Oct 14

LAS DECISIONES CENTRADAS EN EL EVANGELIO, Por: Diego Teh.

LAS DECISIONES CENTRADAS EN EL EVANGELIO

Filipenses 1:27-30.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 14 de octubre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 10 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

   INTRODUCCIÓN:  En una de las batallas dirigidas por el gran conquistador griego Alejandro Magno habló con un soldado suyo que tenía el mismo nombre Alejandro. Pero este soldado no era precisamente conocido por su valentía, sino que era conocido por su cobardía. Desde el inicio de las batallas, en vez de ir al frente de la batalla, solía inmediatamente buscar algún lugar dónde resguardarse mientras sus compañeros enfrentaban las batallas en las que siempre salían triunfantes. Así que el gran conquistador le dijo a este soldado cobarde: “O cambias de actitud, o cambias de nombre”. “Si te llamas Alejandro, compórtate como un Alejandro: haz honor a mi nombre”.  Es algo similar lo que hoy les quiero compartir en este mensaje.  Si usted ha creído en el evangelio, entonces viva el evangelio.  Pero, para vivir el evangelio que usted cree, tome usted la decisión de vivir el evangelio.

Josué el hombre que después de Moisés lideró la última etapa de avance de los israelitas, y quien también lideró la toma de posesión de la tierra prometida, es un buen ejemplo acerca de cómo tomar buenas decisiones.  Este Josué, en algún momento de su vida, confrontó a los israelitas que vacilaban entre servir a Dios y a los dioses falsos, pues frecuentemente se inclinaban a servir a los dioses egipcios, o a los dioses que conocieron durante los años que estuvieron y pasaron en muchos lugares mientras se dirigían hacia la tierra prometida.  Entre sus confrontaciones les dijo: “Escogeos hoy a quien sirváis, pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Josué 24:15).  Pero, su secreto que le hizo fácil tomar esta buena decisión, es porque vivía el consejo que Dios mismo le dio desde el día que recibió de Él cuando le comisionó a guiar a los israelitas.  Me refiero, al consejo: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” (Josué 1:8).  Tener presente la palabra de Dios en la vida, y estar dispuesto a obedecerla, es el secreto y la fuente para tomar buenas decisiones.  Siglos después de Josué, sin desechar Dios su palabra dada desde aquel entonces, por medio de su santo Hijo Jesucristo nos reveló las palabras necesarias para conocer el camino a la salvación eterna, y para tener una excelentísima regla de práctica o conducta que debemos acatar. Estas palabras son conocidas como “El Evangelio”.

Por eso en este mensaje, con el objetivo que también nosotros vivamos el evangelio que creemos, la propuesta que les traigo es que: Todas las decisiones centradas en el evangelio, deben estar basadas en los principios fundamentales del evangelio. / ¿cuáles son los principios fundamentales del evangelio en los cuales deben basarse todas las decisiones centradas en el evangelio? / Basado en nuestro texto bíblico, de Filipenses 1:27-30, podemos encontrar la enseñanza de algunos de los principios fundamentales.

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El primer principio fundamental del evangelio, en el cual debe basarse toda decisión centrada en el evangelio, es:

I.- LA LEALTAD AL EVANGELIO EN TODO LO QUE HACEMOS.

   La iglesia de Filipos fue una de las iglesias hacia quienes el apóstol Pablo les tuvo un gran afecto fraternal. Después de decirles que en caso de que no haya en su vida alguna situación que lo llevase a “estar con Cristo” allá en la eternidad, al quedarse él aquí en la tierra estaba dispuesto lo más que pueda a quedarse a trabajar con ellos.  La única condición que les anticipó fue: Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo, …” (Filipenses 1:27a).       La palabra que el apóstol usa “comportar” es una palabra que literalmente se debe de traducir como “comportarse como ciudadanos”.  La versión Nueva Traducción Viviente, dice de manera más clara: “deben vivir como ciudadanos del cielo, comportándose de un modo digno de la Buena Noticia acerca de Cristo” (Filipenses 1:27a; NTV).  En otras palabras, así como los romanos se sentían orgullosos de su ciudadanía, ellos también deberían de estar orgullosos que por Cristo, ahora son “ciudadanos del cielo”. El mismo apóstol Pablo les recalcó acerca de esta realidad, enseñándoles o quizá recordándoles lo siguiente: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20).  Por todo esto, si ellos verdaderamente habían creído en el evangelio, entonces no deberían comportarse como ellos quieran, sino “como es digno del evangelio de Cristo”. Esto es lo que podemos llamar lealtad.  Vivir como lo requiere el evangelio que cambia la vida presente, así como el destino eterno de la condenación a la salvación eterna.

Amados hermanos, es incongruente solamente creer y aceptar la gracia del evangelio, y no corresponderle viviendo una conducta que haga evidente que uno verdaderamente ha sido alcanzado por los beneficios presentes y eternos de la gracia de dicho evangelio.  Si el evangelio es el beneficio máximo con el que Dios ha alcanzado nuestra vida para transformarla no solamente en el presente, sino que también garantiza nuestra eternidad sin los alcances del castigo eterno, entonces para tenerle lealtad al evangelio, para todo lo que decidamos hacer, debemos cerciorarnos que honramos el evangelio.  Pero, si no somos leales al evangelio, lo único que la gente verá en nuestras acciones o conducta son cosas que ponen en evidencia que no somos verdaderamente creyentes, pues el que es verdaderamente creyente siempre tendrá lealtad al evangelio que ha cambiado su vida.  Por eso, cuando tomemos la decisión de hacer cualquier cosa en la vida, debemos hacernos la pregunta: ¿Mi decisión y acción, demuestran que soy leal al evangelio? ¿Lo que voy a decidir, o lo que ya decidí, es “digno del evangelio” que ahora profeso?

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El segundo principio fundamental del evangelio, en el cual debe basarse toda decisión centrada en el evangelio, es:

II.- EL VALOR A FAVOR DEL EVANGELIO QUE PROFESAMOS.

Obviamente, cuando Pablo les escribe su epístola a los Filipenses, él no se encontraba con ello, por eso les dice: para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del evangelio, / y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de Dios” (Filipenses 1:27b, 28).  Una de las cosas que él les enfatiza que espera ver en ellos, después de la unanimidad es que “en nada sean intimidados por los que se oponen”.  Para lograr este objetivo que es requerido más que por Pablo, es por requerimiento del mismo evangelio, se necesita demostrar valor para dar a conocer en la vida propia los resultados redentores del evangelio desde que uno creyó en él; esto a pesar de que la gente se oponga a las verdades del mismo evangelio. Los que se oponen al evangelio, son los que no quieren escuchar las verdades del evangelio, y suelen rechazar escuchar el evangelio que uno les quiere comunicar, y hasta si está en sus manos hacerlo prohíben que sea predicado, y algunos hasta amenazan y persiguen a quienes lo predican y practican.  Entonces, se necesita valor para ser el discípulo de Cristo que él espera que de cada persona que acepte el evangelio.  No se espera cobardía, sino valor para no ocultar que uno pertenece a Cristo.

En una situación similar ocurrido en los comienzos de la iglesia en la ciudad de Jerusalén, cuando los primeros creyentes fueron objeto de amenazas por tan solo creer en Cristo, y más por predicarlo, lo que hicieron fue orar a Dios pidiéndole: “concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra” (Hechos 4:29b; RV60). Según la Nueva Traducción Viviente, lo que literalmente dijeron fue: “danos a nosotros, tus siervos, mucho valor al predicar tu palabra” (Hechos 4:29b).   Valor fue la petición de ellos.  Hay creyentes, que por temor de dar a conocer que ahora son de Cristo y su evangelio, viven su fe a escondidas, llenos de temor, no siempre dispuestos a proclamar su fe en Cristo.  Les falta valor.  Todo lo que deciden hacer, es con temor a que no se sepa sin cristianos.  Si hacen una fiesta, a escondidas de los hermanos hacen sus bailes sensuales, beben sus cervezas y otras bebidas embriagantes, no teniendo valor para que dignamente y con valor le digan un NO, a quienes les empujan a hacerlo.  Sin embargo, aun en medio de una situación de adversidad u oposición ya sea al mismo evangelio, o a quienes lo profesan, el apóstol Pablo dice que hay que actuar con valor.

Amados hermanos, hoy siempre hay oposición al evangelio, por eso, hasta en las mismas iglesias, más de un cristiano en la actualidad, y hasta oficiales de iglesias de nuestro Señor Jesucristo, han optado por no predicar en contra del pecado en todas sus manifestaciones, pues eso hace que la gente piense que uno es solamente un fanático del evangelio que según ellos solamente sirve para condenar a las personas, pues no pueden ver en el mismo mensaje la comunicación de la gracia de Dios que al mismo tiempo se les ofrece.  Hace falta valor a favor del evangelio.  Ahora, cuando usted toma alguna decisión de hace cualquier cosa en su vida cotidiana, ya sea personal, familiar, laboral, etc… ¿su decisión demuestra que usted tiene valor de demostrar que usted es un verdadero profesante del evangelio?  Sus decisiones no deben estar al margen del evangelio.

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El tercer principio fundamental del evangelio, en el cual debe basarse toda decisión centrada en el evangelio, es:

III.- LA NECESIDAD DE UNA ENTREGA TOTAL AL EVANGELIO.

   Otro de los principios de conducta y decisión, además de la lealtad y el valor que el apóstol Pablo les requirió a los Filipenses, es la entrega total al evangelio.   Y se los dijo con las siguientes palabras: Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él, / teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís que hay en mí” (Filipenses 1:29,30).  No era solamente un capricho del apóstol cuando les dice que espera que ellos padezcan “teniendo el mismo conflicto que habéis visto en mí, y ahora oís que hay en mí” (v.30), sino que como les dijo antes: “a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él” (v. 29). El creer en Cristo, no necesariamente, pero podría darse el caso que por causas obviamente no propias, pero sí por causa del evangelio, a pesar de sus agradables beneficios, un creyente padezca rechazo, burlas, desprecios, agresiones, castigos, etc…  Y entonces, se espera que el verdadero creyente entienda que vivir el evangelio no es solamente una cuestión de “sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él”, obviamente no como requisito principal sino solamente si se llega a dar el caso.

Cristo y su evangelio, requieren una entrega total, si es necesario hasta el grado de dar la vida por el evangelio, porque como dijera Jesús que en estos casos: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará.” (Marcos 8:35; cf. Mateo 10:39; 16:25; Lucas 19:24).  El evangelio no es la causa de las adversidades que trae la vida, pero el evangelio no las elimina ahora, sino hasta el final de todo.  Mientras tanto se espera que nos entreguemos e él de manera total, sin reserva alguna.  El apóstol Pedro, considerando que el evangelio no nos exenta de dificultades en la vida, escribió en su primera epístola universal: Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1 Pedro 5.10).  Las circunstancias de la vida, hace necesario que nuestra entrega al evangelio no sea parcial sino total.

Amados hermanos, en esta vida nada garantiza que no enfrentaremos adversidades de todo tipo que van desde problemas de salud, hasta problemas quizá familiares, sociales, e incluso espirituales, etc…, pero al fin todo cambiará.  Lo que ahora padecemos o nos tocará padecer, aunque nos parezca mucho tiempo, realmente es “poco tiempo” comparado con una eternidad de una absoluta perfecta vida a la que Dios nos está guiando.  Por eso, cuando usted tome cualquier decisión en la vida, hágase usted la pregunta: ¿La decisión que ahora voy a tomar, implica que con ella estoy dispuesto a una entrega total al evangelio si ello me lo requiere, o solamente estoy decidiendo lo que a mí me conviene?

Amados hermanos, las adversidades de la vida, incluso las que nos han de llegar como consecuencia no propia sino externa por creer en el evangelio, no deben ser un motivo para negar o abandonar nuestra experiencia de fe y salvación con el evangelio, más bien debe ser motivo para que con más razón nos entreguemos totalmente a vivir centrados en el evangelio.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, voy a concluir este mensaje trayendo a nuestra memoria algunos ejemplos, aunque mucho antes de Cristo, sin embargo, también tienen que ver con el vivir bajo las normas y dirección de la palabra de Dios dada a personas de la antigüedad.  Estos ejemplos nos indican que tomar una mala decisión no centrada en la palabra de Dios, o no centrada en el evangelio, como aplica ahora para nosotros, puede llevar a cualquier persona hacia una consecuencia inesperada.  Por ejemplo:

1).- Sansón tomó la mala decisión de casarse con Dalila una mujer filistea, prohibido en ese entonces por la ley de Dios.  Por más que sus padres le aconsejaron que ella no era apropiada para él siendo él un hombre de Dios, Sansón decidió casarse con ella. La consecuencia fue que Sansón pronto perdió su libertad, sus ojos, y finalmente perdió hasta la vida no por causa de Dios sino por causa de su propio error.

2).- Roboam, hijo del rey Salomón, a sus 41 años de edad, tuvo el privilegio de heredar el trono de Israel. Tenía a su disposición un grupo de sabios consejeros quienes no dudaron en orientarle bien para que él tomara la mejor decisión para el bien de su reino.  Sin embargo, él también tenía a los amigos de su juventud, hombres sin buenos fundamentos morales ni siquiera para sus propias vidas, quienes le mal aconsejaron.  Roboam, más les hizo caso a estos amigos inmaduros que a sus sabios consejeros. Su decisión fue mala y adversa a lo que beneficiaría su reino, y por ello terminó perdiendo su reino (cf. 2 Crónicas 10:1-19). Su decisión fue una de las causas que contribuyó a la división definitiva del reino de Israel en reino del norte, y reino del sur.

Igualmente, en el Nuevo Testamento, tenemos por ejemplo el caso de los esposos Ananías y Safira, quienes tomaron la mala decisión de quedarse con parte de un dinero que ya habían prometido entregar para el beneficio de la obra de Dios.  Eso fue nada menos que una descarada mentira a Dios.  La consecuencia para ellos fue una muerte instantánea, muerte que Dios mismo ejecutó para ejemplo a los que piensen que a Dios se le puede mentir cuando uno quiera (cf. Hechos 5:1-11).

Por eso, para la gloria de Dios es necesario tomar buenas decisiones fundamentadas en la voluntad no propia, ni de los amigos, sino en la voluntad revelada de Dios, o sea en el evangelio.  Todos los días, según un dato que encontré en la introducción del sermón de un pastor, dice que: “Las estadísticas muestran que en promedio cada día una persona puede tomar 1.500 a 2.000 decisiones, desde decisiones sencillas como lavarnos las manos, lavarnos los dientes, escoger el color de zapatos, saber que ruta voy a tomar en mi transporte, decidir qué voy a preparar hoy de desayuno, almuerzo o cena, qué película quiero ver en el cine, a qué hora me voy a levantar, etc… hasta decisiones trascendentales como saber qué carrera quiero estudiar, con quién me voy a casar, dónde voy a vivir, cuántos hijos voy a tener, cómo me voy a ganar la vida, entre muchas otras[1].  En otra fuente leí que solamente para las comidas del día tomamos, por lo menos unas 250 decisiones[2].  Pero ya sea que nuestras decisiones sean sencillas, o sean trascendentales, siendo nosotros creyentes del evangelio, debemos cerciorarnos que cada decisión va a contribuir a que seamos leales al evangelio, a que tengamos valor a favor del evangelio, y a que nos entreguemos totalmente al evangelio.

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[1] https://sermons.faithlife.com/sermons/168653-la-toma-de-decisiones-en-la-vida-del-creyente

[2] http://sugarnobaby.com/cada-dia-tomas-mas-de-250-decisiones-relacionadas-con-la-comida/

Sep 30

QUÉ TENGO QUE PERDER PARA GANAR UN ALMA, Por: Diego Teh.

QUÉ TENGO QUE PERDER PARA GANAR UN ALMA

Juan 4:1-10.

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Elaborado por el Pbro. Diego Teh, para ser predicado el domingo 30 de septiembre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

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Este sermón es el # 10 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

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   INTRODUCCIÓN: Acabamos de leer un pasaje bíblico muy distinguido acerca de los primeros resultados del ministerio de Jesús.  Se trata de su encuentro y su conversación con aquella célebre mujer samaritana de Sicar, en el que momentos después se desató la conversión masiva e inmediata de muchos samaritanos más, además de esta samaritana.  De manera magistral, lleno de sabiduría, Jesús usó la circunstancia en la que él mismo y aquella mujer samaritana providencialmente coincidieron en aquel lugar, donde ambos tenían necesidad de agua, Jesús para beber en aquel momento, y ella para llevarse a casa para su uso doméstico seguramente.  Lo que Jesús tenía para ofrecer en aquel momento, era su predicación acerca de la necesidad de arrepentimiento, y todo lo relacionado con el reino de Dios que en él estaba presente y disponible para el corazón humano. A ese mensaje, él le llamó “agua viva” (Juan 4:10), un agua muy especial, distinto al agua que procedía del pozo.  Por fin, la samaritana haciendo las preguntas necesarias, superando sus dudas, aceptó aquella “agua viva” de Jesús, e igualmente ella lo compartió inmediatamente a la gente de su pueblo que vino al encuentro de Jesús y luego creyeron en su “agua viva”.  Pero, en esta divina y fascinante historia que hemos leído, podemos descubrir que habían impedimentos que si Jesús se hubiese dejado influenciar por estos impedimentos, no hubiese alcanzado para el reino de Dios, ni siquiera a la mujer samaritana.

   En este mensaje no voy a presentar un análisis propiamente acerca de la mujer samaritana, ni acerca de la gran multitud de samaritanos que creyeron en el mensaje de las buenas noticias del reino de Dios que Jesús les predicó, sino que les voy a exponer en este momento acerca de lo que muchas veces se tiene que enfrentar para poder alcanzar para el reino de Dios por lo menos a una sola persona.  Por eso, ahora les voy a predicar que el evangelizador debe estar dispuesto a perder impedimentos con tal de ganar un alma para el reino de Dios.  / ¿Qué impedimentos debe un evangelizador estar dispuesto a perder con tal de ganar un alma para el reino de Dios? / Basado en la experiencia de nuestro Señor Jesucristo, y otros textos apostólicos, voy a presentarles algunos de estos impedimentos que un evangelizador debe estar dispuesto a perder con tal de ganar un alma para el reino de Dios.

   El primer impedimento que un evangelizador debe estar dispuesto a perder con tal de ganar un alma para el reino de Dios, es:

I.- LAS COMODIDADES.

   Nada más observen al Gran y Supremo evangelista, Jesús, el Hijo de Dios.  Según el versículo 3, junto con sus discípulos “salió de Judea” (Juan 1:3).  Judea, era una provincia (o sea, como un estado con municipios).  Si salió de Jerusalén, o de algún lugar cercano de Jerusalén, salió del centro de la provincia de Judea, que estaba a unos 40 kilómetros de Sicar, el lugar donde se encontró con la samaritana.  Entonces suponiendo que caminaron un kilómetro cada 15 minutos, 4 kilómetros por hora, los 40 kilómetros lo debieron caminar en un promedio de 10 horas, entonces debieron salir de esa zona de Judea como desde las 2 de la mañana, porque dice el versículo 7 que llegaron a Sicar “como a la hora sexta” (Juan 14:7).  Pero, si salieron desde la parte norte de Judá, quizá solo caminaron ese día solo unos 20 kilómetros, que si llegó ”como a la hora sexta”, debió salir más o menos a las 6 de la mañana.  De todas maneras, si salió desde las 2 de la mañana, o s salió a las 6 de la mañana. ¿No estaría más cómodo descansando y durmiendo toda la madrugada hasta que amaneciese? ¿No estaría más cómodo desayunando a las 6 o 7 de la mañana en una casa o en la plaza pública de alguna comunidad, sin estar caminando a un destino de más de doce horas de destino (porque iba, no a Sicar, de la provincia de Samaria, sino más al norte hasta la provincia de Galilea)?  Pero, hubo necesidad de que Jesús pasase por la provincia de Samaria porque allí necesitaba ofrecer su “agua viva” (v. 10) a aquella mujer, y luego a muchísima gente de Sicar.   Lo que quiero que observen es que para hacer la labor que “le era necesario” hacer allí (cf. v. 4), y que igual tendría que hacer en Galilea en una zona como a 60 kilómetros más al norte de Sicar, Jesús estuvo dispuesto a perder sus comodidades de descanso, de hidratación corporal, de tonalidad de la piel, y hasta de comer en su tiempo.  Lean con atención los versículos 6 al 8, y notarán cómo Jesús por ganar un alma, primero el de la samaritana, estuvo él dispuesto a perder todas estas cosas.  Dice San Juan: “Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. / Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. / Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer” (Juan 4:6-8).  A cambio de comodidades, estaba experimentando cansancio, sed o deshidratación, calor a medio día, y hambre por falta de una cocina económica en el camino.

   Amados hermanos, en nuestra labor de ser evangelizadores en pos de ganar por lo menos un alma, en muchas ocasiones será necesario que perdamos nuestras propias comodidades cuando surgen circunstancias y oportunidades de ir expresamente a compartir el evangelio a alguien.  Las distancias consumirán el tiempo que uno pudiera aprovechar o quizá desperdiciar descansando o durmiendo o haciendo otra cosa de interés personal, pero vale la pena si perdemos esa comodidad para ganar a alguien para la causa de Cristo. ¿NO es así?  Una salida de casa para ir en busca o al encuentro de esa persona quizá conocida, o quizá desconocida, podría añadirnos cansancio, podría causar que nuestro cuerpo sienta sed, y tengamos que gastar dinero para comprar agua u otra sana bebida refrescante y rehidratante.  Quizá en ese esfuerzo y dedicación, el hambre le va a sorprender, y no regresaremos a la comodidad de la casa para comer, sino hasta horas después de la hora habitual de comer.  Es algo incómodo para nuestro sistema digestivo, pero como evangelizadores debemos estar dispuestos a perder esos momentos de incomodidad, todo por la importante misión de ganar un alma para el reino de Dios.

   El segundo impedimento que un evangelizador debe estar dispuesto a perder con tal de ganar un alma para el reino de Dios, es:

II.- LOS PREJUICIOS.

   Durante el diálogo que Jesús tuvo con la mujer samaritana, observe usted que después de que Jesús le pide a ella de beber del agua del pozo, ella inmediatamente se percata de que Jesús no era un samaritano, sino que algo le identificaba como un judío, aunque también había crecido desde su infancia y juventud como un Galileo.  Por eso que ella descubrió en él, la conversación al principio no fue nada simpatizante, sino con un prejuicio en la mente de ella.  La pregunta de ella lo dice todo.  San Juan en el versículo 9 lo describe así: “La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí” (Juan 4:9).  El detalle es que no solamente ella sabía acerca de este problema histórico que había entre los habitantes de estas dos provincias, sino también Jesús lo sabía.

   Pero, el problema principal no era de los samaritanos, sino de los judíos, que veían a los samaritanos como personas que perdieron la pureza de su raza por haberse mesclado con habitantes de otras naciones por circunstancias que las conquistas imperiales del pasado les impusieron.  Por ello, los judíos que se consideraban más puros, y de esta manera más fieles a Dios, incluso preferían evitar pasar en las ciudades y aldeas de la provincia de Samaria, para ir al norte hacia Galilea.  Los judíos preferían rodear toda la provincia (o estado), pasando por otras provincias, aunque eso represente más tiempo y distancia, con tal de no estar en contacto con los samaritanos.  Pero, lo primero que observamos en la historia bíblica, y que sorprende a la misma mujer samaritana, es que Jesús no tuvo problema con acercarse a pedirle un poco de agua para beber.  Otro judío prejuicioso, solo por orgullo se hubiese aguantado su sed, y menos serviría como evangelista para aquella mujer, y para todos los habitantes de Sicar que ese mismo día escucharon el evangelio, y creyeron en Jesús.

   Amados hermanos, Jesús, es nuestro ejemplo acerca de la necesidad de estar dispuestos a perder los prejuicios que afectan nuestro desempeño especialmente en la responsabilidad de compartir el evangelio con el fin de ganar aunque sea a una sola persona para el reino de Dios.

   El tercer impedimento que un evangelizador debe estar dispuesto a perder con tal de ganar un alma para el reino de Dios, es:

III.- LA VERGÜENZA.

   Con respecto a esto, voy a citar primeramente al apóstol Pablo, quien para hacer labor evangelizadora, les dijo en su epístola a los romanos: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; …” (Romanos 1:16a).  Un evangelizador si al principio de su fe en Cristo no se sentía seguro ni con la frente en alto por su nueva experiencia de salvación, no debe dejar de pasar tiempo para que en vez de sentir vergüenza por pertenecer a Cristo y su evangelio, sienta pasión, entrega, deuda, compromiso, y vocación por la proclamación de ese evangelio.

   En el caso de los samaritanos, ellos no tenían problema por ser lo que eran. Muchos de ellos, a pesar de ser menospreciados por los judíos, eran más piadosos con temor de Dios que los mismos judíos.  ¿Recuerdan que el leproso sanado que entre los diez sanados regresó a Jesús glorificando a Dios?  Era samaritano.  ¿Observaron que la samaritana sabía más del Mesías, que lo que muchos judíos sabían?  De hecho, eso fue lo que le motivó a compartir a sus conciudadanos acerca de la persona de Jesús con quien se había encontrado junto al histórico pozo de Jacob que no satisfacía la sed del alma.  En el relato de Jesús acerca del herido evadido por un sacerdote, y por un levita, el que le socorrió fue uno de esos menospreciados samaritanos.  Solo hacía falta que un evangelizador se acercara a ellos sin prejuicios para ofrecerles el evangelio ilustrado como el “agua viva” (v. 10).

   Amados hermanos, es probable que también exista en nosotros algún prejuicio en contra de personas por las que no decidimos acercarnos a ellas.  Si realmente las personas están mal, mucho más mal estamos nosotros si no vamos a ellos con el evangelio que también les puede transformar la vida que actualmente llevan sin esperanza en Dios.  Tenemos que perder nuestros prejuicios para ser ganadores de almas para el reino de Dios.

   El cuarto impedimento que un evangelizador debe estar dispuesto a perder con tal de ganar un alma para el reino de Dios, es:

IV.- LAS DISCUSIONES.

   Una de las actitudes de algunos cristianos en su celo, afán y pasión por el que otras personas entiendan bien el evangelio, tienen como mal hábito el discutir pleitistamente con las personas a quienes deberían con todo amor exponerles la verdad del evangelio.  Estas personas suelen no ser respetuosas con la fe errada que otros profesan.  El evangelio no discute, no ataca.  Es verdad que confronta, pero nunca con palabras amenazantes, burlescas, sino llenas de sabiduría y de gracia de Dios.   El apóstol Pablo, aconsejando al joven Timoteo a quien por un buen tiempo él personalmente discipuló para formarlo como pastor del rebaño de Cristo, le escribió en su primera epístola dirigida a él: “Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia, / la cual profesando algunos, se desviaron de la fe” (1 Timoteo 6:20,21a).  Lo mismo le aconsejó a otro pastor y compañero del ministerio, llamado Tito, a quien le escribió: “Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho” (Tito 1:9).  Discutir con tonos profanos, aun usando la misma palabra de Dios para respaldar lo que decimos, causándoles sentirse mal o atacando y hasta ofendiendo a los que nos oyen, solo porque profesan una fe distinta a la nuestra, no es una buena actitud de parte de los que somos cristianos que evangelizamos, es una falta de respeto.

   En el caso de Jesús en su diálogo con la mujer samaritana, si él hubiese seguido los prejuicios de los judíos, ni siquiera hubiese caminado en los suelos, ciudades, y aldeas samaritanas.  Es más cuando los samaritanos de Sicar le pidieron que se quedara con ellos, “él se quedó allí dos días” (v. 40).  Pero, quiero que observen que Jesús, cuando escuchó la pregunta de ella: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí” (Juan 4:9), él no centró su conversación en la cuestión de las diferencias que había entre ellos.  Él pudo haberse puesto inmediatamente de lado de los judíos, pero antes que discutir ese punto, San Juan nos dice que: Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva” (Juan 4:10).  Si hubo alguna otra diferencia también iniciada por la samaritana, que no era esta cuestión social, sino religiosa con respecto al verdadero lugar sagrado donde se debe adorar, Jesús tampoco discutió, sino tranquilamente explicó lo que es y sabe, y explicó que todas esas vanas diferencias se deben terminar para ambas culturas.  Jesús mismo estuvo dispuesto a perder discusiones con la finalidad de ganar un alma para el reino de los cielos.

   Amados hermanos, tengamos cuidado en no agredir a las personas con nuestras palabras bíblicas o teológicas.  Recuerden que nuestro Señor Jesucristo nos envió no a ganar discusiones, sino a ganar almas para hacerlos discípulos de Cristo.  Hagamos nuestro otro consejo del apóstol Pablo a Timoteo cuando le dijo: el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; / que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, / y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él” (2 Timoteo 2:24-26).

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, tenemos que ganar almas para el reino de Dios, o lo que es lo mismo tenemos que ir a hacer discípulos.  Tengan siempre presente que no se gana almas de manera automática ni de manera negativa.  Las almas se ganan cuando los evangelizadores estamos dispuestos a ser los primeros en perder nuestros propios problemas que pudiesen ser obstáculos para ganar personas para el evangelio de Cristo.  Tenemos que perder las comodidades a las que estamos acostumbrados, así como Jesús primero dejó su trono de gloria que bien se lo merece por lo que Él es, su lugar celestial que sin duda era grandemente confortable, pero decidió venir a vivir, caminar, y sufrir entre nosotros para traernos el plan de salvación de Dios.   Tenemos que perder los prejuicios que tanta obstaculización hacen para llevar a cabo nuestro deber de ganar almas.  Tenemos que perder la vergüenza de hablar del evangelio, porque no es cualquier cosa que deba avergonzarnos, sino que es el poder de Dios.   Y por último, si surge en una conversación, tenemos que perder cualquier discusión.  Jesús no nos envió a ganar discusiones sino a ganar almas para Él y su reino eterno y celestial.

   Seamos ganadores de almas al estilo de Jesús.

Sep 23

CÓMO SER UN EVANGELIZADOR, Por: Diego Teh.

CÓMO SER UN EVANGELIZADOR

Juan 1:40-46.

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Elaborado por el Pbro. Diego Teh, para ser predicado el domingo 23 de septiembre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán.

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Este sermón es el # 9 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

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   INTRODUCCIÓN: Nuestro texto bíblico de hoy, nos presenta a dos pares de personas que llegaron a ser discípulos de Jesús, y posteriormente sus apóstoles.  Se trata de Andrés y Simón, dos hermanos; y de Felipe y Natanael[1], dos amigos.  Ambos pares tienen similitudes como el que uno de ellos sirvió de medio para llevar al otro a conocer a Jesús, y a enrolarse a su grupo de discípulos. La historia del llamamiento del apóstol Simón también conocido como Pedro, está estrechamente relacionado con el llamamiento del apóstol Andrés.  El llamamiento del apóstol Natanael, está estrechamente relacionado con el llamamiento del apóstol Felipe.  El llamamiento de ambos pares está consignado por el apóstol Juan en Juan 1:40-51, texto que usaré parcial y selectivamente en este mensaje.  De manera específica, centraré la atención tanto en los versículos 41 y 42, que de Andrés con respecto a Simón, dicen: “Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). / Y le trajo a Jesús” (Juan 1:41,42a); así como en los versículos 45 y 46, que de Felipe con respecto a Natanael dicen: “Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. / Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve” (Juan 1:45,46).  Esencialmente de estos versículos y de su contexto, les presentaré el mensaje de este momento que he titulado: CÓMO SER UN EVANGELIZADOR.  Todos debemos ser evangelizadores, pero cómo podemos serlo.  Esto es lo que me propongo compartirles en esta predicación.

   De manera específica el mensaje consistirá en explicarles que hay consideraciones esenciales que cada creyente debe tomar en cuenta para ser un evangelizador. / ¿Cuáles son las consideraciones esenciales que cada creyente debe tomar en cuenta para ser un evangelizador? / A continuación les presentaré tres de estas consideraciones esenciales.

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   La primera consideración esencial que cada creyente debe tomar en cuenta para ser un evangelizador, es:

I.- COMENZAR SOLO CON UNA PERSONA.

   Usted no tiene que comenzar en un parque proclamando el evangelio ante la gente que está de paso, o a los pocos que estén cerca sentados, o a los pocos que se detengan a escucharle.  Usted debe comenzar de preferencia en particular con una sola persona. Andrés, tan pronto tuvo el privilegio de conocer a Jesús, y el lugar donde él estaba hospedado, nos relata San Juan que inmediatamente “Este halló primero a su hermano Simón” (Juan 1:41).  Andrés no se fue a reunir a una multitud, sino que comenzó con una sola persona.  Además, es interesante que haya sido su propio “hermano Simón”, y no otra persona de las tantas que debió haber visto en el camino.  En el caso de nuestro texto bíblico, igual, dice que: “Felipe halló a Natanael” (Juan 1:45a). Felipe también no se preocupó por reunir a una multitud, e incluso, igual, ni siquiera a cuanta gente debió haber visto en el camino, sino que fue específicamente en busca de Natanael.  También, el caso, es igual de interesante, pues, aunque no era su hermano, como en el caso de Andrés con Simón, pero era su amigo, con el que seguramente crecieron juntos en la misma población.  El caso, es que también comenzó con una persona.

   Amados hermanos, quizá más de uno de los que estamos aquí presentes, piensa que no tiene el don de ser evangelista de aquellos a quienes Dios mismo les ha dado el don de hablar el evangelio ante multitudes de personas, pero a todos, Dios nos ha dado el don de poder evangelizar de manera personal a un familiar, a un amigo, a un compañero de trabajo, a un vecino, y a toda oportunidad en la que haya un oyente, o dos, o tres, que en realidad no son tantos.  Es así como uno puede ser un evangelizador, comenzando con una persona.   Usted en muchas ocasiones tiene la oportunidad en la calle, en la tienda, en el trabajo, en la escuela, etc… de encontrarse con personas con las que platican de uno a uno.  Haga el esfuerzo de comenzar así con una sola persona.

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   La segunda consideración esencial que cada creyente debe tomar en cuenta para ser un evangelizador, es:

II.- HABLAR CENTRALMENTE DE JESÚS.

   Ser un evangelizador como lo sugiere esta misma palabra “evangelizador”, tiene que ver con el evangelio.  Y hablar del evangelio es esencialmente hablar centralmente de Jesús.  Con respecto a esto de hablar centralmente de Jesús, lo que podemos observar de Andrés es que “le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo)” (Juan 1:41).  El interés de Andrés no fue de contarle a su hermano de qué preciosa era la casa que él había visto donde Jesús estaba hospedado, sino concretamente fue hablarle centralmente de Jesús diciéndole con toda seguridad que él y otras personas entre ellos Felipe y otros más: “Hemos hallado al Mesías”.  Lo que también podemos observar del apóstol Felipe con respecto a esto de hablar centralmente de Jesús, es que él por su parte, cuando le tocó ir a buscar a su amigo Natanael, cuando le hubo hallado dice San Juan que Felipe le dijo a Natanael: “Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.” (Juan 1:45b).  Es evidente que la centralidad de la conversación que Felipe inició con su amigo Natanael, fue el hablar de Jesús.  Cualquier otra conversación que no fuera hablarle de Jesús, no hubiese tenido sentido de haberle ido a buscar, ni cumpliría el propósito de compartirle a Natanael tan importante y divino descubrimiento.

   Amados hermanos, en nuestra necesidad de ser evangelizadores, tenemos que poner en práctica el hablar de Jesús en nuestras conversaciones, de lo contrario nunca seremos evangelizadores.  Ese el problema que muchos de nosotros hemos tenido, el no hablar de Jesús.  ¿Cómo es posible que si somos cristianos, que si creemos en Jesús, que si conocemos el evangelio de Jesús, no podemos entonces hablar de él?  ¿No será acaso que en realidad no conocemos ni hemos realmente experimentado el conocer a Jesús y su evangelio?  Para ser un evangelizador, es esencial que antes que hablar cualquier otro tema de conversación, hay que hablar de Jesús.  Es a esto que el apóstol Pablo se refirió cuando les escribió a los Corintios diciéndoles: “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. / Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Corintios 2:1,2).

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   La tercera consideración esencial que cada creyente debe tomar en cuenta para ser un evangelizador, es:

III.- APRENDER A RESPONDER PREGUNTAS.

    No parece que Simón haya tenido alguna duda cuando su hermano Andrés le dijo que él y otros habían hallado al Mesías.  Lo único que san Juan nos relata es que Andrés: “… le trajo a Jesús” (Juan 1:42).  Por lo menos en aquel primer momento, Simón no hizo preguntas, no manifestó dudas, etc…, pero en el caso de Natanael, no fue así.  Cuando escuchó que su amigo Felipe le diga: “Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret” (Juan 1:45), inmediatamente Natanael reaccionó con una pregunta que implicaba una duda, pues, “Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Juan 1:46).  Felipe, tenía que dar una respuesta.  San Juan nos dice que: Le dijo Felipe: Ven y ve” (Juan 1:46).  Esa fue la sabia respuesta de Felipe, sin embargo, en otros casos tenemos que dar una respuesta más amplia, más que solo “Ven y ve”.  Pero, lo que es claro aquí en este punto es que es necesario estar preparado para responder.  A veces serán preguntas fáciles que hasta el que tiene menos experiencia las podría responder, pero otras serán preguntas difíciles que hasta el más experto evangelista no podrá responderlas con rapidez y fluidez.

   Amados hermanos, la gente siempre va a hacer preguntas, y merecen recibir una respuesta que no sean clichés, que no sean superficiales, ni ilógicas, ni contradictorias, sino bíblicas, profundas, claras, y congruentes.  Esto hace necesario que nosotros los creyentes y evangelizadores, nos dediquemos con toda responsabilidad a aprender las enseñanzas del evangelio del reino de Dios, las doctrinas de la gracia que emanan de este evangelio, las cuáles tienen las respuestas para cualquier pregunta fácil o difícil que nos hagan las personas. Por eso, es importante que aprovechemos los estudios bíblicos en sábado o domingo, aunque sea una vez por semana que es cuando por lo general hay más tiempo para asistir a una clase.  Pero hasta donde sea posible, debemos cultivar otros momentos personales entre semana, ya sea estudiando personalmente o con alguien más, en nuestra casa o en algún otro lugar apropiado.  Debemos aprender bien las doctrinas de la gracia del evangelio, para saber responder hasta a los que contradicen el evangelio.  Esto también es algo esencial que debemos hacer para que cada uno de nosotros sea un evangelizador.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, todos somos llamados y enviados a proclamar el reino de Dios, el evangelio de Jesucristo; es decir, todos debemos ser evangelizadores, porque para eso también fuimos llamados.  En este mensaje solamente les he compartido tres de las consideraciones esenciales que, si usted nunca ha tenido la experiencia de ser un evangelizador, usted podrá comenzar a serlo, si las toma en cuenta.  1) Usted debe comenzar no con multitudes, y ni siquiera en un púlpito de iglesia, sino comenzando con una sola persona a la vez, que podría ser de su propia familia como lo hiciera Andrés, o a un amigo como lo hiciera Felipe.  2) A la persona a quien usted intencionalmente acudirá, el tema de conversación que deberá entablar con él o ella, deberá estar centrado en Jesús, pues cualquier otra conversación que no sea hablar de Jesús, no es lo que hace una persona que evangeliza.  3) Usted no siempre tiene o sabe todas las respuestas para las preguntas que la gente hace cuando se les presenta el evangelio, y hasta donde sea posible, usted no siempre estará esperando y acudiendo a otras personas para que respondan las preguntas de las personas a quien usted evangeliza.  Usted debe con toda responsabilidad dedicar tiempo para estudiar las enseñanzas de la gracia del evangelio.

   Amados hermanos, somos una iglesia de evangelizadores.

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[1]    Natanael, es la misma persona que en los evangelios es mencionado como Bartolomé, nombre procedente del arameo bar-Tôlmay, “hijo de Tôlmay”, que en griego sería ???????????? (Bartolomeos), cuyo significado es: “Hijo de Ptolomeo”. Como en los escritos de San Mateo (10:3), San Marcos (3:18), y San Lucas (6:14), después de mencionar a Felipe, se menciona junto a él, a Natanael, y siendo Juan el único que menciona el nombre Natanael junto al de Felipe, y no habiendo un discípulo número 13 llamado por Jesús, entonces, el Natanael mencionado por Juan se trata del mismo Bartolomé.