Jul 15

QUÉ IMPIDE SER UN VERDADERO ADORADOR, Por: Diego Teh.

QUÉ IMPIDE SER UN VERDADERO ADORADOR

Varios textos.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 15 de julio 2018, a las 18:00 horas, en la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

.

.

   INTRODUCCIÓN: Según nuestro Señor y Salvador Jesucristo, Dios el padre está buscando “verdaderos adoradores” (cf. Juan 4:23,24).  No somos tan abundantes en el mundo ¿verdad?  No somos tan abundantes, al grado que Jesús utiliza un recurso de lenguaje figurado afirmando que Dios “busca” adoradores, cuando la realidad es que nada puede escapar a su conocimiento de tal manera que no pueda saber dónde está una persona determinada.  La indicación de que Dios “busca” adoradores, es para que entendamos la realidad de que es escasa la cantidad de personas que toman la decisión de ser adoradores de Dios.  La iglesia formada por los creyentes en Jesucristo somos los que debemos ser los “verdaderos adoradores” que Dios busca; sin embargo, en la iglesia también hacen acto de presencia personas que ni siquiera son verdaderos creyentes.  Estos no pueden ofrecer una verdadera adoración, simplemente porque ni siquiera son creyentes. Pero, aun entre los que son verdaderos creyentes, y que tienen el privilegio de ser considerados por Dios como “verdaderos adoradores”, se dan momentos en los que uno cae en circunstancias e impedimentos para ser un verdadero adorador.  Por eso, el título que escogimos para este mensaje es: ¿QUÉ IMPIDE SER UN VERDADERO ADORADOR?

   El mensaje de este momento, tiene la finalidad de que cada quien auto analicemos la veracidad y calidad de nuestra adoración.  Por ello, voy a predicarles que hay una gran cantidad de situaciones espirituales que impiden a una persona ser un verdadero adorador. / ¿Cuáles podrían ser esas situaciones espirituales que impiden a una persona ser un verdadero adorador? / Usando varios versículos de la Biblia, hoy solamente voy a compartirles tres de estas situaciones espirituales.

.

   La primera situación espiritual que impide ser un verdadero adorador, es:

I.- EL AMOR AL PECADO.

   Al pronunciar y escribir el salmo 66, en el que David insiste en invitar a toda persona que adore a Dios, expresando él palabras de alabanza por los hechos poderosos de Dios, llega a un momento cuando poniéndose él como ejemplo de cómo Dios no le haría caso a una persona que quiere adorarle, dice David: A él clamé con mi boca, y fue exaltado con mi lengua. / Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado. / Mas ciertamente me escuchó Dios; atendió a la voz de mi súplica” (Salmo 66:17-19).  Por supuesto que uno podría estar intentando adorar a Dios, hacer toda la liturgia correspondiente para expresar una linda adoración, uno podría orar o cantarle a Dios como dice David: A él clamé con mi boca, y fue exaltado con mi lengua” (v. 17).  Pero aquí está el punto relevante que debo resaltar en este momento.  David dice: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (v. 18).

   El que mira a la iniquidad, más bien se trata de una persona que está entregada a amar algún pecado, o hasta muchos pecados a la vez, y por ese amor que les tiene, también está entregado a ellos.   Es a esta persona a quien Dios no le escuchará porque desde su corazón realmente no demuestra interés por Dios sino por el pecado.  Su intento de adoración solamente lo hace para que la gente piense que él es una persona entregada a Dios cuando no lo es.  No es que Dios no acepte la adoración de un pecador, pues todos somos pecadores, sino lo que Dios no acepta es que un pecador no haga ni el más mínimo esfuerzo de darle la espalda al pecado comenzando con entregar su vida a Jesucristo, y luego entregándose a la verdadera adoración.

.

   La segunda situación espiritual que impide ser un verdadero adorador, es:

II.- LA FALTA DE ARREPENTIMIENTO.

   Hay una historia en el libro de los Hechos de los Apóstoles acerca de un hombre llamado Simón, que quiso comprar con dinero los dones de Dios con los cuales los apóstoles eran medios usados por Dios para impartir el Espíritu Santo a los creyentes.  Dice la historia que: “Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, / diciendo: Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiere las manos reciba el Espíritu Santo. / Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. / No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. / Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón;” (Hechos 8:18-22).  Aunque esta historia no trata justamente acerca de la adoración, sin embargo, contiene un detalle que tiene qué ver con el dinero cuando se usa como parte de la adoración, como cuando se da el diezmo o la ofrenda.  En este caso, lo que quiero señalar es el malentendido y muchas veces mal hábito, de creer que uno está bien con Dios por haber dado el diezmo y la ofrenda, aunque la persona lleve una vida de más amor al pecado que a Dios mismo, sin estar arrepentido de ello.  En el caso del Simón de esta historia, es evidente que el apóstol Pedro le estaba diciendo que no podía agradar a Dios si primeramente él no se arrepentía, a pesar de que estaba dispuesto a entregar dinero con la esperanza de alcanzar una gracia de Dios, que por cierto nunca están en venta.  Lo que él necesitaba, al igual que un verdadero adorador es el arrepentimiento, porque de alguna manera todos le fallamos a Dios en algún momento de nuestra vida.

  El arrepentimiento no consiste solamente en presentarse en los momentos de adoración del pueblo de Dios y participar de una oración de confesión de pecados.  Por supuesto que una real y sincera confesión de pecados es parte de los pasos necesarios para ponerse a cuentas con Dios, sin embargo, el arrepentimiento necesario va más allá de una oración de confesión.  El arrepentimiento consiste en la disposición y decisión de querer no volver a cometer el mismo pecado en el que uno ha tropezado antes.  Y en caso de que esto ocurra, uno debe sentir un profundo dolor y aborrecimiento del pecado cometido que vergonzosamente probablemente no haga daño a terceras personas, pero ofende la santidad de Dios.

.

   La tercera situación espiritual que impide ser un verdadero adorador, es:

III.- EL ENOJO CONTRA EL PRÓJIMO.

   Desde el primer sermón que nuestro Señor predicó en la ocasión que habló acerca de las bienaventuranzas, también explicó a la gente la importancia de adorar no guardando rencor, ni enojo contra ninguna persona.   Jesús, a la gran multitud reunida para escucharle, les dijo: “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, / deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda” (Mateo 5:23,24).  Jesús es claro en esta instrucción.  No está diciendo que, si uno se tuvo la culpa de generar algún problema con alguien, es por eso que hay que ir con la otra persona.  Jesús está diciendo que, si uno es el agraviado, y por eso uno se siente lastimado con palabras o acciones de otra persona, y por eso el corazón de uno no se siente bien, entonces, uno antes de adorar debería de hacer todo lo posible de reconciliarse con la persona ofensora, sino uno no está en buenas condiciones de ser un adorador, porque hay algo en su corazón que impide que su adoración sea aceptada.

   Peor, cuando uno es culpable hasta de falta de respeto a su propio cónyuge, pues el apóstol Pedro en su primera epístola universal escribió para la cristiandad: Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7).  En realidad, no solamente tiene estorbo una oración que no llegará con Dios cuando un hombre no tiene respeto a su propia esposa, sino también cuando una esposa no le tiene el debido respeto a su esposo; pero también es lo mismo hacia cualquier persona.  Pero, el estorbo al que se refiere el apóstol Pedro, no solo aplica con respecto a una oración, sino igual que a un canto ofrecido a Dios, y hasta una ofrenda, e igual que a todo un culto entero.

   Retomando la enseñanza de Jesús de no presentar la ofrenda que el israelita llevaba vivo o en especie, sin antes reconciliarse con quien le haya agraviado; adorar no es solamente depositar dinero en un ofrendero, no es solamente traer las primicias y ponerlas en una canasta.  Adorar, se trata de presentarse ante Dios con un corazón libre de odios, rencores, envidias, pleitos, habiendo hecho lo necesario para solucionar toda mala relación con el prójimo.  No es posible dar a Dios una adoración cuando no hay una buena relación ni siquiera con el prójimo. El apóstol Juan explica esta realidad diciendo: Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Juan 4:20).  ¿Cómo puede uno ser adorador de Dios, si no está uno bien con alguna persona?

.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, Dios nos halló en este mundo, estando perdidos para la condenación eterna, pero nos “escogió […] / para alabanza de la gloria de su gracia” (Efesios 1:4-6).  No halló, llamó, salvó, y convirtió en sus “verdaderos adoradores”.  Ninguno de nosotros deje que el amor al pecado sea un impedimento para ser un verdadero adorador de Dios.  Ninguno de nosotros viva con falta de arrepentimiento sabiendo que ha pecado contra Dios, antes bien, acerquemos en confesión a Dios para ser perdonados (cf. 1 Juan 1:9), para que la falta de arrepentimiento no sea un impedimento de ofrecer a Dios nuestra vida misma como una ofrenda de verdadero adorador.  Ninguno de nosotros se enrede en una mala relación con nadie, ya sea un compañero de trabajo, un vecino, un simple conocido, y hasta con la propia familia, para que el enojo, odio, rencor, etc… no sea impedimento para que usted sea un verdadero adorador.  Sigamos siendo verdaderos adoradores.

Jun 10

MIRA ARRIBA: A DIOS, Por: Diego Teh.

MIRA ARRIBA: A DIOS

 Hechos 20:17-21.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 10 de junio 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

Este bosquejo corresponde al sermón # 05 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

.

   INTRODUCCIÓN: El título del mensaje de este momento es: MIRA ARRIBA: A DIOS. Lo tomé del libro: Una vida centrada en el evangelio, de Steve Timmis, y Tim Chester.  Recoge la expresión del apóstol Pablo cuando les dice a los Colosenses: “…buscad las cosas de arriba, […] poned la mira en las cosas de arriba” (Colosenses 3:1,2).  Y entre esas cosas de arriba no solamente están las que un día allí llegaremos a conocer, sino también están aquellas que son de arriba, pero se nos ha dado a conocer y poner en práctica aquí en la tierra, aunque obviamente no son de la tierra.  En nuestro texto bíblico, San Lucas relata el mensaje y testimonio que el apóstol Pablo les compartió a los ancianos de la iglesia de Efeso (o sea, al Consistorio de la iglesia de Éfeso), en el cual, aunque no menciona la frase “las cosas de arriba”, les habla de las “cosas de arriba” que en este mensaje no llamare cosas (porque en nuestro lenguaje, “cosas” es una palabra muy general y a veces abstracta), sino que las llamaré espiritualidades, que sirven para evaluar si una persona realmente está centrada en el evangelio o en otras “cosas”.

   Por eso, la lección que les compartiré en este mensaje será que: Todo creyente en Jesucristo, para centrar su vida en el evangelio debe ser un practicante de las espiritualidades esenciales de la vida cristiana. / ¿Cuáles son las espiritualidades esenciales de la vida cristiana que todo creyente en Jesucristo debe practicar para centrar su vida en el evangelio? / En nuestro texto bíblico en el que el apóstol Pablo instruye a los ancianos de la iglesia de Éfeso, les recuerda tres de estas espiritualidades esenciales de la vida cristiana que él mismo vivió y enseñó a ellos, y que todo cristiano debe practicar para entonces centrar su vida en el evangelio.

.

   La primera espiritualidad esencial para centrar la vida en el evangelio, es:

I.- EL ARREPENTIMIENTO PARA CON DIOS.

   Siguiendo las palabras del versículo 21 en las que el apóstol Pablo indica a los ancianos de la iglesia de Efeso, que: “testificando a judíos y a gentiles”, afirma que el enfoque de lo que él testificaba fue “acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21).  En este momento les hablaré acerca del “arrepentimiento para con Dios” como la primera espiritualidad que el apóstol predicó no solamente a los incrédulos de la ciudad, sino también a los mismos que ya siendo creyentes se reunían con la iglesia.  El arrepentimiento no es solamente un acto inicial para abandonar la vida totalmente alejada de Dios, sino también un proceso de todos los días para ponerse a buenas cuentas con Dios debido al poder del pecado que aun sin nuestra intencionalidad y voluntad nos hace pecar contra Dios.  Entonces, necesitamos vivir todos los días con arrepentimiento.

   La Confesión de Fe de Westminster, define el arrepentimiento de la siguiente manera: “Al arrepentirse, un pecador se aflige por sus pecados y los odia, movido no sólo por la vista y el sentimiento del peligro, sino también por lo inmundo y odioso de ellos que son contrarios a la santa naturaleza y a la justa ley de Dios. Y al comprender la misericordia de Dios en Cristo para los que están arrepentidos, se aflige y odia sus pecados, de manera que se vuelve de todos ellos hacia Dios”.  (Párrafo II). En otras palabras, es volver a Dios todos los días.  Pero, permítame hacerle algunas preguntas, usted cuando se arrepiente ¿por qué se arrepiente? ¿Por miedo a las consecuencias de su pecado? Si usted se arrepiente por ello, déjeme decirle que no es una buena razón, y de hecho no sirve de nada arrepentirse por miedo a las consecuencias que vendrían o podrían venir.  Usted se debe arrepentir porque reconoce “lo inmundo y odioso que son (sus pecados) a la santa naturaleza y a la justa ley de Dios”.  Pero, además, usted se debe arrepentir por “comprender la misericordia de Dios en Cristo”.  Si su arrepentimiento no está centrado en la comprensión de “la misericordia de Dios en Cristo”, su presunto arrepentimiento podría no servir para recibir el perdón que por cierto no se obtiene directamente por el arrepentimiento sino por la gracia de Dios.

   También dice la Confesión, en cuanto al arrepentimiento, que “Los hombres no deben quedar satisfechos con un arrepentimiento general de sus pecados, sino que es el deber de todo hombre procurar arrepentirse específicamente de sus pecados específicos” (Párrafo IV).  Cuando usted se arrepiente ¿cómo confiesa a Dios sus pecados?  Usted no debe decir solamente: Señor, Perdona mis pecados.  Dios espera que usted le diga a Él cuál es el pecado específico del cual usted está arrepentido.  Dios no perdona solamente porque alguien le diga: Señor, perdona mis pecados.  Cada quien debe decirle a Dios, Señor, Perdóname por haber ofendido a mi compañero de trabajo diciéndole que es un menso.  Perdóname porque no fui responsable en reunirme con tu iglesia para adorarte.  Perdóname porque reconozco que fui injusto con el hermano…  Perdóname porque cuando estoy en la iglesia juzgo a las hermanas por su manera de ser.  Y así, cada pecado debe ser confesado de manera específica.

.

   La segunda espiritualidad esencial para centrar la vida en el evangelio, es:

II.- LA FE EN NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

   El apóstol Pablo, después de afirmar que el enfoque de lo que él testificaba fue “acerca del arrepentimiento para con Dios”, dice también “y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos 20:21).  “La fe en nuestro Señor Jesucristo”, es la espiritualidad necesaria para poder estar verdaderamente centrado en el evangelio.  Sin fe no hay justificación, ni paz con Dios (Romanos 5:1).  Sin la fe no hay entrada a la gracia de Dios (cf. Romanos 5:2).  Sin fe no hay salvación (Efesios 2:8).  Sin fe no se puede agradar a Dios, ni puede haber ningún acercamiento a Dios (Hebreos 11:6).

   En cuanto a la fe, la Confesión de Fe de Westminster, explica que: “La gracia de la fe, por la cual se capacita a los elegidos para creer para la salvación de sus almas, es la obra del Espíritu de Cristo en sus corazones, y es hecha ordinariamente por el ministerio de la palabra; también por la cual, y por la administración de los sacramentos y por la oración, se aumenta y se fortalece” (Párrafo I).  Hay un primer acto de fe con la cual uno inicia la experiencia de la salvación y la vida cristiana, lo que la Confesión describe como “creer para la salvación de sus almas”; acto que usted llevó a cabo el momento en el que usted dijo que cree en Jesucristo.  ¿Recuerda usted ese momento tan especial?  Pero esta fe no debe quedarse en un solo y primer acto, sino que debe convertirse en una experiencia cotidiana, no de todas las semanas o domingos, sino que debe ser la experiencia de todos los días.

   Esta fe capacitante, según la Confesión “es hecha ordinariamente por el ministerio de la palabra”.  La Confesión le da la razón al apóstol Pablo quien explicó a los Romanos que “…la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). O sea, que la fe surge cuando la palabra de Dios es leída o escuchada; entonces ¿cada cuándo crece la fe de usted, o sea cada cuando lee o escucha la lectura de la palabra de Dios? Si es hasta el domingo, entonces, usted no está centrado en el evangelio.  La vida centrada en el evangelio no es un asunto semanal sino de todos los días.  Usted necesita fe no cada semana sino todos los días; y solamente la palabra de Dios es la que genera la fe en el corazón humano.

   La Confesión, hablando de la fe, dice: “por la administración de los sacramentos y por la oración, se aumenta y se fortalece”.  La palabra de Dios la genera, pero los sacramentos y la oración, sirve para su aumento y fortalecimiento. Primero, les voy a decir lo siguiente en cuanto a la oración.  Si la oración es fortalecedora de la fe en nuestro Señor Jesucristo, entonces el cristiano no debe esperar solamente los momentos de oración del próximo culto dominical para orar, porque eso estaría indicando que no quiere más fe.  ¿Usted cada cuándo ora a Dios?  Recuerde usted que la oración que tampoco es un asunto semanal, sino algo que se puede hacer en cualquier lugar y todos los días de manera personal.

  Ahora, tomando en cuenta que la Confesión, en cuanto a la fe, explica que con “la administración de los sacramentos […] se aumenta y se fortalece”.  Esto es igual de cierto, tanto con el bautismo como con la santa cena.  Pero, ambos sacramentos no son de impartición ni diaria, ni semanal.  El bautismo es una sola vez en la vida.  Y el de la Santa Cena, generalmente se ministra una vez por mes, y en raras ocasiones con más frecuencia.  Pero, por lo mismo, que no es algo que se imparte semanalmente, entonces hay que aprovechar la oportunidad de recibirlo para que surta el efecto de fortalecer la fe, porque ello representa al mismo Cristo. No es de esperarse que usted descuide recibir la santa cena cada vez que se imparte.  No es de esperarse que sabiendo usted que se impartirá el sacramento, decida usted ni siquiera presentarse a la adoración.

   Usted necesita centrar su vida en el evangelio, desarrollando una fe diaria en nuestro Señor, mediante la lectura diaria de la palabra de Dios, la práctica diaria de la oración, y si no ha sido bautizado debe solicitar su bautismo, y si ya es bautizado debe aprovechar el beneficio de la santa cena todas las veces que sea ministrada.

.

   La tercera espiritualidad esencial para centrar la vida en el evangelio, es:

III.- EL SERVICIO AL SEÑOR.

   El apóstol Pablo que ya había pasado por la experiencia del arrepentimiento y de la fe, ya había avanzado un paso más.  Dentro de su testimonio personal, les dice a los ancianos de Éfeso que su comportamiento entre ellos, fue: “sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos” (Hechos 20:19).  No necesariamente en todos los casos el servicio al Señor tendrá que ser “con muchas lágrimas, y pruebas” por causa de “asechanzas”. Sin intención de asustar, a veces puede llevar a un cristiano al martirio; pero tampoco les puedo decir que siempre será lo más sencillo de este mundo, porque podría venir no del mismo servicio sino de maldades externas, alguna adversidad en contra de los que servimos a Dios.  Pero, lo que quiero enfatizarles en este momento es la espiritualidad del servicio al Señor como una evidencia de tener la vida centrada en el evangelio.

  Servir al Señor es el paso que sigue al arrepentimiento de nuestros pecados, y es lo que sigue a la fe que se está desarrollando en nuestros corazones.  En su epístola a los Tesalonicenses, el apóstol Pablo les felicita por lo que se dice de ellos en otros lugares como Macedonia y Acaya, que según el mismo Pablo: “ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero” (1 Tesalonicenses 1:9).  El motivo de su conversión fue “para servir al Dios vivo y verdadero”.  Esa debe ser la espiritualidad de toda persona, o más bien, de todo cristiano que busca llevar una vida centrada en el evangelio.  No quedo sin

.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ¿cómo considera cada uno de ustedes su propia vida? ¿En qué está centrada? ¿En Cristo y su evangelio, o en otros intereses que no tienen nada qué ver con Dios? Es probable que más de uno de los que aquí estamos presentes su vida está gobernada por principios no cristianos y que, por lo tanto, aunque hoy usted se encuentre en una reunión cristiana no por eso esté usted centrado en el evangelio.  Si usted es una de estas personas, ¡Qué bueno si el día de hoy usted comenzará a centrarse en el evangelio!

   Cuando por causa del pecado propagado en todo nuestro ser, usted peca, realmente ¿se arrepiente de sus pecados, o solamente siente remordimiento por ello, o solamente tiene miedo de enfrentar sus probables o seguras consecuencias?  Es mejor que usted confiese específicamente sus pecados a Dios y que pida perdón por ellos.  Usted no tiene que andar buscando perdón o dirección para su vida en otras fuentes.  Dios tiene a su Hijo Jesucristo como el medio para el perdón de todo pecado cometido por el ser humano.

   ¿Le gustaría a usted mejorar en cuanto a su fe?  Lea la palabra de Dios todos los días.  Ore a Dios todos los días.  Reciba el sacramento de la Cena del Señor todas las veces que esta sea ofrecida.  Una fe real y fuerte puede llegar a la vida de cada cristiano si no descuida estas disciplinas importantes.

   ¿Cómo califica usted su propio servicio que hace al Señor, y en el nombre del Señor?  ¿Del 1 al 10, se pondría un 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, etc…?  Si usted se ha convertido a Dios, sin duda que es porque hay arrepentimiento para con Dios y fe en el Señor Jesucristo en usted; entonces, solo le falta dedicarse a servir a Dios.

Abr 15

PRIORIDADES ANTES DE SERVIR A OTROS, Por: Diego Teh.

PRIORIDADES ANTES DE SERVIR A OTROS

Marcos 1:35-39.

.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 15 de abril 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

.

Este bosquejo corresponde al sermón # 04 de la serie: SÚPER OCUPADOS.

.

   INTRODUCCIÓN: Nuestra lectura bíblica que fundamenta esta predicación, en su contexto es un día en la agenda de la misión de Jesús mientras estuvo en la ciudad de Capernaum de Galilea, donde vivía Simón Pedro, su esposa, y su suegra; aunque Pedro no era originario de Capernaum sino de Betsaida una ciudad bastante cercana a Capernaum (cf. Juan 1:44).  Bueno, pero el día anterior, fue un día de arduo trabajo para Jesús en esta ciudad de Capernaum. Todavía habiendo entrado la noche, “luego que el sol se puso, le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; / y toda la ciudad se agolpó a la puerta. / Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían” (Marcos 1:32-34).  ¿Quién sabe a qué hora se acostó a descansar y a dormir aquella noche?, pero a pesar de que sin duda se acostó ya más noche que lo habitual, nos dice San Marcos que Jesús: “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35).  Parece ser que ni sus discípulos le escucharon levantarse y salir para irse a orar en un lugar desierto.  Cuando amaneció, la gente de esta ciudad donde la noche anterior “le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados” (cf. Marcos 1:32), comenzó a venir en busca de él, seguramente para que más de ellos sean sanados o para que sus endemoniados sean liberados; pero Jesús ya no estaba en el lugar donde la gente supo que Jesús se quedó a dormir, ya había salido a orar a algún lugar.  Momentos después, Simón Pedro, fue en búsqueda de Jesús, y le halló, y le dijo a Jesús: “Todos te buscan” (Marcos 1:37).

  Todos estaríamos pensando que un personaje como él, caracterizado por la voluntad de servir, le respondería a Simón Pedro: Vamos, rápido, para que hoy los termine de atender más temprano.  Pero, no, Jesús no respondió así, sino que le dijo a Simón Pedro: “Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido” (Marcos 1:38).  San Lucas añade que la gente de la ciudad “… llegando a donde estaba, le detenían para que no se fuera de ellos” (Lucas 4:42b), pero Jesús tomó la determinación de irse. Es más, Jesús, luego que Jesús se fue de Capernaum, la historia nos dice de él: “Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios” (Marcos 1:39).  Prefirió irse a otras ciudades y aldeas de la misma provincia de Galilea, y no regresó a Capernaum sino hasta algunos días después (cf. Marcos 2:1). ¿Por qué habrá actuado así Jesús?  Esta actitud de Jesús no es incongruente con su misión, ni es una descortesía de su parte, sino que se trata de una cuestión de ordenamiento de prioridades en su ministerio.

   Por eso, en este mensaje, con el objetivo de tener en orden nuestras prioridades con respecto a nuestro ministerio, basado en las prioridades de Jesús, les voy a predicar que: el ministerio bastante agotador de servir a otros requiere poner en orden nuestras prioridades. / ¿Cuáles son las prioridades que tenemos que poner en orden en el ministerio bastante agotador de servir a otros? / Basado en nuestra historia bíblica, les voy a compartir algunas de las prioridades

   La primera prioridad que tenemos que poner en orden en el ministerio bastante agotador de servir a otros, es:

I.- ORAR A DIOS ANTES DE OCUPARSE EN LOS DEMÁS.

   Algo que haríamos muchos de nosotros después de un día y muy buena parte de una noche muy ocupada, es despertar y levantarse no tan de madrugada sino buscaríamos aprovechar dormir, aunque sea una hora más de nuestra hora habitual de levantarnos; e inmediatamente que nos sintamos al 100% bien despiertos, comenzaríamos con nuestras ocupaciones del día.  Si alguien nos ha buscado desde muy tempranito, si le interesa, pues nos esperará hasta las 7, 8 o 9 de la mañana, ¿no? Al fin y al cabo, justificamos que por la mala noche no pudimos levantarnos más temprano.  Sin embargo, Jesús, no se programó para levantarse hasta la primera hora del día, como a las 7 de la mañana, cuando ya la gente le estaría esperando.  Él se levantó muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Marcos 1:35). Quizá desde las 5 o 4 de la madrugada. Su motivo, según nos lo describe Marcos fue para orar. Antes de ocuparse en los demás, la ocupación de Jesús fue orar, no solamente en este día del cual estamos analizando las prioridades de su agenda, sino que todos los días tenía como hábito de orar antes que ocuparse de cualquier otra cosa.

   Capernaum junto con Corazín, eran dos de las ciudades de Galilea, cercanas una de la otra, cuyos habitantes eran poco o nada espirituales.  Betsaida, que era el pueblo natal de Andrés y Pedro, no se sabe con precisión si pertenecía a Galilea o a Iturea, y además parece ser que habían dos Betsaida, una en Galilea y otra en Iturea, pero la de Galilea no se tiene información precisa de su ubicación; pero cualquiera que sea su ubicación, estas tres ciudades no fueron receptivas al evangelio del Reino de Dios que Jesús les predicó desde el principio, a pesar de que su predicación de su evangelio fue acompañado no de pocos sino de muchísimos milagros (cf. Mateo 11:20-24).  Esto hacía mucho más necesario que Jesús tuviese que orar por Capernaum, y también por las otras ciudades a las que estaba a punto de ir a predicarles.  Antes de ir a servir a otros, es necesario orar por aquellos a quienes uno se propone servir.  Aunque, ese mismo día, Jesús no regresó a sanar a los Capernaumitas, habiendo sin duda orado por ellos, regresó algunos días después por ellos (cf. Marcos 2:1).  Mientras tanto, aquella madrugada sin duda que oró por las personas a las que aquel día predicaría en otros lugares vecinos.

   La segunda prioridad que tenemos que poner en orden en el ministerio bastante agotador de servir a otros, es:

II.- BUSCAR ARREPENTIDOS ANTES QUE FAMA PERSONAL.

   Galilea fue la provincia al norte de Israel donde Jesús comenzó su ministerio.  Una de las primeras ciudades privilegiadas fue Capernaum de Galilea al norte del Mar de Galilea donde Jesús llamó a Pedro, Andrés y a Felipe.  En esta ciudad, por varias semanas (cf. Marcos 1:21; “los días de reposo”), Jesús estuvo predicando su evangelio diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio” (Marcos 1:15).  Es evidente que lo que Jesús buscaba no solo de ellos sino en todo lugar donde él predicaba, era el arrepentimiento y la fe en Dios.  Pero, a pesar de su proclamación y de sus milagros, no había arrepentimiento en la gente.  Sin embargo, a Jesús le daba un buen beneficio que en sí no era nada malo para él, pues dice San Marcos acerca de Jesús que “muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea” (Marcos 1:28).  Pero, Jesús no quería fama, sino el arrepentimiento de los Capernaumitas.  Así que después de haber estado con ellos por varias semanas, sin arrepentimiento de la gente, aunque si les interesaba su salud física, Jesús quien solo estaría acrecentando su fama, prefirió rechazar la fama yéndose a otros “lugares vecinos” (Marcos 1:38) que seguir generándose con naturalidad fama a su favor.

   Hay ocasiones que con las cosas que hacemos, la gente llega a admirarnos, pero no esto lo que buscamos de ellos, sino que lo que buscamos de ellos es que se arrepientan y crean en Dios y en Jesucristo mismo. Su arrepentimiento y fe debe ser nuestra prioridad.  San Mateo, con respecto a la impenitencia de estos Caperaumitas, así como de los habitantes de Corazín y Betsaida, nos relata la actitud de Jesús diciendo de él: “Entonces comenzó a reconvenir a las ciudades en las cuales había hecho muchos de sus milagros, porque no se habían arrepentido, …” (Mateo 11:20).  Reconvenir no es nada fuerte, ¡eh!, reconvenir es: Reprender suavemente a una persona por algo que ha dicho o hecho mal. Es evidente que Jesús no estaba satisfecho solo porque tenía buena fama, sino que a pesar de su fama estaba insatisfecho de ellos “porque no se habían arrepentido”, queriendo que se arrepientan.  Esta era su prioridad antes que su propia y bien merecida buena fama.  Pero si no querían arrepentirse sino solamente recibir beneficios, por eso Jesús decidió irse a otros “lugares vecinos” para seguir predicando su evangelio.  Antes de servir a otros, uno debe tener bien claro esta prioridad.  Así, uno se evita el sentirse indispensable, o incluso autoritario.

   La tercera prioridad que tenemos que poner en orden en el ministerio bastante agotador de servir a otros, es:

III.- EXTENDER EL EVANGELIO ANTES QUE SATISFACER NECESIDADES.

   Uno de los motivos por las que la gente de Capernaum se acercó a Jesús fue el haber sabido que Jesús en la sinagoga liberó a un hombre de un espíritu inmundo que le poseía, y el haber sabido que sanó de una fiebre a la suegra de Pedro.  Así que la noche del último día que él estuvo en Capernaum, la gente con su propio motivo de recibir sanidad para sí o para algún ser querido, o para ser liberado de algún demonio, “le trajeron todos los que tenían enfermedades, y a los endemoniados; / y toda la ciudad se agolpó a la puerta. / Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba hablar a los demonios, porque le conocían” (Marcos 1:32-34); pero era nada más por eso.  Solo por la sanidad. Y Jesús no quería que aquella gente solamente reciba su sanidad, sino que también reciban y acepten para sus vidas el evangelio del Reino de Dios.  Es evidente que eso inquietaba a Jesús aquella madrugada cuando salió a orar.  Es evidente que eso buscaba la gente cuando Pedro al hallar a Jesús orando, le dice: “Todos te buscan” (Marcos 1:37).  Y en vez de decirle: pues vamos a sanarles; mejor le dijo: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido” (Marcos 1:38).  Esta reacción solo aparentemente negativa de Jesús, pero no lo es, nos indica el establecimiento de su prioridad que era el extender el evangelio antes que solo satisfacer los intereses no espirituales de las personas.

   En otra ocasión similar, más adelante durante su ministerio, un día muy atareado en predicar al aire libre ante una multitud que superaba las cinco mil personas presentes, surgió la necesidad de proveerles el almuerzo, al parecer en un horario ya bastante tarde.  Por cierto, ocurrió en la misma región al norte del mar de Galilea, cerca de Capernaum.  Sin duda que fue una gran bendición para ellos haberse ahorrado el costo y el trabajo de preparación de una comida.  Pero, la gente no contenta con haber sido apoyadas una vez, al día siguiente querían otra comida, no porque valoraban el poder del milagro, ni porque creían en Jesús y en su evangelio, sino solo porque querían beneficios materiales finalmente perecederos.  A estos, Jesús les dice: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. / Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre” (Juan 6:26,27).  Jesús se interesaba por el bienestar físico y material de ellos, pero lo que más buscaba de ellos era el arrepentimiento y la fe, y les insistía en ello, las veces que había oportunidad.

   En cuanto a los Capernaumitas, solo querían ser sanados, pero no querían arrepentirse ni creer en el evangelio del Reino de Dios, pues como Jesús tenía como prioridad el extender su evangelio hacia otros lugares, no se quedó aquel día para satisfacer sus intereses que no son los que primeramente Dios esperaba de ellos.  Desde luego que algunos días después regresó a ellos (cf. Marcos 2:1) para reconvenirles, o sea insistirles amablemente que no solo buscaran beneficios, sino que creyeran, pero estos no cambiaron de parecer (cf. Mateo 11:20ss).  Jesús, no se quedaría a perder el tiempo con ellos, sino que prefirió ir a “lugares vecinos”, donde en alguno de estos lugares se repitió la misma historia, pero de nuevo Jesús no perdería el tiempo con estos, y seguía inmediatamente hacia otros lugares para seguir extendiendo el evangelio del Reino de Dios.  Esta era su prioridad.  Su prioridad nunca fue detenerse a servir los intereses no espirituales de la gente.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, Jesús fue el Hijo de Dios y el Hijo del Hombre, que no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45); pero en esta labor de servir que es bastante agotadora que reclama tiempo, fuerza, y otros recursos, su ejemplo nos indica que para no estresarse, fatigarse, agotarse, y cansarse innecesariamente, es necesario en ocasiones e incluso muchas veces, decir NO a cosas, actividades, y compromisos que parecen o realmente son urgentes, pero que no son prioritarias.  En el caso de nuestro texto bíblico de Marcos 1:35-39, Jesús dijo NO a personas que tenían enfermedades a quienes él pudo haber sanado de inmediato, pero tuvo que decirle a Pedro y los demás apóstoles: “Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido” (Marcos 1:38).

   Jesús entendía sus prioridades en su misión. Jesús no estaba gobernado por las necesidades de otros, aunque constantemente se detenía a sanar a los que con fe se acercaban a él.  Jesús no estaba gobernado por la aprobación de otros, aunque se preocupaba profundamente por los perdidos y quebrantados.  Jesús estaba gobernado por el Espíritu y por la misión que Dios le había dado. Jesús conocía bien sus prioridades, y no dejó que las muchas tentaciones de una vida ocupada lo apartasen de su tarea.  Su prioridad era llevar el evangelio donde personas están esperando buenas noticias de Dios para sus vidas, y a estas estaba dispuesto a darle sanidad y otras bendiciones.  Sus prioridades estaban bien definidas: La oración antes de servir a alguien; la búsqueda de arrepentimiento de las personas antes que saber que otros solo disfrutan de sus milagros; y extender su evangelio antes que solo proporcionar beneficios a los que no tienen ningún interés por su evangelio.  Estas deben ser también nuestras prioridades que nos evitarán el desgaste físico, emocional, y aun espiritual.  Jesús nos enseña a administrar bien nuestras prioridades.  Se puede estar bastante ocupado, pero sin estar haciendo lo que no es necesario hacer.