de que él era Esaú, se puso la piel del algún animal peludo en sus brazos, para simular el brazo velludo de su hermano, y entonces se acerca y le dice a su papá: Papá ya regresé, ya te preparé tu comida preferida, aquí está, ¿me bendices por favor?

   Por poquito Isaac descubre que él no era Esaú sino Jacob.  En algún momento su papá le dice: “La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú. / Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo. / Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: Yo soy. / Dijo también: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió. / Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. / Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, …” (Génesis 27:22b-27a).  ¡Qué tremenda traición!  Obviamente, el primogénito recibiría en la bendición palabras que le harían recibir en su vida el doble de lo que recibiría los demás hijos.  Le había quitado a su hermano Esaú, lo que por derecho le correspondía.  Cuando Esaú se entera de lo ocurrido, eso le enoja demasiado, e incluso él dice que mataría a Jacob, pero no por ahora por respeto a su padre.  Sin embargo, Jacob, como consecuencia de su traición, sale de su casa desde Beerseba siempre en tierra de Canaán, y comienza a huir rumbo a Harán en Mespotamia, a unos 750 kilómetros al noroeste, donde su abuelo tenía parientes.  Jacob irá allá para hallar esposa para él.   Pero, tan pronto ni se había alejado de la tierra de Beerseba, a tan solo un poco más de 100 kilómetros de distancia en Luz, Dios se le manifiesta para confrontarle de su mala conducta, con el fin de cambiarle la vida para su propio bien.  Esta es una de las razones por las que Dios se manifiesta en la vida de los seres humanos.  Eso es lo que ha ocurrido en nuestra vida cuando conocimos el santo evangelio de Dios, y supimos que creyendo en Jesucristo somos transformados de una vida pecaminosa a una vida llena de gracia abundante.

   Amados hermanos, ahora que la gracia abundante de Dios ha tocado nuestras vidas, habiendo llegado a la experiencia de nuestro corazón y en realidad de todo nuestro ser, ya sabemos el bien que nos aporta.  Ahora, a partir de esta “casa de Dios” que hoy dedicamos a nuestro Señor, nuestro deber será llevar a otras personas el evangelio que según el apóstol Pablo es “poder de Dios para salvación” (Romanos 1:16), porque antes de salvar para toda la eternidad, también nos hace disfrutar los bienestares de Dios.  Usted está siendo transformado por Dios, pero otros necesitan de esa transformación espiritual para llevar una sana conducta.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, después de la dedicación, hoy, de esta “casa de Dios”, nuestra responsabilidad será dar a conocer al Dios que por medio de Jesucristo vino con toda humildad en busca de nosotros los pecadores.  Conozcámosle mejor para darlo a conocer bien a las personas.  Vengamos siempre para adorarle, y traigamos a otros para que le adoren.  Dejemos que él moldee nuestra conducta, y roguemos que él haga lo mismo con más personas.

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[1] http://etermagazine.com/cultura/el-almendro-un-arbol-sobresaliente/ (leer segundo párrafo).

[2] https://www.wikicristiano.org/diccionario-biblico/significado/almendro-a/

[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Leucaena_leucocephala

[4]   Aunque Moisés nos relata que Abraham, unos 50 años antes que Jacob, plantó su tienda allí en Betel (Génesis 12:8; 13:3), no es porque para ese tiempo aquella ciudad ya existía con ese nombre, sino porque Moisés cuando escribió esa historia, aquel lugar ya llevaba este nombre desde hace unos 450 años, y él lo conoció, así como Betel y no como Luz.

Sep 09

MIRA ADELANTE, A LA ETERNIDAD (I), Por: Diego Teh.

MIRA ADELANTE, A LA ETERNIDAD, (I)

 Hebreos 11:8-10, 23-27; 12:1-3.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 09 de septiembre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 08 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN:  Hebreos capítulo 11 es un capítulo bastante hermoso que tiene que ver con la vida de personas que se mantuvieron fieles en el servicio a Dios que en su momento les correspondió.  Muchos de ellos perdieron la vida, incluso antes de ver el fruto de sus esfuerzos, pero según el apóstol, “Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; / proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” (Hebreos 11:39,40).  Pero, algo es cierto, todos ellos tenían su esperanza en los valores de la eternidad.

   En el mensaje de este momento, utilizaré los resúmenes muy enfáticos que hace el apóstol que escribió la epístola a los hebreos, con respecto a la vida de dos personajes de la antigüedad: De Abraham como del 2000 a. C, de Moisés como del 1500 a. C, y de Jesús el Hijo de Dios; de quienes describe cómo ellos aunque nos precedieron hace como 4000, 3500, y 2000 años respectivamente, en sus respectivos tiempos, ellos, aunque realmente no fueron los únicos, miraron hacia la eternidad aun estando en la misma dimensión actual del tiempo en el cual nosotros también estamos.  El lenguaje retórico con el que se describe sus respectivas maneras de haber mirado hacia la eternidad, se expresan así: Con respecto de Abraham dice que: “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10); y con respecto de Moisés dice primero que: “rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, / escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado” (Hebreos 11:24,25), y luego dice de él que su razón para rehusarse de sus privilegios terrenales fue: “teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios” (Hebreos 11:26a), y también dice que él: “tenía puesta la mirada en el galardón” (Hebreos 11:26b), y finalmente dice de él que: “se sostuvo como viendo al Invisible” (Hebreos 11:27).  Y con respecto a Jesús, dice de él que: “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2b).

   En la predicación de este momento, voy a compartirles la siguiente verdad: Una persona que verdaderamente teme a Dios se interesa grandemente por los valores sumamente preciosos de la eternidad. / ¿Cuáles son los valores sumamente preciosos de la eternidad por los cuales se interesa una persona que verdaderamente teme a Dios? / Basado en la narración del apóstol que escribe a los hebreos, con respecto a los intereses de Abraham, Moisés, y de Jesús nuestro Señor y Salvador, voy a describirles algunos de estos valores sumamente preciosos.

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   El primer valor sumamente precioso de la eternidad por el cual se interesa grandemente una persona que verdaderamente teme a Dios, es:

I.- DIOS MISMO.

   No hay mayor valor supremo ni en la tierra ni en el cielo que sea mayor que Dios.  Tanto Abraham, como Moisés, así como Jesús el mismo Hijo de Dios, su mayor interés o anhelo siempre fue Dios.  En cuanto a Abraham, aunque “esperaba la ciudad que tiene fundamentos”, no esperaba cualquier ciudad sino específicamente la que “cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10). No la que fundó el español don Pedro Menéndez de Avilés, durante la segunda mitad del siglo XVI, hoy la ciudad más antigua de EEUU: San Agustín, Florida[1].  Ni la que fundó el español Felipe de Neve Padilla y que ahora es la segunda ciudad más importante de Estados Unidos: Los Ángeles, California[2].  Ni Guanajuato, que fundó Antonio de Mendoza; ni Zacatecas, que fue fundada por Juan de Tolosa, Baltasar Treviño de Bañuelos, Cristóbal de Oñate y Diego de Ibarra; ni San Cristóbal de las Casas, Chiapas, fundada por Diego de Mazariegos; ni Puebla de Zaragoza, que fue fundada por Fray Julían Garcés y el oidor Juan Salmerón; ni Veracruz, que fue fundada por Hernán Cortés; ni Santiago de Querétaro, que fue fundada por Conín o Fernando de Tapia, un indígena otomí; ni nuestra ciudad de Mérida, fundada por Francisco de Montejo el Mozo.  Abraham, esperaba la de “Dios”, pero sin duda que primeramente a Dios mismo.  Ese es el valor supremo más importante que debe interesar a toda persona que dice temer a Dios.

   Moisés por su parte, dice el apóstol que escribió a los hebreos, que: “se sostuvo como viendo al Invisible” (Hebreos 11:27).  Es por eso que 1500 años antes de Cristo, tuvo “por mayores riquezas el vituperio de Cristo” (Hebreos 11:26a).  Pero, como para el tiempo de Moisés, Cristo no estaba aquí en la tierra, entonces tuvo que haberle mirado o esperado en él, mientras todavía estaba en la eternidad.  Así que podemos decir que Moisés estaba mirando hacia la eternidad, nada menos que a primeramente a Dios.   Nuestro Señor Jesús por su parte, estando aquí en la tierra tuvo oportunidades de ser entronado como rey en algún lugar de Palestina, pero para él aquella oportunidad era solamente terrenal, pues como a él le interesaba lo eternal y celestial, prefirió rechazar tal oportunidad o tentación para él, enfocándose a lo que finalmente obtuvo que según nuestro texto bíblico: “se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2). No le interesó sentarse junto a un César de Roma, ni junto a un Herodes en Palestina, ni junto a un gobernante prestigiado funcionario romano, sino que deseaba estar nada menos que con Dios. Eso es interesarse por Dios como valor supremo de la eternidad.

   Amados hermanos, se espera que nosotros también, temerosos del mismo Dios de Abraham, y Moisés, también tengamos como valor supremo al Dios de la eternidad, demostrando interés siempre de llegar a su presencia eterna y celestial.

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   El segundo valor sumamente precioso de la eternidad por el cual se interesa grandemente una persona que verdaderamente teme a Dios, es:

II.- CRISTO MISMO.

   Todos los que miran hacia adelante, hacia la eternidad, si en el fondo de sus corazones anhelan a Dios, entonces, no pueden omitir, descartar, o hacer a un lado a su Hijo Jesucristo.  Para comenzar, debe quedarnos claro que Jesús el Cristo, el Hijo de Dios, aunque es una persona divina distinta en persona a la persona del Padre, no es distinto a Dios en naturaleza o esencia.  Es el mismo Dios de donde se origina su manifestación al haber venido a nacer, vivir, hacer su ministerio, morir, y hasta resucitar aquí en la tierra.  No podemos dividir la esencia o naturaleza de Dios el Padre, con la de Jesús, como si fuesen dos Dioses distintos.  Cuando Moisés 1500 años antes de Cristo, miraba desde ese entonces a Dios, tuvo al mismo tiempo: “por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios” (Hebreos 11:26).  Eso no quiere decir que Moisés solo esperaba que Cristo apareciera en la tierra para venir a sufrir o ser vituperado, sino que desde entonces, al esperar en el Dios de la eternidad, esperaba también a Cristo quien todavía se encontraba eternamente con el Padre y con el Espíritu Santo.

   Pero, a Cristo no hay que mirarlo solamente en la eternidad, sino también en la dimensión del tiempo.  Moisés también tuvo un entendimiento claro de la razón por la que Cristo vendría a esta tierra.  En el lenguaje del apóstol a los hebreos, Moisés entendió que Jesús vendría para ser vituperado.  Vituperio, significa: Censura o desaprobación que una persona hace con mucha dureza contra algo o alguien.  Eso fue lo que los religiosos, políticos, y autoridades del tiempo de su nacimiento y ministerio hicieron en contra de él.  No fue aprobada su naturaleza divina, no fue tan creído su evangelio del reino de los cielos, no fueron aceptados como divinos sino como del demonio sus sanidades, y hasta su muerte burlonamente fue exhibida como la muerte del rey de los judíos.  Solamente fue su Padre celestial, Dios, quien aprobó la vida de su Hijo Jesucristo, de quien nunca dudó en decir: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mateo 3:17; 17:5).  Por eso le resucitó como evidencia de su aprobación, para vergüenza de quienes durante su vida y ministerio le desaprobaron.

   Amados hermanos, el vituperio, sufrimiento, o pasión de Cristo, es el valor eterno todavía accesible aquí en el presente, valor que debemos como Moisés valorar.  La muerte de Cristo garantizó el pago de nuestros pecados que, si creemos en él se hace efectivo en nosotros el perdón de Dios.   Por eso, vale la pena interesarnos ahora en el valor del Cristo eterno que nos ofrece perdón y vida eterna.

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   El tercer valor sumamente precioso de la eternidad por el cual se interesa grandemente una persona que verdaderamente teme a Dios, es:

III.- EL GALARDÓN.

   Una de las afirmaciones que enfatiza el apóstol a los hebreos acerca de Moisés, pero que implícitamente también lo dice tanto de Abraham como de Jesús, es que: “tenía puesta la mirada en el galardón” (Hebreos 11:26b). ¿Qué galardón? ¿A qué le llama galardón? Según un diccionario que no lo define de manera cristiana, pero que sí aporta la definición más popular, es que: Galardón es un premio, generalmente honorífico, que se concede a alguien por sus méritos o por haber prestado determinados servicios.  Si es honorífico, entonces no es que sea meritorio, entonces se trata de algo que por privilegio se le da a una persona a pesar de que no lo ha ganado por derecho.  Eso mismo, ocurre con una persona que recibe un galardón de las manos de Dios.  Es algo no merecido, pero que es legítimo desearlo, y perseverar en obtenerlo por gracia.

   La descripción que nos da el apóstol en su epístola acerca de Abraham, es que este: “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (Hebreos 11:10).  Este hombre, siempre fue un peregrino que en sus viajes nunca conoció alguna ciudad que fuese eterna, inconmovible.  Aunque no fue testigo de terremotos, deslaves, y otros fenómenos naturales, es probable que conoció cambios y destrucción de ciudades que antes fueron de renombre, pero que en sus tiempos ya no eran más que historia.  De hecho el territorio de dónde es originario, había sido cuna de las primeras ciudades que ya ni existían para su época.  ¿Cómo no desaría Abraham, “la ciudad que tiene fundamentos”?  Esta expresión es solamente una manera de referirse al galardón de poder entrar a las moradas celestiales que Dios ofrece por medio de la fe en Cristo a quienes creen que él dio su vida para salvación eterna de los pecadores.  La mera cancelación de la condenación eterna de los que creen en Jesús, es un galardón.  La entrada al cielo, la ciudad celestial, es otro galardón, que ha sido anhelado desde más de 40 siglos no solo por Abraham, sino por todos los que temen a Dios.  ¿No desea usted también este galardón celestial?

   Amados hermanos, y como supremo ejemplo, tenemos también el de Jesucristo, de quien el mismo apóstol dice de él que: “se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2).  ¿Cómo después de haber estado aquí en la tierra, se pudo haber sentado en semejante lugar que no se encuentra en la tierra sino el cielo que no está dentro de nuestra atmósfera temporal sino en la eternidad?   Solamente pudo, porque no perdió de vista el volver a la eternidad.  Su “gozo puesto delante de él” fue el encontrarse de nuevo en la eternidad con su Padre celestial.  Eso le hizo enfrentar sin queja alguna, la cruz y el oprobio.  Y el resultado, fue que también recibió el galardón de sentarse “a la diestra del trono de Dios”.   Siguiendo su ejemplo, no perdamos el ánimo de seguir adelante mirando el galardón que nos espera.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ninguno de los que hoy escuchamos esta palabra de Dios, ninguno de los que hemos creído en el evangelio demos marcha atrás, porque como dijo Jesús: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62).  Que todos miremos y vayamos en poso de los valores eternos sumamente preciosos: Dios el supremo valor precioso, su Hijo Cristo no menos valioso y precioso, y el galardón destinado para todos los que temen a Dios de corazón.  Esto tampoco es poca cosa, es sumamente valioso, si alguien no lo entiende así, compárelo nada más con el entorno del infierno que antes merecíamos.  Todos estos valores son sumamente preciosos.   Que Dios, su Hijo Cristo, y su galardón, sean las metas presentes de nuestra vida en pos de la eternidad.

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[1] https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-04-01/el-fundador-de-la-ciudad-mas-antigua-de-estados-unidos_1358932/

[2] https://www.abc.es/archivo/20140908/abci-felipe-neve-fundador-angeles-201409041946.html