Abr 08

UNA VIDA DE MILAGROS, Por: Diego Teh.

UNA VIDA DE MILAGROS

 Romanos 8:12-17.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 08 de abril 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

Este bosquejo corresponde al sermón # 04 de la serie: UNA VIDA CENTRADA EN EL EVANGELIO.

 .

   INTRODUCCIÓN: ¿Sabe usted qué es un milagro? Por cierto, ¿le han ocurrido milagros a usted?  Y de manera más precisa, ¿el día de hoy está ocurriendo algún o muchos milagros en su vida? Yo quiero pensar que sí están ocurriendo milagros en la vida de usted, aunque usted no se dé cuenta, porque los milagros no son solamente aquellos eventos extraordinarios y visibles que a veces ocurren a otros o a nosotros no habiendo ni explicación científica para saber cómo es que llegaron a ocurrir.  Pero, hay otros milagros que no son visibles, aunque siempre extraordinarios, sin embargo son más cotidianos, pues todos los días nos podrían ocurrir, o más bien, nos deberían ocurrir.  Son este tipo de milagros que quiero pensar que sí están ocurriendo en sus vidas, porque si en nuestra vida no ocurrieran estos milagros, entonces, en vez de superar por medio de Cristo nuestra condición pecaminosa, nos estaríamos hundiendo más y más en la miserable condición de depravación. Pero, Dios en su gracia, ha querido que en nuestra vida ocurran estos milagros inicialmente invisibles porque comienzan en el corazón, pero que luego también se hacen visibles por el cambio de vida que estos milagros producen en nosotros.  Son milagros, no solamente porque no tienen explicación científica, sino porque Dios mismo es quien los produce en quienes dejan que su corazón sea tocado por el poder de Dios.  Según nuestro texto bíblico, quien produce estos milagros, es el Espíritu Santo.

   En el mensaje de este momento, les voy a predicar según los versículos que leímos en Romanos 8, que: El Espíritu Santo de Dios lleva a cabo milagros en la vida de los creyentes en Jesucristo. / ¿Cuáles son los milagros que el Espíritu Santo de Dios lleva a cabo en la vida de los creyentes en Jesucristo? / Basado en los versículos 12 al 17 les voy a presentar alguno de los milagros que el Espíritu Santo de Dios lleva a cabo en la vida de los creyentes en Jesucristo.

.

   El primer milagro que el Espíritu Santo de Dios lleva a cabo en la vida de los creyentes en Jesucristo, es que:

I.- HACE MORIR EN EL CREYENTE LAS OBRAS DE LA CARNE.

   Lo primero que observamos que el apóstol Pablo dice en el versículo 13, es que hay un peligro para quienes viven conforme a la carne, pues dice: “porque si vivís conforme a la carne, moriréis” (Romanos 8:13a).  Vivir conforme a la carne, como lo es la embriaguez, la promiscuidad, la adicción a las drogas, y otras muchas cosas más, la única garantía que ofrecen es una vida corta para quienes la practican, porque es verdad que la sentencia de la carnalidad es la muerte, tal como Pablo dice que por la carne “moriréis”.  Pero, la carnalidad no solo causa la muerte prematura del cuerpo, sino también es causa de muerte espiritual que separa de Dios para siempre.

   Sin embargo, cuando uno cree en Jesucristo, y por ello tanto Cristo como el Espíritu de Dios comienzan a vivir dentro de nuestro corazón, el Espíritu Santo lleva a cabo una función muy especial en nuestro ser que consiste en destruir las obras de nuestra carnalidad.  Es por eso que en el mismo versículo 13, el apóstol enfatiza lo siguiente: “mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8:13b).  Pasar de muerte a vida, ya sea en lo físico, o ya sea también en lo espiritual y en lo eterno, ¿no es esto un milagro que no tiene explicación científica, y que solo Dios por medio de su Espíritu es quien lo lleva a cabo en nosotros?

 .

   El segundo milagro que el Espíritu Santo de Dios lleva a cabo en la vida de los creyentes en Jesucristo, es que:

II.- GUÍA DE LO MALO AL BIEN A LOS HIJOS DE DIOS.

   El apóstol Pablo continúa diciendo en los versículos 14 y 15: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. / Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre!” (Romanos 8:14, 15).  ¿Quiénes son los hijos de Dios? La respuesta es clara: “Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios” (v. 14).  ¿Guiados? Esta idea de ser guiados, es usado por San Pablo, recordando la antigua experiencia de los israelitas cuando Dios los libertó de los egipcios, y Él mismo estuvo guiándolos en el desierto por medio de una columna de nube durante el día, y por medio de una columna de fuego durante la noche.  Estas columnas fueron usadas por Dios para manifestar que Él era quien lo estaba guiando durante las 24 horas del día.  De igual manera, aunque no por medio de nube o fuego como en aquellos tiempos antiguos, sino por medio de su Espíritu Santo invisible, siempre guía a los que ahora somos hijos de Él.

   ¿De dónde o de qué, y hacia dónde o hacia qué somos guiados?  Otra vez dice que “no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor” (v. 15a).  Con el término esclavitud, el apóstol también estaba recordando cómo los israelitas cuando fueron libertados de Egipto, se encontraban en “esclavitud” pero aquellos fueron librados de la esclavitud de trabajo; pero ahora, los que creen en Jesucristo, al tener el Espíritu Santo en sus vidas, también son librados de “esclavitud”, pero de la esclavitud del pecado que solo hunde a toda persona a lo más vil, pero en este caso somos librados no para llevarnos a la tierra prometida como la de Canaán que recibieron en su momento aquellos israelitas, sino para llevarnos al cielo prometido que es muchísimo mejor que aquella antigua tierra prometida.  Al ser libres desde ahora, no hay nada que temer pues el Espíritu Santo nos libra de la “esclavitud” del pecado “no […] para estar otra vez en temor”. Es así como el Espíritu Santo nos libra de lo malo al bien.

   Además, el apóstol añade que ahora: “habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre!” (Romanos 8:15b).  Aquí hay una liberación muy importantísima que se puede observar en que si por el Espíritu de Dios nuestro espíritu es adoptado ¿entonces debe haber una paternidad de la que hemos sido desprendidos?  Esto es una realidad cuando uno comienza en la fe en Jesucristo, pues cuando uno no tiene en fe en Jesucristo, la realidad es que uno no tiene como Padre a Dios, sino que el padre espiritual de un no creyente realmente es el diablo, no Dios.  Pero, cuando san Pablo habla de adopción es que por gestión del Espíritu Santo somos adoptados por Dios, ocurriendo así en nuestra experiencia un cambio de padre para que ahora tengamos a Dios como nuestro Padre celestial, a quien hemos comenzado a llamarle Padre, porque ahora reconocemos su autoridad sobre nosotros y nos sometemos a Él para obedecer. ¿No es esto también un milagro que, siendo antes desobedientes a Dios, ahora ya queremos y podemos obedecerle?

.

   El tercer milagro que el Espíritu Santo de Dios lleva a cabo en la vida de los creyentes en Jesucristo, es que:

III.- REVELA A NUESTRA VIDA LO QUE SOMOS Y SEREMOS.

   Finalmente, en los versículos 16 y 17, leemos que: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. / Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados” (Romanos 8:16, 17). ¿Qué es esto de que “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios”?  Nadie puede saber lo que gracias a Dios somos, si el Espíritu Santo no nos lo hiciera entender.  Pero, no solo sabemos que somos hijos sino también herederos, un privilegio que antes no podía tener cualquier hijo sino el primero, pero ahora con Dios todo hijo es heredero.  Pero, no solamente podemos saber lo que ahora somos sino también lo que ahora debemos experimentar “juntamente con él”, y lo que pronto seremos “juntamente con él”.

   Si alguien que habiendo creído en Jesús entiende que es un hijo de Dios, o entiende que es un heredero de Dios que está en espera de su herencia, o que entiende que está en espera de tiempos eternos mejores que los tiempos presentes, no es una irrealidad ni una simple presunción, sino que es un sentimiento real, verdadero, y genuino, producido nada menos que por el Espíritu Santo de Dios.  Este entendimiento ocurre en una persona mediante una intervención divina especial, como fue el caso cuando Pedro el apóstol, quien después de haber comprendido y confesado que Jesús era “el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Mateo 16:16b), Jesús le indicó acerca de este entendimiento de Pedro, que: no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16:17b).

  Amados hermanos, el Espíritu Santo está haciendo el milagro de comunicarle a usted que usted es un hijo de Dios, un heredero, etc…  Este entendimiento también es un milagro, porque nunca se genera del conocimiento o entendimiento humano, sino de la revelación especial que el Espíritu de Dios opera en la vida del creyente.

.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, todos los días están ocurriendo milagros de Dios en la vida de todos aquellos que hemos creído en Jesucristo como nuestro Señor y Salvador.  Todo cambio que ocurre en nuestro corazón es obra no de los pastores y otros predicadores del evangelio, sino obra de Dios mismo por medio de su Espíritu Santo.  Dejemos que el Espíritu Santo de Dios haga milagros en nosotros, aunque estos milagros no sean espectaculares a los ojos de los demás.  Lo que importa es que el Espíritu Santo haga en nosotros todo milagro necesario para cambiar nuestra vida a una vida plena de su obra.

Ene 21

TRES PELIGROS QUÉ EVITAR DEL EXCESO DE TRABAJO, Por: Diego Teh.

TRES PELIGROS QUÉ EVITAR DEL EXCESO DE TRABAJO

1 Reyes 20:35-40.

Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 21 de enero 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

Este bosquejo corresponde al sermón # 01 de la serie: SÚPER OCUPADOS.

.

   “Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el otro no quiso herirle. / Él le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá un león. Y cuando se apartó de él, le encontró un león, y le mató. / Luego se encontró con otro hombre, y le dijo: Hiéreme ahora. Y el hombre le dio un golpe, y le hizo una herida. / Y el profeta se fue, y se puso delante del rey en el camino, y se disfrazó, poniéndose una venda sobre los ojos. / Y cuando el rey pasaba, él dio voces al rey, y dijo: Tu siervo salió en medio de la batalla; y he aquí que se me acercó un soldado y me trajo un hombre, diciéndome: Guarda a este hombre, y si llegare a huir, tu vida será por la suya, o pagarás un talento de plata. / Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa, el hombre desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia; tú la has pronunciado” (1 Reyes 20:35-40).

.

   INTRODUCCIÓN: No hay necesidad de ilustrar la historia que hemos leído en 1 Reyes 20:35-40.  El punto relevante de aquel drama protagonizado por este profeta desconocido fue demostrarle al rey Acab de Israel, la gravedad de la irresponsabilidad de no hacer por causa de otras prioridades equivocadas lo que Dios ha indicado que debe hacerse. La ilustración dramatizada del profeta consistió en decirle a rey Acab que un soldado le había encargado que cuidara a un hombre pero que se le escapó porque según el versículo 39, el profeta se encontraba “ocupado en una y en otra cosa” (1 Reyes 20:40).  Esto es el verdadero problema de muchas personas, que por estar excesivamente ocupados “en una y en otra cosa”, descuidan sus verdaderas prioridades en el hogar, en el trabajo, e incluso en su responsabilidad a favor de la obra de Dios. De verdad que el estar ocupados “en una y otra cosa”, es altamente peligroso.

   En el mensaje de hoy, les voy a predicar que: El exceso de dedicación al trabajo expone a toda persona a diversos peligros singulares. / ¿Cuáles son los peligros singulares a los que se expone toda persona que se dedica al trabajo excesivo? / En este mensaje quiero explicarles acerca de tres peligros singulares.

.

   El primer peligro singular al que se expone toda persona que se dedica con exceso al trabajo, es que:

I.- EL GOZO QUE DA EL ESPÍRITU SANTO LO PUEDES PERDER.

   El apóstol Pablo exhortó a los Filipenses que disfrutaran el ser cristianos, pues les dice: “Regocijaos en el Señor, siempre” (Filipenses 4:4).  La Traducción en Lenguaje Actual, lo expresa más claro diciendo: “¡Vivan con alegría su vida cristiana!” (Filipenses 4:4; TLA). Es por eso que el Espíritu Santo tiene como prioridad el producir en nosotros los creyentes, el fruto del gozo (cf. Gálatas 5:22).  Pero al mismo tiempo que es la voluntad de Dios que disfrutemos la vida llenos de gozo, hay otros factores que se encargan de arruinar el gozo que deberíamos estar sintiendo y disfrutando.  El hacer cosas que por naturaleza son malas y desagradables a Dios, hacen infeliz a cualquier persona.  Pero, otro factor que también encamina a arruinar el gozo que Dios nos provee, es el trabajar en exceso, pues hace que descuidemos tanto las prioridades superiores al trabajo como lo son Dios y la familia.

   Kevin Deyoung, en el segundo capítulo de su libro SÚPER OCUPADOS, dice: La actividad excesiva es como el pecado; mátalo o te matará a ti. La mayoría caemos en un patrón predecible. Comenzamos a saturarnos con uno o dos grandes proyectos.  Después nos sentimos aplastados por el desgaste diario.  Luego nos desesperamos por volver a sentir paz de nuevo y juramos que algo tiene que cambiar. Entonces, dos semanas después, la vida es más llevadera, y se nos olvida nuestro juramento, hasta que el ciclo vuelve a comenzar.  Lo que no entendemos es que durante todo ese tiempo hemos estado sin gozo […]. Y cuando la actividad excesiva te quita el gozo, termina con el gozo de todos.

   El trabajar en exceso, pone en peligro el gozo que uno debería estar disfrutando.

.

   El segundo peligro singular al que se expone toda persona que se dedica con exceso al trabajo, es que:

II.- EL EVANGELIO QUE SIEMBRA JESUCRISTO LO AHOGAS.

   Una de las parábolas de Jesús, la del sembrador, relata la realidad que ocurre con una persona que ha recibido en su corazón el evangelio, pero es como si la semilla hubiese caído entre espinos.  Jesús relató que en ese corazón donde están los espinos, ocurrió lo siguiente: “los espinos crecieron y la ahogaron, y no dio fruto” (Marcos 4:7b).  Luego, ampliando su afirmación explicó: Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, / pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Marcos 4:18,19).  Los afanes, las riquezas, y las codicias de otras cosas, mencionadas por Jesús, son factores que conducen a las personas a trabajar más de lo necesario.

   Pero, ¿qué ocurrió con la semilla de la palabra que fue sembrada en el corazón de la persona que tiene estas prioridades? La respuesta de Jesús, en la parábola fue que: “la ahogaron, y no dio fruto” (v. 7b), y en su explicación repite que esos espinos “entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (v. 19).  Justo, en ese mismo momento que uno decide trabajar un poco más, descuidando otras prioridades, y mucho más cuando uno trabaja en exceso, además de perder el gozo que uno debería disfrutar con plenitud, lo que ha ocurrido es que esos espinos han secuestrado el evangelio que Dios por su gracia ha querido entregar a tu vida.

.

   El tercer peligro singular al que se expone toda persona que se dedica con exceso al trabajo, es que:

III.- EL PROBLEMA QUE HAY EN TU CORAZÓN NO SE SOLUCIONA.

   Cuando uno trabaja en exceso, ¿por qué tiene uno que trabajar más tiempo que lo normal? Podrían ser varios los factores que lleven a uno a dedicar más tiempo de lo normal, pero el verdadero problema surge o está en el corazón, por lo que es allí donde hay que comenzar a hacer la corrección correspondiente.  El verdadero problema que está ocurriendo en el corazón de la persona que trabaja en exceso, según la parábola del Sembrador, según Jesús es que: Sólo piensan en las cosas que necesitan, en cómo ganar dinero, y en cómo disfrutar de esta vida” (Marcos 4:19b; TLA[1]). Aparentemente son intereses y deseos legítimos, pero cuando el precio para conseguir estos deseos exige que trabajemos más tiempo de lo normal, el trabajo excesivo revela que el corazón tiene deseos que de legítimos han pasado a ser pecaminosos.  Estos mismos deseos causan que el mismo trabajo por su exceso se convierta también en pecado. La persona que cae en este pecado de trabajar en exceso podría ser vista y considerada por los demás como una persona verdaderamente trabajadora, sin embargo, esto es engañoso porque es verdad que sí trabaja de más, pero el trabajo excesivo adicional al normal no está solucionando el problema que de fondo está en el corazón, sino solamente lo está disfrazando u ocultando bajo la evidencia de una persona pecaminosamente trabajadora en exceso.  Lo que hay qué hacer no es empeorar el pecado que se origina del corazón, sino evitar su propagación para que no se convierta en una conducta pecaminosa.

   Otros factores que hacen que innecesariamente uno trabaje en exceso: 1).- el querer agradar a la persona que nos ha contratado para trabajar; 2).- el anhelar cualquier cosa que solamente trabajando más de lo normal por tiempo excesivo diariamente a largo plazo podríamos conseguirlo; y 3).- el sentirse útil solamente si hay un sobreesfuerzo de trabajo. Y podría haber más causantes.  Por otra parte, hay también quienes además de trabajar excesivamente en sus empleos, también dedican tiempo excesivo de trabajo por la iglesia de Dios, pensando que así son cristianos más fieles y productivos; sin embargo, no es fidelidad ni siempre resulta en productividad, pero a cambio se cae en descuido de la familia, y hasta en descuido de la propia salud y vida personal en general.  Todos estos excesos que aparentan servicio, lealtad, fidelidad, y hasta amor a la obra de Dios, podrían resultar solamente una reacción pecaminosa por los motivos reales originados en el corazón afectado por el poder del pecado.  Es por eso que primeramente tenemos que corregir las causas o motivos que nos están controlando desde la mente o corazón, arrastrándonos a otras conductas que, aunque parezcan buenas como el trabajar en exceso, no es una conducta buena.

.

   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ya sabemos que trabajar en exceso es peligroso para los que somos cristianos porque: 1) el gozo que el Espíritu de Dios está creando e incrementando en nuestra vida, puede perderse en cualquier momento; 2) la palabra del evangelio de Jesucristo que él está sembrando en nuestra vida, puede ahogarse y quedar usted sin frutos para Dios; y 3) el problema tan real llamado pecado que hay en el corazón, no se soluciona con trabajar más ni con ganar más.  No vamos a tomar la decisión de no trabajar porque fuimos creados para trabajar; y tampoco vamos a tomar la decisión de trabajar menos de lo necesario, porque eso también traería pobreza y miseria en nuestra vida; sino que lo que tenemos que hacer es trabajar el tiempo normal que requiere el trabajo que realizamos.  Así usted tendrá tiempo para su familia y también para servir a Dios.  Los días de culto congregacional tendrá usted el tiempo necesario para dedicar su adoración en la iglesia.  Es cuestión de administración correcta de nuestro tiempo.  Hay tiempo para trabajar, pero debe haber tiempo para Dios, para la familia, para uno mismo, y para la iglesia.

—————————————–

[1] Traducción en Lenguaje Actual.

Jul 17

SI ES FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO, Por: Diego Teh.

siesfrutodelEspirituSanto

SI ES FRUTO DEL ESPÍRITU SANTO

Gálatas 5:16-23.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Roca de la Eternidad” de la col. Díaz Ordaz, de Mérida, Yuc; el día domingo 17 de Julio del 2016, a las 18:00 horas; como sermón de apertura de su semana de Escuela Bíblica de Vacaciones para toda la familia.

.

   INTRODUCCIÓN: Hay mucha alegría en nuestros niños y jóvenes porque ayer inició oficialmente el período de vacaciones escolares.  Muchas familias aprovechan este tiempo para salir de vacaciones familiares. ¡Qué bueno que Dios conceda a todas las familias un tiempo para vacacionar en familia!  Sin embargo, quizá esta primera semana de vacaciones todavía permanezcan sin vacaciones y tengan disponibilidad de venir a las actividades de esta congregación.  Esta semana tenemos Escuela Bíblica de Vacaciones, que esperamos sea aprovechada tanto por nuestros niños, adolescentes, jóvenes, y hasta de los que somos adultos.  El tema de nuestra EBV será LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO.  Ya sabemos que los frutos son: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza, según nuestra breve lista de frutos en Gálatas 5:22,23; pero, ¿ha cultivado usted estos frutos? Los niños, adolescentes, y jóvenes de nuestras familias ¿están practicando estos frutos?  Es probable que todos tengamos algunas dificultades para vivir bajo la influencia y bendición de estos frutos.  Es más podría ser que alguien no esté viviendo bajo los frutos del Espíritu Santo, pero aunque esté viviendo bajo la producción de los frutos del Espíritu Santo, siempre será provechoso conocer más a fondo acerca de este tema durante esta semana de Escuela Bíblica de Vacaciones.

   En este mensaje voy a compartirles algunas realidades acerca de los frutos del Espíritu Santo que puede servirnos de guía para evaluar si lo que está funcionando en nuestra vida en realidad se trata o no de frutos del Espíritu Santo. / ¿Cuáles son estas realidades?  / Basado en nuestro texto de Gálatas 5:16-23, e interpretando las palabras del apóstol Pablo les compartiré tres de estas realidades para que analicemos si estamos viviendo bajo los frutos del Espíritu Santo.

.

   La primera realidad es que si es fruto del Espíritu Santo,

I.- DESTRUYE EL PODER DE LO CARNAL EN EL PECADOR.

   Una primera lista que el apóstol Pablo presenta en esta porción de su epístola es la que él llama “las obras de la carne”.  La presenta así: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, / idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, / envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas;…” (Gálatas 5:19-21a).   Cada ser humano tiene en su naturaleza la tendencia a inclinarse, a caer, y hasta a permanecer en estas depravaciones; y no hay nada en el ser humano que le pueda rescatar, librar de caer, o hacerlo permanecer lejos de estas cosas.  Para la destrucción de cualquier poder pecaminoso que se encuentre arraigado en una persona, es necesario recurrir al poder de Dios para poder dominarlo.  Uno de los problemas con el cual nos topamos en la vida, es que muchas veces usted quiere hacer el bien, pero pronto se da cuenta de que no lo pudo hacer sino que hizo lo contrario.  Esto se debe a que todavía está predominando el poder de lo carnal en usted.  El apóstol Pablo lo explica diciendo: el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5:17).

   Amados hermanos, la explicación del apóstol nos deja claro que el deseo de la carne no solamente está luchando en contra de todo nuestro ser, sino también lucha en contra de lo que el Espíritu Santo quiere arreglar en nuestra vida.  Sin embargo, la buena noticia es que usted no está solo, pues el deseo del Espíritu Santo es también luchar en contra de la carne.  Lo que usted no puede, el Espíritu Santo sí lo puede.  Todos necesitamos refrescar nuestro conocimiento y nuestra experiencia con el Espíritu Santo en cuanto a estos dones que necesitamos en nuestra vida cotidiana, familiar, social, y espiritual.  Por eso, les animo a participar en las actividades de nuestra EBV para niños, adolescentes, jóvenes, y adultos, para saber cómo hacer real y efectivo en nuestras vidas los frutos del Espíritu Santo.

.

   La segunda realidad es que si es fruto del Espíritu Santo,

II.- HACE MÁS FALTA QUE UN DON DEL ESPÍRITU SANTO.

   Acerca de los dones del Espíritu Santo, ya conocemos la lista mencionada en Romanos capítulo 12, donde leemos: De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe; / o si de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza; / el que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría” (Romanos 12:6-8).  También tenemos la lista de 1 Corintios 12 donde leemos: “Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; / a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. / A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. / Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere” (1 Corintios 12:8-11).  Como podemos observar los dones del Espíritu Santo son una gracia que también se concede a los creyentes para poder desempeñar alguna función en el cuerpo de Cristo.

   Pero en cuanto al fruto del Espíritu Santo, solamente con ver la lista que menciona “el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, / mansedumbre, templanza;…” (Gálatas 5:22,23), no damos cuenta que tienen que ver con nuestro carácter personal.  Así resulta que el fruto del Espíritu Santo tiene que ver con la misma gracia de Dios también para nosotros los creyentes, pero no para capacitarnos para las diversas funciones del santo ministerio sino para la santificación de nuestra vida personal, guiándonos primeramente para infundir en los más profundo de nuestro corazón el carácter que necesitamos para la vida diaria.

   Amados hermanos, muchas veces, lo que nos falta no es un don del Espíritu Santo pues es evidente que lo tenemos, pues con ello servimos a Dios y al prójimo en nombre de Cristo.  Lo que muchas veces se hace evidente que nos falta es algún fruto del Espíritu Santo, no porque Dios no quiera darnos tal fruto, sino porque precisamente usamos nuestra naturaleza carnal para bloquear que el Espíritu Santo deposite en nuestra vida el fruto que necesitamos.

.

   La tercera realidad es que si es fruto del Espíritu Santo,

III.- ES UNA APLICACIÓN DE LA OBRA SALVADORA DE CRISTO.

   El apóstol Pablo concluye su explicación acerca de los frutos del Espíritu Santo, diciendo: “Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos” (Gálatas 5:24).  Quien comienza a dominar nuestra lucha en contra de los deseos de la carne, en realidad es Cristo, por eso dice San Pablo que “los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos”, pero quien continúa la obra productiva de frutos que nuestra vida necesita, es el Espíritu Santo de Dios cuya función es aplicar los beneficios de la obra salvadora y redentora de Cristo.  Cabe aclarar que los frutos o la transformación que ocurre en nuestra vida no son obra de la casualidad, eventualidad, o suerte, sino una aplicación privilegiada de la gracia de Dios por medio de su Espíritu Santo, gracia que solamente podemos disfrutar quienes hemos tenido la experiencia de creer salvadoramente en Cristo.  Ninguna transformación redentora puede ocurrir en la vida de un ser humano, si Cristo no es el fundamento de la vida espiritual de tal persona.  Si alguien se esfuerza en imitar un fruto Divino, usando su propia naturaleza sin Cristo de por medio, esta imitación al no ser genuina no va a ser duradera sino solamente por un breve tiempo.  Este es el caso de personas que no se mantienen en el camino de la fe, porque en realidad no están en la fe sino que solamente están luchando a solas sin Cristo.

   Una de las verdades centrales de la biblia que podemos darnos cuenta en este contexto, es que todo al plan de salvación de Dios está centrado en Cristo.  Cuando Dios el Padre escogió a aquellos a quienes de pura gracia le plació salvar, dice el apóstol Pablo que: “nos escogió en él (o sea, en Cristo) (Efesios 1:4).  Cristo es el personaje central de la elección. E indiscutiblemente también es Cristo quien con su propia vida paga el precio por la culpa de nuestros pecados; pero es el Espíritu Santo que se encarga de convencer a las personas “de pecado, de justicia y de juicio” (cf. Juan 16:8), obviamente para que las personas acudan a Cristo con arrepentimiento de vida.  Pero además, el mismo Espíritu Santo continúa proveyendo los dones que los creyentes necesitamos para continuar la obra de Dios en Cristo de llevar el mensaje del evangelio, al mismo tiempo que también nos provee los frutos que moldean nuestro carácter personal para convertirnos en personas de bendición para nuestros semejantes.  Pero todo esto es una bendita realidad en la vida de los que somos creyentes en Jesucristo, gracias a la obra de gracia que Cristo realizó a nuestro favor.  El Espíritu Santo aplica los beneficios de la obra de Cristo en todos y cada uno de los cristianos.

   Amados hermanos, desde el momento que creemos en Cristo, quedamos enteramente capacitados para luchar y derrotar las obras a las cuales nos inclina nuestra carnalidad.  Pero para ello nos es dado también el Espíritu Santo de Dios, no para operar con un enfoque distinto al de Cristo, sino para aplicar los beneficios de la gracia de Cristo a nuestra vida, para que podamos renunciar a nuestras pasiones y deseos pecaminosos.

.

   La cuarta reflexión es que si es fruto del Espíritu Santo, entonces:

IV.- NOS CAPACITA PARA LA VIDA COTIDIANA DE CADA DÍA.

   Una de las ordenes que recibimos en esta instrucción apostólica es: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5:25).  La infusión del fruto del Espíritu Santo nos prepara para que podamos andar conforme a la manera como Dios mismo desea que nos conduzcamos.  Si alguien no vive “por el Espíritu” le es imposible salir de la carnalidad. Será altamente evidente que los placeres de la carne, los placeres promovidos por el pecado, son los factores que definen su estilo de vida.  La instrucción apostólica es muy clara al decir que “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”.  Este andar “por el Espíritu”, implica que se trata de poner en funcionamiento los frutos que el mismo Espíritu Santo dona a la vida de un hijo de Dios.

   Observando bien la lista de los frutos mencionados en los versículos 22 y 23 observamos primero que hay frutos que son fundamentales para el desarrollo espiritual muy propio de la vida personal como los son el amor, el gozo, la paz, y la templanza.  Son frutos del Espíritu Santo que todos necesitamos desarrollar en nuestros corazones, y poder con ellos reflejar un carácter digno de un hijo de Dios que no odia sino ama, que no se entristece por las adversidades sino que se goza en Dios en todo momento, y que no sufre conflictos mentales porque puede vivir en paz primeramente con Dios y consigo mismo.  Luego observamos que también hay otros frutos que tienen como finalidad el usarlos para nuestras relaciones humanas interpersonales como lo son la paciencia, la benignidad, la bondad, y la manseumbre. Todos tratamos con otros seres humanos comenzando con los que están más cerca de nosotros en el hogar, luego con las demás personas de quienes a diario nos vemos rodeados.  Entonces, nos damos cuenta que los frutos del Espíritu Santo no son solamente para nuestro beneficio personal sino también para ser de bendición para nosotros.  Y finalmente nos damos cuenta que uno de los frutos que el Espíritu Santo pone a nuestra vida es la fe, para que bajo cualquier situación o circunstancia tengamos la capacidad no humana sino divina de poder recurrir a Dios en una total dependencia en Él.  Todos estos frutos tienen la finalidad de capacitarnos para que todos nuestros deberes personales, familiares, sociales, y espirituales de cada día los podamos cumplir auxiliados por el poder de Dios mismo.

   Amados hermanos, la vida cristiana se trata de caminar con Dios todos los días de nuestra vida, y en todas las situaciones particulares sean buenas o malas.  En todos los casos no estamos abandonados a nuestro fracaso sino que contamos con el poderoso auxilio del mismo Espíritu Santo de Dios para actuar conforme a los que es digno y agradable al verdadero Dios Creador y Salvador a quien servimos porque nos ha dado a conocer los misterios de nuestra gloriosa salvación.  No hay excusa para no vivir poderosamente nuestra vida cotidiana.  Tenemos al Espíritu Santo de Dios que trabaja en nuestra vida, en nuestras relaciones con el prójimo y con Dios.

.
  CONCLUSIÓN: Amados hermanos, es importante que analicemos si estamos viviendo y andando “por el Espíritu”.  Es importante que confirmemos si nuestra conducta es el reflejo de nuestra relación con Cristo y de su Espíritu Santos, porque si solamente es el reflejo de una esfuerzo que va a resultar vano, entonces estamos en serios problemas espirituales.  Necesitamos primeramente confirmar que verdaderamente hemos creído en Jesucristo como nuestro único y suficiente salvador y Señor.  Si es así, entonces dejemos que el Espíritu Santo de Dios limpie el terreno de nuestro corazón, que plante los árboles de la santificación, y que produzca los frutos que divinamente deben transformar nuestra vida personal, familiar, social, y espiritual.  Por último quiero aprovechar animarles a que no descuiden asistir a todas las clases de la Escuela Bíblica de vacaciones que se llevará a cabo esta semana del 18 al 22 de Julio.  Vengan jóvenes, vengan adultos con sus niños, adolescentes, y jóvenes.  Inviten a otras familias y niños. Conozcamos y busquemos en Dios los frutos que hacen falta en nuestra vida.