Sep 02

LA DISCIPLINA DEL TRABAJO, Por: Diego Teh.

LA DISCIPLINA DEL TRABAJO

Colosenses 3:22-25.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 2 de septiembre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 11 de la serie: LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO.

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   INTRODUCCIÓN: Los cristianos, por entender la ética bíblica acerca del trabajo, debemos ser trabajadores ejemplares en donde sea que nos corresponda prestar nuestro servicio.  Sin embargo, hay cristianos que simplemente no quieren trabajar porque no les gusta el trabajo que se les ofrece, porque prefieren esperar uno mejor pagado que quizá nunca les va a llegar porque les falta las aptitudes o competencias para ello.  Simplemente no van a trabajar, aunque se les esté agotando el dinero para enfrentar los gastos de la semana o del día en curso.  Son de estas personas que Salomón las describe como perezosos, diciendo: “Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? / Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; / Así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado” (Proverbios 6:9-11). Aunque no tengan para sobrevivir, prefieren no trabajar, no les da ganas, son desidiosos.  La desidia es la “falta de ganas, de interés o de cuidado al hacer una cosa”.  Pero, por otra parte, también están los que, por diversos motivos personales y circunstanciales, trabajan en exceso sacrificando el tiempo para su familia, recreación, amistades, y hasta para su iglesia tratándose de los que son cristianos.  Intencionalmente doblan turnos, se buscan un segundo empleo, o se llevan trabajo a la casa, etc…  De estos son a los que en el Salmos 127 se les dice: “Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño” (Salmo 127:2).  Tanto la desidia, como el exceso de trabajo son actitudes derivadas por errores de comprensión de una ética sana, bíblica, y cristiana acerca del trabajo.

   En el mensaje de hoy, voy a predicarles que para poder ejercer bien cualquier trabajo, es necesario hacerlo con las actitudes correctas que deben volverse disciplinas prácticas.  / ¿Cuáles son las actitudes correctas que deben volverse disciplinas prácticas para poder ejercer bien cualquier trabajo? /  Usando diversos textos bíblicos, les voy a compartir algunas de tales actitudes correctas.

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   La primera actitud correcta que debe volverse una disciplina práctica, que es necesaria para poder ejercer bien cualquier trabajo, es:

I.- TRABAJA CON TODAS TUS ENERGÍAS.

   Hay dos de los tantos proverbios bíblicos acerca de los perezosos, que dicen: El primero: “Como la puerta gira sobre sus quicios, así el perezoso se vuelve en su cama”.  Y el segundo: “Mete el perezoso su mano en el plato; se cansa de llevarla a su boca” (Proverbios 26:14,15).  El perezoso, es aquel que no le gusta o simplemente no quiere trabajar o hacer algo que requiera esfuerzo, porque considera que solamente es un desgaste de energía, por lo que hasta para moverse en su cama o hamaca lo hace con una lentitud increíble.  Y para comer, solamente el llevar su comida a la boca con o sin cuchara, siente por ello que está haciendo un sobre esfuerzo, y prefiere evitar seguir comiendo. En vez de decir: Ya me llené, dice: Ya me cansé.  Imagínese usted, una persona con esas características, ¿cómo llevará a cabo su trabajo? Igual de lento.  Con falta de energía. Es muy probable que no va a querer trabajar, o lo va a dejar a medias, o en caso de que lo haga, lo hará mal.

  ¿Recuerda usted el caso de un hombre que Jesús relató en su parábola de los talentos, a quien su amo posteriormente le llamó “siervo malo y negligente”? (Mateo 25:26).  ¿Qué hizo este hombre con el talento que le tocó? Nada. No hizo absolutamente nada. Solamente invirtió un poco de sus fuerzas para ir a cavar en algún lugar secreto para esconder la moneda que le dieron, y para volver otro día a cavar de nuevo para sacarla y devolverla a su patrón.  En cambio, los otros que recibieron, incluso hasta más talento, a uno le toco dos, y a otro hasta cinco, los cuales todos los días estuvieron prestos a invertir ese dinero para comprar y vender, y así obtener ganancias y duplicar cada uno de los talentos, para devolverle a su patrón el doble de talentos.  Estos sí usaron sus energías, trabajando lo necesario para beneficio de su patrón, e incluso, aunque la parábola no lo dice, pero lo sugiere, debieron haber trabajado más para tener ellos mismos para llevarle a sus familias.  Esos, sí que querían trabajar, y sin duda que usando sus energías de cada día.  En cambio, aquel “siervo malo y negligente”, que tenía las mismas oportunidades que los otros, prefirió descansar lo más que pueda, pues quizá pensó que finalmente el que sería beneficiado sería más el patrón y no él.

   Amados hermanos, cuando se nos haya encargado llevar a cabo algún trabajo, debe hacerse con toda la energía que uno pueda hacerlo.  Es como una expresión de amor, como el que Dios pide para sí mismo, diciendo Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5). No a medias fuerzas, no sin ganas, sino “con todas tus fuerzas”, con energía, con ganas.  Una razón para trabajar con energía, es para que al final del turno o jornada de trabajo, uno entregue una producción suficiente que vaya de acuerdo con el pago que deseamos o esperamos recibir.  No desperdicies el tiempo de tu trabajo. Trabájalo. Te están pagando.

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   La segunda actitud correcta que debe volverse una disciplina práctica, que es necesaria para poder ejercer bien cualquier trabajo, es:

II.- TRABAJA CON TODO TU ENTUSIASMO.

  El apóstol Pablo, en su epístola a los Colosenses, les escribió: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:23).  Ese todo, sin duda que incluye el trabajo.  Pero, una de las primeras indicaciones que da el apóstol es: “hacedlo de corazón”.  Esto de hacerlo de corazón, implica el hacerlo con entusiasmo.  El trabajar con energía, tiene que ver con las fuerzas físicas, pero el trabajar “de corazón” tiene que ver con la actitud emocional y espiritual, que se traduce en entusiasmo.  Es decir, con ganas evidentes que no proceden realmente de las fuerzas, sino del corazón.

   En cuanto a la manera de hacer toda labor de servicio tomando en cuenta que uno es de la fe en Cristo, el apóstol Pablo escribe a los romanos: “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor;” (Romanos 12:11).  Uno de los detalles de cómo se debe hacer cualquier servicio que prestemos como lo es el trabajo, según el apóstol Pablo, debe ser hecho con la actitud de “fervientes en espíritu”.  Ningún trabajo o servicio que se haga, debería hacerse de manera triste, con ánimo decaído, etc… sino con entusiasmo que procede del interior del corazón.  Esto hace necesario que primeramente uno tenga sano su corazón espiritual, dejando que se Jesucristo el gobernante de tu corazón. Cuando Cristo está en el corazón de una persona, su presencia produce entusiasmo para hacer bien todas las cosas buenas que uno hace.

   Por ejemplo, de los que hacemos trabajo pastoral, dice el apóstol Pablo que con el apoyo de los demás creyentes, debemos hacerlo “con alegría, y no quejándose, porque esto no es provechoso” (Hebreos 13:17); es decir, con entusiasmo.  También a los ancianos de iglesia, el apóstol Pedro dice que su labor de apacentar la grey de Dios, lo deben hacer “con ánimo pronto” (1 Pedro 5:2); es decir, también con entusiasmo.  E igualmente, cualquier otro trabajo que uno realice debe ser hecho con entusiasmo.

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   La tercera actitud correcta que debe volverse una disciplina práctica, que es necesaria para poder ejercer bien cualquier trabajo, es:

III.- TRABAJA COMO PARA CRISTO.

   En la explicación de la actitud anterior, les cité las palabras del apóstol Pablo a los romanos, diciéndoles: En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu”, pero concluye con una instrucción altamente esencial, diciendo: “sirviendo al Señor; (Romanos 12:11).  Todo lo que uno hace debe hacerse primeramente como un servicio al Señor, a Dios, a Jesucristo nuestro Señor y Salvador.  Solamente cuando un trabajo es hecho con esta mentalidad, es que puede hacerse con toda sinceridad para el bien de la persona, empresa, u organización humana que recibe el beneficio de nuestro trabajo.

   Este mismo principio de servicio al Señor, en todo lo que hacemos, especialmente en el área del trabajo, es también enseñado por el mismo apóstol a los Efesios, a quienes dice: “Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; / no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; / sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres” (Efesios 6:5-7).  De estas palabras se enfatiza primero que el trabajo que uno realiza debe ser hecho “como a Cristo / no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo” (vv. 5,6); y luego añade: “sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres” (v. 7).  Cuando uno lo hace con esta mentalidad de que al trabajar es también servir al Señor, uno puede con todo entusiasmo obedecer las instrucciones del patrón, y uno puede saber también que cualquiera que sea el trabajo que esté realizando, justamente el trabajador está “haciendo la voluntad de Dios”.

   Amados hermanos, cuando uno realiza su trabajo con la consciencia de que lo hace “como a Cristo”, uno hace su trabajo de manera muy responsable.  Uno, no le roba tiempo de trabajo al patrón, sino que completamente dedica todas sus horas de trabajo para sacar adelante el bienestar del patrón o su empresa.  Uno, no trabaja solamente cuando el patrón, su representante, o su supervisor comisionado está junto al trabajador viendo que cumpla su trabajo, porque antes que cualquier cosa, el trabajador cristiano está muy consciente de que Cristo el Señor, le está observando.  En otras palabras, para quien sea que estemos trabajando, debemos tener en mente que lo estamos haciendo “como a Cristo”, y entonces así, podemos ser más productivos, responsables, y ejemplares.

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   La cuarta actitud correcta que debe volverse una disciplina práctica, que es necesaria para poder ejercer bien cualquier trabajo, es:

IV.- TRABAJA CON EXCELENCIA.

   Un trabajo hecho por un cristiano debe ser un trabajo excelente, o sea, siempre bien hecho.  La razón por el que el cristiano debe trabajar con excelencia, proviene del carácter excelente de Dios quien creó al ser humano y depositó en él su imagen y semejanza.  Es decir, Dios es el primer trabajador por excelencia.  Tan solo el relato de Génesis 1 que nos describe que Dios hizo en un lapso de seis días todo lo que existe en el universo, especialmente en la tierra, lo convierte en un trabajador por naturaleza.  Luego, cuando Él contempla su obra de creación, Moisés el autor que relata tal contemplación de Dios, dice: Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31a).  En otras palabras, su creación no había sido mezquina, sino excelente.  Su trabajo era y sigue siendo excelente.  Dios como trabajador en todos los sentidos es excelente.

   Luego, por el hecho de que Dios hizo al hombre “a su imagen” (Génesis 1:27), sin duda que puso en él, la virtud o capacidad de hacer todas las cosas con excelencia.  Aunque es verdad también que desde que el primer pecado alcanzó a Eva y a Adán, toda su descendencia que nos incluye a nosotros, quedamos incapaces de ser absolutamente excelentes, porque la imagen de la excelencia de Dios quedó empañada en la humanidad, también es verdad que los que ahora creemos en Cristo, somos restaurados en cuanto a la imagen de Dios, de tal manera que por la obra redentora de Cristo, todos y cada uno de los cristianos somos hechos ahora una “nueva criatura” (cf. 2 Corintios 5:17), como si fuésemos creados de nuevo y se nos haya infundido nuevamente la imagen de la excelencia de Dios.

   Amados hermanos, cualquiera que sea el trabajo que llevamos a cabo, debemos hacerlo con la excelencia de Dios que se refleja en nuestra vida restaurada.  Por eso, el apóstol Pablo a los mismos cristianos Efesios, les dice que ahora: “somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).  En nuestra nueva creación de restauración, fuimos hechos nuevas criaturas, ¿para qué? “para buenas obras”.  Estas “buenas obras”, se logran cuando las hacemos intencionalmente con excelencia en el nombre de Cristo.   Así que, hermanos, somos las personas mejores calificadas para trabajar haciendo absolutamente todo con excelencia.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ninguno de nosotros sea desidioso o desganado para el trabajo.  También ninguno trabaje en exceso por adicción, teniendo que descuidar por el trabajo, otras áreas de nuestra vida que requieren nuestro tiempo, como la familia, la iglesia, y Dios mismo, sobre todo.  Pero, cuando estemos en el trabajo, hagámoslo con estas cuatro actitudes que hoy les he compartido: 1) TRABAJA CON TODA TU ENERGÍA; 2) TRABAJA CON TODO TU ENTUSIASMO; 3) TRABAJA COMO PARA CRISTO; y 4) TRABAJA CON EXCELENCIA.  Todas estas actitudes son necesarias en todos nosotros los que somos cristianos.  En Cristo hemos sido restaurados para hacer nuestro trabajo como Dios lo esperó siempre desde el principio.

   Que Dios nos bendiga a todos en nuestros respectivos trabajos.