Nov 05

PREPARATIVOS PARA UNA VIDA VICTORIOSA, Por: Diego Teh.

PREPARATIVOS PARA UNA VIDA VICTORIOSA

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Daniel 1:1-12.

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Predicado por primera vez por el Pbro. Diego Teh Reyes, en la iglesia “El Divino Salvador” de Mérida, Yucatán; el domingo 5 de noviembre 2017, a las 11:00 horas; como primer sermón de la serie: HACIA UNA VIDA VICTORIOSA.

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   INTRODUCCIÓN: Es indiscutible. Dice el apóstol Pablo que en cuanto a nuestra antes segura condenación, ahora que somos creyentes en Jesucristo, aunque lleguen momentos de tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, o espada, “en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8:37).  Jesucristo nos ha hecho victoriosos al asegurar nuestra salvación por toda la eternidad, al darnos entrada a su glorioso cielo, y a su santísima y eterna presencia.  Por eso deberíamos estar siempre agradecidos a Dios tal como el mismo apóstol lo aconsejó a los Corintios, diciéndoles: “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 12:57).  Usted es un victorioso en este sentido, aunque usted no ganó ni ganará su victoria sino que ha sido Jesucristo quien lo ganó para usted, y ha sido Dios el Padre quien ha aplicado para usted la victoria de Cristo.

   Pero esta victoria no se da solamente para la salvación eterna, sino también para cuestiones de la vida presente, tal como también el apóstol Pablo dice a los Corintios que en la vida presente “somos transformados de gloria en gloria” (2 Corintios 3:18).  Mientras estemos con vida aquí en esta tierra, los ataques del mal no cesarán en contra nuestra, sin embargo, también nuestra victoria sobre todo mal es segura, pues dice el apóstol Juan: Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe” (1 Juan 5:4). Sin embargo, toda persona tiene que ser intencional en ser victorioso en cada aspecto y circunstancia de su vida.  La victoria no llega si usted no lo quiere.  La victoria no la alcanza si usted no se prepara para enfrentar cada situación.  Por ejemplo, el autor de los proverbios dice que el perezoso no puede ser victorioso en sus finanzas y en su adquisición de bienes.  Dice de él: Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? / ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? / Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado” (Proverbios 6:9-11).  Este, por su pereza no quiere ser victorioso, o aunque lo quiera no va a poder serlo porque no hace lo necesario para ser victorioso en ese aspecto.

   En el mensaje de este momento, les voy a predicar que toda persona que desea tener una vida victoriosa en su vida cotidiana tiene que hacer los preparativos necesarios para lograrlo. / ¿Qué preparativos son necesarios de hacer para tener una vida cotidiana victoriosa? / La vida de Daniel junto con sus amigos deportados de Judá a Babilonia, nos presenta un panorama general acerca de los preparativos que son necesarios de tomar en cuenta para tener una vida cotidiana victoriosa.

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   El primer preparativo necesario para tener una vida cotidiana victoriosa, es:

I.- ADQUIRIR SABIDURÍA PARA LA EFICIENCIA.

   Sin sabiduría no hay victoria. Habiendo llegado a Babilonia todos los cautivos de Judá, el rey de Babilonia le pidió a uno de sus oficiales llamado Aspenaz, que le consiguiera de los recién llegados a “muchachos”, “idóneos para estar en el palacio del rey”, pero las especificaciones de esta idoneidad consistía en que deberían ya estar con anterioridad “… enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento” (Daniel 1:4a).  La sabiduría es esencial para una persona que desea ser victoriosa, pues una persona con sabiduría siempre piensa bien lo que dice y hace bien todo lo que le toca hacer, y eso le ayuda a ser victorioso una y otra vez.  En cambio, el falto de sabiduría, en todo lo que hace siempre evidencia falta de eficiencia y de excelencia, y por ello no puede ser exitoso o victorioso.  Quizá usted conoce personas que han hecho algún trabajo para usted, pero el trabajo que le entregó, primero fue mal hecho, luego su trabajo costó más de lo que realmente vale.  Estas son personas con falta de sabiduría, que no les importa la excelencia ni la eficiencia.  Nabucodonosor, no escogería muchachos o personas que trabajen para él, que no demuestren tener perfil de sabiduría.

   Según la NVI, el requisito de sabiduría que el rey quería de los muchachos que pondría a su servicio en el palacio, consistía en “que actuaran con sensatez” (Daniel 1:4a, NVI).  El que no actúa con sensatez no es sabio, no tiene sabiduría, no puede ser victorioso en su vida cotidiana porque su misma insensatez o falta de sabiduría es la causa de que sus decisiones y sus acciones no sean las correctas o necesarias.  Siempre va a causar conflictos a otros y así mismo, va a generarse adversarios, no encuentra soluciones apropiadas y funcionales ni siquiera para sí mismo.  Por eso, es importante que toda persona obtenga sabiduría en todo y para todo lo que esté al alcance de nuestra experiencia.  ¿Se acuerda usted lo que Moisés dijo a Dios en su oración consignada en el salmo 90?  Con urgencia le ruega a Dios: “Enséñanos a contar bien nuestros días, para que nuestro corazón adquiera sabiduría” (Salmo 90:12, NVI).  Una virtud que debemos cultivar desde la niñez hasta la edad adulta, es la sabiduría cuyo resultado será una vida cotidiana victoriosa. Salomón aconsejando a su hijo, le decía: “Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia” (Proverbios 4:5); “Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia” (Proverbios 4:7); y “El corazón del entendido adquiere sabiduría; y el oído de los sabios busca la ciencia” (Proverbios 18:15).

   Pero nosotros no estamos en los tiempos de Moisés de hace 3,500 años, ni de Daniel hace 2,500 años.  Nosotros no estamos buscando trabajo en el palacio de Nabucodonosor.  Estamos en el siglo XXI de la era de Cristo, y somos sus discípulos, quienes en la actualidad tanto hombres como mujeres somos todos llamados por la palabra de Dios a vivir con sabiduría.  A todos los creyentes en general se nos dice por el apóstol Pablo: “andad sabiamente para con los de afuera” (Colosenses 4:5).  A los hombres casados se nos ordena con respecto a nuestra esposa: “vivid con ellas sabiamente” (1 Pedro 3:7).  La sabiduría es una necesidad.  Y para que nadie se quede sin la virtud de la sabiduría, a los que somos de Jesucristo, el apóstol Santiago nos explica la manera práctica y segura de obtenerla: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada” (Santiago 1:5).  Así que amados hermanos, no hay pretexto para no vivir cotidianamente de manera victoriosa.  Usted puede prepararse para ser un creyente victorioso, adquiriendo de Dios la sabiduría que es necesaria.

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   El segundo preparativo necesario para tener una vida cotidiana victoriosa, es:

II.- APRENDER LO NECESARIO PARA LA SUPERACIÓN.

   Otro de los detalles que Nabucodonosor quería de los muchachos era que además de estar “enseñados en toda sabiduría, sabios en ciencia y de buen entendimiento, e idóneos para estar en el palacio del rey”, quería también que su oficial Aspenaz “… les enseñase las letras y la lengua de los caldeos” (Daniel 1:4b).  Lo que observamos de esta lectura es que no hubo ninguna negativa ni de Daniel ni de sus otros tres compañeros: Ananías, Misael y Azarías.  Es más, para que se vayan acostumbrando al idioma caldeo de la nueva cultura donde ellos vivirían quizá hasta el resto de sus vidas, Aspenaz comenzó cambiándoles de nombre a los cuatro muchachos, pues “puso a Daniel, Beltsasar; a Ananías, Sadrac; a Misael, Mesac; y a Azarías, Abed-nego” (Daniel 1:7b). Una observación relevante acerca de estos muchachos, es que ellos no protestaron porque les hayan cambiado de nombre, ni porque les hayan impuesto la responsabilidad de aprender otro idioma y literatura caldea, sino que gustosos asumieron su nuevo aprendizaje.  Pues el desafío de su nueva vida en otra cultura requería conocimientos actualizados para trabajar en el palacio del rey de manera exitosa. Y no había transcurrido mucho tiempo cuando se nos dice que: “A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias” (Daniel 1:17).

   Este conocimiento nuevo que adquirieron, demuestra el interés que ellos tuvieron de ser victoriosos en medio de una cultura que era distinta, y en muchos aspectos hasta opuesta a la fe en Dios y a las costumbres israelitas y judías que ellos tenían. “Dios les dio conocimiento e inteligencia”, pero fueron intencionales en querer aprender algo nuevo porque la circunstancia hacía necesaria para ellos una superación personal, porque si no, no podrían estar en el trabajo que el rey les estaba considerando ofrecer.  Terminarían estos cuatro muchachos, trabajando en otro lugar al nivel de sus conocimientos previos y obsoletos en este contexto, y en este punto no serían muy victoriosos.

   Amados hermanos, si uno desea una vida cotidiana victoriosa en el trabajo, será necesario actualizarse en conocimientos relacionados con el trabajo que usted realiza.  Desde luego que no es la actualización o superación personal que da y garantiza del todo una vida victoriosa en el trabajo, porque también hay que aplicar los valores universales y cristianos; pero el saber actualizado, prepara a una persona para ser mucho más útil, eficiente, y victorioso en el trabajo.  Cada vez que usted tenga la oportunidad de aprender algo nuevo, de tomar un curso de actualización, o de avanzar un grado o nivel académico, no dude usted en aprovecharlo. Todos lo necesitamos.  Y en la preparación bíblica, también debemos preocuparnos en aprender cada día más la dirección de Dios para nuestra vida personal.  La vida victoriosa en el trabajo no depende solamente de la preparación o el profesionalismo, sino que depende de nuestro aprender de Jesucristo quien, habiéndonos dado salvación, también nos enseña cómo vivir los principios del reino de Dios al cual tenemos el privilegio de pertenecer.

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   El tercer preparativo necesario para tener una vida cotidiana victoriosa, es:

III.- PROCURAR LA SANTIDAD PARA LA ESPIRITUALIDAD.

   En todo el proceso preparativo para que Daniel, Ananías, Misael, y Azarías, fueran dignos de trabajar con el rey Nabucodonosor en su palacio, era necesario que se encontraran bien nutridos y saludables.  Dice la narración: “Y les señaló el rey ración para cada día, de la provisión de la comida del rey, y del vino que él bebía; y que los criase tres años, para que al fin de ellos se presentasen delante del rey” (Daniel 1:5), pero lo importante en este punto, es lo siguiente: “Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse” (Daniel 1:8).   Pero, ¿saben ustedes por qué la comida del rey Nabucodonosor, podía contaminar a Daniel, a sus amigos, y en realidad a cualquier judío o israelita?  Los judíos basados en Levítico capítulo 11, tenían de parte de Dios una lista de animales que les estaba prohibido comer e incluso tocarlos porque entonces les haría inmundos, y esto es una cuestión de santidad.  El que comía lo prohibido por Dios, estaba menospreciando la santidad que Dios espera en sus hijos.  Nabucodonosor, no siendo del pueblo de Dios ni temeroso de Él, comía todo lo que se le venga en gana; incluso una costumbre de él y su cultura era que sus comidas y la de sus príncipes, ya sean comidas privadas o banquetes públicos, solían primeramente ofrecerlos a sus dioses paganos, y luego las servían en sus mesas; pero Daniel y sus amigos no podían hacer eso. A ellos les importaba la santidad como una de sus victorias cotidianas en su vida espiritual, porque de Levítico 11 sabían que Dios exige santidad diciendo: “… seréis santos, porque yo soy santo” (Levítico 11:44).  Si no se preocupaban por su santidad, no hubieran sido victoriosos sino derrotados en todos los aspectos.

  La santidad no es solamente un estado religioso que se pueda observar en las personas cuando ponen en práctica disciplinas como la oración, la lectura de las Escrituras, el congregarse para adorar a Dios, y otras más, sino que la santidad es estar dispuesto a abstenerse de todo lo prohibido por Dios tanto en público como en privado.  Daniel quería ser victorioso con respecto a su vida de santidad en medio de una cultura que no le preocupaba la santidad, o el agradar a Dios hasta en los detalles como la santidad de la alimentación, la santidad del trabajo, etc…

   Amados hermanos, ese debería ser también el interés de todos nosotros los discípulos de Jesucristo.  El apóstol Pedro nos recuerda que “…como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1:15).  La persona que no vive en santidad, no se puede decir que es una persona que tiene una vida victoriosa, primero porque vive en abierta desobediencia a Dios; segundo, porque intencionalmente se está dejando contaminar el mundo caído; tercero, porque se está dejando controlar por la atracción de lo que es pecaminoso y desagradable a los ojos de Dios; y cuarto, porque cuando no hay santidad se está despreciando la victoria de Cristo que Dios está queriendo aplicar en todos los aspectos de la vida personal del creyente.  ¿Quiere usted ser victorioso en su vida cotidiana espiritual?  No le voy a decir que viva como Daniel, sino viva usted como Jesucristo, quien según el autor de la epístola a los Hebreos: “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).  Sí se puede vivir en santidad y victoria espiritual.

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   El cuarto preparativo necesario para tener una vida cotidiana victoriosa, es:

IV.- ACEPTAR LA INTERVENCIÓN DE DIOS PARA SER VICTORIOSO.

   En este capítulo uno del libro de Daniel, podemos observar también cómo se enfatiza la intervención de Dios para que cada uno de sus hijos alcancen momentos y experiencias victoriosas.   Por ejemplo, cuando Daniel se propuso no querer contaminarse con las comidas del rey, y aunque Daniel le expuso a Aspenaz sus razones para no comerlo, dice la narración: “Y puso Dios a Daniel en gracia y en buena voluntad con el jefe de los eunucos” (Daniel 1:9).  Fue Dios quien intervino en estas relaciones humanas entre un hijo de Dios y un pagano; siendo no mérito ni de Daniel ni de Aspenaz, ni de Melsar el encargado personal de ellos, sino de Dios.  Quizá Daniel también oró a Dios, pues por el contexto general del libro que lleva su nombre sabemos que era responsable en el deber de la oración, pero después de orar dio paso a la intervención de Dios.

   También con respecto a la necesidad de mejorar sus conocimientos literarios y lingüísticos, tal como lo requería Nabucodonosor, nos dice la narración que: “A estos cuatro muchachos Dios les dio conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias; y Daniel tuvo entendimiento en toda visión y sueños” (Daniel 1:17).  Aunque ellos tuvieron la voluntad de querer aprender algo nuevo para contextualizarse, no fue por sus grandes capacidades intelectuales que lo lograron, sino por la intervención de Dios quien “les dio conocimiento e inteligencia”.

   Amados hermanos, para ser victoriosos en nuestras vidas cotidianas, es importante y necesario ser intencionales, sin embargo, Dios no debe ser descartado.  No basta con querer superarse, no basta con querer ser sabio en todos los saberes, sino es necesario exponerle a Dios en oración y con toda humildad todas nuestras debilidades.  Él pondrá en nosotros las victorias que necesitamos, y podremos decir como el profeta Joel: “Diga el débil: Fuerte soy” (Joel 3:10); porque finalmente no es nuestro esfuerzo la causa de nuestras victorias cotidianas, sino es Dios mismo quien nos hace victoriosos, pero deje usted que él intervenga en su vida.

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   CONCLUSIÓN: Amado oyente, ¿está usted listo para comenzar a disfrutar la vida victoriosa que procede de Dios?  Lo primero que usted tiene que hacer es aceptar que siendo usted pecador incapaz de ponerse a cuentas con Dios, Jesucristo tomó el lugar de usted para dar su vida con tal de que usted no sea condenado sino salvado de las llamas del infierno eterno.  Es evidente que este amor divino que Jesucristo tuvo por usted, no tiene ningún costo, sino que es totalmente gratuito, pues el precio ya fue pagado al costo máximo de la propia vida de Jesucristo.  Usted debe creer en todos estos hechos y realidades que Jesús hizo por usted, y entonces él le dará usted la victoria contra la muerte eterna, contra la condenación, contra el diablo mismo, contra el infierno, y contra toda oposición que se levante contra usted.  Creyendo usted en Jesucristo, él se hará cargo de que la vida cotidiana de usted se encuentre llena de victorias.  Ame usted la sabiduría no de hombres sino de Dios; supérese usted en los saberes necesarios para el trabajo; y viva usted santamente para Dios; y Dios intervendrá a favor de usted para hacerle victorioso una y otra vez todos los días de su vida.