Ago 12

MIRA AL LADO, TIENES UNA IGLESIA, Por: Diego Teh.

MIRA AL LADO, TIENES UNA IGLESIA.

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 Colosenses 3:5-17.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 12 de agosto 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 07 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN: Tenemos una iglesia disponible.  No me refiero al edificio donde nos reunimos. Al edificio se le llama templo.  La iglesia son las personas que han sido llamadas por Dios para creer en Jesucristo y consagrar su vida a él para un servicio de por vida.  Cuando alguien dice que va al templo, lo que quiere decir es que va al templo, al edificio.  Pero, cuando decimos que vamos a la iglesia, aunque hay quienes todavía así lo entiendan, podría ser no necesariamente en el templo, sino en cualquier otro lugar donde pudieron haber acordado reunirse.  Por ejemplo, algunas veces nos reunimos en casas previendo que haya espacio para todos los que tengas que acudir.  Nos hemos reunido en locales amplios donde luego es apropiado llevar a cabo una convivencia con mesas para disfrutar juntos un refrigerio.  También hemos tenido la oportunidad de reunirnos en un estadio deportivo.  Aunque estos lugares no son templos, los cristianos que allí se reunieron son la iglesia.  Por otra parte, no se necesita un gran número de personas para conformar una iglesia, pues donde sea que se congreguen dos o más personas creyentes en Jesucristo con el fin de adorar a Dios, ellos son iglesia.  Hoy, los que estamos aquí reunidos, no deberíamos tener ninguna duda de que somos la iglesia de nuestro Señor Jesucristo.  Usted está en la iglesia.  Usted no está como en un club, como en un mercado, o como en su tienda o súper preferido, donde usted no tiene interacción con todos los que allí casualmente se encuentren. Pero, la iglesia no es así, usted tiene que estar plenamente consciente que no está solo, sino que hay otros como usted que necesitan de su ayuda, y que hay otros como usted que le pueden ayudar, y tenemos que estar en permanente interacción con ellos.   Los que están siguiendo los sermones de esta serie, podrán recordar que les he compartido acerca de mirar arriba: a Dios; de mirar atrás: a Cristo en la cruz; y hoy nos corresponde mirar a lado: a los hermanos que nos acompañan en nuestro viaje de fe a la patria celestial, a la iglesia llamada de entre los perdidos y condenados para que en Cristo recibamos salvación, la cual ya hemos recibido.

   El texto bíblico que hoy hemos leído, nos presenta a creyentes en Cristo, debidamente integrados a la iglesia no solo universal sino también local, de Cristo, interactuando con otros creyentes.  Basado en ello, les voy a predicar que el creyente que pertenece a Cristo y por ello a Su iglesia, necesariamente debe ejercer permanentemente interacciones dignas de la vida cristiana con los demás creyentes. / ¿Cuáles son las interacciones dignas de la vida cristiana que permanentemente el creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes? / Siguiendo las palabras de nuestro texto bíblico, les presentaré algunas de estas interacciones, valga la pena aclarar, no ocasionales sino permanentes y dignas de la vida cristiana que el creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes.

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   La primera interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

I.- RESPETARNOS MUTUAMENTE POR NUESTRA UNIÓN CON CRISTO.

   El apóstol Pablo, dando por hecho que se estaba dirigiendo a personas que ya habían renunciado a su vida despiadada resultante de no tomar en cuenta a Dios, y que ahora tras haber creído en el evangelio de Jesucristo, sus vidas estaban siendo transformadas por Dios mismo, les dice que él espera que ellos manifiesten una mejor manera de tratar a todas las personas, comenzando con las que ahora son su nueva familia, los creyentes que son la iglesia.  Les dice: “Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. / No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, / y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, / donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” (Colosenses 3:8-11).  Todas las cosas que les dice que tienen que dejar, como la ira, el enojo, la malicia, la blasfemia, las palabras deshonestas, todas ellas tienen qué ver tanto con acciones como también con la manera de hablar al dirigirse a otras personas.

   De manera particular les enfatiza: “No mintáis los unos a los otros” (v. 9), Así lo hacían cuando sus vidas eran ajenas a Dios, pero ahora que son de Cristo, ya no deben hablar así.  Su vocabulario debe ser respetuoso para con todos.  Cuando dice: “los unos a los otros”, en este contexto se refiere al conjunto de creyentes que se reúnen en la iglesia.  La razón de no mentirles, ni agraviarlos con cualquier otro tipo de malas palabras, es que ahora, especialmente para los que están en la iglesia “Cristo es el todo, y en todos” (v. 11).  Cristo, “en todos” los que están en la iglesia, está presente.  Él está unido a nosotros, pero más bien por virtud de nuestra acción de fe en él, todos nosotros estamos unidos a él, y si él está en todos nosotros, entonces nosotros formamos su cuerpo, porque la iglesia es el cuerpo de Cristo, y por eso todos merecen ser respetados primeramente por todos los que formamos parte de ella.  Yo soy responsable de respetar a los demás, a ustedes.  Cada uno es responsable de respetar a todos.  Todos nos respetamos porque estamos unidos Cristo, quien está restaurando en todos nosotros la imagen de Dios que fue puesta en nosotros desde el principio de la creación.  Si antes, no éramos respetuosos, se entiende, porque estamos sin tomar en cuenta a Dios, pero ahora que en su Hijo Jesucristo le tomamos en cuenta, ya estamos siendo restaurados para dejar de ser irrespetuosos.

   Amados hermanos, tenemos una iglesia compuesta de personas a quienes Dios mismo en Cristo nos está restaurando conforme a Su imagen.  No es poca cosa. En nuestro trato o interacción con los demás creyentes como nosotros, hagámoslo lleno de respeto porque todos estamos unidos a Cristo.

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   La segunda interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

II.- TRATARNOS MUTUAMENTE CON EL CARÁCTER DE CRISTO.

   Pero, ahora que dejamos las cosas que nos complacía hacer cuando estábamos sin tomar en cuenta a Dios, ahora que tenemos que dejar que el revestimiento que Dios está haciendo en nosotros sea lo que moldee nuestra mejor manera de ser, ¿qué es lo que tenemos que hacer? ¿con qué vamos a reemplazar el mal carácter que antes nos distinguía?  El apóstol Pablo nos tiene la respuesta cuando dice a los Colosenses: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; / soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. / Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:12-14).  La lista de reemplazos que menciona el apóstol es básica porque eso no es todo, pero baste como ejemplo que nuestra nueva conducta espiritual por pertenecer a Cristo debe ser (1) de entrañable misericordia, (2) de misericordia, (3) de benignidad, (4) de humildad, (5) de paciencia” (v. 12).  Además, añade: (6) soportándoos unos a otros, y (7) perdonándoos unos a otros” (v. 13a).   Pero, la clave más importante de todo es lo que Pablo dice que “es el vínculo perfecto”, y se refiere con ello al (8) amor”, diciendo: “Y sobre todas estas cosas vestíos de amor” (v. 14).  Pero, todas estas cualidades de carácter son un recordatorio del carácter de Cristo que utilizó y sigue utilizando en su trato con nosotros y con todo aquel que se vincule con él por medio de la fe en su persona y obra.  Por eso, en su expresión san Pablo dice: “De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (v. 13b).  En nuestra interacción con los demás debemos tratarnos mutuamente con el carácter de Cristo.

   Especialmente en el versículo13, con respecto a la necesidad de soportar y perdonar a los creyentes que por alguna razón nos llegasen a causar algún agravio, el apóstol Pablo en dos ocasiones enfatiza la frase: “unos a otros”.  Si llegase a ser necesario, hay que soportarse “unos a otros”, hay que perdonarse “unos a otros”.  Estos “unos a otros”, no es una referencia a una relación de cristianos por una parte y de no cristianos por otra parte; sino que se trata de la relación entre un cristiano y los demás cristianos.  En otras palabras, se trata de la relación interna de todos los de la iglesia.  San Pablo es realista.  En los mismos que reconoce “como escogidos de Dios, santos y amados” (v. 12), no descarta que como todavía estamos en proceso de santificación, alguien, y ese podría ser yo, o podría ser usted, o podría ser un tercero, Dios nos libre, podríamos ser causa de ofensa o agravio a algún creyente.  En estos casos, somos responsabilizados a comprender por qué otros actúan equivocadamente o intencionalmente con malicia.  De todas maneras, si quien comete una falta no es un falso disfrazado de cristiano, sino que es un cristiano, ese tiene que ser soportado y perdonado.  Es nuestro hermano.  Esa persona es de la iglesia de nuestro Señor Jesucristo.  Hay que tratarlo con el carácter de Cristo que se está formando en nosotros.

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  La tercera interacción permanente y digna de la vida cristiana que un creyente necesariamente debe ejercer con los demás creyentes, es:

III.- ENSEÑARNOS MUTUAMENTE CON LA PALABRA DE CRISTO.

   Es verdad que ahora estamos dejando lo que fue nuestra manera de vivir cuando no tomábamos en cuenta a Dios.  También es verdad que ahora que hemos creído en Cristo, su carácter se está formando en nosotros, y por ello podemos tener una mejor interacción con cristianos y no cristianos. Pero, ¿qué tenemos qué hacer para que este proceso de perfeccionamiento siga creciendo en nosotros?  Queremos dejar de hacer intencionalmente todo lo que es incorrecto y pecaminoso que antes hacíamos.  Queremos que el carácter de Cristo se implante en nosotros, y ser semejantes a él en palabra y conducta.  Pero, ¿cómo lograrlo?  Es verdad que Dios está transformando nuestra vida, eliminando nuestra entrega premeditada al pecado, e implantando en nosotros su carácter divino manifestado en su santo Hijo, pero el apóstol Pablo tiene una instrucción más que dice: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. / Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:16-17).  “La palabra de Cristo” es la clave mis amados hermanos.

   Un detalle relevante de esta instrucción apostólica acerca de “la palabra de Cristo”, es que “more en abundancia”.  ¿Es abundancia cuando una iglesia ofrece solamente 45 minutos de clase a la semana, y cuando una iglesia solamente quiere escuchar 20 minutos de predicación?  Creo que ni siquiera se puede decir que la palabra “mora”, porque para que se diga que algo “mora”, es que allí está todo el tiempo, no por temporadas y con vacaciones.  Pero, entre nosotros la palabra Cristo, debe morar.  ¿Qué es lo que cada quien debe hacer en este caso?  La instrucción primeramente dice: “enseñándoos y exhortándoos unos a otros” (v.16).  En nuestra interacción con los demás creyentes deberíamos enseñarnos mutuamente la palabra de Cristo.  Deberíamos mutuamente no tirarnos pedradas o indirectas, sino exhortarnos con la palabra de Cristo para corregirnos mutuamente cuando nos equivocamos o pecamos deliberadamente, para animarnos cuando el ánimo de algún hermano en la fe comienza a desmayar. Vale la pena hablar la palabra de Cristo en nuestras conversaciones unos con otros, que cualquier otra vana conversación.   Obviamente la palabra de Cristo, y toda palabra de Dios en general puede ser enseñada no solamente por hábiles maestros que la enseñan con destreza porque ese el don que han recibido de Dios, sino también a falta del don de la enseñanza también se puede enseñar con el don del canto, como igualmente instruye el apóstol Pablo, al decir: “cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales” (v. 16).  Pero, igual, sin el don de la enseñanza, y hasta sin el don del canto, también se puede enseñar la palabra de Cristo, con el don de la conversación que todos sin excepción sabemos hacer.  En nuestra interacción con otros creyentes, necesariamente debemos enseñarnos mutuamente la palabra de Cristo.

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   CONCLUSIÓN:    Amados hermanos, si queremos tener una vida centrada en el evangelio, Cristo no puede estar fuera de nuestra vida.  De hecho, él tiene que ser el centro, sino no podríamos ser cristianos, sino nuestro fundamento no será el evangelio de Dios. Una vida centrada en el evangelio implica que al mismo tiempo que pertenecemos a Cristo también pertenecemos a su iglesia que es su cuerpo, a través de la cual interactuamos con otros cristianos que también pertenecen a la iglesia.  En esa interacción, no olvidemos que necesariamente debemos:

I.- RESPETARNOS MUTUAMENTE POR NUESTRA UNIÓN CON CRISTO.

II.- TRATARNOS MUTUAMENTE CON EL CARÁCTER DE CRISTO.

III.- ENSEÑARNOS MUTUAMENTE CON LA PALABRA DE CRISTO.

   En verdad, es un privilegio contar con una iglesia aun si esta iglesia no tuviese un templo donde reunirse.  Lo que más vale es la iglesia porque es el conjunto de personas compradas a precio de la sangre de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.