Dic 03

LEYES PARA FORMAR PARTE DEL REINO DE LOS CIELOS, Por: Diego Teh.

LEYES PARA FORMAR PARTE DEL REINO DE LOS CIELOS

Mateo 3:1-12.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la Congregación “Ebenezer” de la col. San José Tecoh, de Mérida, Yucatán; el domingo 03 de diciembre 2017, a las 18:30 horas; como tema del segundo domingo de Adviento.

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   INTRODUCCIÓN: No era la celebración de los días de adviento tal como ahora lo celebramos durante cuatro domingos antes de Navidad, a veces 21 o a veces 28 días, según nuestro calendario litúrgico cristiano.  Pero todos los israelitas desde tiempos del rey David, especialmente desde que desaparecieron los dos reinos que llegaron a constituir los israelitas (el reino de Israel o del Norte desapareció como reino desde 721 a.C; y el reino de Judá o del Sur desapareció como reino desde 606 a.C.); todo el pueblo de Dios estaba esperando la restauración del reino, esperando al Mesías divino que Dios enviaría a todo el pueblo descendiente de Jacob/Israel.  Podemos decir que también ellos estaban en su adviento del nuevo reino.

   En el contexto de nuestro pasaje bíblico, el Mesías prometido ya había nacido hacía 30 años, pero mucha gente no lo sabía.  Unos seis meses antes del nacimiento del Mesías, también nació un niño que fue llamado Juan, quien posteriormente por el oficio religioso que desempeñó fue conocido como Juan el Bautista.  Cuando este Juan tenía pocos meses después de haber cumplido 30 años, Dios lo llamó para ser profeta tanto para los judíos como para los demás israelitas.  Su mensaje estaba centrado en la relevancia del reino que los judíos y demás israelitas piadosos anhelaban tener.  En su mensaje, Juan se los proclamaba diciendo: “…El reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 3:2).

   Hoy les predicaré acerca de este episodio de la historia bíblica, estando litúrgicamente en nuestro adviento esperando recordar no la fecha sino la realidad del nacimiento del mismo Mesías que trajo el reino de los cielos a este mundo.

   Basado en la parte del relato que hemos leído, Mateo 3:1-12, les voy a predicar que, el reino de los cielos es para toda persona que obedece las leyes divinas de este reino. / ¿Cuáles son las leyes divinas del reino de los cielos que toda persona que quiera formar parte de este reino debe obedecer? / En este mensaje les voy a compartir algunas de estas leyes divinas que toda persona debe obedecer para ser parte de este reino.

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   La primera ley divina que toda persona debe obedecer para formar parte del reino de los cielos, es:

I.- EL ARREPENTIMIENTO FUNDAMENTAL.

   En primer lugar, observemos que la primera palabra que debió haber salido de la boca del profeta y bautizante Juan, fue: Arrepentíos”, al mismo tiempo que aclara que la necesidad de este arrepentimiento es: “porque el reino de los cielos se ha acercado. / Pues éste es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas” (Mateo 3:2-3).  También cuando dice: “Preparad el camino del Señor”, está enfatizando que toda persona debe prepararse para recibir al Señor del reino de los cielos, a Jesucristo.  Esta preparación es el arrepentimiento que prepara el corazón humano como camino para que el reino de los cielos sea establecido en el corazón de un pecador.

   Lamentablemente mucha gente, se prepara para recibir la navidad solamente como una ocasión social, olvidando al Señor de este reino de los cielos. Mucha gente se prepara, pero con dinero para poder darse algunos lujos y placeres convirtiendo esta divina ocasión, solamente en ocasión de fiestas, olvidando la necesidad e importancia de vivir con arrepentimiento.

   El arrepentimiento no fue establecido ni por Juan el Bautista, ni por institución o persona alguna sino por Dios desde los comienzos de la humanidad.  En toda la historia de los israelitas tanto en su tiempo de esclavitud en Egipto, como durante su peregrinaje en el desierto, así como en el tiempo de gobierno por medio de jueces y luego en su etapa de reino unido y aun dividido en dos, una y otra vez les fue requerido por Dios que procedan al arrepentimiento cuando descartaban a Dios de su agenda de vida.  Con la llegada de Jesús se sigue llamando a las personas al arrepentimiento como lo hizo Juan el Bautista a las multitudes.  Jesús mismo tuvo como énfasis en su ministerio la predicación del arrepentimiento (cf. Mateo 4:17).

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   La segunda ley divina que toda persona debe obedecer para formar parte del reino de los cielos, es:

II.- EL BAUTISMO TESTIMONIAL.

   Mateo al describir la respuesta de la gente al llamado de arrepentimiento que proclamaba Juan el Bautista, relata: Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, / y eran bautizados por él en el Jordán” (Mateo 3:5-6a). Desde luego que cuando en una persona hay verdadero arrepentimiento, es su privilegio recibir el bautismo, pero nadie debe recibirlo sino hay en él un arrepentimiento confesado y evidente. Nadie que esté verdaderamente arrepentido debe quedar sin ser bautizado.  Toda persona arrepentida de su pecado debe recibir el bautismo. No aceptar el bautismo significa no estar verdaderamente arrepentido, pues si lo hubiera no habría objeción alguna para no aceptarlo.

   El bautismo, desde el comienzo de su práctica siempre fue como hasta el día de hoy, el símbolo cristiano del lavamiento espiritual que el Espíritu Santo de Dios realiza en la vida de una persona que verdaderamente está arrepentida de haber vivido o de estar viviendo inclinado a hacer lo que es malo.   El bautismo, desde los comienzos de su práctica, como hasta el día de hoy, ha sido también un acto público para comunicarle a la gente que uno ha abandonado y está abandonando cada día los ofrecimientos mundanos pecaminosos para entonces iniciar un caminar bajo las leyes del reino de Dios.  Es por eso que si uno está verdaderamente arrepentido no debe menospreciarlo sino recibirlo por lo que significa y por lo que testifica.

   Y para aclarar: El bautismo tampoco fue invención de Juan el Bautista, ni de la religión de los judíos, sino que fue establecido por Dios mismo por medio de Juan el Bautista, e instituido formalmente por Jesucristo como sacramento público con el cual una persona arrepentida da a conocer a todo mundo, que el Espíritu Santo de Dios está lavando, regenerado, y restaurando su vida por estar de acuerdo en renunciar su entrega al pecado.

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   La tercera ley divina que toda persona debe obedecer para formar parte del reino de los cielos, es:

III.- LA CONFESIÓN DE PECADOS.

   Después de la descripción que dice: Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, / y eran bautizados por él en el Jordán” (Mateo 3:5-6a); Mateo añade que la gente además de recibir el bautismo de Juan, venían a bautizarse “confesando sus pecados” (Mateo 3:6b).  Esto es claro; Mateo no está diciendo que primero se bautizaban y luego confesaban sus pecados. Una persona que no está demostrando arrepentimiento, y que en consecuencia no confiesa sus pecados a Dios, no debe ser bautizada, y ni siquiera lo debe solicitar, a menos que primeramente se haya arrepentido de sus pecados.   La confesión de los pecados de aquellas gentes de Jerusalén, Judá, y demás localidades, no la presentaban a Juan el Bautista, sino a Dios.  En la actualidad la confesión de pecados también no tiene que ser presentada ni al pastor ni a otro oficial de una iglesia, sino directamente a Dios.

   Ser bautizado, o incluso tomar la santa cena, o recibir beneficios de una iglesia local, mientras en uno no haya arrepentimiento, y mientras no haya confesión de los pecados a Dios, las cosas externas o privilegios que uno reciba, a pesar de que sean legítimos comunicadores de los beneficios de la gracia de Dios, no van a hacer el efecto santificador que un miembro del reino de los cielos aquí en la tierra debe estar experimentando.

   Y otra vez recalco: La confesión de pecados no fue innovación de líderes religiosos del cristianismo, sino también de Dios mismo.  Es por eso que usted no tiene que confesarle sus pecados a persona alguna sino solo a Dios por la mediación del nombre de Jesucristo, por el cual y por quien uno recibe eficazmente el perdón de pecados.  Por eso, es necesario que una persona que pertenece o desea pertenecer al reino de los cielos, reconozca permanentemente su condición de pecador, y que no dominicalmente sino diariamente sea responsable en confesar sus voluntarios e inevitables y a veces involuntarios pecados. Nadie comete pecado una sola vez por semana, y no siquiera uno por día, sino inevitablemente pecamos en cada pensamiento, en cada palabra, y en cada acción, y necesitamos identificar cuál fue el pecado cometido, y confesarlo a Dios inmediata y oportunamente.

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   La cuarta ley divina que toda persona debe obedecer para formar parte del reino de los cielos, es:

IV.- LA EVIDENCIA CON FRUTOS.

   Cuando Juan el Bautista observa que mucha gente estaba viniendo al río Jordán para recibir el bautismo, al mismo tiempo se da cuenta que muchos de ellos como también es evidente en la actualidad no había en ellos arrepentimiento, sino solamente buscaban ser vistos por la gente como si fueran personas verdaderamente piadosas, que en la realidad no lo eran.  Juan, a estas personas les exhorta diciéndoles: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, / y no penséis decir dentro de vosotros mismos: A Abraham tenemos por padre; porque yo os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras” (Mateo 3:8,9).  Muchos de aquellos estaban confiados en su estatus familiar por haber nacido en una familia cuyos ancestros fueron verdaderos piadosos y temerosos de Dios, a quienes Dios les tenía dicho que Él sería el Dios de sus descendientes.  Estos descendientes pensaban que por la fe de sus ancestros, y que por la misma promesa de Dios, automáticamente ellos ya tenían asegurada su aceptación por parte de Dios, aunque estos llevaran una vida impía sin arrepentimiento alguno.  Es entonces que Juan les dice: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento”.   Dios siempre quiere ver los frutos de una vida arrepentida.

   Jesús, a una de las iglesias mencionadas en el Apocalipsis que había fallado en su vida piadosa, recibe de Dios la instrucción: “…arrepiéntete, y haz las primeras obras” (Apocalipsis 2:5a).  Esto quiere decir que si en verdad hay arrepentimiento en los que se reúnen en determinada iglesia local, tal arrepentimiento debe evidenciarse en las obras, acciones, y conductas, de cada creyente en particular.

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   La quinta ley divina que toda persona debe obedecer para formar parte del reino de los cielos, es:

V.- LA CENTRALIDAD DE JESÚS.

   Juan el Bautista, a pesar de haber tenido un ministerio exitoso que nunca más ni antes ni después tuvo algún siervo de Dios, no se exaltó a sí mismo, sino que en sus mensajes públicos tenía que hacer una pertinente aclaración.  Él decía a la gente que ministraba: “Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11).  Siempre centralizó su proclamación no en él mismo, ni el fariseísmo o saduceísmo como se fuera proselitista de alguna secta o religión, sino en la persona según él decía, de “el que viene tras mí”, refiriéndose nada menos a uno mayor que profeta, a uno mayor que simple humano, a Jesús el mismo Hijo de Dios.

   En el reino de los cielos, el más importante no es ni un ser humano, ni el conjunto de personas que somos los hijos del reino, sino Jesús el Hijo de Dios, el Rey de Reyes.  El reino de Dios ya está presente en esta tierra mediante la obra de Jesús aplicada por su Espíritu Santo en el corazón de los seres humanos que vivimos con arrepentimiento día a día; por lo que es aquí en la tierra misma que debemos tener a Jesús como el centro de toda nuestra experiencia diaria y cotidiana. Jesús no solamente es y será el centro de atención en la eternidad, sino que también ahora y aquí en la tierra, en la casa, en la iglesia, en el trabajo, en la familia, en lo público y aún en lo secreto, el personaje central de toda nuestra experiencia, debe ser Jesús.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, la navidad nos recuerda la llegada de Jesucristo el Rey del Reino de los cielos, quien en su nacimiento y en toda su obra redentora nos trajo dicho reino a la tierra, o más bien trajo su reino a los corazones que se arrepienten, y que evidencian estar verdaderamente arrepentidos. Que estos días de adviento, mientras esperas el día y la temporada de la navidad, y aún después de estas temporadas litúrgicas del calendario cristiano, vive con arrepentimiento de los pecados que has cometido y estás cometiendo, y que no te hacen nada feliz.  Centra tu vida en Jesús porque solamente en él puedes formar parte del reino de los cielos, y porque solamente por él y en él puedes permanecer en este reino eterno.  No dejes de practicar la confesión diaria de tus pecados para recibir el perdón de Dios y así vivir santificado todos los días.  Demuestra con tu vida y acciones que de verdad estás arrepentido de pecar, porque ahora tu deseo no es el mundo y sus maldades, sino el reino de los cielos.

Nov 12

VESTÍOS DEL SEÑOR JESUCRISTO, Por: Diego Teh.

VESTÍOS DEL SEÑOR JESUCRISTO

Romanos 13:12-14.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Luz de Vida” de la col. Bojórquez, de Mérida, Yucatán; el domingo 12 de noviembre 2017, a las 11:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: En la ciudad de Brazzaville, República del Congo, en África, un país donde impera la precariedad, hay una sociedad de personas, llamados “Los Dandis”[1], cuyo único objetivo es vestirse de lo más elegante; la mayoría de ellos son gente pobre, pero su mayor orgullo es vestirse bien. Salen a la calle, luciendo sus mejores trajes exclusivos de marcas como Yves Saint Laurent, Kenzo o Giorgio Armani, sin faltar un par de zapatos Weston.  Todo esto para que la gente los admire al pasar. Muchos no tienen casa, ni auto, pero tienen un guardarropa que les cuesta una fortuna.  El movimiento comenzó cuando los militares congoleños, que lucharon en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, regresaron a su casa en África y trajeron la moda parisina con ellos. Se reunían habitualmente en fiestas que ellos mismos creaban para poder lucir sus modelos, hasta que al final crearon la Sociedad de Ambientadores y Personas Elegantes (SAPE) para recrear el mito de la elegancia francesa.  Los años ochenta fueron devastadores para el Congo tras tres guerras civiles consecutivas. Los sapeurs desaparecieron por completo de la vida social. No eran tiempos de pensar en colores y marcas de ropa.  Pero con la superación de aquella terrible época, a principios de este siglo XXI, los dandis volvieron a aparecer con más fuerza y ganas que nunca bajo el lema “Dejemos las armas y vistámonos elegantemente”. Incluso ha vuelto a ganar visibilidad internacional tras la publicación del libro Gentlemen of Bacongo (Los caballeros de Bacongo) de Daniele Tamagni. En este libro se recogen cientos de fotos y testimonios de los actuales dandis del Congo.  Pero hoy les voy a hablar de otra forma de vestir mucho mejor que la de los dandis del Congo.

   La frase que escogí para predicarles en este momento se encuentra en el versículo 14, que dice: “vestíos del Señor Jesucristo” (Romanos 13:14). En el contexto de esta exhortación, el apóstol Pablo haciendo uso alegórico de que después de la noche obviamente llega el tiempo del amanecer, ilustra que la circunstancia del mundo en el cual vivimos es una de tinieblas a horas avanzadas de la noche, sin embargo para los que somos creyentes en Jesucristo, dice: “La noche está avanzada, y se acerca el día” (Romanos 13:12a).  Este día que se acerca es el día de nuestra esperanza de encontrarnos con Jesús en su eterna y divina presencia celestial.  Sin embargo, como todavía estamos viviendo mas no participando en las densas tinieblas de la noche de este mundo, tenemos que vivir vestidos “como de día” (Romanos 13:13), y eso hace necesario que como creyentes e hijos de Dios nos vistamos “del Señor Jesucristo” (Romanos 13:14).

   En este mensaje les voy a predicar que la exhortación apostólica de vestirse del Señor Jesucristo conlleva responsabilidades que deben asumir todos los que se congregan en una iglesia. / ¿Qué responsabilidades deben asumir todos los que se congregan en una iglesia para así estar vestidos de Jesucristo? / De manera específica, voy a compartirles en este mensaje, tres de estas responsabilidades.

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   La primera responsabilidad que conlleva la exhortación de vestirse del Señor Jesucristo, es:

I.- COMENZAR UNA RELACIÓN DE FE EN JESUCRISTO.

   Vestirse de Cristo en realidad comienza en el momento cuando una persona acepta para su vida personal la obra redentora de Jesucristo.  Aunque el apóstol Pablo enviaba sus epístolas a iglesias que se supone están formadas por creyentes, no descartaba que en su comunión hubiese personas que todavía no habían comenzado una relación de fe con Jesucristo. En su epístola a los Efesios les escribió: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, / y renovaos en el espíritu de vuestra mente, / y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:22-24).

 El viejo hombre al que se refiere el apóstol, sin duda que se refiere a Adán, pero más que a Adán, se refiere a la naturaleza pecaminosa que heredamos de él, lo cual hace inevitable que en todo ser humano brote cualquier manifestación de pecado o desobediencia contra Dios, y nos hace merecedores de la ira de Dios.  Pero el nuevo hombre al cual se refiere indicando que es necesario vestirse de él, se refiere a Jesús, el cual no heredó la naturaleza pecaminosa de Adán, sino que inició su naturaleza humana en la misma perfección con la que Adán fue creado desde el principio de la humanidad.  En otras palabras, Jesús es el nuevo Adán, pero un Adán perfecto.  Cuando uno cree en Jesús, siendo él Dios, se inicia en él una relación de fe en Dios que debe permanecer durante toda la vida del creyente.  Desde ese momento se puede decir que el pecador se ha vestido de Jesucristo, porque las perfecciones de Jesucristo comienzan a aplicarse en la vida del creyente con el propósito de que cada creyente sea restaurado al diseño y propósito de Dios para el cual Adán fue creado.

   Estimado oyente, si es su caso que usted no ha comenzado a tener una fe real y sincera en Jesucristo, usted no está vestido de él, y la verdad usted necesita vestirse de Jesucristo mediante la fe en su persona y obra redentora.  Le invito a que comience usted esa experiencia de tener una nueva vestidura divina y salvadora.

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   La segunda responsabilidad que conlleva la exhortación de vestirse del Señor Jesucristo, es:

II.- ACEPTAR LA GRACIA TOTAL DE JESUCRISTO.

   Uno de los textos bíblicos relacionados con el vestirse de Cristo, está relacionado con la palabra bautismo. El apóstol Pablo, en su epístola a los Gálatas, les dijo: “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:27).  De estas palabras hay dos frases que analizar:

   1).- La frase “bautizados en Cristo”, no se refiere al sacramento de agua que es aplicado al creyente o a sus hijos, por lo que debe tratarse de un bautismo no de agua sino extraordinario.  También cuando dice “que habéis sido bautizados en Cristo”, tampoco indica que se trate de acción alguna que haya sido hecha por un ministro del evangelio, pues es evidente que se trata de una gracia aplicada de manera invisible en una persona; lo cual es una indicación de una obra divina aplicada por la pura y libre gracia al pecador que recibe un vestido nuevo que es Cristo mismo para reemplazar su vestido viejo que es el del pecado.  Este bautismo en Cristo, es un lenguaje figurado que aquí solamente describe la realidad de la comunicación de los beneficios que inmerecidamente recibe el pecador.  Lo que el apóstol les estaba aclarando es que su nueva vida ya no de condenación sino de salvación no depende de alguna obra humana sino totalmente de la gracia divina de Cristo.  Lo único que han tenido que hacer es aceptarla como una gracia inmerecida que Dios les había otorgado.

   2).- La frase “de Cristo estáis revestidos”, también es otra expresión en lenguaje figurado que expresa la realidad de un cambio de condición en la vida de un pecador que ha aceptado para su vida la gracia inmerecida de Cristo.  El lenguaje figurado se toma de una costumbre romana de que los padres de familia cuando sus hijos tenían entre seis o siete años los entregaban en manos de sus esclavos de mucha confianza para que ellos sean sus maestros de una vida moral disciplinada.  Esto llevaría un tiempo como de seis años, como si fuera la educación primaria de nuestro sistema educativo nacional.  Según John Walvoord, y Roy Zuck, en su libro: El comentario del conocimiento de la Biblia, dicen que “estos esclavos eran excesivamente severos con la disciplina y estaban encargados de guardar a los niños de la maldad de la sociedad y darles entrenamiento moral”.  Y luego, Walvoord y Zuck, explican que cuando el niño alcanzaba suficiente madurez, se le daba una bata o toga especial; la cual, era un símbolo de que adquiría todos los derechos en la familia[2].  Es de esta costumbre que el apóstol Pablo ilustra a los Gálatas creyentes, diciéndoles: “de Cristo estáis revestidos”.  Y esto, también es otra manera de expresar que una persona no puede hacer nada por sí mismo para su salvación, pues ha sido Jesucristo quien ha hecho todo a favor del pecador que crea en él.

  Amados hermanos, el contexto en el que el apóstol Pablo habla del revestimiento del creyente, tiene que ver con la Ley de Moisés que para toda persona es una dura sentencia que solamente hace ver que el pecador es alguien que merece la aplicación de la ira de Dios sobre él; sin embargo, Cristo ha librado de los duros efectos condenatorios de la Ley, a todo aquel quien cree en él.  Este es su bautismo o beneficio en Cristo, que dicho alegóricamente a la luz de la costumbre romana de dar un vestido especial al joven que ha sido severamente instruido, el cristiano ha sido revestido de Cristo.  Así que quien ha comenzado una relación de fe en Jesucristo, tiene también que aceptar que nada depende de él, sino que todo depende de Jesucristo.  Quien sigue intentando ganar el favor de Dios, es que no ha entendido que la salvación es gratuita.  Y quien quiere hacer algo de procedencia humana para obtenerla o conservarla está menospreciando la gratuidad de una obra divina que ha sido hecha en su totalidad a favor de quien solamente tiene que creer y aceptar que así funciona la gracia de Dios.  Y en este caso, el apóstol Pablo, según las diversas traducciones en español, coinciden en que dice a los mismos Gálatas: “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (Gálatas 5:4, RV60); “Aquellos de entre ustedes que tratan de ser justificados por la ley han roto con Cristo; han caído de la gracia” (Gálatas 5:4, NVI); “Ustedes, los que quieren ser reconocidos como justos por cumplir la ley, se han apartado de Cristo; han rechazado la generosidad de Dios” (Gálatas 5:4, DHH); “Los que quieren que Dios los acepte por obedecer la ley, rechazan el amor de Dios y dejan de estar unidos a Cristo” (Gálatas 5:4, TLA).  Es claro. Hay que aceptar que la salvación es por gracia total de Jesucristo, en caso contrario deja de haber unión con Cristo, y no hay ninguna vestidura de Cristo para la persona que piense y actúe así.

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   La tercera responsabilidad que conlleva la exhortación de vestirse del Señor Jesucristo, es:

III.- VIVIR NO SIGUIENDO LAS COSTUMBRES DE LAS TINIEBLAS.

   Seguramente usted ha visto las películas inspiradas en los escritos de James Luceno, de la serie: Guerra de las galaxias.  Uno de sus personajes en el episodio III: La venganza de los Sith, (la orden de los Caballeros de Sith), se llama “Dark Vador” o Darth Vader, ¿ha observado usted cómo se viste este personaje? El usa capa, casco y botas, todo negro.  Pero, lo que quiero enfatizar es: ¿sabe usted lo que significa su nombre? “Dark” quiere decir “Oscuro”. La connotación de su nombre, es que él pertenece a las tinieblas, o sea que está con el “lado oscuro”.  En cuanto a “Vador” suena como derivado del lenguaje vikingo, ostentando matices bélicos de “invasor violento aliado con el mal”.  Su personaje es una ilustración del ambiente y conducta que no debe practicar un creyente en Jesucristo.

   En nuestro texto bíblico, el apóstol Pablo dice: “Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. / Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia” (Romanos 13:12b,13). Por supuesto que esto es solamente una breve lista de todo lo que se hace en las tinieblas de pecado.  Las obras de las tinieblas, también son conocidas en la palabra de Dios como obras de la carne, y son tantas como ideas perversas que vengan a la mente del ser humano no regenerado. Son conductas que no corresponden a los hijos de Dios, para que no vivamos en el lado oscuro, sino en la luz de Cristo.

   Amados hermanos, el Señor Jesucristo es el mejor vestido que podemos portar para poder conducirnos apropiadamente en medio de un mundo que vive en la oscuridad de pecado.  Usted está en el mundo, pero usted no es del mundo.  Usted es de un reino y una ciudadanía celestial, por lo que tiene que vivir no conforme a los antivalores de este mundo, sino conforme a los valores del reino de Dios.  Usted no tiene que vivir conforme a la oscuridad de este mundo sin Cristo y sin Dios en su vida.

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   CONCLUSIÓN: El vestirse de una persona, como en la frase “vestíos del Señor Jesucristo”, es para nuestro idioma español una frase no muy entendible, pero para los griegos y en el contexto en el que apóstol Pablo lo escribe a los romanos, ellos entendían que se trataba de imitar a Jesucristo, o sea, ser como él.  Esta es la razón de vestirse de Jesucristo.  Si usted no se ha puesto la vestidura de Cristo, es tiempo de comenzar ahora creyendo en la persona y obra de Jesucristo.  Si usted ya se ha vestido de Jesucristo creyendo en él, ahora tiene usted que vivir aceptando que la salvación no depende de usted sino todo depende totalmente de Cristo, pues solamente así seguirá vestido de él.  Además, ahora usted tiene que vivir no siguiendo las costumbres de las personas que viven sin Cristo en la oscuridad del pecado.  Usted es de la luz.  Viva usted como Cristo Jesús, pues es por eso que Dios le han vestido a usted de la ‘ropa’ salvadora de Jesucristo.

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[1] Los dandis del Congo,

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[2] Walvoord, John F.,  Zuck, Roy B., “El Comentario del Conocimiento de la Biblia” (“The Bible Knowledge Commentary”), Wheaton, Illinois: Scripture Press Publications, Inc. 1983, 1985.

Jun 04

TODOS FUERON BAUTIZADOS (Parte II), Por: Diego Teh.

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TODOS FUERON BAUTIZADOS (II)

1 Corintios 10:1-4.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Dios está aquí” de la Hda. Lepán, Tecoh, Yucatán; el día sábado 04 de Junio del 2016, a las 19:00 horas; en ocasión del bautismo del infante Yael Alexander Pech Yam, hijo de la hermana Selene Yam Ortiz, Jesús Pech.

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   INTRODUCCIÓN: Hoy continuaré predicando la segunda parte del sermón que intitulé: TODOS FUERON BAUTIZADOS.  Si hay algo que debo resaltar de este texto bíblico no es el tema del bautismo, sino a Cristo.  El apóstol Pablo presenta a Cristo de una manera muy interesante que pocas veces tenemos en mente cuando nos referimos a él.  Pablo, interpretando la ocasión cuando de una roca Dios proveyó agua a los israelitas en pleno caluroso desierto, describe que había una “roca espiritual que los seguía” del cual bebían no agua H2O, sino “bebida espiritual”, entonces afirma que “la roca era Cristo” (1 Corintios 10:4).  Aquello que “los seguía” más bien que los guiaba, ni siquiera era el caudillo Moisés, sino era la nube de la gloria de Jehová. Pero aquella nube especial en la que Dios manifestaba su presencia entre ellos, era nada menos que Cristo presente con su pueblo de aquella época.  Así entendemos que es Cristo quien los bautizó sin agua sino con su presencia, como 1500 años antes de venir a nacer en Belén como un tierno niño dotado de auténtica naturaleza humana.  Aunque la realidad es que Cristo es más antiguo que esta época de Moisés (Aprox. 1500 a.C.), pues en una ocasión Jesús el Cristo dijo que él es más antiguo que Abraham, cuando dijo: “Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58); y Abraham vivió como en el 2000 a.C, 500 años antes que Moisés.  Pero en realidad Cristo es eterno, pue según Pablo, él es antes de todas las cosas” (Colosenses 1:17).  Así vemos en Cristo, un acompañamiento a favor de su pueblo, a través de toda la historia del plan de Dios de salvar a sus elegidos, bautizando con su presencia en la nube a todos los israelitas.

   Entonces, el apóstol Pablo, interpretando el bautismo ordenado por Jesucristo para los creyentes después de su ascensión, lo relaciona con el bautismo de los israelitas, diciendo que “…fueron bautizados en la nube…” (1 Corintios 10:2) que sin lugar a duda era la nube de Cristo mismo bautizando con su presencia.  Por lo que San Pablo nos lleva al pasado para traer al presente el entendimiento de las implicaciones que conlleva el ser bautizado en la actualidad.  /  ¿Qué otras implicaciones conlleva el ser bautizado en la actualidad, además de las que les presenté en la primera parte de este mensaje?  /  Presten atención para entender otras implicaciones que conlleva el ser bautizado en la actualidad.

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   La quinta (primera) implicación de ser bautizado en la actualidad, es que:

V (I).- EL BAUTISMO REPRESENTA UNIÓN CON CRISTO.

   Un detalle de esta analogía inversa de llevar la aplicación del bautismo cristiano a un par de experiencias que vivieron en la nube y en el mar los israelitas de 1500 años atrás, es que San Pablo dice que: todos en Moisés fueron bautizados” (1 Corintios 10:2). ¿Qué significa que en Moisés fueron bautizados, cuando el bautismo no era requerido explícitamente por Dios? Para ayudar nuestro entendimiento, recurramos a otra versión en español que clarifica esta cuestión. La versión DHH haciendo una mejor traducción aplicada al efecto de aquel bautismo especial dice que lo que ocurrió fue que: “todos ellos quedaron unidos a Moisés al ser bautizados en la nube y en el mar” (1 Corintios 10:2, DHH).  ¿Unidos a Moisés? ¿Por qué quedar unido a un ser humano? ¿Tiene esto alguna significancia que San Pablo quiere comunicar?

   En este caso, tenemos que interpretar el texto bíblico según los respectivos contextos que contiene.  Es bueno recordar que muchos de los elementos del antiguo testamento que pueden ser personajes, lugares, eventos, cosas, etc… son tipologías que representan a Jesucristo a quien se esperaba en un futuro desconocido.  Y en el contexto de las palabras de Pablo, y el evento del éxodo en el que Moisés lideró la salida y la peregrinación de los israelitas, Moisés no es Jesucristo pero representaba la acción guiadora de Cristo hacia la verdadera libertad del pecado.  Entonces, el que hayan quedado unidos a Moisés, es una representación de que los que creen en Jesucristo también quedan unidos a Cristo, y eso es lo que se simboliza cuando se aplica el bautismo cristiano.  En el catecismo menor de Westminster con respecto al bautismo, en parte define el bautismo como “un sacramento, en el cual, el lavamiento con agua, en nombre del Padre  del Hijo y del Espíritu Santo, significa y sella nuestra unión con Cristo…”[1].

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   La sexta (segunda) implicación de ser bautizado en la actualidad, es que:

VI (II).- EL BAUTISMO INDICA QUE UNO QUIERE SER DISCÍPULO.

  Ahora, recordemos que la frase todos en Moisés fueron bautizados” (1 Corintios 10:2) significa que “todos ellos quedaron unidos a Moisés al ser bautizados en la nube y en el mar” (1 Corintios 10:2, DHH), pero ¿qué significa que “quedaron unidos a Moisés al ser bautizados” (DHH)?  La TLA añade otro dato que aclara el significado, al decir: “todos fueron bautizados en la nube y en el mar, y así quedaron unidos a Moisés como seguidores suyos” (1 Corintios 10:2, TLA).  El bautismo de aquellos tiene que ver no solamente con unión con Cristo, sino también tiene que ver con la decisión de querer ser un seguidor, lo que en otras palabras llamamos un discípulo, pues la TLA dice que la unión que resultó del bautismo fue para que sean de Moisés “seguidores suyos”.  Entonces, el bautismo especial de los israelitas fue también un símbolo de su decisión de ser seguidores de Moisés, renunciando al mismo tiempo a la gran cantidad de dioses que ellos conocieron en Egipto, y de otras costumbres paganas no acordes con la voluntad del Dios verdadero.

   Cuando leemos el santo evangelio según San Mateo 28, en los versículos que presentan las palabras de Jesús que conocemos como la Gran Comisión, lo primero que notamos es que el mandamiento de Jesús fue: “…haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).  Esta instrucción de Jesús indica que solamente debe ser bautizada una persona que ha aceptado querer ser discípulo de Jesús. Pero tomando en cuenta otras doctrinas fundamentales de la fe cristiana y bíblica como la doctrina del pacto en la que entendemos que cuando una persona adulta abraza la fe en el Dios verdadero, los hijos de este adulto también son incluidos para recibir los beneficios del pacto, excepto la salvación que solo pueden recibirla tanto los adultos como sus hijos solamente si Dios los eligió para salvación.  Mientras tanto, se espera que el adulto que se bautiza ya haya primeramente aceptado ser un discípulo; y si el que se bautiza es un infante, entonces, por lo menos uno de sus padres que tienen a su cargo su instrucción deben ser verdaderos discípulos (seguidores) de Jesucristo.

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   La séptima (tercera) implicación de ser bautizado en la actualidad, es que:

VII (III).- EL BAUTISMO INDICA ACEPTAR A DIOS COMO GUÍA DE LA VIDA.

   Ahora quiero que centremos nuestra atención en uno de los fenómenos teofánicos bajo y mediante los cuales se llevó a cabo el bautismo de los israelitas.  Me refiero a la nube en la que dice San Pablo que “todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar;  /  y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar” (1 Corintios 10:1,2).  Al respecto de la función y naturaleza de aquella nube dice Moisés en el libro del Éxodo que “cuando la nube se alzaba del tabernáculo, los hijos de Israel se movían en todas sus jornadas;  /  pero si la nube no se alzaba, no se movían hasta el día en que ella se alzaba.  /  Porque la nube de Jehová estaba de día sobre el tabernáculo,…” (Exodo 40:36.38a).  En otras palabras, la nube servía de guía a los israelitas para viajar o para acampar, pero aquella nube no era una nube común, sino que Moisés la describe como “la nube de Jehová” (v. 38a).  Entonces, el ser bautizado en la nube implicó que estaban de acuerdo en aceptar que Dios fuera quien les guiara en el viaje hacia la tierra prometida, pues de otro modo se hubieran regresado a Egipto, o se hubiesen apartado de la nube para tomar otra ruta a cualquier otro territorio.

   Amados hermanos, que hemos recibido el bautismo cristiano, y  los que han de ser bautizados algún día, sepamos que ser cristianos y recibir el bautismo cristiano es una expresión pública de que ya no vamos a permitir que otras cosas tomen la guía y el dominio de nuestra vida, sino solamente el único Dios verdadero por medio de nuestro Salvador Jesucristo.  Los magos que vinieron a Herodes en Jerusalén, diciéndole que buscaban a Jesús el rey de los judíos que ya debió haber nacido, dijeron citando que el profeta Miqueas había dicho de la aldea de Belén “…de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel” (Mateo 2:6; cf. Miqueas 5:2).  Jesús no solamente es o fue guiador de los israelitas sino es también el guía universal de los creyentes; por lo tanto debemos ser guiados por él en todos los aspectos de nuestra vida.  El bautismo de un infante como hoy tendré el privilegio de aplicar a Yael, compromete a sus padres pero también a toda la iglesia a procurar que Yael deje que Dios sea su guía durante toda su vida.  Eso es lo que queremos y aceptamos cuando somos bautizados ya sea como adultos o desde la infancia.

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   La octava (cuarta) implicación de ser bautizado en la actualidad, es que:

VIII (IV).- EL BAUTISMO SELLA NUESTRA UNIDAD.

  Un detalle que me llama mucho la atención en estas palabras del apóstol Pablo es que sus destinatarios de Corinto no eran solamente judíos ni principalmente judíos, sino incluyendo a gentiles griegos y romanos, y mayormente a ellos, pero en su introducción al tema del bautismo en la nube en el mar, les dice: “… no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar” (1 Corintios 10:1).  A los no judíos, ni israelitas, les atribuye que los antiguos israelitas fueron para estos Corintios y para Pablo “nuestros padres”.  Para Pablo, sí aplica bien que aquellos antepasados fueran sus padres, pues él sí era descendiente de ellos, según lo describe a los romanos diciéndoles: yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín” (Romanos 11:2), y a los Filipenses cuando les dijo que él es: “…del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos;…” (Filipenses 3:5); pero en el caso de los Corintios no aplica esta atribución genealógica porque eran descendientes de otra familia, aunque no se duda que había entre ellos algunos descendientes israelitas.

   Pero aunque los Corintios no eran descendientes de los hebreos Pablo les dice que aquellos antiguos israelitas son “nuestros padres”.  Entonces, ¿qué les quería comunicar el apóstol Pablo con esta atribución de “nuestros padres”?  El mensaje que Pablo les estaba comunicando es que cuando se cree en Cristo, se eliminan barreras de razas, culturas, niveles sociales, pues no se trata de un rastreo de nuestros orígenes raciales, sino de una nueva fe donde nuestro Padre ahora es Dios; y cuando se recibe el bautismo se sella esta unidad en la que todos sin distinción genealógica pasamos a formar un solo pueblo.  El apóstol les llama “nuestros padres” no por un afán de rastrear una genealogía privilegiada, sino solamente porque aquellos israelitas liberados de Egipto fueron antes que nosotros en la fe.

   Cuando el apóstol Pablo escribe a los Efesios les presupone que ellos son parte de una unidad, y les pide que sean solícitos (o sea, que se esfuercen), en mantener dicha unidad.   Y la razón que les da para mantener dicha unidad es que solo hay entre otras cosas “un bautismo” (Efesios 4:5).  El bautismo es símbolo y sello no solamente de nuestra unión con Cristo, sino también de nuestra hermandad que trasciende a las barreras de raza, color, nacionalidad, idioma, estatus social, etc…, pues cuando estamos en Cristo, todo esto queda en la basura, pues deja de ser lo más relevante para nosotros.  Lo más relevante en nuestra nueva vida pasa a ser Jesucristo.  Así que amados hermanos, todos los creyentes y bautizados en la fe cristiana, no nos sintamos ni superiores pero tampoco inferiores a los demás, porque en Cristo somos uno, y en nuestro bautismo fue sellada nuestra unidad en la que debemos mantenernos.

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   CONCLUSIÓN: Mis amados, en primer lugar: Nadie siendo mayor de 12 años de edad que no haya sido bautizado en su niñez, debe bautizarse si no ha creído y recibido a Jesucristo como su Salvador, pues su bautismo que simboliza y sella nuestra unión con Cristo no tendría ningún efecto, y entonces será un bautismo en vano que no representa la realidad que debería representar a partir de ese momento.  Sin embargo, si como padres bautizamos a nuestros hijos antes de los 12 años, no significa que nuestros hijos son automáticamente salvos por el bautismo, pero con ello manifestamos a Dios que estamos de acuerdo en su pacto de gracia en el que toma en cuenta a nuestros hijos para extenderles su promesa de salvación.  En segundo lugar: Que nadie debe ser bautizado sino está convencido de querer ser discípulo de Cristo, sin embargo cuando bautizamos a nuestros hijos es porque nos comprometemos a enseñarles a ser discípulos de Cristo.  En tercer lugar: Una persona que recibe el bautismo cristiano debe tener cuidado de no vivir bajo sus propias decisiones carnales, o influenciadas por otras personas, doctrinas, o filosofías, sino que debe dejar que su vida sea guiada por Dios por medio de Su palabra revelada en las Sagradas Escrituras.  Y cuando bautizamos a nuestros hijos, como padres asumimos la responsabilidad de enseñarles la palabra de Dios que puede guiar el camino de sus vidas desde su niñez, adolescencia, hasta que sea un adulto maduro y capaz de guiar a su propia familia cuando la tenga.   Y en cuarto lugar: El bautismo se recibe en la iglesia para mantenernos unidos a la hermandad de la iglesia, no para luego desparecer del compañerismo de los creyentes.  Y en cuanto a nuestros hijos, con más razón si son bautizados, pero aun si no han sido bautizados, asumimos el deber no de enviarlos solamente de vez en cuando a la iglesia, sino venir juntamente con ellos a la enseñanza, adoración, y compañerismo de la iglesia.

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[1] Confesión de Fe de Westminster; respuesta a la pregunta 94. http://www.iglesiareformada.com/Catecismo_Menor_Westminster.html