Abr 21

SOLO JESÚS SUPERA TODO PODER ANTES GLORIOSO, Por: Diego Teh.

SOLO JESÚS SUPERA TODO PODER ANTES GLORIOSO.

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Éxodo 34:27-35; y 2 Corintios 3:7-18.

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Predicado por el Presbítero: Diego Teh Reyes, el domingo 21 de abril 2019, a las 18:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

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Este sermón corresponde al número 08 de la serie: SOLO JESÚS.

   INTRODUCCIÓN: El apóstol Pablo explicándoles acerca de lo importantes que es Jesucristo, les escribió que: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. / Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. / Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; / y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, …” (Colosenses 1:15-18b); pero al final de este versículo 18 dice que todo esto acerca de Jesús es: “para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses 1:18c).

   Según un diccionario en línea, la palabra preeminencia, significa: Privilegio, exención o ventaja de que goza una persona por razón o mérito especial.  Dios ha querido que Jesús tenga esta preeminencia porque él mismo por naturaleza debe tener la preeminencia en todo, y porque además también se lo ha ganado con todo lo que hizo por nosotros los pecadores.  Por eso, también a los filipenses, el apóstol Pablo, les dice acerca de esta preeminencia de Jesús: Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, / para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra” (Filipenses 2:9-10).

   Por eso, en este mensaje, basado en nuestra lectura bíblica de 2 Corintios 3:7-18, les voy a predicarles un poco acerca de la preeminencia de Jesucristo resucitado, resumido en las siguientes palabras: La gloria del Señor Jesucristo supera para nuestro bien eterno, todos los PODERES antes gloriosos.  Le llamo: PODERES antes gloriosos, porque cada uno de ellos, antes de la muerte y la correspondiente resurrección de Jesucristo, ERAN gloriosos, porque podían tener el control espiritual y hasta eterno de un ser humano, pero después de la obra redentora de Cristo, perdieron su capacidad gloriosa, siendo ahora Jesucristo, superior a todos ellos, pues en este caso él también es preeminente sobre ellos para nuestro bien espiritual y eterno. / ¿Cuáles son estos PODERES antes gloriosos, que Jesucristo supera, es decir, que sobre ellos él es preeminente, y esto para nuestro bien eterno? / En nuestra lectura bíblica de 2 Corintios 3:7-18, San Pablo presenta tres de estos PODERES antes gloriosos que fueron superados por el Señor Jesucristo para nuestro bien eterno.

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   El primer PODER antes glorioso que es superado por la preeminencia de Jesucristo, es:

I.- LA MUERTE.

   Refiriéndose a la ley de Dios, el apóstol Pablo les dice a los Corintios: “Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer” (v. 7).  Observe usted primeramente que la ley de Dios tenía un poder llamado por San Pablo: “ministerio de muerte”.  Cada letra, grabada en las tablas de los Diez Mandamientos, tiene como objetivo principal que toda persona se dé cuenta que somos tan incapaces de cumplirlos a la perfección, al mismo tiempo que su objetivo es también que sepamos que la sentencia para quien no cumpla alguno de todos ellos, es la muerte.  Ese es el poder de la ley, del cual también dice que: “fue con gloria”.  Al decir, que: “fue con gloria”, es que ya no es, sino que “fue”, porque Jesucristo en su resurrección venció la muerte.

   Adicionalmente del poder propio de cada letra de la ley, como resultado del encuentro de Moisés con Dios, Dios quiso que durante un tiempo limitado, el rostro del profeta Moisés, sin que él lo sintiese o notase, quede brillante como señal del poder de la ley que acaba de recibir.  Es por eso que San Pablo les explica a los Corintios que: “los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro”, pues mirarla podía provocar la muerte o ceguera por lo menos, por lo que el mismo Moisés al saber de lo que ocurría en su rostro tuvo que cubrir su rostro como señal de misericordia para que la gente no muera al mirar la gloria (cf. Éxodo 34:33-35).  Pero, es relevante que, de aquella gloria en el rostro de Moisés, san Pablo dice: “la cual había de perecer”.  La gloria en el rostro de Moisés, era solamente una débil expresión de la poderosa ira mortal de Dios para el pecador que al desaparecer del rostro de Moisés, prefiguraba que el mismo poder glorioso de la ley, también iba a finalizar, lo cual ocurre cuando Jesucristo vence el poder de la muerte que no le retuvo ni en el infierno, ni en la tumba.

   Amados hermanos, ahora que Jesús resucitó, exclamemos llenos de fe, como San Pablo exclama felizmente a los Corintios, diciéndoles: “¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (Cf. 1 Corintios 15:55).  La muerte “fue” gloriosa, pero ya no es más para nosotros un poder glorioso, porque Jesús le venció en su resurrección.  Solo Jesús superó el poder antes glorioso de la ley: la muerte.  Ahora, el glorioso es Jesucristo, porque él vive para siempre.

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   El segundo PODER antes glorioso que es superado por la preeminencia de Jesucristo, es:

II.- LA CONDENACIÓN.

   El apóstol Pablo les explica a los Corintios, acerca de otro poder que en su momento también fue glorioso.  Acerca de ello dice: “Porque si el ministerio de condenación fue con gloria, mucho más abundará en gloria el ministerio de justificación” (v. 9). También observe usted primeramente que este otro poder antes glorioso, también es llamado por San Pablo como: “ministerio”, específicamente: “ministerio de condenación”.  Se trata del mismo poder de la ley de dar por sentenciado a muerte a un infractor de cualquier mínimo detalle acerca de la voluntad de Dios.  Pero, cuando habla de condenación, tiene una connotación más fuerte que solamente muerte.  Se refiere a la realidad de ser separado eternamente del Dios verdadero que ha sido ofendido por un pecador.  A esto se refiere la palabra condenación en el contexto del apóstol Pablo.

  Pero, observen que el poder de la condenación no era débil, sino que al respecto también dice que: “fue con gloria”. Al decir que: “fue”, es porque su poder ya no es porque ahora es superado por Jesucristo.  Es por eso que el mismo Pablo, en su epístola a los Romanos, les dice: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. / Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:1-2). Jesús vino a dar su vida, para que el MINISTERIO DE CONDENACIÓN que estaba a cargo de la ley ya no nos meta ni deje en condenación. Jesús fue quien recibió la condenación que cada uno de nosotros deberíamos recibir por determinación de la ley de Dios.  Es por eso que podemos afirmar que SOLO JESÜS SUPERÓ LA CONDENACIÓN antes gloriosa; esto es por medio de su resurrección al no quedar bajo condenación, por lo que ahora el único glorioso es Jesucristo.

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   El tercer PODER antes glorioso que es superado por la preeminencia de Jesucristo, es:

III.- LO TEMPORAL.

  Ahora, en los versículos 10 al 13 leemos lo siguiente: “Porque aun lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente. / Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece. / Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza; / y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro, para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido” (VV. 10-13).  Estos versículos hablan “de lo que fue glorioso” (v. 10a), de “lo que perece tuvo gloria” (v. 11a), “de aquello que había de ser abolido” (v. 13c), o sea de cosas temporales que dejarían de tener el poder que antes tuvieron.  Aunque se refieren directamente a los efectos de la misma ley de Dios, no se descarta que se trata de cualquier otra cosa temporal que pueda existir aquí en la tierra y que es capaz de atrapar a cualquier persona con tal de perderse las dádivas de Dios que son más gloriosas que todo lo que el mundo sin Dios ofrece.

   Pero, el versículo 10, haciendo una comparación de “lo que fue glorioso, no es glorioso en este respecto, en comparación con la gloria más eminente”; esta gloria “más eminente” es la gloria de Cristo resucitado, que en vez de cosas temporales, nos tiene nada menos que algo eterno llamado “vida eterna”.  Es por eso que el apóstol Pablo dice: Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).  La gloria más eminente, en la que Cristo es preeminente no es temporal, sino que es eterna.  Es la dádiva de la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro, el que es preeminente en todo.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, el día de hoy nos hemos estado adoctrinando con el conocimiento histórico de la resurrección de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  Este conocimiento, nos trae seguridad de que para nosotros, la muerte, la condenación, y las cosas temporales ya no son poderes que nos puedan dañar para nuestra eternidad con Dios.  Jesucristo, ha sido y sigue siendo nuestro único y al mismo tiempo supremo salvador de todo ello.  Nadie, fue capaz de hacer por nosotros todo eso y más. Solamente Jesús superó para nuestro bien eterno todos los poderes antes gloriosos que solamente nos condenaban a la muerte para toda la eternidad.  Es por eso que San Pablo les dice a los romanos: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? / […] / Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. / Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, / ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:35,37-39). Gracias a Cristo resucitado “en todas estas cosas somos más que vencedores”.  Por eso, en su primera epístola a los Corintios, San Pablo les había dicho también: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57).  Ahora, el glorioso es Jesús delante de todos aquellos poderes que antes fueron gloriosos. Solo Cristo es nuestro Salvador.