Jul 20

ESTE ES EL DÍA, Por: Diego Teh.

ESTE ES EL DÍA

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Salmo 118:24.

Predicado por el Pbro. Diego Teh, el viernes 20 de julio 2018, en el local de la taquería “La Selva”, sobre la Av. 128, de Mérida, Yucatán, por el 12 cumpleaños de Cristian Arcos López, hijo del A.I. Pedro Arcos, y la hna. Verónica Sánchez.

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   INTRODUCCIÓN: Nos hemos reunido aquí porque “Este es el día” que Pedro y Verónica, vieron nacer a Christian.  “Este es el día” que Christian, cumple “n” años de vida.  Muy apropiadas son las preciosas palabras del texto bíblico que hemos leído en este momento: “Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él” (Salmo 118:24).  Para enfocar la reflexión de este momento, voy a utilizar como título, las primeras 4 palabras de este versículo 24, las que dicen: “Este es el día”. De manera específica, voy a predicarles que las palabras “Este es el día…”, según el salmo 118:24, indican que cada día tiene utilidades con respecto a nuestra vida espiritual.  / ¿Cuáles son las utilidades que cada día tiene con respecto a nuestra vida espiritual? / De manera breve voy a compartirles algunas de estas utilidades.

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   La primera utilidad que cada día tiene, con respecto a nuestra vida espiritual, que se afirma en el salmo 118:24 cuando el salmista dice: “Este es el día”, es:

I.- PARA ACORDARSE DEL CREADOR.

   Cuando el salmista dice: “Este es el día”, lo primero que añade es “que hizo Jehová”, uno de los nombres bíblicos de Dios.  Cuando acerca de Jehová, menciona que Él fue el “que hizo… el día”, nos trae a la mente la obra creadora de Dios.  Desde que Dios creó el primer día, automáticamente ese día se repite cada 24 horas, según nuestra manera de medir el tiempo; y cada día es solamente la confirmación de que Dios es el Creador.  Cada día debe servirnos para recordar que Dios es el Creador, porque como dijera Jesús, Él es quien hace salir el sol sobre buenos y malos (cf. Mateo 5:45).

   Salomón, hijo de David quien no tanto fue salmista, sino más bien proverbista, pero mucho más como sabio consejero, exhorta a toda persona con el siguiente consejo: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento” (Eclesiastés 12:1).  Tristemente, mucha gente ni siquiera cree en Dios, por lo que menos podría pensar en Dios.  Los hay adultos, los hay jóvenes, y los hay niños que para nada se acuerdan de Dios, y si se acuerdan es nada más de su nombre y de sus atributos, pero no como su Dios personal a quien reconozcan como su Creador.

   Mis estimados oyentes, lamentablemente, también algunos que se dicen cristianos, en vez de acordarse de Dios, se olvidan de Él. Esto no debe ser así.  Todos los días debemos acordarnos de que Dios es el Creador de nuestra vida, y que por lo tanto somos sus criaturas que no debemos olvidarnos de Él.

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   La segunda utilidad que cada día tiene, con respecto a nuestra vida espiritual, que se afirma en el salmo 118:24 cuando el salmista dice: “Este es el día”, es:

II.- PARA AGRADECERLE AL CREADOR.

   Todo el salmo 118 es una expresión de acción de gracias por muchísimas bendiciones que su autor había recibido de Dios bajo las distintas circunstancias que le había tocado vivir.  No importa qué dificultades le había tocado vivir, de todas Dios le había salvado, por lo tanto, él en lo personal tenía mucho que agradecer a Dios.  Sin embargo, las bendiciones de Dios no las recibía él solamente, sino todo el pueblo de Dios, por lo que en su salmo, de manera insistente de diversas maneras les invita a que sean agradecidos.  Les dice: “Alabad a Jehová, porque él es bueno; porque para siempre es su misericordia. / Diga ahora Israel, que para siempre es su misericordia. / Diga ahora la casa de Aarón, que para siempre es su misericordia. / Digan ahora los que temen a Jehová, que para siempre es su misericordia” (Salmo 118:1-4).

   Mil años después de haberse escrito este salmo, el apóstol Pablo le escribe a su discípulo Timoteo, algo que llegaría a ser una realidad en las vivencias negativas y pecaminosas de la gente.  Le dice a Timoteo: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. 2 Porque habrá hombres amadores de sí mismo, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos” (2 Timoteo 3:1,2).  Es relevante que entre toda esta lista de pecados se encuentra la ingratitud, o actitud de los ingratos.  La ingratitud se refleja muchas veces en que las personas no somos agradecidos con nuestra propia familia cuando ellos hacen algo por nosotros, a veces no somos agradecidos ni con nuestros padres, pero también muchas veces no somos agradecidos ni con Dios.

   Ojalá si cada día podemos expresar a Dios nuestra gratitud por la vida y otras muchas bendiciones que recibimos de él.  Recordemos todos.  La gratitud a Dios, no es un asunto de cada cumpleaños, sino todos los días.  Ahora, si cada año, o cada mes alguien desea invitar a sus amigos unos ricos tacos, una rica rebanada de pastel, una refrescante y deliciosa agua de sabor, también puede hacerlo; pero, si no hay para comprar todo eso, no importa, para darle gracias a Dios, basta con decirle a Dios cuánto te sientes bendecido por él.

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   La tercera utilidad que cada día tiene, con respecto a nuestra vida espiritual, que se afirma en el salmo 118:24 cuando el salmista dice: “Este es el día”, es:

III.- PARA DISFRUTAR DEL CREADOR.

   La segunda parte del versículo 24, después de decir que “este el día que hizo Jehová”, termina diciendo: “nos gozaremos y alegraremos en él” (Salmo 118:24).  Cada día es el día hecho por Dios, para que nos gocemos y para que nos alegremos, no en el día realmente por ser lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado, o domingo, sino para que nos gocemos “en él”.  Cuando el salmista dice “en él”, no se refiere al día, sino a Jehová, o sea, a Dios, al que “hizo” el día.  El día solamente es un conjunto de tiempo, que pronto pasa y deja de ser, pero Dios es el Ser que no deja de ser porque es eterno, y así podemos gozarnos “en él”, en todo tiempo.

  En nuestro Catecismo menor de Westminster, en respuesta a la primera pregunta que dice: ¿Cuál es el fin principal del hombre?, leemos que dice: El fin principal del hombre es glorificar a Dios, y gozar de él para siempre.  Cada día, en todas nuestras experiencias, debemos tener como centro de la vida a Dios, quien es la fuente de nuestro gozo y de nuestra alegría. Dios debe ser nuestro todo, porque su Hijo Jesús en quien hemos creído, y a quien le hemos dado entrada en nuestro corazón, él está toda la plenitud de Dios (cf. Colosenses 2:9).  Jesús es el Dios que nos llena de gozo y alegría.  No solo ayer, sino también cada día y todos los días como hoy, porque siempre “este es el día”.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, nunca nos olvidemos del Creador, que cada día nos sirva para acordarnos de Él. No seamos ingratos con el Creador, que cada día nos sirva para agradecerle a Él.  No desaprovechemos la provisión de gozo y alegría cada día nos da el Creador, sino que cada día gocémonos y alegrémonos en él.   Amados hermanos, cada día digamos siempre: “Este es el día que hizo Jehová”.  Hoy en el cumpleaños de Christian Arcos Sánchez, también es el día que hizo nuestro Dios.

   Que él sea hoy la fuente de nuestro eterno gozo y alegría.

Mar 11

CÓMO ENFRENTAR LA ADVERSIDAD, Por: Diego Teh.

CÓMO ENFRENTAR LA ADVERSIDAD

 Hebreos 12:1-11.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 11 de marzo 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

Este bosquejo corresponde al sermón # 03 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

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   INTRODUCCIÓN: ¿Cómo les fue la semana pasada que terminó ayer sábado? Es probable que a muchos les fue bien, pero a usted quizá no le fue muy bien.  Hay días que a pesar de toda la fe que usted ha tenido, aun cuando usted sigue creyendo que Dios es bueno, pero parece que con usted no es bueno. Hace un tiempo o recientemente quizá usted perdió su empleo, quizá su ser querido se fue de este mundo, quizá le robaron algunas pertenecías valiosas en su domicilio, quizá le asaltaron en la calle, quizá hasta le han secuestrado a algún familiar cercano; y así podemos hacer una larga lista de experiencias que, en realidad, así como les toca a los no creyentes, así nos toca a los que somos creyentes en Jesucristo. Pero, Dios ¿no que es soberano, y tiene el control de todo? ¿por qué no evitó que usted pase esas terribles e indeseables experiencias? Sí, Dios es bueno y también es soberano, y es por su mismo bien y soberanía que Él permite que nos ocurran semejantes adversidades.

   En nuestra lectura bíblica de Hebreos 2:1-7 tenemos una exposición apostólica que nos recuerda que las adversidades no han sido asunto solamente de nosotros los seres humanos, ni solamente asunto de creyentes o no creyentes.  Jesús mismo, el Hijo de Dios, en cuya humanidad residía toda la plenitud de la Divinidad, aun con todo ello no se libró de las adversidades que nos ocurren a los que solamente somos humanos, sino que, en su vida, especialmente en el aspecto de su vida que corresponde a su misión salvadora, sufrió adversidades como las nuestras y aún peores; por eso, de este texto bíblico aprenderemos cómo Jesús enfrentó sus adversidades, y cómo nosotros debemos enfrentar las adversidades que a nosotros nos corresponden.  De manera específica voy a predicarles, que las adversidades de la vida deben ser bien enfrentadas según el supremo ejemplo de Jesús. / ¿De qué maneras deben ser bien enfrentadas las adversidades de la vida, como Jesús? / El apóstol a los hebreos en nuestro texto bíblico explica cómo se puede enfrentar bien cualquier adversidad en la vida, tal como Jesús las enfrentó.

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   La primera manera de cómo enfrentar bien cualquier adversidad en la vida, según el supremo ejemplo de Jesús, es:

I.- TENIENDO EN CUENTA QUE TRAS CADA AFLICCIÓN SIEMPRE VENDRÁ GOZO.

   Lo primero que quiero que observen en nuestro texto bíblico, es el entendimiento que Jesús tenía acerca del sufrimiento. Según el apóstol Jesús tenía una perspectiva que va más allá de cada problema, más allá de cada sufrimiento, y más allá de toda mala experiencia que por propósitos de Dios, aunque podrían ser evitados por Él, necesariamente tenemos qué pasar por ellas.  El apóstol dice de Jesús: “por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz” (Hebreos 12:2).  La Nueva Versión Internacional, es un poco más clara que traduce lo mismo diciendo: “por el gozo que le esperaba, soportó la cruz” (Hebreos 12:2; NVI).  La versión Reina-Valera de 1960 habla de “gozo puesto delante de él” y la Nueva Versión Internacional habla de “gozo que le esperaba”.  La adversidad, solamente es un recurso del mal que solamente oculta lo bueno que hay después; pero al mismo tiempo es un recurso de Dios, para que encontremos en Él la solución que necesitamos.

   Por lo general, cuando estamos en problemas, dificultades, adversidades, se bloquea nuestra visión con respecto a las soluciones.  Nos enfrascamos, o encerramos mirando solamente las complicaciones del problema, pero en Jesús nos damos cuenta que su manera de enfrentar las adversidades fue pensando en que aun cuando el problema sea realmente grande, siempre hay una solución preparada.  Tenemos que cambiar nuestra manera de ver las adversidades.  Según la versión Dios Habla Hoy, Jesús “sabía que después del sufrimiento tendría gozo y alegría” (Hebreos 12:2).  Su gozo y alegría fue haber vencido la muerte, pero no solo por haber vencido la muerte, sino también por “destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo” (Hebreos 2:14).  Y luego, recuperó su gloria que antes tuvo con su Padre celestial desde antes de la fundación del mundo (cf. Juan 17:5).  Y su gozo siguió siendo mayor cuando “se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos” (Hebreos 8:1; cf. 10:12).  Ante todo este gozo que Jesús esperaba, su adversidad por más que fue dura y cruel, no fue nada comparado con el gozo que le llegó después.

   Amados hermanos, tiene razón el himnólogo que escribió: “Tras la tormenta, el arco iris, y tras la oscuridad la luz; tras la amargura, la alegría que a los creyentes da Jesús. […] Tras el invierno, primavera; tras el combate rudo, paz; tras triste valle, excelsa cumbre; tras cautiverio, libertad”[1].  Cuando llegue un grave problema a nuestras vidas, no miremos lo grandioso y complicado que es el problema, sino veamos la grandiosa solución que hay después de ello, y que Dios ha preparado para que disfrutemos. Enfrentemos las adversidades pensando que tan pronto se acaben sus estragos, las bendiciones que siguen serán mayores que el mal que hayamos experimentado.

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   La segunda manera de cómo enfrentar bien cualquier adversidad en la vida, según el supremo ejemplo de Jesús, es:

II.- NO HACIENDO CASO A LO DESAGRADABLE QUE ES ENFRENTAR UNA ADVERSIDAD.

   Después de enfatizar el motivo especial que mantuvo a Jesús fiel en su misión de dar la vida por los pecadores, tendiendo que sufrir la cruz (cf. RV60), o soportar la cruz (cf. NVI), el apóstol dice que otra manera complementaria de la esperanza de gozo de Jesús para enfrentar la adversidad, fue: “menospreciando el oprobio” (Hebreos 12:2).  ¿Qué es esto de menospreciar el oprobio? La versión Dios Habla Hoy, dice que Jesús enfrentó el sufrimiento de la cruz: “sin hacer caso de lo vergonzoso de esa muerte” (Hebreos 12:2; DHH). Ser crucificado, era una vergüenza pública, pues solamente los asesinos, ladrones, violadores, etc… que eran un peligro para la sociedad, eran los que la ley romana condenaba a la muerte de cruz.  Estar colgado en la cruz era un castigo solamente para la gente que era una vergüenza de vida y conducta.  Así fue visto Jesús por quienes injustamente le acusaron solamente por identificarse como Hijo de Dios.  Así le vieron por los que nunca supieron a tiempo las injustas acusaciones que fueron hechas en su contra, y por la incorrecta impartición de justicia de parte de Pilato quien juzgó su caso, dejando irresponsablemente en manos de religiosos malvados la decisión de que Jesús fuese crucificado.  Pero, ¿saben? A Jesús no le importó que lo consideraran una vergüenza pública. Lo importante en este caso es que él no era culpable de lo que se le acusó, y por el cual fue condenado por quien le juzgó, y por el cual fue crucificado y muerto, sino que era cien por ciento inocente, justo, y santo.

   La lección aquí para nosotros es que, si la adversidad no viene por nuestra causa, o sea que nosotros mismos lo hayamos generado, no debemos preocuparnos. De eso Dios se encarga de dar la solución.  A su propio Hijo, le resucitó porque su muerte no fue por culpabilidad ni ante la ley humana ni ante la ley de Dios. Jesús, no debía morir, aunque su muerte temporal fue permitida por Dios el Padre, solamente por razón necesaria para el pago de nuestras culpas de pecado; pero Dios mismo le tuvo que resucitar, primero porque Jesús como Dios no puede morir; segundo, porque como hombre perfecto por el auxilio divino, tampoco debe morir o permanecer muerto.  Por esa razón le fue devuelta la vida.  Así, a Jesús no le importó enfrentar cualquier adversidad durante su vida, aun cuando tuvo que ser crucificado, porque el que está bien con Dios, siempre será exaltado, siempre será rescatado de cualquier situación en la que se encuentre.  Finalmente Jesús, por su gozo ante las adversidades, y por no temer motivo para avergonzarse de lo que es vergonzoso, desde entonces y hasta ahora “se sentó a la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12:2).

   Amados hermanos, no se aflijan cuando lleguen los momentos difíciles de la vida. Vienen porque vienen.  Son las consecuencias del mal presente en este mundo, y que alcanza sin distinción hasta a los más verdaderos y fieles creyentes. Algunas veces no hay manera de escapar de ello, porque Dios así lo ha dispuesto, sin embargo, Dios sabiamente después de la adversidad nos habrá capacitado para ser mejores personas y creyentes que podemos servir a otros a superar sus malas experiencias.  Por el momento, dejen que la adversidad haga sus estragos, no centren su atención en los problemas, adversidades, y sufrimientos. Eso significa menospreciar el oprobio. Ténganlo como nada. Y hagan lo que el apóstol dice al principio del versículo dos: “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (Hebreos 12:2). En palabras de la NVI: “Fijemos la mirada en Jesús” (Hebreos 12:2a; NVI).

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   La tercera manera de cómo enfrentar bien cualquier adversidad en la vida, según el supremo ejemplo de Jesús, es:

III.- PERSEVERANDO EN LA META DE LA VIDA, A PESAR DE CUALQUIER OPOSICIÓN.

   Ahora, pasando al versículo tres de nuestro texto, leemos que el apóstol escribió: “Considerad a aquel que” (Que ¿qué?) “que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo” (Hebreos 12:3). Aquí, el enfoque del apóstol es informar a sus lectores que la condenación de Jesús, para sufrir la cruz, y otros muchos padecimientos previos, fue por causa de la maldad de los seres humanos que resguardados en los poderes de la religión, y en la política romana, hicieron todo lo que estaban de su parte para que Jesús fuese injustamente crucificado.  Pero, aun cuando todo ello, afectaría la vida de Jesús, él no huyó a la oposición, no renunció a su misión, sino que, según la traducción de la Nueva Versión Internacional, Jesús: “perseveró frente a tanta oposición por parte de los pecadores” (Hebreos 12:3; NVI).  Y dicho en palabras más sencillas de otra versión, de la Traducción en Lenguaje Actual: “él siguió adelante” (Hebreos 12:3; TLA). En otras palabras, ni las tentaciones que tuvo durante su vida y ministerio, ni las amenazas que recibió, y ni la misma sentencia de muerte le hizo cambiar de opinión de aquello que tenía como meta en su vida: Morir por los pecadores.

  Amados hermanos, nuestra meta de vida como cristianos, obviamente no es la de morir por los pecadores, sino que la nuestra es mantenernos en la fe hacia la eternidad, perseverando en la fe ante cualquiera y ante todas las tentaciones, amenazas y adversidades.  Perseverar en la fe, es la responsabilidad que nos queda para enfrentar las dificultades de la vida. Una manera de perseverar frente a cualquier oposición, ya sea causadas por personas humanas, o aún por influencia directa o indirecta del mismo maligno, es orando a Dios.  Así hizo Jesús cuando sintió angustia pensando que su misión de dar su vida en sacrificio sería cruel y dolorosa. Dedicó por lo menos una hora en oración pidiendo fortaleza a su Padre celestial para enfrentar aquel trago amargo de la crucifixión, y así cumplir entonces toda voluntad del padre.  En su tiempo de oración fue fortalecido, y confirmó que no hará su propia decisión sino la voluntad de su Padre Dios.  Otra manera de perseverar frente a cualquier oposición ya sea de parte de nuestros semejantes, o del diablo mismo o de sus secuaces, es alimentando el alma con la palabra de Dios. Mucha falta hace el conocimiento de Dios cuando tenemos que enfrentar cualquier oposición del mal.  Jesús enfrentó la oposición del mismo maligno, trayendo a su memoria palabras del Antiguo Testamento, fortaleciéndose con ellas, y en su oportunidad explicándoselas al mismo diablo, quien por fin le dejó. Es por eso que el apóstol Pablo aconsejó a los creyentes “resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:17).  Esto implica que tenemos que aprender más la palabra de Dios que nos hará fuertes para resistir toda adversidad y hasta al mismo autor de las adversidades.

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   CONCLUSIÓN: Para concluir amados hermanos, quiero recordarles que las adversidades de la vida deben ser bien enfrentadas según el supremo ejemplo de Jesús.  Ahora que vivimos centrados en el evangelio, enfrentamos las adversidades tal como Jesús las enfrentó: I.- TENIENDO EN CUENTA QUE TRAS CADA AFLICCIÓN SIEMPRE VENDRÁ GOZO; II.- NO HACIENDO CASO A LO DESAGRADABLE QUE ES ENFRENTAR UNA ADVERSIDAD; y III.- PERSEVERANDO EN LA META DE LA VIDA, A PESAR DE CUALQUIER OPOSICIÓN.

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[1] Publicaciones El Faro; Himnario Solo a Dios la Gloria; Himno # 329: Tras la tormenta el arco iris.

Ene 21

TRES PELIGROS QUÉ EVITAR DEL EXCESO DE TRABAJO, Por: Diego Teh.

TRES PELIGROS QUÉ EVITAR DEL EXCESO DE TRABAJO

1 Reyes 20:35-40.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 21 de enero 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

Este bosquejo corresponde al sermón # 01 de la serie: SÚPER OCUPADOS.

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   “Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el otro no quiso herirle. / Él le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá un león. Y cuando se apartó de él, le encontró un león, y le mató. / Luego se encontró con otro hombre, y le dijo: Hiéreme ahora. Y el hombre le dio un golpe, y le hizo una herida. / Y el profeta se fue, y se puso delante del rey en el camino, y se disfrazó, poniéndose una venda sobre los ojos. / Y cuando el rey pasaba, él dio voces al rey, y dijo: Tu siervo salió en medio de la batalla; y he aquí que se me acercó un soldado y me trajo un hombre, diciéndome: Guarda a este hombre, y si llegare a huir, tu vida será por la suya, o pagarás un talento de plata. / Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa, el hombre desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia; tú la has pronunciado” (1 Reyes 20:35-40).

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   INTRODUCCIÓN: No hay necesidad de ilustrar la historia que hemos leído en 1 Reyes 20:35-40.  El punto relevante de aquel drama protagonizado por este profeta desconocido fue demostrarle al rey Acab de Israel, la gravedad de la irresponsabilidad de no hacer por causa de otras prioridades equivocadas lo que Dios ha indicado que debe hacerse. La ilustración dramatizada del profeta consistió en decirle a rey Acab que un soldado le había encargado que cuidara a un hombre pero que se le escapó porque según el versículo 39, el profeta se encontraba “ocupado en una y en otra cosa” (1 Reyes 20:40).  Esto es el verdadero problema de muchas personas, que por estar excesivamente ocupados “en una y en otra cosa”, descuidan sus verdaderas prioridades en el hogar, en el trabajo, e incluso en su responsabilidad a favor de la obra de Dios. De verdad que el estar ocupados “en una y otra cosa”, es altamente peligroso.

   En el mensaje de hoy, les voy a predicar que: El exceso de dedicación al trabajo expone a toda persona a diversos peligros singulares. / ¿Cuáles son los peligros singulares a los que se expone toda persona que se dedica al trabajo excesivo? / En este mensaje quiero explicarles acerca de tres peligros singulares.

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   El primer peligro singular al que se expone toda persona que se dedica con exceso al trabajo, es que:

I.- EL GOZO QUE DA EL ESPÍRITU SANTO LO PUEDES PERDER.

   El apóstol Pablo exhortó a los Filipenses que disfrutaran el ser cristianos, pues les dice: “Regocijaos en el Señor, siempre” (Filipenses 4:4).  La Traducción en Lenguaje Actual, lo expresa más claro diciendo: “¡Vivan con alegría su vida cristiana!” (Filipenses 4:4; TLA). Es por eso que el Espíritu Santo tiene como prioridad el producir en nosotros los creyentes, el fruto del gozo (cf. Gálatas 5:22).  Pero al mismo tiempo que es la voluntad de Dios que disfrutemos la vida llenos de gozo, hay otros factores que se encargan de arruinar el gozo que deberíamos estar sintiendo y disfrutando.  El hacer cosas que por naturaleza son malas y desagradables a Dios, hacen infeliz a cualquier persona.  Pero, otro factor que también encamina a arruinar el gozo que Dios nos provee, es el trabajar en exceso, pues hace que descuidemos tanto las prioridades superiores al trabajo como lo son Dios y la familia.

   Kevin Deyoung, en el segundo capítulo de su libro SÚPER OCUPADOS, dice: La actividad excesiva es como el pecado; mátalo o te matará a ti. La mayoría caemos en un patrón predecible. Comenzamos a saturarnos con uno o dos grandes proyectos.  Después nos sentimos aplastados por el desgaste diario.  Luego nos desesperamos por volver a sentir paz de nuevo y juramos que algo tiene que cambiar. Entonces, dos semanas después, la vida es más llevadera, y se nos olvida nuestro juramento, hasta que el ciclo vuelve a comenzar.  Lo que no entendemos es que durante todo ese tiempo hemos estado sin gozo […]. Y cuando la actividad excesiva te quita el gozo, termina con el gozo de todos.

   El trabajar en exceso, pone en peligro el gozo que uno debería estar disfrutando.

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   El segundo peligro singular al que se expone toda persona que se dedica con exceso al trabajo, es que:

II.- EL EVANGELIO QUE SIEMBRA JESUCRISTO LO AHOGAS.

   Una de las parábolas de Jesús, la del sembrador, relata la realidad que ocurre con una persona que ha recibido en su corazón el evangelio, pero es como si la semilla hubiese caído entre espinos.  Jesús relató que en ese corazón donde están los espinos, ocurrió lo siguiente: “los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto” (Marcos 4:7b).  Luego, ampliando su afirmación explicó: Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, / pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Marcos 4:18,19).  Los afanes, las riquezas, y las codicias de otras cosas, mencionadas por Jesús, son factores que conducen a las personas a trabajar más de lo necesario.

   Pero, ¿qué ocurrió con la semilla de la palabra que fue sembrada en el corazón de la persona que tiene estas prioridades? La respuesta de Jesús, en la parábola fue que: “la ahogaron, y no dio fruto” (v. 7b), y en su explicación repite que esos espinos “entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (v. 19).  Justo, en ese mismo momento que uno decide trabajar un poco más, descuidando otras prioridades, y mucho más cuando uno trabaja en exceso, además de perder el gozo que uno debería disfrutar con plenitud, lo que ha ocurrido es que esos espinos han secuestrado el evangelio que Dios por su gracia ha querido entregar a tu vida.

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   El tercer peligro singular al que se expone toda persona que se dedica con exceso al trabajo, es que:

III.- EL PROBLEMA QUE HAY EN TU CORAZÓN NO SE SOLUCIONA.

   Cuando uno trabaja en exceso, ¿por qué tiene uno que trabajar más tiempo que lo normal? Podrían ser varios los factores que lleven a uno a dedicar más tiempo de lo normal, pero el verdadero problema surge o está en el corazón, por lo que es allí donde hay que comenzar a hacer la corrección correspondiente.  El verdadero problema que está ocurriendo en el corazón de la persona que trabaja en exceso, según la parábola del Sembrador, según Jesús es que: Sólo piensan en las cosas que necesitan, en cómo ganar dinero, y en cómo disfrutar de esta vida” (Marcos 4:19b; TLA[1]). Aparentemente son intereses y deseos legítimos, pero cuando el precio para conseguir estos deseos exige que trabajemos más tiempo de lo normal, el trabajo excesivo revela que el corazón tiene deseos que de legítimos han pasado a ser pecaminosos.  Estos mismos deseos causan que el mismo trabajo por su exceso se convierta también en pecado. La persona que cae en este pecado de trabajar en exceso podría ser vista y considerada por los demás como una persona verdaderamente trabajadora, sin embargo, esto es engañoso porque es verdad que sí trabaja de más, pero el trabajo excesivo adicional al normal no está solucionando el problema que de fondo está en el corazón, sino solamente lo está disfrazando u ocultando bajo la evidencia de una persona pecaminosamente trabajadora en exceso.  Lo que hay qué hacer no es empeorar el pecado que se origina del corazón, sino evitar su propagación para que no se convierta en una conducta pecaminosa.

   Otros factores que hacen que innecesariamente uno trabaje en exceso: 1).- el querer agradar a la persona que nos ha contratado para trabajar; 2).- el anhelar cualquier cosa que solamente trabajando más de lo normal por tiempo excesivo diariamente a largo plazo podríamos conseguirlo; y 3).- el sentirse útil solamente si hay un sobreesfuerzo de trabajo. Y podría haber más causantes.  Por otra parte, hay también quienes además de trabajar excesivamente en sus empleos, también dedican tiempo excesivo de trabajo por la iglesia de Dios, pensando que así son cristianos más fieles y productivos; sin embargo, no es fidelidad ni siempre resulta en productividad, pero a cambio se cae en descuido de la familia, y hasta en descuido de la propia salud y vida personal en general.  Todos estos excesos que aparentan servicio, lealtad, fidelidad, y hasta amor a la obra de Dios, podrían resultar solamente una reacción pecaminosa por los motivos reales originados en el corazón afectado por el poder del pecado.  Es por eso que primeramente tenemos que corregir las causas o motivos que nos están controlando desde la mente o corazón, arrastrándonos a otras conductas que, aunque parezcan buenas como el trabajar en exceso, no es una conducta buena.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ya sabemos que trabajar en exceso es peligroso para los que somos cristianos porque: 1) el gozo que el Espíritu de Dios está creando e incrementando en nuestra vida, puede perderse en cualquier momento; 2) la palabra del evangelio de Jesucristo que él está sembrando en nuestra vida, puede ahogarse y quedar usted sin frutos para Dios; y 3) el problema tan real llamado pecado que hay en el corazón, no se soluciona con trabajar más ni con ganar más.  No vamos a tomar la decisión de no trabajar porque fuimos creados para trabajar; y tampoco vamos a tomar la decisión de trabajar menos de lo necesario, porque eso también traería pobreza y miseria en nuestra vida; sino que lo que tenemos que hacer es trabajar el tiempo normal que requiere el trabajo que realizamos.  Así usted tendrá tiempo para su familia y también para servir a Dios.  Los días de culto congregacional tendrá usted el tiempo necesario para dedicar su adoración en la iglesia.  Es cuestión de administración correcta de nuestro tiempo.  Hay tiempo para trabajar, pero debe haber tiempo para Dios, para la familia, para uno mismo, y para la iglesia.

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[1] Traducción en Lenguaje Actual.