Sep 25

LA IGLESIA EJEMPLAR ES LA QUE TRABAJA, Por: Diego Teh.

LA IGLESIA EJEMPLAR ES LA QUE TRABAJA

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1 Tesalonicenses 1:1-10.

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Predicado por el Pbro. Diego Teh, el martes 25 de septiembre 2018, en el culto de acción de gracias por el LXI aniversario de la iglesia “Betel” de Yaxhachén, Oxkutzcab, Yucatán.

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   INTRODUCCIÓN: Damos gracias a Dios por haber generado la existencia de una mínima partecita de su iglesia universal en esta población de Yaxhachén.  Gracias a Dios porque a pesar de todo hay dos iglesias locales de nuestra amada iglesia presbiteriana.  Gracias a Dios si hay otros verdaderos creyentes en Jesucristo (dije: Verdaderos creyentes), aunque no sean de nuestra denominación, ellos también son parte de la única iglesia universal de Jesucristo.   Nos sentimos con mucho gozo ver que ustedes están celebrando un aniversario más en el que por la gracia de Dios se estableció desde el 25 de septiembre de 1957 esta bendita iglesia Betel, con sus primeros 17 varones, 16 mujeres (33 adultos), y 30 niños (63 en total).  Desde entonces, durante todos estos 61 años, ha habido más personas que ahora no están porque se han ido a otros lugares, e incluso a muchos, Dios se los ha llevado hasta su cielo, y hoy todavía son más de 360 personas que asisten aquí.  Gracias a Dios, son una iglesia que ha estado trabajando para la propagación del evangelio comenzando desde sus propias familias.  Podemos junto con el apóstol Pablo y sus compañeros decir como dice en los versículos 2 y 3 de nuestra lectura en la epístola a los Tesalonicenses, que: “Damos siempre gracias a Dios por todos vosotros, haciendo memoria de vosotros en nuestras oraciones, / acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro …” (1 Tesalonicenses 1:2,3a).  Son preciosas estas palabras que san Pablo les dijo a los tesalonicenses acerca de su profunda gratitud a Dios por ellos, al explicarles cómo cuando Pablo y sus compañeros oraban se acordaban de los creyentes de Tesalónica, y que los incluían en sus oraciones; y que todo esto no por una mera casualidad, sino que se acordaban de ellos y oraban por ellos, “sin cesar”.

   Pero, quiero que centren su atención en las palabras que están a partir de poco antes de la mitad del v. 3 de nuestra lectura (después de toda esta explicación de gratitud, recordatorio, y oración del apóstol por ellos).  Observen en el versículo tres desde donde dice: “de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 1:3b).   De estas palabras y de su contexto en el versículo 7 donde dice de los tesalonicenses: “habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído” (1 Tesalonicenses 1:7), es donde fundamenté el mensaje de este momento, al cual le puse como título: LA IGLESIA EJEMPLAR ES LA QUE TRABAJA.   Lamentablemente, hay iglesias que no son ejemplares, pero lo que ahora importa es que ustedes sí sean ejemplares en trabajar en la obra de Dios.

   Especialmente lo que les voy a predicar es que una iglesia ejemplar tiene razones especiales para trabajar en la obra de Dios. / ¿Cuáles son esas razones por las que una iglesia ejemplar trabaja para la obra de Dios?  / Basado desde poco antes de la segunda mitad del versículo tres, voy a exponerles cuatro de esas razones especiales.

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   La primera razón especial por la que una iglesia ejemplar trabaja para lo obra de Dios, es:

I.- PORQUE SABE QUE CREE EN LA VERDAD.

   El apóstol Pablo primero hace un reconocimiento muy relevante acerca de algo que él personalmente había observado de los tesalonicenses.  En dicho reconocimiento les dice que él y sus compañeros misioneros, se acordaban “de la obra de vuestra fe” (1 Tesalonicenses 1:3b).  Lo que san Pablo les estaba diciendo en esta observación es que estaba siendo evidente y es correcto que su fe estaba produciendo los resultados esperados.  Es lo que Pablo le llama: Obra, o sea, trabajo.  La fe de los tesalonicenses se estaba convirtiendo en trabajo. La fe, a la que Pablo se estaba refiriendo es la fe o el creer en la verdad del evangelio de Jesucristo.  Esta era una razón por la que ellos trabajaban en la propagación del evangelio, porque sabían que ese evangelio que habían creído era la verdad, y nada menos y nada más que la verdad.  Esto era lo que les hacía ser una iglesia ejemplar.

   Amados hermanos, creer en la verdad es una razón para ser ejemplo en la proclamación de la verdad del evangelio.  La fe, verdaderamente es una cuestión espiritual pero no se limita a ser solamente espiritual que opere solamente en el interior de nuestro corazón o de nuestra alma, sino que la fe es algo que se puede ver, se puede externar, se puede demostrar y hasta comprobar.  Es lo que ustedes ya saben que también enseñó el apóstol Santiago cuando escribió que: “la fe sin obras está muerta” (Santiago 2:26b).  Al darse cuenta ustedes que lo que han creído del evangelio es la verdad, debe ser una razón y motivo para trabajar en la propagación del evangelio en esta misma población, y en otras poblaciones de cualquiera de los municipios que tienen territorio aquí cerca de ustedes.

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   La segunda razón especial por la que una iglesia ejemplar trabaja para lo obra de Dios, es:

II.- PORQUE SU CORAZÓN ESTÁ DESARROLLANDO AMOR.

   El segundo detalle que el apóstol Pablo y su equipo misionero siempre recordaban de los tesalonicenses, y se los expresa a ellos, es: del trabajo de vuestro amor” (1 Tesalonicenses 1:3b).  Otra vez, aquí, como en el caso de la fe, hay que aclarar que el amor no es solamente una cuestión sentimental que se produce en el interior del corazón para apreciar, valorar, y amar las cosas, y hasta a personas.  El amor también que uno desarrolla en su corazón también tiene el poder de producir diversos resultados.  Uno de ellos es el trabajar. ¿Recuerdan ustedes cuál fue el compromiso que Jacob aceptó para con su futuro suegro Labán, para que Labán le diera a su hija menor como esposa?  Su compromiso fue trabajar durante 7 años.  Después de este tiempo, su suegro le engañó, no le dio como esposa a la hija que él quería, sino que le entregó a otra hija.  Luego, el suegro, interesado porque Jacob trabajara más tiempo para beneficio de él, le propuso que Jacob trabajara para él otros 7 años, y ¿qué creen?  Jacob aceptó.  El amor puede producir voluntad para comprometerse a trabajar, no solamente para conseguir al amor de tu vida, sino también para trabajar para los propósitos de Dios.

   Amados hermanos, cada uno de los que somos creyentes en Jesucristo, somos personas que hemos recibido el amor de Dios en nuestras vidas.  Ese amor de Dios no es una miseria o una migaja que hayamos mendigado, es un amor intenso, abundante, al grado que el apóstol Pablo a los romanos les dice que: “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5).  Es por ese amor que tenemos, que también nosotros podemos responderle a Dios trabajando con toda voluntad en su bendita y divina obra de compartir a otras personas el santo evangelio de Jesucristo.  Si todos trabajamos por amor en la proclamación del evangelio, entonces seremos, o más bien ustedes serán una iglesia ejemplar.

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   La tercera razón especial por la que una iglesia ejemplar trabaja para lo obra de Dios, es:

III.- PORQUE ENTIENDEN QUE SU ESPERANZA SÍ VALE LA PENA.

   Después de reconocerles la obra de su fe, y del trabajo de su amor, otro de los detalles que el apóstol Pablo y sus compañeros de ministerio siempre recordaban de los creyentes de Tesalónica, y que también se los observa a ellos, es: “de vuestra constancia en la esperanza” (1 Tesalonicenses 1:3b).  “La esperanza” a la que el apóstol Pablo se refiere como “la esperanza”, es el día del regreso de Jesucristo, cuando los creyentes recibamos plenamente todos los beneficios que corresponden a la salvación que desde ahora nos ha sido dada.  “La esperanza”, no es solamente una simple creencia de un ideal que será una realidad, sino que también se convierte en fruto de trabajo en la obra de Dios.  “La esperanza” incluye nuestra entrada al cielo eterno de Dios para estar con Él, implica también el privilegio de mirar al que solo por la historia y por la fe sabemos y creemos que es nuestro Salvador.  “La esperanza” incluye el fin de nuestros sufrimientos y hasta de nuestro gran y principal problema de pecar, incluye también el encontrarnos de nuevo con nuestros seres queridos.  Desde luego que todo eso vale la pena.  Por eso, el saber y entender que ser de Cristo es la absoluta seguridad para poder acceder a toda esa gloriosa esperanza, entonces sí que vale la pena “la esperanza”.  Por eso “la esperanza” que los cristianos tenemos, es una razón altamente motivante para que trabajemos en la obra de Dios.

   Amados hermanos, ¿ya observaron que lo que el apóstol Pablo reconoce como ejemplar de los tesalonicenses es su “constancia en la esperanza”? ¿Por qué no ser constantes a la gloriosa esperanza?  ¿Por qué entonces usted (no es el caso de todos), no es constante e interrumpe su “constancia en la esperanza”?  ¿Por qué se olvida usted de su comunión personal con Dios, y por qué se olvida de adorar en compañía de otros creyentes cuando se abren las puertas de Betel, la casa de Dios? ¿Por qué usted ya no está compartiendo el evangelio a otros trabajando con fervor en su obra?  ¿Dónde está su “constancia” en el trabajo y en la esperanza?  “La esperanza” que nos garantiza el evangelio, vale la pena, y motiva e impulsa que uno trabaje para propagar el mismo y purísimo evangelio.  Hacer esto nos hace ser una iglesia ejemplar.   Nunca se olviden hermanos, que nuestra esperanza vale la pena.  Pero, si alguien o toda una iglesia menosprecia “la esperanza”, entonces no se podrá hacer el trabajo que Dios espera que se haga, ni se podrá ser una iglesia ejemplar.

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   La cuarta razón especial por la que una iglesia ejemplar trabaja para lo obra de Dios, es:

IV.- PORQUE JESUCRISTO ES EL SEÑOR DE SUS VIDAS.

   Cuando el apóstol Pablo habla de las tres primeras observaciones que él tuvo acerca de los creyentes de tesalónica que son: 1) la obra de su fe; 2) el trabajo de su amor: y) la constancia en la esperanza; todas ellas, dice que son hechas, “en nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 1:3b).  Aquí hay un detalle igual de importante y relevante para que una iglesia sea ejemplar en su trabajo en la obra de Dios.  Cada creyente, y, en consecuencia, toda la iglesia, debe tener a Jesucristo como su “Señor”. ¿Qué es esto de que Jesucristo sea “nuestro Señor”?  Significa que todo lo que somos y hacemos está sometido al gobierno y voluntad de todo lo que Jesucristo desea que seamos y hagamos.  En este caso la voluntad de su señorío es que trabajemos en la gran encomienda, en su gran mandamiento que Jesús expresó cuando dijo: “id, y haced discípulos” (Mateo 28:19).  Eso es precisamente lo que estaban haciendo los tesalonicenses y les estaba otorgando el reconocimiento de ejemplares.

   Amados hermanos, solamente el cristiano, y la iglesia que acepta y deja que Jesucristo sea su “Señor”, se vuelve una iglesia ejemplar trabajando en la gran labor de hacer discípulos, para que el reino de Dios se propague en los corazones humanos.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, en realidad a ustedes les hemos conocido como una de las iglesias en muchos sentidos, muy ejemplares.  No pierdan esa visión de fe, amor, esperanza, y señorío de Cristo que está operando en sus vidas. No pierdan la visión de trabajar para la obra y la gloria de Dios, como lo hicieron los hermanos desde hace 61 años, desde 1957.  Hoy, somos nosotros, son ustedes la generación de este momento que tiene que estar trabajando en la obra de Dios.  Dios quiera que se levanten más iglesias como la de ustedes, que sean iglesias crecientes y que se multipliquen, y así sean ejemplares a las iglesias que más recientemente se están constituyendo en otros lugares cercanos y lejanos.  Que cada año haya nuevos frutos de su labor aquí en esta población o en otras poblaciones.  No dejen que pase el tiempo de cada año sin trabajar en la obra de Dios, porque podría llegar el día que sin trabajo de ustedes, los aniversarios serían solamente una tristeza.  Un aniversario de iglesia que no entrega nuevos frutos de su trabajo a Dios, aunque haya música, aunque haya comida, aunque haya invitados, aunque haya sonrisas, aunque haya culto, aún con todo eso será un aniversario triste.

   Dios les conceda a ustedes, y a esta su amada iglesia Betel, seguir siendo ejemplares en el trabajo en la obra de Dios.  No lo olviden: LA IGLESIA EJEMPLAR ES LA QUE TRABAJA.

   Dios les bendiga amados hermanos.

Sep 16

DEBES DARTE UN DESCANSO, Por: Diego Teh.

DEBES DARTE UN DESCANSO

Salmo 127:2.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 16 de septiembre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 07 de la serie: SÚPER OCUPADOS.

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   INTRODUCCIÓN: En los tiempos que trabajé bajo la supervisión de diversos jefes, encargados, o supervisores, escuché un sinfín de ocasiones, a veces por broma y amabilidad, pero a veces también por abuso y maldad, que a algún compañero y a mí también, que hiciéramos algún trabajo adicional mientras nos tomábamos nuestro justo y necesario descanso.  La frase popular era: Haz esto o aquello mientras descansas.  ¿Alguna vez le han hecho así a usted, o usted lo ha hecho a alguien?  Esta manera de pensar sostiene la idea que trabajar es bueno y que descansar es malo.  Y muchas personas cristianas, haciendo a un lado la palabra de Dios, igual, piensan que descansar es malo, por eso ni el día del Señor descansan de sus labores, ni en su día oficial ‘de descanso’. Por eso, difícilmente los veremos en las iglesias, si acaso, solo en ocasiones especiales, o quizá ni en esas ocasiones.  El trabajo los consume.  Pero, por otra parte, también hay los que piensan que trabajar es malo, y prefieren evitarlo, dedicándose solamente al ocio o al descanso. Esto también está mal.  Desde luego que tanto trabajar en exceso como descansar en exceso, no son actitudes sanas para nadie, aunque no sea cristiano, y menos para los que somos cristianos.  La verdad bíblica es que tanto el trabajo como el descanso son buenos si se hacen para la gloria de Dios.  Es por eso que la propuesta del mensaje que se comunica en el título es: DEBES DARTE UN DESCANSO.

   A propósito de descansar, el texto bíblico que les expondré en este momento es el Salmo 127:2 que dice: “Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño” (Salmo 127:2).  ¿Levantarse de madrugada? ¿A qué hora sería? Quizá entre cuatro a cinco de la mañana.  ¿Irse tarde a reposar? La palabra tarde aquí no indica el período de la tarde que va desde la una de la tarde a las seis de la tarde, sino realmente se refiere a la noche como hora tardía para dejar el trabajo quizá después de las siete u ocho de la noche, o más noche todavía.  Trabajar en exceso no es apropiado para ninguna persona, por lo que este texto recalca la importancia de tomarse después del trabajo, tiempo para descansar lo suficiente tanto cada día, así como un día cada semana.  Trabajar, sin duda que es importantísimo por muchas razones, pero descansar también tiene su propia importancia, su propia medida de tiempo, y hasta los momentos

   En el mensaje de este momento les voy a predicar que toda persona, especialmente las que llevan una vida relacionada con Dios debe tomarse tiempo suficiente para descansar cada día, así como cada semana.  / ¿Cuáles son las razones esenciales para que toda persona, especialmente las que llevan una vida relacionada con Dios, debe tomarse tiempo suficiente para descansar cada día, así como cada semana? / A continuación, les voy a compartir algunas razones esenciales para ello.

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   La primera razón esencial por la que toda persona, especialmente las que llevan una vida relacionada con Dios, debe tomarse tiempo suficiente para descansar cada día, así como cada semana, es:

I.- PORQUE DESCANSAR ES UNA NECESIDAD.

   Trabajar es desgastante tanto de energía como de fuerzas.  Llega el momento cuando el cuerpo para quienes trabajan con esfuerzo físico, al trabajar con sobre esfuerzo, las articulaciones sufren desgastes.  E incluso quienes realizan trabajos que no requieran esfuerzo físico, porque su trabajo mayormente consiste en el uso de la mente, igualmente el cerebro llega a un punto de agotamiento, que se manifiesta en cansancio, fatiga, sueño, etc…  Son señales tanto del cerebro como del cuerpo, de que hay necesidad urgente de tomarse un descanso.  Muchas veces, una pequeña siesta, o hasta cantar una canción, caminar unos cuántos minutos, etc… pueden ser reparadores para retomar el ritmo del trabajo del día.  Qué decir cuando ya terminamos nuestro turno completo de trabajo.  Ni el cuerpo ni el cerebro quieren seguir trabajando.  Si los forzamos a trabajar, inmediatamente sentiremos la fatiga correspondiente.  Dios nos hizo para necesitar sueño y descanso. No hacerlo suficiente es rechazar su gracia común que ha dispuesto para nosotros.  Igualmente, Dios estableció que después de cada seis días de trabajo, todos deberían tomarse un día de descanso.  No es mi intención abrir un debate acerca de si se debe descansar el sábado o domingo, o si es válido descansar cualquier otro día de la semana.  Hasta este punto, lo único que quiero enfatizar es que nadie debe extremarse en trabajar más horas diarias que lo que corresponde a su turno, ni más de seis días por semana a menos que haya alguna compensación inmediata y sistemática como los que trabajan 24×24, o 13 días y 2 de descanso, etc…

   Por supuesto que entre los tiempos dedicados al descanso, uno puede hacer algunos detalles que serán una completa necesidad, pero todo el tiempo que debe ser para descanso no debería dedicarse a llevar a cabo algún trabajo. Después del turno de trabajo, quizá sea necesario ir al súper o a la tienda, ir a hacer un pago o un retiro en el cajero, o banco; y sin duda que será absolutamente prepararse la cena, y lavar los trastos que se usaron.  En una ocasión que unos fariseos se quejaron contra Jesús porque sus discípulos fueron vistos cosechando o arrancando espigas en algún momento de un día de descanso, Jesús les explicó a los fariseos que en casos de necesidad y urgencia no hay problema, aunque sea día de descanso, pero no hay que extremarse porque es el día de descanso.  Pero, luego les afirmó también que: “El día de reposo fue hecho por causa del hombre” (Marcos 2:27).  ¿Qué quiere decir esto?  Que Dios diseñó, y estableció el día y los momentos de descanso, absolutamente para beneficio de una persona que durante el día o días previos ha dedicado horas o días al trabajo.  El reposo, sea de un día o por momentos cortos o breves, “fue hecho por causa del hombre”, o sea para que descansemos.  No el hombre fue hecho para trabajar durante el día o tiempo que corresponde al reposo.  Usted necesita tomarse tiempo para descansar cada día, así como cada semana, de preferencia el día domingo que legalmente y hasta bíblicamente se ha establecido como día de descanso para los trabajadores.

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   La segunda razón esencial por la que toda persona, especialmente las que llevan una vida relacionada con Dios, debe tomarse tiempo suficiente para descansar cada día, así como cada semana, es:

II.- PORQUE LA FAMILIA NECESITA NUESTRO TIEMPO.

   Pero, el trabajar con exceso de horas de trabajo, mas la suma de tiempo que a uno le lleva para trasladarse del trabajo a la casa, hace que uno llegue a casa totalmente exhausto, teniendo tiempo y ganas a penas para tomarse los alimentos, darse un buen baño, para tomar la decisión de irse a la cama o la hamaca según el caso.  Uno pierde la consciencia de que la familia necesita por lo menos un mínimo de tiempo para una charla o para una actividad familiar juntos, pero por haber trabajado en exceso de horas, ahora uno no está dispuesto a invertir su tiempo con la familia.  Aquí ya nos creamos otro problema.  Pudimos haber llegado más temprano a casa, pero por no pararle a tiempo al trabajo, ahora estamos exhaustos, de tal manera que sacrificamos el tiempo para la familia para entonces en el mejor de los casos descansar, y en el peor de los casos, para levantarnos al día siguiente con la sensación o realidad de no haber descansado bien.  En este caso, la familia ya ha sido afectada, al disminuir con ellos la convivencia, y hasta la comunicación.

   Normalmente una persona está fuera de casa entre 8 a 10 horas diarias.  De lunes a viernes serían unas 50 horas de trabajo en el cual no estamos con la familia.  El sábado unas 8 horas más.  Pero, si usted está fuera de casa más de las normales 58 horas, tomándose hasta 70, 80, o más horas semanales para trabajar, y llega a casa cuando todos están durmiendo, ¿qué tiempo les va a dedicar a su familia?  Desde luego, que solo por haber llegado y estar presente no significa que se les ha dedicado tiempo, sino que se requiere dedicarles tiempo de calidad, es decir, de conversación, de hacer cosas juntas, etc…   Es por eso, que también se hace necesario descansar del trabajo, a tiempo.  Por ejemplo, en cuanto a la dedicación de tiempo para los hijos y la enseñanza de los deberes para con Dios, en su momento Moisés les enseñó a los israelitas: “Las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas cuando te sientes en tu casa, cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes” (Deuteronomio 11:19).  Naturalmente, hay que trabajar, pero si uno no se toma a tiempo el descanso del trabajo para estar en casa con la familia, ¿cómo enseñaremos a nuestros hijos en un tiempo sentados en la casa? ¿Cómo andaremos con ellos en algún lugar, y aprovechar el tiempo para influenciarlos con las verdades de Dios?  No dudo de que te acuestas en casa, pero es probable que sin haberles dedicado tiempo.  Tampoco dudo que te levantas en casa, pero no pensando en tu familia, sino en la prisa que tienes por irte al trabajo, porque te ganó el sueño y despertaste tarde, precisamente porque ni siquiera descansaste bien, pues quizá intentando descansar no lo lograste por quedarte mirando en la televisión algo que ni siquiera te era provechoso.  Pero, ya amaneció, y ya es tarde, y ni modo hay que ir al trabajo.  Ya veremos si al regresar le dedicamos tiempo a la familia, sino será otro día, y así se repite viciosamente el ciclo de descuidar a la familia por no descansar del trabajo en el tiempo adecuado.

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   La tercera razón esencial por la que toda persona, especialmente las que llevan una vida relacionada con Dios, debe tomarse tiempo suficiente para descansar cada día, así como cada semana, es:

III.- PORQUE SE OBEDECE EL MANDAMIENTO DE DIOS.

   En primer lugar, debemos recordar que Dios hizo toda su obra de creación durante solo seis días, y en cuanto al séptimo día, nos relata Moisés en su primer libro, diciendo que: acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. / Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación” (Génesis 2:2,3).  Si Dios “reposó” cesando de crear, siendo Dios, ¿cuánto más nosotros que solamente somos seres humanos, necesitamos del descanso?

   Con el tiempo, especialmente a su pueblo escogido, los israelitas, les dio la orden conocida como el cuarto mandamiento, suficientemente claro e inequívoco, cuya letra dice: “Acuérdate del día de reposo para santificarlo. / Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; / mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. / Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (Éxodo 20:8-11).  Este mandamiento, tiene como finalidad descansar para que con el descanso semanal sea conmemorado que hay un Dios que es el Creador de todo cuanto existe.  El descansar después de seis días de trabajo es una obediencia que glorifica a Dios, porque así le exaltamos a Él como Dios y como Creador.

   Como una observación adicional, este cuarto mandamiento es el único de los diez mandamientos que no se vuelve a ordenar en el Nuevo Testamento cuando después de la resurrección de Jesús, todos los que se hicieron discípulos de él, dejaron de descansar el séptimo día, pero no dejaron de descansar un día a la semana, sino solamente comenzaron a ocupar el primer día de la semana para conmemorar la resurrección de Jesús (cf. Hechos 20:7; 1 Corintios 16:2).  Desde entonces, hasta ahora casi dos mil años después de su resurrección, los cristianos se toman el primer día de la semana para descansar, lo cual también es una decisión y profesión de obediencia a Dios, no solo para reconocerle como Creador, sino también para reconocerle como Salvador juntamente con su Hijo Jesús.  Nadie considere como cosa poco importante apartar el domingo, primer día de la semana para descansar de las labores cotidianas, con el fin de ocuparlas primero para sintonizarnos con Dios, en compañía de nuestra familia.  Eso fortalece la vida, armonía, compañerismo, comunicación, y fe familiar, y demuestra obediencia a Dios, autor del necesario descanso para nuestro bien, el bien de nuestra familia, y para obedecerle a Él.

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   La cuarta razón esencial por la que toda persona, especialmente las que llevan una vida relacionada con Dios, debe tomarse tiempo suficiente para descansar cada día, así como cada semana, es:

IV.- PORQUE REPRESENTA NUESTRA SALVACIÓN EN CRISTO.

   Una de las razones para tomarse el descanso semanal, de preferencia, y en virtud de nuestra relación espiritual con Dios, es para conmemorar el reconocimiento de ser Él el Creador, y por obediencia a su cuarto de los diez mandamientos.   Pero, descansar ahora, tiene que ver con nuestra salvación en Cristo.  Quiero indicarles que el descanso semanal en el Antiguo Testamento, apuntaba al descanso eterno libre de trabajos, problemas, y preocupaciones.  El apóstol que escribió la epístola a los Hebreos, explica a los creyentes en Jesucristo:Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. / Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas. / Procuremos, pues, entrar en aquel reposo, para que ninguno caiga en semejante ejemplo de desobediencia” (Hebreos 4:9).  Este reposo, al que se refiere, corresponde a la esperanza de ser recibido por Dios en su gloria eterna, luego de una transformación de todo nuestro ser para no sentir ni sufrir las miserias, dolores, enfermedades, y problemas que enfrentamos ahora aquí en la tierra por causa de la presencia del pecado que alcanzó a nuestra naturaleza.  Un día entraremos a ese reposo eterno.  Mientras tanto, cuando descansamos para la gloria de Dios, conmemorando su derecho de Creador, y recordando la resurrección de Jesús, estamos manifestando que anhelamos el verdadero descanso que Dios dará un día a todos los que creen en su Hijo Jesucristo como su Señor y Salvador.

    Hablando de Cristo, el mismo apóstol les dice a los creyentes Hebreos: “pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (Hebreos 10:12). ¿Qué es esto de que Cristo “se ha sentado”?  Fue la manera apostólica de explicar que Jesús también ha entrado al inicio del reposo eterno, pues él también habiendo sido ser humano, se la pasó trabajando para cumplir la ley de Dios, y habiéndolo obedecido por nosotros hasta morir también por nosotros, fue resucitado, y llevado al cielo, para así inaugurar el reposo eterno, simbolizado por el estar “sentado a la diestra de Dios”.  Es por eso, que cuando descansamos de nuestros trabajos cotidianos el primer día de la semana, representamos así que amamos nuestra salvación en Cristo quien nos está conduciendo al reposo eterno que tanto necesitamos los seres humanos por causa del pecado.  Nuestro descanso, comunica y evidencia nuestra confianza en la salvación y reposo eterno que esperamos en Cristo.

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   La quinta razón esencial por la que toda persona, especialmente las que llevan una vida relacionada con Dios, debe tomarse tiempo suficiente para descansar cada día, así como cada semana, es:

V.- PORQUE PODEMOS DEDICAR TIEMPO ENFOCADO EN DIOS.

   Descansar, no necesariamente significa no hacer nada.  En el contexto del que he estado hablando, descansar es solamente dejar a tiempo el trabajo con el cual nos ganamos el pan de cada día, para entonces hacer algo que nos supere de manera personal, para dedicar tiempo a nuestra familia, y para tener un devocional con Dios cada día.  Como ven, descansamos del trabajo ordinario cotidiano, sin embargo, siempre hay algo que hacer para provecho personal, para provecho de la familia, y para asuntos de adoración a Dios. Afortunadamente, muchos tienen el beneficio de descansar los sábados desde la mañana, o solo por la tarde, y aprovechan hacer todas estas cosas importantes que, si uno se la pasara trabajando todo el día sábado, uno se lo perdería.   Pero, transcurre la semana, transcurre el sábado, y llega el domingo, el primer día de la semana, el día de Señor.  Entre los no cristianos, dicen: hoy es mi día de descanso; y ¿saben qué?, literalmente hay quienes se las pasan acostaditos, levantándose solo para tomar los alimentos, y en muchos casos solamente para organizar una fiesta familiar habitualmente programada o la fiesta habitual que cada semana organizan con los amigos, solamente para comer y tomarse mucha bebida alcohólica, si es que no comenzaron su pachanga desde el día anterior.  Es comprensible que a ellos no les interesa nada de Dios, porque ya lo dije antes, no son cristianos.

   Pero, en nuestro caso, no es así.  Somos cristianos, ¿verdad?  Seguimos las enseñanzas del evangelio, ¿verdad?  Algunos que dicen ser cristianos, cuando llega el domingo, al no haber descansado bien por la tarde y por la noche del día anterior porque prefirieron ver películas a altas horas de la noche o madrugada del domingo, o porque también se fueron de pachanga, o aun si hubiesen descansado bien, se proponen por negligencia y voluntad propia, vivir como si no fuesen cristianos, programándose levantarse a horas avanzadas de la mañana, a las diez o a las once de la mañana.  Literalmente, se tomaron extremadamente que es su día de descanso, olvidando que, según la palabra de Dios, es el día de descanso pero de trabajar para sí mismos y para la familia, porque es el día del Señor para lo cual hay una responsabilidad de trabajar para Dios desde el amanecer hasta el anochecer.   Nuestra Confesión de fe de Westminster, en su capítulo 21, párrafo 8, con respecto a lo que uno se debe dedicar el día de reposo.   La confesión dice: “Este día de reposo se guarda santo para el Señor, cuando los hombres después de la debida preparación de su corazón y arreglados con anticipación todos sus asuntos ordinarios, no solamente guardan un santo descanso durante todo el día de sus propias labores, palabras y pensamientos acerca de sus empleos y diversiones mundanales; sino que también dedican todo el tiempo al ejercicio de la adoración pública y privada, y en los deberes de caridad y de misericordia”.  El énfasis es este: “dedican todo el tiempo al ejercicio de la adoración pública y privada, y en los deberes de caridad y misericordia”.  Entonces, ¿por qué despierta usted casi al medio día cuando usted pudo acudir a su iglesia a la adoración de las nueve o diez de la mañana, en el que también pudo haber participado hasta en un estudio bíblico?  Evidentemente, usted no se enfocó en Dios.  Su descanso solo fue una de sus vanidades de la vida, porque un descanso de trabajar, sin dedicar el día para Dios, no es el verdadero propósito del descanso.  Un descanso que no glorifica a Dios, es solamente una vanidad que evidencia el egoísmo de vivir para uno mismo.  Si ese es su caso, recuerde usted que el apóstol Pablo les comparte a los Filipenses su convicción personal, diciéndoles que: “para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21), ya sea de lunes a viernes, incluso sábado, pero también el domingo.

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   CONCLUSIÓN:  Amados hermanos, aprendamos a descansar del trabajo para la gloria de Dios, dedicando nuestros momentos diarios de descanso para nuestro provecho personal, y para fomentar la armonía, comunicación, y convivencia con la familia.   Aprendamos a descansar para la gloria de Dios, dedicando nuestro día de descanso para los deberes propiamente de nuestra fe cristiana (obviamente, excepto los tiempos propios y necesarios para dormir, comer, y asearse). Mucho mejor si es acompañado de toda la familia.  Aprendamos a descansar, evitando trabajar innecesariamente en exceso,

I.- PORQUE DESCANSAR ES UNA NECESIDAD,

II.- PORQUE LA FAMILIA NECESITA NUESTRO TIEMPO,

III.- PORQUE SE OBEDECE EL MANDAMIENTO DE DIOS,

IV.- PORQUE REPRESENTA NUESTRA SALVACIÓN EN CRISTO, y

V.- PORQUE PODEMOS DEDICAR TIEMPO ENFOCADO EN DIOS.

     Recordemos las palabras del Salmo 127, que dice: “Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño” (Salmo 127:2).  Hay que tomarse, no opcionalmente, sino obligatoriamente los tiempos de descanso diario, y dominicalmente necesarios de manera integral para nosotros, para la familia, y para Dios.  Hacer esto, le glorifica a Él.

   Que Dios nos conceda hermosos tiempos de verdadero descanso, en espera de entrar al verdadero y eterno reposo al que Dios nos está conduciendo.

Sep 02

LA DISCIPLINA DEL TRABAJO, Por: Diego Teh.

LA DISCIPLINA DEL TRABAJO

Colosenses 3:22-25.

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Bosquejo elaborado por el Pbro. Diego Teh, para la predicación del domingo 2 de septiembre 2018, en diversas congregaciones de la iglesia “El Divino Salvador” de la col. Centro, de Mérida, Yucatán.

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Este bosquejo corresponde al sermón # 11 de la serie: LAS DISCIPLINAS DEL HOMBRE PIADOSO.

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   INTRODUCCIÓN: Los cristianos, por entender la ética bíblica acerca del trabajo, debemos ser trabajadores ejemplares en donde sea que nos corresponda prestar nuestro servicio.  Sin embargo, hay cristianos que simplemente no quieren trabajar porque no les gusta el trabajo que se les ofrece, porque prefieren esperar uno mejor pagado que quizá nunca les va a llegar porque les falta las aptitudes o competencias para ello.  Simplemente no van a trabajar, aunque se les esté agotando el dinero para enfrentar los gastos de la semana o del día en curso.  Son de estas personas que Salomón las describe como perezosos, diciendo: “Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? / Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; / Así vendrá tu necesidad como caminante, y tu pobreza como hombre armado” (Proverbios 6:9-11). Aunque no tengan para sobrevivir, prefieren no trabajar, no les da ganas, son desidiosos.  La desidia es la “falta de ganas, de interés o de cuidado al hacer una cosa”.  Pero, por otra parte, también están los que, por diversos motivos personales y circunstanciales, trabajan en exceso sacrificando el tiempo para su familia, recreación, amistades, y hasta para su iglesia tratándose de los que son cristianos.  Intencionalmente doblan turnos, se buscan un segundo empleo, o se llevan trabajo a la casa, etc…  De estos son a los que en el Salmos 127 se les dice: “Por demás es que os levantéis de madrugada, y vayáis tarde a reposar, y que comáis pan de dolores; pues que a su amado dará Dios el sueño” (Salmo 127:2).  Tanto la desidia, como el exceso de trabajo son actitudes derivadas por errores de comprensión de una ética sana, bíblica, y cristiana acerca del trabajo.

   En el mensaje de hoy, voy a predicarles que para poder ejercer bien cualquier trabajo, es necesario hacerlo con las actitudes correctas que deben volverse disciplinas prácticas.  / ¿Cuáles son las actitudes correctas que deben volverse disciplinas prácticas para poder ejercer bien cualquier trabajo? /  Usando diversos textos bíblicos, les voy a compartir algunas de tales actitudes correctas.

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   La primera actitud correcta que debe volverse una disciplina práctica, que es necesaria para poder ejercer bien cualquier trabajo, es:

I.- TRABAJA CON TODAS TUS ENERGÍAS.

   Hay dos de los tantos proverbios bíblicos acerca de los perezosos, que dicen: El primero: “Como la puerta gira sobre sus quicios, así el perezoso se vuelve en su cama”.  Y el segundo: “Mete el perezoso su mano en el plato; se cansa de llevarla a su boca” (Proverbios 26:14,15).  El perezoso, es aquel que no le gusta o simplemente no quiere trabajar o hacer algo que requiera esfuerzo, porque considera que solamente es un desgaste de energía, por lo que hasta para moverse en su cama o hamaca lo hace con una lentitud increíble.  Y para comer, solamente el llevar su comida a la boca con o sin cuchara, siente por ello que está haciendo un sobre esfuerzo, y prefiere evitar seguir comiendo. En vez de decir: Ya me llené, dice: Ya me cansé.  Imagínese usted, una persona con esas características, ¿cómo llevará a cabo su trabajo? Igual de lento.  Con falta de energía. Es muy probable que no va a querer trabajar, o lo va a dejar a medias, o en caso de que lo haga, lo hará mal.

  ¿Recuerda usted el caso de un hombre que Jesús relató en su parábola de los talentos, a quien su amo posteriormente le llamó “siervo malo y negligente”? (Mateo 25:26).  ¿Qué hizo este hombre con el talento que le tocó? Nada. No hizo absolutamente nada. Solamente invirtió un poco de sus fuerzas para ir a cavar en algún lugar secreto para esconder la moneda que le dieron, y para volver otro día a cavar de nuevo para sacarla y devolverla a su patrón.  En cambio, los otros que recibieron, incluso hasta más talento, a uno le toco dos, y a otro hasta cinco, los cuales todos los días estuvieron prestos a invertir ese dinero para comprar y vender, y así obtener ganancias y duplicar cada uno de los talentos, para devolverle a su patrón el doble de talentos.  Estos sí usaron sus energías, trabajando lo necesario para beneficio de su patrón, e incluso, aunque la parábola no lo dice, pero lo sugiere, debieron haber trabajado más para tener ellos mismos para llevarle a sus familias.  Esos, sí que querían trabajar, y sin duda que usando sus energías de cada día.  En cambio, aquel “siervo malo y negligente”, que tenía las mismas oportunidades que los otros, prefirió descansar lo más que pueda, pues quizá pensó que finalmente el que sería beneficiado sería más el patrón y no él.

   Amados hermanos, cuando se nos haya encargado llevar a cabo algún trabajo, debe hacerse con toda la energía que uno pueda hacerlo.  Es como una expresión de amor, como el que Dios pide para sí mismo, diciendo Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6:5). No a medias fuerzas, no sin ganas, sino “con todas tus fuerzas”, con energía, con ganas.  Una razón para trabajar con energía, es para que al final del turno o jornada de trabajo, uno entregue una producción suficiente que vaya de acuerdo con el pago que deseamos o esperamos recibir.  No desperdicies el tiempo de tu trabajo. Trabájalo. Te están pagando.

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   La segunda actitud correcta que debe volverse una disciplina práctica, que es necesaria para poder ejercer bien cualquier trabajo, es:

II.- TRABAJA CON TODO TU ENTUSIASMO.

  El apóstol Pablo, en su epístola a los Colosenses, les escribió: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:23).  Ese todo, sin duda que incluye el trabajo.  Pero, una de las primeras indicaciones que da el apóstol es: “hacedlo de corazón”.  Esto de hacerlo de corazón, implica el hacerlo con entusiasmo.  El trabajar con energía, tiene que ver con las fuerzas físicas, pero el trabajar “de corazón” tiene que ver con la actitud emocional y espiritual, que se traduce en entusiasmo.  Es decir, con ganas evidentes que no proceden realmente de las fuerzas, sino del corazón.

   En cuanto a la manera de hacer toda labor de servicio tomando en cuenta que uno es de la fe en Cristo, el apóstol Pablo escribe a los romanos: “En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor;” (Romanos 12:11).  Uno de los detalles de cómo se debe hacer cualquier servicio que prestemos como lo es el trabajo, según el apóstol Pablo, debe ser hecho con la actitud de “fervientes en espíritu”.  Ningún trabajo o servicio que se haga, debería hacerse de manera triste, con ánimo decaído, etc… sino con entusiasmo que procede del interior del corazón.  Esto hace necesario que primeramente uno tenga sano su corazón espiritual, dejando que se Jesucristo el gobernante de tu corazón. Cuando Cristo está en el corazón de una persona, su presencia produce entusiasmo para hacer bien todas las cosas buenas que uno hace.

   Por ejemplo, de los que hacemos trabajo pastoral, dice el apóstol Pablo que con el apoyo de los demás creyentes, debemos hacerlo “con alegría, y no quejándose, porque esto no es provechoso” (Hebreos 13:17); es decir, con entusiasmo.  También a los ancianos de iglesia, el apóstol Pedro dice que su labor de apacentar la grey de Dios, lo deben hacer “con ánimo pronto” (1 Pedro 5:2); es decir, también con entusiasmo.  E igualmente, cualquier otro trabajo que uno realice debe ser hecho con entusiasmo.

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   La tercera actitud correcta que debe volverse una disciplina práctica, que es necesaria para poder ejercer bien cualquier trabajo, es:

III.- TRABAJA COMO PARA CRISTO.

   En la explicación de la actitud anterior, les cité las palabras del apóstol Pablo a los romanos, diciéndoles: En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu”, pero concluye con una instrucción altamente esencial, diciendo: “sirviendo al Señor; (Romanos 12:11).  Todo lo que uno hace debe hacerse primeramente como un servicio al Señor, a Dios, a Jesucristo nuestro Señor y Salvador.  Solamente cuando un trabajo es hecho con esta mentalidad, es que puede hacerse con toda sinceridad para el bien de la persona, empresa, u organización humana que recibe el beneficio de nuestro trabajo.

   Este mismo principio de servicio al Señor, en todo lo que hacemos, especialmente en el área del trabajo, es también enseñado por el mismo apóstol a los Efesios, a quienes dice: “Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; / no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; / sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres” (Efesios 6:5-7).  De estas palabras se enfatiza primero que el trabajo que uno realiza debe ser hecho “como a Cristo / no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo” (vv. 5,6); y luego añade: “sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres” (v. 7).  Cuando uno lo hace con esta mentalidad de que al trabajar es también servir al Señor, uno puede con todo entusiasmo obedecer las instrucciones del patrón, y uno puede saber también que cualquiera que sea el trabajo que esté realizando, justamente el trabajador está “haciendo la voluntad de Dios”.

   Amados hermanos, cuando uno realiza su trabajo con la consciencia de que lo hace “como a Cristo”, uno hace su trabajo de manera muy responsable.  Uno, no le roba tiempo de trabajo al patrón, sino que completamente dedica todas sus horas de trabajo para sacar adelante el bienestar del patrón o su empresa.  Uno, no trabaja solamente cuando el patrón, su representante, o su supervisor comisionado está junto al trabajador viendo que cumpla su trabajo, porque antes que cualquier cosa, el trabajador cristiano está muy consciente de que Cristo el Señor, le está observando.  En otras palabras, para quien sea que estemos trabajando, debemos tener en mente que lo estamos haciendo “como a Cristo”, y entonces así, podemos ser más productivos, responsables, y ejemplares.

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   La cuarta actitud correcta que debe volverse una disciplina práctica, que es necesaria para poder ejercer bien cualquier trabajo, es:

IV.- TRABAJA CON EXCELENCIA.

   Un trabajo hecho por un cristiano debe ser un trabajo excelente, o sea, siempre bien hecho.  La razón por el que el cristiano debe trabajar con excelencia, proviene del carácter excelente de Dios quien creó al ser humano y depositó en él su imagen y semejanza.  Es decir, Dios es el primer trabajador por excelencia.  Tan solo el relato de Génesis 1 que nos describe que Dios hizo en un lapso de seis días todo lo que existe en el universo, especialmente en la tierra, lo convierte en un trabajador por naturaleza.  Luego, cuando Él contempla su obra de creación, Moisés el autor que relata tal contemplación de Dios, dice: Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera” (Génesis 1:31a).  En otras palabras, su creación no había sido mezquina, sino excelente.  Su trabajo era y sigue siendo excelente.  Dios como trabajador en todos los sentidos es excelente.

   Luego, por el hecho de que Dios hizo al hombre “a su imagen” (Génesis 1:27), sin duda que puso en él, la virtud o capacidad de hacer todas las cosas con excelencia.  Aunque es verdad también que desde que el primer pecado alcanzó a Eva y a Adán, toda su descendencia que nos incluye a nosotros, quedamos incapaces de ser absolutamente excelentes, porque la imagen de la excelencia de Dios quedó empañada en la humanidad, también es verdad que los que ahora creemos en Cristo, somos restaurados en cuanto a la imagen de Dios, de tal manera que por la obra redentora de Cristo, todos y cada uno de los cristianos somos hechos ahora una “nueva criatura” (cf. 2 Corintios 5:17), como si fuésemos creados de nuevo y se nos haya infundido nuevamente la imagen de la excelencia de Dios.

   Amados hermanos, cualquiera que sea el trabajo que llevamos a cabo, debemos hacerlo con la excelencia de Dios que se refleja en nuestra vida restaurada.  Por eso, el apóstol Pablo a los mismos cristianos Efesios, les dice que ahora: “somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).  En nuestra nueva creación de restauración, fuimos hechos nuevas criaturas, ¿para qué? “para buenas obras”.  Estas “buenas obras”, se logran cuando las hacemos intencionalmente con excelencia en el nombre de Cristo.   Así que, hermanos, somos las personas mejores calificadas para trabajar haciendo absolutamente todo con excelencia.

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   CONCLUSIÓN: Amados hermanos, ninguno de nosotros sea desidioso o desganado para el trabajo.  También ninguno trabaje en exceso por adicción, teniendo que descuidar por el trabajo, otras áreas de nuestra vida que requieren nuestro tiempo, como la familia, la iglesia, y Dios mismo, sobre todo.  Pero, cuando estemos en el trabajo, hagámoslo con estas cuatro actitudes que hoy les he compartido: 1) TRABAJA CON TODA TU ENERGÍA; 2) TRABAJA CON TODO TU ENTUSIASMO; 3) TRABAJA COMO PARA CRISTO; y 4) TRABAJA CON EXCELENCIA.  Todas estas actitudes son necesarias en todos nosotros los que somos cristianos.  En Cristo hemos sido restaurados para hacer nuestro trabajo como Dios lo esperó siempre desde el principio.

   Que Dios nos bendiga a todos en nuestros respectivos trabajos.