Mar 05

UNA FAMILIA QUE BUSCA EL REINO DE DIOS, Por: Diego Teh.

UNA FAMILIA QUE BUSCA EL REINO DE DIOS

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Mateo 6:33.

Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la congregación “Ebenezer” de la col. San José Tecoh, de Mérida, Yucatán; el día domingo 05 de Marzo del 2017, a las 18:00 horas; con motivo del Día de la Familia, en México.

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   INTRODUCCIÓN: En el año 2005, hace doce años, a petición de organizaciones empresariales y de la sociedad civil, nuestro entonces presidente de la república don Vicente Fox, emitió por decreto que anualmente el primer domingo de cada mes de marzo se celebre en nuestro país el Día de la Familia.  El objetivo fue que además de fomentar la relación de todos los integrantes de la familia, cada familia debería crear iniciativas para el desarrollo integral de cada uno de sus integrantes.  Muy buena idea lo cual no contradice la palabra de Dios, sino más bien la honra, pues la palabra de Dios también procura la mejora de nuestra relación familiar, y el apoyarnos unos a otros para un sano desarrollo individual.

   El texto bíblico que he escogido para este mensaje dirigido a la familia, es una enseñanza de Jesús, dada a los que oyeron su célebre Sermón del Monte, en el que dijo que a pesar de las necesidades cotidianas y básicas de sobrevivencia: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33a); pero como por lo general, excepto algunos casos, no somos personas solitarias sino que siempre vivimos en familia, es apropiado entender que no solo en lo personal sino como familia debemos buscar el reino de Dios.  Por eso, este día he tenido la iniciativa de compartirles con fundamento en la palabra de Dios que toda familia cristiana que busca el reino de Dios se distingue por características particulares que se puede observar en ella. / ¿Qué características particulares se puede observar en una familia cristiana que busca el reino de Dios? / En este mensaje les voy a compartir a través de diversas historias y personajes bíblicos, algunas de tales características.

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   La primera característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

I.- VIVE UNA ESPIRITUALIDAD TANTO INTERIOR COMO EXTERIOR.

   Aunque la historia de Lot está en el libro del Génesis, me gusta mucho una descripción que el apóstol Pedro da acerca de la intervención de Dios para librar a este personaje; pero al mismo tiempo describe la espiritualidad que este hombre mantuvo entre la gente perversa de las ciudades de Sodoma y Gomorra.  Al respecto de la espiritualidad de Lot, el texto dice que siempre se encontraba: “…abrumado por la nefanda conducta de los malvados / (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos)” (2 Pedro 2:7b,8).  Pero no hay grande ganancia en que uno se sienta “abrumado”, ni le era de mucho provecho porque “afligía cada día su alma”.  El provecho era real y bueno, pero solamente para él.  Se ve que fue un hombre de fe real y evidentemente firme en Dios, pero su esposa y sus hijas no tenían la misma madurez espiritual que él, lo cual las llevó a una tragedia general en muchos aspectos de sus vidas.  Pero eso fue en parte problema de Lot quien desde el principio no se preocupó por la espiritualidad de su familia.

   El problema de Lot, fue que solo quería vivir una espiritualidad interior en su alma, pero no quería vivir una espiritualidad exterior que es práctica.  Una espiritualidad como la de Lot es incompleta.  Lot vivía su espiritualidad solamente en su alma, pero en las cuestiones prácticas fue muy descuidado.  Cuando se tuvo que separar de su tío Abraham, Lot escogió lo que le pareció y realmente era la mejor tierra que le garantizaba un buen futuro económico para su oficio pastoril, pero no le importó que eso significaba un acercamiento a las ciudades de Sodoma y Gomorra cuya vida era de pecado, inmoralidad, perversión, homosexualidad, y más depravaciones, por lo que Dios ya les tenía en la mira para destruirlas y exterminarlas de la faz de la tierra.  Fue por su ideal de prosperidad que llevó a su familia hasta aquellos lugares.

   Cuando Dios por misericordia hacia Lot y su familia les quiso salvar de la destrucción que traería a estas dos ciudades, Dios le pidió a Lot que saliera de aquellos lugares y que se llevara a toda su familia, entonces Lot debió darse cuenta que su decisión de haber ido a vivir entre aquellas gentes, fue el error de su vida.  Sus hijas ya estaban comprometidas para matrimoniarse, así que Lot habló con sus yernos para explicarles lo que Dios les estaba orientando para hacer como familia, pero sus yernos no le hicieron caso, sino que lo consideraron loco.  Muy pronto sus hijas sufrieron el dolor de perder a sus prometidos, que sin duda amaban con todo su corazón, pero al ver que fue Dios quien les quitó a sus prometidos, debieron haber tenido algún resentimiento contra Dios.  Eso no hubiera pasado si Lot no hubiese llevado a sus hijas a aquellos lugares profanos.

   Cuando por fin se dio la misericordia de ser salvados de la destrucción, en el camino de huida, a pesar de que recibieron la instrucción de no mirar hacia atrás para no ver la destrucción de aquellas ciudades, la esposa de Lot, desobedeció la instrucción y volteó a mirar, y en consecuencia quedó hecha una estatua de sal.  La razón por la que esta mujer volteó para mirar, debe ser no solamente por curiosidad sino porque le estaba doliendo profundamente perder algo a la que estaba arraigada su vida cotidiana.  Como dijera Jesús, donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mateo 6:21).  Su tesoro no estaba en la misma fe de su esposo; su tesoro no estaba en el reino de Dios; su tesoro no era Dios, al grado que le importó poco el desobedecer su instrucción.  Lot no debió llevar a su esposa a aquellos lugares.

   Posteriormente, las hijas decidieron cometer incesto con su propio padre.  Su argumento fue “Nuestro padre es viejo, y no queda varón en la tierra que entre a nosotras conforme a la costumbre de toda la tierra” (Génesis 19:31).  Por supuesto que en Sodoma y Gomorra no quedó varón para ellas, pero en el resto del mundo habían más varones.  Por ese mismo tiempo, Abraham quien no quiso comprometer a su hijo Isaac con las egipcias, ni con las cananeas, y mujeres de otras decenas de ciudades donde él había conocido sin duda que a muchas mujeres hermosas, exploró la opción de enviar hasta Ur en Mesopotamia para que trajesen de allí una esposa de entre su propia parentela para su hijo; y funcionó el plan.  Las hijas de Lot, pudieron establecerse a vivir en otras ciudades, y seguro que no faltaría hombre que las tome como esposa.  Por otra parte, no es verdad que Lot fuese tan viejo como ellas dijeron, pues su tío Abraham, para esa fecha era muchos años más grande que Lot, y todavía ni le nacía su primer hijo, y luego tuvo más hijos no solo con Agar, sino con Sara, y también con su concubina Cetura (Cf. Génesis 25:1,2; 1 Crónicas 1:28,32).  Lot, seguramente pudo haberse buscado una nueva esposa con quien tener descendencia varón; pero sus hijas estaban arrastrando la influencia de la cultura pecaminosa e inmoral de Sodoma y Gomorra, donde su padre quiso que ellas crecieran.  Esto no tenía que pasar si Lot hubiese pensado que su familia esté fundamentada en la fe interior y en la fe práctica.

   Amados hermanos, tomando en cuenta que cada uno de nosotros somos parte de una familia, debemos no solo de manera personal sino también como familia estar en búsqueda del reino de Dios.  Si se llegar a dar la necesidad que usted tenga que cambiar de trabajo, analice cómo este cambio contribuye a que su familia busque el reino de Dios.  Si el trabajo al que aspira no contribuye a este fin, mejor búsquese uno más apropiado.  Pida a Dios sabiduría para tomar la decisión correcta.  Cuando usted tome la decisión de cambiar de domicilio no lo haga a la ligera, analice también si esto contribuye a que su familia busque el reino de Dios; porque si no, entonces busque una vivienda más apropiada.  En la mala experiencia de Lot podemos darnos cuenta de cuán lamentable es buscar otros objetivos sin buscar primeramente el reino de Dios.  No se conforme usted como Lot quien en lo personal solo se sentía “…abrumado por la nefanda conducta de los malvados”, pero vivía entre ellos arriesgando la espiritualidad de su familia.  No sea usted como Lot quien aunque sinceramente “afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos” (2 Pedro 2:7b,8), pero allí estaba envenenando el alma de su esposa y de sus hijas.  Lo mejor, fue no haberse establecido con ellas en Sodoma y Gomorra, a donde fue llevado por el producto de su mirada tan humana y su corazón tan ambicioso.  Una familia que busca el reino de Dios debe ser congruente en su vida espiritual que se desarrolla en su alma o corazón, pero también en la vida espiritual que se desarrolla en las decisiones que se toman para las cosas prácticas de la vida que edifican o pueden destruir a nuestra propia familia.

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   La segunda característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

II.- AMA EL CULTO A DIOS ANTES QUE OTRA ACTIVIDAD.

  La familia de la cual voy a hablarles en este apartado del mensaje es la de José y María, los padres terrenales de Jesús nuestro Salvador y Señor.  Lo primero que quiero indicarles es que San Lucas hablando más de Jesús que de sus padres, aprovecha relatar que: “Iban sus padres todos los años a Jerusalén en la fiesta de la pascua” (Luca 2:41).  Este dato es relevante, porque la pascua era en realidad un culto prescrito en la ley de Moisés (más bien de Dios) que duraba siete días, en el que se aprovechaba dar gracias a Dios porque un día sus antepasados los israelitas fueron libertados de la esclavitud a la que fueron sometidos por los gobernantes egipcios.  Aunque para este tiempo José y María vivían en Nazaret de Galilea, desde unos ocho años atrás desde que regresaron de Egipto, entonces, por lo menos los últimos 7 u 8 años no descuidaron ir al culto o fiesta de la pascua.  Lo que esto significa es que esta familia evidentemente amaba el culto a Dios antes que cualquier otra actividad.  En la actualidad hay una carretera que lleva de Nazaret a Jerusalén con un tramo de 150 km, que en auto se estima se puede recorrer en menos de dos horas, y a pie pero sin descanso en 31 horas, pero a pie con descansos podría llevar hasta 4 días-jornada de camino. Solo se necesita amor para ir a siete días de culto para decidir caminar toda esa distancia.

  Sin embargo, otro dato todavía más relevante que en realidad involucra a la familia es lo que San Lucas dice más acerca de Jesús que de sus padres, pero aludiendo a sus padres dice que “cuando tuvo doce años, subieron a Jerusalén conforme a la costumbre de la fiesta” (Lucas 2:42).  Era un asunto de la ley de Moisés que los niños menores de doce años no tenían que ir al templo de Jerusalén, sino hasta que tuviesen doce años de edad, por lo que es entendible este énfasis de San Lucas acerca de la visita de Jesús al templo de Jerusalén “cuando tuvo doce años”.  Pero lo relevante aquí es que no dejaron a Jesús a hacer quizá aunque pequeños trabajos en la carpintería de la familia.  Ni siquiera José mandó a María y a Jesús mientras él se quedaba a trabajar.  Ni María les pidió que José y Jesús fueran solos aprovechando que ahora José tendría un acompañante durante el viaje.  La misma María que había viajado embarazada a punto de dar a luz, con tal de obedecer el edicto de Augusto César de empadronarse cada quien en su lugar de nacimiento; ahora, seguramente consideró como cada año que ella debía obedecer a Dios por muchas más razones.  En fin, vemos a José, María, y Jesús, como una familia que ama más el culto a Dios que cualquier otra actividad.

   Amados hermanos, hoy no tenemos que viajar a 150 km de distancia para ir al culto, pues a unas cuantas cuadras, o unas cuantas colonias de distancia tenemos el templo más cercano de nuestra preferencia a donde podemos ir al culto. ¡qué bendición!  Hoy también no tenemos por qué quedarnos en casa y enviar a los demás de nuestra familia al culto.  Hoy no debemos enviar a la familia al culto y nosotros salir a pasear con los amigos o con las amigas, ir al cine, al futbol o béisbol, etc… Hoy no debemos ni siquiera dejar a nuestros hijos pequeños o adolescentes en casa porque amen más dormir que adorar a Dios.  Aunque la iglesia no provee espacios para dormir, provee espacios de enseñanza y adoración muy importantes para que sean aprovechados por toda la familia.  Jóvenes, no deberían poner como excusa de que tienen mucha tarea con tal de evitar acudir al culto, para luego que sus padres salgan de casa para ir al culto, ustedes no se dedican a hacer la tarea sino a dormir, jugar, pasear, o hacer otra cosa, menos la tarea.  Adultos, jóvenes, y niños, recuerden que una familia que busca el reino de Dios es una familia que ama el culto a Dios antes que cualquier otra actividad.

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   La tercera característica de una familia que busca el reino de Dios, es que:

III.- ABRE LAS PUERTAS DE SU CASA PARA COMPARTIR EL EVANGELIO.

  Primero quiera hablarles de una familia conformada por un matrimonio.  Se trata de Priscila y Aquila. Lo primero que sabemos de ellos es que eran buenos conocedores del evangelio de Jesucristo, que en la ciudad de Éfeso se encontraron a un buen predicador llamado Apolos que tenía un escaso conocimiento acerca de Jesucristo, pues lo único que sabía de Jesucristo estaba limitado a lo que Juan el Bautista predicaba cuando Jesús fue bautizado por él.  Ahora, predicar a Jesucristo, implicaba mucho más, como la razón de su muerte en la cruz; el significado de su resurrección; su poder para perdonar pecados, y sanar enfermos, etc…  Priscila y Aquila, conocedores de estas cosas, orientaron con mucho amor a este Apolos, quien tomo nota de cada detalla para mejorar sus predicaciones con respecto a Jesús.   Priscila y Aquila, amaban las buenas noticias del poder redentor de Jesucristo.  Pero por alguna razón, muy pronto ya no estaban en Éfeso, sino que se fueron a vivir en Roma, a unos 2,000 kilómetros de Éfeso, pues cuando poco tiempo después el apóstol Pablo escribió su epístola a los Romanos, les dice: “Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, / que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles. / Saludad también a la iglesia de su casa” (Romanos 16:3,5a).  En este saludo, también sobresale la valentía de esta pareja por defender la fe y al mismo apóstol Pablo; pero lo que quiero enfatizar es que el saludo que va expresamente para ellos, es especificado “también a la iglesia de su casa”. ¿La iglesia en su casa? Sí, porque amaban el evangelio de Jesucristo y a Jesucristo mismo, y estuvieron de acuerdo en utilizar su casa para enseñar de Jesucristo.  Esto es parte de los que también voluntariamente puede hacer una familia que busca el reino de Dios, pues para vivir la fe en Jesucristo el Rey del reino de Dios, uno no busca más intereses que los intereses del mismo reino de Dios.

  En el mismo libro de los Hechos de los apóstoles tenemos también la historia de un hombre que vivía en la ciudad de Cesarea de Judea[1], que se llamaba Cornelio, que era un Centurión romano, y que era conocido como “piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre” (Hechos 10:2).  Por instrucciones de un ángel, Cornelio por medio de dos de sus criados y uno de sus soldados de confianza mandó traer a su casa al apóstol Pedro quien se encontraba en Jope a unos 51 kilómetros al sur de Cesarea, justo en la misma costa del mediterráneo.  Pero lo relevante del caso es que cuando el apóstol Pedro llega a Cesarea a casa de Cornelio, dice San Lucas que “Cornelio los estaba esperando, habiendo convocado a sus parientes y amigos más íntimos” (Hechos 10:24b).  ¡Qué buen hombre temeroso de Dios, pero no solo sino juntamente con su familia, cuya casa estaba dispuesta para recibir a parientes y amigos más íntimos!  La razón de haberlos juntado en su casa, según Cornelio mismo le dice al apóstol Pedro es: “todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado” (Hechos 10:33b).  Esta es una familia que ama el reino de Dios, utilizando su propia casa para que parientes y amigos conozcan dicho reino y a su Rey y Salvador Jesucristo.

  Como tercero de esta lista de personas que abrieron las puertas de su casa para compartir el evangelio tenemos a doña Lidia cuya historia la tenemos también en el libro de los Hechos de los Apóstoles.  Era una mujer comerciante vendedora de púrpura, proveniente de Tiatira pero ya establecida con casa en Filipos, que previamente tenía temor de Dios y le adoraba, pero cuando en Filipos escuchó una predicación del apóstol Pablo, y aprendió acerca de Jesús, cree en él y se bautiza juntamente con otros miembros de su familia, dice San Lucas junto con el apóstol Pablo y Silas, que: “nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos” (Hechos 16:15).  Esos mismos días Pablo y Silas fueron encarcelados, pero muy pronto fueron liberados por la mano poderosa de Dios, y dice también San Lucas que: “saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron” (Hechos 16:40).  Esta mujer y su familia fueron hospitalarios con los siervos de Dios porque sus intereses principales no era ni siquiera el comercio, sino el buscar primeramente el reino de Dios.  Esto también se puede practicar el día de hoy, recibiendo en nuestras casas a los predicadores que llegan de visita a nuestras iglesias y tienen que quedarse por varios días.  Incluso si no se quedan por varios días, parte de la hospitalidad en la casa es llevarlos a compartir con ellos por lo menos una de nuestras comidas con las que Dios nos bendice en nuestros hogares.  Esta mujer, Lidia y su familia, porque entendieron lo que significa buscar el reino de Dios, abrieron las puertas de su casa para convertirla en una casa donde se podían reunir “los hermanos” en la fe que estaban creyendo en Jesucristo en aquellos tiempos.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en la actualidad como discípulos de las enseñanzas de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, también debemos hacer caso a su instrucción: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33).  Buscar el reino de Dios también es un asunto de la familia.  Es la mejor iniciativa que podemos tener todos los que conformamos nuestra familia.  Nadie haga como Lot, o como su esposa, o como sus hijas, cada quien buscando sus propios intereses.  Más tarde estaríamos listos para cosechar los tristes resultados de no buscar a tiempo primeramente el reino de Dios. / En esta búsqueda del reino de Dios, es importante valorar la importancia del culto para ser adoradores de Dios, pues Jesús mismo dijo que Dios el Padre está buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad (Juan 4:23,24). /  Finalmente, no olvidemos que nuestra verdadera morada es el cielo de Dios que Él tiene preparado para los que somos creyentes.  Nuestra vivienda de la actualidad es solamente una concesión de Dios para que nos resguardemos mientras estamos aquí en la tierra, pues al final de nuestra vida allí quedará, y ya no nos servirá más para nada.  Mientras tanto, debemos ponerlo al servicio de los intereses del reino de Dios que es acercar el evangelio de salvación a los corazones de nuestros familiares, amigos, y demás conocidos.  Dios nos ayude a buscar primeramente siempre su reino.

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[1] Esta Cesarea estaba situada a 96 kilómetros al Noroeste de Jerusalén la capital de Judea.  Sin embargo, Cesarea era conocida como la capital romana de Judea.  Fue edificada por Herodes el Grande entre el 25 y el 13 a.C. Su nombre fue puesto por Herodes en honor al emperador Augusto César, el emperador en turno cuando la edificó.  En ella vivió Felipe el evangelista, Cornelio el Centurión, y también allí estuvo preso durante dos años el apóstol Pablo en lo que comparecía ante Felix, Festo, y Agripa. También era conocida como “la pequeña Roma”.  Leer más en: http://edc.evidenciasdelcristianismo.com/?page_id=491

Ene 13

SÉ HOMBRE CONFORME AL CORAZÓN DE DIOS (versión 2), Por: Diego Teh.

SÉ HOMBRE CONFORME AL CORAZÓN DE DIOS

1 Reyes 2:1-4.

Predicado por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la CXXVI reunión ordinaria del H. Presbiterio del Mayab, en la igl. “Príncipe de Paz” de Tzucacab, Yuc, el vier 13/01/2017, a las 9:00 am, como sermón de apertura de la reunión. (Es una adaptación del sermón predicado el 01/01/2017 en la cong. “Ebenezer” de la col. San José Tecoh, de Mérida, Yuc).

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   INTRODUCCIÓN: En Hechos 13 leemos que el apóstol Pablo se encontraba predicando en la ciudad de Antioquía de Pisidia, explicándoles a los israelitas cómo Dios en el pasado les dio jueces, luego reyes.  Acerca de los reyes, primero les refiere a Saúl como rey, luego les habla de David el segundo rey, pero al respecto de David les explica a sus oyentes que Dios en algún momento dijo: “He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero” (Hechos 13:22).   Entonces, es natural que alguien que ha vivido conforme al corazón de Dios, esté interesado en que su hijo, especialmente el que le va a suceder en el trono, sea también un hombre conforme al corazón de Dios; es por eso que dice en la historia de este rey, que Llegaron los días en que David había de morir, y ordenó a Salomón su hijo, diciendo: / Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre” (1 Reyes 2:1,2). No voy a hablarles acerca de la vejez de David, ni de todo el mandamiento que le da a su hijo Salomón, sino que me enfocaré en el final del mandamiento de David que después de decirle a su hijo: “esfuérzate”, le dice: “sé hombre”.  Cuando le dice a su hijo que este sea hombre, no le estaba instruyendo que sea un machista o un mujeriego, sino que le estaba instruyendo para que no sea solamente una persona que presuma su masculinidad, sino que verdaderamente sea un hombre conforme al corazón de Dios. No es nada tan benéfico que un hombre sea y se sienta tan hombre, pero no sea un hombre de Dios.  Le diría el apóstol Pablo como le dijo a Timoteo: “…el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera” (1 Timoteo 4:8).  Amados hermanos, no es malo ser un hombre musculosamente bien ejercitado, pero más vale la pena ser un hombre de Dios.

En este mensaje voy a predicarles que se puede ser un hombre conforme al corazón de Dios. / ¿Cómo se puede un ser un hombre conforme al corazón de Dios? / En este mensaje tomando como punto de partida el mandato de David a su hijo Salomón al decirle: “sé hombre”, y usando otros pasajes bíblicos, les voy a compartir algunas maneras de cómo se puede ser un hombre conforme al corazón de Dios.

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La primera manera de cómo se puede ser un hombre conforme al corazón de Dios, es:

I.- COMPORTÁNDOSE CON MADUREZ.

Ser hombre tiene que ver especialmente con el comportamiento que se deriva del carácter que uno se construye.  Me tomé el tiempo de comparar tres traducciones, y encontré que acertadamente también se traduce de la siguiente manera. Según la Nueva Versión Internacional: “pórtate como hombre” (2 Reyes 2:2; NVI).  Según la versión Dios Habla Hoy: pórtate como un hombre” (DHH). Y según la Traducción al Lenguaje Actual: compórtate como hombre” (TLA). Determinantemente, sin contradecir el sentido de la RV60, se puede apreciar en estas traducciones que ser “hombre” implica el desarrollo de un comportamiento maduro..

Recuerdo de cierta persona, que asistía a reuniones en las que se tratan asuntos judiciales de terceras personas. Este hombre es uno que no tiene dominio de sí mismo en cuanto a sus impulsos de querer contar lo que confidencialmente ha tenido el privilegio de haber escuchado, del cual es anti ético abrir la boca para hacérselo saber a otros.  Los que conocieron su proceder, solían penosamente llamarle, obviamente a sus espaldas: La vieja de la reunión.  Lo que esta expresión significa es que tal persona no se está comportando con la madurez que un hombre propiamente debe manifestar, no se está comportando como hombre maduro.  En realidad, las mujeres también maduran conforme a las características propias de su género, pero los varones también maduramos y crecemos en madurez en todos los aspectos como en el comportamiento.  En la experiencia personal del apóstol Pablo, les comparte a los Corintios: Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño (1 Corintios 13:11).  Esto es madurar para ser un hombre conforme al corazón de Dios.  Es el tipo de madurez que el mismo Jesucristo experimentó en su condición de humano, que San Lucas describe diciendo: Y Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52).  Es la madurez estándar que corresponde al crecimiento, en realidad tanto de hombres como de mujeres, pero especialmente del hombre.

Amados pastores, y ancianos de iglesia: El santo evangelio no está ajeno a este mandamiento que David le dio a su hijo Salomón.  El apóstol Pablo, instruyendo a toda una iglesia de una ciudad, les dijo: “Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos” (1 Corintios 16:13).  Al decir “portaos”, es claro que la evidencia de la madurez se ve en el comportamiento.  El anciano de iglesia o el presbítero que esencialmente es lo mismo, se trata de una persona que por su firmeza en la fe en Jesucristo para salvación, puede ser un hombre que se porta varonilmente, es decir, con madurez.  Y estos hombres maduros espiritualmente y en conducta debemos ser y somos nosotros los pastores y ancianos de iglesia que hoy estamos en esta reunión, y tenemos la responsabilidad de ayudar a otros hombres a que alcancen la madurez de un hombre de Dios.

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La segunda manera de cómo se puede ser un hombre conforme al corazón de Dios, es:

II.- SIENDO RESPONSABLE EN SUS DEBERES.

En la antigüedad se vencía a un pueblo cuando ya no había un hombre con quien pelear.  Las mujeres aunque si pueden pelear en la guerra no era ni es su función. Era la responsabilidad del hombre.   Rahab, aquella mujer que escondió a los dos espías que Josué envió para reconocer bien la ciudad de Jericó, y que los ayudó a huir de Jericó, les explicó a estos espías cómo se sentían especialmente los hombres no solo de la ciudad sino de todo el país, diciéndoles: el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. / Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojo delante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido” (Josué 2:9-10). Pero lo que quiero resaltar es lo siguiente que Rahab les dijo:Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra (Josué 2:11).  Cuando ella dijo: “ni ha quedado más aliento en hombre alguno”, estaba diciendo que los hombres no tenían ánimo para pelear en guerra, y no había ni uno solo dispuesto a hacerlo, por lo que no habiendo hombre alguno para luchar, entonces se daban por rendidos y conquistados por el enemigo.  También en la lucha cuando caía el último de los hombres de guerra, la ciudad quedaba conquistada.  Las mujeres no tenían que luchar en la guerra, porque no era ni es su responsabilidad sino que es responsabilidad del hombre.  La mujer no tenía ni tiene por qué hacer lo que al hombre le corresponde.

Amados pastores, y ancianos de iglesia: No está de más recordar que ser hombre era y sigue siendo una responsabilidad que no debemos evadir, pues los deberes que nos corresponden no son transferibles para mujeres.  En la familia, usted como hombre no puede darse el lujo de ver que su esposa está dedicada a trabajos pesados que son propios del hombre. Usted como pastor, o como anciano de iglesia, en asuntos de la iglesia no espere usted ni comisione a una hermana que haga por usted lo que a usted le corresponde hacer.  En la iglesia en la que servimos, aunque es una grande bendición el hecho de contar con que la gran mayoría de los miembros y hasta de simpatizantes son mujeres cristianas, no por eso estas nobles mujeres tienen que hacer lo que propiamente les corresponde a los hombres cristianos. Es nuestro deber, desarrollar con sentido de urgencia una pastoral enfocada en los hombres cristianos, aunque estos sean pocos en las iglesias y congregaciones, para que no sean solamente espectadores de lo que las mujeres cristianas están haciendo en nombre de Cristo, sino para que ellos realicen lo que les corresponde hacer. Nuestro Señor Jesucristo, nunca desechó la participación y colaboración de las mujeres que se unieron a su discipulado, sin embargo, su énfasis ministerial fue capacitar y poner en activo a cuanto varón acepte ser su discípulo.  En nuestra familia, y en la iglesia, nosotros debemos ser ejemplo de que somos hombres, y hombres conforme al corazón de Dios, que ayudamos a otros hombres a tomar con responsabilidad el cumplimiento de sus deberes.

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La tercera manera de cómo se puede ser un hombre conforme al corazón de Dios, es:

III.- NO RENUNCIANDO A SU AUTORIDAD.

Una historia más del Antiguo Testamento que vale la pena analizar, para aprender de ello, es 1 Reyes 21, que nos relata la historia de un rey que aun siendo adulto le faltaba carácter maduro, le faltaba también el uso de su autoridad, tanto como esposo, al igual que como rey.  Se trata del inmaduro rey Acab cuya muerte fue una sentencia divina no ordinaria, pues como no era un rey ni era un esposo conforme al corazón de Dios, Dios mismo tuvo que acabar con él, no sin antes hacerle saber la causa de su sentencia.  Su historia dice, que por no haber conseguido una viña que quería comprar, primero y solo por eso dice la RV60 en el v. 4 “Y vino a su casa triste y enojado, por la palabra que Nabot de Jezreel le había respondido, diciendo: No te daré la heredad de mis padres. Y se acostó en su cama, y volvió su rostro, y no comió”, pero me gusta cómo la NVI dice que: Acab se fue a su casa deprimido y malhumorado porque Nabot el jezrelita le había dicho: «No puedo cederle a Su Majestad lo que heredé de mis antepasados.» De modo que se acostó de cara a la pared, y no quiso comer”¿Puede usted observar su falta de madurez, hasta dejarse deprimir, malhumorarse, acostarse en su cama no queriendo ver a nadie, y hasta no querer comer?  ¿Se puede usted imaginar a este rey como un niño berrinchudo, inmaduro, un carácter propio de la infancia?  Esto propició que dejar de usar legítimamente su autoridad como hombre y rey, y su esposa Jezabel asume el liderazgo y la autoridad que este hombre por causa de su inmadurez, dejó en manos de su esposa.

Jezabel, su esposa toma el liderazgo de la situación, diciéndole con toda razón: “¿Eres tú ahora rey sobre Israel? Levántate, y come y alégrate” (v. 7a); o en otra palabras según la NVI “¿Y no eres tú quien manda en Israel? ¡Anda, levántate y come, que te hará bien!” (NVI); pero a este hombre se lo olvidó que quien tenía la autoridad como rey y como esposo era él y no ella.  Su esposa, mujer sin temor de Dios, hizo uso ilegítimo de la autoridad que solo le correspondía a su esposo, y le dijo sin que él protestara: yo te daré la viña de Nabot de Jezreel (v. 7), o según la NVI: “Yo te conseguiré el viñedo del tal Nabot” (NVI).  Como consecuencia de no tomar su autoridad, y de no hacer nada para que su esposa no usurpe su autoridad, ella ejecutó una serie de acciones que llevó a la muerte injusta del dueño de la viña, y culminó con la toma de posesión que Acab hizo de la viña.

¿Quién hizo toda la estrategia del asesinato, fingiendo que el asunto era muy religioso, piadoso, y hasta promulgó que se hiciera en un día de ayuno?  Fue Jezabel, pero ¿quién fue juzgado por Dios, ella o Acab? Dios juzga al hombre por su irresponsabilidad de no tomar su autoridad, dejándola en manos de quien no debería estar la autoridad, menos cuando tal autoridad se ejerce con despotismo.  Dice la historia que: Entonces vino palabra de Jehová a Elías tisbita, diciendo: / Levántate, desciende a encontrarte con Acab rey de Israel, que está en Samaria; he aquí él está en la viña de Nabot, a la cual ha descendido para tomar posesión de ella. /  Y le hablarás diciendo: Así ha dicho Jehová: ¿No mataste, y también has despojado? Y volverás a hablarle, diciendo: Así ha dicho Jehová: En el mismo lugar donde lamieron los perros la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre, tu misma sangre. /  Y Acab dijo a Elías: ¿Me has hallado, enemigo mío? El respondió: Te he encontrado, porque te has vendido a hacer lo malo delante de Jehová. / He aquí yo traigo mal sobre ti, y barreré tu posteridad y destruiré hasta el último varón de la casa de Acab, tanto el siervo como el libre en Israel” (1 Reyes 21:17-21).  Toda la serie de acciones viles fueron ejecutadas no por él sino por su esposa, sin embargo, por dejar en manos de su mujer la autoridad que no le correspondía a ella, aunque no la hubiese usado mal, el castigado fue él y no ella.  Y todavía aún, esto trae consecuencias hasta en los hijos, pues en la sentencia que le fue dado por el profeta Elías de parte de Dios, fue: “destruiré hasta el último varón de la casa de Acab” (v. 21).  Un hombre que no usa su autoridad, solamente deja un legado de mal ejemplo a sus hijos, lo que podría traer la repetición de la misma historia en ellos.

Amados pastores, y ancianos de iglesia: El evangelio no está ajeno a este principio, pues el apóstol Pablo, les insistió a los Corintios de que el hombre debe tomar su autoridad como hombre, escribiéndoles: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (1 Corintios 11:3).  En el cielo, Dios es cabeza de Cristo; en la vida espiritual, Cristo es la cabeza de todo varón; y en el matrimonio, el hombre es la cabeza de la mujer.   Ningún pastor, y ningún anciano de iglesia debe renunciar a su autoridad como cabeza de su mujer, dejando que ella tome la autoridad que Dios le ha conferido por medio de Cristo.   También en la iglesia, Cristo es la autoridad de los oficiales, y los que gobiernan en la iglesia son los hombres quienes no deben renunciar a este divino privilegio.  Usted como pastor o como anciano de iglesia, no debe dejar que su autoridad conferida a usted por Cristo, se ejercida por otra mujer aunque sea cristiana, y aunque sea su esposa.  Por otra parte, tenemos que recordarle una y otra vez a los varones de la iglesia que no se queden solamente observando la distinguida y no menospreciable labor que llevan a cabo las mujeres cristianas a favor de la obra de Dios, sino que tomen su lugar que les corresponde. No es un hombre conforme al corazón de Dios quien no toma su autoridad con responsabilidad tanto en su hogar como en la iglesia.  Enseñar esto a los hombres cristianos es nuestro deber como pastores de la iglesia de Dios.

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La cuarta manera de cómo se puede ser un hombre conforme al corazón de Dios, es:

IV.- CONSTRUYENDO SU ESPIRITUALIDAD.

Inmediatamente de que David le dio a su hijo Salomón, el mandamiento: “Sé hombre”, le dio también la siguiente instrucción de cómo lograr serlo.  Le dijo: “Guarda los preceptos de Jehová tu Dios, andando en sus caminos, y observando sus estatutos y mandamientos, sus decretos y sus testimonios, de la manera que está escrito en la ley de Moisés, para que prosperes en todo lo que hagas y en todo aquello que emprendas; / para que confirme Jehová la palabra que me habló, diciendo: Si tus hijos guardaren mi camino, andando delante de mí con verdad, de todo su corazón y de toda su alma, jamás, dice, faltará a ti varón en el trono de Israel” (1 Reyes 2:3,4).  Estas últimas palabras de David a Salomón revelan su más grande deseo para su hijo, que era que él viva para complacer al Señor.  David no dijo nada a Salomón sobre ganar fama para su reino, pero enfatizó la importancia de guardar los mandamientos de Dios para complacerle. La preocupación de David no era que Salomón obtuviera riquezas materiales, sino que prosperara espiritualmente viviendo en armonía con la Palabra de Dios.  Esto mismo debió haber llevado a Salomón a que más tarde le pidiera Dios no fama, ni riquezas, ni otra cosa, sino sabiduría (cf. 1 Reyes 3:5-15).  Una buena espiritualidad depende la relación que una persona tenga con “los preceptos de Jehová, […] sus caminos, […] sus estatutos, […] sus mandamientos, sus decretos, y sus testimonios”, también identificado como “la ley de Moisés” (cf. 1 Reyes 2:3,4).  En otras  palabras, los hombres debemos desarrollar una espiritualidad fundamentada en la palabra de Dios.

Amados pastores, y ancianos de iglesia: Muchos hombres de la iglesia no leen la palabra de Dios ni en compañía de su familia como en un devocional familiar, pero tampoco como un devocional personal, y es evidente que les falta mucha espiritualidad en muchos aspectos de su vida.  No cabe duda que la lectura de la biblia que escuchan o hacen cada vez que acuden a las reuniones, estudios, o cultos de la iglesia, producen en ellos, lo que el poder de la palabra quiere hacer en sus vidas; sin embargo, es necesario que lean, estudien, memoricen, y pongan en práctica la palabra de Dios.  Esto les dará una mejor espiritualidad.  La palabra de Dios puede sacar de la pasividad a los hombres que se encuentran en indiferencia ante las responsabilidades de la obra de Dios, y puede prepararles para tomar una responsabilidad activa en la obra de Dios.  Nosotros como pastores y maestros de estos hombres cristianos que Dios ha puesto bajo nuestra jurisdicción para perfeccionarles “para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, / hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; / para que ya no seamos niños fluctuantes” (Efesios 4:12, 13, 14a).  Nosotros como pastores debemos ser los primeros en edificarnos con la palabra de Dios, para ser hombres con una espiritualidad conforme al corazón de Dios.

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CONCLUSIÓN: Amados consiervos en esta gran labor de anunciar el evangelio de Cristo a toda criatura, hoy más que nunca tenemos que trabajar con los hombres que están en las iglesias y congregaciones que servimos, hombres que se encuentran pasivos con relación a su servicio a Dios, a la iglesia, a su familia, y hasta al prójimo.  Dios nos use para ministrarles y formar a grandes hombres de Dios.  Eso debe ser más fácil para nosotros los hombres de Dios, pues dice un proverbio: Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo” (Proverbios 27:17).  Somos los siervos de Dios más apropiados para formar a otros hombres de Dios.  Jesús desde el comienzo de su ministerio, llamó principalmente a hombres a quienes les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres” (Mateos 4:19).  Nuestro deber es el mismo.