May 14

LA IGLESIA QUE IMPACTA SU ENTORNO, Por: Diego Teh.

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LA IGLESIA QUE IMPACTA SU ENTORNO

Hechos 17:1-7.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Ebenezer” de la col. San José Tecoh, de Mérida, Yucatán; el día sábado 14 de Mayo del 2016, a las 19:00 horas; por motivo de su XVI aniversario como congregación.

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   INTRODUCCIÓN: Pablo, Silas, y Timoteo, fueron echados fuera de la ciudad de Filipos por los mismos magistrados romanos, sin embargo lograron la conversión a Cristo de toda la familia de un carcelero.  De allí se fueron a la ciudad de Tesalónica.  Los primeros tres días de estancia y enseñanza en la sinagoga de los judíos de aquella ciudad, muchos tesalonicenses se convirtieron a la fe en Cristo; sin embargo los judíos de esta ciudad que no querían creer el evangelio de Jesucristo, incluyendo los temas de su muerte y resurrección, dice San Lucas que: tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo.  /  Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá (Hechos 17:5,6).  Quiero que centren su atención no en Jasón, no en las autoridades de aquella ciudad, sino en el tema de los gritos que proferían los acarreados que se alearon con los judíos que no querían creer.  Específicamente gritaban: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá.  Lo que específicamente quiero que observen es que estas personas incrédulas llamaban trastorno al efecto que el evangelio estaba causando desde el inicio de su propagación a partir de la ciudad de Jerusalén.  Pero considerando que era la perspectiva de gente que no entendía el contenido del evangelio, era de esperarse de ellos ese calificativo y otras muchas cosas más peores.  Pero para nosotros los que ya entendemos el mensaje del evangelio, no le llamamos trastorno, sino impacto.

   El evangelio llevaba a penas unos quince años de estarse propagando fuera de Jerusalén, pero ya mucha gente de muchas ciudades del imperio romano estaban dejando, si eran judíos estaban aceptando a Jesús como el cumplimiento de una promesa divina para ellos, pero si no eran judíos también estaban abandonando sus diversas religiones paganas ya sea de origen griego, romano, o de otras culturas, para seguir la fe en Jesucristo.  Pablo, Silas, y Timoteo, no eran los que causaban todo este impacto, sino la labor de todos los creyentes al mismo tiempo en todas partes.  Cuando los tesalonicenses inconformes e incrédulos gritaban Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá, no se referían solamente a Pablo, Silas, y Timoteo sino al movimiento global de la proclamación del santo evangelio que hacían todos los creyentes en todos los lugares donde el evangelio había sido conocido.

   En el mensaje que hoy les voy a compartir en esta ocasión, considerando que el evangelio no causa trastorno a ninguna comunidad, sino que causa impacto, les voy a predicar que toda iglesia local para que impacte su entorno debe practicar una serie de disciplinas del evangelio.  /  ¿Qué disciplinas del evangelio debe practicar una iglesia local para que impacte el entorno donde está presente?  /  Haciendo un recorrido de los Hechos de la Iglesia, desde el inicio de sus actividades proclamadoras en Jerusalén (Hechos 1) hasta la época cuando los tesalonicenses observaron el impacto que las iglesias locales daban en el mundo entero (Hechos 17:6), les voy a compartir algunas disciplinas del evangelio que convierten a una iglesia local en una iglesia que impacta su entorno.

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  La primera disciplina del evangelio que debe practicar una iglesia local para que impacte su entorno, es:

I.- LA ORACIÓN PARA LA PROCLAMACIÓN DEL EVANGELIO.

 Al iniciar nuestro análisis de los comienzos de la historia de la iglesia, San Lucas nos narra que después del regreso de Jesús al cielo, los once apóstoles regresaron a Jerusalén, y nos dice que: Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hechos 1:14).

   Antes de 10 días de haberse ido Jesús al cielo, los apóstoles tuvieron que hacer su primera reunión congregacional para elegir a un nuevo apóstol que tome el lugar que Judas Iscariote dejó tras su muerte como 5 semanas atrás.  La disciplina que no podía faltar fue orar antes de la elección (cf. Hechos 1:24).

   Luego, los primeros días después de la experiencia del descenso del Espíritu Santo el día de Pentecostés, encontramos a los apóstoles Pedro y Juan yendo al templo a orar a las tres de la tarde (Hechos 3:1) no para perder el tiempo sino para pedir por la proclamación del evangelio.

   Tras las primeras amenazas a los apóstoles que predicaban a Cristo, e incluso tras el encarcelamiento de algunos de ellos, los primeros creyentes recurrieron a la oración para que todos ellos no tengan temor sino denuedo para anunciar el evangelio (Hechos 4:29-31).

   Cuando en la primera iglesia la carga ministerial se hizo más grande, los apóstoles se dieron cuenta de que si se sobre cargaban de ocupaciones como el llevar despensas a las viudas, etc… descuidarían lo más importante que deberían hacer.  Así que para la elección de los primeros diáconos, argumentaron “Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo.  /  Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra” (Hechos 6:3,4).  La oración no podía ser descuidada, menos por los que proclaman la palabra de Dios.  En este caso, tanto los pastores, los seminaristas, los ancianos que colaboramos en la extensión del evangelio, no debemos descuidar la práctica de la oración.

   Amados hermanos, esta fue la iglesia que llegó a Tesalónica no para trastornar sino para impactar con su mensaje salvador y transformador.  Fue impactante mientras practicaban la oración.  No tan recientemente, en el siglo XIX el misionero Jorge Muller en una de sus cartas aconsejando al misionero en Hudson Taylor quien se encontraba en China, le dijo a este: “Si vas a ganarte esa provincia para Cristo, tendrás que hacerlo arrodillado”.   De la misma manera, hoy en este siglo XXI, la misma estrategia de Jesús, de los apóstoles, la iglesia primitiva, los misioneros, las iglesias y congregaciones presbiterianas de hoy, podemos impactar si no todo el mundo, por lo menos nuestro entorno inmediato, pero si antes dedicamos el tiempo suficiente a la oración.  Hago un llamado a cada uno de los que asisten a esta congregación a reavivar el tiempo de oración como congregación, a orar juntos para buscar en Dios el poder para la evangelización de los perdidos.     No está de más recordarles también que el ejemplo de oración de más relevancia es que nuestro mismo Señor Jesucristo, siendo nada menos que el Hijo de Dios, a pesar de ello para llevar a cabo su ministerio personal, lo encontramos orando de madrugada, a media noche, y hasta toda una noche (cf. Marcos 1:35; Lucas 6:12).

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  La segunda disciplina del evangelio que debe practicar una iglesia local para que impacte su entorno, es:

II.- LA ADORACIÓN COMO RESPUESTA AL EVANGELIO.

   San Lucas en los Hechos de los Apóstoles nos relata la vida cristiana de los primeros creyentes, y nos dice acerca de ellos que “… perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,  /  alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2:46,47).  Dentro de todas las cosas que hacían estos primeros creyentes se nos dice que en sus reuniones se les escuchaba “alabando a Dios” (v. 47a).  El propósito principal para lo cual se reúne la iglesia es la adoración a Dios mediante cantos, mediante oraciones, mediante el darnos personalmente todo nuestro ser en sacrificio vivo.  El culto, adoración, o alabanza, tiene su objetivo dar de nosotros a Dios, no primeramente esperar de Dios para nosotros, ni mucho menos para satisfacer nuestros sentidos con lo que se hace en el culto.  Esta fue la iglesia que llegó a Tesalónica y a muchas ciudades del antiguo imperio romano para impactar con un culto verdadero que no estaba dirigida a los falsos dioses romanos, griegos, y de otras culturas, en cuyos cultos solamente buscaban salir de alguna manera supuestamente beneficiados ellos mismos; pero la verdadera adoración no es para el hombre sino para Dios.

   Recuerdo la ocasión cuando una eventual adoradora me dijo al final de un culto: “No me gustó el culto de hoy.  No se cantó estribillos movidos y alegres, solamente los solemnes”.  Su mentalidad de esperar que el culto sea para satisfacer sus sentidos, le llevó a ser adoradora menos frecuente, hasta que lamentablemente el día de hoy anda muy descarriada del camino del Señor, y lo que es peor no recibe consejo para regresar a los pies del Salvador.  El culto no es para usted, es para Dios.  No espere primero o solo recibir sino, esté siempre listo para darse usted mismo en adoración.

   Una iglesia que desea impactar su entorno como lo fue en la iglesia primitiva, y como la ha sido a través de los siglos, y como debe ser realmente, debe comenzar con las personas que ya estamos asistiendo, teniendo que hacer una adoración centrada y enfocada en Dios.  Nuestra adoración debe estar centrada en una supuesta adoración que solamente ofrezca placeres visuales, auditivos, musicales, etc… sino debe estar centrada en una verdadera adoración que exalte al Dios que de pura gracia y por medio de Jesucristo se hizo totalmente a cargo de nuestra salvación.  Recordemos que el Padre está buscando verdaderos adoradores, según Jesús le dijo a la mujer samaritana (cf. Juan 4:23).  Si queremos una iglesia que impacte nuestro entorno, tenemos que ser una iglesia que adore como respuesta a Dios a la gracia de la salvación que nos ha comunicado por medio de Cristo.  No se trata de impactar al estilo de algunas denominaciones que por medio de cultos espectáculos, y promesas que no salen del corazón de Dios ni de su palabra escrita, atraen a grandes multitudes de personas, que no son adoradoras sino ego-adoradores de sus propios intereses de poder, fama, y dinero.

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   La tercera disciplina del evangelio que debe practicar una iglesia local para que impacte su entorno, es:

III.- EL TESTIMONIO DE LA OBRA DEL EVANGELIO.

   Es muy popular que cuando nos referimos a La Gran Comisión que Jesús encomendó a sus discípulos, solamente nos referimos a ella parcialmente citando la porción escrita por San Mateo que en parte dice: “Por tanto, Id, y haced discípulos a todas las naciones,” (Mateo 28:19), sin embargo San Lucas relata esta misma Gran Comisión de manera complementaria, diciendo que las últimas palabras de Jesús a los apóstoles cuando ya se despedía para subir al cielo, fueron: “…recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1:8).  La gran comisión que tiene como meta hacer discípulos de Jesús, se cumple testificando de Jesús.

   En los primeros días de la naciente iglesia local de Jerusalén, los apóstoles Pedro y Juan cuando fueron amenazados para que no siguieran hablando y enseñando en el nombre de Jesús, ellos dieron a las autoridades civiles y religiosas la siguiente respuesta: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios;  /  porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19,20).  Decir lo que uno ha visto o lo que uno ha oído es dar testimonio.  Los apóstoles no estaban hablando de algo que no habían visto ni oído, sino que su testimonio era la verdad de los hechos de Jesús en toda palestina, especialmente lo concerniente al significado de su muerte, y la realidad y significado de su resurrección ocurrido en Jerusalén y sus inmediaciones.  Hoy seguimos testificando del mismo Jesucristo, cuya historia vemos en las Sagradas Escrituras de los Evangelios, pero también de los resultados de la obra del mismo Jesucristo en nuestras vidas.

   Amados hermanos, cada uno de nosotros puede llevar a cabo esta disciplina de testificar la obra del evangelio de Jesucristo en el corazón de los pecadores. Cuando leemos Hechos 4:31 nos damos cuenta que los primeros creyentes se dieron a la tarea de testificar de Jesucristo, con tan solo haber primeramente orado a Dios pidiendo que les quitara todo miedo y les diera todo valor para hacerlo.  Lo interante del caso es que eran creyentes de apenas unos cuantos días, no de años, ni de muchos meses, ni siquiera llevaban 4 semanas de creer en el santo evangelio.  No eran personas habían asistido a un montón de clases en la Escuela de Formación Cristiana de la Iglesia como nosotros. No habían asistido varios años a algún seminario teológico, o a conferencias teológicas como nosotros; sino solamente oraban a Dios y salían a testificar de Cristo.  No eran predicadores con cursos de homilética, hermenéutica, exégesis, hebreo, griego, etc…, ni eran ancianos ni diáconos de Iglesia capacitados en biblia, doctrina, y gobierno de la iglesia; ni eran expertos en otros ministerios.  Solamente daban testimonio de lo que habían visto, oído, y experimentado.  Eran gente sin estudios, pero dispuestos a testificar de la obra de Cristo en sus vidas.  Estas fueron las personas que llevaron el evangelio a todas las ciudades del imperio romano.  En cada lugar, tan solo con el testificar de Jesucristo causaban el impacto suficiente al grado que muchas personas entregaban sus vidas a la causa del evangelio.  Fue así como por medio de los apóstoles y otros creyentes el evangelio de Jesucristo llegó a la ciudad de Tesalónica de manera impactante.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en este momento nos unimos todos en acción de gracias a Dios por todos estos XVI años de haberse organizado en este lugar esta amada congregación donde el Señor nos ha llamado y puesto en compañerismo con los demás para que oremos, adoremos, y testifiquemos.  Haciendo esto seremos una iglesia que impacte vidas para ser alcanzado con el mensaje verdadero de salvación.  Seremos una iglesia que se da a conocer al mundo tan necesitado del evangelio de Dios que trae paz al corazón, que convierte al más vil de los pecadores en el santo más fiel en servir a su Salvador y Señor Jesucristo.  Esta congregación ha sido llamada para impactar a las personas de esta zona por medio de cada uno de los creyentes que aquí se congregan.  Es interesante que al principio de este culto entró una persona adulta joven poseído por el poder de Satanás, mientras un grupo de alabanza cantaba, se sentó, escuchó unos cuantos segundos, se puso de pie y salió; pero en la puerta le pregunté por qué se iba, y me dijo: No los quiero derribar, yo soy un homicida.  Habiendo dicho eso se fue inmediatamente.  Ruego a Dios que las pocas palabras que escuchó del canto le hayan impactado y le traigan al arrepentimiento y búsqueda de Dios para su vida. Así como este hombre hay muchas personas para ser impactadas en esta zona.  Hace como un mes, fui a pie por el parque de Renacimiento, no acostumbro acechar en los terrenos, pero como si alguien me empujase a acechar en un terreno que está en la contra esquina del parque, y me encuentro a dos adolescentes con el cabello como si llevasen un mes de no haberse peinado, e inhalando un enervante sintético que los había trastornado de sus facultades.  Creo que el Señor me llevó a mirar el grito de auxilio que la adolescencia, juventud, y familias de esta zona de la ciudad, están haciendo a esta iglesia de Dios para que les testifique el evangelio salvador e impactante de Jesucristo que cambie sus vidas para la gloria de Dios.

   Impactemos nuestro mundo con oración, adoración, y testimonio de lo que Dios está haciendo ahora mismo en la vida de las personas que reciben a Jesús como su Salvador y Señor.

May 02

POR QUÉ SE HAN QUEDADO SOLO MIRANDO, Por: Diego Teh.

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POR QUÉ SE HAN QUEDADO SOLO MIRANDO

Hechos 1:6-11.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Siervos de Jesús” de Celestún, Yucatán; el día sábado 02 de Mayo del 2015, a las 19:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: ¿Alguna vez, usted se ha quedado solamente mirando algo (o a alguien)?  Cuando pasamos donde ha ocurrido un accidente, a veces solamente nos quedamos mirando, ¿no es cierto?  En el zoológico, ¿no hay algún animal que a veces nos llama más la atención y nos quedamos observándolo por más tiempo?  Creo que en los museos y en otras exposiciones nos detenemos a mirar los objetos interesantes que sin duda nos impactan en ese momento.  Por naturaleza, tendemos a centrar nuestra atención por más tiempo de lo normal, en todo aquello que nos impacta ya sea por su belleza, o por cualquier otra razón.

   En la historia de la ascensión de Jesús al cielo que ocurre en el momento que él se encontraba reunido con sus discípulos, nos narra San Lucas que luego que los discípulos vieron que Jesús fue recibido por una nube y aunque ya había quedado oculto de los ojos de ellos, todos se quedaron “con los ojos puestos en el cielo” (v. 10a).  Por eso, fue necesario que “dos varones con vestiduras blancas” (v. 10c), que no eran sacerdotes quienes ceremonialmente acostumbraban vestirse de blanco en aquellos tiempos, sino que eran dos ángeles, se les aparecieran y les hicieran una pregunta que debió hacerles reflexionar: “¿Por qué estáis mirando al cielo?” (v. 11).   Todas las traducciones existentes de la biblia coinciden en que el objetivo de la mirada de los apóstoles era el cielo.  El cielo como espacio en el que se puede mirar las nubes y el infinito, no el cielo como lugar eterno de la morada de Dios y los creyentes.   La pregunta de los ángeles sugiere que no era momento de quedarse “mirando al cielo”.  ¿Qué estaban “mirando al cielo”, si ya habían visto a Jesús elevarse, y ser ocultado por una nube, y sin duda ya se había desplazado hasta el cielo del reino de Dios?  Ya no iba a aparecer de nuevo inmediatamente, sino hasta el día de su manifestación gloriosa que sería al final de los tiempos.  La pregunta, da a entender que si bien había una razón extraordinaria e importante para que los apóstoles miraran el ascenso de Jesús hacia la nube que le recibió para ser llevado al cielo; no había ni una sola razón para quedarse solamente mirando hacia el cielo, por más tiempo que lo necesario.  No tiene ningún sentido el mirar y solo mirar en donde no iba a ocurrir nada más.  Por eso, con la pregunta de los ángeles, los apóstoles son exhortados a dejar de solo mirar.

   En este mensaje les quiero compartir que la pregunta angelical: “¿Por qué estáis mirando al cielo?” nos enseña que en la vida y ministerio cristiano, un discípulo de Jesús no debe solamente quedarse “mirando” el lugar donde ha sucedido algo, o quedarse solamente mirando algo que está sucediendo, o quedarse solamente mirando para ver si sucede algo otra vez.  /  ¿Por qué en la vida y ministerio cristiano, un discípulo de Jesús no debe solamente quedarse mirando el lugar donde ha sucedido algo, o quedarse solamente mirando algo que está sucediendo, o quedarse solamente mirando para ver si sucede algo?  /  Consulté diversas versiones de las Sagradas Escrituras en español, las cuales aportan, según el énfasis de la traducción de cada una de ellas, las razones en la vida y en el ministerio cristiano que son más importantes que solamente quedarse “mirando”.

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   La primera razón porque en la vida y en el ministerio cristiano, un discípulo de Jesús no debe solamente quedarse mirando, es:

I.- PORQUE SE DEBE APROVECHAR BIEN EL TIEMPO EN VEZ DE PERDERLO.

   La versión conocida como Dios Habla Hoy, traduce la pregunta de los ángeles a los apóstoles, diciendo:¿por qué se han quedado mirando al cielo?”   El problema que aquí resalta es que “se han quedado mirando”.  Lo que esto sugiere es que no miraron solamente lo necesario sino que se olvidaron de que tenían algo más que hacer ese mismo día, sino que seguían solamente mirando, mientras el tiempo transcurría.   En otras palabras estaban perdiendo el tiempo, por lo que fue necesaria la intervención de los ángeles para despertarlos de su abobamiento y ponerlos en marcha para aprovechar el tiempo.  Esa noche, ellos deberían estar en Jerusalén, que estaba “camino de un día de reposo” (Hechos 1:12).  Si se quedaban más tiempo solamente mirando, estaban perdiendo el tiempo que podrían aprovechar caminando antes que cayera la noche, y no llegarían a Jerusalén.

   Una exhortación que Dios le hizo a Moisés unos quince siglos atrás antes de Jesús cuando él se pone a orar a Dios en el momento que los egipcios estaban persiguiendo a los israelitas que él estaba guiando a través del desierto quedando casi atrapados frente al mar rojo.  Dios le dice: “¿Por qué clamas a mí?” (Éxodo 14:15a).  Obviamente que orar o clamar a Dios no es malo sino totalmente correcto, pero a criterio de Dios, ese no era momento para ponerse a orar cuando el enemigo ya había alcanzado al pueblo de Israel en el desierto, pues en todo caso Moisés debió ponerse a orar antes y no en aquel momento crucial.  Después de la pregunta de Dios a Moisés acerca de por qué clamas a mí?, inmediatamente recibió de Dios una instrucción que fue: “Di a los hijos de Israel que marchen” (Éxodo 14:15b).  Era momento de aprovechar el tiempo para librarse de los egipcios, pues la herramienta para ese objetivo ya estaba dada en manos de Moisés.  Solamente tenía que extender la vara para dividir el mar rojo.  No era momento para perder el tiempo mirando cómo el enemigo se acercaba, porque perder el tiempo en este caso y bajo esta circunstancia podría resultar fatal.

   Amados hermanos, por medio del apóstol Pablo a los Efesios, tenemos la instrucción que dice: Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios,  /  aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:15,16).  Así, cada creyente y juntos como iglesia somos llamados a darnos cuenta que por causa de los días malos, debemos actuar “aprovechando bien el tiempo” para la proclamación del santo evangelio, ocupados en manifestar los frutos de nuestra fe en Cristo.  Si no hacemos esto, Dios nos preguntará como los ángeles a los apóstoles “¿por qué se han quedado mirando al cielo?” perdiendo el tiempo en lo que no es relevante ni edificante.

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   La segunda razón porque en la vida y en el ministerio cristiano, un discípulo de Jesús no debe solamente quedarse mirando, es:

II.- PORQUE HAY OTRO LUGAR DONDE UNO DEBERÍA ESTAR OCUPADO.

   Otras dos versiones que consulté, fueron la Nueva Biblia al Día, y la Nueva Versión Internacional.  Ambas versiones traducen la pregunta en cuestión, diciendo: “¿qué hacen aquí mirando al cielo?”.  Observemos que estas dos versiones, (NBD, y NVI), comienzan la pregunta diciendo: “¿qué hacen aquí…?, la cual sugiere que los apóstoles no solamente estaban abusando en pasar más tiempo de lo que fue necesario mirar el ascenso de Jesús, sino que para esa hora que los ángeles se presentaron a ellos ya no deberían estar allí.  Como les dije antes, ellos tenían que estar en Jerusalén cuando ya sea la noche de ese mismo día, por eso la pregunta: “¿qué hacen aquí…?”, tenía como tenor: Apóstoles, ya no tienen nada que hacer “aquí”, ya deberían estar en camino hacia Jerusalén, si no, no van a llegar antes que entre la noche.  No es momento de quedarse expectantes, o abobados sin sentido esperando ver algo que no va a suceder por lo menos en este momento, sino que hay que quitarse de allí para estar en otro lugar donde uno debería estar.

   Un caso histórico registrado en las Sagradas Escrituras que ilustra la necesidad de abandonar cuanto antes el lugar donde uno no debería estar en aquel momento, es el caso del profeta Elías, quien era el único sobreviviente de entre cuatrocientos profetas, y quien estaba siendo perseguido a muerte tanto por el rey Acab como por Jezabel la esposa de este rey.  El profeta huyó más de cinco semanas caminando cientos de kilómetros hasta el Monte Horeb al sur de donde realizaba su ministerio.  En varias ocasiones recibió asistencia de ángeles quienes le trajeron una torta para fortalecer su cuerpo, y seguir su camino.  Cuando por fin estaba en el Monte Horeb, se metió en una cueva, en donde Dios personalmente le habló y le dijo: “¿Qué hace aquí, Elías?” (1 Reyes 19:13).  A pesar de la explicación razonable que Elías le presentó a Dios, Dios le dijo que tenía que regresar no solamente al reino de Israel, sino más al norte hasta el reino de Siria.  Si le llevó más de cuarenta días viajar hacia el sur, ahora le llevará quizá más de 60 días de camino de regreso hacia el norte donde se encontraba el reino de Siria.  En Horeb no tenía nada que hacer, aunque por el momento tampoco en Israel donde estaban Acab y Jezabel, pero sí tenía una comisión que realizar aunque parezca sencilla como el ungir a un rey en Siria.  Dios siempre tiene cuidado de que sus siervos una y otra vez dejen su rutina ministerial y vayan hacia nuevas opciones de servicio.

   Amados hermanos, Dios pregunta a esta iglesia y a cada creyente en particular en este momento: “¿qué hacen aquí…?”.  La respuesta no debería ser una excusa como la de Elías, y ni siquiera deberíamos quedarnos callados sin excusa como les sucedió a los apóstoles que no tuvieron nada que decir porque sabían que ya no deberían estar en el lugar del hecho de la ascensión, sino que deberíamos responder y ser hallados proclamando el evangelio de Jesucristo.  Esta amada iglesia en la que todos servimos no debe quedarse solamente “aquí” entre las paredes ni en otra cosa que no sea proclamar a Cristo en la comunidad.  La iglesia local formada por cada uno de nosotros los discípulos actuales de Jesús, tampoco debemos estar solamente mirando desde “aquí” qué sucede en el mundo y en la historia, sino que en obediencia a Jesús quien comisionó a sus apóstoles, nosotros demos de ir y estar allí, pues la comisión dada por Jesús no dice “Por tanto quedaos” sino que dice: “Por tanto, id” (cf. Mt. 28:19) al lugar donde se debe estar cumpliendo la gran comisión de Jesús.  La iglesia, después de este culto, debe “ir” a hacer discípulos.

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   La tercera razón porque en la vida y en el ministerio cristiano, un discípulo de Jesús no debe solamente quedarse mirando, es:

III.- PORQUE HAY QUE AVANZAR EN LA PROCLAMACIÓN DEL EVANGELIO.

   Otras dos versiones de la biblia que consulté, fueron la Nueva Traducción Viviente, y la Biblia La Palabra Hispanoamericana.  La NTV traduce esta pregunta diciendo: “¿por qué están aquí parados mirando al cielo?”.  Y la versión BLPH, dice: “¿qué hacen aquí plantados mirando al cielo?”.  El énfasis que dejan ver estas versiones no es solamente que se quedaron “mirando al cielo”, ni el reclamo de que se hayan quedado “aquí mirando” (como lo enfatizan la NBD, y la NVI), sino que nada más se quedaron “PARADOS” (según la NVI) o “PLANTADOS” (según la BLPH).  Esto no quiere decir que hubiera sido mejor que se quedaran sentados sino que debieron retirarse de quel lugar caminando hacia Jerusalén donde Jesús les había instruido (Cf. Lucas 24:49; Hechos 1:8,12).  Ellos habían recibido instrucción de que inmediatamente se fuera Jesús, deberían irse a Jerusalén para esperar la venida del Espíritu Santo, para que a partir de ese momento comenzaran a ser testigos de la muerte, resurrección, y ascensión de Jesucristo.  No tenían por qué quedarse parados o plantados más del tiempo necesario, pues, Jerusalén, la venida del Espíritu Santo, y testificar hasta lo último de la tierra, les esperaba.

   Hay un estribillo antiguo que hablando de la iglesia, dice que: “solo se detiene para predicar”.  En realidad, el único detenimiento más importante para la iglesia en el que no va a haber ningún cuestionamiento de parte de Dios, es el dedicarse a la proclamación del evangelio.  Cuando la iglesia se dedica a otra cosa, como el solo quedarse parado o estancado en lo mismo la iglesia es cuestionada por Dios, como se puede observar también en los mensajes a las siete iglesias en el Apocalipsis.

   Con respecto al quedarse detenida la iglesia en otra cosa que no sea la predicación del evangelio, me parece adecuada la observación que Rick Warren hace en su primera conferencia de su curso Iglesia con Propósito, en la que refiriéndose a la necesidad de crecimiento de las iglesias locales, dice: “La pregunta no debe ser ¿qué necesitamos hacer para que la iglesia crezca?, antes bien, tenemos que preguntarnos: ¿qué está deteniendo el crecimiento de la iglesia?”.  Dios quiera que no sea nuestro quedarnos parados o plantados lo que detenga el crecimiento de nuestra amada congregación.

   Amados hermanos, la iglesia no debe quedarse parada o detenida, mirando que otras iglesias proclamen el evangelio, sino que debe caminar en cumplimiento de su misión.  La iglesia no debe quedarse parada porque sus miembros estén solamente mirando intereses personales, y ocupándose solamente en distracciones que paralizan el caminar y avanzar de la iglesia en el cumplimiento de proclamar el evangelio de Jesucristo.  Cuando los creyentes y miembros de una iglesia local miran solamente por sus propios intereses, el resultado siempre será una iglesia que se estanca y que no crece, y que día a día va menguando en su deber, en su testimonio ante la gente que le conoce, y en consecuencia también frena su crecimiento.  Dios quiera que esta amada congregación no se quede parada ni plantada solamente mirando sino que camine para llevar las buenas nuevas de salvación por medio de Jesucristo.

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CONCLUSIÓN: Amados hermanos, muchas veces caemos en el error de solamente quedarnos mirando algo que está sucediendo, algo que nadie ha querido hacer, algo que está perjudicando en el camino.  Por ejemplo, quizá veamos una basura o piedra en nuestro camino, y pasamos de largo sin retirarlo.   Quizá miremos a una persona pidiendo “una caridad por el amor de Dios”, y no metamos la mano a la bolsa o monedero para ofrecerle un poco de lo que Dios nos ha concedido.  Quizá miremos personas que se están perdiendo sin Cristo y no actuemos con responsabilidad para compartirles el evangelio que transforma vidas tanto en lo social como en lo espiritual y en lo eterno.  Quizá solo miremos que nuestra amada congregación necesita del don que Dios nos ha dado para su obra, pero nuestra voluntad se pone dura en contra de ofrecer nuestro tiempo y servicio para la obra de Dios.  Pero, mis amados hermanos, es tiempo de que recordemos que como discípulos de Jesús no debemos quedarnos solamente mirando qué pasa y que no pasa, (1) porque hay que aprovechar bien el tiempo en vez de perderlo, (2) porque hay otro lugar donde uno debería estar ocupado, en vez de estar solamente en nuestro “aquí” permanente, y (3) porque hay que avanzar en la proclamación del evangelio en vez de estar solamente parados y plantados.

Nov 09

¿QUIÉN RECIBE EN VANO LA GRACIA DE DIOS?, Por: Diego Teh.

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¿QUIÉN RECIBE EN VANO LA GRACIA DE DIOS?

2 Corintios 6:1, y otros textos.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida Yucatán; el día domingo 09 de Noviembre del 2014, a las 11:00 horas.

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   INTRODUCCIÓN: Dios siempre ha querido que las acciones que realicemos por más sencillas que parezcan no sean “en vano”.  Por ejemplo, entre los Diez Mandamientos, con respecto al uso del nombre de Dios, Él mismo estableció primeramente a los israelitas que: “no tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano” (Exodo 20:7).   Uno de los Salmos, el 127, enseña que hasta en los trabajos comunes como la albañilería, es necesario tomar en cuenta a Dios para construir una casa, porque “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”; y en el trabajo que realizan las personas encargadas de la seguridad sea pública o privada como el de los vigilantes, policías, bomberos, etc… también es necesario tomar en cuenta a Dios, porque “Si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia” (Salmo 127:1).   De esta manera, para que nuestras acciones no resulten “en vano”, Dios no debe ser descartado en el cumplimiento de nuestros deberes.   Es probable que en la vida cotidiana algunas veces hayamos tomado decisiones que fueron “en vano” para nosotros, pero en las cosas espirituales es necesario que no tomemos decisiones vanamente, sino las que sean para obedecer a Dios, y para edificar nuestra vida que sin merecerlo, Dios la está restaurando por medio de su Hijo Jesucristo.

    El texto bíblico para este mensaje, en palabras del apóstol Pablo, es una exhortación originalmente escrita a los Corintios, a quienes les fue dicho: “… no recibáis en vano la gracia de Dios” (2 Corintios 6:1).  Tales palabras nos sugieren que hay personas que reciben en vano la gracia de Dios.   Por tal sugerencia de nuestro texto, realicé un estudio en diversos textos a lo largo de las Sagradas Escrituras para encontrar la descripción de quién y cómo es la persona que recibe “en vano la gracia de Dios”, entonces, encontré que la Palabra de Dios describe quién es la persona que recibe en vano la gracia de Dios.  /  Entonces, ¿según la Palabra de Dios, quién recibe en vano la gracia de Dios?  /  En el transcurso de este mensaje les presentaré la descripción de una persona que según la Palabra de Dios recibe “en vano la gracia de Dios”.

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    La primera descripción de una persona que recibe en vano la gracia de Dios, es:

I.- LA PERSONA QUE ANDA EN BUSCA DE OTRO EVANGELIO

   Después de ser llamados a la gracia de Cristo, los Gálatas rápidamente se estaban alejando hacia lo que el apóstol Pablo llama “un evangelio diferente”, no porque hubiera otro evangelio, sino que con tales palabras les estaba indicando que estaban cambiando su fe en el verdadero evangelio por una perversión del evangelio de Cristo, por lo que les dice lo siguiente: Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.  /  No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo” (Gálatas 1:6-7). El avalúo de Pablo acerca de la mala decisión de aquellos creyentes fue: “Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros” (Gálatas 4:11).  No porque propiamente el trabajo del apóstol fuese vano, sino porque aquellos creyentes, “en vano” habían manifestado creer, pues después de haber manifestado creer en el verdadero evangelio, en la práctica vivían “un evangelio diferente”.

   Desde los días que los apóstoles proclamaban el verdadero evangelio de la gracia de Cristo, surgieron al mismo tiempo proclamadores de perversiones del verdadero evangelio de parte de falsos predicadores, pastores, y maestros.  De la misma manera, en la actualidad también existen grandes cantidades de falsos pastores, maestros, profetas, y apóstoles quienes también en cantidades mayores de falsos evangelios están perturbando la verdadera fe de aquellos que hemos conocido las doctrinas de la verdadera gracia.   Debido a ellos, se puede observar a hermanos que han dejado y a otros que están dejando las doctrinas de la gracia, para seguir falsos evangelios de la actualidad.  Algunos, atraídos por las propuestas del “evangelio de la prosperidad”, por la doctrina de la liberación de “maldiciones generacionales”, por la doctrina metafísica del pensamiento positivo, etc…, se han ido con los que enseñan y practican tales doctrinas.   E igualmente, aunque hay quienes no se van de sus iglesias sino que permanecen en ellas, sin embargo, ya no creen las doctrinas de la gracia, y se dedican a compartir sus “evangelios diferentes” a los demás que asisten a la iglesia, perturbando así a los que están en la verdadera fe.   Estas personas son las que han recibido “en vano la gracia de Dios”, porque la dejan de creer, y comienzan a practicar lo que no es gracia sino esfuerzo personal o imposición de falsos maestros de religión en ocasiones ajenas al cristianismo.

   Amados hermanos, es importante conocer bien el evangelio de la gracia de Cristo para que ni tan pronto, ni más adelante nos dejemos arrastrar por un falso evangelio, pues usted ha encontrado, el evangelio de la gracia de Cristo, directamente de las Sagradas Escrituras.   Si alguna vez, se tiene que cambiar de iglesia local por razones justificables, que no sea por andar buscando ‘el verdadero evangelio’ como hacen algunas personas, pues, lo que usted encontrará es “un evangelio diferente” como les pasó a aquellos nuevos creyentes gálatas, y eso significará que habrá recibido “en vano la gracia de Dios”, porque luego de haberla recibido, le dio la espalda dejándola de aceptar.

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  La segunda descripción de una persona que recibe en vano la gracia de Dios, es:

II.- LA PERSONA QUE NUNCA LLEVA FRUTOS ESPIRITUALES.

   Dentro de las enseñanzas de Jesús, él dijo: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos” (Juan 15:8).  Uno que ha recibido la gracia de Dios es uno que se hace discípulo de Jesucristo, y en consecuencia no debe quedar sin fruto sino que debe llevar fruto, pero no poco sino “mucho fruto”.   ¿Se imagina usted qué producción habría en una parcela con  500 árboles frutales (como la membresía de la iglesia) pero que por razones conocidas o desconocidas no dan fruto?  Ninguna producción habría.   Y eso es lo que Jesús no quiere que ocurra entre los discípulos que forman parte de su iglesia.  Él no quiere infructuosidad en sus discípulos sino que espera que cada discípulo produzca “mucho fruto”.  Y Jesús ilustrando la falta de frutos en las personas que dicen abrazar la fe, los compara de una manera muy fuerte con los árboles que siendo frutales no dan ni un solo fruto, y dice al respecto: Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.  /  Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:19,20).  En este caso, Jesús se refiere retóricamente a los creyentes que por haber recibido o estar recibiendo la gracia de Dios, deben demostrar los frutos de la gracia en sus vidas, pero si no hay frutos, o sea, si no hay evidencia de que están dejando que la gracia de Dios actúe en sus vidas, entonces han recibido “en vano la gracia de Dios”.

   Algunos de los frutos que deben estar formándose en las vidas de todo discípulo son las que el apóstol Pablo les dice a los Gálatas que son los frutos del Espíritu, como el “…amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,  /   mansedumbre, templanza;…” (Gálatas 5:22-23).  Sin embargo, tomando en cuenta que Dios provee de dones ministeriales a todos los creyentes, entonces, además de los frutos antes mencionados que deben notarse en nuestras vidas, deben también verse los frutos que resultan del uso del don o de los dones recibidos.

   Amados hermanos, es incongruente que habiendo recibido la gracia de Dios, un discípulo permanezca igual o se vuelva peor que antes, pues si eso ocurre, eso significa que tal persona ha recibido “en vano la gracia de Dios”.   De vez en cuando quizá hemos escuchado de personas que no son de la fe cristiana, pero estas personas demuestran mejores actitudes que los que decimos estar en la fe verdadera, esto no es porque ellos sean mejores, sino porque los que estamos en la fe tenemos o tomamos “en vano la gracia de Dios” no correspondiéndole adecuadamente, ni dejando que los beneficios de la gracia moldeen nuestra conducta y vida personal.

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   La tercera descripción de una persona que recibe en vano la gracia de Dios, es:

III.- LA PERSONA QUE PERMITE QUE LA PALABRA SEA AHOGADA

   En la parábola del Buen Sembrador y de los diferentes terrenos en los que cayó la semilla de la Palabra de Dios, se nos dice que la semilla que cayó entre espinos ilustra a una persona que oye la Palabra de Dios, pero “los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Marcos 4:18,19).  Esta es otra descripción de la persona que recibe “en vano la gracia de Dios”, porque se trata de alguien que lee la Palabra, estudia la Palabra, memoriza la Palabra, aprende la Palabra, escucha la lectura, predicación, o enseñanza de la Palabra, pero finalmente no la obedece porque tiene sus propios afanes, intereses ajenos a la voluntad de Dios.  Entonces lo mucho o poco que tal persona ha conocido acerca de la palabra de Dios, queda ahogada, y entonces se puede decir que fue “en vano” que haya recibido la gracia de Dios, a menos que deje que la palabra de Dios germine en el terreno de su corazón y en él crezcan las plantas de la fe, la esperanza, y el amor.

   Amados hermanos, la gracia de Dios es lo máximo que el ser humano necesita.  Ninguno que sea discípulo de Jesús debe abandonar o cambiar la gracia de Dios por cualquier otra cosa de este mundo.  Al contrario, usted que verdaderamente ha recibido la gracia de Dios, debe ocuparse permanentemente en conocer mediante la Palabra de Dios todas las implicaciones de esa gracia, y debe incluso no solamente conocerlo sino que también debe llevar una vida congruente con esa gracia salvadora, de tal manera que como dice Jesús la semilla de la palabra del evangelio no se ahogue en usted.  Entregar la vida a Jesucristo, quizá no fue tan fácil para usted, sin embargo, un día usted pudo por la misma gracia de Dios confiar salvadoramente en Jesucristo.   Ahora, usted es probable que también tiene sus luchas para crecer “en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18), sin embargo, usted lee las Sagradas Escrituras, usted estudia la palabra de Dios de manera personal o en la Escuela de Formación Cristiana de la Iglesia, usted hasta dedica tiempo para el culto a Dios donde escucha cada vez la predicación de la palabra de Dios; entonces usted ha dado un paso importante que otros menosprecian al descuidar la lectura, estudio, y aplicación de la palabra de Dios en sus vidas.   Esto significa que usted ha recibido y sigue recibiendo la gracia de Dios por medio de Su Palabra, por lo que no deje que se ahogue esa palabra.  Obedézcala, vívala, pues, si no también habrá recibido “en vano la gracia de Dios”.

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   La cuarta descripción de una persona que recibe en vano la gracia de Dios, es:

IV.- LA PERSONA QUE VUELVE A LAS COSAS DEL MUNDO.

   Hablando de estas personas que vuelven a las cosas del mundo, el apóstol Pedro escribió lo siguiente: “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.  /  Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado.  /  Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno” (2 Pedro 2:20-22).   ¡Qué proverbio muy fuerte!, esa es la descripción de una persona que recibe “en vano la gracia de Dios” al regresar a su  antigua forma de vida pecaminosa, descrita como una vida sucia, asquerosa, y cochina naturaleza.

   Amados hermanos, no hay mejor vida que la que se tiene bajo los alcances de la gracia de Dios.  Si usted está bajo esta gracia salvadora de Dios, no tiene por qué regresar o ir a las propuestas del mundo sin Dios y sin Cristo.  Manténgase firme en su fe y en su conducta digna del evangelio, sin tener que vivir como los que no han conocido los beneficios de la gracia.

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   La quinta descripción de una persona que recibe en vano la gracia de Dios, es:

V.- LA PERSONA QUE EMPIEZA MUY ESPIRITUAL Y TERMINA CARNALMENTE.

   En su epístola a los Gálatas, el apóstol Pablo les preguntó: “¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora  vais a acabar por la carne?” (Gálatas 3:3).  Creo que lo que el apóstol Pablo estaba queriendo que estos creyentes se dieran cuenta es que cuando creyeron, estos al principio demostraron un inmenso entusiasmo por la fe, la obediencia, y el servicio, pero que poco a poco en ellos se fue apagando, al grado de que algunos no solamente siguieron a falsos maestros con sus falsas doctrinas, sino que algunos de ellos regresaron a vivir como antes en los placeres de la carne, dejando así de obedecer el evangelio de la gracia de Cristo.   Qué triste es que las personas comiencen con entusiasmo la fe, pero al cabo de poco tiempo se alejen de la fe, y vivan según sus propios deseos y no como Dios quiere que se viva en su gracia.

   Un ejemplo de este entusiasmo temporal se puede ver en algunas personas (porque no en todas ni en muchas) quienes solamente porque les interesa celebrar la ceremonia de su boda, o porque solamente les interesa bautizar a sus infantes, o porque solamente quieren recibir algún otro beneficio de la iglesia, toman las clases respectivas, se hacen miembros, reciben el beneficio, y luego no los vuelves a ver a la semana siguiente, ni al mes siguiente sino cuando mucho, aunque parezca exageración, solamente en dos breves temporadas del año.   Su entusiasmo menguó.  Eso también es una evidencia de recibir “en vano la gracia de Dios”, pues solamente obedecen o fingen obedecer cuando hay interés en un beneficio.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, quiero concluir con el testimonio del apóstol Pablo a los Corintios a quienes les dijo: Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Corintios 15:10).  Observe usted que la gracia había producido en él, una entrega al servicio de la gracia, pues dice: “antes he trabajado más que todos ellos” (se refería a los demás apóstoles).   Pablo, por su pasado muy sucio delante de Dios, no merecía ser salvado, no merecía la gracia de Dios, pero como Dios lo salvó de la condenación eterna, y como Pablo se dio cuenta de ese gran beneficio inmerecido, pues para no recibir “en vano la gracia de Dios”, lo que él hizo a cambio fue trabajar, y luego aconsejó: hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58).

   Usted también, no reciba “en vano la gracia de Dios”, trabaje y crezca “en la obra del Señor”, pues esa es la manera de vivir la gracia sin que sea “en vano”.