Jul 08

RECORDAR A JESÚS EN LA CRUZ, Por: Diego Teh.

RECORDAR A JESÚS EN LA CRUZ.

 Varios textos.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 8 de julio 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

.

Este bosquejo corresponde al sermón # 06 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

.

   INTRODUCCIÓN: En el lenguaje común, a veces ‘mirar atrás’ significa perder la mirada en el objetivo que se debe alcanzar y que se tiene justamente al frente.  A veces significa renunciar un proyecto iniciado, retroceder perdiendo el avance obtenido, e incluso regresar al lugar donde antes se estaba.  En el contexto bíblico, a esto se refirió Jesús cuando dijo: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62).   Según la biblia misma, a veces ‘mirar atrás’ significa recordar analítica y objetivamente cómo llegó a nuestra vida un beneficio o hasta un mal que sigue haciendo efecto en nuestro presente, como cuando Moisés exhortaba a los israelitas diciéndoles: “Acuérdate, no olvides que has provocado la ira de Jehová tu Dios en el desierto; desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes a Jehová” (Deuteronomio 9:7).  “acuérdate de que fuiste siervo en Egipto; por tanto, guardarás y cumplirás estos estatutos” (Deuteronomio 16:12).

   Los cristianos miramos con sentido espiritual hacia todas las dimensiones: Miramos arriba, como san Pablo dice a los Colosenses: “buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. / Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:1b, 2). Es al mirar arriba cuando miramos a Dios, a su Cristo, y desarrollamos obediencia hacia Dios, y esperamos sus seguras bendiciones.  Miramos también a nuestros lados o alrededor, y también miramos hacia adelante, como les predicaré en los próximos sermones.  Pero, hoy voy enfatizar nuestra necesidad de mirar atrás no para perder el objetivo, no para renunciar, no para retroceder, no para regresar, sino para mirar la cruz de Jesús y recordar la historia de la salvación, y la participación de Jesús en esa sublime historia que hoy moldea nuestras vidas.

   Así que, a manera de resumen, les anticipo que la idea central de esta predicación es que cuando miramos atrás recordando la historia de Jesucristo en la cruz, hacemos grandes descubrimientos esenciales.  / ¿Cuáles son los grandes descubrimientos esenciales que podemos hacer cuando miramos atrás recordando la historia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo en la cruz? / Por medio de diversos textos de la palabra de Dios, les compartiré algunos de estos grandes descubrimientos esenciales.

.

   El primer gran descubrimiento esencial que hacemos cuando miramos atrás recordando la historia de Jesucristo en la cruz, es:

I.- LA VICTORIA DE JESÚS SOBRE LA MUERTE.

   A través de la historia se han aplicado distintos instrumentos y métodos para la aplicación de la pena de muerte, tal como lo fue la decapitación, la descuartización, el fusilamiento, el ahorcamiento, y más recientemente la inyección letal, la silla eléctrica, etc… En tiempos antiguos en la historia romana uno de los instrumentos para la aplicación de la pena de muerte a los delincuentes fue la cruz. Nadie que haya tenido a algún ser querido que haya sido ejecutado en la cruz, estaría tan emocionado en recordar la sentencia dictada, la crucifixión ejecutada, y menos el recordar aquel horrible instrumento de la cruz junto con sus correspondientes e inmensos clavos. Igual como las personas de nuestros tiempos que alguna vez en la vida han tenido seres queridos que han sido víctimas por asesinato, no les traería gratos recuerdos el mirar ya sea un arma de fuego, o un arma punzocortante, o un frasco de veneno con el cual su ser querido fue privado de la vida.

   Sin embargo, en la historia bíblica se da el caso extraordinario que aquel instrumento romano de la cruz se convierte en un símbolo de la fe cristiana, en virtud de que una vez en ella fue ejecutado de muerte nada menos que el Hijo de Dios, nuestro Señor y Salvador Jesucristo.  La ejecución de Jesús en una de las cruces romanas sembradas en el monte de la calavera en las afueras de la ciudad judía de Jerusalén, cambió el significado de la cruz.  Primeramente, solo era un instrumento de vergüenza, de humillación, y de muerte, en el cual muchos criminales perecieron en justo pago de sus maldades a la sociedad en la que vivieron.  Jesús, siendo santísimo más que inocente, fue ejecutado allí.  La realidad es que murió como cualquiera de aquellos criminales mortales.  La diferencia que cambió la historia de la cruz, es que Jesús no quedó muerto.  Cierto es que lo descolgaron muerto de la cruz, y lo sepultaron siempre muerto, pero al tercer día aquel que estuvo muerto, resucitó. ¿Dónde quedó el poder de la cruz? Es a esta realidad que el apóstol Pablo exclama en su primera epístola a los Corintios: “¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:55). La muerte no le fue a Jesús, el triunfo de la muerte.  Y aquella victoria de Jesús se ha vuelto nuestra victoria tal como también exclama San Pablo diciendo: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57). La muerte que fue una justa sentencia para el pecado humano, ya no será una sentencia eterna para los que somos creyentes en Jesucristo.

   Amados hermanos, cuando miramos atrás la historia de la cruz en la que Jesús nuestro Señor y Salvador fue crucificado, al saber que la muerte no le retuvo para siempre, entonces descubrimos que la cruz vacía donde Cristo no está colgado es para nosotros un recordatorio de que Jesús es la victoria sobre la muerte, y que Jesús es nuestra propia victoria sobre la misma muerte, pues aunque físicamente un día moriremos, nuestra alma sigue viva, y en un día no lejano para nosotros en la actualidad seremos también resucitados.  Vale la pena recordar a Cristo en la cruz, porque nos recuerda la vida victoriosa.

.

   El segundo gran descubrimiento esencial que hacemos cuando miramos atrás recordando la historia de Jesucristo en la cruz, es:

II.- EL PODER DE DIOS PARA LA SALVACIÓN.

   Alrededor del año 1870, en Q, Roo, por motivos religiosos se constituyó un municipio que llevó el nombre de Chan Santa Cruz, y llegó a ser la capital de dicho estado. Se trata del municipio que hoy conocemos como Felipe Carrillo Puerto, o solamente Carrillo Puerto. Su nombre hace referencia a una pequeña cruz de 7 x 10 cmts. tallada en caoba, que supuestamente unos 20 años atrás (1850)[1], fue encontrada en un pequeño cenote.  A partir del supuesto hallazgo, surgió, podría así decirse la religión de la cruz parlante, porque se suponía que era una cruz que hablaba. Hasta donde se sabe fue una complicidad de algunas personas y sacerdotes para convertir a los mayas rebeldes que encabezaron la guerra de castas.  Si lograban que los mayas se convirtieran en adoradores de la cruz, entonces, sería más fácil convertirlos al catolicismo. Aquellos mayas rebeldes llegaron a creer que Dios se comunicaba con ellos por medio de aquella cruz hallada. Hasta el día de hoy por influencia y sincretismo del catolicismo hay quienes todavía le rinden culto a aquella supuesta cruz parlante. Es más, por eso hasta aquí entre nosotros los yucatecos, el 3 de mayo es conocido como el día de la santa cruz. Pero, ¿de verdad hablaba aquella cruz?  Hasta donde se sabe, el soldado yucateco José María Barrera, un mestizo[2] expulsado de Kampocolché, colocó la cruz en un pequeño altar, y ayudado por Manuel Náhuatl, que tenía facultades de ventrílocuo, respondía a los mayas que frecuentaban el cenote, y pedía a su supuesto dios que los ayudara a sanar de sus males y los liberara del yugo de la conquista. Al morir el ventrílocuo Náhuatl y desaparecer el soldado Barrera que no regresó a la región porque murió un año después, la cruz supuestamente se comunicaba mediante un secretario llamado Juan de la Cruz Puc; sin embargo, cuando este fue descubierto fue asesinado por una multitud que se sintió engañada y estafada, ya que si bien es cierto no era un lucro por dinero o cosas materiales, si era una forma de engañarlos en sus creencias[3].

   En la palabra de Dios, con respecto no a la cruz física de madera donde Jesús fue crucificada, sino al mensaje que surge de ella tras la crucifixión, muerte real, y resurrección de Jesús, San Pablo como si la cruz hablase, dice a los Corintios: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Corintios 1:18). Obviamente se refiere a la palabra predicada por los apóstoles y todos los cristianos de que Jesús murió y resucitó victorioso contra la muerte, y ese hecho garantiza la salvación de los pecadores que crean en Jesús.  Efectivamente, los que no creen en dicha palabra o mensaje que se predicaba y que se predica hasta el día de hoy, es considerado no por pocos que es una locura de quienes lo dicen.  Pero, el apóstol Pablo, con toda convicción dice a los Corintios que “la palabra de la cruz […] a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios”.

   Amados hermanos, cuando miramos atrás recordando el momento cuando Jesucristo fue crucificado, descubrimos que él y su cruz nos recuerdan que hay un mensaje de Dios que ofrece salvación segura, salvación que no es posible por ninguna otra vía, sino solamente por Jesús cuyo evangelio predicado es conocido también como “la palabra de la cruz” que es nada menos que el “poder de Dios”.

.

   El tercer gran descubrimiento esencial que hacemos cuando miramos atrás recordando la historia de Jesucristo en la cruz, es:

III.- EL SERVICIO QUE LE DEBEMOS OFRECER A DIOS.

   Otra manera de mirar atrás hacia la cruz, es recordando lo que Jesús dijo a sus discípulos con respecto a la cruz, desde mucho tiempo antes de ser crucificado.  Como parte de su mensaje solía decirles a sus oyentes: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a si mismo, tome su cruz, y sígame” (Mateo 16:24). En realidad, sin llevar físicamente a la cruz de madera a ninguno de sus discípulos, él fue a la cruz en representación de todos ellos, así como de todos los que creeríamos después de él.  Él fue crucificado, tomando de esta manera su cruz. Su crucifixión cubre las características esenciales que Dios Padre esperaba de él, fue un sacrificio vivo, santo, y agradable a Dios.  Con su crucifixión y muerte, Jesús apaciguó la ira de Dios que debería caer sobre todo ser humano porque en él Dios cobró la culpa de todos nuestros pecados.  Sin embargo, ahora, a quienes toca tomar la cruz es a nosotros.  Solamente que en nuestro caso no tiene que ser una cruz de madera, ni de cemento, nada físico realmente.  No tenemos que ser llevados ni ir realmente al Gólgota de Jerusalén, ni a ninguno de los cinco montes o cerros en el cual fue fundada nuestra gran ciudad de Mérida[4].

   Pero, tal como Jesús ofreció su vida en sacrificio en la cruz, nosotros debemos en imitación de Jesús ofrecer nuestra vida en la cruz no de muerte, pero sí de sacrificio, un sacrificio distinto de que se ejecutaba en la cruz romana.  El apóstol Pablo les explica precisamente a los creyentes romanos acerca de este sacrificio, escribiéndoles: “… hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:1).  Se trata de darle culto a Dios con nuestra propia vida como si nuestra vida fuera un sacrificio.  Sin duda que la figura de sacrificio, les llevaba a pensar en la cruz de madera en la que se castigaba a los delincuentes, pero siendo ellos creyentes y no delincuentes no eran merecedores de aquella cruz, pero tampoco escapaban de la cruz tal como Jesús dijo que para ser su discípulo habría que cargar una cruz propia.  Así, la cruz para nosotros los discípulos de Jesús, es un recordatorio del servicio o sacrificio de culto que debemos ofrecerle a Dios con nuestra propia vida.

   Amados hermanos, mirar hacia atrás, recordando la cruz tal como Jesús indicó que deberíamos tener y tomar una propia, descubrimos que tenemos una gran responsabilidad de rendirle culto a Dios porque Él y su Hijo Jesucristo hicieron todo lo necesario en una cruz para salvarnos de la condenación eterna. Nuestra cruz es más sencilla de llevar que la cruz que a Jesús le tocó y que sirvió para acabar con su vida.  La nuestra es para acercarnos a Dios y a cambio recibir la vida de Dios ahora y para siempre.

.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, la muerte de Jesucristo en la cruz que solo era un instrumento de martirio, condena, vergüenza, y muerte horrible; ha venido a ser junto con la encarnación, humillación, resurrección, y ascensión de Jesús, uno de los fundamentos de nuestra fe y de la realidad de nuestra salvación eterna planeada por Dios, pero también para que recibamos tanto privilegios como deberes mientras estamos aquí en la tierra conformando el glorioso cuerpo de Cristo.  En la cruz de Jesús murió el que también resucitó para hacernos victoriosos sobre el tremendo problema del pecado y de la muerte misma.  En la cruz de Jesús, cuando es predicado el significado de lo que ocurrió en ella tras la crucifixión, y muerte real de Jesús, quien a pesar de haber tenido una muerte real no quedó retenido por la muerte, entendemos el poder no de la madera de la cruz, sino el poder de Dios para la salvación.  En la cruz de Jesús, según él lo pide, recibimos la encomienda de cargar nuestra propia cruz como él hizo con la suya, solamente que en nuestro caso es para un sacrificio vivo de culto; no para un sacrificio sangriento de muerte para expiación.  Gracias a Dios por haber enviado a su Hijo Jesucristo para pasar por la injusta experiencia de la cruz; lo cual ha sido el fundamento de nuestros privilegios divinos y celestiales.  Al recordarlo, hacemos estos grandes descubrimientos esenciales de lo que Dios mismo ha hecho y todavía está haciendo a nuestro favor.

=============================

[1] https://es.wikipedia.org/wiki/Cruzoob

[2] Mestizo, es un hijo de un padre o madre de raza blanca y una madre o padre de raza amerindia.

[3] https://sipse.com/milenio/enigmas-de-yucatan-leyenda-origen-de-la-cruz-parlante-137973.html

[4] Don Francisco de Montejo fundó la actual Mérida, sobre las ruinas de la antigua ciudad maya conocida entonces como T’ho.  Literalmente este nombre significa “allá en los cinco”, nombre como hasta el día de hoy nos referimos a la actual Mérida todos los que hablamos la lengua maya.  Pero, la razón por la que se le llamó T’ho, es porque fue fundada sobre cinco cerros o montes, los mismo donde don Francisco de Montejo fundó nuestra actual ciudad el 6 de enero de 1542.  Don Francisco la nombró Mérida porque las antiguas edificaciones prehispánicas le recordaron a las ruinas romanas que se conservan en la ciudad homónima de Extremadura, España. Mucho más tiempo atrás, la ciudad se llamó Ichcaanzihó.  T’ho, solamente es una contracción de Ichcaanzihó.

Jun 24

SOY DEUDOR, Por: Diego Teh.

SOY DEUDOR

Romanos 1:14,15.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 24 de junio 2018, a las 18:00 horas, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

.

Este bosquejo corresponde al sermón # 05 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

.

   INTRODUCCIÓN: Muchas veces nos nace la corazonada de invitar a los amigos a un cafecito, o por lo menos a un embotellado o a unas frituras, o hasta un desayuno o una cena.  A usted, ¿le gusta invitar, o le gusta que le inviten?  Pienso que ambas cosas no son malas, sin embargo, como Pablo enseñó a los ancianos de la iglesia de Éfeso: “Más bienaventurado es dar que recibir” (Hechos 20:35). Ojalá podamos desarrollar siempre esta mentalidad de dar antes que recibir.  En cuestiones de amistad, a veces los mismos amigos cuando uno por alguna razón imprevista o de fuerza mayor uno no pudo reunirse con ellos, incluyen a uno obligatoria pero amistosamente en su lista para que nos toque invitarles algo; entonces, voluntaria y amistosamente les decimos: Ya les (te) debo una, la próxima yo invito.  Cuando está en nuestras posibilidades podemos reconocernos deudores.

   De igual manera, el apóstol Pablo con respecto al beneficio que había recibido del evangelio, sentía que no era poca cosa sino una abundante riqueza espiritual que él había recibido de Jesucristo, y por ello como lo debió haber sentido por los no creyentes y hasta por los creyentes de otras ciudades, les dijo a los romanos pero no exclusivo para ellos, que: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. / Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma” (Romanos 1:14,15).

   De estas palabras de San Pablo, me propongo a predicarles hoy que el creyente del evangelio se reconoce como una persona que tiene una deuda. / ¿Qué deuda reconoce tener el creyente del evangelio? / Basado en la experiencia del apóstol Pablo, voy a presentarles en este mensaje, tres consideraciones con respecto a esta deuda.

.

   La primera consideración con respecto a la deuda que reconoce tener el creyente del evangelio, es:

I.- DEUDA CON JESÚS PRIMERAMENTE POR SU AMOR.

   Habiendo visitado Jesús a un fariseo llamado Simón que no era nada hospitalario cuando recibe personas en su casa, ni era nada servicial ni atencioso, Jesús le contó una de sus parábolas, y luego le hizo una pregunta.  La parábola fue esta: “Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; / y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? / Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado” (Lucas 7:41-43).  Cuando una persona se da cuenta que Dios le ha compartido alguna misericordia, la persona responde con alegría, gratitud, y amor hacia Dios; y además es capaz de compartir con otros su alegría y hasta el mismo beneficio recibido.  La razón por la que Jesús le dijo esta parábola a Simón el fariseo, fue porque una mujer de mala reputación en toda la ciudad, entró a casa de Simón, ella llorando regaba con sus lágrimas los pies de Jesús, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con un perfume especial que ella había traído. Fue entonces cuando Simón dijo de Jesús: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora” (Lucas 7:39b).  Luego de la aplicación de la parábola, Jesús entonces le explicó a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. / No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. / No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies. / Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (Lucas 7:44b-47).

   El apóstol Pablo, que antes había llevado una vida religiosa sin el espíritu de la verdad en él, sin duda que tras su encuentro con Jesús y tras ser confrontado por él, tras ser perdonado y comisionado por Jesús para una tarea mucho mejor que la que él antes hacía persiguiendo a los creyentes, se dio cuenta que había sido perdonado no de poco pecado, sino de muchísimo pecado. Y no hay duda que por toda esa bendición que recibió de Jesús le hizo sentirse en deuda primeramente con Jesús; pero como incluso había sido perseguidor de los creyentes, se sintió todavía más deudor con ellos.  Esa era su razón para decir: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor” (Romanos 1:14).

.

   La segunda consideración con respecto a la deuda que reconoce tener el creyente del evangelio, es:

II.- DEUDA CON TODOS POR TENER EL EVANGELIO QUE ELLOS NO TIENEN.

   Por haber conocido y aceptado para su vida el evangelio del reino de Dios, el apóstol Pablo, les dice a los romanos que: A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor” (Romanos 1:14).  Esta expresión era la manera como se dividía la clasificación de la humanidad desde tiempos de la influencia del imperio griego.  Era una manera de decir: “A todos, o con todos”. Siendo, los griegos la cultura donde surgieron los más prominentes filósofos de la antigüedad, ellos se consideraban como la cultura más educada que había sobre toda la tierra, la cultura de los sabios.  Fuera de ellos, cualquier otra cultura con lenguaje diferente los consideraban como no sabios, como los bárbaros.  Pero, el conjunto tanto de griegos como de no griegos, o dicho de otra manera: tanto de sabios como no sabios, era una manera de referirse a todo la humanidad.  La NVI traduce este versículo tomando en cuenta estos antecedentes, y dice: Estoy en deuda con todos, sean cultos o incultos, instruidos o ignorantes” (Romanos 1:14; NVI).  La Biblia de las Américas también es más expresiva al traducir que Pablo dijo que tiene obligación: “tanto para con los griegos como para con los bárbaros, para con los sabios como para con los ignorantes” (Romanos 1:14; LBLA).  La razón de sentirse deudor o con obligación por todos, es porque él ya había recibido y aceptado para su vida el evangelio de Jesucristo que le había convertido en una nueva criatura y salvada para la eternidad; entonces, tenía que compartir aquella buena noticia con todos cuanto él pudiese.

   Alfredo Lerín, autor de varios libros de ilustraciones para predicaciones, relata que: “Cierto pastor dijo que en su congregación había un hombre muy rico; que si éste hubiera sido pobre él le habría hablado acerca de la salvación de su alma; pero que él como pastor creía que sería presuntuoso hablarle de eso a dicho rico. Un día uno de los miembros le preguntó al hombre rico: —Señor X, ¿ha aceptado usted al Salvador? Este hombre, conmovido, y con lágrima en los ojos, respondió: —Agradezco a usted que me haya hecho esta pregunta. Durante mucho tiempo he estado muy preocupado por esto, y siempre pensé que el ministro algún día me hablaría de este importante asunto. ¡Oh, cuánto he deseado que me hable de mi Salvador! Si me hubiera hablado, ¡yo podría haber tenido tranquilidad!  Sigamos el ejemplo del Señor, quien a ricos y a pobres les anunció las buenas de salvación; imitemos al apóstol Pablo, quien dijo: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor. Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio…”[1].  Antes que escoger, a quién hablarles del evangelio, más bien debemos estar dispuestos a hablarles a todos sin excepción.

.

   La tercera consideración con respecto a la deuda que reconoce tener el creyente del evangelio, es:

III.- DEUDA QUE MOTIVA A ANUNCIAR CON PRONTITUD EL EVANGELIO.

   Después de decir: “A griegos y a no griegos, a sabios y a no sabios soy deudor” (Romanos 1:14), el apóstol Pablo añadió: “Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio…” (Romanos 1:15).  Lo relevante a observar aquí en estas palabras es la decisión de responder con prontitud a la responsabilidad para ponerse a cuenta con la reconocida deuda.  Cuando Pablo dice “pronto” estaba diciendo: “estoy tan ansioso de anunciarles el evangelio también a ustedes” (DHH).  Obviamente no todo lo que queremos hacer pronto, se logra hacer pronto.  En ocasiones surgen contratiempos ajenos a nuestra voluntad.  Pablo había tenido ese problema.  Les dice a los romanos. “muchas veces me he propuesto ir a vosotros (pero hasta ahora he sido estorbado), para tener también entre vosotros algún fruto, como entre los demás gentiles” (Romanos 1:13).

   Pero, cuando uno se propone hacer algo pronto, aunque surjan contratiempos, aunque no se pueda en el primer intento, o aun en otros intentos, uno no pierde las ganas, la visión de hacerlo.  Eso es lo que estaba ocurriendo con Pablo.  Pero, ahora, su proyecto de fortalecer la fe de los creyentes en Roma, estaba más cerca que antes, por lo que no duda en decirles que “pronto” estará con ellos.  Pero, ese pronto, tiene más que ver no con la proximidad de una fecha, sino con el estar ansioso de ir, pero no solo de ir, sino de hablarles más del evangelio que ellos ya habían comenzado a conocer.  Cuando alguien se siente así de deudor por el gran amor que Dios le ha tenido, tal persona, más bien tal cristiano, va a querer hacer PRONTO todo lo que esté a su alcance hacer para la obra de Dios, y para su prójimo.

.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en la vida todo aquello que hayamos recibido de Dios que nos pone en ventaja en comparación con otras personas que han sido menos favorecidas, nos hace deudores a favor de ellos.  Si Dios nos concede tener la alacena surtida para nuestros alimentos de cada día, somos deudores con los que menos tienen, y más con los que ni siquiera tienen nada para comer.  Si Dios nos permite tener una profesión para desempeñar, aunque es lícito que por medio de ello recibamos nuestros ingresos para vivir, también somos deudores de quienes no tienen los conocimientos ni destrezas para solucionar sus problemas con lo que nosotros sí sabemos y podemos hacer, y tenemos la obligación de servirles a la medida de su alcance.

   Pero, también cuando en cuestiones de fe y realidad en el evangelio de Jesucristo somos beneficiados con la gracia de Dios dándonos si merecerlo: el perdón, la justificación, la adopción, la salvación, la santificación, la vida eterna, la paz, el amor, la misericordia, y otras muchas cosas más, eso nos hace deudores de gratitud para con Dios, pero también nos hace deudores para quienes todavía no han recibido estos beneficios de la gracia divina, y por lo tanto tenemos que asumir la responsabilidad de invitarles a que crean en el evangelio de Jesucristo para que comiencen a disfrutar sus divinas bendiciones.  Somos deudores realmente ante toda persona.  Incluso somos deudores ante otros creyentes cuando tenemos algún don, conocimiento, o testimonio que podemos compartirles para que ellos se edifiquen más.  Por ejemplo, cuando San Pablo escribe a los romanos, no eran romanos incrédulos, sino que les escribió a los que eran creyentes, pero, aunque ya eran creyentes, San Pablo reconocía que era deudor a ellos porque, aun así, él tenía que anunciarles el evangelio.

   Cada uno de nosotros reconozcamos tener esa deuda con Jesucristo el autor del evangelio del reino de Dios, reconozcamos tener esa deuda con los que no tienen en sus vidas el evangelio que nosotros ya tenemos, y que nuestra deuda nos motive a anunciar este poderoso evangelio de Dios que por medio de Cristo transforma a los pecadores en personas que viven bendecidas por Dios durante toda la vida.

==========================

[1] Lerín, Alfredo; 500 Ilustraciones; Mundo Hispano.  Ilustración # 151 RICO DESCUIDADO POR SU PASTOR.

May 27

EL EVANGELIO ES PODER DE DIOS, Por: Diego Teh.

EL EVANGELIO ES PODER DE DIOS

2 Corintios 5:17-21.

.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 27 de mayo 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

.

Este bosquejo corresponde al sermón # 04 de la serie: EVANGELIZACIÓN.

.

   INTRODUCCIÓN: Hay una imagen con diversas variantes que hace unos años está circulando en el internet, y es muy cierto porque dice que LA BIBLIA MATA. Como hablar de matar o ser matado no sería una experiencia agradable para nadie, entonces nos da la impresión de que lo que está diciendo el mensaje de aquella imagen es igualmente desagradable; pero la realidad es que no, pues inmediatamente dice que: Mata la tristeza, la ignorancia, la ansiedad, el miedo, la angustia, el desespero, la soledad, y principalmente la falta de amor.  Eso es lo que dice la imagen en cuestión, sin embargo, mata muchas cosas malas que no necesitamos en nuestra vida.  Entonces, sí que la palabra de Dios es verdaderamente poderosa.  Por eso el título del mensaje de este momento es: EL EVANGELIO ES PODER.  Y ya lo decía el apóstol Pablo a los romanos a quienes les escribió: “…no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; …” (Romanos 1:16a).  El evangelio es poder de Dios.  Y eso es lo que me propongo explicarles en este mensaje.

   En nuestra lectura bíblica, que es parte de una carta enviada por el apóstol Pablo a los Corintios, podemos descubrir que el evangelio es poder de Dios para generar en el ser humano las cosas nuevas que combaten el poder del pecado en el ser humano. / ¿Cuáles son “las cosas nuevas” que el evangelio como poder de Dios puede generar en el ser humano, y así combatir en él el poder del pecado? / Siguiendo las palabras del apóstol Pablo, les presentaré una lista de tres cosas nuevas.

.

   La primera cosa nueva que el evangelio como poder de Dios puede generar en el ser humano, y combatir en él el poder del pecado, es:

I.- UNA NUEVA CRIATURA.

   El apóstol Pablo, hace una afirmación bastante cierta e importante al decir: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). Estar en Cristo es el resultado de haber aceptado el poderoso evangelio.  El poder de este evangelio en el corazón humano, a la vez que es destructor de las cosas viejas, también es constructor de cosas nuevas.  Con las cosas viejas, el apóstol Pablo se refiere a todo pecado que una persona haya arrastrado durante toda su vida, incluyendo el pecado original transmitido a toda persona por generación ordinaria.  Todo eso queda solamente como una experiencia de cosas viejas que aun siendo cosas que Dios pudiera usar en nuestra contra para sentenciarnos a condenación, ahora que uno ha aceptado la buena noticia del evangelio de Dios, todo ello queda cancelado. Por otra parte, esas cosas viejas solamente han sido como semillas que habiendo germinado hacen de la vida de toda persona, una vida desordenada consigo mismo, desordenada para con los demás, pero sobre todo desordenada para con Dios.

   Pero, cuando uno da paso en su vida al poderoso evangelio de Dios, comienza una transformación de adentro hacia afuera, del corazón hacia las actitudes y acciones que uno realiza.  Usted se comienza a dar cuenta que un cambio está comenzando a ocurrir y que seguirá ocurriendo todo el tiempo que uno viva.  Es a este proceso que San Pablo llama “nueva criatura”.  El evangelio tiene el poder de hacer una “nueva criatura” a un pecador que no parece tener esperanza no solo para la eternidad sino también para el presente.  Las personas que viven sin saber para que viven, las personas que se sienten infelices y que nada les satisface en la vida, y que siempre sienten un vacío espiritual en sus vidas, necesitan experimentar que el poder del evangelio de Dios puede transformar su vida desdichada, miserable, infeliz, y desastrosa, a una “nueva criatura” cuya vida ya tendrá consciencia de su propósito de vivir, que será feliz según la perspectiva de Dios, y que esta nueva vida la disfrutará a plenitud.  Ser una “nueva criatura” es lo mismo que estar en Cristo, pareciéndose más a Cristo.

   Amados oyentes, si alguno entre los presentes ha estado viviendo sin tomar en cuenta a Dios en su vida, y por lo tanto ha acumulado sobre usted una gran cantidad de cosas viejas que están destruyendo su felicidad, que está destruyendo su relación familiar, que aparentemente está viviendo sin sentido alguno.  Le invito a creer y recibir el evangelio de Jesucristo, que consiste en creer que Jesús es el único que puede transformar su vida, porque él murió para pagar todos los pecados de usted, y porque él venció la muerte al resucitar por sí solo, venciendo al mismo tiempo el poder del pecado que destruye al ser humano.  Si usted cree en esta buena noticia, usted será convertido por el poder del evangelio, en una “nueva criatura”. ¿Hay alguno entre los presentes que me está escuchando que necesita esta experiencia en su vida?  Lo animo a que ahora mismo allí donde usted se encuentra, le diga a Dios que usted acepta su santo y poderoso evangelio.

.

   La segunda cosa nueva que el evangelio como poder de Dios puede generar en el ser humano, y combatir en él el poder del pecado, es:

II.- UNA NUEVA RELACIÓN.

   Hablando de todo este proceso de hacer cosas nuevas en la vida de una persona que ha abierto su corazón al poder del evangelio, el apóstol Pablo sigue explicando: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; / que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (2 Corintios 5:18,19).  Como dije antes: Estar en Cristo es el resultado de haber aceptado el evangelio, y que ser una “nueva criatura” es lo mismo que estar en Cristo, pareciéndose más a Cristo.  Pero, en estas palabras de San Pablo, que presupone que hay una condición de enemistad entre el ser humano y Dios, siendo el ser humano el culpable de esta enemistad, Dios comienza a realizar algo nuevo que queda descrito en la explicación: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, …” (v. 18).  La causa de la enemistad que existe entre el ser humano y Dios, es el pecado cometido desde la primera pareja humana.

   Dios siendo santo no puede tolerar que el pecado, y en consecuencia también los pecadores puedan estar delante de su presencia, por lo que a Eva y a Adán los sacó del Edén en donde Dios localizaba la manifestación de su presencia. En consecuencia, Dios tenía un plan alterno de llevarse a los seres humanos a su gloria celestial, pero habiendo ellos pecado, dice también el apóstol Pablo que los seres humanos “por cuanto todos pecaron, fueron destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Dios no los podría tener frente a Él ni en pintura por pecadores, a menos que fuesen santificados por alguien que pagase la pena de sus culpas.  Fue entonces que Cristo al dar su vida que luego fue gloriosamente resucitada, ocurrió lo que San Pablo describe diciendo que “nos reconcilió consigo mismo por Cristo” (v. 18).   Algo importante de tomar en cuenta es que esta reconciliación no es ni fue iniciativa de los pecadores para quedar bien con Dios, sino que es iniciativa de Dios mismo, de quien Pablo dice que “Dios, quien nos reconcilió consigo mismo”, añadiendo la explicación de que esta reconciliación es “por Cristo”.  Es por esta obra afirmada por San Pablo diciendo que Dios “nos reconcilió”, que se sobre entiende de que entonces se finaliza nuestro estado de enemistad con Él, y comienza una nueva relación de reconciliados con Él.  En el estado o relación de enemistad uno no puede ni podría acercarse a Dios, pero por el nuevo estado o nueva relación de reconciliación por Cristo, ahora nos podemos acercar a Dios.

   Amados hermanos, por esta obra de Cristo de reconciliarnos con Dios ahora nosotros disfrutamos de una posible y segura nueva relación con Dios.  Por eso la palabra de Dios también nos invita y exhorta diciendo: “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, / por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, / y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, / acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura” (Hebreos 10:19-22).  Acerquémonos, es la invitación y exhortación para todos nosotros.  Ya ni los pecados cometidos por usted podrían ser un impedimento, pues si usted se los confiesa a Dios, y le pide perdón por ellos, inmediatamente usted será reconciliado con Dios. Por eso, todo este cambio de relación de enemistad a reconciliación que se puede dar entre el pecador y Dios, es por el efecto de aceptar el poderoso evangelio de Jesucristo.  Ahora, permítanme preguntar: ¿Hay alguien entre los presentes que todavía está viviendo en la condición de enemistad con Dios, pero que ahora sabiendo que Jesucristo es quien reconcilia con Dios, ahora quiere aceptar esta bendita buena noticia?

.

   La tercera cosa nueva que el evangelio como poder de Dios puede generar en el ser humano, y combatir en él el poder del pecado, es:

III.- UNA NUEVA JUSTICIA.

   En sus palabras escritas a los Corintios, San Pablo les afirma que: Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21). En esta afirmación hay una preciosa verdad y buena noticia con respecto a otra de las cosas nuevas que Dios crea en los que aceptan su poderoso evangelio transformador.  De esto que Pablo dijo: ¿Quién es el “que no conoció pecado”?  Se refiere nada menos que a Jesús.  Pero, ¿qué significa eso de que “por nosotros lo hizo pecado”?  Significa que aun siendo él sin pecado, al tomar nuestro lugar para pagar toda la multitud de nuestras culpas humanas, él fue considerado como si fuera un pecador sin realmente serlo.  Pero, el objetivo de Dios en todo este plan de hacer a su Hijo como un pecador que en realidad nunca fue pecador, fue “para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios”, y es muy importante el énfasis del apóstol cuando describiendo la fuente de esta justicia dice: “en él”, refiriéndose a Cristo.

   Esta cosa nueva de ser “hechos justicia”, presupone algo que es igual de verdaderamente real, que aunque fuimos creados con la virtud de la justicia, es decir que nuestras acciones podrían ser vistas siempre con agrado por Dios, el hecho de haber pecado nuestros primeros padres, desde entonces cualquier cosa que todo ser humano haga por más que ponga en ello todas sus buenas intenciones y su máxima excelencia posible, jamás podrá ser visto por Dios como algo agradable, sino que siempre será detestable para Él.   Pero cuando dice que Cristo fue hecho pecado, es decir que fue considerado como el pecador que pagó nuestras culpas, lo hizo “para que fuésemos hechos justicia de Dios”, significa que es Cristo quien hace esta cosa nueva en el pecador.  Nadie puede ser agradable a Dios sino es por Cristo.  Así lo había expresado antes el mismo apóstol a los mismos corintios diciéndoles que: para Dios somos grato olor de Cristo” (2 Corintios 2:15); es decir, que no podemos ser gratos por nosotros mismos, sino solamente por medio de Cristo.  La razón por la que necesitamos a Cristo, es porque nuestras justicias, suma de todas nuestras buenas y obedientes acciones no nos sirven ni como la mínima justicia necesaria para agradar a Dios, pues según explica el profeta Isaías: “todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” (Isaías 64:6). Es por eso que aun la gente antigua como la de la época del profeta Daniel cuando oraban a Dios, decían: “no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias” (Daniel 9:18).

   Amados oyentes, las justicias humanas son insuficientes, por lo que necesitamos en nosotros la imputación de la justicia de Cristo.  Esa es la cosa nueva que ocurre en la persona que acepta el poderoso evangelio de Cristo.  Cuando Pablo dice que la muerte de Cristo, cuando Cristo fue hecho pecado, fue para que “fuésemos hechos justicia de Dios en él” (en Cristo), (2 Corintios 5:21).  Si Cristo es la justicia de usted, entonces usted agradará a Dios, pero si usted insiste en intentar agradar a Dios por su propia decisión e imaginación de que usted es tan bueno que no hace mal a nadie, y por eso usted es hasta mejor que los que tratan de aceptar a Cristo como su propia justicia, entonces, usted debe saber que absolutamente usted no es agradable para Dios. ¿Habrá entre los presentes alguien que se siente bueno o tan bueno que asegura que no hace mal a nadie, o porque hace muchas cosas que son apreciadas como buenas, y que por todo ello, y solo por ello, piensa que ha ganado, merecido, o recibido el agrado de Dios?  A usted le invito a que no confíe más en sus propias justicias.  Acepte usted la buena noticia de que Cristo con su muerte y victoria sobre la muerte, asegura la justicia de todos aquellos que creen y reciben su poderoso evangelio.

.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, nadie olvide que el evangelio es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; …” (Romanos 1:16a). Sin el poder de Dios por medio de su evangelio en usted, usted no puede tener salvación.  Sin que usted crea en el evangelio de Dios, usted nunca podrá tener salvación eterna, sino finalmente solo conocerá la condenación eterna.  Sin embargo, todo aquel que creer en el evangelio, conocerá el poder de Dios para salvación.  A esa persona que puede ser usted, le convertirá en una “nueva criatura”, le establecerá una nueva relación de “reconciliación” con Dios; y le imputará a usted la justicia de Cristo para que usted sea visto por Dios como una persona agradable a quien dará otros muchos beneficios más.

   En este momento le invito a usted que reciba para su vida el evangelio poderoso de Dios.