Sep 09

MIRA ADELANTE, A LA ETERNIDAD (II), Por: Diego Teh.

MIRA ADELANTE, A LA ETERNIDAD, (II)

 Hebreos 11:24-28.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 09 de septiembre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 09 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN:  En el mensaje anterior, les dije que: “Hebreos capítulo 11 es un capítulo bastante hermoso que tiene que ver con la vida de personas que se mantuvieron fieles en el servicio a Dios que en su momento les correspondió”; pero en esa fidelidad y servicio que prestaron a Dios, todos ellos tuvieron que desechar de su vida muchas cosas que no valían la pena en consideración con lo que esperaban de Dios tanto aquí en la tierra como después en la eternidad.  Esperaban nada menos que “la ciudad que tiene fundamentos” (Hebreos 11:10), esperaban “el galardón” de Dios (Hebreos 11:26b).  Esperaban a Dios y a su Cristo.

   Para nosotros en la actualidad, esperamos lo mismo con respecto a lo eterno, y se nos exhorta a hacer lo mismo que todos aquellos antiguos temerosos de Dios hicieron para enfocarse en lo eterno.  ¿Qué hicieron para enfocarse en lo eterno?  Después de la larga lista de los considerados héroes de la fe, mencionados en el capítulo 11, inmediatamente a nosotros se nos dice: “nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia” (Hebreos 12:1).  Sí, la instrucción es clara: “despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia”.  Sin duda que el pecado es la primera cosa pesada contra lo que estamos luchando para que no nos impida servir a Dios, pero también hay otras muchas cosas pesadas que no nos conviene cargarlas, sino que es necesario despojarnos de ellas.  ¿De qué cosas se habrán despojados los antiguos?

   En el texto bíblico que leímos, se relata las experiencias de Moisés, un gran siervo de Dios, que vivió unos hace unos 3,500 años, y hallamos que en su caso tuvo que deshacerse, despojarse, o renunciar ciertas cosas que le hubieran sido un estorbo si su decisión era realmente servir a Dios quien le llamó para servirle, y enfocarse en lo que es eterno.  Basado en su caso, voy a predicarles que, una persona que enfoca su vida en lo que es eterno, debe necesariamente despojarse de los estorbos terrenales cuando se presenten en su vida como oportunidades. / ¿Cuáles son los estorbos terrenales de los cuáles una persona que sirve a Dios debe necesariamente despojarse de ellos, si en verdad desea enfocar su vida en lo que es eterno? / Permítanme compartirles algunos de estos tremendos estorbos terrenales que podrían perjudicar hasta al más aparentemente consagrado cristiano, por lo que por eso es mejor despojarlos de nuestra vida.

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   El primer estorbo terrenal del cual una persona que sirve a Dios debe necesariamente despojarse de ello, si en verdad desea enfocar su vida en lo que es eterno, es:

I.- EL PODER PREPOTENTE.

   Una de las primeras descripciones que leemos acerca de Moisés es que: “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón” (Hebreos 11:24).  Ser el hijo de la hija de Faraón, le ponía en posibilidad de incluso ser heredero del trono imperial de Egipto.  Si eso no fuese posible porque hubiese otro heredero legítimo, hijo propio del Faraón, entonces, por lo menos tendría otra función en buena posición que le aseguraría no solamente buenos ingresos por estar en la familia real, sino que también le aseguraría el uso del poder para someter a la gente de su reino e imperio.  Así lo hacía su ‘abuelo-padre’ el faraón, padre de la muchacha que lo adoptó.  Así lo habían hecho algunos de los faraones que les precedieron.  Y si Moisés seguía escudado bajo la tutela de aquella familia, aun mientras su ‘abuelo-padre’ era el legítimo faraón, él tendría que hacer uso de su poder prepotente en contra de los israelitas, su propia raza y familia.  Y sin duda que iba a ser obligado por su propia función en servicio del rey egipcio, a tratar de manera prepotente y servil en primer lugar en contra de los israelitas, pero también a los propios egipcios, y en realidad a cualquier persona.  Pero, antes que cometer tal obra de injusticia contra los suyos, y hasta contra los extraños (los egipcios) que Dios usó para preservarle la vida, prefirió renunciar a su derecho de apellido, de dinastía, y de poder.

   Amados hermanos, muchas veces en el trabajo que uno desempeña, le es confiada la administración de muchas cosas, la supervisión de personal de trabajo.  Uno tiene la autorización y poder para administrar y supervisar, siempre y cuando sea en beneficio del dueño, de la familia, o de la organización para la cual uno trabaja.  Pero, si un poder superior corrupto, ordena que uno haga algún tejemaneje ilegal, en el cual uno perdería su honestidad, su buen testimonio de ser cristiano, e incluso uno perjudicaría a otras personas al tomar decisiones incorrectas por ejecutar órdenes injustas; lo mejor es renunciar antes que ser involucrado en casos injustos, incluso ante la justicia, y salir culpable por obedecer órdenes perversas.  Eso fue lo que a tiempo hizo Moisés, y salió limpio, y agradable delante del Dios que le llamó a servirle.  La persona que está enfocando su vida en lo que es eterno, no debe procurar ser una gran persona poderosa con el fin de causar daño a sus semejantes.  Cuando alguna circunstancia le presente a usted ésta indigna posibilidad, lo mejor es renunciar porque hacer semejante prepotencia no es agradable delante de Dios.  Cuando somos puestos en alguna responsabilidad somos puestos por Dios para servir a los demás. Nuestro Señor Jesucristo, así lo hizo antes que usar su poder con prepotencia.  A sus discípulos les dijo a manera de observación y recordatorio: “Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lucas 22:27).

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   El segundo estorbo terrenal del cual una persona que sirve a Dios debe necesariamente despojarse de ello, si en verdad desea enfocar su vida en lo que es eterno, es:

II.- LOS DELEITES DEL PECADO.

   Acerca de la decisión de Moisés al rehusarse a llamarse hijo de la hija del Faraón, o sea de su renuncia a su inminente posibilidad de ejercer poder o autoridad sobre personas que pudieron haber sido los suyos a quienes por ello pudo haberles causado daño, leemos que su decisión fue: “escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado” (Hebreos 11:25).  Seguir bajo los criterios egipcios, sin duda que eso le garantizaba “gozar de los deleites temporales del pecado”.  No es que Dios no esté de acuerdo que uno disfrute lo sano de la vida y de sus generosidades.  Sino lo que no es sano que uno tenga como fuente de su gozo es el “PECADO”.  Todo lo que sea pecado.  Apropiadamente el apóstol explica que ciertamente son cosas que uno podría gozar.  Uno podría gozar un dinero ilícito.  Uno podría gozar sexo prohibido.  Uno podría gozar una venganza pendiente.  Uno podría gozar algo que fue un robo.  Uno podría gozar otras muchas cosas, pero mientras ello sea un fruto o una manifestación de entrega al “PECADO”, no deja de ser todo ello, únicamente “deleites temporales”.   Moisés, se dio cuenta por la gracia de Dios que mucho de lo que podría erróneamente gozar solamente serían los “deleites temporales del pecado”, y al darse cuenta de lo dañino y peligroso que todo ello era para él, prefirió despojarse, deshacerse, renunciarlos, para que todo ello no fueran estorbos en su decisión de servir a Dios y enfocar a su vida en lo que es eterno y que más vale la pena.

   Amados hermanos, sepan esto: Hay deleites no temporales sino esencialmente eternos, deleites que valen la pena porque de verdad porque no traen gozo falso sino verdadero, deleites que no son fruto del pecado sino de la provisión de Dios.  Estos son los deleites que debemos procurar buscar en nuestra vida.  David un rey que vivió unos 600 años después de Moisés, antes de renunciar a los “deleites temporales del pecado”, cometió inmoralidades y otros pecados, pero cuando se dio cuenta de lo dañino y ofensivo que todo ello era para Dios, él se arrepintió, y se dio cuenta que hay un gozo más apropiado que se debe anhelar.  Se llama: El gozo de la salvación.  David, había perdido ese gozo, pero al darse cuenta que lo temporal solo causa más insatisfacción en la vida, oró a Dios diciéndole: “Vuélveme el gozo de la salvación” (Salmo 51:12a).  Nosotros también deberíamos desear, obtener, y permanecer en este “gozo de la salvación”.  Pero eso, hace necesario que renunciemos a los “deleites temporales del pecado” como hicieron Moisés y David.  Pero nuestro mejor ejemplo es nuestro Señor Jesucristo, de quien nos dice el autor de la epístola a los hebreos que Jesús: “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15b).

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   El tercer estorbo terrenal del cual una persona que sirve a Dios debe necesariamente despojarse de ello, si en verdad desea enfocar su vida en lo que es eterno, es:

III.- LAS RIQUEZAS SIN CRISTO.

   Ahora, también observemos en nuestro texto bíblico que Moisés “teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón” (Hebreos 11:26).  Una de las grandes renuncias que Moisés hizo fue “los tesoros de los egipcios”.  Aunque no era el dueño, o el administrador, tendría derecho de vivir de ello por ser casi un faraón, por la adopción que hiciera de él la hija del faraón.  Iba a ser como el junior consentido, que sin duda tendría acceso a derecho no escaso sino abundante de las finanzas de la tesorería egipcia.  En un antiguo documento egipcio conocido como Enseñanzas para Merikare, último de los faraones de la X dinastía, más o menos de la época de Abraham, su padre Jety VII[1], le aconseja lo siguiente: Deberás pagar muy bien a tus funcionarios públicos, para evitar la corrupción y tener el poder de exigirles honradez[2].  Solamente con esta instrucción, imagínese qué bien pagados estaban los funcionarios, y el faraón debería recibir mucho más, y no hay duda que sus familiares en servicio recibirán un buen sueldo.  Aunque con Merikare, se acabó la X dinastía faraónica de los tiempos de Abraham, y 500 años después en los tiempos de Moisés, la dinastía reinante era la dinastía XIX, pero la política económica para beneficio de los gobernantes y sus funcionarios no era nada menor sino seguramente más abundante con sus respectivos incrementos constantes.  Así que Moisés podría tener un futuro de riquezas abundantes y hasta quizá extravagantes aseguradas de por vida, pero también lo renunció.  Sería un estorbo para el plan de Dios para su vida y servicio a Dios.

   La descripción apostólica acerca de Moisés dice claramente que él tomó esa decisión: “teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo”.  En otras palabras, su mayor riqueza fue Cristo en quien esperaba, aunque todavía faltaban unos 1500 años para que viniese a nacer y hacer su ministerio aquí en la tierra.  Esto indica que él estaba pensando en la eternidad, en lo eterno, y en el eterno, porque Cristo es El Eterno que vendría de la eternidad.  Otra razón de Moisés que describe porque prefirió a Cristo y no a las riquezas de los tesoros egipcios, fue porque “tenía puesta la mirada en el galardón”.  Y el galardón real en el que él tenía puesta la mirada no era ni siquiera la tierra prometida que en unos años después sería entregado por Dios a los israelitas, pero esto no era eterno, pues era solamente un bien inmueble que Dios les prestaba para vivir.   El galardón que él miraba era eterno, era su entrada al eterno cielo de Dios donde la vida es perfecta y totalmente centrada en Dios.  Por eso Moisés, como quiso enfocarse en lo eterno y no en lo terrenal, decidió por ello despojarse de las riquezas terrenales que solamente le serían un estorbo en su servicio a Dios y en espera de El Eterno y los bienes de la eternidad.  De qué le hubiese servido el tener a su disposición todos los tesoros de aquel antiguo poderoso imperio egipcio, si él mismo hubiese hecho a un lado a Cristo de su esperanza eterna.

   Amados hermanos, Jesús nuestro Señor, enseñó acerca de la necesidad de renunciar a las riquezas como objeto de confianza.  Por supuesto que no está mal tener dinero, bienes, y propiedades, etc… pero no pueden ser la seguridad del ser humano, mucho menos de uno cristiano que se enfoca en lo eterno.  Jesús dijo: “No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24; Lucas 16:13), y también dijo con certeza que: el engaño de las riquezas ahogan la palabra” (Mateo 13:22). En otro momento dijo a sus discípulos: “Hijos, ¡cuán difícil les es entrar en el reino de Dios, a los que confían en las riquezas!” (Marcos 10:24; cf. Lucas 18:24). Así que las riquezas podrían no ser la mejor opción para el cristiano, a menos que las riquezas sean consagradas al servicio de los planes de Dios.  Moisés analizó bien su caso, y tomó la mejor decisión para él.  Hoy nos toca a nosotros no confiar en el dinero, los bienes, y otras riquezas, haciendo un lado a Cristo.  Las riquezas no son malas en sí, pero deberíamos tener a Cristo como la mejor riqueza para nuestra vida, y las riquezas terrenales pueden ser consagradas también a su servicio juntamente con nuestra vida personal.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, sin duda que hay otras cosas de las cuales es necesario que uno se despoje o las renuncie.  Si hemos decidido enfocarnos en lo que es eterno, entonces necesariamente hay que despojarse “de todo peso” dice el apóstol, o sea, de todo estorbo.  Pueden aparecer como oportunidades, pero serán solo tentaciones para desviarnos de nuestro enfoque.  Las palabras instructivas del apóstol de despojarnos “de todo peso y pecado que nos asedia”, es un llamado a estar alertas en nuestra vida.  ¿Qué es lo más importante para usted? ¿Lo que es temporal, o lo que es eterno?  Recordemos todos que debemos mirar siempre hacia la eternidad, a Jesús, El Eterno, y su correspondiente galardón igual de eterno disponible para los creyentes para toda la eternidad.

   Dios nos ayude a no perder el enfoque de nuestra vida con respecto a la eternidad celestial.

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[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Merykara

[2] https://www.sdpnoticias.com/sorprendente/2014/04/02/consejo-de-faraon-egipcio-buenos-sueldos-a-funcionarios-publicos

Jul 15

QUÉ IMPIDE SER UN VERDADERO ADORADOR, Por: Diego Teh.

QUÉ IMPIDE SER UN VERDADERO ADORADOR

Varios textos.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 15 de julio 2018, a las 18:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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   INTRODUCCIÓN: Según nuestro Señor y Salvador Jesucristo, Dios el padre está buscando “verdaderos adoradores” (cf. Juan 4:23,24).  No somos tan abundantes en el mundo ¿verdad?  No somos tan abundantes, al grado que Jesús utiliza un recurso de lenguaje figurado afirmando que Dios “busca” adoradores, cuando la realidad es que nada puede escapar a su conocimiento de tal manera que no pueda saber dónde está una persona determinada.  La indicación de que Dios “busca” adoradores, es para que entendamos la realidad de que es escasa la cantidad de personas que toman la decisión de ser adoradores de Dios.  La iglesia formada por los creyentes en Jesucristo somos los que debemos ser los “verdaderos adoradores” que Dios busca; sin embargo, en la iglesia también hacen acto de presencia personas que ni siquiera son verdaderos creyentes.  Estos no pueden ofrecer una verdadera adoración, simplemente porque ni siquiera son creyentes. Pero, aun entre los que son verdaderos creyentes, y que tienen el privilegio de ser considerados por Dios como “verdaderos adoradores”, se dan momentos en los que uno cae en circunstancias e impedimentos para ser un verdadero adorador.  Por eso, el título que escogimos para este mensaje es: ¿QUÉ IMPIDE SER UN VERDADERO ADORADOR?

   El mensaje de este momento, tiene la finalidad de que cada quien auto analicemos la veracidad y calidad de nuestra adoración.  Por ello, voy a predicarles que hay una gran cantidad de situaciones espirituales que impiden a una persona ser un verdadero adorador. / ¿Cuáles podrían ser esas situaciones espirituales que impiden a una persona ser un verdadero adorador? / Usando varios versículos de la Biblia, hoy solamente voy a compartirles tres de estas situaciones espirituales.

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   La primera situación espiritual que impide ser un verdadero adorador, es:

I.- EL AMOR AL PECADO.

   Al pronunciar y escribir el salmo 66, en el que David insiste en invitar a toda persona que adore a Dios, expresando él palabras de alabanza por los hechos poderosos de Dios, llega a un momento cuando poniéndose él como ejemplo de cómo Dios no le haría caso a una persona que quiere adorarle, dice David: A él clamé con mi boca, y fue exaltado con mi lengua. / Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. / Mas ciertamente me escuchó Dios; atendió a la voz de mi súplica” (Salmo 66:17-19).  Por supuesto que uno podría estar intentando adorar a Dios, hacer toda la liturgia correspondiente para expresar una linda adoración, uno podría orar o cantarle a Dios como dice David: A él clamé con mi boca, y fue exaltado con mi lengua” (v. 17).  Pero aquí está el punto relevante que debo resaltar en este momento.  David dice: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (v. 18).

   El que mira a la iniquidad, más bien se trata de una persona que está entregada a amar algún pecado, o hasta muchos pecados a la vez, y por ese amor que les tiene, también está entregado a ellos.   Es a esta persona a quien Dios no le escuchará porque desde su corazón realmente no demuestra interés por Dios sino por el pecado.  Su intento de adoración solamente lo hace para que la gente piense que él es una persona entregada a Dios cuando no lo es.  No es que Dios no acepte la adoración de un pecador, pues todos somos pecadores, sino lo que Dios no acepta es que un pecador no haga ni el más mínimo esfuerzo de darle la espalda al pecado comenzando con entregar su vida a Jesucristo, y luego entregándose a la verdadera adoración.

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   La segunda situación espiritual que impide ser un verdadero adorador, es:

II.- LA FALTA DE ARREPENTIMIENTO.

   Hay una historia en el libro de los Hechos de los Apóstoles acerca de un hombre llamado Simón, que quiso comprar con dinero los dones de Dios con los cuales los apóstoles eran medios usados por Dios para impartir el Espíritu Santo a los creyentes.  Dice la historia que: “Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, / diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. / Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. / No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. / Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón;” (Hechos 8:18-22).  Aunque esta historia no trata justamente acerca de la adoración, sin embargo, contiene un detalle que tiene qué ver con el dinero cuando se usa como parte de la adoración, como cuando se da el diezmo o la ofrenda.  En este caso, lo que quiero señalar es el malentendido y muchas veces mal hábito, de creer que uno está bien con Dios por haber dado el diezmo y la ofrenda, aunque la persona lleve una vida de más amor al pecado que a Dios mismo, sin estar arrepentido de ello.  En el caso del Simón de esta historia, es evidente que el apóstol Pedro le estaba diciendo que no podía agradar a Dios si primeramente él no se arrepentía, a pesar de que estaba dispuesto a entregar dinero con la esperanza de alcanzar una gracia de Dios, que por cierto nunca están en venta.  Lo que él necesitaba, al igual que un verdadero adorador es el arrepentimiento, porque de alguna manera todos le fallamos a Dios en algún momento de nuestra vida.

  El arrepentimiento no consiste solamente en presentarse en los momentos de adoración del pueblo de Dios y participar de una oración de confesión de pecados.  Por supuesto que una real y sincera confesión de pecados es parte de los pasos necesarios para ponerse a cuentas con Dios, sin embargo, el arrepentimiento necesario va más allá de una oración de confesión.  El arrepentimiento consiste en la disposición y decisión de querer no volver a cometer el mismo pecado en el que uno ha tropezado antes.  Y en caso de que esto ocurra, uno debe sentir un profundo dolor y aborrecimiento del pecado cometido que vergonzosamente probablemente no haga daño a terceras personas, pero ofende la santidad de Dios.

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   La tercera situación espiritual que impide ser un verdadero adorador, es:

III.- EL ENOJO CONTRA EL PRÓJIMO.

   Desde el primer sermón que nuestro Señor predicó en la ocasión que habló acerca de las bienaventuranzas, también explicó a la gente la importancia de adorar no guardando rencor, ni enojo contra ninguna persona.   Jesús, a la gran multitud reunida para escucharle, les dijo: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, / deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23,24).  Jesús es claro en esta instrucción.  No está diciendo que, si uno se tuvo la culpa de generar algún problema con alguien, es por eso que hay que ir con la otra persona.  Jesús está diciendo que, si uno es el agraviado, y por eso uno se siente lastimado con palabras o acciones de otra persona, y por eso el corazón de uno no se siente bien, entonces, uno antes de adorar debería de hacer todo lo posible de reconciliarse con la persona ofensora, sino uno no está en buenas condiciones de ser un adorador, porque hay algo en su corazón que impide que su adoración sea aceptada.

   Peor, cuando uno es culpable hasta de falta de respeto a su propio cónyuge, pues el apóstol Pedro en su primera epístola universal escribió para la cristiandad: Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).  En realidad, no solamente tiene estorbo una oración que no llegará con Dios cuando un hombre no tiene respeto a su propia esposa, sino también cuando una esposa no le tiene el debido respeto a su esposo; pero también es lo mismo hacia cualquier persona.  Pero, el estorbo al que se refiere el apóstol Pedro, no solo aplica con respecto a una oración, sino igual que a un canto ofrecido a Dios, y hasta una ofrenda, e igual que a todo un culto entero.

   Retomando la enseñanza de Jesús de no presentar la ofrenda que el israelita llevaba vivo o en especie, sin antes reconciliarse con quien le haya agraviado; adorar no es solamente depositar dinero en un ofrendero, no es solamente traer las primicias y ponerlas en una canasta.  Adorar, se trata de presentarse ante Dios con un corazón libre de odios, rencores, envidias, pleitos, habiendo hecho lo necesario para solucionar toda mala relación con el prójimo.  No es posible dar a Dios una adoración cuando no hay una buena relación ni siquiera con el prójimo. El apóstol Juan explica esta realidad diciendo: Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Juan 4:20).  ¿Cómo puede uno ser adorador de Dios, si no está uno bien con alguna persona?

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, Dios nos halló en este mundo, estando perdidos para la condenación eterna, pero nos “escogió […] / para alabanza de la gloria de su gracia” (Efesios 1:4-6).  No halló, llamó, salvó, y convirtió en sus “verdaderos adoradores”.  Ninguno de nosotros deje que el amor al pecado sea un impedimento para ser un verdadero adorador de Dios.  Ninguno de nosotros viva con falta de arrepentimiento sabiendo que ha pecado contra Dios, antes bien, acerquemos en confesión a Dios para ser perdonados (cf. 1 Juan 1:9), para que la falta de arrepentimiento no sea un impedimento de ofrecer a Dios nuestra vida misma como una ofrenda de verdadero adorador.  Ninguno de nosotros se enrede en una mala relación con nadie, ya sea un compañero de trabajo, un vecino, un simple conocido, y hasta con la propia familia, para que el enojo, odio, rencor, etc… no sea impedimento para que usted sea un verdadero adorador.  Sigamos siendo verdaderos adoradores.

Jul 01

LA DISCIPLINA DE LA INTEGRIDAD, Por: Diego Teh.

LA DISCIPLINA DE LA INTEGRIDAD

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Salmo 26:1-12.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 1 de julio 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 09 de la serie: LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO.

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   INTRODUCCIÓN: ¿Qué se quiere comunicar cuando utilizamos la palabra “íntegro”, cuando, por ejemplo, decimos: A María le presté 500 pesos, y el fin de semana me lo devolvió “íntegro”? ¿Cuál es el significado de “integro” en esa expresión? Significa que María lo devolvió “completo”, que lo devolvió “todo”.  ¿Qué idea se quiere transmitir cuando, por ejemplo, decimos: Este piano está “íntegro” como cuando era nuevo? ¿Cuál es el significado de “íntegro” en esta expresión? Significa que el piano está “intacto”, y “conservado”.  En el versículo 1 y en el versículo 11 del Salmo 26, David su autor testifica de una característica que lo ha distinguido en su andar, o sea en su conducta.  Él le llama “integridad”. ¿Qué es eso de “integridad”? Y ¿qué se quiere decir cuando alguien expresa: Los cristianos somos personas que nos conducimos con “integridad”? ¿Cuál es el significado de “integridad” en esta expresión? Igualmente, tiene que ver con una persona con calidad de “íntegro”, que tiene una entereza moral. Es una manera de describir a una persona intachable, que no le falta nada para ser congruente con lo que es, con lo que dice, y con lo que hace.    Kent Hughes, autor del libro Las Disciplinas de un Hombre Piadoso, en el capítulo correspondiente a La Disciplina de la Integridad, después de analizar la falta de integridad de Ananías y Safira (cf. Hechos 5), afirma y con toda razón: “La integridad es una de las mayores necesidades de la iglesia moderna”. Y luego, interpretando al apóstol Pablo cuando dice: “Sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en Aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15), dice Hughes: “la integridad es indispensable para el crecimiento de la iglesia”.

   Considerando que verdaderamente la integridad hace mucha falta entre los que conformamos la iglesia de Jesucristo, y que ello contribuye al crecimiento de la iglesia, hoy basado en diferentes versículos de la palabra de Dios, voy a predicarles que “la integridad es una necesidad en todas las áreas de la vida de un hijo de Dios”. / ¿Cuáles son las áreas de la vida de un hijo de Dios, en las cuales la integridad es una necesidad? / En el mensaje de este momento, les voy a compartir algunas de estas áreas de la vida de un hijo de Dios en las cuales la integridad es una necesidad.

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   La primera área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

I.- EN LA VIDA DEL HOGAR.

   David, el autor del Salmo 101, dice: “En la integridad de mi corazón andaré en medio de mi casa” (Salmo 101:2b), pero lo dice como resultado de una experiencia previa con Dios, pues antes dirigiéndose a Dios, le dijo: Entenderé el camino de la perfección cuando vengas a mi” (Salmo 101:2a). Realmente se necesita que Dios haya venido a la vida de una persona para que entonces uno pueda ser íntegro.  Esta integridad, sin duda debe comenzar en casa.  No hay personas que conozcan mejor nuestra integridad que los que viven en nuestra propia casa: El cónyuge, los hijos, y otros parientes cercanos.  Cuando hay integridad en una persona, en la casa todo marcha bien con todos.  Cuando hay integridad en un hogar, esto se refleja en todas partes como en el trabajo y hasta en la iglesia. Cuando no hay integridad, especialmente en los padres de familia, ni siquiera a largo plazo sino a corto plazo, solamente estarán conduciendo a su misma familia, a sus propios hijos a una vida infeliz, porque según el mal ejemplo que han visto de sus padres, así se conducirán también ellos.

   Con respecto al resultado de la vida de un padre íntegro, y por qué no, también de una madre íntegra, dice un proverbio: Camina en su integridad el justo; sus hijos son dichosos después de él” (Proverbios 20:7).   La NVI clarifica esto mismo, diciendo: Justo es quien lleva una vida sin tacha; ¡dichosos los hijos que sigan su ejemplo!” (Proverbios 20:7; NVI). Vale la pena, que la integridad sea practicada en el hogar.  A largo plazo los hijos serán felices, dichosos, porque tuvieron a tiempo el ejemplo apropiado de cómo conducirse en la vida.  ¿No quiere usted ésta bendición para sus hijos y familia?

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   La segunda área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

II.- EN EL SERVICIO A DIOS.

   Después de que los israelitas habían sido instalados en sus respectivos territorios por tribu en la tierra prometida, Josué observó que vacilaban entre servir a Dios y al mismo tiempo servir a dioses ajenos que sus antepasados sirvieron en Egipto, o de los que conocieron en el camino hacia la tierra prometida, y los que ahora habían conocido de los nativos de la tierra prometida.  Eso es falta de integridad, pues si a Dios se quiere servir, tiene que ser de manera completa, no a medias, solo a Él.  Es lo que Jesús le dijo al mismo diablo cuando le tentó: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás” (Mateo 4:10).  Servir, no es solamente el acto de adorar durante un culto sino toda acción que uno realiza debe ser en obediencia a la voluntad de Dios.

   Para combatir la división de servicio que los israelitas tenían para con Dios al mismo tiempo que para los falsos dioses, Josué les exhortó que procedieran con integridad.  Les dijo lo siguiente: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. / Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:14,15).  Dios requiere que sea servido con integridad, no a medias, pues solo Él es Dios vivo y verdadero (cf. Jeremías 10:10).  ¿Es así con integridad que usted está sirviendo a Dios?

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   La tercera área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

III.- EN LA RESPONSABILIDAD DE ADORAR.

   Entre el Salmo 41, David, dirigiéndose a Dios le dice: “En cuanto a mí, en mi integridad me has sustentado y me has hecho estar delante de ti para siempre” (Salmo 41:12). ¿Qué es lo que David está comunicando con esta interesantísima declaración?  Nada menos que la verdad, que cuando una persona temerosa de Dios está haciendo de su parte el vivir con integridad en todos los aspectos de su vida, a esa persona, Dios le sustenta, pues David dice: “en mi integridad me has sustentado”, pero no se refiere al pan de cada día como sustento, sino al sustento espiritual de enfrentar la vida con toda responsabilidad y victoria.  Pero, lo que quiero enfatizar en este punto es que David también como resultado de su propia integridad, le dice a Dios: “me has hecho estar delante de ti para siempre”.  Dios, aunque siente misericordia por las personas que no tienen integridad, Él no se agrada de ellos, pues, aunque todos los días vengan a Dios con multitud de sacrificios, antes que ello lo que Dios espera de una persona que busque estar delante de él en adoración es la integridad.

  Por ejemplo, las personas que abusan pensando que si pecan no es problema porque Dios les perdonará, de ellos Dios dice: “¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? [… / …] me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. / Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; …” (Isaías 1:11-15a).  Aunque estas palabras fueron dichas por Dios mucho tiempo después de David, de todas maneras, siempre era verdad aun en tiempos anteriores a David. David mismo había entendido esta situación, pues el mismo en su arrepentimiento de un pecado inmoral que había cometido, en su oración de arrepentimiento le dijo a Dios: “Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. / Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmo 51:16,17).  Aunque los sacrificios sangrientos eran vigentes en su tiempo, el mismo enfatiza en otro de sus salmos que uno de los requisitos para presentarse delante de Dios es la integridad antes que cualquier ceremonia externa, pues en el soliloquio del Salmo 15, dice: “Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? / El que anda en integridad…” (Salmo 15:1,2a). Tabernáculo y monte santo, en este salmo, evocando las ocasiones cuando Dios manifestó su presencia en tales lugares, es usado como lenguaje figurado para expresar que Dios no espera que nadie se atreva a acercarse a Él si no está previamente preparado para ello con una vida íntegra basada en la santificación. ¿Considera usted que está llevando una vida de integridad para que usted pueda presentarse a conciencia delante de Dios santísimo para adorarle?

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   La cuarta área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

IV.- EN EL ALEJAMIENTO DEL PECADO.

   Todo hijo de Dios se preocupa por el pecado, y hace todo lo que está de su parte para alejarse y huir de ello.  Fue una verdad para los que vivieron en la antigüedad antes de Cristo, así como para nosotros los cristianos de la actualidad.  David en su tiempo, y no deja por ello ser verdad en la actualidad, él hizo una oración a Dios en el cual le dice a Dios: “Guarda mi alma, y líbrame; no sea yo avergonzado, porque en ti confié. / Integridad y rectitud me guarden, porque en ti he esperado” (Salmo 25:20,21).  Este guardar el alma que David le ruega a Dios es el anhelo de no verse envuelto en pecado alguno, pidiéndole a Dios que sea librado aun de posibles ocasiones de pecar contra Él.  Eso sería desde la directa intervención de Dios.

   Sin embargo, en la responsabilidad personal de no dejarse atraer, caer, y arrastrar por el pecado, David hace una afirmación interesante al decir: “Integridad y rectitud me guarden, …”.   Para no caer en los lazos de las tentaciones, además de que Dios hace lo que le corresponde para que tengamos el camino despejado de males, nuestra responsabilidad es tener “integridad” para no caminar hacia donde están la tentación y el pecado disponibles.  Es necesario que contemos con la virtud moral de la “integridad”, pues ello mismo sirve para ser guardado del peligro constante de pecar.  ¿Procura usted tener integridad para guardarse de las tentaciones y del pecado mismo?  Si alguien no busca ser íntegro, entonces voluntariamente quiere pecar, pero el que busca ser íntegro, voluntariamente desea alejarse de pecar.  Cuando sienta que el pecado y la tentación le está atrayendo o le quiere arrastrar hacia lo indebido, invoque en oración la gracia y el poder de Dios, para que Dios le auxilie a mantenerse en integridad.

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   La quinta área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

V.- EN LA BÚSQUEDA DEL ÉXITO.

   Según un proverbio bíblico: La integridad de los rectos los encaminará;
pero destruirá a los pecadores la perversidad de ellos”
(Proverbios 11:3).  Observe usted los contrastes mencionados en este proverbio.  El contraste “de los rectos” es “los pecadores”. El contraste en la calidad moral de cada uno es, el de los rectos “la integridad”, el de los pecadores “la perversidad”.  El contraste con respecto al final que a cada uno les espera su respectiva calidad moral es, el de los pecadores es que su perversidad los ¿qué?, los “destruirá”, y el de los rectos es que su integridad “los encaminará”.  Muchas veces las personas, instituciones, organizaciones, empresas, etc… no prosperan precisamente por la falta de integridad.  La misma falta de ello los comienza a destruir, y si no lo detectan y comprenden a tiempo que ese es su mal, y si no se corrigen, muy pronto quedarán arruinados, destruidos sin poder continuar sus proyectos.  En cambio, cuando hay integridad, el proverbista afirma que la integridad misma “los encaminará”.; o sea, que los llevará al éxito, al triunfo, a salir adelante.

   Les voy a recordar que en 1982 se dio el caso en Chicago EUA, de que todo un lote de Tylenol producido por la compañía Johnson & Johnson, fue adulterado con cianuro por algún empleado con conocimientos científicos, causando la muerte de siete personas.  Como consecuencia la empresa perdió la confianza de sus consumidores, además que perdió muchísimos millones de dólares.  Sin embargo, la empresa tenía entre sus valores el servir a la comunidad con honestidad e integridad.  Entre sus valores estaba la “integridad”.  Por causa de aquellos incidentes, el presidente de la compañía ordenó que se retire de las farmacias, consultorios, hogares, la venta y consumo de todo el Tylenol de su marca que habían antes distribuido, aunque quizá no toda la producción estaba envenenada con el cianuro.  Eso significaría la pérdida de unos cien millones de dólares, no poco dinero. Al ser interrogado el presidente de la compañía por los reporteros, acerca de cómo fue que tomó esta gran decisión, su respuesta fue: “Practiqué lo que acordamos hace tiempo en la declaración de nuestra misión, siempre es fácil hacer lo correcto cuando uno sabe cuál es su posición[1].   La compañía recuperó la confianza de los consumidores, hoy 32 años después es una compañía próspera, exitosa.  De mucho le sirvió la integridad.

   ¿Usted está practicando la integridad para salir adelante en las dificultades para encontrar éxito en la vida, o lo hace por medio de trampas tal como lo hacen los que no son cristianos?

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   La sexta área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

VI.- EN LOS NEGOCIOS COMERCIALES.

   En el libro de los proverbios leemos que “El peso falso es abominación a Jehová; mas la pesa cabal le agrada” (Proverbios 11:1).  En otro proverbio similar, también leemos que dice: “Pesa falsa y medida falsa, ambas cosas son abominación a Jehová” (Proverbios 20:10).

   En nuestros negocios con las personas a quienes servimos con nuestras ventas, productos, trabajo, etc…, o a quienes nos hacen trabajamos, o les compramos sus productos requiere de nosotros los hijos de Dios, la práctica de la integridad.  Si algo usted vende por kilos, y usted le descuenta 50 gramos en la báscula y entrega solamente 950 gramos o menos o aún más pero no completa los 1000 gramos del kilo, usted no está siendo íntegro; usted está cayendo en la anomalía del peso falso; peor si usted le ha colocado un calce a la báscula para que muestre que está completo lo que usted está pesando, pero de manera oculta usted le está robando a su cliente.  Eso es falta de una evidente integridad, del cual por lo general la gente se da cuenta.  También hay falta de integridad cuando usted vende algo más allá de su precio máximo al público.  Si la gente lo compra o se lo paga a usted será porque no tiene otra opción cercana o en ese momento.  Inmediatamente las ganancias de usted se disparan o dispararán notablemente.  Usted se estará enriqueciendo, sin embargo, al costo de una indigna falta de integridad, lo cual no es correcto ni agradable a la vista de Dios.

   Amados hermanos, ninguno de nosotros debe hacerle chafa, trampa de peso o de precio, absolutamente a nadie.  A Dios le es abominación.  Le es despreciable la actitud de quien hace eso con su prójimo.  ¿Es usted “íntegro” cuando hace negocios con sus clientes, y hasta con sus empleados?  Si usted es un vendedor de cualquiera que sea el producto, ¿lo vende como corresponde a su justo precio, o lo vende a precio exagerado?  El integro vende al justo precio, no a precio exagerado.  Si usted es patrón, ¿paga a sus empleados lo que corresponde a sus aptitudes, producción, conocimientos, y experiencia, o les paga poco quedándose usted con lo que legítimamente le corresponde a su empleado por haber trabajado arduamente para entregarle a usted la tarea o producción que le fue requerida?

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    La séptima área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

VII.- EN LA EVANGELIZACIÓN.

   Tan pronto estaba surgiendo la primera iglesia de Jesucristo en Jerusalén, hubo necesidad de administrar bien los recursos humanos y hasta económicos de aquella naciente iglesia.  La iglesia estaba creciendo, pero crecería mucho más. La iglesia también tenía que administrar un porcentaje de sus recursos para apoyar a las viudas no solamente de los hebreos a quienes se les estaba dando prioridad, sino también de los griegos que por primera vez en la historia ellas estaban siendo parte del gran pueblo de Dios.  Por lo que al elegir a los primeros diáconos que se harían cargo de esta administración, no solamente se pensó en la necesidad de 7 diáconos, sino que uno de los requisitos para elegirlos fue que deberían ser personas primeramente “de buen testimonio” (Hechos 6:3).  Deberían ser “de buen testimonio”, porque tanto los que ya formaban parte de la naciente iglesia, así como los que estaban fuera de la iglesia estarían observando si aquella iglesia en formación era verdaderamente diferente a cualquier asociación que ellos ya conocían y que no era nada transformador. La gente de aquellos tiempos, como hasta el día de hoy, siempre analiza si hay algo diferente en una iglesia en particular que valga la pena para creer en su Cristo.  Pero, si al evangelizar predican del amor de Dios, el amor fraternal, pero si después en su misma iglesia no viven lo que predican, entonces, no tienen integridad entre lo que predican y lo que realmente viven, por lo que una iglesia así no interesaría a nadie.

   En su libro Las Disciplinas del Hombre Piadoso, Kent Hughes, observa con certeza que: “La inevitable necesidad de integridad de la iglesia está vinculada directamente con las necesidades de nuestro mundo perdido, ya que el mundo anhela ser libre de engaño.  Sin duda, el mundo practica y promueve el engaño; pero en lo más profundo muchas personas ansían verse libres de la falsedad.  Un considerable número de personas fuera de las cuatro paredes de la iglesia abrazarían ansiosamente la fe de los creyentes que sean los modelos de probidad e integridad que ellos buscan.  […]  Un espíritu íntegro es un poderoso instrumento de evangelización.  He conocido a personas que por haber visto esta cualidad en alguna iglesia o creyente, se sintieron irresistiblemente atraídas por Cristo.  La integridad será para algunas personas la refrescante bebida tentadora en medio del secularizado desierto de la falsedad”.

   Amados hermanos, recuerden que todos estamos haciendo labor de evangelización para alcanzar a otros para la bendita y gloriosa salvación de sus almas, por lo que se requiere que cada uno de nosotros sea “de buen testimonio”.  Que lo que hacemos concuerde con lo que creemos y predicamos.  O sea, que seamos íntegros entre nuestra fe y nuestra práctica.  Eso contribuirá a que nuestros esfuerzos evangélisticos sean valorados y apreciados por la gente. Así no faltarán personas que crean en el santo evangelio de Jesucristo, y entreguen sus vidas a él.

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   La octava área de la vida de un hijo de Dios, en la cual la integridad es una necesidad, es:

VIII.- EN EL HABLAR SIEMPRE LA VERDAD.

   Hablar diciendo siempre las cosas tal como son, es hablar con verdad, y hablar con verdad es parte de la integridad de una persona.  Pero hablar diciendo mentiras, diciendo las cosas como no ocurrieron o como no son realmente, es una evidencia de falta de integridad.  Un creyente en Jesucristo no debe hablar con mentira.  El apóstol Pablo, en su epístola a los Efesios, instruyéndoles acerca de una serie de conductas no convenientes para la integridad, y acerca de las conductas que cultivar, les dice: “… desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros” (Efesios 4:25).  Cuando mentimos al prójimo en general, y hasta a nuestros hermanos en la fe, en ese momento evidenciamos nuestra falta de integridad.  El apóstol Pablo orientó a los Efesios, de que el mal de mentir, no es algo que tenga que dominar a un creyente, porque al decir que puede ser desechada su práctica, entonces es superable para aquellos que tienen el mal hábito intencional de mentir.  Usted puede ser siempre íntegro hablando siempre la verdad.

   Les comparto que: “en un pueblo, el rey convoco a todos los jóvenes y les dijo: “Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros, al cabo de 6 meses deberán traerme en una maceta la planta que haya crecido, y la planta más bella ganara la mano de mi hija”.  Así se hizo, pero había un joven que planto su semilla y esta no germinaba; mientras tanto, todos los demás jóvenes del reino no paraban de hablar y mostrar sus hermosas plantas. Llegaron los seis meses y el joven ni siquiera quería ir al palacio, pero su madre insistía en que debía ir pues era un participante. Avergonzado, desfilo de último hacia el palacio, con su maceta vacía…  Los otros jóvenes se burlaban de él. Llegó el rey, y todos hicieron su respectiva reverencia mientras él se paseaba entre todas las macetas admirando las plantas. Finalizada la inspección llamó a su hija, y llamó de entre todos al joven que llevo su maceta vacía. El rey dijo entonces: “Este es el nuevo heredero del trono y se casara con mi hija, pues a todos ustedes se les dio una semilla infértil, y todos trataron de engañarme sembrando otras plantas; pero este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta vacía, siendo sincero, honesto, real y valiente, cualidades que un futuro rey debe tener y que mi hija merece”. Definitivamente la integridad es un tesoro…[2]

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   CONCLUSIÓN:    Amados hermanos, ser íntegro es una perfección moral y espiritual que mucha falta hace en la vida de muchos creyentes.  No porque sean falsos creyentes.  Son creyentes verdaderos, pero no se han ocupado en profundizar su obediencia a Dios, y entonces no les preocupa cómo viven. Se contentan con saber que por haber creído en Jesucristo, ya son considerados cristianos.  Sí es cierto, pero es un cristiano inicial, que tiene que ir creciendo en la gracia, desechando todo residuo de impiedad que haya venido arrastrando durante toda su vida antes de creer en Jesucristo.  Ahora tiene que integrar a su vida los valores y virtudes propios del mismo evangelio, para que pueda ser un cristiano íntegro, completo, congruente, y de buen testimonio donde sea que este se encuentre.   Es lo que Jesús espera cuando dijo: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:48). Dios espera de cada uno de nosotros, la integridad en: 1) el hogar; 2) el servicio a Dios; 3) la responsabilidad de adorar; 4) el alejamiento del pecado; 5) la búsqueda del éxito; 6) los negocios comerciales; 7) la evangelización; y 8) el hablar siempre la verdad.

   Dios nos ayude a todos a ser cristianos de integridad.

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[1] https://www.aguilascfc.org/2014/06/bosquejo-la-importancia-de-la-integridad.htm

[2] http://www.estudiosysermones.com/2013/12/el-valor-de-la-integridad.html