Nov 05

LA INTERVENCIÓN DE DIOS PARA UNA VIDA VICTORIOSA, Por: Diego Teh.

LA INTERVENCIÓN DE DIOS PARA UNA VIDA VICTORIOSA

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Daniel 1:17-21; 2:19-23.

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el domingo 5 de noviembre 2017, a las 18:00 horas; como segundo sermón de la serie: HACIA UNA VIDA VICTORIOSA.

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   INTRODUCCIÓN: Cuando Dios sacó de Egipto a los israelitas llevándoles a través del desierto, muy pronto los egipcios reaccionaron y decidieron ir a perseguir a los israelitas para hacerlos regresar a Egipto o a acabar con ellos si no aceptaban regresar.  Por fin, los alcanzan cuando estaban frente a un mar, por lo que prácticamente estaban emboscados. No podían continuar hacia al frente por el mar, y si iban por la izquierda o por la derecha, los egipcios tenían toda la estrategia para cerrarles el paso, y atacarlos.  Pero lo que sucedió es que Dios dividió el agua del mar, y los israelitas pudieron pasar en medio mientras las aguas sin retén alguno formaban paredes líquidas las cuales no dejaban caer ni una sola gota que impidiera el paso a los israelitas literalmente en medio del mar.  Pero, cuando llegaron los egipcios con sus carros de guerra, sus soldados armados con la tecnología de punta de la época, tan pronto y providencialmente para los israelitas, las paredes líquidas del mar que se había replegado hacia los lados comenzaron a caer con toda su furia sepultando solamente a los egipcios, mientras los israelitas estaban saliendo por el otro extremo todos a salvo.  Es así como Dios intervino para dar una de tantas victorias a su amado pueblo de Israel.  En realidad, no es la primera vez que Dios les daba una victoria, sino ya llevaban muchas.  Tampoco fue la última, sino que después de esta victoria, recibieron muchas más victorias de parte de Dios.

   En este mensaje basado en el libro e historia de Daniel y sus tres amigos: Misael, Ananías, y Azarías, les voy a predicar que Dios interviene en todas las áreas de la vida de sus hijos para darles las victorias necesarias. / ¿En qué áreas de la vida de sus hijos, interviene Dios para darles las victorias necesarias? / En este mensaje les voy a compartir algunas de estas áreas.

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   La primera área en el que Dios interviene para dar a sus hijos las victorias necesarias, es:

I.- EN LAS RELACIONES HUMANAS.

   La historia nos relata que el rey Nabucodonosor quería que los cuatro muchachos que él quería que trabajasen con él, se alimentaran lo mejor posible durante tres años.  No sé si quería engordarlos o hacerlos más fuertes, por lo que el mismo rey le encargó a su oficial Aspenaz que se hiciera cargo de la alimentación de ellos.  Dice la narración: “Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; …” (Daniel 1:5).  Solamente que hay un detalle.  Los israelitas y judíos tenían un reglamento en la ley, en Levítico capítulo 11, en el que Dios les indicaba qué sí y qué no deberían comer. Daniel y sus amigos se dan cuenta que la comida que el rey les asignaba no era lo que Dios les tenía permitido comer.  Entonces, Daniel habla con Aspenaz para exponerle sus razones.  Aspenaz, era una autoridad con absoluta ventaja sobre estos todavía adolescentes, y además extranjeros, y además hasta eran prisioneros de guerra.  Aspenaz, pudo haberse entercado y con todo derecho a hacer valer su autoridad, e incluso si era necesario pudo haber castigado drásticamente a estos cuatro chavales no solo con encarcelamiento, sino hasta con la muerte.  Pero esto no ocurrió así.

   Al contrario, dice la narración: “Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos” (Daniel 1:9).  En otras palabras, no fue la habilidad verbal de convencimiento que estos jóvenes o que el mismo Daniel tenían, sino que fue Dios quien intervino para darle una victoria a Daniel y sus amigos, haciendo Dios que Aspenaz comprendiera la propuesta de Daniel.  No era fácil que estos muchachos cayeran “en gracia” a Aspenaz, porque no era solamente una cuestión de amistad, sino era una cuestión de vida o muerte para Aspenaz, pues él le dijo a Daniel: “Temo a mi señor el rey, que señaló vuestra comida y vuestra bebida; pues luego que él vea vuestros rostros más pálidos que los de los muchachos que son semejantes a vosotros, condenaréis para con el rey mi cabeza” (Daniel 1:10). Pero cuando Dios intervino poniendo “a Daniel en gracia y buena voluntad” para con Aspenaz, él se hizo amigo de ellos.  Y se encargó de no obligarlos a comer la abominable y contaminante comida del rey Nabucodonosor.

   Aspenaz, tenía también a un subalterno bajo su autoridad que se llamaba Melsar a quien él puso como jefe para el cuidado, la atención, y alimentación de estos cuatro muchachos.  Melsar, quien también se hizo amigo de estos jóvenes, aceptó la propuesta de Daniel de darles solamente legumbres para comer, y solo agua para beber; y la ración asignada por el rey podía quedársela toda.  Todo esto no fue por habilidad humana de negociación que haya tenido Daniel, sino fue por intervención de Dios, pues el texto bíblico es claro de que fue Dios, cuando dice: “Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos” (Daniel 1:9).

   Amados hermanos, desde luego que Dios actúa en la vida de otros para que sea más fácil nuestra relación con ellos, sin embargo, como dice el apóstol Pablo: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:18).  Sin descartar la responsabilidad que nos corresponde, el enfoque de este punto del mensaje es que Jesucristo nuestro Salvador, que es el Hijo del mismo Dios de Daniel, no está ajeno a los problemas que los cristianos tenemos por causa de otros. Jesucristo está trabajando en el corazón de las personas que deben estar en amistad y en buenas relaciones con nosotros.  Jesucristo está haciendo seguras las victorias nuestras, preparando hasta los tratos, favores, y compromisos que otros van a tener y están teniendo con nosotros.  Dios mismo nos pone en gracia con las personas.

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   La segunda área en el que Dios interviene para dar a sus hijos las victorias necesarias, es:

II.- EN EL CONOCIMIENTO UNIVERSAL.

   Uno de los encargos que Nabucodonosor le hizo a su oficial Aspenaz, es que a estos muchachos “les enseñase las letras y la lengua de los caldeos” (Daniel 1:4b).  Aspenaz comenzó cambiándoles sus nombres a estos muchachos.  La narración dice que: “… puso a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego” (Daniel 1:7b).  Luego estos muchachos sin resistencia alguna, sino de manera voluntaria se dedicaron al aprendizaje.  Pero luego la narración nos dice que: “A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias” (Daniel 1:17a).  Aquí también notamos que aún en el proceso de aprendizaje no necesariamente de las enseñanzas sagradas de las Escrituras, sino en el aprendizaje de cualquier otro saber.  Dios también tiene potestad de intervenir para dar éxito o victoria a sus hijos, pues por ejemplo, para la capacitación de estos cuatro jóvenes, aunque habían maestros de por medio, aunque había una obligación impuesta por el rey, y aunque había voluntad de aprendizaje en Daniel y sus amigos; finalmente dice la inspirada explicación que “Dios les dio conocimiento e inteligencia”.

   Estimados hermanos, muchas veces nos vamos a dar cuenta de que necesitamos aprender algo nuevo para mejorar en nuestros trabajos, e incluso en nuestra vida espiritual y devocional para con Dios.  Recuerden que Dios da “conocimiento e inteligencia”.  Si usted ha dicho: “no entiendo las matemáticas”, porque en realidad no es nada fácil para usted, Dios puede darle a usted el “conocimiento y la inteligencia” necesarias.  Si usted ha dicho: “no entiendo la palabra de Dios”, porque en verdad no le es fácil comprenderla y encontrar en ella las aplicaciones para su propia vida, Dios puede darle a usted el “conocimiento y la inteligencia” para entender y vivir su palabra.  Si usted no se ha animado a estudiar la carrera que usted siempre ha deseado estudiar, atrévase; Dios le va a sacar adelante y victorioso.  Él no está ajeno a nuestras necesidades de aprendizaje.  Él no está ajeno al conocimiento universal de la literatura, el arte, los idiomas, y las ciencias, pues la biblia está llena de ejemplo de personas a quienes Él mismo dio conocimientos que en realidad no son nada espirituales sino científicos.  Por ejemplo, su profeta Isaías supo que la tierra es redonda cuando no era un conocimiento claro como ahora lo sabemos (cf. Isaías 40:22).  Job supo que la tierra no está sostenida sobre algo sino que flota en el vacío (Job 26:7).  Dios tiene la potestad de hacernos victoriosos tanto en nuestro aprendizaje espiritual como en nuestro aprendizaje académico o intelectual.  Solamente dígale a Dios sus necesidades de aprendizaje, sus problemas de aprendizaje.  Pídale en el nombre de su Hijo Jesucristo que Él le dé como a Daniel y a sus amigos, el “conocimiento y la inteligencia” que usted necesita.  Haga usted la prueba, y se dará cuenta que usted será un alumno y luego un profesionista o hasta científico victorioso no por astucia ni estrategia humana sino por la intervención de Dios.

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   La tercera área en el que Dios interviene para dar a sus hijos las victorias necesarias, es:

III.- EN LA REVELACIÓN ESPECIAL.

   Es interesante observar que al mismo tiempo que “Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias” (Daniel 1:17a); dice acerca de Daniel: “y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños” (Daniel 1:17b).  La explicación de esta frase tiene que ver con la revelación especial que Dios estuvo comunicando en su momento a través de sus profetas y en su momento a través de sus apóstoles, y en ocasiones hasta de paganos como es el caso de Nabucodonosor.  Dios no solamente da “conocimiento e inteligencia” en los saberes universales y literarios comunes y ordinarios, sino que también da “entendimiento” espiritual para saber y entender Su voluntad que Él quiere revelar a sus siervos, a su pueblo, y hasta para los que no son y nunca serán de su pueblo.  En aquel tiempo, el rey Nabucodonosor tuvo un sueño que ninguno de sus magos, astrólogos, y encantadores se lo pudo interpretar (cf. Daniel 2:2).  Desde luego que siendo una revelación especial de Dios, no era asunto de interpretación desde cualquier saber ordinario y menos si tiene tintes ocultistas.  La narración acerca de Daniel y sus amigos, dice que luego de haber ellos orado a Dios para recibir entendimiento acerca del sueño que había tenido Nabucodonosor: “Entonces el secreto fue revelado a Daniel en visión de noche” (Daniel 2:19a).  La palabra usada aquí es que “fue revelado”.  Se trata de revelación. No es tan relevante si se lo revelaron de noche o de día, lo que aquí importa es que Dios le dio a Daniel el entendimiento de una revelación especial.

   Daniel quedó profundamente agradecido con Dios, e hizo otra oración en el que dijo: “A ti, oh Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has dado sabiduría y fuerza, y ahora me has revelado lo que te pedimos” (Daniel 2:23a).  Daniel reconoció la intervención de Dios para un saber especial, diciéndole a Dios: “me has revelado lo que te pedimos”.  Es revelación especial de su voluntad para la vida espiritual.  Cuando Daniel tuvo el privilegio de presentarse delante del rey Nabucodonosor, lo primero que le dice es: “… El misterio que el rey demanda, ni sabios, ni astrólogos, ni magos ni adivinos lo pueden revelar al rey. / Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios” (Daniel 2:27,28a).  Una revelación especial de Dios, solamente es entendible cuando Dios interviene en la capacidad de sus hijos para dar el entendimiento correspondiente.  El entendimiento de su revelación especial no viene de los maestros de religión de la Escuela de Formación Cristiana de la Iglesia, ni de los pastores por más eruditos que estos puedan ser considerados; sino que el entendimiento de la revelación especial de Dios viene de Dios.  Cuando el apóstol Pedro en una ocasión entendió una verdad central acerca de Jesús, el mismo Jesús le dijo: no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16:17).

   Amados hermanos, hoy Dios ya no revela mensajes especiales, porque todo lo que Dios ha querido revelar se encuentra totalmente en las Sagradas Escrituras, las cuáles también son conocidas como la revelación especial de Dios.  Sin embargo, Dios sigue dando entendimiento para poder entender su revelación especial.  Usted no necesita ser profeta como los del Antiguo Testamento para poder entender su revelación especial.  Usted no necesita ser apóstol como los del Nuevo Testamento para poder entender su revelación especial.  Lo que Dios hace ahora, no es revelar sino iluminar el entendimiento entenebrecido de nosotros los pecadores, para poder entender su mensaje actual y especial para nuestra vida personal.  El apóstol Pablo, recordando cómo de la nada y de las tinieblas Dios hizo surgir la luz del día, dice: Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4:6).  Su Espíritu Santo se ha encargado de darnos la iluminación del conocimiento inicial para poder descubrir nuestra necesidad de creer en Jesucristo como nuestro Salvador personal; y ahora también se encarga de darnos iluminación para seguir creciendo en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18).  La revelación especial de Dios contenida en las Sagradas Escrituras, tiene como objetivo darnos a conocer a Jesucristo impulsándonos a aceptarle como nuestro Salvador, así como como nuestro Señor.  Dios, como lo hizo con Daniel y sus amigos, tiene que intervenir por medio de su Espíritu para que, en nuestro caso, ahora, la gracia de Jesucristo sea una realidad salvadora que nos haga victoriosos no solamente para la eternidad que es lo más importante, sino también para nuestra vida cotidiana mediante el conocimiento de su revelación especial.

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   CONCLUSIÓN: Desde luego que Dios interviene en otras muchas áreas de la vida humana, tanto de los que somos discípulos de su Hijo Jesucristo, como también en la de aquellos que no son discípulos de su Hijo.  El objetivo de la intervención de Dios nunca es para perjudicarnos sino para hacernos victoriosos en Cristo.

   ¿Quiere usted tener una vida victoriosa en las relaciones humanas?  Deje que Dios intervenga abriéndole las puertas para que sea tratado y para que usted trate a sus semejantes con más reflejo del amor de Dios.

   ¿Quiere usted tener una vida victoriosa en sus proyectos de aprendizaje?  Pídale a Dios que le dé “conocimiento e inteligencia”.  Dios tiene la potestad de darle a usted este progreso tanto si se trata de una carrera universitaria, como también si se trata del estudio de su palabra.

   ¿Quiere usted tener una vida victoriosa en el entendimiento de la revelación especial de Dios contenida en la Santa Biblia?  Pídale a Dios que Él le dé tal entendimiento, igual como Daniel y sus amigos lo hicieron.  Dios capacita el entendimiento de la persona que busca entender la palabra de Dios.

   Deje que Dios intervenga siempre en usted para hacerle un victorioso hijo de Dios.

Jul 17

SI ES FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO, Por: Diego Teh.

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SI ES FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO

Gálatas 5:16-23.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Roca de la Eternidad” de la col. Díaz Ordaz, de Mérida, Yuc; el día domingo 17 de Julio del 2016, a las 18:00 horas; como sermón de apertura de su semana de Escuela Bíblica de Vacaciones para toda la familia.

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   INTRODUCCIÓN: Hay mucha alegría en nuestros niños y jóvenes porque ayer inició oficialmente el período de vacaciones escolares.  Muchas familias aprovechan este tiempo para salir de vacaciones familiares. ¡Qué bueno que Dios conceda a todas las familias un tiempo para vacacionar en familia!  Sin embargo, quizá esta primera semana de vacaciones todavía permanezcan sin vacaciones y tengan disponibilidad de venir a las actividades de esta congregación.  Esta semana tenemos Escuela Bíblica de Vacaciones, que esperamos sea aprovechada tanto por nuestros niños, adolescentes, jóvenes, y hasta de los que somos adultos.  El tema de nuestra EBV será LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO.  Ya sabemos que los frutos son: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza, según nuestra breve lista de frutos en Gálatas 5:22,23; pero, ¿ha cultivado usted estos frutos? Los niños, adolescentes, y jóvenes de nuestras familias ¿están practicando estos frutos?  Es probable que todos tengamos algunas dificultades para vivir bajo la influencia y bendición de estos frutos.  Es más podría ser que alguien no esté viviendo bajo los frutos del Espíritu Santo, pero aunque esté viviendo bajo la producción de los frutos del Espíritu Santo, siempre será provechoso conocer más a fondo acerca de este tema durante esta semana de Escuela Bíblica de Vacaciones.

   En este mensaje voy a compartirles algunas realidades acerca de los frutos del Espíritu Santo que puede servirnos de guía para evaluar si lo que está funcionando en nuestra vida en realidad se trata o no de frutos del Espíritu Santo. / ¿Cuáles son estas realidades?  / Basado en nuestro texto de Gálatas 5:16-23, e interpretando las palabras del apóstol Pablo les compartiré tres de estas realidades para que analicemos si estamos viviendo bajo los frutos del Espíritu Santo.

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   La primera realidad es que si es fruto del Espíritu Santo,

I.- DESTRUYE EL PODER DE LO CARNAL EN EL PECADOR.

   Una primera lista que el apóstol Pablo presenta en esta porción de su epístola es la que él llama “las obras de la carne”.  La presenta así: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, / idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, / envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;…” (Gálatas 5:19-21a).   Cada ser humano tiene en su naturaleza la tendencia a inclinarse, a caer, y hasta a permanecer en estas depravaciones; y no hay nada en el ser humano que le pueda rescatar, librar de caer, o hacerlo permanecer lejos de estas cosas.  Para la destrucción de cualquier poder pecaminoso que se encuentre arraigado en una persona, es necesario recurrir al poder de Dios para poder dominarlo.  Uno de los problemas con el cual nos topamos en la vida, es que muchas veces usted quiere hacer el bien, pero pronto se da cuenta de que no lo pudo hacer sino que hizo lo contrario.  Esto se debe a que todavía está predominando el poder de lo carnal en usted.  El apóstol Pablo lo explica diciendo: el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5:17).

   Amados hermanos, la explicación del apóstol nos deja claro que el deseo de la carne no solamente está luchando en contra de todo nuestro ser, sino también lucha en contra de lo que el Espíritu Santo quiere arreglar en nuestra vida.  Sin embargo, la buena noticia es que usted no está solo, pues el deseo del Espíritu Santo es también luchar en contra de la carne.  Lo que usted no puede, el Espíritu Santo sí lo puede.  Todos necesitamos refrescar nuestro conocimiento y nuestra experiencia con el Espíritu Santo en cuanto a estos dones que necesitamos en nuestra vida cotidiana, familiar, social, y espiritual.  Por eso, les animo a participar en las actividades de nuestra EBV para niños, adolescentes, jóvenes, y adultos, para saber cómo hacer real y efectivo en nuestras vidas los frutos del Espíritu Santo.

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   La segunda realidad es que si es fruto del Espíritu Santo,

II.- HACE MÁS FALTA QUE UN DON DEL ESPÍRITU SANTO.

   Acerca de los dones del Espíritu Santo, ya conocemos la lista mencionada en Romanos capítulo 12, donde leemos: De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; / o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; / el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría” (Romanos 12:6-8).  También tenemos la lista de 1 Corintios 12 donde leemos: “Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; / a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. / A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. / Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Corintios 12:8-11).  Como podemos observar los dones del Espíritu Santo son una gracia que también se concede a los creyentes para poder desempeñar alguna función en el cuerpo de Cristo.

   Pero en cuanto al fruto del Espíritu Santo, solamente con ver la lista que menciona “el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, / mansedumbre, templanza;…” (Gálatas 5:22,23), no damos cuenta que tienen que ver con nuestro carácter personal.  Así resulta que el fruto del Espíritu Santo tiene que ver con la misma gracia de Dios también para nosotros los creyentes, pero no para capacitarnos para las diversas funciones del santo ministerio sino para la santificación de nuestra vida personal, guiándonos primeramente para infundir en los más profundo de nuestro corazón el carácter que necesitamos para la vida diaria.

   Amados hermanos, muchas veces, lo que nos falta no es un don del Espíritu Santo pues es evidente que lo tenemos, pues con ello servimos a Dios y al prójimo en nombre de Cristo.  Lo que muchas veces se hace evidente que nos falta es algún fruto del Espíritu Santo, no porque Dios no quiera darnos tal fruto, sino porque precisamente usamos nuestra naturaleza carnal para bloquear que el Espíritu Santo deposite en nuestra vida el fruto que necesitamos.

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   La tercera realidad es que si es fruto del Espíritu Santo,

III.- ES UNA APLICACIÓN DE LA OBRA SALVADORA DE CRISTO.

   El apóstol Pablo concluye su explicación acerca de los frutos del Espíritu Santo, diciendo: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5:24).  Quien comienza a dominar nuestra lucha en contra de los deseos de la carne, en realidad es Cristo, por eso dice San Pablo que “los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”, pero quien continúa la obra productiva de frutos que nuestra vida necesita, es el Espíritu Santo de Dios cuya función es aplicar los beneficios de la obra salvadora y redentora de Cristo.  Cabe aclarar que los frutos o la transformación que ocurre en nuestra vida no son obra de la casualidad, eventualidad, o suerte, sino una aplicación privilegiada de la gracia de Dios por medio de su Espíritu Santo, gracia que solamente podemos disfrutar quienes hemos tenido la experiencia de creer salvadoramente en Cristo.  Ninguna transformación redentora puede ocurrir en la vida de un ser humano, si Cristo no es el fundamento de la vida espiritual de tal persona.  Si alguien se esfuerza en imitar un fruto Divino, usando su propia naturaleza sin Cristo de por medio, esta imitación al no ser genuina no va a ser duradera sino solamente por un breve tiempo.  Este es el caso de personas que no se mantienen en el camino de la fe, porque en realidad no están en la fe sino que solamente están luchando a solas sin Cristo.

   Una de las verdades centrales de la biblia que podemos darnos cuenta en este contexto, es que todo al plan de salvación de Dios está centrado en Cristo.  Cuando Dios el Padre escogió a aquellos a quienes de pura gracia le plació salvar, dice el apóstol Pablo que: “nos escogió en él (o sea, en Cristo) (Efesios 1:4).  Cristo es el personaje central de la elección. E indiscutiblemente también es Cristo quien con su propia vida paga el precio por la culpa de nuestros pecados; pero es el Espíritu Santo que se encarga de convencer a las personas “de pecado, de justicia y de juicio” (cf. Juan 16:8), obviamente para que las personas acudan a Cristo con arrepentimiento de vida.  Pero además, el mismo Espíritu Santo continúa proveyendo los dones que los creyentes necesitamos para continuar la obra de Dios en Cristo de llevar el mensaje del evangelio, al mismo tiempo que también nos provee los frutos que moldean nuestro carácter personal para convertirnos en personas de bendición para nuestros semejantes.  Pero todo esto es una bendita realidad en la vida de los que somos creyentes en Jesucristo, gracias a la obra de gracia que Cristo realizó a nuestro favor.  El Espíritu Santo aplica los beneficios de la obra de Cristo en todos y cada uno de los cristianos.

   Amados hermanos, desde el momento que creemos en Cristo, quedamos enteramente capacitados para luchar y derrotar las obras a las cuales nos inclina nuestra carnalidad.  Pero para ello nos es dado también el Espíritu Santo de Dios, no para operar con un enfoque distinto al de Cristo, sino para aplicar los beneficios de la gracia de Cristo a nuestra vida, para que podamos renunciar a nuestras pasiones y deseos pecaminosos.

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   La cuarta reflexión es que si es fruto del Espíritu Santo, entonces:

IV.- NOS CAPACITA PARA LA VIDA COTIDIANA DE CADA DÍA.

   Una de las ordenes que recibimos en esta instrucción apostólica es: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25).  La infusión del fruto del Espíritu Santo nos prepara para que podamos andar conforme a la manera como Dios mismo desea que nos conduzcamos.  Si alguien no vive “por el Espíritu” le es imposible salir de la carnalidad. Será altamente evidente que los placeres de la carne, los placeres promovidos por el pecado, son los factores que definen su estilo de vida.  La instrucción apostólica es muy clara al decir que “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”.  Este andar “por el Espíritu”, implica que se trata de poner en funcionamiento los frutos que el mismo Espíritu Santo dona a la vida de un hijo de Dios.

   Observando bien la lista de los frutos mencionados en los versículos 22 y 23 observamos primero que hay frutos que son fundamentales para el desarrollo espiritual muy propio de la vida personal como los son el amor, el gozo, la paz, y la templanza.  Son frutos del Espíritu Santo que todos necesitamos desarrollar en nuestros corazones, y poder con ellos reflejar un carácter digno de un hijo de Dios que no odia sino ama, que no se entristece por las adversidades sino que se goza en Dios en todo momento, y que no sufre conflictos mentales porque puede vivir en paz primeramente con Dios y consigo mismo.  Luego observamos que también hay otros frutos que tienen como finalidad el usarlos para nuestras relaciones humanas interpersonales como lo son la paciencia, la benignidad, la bondad, y la manseumbre. Todos tratamos con otros seres humanos comenzando con los que están más cerca de nosotros en el hogar, luego con las demás personas de quienes a diario nos vemos rodeados.  Entonces, nos damos cuenta que los frutos del Espíritu Santo no son solamente para nuestro beneficio personal sino también para ser de bendición para nosotros.  Y finalmente nos damos cuenta que uno de los frutos que el Espíritu Santo pone a nuestra vida es la fe, para que bajo cualquier situación o circunstancia tengamos la capacidad no humana sino divina de poder recurrir a Dios en una total dependencia en Él.  Todos estos frutos tienen la finalidad de capacitarnos para que todos nuestros deberes personales, familiares, sociales, y espirituales de cada día los podamos cumplir auxiliados por el poder de Dios mismo.

   Amados hermanos, la vida cristiana se trata de caminar con Dios todos los días de nuestra vida, y en todas las situaciones particulares sean buenas o malas.  En todos los casos no estamos abandonados a nuestro fracaso sino que contamos con el poderoso auxilio del mismo Espíritu Santo de Dios para actuar conforme a los que es digno y agradable al verdadero Dios Creador y Salvador a quien servimos porque nos ha dado a conocer los misterios de nuestra gloriosa salvación.  No hay excusa para no vivir poderosamente nuestra vida cotidiana.  Tenemos al Espíritu Santo de Dios que trabaja en nuestra vida, en nuestras relaciones con el prójimo y con Dios.

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  CONCLUSIÓN: Amados hermanos, es importante que analicemos si estamos viviendo y andando “por el Espíritu”.  Es importante que confirmemos si nuestra conducta es el reflejo de nuestra relación con Cristo y de su Espíritu Santos, porque si solamente es el reflejo de una esfuerzo que va a resultar vano, entonces estamos en serios problemas espirituales.  Necesitamos primeramente confirmar que verdaderamente hemos creído en Jesucristo como nuestro único y suficiente salvador y Señor.  Si es así, entonces dejemos que el Espíritu Santo de Dios limpie el terreno de nuestro corazón, que plante los árboles de la santificación, y que produzca los frutos que divinamente deben transformar nuestra vida personal, familiar, social, y espiritual.  Por último quiero aprovechar animarles a que no descuiden asistir a todas las clases de la Escuela Bíblica de vacaciones que se llevará a cabo esta semana del 18 al 22 de Julio.  Vengan jóvenes, vengan adultos con sus niños, adolescentes, y jóvenes.  Inviten a otras familias y niños. Conozcamos y busquemos en Dios los frutos que hacen falta en nuestra vida.

Ago 16

CONSIDERACIONES PARA PODER PASAR POR ALTO UNA OFENSA, Por: Diego Teh.

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CONSIDERACIONES PARA PODER PASAR POR ALTO UNA OFENSA

Proverbios 17:9; 19:11.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el día domingo 16 de Agosto del 2015, a las 11:30 horas; como 5to. sermón de la serie “Bienaventurados los pacificadores”.

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   INTRODUCCIÓN: Las Sagradas Escrituras dan por hecho que cada creyente es un pacificador ante cualquier otro individuo u asociación de personas.  El fundamento de tal consigna es que si hemos sido beneficiados con el haber sido reconciliados por Jesucristo con Dios el Padre, por medio del perdón de nuestros pecados u ofensas, por ello somos también hemos hechos responsables de hacer la paz con cualquier persona con la que llegásemos a tener algún conflicto.  Es por eso que Jesús enseñó a los apóstoles que no solamente busquen el perdón de Dios, sino que también practiquen el perdonar las ofensas que les hicieran, y que cuando oraran le dijeran a Dios: “…perdónanos nuestras deudas (pecados, ofensas), como también nosotros perdonamos a nuestros deudores (los que nos ofenden, o hacen mal) (Mateo 6:12).  Como creyentes somos los primeros responsables de no dar inicio a ningún conflicto, y de no engrandecer un problema que haya sido iniciado por otra persona o grupo de personas, pues Jesús enseñó Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente.  /  Pero yo os digo: No resistáis al malvado;…” (Mateo 5:38,39a).  No tenemos que seguir la corriente del que inicia un conflicto.   Y como le respondió Jesús a Pilato en una ocasión: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían…” (Juan 16:38).  Esta es una característica de los que somos siervos de Jesucristo: no nos dedicamos a pelear, antes bien somos pacificadores ante quienes tienen y ante quienes nos causan conflictos.

   En el destacado libro “El Pacificador” de Ken Sande, luego de dar una clara explicación de las maneras no adecuadas de tratar un conflicto, el autor presenta también diversas maneras apropiadas de cómo manejar un conflicto, como: la reconciliación, la negociación, la pacificación asistida, la mediación, el arbitraje, la rendición de cuentas, y entre ellos el pasar por alto la ofensa.  En el desarrollo de este mensaje voy a resaltar el cómo manejar un conflicto pasando por alto la ofensa, y los textos bíblicos que elegí para esta exposición son básicamente dos Proverbios de Salomón, que dicen: El que cubre la falta busca amistad; mas el que la divulga, aparta al amigo” (Proverbios 17:9, según la RV60) palabras que en la versión DHH, dice:Quien pasa por alto la ofensa, crea lazos de amor; quien insiste en ella, aleja al amigo”, y  “La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa” (Proverbios 19:11 RV60);  Pasar por alto la ofensa no quiere decir que vamos a pensar que no sucedió una ofensa en contra nuestra sino que significa que debemos tomar la decisión de no arrastrar ningún rencor, resentimiento, coraje, deseo de venganza, etc… durante ni un instante más de nuestra vida.  Significa que debe haber perdón, y la vida continúa como si la ofensa no hubiese existido, pues todo ha sido perdonado.

    En el desarrollo de este mensaje quiero compartirles que en todas las ocasiones que somos ofendidos, debemos considerar “pasar por alto” las ofensas.   Ya he dicho brevemente lo que esto no significa.  /  Pero ¿qué consideraciones se deben tomar en cuenta para pasar por alto una ofensa?   /  Mediante el desarrollo de este mensaje, explicaré solamente algunas consideraciones importantes para “pasar por alto” una ofensa.

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   La primera consideración que se debe hacer para poder  “pasar por alto una ofensa”, es:

I.- QUE PONE A PRUEBA LA CORDURA DE UNA PERSONA.

   Al respecto, el proverbio de Salomón nos recuerda que “La cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa”.  La cordura aquí no se refiere al estado psíquico de padecer algún trastorno o enfermedad mental, sino a la capacidad de pensar y obrar con buen juicio, prudencia, reflexión, sensatez, y responsabilidad; capacidad que se necesita para reaccionar apropiadamente cuando uno recibe una ofensa.

   ¿Es posible lograr que uno como ofendido se mantenga en un estado de cordura?  Por supuesto que sí.  El apóstol Pablo cuando le escribió a Timoteo Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7), no estaba indicando que un creyente recibe estos dones de Dios como herramientas ministeriales para la proclamación del evangelio, sino que también son herramientas éticas para la conducta personal, como también para actuar como pacificadores en medio de los conflictos en los cuales un creyente se vea involucrado.

   Sin embargo, debido a que cada creyente tiene sus propias dificultades para reaccionar apropiadamente ante los conflictos, uno tiene que trabajar en su propia vida cultivando cada vez más una virtud que le haga falta.  El apóstol Pedro exhorta a los creyentes diciéndonos: “añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento;  /  al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad;  /  a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor” (2 Pedro 1:5b-7). El tener una conciencia de ir creciendo en espiritualidad y conducta añadiendo el “dominio propio” a nuestro menú de vida espiritual, nos ayudará siempre a actuar con cordura, y en consecuencia tendremos la capacidad de “pasar por alto las ofensas” que otros nos pueden causar.

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   La segunda consideración que se debe hacer para poder  “pasar por alto una ofensa”, es:

II.- QUE ES UNA DECISIÓN ALTAMENTE HONORABLE.

   Una reacción común de alguien que ha recibido una ofensa es, responder furiosamente con palabras ofensivas, vulgares, groseras, u obscenas, e incluso llegando hasta las agresiones físicas.  Eso no le causa ningún buen testimonio a nadie, sino al contrario pone de manifiesto que tal persona no es nada mejor en carácter que la persona ofensora.  En otras palabras el ofendido que reacciona inapropiadamente se convierte también en falto de honorabilidad, al igualarse en malas actitudes con respecto a quien le está ofendiendo.

  El pasar por alto una ofensa hace que uno sea verdaderamente honorable, primero porque uno no es la persona que inició un conflicto que ha desembocado en una ofensa, y segundo porque uno no cae en la red del ofensor quien desea ver a uno igualándose a él, y así tener más razones para señalar a uno.  Por eso, además de decir el proverbista que “La cordura del hombre detiene su furor”, enfatiza también: “y su honra es pasar por alto la ofensa”.

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   La tercera consideración que se debe hacer para poder  “pasar por alto una ofensa”, es:

III.- QUE ES MEJOR FINALIZAR QUE ENGRANDECER UN CONFLICTO.

   El proverbio de Salomón cuando enfatiza la mala actitud o reacción de una persona que ha sido ofendida, dice con respecto a una ofensa recibida que el que la divulga, aparta al amigo” (Proverbios 17:9, RV60), o según la versión DHH, quien insiste en ella, aleja al amigo”.  Lo que el proverbio nos indica es que cuando se adopta una mala reacción ante una ofensa recibida, el resultado siempre va a ser negativo, pues en vez de construir una buena relación, se acaba apartando o alejando “al amigo”, en este caso, la persona con quien antes había una hermosa relación.  Las palabras utilizadas por estas dos versiones, nos dicen dos cosas que no debe hacer una persona que ha sido ofendida: 1) no divulgar la falta u ofensa, y 2) no insistir más en la ofensa.   Cuando uno divulga e insiste en dar seguimiento a una ofensa con tal de vengarse, o forzar corregir a su ofensor, lo único que uno va a conseguir es engrandecer el conflicto, lo cual es incongruente con nuestro deber de actuar como pacificadores.

   En la enseñanza apostólica, San Pablo exhorta a los creyentes de Roma, diciéndoles: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Romanos 12:18), pero si un creyente se empeña en divulgar los errores de los demás, o aunque su ofensor se haya disculpado pero sigue insistiendo en la ofensa cometida, tal persona no estaría cumpliendo la voluntad de Dios de estar en paz con su prójimo, ni de ser un pacificador, sino sería un alborotador, quizá hasta peor que quien dio inicio a la ofensa.

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   La cuarta consideración que se debe hacer para poder  “pasar por alto una ofensa”, es:

IV.- QUE ES MEJOR CREAR QUE DESTRUIR UNA BUENA RELACIÓN.

   El proverbio de Salomón nos dice que: El que cubre la falta busca amistad;…” (Proverbios 17:9, RV60); o en palabras de la versión DHH: Quien pasa por alto la ofensa, crea lazos de amor;…”.   La gran mayoría de las ofensas no se dan con personas que eran nuestros enemigos, sino por lo general son las personas con quienes hemos tenido cierto grado de familiaridad o amistad.  La relación puede que no haya sido lo suficientemente fuerte, o que no ha estado bien fundamentada, por lo que en cualquier momento y en el primer descuido, se comienza a dar los primeros pasos para su rompimiento.   Sin embargo el proverbio nos recuerda que el deber de pasar por alto una ofensa es para buscar amistad (cf. RV60), y para crear lazos de amor (cf. DHH).

   En la mente de Dios, las relaciones humanas son importantes, de tal manera que fue idea de Él, instituir el matrimonio, la familia, la sociedad, el reino de Dios, la iglesia, instituciones que hacen necesario que quienes formamos parte de ellas, busquemos fortalecer los lazos de amor y amistad entre quienes la integramos.  Por eso debemos valorar la importancia de mantener buenas relaciones en todas las áreas de convivencia humana, siendo amigables a pesar de los conflictos.

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   La quinta consideración que se debe hacer para poder  “pasar por alto una ofensa”, es:

V.- UNA OPORTUNIDAD DE COMPARTIR EL AMOR DE DIOS.

   Rick Warren en un devocional comenta: “Gente herida, hiere gente. Cuando alguien te hace daño, es porque alguien les hizo daño antes. Las personas groseras, nunca recibieron amabilidad. Las personas poco cariñosas nunca han sentido amor. Cuando alguien es rudo, amargado, desagradable, de espíritu malvado o arrogante, en realidad están gritando con todo su ser: “¡estoy sufriendo! ¡Necesito una gran cantidad de amor! ¡No me siento seguro!”. Porque las personas que son amadas y se sienten seguras no actúan de esa manera. Las personas que son profundamente amados y seguros, son personas generosas y agradables”.  Si solo quieres la revancha. Bien. Pero no eres mejor que aquellos que te hirieron. Cuando tomas venganza, no eres mejor que los que te han atacado. Para ser mejor que ellos, vences al mal con el bien. Respondes con amor.  En vez de tomar en cuenta sus palabras, notas su dolor”[1].

   Esto concuerda con las palabras de nuestro Señor Jesús quien durante su ministerio al recorrer las ciudades y aldeas, se daba cuenta de que las personas “…estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36).  Tanta gente que no ha podido experimentar el amor ni de sus padres, ni de su familia, ni de su cónyuge, ni de sus hijos, y que no han querido buscar y aceptar el amor de Dios, no les queda de otra que actuar siempre en actitud de defensa y ataque sin importar si causan daño a terceras personas.  Cuando un creyente recibimos una ofensa de estas personas, debemos mirarle como Jesús, con una profunda compasión, bendiciéndole en vez de maldecirle, porque en su corazón hay una gran necesidad de amor, perdón, comprensión, y una genuina amistad.   Los creyentes estamos capacitados por Jesucristo y su Espíritu Santo para ayudarlo a sentir el amor de Dios y de sus hijos que tanto le hace falta.

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   La sexta consideración que se debe hacer para poder  “pasar por alto una ofensa”, es:

VI.- QUE NUESTRAS OFENSAS A DIOS HAN SIDO PERDONADAS POR CRISTO.

   Muchos textos hay para exponer esta verdad, pero en esta ocasión escogí uno que escribió el apóstol Pablo a los Colosenses en el que les dice que el creyente ya no debe vivir como antes, como los hijos de desobediencia, sino que cada quien debe dejar “la ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas” (Colosenses 3:8), y a cambio adoptar una conducta de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros” (Colosenses 3:13).  Entre estas cosas, el apóstol resalta que debemos perdonarnos unos a otros “de la manera que Cristo os perdonó”.   Así que antes de juzgar, devolver la ofensa, guardar rencor, o cualquier otra mala actitud que pudiésemos tener, es necesario recordar que Cristo nos ha perdonado lo más grave que es el haber ofendido a Dios, y que su perdón hacia nosotros fue de una manera total y definitiva.

   La comunidad de creyentes aunque redimidos por Cristo no somos personas con una absoluta santidad al grado de que no cometemos ningún agravio a otros; por eso está previsto en las Sagradas Escrituras que tenemos que soportarnos los unos a los otros, y que tenemos que perdonarnos los unos a los otros, lo que implica que cuando alguien nos ha causado una ofensa debemos recordar que también nosotros hemos sido ofensores, pero que hemos sido también perdonados, lo cual nos hace deudores delante de Dios, y adquirimos no la responsabilidad de pagar nuestro perdón, pero sí el deber de compartir la gracia abundante que ha sido depositada en nuestra vida.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, a lo largo de nuestra vida, aunque no lo queramos ni provoquemos que esto suceda, no hará falta una buena cantidad de ofensas en contra nuestra.  Incluso, es probable que alguien se vea ofendido todos los días y varias veces al día, ya sea por la misma persona o por personas distintas; pero la mejor actitud que un hijo de Dios debe asumir es la de ser un pacificador que tiene sus benditas satisfacciones.  Por eso Jesús en su memorable sermón del monte, explicó que son: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9).

   Pasar por alto una ofensa, es una manera de ser pacificadores. Seguro que a más de uno no le va a parecer sencillo ni agradable, sin embargo tomando en cuenta las consideraciones que les he compartido en este mensaje, puede servirnos de concientización y santo atrevimiento para decidir ser un pacificador en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

   Recordemos que pasar por alto una ofensa, o sea perdonar al ofensor y no recordarlo nunca más, 1) pone a prueba la cordura de una persona; 2) es una decisión altamente honorable; 3) es mejor finalizar que engrandecer un conflicto; 4) es una oportunidad de compartir el amor de Dios; y 5) es una acción de conciencia porque también hemos sido personas perdonadas por Jesucristo.

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[1] http://rickwarren.org/devotional/spanish/el-enojo-pasa-por-alto-el-enojo-la-sabidur%C3%ADa-pasa-por-alto-la-sabidur%C3%ADa