Ago 26

LOS DISCÍPULOS DEBEN MULTIPLICARSE, Por: Diego Teh.

LOS DISCÍPULOS DEBEN MULTIPLICARSE

Génesis 35:10,11; Marcos 16:14-18.

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Predicado por el Pbro. Diego Teh, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán; el domingo 26 de agosto 2018, a las 11:00 horas.

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Corresponde al sermón # 7 de la serie: Llamados a hacer discípulos.

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   INTRODUCCIÓN: Cuando Dios inicia una obra o un proyecto, Dios por lo general lo hace con una visión de grandioso crecimiento.  Dios no piensa en términos de sumar de uno en uno, sino que Dios piensa en aumentar rápidamente a números mayores que bien pueda llamarse un crecimiento no por suma sino por multiplicación.  Cuando Dios creó al ser humano, hombre y mujer, les dio desde el principio, la capacidad de poder reproducirse. El plan original de Dios, sorprendentemente para nuestra cultura actual, no fue una encomienda de reproducción controlada y limitada, sino que después de recibir la bendición de Dios, recibieron el mandato: “Fructificad y multiplicaos” (Génesis 1:28a).  Después de que Dios tuvo que raer de la faz de la tierra la vida de casi todo ser viviente, preservando de su diluvio solamente a ocho personas, a Noé y a su esposa, y a sus tres hijos Sem, Cam, y Jafet, con sus respectivas esposas; Dios les bendijo, y para la propagación de la vida humana, les ordenó lo mismo: “Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra” (Génesis 9:1). La orden no significaba que Eva, o que la esposa y las nueras de Noé estaban configuradas para procrear gemelos, trillizos, quintillizos, sextillizos, o más cada vez; sino que el mandato era una expresión del anhelo de Dios de que su creación, específicamente la tierra no fuese un planeta vacío, sino como dice el profeta Isaías acerca de Dios y la tierra, que: “no la creó en vano, para que fuese habitada la creó” (Isaías 45:18); y el proceso tenía que darse por multiplicación.

   Cuando Dios llamó a Abraham para comenzar a crear a su pueblo amado, el Israel del Antiguo Testamento, Él le dijo a Abraham: “Y haré de ti una nación grande” (Génesis 12:2).  Dios pensó en grande, y después de tres generaciones, las de Abraham, Isaac, y Jacob, según la historia del Éxodo, aunque de Jacob nieto de Abraham se conoce de manera más distinguida doce de sus hijos, en realidad: “Todas las personas que le nacieron a Jacob fueron setenta” (Éxodo 1:5a). En algún momento, Dios le dijo a Jacob: “Yo soy el Dios omnipotente: crece y multiplícate; una nación y conjunto de naciones procederán de ti, y reyes saldrán de tus lomos” (Génesis 35:11). La orden también fue: “crece y multiplícate”. Y en los siguientes 430 años, dice la historia que: “los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra” (Génesis 1:7), la tierra de Egipto donde efectivamente su crecimiento se dio por multiplicación, tal como lo expresa este versículo 7 que claramente dice que “se multiplicaron”. Entonces cuando llegó el día que Dios los sacó de Egipto, la cuenta de ellos según Moisés, era “como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños” (Éxodo 12:37), y desde luego que sin contar a las mujeres, lo cual haría que el número se duplique o triplique.  Quizá eran como dos millones en ese momento, sin contar las generaciones que debieron haber vivido y muerto durante los 430 años anteriores.  Dios usó su sistema de multiplicación para hacerlos crecer en número.

   Pero, la multiplicación aplicada a los proyectos y planes de Dios, no es un sistema que aplique solamente a la procreación humana, o a la formación de su antiguo pueblo de Israel, sino también al tema del ser y hacer discípulos que ahora es lo que nos interesa profundizar a los que asistimos a esta amada iglesia El Divino Salvador.  Jesús nuestro Señor y Salvador, comenzó a hacer discípulos, perpetuando esta práctica por medio de sus primeros discípulos y apóstoles, y en la actualidad por medio de su iglesia que sigue haciendo discípulos para él, los cuáles deben aumentar al ritmo de multiplicación.  Por eso el tema de esta mañana se ha titulado: LOS DISCÍPULOS DEBEN MULTIPLICARSE.  El concepto de este título lo tomamos del texto bíblico de la historia de los Hechos de los Apóstoles, donde con respecto al avance inicial de la predicación del evangelio y la integración de nuevos discípulos, leemos que ocurrió lo siguiente en la primera iglesia en Jerusalén: “Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén… (Hechos 6:7).  Recuerden que tan solo en una primera ocasión más de 3,000 personas se convirtieron en discípulos, y en otra cercana ocasión más de 5,000 personas se convirtieron en discípulos.  Por eso el énfasis de la historia es que “el número de los discípulos se multiplicaba grandemente”.

   De manera específica, lo que hoy les voy a predicar es que el crecimiento y avance de una iglesia de Jesucristo aquí en la tierra debe ocurrir por medio de la multiplicación de discípulos. / ¿Cómo puede ocurrir la multiplicación de discípulos para el crecimiento de una iglesia de Jesucristo aquí en la tierra? / Me propongo compartirles brevemente cómo puede darse esta multiplicación de discípulos tan solo para el crecimiento de esta iglesia.

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   La primera manera de cómo puede darse esta multiplicación de discípulos para el avance de una iglesia de Jesucristo aquí en la tierra, es:

I.- CON UNA MENTALIDAD DE EXPANSIÓN.

   Mucho se dice que los cristianos o discípulos de la actualidad, tenemos la tendencia a programar todas nuestras actividades, en su mayoría para llevar a cabo siempre en nuestros templos, en nuestros departamentos educativos, en nuestros campamentos, generalmente enfocados solamente a nuestra propia edificación espiritual lo cual tampoco es incorrecto sino altamente provechoso para la vida personal.  Pero, esta buena iniciativa hace que nos limitemos a un solo lugar emocionados y satisfechos con una asistencia actual de 400 personas en una iglesia con 132 años de haber iniciado su bendita función de ser luz desde el centro de esta ciudad de Mérida; sin embargo, contamos con el potencial que Dios mismo nos ha dado de expandir su obra alcanzando nuevos discípulos.

   Jesús nuestro Señor y Salvador, transformó la mentalidad de sus primeros discípulos cuando les dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos” pero no les puso límites, sino que les amplió su área de expansión, diciéndoles que harían discípulos no solo en una colonia o fraccionamiento de la gran ciudad de Jerusalén, sino que los envió desde entonces, ¿a dónde? “a todas las naciones” (Mateo 28:19).  Esto debió ser para ellos una idea muy fuerte.  La mayoría de ellos eran procedentes de pequeñas poblaciones de la costa del mar de galilea, dedicados a la pesca.  Jesús los había llevado a un discipulado que les hizo recorrer toda palestina de norte a sur en muchas ocasiones; pero ahora, les estaba enviando más allá del territorio que habían explorado hasta ese momento.  Ahora, tenían que ir “a todas las naciones”, y así lo hicieron en lo sucesivo saliendo de Jerusalén donde se estableció la primera iglesia, luego a toda Judea, luego a Samaria, y luego toda palestina, luego por todo el imperio romano, y luego hasta lugares más lejanos de Asia, de Africa, etc…   En siglos posteriores, otras generaciones alcanzaron Europa, en los últimos siglos fue traído a nuestras América.  Todavía de manera más reciente, hace todavía 145 años, fue traído a nuestra patria el evangelio que sigue haciendo discípulos para Jesucristo.  Jesús ha estado inculcando una mentalidad de expansión.  Siempre hay un lugar más a dónde ir a hacer discípulos.

  Nosotros amados hermanos, nos hemos limitado aquí, pero tenemos que cambiar nuestra mentalidad.  Nuestros dirigentes y representantes en el H. Consistorio de esta iglesia han reflexionado acerca de esta mentalidad de expansión que debemos tener con fundamento en la gran comisión que Jesucristo nos ha entregado.  Se ha redactado nuestra actual declaración de visión lo cual dice que queremos: “Ser una iglesia en constante crecimiento y expansión, con miembros comprometidos, que ejerza influencia en nuestro entorno”.  Pero, amados hermanos, para ser una iglesia con discípulos que estemos multiplicándonos, es necesario cambiar nuestra mentalidad, estando convencidos que la gran comisión que Jesús nos encomendó requiere de una mentalidad de expansión.  Nuestra ciudad ha crecido en decenas de colonias, y nosotros ¿a dónde nos hemos expandido?

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   La segunda manera de cómo puede darse esta multiplicación de discípulos para el avance de una iglesia de Jesucristo aquí en la tierra, es:

II.- COMPARTIENDO EL EVANGELIO.

   Hacer discípulos no se hace solamente con saludar y sonreírle a una persona.  Esto lo hacen hasta personas sin conocimiento de Dios, y es agradable.  Hacer discípulos tampoco es tener una conversación amistosa de temas relevantes de la vida cotidiana.  Hacer discípulos consiste en comunicar el evangelio a las personas. Es lo que hoy hemos leído en la versión de la gran comisión según San Marcos, que dice: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).  Es con el evangelio que se hace discípulos, no con acompañarle al cine, no con invitarle a una comida, no con llevarlo a una fiesta.

   Amados hermanos, hagan la prueba.  Quiénes no han tenido la oportunidad de compartir el evangelio, la verdad de que Cristo murió por los pecadores para librar de la condenación eterna a los que creen en él.  Cuando una persona crea esta verdad, se está comenzando a formar como un buen y auténtico discípulo de Jesucristo.  Pero, para compartir el evangelio, se requiere conocer su contenido. Leer y estudiar la biblia es una manera de aprender bien el evangelio.  Integrarse a un estudio bíblico de la iglesia es otra manera de ocuparse en conocer bien el evangelio para poder compartirlo y hacer más y nuevos discípulos.

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   Y por último, la tercera manera de cómo puede darse esta multiplicación de discípulos para el avance de una iglesia de Jesucristo aquí en la tierra, es:

III.- ACERCÁNDONOS A LAS PERSONAS.

   El mandato de Jesús en la gran comisión según la versión que nos da san Marcos, al decir: Id por todo el mundo y predicad el evangelio”, añade con énfasis el complemento del mandato, diciendo y particularizándolo “a toda criatura” (Marcos 16:15).  Esto es una indicación en primer lugar que no se debe omitir a nadie en la labor de hacer discípulos.  Luego, es también una indicación de que los discípulos no surgen de la nada, sino del trabajo de los que ya somos discípulos.  Tercero, que se hace necesaria una interacción continua, no solamente con los que son nuevos, sino hasta con los que ya llevamos años en la fe.  Es por eso que la iglesia siempre tiene provisto pastores, maestros, consejeros, organizaciones que nos ayudan a crecer y multiplicarnos como discípulos de Jesús.

   Aunque también es verdad que Dios ha levantado y levanta discípulos que no fueron guiados al principio por algún discípulo, solamente son excepciones.  Lo normal es que es necesario que seamos nosotros quienes tengamos la iniciativa de ir y acercarnos a las personas.  Por ejemplo, esta semana tuvimos el privilegio de trabajar con niños en el parque del fraccionamiento ACIM II, pero mientras las mamás de los niños estaban esperando a sus hijos, nosotros aprovechamos acercarnos intencional y objetivamente para ofrecerles o intentar ofrecer el evangelio de Cristo.  Por lo menos, hubieron 6 personas que se mostraron receptivas al evangelio, a quienes el día de ayer visitamos inmediatamente.  De dos a cuatro de ellos hay posibilidad evidente de que se integren a la célula de estudios de ese lugar.  Pero fue necesario el acercamiento a ellos.  También hubo el día viernes, dos familias que no querían acercarse para nada al lugar donde estábamos.  Lo que hicimos fue que nosotros nos acercamos a ellos, y poco a poco se acercaron, se interesaron por lo que estábamos haciendo, y hasta permitieron que sus hijos se integren a la clase.  Cuando se retiraron ya se veían más cordiales con nosotros.  Pero, eso requirió acercamiento con ellos.

   Amados hermanos, en nuestro trabajo de hacer discípulos se requiere acercamiento con las personas.  No oirán el evangelio sino vamos a decírselos.  No vendrán a nuestras reuniones sino les acompañamos.  Nuestro mismo Señor y Salvador Jesucristo, cabeza de todos los discípulos, es el primero en acompañarnos de manera espiritual en nuestro caminar como discípulos.  Aunque físicamente no le vemos, él está con nosotros.  Él dijo a sus discípulos: “… he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).  Pero, también nosotros tenemos que acercarnos y acompañar a las personas para formarlas como discípulos de Jesucristo.  Usted y yo tenemos que invertir y pasar tiempo con ellas en nuestra labor de hacer y multiplicar discípulos para él.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, vamos a dar el primer paso.  De ahora en adelante, háblele de Cristo a cuantas personas pueda.  NO hay número limitado para ello.  Cuando usted vuelva a partir de la próxima semana, traiga a algún invitado suyo al culto o al estudio bíblico.  Si usted necesita ayuda de algún oficial de la iglesia para que le hable o posteriormente visite a su invitado, acérquese con nosotros.  Nos podemos apoyar mutuamente.  Tenemos que hacer discípulos por multiplicación.  Dios bendiga este mensaje de su palabra.

Ago 26

NO ME AVERGÜENZO DEL EVANGELIO, Por: Diego Teh.

NO ME AVERGUENZO DEL EVANGELIO

Romanos 1:16-19.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 26 de agosto 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este sermón es el # 8 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

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   INTRODUCCIÓN: Lamentablemente hay muchas personas que han confesado públicamente que ya son cristianas porque creen y manifiestan haber entregado su vida a Jesucristo, y eso está bien.  No dudan en decir que creen en el evangelio, pero la realidad es que muchos, pero muchos, aunque no son capaces de reconocerlo, pero lo saben, se avergüenzan del evangelio, aunque son capaces de recitar como muletilla las palabras del apóstol Pablo que escribió a los romanos diciendo: “… no me avergüenzo del evangelio” (Romanos 1:16). Por ejemplo, muchos se avergüenzan del evangelio, considerándolo algo anticuado que no encaja con la vida moderna y por lo tanto creen que debe ser actualizado, y crean doctrinas extrañas para el verdadero evangelio, presentando así un falso evangelio por vergüenza al verdadero evangelio.  El verdadero evangelio contenido en las mismas Escrituras, no debe ser cambiado ni añadiéndole ni quitándole nada.  Otros, aunque no lo digan, pero hacen evidente su avergonzamiento cuando no quieren comunicar las verdades del evangelio por temor a que el evangelio ofenda a los amigos, familiares, compañeros, o conocidos, pues los mismos que dicen profesar la fe cristiana se avergüenzan del evangelio claro, directo, y penetrante para el corazón de todo pecador.  También hay quienes, aunque dicen no avergonzarse del evangelio, pero creen que no es para ellos el tener que compartir el evangelio, lo cual no es por falta de conocimiento de ese evangelio, sino simplemente porque tienen vergüenza de compartirlo.  Hay cristianos, y creo que no pocos, sino muchos, que en realidad sí se avergüenzan del evangelio.  Espero que usted no sea uno de ellos.

   El apóstol Pablo, no era un hombre desinformado. Se reconocía “hebreo de hebreos” (Filipenses 3:5), y según él mismo: “en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres” (Gálatas 1:14).  En cuanto a su conocimiento sobre religión, especialmente sobre el Dios verdadero revelado desde el pasado a sus antepasados, no era un ignorante o novato, sino que él mismo se describe que: conforme a la más rigurosa secta de nuestra religión, viví fariseo” (Hechos 26:5).  Así, que no era un mediocre pensador y analítico, sino un excelente pensador que sin duda supera la filosofía humanista de todos los tiempos.  Así que, debió haber tenido razones suficientes para no avergonzarse del evangelio de Jesucristo.

   El apóstol Pablo, después de afirmar: “… no me avergüenzo del evangelio”, inmediatamente afirma su razón que, analizándolo minuciosamente, contiene implícitamente más de una razón, al decir: “porque es poder de Dios para salvación”.  La frase continúa con diversos complementos, pero en este mensaje me limitaré a exponer esta primera parte que presenta su razón.  De ello, voy a predicarles que, según el apóstol Pablo, hay razones específicas por las cuáles un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio. / ¿Cuáles son las razones específicas por las cuáles un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio? / Permítanme presentarles algunas razones específicas en este mensaje.

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   La primera razón específica por la cual un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio, es:

I.- PORQUE EL EVANGELIO ES UNA VERDAD PODEROSA.

   La primera razón que el apóstol expresa tener para no avergonzarse del evangelio es: “porque es poder…” (Romanos 1:16).  Si él encontraba en el evangelio una manifestación de “poder”, entonces no era una debilucha idea que surgió en la mente de algún falso o mediocre pensador, aunque tampoco surgió de solamente un brillante pensador humano que intentaba competir con las diversas propuestas de inmortalidad o acerca del ser, de los más destacados filósofos griegos del pasado.  Para mucha gente de Roma no les cabía en sus mentes que podría haber un mejor poder más allá del poder militar que ellos conocían y que había hecho que su ciudad se convirtiera en un ‘poderoso’ imperio, pero lo cierto es que el evangelio es el mejor poder que ellos debían conocer.   La idea de un evangelio poderoso, venía a ser para ellos una idea algo rara.  Por otra parte, la filosofía griega todavía conocida por muchos en aquellos tiempos, era considerada como la mayor sabiduría humana conocida.  Así que saber de la existencia de un evangelio no conocido, ni expuesto, ni analizado por reconocidos filósofos, podría ser considerado como una débil e insostenible idea de segunda que no vale la pena. Pero, para el apóstol Pablo era nada menos que palabras de “poder”, y quiso que los cristianos de roma lo entendieran así.

   Amados hermanos, si el evangelio es “poder”, ¿por qué habría que avergonzarse habiendo creído en él?  No puede ser.  Si nos avergonzáramos del evangelio de “poder”, ¿en dónde encontraremos un mejor evangelio que pueda fortalecer nuestras debilidades, y que pueda acabar con nuestros pecados?  Ni siquiera el poder militar más grande del mundo.  Los gobiernos, los filósofos, y las instituciones humanas no tienen este poder.  Quien no ha experimentado el “poder” de este evangelio del cual se refiere el apóstol Pablo, debe dar el paso de investigarlo bien en la biblia misma, y apropiárselo para su propia vida.  Usted va a sentir y experimentar los mejores resultados no disponibles en ninguna oficina, consultorio, pero sí por medio de una relación de fe con su autor.  Al conocer usted su verdadera potencia para su propia vida, entonces, se va a dar cuenta que vale la pena, y no hay por qué avergonzarse de ello.

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   La segunda razón específica por la cual un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio, es:

II.- PORQUE EL EVANGELIO ES DE ORIGEN DIVINO.

   Cuando el apóstol dice que el evangelio “es poder”, añade, para clarificar toda duda que es “de Dios” (Romanos 1:16).   El evangelio que propiamente significa: Las buenas nuevas. Tales buenas nuevas o evangelio tuvo su origen en Dios desde miles de años atrás antes de Cristo, desde que el primer ser humano pecó.  Fue Dios mismo quien al comunicar su sentencia para la serpiente tentadora por haber hecho pecar a Eva y a Adán, le dijo: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15).  A pesar de la mala decisión de nuestros primeros padres, y a pesar de las muchísimas malas consecuencias que enfrentarían por ello, Dios estaba comunicando que para beneficio eterno de sus descendientes que sin duda nos incluye a nosotros, habría una victoria humana que le dará un golpe mortal en la cabeza al mismo diablo tentador, quien no podrá derrotar eternamente al ser humano.  Nada menos que Jesús el Hijo de Dios vino a nacer como ser humano para vencer primeramente al pecado, y luego también a la muerte, ambas cosas causadas al ser humano por el diablo mismo cuando se personificó en una serpiente.  Nada podría librar a ni un solo ser humano del poder del pecado y de la muerte sino solo Dios, por lo que tuvo que ser Dios quien planeó y ejecutó el plan de salvación para el ser humano.  Jesús, Hijo de Dios, estaba entonces dando cumplimiento a aquella buena noticia también conocida ahora como el ‘proto evangelio’ procedente de la misma boca de Dios.  El apóstol Pablo, estaba reconociendo que las enseñanzas, la vida santísima, y hasta la muerte y resurrección de Jesucristo, eran nada menos que voluntad, obra, y “poder de Dios” para beneficio y solución de los problemas espirituales causados por el tentador a los seres humanos.

   Amados hermanos, ¿por qué avergonzarse del evangelio, la mejor buena noticia, que procede nada menos que de la persona, boca y obra de Dios para combatir con el problema actual del pecado que nos asedia durante toda la vida?  Lo que debería avergonzarnos es cuando hacemos más pecado que el maligno sembró en nuestra debilitada naturaleza humana.  Dios nos ha informado de su solución, y nos ha instruido acerca de cómo disponer de su poder para librarnos del mal.  Eso no debe avergonzarnos.  Por eso, sin ninguna vergüenza debemos hacérselo saber a otras personas.

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   La tercera razón específica por la cual un creyente en Jesucristo no debe avergonzarse del evangelio, es:

III.- PORQUE EL EVANGELIO BENEFICIA CON SALVACIÓN.

   Luego que el apóstol afirma que el evangelio es “poder de Dios”, añade una frase corta pero importante en el que afirma que ese evangelio poder de Dios, es: “para salvación” (Romanos 1:16).  ¿Salvación? ¿De qué?  La salvación a la que se refiere se trata de salvación de una condenación eterna a la que por causa del pecado están condenados todos los seres humanos, condenación de la que no existe en ninguna parte del vasto universo quien pueda salvar ni siquiera a una sola persona para que no vaya a tal condenación.  El apóstol Pablo en su misma grandiosa epístola a los Romanos, les explica que “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).  Esta destitución de la gloria de Dios, es la justa sentencia emitida por Dios mismo para cada pecador.  Y si es Dios quien la estableció, ¿quién es superior a Él para que la derogue, o absuelva a quien Él ha condenado?  Nadie es superior.   Es por eso que la salvación solamente podría proceder de Dios, aunque entendiéndolo bien, Él por su propia naturaleza justa y santa no estaba obligado a cancelar la condenación de nadie, pero decidió de pura gracia asegurar la cancelación de condenación de “todo aquel que cree” en su evangelio.   Sí, su evangelio es salvación.  El hecho de que, por creer en su evangelio, nos garantice salvación de la condenación, ¿no eso hace que su evangelio sea algo verdaderamente poderoso?

   Amados hermanos, ¿no es tan grandísima la salvación que nos ha sido comunicado por Dios mediante su evangelio, y obtenido al costo de la muerte de su propio Hijo Jesucristo para nuestro bien eterno? ¿Si Dios mismo canceló nuestra condenación eterna, y nos salvó por Jesucristo su Hijo, y nos lo comunicó por su buena notica, su evangelio, ¿por qué nos avergonzaríamos de su evangelio?  No hay motivo, pues es el máximo bien para nuestra vida y existencia.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, no seamos nosotros.  No sea usted parte de la estadística de los que se avergüenzan del evangelio, cambiando la verdad del evangelio por las abundantes propuestas de doctrinas que se dicen llamar ‘evangelio’, pero que nada más son innovaciones humanas con el intento de querer hacer atractivo el verdadero evangelio, pero en su intento la reemplazan por falsos evangelios.  Que nadie sea parte de las estadísticas de los que por vergüenza no comparten el verdadero evangelio ni siquiera a su propia familia, amigos, compañeros de trabajo y conocidos. Si usted ha tenido vergüenza quizá sea porque no ha conocido bien ese evangelio.  Quizá usted necesita tomar más en serio estudiar la biblia tanto de manera personal como en la Escuela de Formación Cristiana de esta iglesia.  No se avergüence del evangelio:

I.- PORQUE EL EVANGELIO ES UNA VERDAD PODEROSA;

II.- PORQUE EL EVANGELIO ES DE ORIGEN DIVINO; y

III.- PORQUE EL EVANGELIO BENEFICIA CON SALVACIÓN.

Jul 29

BUENAS NUEVAS A LOS POBRES, Por: Diego Teh.

BUENAS NUEVAS A LOS POBRES

Lucas 4:18,19.

Predicado por el Pbro. Diego Teh, el domingo 29 de julio 2018, en la congregación “Luz de Vida”, de la col. Bojórquez, de Mérida, Yucatán.

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Este sermón es el # 7 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

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   INTRODUCCIÓN: En un recordatorio hecho a los israelitas por Moisés, les dijo lo siguiente: “Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho; / que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido. / Amaréis, pues, al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto” (Deuteronomio 10:17-19). Entre los israelitas, Dios está pendiente especialmente de los huérfanos, de las viudas, y hasta de los extranjeros. A través del Antiguo Testamento Dios manifestó en muchas ocasiones ser el defensor de las viudas, de los pobres, de los huérfanos, de los emigrantes, etc…  En cuanto a los pobres y viajeros, Dios impuso a los israelitas una ley que obligaba a la gente que trabajaba en el cultivo a dejar ciertas partes de sus cultivos para que los pobres y viajeros tomaran con toda libertad cuando carezcan de la materia prima para hacer sus alimentos.  La ley decía: “Cuando siegues la mies de tu tierra, no segarás hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu tierra segada. / Y no rebuscarás tu viña, ni recogerás el fruto caído de tu viña; para el pobre y para el extranjero lo dejarás. Yo Jehová vuestro Dios” (Levítico 19:9-10). Dios siempre estuvo pendiente de los pobres.

   También Jesús, el Hijo de Dios, durante sus años de ministerio, desde el principio hasta el fin, estuvo enfocado en la atención tanto material como espiritual de los pobres, la gente que tenía necesidades que nadie podía o quería suplirle o solucionarle.  La primera vez que Jesús predicó en una sinagoga, según San Lucas, Jesús leyó en el libro del profeta Isaías, el pasaje que dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; / a predicar el año agradable del Señor. / Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. / Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros” (Lucas 4:18-21).  Con estas palabras, Jesús mismo anuncia que él estaba dando inicio a su ministerio, pero uno de los detalles relevantes es que el afirma que vino especialmente “para dar buenas nuevas a los pobres”.  Él mismo, debiendo por naturaleza ser rico, antes que ser rico prefirió ser pobre, y aun en su pobreza anunció que también vino “para dar buenas nuevas a los pobres”, y lo hizo.

   Por eso, en este mensaje les voy a predicar que Jesús en su misión desde el cielo para el mundo demostró de diversas maneras su interés por los pobres.  / ¿Cuáles fueron las maneras en las que Jesús demostró su afecto por los pobres? / Ahora, me propongo compartirles algunas maneras como Jesús demostró su afecto por los pobres.

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   La primera manera como Jesús demostró su interés por los pobres, es:

I.- ESCOGIENDO NACER EN UN LUGAR PEOR QUE LA POBREZA.

   ¿Habrá algún lugar peor que la pobreza? Los Evangelios dan testimonio de que Dios escogió la pobreza para el nacimiento de Jesús.  Cuando Jesús nació, dice San Lucas en su narrativa que su madre María: “… dio a luz su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (Lucas 2:7).  Dos palabras de este versículo expresan la magnitud de la pobreza en que nació Jesús: Mesón y pesebre. Mesón es la traducción para la palabra griega catalímati, usada por Lucas.  Comúnmente se ha pensado que se trata de una posada, pero esta palabra también significa “habitación para invitados”. Estas habitaciones para invitados, solían tener un compartimiento para los animales que trajera el viajero. No había pared divisoria, pero el piso era más bajo en la parte dedicada a los animales. Así eran las casas de los humildes, de una sola habitación para humanos y animales.  Para los viajeros era una morada temporaria, para los pobres era la vida cotidiana.  Parecería que Jesús nació en un catalímati, pero en la sección destinada a los animales, porque la parte reservada para los seres humanos ya había sido ocupada por otros viajeros, “no había lugar en el catalímati”.  En cuanto al “pesebre”, ¿qué es esto?  La palabra que se traduce por “pesebre”: fatné, se refiere a una especie de caja donde se depositaba el alimento para que los animales coman. La cuna de Jesús no pudo haber sido un lugar más humilde, que un comedero de animales.

   Algo que Jesús y su padre, bien pudieron haber planeado, siendo ellos los dueños de todo cuanto existe, fue que Jesús pudo haber nacido nada menos que en el palacio de los Césares emperadores de Roma, o por lo menos en el palacio de los Herodes en Jerusalén; y así no tendría ninguna necesidad de nacer en el rincón de un mesón en la parte destinada para resguardo de animales, y en una pila de alimentos, pero no sucedió así, sino que lo hizo asó para identificarse con la gente pobre que se encontraba privada de las cosas más elementales para la vida diaria y cotidiana.  Quizá ni a las mismas personas que se encontraban hospedadas en el mismo mesón (catalímati), les importó o conmovió que aquel niño haya nacido en aquel rincón de aquella habitación; pero era nada menos que el Hijo del Creador y Rey del universo que no tenía necesidad ni siquiera de nacer como humano, pero en fin decidió nacer como humano, nada menos que en un lugar extremadamente más indigno que lo que un pobre podía tener acceso.  Sin embargo, nosotros que ahora conocemos su historia, entendemos que era parte de lo que debería ser su experiencia terrenal de preparación “para dar buenas nuevas a los pobres”.

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   La segunda manera como Jesús demostró su interés por los pobres, es:

II.- DECIDIENDO TENER PADRES POBRES.

   Digo, decidiendo tener padres pobres, porque siendo Dios que decidió encarnarse en humano, también tuvo la libertad de escoger a María una muchacha noble y temerosa de Dios, pero pobre, quien le concebiría para ser su madre.  Al igual, que escogió quien le representaría como padre terrenal, decidiendo que sea José, un hombre, aunque legítimamente descendiente de una familia de reyes, para ese tiempo hace como 400 años que su dinastía ya no ocupa el trono de Israel.  Era un simple carpintero que ni siquiera era de los más destacados que hacían grandes trabajos que le dejaran grandes ganancias.  Es por eso que José y María para cumplir una sencilla ley de Dios de ofrendar un cordero en sacrificio al presentar a su recién nacido hijo a Dios en el templo, no tuvieron ni para ello, por lo que tuvieron que optar por la ofrenda reservada solamente para los casos de personas en verdadera pobreza.  La ley de Dios que un padre de familia debería cumplir para la presentación de un hijo a Dios, en el templo, decía: “Y si no tiene lo suficiente para un cordero, tomará entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para holocausto y otro para expiación” (Levítico 12:8).  Y como en realidad José no era más que un pobre viviendo en Nazaret de Galilea, dice San Lucas que cuando él acudió en el templo para presentar a Jesús, llegó “… para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor: Un par de tórtolas o dos palominos” (Lucas 2:24).  Pero, quien había tomado la decisión fue Jesús mismo, de tener un padre y una madre pobres, porque así él se estaba identificando con los pobres por quienes realmente él había venido a este mundo, y que al iniciar su ministerio afirmó que vino “para dar buenas nuevas a los pobres”.

   Otro detalle de la pobreza de Jesús como consecuencia de haber tomado la decisión de escoger a padres pobres, tiene qué ver con respecto a su aprendizaje escolar.  José tampoco dispuso de los medios económicos para enviar a Jesús a la escuela de los escribas:  El apóstol Juan, en su narrativa de la vida y ministerio de Jesús, describiendo cómo él enseñaba con sabiduría, dice también: “Y se maravillaban los judíos diciendo: ¿cómo sabe este letras, sin haber estudiado?” (Juan 7:15).  Y en cuanto al oficio al que Jesús se dedicó durante su juventud, y que debió haber aprendido desde su niñez o adolescencia, fue la carpintería, igual que José su padre terrenal.  La gente que conocía o sabía acerca del oficio de Jesús, decía: “¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón?” (Marcos 6:3).  Pudiendo, sin duda, por derecho divino, usar el mejor conocimiento de alguna ciencia administrativa, social, o política, pudo haber desempeñado alguna profesión de más prestigio en Palestina su propio país, e incluso en el extranjero, o hasta en roma la capital de imperio, pero en su pobreza voluntaria, prefirió la carpintería, lo que humildemente le enseñó el padre terrenal que él mismo escogió tener para que le representara.  Ese fue el Dios hecho hombre que vino a ser pobre y “para dar buenas nuevas a los pobres”.

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   La tercera manera como Jesús demostró su interés por los pobres, es:

III.- MOSTRANDO UNA BONDAD QUE LOS RELIGIOSOS NO MOSTRABAN.

   Según San Lucas, Jesús usando una parábola que se conoce como la parábola del mayordomo infiel, un mayordomo que malgastó mucho dinero de su patrón, y por ello se encontraba en riesgo de ser despedido.  Con respecto a este mayordomo infiel, Jesús dijo que este hombre se dio cuenta que había varios trabajadores que le debían al patrón de ellos, hasta cien barriles de aceite, cien medidas de trigo, etc… y como mayordomo se propuso cobrarles según las posibilidades y ofrecimientos de sus compañeros deudores.  Todo esto, para beneficio del patrón con el fin de que no le despidieran a él.   Entonces, les dijo a los deudores que, si debían cien barriles de aceite, que pagaran con urgencia hasta cincuenta barriles; el que debía cien medidas de trigo, que pagara con urgencia hasta ochenta medidas de trigo, y así sus cuentas quedaban saldadas.  Así ocurrió, y el mayordomo infiel, ganó a muchos amigos por la oferta que él les propuso; y dice la parábola que el patrón se admiró de la sagacidad de su mayordomo en el esfuerzo de quedar bien con su patrón (cf. Lucas 16:1-15).  Entre los que escucharon la respectiva enseñanza de esta parábola, se encontraban un grupo de fariseos de quienes san Lucas dice: “Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, …” (Lucas 16:14).  Estos fariseos, no eran la membresía común de una sinagoga, sino que eran nada menos que el liderazgo, que se supone son los guías espirituales de la gente.  Pero, la descripción que Lucas resalta de ellos es que eran “avaros”, es decir que les ganaba la ambición por el dinero antes que el bienestar de los pobres, de las viudas, de los huérfanos, etc…

  Refiriéndose a un grupo de estos fariseos, que tenían el encargo de ser escribas, Jesús le dijo en otra ocasión a la gente que le escuchaba: Guardaos de los escribas, que gustan de andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; / que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones; éstos recibirán mayor condenación” (Lucas 20:46,47).  Además de ostentarse en público, ¿notaron qué hacían ellos especialmente con las viudas?  Jesús los denunció públicamente como personas “que devoran las casas de las viudas” (v. 47).  Esa era la fama de la religión farisea de los tiempos de Jesús.  Incluso en una ocasión, Jesús usando otra parábola, la del Buen Samaritano, evidenció que un sacerdote y que un levita, siervos de Dios que deberían estar al servicio de la gente, no les importó ver a un hombre herido tirado en el camino, sino que siguieron su camino sin hacer algo por él, no así el buen samaritano que no era considerado propiamente del pueblo de Dios, estuvo dispuesto a dar su tiempo, su cabalgadura, y hasta su dinero diciéndole al mesonero donde le encomendó: “Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese” (Lucas 10:35).  Esto no lo hacían los fariseos de la religión oficial entre los judíos y demás israelitas.

   Ahora, Jesús anuncia un cambio radical de su propuesta espiritual especialmente para la gente desprotegida.  Jesús, en su primera predicación precisamente en una sinagoga de los fariseos, anuncia que con él inicia una nueva administración espiritual para los pobres, diciendo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; …” (Lucas 4:18a). En la práctica, Jesús siempre estuvo dispuesto a servir a los más desprotegidos por la justicia social.  En la actualidad, la iglesia, amados hermanos también está para dar buenas noticias a los pobres, y para servir a los pobres.  Así quiso Jesús que hicieran sus discípulos, a quienes dijo: “Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; …” (Marcos 14:7a).  Cuando la religión hace a un lado a los pobres, Jesús se interesa por ellos, y Jesús nos encomienda hacerles el bien explicándoles el evangelio del reino de Dios, e incluso apoyándoles en sus necesidades más elementales para superar sus rezagos, dificultades, y problemas.

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   La cuarta manera como Jesús demostró su interés por los pobres, es:

IV.- LLEVANDO SU EVANGELIO, AUNQUE SIN LUGAR PROPIO DÓNDE DESCANSAR.

   Jesús mismo, a un escriba que al parecer quería seguirle, le dijo con respecto a las incomodidades de él mismo y de quienes le quisieren seguir, que: “Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza” (Mateo 8:20).  Esto no quiere decir que Jesús nunca tuvo un lugar donde pudiese vivir, sino que, al andar de un lugar a otro, no procuraba los mejores hoteles, mesones, etc… de aquellos tiempos y lugares, sino que dependía de la bondad de la gente, o simplemente pasaba la noche en algún lugar público.  Es así como encontraría a los pobres a su paso. Por ejemplo, un día al medio día, a esa hora viajando a pie, y cansado del camino, su lugar de descanso y probablemente también de almuerzo, fue la orilla de un pozo donde aprovechó compartir su evangelio ilustradamente como el agua que corre como ríos de agua viva.  Es bajo estas condiciones socioeconómicas, que Jesús llevó a cabo su ministerio que anunció en aquella sinagoga durante su primer sermón diciendo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; …” (Lucas 4:18a).  Desde entonces, verdaderamente, los pobres fue su prioridad.  Se interesó por los ciegos, por los leprosos, por los cojos, por los mancos, por los paralíticos, y por los enfermos de muchas causas.  Ellos fueron, los primeros discípulos que siguieron a Jesús, y que dieron testimonio de su divinidad y poder. Él iba de ciudad en ciudad, de aldea en aldea, predicando y sanando, sin importar donde le sorprendiera la noche, y sin importar dónde tenía que descansar.  Así fue Jesús porque vino: “para dar buenas nuevas a los pobres”.

   Amados hermanos, si al llevar el evangelio de Jesucristo también a los pobres, alguna vez se hace necesario estar en alguna incomodidad, no se sienta ofendido, siéntase privilegiado en saber que usted está representando dignamente la actitud y humildad de nuestro Señor Jesucristo.  “Para dar buenas nuevas a los pobres”, alguna o muchas veces hará necesario arriesgar alguna de las comodidades a las que estamos acostumbrados.

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   CONCLUSIÓN:    Amados hermanos, en el Nuevo Testamento, el apóstol Pablo en su segunda epístola a los Corintios, para animar a los Corintios para que dieran voluntariamente alguna aportación económica para otros cristianos necesitados, les escribió: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9).  El apóstol indica que Jesucristo antes de venir a nacer era nada menos que “rico”, pero lo que más les enfatiza en estas palabras es que “por amor a vosotros (a ustedes) se hizo pobre”.  Jesús, con propósito e intencionalmente escogió ser pobre aquí en la tierra.  Su razón y motivación, bien lo indica también el apóstol Pablo cuando les dice a los Corintios que tal decisión de Jesús fue “para que vosotros (ustedes) con su pobreza fueseis enriquecidos”.

   Jesús vino “para dar buenas nuevas a los pobres”, alcanzándonos aun a nosotros en la actualidad.  Ahora, la iglesia y cada discípulo de Jesucristo que se ha enriquecido con el conocimiento de las buenas nuevas de él, somos responsables de seguir el ministerio de Jesús “para dar buenas nuevas a los pobres”.